PUEBLA. Captura y destrucción de su Universidad
Sumario
- 1 Antecedentes
- 2 Repercusiones de la educación socialista en Puebla
- 3 Primeras alianzas masónicas-marxistas en la Universidad poblana
- 4 El impasse por la Guerra
- 5 La lucha por la autonomía de la universidad poblana
- 6 Inicio espurio de la Reforma: la captura física del edificio Carolino
- 7 La Reforma destruye el orden universitario y el orden social de la ciudad
- 8 Destrucción de la autonomía universitaria
- 9 Rompimiento de la alianza masónico-comunista
- 10 NOTAS
- 11 BIBLIOGRAFÍA
Antecedentes
El texto del artículo 3° de la Constitución de 1917 que reglamentó la educación decía originalmente: “Habrá libertad de enseñanza; pero será laica la que se de en los establecimientos oficiales de educación, lo mismo que la enseñanza primaria elemental y superior que se imparta en los establecimientos particulares.”
Ya desde la tribuna del Congreso Constituyente, el cual estuvo formado exclusivamente por seguidores de la facción carrancista, varios diputados advirtieron la contradicción de hablar de libertad de enseñanza cuando se imponía el modelo laico como única opción. Entre otros, el diputado Alberto Román señaló: “No es exacto que el articulo consagre la libertad de enseñanza, puesto que dice que será laica (…) y el laicismo es una restricción completa a la libertad de enseñanza”.[1]
Más contundente fue el diputado Alfonso Cravioto quien intervino con estas palabras: “y bien, señores diputados, ¿habrá o no habrá libertad de enseñanza? ¿habéis entendido este artículo tercero? Ellos (la comisión redactora) comienzan diciendo habrá libertad de enseñanza, ¿Dónde? ¿en qué país? ¿en México? No, todo el artículo responde que no habrá de eso…”[2]
Sin embargo prevaleció el sectarismo, y el artículo fue aprobado con esa redacción contradictoria y jacobina, puesto que daban a la palabra «laica» no un sentido de neutralidad (laicidad) sino de hostilidad ( laicismo), como explícitamente fue señalado desde la misma tribuna del Congreso. Venustiano Carranza asumió la Presidencia de la República y promulgó la Constitución redactada exclusivamente por sus huestes el 5 de febrero de 1917; luego varios de sus seguidores encabezados por Álvaro Obregón lo traicionaron y se levantaron en armas contra él mediante el «Plan de Agua Prieta» (1920) llevando a Carranza a la tumba y a Obregón a la silla presidencial. En 1924 asumió la presidencia otro “agua-prietista”, Plutarco Elías Calles, quien en 1929 se hizo nombrar “jefe máximo de la revolución”, inaugurando un periodo llamado « maximato» pues él siguió teniendo el poder designando y controlando a los presidentes.
En 1934 Calles designó al también «agua-prietista» Lázaro Cárdenas del Río para que ocupara la presidencia. Durante la gira presidencial de Cárdenas, éste y Calles pronunciaron el 20 de julio de 1934 en la capital de Jalisco, una proclama jacobina conocida como «el grito de Guadalajara»: “Es necesario que entremos al nuevo periodo de la revolución…debemos entrar y apoderarnos de las conciencias de la niñez y de la juventud, porque son y deben pertenecer a la revolución.”[3]
Como un mensaje de burla al pueblo mexicano, Cárdenas eligió la fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe de ese mismo año de 1934 para proclamar las modificaciones al artículo 3° constitucional que establecían la educación socialista: “La educación será socialista. Y además de excluir toda doctrina religiosa combatirá el fanatismo y los prejuicios, para lo cual la escuela organizará sus enseñanzas y actividades en forma que permita crear en la juventud un concepto racional y exacto del universo y de la vida social. Soló el Estado – Federación, Estados, Municipios- impartirá educación primaria, secundaria y normal.”
El laicismo hostil fue radicalizado agregándole la ideología socialista, convertida en el único referente del monopolio educativo que se instauró en México.
