VARELA Félix; Proceso de beatificación; Parte 1

De Dicionário de História Cultural de la Iglesía en América Latina
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Su Proceso de beatificación

Un primer examen de carácter histórico.

El proceso de canonización de Félix Varela (1788-1853) pertenece a lo que técnicamente se llaman causas históricas, que se basan sobre una documentación histórica completa, digna de fe y críticamente examinada. El primer paso en la historia de su causa de canonización se dio en 1983 cuando la Congregación vaticana de las Causas de los Santos dio su consentimiento para que se abriese el Proceso en La Habana, lugar de nacimiento de Varela. El 23 de febrero de 1995 la Conferencia Episcopal Cubana acogió tal decisión y el Proceso fue abierto oficialmente en La Habana desde el 22 de enero al 15 de agosto de 1996. Se nombraron los postuladores del caso en Roma, Cuba y Nueva York, y una comisión de historiadores (que hizo sus investigaciones en 28 archivos y bibliotecas de Cuba, España, Estados Unidos, Roma, Inglaterra y Francia) y otra de teólogos para examinar sus escritos.


La documentación presentada fue examinada en Roma por una Comisión de Historiadores de la Congregación de las Causas de los Santos el 11 de noviembre de1997, señalando una serie de problemas de carácter histórico que había que resolver para poder reconstruir debidamente la vida y la actividad del sacerdote cubano, sobre todo en las dos primeras etapas de su vida, la cubana y sus actividades en España como diputado en las Segundas Cortes de Cádiz de 1821-23. Una primera biografía de Varela aparecida en 1878 no cubría todo el arco de su vida y dejaba muchos puntos sin aclarar. Sin embargo, la fama del sacerdote cubano había superado el desgaste del tiempo permaneciendo viva en los corazones y en la tradición de muchos cubanos y norteamericanos. Ello era una señal clara de que la personalidad de Félix Varela había quedado impresa en la gente –incluso la no católica – desde los primeros años de su ministerio en Nueva York, debido a su fuerza moral, a su personalidad humana y a su integridad.


A pesar de que en los últimos tiempos de su vida residió normalmente en Florida, su fuerte personalidad y su acción sacerdotal no habían sido olvidadas en la lejana Nueva York. Sin embargo, a Félix Varela se le había colgado un sambenito injusto; se le quería incluir entre los próceres de la independencia cubana bajo el signo de la masonería o de corrientes ideológicas ajenas o contrarias al catolicismo; más adelante, a lo largo del siglo XX los opuestos regímenes políticos que han regido las suertes de Cuba intentaron también apropiarse ideológicamente de su figura[1]. Su pensamiento filosófico-político se encuentra expuesto en las “Cartas a Elpidio”, aunque quedaron sin acabar. El P. Varela había aprendido pagando personalmente cómo la ignorancia y la superstición se encontraban entre las raíces de los males de la humanidad. Por todo ello era necesario un estudio sereno de la figura del sacerdote cubano, firme sostenedor del derecho de Cuba a su autonomía como nación. Para ello había que buscar en los archivos donde se podía encontrar razonablemente una documentación que pudiese dar respuesta a las dudas y colmar los numerosos vacíos de su biografía; había que documentar también la existencia de una fama de santidad, exigida en todo proceso de canonización. Se notaba que si bien la biografía de su etapa norteamericana era bastante clara, no así las dos primeras etapas. Se reconocía que a lo largo de la etapa norteamericana, el P. Varela había demostrado ser un sacerdote ejemplar, y que, gracias a su notable amor al estudio y a su compromiso con los pobres, había conseguido una marcada fama de sacerdote consagrado a los necesitados y una enorme popularidad. La preocupación por los marginados le había llevado ya en 1835 a publicar las “Cartas a Elpidio”.


Muchos escritores e historiadores, especialmente cubanos, notaban que a pesar de la parquedad de los datos ofrecidos en las biografías de Varela, traslucía en ellas la figura de un hombre de fe, empeñado con las causas de los que no contaban entonces nada en la vida social, y de un sacerdote lleno de celo apostólico. Su figura resultaba por ello atrayente. Se veía en él un sacerdote que había sabido conjugar su clara fidelidad al hombre, especialmente el de su Cuba natal, a Cristo y a la Iglesia. En la documentación contemporánea sobre el P. Félix Varela no se hablaba explícitamente de sus virtudes cristianas. No era ésta la preocupación de quienes escribieron entonces sobre él. Sin embargo aparecen testimonios abundantes sobre su caridad sin límites hacia los pobres y hacia todos sus parroquianos. Abundaban también referencias a su espíritu de paz y de conciliación en una sociedad ultrajada por las discriminaciones raciales, sociales y religiosas. Su apertura al diálogo se hacía notar en tiempos en los que tal espíritu estaba aún bien lejos de ser una actitud frecuente y común; en tiempos en los que predominaba la polémica y la falta de apertura ecuménica. En Varela, la profundidad de su fe se veía en su modo de actuar precisamente en este ambiente; sus obras de caridad manifestaban en él una creciente conformidad con Cristo[2]. Varela fue una gran personalidad prestigiosa de intelectual, que supo captar las preocupaciones de la cultura y de la sociedad del siglo XIX, poniéndose en tal modo al servicio del Evangelio y así cumplir fielmente con su misión religiosa, como muestran sus abundantes escritos.

Un nuevo examen histórico.

Ante el cúmulo de problemas de carácter histórico se investigó en los archivos de la diócesis de Nueva York, en Brooklyn en 1998. El resultado fue recogido un Summarium adiunctum. Sin embargo, todavía quedaban algunos huecos históricos. El 30 de enero de 2001 se reunía de nuevo una Comisión de historiadores de la Congregación de los Santos, que mientras reconocía el valor de algunos de los nuevos hallazgos, señalaba que aún permanecían vacíos importantes, pues la biografía continuaba siendo a veces fruto de consideraciones deductivas y no siempre documentadas. En la vida de Varela, especialmente en sus dos primeras épocas, se encontraban entrecruzados elementos aún bastante oscuros desde el punto de vista histórico, como su papel en el proceso precursor de la independencia de Cuba y su actividad durante las Segundas Cortes de Cádiz de 1821-1823. Otro de los aspectos que había que estudiar era el papel de Varela en el campo cultural como uno de los clérigos eminentes del llamado “liberalismo católico” de la primera mitad del siglo XIX.


Lo que sí quedaba bastante claro era cómo Varela había puesto a disposición de su prójimo los muchos talentos que la Providencia le había dado. Del contexto documentado aparecía el fervor religioso de Varela por la gloria de Dios y su total dedicación al servicio de los pobres. En tal sentido, Varela aparecía como un modelo de auténtica cultura, fiel a su fe católica, interpretada y vivida, en total fidelidad al magisterio y tradición de la Iglesia, y abierta a la luz de la razón, en un siglo en el que con frecuencia se quería contraponer fe y razón, sobre todo en muchos círculos de la cultura dominante racionalista y liberal. El sacerdote Varela, emigrado en circunstancias dramáticas a los Estados Unidos, se presentaba también como un hombre totalmente integrado en aquella sociedad naciente, formada en gran parte por emigrados. En tal sentido se podría decir que Varela se había “inculturado” cabalmente en aquella nueva sociedad y había sabido aportar con valentía su fe católica como sacerdote en la naciente gran ciudad de Nueva York.


