Diferencia entre revisiones de «SIMÓN BOLÍVAR Y LA IGLESIA»

De Dicionário de História Cultural de la Iglesía en América Latina
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Revisión del 20:41 1 nov 2016

Entre los próceres de los movimientos de la independencia de las repúblicas hispanoamericanas destaca emblemática la de Simón Bolívar. Apuntamos unas observaciones sobre esta figura, una de las más notables del proceso emancipador, por el papel que desempeñó en las relaciones directas o indirectas con Roma.

Algunos historiadores se preguntan sobre la religiosidad católica de Simón Bolívar, y sobre sus relaciones con la Iglesia en cuanto institución. En los comienzos de su camino político en pro de la emancipación americana, y tras los fracasos cosechados en los primeros levantamientos, se muestra más bien hostil con el clero. Le responsabiliza de aquellos fracasos por sus adhesiones realistas y juzga negativo su influjo sobre el pueblo simple, lo que explicaría el poco entusiasmo popular por la causa libertadora.

Pero con el andar del tiempo redimensionará sus juicios e intentará involucrar al clero en la lucha emancipadora. Incorpora incluso en sus discursos políticos, imágenes y argumentos religiosos. En su Carta de Jamaica (1815) valoriza la religión como elemento importante para las futuras repúblicas, y lo mismo hace al concebir su proyecto político global para todo el continente iberoamericano.

Analizando su Discurso de Angostura (1818) y la Constitución Vitalicia (1826), según algunos autores como Michael Zeuske y John Lynch, Bolívar concibe unas relaciones Estado – Iglesia según las ideas típicamente liberales de la separación de esferas, sin caer en las actitudes características de la separación hostil. El Libertador habría visto a la religión y a la Iglesia en clave pragmática, con el clero jugando un papel fundamental en función social y moralizadora.

Tal actitud sería más fruto de su pragmatismo político que de hondas convicciones personales. Este pragmatismo explicaría su preocupación por establecer un cordial entendimiento, o al menos una entente amistosa, con la jerarquía eclesiástica y con la misma Santa Sede.[1]

Zeuske cita unas palabras atribuidas a Bolívar que reflejan este pragmatismo político respecto a la Iglesia y a lo religioso: “No disputemos con los eclesiásticos que llaman siempre en su auxilio la religión y hacen causa común con ella. Las desavenencias con éstos son siempre funestas; la amistad con ellos es siempre ventajosa”.[2]En el mismo sentido, escribe Bernard Plongeron, se aprecia la visión de un Bolívar cercano a la religión y a la Iglesia por motivos políticos, y esto para acercarse así más a la masa del pueblo, que no lo había apoyado durante sus primeros años, y para integrar la religión en su estrategia política.[3]

Esta actitud recuerda, incluso no tan lejanamente, la de Napoleón Bonaparte en las discusiones sobre el concordato (1801) con la Santa Sede en tiempos de Pío VII y de su secretario de Estado el cardenal Consalvi, al tratar los delicados y aparentemente insalvables problemas planteados por la cuestión religiosa católica en Francia, tras la Revolución y el cisma constitucional.

Sin embargo hay también algunos historiadores que apuestan por la religiosidad evolutiva de Bolívar, e incluso señalan momentos en los que habría demostrado una actitud de fe cristiana, mientras que en otras circunstancias predominarían su anticlericalismo y algunas de las ideas típicas del reformismo ilustrado (también español). Igualmente señalan otros momentos en los que se podría ver el influjo negativo ejercitado sobre él por algunos ambientes y amistades racionalistas.

Parece ser que su contacto con el pueblo hispanoamericano concreto le habría hecho ver la realidad de la Iglesia, captando su papel y su mejor sentido, más allá de los típicos prejuicios comunes en los ambientes racionalistas y los del nuevo liberalismo anticlerical nacido de aquel. De todos modos, esto ayuda también a entender su ya citado pragmatismo político.

Su trato con el clero y con la gente sencilla le habrían ayudado a distinguir lo accidental de lo esencial, los mismo en la vida religiosa, como en la de los miembros de la Iglesia. Bolívar tuvo que observar la rica realidad de la religiosidad popular, profundamente impregnada de catolicismo, y aunque quizás no haya comprendido hasta el fondo la belleza de la fe católica, ha debido percibir sus componentes esenciales en un pueblo al que él también amaba.

Es cierto que como hijo de aquella ilustración reformista, en la que bebe, no debía sentirse muy atraído por aquella religiosidad popular. Sin embargo no podía ignorarla ni dejar de reconocer, o al menos atisbar, su importancia vital para la gente. Por lo tanto habría sido el trato con el clero y con la gente lo que le habrían abierto a este realismo en sus juicios.

Su poco conocido «Brindis de Bogotá», pronunciado el 28 de octubre de 1827 con motivo del nombramiento que hizo el papa León XII para designar obispos titulares en las diócesis de Bogotá, Caracas, Antioquía, Santa Marta, Cuenca y Quito, apunta a un Bolivar de fe convencida: “La causa más grande nos une en este día, el bien de la Iglesia y el bien de Colombia. Una cadena sólida y más brillante que los astros del firmamento nos liga nuevamente a la Iglesia Romana, que es la puerta del Cielo. Los descendientes de San Pedro han sido siempre nuestros Padres, pero la guerra nos había dejado huérfanos como el cordero que bala en vano por la madre que ha perdido. La madre lo ha buscado y lo ha vuelto al redil: ella nos ha dado Pastores dignos de la Iglesia y la República.”