Repercusiones de la educación socialista en Puebla
Lázaro Cárdenas había crecido políticamente a la sombra de Calles, pero ideológicamente lo había hecho a la sombra del marxista Francisco J. Mújica, y por medio de éste llegó a quien sería el principal estratega de sus políticas: el líder obrero Vicente Lombardo Toledano, quien sin pertenecer al Partido Comunista, operaba como agente del Bureau Latinoamericano de la Internacional Comunista dirigido por Arturo Ewert desde Montevideo.[4]
El líder obrero Aurelio Pérez y Pérez, uno de los fundadores del Partido Comunista Mexicano, y que en Puebla había formado el «Partido de los trabajadores de Puebla»,[5]buscó influir también en el ámbito de la educación superior creando en 1929 el «Bloque Único de Estudiantes Socialistas del Colegio del Estado» donde militaron jóvenes reclutados en la logia masónica juvenil (AJEF); entre ellos estuvieron Julio Glockner, los hermanos Gabriel y Enrique Aguirre Carrasco e Ignacio Hermoso. Entusiasmados con la proclamación de la educación socialista, el Bloque de estudiantes socialistas se integró a la «Confederación de Estudiantes Socialistas», apéndice del Partido Comunista Mexicano.
El 21 de mayo de 1937 el gobernador de Puebla Maximino Ávila Camacho expidió la ley que transformó al Colegio del Estado en la Universidad de Puebla, y como la mentalidad del monopolio educativo revolucionario consideraba a las universidades «dependencias gubernamentales», el gobierno estatal se reservó para sí nombrar a las autoridades académicas. Maximino Ávila Camacho designó a Manuel L. Márquez como primer rector.
Primeras alianzas masónicas-marxistas en la Universidad poblana
En 1943 el gobierno del Estado nombró rector al abogado Horacio Labastida quien era conocido por sus abiertas simpatías hacia el marxismo, así como por sus notorios nexos con Enrique Ramírez y Ramírez y, a través de él, con Vicente Lombardo Toledano.[6]El rector Labastida empezó a entregar cátedras a militantes del Partido de Comunista traídos exprofeso de la ciudad de México. El más significativo de ellos fue el ingeniero Luis Rivera Terrazas.
Narra el militante del Partido Popular Socialista Héctor Silva Andraca en su obra «Puebla y su Universidad», que la formación del Partido Comunista en Puebla fue obra de Rivera Terrazas y del activista Mónico Rodríguez en la primavera de 1952; señala que las reuniones se celebraban en el tercer piso del «Mesón del Cristo», situado en la calle 8 oriente. A dichas reuniones acudían regularmente el mismo Silva Andraca y los antiguos integrantes del Bloque de estudiantes socialistas, algunos ya graduados, Julio Glockner, Ignacio Hermoso, Enrique Pliego Pastor, Julio Cesar Pacheco Pulido, Francisco Arellano y algunos líderes ferrocarrileros de la sección XXI.[7]
El impasse por la Guerra
El estallido de la Segunda Guerra Mundial en septiembre de 1939 modificó significativamente la política mundial, y la mexicana no fue la excepción. Lázaro Cárdenas se vio a obligado a cambiar su decisión de poner en la presidencia a su mentor ideológico, el promarxista Francisco J. Mújica, designando en su lugar al revolucionario «moderado» Manuel Ávila Camacho, quien tomó posesión en diciembre de 1940.
El gobierno de Manuel Ávila Camacho hizo a un lado la política de «lucha de clases» que caracterizó al régimen de Cárdenas para sustituirla por una “política de unidad nacional”. La colectivización del campo se hizo de lado para promover la industrialización; las leyes jacobinas dejaron de aplicarse al pie de la letra y la hostilidad a la iglesia dejó de verse como timbre de orgullo revolucionario. Eliminó la educación «socialista» y permitió a las Órdenes religiosas la apertura de algunas instituciones educativas.
En Puebla se permitió que la Compañía de Jesús reestableciera su antiguo Colegio del Sagrado Corazón, ahora con el nombre de Instituto Oriente al que, además de la enseñanza primaria y secundaria, se le autorizó agregara los estudios de bachillerato, con lo cual quedó suprimido el monopolio que del grado de bachiller tenía la Universidad de Puebla.