Sobre este aspecto concuerdan los documentos de la época, sobre todo ante la masa creciente de inmigrados que llegaban en oleadas continuas a Nueva York. Muchos de ellos provenían de países europeos católicos con una fe débil, zarandeada por las situaciones conflictivas y penosas en las que se debían mover. En ese ambiente, al que también Varela llegaba como inmigrante, exiliado político y desarmado de todo apoyo humano, supo ejercer su ministerio sacerdotal en un compromiso cada vez más vivo. Encontró una Iglesia católica pobre, sin influjo social, casi marginada en una sociedad predominantemente protestante; una Iglesia todavía en vías de organización, con un débil episcopado en gran parte formado por emigrados franceses de la Revolución o por curas irlandeses, llegados en aquellos años acompañando a los centenares de compatriotas que llamaban a las puertas de América, empujados por el hambre y la falta de libertad en su patria. Los problemas apremiantes de estas masas de recién llegados los arrastraban hacia una vida miserable de penurias.


Será aquí donde el sacerdote, también inmigrado y exiliado, ejercerá su ministerio de esperanza cristiana, que desarrolla en una lucha constante por la dignidad de aquellas personas. No extraña por ello que con el pasar de los años su figura haya sido recuperada precisamente por los ambientes de la posterior inmigración cubana y de otros lugares como prototipo del sacerdote preocupado por la suerte de todos los “sin patria”, de los inmigrados que buscaban echar nuevas raíces y de cuantos se encontraban orillados por una sociedad que miraba con recelo a cuantos llegaban nuevos a sus costas y encontraban con frecuencia penuria, explotación y nuevas miserias. En tal sentido Varela se abrirá paso en muchos ambientes como el prototipo de sacerdote que supo seguir las huellas de Cristo Buen Pastor. Los ejemplos de esta fina dedicación han sido recogidos por los testimonios documentados de su vida, como cuando se privó de su abrigo para dárselo a un pobre que titiritaba de frío, mientras que el quedaba medio desnudo. Otro ejemplo de una tal preocupación documentada son sus visitas a los enfermos de uno de los hospitales de Nueva York, donde los sacerdotes católicos tenían cerrada la entrada por parte de un ambiente protestante fuertemente hostil; pero la caridad del P. Varela supo abrir aquellas puertas, como dice uno de los documentos: «Father Varela was the only Catholic priest admitted at that time into the hospitals. Why? Because he had to know – from the people, not from the authorities-. Such a respect for his charity, his service, his goodness… They didn’t care; so that he was a saint even for them [the protestants]»[3].


La Comisión histórica reconocía que en la actualidad aparecía claramente la existencia de una fama de santidad de Félix Varela en muchos ambientes del mundo cubano y neoyorquino. Los testigos llamados a declarar en un proceso sobre su fama como santo, todos ellos católicos, mostraban un considerable nivel cultural y ponían de relieve precisamente la actualidad de su testimonio y mensaje cultural, social y religioso[4]. Incluso los correos de los Estados Unidos le dedicaron en 1997 un sello conmemorativo y se publicaron entonces sobre él artículos en periódicos en varias lenguas, incluso en chino. Pero ello no superaba todavía algunas dudas sobre varios puntos ni tampoco colmaba algunas lagunas en varios episodios y momentos de la vida de Varela, aunque se había hallado indicios de documentación que podrían aclarar muchos de aquellos puntos inciertos. Entre otras fuentes históricas a estudiar se encontraban precisamente la prensa de los Estados Unidos, de Nueva York y de Florida, cuando Varela muere. La noticia de la misma, con el eco que tuvo, mostraba a las claras su fama en diversas vertientes.


Pero todo este importante filón documental había sido escasamente estudiado. Como también quedaban inexplorados otros muchos archivos de Cuba, España y Roma, del Archivo Secreto Vaticano y de Propaganda Fide, de la que dependía por aquel entonces la Iglesia de los Estados Unidos, la producción literaria de Varela y de otros contemporáneos que lo citan[5]. Se hacía notar entonces cómo sólo a través de una completa y crítica investigación de archivo, de la bibliografía de Varela y de la coeva al mismo, se podía llegar a recoger el material necesario para reconstruir con precisión su biografía y las discutidas motivaciones de su actuar en Cuba y en España, como sacerdote comprometido en la vida política, y de su acción pastoral más tarde en los Estados Unidos, la de sus escritos en favor de la independencia de Cuba, y los motivos del aprecio de que gozaba entre americanos y cubanos.


Por ejemplo, la vida del sacerdote Varela se ve metida de lleno en las turbulentas polémicas que vivía por aquel entonces la Iglesia neoyorquina en tiempos de su obispo John Dubois (1826-1842), como este obispo informaba a Propaganda Fide, en Roma. Varela ya había sido nombrado por él como su vicario general. Pues bien, escribiendo a Propaganda Fide lo define como «sacerdos optimae mentis et plenus zelo, quamvis non semper prudens»[6]. Precisamente en esta misma época algunos barajaban el nombre de Varela como posible candidato al episcopado para la sede de Nueva York. Encontramos abundante material de archivo sobre este punto precisamente en Propaganda Fide (A.P.F.) y en el AGI (General de Indias, de Sevilla). El embajador español ante la Santa Sede, bajo órdenes explicitas del gobierno de Fernando VII en Madrid, se opone con toda su fuerza a que vaya adelante la hipótesis de su nombramiento episcopal. Pero además nos encontramos con que tampoco en Nueva York corren vientos del todo favorables a Varela.

En Nueva York su obispo había nombrado dos vicarios generales, Varela era uno y el otro el también sacerdote John Power. Entre los dos no aparece correr buena sangre en sus visiones sobre muchos asuntos pastorales. Incluso la participación de Varela al Concilio de Baltimore (1837), la nueva propuesta de elevar al episcopado a Varela, sus actividades como fundador y párroco de la iglesia neoyorquina de la Trasfiguración, y la solicitada intervención de Propaganda Fide en todos estos asuntos, pedían un estudio cuidadoso de todos estos aspectos, encuadrando cada uno de ellos en su contexto propio y con una comparación con otras fuentes. El rigor de la ciencia histórica exige que se controle en todos los lugares donde posiblemente haya rastros documentales sobre el asunto que se quiere investigar, como testimonio sobre la persona sobre la que se escribe y se confronten los documentos.


Una investigación de este tipo encontraba notables dificultades en la Cuba de los tiempos de Varela, pero también en la actual; lo mismo se puede decir de algunos archivos eclesiásticos de los Estados Unidos de aquella época. No se dudaba sobre la fama de santidad que Varela tiene hoy día en los ambientes cubanos, tanto de Cuba como entre la inmigración cubana en los Estados Unidos ni en los ambientes de la iglesia católica neoyorquina. Todos los obispos cubanos unánimemente han certificado tal fama. La finalidad del examen histórico para la canonización de Varela no consistía tanto en conocer todas las particularidades mínimas relativas a su vida, sino el de estar seguros de que en el futuro no se encontrarían documentos negativos que debilitasen el juicio sobre su conducta moral y sobre sus actitudes en la vida cristiana. Con las nuevas investigaciones históricas, tales temores han sido disipados con la normal certeza moral. No se puede decir que la figura de Varela haya sido exaltada fabricando una figura legendaria de héroe de la independencia cubana. La actividad de Varela, sobre todo en el periodo norteamericano, que cubre gran parte de su vida, era más conocida, las nuevas investigaciones históricas han aclarado más los otros momentos precedentes.


