Diferencia entre revisiones de «CULTURAS REGIONALES DE URUGUAY»

De Dicionário de História Cultural de la Iglesía en América Latina
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La condición de principal foco modernizador y transmisor del país se ha manifestado siempre, y de manera especial, en áreas como la educación y cultura. Han obrado para ello factores de larga duración como, entre otros: ser una ciudad de dimensiones importantes, que concentra mayor masa crítica y públicos receptores; constituir el principal punto de comunicación con el exterior; monopolizar el carácter de sede de todos los poderes públicos y la administración central, lo que brinda una gran disponibilidad de recursos; haber monopolizado la educación universitaria pública durante la mayor parte de la historia del país.
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La condición de principal foco modernizador y transmisor del país se ha manifestado siempre, y de manera especial, en áreas como la educación y cultura. Han obrado para ello factores de larga duración como, entre otros: ser una ciudad de dimensiones importantes, que concentra mayor masa crítica y públicos receptores; constituir el principal punto de comunicación con el exterior; monopolizar el carácter de sede de todos los poderes públicos y la administración central, lo que brinda una gran disponibilidad de recursos; haber monopolizado la [[UNIVERSIDADES_DE_LAS_ÓRDENES_RELIGIOSAS | educación universitaria]] pública durante la mayor parte de la historia del país.
  
 
Dos factores decisivos y de larga duración para el desarrollo cultural de la capital han sido los aportes de la inmigración externa y los de la migración interna. Respecto a los primeros, Montevideo tuvo la virtud de retener no solo la mayor parte de la inmigración proveniente del Viejo Mundo sino a las más diversas colectividades. A ellas hay que agregar la contribución de la cultura de la población afro descendiente.
 
Dos factores decisivos y de larga duración para el desarrollo cultural de la capital han sido los aportes de la inmigración externa y los de la migración interna. Respecto a los primeros, Montevideo tuvo la virtud de retener no solo la mayor parte de la inmigración proveniente del Viejo Mundo sino a las más diversas colectividades. A ellas hay que agregar la contribución de la cultura de la población afro descendiente.
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Revisión del 05:25 16 nov 2018

“Las regiones culturales son territorios en los que un conjunto de personas presentan características (rasgos étnicos, valores, lengua, historia, religión, cierto tipo de relaciones sociales de producción, u otros referentes simbólicos) que los hace más homogéneos entre sí y los distingue de los otros. Que esa región se constituya en una región cultural con una identidad fuerte dependerá de la significación de los elementos simbólicos que constituyen su cultura. En su concepción más sencilla posible una región consiste en un territorio que adquiere distinción del resto del espacio en base a la presencia de algún atributo que le otorga un grado de homogeneidad interna y que permite establecer una frontera que lo delimita del espacio exterior.”[1]

La noción de región se ha utilizado en varias disciplinas. En sus comienzos fue una noción geográfica, después económica y se fue extendiendo a la sociología y a la antropología. Las distintas clasificaciones según las diferentes disciplinas no toman las mismas variables para definir las regiones. Por esa razón, puede no haber coincidencias entre las conclusiones de un estudio económico con un estudio que tenga en cuenta los factores culturales.

En el caso de Uruguay, según la publicación “Estrategia Uruguay Tercer Siglo”, teniendo en cuenta fundamentalmente factores productivos, se han definido las siguientes regiones: 1) Montevideo, 2) Canelones, 3) Centro (Durazno, Flores, Florida), 4) Suroeste (San José, Colonia y Soriano), 5) Litoral (Río Negro, Paysandú y Salto), 6) Norte (Artigas, Rivera, Cerro Largo y Tacuarembó) y 7) Este (Lavalleja, Treinta y Tres, Rocha y Maldonado). Trabajos posteriores partieron de la hipótesis de que esas regiones definidas por criterios productivos podían servir para tipificar regiones culturales.

