SANTUARIO POPULAR DE SAN CONO

De Dicionário de História Cultural de la Iglesía en América Latina
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El santuario de San Cono en Florida es uno de los centros de religiosidad popular más importantes de Uruguay. La corriente devocional se inició a fines del siglo XIX y tiene características particulares. San Cono fue un monje italiano del siglo XI, originario de la aldea de Diano Teggiano, a quien la tradición popular atribuyó cantidad de prodigios. Cuando murió, los monjes del monasterio benedictino de Caddossa pretendían enterrarlo allí, pero chocaron con las aspiraciones de los habitantes de su pueblo natal que deseaban trasladarlo al mismo. Para solucionar el diferendo ambas partes acordaron colocar el cuerpo sobre una carreta tirada por dos novillos en un lugar intermedio del camino que separaba el monasterio y la aldea. Los animales enfilaron a Diano Teggiano y sus paisanos depositaron el cuerpo en la capilla del lugar. San Cono fue canonizado el 27 de abril de 1871 por el Papa Pío IX.


A fines de la década de 1870 emigraron a Uruguay un grupo de italianos del Valle de Diano, en la Provincia de Salerno, donde está ubicada la ciudad de Teggiano. Se Instalaron en Florida y, en una asamblea realizada en 1882, decidieron erigir una capilla en honor a su protector. Solicitaron a la Junta Económico-Administrativa un terreno que les fue concedido. Fue la colectividad italiana y no la Iglesia local la encargada de construir y administrar el templo.


La tradición oral refiere una serie de acontecimientos de carácter sobrenatural asociados al santo y a la colectividad italiana en Florida: “Los inmigrantes habían tenido un viaje muy accidentado, se habían encontrado con una pamperada por las costas del sur de Brasil y peligraba la llegada a estas tierras. Como el santo protector de ellos era San Cono, decidieron hacer la promesa que de llegar a buen puerto levantaban una capilla. Y así fue. Cuando llegó a Florida San Cono e hizo el recorrido a la casa del Sr. Blas Aloy, esa noche se produjo un temblor de tierra muy fuerte. Única vez en nuestro país que sucede un hecho de esta naturaleza. Conocí a mi abuela, ella tenía 10 años en ese entonces, ella y sus hermanos estaban acostados, parece que temprano en la noche empezaron a temblar las camas. Entonces el padre dice: no se asusten que yo conozco esto en Italia, un temblor de tierra (...). Coincidencia o no, pero ahí están los hechos”[1]. El temblor de tierra fue considerado por los contemporáneos como una advertencia hacia los que se mofaron de la fe de los "tanos" – denominación popular que se refería a los inmigrantes italianos -, que habían importado un santo desconocido en el país.


En el templo hay dos imágenes, una en el altar mayor y otra en un altar lateral; en la primera el santo está de pie y en la segunda arrodillado. Esta última, de tamaño natural, fue traída de Italia en 1892 y atrae mayoritariamente la atención de los creyentes; tiene un manto del cual penden objetos variados ofrecidos por sus devotos. Desde entonces cada 3 de junio, la colectividad italiana comenzó a celebrar la fiesta de su patrono; progresivamente se fueron uniendo más criollos y el evento alcanzó dimensiones nacionales. "Junio debía ser el tiempo del agradecimiento (para los italianos, eterno) y de nuevas plegarias y peticiones. La esperanza de una buena cosecha, el fin de las lluvias o de la sequía, el sanar de alguna dolencia, y el encuentro o reencuentro con el amado/a configuraban las grandes temáticas que establecían la relación con el santo. Todo extremadamente sencillo. La presencia sacerdotal quedaba remitida al acompañamiento de la procesión (recreada siempre por la comisión itálica) y a la celebración de la misa dominical y del 3 de junio. Se estrechaba de esta forma, la relación directa del devoto con el santo. Y este no reclamaba nada... a no ser en el alma del creyente.[2]


Desde sus inicios la "Asociación de Protección y Fomento de la Capilla de San Cono" administra el culto. Sus relaciones con las jerarquías eclesiásticas pasaron por momentos tempestuosos. El primer evento del largo conflicto se produjo en 1920 cuando Francisco Pizzani se presentó ante el Consejo Departamental de Florida solicitando que el terreno y la capilla fueran escriturados a nombre de la Iglesia católica. Esto provocó un revuelo en la Comisión Administradora que compareció ante el Consejo y pidió que todo quedara como hasta entonces. El Consejo desechó el pedido de Pizzani.


