PLANCARTE Y LABASTIDA JOSÉ ANTONIO; Personalidad y escritos

De Dicionário de História Cultural de la Iglesía en América Latina
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Perfil biográfico

José Antonio Plancarte y Labastida, sacerdote diocesano, XVI abad del santuario de N.S. de Guadalupe en México, restaurador del Santuario, propulsor de la Coronación canónica de la Tilma (lienzo) con la Pintura considerada Milagrosa de la Virgen y promotor del título de Basílica para el antiguo templo mariano, fundador de la Congregación religiosa de las Hijas de María Inmaculada de Guadalupe, formador de sacerdotes, educador y renovador de la vida eclesial en México tiene muchos títulos que lo introducen en la historia eclesiástica y civil de México como una de sus figuras más destacadas y al mismo tiempo más complejas en el último tercio del siglo XIX. De aquí la exigencia de una adecuada comprensión de su problemática como de la maraña de problemas en los que se vio envuelto.

La Fe de Bautismo del P. Plancarte nos da su nombre completo: José Antonio Victorio Eutimio Francisco de Paula Plancarte y Labastida nacido el 23 de diciembre de 1840 en la Ciudad de México y décimo hijo de Francisco Plancarte Arceo y de Gertrudis Labastida y Dávalos, bautizado el día 24 del mismo mes y año. Algunos datos del P. Plancarte a partir de sus propiedades y de su testamento muestran sus orígenes familiares y la posición económica holgada de su familia. De este último aspecto hacen parte 255 documentos (entre 1854 y 1939) recogidos por la Comisión Histórica encargada de su Causa de canonización. Su formación en Oscott (Inglaterra), lo introduce en la cuidadosa contabilidad de los negocios familiares.

Su testamento confirma que era natural y vecino de la Ciudad de México, hijo legítimo de Don Francisco Plancarte y Doña Gertrudis Labastida; nombró como sus albaceas a su sobrino, el obispo Don Francisco Plancarte, al futuro arzobispo de Morelia el Dr. Don Leopoldo Ruiz y al Lic. Manuel María Dávalos. Dispuso que todos sus bienes se dedicasen a conservar los Asilos de huérfanos pobres por él fundados y otras obras de caridad. Dispuso también que su cuerpo se inhumase cristiana y sencillamente. El P. Plancarte no renunció a la vida de los negocios porque eran fuente de recursos para sus numerosas obras de caridad, sin reservarse para él ni un solo centavo. Con su fortuna el P. Plancarte hubiera tenido una vida regalada. Sin embargo, supo vivir austeramente a lo largo de toda su vida, pensando en los demás y sobre todo en la gloria de Dios.

Gracias a su conducta de todo registrar, entre los papeles de la testamentaría se encuentran los documentos más importantes de su vida pública. Por su Diario y por otros escritos suyos es posible reconstruir su vida interior. En su Testamentaría se encuentra el origen y el desarrollo de sus bienes. De hecho, se conservan hasta hoy los procesos notariales del Distrito de Zamora (México), que evidencian la forma en que la familia Plancarte adquirió sus bienes y en el modo cómo el P. Plancarte administró lo que a él le correspondía de manera justa. En la práctica todos sus bienes los empleó en las obras de Dios: obras sociales, fundaciones educativas, para la formación de niñas, niños, jóvenes seminaristas, santuario de Guadalupe, con la coronación de la Virgen, construcción del Templo Expiatorio Nacional de San Felipe de Jesús[1]en la Ciudad de México.