Las primeras generaciones de bachilleres egresadas del Instituto Oriente que ingresaron a la Universidad de puebla, se encontraron con un ambiente hostil donde los maestros socialistas y alumnos manipulados por ellos no perdían ocasión, incluso en las lecciones académicas, para hacer burla de la fe católica.
Pero los exalumnos del Oriente venían sólidamente formados por las enseñanzas y testimonios de vida de sacerdotes ejemplares como los padres Vertiz, Figueroa y Da Silva, y con valentía refutaban una a una las calumnias de los masones y socialistas. La apertura en la ciudad de otros bachilleratos particulares (Humboldt, Benavente) incrementó el alumnado sano en la Universidad de Puebla, que empezó a organizarse para que nueve militares nombrados por el Gobierno del Estado como prefectos de disciplina, salieran de la Universidad, lográndolo en 1952.
En ese año, con la división de la península coreana en dos naciones y dos regímenes (comunista en Corea del Norte, y democrático en Corea del Sur) concluyó la guerra de Corea, primer gran foco «caliente» de la Guerra «Fría» que había iniciado en 1948. Este suceso incrementó la preocupación que provocaba el avance mundial del comunismo en toda persona reflexiva, y muchos universitarios poblanos decidieron formar un organismo estudiantil al que llamaron Frente Universitario Anticomunista (FUA).
La lucha por la autonomía de la universidad poblana
El propósito principal del FUA estaba principalmente en fortalecer las libertades académicas, y solo en segundo término en oponerse a los que querían eliminarlas, y como «la caridad empieza por casa», su primer objetivo fue conseguir para su casa de estudios la autonomía académica.
Con argumentos claros y convincentes sobre la importancia y trascendencia que tendría para la Universidad las libertades académicas, el FUA logró que las sociedades de alumnos de las facultades de arquitectura, ingeniería civil, ciencias químicas y ciencias económico-administrativas formaran el «Comité Proautonomía Universitaria». Para la masonería, fuertemente arraigada en los gobiernos federales y estatales desde la Revolución de 1910, la autonomía significaba una amenaza al control que tenía dentro de la Universidad, el cual ejercía por medio de la Federación Estudiantil Poblana (FEP), un organismo que había formado para controlar a las sociedades de alumnos. En 1956 designaron presidente de la FEP al alumno de medicina Francisco Arellano Ocampo, uno de los asiduos asistentes a las reuniones que en el Mesón del Cristo organizaba el ing. Rivera Terrazas para estructurar el Partido Comunista en Puebla.
Intentando rebatir los sólidos argumentos con los que el Comité Proautonomía convencía a cada vez más universitarios, la FEP trajo al Lic. Vicente lombardo Toledano para que repitiera en la universidad poblana las tesis totalitarias contra la autonomía que sostenía abiertamente, como fue el caso del debate que sostuvo con el maestro Antonio Caso en 1933.[8]
En su conferencia dictada en el Salón Barroco del Edificio Carolino, Lombardo Toledano preguntó maliciosamente “si en Puebla ya se estaba manejando la trampa de la autonomía universitaria, porque las universidades solo cumplen su función como aliadas del Estado, y la autonomía entrega las universidades a la reacción.”
Sin embargo la conferencia de Lombardo Toledano no logró lo que la FEP buscaba, pues el Comité Proautonomía seguía aumentando su influencia. Entonces la FEP adoptó la estrategia de sumarse al Comité para, desde dentro, manipularlo y frenarlo, pero tampocó lo logró. El Gobierno del Estado tuvo que aceptar dialogar con el Comité proponiendo inicialmente una atonomía parcial, la que tampoco fue aceptada por el Comité.
Finalmente el 22 de Noviembre de 1956, la XXXIX Legislatura del Estado aprobó la Ley Orgánica que dio a la Universidad de Puebla su autonomía., señalando dicha ley que la institución, ya autónoma, estaría dirigida por un «Consejo de Honor» integrado por siete personas. A su vez, este Consejo nombró como primer rector de la Universidad Autónoma de Puebla (UAP) al Dr. Manuel S. Santillana, profesionista muy capáz, prestigiado e íntegro.
