Diferencia entre revisiones de «SAN FELIPE Y SANTIAGO DE MONTEVIDEO»

De Dicionário de História Cultural de la Iglesía en América Latina
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La ciudad de San Felipe y Santiago de Montevideo fue fundada por los españoles, bajo el reinado de Felipe V, en un proceso que se extendió entre 1724 y 1730. El principal objetivo de la fundación - una fundación tardía en un imperio que ya no estaba en su apogeo - fue detener el avance de los portugueses, que no sólo habían fundado Colonia del Sacramento en 1680, sino que en 1723 intentaron establecerse en la bahía de Montevideo. La ciudad española se construyó siguiendo las pautas de «Ciudad-territorio» establecidas por las [[LEYES_DE_INDIAS;_Resumen_del_compendio | Leyes de Indias]], que consistían  en un casco fortificado que protegía la presencia civil, religiosa y militar, y serviría de punto de partida para la colonización del territorio de la Banda Oriental.
 
La ciudad de San Felipe y Santiago de Montevideo fue fundada por los españoles, bajo el reinado de Felipe V, en un proceso que se extendió entre 1724 y 1730. El principal objetivo de la fundación - una fundación tardía en un imperio que ya no estaba en su apogeo - fue detener el avance de los portugueses, que no sólo habían fundado Colonia del Sacramento en 1680, sino que en 1723 intentaron establecerse en la bahía de Montevideo. La ciudad española se construyó siguiendo las pautas de «Ciudad-territorio» establecidas por las [[LEYES_DE_INDIAS;_Resumen_del_compendio | Leyes de Indias]], que consistían  en un casco fortificado que protegía la presencia civil, religiosa y militar, y serviría de punto de partida para la colonización del territorio de la Banda Oriental.
  
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Desde los tiempos de la fundación existió la idea y la necesidad de levantar una Iglesia Matriz en la ciudad. Diversos motivos impidieron su rápida concreción, lo que llevó a utilizar la pequeña capilla de los [[EVANGELIZACIÓN_DE_AMÉRICA;_contribución_de_los_jesuitas | Jesuitas]], entre 1724 y 1740. La capilla de los [[EVANGELIZACIÓN_DE_AMÉRICA;_contribución_de_los_jesuitas | Jesuitas]] era un sencillo y pequeño edificio de piedra ubicado en la esquina de las [[CALLES,_Plutarco_Elías | calles]] Frontera y de Callo - actualmente Piedras y Zabala. Dado lo pequeño del templo, fue necesario hacer una ampliación, que consistió en un galpón de madera forrado de cuero.  
 
Desde los tiempos de la fundación existió la idea y la necesidad de levantar una Iglesia Matriz en la ciudad. Diversos motivos impidieron su rápida concreción, lo que llevó a utilizar la pequeña capilla de los [[EVANGELIZACIÓN_DE_AMÉRICA;_contribución_de_los_jesuitas | Jesuitas]], entre 1724 y 1740. La capilla de los [[EVANGELIZACIÓN_DE_AMÉRICA;_contribución_de_los_jesuitas | Jesuitas]] era un sencillo y pequeño edificio de piedra ubicado en la esquina de las [[CALLES,_Plutarco_Elías | calles]] Frontera y de Callo - actualmente Piedras y Zabala. Dado lo pequeño del templo, fue necesario hacer una ampliación, que consistió en un galpón de madera forrado de cuero.  
  
Los documentos registran que, en 1727, el recinto estaba adornado con un retablo de la imagen de la Inmaculada Concepción, el Sacramento de la Eucaristía y las esculturas de los Santos Apóstoles Felipe y Santiago. Con la formalización de la ciudad en 1730, el primer Cabildo resolvió que, si bien la capilla de los [[EVANGELIZACIÓN_DE_AMÉRICA;_contribución_de_los_jesuitas | jesuitas]] era demasiado sencilla para ser la principal iglesia de la ciudad, dadas las dificultades que se vivían, este templo sería Iglesia Matriz Provisoria, mientras ''“se construye la iglesia decente donde está delineada en la Plaza Mayor”.''  
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Los documentos registran que, en 1727, el recinto estaba adornado con un retablo de la imagen de la Inmaculada Concepción, el Sacramento de la [[EUCARISTÍA;_distribución_a_los_indios | Eucaristía]] y las esculturas de los Santos Apóstoles Felipe y Santiago. Con la formalización de la ciudad en 1730, el primer Cabildo resolvió que, si bien la capilla de los [[EVANGELIZACIÓN_DE_AMÉRICA;_contribución_de_los_jesuitas | jesuitas]] era demasiado sencilla para ser la principal iglesia de la ciudad, dadas las dificultades que se vivían, este templo sería Iglesia Matriz Provisoria, mientras ''“se construye la iglesia decente donde está delineada en la Plaza Mayor”.''  
  
