Diferencia entre revisiones de «HIDALGO Y COSTILLA GALLAGA, Miguel»

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(Pénjamo, 1753; Chihuahua, 1811) Sacerdote y Caudillo de la Independencia mexicana.

En la Hacienda de Corralejo cercana a la población de Pénjamo, Guanajuato, nació Miguel Gregorio Antonio Hidalgo y Costilla Gallaga el 8 de mayo de 1753, segundo de los cuatro hijos del matrimonio formado por Cristóbal Hidalgo y Costilla, administrador de la Hacienda de Corralejo, y Ana María Gallaga, y fue bautizado el día 16 del mismo mes en Cuitzeo de los Naranjos. En la fe de Bautismo dice: “En la capilla de Cuitzeo de los Naranjos a los diez y seis de mayo de mil setecientos cincuenta y tres años, el bachiller don Agustín de Salazar, teniente de cura, solemnemente bautizó, puso óleo y crisma y por nombre Miguel Gregorio Antonio, a un infante de ocho días, hijo de Cristóbal Hidalgo y Costilla y doña Ana María Gallaga, españoles, cónyuges, vecinos de Corralejo. Fueron padrinos don Francisco y doña María de Cisneros, de dicha hacienda, a quienes se amonestó el parentesco y la obligación. Y lo firmó con el actual cura. Bernardo de Alcocer (Rúbrica).”[1]


La desahogada posición económica de don Cristóbal Hidalgo le permitió enviar a sus hijos mayores -Joaquín y Miguel- a cursar sus estudios al Colegio de San Nicolás en Valladolid (hoy Morelia), distinguiéndose ambos en los cursos de filosofía y teología. Cuando Miguel concluyó sus estudios –que incluyeron el aprendizaje de las lenguas francesa, náhuatl y otomí- trabajó en su «alma mater» como profesor y desde 1788 como rector; por su carácter taimado los colegiales le llamaban “el zorro”.“Por los años 1778 a 79 pasó a México, donde recibió las órdenes sagradas y el grado de bachiller en teología, pues aunque se dice, el Cabildo Eclesiástico de Valladolid le franqueó más adelante cuatro mil pesos para los gastos y propinas del grado de doctor, los perdió al juego en Maravatío, al hacer el viaje a México para solicitarlo.”[2]Su hermano Joaquín si obtuvo el grado de doctor y fue nombrado Cura de la Parroquia de Dolores, y a la muerte de éste Miguel fue designado Cura en sustitución de su hermano el 3 de octubre de 1802.


Lucas Alamán↗, quien conoció y trató al Cura Hidalgo, escribe que “era muy afecto a la música y además de haberla hecho aprender a los indios de su curato, en donde había formado una orquesta, hacía ir la del batallón provincial de Guanajuato a las frecuentes diversiones que en su casa tenía. La proximidad del lugar de su residencia a aquella capital, hacía que fuese a ella frecuentemente y permaneciese largas temporadas, lo que me dio ocasión de verlo y tratarlo muy de cerca. Era de mediana estatura, cargado de espaldas, de color moreno y ojos verdes vivos, la cabeza algo caída sobre el pecho, bastante cano y calvo…”[3]El mismo Alamán señala que Hidalgo “no se ocupaba de la administración espiritual de sus feligreses”; en cambio “Extendió mucho el cultivo de la uva, de que hoy se hacen en todo aquel territorio considerables cosechas, y propagó el plantío de moreras para la cría de gusanos de seda, de las cuales existen todavía en Dolores ochenta y cuatro árboles plantados por él… y se conservan los caños que hizo hacer para el riego de todo el plantío. Había además formado una fábrica de loza, otra de ladrillos, construido pilas para curtir pieles, e iba estableciendo talleres de diversas artes.” [4]El Cura Miguel Hidalgo no respetó los votos que libremente pronunció en su ordenación sacerdotal y con dos mujeres procreó cuatro hijos: con Manuela Ramos Pichardo a Agustina y Lino Mariano, y con Josefa Quintana a Micaela y Josefa.[5]