Antes de caracterizar las regiones, es necesario tener en cuenta la macrocefalia de Uruguay, que concentra en la ciudad-capital – Montevideo - casi la mitad de la población del país. Si se agrega el área metropolitana, este conjunto urbano representa el 60% de la población nacional. Las enormes asimetrías, en materia demográfica y económica, que emergen de la comparación de Montevideo con el resto de las regiones, también se mantienen –y se acentúan incluso– en materia cultural.

Algunas características generales de las culturas regionales

Ultimo tercio del siglo XIX

Para el último tercio del siglo XIX, la aplicación de la Reforma Escolar de 1877 y la apertura de centros de enseñanza de nivel primario, secundario y técnico de carácter privado - también por la decisiva participación de los inmigrantes - significó una mejora de la oferta educativa en los principales centros urbanos. La puja entre sectores liberales y católicos fue un fuerte dinamizador en la creación de instituciones y, en ese aspecto, las regiones Litoral y Sudoeste fueron las más fecundas e innovadoras.

La aparición de la prensa escrita marcó un aporte sustancial en la promoción cultural, tanto en el campo educativo como creativo. También las regiones Litoral y Sudoeste fueron las más precoces, pues en poblaciones como Paysandú, Salto y Mercedes ya existía prensa local en las décadas de 1850 y1860. En las dos décadas siguientes esta se generalizó a todos los departamentos.

Mención especial merece el rol jugado por las instituciones que congregaron a las colectividades de inmigrantes -generalmente denominadas Sociedades de Socorros Mutuos- que se propagaron por todo el país -no solo en las capitales departamentales sino en otros centros urbanos- sobre todo a partir de la década de 1870. Estas sociedades, en su mayoría de españoles, italianos y franceses, además de proporcionar protección social, procuraron conservar el acervo de tradiciones culturales propias, recordando fechas patrias, promoviendo fiestas populares, colocando en el nomenclátor urbano hechos y personajes célebres de su colectividad.

En el seno de estas instituciones surgieron, en todo el país, iniciativas de fuerte impacto educativo y cultural como, por ejemplo, construcción de teatros, creación de bandas de música, fundación de centros educativos y de enseñanza artística, ornamentación de las ciudades con monumentos y obras de arte

Primeras décadas del siglo XX

En los casos de las ciudades con vitalidad económica potente y poseedoras de una estructura de centros educativos y culturales de vieja data -como el caso de Paysandú y Salto- el aporte de los liceos, o institutos de enseñanza secundaria, fue importante si bien se sumó, en realidad, a una vigorosa oferta ya existente. Sin embargo, en la mayoría de los departamentos los liceos tuvieron un rol mucho más decisivo, incluso fundacional en varios casos, tanto en materia educativa como de promoción cultural.

Los liceos permitieron tanto la llegada y radicación, en las ciudades del interior, de figuras dinamizadoras en distintas áreas artísticas y científicas, como la permanencia en su lugar de origen de hombres y mujeres con vocación creadora. La circulación por distintos departamentos de muchos docentes destacados también fue un aporte no suficientemente valorado.

Desde mediados del siglo XX

La situación de los años sesenta y la presencia del régimen autoritario desde la década siguiente, agravó considerablemente el fenómeno del empobrecimiento cultural por el exilio político, el encarcelamiento o la expulsión de la enseñanza de figuras de destacada actuación en sus respectivos lugares de residencia.

También aquí hay diferencias regionales importantes, pues las regiones más deprimidas económicamente fueron las que más sufrieron (es el caso de las regiones Central y Norte); en cambio otras, tradicionalmente más pujantes, lograron una mayor retención de figuras significativas (como las del Litoral y Sudoeste). En la del Este también predominó la pérdida de capital humano, pero progresivamente se fue revelando la excepcionalidad de Maldonado, que no solo logró ir reteniendo buena parte de sus creadores sino que se transformó en un centro de radicación de otros, provenientes de diversas zonas.