La autonomía permitió que la Universidad entrara en un notorio progreso y desarrollo, obteniendo un merecido prestigio que trascendió a la región y la nación, convirtiendose en imán para jovenes de todas latitudes, nacionales e internacionales, especialmente de las naciones centroamericanas. Los objetivos ocultos tras la «reforma universitaria» de 1961
El notorio progreso y desarrollo que estaba alcanzando la UAP la universidad le tenía sin cuidado a las logias masónicas; lo que les preocupaba era el haber perdido el control sobre la institución. Pero el contexto internacional, concretamente la situación generada por la revolución cubana, abría una oportunidad de lanzar una «reforma» para recuperar el control.
En enero de 1959 Fidel Castro y sus guerrilleros entraron triunfantes en La Habana derribando a la dictadura de Fulgencio Batista. El 13 de enero Castro declaraba: “Yo no soy comunista, ni tampoco lo es el movimiento”; en abril del mismo año: “ni pan sin libertad, ni libertad sin pan; ni dictaduras del hombre, ni dictaduras de clase”. Pero un año después (27 de junio) decía: “quede bien aclarado, el que es anticomunista es contrarevolucionarios”. Para esos días ser contrarevolucionario ya se penaba con el fusilamiento; con todo cinismo empezó hacer a un lado la mentira y el engaño que utilizó mientras no alcanzaba el poder.
En 1961, desde la Universidad de La Habana Castro afirmó: “Creo en el marxismo, creo absolutamente en el marxismo (...) si, lo digo con entera satisfacción, soy marxista leninista y seré marxista leninista hasta el último día de mi vida”.[9] Con el apoyo de la Unión Soviética, la revolución cubana empezaba a exportarse a toda Latinoamérica.
En mayo de 1960 las logias masónicas de Puebla enviaron a Cuba a cuatro estudiantes de la UAP a fin de capacitarlos en estrategias revolucionarias básicas. Estos estudiantes fueron: Enrique Cabrera Barroso, Erasmo Pérez Córdoba, Zito Vera Márquez y Francisco de Illiarte Mathus.
Confome a lo aprendido en Cuba, lo primero que hicieron a su regreso fue crear «membretes» para irlos utilizando según las circunstancias; estos fueron: «Comité Universitario Prodefensa de Cuba», «Bloque socialista Universitario», «Organización Poblana prodefensa de Cuba», y el «Directorio Estudiantil».
Para iniciar la «reforma» que les permitiera recuperar el control de la Universidad, las logias masónicas tenían un recurso que no dudaron en usar: integrar a la reforma a los Partidos Comunista y Popular Socialista, a pesar de que en ese entonces entre ambos no tenía más de diez miembros en la Universidad. Años despúes ellos mismos lo confesarían, como fue el caso de las mesas redondas organizadas en 1991 para conmemorar los 30 años de la reforma.
En una de ellas el Dr. Jesús Morales Tapia, dirigente de la logia masónica «Enmancipadores de Puebla» confesó: “El proyecto de reforma universitaria se realizó en dos reuniones: la primera en la 7 poniente, en la contraesquina del cine Puebla, y la segunda en el templo masónico de la 11 poniente 110. Fueron presididas por Antonio Pérez y Pérez, con representantes del Partido Comunista Mexicano, del Partido Popular Socialista y de las logias masónicas (...) Antonio Pérez y Pérez no hablaba por sí mismo; era el vocero de este grupo integrado por Ignacio Hermoso, por Juan Pórras, por Rivera Terrazas...”[10]
Inicio espurio de la Reforma: la captura física del edificio Carolino
Bajo el pretexto de un aumento a las tarifas telefónicas, los que acababan de retornar de su viaje a La Habana convocaron a una manifestación de repudio a dicho aumento, a celebrarse en el zócalo de la ciudad el 6 de abril de 1961. A esa manifestación acudieron solo unas 200 personas.