Causas de la independencia de México

La invasión francesa a España en 1808 produjo en toda la América Española una gran inquietud, y al conocerse la noticia de la aprehensión de Fernando VII en Bayona y el nombramiento que como Rey de España hizo Napoleón a favor de su hermano José, surgieron por todo el territorio hispanoamericano distintos grupos que buscaban enfrentar tan inédita situación.El común denominador de todos esos grupos fue el rechazo al gobierno de José Bonaparte y el reconocimiento de Fernando VII como Monarca legítimo.El Ayuntamiento de la ciudad de México abogó por la instauración de una Junta Suprema de gobierno que fuera presidida por el Virrey José Iturrigaray sin tener que depender de ninguna instancia mientras Fernando VII fuera prisionero de Napoleón. Pero la Audiencia de la Nueva España se opuso a esa opción pues preveían (no sin razón) que el Virrey Iturrigaray podría convertirse fácilmente en José I, Rey de la Nueva España. Por ello la Audiencia negó que la Nueva España tuviera derecho a instaurar una “Junta Suprema” y promovió el reconocimiento de la Junta de Sevilla como la instancia de la cual debería depender el Virreinato mientras Fernando VII continuara en poder de los franceses.


Sin embargo la Junta de la Nueva España se instaló el 9 de agosto de 1808; además el Virrey ordenó que la guarnición militar de Celaya se trasladara a la Capital. Estos hechos llevaron a la Audiencia a adelantarse a los planes del Ayuntamiento y del Virrey y organizaron un “golpe de mano” en la madrugada del 16 de septiembre de 1808, mediante el cual capturaron a Iturrigaray, a los síndicos del Ayuntamiento Francisco Primo de Verdad y el licenciado Azcárate, al canónigo Mariano Beristain, al Abad de Guadalupe José Cisneros y al fraile mercedario Melchor de Talamantes.[6]Iturrigaray fue enviado a España “acusado de infidencia” al pretender establecer un gobierno independiente en la Nueva España, y el principal promotor de la Junta, el abogado Francisco Primo de Verdad, apareció misteriosamente asesinado en su celda el 4 de octubre. La Audiencia nombró como virrey provisional al anciano militar Pedro de Garibay, y poco después al arzobispo de México Francisco Lizana y Beaumont; en abril de 1810 la Junta de Sevilla designó al teniente coronel Francisco Xavier Venegas como Virrey de Nueva España.


Pero muchos pensaban que las autoridades nombradas por la Junta de Sevilla eran tan ilegítimas como el gobierno de José Bonaparte.En 1809 hubo en Valladolid una conspiración presidida por los militares José María García Obeso y Mariano Michelena para revivir la instauración de la Junta Soberana de Nueva España; la conspiración fue descubierta y sus integrantes condenados a muerte, pero el Virrey-arzobispo (que había sido miembro de la Junta de 1808) los puso en libertad.


El movimiento de independencia del cura Miguel Hidalgo

Con la misma finalidad de establecer en la Nueva España una Junta Suprema, en 1810 se reunía en Querétaro otro grupo integrado por varios militares encabezados por los capitanes Ignacio Allende, Mariano Abasolo y Juan Aldama, el presbítero José María Sánchez, el cura de Dolores Miguel Hidalgo y varios abogados y comerciantes encabezados por el corregidor de la ciudad José Miguel Dominguez y su esposa Josefa Ortiz, en cuya casa se celebraban las reuniones disfrazadas de “Academia Literaria”. Los conspiradores de Querétaro habían preparado para el primero de octubre en San Juan de los Lagos un levantamiento de los militares del Regimiento de Celaya apoyado por movimiento popular para destituir a todos los españoles que en la región del Bajío tuvieran algún puesto de gobierno.