 
Las obras de la primera Iglesia Matriz comenzaron el 8 de abril de 1733. Los pobladores colaboraron en la construcción con su trabajo y donativos. A pesar de la contribución de los montevideanos, los recursos resultaron insuficientes, lo que llevó a la suspensión de las obras hasta que Francisco de Alzaibar donó el dinero faltante para completar la construcción. La Iglesia Matriz, en su ubicación actual, fue inaugurada en 1740. Era un edificio de muros de ladrillos con techumbre de madera que sostenía una cubierta de paja. Se trataba de un templo sencillo, enriquecido por los ornamentos, especialmente por algunas imágenes de origen misionero-jesuítico y otras encargadas a España.  
 
Las obras de la primera Iglesia Matriz comenzaron el 8 de abril de 1733. Los pobladores colaboraron en la construcción con su trabajo y donativos. A pesar de la contribución de los montevideanos, los recursos resultaron insuficientes, lo que llevó a la suspensión de las obras hasta que Francisco de Alzaibar donó el dinero faltante para completar la construcción. La Iglesia Matriz, en su ubicación actual, fue inaugurada en 1740. Era un edificio de muros de ladrillos con techumbre de madera que sostenía una cubierta de paja. Se trataba de un templo sencillo, enriquecido por los ornamentos, especialmente por algunas imágenes de origen misionero-jesuítico y otras encargadas a España.  
  
En carta de 1787, el P. José Manuel Pérez Castellano describía su interior: ''“Tiene ocho altares, cuatro de ellos con retablos, en que hay hermosas imágenes; las más sobresalientes son las de los dos Santos Patrones, la de Nuestra Señora del Carmen y la del Rosario, que se hicieron en Madrid. En el altar de las ánimas se puso una imagen de bulto de Nuestra Señora de los Dolores, y desterraron a la puerta de la iglesia debajo del coro el hermosísimo lienzo de Nuestra Señora del Carmen, a cuya hermosura y devoción ha desagraviado la piedad de los files, que mantiene delante de ella luz indeficiente, y al entrar o salir la saludan casi todos con el ángel y con San Bernardo.”''  
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En carta de 1787, el P. [[PÉREZ_CASTELLANO,_José_Manuel | José Manuel Pérez Castellano]] describía su interior: ''“Tiene ocho altares, cuatro de ellos con retablos, en que hay hermosas imágenes; las más sobresalientes son las de los dos Santos Patrones, la de Nuestra Señora del Carmen y la del Rosario, que se hicieron en Madrid. En el altar de las ánimas se puso una imagen de bulto de Nuestra Señora de los Dolores, y desterraron a la puerta de la iglesia debajo del coro el hermosísimo lienzo de Nuestra Señora del Carmen, a cuya hermosura y devoción ha desagraviado la piedad de los files, que mantiene delante de ella luz indeficiente, y al entrar o salir la saludan casi todos con el ángel y con San Bernardo.”''  
  
 
Luego de unos años la primera Matriz amenazaba con derrumbarse, a tal punto que muchos fieles no se animaban a concurrir a las misas por temor a que el edificio se desplomara. Esto ocurrió efectivamente a mediados de 1787 y la iglesia fue trasladada a la que había sido la capilla de la residencia de la [[JESUITAS_(Compañia_de_Jesús) | Compañía de Jesús]]. Allí se mantuvo hasta la inauguración del nuevo edificio. La novel Iglesia Matriz fue diseñada por el ingeniero portugués José Custodio de Saa e Faría, prisionero de los españoles.  
 