Se volcó totalmente en las obras de Dios y consumó su vida en ello. Desgastaría así su salud, consumida por la gloria de Dios y zarandeada por las envidias que lo acompañaron a lo largo de toda su existencia, sin librarle de ser blanco mordaz de los enemigos de la Iglesia, sobre todo de la feroz masonería mexicana del momento, y de algunos falsos devotos católicos que lo miraron siempre con celos, inventando o creyendo habladurías calumniosas que lo hirieron hasta causarle de disgustos la muerte. El P. Plancarte pasó a la eternidad en una edad joven, casi de improviso. Tenía 58 años (1840-1898), pero su obra ha perdurado hasta hoy en la fecundidad eclesial de las obras que dejó: desde las Hermanas Guadalupanas, las obras educativas, la formación de un nuevo estilo de sacerdotes y de obispos en México –serán sobre todo los que animarán a la Iglesia mexicana a lo largo de los años finales del moribundo Porfiriato y de los años trágicos de la persecución religiosa- y sobre todo su defensa contra viento y marea del Acontecimiento Guadalupano, cuando éste era combatido con saña pertinaz desde fuera por una campaña de feroz virulencia por parte del laicismo masónico, y por dentro, por parte de un sector del clero, incluso en el mismo santuario guadalupano, tibio, infectado por un estilo gris y deslavado. Este marco encuadra la figura de este fiel servidor eclesial de Jesucristo y de acendrada devoción a la Virgen de Guadalupe y lo muestra como una figura que salta los provincialismos, incluso religiosos, para convertirlo en una figura eclesial de amplio respiro.

Su larga Causa de Canonización

Aunque al poco tiempo después de su fallecimiento se pensó en introducir su causa, esta se retrasó debido alas dificultades peculiares que México ha vivido en la primera mitad del s. XX. El 24 de julio de 1915 la Madre Antonia Mayllén, Superiora General Hermanas de María Inmaculada de Guadalupe, se dirigía al P. Félix de Jesús Rougier, fundador de los Misioneros del Espíritu Santo, para aconsejarse sobre la posible introducción de la Causa del P. Plancarte, y él respondía en sentido positivo en 1925, en plena persecución religiosa. Pero sólo en 1996 con la aprobación de la Congregación para las Causas de los Santos se dio inicio el Proceso en la Archidiócesis de México el 26 de abril de aquel año.

Tras una larga y minuciosa investigación'

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La causa se fundamenta en 68 archivos, cuyos resultados fueron recogidos en volúmenes de varios millares de páginas se ha podido presenta la documentación necesaria para tal fin. La primera biografía del P. Plancarte se debe a su sobrino, el Obispo Francisco Plancarte y Navarrete, Antonio Plancarte y Labastida 1840-1898, México 1914 (reeditada por la Editorial Vaticana en 2012). El P. Antonio Plancarte ha sido un escritor fino y fecundo, sobre todo en temas de ascética y mística. Los escritos del P. Plancarte son copiosos: Diario (1856-1883); Discursos (1857-1897); Ejercicios Espirituales, dirigidos a religiosas (1893-1897); Ejercicios Espirituales practicados por el mismo P. Plancarte (1863- 1894); Ejercicios Espirituales dirigidos a religiosas (1891); Examen de Propósitos (1876); Meditaciones (1888-1897); Oraciones; Retiros Espirituales (1897); Reformas (1894-1895); Sermones (1884-1894). Solamente el Diario (1856-1883), en 8 Volúmenes, 11 Tomos y una Agenda (1386 pp.) fue iniciado en 1856 a los 16 años y se concluye en 1883[2]. Sólo los últimos quince años de su vida no están consignados en este Diario. El P. Plancarte señala que ya hacía tiempo que deseaba llevar un diario[3]A través del Diario se puede ver el desarrollo social del México de entonces y las preocupaciones del P. Plancarte. Gracias al Diario se sabe que recibe su educación primaria en Guadalajara y Morelia y que en éste último sitio recibe la Primera Comunión cuando contaba 10 años de edad. Morelia es también la ciudad en la que concluye los estudios primarios[4].

Cuando el P. Plancarte tenía 12 años ingresa al Seminario Tridentino de Morelia, que estaba bajo el rectorado de su tío materno, Pelagio Antonio de Labastida y Dávalos, futuro Arzobispo de México y miembro de la Regencia imperial cuando se instaura el efímero Imperio de Maximiliano de Habsburgo. El Arzobispo Labastida fue para el P. Plancarte: maestro y padre putativo; por esa cercanía será objeto de antipatías y simpatías a lo largo de su vida[5]. En 1885 cuando el joven Antonio Plancarte tenía 15 años de edad murió su padre Francisco Plancarte Arcea[6]. Por ello se traslada a la ciudad de Puebla para ingresar al Seminario Angelopoli-tano y reunirse con su tío Pelagio, preconizado Obispo de Puebla en 1855 y más tarde Arzobispo de México, despidiéndose por vez última de su madre[7].