La conspiración fue descubierta y denunciada en la noche del 13 de septiembre y sabiendo el Corregidor y su esposa de la denuncia, pudo ella avisar al alcalde Ignacio Pérez -quien era un activo participante de la conspiración- que habían sido descubiertos. El alcalde partió a San Miguel para alertar al capitán Ignacio Allende quien de inmediato se trasladó a Dolores para entrevistarse con Hidalgo. A las dos de la madrugada del día 16 de septiembre llegó a Dolores Juan Aldama quien traía la noticia de la captura de casi todos los participantes de la conspiración de Querétaro; se entrevistó con Allende y ambos fueron a buscar a Hidalgo; mientras éste se vestía dijo a los dos militares: “«caballeros, somos perdidos, aquí no hay más recurso que ir a coger gachupines”….y de acuerdo con su hermano don Mariano y don José Santos Villa a quienes hizo llamar, salió de su casa con éstos, con Allende y Aldama y diez hombres armados que tenía en su casa, se dirigió a la cárcel e hizo poner en libertad a los reos, amenazando con una pistola al alcaide que lo resistía»” [7]


Todos los españoles residentes en Dolores fueron encarcelados; entre ellos el subdelegado Ignacio Díez Cortina y el padre sacristán de la Parroquia Francisco Bustamante. Hidalgo hizo tocar la campana de la Parroquia para llamar a misa y juntando a los principales vecinos les dijo: “Ya ustedes habrán visto este movimiento: pues sepan que no tiene más objeto que quitar el mando a los europeos, porque éstos, como ustedes sabrán, se han entregado a los franceses y quieren que corramos la misma suerte.”[8]Proclamó entonces las «Vivas» de su famoso «Grito», mismo que se inscribió en las banderas: “Viva la religión, Viva nuestra Madre santísima de Guadalupe, Viva Fernando VII, Viva la América y muera el mal gobierno.” En el Santuario de Atotonilco tomó Hidalgo el estandarte de la Virgen de Guadalupe que sería la bandera del movimiento y sumados a él los rancheros y vaqueros de las haciendas cercanas, Hidalgo y su tropa partieron hacia San Miguel el Grande a donde llegaron al anochecer del día 16, entrando a la población sin resistencia; de inmediato fueron saqueadas las casas y negocios de los europeos y reducidos estos a prisión. En esta población se sumó todo el Regimiento de caballería de la Reina, cuyos capitanes eran Allende y Aldama.


De San Miguel salió el contingente con rumbo a Celaya, llevando una cuerda de prisioneros compuesta por setenta y ocho españoles. El día 21 entró el contingente a Celaya con Hidalgo a la cabeza, seguido por unos cien dragones del Regimiento de la Reina que portaban un retrato de Fernando VII. Al llegar a la Plaza el contingente se dispersó por la población para saquear las casas de los europeos; Aldama manifestó a Hidalgo su desaprobación de ese desorden pero Hidalgo le contestó que él no sabía de otro modo de hacerse de partidarios. El día 22 en el Ayuntamiento de Celaya, Hidalgo fue nombrado General e Ignacio Allende Teniente General; el contingente de Hidalgo, engrosado con vecinos de Celaya y varias compañías del Regimiento provincial, emprendió el camino hacia la ciudad de Guanajuato. Los insurgentes eran ya unos cincuenta mil.


El Intendente de Guanajuato Juan Antonio de Riaño había recibido desde el día 18 las noticias de lo ocurrido en Dolores y San Miguel, por lo que preparó a la ciudad para su defensa y solicitando auxilios a Félix María Calleja, Comandante de la brigada acantonada en San Luis. El principal punto de defensa de la ciudad fue la «alhóndiga de granaditas», un edificio de fuerte construcción que dominaba la principal entrada a la ciudad donde unos 500 hombres se prepararon a repeler el ataque. El 28 de septiembre las fuerzas de Hidalgo atacaron la ciudad; en el primer intercambio de disparos cayó muerto el intendente Riaño, causando desconcierto a los defensores de la alhóndiga que fue tomada en pocas horas. “Dueños los insurgentes de la alhóndiga, dieron rienda suelta a su venganza: los rendidos imploraban en vano la piedad del vencedor (…) los que quedaron vivos, desnudos, llenos de heridas, atados en cuerdas, fueron llevados a la cárcel pública (…) de los soldados murieron unos doscientos, y ciento cinco españoles.”[9]