Alguien afirmaba a favor de la canonización de Varela que el deseo unánime de la entera Iglesia católica de Cuba por ver a Félix Varela beatificado, demostraba ya su fama de santidad. Sin embargo algunos señalaban una dificultad posible: su compromiso en la historia de la independencia política de Cuba y el que su vida podría ser vista de manera “laica” y no como testigo heroico de la fe cristiana. Los dos aspectos no son contradictorios, como lo demuestra el caso de numerosos santos canonizados. Además, los testimonios se basan mayormente sobre sus escritos que tienen un carácter personal; su enseñanza de la filosofía brilló en tiempos de acendrado predominio cultural de las corrientes laicistas y de escepticismo religioso. En esos momentos, Varela defiende a la Iglesia y a la fe cristiana a partir de los datos de la razón y de la persona humana en su integridad, como atestiguan mayoritariamente cubanos y norteamericanos en sus Procesos[7]. Su mismo compromiso en la historia intelectual de la independencia de Cuba se justifica positivamente: «la fe y la santidad cristiana tienen que entrar en todos los sectores de la vida, también en la política […]. Bajo este aspecto la figura Varela constituye un ejemplo luminoso para su patria y para el mundo de hoy»[8].

Un nuevo paso en el Proceso.

Estas exigencias de claridad histórica llevaron a la búsqueda documental ulterior en archivos y bibliotecas[9], especialmente en archivos españoles y en el romano de Propaganda Fide, y se estudió detenidamente el periódico “El Habanero”, publicado por el mismo Félix Varela en los Estados Unidos; se puso al día la colección de sus escritos ya publicados y otros todavía inéditos; se preparó un catálogo de escritos sobre él, ordenados por temas y dispuestos en orden alfabético, una relación sobre un congreso celebrado en La Habana sobre el tema Ética y emancipación en el pensamiento anticipador de Félix Varela (17-20.XII.1997) y una conferencia del vicario general de la archidiócesis de La Habana, en Pinar del Río (16.II.2001).


A lo largo de la nueva documentación, quedaba más clara la preocupación de Varela por los problemas concretos que aquejaban a la gente, y su papel en las iniciativas para abolir la esclavitud y en favor de la independencia de Cuba. Su personalidad sacerdotal encontraba un lustre mayor, tras su exilio en los Estados Unidos, como sacerdote incardinado en la diócesis de Nueva York. Brillaba de manera especial su dedicación a los pobres, marginados y enfermos; durante 25 años servirá como capellán del “New York City Hospital”. En esta consagración ministerial tuvo que superar notables dificultades y oposiciones y sobreponerse a los achaques crónicos de una salud endeble. Por ello gozaba de la estima de su obispo y de sus parroquianos, que veían su celo apostólico y su rectitud intelectual y moral. No es de extrañar que algunos pidiesen su elevación al episcopado como obispo de Nueva York en unos momentos difíciles por los que atravesaba aquella nueva diócesis. Su obispo, John Dubois, lo indicaba a Propaganda Fide como un sacerdote prudente y animado de fuerte celo apostólico[10]. Otro sacerdote, llamado Nupiaris, en otra carta a Propaganda Fide, del 14 de septiembre de 1841, dice de él «Ce Varella [sic] est un homme d’un grand mérite et d’une rare vertu; il fait beaucoup de bien à la religión par ses écrits qui sont imprimés en anglais et autres en espagnol […] au peuple par son zèle, par sa pieté, par ses conseils, par son exemple…»[11]. Un abogado neoyorquino, de nombre Adam Thyrfuly, repite el mismo juicio en otra carta a Propaganda Fide el 10 de noviembre de 1841. Dice, refiriéndose a Varela, que se trata del sacerdote más digno y más capaz para revestir tal encargo, ya que es un sacerdote docto, virtuoso, fundador de varias instituciones piadosas, muy estimado por la opinión pública y apreciado también por los mismos protestantes[12]. En la correspondencia de Varela con Propaganda Fide vemos su compromiso en favor de los más necesitados, y en la construcción de iglesias para la comunidad católica, entonces muy marginada[13].


Pero todavía quedaban algunos puntos por aclarar mejor históricamente, como pedía en 2002 otro encuentro de estudio en la Congregación de los Santos (Consulta histórica – teológica). Tales estudios proseguirán hasta el 2011. En el curso de esos años se examinarán los datos presentados por los investigadores apreciando la seriedad histórico-crítica de la investigación para poder llegar a declarar a Félix Varela como venerable, camino previo para la beatificación, pidiendo sin embargo aclarar todavía más algunos puntos históricos dejados en penumbra. Se trataba de disipar toda duda sobre su personalidad de arraigadas virtudes cristianas; si un día sería beatificado, debía llegar a los altares limpio de toda posible duda sobre su vida cristiana heroica. Como consecuencia de ello se avanzó en la investigación con nuevas búsquedas de archivo y de bibliografía en los lugares donde Félix Varela había vivido y ejercido sus actividades como sacerdote y como persona involucrada en la vida eclesial, social y política de su época, en Cuba, en España y en los Estados Unidos de América.


Este arduo camino concluía así con el último examen de la Comisión de historiadores y teólogos de la Congregación de las Causas de los Santos el 13 de diciembre del 2011, que tras examinar toda la compleja documentación de estos años, con sus nuevas aportaciones y aclaraciones, llegaba a dar un parecer positivo sobre el asunto. Los datos fueron presentados a la debida comisión cardenalicia que examina siempre estos casos antes de presentarlos a la última decisión del Papa[14]. Fue en consecuencia de tales pasos y pareceres positivos que el Santo Padre Benedicto XVI declararía venerable a Félix Varela Morales en la vigilia de su viaje a Cuba (26-28 de marzo de 2012), autorizando a la Congregación de las Causas de los Santos a publicar el correspondiente Decreto, el 14 de marzo de 2012.


Durante aquel viaje pronunció las siguiente palabras: “Es de esperar que pronto llegue aquí también el momento de que la Iglesia pueda llevar a los campos del saber los beneficios de la misión que su Señor le encomendó y que nunca puede descuidar. Ejemplo preclaro de esta labor fue el insigne sacerdote Félix Varela, educador y maestro, hijo ilustre de esta ciudad de La Habana, que ha pasado a la historia de Cuba como el primero que enseñó a pensar a su pueblo. El Padre Varela nos presenta el camino para una verdadera transformación social: formar hombres virtuosos para forjar una nación digna y libre, ya que esta trasformación dependerá de la vida espiritual del hombre, pues «no hay patria sin virtud» . Cuba y el mundo necesitan cambios, pero éstos se darán sólo si cada uno está en condiciones de preguntarse por la verdad y se decide a tomar el camino del amor, sembrando reconciliación y fraternidad[15]. Se llegaba así al término jurídico de un largo, tortuoso y no siempre fácil proceso hacia la canonización de uno de los personajes más emblemáticos de la historia de las independencias latinoamericanas, y precisamente de la de Cuba.

El pensamiento y la actividad política de Félix Varela.

Félix Varela fue uno de los diputados en las Segundas Cortes de Cádiz, elegido por la provincia de La Habana. Obran en nuestro haber sus intervenciones durante sus debates[16]. En ellos trasluce su pensamiento político y diferentes propuestas suyas sobre argumentos entonces tan acalorados como el gobierno político y económico de las provincias Ultramarinas (en América y las Filipinas), la abolición de la esclavitud en Cuba, el reconocimiento de las nuevas Repúblicas hispanoamericanas independientes, su pensamiento político en aquel discutido trienio liberal español (1821-1823) y la condena y destronamiento de Fernando VII por parte de aquellas Cortes que lo consideraron como traidor del juramento “foral” o de mutuo “pacto”, hecho según el ancestral sentido de la monarquía en la tradición hispana; al romperlo o traicionarlo se le consideraba por lo tanto felón [traidor]. Félix Varela estuvo entre los que votaron aquella condena. Era un liberal en el sentido político que se le dio precisamente en las primeras Cortes de Cádiz a este neologismo y que será acogido en el resto del moderno pensamiento político, y como él manifestará a lo largo de sus escritos.