Un factor de diferenciación regional cada vez más relevante es la interrelación de los departamentos fronterizos con las sociedades, centros universitarios y culturales de diverso orden existentes tanto en Argentina como en Brasil. Por otra parte el acceso a la cooperación internacional es un aporte nuevo e importante.

Caracterización de algunos aspectos culturales de las seis regiones[2]

Montevideo

La condición de principal foco modernizador y transmisor del país se ha manifestado siempre, y de manera especial, en áreas como la educación y cultura. Han obrado para ello factores de larga duración como, entre otros: ser una ciudad de dimensiones importantes, que concentra mayor masa crítica y públicos receptores; constituir el principal punto de comunicación con el exterior; monopolizar el carácter de sede de todos los poderes públicos y la administración central, lo que brinda una gran disponibilidad de recursos; haber monopolizado la educación universitaria pública durante la mayor parte de la historia del país.

Dos factores decisivos y de larga duración para el desarrollo cultural de la capital han sido los aportes de la inmigración externa y los de la migración interna. Respecto a los primeros, Montevideo tuvo la virtud de retener no solo la mayor parte de la inmigración proveniente del Viejo Mundo sino a las más diversas colectividades. A ellas hay que agregar la contribución de la cultura de la población afro descendiente.

La actuación de diversas personalidades en la plástica, la música, el teatro o la arquitectura, tuvo un rol fundacional o, por lo menos, transformador que marcó profundamente la historia cultural de la capital. En todas las áreas intelectuales y artísticas Montevideo ha manifestado, a través de sucesivas generaciones que se remontan a los primeros años del siglo XIX, una gran potencialidad creadora, en un constante juego de lectura del exterior y recepción transformadora.

Las celebraciones religiosas de Montevideo son las que reúnen más fieles en todo el país. San Cayetano, San Pancracio y la Virgen de Lourdes son las principales celebraciones católicas. También se conserva la tradición de las Hogueras San Juan, de origen catalán y vasco, y la Fiesta de San Benito y San Baltasar, el 6 de enero, para recordar a los patronos negros de la colectividad afro uruguaya.

Canelones

En la mayoría de las numerosas poblaciones de antigua creación, el peso de las colectividades especialmente de italianos y españoles, en las últimas décadas del siglo XIX, fue muy importante y dotó al departamento de muchas instituciones sociales, culturales y recreativas. Existió una fuerte impronta de cultura agraria, con la sumatoria de tradiciones rurales españolas -especialmente canarias y gallegas- e italianas sobre la tradicional sociedad criolla.

Esta permanencia de una cultura agraria básica provocó que pese al alud de inmigrantes europeos las trazas de la antigua cultura rural-criolla no desaparecieran y que incluso se viera fortalecida, al ser adoptada por muchos de aquellos “gringos”.

La antigua raíz hispánica, el absoluto predominio de inmigrantes del sur europeo y la hegemónica matriz agraria fueron factores decisivos para explicar la importancia que ha tenido siempre en el departamento el culto católico y la centralidad social de sus festividades con sus diversas actividades.

Son típicas de Canelones las fiestas patronales de la llamada zona del “ santoral”, que incluye a las localidades de San Antonio, Santa Rosa, San Bautista, San Jacinto y San Ramón. También se destaca la fiesta de San Isidro labrador, que es la fiesta religiosa de mayor convocatoria en la región.

Este (Maldonado, Rocha, Treinta y Tres, Lavalleja)

Las deficiencias en las comunicaciones - tardía llegada del teléfono, del ferrocarril y de las carreteras nacionales - hicieron que buena parte de este espacio se mantuviera más aislado de Montevideo, lo que ha sido señalado como causa de permanencia de algunos rasgos culturales manifiestos en el lenguaje y en el predominio de un espíritu conservador.