El saqueo de la ciudad empezó esa misma tarde. Alamán, testigo de vista de aquellos acontecimientos escribe: “Quiso Hidalgo hacer cesar tanto desorden para lo que publicó un bando el domingo 30 de septiembre; pero no sólo no fue obedecido, sino que no habiendo quedado nada en las casas y en las tiendas, la plebe había comenzado a arrancar los enrejados de fierro de los balcones, y estaba empeñada en entrar en algunas casas de mexicanos (…) Una de las que se hallaban amenazadas de este riesgo era la de mi familia (…) Muy difícil fue contener a la plebe, que por el entresuelo había penetrado hasta el descanso de la escalera, corriendo yo mismo no poco peligro, por haberme creído europeo. En este conflicto mi madre resolvió ir a ver al cura Hidalgo, con quien tenía antiguas relaciones de amistad y yo la acompañé (…) Nos recibió con agrado, aseguró a mi madre de su antigua amistad, e impuesto de lo que se temía en la casa nos dio una escolta, mandada por un arriero vecino del rancho del Cacalote llamado Ignacio Centeno, a quien había hecho capitán…”[10]


Con cerca ya de setenta mil hombres salió Hidalgo de Guanajuato rumbo a Valladolid; en el camino tuvo un encuentro con un antiguo discípulo suyo del Colegio de San Nicolás: el cura de Carácuaro José María Morelos y Pavón↗, a quien dio instrucciones para levantar tropas en la costa del Sur, especialmente le indicó que debía tomar el puerto de Acapulco. El 17 de octubre Hidalgo y sus hombres tomaron sin resistencia la ciudad de Valladolid; el día 28, igualmente sin resistencia, tomaron Toluca y dos días después salieron hacia la capital del Virreinato ya en número de unos ochenta mil hombres. La débil guarnición de la ciudad de México (unos dos mil hombres al mando del coronel Torcuato Trujillo) salió a interceptar a los insurgentes, enfrentándose con ellos en el «Monte de las Cruces» el día 30 de octubre; los insurgentes se impusieron fácilmente y con ello la capital del Virreinato quedó completamente a su merced. Hidalgo avanzó todavía hasta Cuajimalpa , ya en las goteras de la ciudad de México, pero entonces decidió dar media vuelta y retirarse. Son variadas las hipótesis que se han hecho para intentar explicar porqué tomó Hidalgo esa decisión cuando tenía el triunfo a la mano; el hecho es que Hidalgo y sus hombres dieron media vuelta y tomaron rumbo a Querétaro.


Para ese momento el grueso del ejército virreinal (unos siete mil hombres) al mando del general Félix María Calleja se dirigía a interceptar a la columna insurgente, enfrentándose con ella en Aculco el 7 de noviembre donde Hidalgo y su tropa fueron ampliamente vencidos pues “la disciplina venció al número”[11]. Tras la derrota Hidalgo y Allende se separaron; Allende se dirigió a Guanajuato, mientras que Hidalgo decidió ir a Guadalajara, “decisión que Allende tachó de cobarde”[12]. El 26 de noviembre entró Hidalgo a Guadalajara, y mientras Calleja se enfrentaba a Allende en Guanajuato, Hidalgo decretó la abolición de la esclavitud, la abolición de tributos y la prohibición del uso de papel sellado. Dio distintos nombramientos y creó un periódico: “El Despertador Americano”, del cual llegaron a publicarse solo siete números.