Aquí entra de lleno su pensamiento político sobre el derecho a la independencia de Cuba en línea con las demás naciones iberoamericanas. Así aparece en sus escritos, como en El Habanero. Papel político, científico y literario, redactado por F. Varela, Filadelfia y Nueva York 1825-1826[17], donde expone su pensamiento político argumentando sobre los beneficios de la necesaria independencia de Cuba, los obstáculos y objeciones que se oponen a ella y los medios para alcanzarla. Hay que notar que los argumentos a favor de la independencia política que Varela expone son de carácter fundamentalmente mercantil y económico, y de cómo la dependencia de España represente un peso para Cuba, como cualquier otra dependencia de otros Estados. El Autor da un juicio propio sobre las posibles intervenciones de otras Potencias europeas a favor del dominio español (tenía muy cerca el ejemplo de la intervención de la Santa Alianza en España para restaurar en el trono el absolutismo de Fernando VII basándose sobre el principio de una pretendida legitimidad de dominio dinástico). Precisamente por ello se apela a las nuevas repúblicas hispanoamericanas para que apoyen también la independencia cubana. Pero Varela, si por una parte cree que la intervención de las nuevas repúblicas sea beneficioso bajo ciertas condiciones, por otra ve también con realismo algunos posibles peligros, como el que alguien pretenda absorber o unir Cuba a otras repúblicas americanas.


Ve también con aprensión los daños desastrosos que representaría una guerra en Cuba (como de hecho la historia, años después demostraría), que daría como resultado una terrible guerra civil y la división de los cubanos[18]. En este contexto se explica la férrea oposición del gobierno de Fernando VII ante las propuestas de algunos de nombrar a Varela obispo de Nueva York. La diplomacia de Fernando VII lo acusa de ambicioso y de sedicioso. Se le acusa como súbdito rebelde del rey de España, como ex diputado en las Cortes y como sacerdote[19]. Varela fue ciertamente un “liberal” moderado como diputado en las Cortes españolas; tal liberalismo será parte de su pensamiento político como resulta de sus escritos y de sus actitudes sobre la independencia cubana. En la correspondencia entre las autoridades de Madrid y de sus representantes diplomáticos en los Estados Unidos las notas negativas sobre Varela son constantes. Este mismo tono se repite en las notas que corren entre el Gobierno de Madrid y la Santa Sede[20]. Se le califica como «emigrado revolucionario», «uno de los proscritos por haber votado en Sevilla la deposición de S. M. y nombramiento de una Regencia interina»; alma de la insurgencia independentista, «carácter ambicioso y turbulento, Varela es instigador de los revolucionarios de la América Española y de las rebeliones de los habitantes de Cuba y de Puerto Rico, el cual, para sus fines propios, hace gala de un falso celo para adquirir méritos y obtener recomendaciones en vistas de un hipotético traslado de Mons. Dubois [el obispo de New York] a Francia…»[21]. Por ello nos encontramos, continúan diciendo, ante un traidor, intrigante, ambicioso y bramante de poder, que mueve todas las influencias posibles en los Estados Unidos para hacerse nombrar obispo.


El embajador español ante la Santa Sede trata de demostrar a la Secretaría de Estado de Pío VIII tales maniobras para evitar lo que él considera un engaño tramado por algunos americanos, ya que goza en tal sentido del apoyo de varios ricos negociantes de Nueva York y del mismo obispo (Dubois), que “está mal avenido con otro Vicario del Obispo de Nueva York y que trata de dejar aquella residencia”[22]. “Es posible, escribe el embajador Labrador, que los católicos de los Estados Unidos, engañados por el falso celo, y seducidos por las maniobras ambiciosas del susodicho Presbítero lo recomienden al Santo Padre como un Eclesiástico benemérito, y es solamente con el propósito de impedir que sea sorprendido el ánimo del Santo Padre con tales relaciones falsas, que el aquí firmante anticipa, confidencialmente a E.V…”; y concluye que una tal “promoción del Presbítero Varela, la cual según su carácter turbulento y ambicioso, sería un grave daño para la Religión y para las Colonias Españolas vecinas de los Estados Unidos”[23].


El embajador Labrador se refiere también a noticias negativas sobre Varela, ya conocidas, dice él, por el entonces Secretario de Estado, Card. Albani. Deja todo en la sospecha, sin indicar nada en concreto. Esta fuerte hostilidad por parte del régimen absolutista de Fernando VII contra Varela no causa maravilla a nadie hoy día; se conoce muy bien la política obtusa y todas las maniobras llevadas a cabo por el gobierno de Fernando VII ante los papas Pío VII, León XII y Pío VIII para hacer fracasar todo intento de conciliación, reconocimiento y nombramiento de obispos en las nuevas repúblicas americanas. Será solamente bajo el pontificado de Gregorio XVI, y con notables dificultades, que la penosa situación se podrá resolver; pero para entonces ya había muerto Fernando VII y con él su régimen absolutista[24].

Escritos de Félix Varela.

El pensamiento filosófico-político de Varela corresponde a la herencia recibida de la ilustración crítica reformista de muchos pensadores españoles, anglosajones y franceses. Félix Varela fue un escritor prolífico. Produjo escritos filosóficos, políticos, apologéticos, morales y teológicos. Predicador muy estimado nos han llegado 16 de sus sermones. Parece que conservaba en su casa de Nueva York los manuscritos de todos los que pronunciaba. Se conservan otros numerosos escritos suyos de temas misceláneos. De su abundante epistolario se conservan unas 75 cartas, con la colocación del archivo actual donde se conservan. Sin embargo su obra escrita es hoy de difícil acceso. Ya a partir de 1911 y a lo largo del siglo XX se intentó la publicación integral de parte de la misma, cuando se trasladaron sus restos desde el cementerio de Florida donde se encontraban sepultados a la Universidad de La Habana. Sin embargo aquel intento quedó sólo en eso. Algunos se pueden consultar en la Biblioteca Nacional de La Habana; otros en la de Madrid. La Universidad de La Habana, en su Biblioteca de Autores Cubanos, ha republicado a partir de los años cuarenta del siglo XX algunos de estos textos.


Muchos de sus escritos no han sido todavía editados (por ejemplo sus sermones pronunciados en Nueva York) y los publicados en su tiempo o se agotaron o se han perdido. Otros han sido publicados solo parcialmente como: Proyecto de Instrucción para el gobierno económico político de las Provincias de Ultramar y Dictamen sobre el reconocimiento de la independencia de las Américas, ambos presentados a las Cortes, cuyos originales se encuentran en el AGI de Sevilla. De éstos, el primero fue publicado en parte por el cubano J. M. Chacón y Calvo, y el segundo por el también cubano Francisco González del Valle en el cuerpo de un artículo sobre El Padre Varela y la independencia de la América Hispana en la Revista Cubana (1935). Faltan también los más de cien artículos publicados por Varela en inglés en Nueva York a lo largo de casi 20 años; sólo una mínima parte de ellos fueron traducidos al español por la Universidad de La Habana en un volumen del título Miscelánea Filosófica y por el “Boletín de las Provincias eclesiásticas” de Cuba (1945-46). Hasta ahora el catálogo más completo de sus escritos es el editado por Manuel Fernández Santalices, La Bibliografía del Padre Félix Varela, Saeta Ediciones, Miami (Florída –USA), 1991, que recoge analítica y cronológicamente la bibliografía “activa” y “pasiva” sobre Varela[25].