Para continuar con sus planes sacaron a la luz el membrete «Comité universitario pro defensa de Cuba», para convocar a una nueva manifestación para el día 17 de abril, olvidándose de las tarifas telefónicas y citando en esta ocasión para «defender la revolución cubana», en esos momentos amenazada por el exilio cubano apoyado por la CIA. Para garantizar una mejor asistencia a esta nueva manifestación, tres maestros de filiación masónica que daban clases en escuelas secundarias oficiales Venustiano Carranza y Normal del Estado, obligaron a sus alumnos a asistir, logrando reunir unos mil.
En el mitin celebrado en el zócalo, los oradores hablaron de «formar las milicias que de la universidad salgan en defensa de Cuba», lanzando «vivas» a Fidel y «mueras» a los yanquis, arengas que los imberbes adolescentes tomaron a broma cambiándolas por «mueran los yanquis, y vivan los indios de Cleveland».
Ante esta provocación que empezó a alterar el orden social de la ciudad, el Frente Universitario Anticomunista respondió convocando a una manifestación en apoyo al perseguido pueblo cubano para el día 24 de abril en el mismo zócalo, a la cual asistieron unas cuatro mil personas preocupadas por el avance de la revolución comunista en América, incluyendo a varios cientos de universitarios.
En el diario «La Opinión» del día siguiente apareció publicado un desplegado firmado por un nuevo membrete: «Sociedad de alumnos de la preparatoria diurna», en el que se convocaba a «pedir cuentas a los colegios católicos». A media mañana, Enrique Cabrera y sus compañeros de su reciente viaje a Cuba se dirigieron a las escuelas secudarias Normal del Estado y Venustiano Carranza, para exortar con los mismos argumentos del desplegado publicado esa mañana, a los alumnos de esas escuelas a dirigirse a los colegios católicos a «pedirles cuentas».
Seguidos por unos 300 mozalbetes irreflexivos, se dirigieron gritando consignas de lucha de clases hacia el colegio de los Hermanos Lasallistas, el Colegio Benavente. Varias personas que vieron al grupo dirigirse amenazante al Benavente, pusieron sobre aviso al Director del Colegio, Dr. Rafael Martínez Cervantes H.S.C., de la agresión que estaban a punto de recibir. En el Colegio los niños pequeños fueron trasladados rápidamente a las partes más seguras del edificio, mientras los mayores se situaron en las azoteas para repeler la agresión que se les venía encima.
Cerca de las 11 de la mañana arribó al Colegio una columna militar al mando del Gral. Ramón Rodriguez Familiar,[11]
comandante de la XXV Zona Militar; pocos minutos después llegó el grupo agresor. El Comandante militar les prohibió a los agresores entrar a las intalaciones del Colegio, pero les dio 15 minutos para que se retiraran, tiempo que aprovecharon los agresores para destruir a pedradas todos los vidrios de las puertas y ventanas del Colegio, mientras los soldados presenciaban la agresión desde sus transportes.
Los mozalbetes se dirigieron al zócalo a celebrar su “hazaña”, mientras el Director del Colegio levantaba en el Ministerio Público una denuncia por daños en propiedad ajena. Los dirigentes de la conjura masónica-comunista continuaron sus planes de agitación propalando rumores de nuevos ataques contra todos los planteles educativos particulares, amenazandolos también de expropiarlos. Para dar mayor veracidad a esos rumores, el secretario de Educación Pública envió a inspectores a entrevistarse con los directores de colegios particulares para preguntarles sobre el valor económico que tendrían sus instalaciones.
Aprovechando que el 1° de mayo era día no laborable y que en el edificio Carolino, sede central de la Universidad, se encontraba solo un velador, Enrique Cabrera, Zito Vera, Arturo Guzmán y Raúl Pacheco Pulido y otras dos personas, sometieron por la fuerza del velador y se apoderaron del edificio. Por la tarde los asaltantes informaron a los periodistas que se erigían en el «Comité Estudiantil Poblano», y que no liberarían el edificio Carolino hasta que se reformara la Ley Orgánica de la Universidad y se expulsara de ella a los catedráticos católicos y a los alumnos anticomunistas. La subversión revolucionaria, iniciada a extramuros de la Universidad, se introducía a ella por medio de la fuerza para convertirla en un ariete contra la sociedad poblana.