La ciudad de Minas reveló, tempranamente, una fuerte personalidad cultural e inquietudes artísticas relevantes, que la transformaron en el centro de irradiación más potente de la región. Sin embargo, desde la segunda mitad del siglo XX, si bien ha continuado distinguiéndose en ese campo, su producción fue perdiendo intensidad y ha cedido protagonismo frente a la pujante Maldonado.

En las últimas décadas también la costa de Rocha comienza a despegarse, tomando un creciente carácter cosmopolita. Maldonado es el único departamento, después de Montevideo, que ha captado migración calificada con la radicación de intelectuales y artistas provenientes de otros lugares del país, incluso de Montevideo. También se singulariza Maldonado dentro del interior por la fuerte participación de la sociedad civil, del sector privado y de diversas agremiaciones de artistas en la promoción educativa y cultural, lo que se ha materializado en múltiples instituciones e iniciativas.

En esta región, son numerosas las fiestas folklóricas, las ferias y las fiestas de la producción. La única fiesta cristiana es la de la Virgen del Verdún, de profundo arraigo popular.

Sudoeste (San José, Colonia, Soriano)

Se constata un fuerte influjo de Buenos Aires, especialmente sobre Colonia y Soriano. También el tradicional carácter de refugio de exiliados argentinos de dichos departamentos estimuló la actividad cultural. En el caso de Soriano se sumó la condición de lugar de tratamientos curativos para la alta clase porteña.

Se destaca una fuerte tradición de activa participación de la sociedad civil, que ha dado origen y sustento por largo tiempo a muchas instituciones de diverso género. Colonia se manifiesta como el polo más dinámico, en varios aspectos, de la región, posiblemente por la diversidad de componentes étnicos y un menor macrocefalismo. La existencia de varios centros urbanos importantes, y con arraigo histórico, habilita una mejor situación en infraestructuras y servicios culturales.

De esta región son propias las fiestas étnicas vinculadas a los inmigrantes suizos y valdenses. Cuatro son las fiestas católicas que se destacan: la de la Virgen del Carmen, en Carmelo; la de San Roque en Colonia Estrella; la de la Virgen de Schoenstatt en Colonia Suiza, y la fiesta de Nuestra Señora de los Dolores en la ciudad del mismo nombre.


Centro (Durazno, Flores y Florida)

También en el campo cultural se manifiesta como un espacio intermedio entre el claro predominio cosmopolita y modernizador de las regiones más meridionales y las del norte, con fuerte personalidad fronteriza. Por la constante emigración de muchos de sus mejores recursos humanos el vaciamiento demográfico ha sido un factor de alta incidencia en la fragilidad de toda la red de instituciones –también las educativas y culturales–, al hacerse dificultoso el necesario recambio generacional.

En la música, la llegada de los italianos provocó la creación de bandas populares que prolongaron su actividad –luego como bandas municipales– casi hasta nuestros días. La fiesta católica de San Cono está históricamente ligada a esta colectividad. También es propia de la región la Fiesta de la Virgen de los Treinta y Tres.

Norte (Artigas, Rivera, Tacuarembó, Cerro Largo)

Cerro Largo se caracterizó por ser una tierra de caudillos y poseer verdaderos linajes de destacados hombres de armas, posiblemente fruto de su carácter de marca hispánica en la caliente frontera con Portugal. A lo largo de una centuria se destacaron los Coronel, los Muñoz, los Mena, los Muniz, los Saravia. Fue la región donde los cambios en la producción pecuaria -alambramiento, división en potreros, mestización, aguadas, estancia-empresa, incorporación de cultivos forrajeros, etcétera- llegaron más tardíamente. Lo mismo sucedió con los medios de comunicación -telégrafo, teléfono- y transportes, como el ferrocarril.

La influencia cultural brasileña siempre se hizo sentir con mucha intensidad, por los múltiples vínculos fronterizos y por la situación de postergación a la que fue sometida históricamente por los gobiernos nacionales. Una expresión de ello fue, por mucho tiempo, la falta de interés del Estado en garantizar la llegada normal de las transmisiones de radio y televisión de la capital.