Bibliografía sobre Félix Varela.

Fernández Santalices divide la bibliografía sobre Félix Varela hasta 1991 (fecha de la publicación de aquella reseña) por temas: ocho biografías; diez escritos filosóficos; nueve políticos; diez de religión y ética; cinco consagrados a su bibliografía, documentación y epistolario, a los que hay que añadir otros cinco de temas variados. En total se trata de 47 libros dedicados a Varela. Los artículos sobre él catalogados son: 46 de carácter filosófico; 54 de carácter político; 39 de religión y ética; 13 de temas bibliográficos, documentación varia y epistolario; 71 tocan temas biográficos diversos. En total suman 225 escritos. Sobresalían los estudios consagrados a los aspectos filosóficos y políticos; quedaba en la penumbra su figura sacerdotal y su quehacer cristiano. Este límite en los estudios varelianos se explica dada la importancia que algunos sectores ideológicos querían dar a su figura como prohombre y pensador político cubano en el proceso de la independencia de Cuba. Dejaban de lado al Varela cristiano y sacerdote. En la última década del siglo XX se ha ido recuperando su figura integral como pensador cristiano y como sacerdote católico. Fernández Santalices señala en su Bibliografía algunos problemas específicos: ante todo la necesidad de la publicación ordenada y crítica de todos los escritos de Varela.


En la bibliografía publicada de Varela hay todavía graves lagunas; así no se conocen sus numerosos sermones, a pesar de que Varela conservaba los manuscritos en Nueva York. Varela no publicó – y quizá tampoco lo escribió – el tercer volumen de “Cartas a Elpidio”, debido a su desencanto por la escasa aceptación que habían tenido los dos volúmenes anteriores en Cuba. Otros escritos suyos han sido publicados, o sólo parcialmente o con frecuencia quedan inéditos. Entre ellos hay que citar el Proyecto de Instrucción para el gobierno económico político de las Provincias de Ultramar, presentado por él a las “Cortes” de Cádiz, y que se encuentra en el AGI de Sevilla, o el “Dictamen sobre el reconocimiento de la independencia de las Américas”, presentado a las misma “Cortes” y publicado por F. González del Valle en 1935 dentro de otro escrito que lleva como título Padre Varela y la independencia de la América Hispana, en “Revista Cubana”.


Otra de las ausencias en la bibliografía vareliana son los más de cien artículos publicados en inglés en Nueva York a lo largo de unos veinte años. De estos artículos, tres han sido publicados por la Universidad de La Habana en un volumen titulado Miscelanea Filosófica, y otros seis en el “Boletín de las Provincias Eclesiásticas” de Cuba (1945-1946). En estos artículos Varela expresa sus ideas sobre la vida religiosa, poco estudiada hasta el momento de la introducción de su proceso de canonización, incluso por publicaciones que se fijan sobre todo sobre su pensamiento político. Como escribe Fernández Santalices: «se sabe que Varela tuvo una muerte santa; pero sería un acto de justicia situar este final y sus otras actuaciones públicas, en el marco sacerdotal y apostólico del que no puede separarse su figura sin grave quebranto de su íntegra personalidad cristiana y católica»[26].


Se debe también añadir que la bibliografía sobre Varela, aunque es abundante, con frecuencia se debe a celebraciones de aniversarios o porque es considerado como fundador de la nacionalidad cubana. Algunos de estos trabajos, como la de Chacón y Calvo, González del Valle o Portell Vilá, son aún escasos. Fernández Santalices concluye en su Bibliografía que «por la dificultad de acceso a la dispersa obra vareliana y la falta de una sistemática labor de investigación en lugares geográficamente distintos y distantes, se podrá comprender cómo esta Bibliografía […] es necesariamente provisional»[27]. Por ello se comprende la dificultad que en su día tuvieron los promotores del Proceso de beatificación de Félix Varela en recoger su abundante obra escrita y la de los llamados a emitir un parecer[28]. Se trataba sobre todo de escritos de carácter filosófico, pero constituyen solamente una pequeña parte de su producción. A veces eran textos fundamentalmente de carácter secular y no explícitamente religioso.


Predominan los escritos de tipo político divididos en tres grupos, el principal lo constituyen los escritos publicados en “El Habanero”. Ya entonces se intentó dividirlos por categorías: escritos apologéticos, periodísticos católicos, literarios y filosóficos. Aquellos estudiosos conocían la bibliografía de Varela existente, pero todavía incompleta. Concluían unánimemente y por separado con una valoración altamente positiva sobre el pensamiento de Varela, que se mantiene fiel en su totalidad a la ortodoxia católica. En teología, Varela refleja el pensamiento tradicional de la Iglesia, mientras que en filosofía es deudor y continuador de la llamada ilustración reformista española del siglo XVIII, con raíces anteriores y que tuvo en España exponentes del calibre de un Benito Feijoo, Gregorio Mayans y otros y que todavía a comienzos del siglo XIX se expresaban por boca de un Jovellanos, cuyo pensamiento ciertamente tuvo que conocer Varela, en cuanto Jovellanos fue uno de los protagonistas iniciales de las Primeras Juntas de la España antinapoleónica y de las Cortes de Cádiz (1811).


En política se ve claramente el influjo del pensamiento liberal de los Estados Unidos y de algunos de los próceres de las independencias hispano-americanas. Félix Varela sobresale en los escritos examinados por este grupo de expertos como pensador político. Pero también «es considerado “santo” [...]; es considerado también piedra fundacional de la nacionalidad cubana [...]. El Dr. José Ignacio Lasaga [...] en su obra “Vidas Cubanas”, califica la del Padre Varela cómo la de un “sacerdote cubano del siglo XX que vivió en el siglo XIX»[29]. Los expertos citados ven en Varela una integración cabal de los poliédricos aspectos de su personalidad: filosófica, política, teológica, sacerdotal y pastoral; en este último aspecto explican que las vive como respuesta fiel a la Gracia en las diferentes circunstancias de su vida. En sus juicios de valor sobresale sobre todo «el talante ilustrado del Padre Varela [que] puede ayudarnos a comprender cuáles fueron su eclecticismo y utilitarismo filosóficos, no siempre – a mi entender – bien comprendidos»[30], entendiendo por “eclecticismo”, con palabras del mismo Valera en un escrito suyo de juventud (1812): «que tengas por norma la razón y la experiencia y que aprendas de todas; pero no te adhieras con pertinencia a ninguna»[31].


Varela, atento a las problemáticas “americanas” de la época, se muestra moderadamente liberal en su pensamiento político y respetuoso con los diferentes (protestantes y disidentes, también en el campo político). Un punto que podría dejar hoy perplejos es su juicio sobre los medios para conseguir la independencia de Cuba al sostener como único camino entonces viable el recurso a la lucha armada, dada la pertinaz oposición del gobierno absolutista de Fernando VII. Tal es lo que aparece en un escrito suyo en “El Habanero[32]. Pero este pensamiento hay que colocarlo en la tradición jurídica de entonces, bastante corriente también en el mundo español ya desde antiguo. En “El Habanero” expresa su pensamiento sobre argumentos como los derechos fundamentales de las personas, sociedades y pueblos en cuanto tales (el derecho a la autodeterminación política de los pueblos). Aparecen los temas ya muy queridos por algunos exponentes de la ilustración reformista, como el mismo obispo de La Habana, protector de Varela, Don Juan José Díaz de Espada[33].