Posteriormente, en 1926, el padre Eliseo Verdier, párroco de San José, en cuya jurisdicción estaba la capilla, quiso tener un protagonismo mayor en la organización de la fiesta. Las discusiones "no lograron arribar a buen puerto y el enojo de Verdier llevó a que este negara su participación y el de su parroquia en las mismas. Los sanconianos no se amilanaron y decididos a llevar adelante las fiestas, entendieron conveniente encontrar un suplente para las ceremonias religiosas. La elección recayó en un ex-sacerdote de Florida que (…) residía en Montevideo dedicado a la venta de diarios y revistas. Se trataba de Vicente Reinoldi"[3]En 1927 la situación pareció normalizarse y hasta 1946 no hubo mayores altercados.


El 13 de enero de1946 se reunió una asamblea de la colectividad italiana en la capilla, que generó un escándalo. La Comisión Administradora simpatizaba con el párroco, P. Miguel Engleimeir. Los miembros de la colectividad sospechaban que la Comisión intentaba apropiarse de la capilla en connivencia con el sacerdote. Hubo acaloradas discusiones sobre quién debía quedarse con la llave del templo, la dinámica de los hechos determinó que se le sacaran por la fuerza al sacerdote y lo echaran. Los hechos provocaron una polémica periodística a nivel nacional. La celebración del 3 de junio de 1946 se realizó sin la participación del clero y a pesar de las airadas protestas de Mons. Miguel Paternain, obispo de Florida-Melo. Mons. Paternain inició entonces un juicio por la posesión de la capilla. El proceso se dilucidó en 1952 a favor de los propietarios. En ese lapso muchos acontecimientos azuzaron el conflicto. En la prensa local y nacional se planteaban anualmente polémicas entre los voceros católicos y los medios liberales. Por orden del obispo no se realizaba ningún tipo de servicios religiosos en la capilla. Las autoridades eclesiásticas optaron en 1954 por combatir la “devoción rebelde” colocando una imagen de San Cono en la parroquia San José y realizar el 3 de junio una contra-procesión.


En 1960 la situación comenzó a normalizarse cuando asumió la sede episcopal Mons. Huberto Tonna, de ascendencia italiana, quien hizo las paces con la Comisión. A partir de esta "pacificación" la devoción se hizo más popular. San Cono se convirtió en una de las figuras emblemáticas de la religiosidad popular uruguaya. El número de peregrinos que visitan el santuario el 3 de junio de cada año puede calcularse en decenas de miles. En la parte trasera del templo hay un salón con millares de exvotos (trofeos, camisetas deportivas, motocicletas y bicicletas, joyas, relojes, electrodomésticos, más de 100 vestidos de novia, muletas, sables, maquetas de casas, instrumentos musicales) que testimonian la fe de los devotos. El “éxito” de San Cono se debe a su fama de santo terapéutico y de intercesor en los juegos de azar, este elemento lo transformó en un fenómeno único en el contexto del catolicismo popular uruguayo.


Notas

  1. Testimonio oral del Sr. Yamandú Núñez, descendiente directo de la generación fundadora, encargado de la capilla y vinculado al culto durante varias más, registrado a comienzos de la década de 1990
  2. Sanchez, Alejandro y Geymonat, Roger, La búsqueda de lo maravilloso. San Cono y otras devociones populares, Montevideo, 1996. 101
  3. Ibid, 109


Bibliografía

  • BAZZANO, Daniel y otros, Breve visión de la historia de la Iglesia en el Uruguay, Montevideo, 1993;
  • CAETANO, Gerardo y GEYMONAT, Roger, La secularización uruguaya (1859-1919). Catolicismo y privatización de lo religioso, Montevideo, 1997;
  • DA COSTA, Néstor, KERBER, Guillermo y MIERES, Pablo, Creencias y religiones, la religiosidad de los montevideanos al fin del milenio, Montevideo, 1996;
  • DA COSTA, Néstor, Religión y sociedad en el Uruguay del siglo XXI. Un estudio de la religiosidad de Montevideo, Montevideo, 2003;
  • SANCHEZ, Alejandro y GEYMONAT, Roger, La búsqueda de lo maravilloso. San Cono y otras devociones populares, Montevideo, 1996.


TOMÁS SANSÓN CORBO