Luego de unos años la primera Matriz amenazaba con derrumbarse, a tal punto que muchos fieles no se animaban a concurrir a las misas por temor a que el edificio se desplomara. Esto ocurrió efectivamente a mediados de 1787 y la iglesia fue trasladada a la que había sido la capilla de la residencia de la [[JESUITAS_(Compañia_de_Jesús) | Compañía de Jesús]]. Allí se mantuvo hasta la inauguración del nuevo edificio. La novel Iglesia Matriz fue diseñada por el ingeniero portugués José Custodio de Saa e Faría, prisionero de los españoles.  
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Revisión actual del 20:42 10 ago 2020

La ciudad de San Felipe y Santiago de Montevideo fue fundada por los españoles, bajo el reinado de Felipe V, en un proceso que se extendió entre 1724 y 1730. El principal objetivo de la fundación - una fundación tardía en un imperio que ya no estaba en su apogeo - fue detener el avance de los portugueses, que no sólo habían fundado Colonia del Sacramento en 1680, sino que en 1723 intentaron establecerse en la bahía de Montevideo. La ciudad española se construyó siguiendo las pautas de «Ciudad-territorio» establecidas por las Leyes de Indias, que consistían en un casco fortificado que protegía la presencia civil, religiosa y militar, y serviría de punto de partida para la colonización del territorio de la Banda Oriental.

En 1607, luego de recorrer por primera vez la Banda Oriental, el gobernador del Río de la Plata, Hernando Arias de Saavedra - Hernandarias - escribió al rey Felipe III, describiendo las buenas condiciones naturales del territorio para la ganadería y la agricultura y recomendando establecer poblados. Hernandarias no obtuvo apoyo de la Corona, pero introdujo ganado vacuno en la zona. Esto atrajo interés por la explotación del cuero, pero no pobladores. Los portugueses se interesaron por la región y avanzaron en el territorio oriental.

En 1717, ante una primera amenaza portuguesa de establecerse en la bahía de Montevideo, Felipe V escribió al gobernador del Río de la Plata, Bruno Mauricio de Zabala, ordenándole proteger los puertos de Montevideo y Maldonado. Las instrucciones reales fueron reiteradas, sin resultados, en 1718, 1720 y 1723. Buenos Aires temía la competencia de un puerto rival, con mejores condiciones naturales, así como la pérdida del acceso a la abundante riqueza ganadera de la región.

Más eficiente que las misivas, e incluso las amenazas del rey, fue una nueva incursión portuguesa, en noviembre de 1723, en la bahía de Montevideo. La expedición, enviada por el rey portugués Juan V, al mando de Manuel Freitas de Fonseca, tenía como objetivo la construcción de fortificaciones y traía 250 hombres, 10 cañones y víveres para seis meses. Cuando la noticia llegó a Buenos Aires, el 20 e enero de 1724, Zabala salió rumbo a la bahía Montevideo con el doble objetivo de expulsar a los portugueses y de fundar una ciudad fortificada. Una vez desocupada la bahía, Zabala izó la bandera española y levantó la batería provisoria de San Felipe, como símbolos de la nueva población. De esta manera, la fortificación precedió a los pobladores.

Desde Montevideo, Zabala escribió al Cabildo de Buenos Aires solicitando que convocara familias para poblar, a cambio de tierras y algunos privilegios, entre ellos el título nobiliario de “hijosdalgo de solar conocido”. Entre 1726 y 1728, unas 250 personas provenientes de las Islas Canarias y soldados de caballería e infantería de origen español, completaron el grupo inicial de las primeras seis familias llegadas de la capital.

En febrero de 1724 comenzó la construcción de la primera edificación que fue el fuerte San José, bajo la dirección del ingeniero militar Domingo Petrarca. Se trataba de una empalizada con una batería de 10 cañones, construida por 110 soldados españoles y 1000 indígenas tapes provenientes de las misiones jesuíticas, acompañados por dos misioneros jesuitas.

En 1726 se inició el empadronamiento de las primeras familias, por parte de Pedro Millán, y se aprobó el trazado de la ciudad y su ejido, tareas realizadas por el Ing. Petrarca. Así nació San Felipe y Santiago de Montevideo como ciudad-fortaleza. La ciudad lleva su nombre en honor del rey que la mandó fundar, Felipe V, y a sus santos patronos, San Felipe Apóstol y San Santiago el Menor, cuya fiesta se celebraba el 1º de mayo.