Después de derrotar a Allende en Guanajuato, el general Calleja se dirigió a Guadalajara, enfrentándose nuevamente a Hidalgo en el “Puente de Calderón” situado en las afueras de la ciudad el 17 de enero de 1811. Después de seis horas de combate, los insurgentes fueron diezmados y puestos en fuga. Acompañado solo ya de un pequeño grupo Hidalgo huyó hacia [[ Aguascalientes | Aguascalientes]]. El movimiento de independencia del cura Miguel Hidalgo iniciado en Dolores el 16 de septiembre de 1810 concluyó cuatro meses después.


Juicio y muerte de Miguel Hidalgo

“En la hacienda de Pabellón lo alcanzaron (a Hidalgo) Allende y otros jefes, quienes lo responsabilizaron de la derrota y lo despojaron del mando militar (…) A marchas lentas invirtieron un mes en llegar a Saltillo, donde Hidalgo renunció públicamente a la jefatura del ejército y rechazó el indulto expedido por las Cortes Generales Extraordinarias de España, que le fue enviado por el general José de la Cruz con autorización del virrey Venegas.”[13]De Saltillo salieron rumbo a Chihuahua, cayendo en una emboscada en Acatita de Baján el 21 de marzo de 1811 donde fueron hechos prisioneros Miguel Hidalgo, Ignacio Allende, Juan Aldama, Mariano Abasolo y otros jefes insurgentes, y trasladados a Chihuahua para ser juzgados en esa Ciudad.


Miguel Hidalgo fue encarcelado en el ex Colegio de la Compañía de Jesús en Chihuahua, donde el alférez Ángel Abella lo interrogó para formar el proceso en su contra. La Junta de Guerra que lo juzgó estuvo integrada por los tenientes coroneles Pedro Nicolás Terrazas, José Joaquín Ugarte y Pedro Nolasco Carrasco, así como por el capitán Simón Elías González y el teniente Pedro Armendáriz.[14]Los cargos que le formuló el fiscal Salcedo eran “alta traición y mandante de alevosos homicidios”. El 26 de julio el Tribunal lo condenó a muerte previa degradación eclesiástica. La sentencia fue ejecutada el 30 de julio de 1811.

Excomunión, degradación eclesiástica y reconciliación de Miguel Hidalgo

En el año de 1800, el Tribunal del Santo Oficio ( la Inquisición) recibió una acusación contra Miguel Hidalgo debido a su conducta personal y a sus opiniones políticas contra las autoridades virreinales; sin embargo el Tribunal archivó el caso. Al producirse los acontecimientos de septiembre de 1810 el inquisidor-fiscal del Santo Oficio, doctor Manuel Flores, presentó formal acusación contra Hidalgo fundándose en 53 cargos. La Inquisición envió a Chihuahua por escrito un interrogatorio de doce puntos que Hidalgo contestó también por escrito, con lo cual quedaron agotadas las averiguaciones. El Tribunal del Santo Oficio nunca pronunció sentencia alguna al respecto.


Fue un decreto firmado el 24 de septiembre de 1810 por el obispo electo de Michoacán Manuel Abad y Queipo el que declaró a Miguel Hidalgo como excomulgado, pero no por iniciar el movimiento independentista ni por herejía, sino porque desde el segundo Concilio de Letrán (1139) el Derecho Canónico estipulaba que toda persona que ejerciera violencia contra un sacerdote o religioso perdía la comunión con la Iglesia. Y como el cura Hidalgo encarceló y vejó en Dolores al padre sacristán Francisco Bustamante a quien llevó en cuerda hasta Valladolid, en Guanajuato al padre Martín Septién, en Celaya a los religiosos del Carmen y a un padre de apellido Corona,; por cada uno de estos hechos incurrió «ipso facto» en la excomunión. Posteriormente en Guadalajara Hidalgo mandó degollar a dos religiosos sin que ninguno de ellos hubiera cometido delito alguno, con lo cual la excomunión se evidenció aún más. Por otra parte Abad y Queipo había sido electo obispo de Michoacán, pero ese nombramiento nunca fue ratificado por la Santa Sede. Es importante hacer notar que en la segunda mitad del siglo XX empezó a circular un supuesto texto de excomunión totalmente diferente al promulgado por Abad y Queipo, desconocido por todos los historiadores en el siglo XIX y que no aparece en ningún archivo o historiografía seria sobre el cura Hidalgo (vgr. México a través de los siglos) y que sin señalar su origen o algún fundamento serio, es hoy usado para denigrar a las autoridades eclesiásticas del siglo XIX.