Por una parte conocemos gracias a sus iniciativas legislativas sobre las corporaciones religiosas; a sus actitudes en el campo eclesiástico, típicas del momento, como la incautación de los bienes eclesiásticos siempre que lo consideró oportuno para sus fines políticos; a sus presiones sobre el clero para obtener su total respaldo en su lucha indenpendentista y en su lucha contra el clero realista.

Por otra parte, como escribe Díaz-Trechuelo, “Bolívar, por un proceso intelectual, llega a captar la esencia de lo que la Iglesia es, dejando de lado lo accidental (poder, riqueza, influjo moral y posición en América). Él fue entendiendo y separando poco a poco su doble carácter divino y humano. Aunque en esta trayectoria se dieron avances y retrocesos, en su conjunto se fue acercando cada vez más al verdadero concepto, y esto no procede de un estudio filosófico – teológico, sino de un conocimiento cada vez más profundo de la idiosincrasia del pueblo americano, de su trato con obispos y sacerdotes, de su contacto con la Santa Sede, y, en suma, con la realidad que circunda”.

Este juicio, bastante lisonjero de la conocida historiadora, podrá ser quizás matizado o discutido, pero resta el hecho de un cambio sustancial en las actitudes de Bolívar en relación a la Iglesia y el hecho, -como subraya Ernesto Rojas Ingunza citando a Díaz Trechuelo-, que si bien su actitud posiblemente fuese oportunista, es claro que no guardaba hacia la Iglesia la hostilidad de la que hizo gala en sus primeros años de lucha.

La misma Díaz-Trechuelo señala al referirse a la militancia masónica de Bolívar, que su temprana adhesión a la misma presumiblemente se enfrió con el tiempo, al punto de volverse irrelevante en su vida posterior. Tras Ayacucho, que completa la independencia política, a Bolívar le era necesario el apoyo de la Iglesia, dejando de lado totalmente las veleidades de una Iglesia cismática. Como sostiene Rojas Ingunza, lo anterior se ve claro en su encuentro con el obispo de Arequipa José Sebastián Goyeneche.

Estas pinceladas sobre el Simón Bolívar son elocuentes a la hora de señalar sus esfuerzos para entrar en contacto con Pío VII primero, y con sus sucesores más tarde, para arreglar la compleja situación eclesiástica de las nuevas repúblicas de manera pacífica y positiva, mediante el acuerdo con la Santa Sede. En ello va a usar la mediación de algunos notables eclesiásticos como el obispo de Mérida Lasso de la Vega, pasado desde explicitas actitudes realistas, a un favor confesado por la emancipación y su reconocimiento legal por parte de la Santa Sede.


NOTAS

  1. ZEUSKE M., Revolución y religión: Problemas de la religión en la concepción de la revolución en Simón Bolívar, en Centro de Estudios Históricos de América Latina. Universidad Josef Attila (Szeged). VIII CONGRESO DE AHILA, Iglesia, religión y sociedad en la historia latinoamericana (1492-1945), III, Szeged (Hungría) 1989, 210ss.; J. LYNCH, Simón Bolívar y la era de la revolución, en J. LYNCH, Latinoamérica, entre colonia y nación, Crítica, Barcelona 2001, 216ss.
  2. ZEUSKE, o.c., 212.
  3. PLONGERON Bernard, “Les défis de la modernité (1750 – 1840)”, en Jean Marie MAYEUR – André VAUCHEZ – Charles et Luce PIETRI – Marc VENARD, Histoire du christianisme, des origines à nos jours, X, Desclée, 2001, 822.

BIBLIOGRAFÍA

DÍAZ-TRECHUELO LOURDES, Bolívar, Miranda, O’Higgins, SAN, Martín. Cuatro vidas cruzadas, Encuentro, Madrid 1999

LYNCH JOHN, Simón Bolívar y la era de la revolución, en J. LYNCH, Latinoamérica, entre colonia y nación, Crítica, Barcelona 2001

MAYEUR Jean Marie –VAUCHEZ André –PIETRI Charles et Luce Charles et Luce –VENARD, Marc Histoire du christianisme, des origines à nos jours, X, Desclée, 2001

ROJAS INGUNZA ERNESTO, El báculo y la Espada. El obispo Goyeneche y la Iglesia ante la ‘Iniciación de la República’ Perú 1825-1841, Instituto Riva-Agüero, Lima 2007

VAZ ALFONSO, Simón Bolívar: ¿incrédulo o creyente?, s/e, Caracas, 1984


ZEUSKE M., Revolución y religión: Problemas de la religión en la concepción de la revolución. VIII CONGRESO DE AHILA, Szeged (Hungría) 1989


FIDEL GONZÁLEZ FERNÁNDEZ