En sus primeros años Montevideo fue un poblado muy sencillo. Así lo describía el sacerdote jesuita Cayetano Cattáneo, en carta dirigida a su hermano Giuseppe, del 18 de junio de 1729: “Los padres que llegaron allí ocho días antes que nosotros con la nave San Francisco y tuvieron ocasión y tiempo de desembarcar varias veces, nos contaron que al presente no existen más que tres o cuatro casas de ladrillo de un solo piso y otras cincuenta o sesenta cabañas formadas de cuero de buey, donde habitan las familias venidas últimamente, hasta que se fabriquen donde alojarlas. Los fabricantes son los indios de nuestras Misiones, que vinieron en 1725 por orden del gobernador de Buenos Aires […] para fabricar como lo han hecho hasta ahora, la fortaleza”. (Menck Freire y Varese, 24).


Con la instalación del Cabildo, realizada por el gobernador Zabala el 1º de enero de 1730, finalizó el proceso fundacional de la ciudad. Ese mismo año se creó el Curato de Montevideo, siendo su primer cura vicario el presbítero José Nicolás Barrales. Años más tarde se iniciarían las grandes construcciones de la ciudad, especialmente las defensivas, como la muralla y la fortaleza cuya realización estuvo a cargo del Ing. Diego Cardoso.

El 1º de mayo de 1742, en el día de San Felipe, fue colocada la piedra fundamental y las obras llevaron más de cuarenta años. La fortaleza, denominada Ciudadela, era un recinto de piedra, conformado por una plaza de armas rodeada por altas y gruesas murallas, que en cada esquina tenía una torre romboidal donde se ubicaba la artillería. Desde la Ciudadela se extendía una extensa muralla que rodeaba toda la ciudad. Para acceder al poblado existían dos portones: el de San Pedro y el de San Juan. Ambos portones se abrían al amanecer y se cerraban con la puesta del sol, previo un cañonazo para evitar que los rezagados tuvieran que pasar la noche extramuros.

Los primeros pobladores de San Felipe y Santiago eran gente sencilla, de diversa procedencia, habituada a enfrentar adversidades. Un elemento les daba unidad: la fe cristiana y la devoción religiosa, presentes en todos los aspectos de vida de la ciudad y de sus habitantes. Todas las celebraciones, tanto civiles como religiosas, tenían connotaciones cristianas. A comienzos de 1727, el capitán Pedro Millán estableció las principales fiestas religiosas de la nueva ciudad: el 1º de mayo, fiesta de San Felipe y Santiago; el 8 de diciembre, día de la Inmaculada Concepción de Nuestra Señora, bajo cuya advocación se colocaría la Iglesia Matriz; y el 20 de enero, fiesta de San Sebastián, en conmemoración de la entrada de las tropas de Zabala que expulsaron a los portugueses en 1724.

El 30 de enero de 1730 se sumaron nueve fiestas religiosas más, además del día del nacimiento del Rey. Por otra parte, el santoral exigía los «días de tabla»; en ellos el Cabildo en pleno debía concurrir a la Iglesia parroquial. En el Acta Capitular del 30 de enero de 1730 se señalaban los siguientes días de tabla: el primer día de enero; el día de Nuestra Señora de la Candelaria; el Miércoles de Ceniza; los Oficios de Semana Santa y el primer día de Pascua de Resurrección; el primer día de Pascua del Espíritu Santo; la víspera y día de Corpus Christi y su octava; el día de la Asunción de Nuestra Señora; el primer día de Pascua de Navidad y el día que se celebrara el nacimiento del monarca.

La principal fiesta de la ciudad era la de sus Santos Patrones, que se celebraba los días 30 de abril y 1º de mayo. Era una celebración de origen religioso, con carácter civil y patriótico, ya que por la Real Cédula del 15 de abril de 1728, el Alférez Real debía lucir el pendón real de la ciudad en una solemne procesión. Para la ocasión se iluminaba toda la ciudad y se colocaban ramas de laurel para el pasaje de la comitiva oficial. El 30 de abril, la comitiva partía del Cabildo, seguida de la población, rumbo al Fuerte, residencia del Gobernador, en busca del Alférez Real, quien portaba el estandarte real hasta la iglesia principal. Dentro del templo, se depositaba el pendón en el altar y se escuchaba al cura vicario realizar un panegírico de los Santos Patronos. Finalizados los cantos, la procesión hacía el recorrido inverso hasta llegar nuevamente al Cabildo.