El predominio del latifundio y de la producción pecuaria de forma rutinaria dio a esta región un carácter más conservador, donde manifestaciones culturales vinculadas a la vida rural tradicional mantuvieron mayor vigencia.

El núcleo Rivera-Livramento se manifiesta como el más dinámico de toda la frontera y llamado a desempeñar un importante protagonismo educativo y cultural. En el otro extremo, Artigas se muestra como el departamento menos activo en materia educativa y cultural, y padeció de manera acentuada su mayor alejamiento de la capital y otras limitantes.

Sin embargo, debe destacarse que Bella Unión, económicamente muy dinámica, ha revelado una activa participación de la sociedad civil y de su sector empresarial. El fuerte sentido autonomista y el orgullo localista es otro rasgo común a todos los departamentos de la región Norte, y Tacuarembó es un ejemplo claro de ello. Esta actitud se transformó, sobre todo desde la segunda mitad del siglo pasado, en una potente fuente generadora de iniciativas y realizaciones educativas y culturales.

La “cultura de frontera” y la hibridación cultural se evidencian en la importancia que tienen en la zona las fiestas del Carnaval de fuerte influencia brasileña. La única fiesta cristiana de la región es la de la Virgen de Itatí en Villa Ansina, en Tacuarembó.

Litoral (Salto, Paysandú, Río Negro)

Una de las regiones más densas en desarrollo socio-cultural, con un muy rico historial en diversas manifestaciones. Su fuerte integración al área guaraní-misionera la marcó con rasgos de larga vigencia. Paysandú y Salto son de las ciudades del interior que aportaron mayor número de figuras de prestigio en diversos campos del estudio, la investigación y las artes.

Arraigados vínculos con Buenos Aires estimularon su actividad y producción cultural y le permitieron una mayor autonomía respecto a Montevideo, lo que siempre ostentaron con orgullo. Salto y Paysandú cuentan, también en su historia cultural, con una especie de “edad de oro perdida”. En ambas capitales existe una fuerte tradición de iniciativa popular en materia cultural, que ha sido fecunda en la creación y el sostén de instituciones privadas y públicas de gran arraigo.

Las dos principales ciudades han contado, desde la segunda mitad del siglo XX, con la presencia de la Universidad de la República, que también ha sido un factor dinamizador. Sin embargo, pese a haber gozado de un sitial de destaque la región no fue inmune a los efectos negativos de la centralización.

Tienen lugar en la región las dos fiestas artiguistas –en honor de José Artigas- más importantes del país: El Encuentro con el Patriarca, en Paysandú, y La Redota en la ciudad de Salto. No hay fiestas religiosas a destacar.

Notas

  1. Arocena y Gamboa, 2011, 17
  2. Padrón Favre, Historia cultural de las regiones, en Arocena, 2011

Bibliografía

  • ACHUGAR, Hugo, “Veinte largos años. De una cultura nacional a un país fragmentado”, en Gerardo Caetano (ed.), 20 años de democracia, Montevideo, 2005;
  • AROCENA, Felipe y Sebastián AGUIAR (ed.), Multiculturalismo en Uruguay, Montevideo, 2007;
  • AROCENA, Felipe (coord.), Regionalización cultural del Uruguay, Montevideo, 2011;
  • BARRACCHINI, Hugo y ALTEZOR, Carlos, Historia del ordenamiento territorial en el Uruguay, Montevideo, 2008;
  • BITTENCOURT, Gustavo (coord.), Estrategia Uruguay, Tercer Siglo, Montevideo, 2009; Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay-Dirección Nacional de Cultura de Uruguay MEC, Institucionalidad cultural en el Uruguay, Montevideo, 2009;
  • VEIGA, Danilo, Estructura social y ciudades en el Uruguay: Tendencias recientes, Montevideo, 2010.


JOSÉ AROCENA