Tenemos una lista de las cartas conocidas de Varela[34]fechadas entre 1806 y 1850. El destinatario y la fecha de la carta. Algunos personajes a los que dirige sus cartas son figuras importantes del pensamiento filosófico y cultural cubano, como José de la Luz Caballero y José Antonio Saco. Hay alguna de suma importancia en la historia de las relaciones de la nueva Potencia emergente, los Estados Unidos, con las nuevas repúblicas hispanoamericanas, como la dirigida al conocido embajador norteamericano en México, Joel Roberts Poinsset, que pretendía la anexión de Cuba a los Estados Unidos y otros aspectos muy discutibles en la política de este país con el resto del Continente americano y que tan negativamente influirá en la historia de México con la llamada doctrina del “poinseterismo” o pretendido control de México y de los demás Estados latinoamericanos por parte de los Estados Unidos[35]. Otras cartas son la correspondencia con Manuel González del Valle en relación a la traducción de Charles Comte en inglés; pero también otras cartas a su maestro y protector el obispo Don Juan José Díaz de Espada, a sus hermanas y a otros amigos donde brilla su estatura de maestro, de sacerdote y de pastor. Un mejor conocimiento de todos los escritos de Varela arrojarán luz sobre su pensamiento en temas actuales y delicados, así como sobre aspectos inéditos de su vida sacerdotal en Cuba, en el brevísimo periodo “español” y sobre todo a lo largo del último en los Estados Unidos, donde madura aún más su pensamiento político, en momentos cruciales de la historia cubana en la primera mitad del siglo XIX y de los debates entre conservadores y liberales católicos en muchos lugares.


En la bibliografía sobre Félix Varela hay que señalar también el trabajo de la investigadora cubana Josefina García Carranza, Bibliografía de Félix Varela. En una nota introductora de este trabajo de compilación, la Autora anota que para la realización del trabajo consultó «los fondos de la Biblioteca Nacional, del Instituto de Literatura y Lingüística, del Archivo Nacional y del Seminario de San Carlos […]; y que el trabajo se propone ayudar en la localización de documentos activos y pasivos, relacionados con el presbítero Félix Varela, a todos aquellos que se empeñen en el estudio de la vida y obra de este preclaro cubano, cuyas enseñanzas resultan ejemplo y cobran hoy asombrosa actualidad. En modo alguno pretendemos la exhaustividad en esta compilación, entre otras razones porque el padre Varela vivió 30 años en el exilio debido a sus ideales independentistas, y por ello la información correspondiente a esta etapa es incompleta». Indica también los escritos aparecidos en la Bibliografía cubana del siglo XIX, de Carlos M. Trelles. La reseña de García Carranza llega hasta 1988. La Bibliografía comienza indicando en una sección Libros, folletos, publicaciones periódicas y otros documentos de F. Varela a partir de 1810 hasta 1982. Los escritos de Varela publicados van indicados debidamente con título, lugar y fecha de publicación, así como la colocación de archivo, biblioteca o editorial en cada caso y con indicaciones particularmente importantes para entender y encuadrar el escrito.


En total se trata de 114 escritos conocidos hasta ahora, de índole y temática variada o miscelánea que tocan aspectos religiosos, filosóficos, sociales y políticos. A estos textos añade a continuación un par de referencias de interés, de 1982 y 1983, con textos inéditos de Varela o selección de algunos textos suyos, especialmente aparecidos en la revista “El Habanero”. Señala también un par de escritos, traducidos por Varela, a partir de 1826. Sigue una indicación bibliográfica sobre Varela o que tiene que ver con él en sus diversas etapas: cubana, española y norteamericana. Especialmente de interés son las indicaciones relacionadas con su participación a las Cortes Españolas, Diario de las sesiones de Cortes, Legislatura de 1821, de 1922, de 1822-1823 (Legislatura extraordinaria), Diario de las sesiones de Cortes celebradas en Sevilla y Cádiz en 1823”, así como “Sesiones efectuadas en las Cortes españolas los días 2 y 3 de agosto de 1823, en relación con la independencia de América y artículo de Tomás Gener en respuesta al discurso que publicó Félix Varela.


En total son 41 documentos. En otra sección agrupa escritos publicados para la reconstrucción de la vida de Varela. En total se trata de 38 publicaciones. Pasa luego a reseñar “cartas y otros documentos” dirigidos a Varela o que tienen que ver con su vida y que son coevas al mismo. En total son 36 documentos. En otra sección reseña los escritos relacionados con la muerte de Varela, a partir del 20 de marzo de 1853; son 113 documentos, algunos de ellos pertenecen a personajes tan significativos en la historia de la independencia cubana como José Martí, así como los recogidos por Antonio L. Valverde y Mauri, La muerte del Padre Varela, documentos inéditos coleccionados y comentados. Impr. El Siglo XX, La Habana, 1924. Trata también el tema de la exhumación y traslado a Cuba de los restos mortales de Varela, a partir de 1891cuando comenzó el debate y a pensarse en su traslado. Son importantes sobre todo los debates y escritos de 1911. En total se trata de 101 documentos. Los estudios y conferencias sobre Félix Varela reseñados en otra sección son 37 documentos; pasa luego a reseñar (a) escritos críticos e interpretación: 6 documentos; (b) sobre sus ideas filosóficas y religiosas: 35 escritos. En otro apartado (c) reseña sus escritos o ideas de carácter educativo y pedagógico: 17 escritos. En otro apartado (d) indica escritos sobre el pensamiento “político y revolucionario” [sic] de F. Varela; hay que tener en cuenta la época de la publicación de estos escritos sobre Varela y el lugar de su publicación, en gran parte en la Cuba de las décadas que van desde 1960 en adelante.


Son en total 77 escritos de índole diversa. Luego en otra sección (e) se indican escritos sobre Varela y otras figuras; en total 15 escritos. En otra sección, titulada Valoración de su obra y datos acerca de ella, la clasifica con varios criterios: (a) “obras valoradas” y comprende 35 escritos relativos a obras del mismo Varela, ya desde los comienzos de su vida literaria. Luego, en otra sección (b) da una reseña de libros sobre Varela: 7 obras; en otra sección (c) titulada Libros de textos para la enseñanza en Cuba: 9 libros de texto de la Cuba actual (años 70-80). Pasa luego a otra sección titulada Homenajes, que cubre varias secciones: (a) centenario de su muerte con 9 publicaciones (desde 1953 a 1955). La sección (b) trata sobre la Orden Félix Varela, una de las máximas condecoraciones cubanas, con 12 publicaciones. La sección (c) está dedicado a las publicaciones con motivo del centenario de su natalicio con 2 publicaciones. Luego en otra sección reseña otros documentos, grabados (7) y programas (2). En total esta notable reseña bibliográfica nos da noticias precisas de 473 escritos de Varela o relacionados con Varela, hasta 1988; ello nos indica cómo la memoria de Félix Varela estuvo siempre viva en la conciencia cubana y americana.