Hasta 1740, año de inauguración de la primera Iglesia Matriz, la celebración se realizaba en la pequeña capilla de los padres Jesuitas. En la mañana del 1º de mayo, se repetía el desfile civil y se celebraba misa en el templo. Pero este día los montevideanos volvían a sus casas para descansar y prepararse para los festejos nocturnos, que eran acompañados de fuegos artificiales y luminarias.

Otra celebración, de carácter eminentemente religioso y de gran trascendencia entre los montevideanos, era la fiesta de Corpus Christi. Toda la ciudad participaba de la fiesta, adornando los balcones de las casas, con guirnaldas, tapices o mantones. También se levantaban pequeños altares, por donde pasaría la procesión. El Cabildo se encargaba de limpiar y mojar las calles - que eran de tierra - por las que pasaría el Santísimo Sacramento, y contribuía pagando la música, la cera de las velas, el adorno del altar que se levantaba en la Plaza Matriz y el arreglo de la Iglesia Matriz.

En la Iglesia todo se arreglaba con gran esmero y se trataba de estrenar algo para la oportunidad, ya fuera ornamentos, candelabros o incluso el palio bajo el cual se colocaría el sacerdote que portaría el Santísimo. La procesión era encabezada por un cuerpo de bailarines de origen africano - que luego fueron prohibidos porque sus movimientos fueron considerados inapropiados. Detrás venían las diferentes cofradías, que llevaban en andas a sus respectivos Santos. Seguía el sacerdote bajo palio, que llevaba con gran solemnidad la custodia con el Santísimo Sacramento. Los mástiles del palio eran sostenidos por los vecinos más antiguos y respetados, seguidos por las principales autoridades: el Gobernador, el Cabildo, los oficiales de la guarnición y el pueblo engalanado con sus mejores trajes que acompañaba con velas encendidas y cánticos. Los sacerdotes se detenían en los diferentes altares provisorios para bendecirlos, a la vez que hacían sonar campanillas y quemaban incienso.

Por su parte los espectadores arrojaban juncos, hinojos y diferentes flores. La procesión finalizaba en el altar de la Plaza Matriz, con la bendición y el canto del Tantum Ergo. A continuación las campanas de la Iglesia Mayor y de San Francisco repicaban como en ningún otro momento del año. El toque final lo daba la guarnición militar del Fuerte con una salva de artillería que resonaba en toda la ciudad.

Las casas de la ciudad no solo se adornaban con elementos religiosos durante los días de fiesta. Era frecuente que todas las viviendas, incluso las de los indígenas guaraníes, tuvieran crucifijos e incluso un nicho con una imagen, en general de Jesús o la Virgen María. Por su parte, los nombres de las calles de Montevideo, que inicialmente tuvieron una finalidad más bien referencial, fueron sustituidos por una nueva nomenclatura basada en el santoral católico que se utilizó hasta 1843. Fue a partir del 31 de agosto de 1778 que el Cabildo estableció esa nomenclatura: las antiguas calles De la Frontera, De la Fuente, De la Cruz, Calle Real, De la Carrera, Del Piquete y De Afuera pasaron a denominarse de San Miguel, San Luis, San Pedro, San Diego, San Carlos, San Sebastián y Santa Teresa (o del Portón Nuevo).

Desde los tiempos de la fundación existió la idea y la necesidad de levantar una Iglesia Matriz en la ciudad. Diversos motivos impidieron su rápida concreción, lo que llevó a utilizar la pequeña capilla de los Jesuitas, entre 1724 y 1740. La capilla de los Jesuitas era un sencillo y pequeño edificio de piedra ubicado en la esquina de las calles Frontera y de Callo - actualmente Piedras y Zabala. Dado lo pequeño del templo, fue necesario hacer una ampliación, que consistió en un galpón de madera forrado de cuero.