La Reforma destruye el orden universitario y el orden social de la ciudad
Las autoridades de la Universidad, el Rector, el Consejo de Honor y el Consejo Universitario, se reunieron en el edificio de la facultad de medicina situado fuera del Carolino, acordando continuar las cátedras en ese edificio.
El grupo posesionado del edificio Carolino (razón por la cual desde entonces empezaron a ser llamados «carolinos») fue ampliado con los mozalbetes de las secundarias y otras personas desconocidas; declaró una huelga de estudiantes, absurda a todas luces en el ámbito uiversitario, y nombraron «rector de facto» al Dr. Julio Glockner,[12] quien declaró iniciada la reforma universitaria.
Como las instalaciones de la facultad de Medicina resultaban insuficientes, las legítimas autoridades universitarias, el rector Armando Guerra Fernández y el Consejo Universitaria, decidieron trasladar las clases a un edificio más amplio situado en la esquina de la avenida 3 poniente y 9 sur.
Para escalar la agitación, el grupo del carolino inició una serie de desórdenes sociales atacando vidrieras de comercios, vandalizando automóviles aparcados, insultando a transéutes. Ante ese clima de anarquía distintos organismos como el Club Rotario, el Club de Leones, el Club Automovilístico, la Asociación de Charros, la Cámara Textil, sociedades de colonos del Barrio de Xonaca y otros más, firmaron un desplegado publicado en varios periódicos repudiando las acciones vandálicas de los carolinos. El gobierno del Estado se limitó a declarar por boca del gobernador Fausto M. Ortega su apoyo a las legítimas autoridades universitarias.
Ante la pasividad de las autoridades del gobierno estatal, los organismos ciudadanos acordaron formar el «Comité Coordinador de la Iniciativa Privada», el que convocó a la ciudadanía a manifestarse diariamente por las calles principales del centro de la ciudad, contra la supuesta reforma universitaria. Durate varios días, unas 25 mil personas participaron en esas manifestaciones públicas.
El Arzobispo de Puebla Dr. Octaviano Márquez y Toríz dio a conocer el día 15 de mayo su «Carta Pastoral sobre el Comunismo» en la cual explicaba a sus fieles cómo el sistema filosófico y político del marxismo-leninismo destruía la dignidad, el orden espiritual y moral, y las libertades de la persona humana. Ese documento encolerizó a los carolinos quienes invitaron a un jacobino radical llamado José Natividad Rosales a impartir una conferencia en el Salon Barroco; Rosales vertió una catarata de insultos y burlas a la fe católica.
Los dirigentes que habían implementado la subversión a partir de la universidad publicaron en el diario El Sol de Puebla un desplegado a plana completo titulado «Ayer Cuba, hoy Puebla», firmado por un nuevo membrete: «Gobierno de Estudiantes Universitarios». En ese largo desplegado dijeron entre otras cosas:
“aplastaremos a todas las fuerzas que se nos opongan, provengan estas del Estado, del Clero, de la Banca o de la Industria (...) Si es necesario repetiremos en México la gloriosa hazaña del Movimiento 26 de julio (...) Si por desgracia la conjura de las fuerzas reaccionarias nos desalojaran de la Universidad, convertiremos los fuertes de Loreto y Guadalupe en la Sierra Maestra de México desde donde se proyectará la nueva revolución socialista.”
El grupo apoderado del edificio carolino invitó a un jacobino radical llamado José Natividad Rosales a impartir una conferencia en el Salon Barroco, Aula Magna del Carolino, en la cual vertió una catarata de insultos y burlas a la fe católica. Ante las amenazas vertidas en el desplagado Ayer Cuba, hoy Puebla, y la blasfema conferencia de Natividad Rosales, el Comité Coordinar de la Iniciativa Privada convocó a una magna concentración en el Atrio de la Catedral para afirmar la fe y los valores que animaban a la cultura de la sociedad poblana , así como manifestar su respaldo al Arzobispo Octaviano Márquez, sobre quien la conjura masónico-comunista estaba lanzando una lluvia de calumnias, debido a su Carta Pastoral.