  1. Cf. SUÁREZ POLCARI R, Breve Reseña Histórica del Siervo de Dios Pbro Félix Varela, en S. Christophori de Habana, Beatificationis… Felicis Francisci Iosephi Mariae a Conceptione Varela Morales Positio super Vita, Virtutibus et Fama Sanctitatis, Roma 2002, 202-250 (al estudio le falta un aparato crítico). Citada en adelante como Positio super vita et virtutibus F.V. Se indica entre paréntesis el año de los sucesivos complementos documentarios: Novum Summarium Adiunctum, (2002), 167 pp.; Novum [Secundum] Summarium Adiunctum (2011),p 485.. Cf. también la nota 14 más abajo.
  2. MARTÍNEZ Y DALMAU E.[obispo pasionista], La posición democrática e independentista del Pbro. Félix Varela. Ponencia en el II Congreso Nacional de Historia. La Habana 1943. Historia y Cubanidad, Sociedad Cubana de Estudios Históricos e Internacionales, 1943, 37-62. “Revista Bimestre Cubana”, T. LII, La Habana 1943, 368-383; ID., La ortodoxia filosófica y política del pensamiento patriótico del Pbro. Félix Varela. Vida y pensamiento de Félix Varela, IV, ‟Cuadernos de historia habanera” Nº 28, Oficina del Historiador de la ciudad, 1945, 247-272.
  3. Positio super vita et virtutibus F.V. Novum Summarium adiunctum, (2002), 10, § 23.
  4. En tal sentido se había celebrado un Proceso sobre la fama de santidad del 22 al 26 de junio de 1998.
  5. Escribe uno de los historiadores: «“un archivio a noi familiare” dove egli ha voluto verificare quanto accennato soltanto dal Summarium adiunctum, pp. 161-162, dove appaiono le fotocopie di F. Kenneally, United States Documents in the Propaganda Fide Archives. Index to Calendar, voll. I-VII, Wasington 1981, p. 151 dove ci sono molti accenni a documenti riguardanti Varela […]. Si tratta dell’indice di F. Kenneally […], opera [publicada entre 1966-1977] nella quale vengono regestati tutti i documenti contenuti nell’Archivio di Propaganda Fide riguardanti gli Stati Uniti di America […]». Positio super vita et virtutibus F.V. Novum Summarium adiunctum, (2002), 22-23.
  6. A.P.F., SC, America Centrale, 10, ff. 40r-41r [el juicio en f. 40v]: Kenneally, I, 196, n. 1200.
  7. Positio super vita et virtutibus F.V. Novum Summarium adiunctum, (2002), 1-234.
  8. Ibid., 27-28.
  9. El 30 de enero de 2001 una Comisión de historiadores volvió a examinar todo el material recogido, cf. Novum Summarium Adiunctum [2002].
  10. Así por ejemplo resulta en una carta de 1830, de John Dubois a P.F. en relación al caso de un cierto P. R. Brown, O.E.S.A (A.P.F. SC, America Centrale, 10, ff. 40-41r.).
  11. Lettera dell’Abate Nupiaris del 14 settembre 1841 en A.P.F., SC, America Centrale, 13, f. 229.
  12. Lettera indirizzata il 10 novembre 1841 dall’Avv. Adam Thyrfuly al Prefetto della S. Congregazione Concistoriale, en A.P.F., SC, America Centrale, 13, f. 264 r.v.
  13. En el Archivo de P. F. se conservan varias cartas en tal sentido, de algunas de ellas se da noticias en el Positio super vita et virtutibus F.V. Novum Summarium adiunctum, (2002), 52-56.
  14. Cf. Positio Varela, se complementa con un Dossier complementario (17.X.2008, 350 pp.) y otros en 2011 (de 485 pp., del 30.IV.2011 y del 13.XII.2011).
  15. Homilía durante la Misa en la Plaza de la Revolución, de La Habana, el 28.III.2012.
  16. Cf. en Índice del Diario de las Sesiones de Cortes. Legislatura ordinaria (15.II.1822-30.VI1822); Índice del Diario de las Sesiones de Cortes. Legislatura extraordinaria (1.X.1822-19.I1823). En dichos Diarios se registran las intervenciones de Varela en los debates de las Cortes. Son alocuciones breves a favor o en contra de decisiones discutidas; se le deben a él los proyectos de ley para instituir un departamento (ministerio) par a el gobierno político y económico de las provincias de Ultramar [Américas y Filipinas], para la abolición de la esclavitud y para el reconocimiento de la independencia de las naciones americanas, ya en tal proceso, proyecto que no tuvo entonces éxito. Cuando se trasladaron las Cortes desde Sevilla a Cádiz debido al asedio de las tropas invasoras que intervenían en España por mandato de la Santa Alianza en ayuda de Fernando VII de Borbón, que había abrogado la Constitución de 1812 e instaurado un régimen absolutista, Varela fue uno de los diputados que votaron la destitución del monarca por haber traicionado el pacto mutuo de fidelidad (fueros) sobre el que se basaba la monarquía española; por ello serán condenados a muerte: Varela y otros lograrán escapar; él a Gibraltar, y tras su condena a muerte junto con otros, logrará refugiarse en un barco y llegar así a Norteamérica. En el Positio super vita et virtutibus F.V. Novum Summarium adiunctum, (2002), 38, se pueden ver todas las indicaciones con las intervenciones de Varela en aquellas Cortes.
  17. “El Habanero”, periódico publicado por Félix Varela en Filadelfia (3 primeros números) y en Nueva York (4 números), 1825-1826. Se pueden ver originales en AGI (Archivo General de Indias, Sevilla) Estado, legajo 19, n. 124, 7, ff. 3-9v. Escribe sobre la independencia de Cuba, e incluso admite la necesidad de recurrir a la ayuda de tropas colombianas y mexicanas, pero con el riesgo de sufrir una especie de invasión que anularía el sueño de una verdadera autonomía, si faltaba en los cubanos un verdadero sentir y unión de propósitos. Además, a la luz de la experiencia en los USA, Varela analiza el tema en un contexto más amplio, viendo la posibilidad real de que Cuba al independizarse de la metrópoli española, Cuba pueda adquirir una verdadera autonomía económica, a pesar de faltarle materias primas, pero desarrollando su agricultura y los intercambios comerciales. Una reproducción facsímil de uno de los números de “El Habanero”, en Positio super vita et virtutibus F.V. Novum Summarium adiunctum, (2002), 81-94.
  18. Cf. NAVARRO L, Las Guerras de España en Cuba. Ed. Encuentro, Madrid 1998.
  19. En el citado Positio super vita et virtutibus F.V. Novum Summarium adiunctum, (2002), 38-79, se recoge una colección de documentos sobre el argumento.