El Tribunal que realizó la degradación eclesiástica de Hidalgo estuvo presidido por el canónigo Valentín Fernández y fue ejecutada el 29 de julio conforme a las reglas prescritas en el Pontifical Romano por el cura castrense y el padre guardián del Convento de San Francisco. Por otra parte, Hidalgo solicitó confesarse antes de morir y el padre Juan José Baca lo reconcilió y dio los últimos auxilios espirituales.


En una conferencia de prensa realizada el 17 de octubre de 2007, el Presbítero y Doctor en Historia Gustavo Watson, responsable del archivo histórico de la Arquidiócesis de México, explicó que “según el derecho canónico, «toda excomunión cesa si uno se confiesa cuando hay un peligro de muerte inminente». Watson señaló que la conclusión de su trabajo (de una comisión de estudio histórico ordenado por el Cardenal Norberto Rivera), que esperan enviar en los próximos días al Congreso, es que aunque sí hubo un edicto de excomunión del héroe de la independencia, ésta quedó anulada al momento de confesarse. «Hidalgo murió dentro de la iglesia, reconciliado con la iglesia»".[15]Después del fusilamiento de Miguel Hidalgo se le cortó la cabeza. “Los padres penitenciarios de San Francisco reclamaron el cuerpo, que velaron esa noche, para sepultarlo al día siguiente en el presbiterio de la capilla de San Antonio. Las cabezas de Hidalgo, Allende, Aldama y Jiménez se conservaron en sal por los practicantes del hospital (…) fueron colocadas, en octubre, en los cuatro ángulos de la alhóndiga de Granaditas, en Guanajuato, de donde las retiró el pueblo en 1821, en vísperas de consumarse la Independencia.”[16]Mediante un Decreto del 19 de abril de 1823, el Soberano Congreso Mexicano lo nombró "Padre de la Patria".


Notas

  1. Periódico La Crónica de Hoy (2010-05-09)
  2. www.cronica.com.mx/especial.php?id_tema=1340&id_nota=505069
  3. Alamán Lucas. Historia de Méjico. Gobierno del estado de Guanajuato, 1989. P. 116
  4. Ibídem, p. 117
  5. Ibídem, p. 117
  6. Grandes Biografías de México. Océano. Vol. V, 1995. P. 110
  7. Santiago Cruz Francisco. El Virrey Iturrigaray. Ed. JUS, México 1965, pp. 164-167
  8. Alamán. Obra citada p. 126
  9. Ibídem
  10. Ibídem, p.144
  11. Ibídem, p. 147
  12. Zavala Silvio. Apuntes de Historia Nacional 1808-1974.El Colegio Nacional y Fondo de Cultura Económica, México, Quinta edición 1999, p. 25
  13. Ibídem.
  14. Enciclopedia de México. Tomo VII, México 1993. P. 3930
  15. La Crónica de Hoy. 18 de octubre de 2007.
  16. Enciclopedia de México, p. 3932.

Bibliografía

Gran Enciclopedia RIALP, Tomo XI. Madrid Sexta edición del tomo, 1989

Alamán Lucas. Historia de México. Gobierno del estado de Guanajuato, 1989

Enciclopedia de México. Tomo VII, México 1993

Zavala Silvio. Apuntes de Historia Nacional 1808-1974. El Colegio Nacional y Fondo de Cultura Económica, México, Quinta edición 1999

Grandes Biografías de México. Océano. Vol. V, 1995.

Santiago Cruz Francisco. El Virrey Iturrigaray. JUS, México 1965


JUAN LOUVIER CALDERÓN




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