El domingo 4 de junio más de 200 mil personas desbordaron el Atrio de la Catedral, el Zócalo y las calles adyacentes, en claro apoyo al arzobispo y en proclamación abierta a la fe católica. No hubo desórdenes ni palabras altisonantes, solo el grito «Cristianismo Si, Comunismo No», coreado una y otra vez por la multitud reunida pacíficamente. El Arzobispo hizo uso de la palabra, y entre otras ideas afirmó: “...yo respondo delante de Dios y de la Historia, del exhorto que hice al pueblo y que ha dado ya su respuesta al pastor (...) quiero ue conste a la faz de Puebla y del mundo que este no es un mítin político, no es obra de destrucción ni ataque a las instituciones; no es agresión a nadie (...) debemos pedir perdón al Padre por nuestros hermanos engañados; a todos tendemos los brazos con lealtad y honradez.”[13]
Destrucción de la autonomía universitaria
La prensa nacional de esos días daba a conocer la deserción de dos funcionarios de la Embajada de Cuba en México, Antonio Montaner y Gilda Portela, quienes declararon que la agitación en Puebla y en Chihuahua estaba siendo financiada por el embajador cubano Portuondo. Esta noticia confirmaba las declaraciones que el Gobernador Fausto M. Ortega había hecho el 8 de julio: “Estoy plenamente informado y convencido que si no se hubieran movido desde dentro de la Universidad fuerzas e intereses extraños, hace tiempo que se habría logrado un entendimiento y una solución netamente universitaria.
En ese contexto resultaba significativo las nocturnas y clandestinas visitas al consultorio del Dr. Francisco Arellano Ocampo, uno de los dirigentes de la Reforma universitaria, del Lic. Angel Veraza funcionario de la Secretaría de Gobernación Federal, cuyo titular, Fernando Gutierrez Barrios, cuando dirigía la Dirección Federal de Seguridad, había protegido el exilio de Fidel Castro y el Che Guevara, haciendo que en 1956 les entregaran el yate Gramna que les permitió trasladarse a la Isla para iniciar su revolución.[14]
Dos días después de la última visita del Lic. Veraza al consultorio del Dr. Arellano, sorpresivamente el grupo de agitadores que estaba apoderado del Edificio Carolino lo entregó a las autoridades del Gobierno del Estado, tras 54 días de su ilegal ocupación. Al lunes siguiente, en una sesión de escasos 90 minutos, el Congreso del Estado derogó la Ley Orgánica de la Universidad y designó a Arturo Fernández Aguirre como rector en sustitución del legítimo Armando Guerra y del espurio Julio Glockner. La Autonomía de la Universidad quedó destruida hasta sus cimientos.
Rompimiento de la alianza masónico-comunista
Parecía que el propósito de las logias masónicas de recuperar el control de la Universidad bajo el pretexto de una «reforma» había sido logrado, pero la alianza con el Partido Comunista que habían hecho empezó a cobrarles la factura.
El orden académico no fue recuperado sino que se profundizó su destrucción. Aquellos catedráticos que no manifestaran ser afines a los revolucionarios fueron expulsados; insignes maestros de muchos años, profesionistas exitosos que impartían sus cátedras solo con el afán de trasmitir desinteresadamente sus conocimientos a nuevas generaciones, fueron sustituidos por pasantes traidos de la ciudad de México, muchos de ellos comprometidos con movimientos revolucionarios.
Planes de estudio elaborados y perfeccionados al correr del tiempo fueron cambiados de la noche a la mañana por planes improvisados, y los alumons que pertenecían o eran simpatizantes del FUA fueron constantemente agredidos y algunos también expulsados.