Los documentos registran que, en 1727, el recinto estaba adornado con un retablo de la imagen de la Inmaculada Concepción, el Sacramento de la Eucaristía y las esculturas de los Santos Apóstoles Felipe y Santiago. Con la formalización de la ciudad en 1730, el primer Cabildo resolvió que, si bien la capilla de los jesuitas era demasiado sencilla para ser la principal iglesia de la ciudad, dadas las dificultades que se vivían, este templo sería Iglesia Matriz Provisoria, mientras “se construye la iglesia decente donde está delineada en la Plaza Mayor”.

Las obras de la primera Iglesia Matriz comenzaron el 8 de abril de 1733. Los pobladores colaboraron en la construcción con su trabajo y donativos. A pesar de la contribución de los montevideanos, los recursos resultaron insuficientes, lo que llevó a la suspensión de las obras hasta que Francisco de Alzaibar donó el dinero faltante para completar la construcción. La Iglesia Matriz, en su ubicación actual, fue inaugurada en 1740. Era un edificio de muros de ladrillos con techumbre de madera que sostenía una cubierta de paja. Se trataba de un templo sencillo, enriquecido por los ornamentos, especialmente por algunas imágenes de origen misionero-jesuítico y otras encargadas a España.

En carta de 1787, el P. José Manuel Pérez Castellano describía su interior: “Tiene ocho altares, cuatro de ellos con retablos, en que hay hermosas imágenes; las más sobresalientes son las de los dos Santos Patrones, la de Nuestra Señora del Carmen y la del Rosario, que se hicieron en Madrid. En el altar de las ánimas se puso una imagen de bulto de Nuestra Señora de los Dolores, y desterraron a la puerta de la iglesia debajo del coro el hermosísimo lienzo de Nuestra Señora del Carmen, a cuya hermosura y devoción ha desagraviado la piedad de los files, que mantiene delante de ella luz indeficiente, y al entrar o salir la saludan casi todos con el ángel y con San Bernardo.”

Luego de unos años la primera Matriz amenazaba con derrumbarse, a tal punto que muchos fieles no se animaban a concurrir a las misas por temor a que el edificio se desplomara. Esto ocurrió efectivamente a mediados de 1787 y la iglesia fue trasladada a la que había sido la capilla de la residencia de la Compañía de Jesús. Allí se mantuvo hasta la inauguración del nuevo edificio. La novel Iglesia Matriz fue diseñada por el ingeniero portugués José Custodio de Saa e Faría, prisionero de los españoles.

Si bien la piedra fundamental se colocó a fines de 1790, el templo fue consagrado catorce años más tarde, el 21 de octubre de 1804, por el obispo de Buenos Aires Mons. Benito Lué y Riega, cuando todavía estaba en construcción. Algunas partes, tanto exteriores como interiores, quedaron sin terminar, lo que generó un importante deterioro que obligó a realizar reparaciones y obras que cambiaron su aspecto. Es el caso de la reforma realizada por el arquitecto ítalo-suizo Bernardo Poncini, quien en 1859 proyectó la nueva fachada de estilo neoclásico.

BIBLIOGRAFÍA

AA. VV., La Iglesia en el Uruguay, Montevideo 1978;

ASSUNÇAO, Fernando y BOMBET, Iris, La Ciudad Vieja, Montevideo 1990;

BARRÁN, José Pedro, Historia de la sensibilidad en el Uruguay. La cultura bárbara, 1800-1860, Montevideo 1989;

AZAROLA GIL, Luis Eduardo, Los orígenes de Montevideo, Montevideo 1976;

CAYOTA, Mario y otros, Historia de la Evangelización de la Banda Oriental, Montevideo 1994;

GIMÉNEZ RODRÍGUEZ, Alejandro, Breve Historia de Montevideo, Montevideo, 2003;

MENCK FREIRE, Carlos y VARESE, Juan Antonio, Viaje al antiguo Montevideo. Retrospectiva gráfico-testimonial, Montevideo, 1997;

RIBEIRO, Ana, Montevideo, la malbienquerida, Montevideo 2000;

CANESSA DE SANGUINETTI, Marta, La Ciudad Vieja de Montevideo, Montevideo 1976.


VERÓNICA LEONE