  20. Nota riservata inviata il 22 luglio 1830 da P. Gómez Labrador, Ambasciatore di Spagna presso la Santa Sede, al card. G. Albani, Segretario di Stato di s.S. Pio VIII, en A.P.F., SC, America Centrale, 10, f. 414 v.; Carta enviada el 2 de enero de 1825 por D. Hilario de Rivas y Salmón, Embajador de España en los Estados Unidos desde Filadelfia, a D. Tomás Stoughton, Cónsul en Nueva York, en AGI, Estado, legajo 19, n. 124, 1, f. 1, donde le pide que le envíe algunas copias de “El Habanero” y le llama la atención sobre la necesidad de una vigilancia más precisa sobre las actividades, también en las publicaciones de Varela y otros activistas americanos. Siguen la Respuesta del Cónsul al Embajador del 5 de enero de 1825 desde Nueva York, en AGI, Estado, legajo 19, n. 124, 1ª, ff. 1-2; Comunicación del Embajador de España en los Estados Unidos al Primer Secretario de Estado de Fernando VII, del 7 de enero de 1825, en AGI, Estado, legajo 19, n. 124, 1, f.1; en esta carta dice hablando de Verela: “Este Exdeputado de Cortes, creo que es uno de los proscritos por haber votado en Sevilla la deposición de S.M. y nombramiento de una Regencia interina. Era Catedrático de Filosofía en la Habana, y muy estimado allí particularmente de la juventud de las principales familias, á quien educaba. Los discípulos suyos de aquella ciudad, le remitieron un socorro de 4.000 Duros [una notable cantidad en aquella época, equivalente a 20.000 pesetas oro entonces]; Carta del D. Francisco Adam [titular de una empresa mercantil marítima] el 19 de enero 1825 desde Matanzas (Cuba) a D. Cecilio Ayllón, Gobernador General de la Isla de Cuba, acompañando las copias de “El Habanero” incautadas en aquel puerto y otras noticias relativas al caso Varela, en AGI, Ultramar, 40, 36, ff, 1-1v); siguen otras cartas al Secretario de Estado y de los Asuntos de Gracia y Justicia del Gobierno de S.M. sobre el asunto de la “insurgencia” de refugiados cubanos en Estados Unidos, encabezados por F. Varela, subrayando que éste cuenta con un fuerte respaldo y estima en Cuba: del 26.I.1825, en AGI, Ultramar, 40, 36, ff. 1-2; otras del 12.II.1825, del embajador de España en los Estados Unidos al Primer Secretario de Estado y de Asuntos Exteriores, en AGI, Estado, 19, n. 124, 1, f. 1; del 31.II, 1825 del Gobernador de Cuba al Secretario de Estado y de los Asuntos de Gracia y Justicia, en AGI, Ultramar, 40, 36, ff. 1-2 (mandando también además del tercer número de “El Habanero”, otro opúsculo del Intendente Honorario Juan Agustín Ferrety, del título Apuntaciones sobre “El Habanero”, en el que dicho señor refuta las posiciones de Varela; Ferrety en 1817 resultaba ser Vice-Secretario de la “Sociedad patriótica”, de la que era también miembro Varela, con el que mantenía buenas relaciones). El asunto fue mandado al Consejo de Indias por orden de Fernando VII, en AGI, 40, 36, ff. 1-1v; Deliberación del Consejo de Indias del 2 de julio de 1825, en la que se emiten severos juicios sobre aquellas publicaciones y su Autor, F. Varela, en AGI, Ultramar, 40, 36, ff. 1-1v.; Comunicación del Consejo de Indias al Gobernador y Capitán General de Cuba del 20 de julio de 1825, en AGI, Ultramar, 40, 36, ff. 1-1v; Carta del Marqués Cárdenas de Montehermoso, desde Cuba, alo Secretario de Estado y de Asuntos de Gracia y Justicia, en AGI, Ultramar, 40, 36, ff. 1-1v.; Comunicación del 31 de agosto de 1827 al Procurador del Rey e informes sobre el asunto “Varela” fechados: el 6.IX.1827, 14.XI.1827, en AGI, Ultramar, 40, 36, ff. 1-1v; Parecer del Procurador del Rey del 8 noviembre 1827, en AGI, 40, 36, ff. 1-1v. La correspondencia sobre el supuesto nombramiento episcopal de Varela, asunto muy vivo durante el pontificado de Pio VIII, fue intensa entre la diplomacia española de Fernando VII y el Secretario de Estado del Papa, Card. G. Albani; en ella, además de la firme oposición del Gobierno español (correspondencia del embajador de España en Estados Unidos, D. Francisco Farón, al Primer Secretario de Estado español, Manuel González Salmón, desde Filadelfia, el 14.III.1830, del 19.V.1830, con una relación del 23,V.1830 aparece la posición contraria del Cardenal a dicho nombramiento así como la existencia de divergencias entre Varela y el otro Vicario general de Nueva York, Power: en AGI, Estado, legajo 19, 124, 7, ff. 1-2; 8, f. 4.; 9, ff. 1-5v; en ellas se habla de Varela como “revolucionario eclesiástico”, de que “está mal avenido con otro Vicario del Obispo de Nueva York y que trata de dejar aquella residencia”. Carta del 5 de junio de 1830 al Embajador ante la Santa Sede, para que informe a quién corresponda sobre las ambiciones del sacerdote Félix Varela y sus responsabilidades como provocador contra España, en AGI, legajo 19, 124, 10, ff. 2-3v; Carta del 26 de agosto de 1830 del Embajador de España ante la Santa Sede, D. Pedro Gómez Labrador, al Primer Secretario Interino de Estado [español] donde le envía la respuesta que el Secretario de Estado de Su Santidad, Card. G. Albani, le había enviado el 13 de agosto anterior, en AGI, legajo 19, 124, 10, ff. 1-2v.). Toda esta correspondencia se encuentra recogida en Positio super vita et virtutibus F.V. Novum Summarium adiunctum, (2002), 42-43; 56-78En F. Varela, Relatio et Vota, Studio e Puntualizzazioni [di carattere controverso], VI, Roma 2011, pp. 406-484hemos recogido varios asuntos relativos a la actuación de Varela en Nueva York, entre ellos el asunto del hipotético nombramiento de Varela como obispo de Nueva York, con la indicación de las fuentes de archivos españoles, vaticanos y del A.P.F., norteamericanas y de algunos estudios sobre los varios asuntos, publicando en 25 apéndices algunos de estos documentos.
  21. Nota riservata [citada en nota anterior, 20], ibid., 42 (nuestra traducción).
  22. Ibid., 76, y 78-79 (nuestra traducción).
  23. Ibid, 43 (nuestra traducción).
  24. La Secretaría de Estado de la Santa Sede no negó de hecho tales juicios; optaría por una política donde aplicará la teoría de la hipótesis de hecho ante las tesis legitimistas. Sobre todo este complicado tema los estudios clásicos de P. DE LETURIA, S.J., Relaciones entre la Santa Sede e Hispanoamérica 1493-1835. Apud Aedes Universitatis Gregorianae, Romae – Caracas 1959.
  25. Cf. Positio super vita et virtutibus F.V. Novum Summarium adiunctum, (2002), 95-167.
  26. Cf. Positio super vita et virtutibus F.V. Novum Summarium adiunctum, (2002), 97.
  27. Cf. ivi.
  28. Cf. Positio super scriptis, 2002, 33 pp. Los revisores de sus escritos en 1996 fueron 4 expertos, todos ellos cubanos, que ofrecen un catálogo de los escritos conocidos por aquel entonces, 13 libros (13) y 131 artículos, en buena parte en inglés pertenecientes a su periodo “estadounidense”, de muchos sólo se conocían los títulos y no se tenían ejemplares accesibles.
  29. Cf. ibid., 6.
  30. Cf. ibid., 9.
  31. Cit. ibid. 10.
  32. Positio super vita et virtutibus F.V. Novum Summarium adiunctum, (2002), 12-13: resumen de su pensamiento filosófico a tal propósito.
  33. C. GARCÍA PONS, El obispo Espada y su influencia en la cultura cubana, La Habana 1951.
  34. Ibid., 308-313.
  35. El término y concepto (a veces se usan otras variantes como poinssettismo) fue introducido por el historiador mexicano José de Vasconcelos referida a la política, promovida desde los primeros tiempos del camino independiente de México por este primer embajador norteamericano Poinsett, que pretendía “descatolizar” y “deshispanizar” a México y promover la presencia cultural, religiosa y política del mundo protestante anglosajón norteamericano y el control norteamericano sobre los nuevos países. La frase de Monroe, presidente de los Estados Unidos, “América para los americanos”, tuvo ya desde sus orígenes este significado de tutelar los intereses y el control de aquella Potencia sobre todo el Continente. J. VASCONCELOS, Breve Historia de México, Ed. Trillas, México 2002, 355-380.