El orden público de la ciudad tampoco recobró su normalidad. Desde la Universidad salían grupos a agredir a la ciudadanía y alterar constantemente la vida de la ciudad. Entre la ciudadanía, el nombre de «estudiantes» se volvió sinónimo de «vándalos». Conforme a las tácticas revolucinarias se continuó atacando todo tipo de comercios; las instalaciones del periódico El Sol de Puebla fueron asaltadas e incendiadas; los autobuses del servicio público de transporte eran secuestrados constantemente, etc., etc. En esas condiciones, el Partido Comunista pudo crecer significativamente en Puebla, incorporando a sus filas a los simpatizantes de la anarquía, mediante la siembra del resentimiento social en la que el marxismo es muy experto. Pronto los comunistas vieron como lastre a sus aliados masones, sus «compañeros de viaje» y decidieron deshacerse de ellos.
El 3 de mayo de 1966 grupos de choque a las órdenes del Dr. Arellano asaltaron el Edificio Carolino exigiendo la renuncia del rector en turno Dr. José Garibay. Los comunistas empezaron a dominar la Universidad desplazando poco a poco a sus antiguos aliados. El culmen llegó el 23 de noviembre de 1967 cuando el Consejo Universitario expulsó de por vida a la gran figura de la masonería que había iniciado la reforma como rector de facto: el Dr. Julio Glockner.
El uso de armas de fuego empezó a ser frecuente en los enfrentamientos entre masones y comunistas; en julio de 1968 se produjo la primera víctima mortal, el estudiante comunista Aurelio Aparicio. La anarquía y la violencia se enseñorearon por completo de la Universidad a lo largo de varios años.
NOTAS
- ↑ PALAVINI Félix “Historia de la Constitución de 1917. Edición del autor. s/f, tomo I, p.228
- ↑ Ibidem, p. 245
- ↑ https://enciclopedia.udg.mx/articulos/el-grito-de-guadalajara-de-plutarco-elias-calles-1934
- ↑ Cfr. Alberto Baeza, Las cadenas vienen de lejos. Ed. Libertad, México, 1967
- ↑ MARTINEZ VERDUGO Arnoldo, “Historia del comunismo en México”, Ed. Enlace-Grijalbo, México, 1983, p. 408
- ↑ Ibidem, misma página
- ↑ SILVA ANDRACA Héctor. Puebla y su Universidad. Ed. UAP, Puebla, 1980, pp. 91-92
- ↑ Cfr. KRAUZE Enrique, “Caudillos culturales de la Revolución Mexicana”. Ed. Siglo XXI, México, p. 321
- ↑ https://quote-citation.com/es/citas/1464 También URRUTIA Manuel, Fidel Casro y compañia, S.A. Ed. Herder, Barcelona, 1963
- ↑ Trascripción de la video grabación de la mesa realizada el 9 de mayo de 1991.
- ↑ El Gral Rodriguez Familiar, exgobernador de Querétaro, era un”prominente masón”, según lo afirma Alfonso Yañez Delgado en su obra “La manipulación de la fe”, ed. UAP, 1996, p.106.
- ↑ Militante de la masonería en el grado 18 de la logia Emancipadores de Puebla, que había participado en las reuniones del Mesón del Cristo donde se formó el Partido Comunista en Puebla, al cual había ingresado recientemente. Cfr. YAÑEZ DELGADO, ob.,cit., p.75
- ↑ El texto fue reproducido el diario El Sol de Puebla del día 5 de junio, junto a varias fehacientes fotografías de la Concentración.
- ↑ Cfr. GARZA Ramón Alberto. Dinastías. Dos familias, una Nación. Ed. Planeta
BIBLIOGRAFÍA
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GARZA Ramón Alberto. Dinastías. Dos familias, una Nación. Ed. Planeta, México, 2024
KRAUZE Enrique, “Caudillos culturales de la Revolución Mexicana”. Ed. Siglo XXI, México, 1976
LOUVIER/DIAZ CID/ARRUBARRENA. Autonomía Universitaria. Génesis de la UPAEP. 3 ed, UPAEP, Puebla, 2013
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JUAN LOUVIER CALDERÓN