En Puebla deja el seminario y decide abrazar la carrera de Comercio, apoyado por su hermano mayor José María, que lo manda a Londres para prepararse como administrador de la notable fortuna familiar[8]. En el Diario Antonio Plancarte describe su salida del país con rumbo a Inglaterra vía Cuba, en 1856, en compañía de su tío el Arzobispo Labastida quien había sido expulsado de México[9]. En Oscott (Inglaterra) conocerá al Cardenal Wiseman y traduce al español su novela "Fabiola"; estrecha amistad con el futuro obispo mexicano Ignacio Montes de Oca y Obregón, que lo defenderá en 1895 con motivo de la Coronación de Santa María de Guadalupe y la suspensión de su designación como obispo. También allí despierta su vocación sacerdotal bajo la dirección de los jesuitas y crece en él su vocación mariana[10].

Aprende nuevos métodos educativos, que más tarde intentará poner en práctica en los colegios que funda en Jacona (diócesis de Zamora). Enviado a Roma por los jesuitas, entra en la Academia de Nobles Eclesiásticos (la Institución donde se formaban los diplomáticos de la Iglesia) y es formado sacerdotalmente por los jesuitas en la restaurada Universidad Gregoriana. Será ordenado sacerdote en Tivoli con las cartas dimisorias de su tío el Arzobispo de México con la incardinación en esta diócesis de México. Tras su ordenación viaja a Tierra Santa[11]. Vuelto a México, ejercitará su ministerio sacerdotal durante los primeros 15 años en la diócesis de Zamora, tierra natal de su familia.

Ante la situación penosa de un clero que en México naufragaba frecuentemente en la ignorancia, se propone su restauración y por ello proyecta un plan educativo vocacional que vaya a la raíz de una formación deficiente. Por ello comienza llevando a Roma a un grupo de adolescentes para encaminarlos hacia la vida sacerdotal[12]. Varios de ellos llegaron a ser obispos en los periodos más trágicos de la historia de México.

El Diario permite seguir los pasos de la fundación de la congregación de las Hijas de María Inmaculada de Guadalupe y sus dificultades, sobre todo con la autoridad eclesiástica local, y con los padres de dos de las primeras “Congregantes” que en nombre de una “patria potestad”, mal entendida, trasnochada y autoritaria quisieron llevárselas a sus casas, con el fin de aprovecharse de unos beneficios económicos, claramente injustos. La triste situación llegará a límites increíbles desde el punto de vista jurídico, donde se ve implicado incluso el obispo diocesano con una actuación jurídica injustificada. El asunto acarreará mil graves disgustos al joven sacerdote y dará lugar a torcidas interpretaciones, recursos legales sin base jurídica alguna, precisamente en un Estado que se proclamaba liberal, y a bajas calumnias[13]. El Diario refleja los problemas jurídicos, educativos y materiales de aquella primera fundación en Jacona, base del futuro instituto de religiosas Hijas de María Inmaculada de Guadalupe.

A causa de aquellos conflictos es depuesto por el obispo de Zamora, a cuya jurisdicción pertenecía Jacona, de su misión de párroco de Jacona, de manera imprevista y sin justificación alguna. Por todo ello, el joven sacerdote se ve obligado a acudir a su tío materno y protector, el arzobispo de México, que lo acoge en su diócesis, a la que pertenecía por incardinación, y le confía varios encargos delicados, acompañado siempre por las envidias, celos y habladurías de quienes acumulaban celos y rencillas crecientes contra el tío arzobispo y el sobrino sacerdote, formado en Roma. El arzobispo le encarga la preparación y reforma de la Colegiata de Guadalupe, en un estado decadente en vistas a la hipotética coronación canónica de la Virgen de Guadalupe (18886-1895), así como la construcción de un templo Nacional Expiatorio dedicado al primer santo canonizado mexicano, San Felipe de Jesús, para la adoración perpetua del Santísimo Sacramento (1885-1897).

El sucesor de su tío, el arzobispo Alarcón solicita el 2 de abril de 1895 del papa León XIII el nombramiento del P. Plancarte como Abad de la Colegiata de Guadalupe, la primera del Continente americano y con su Santuario más venerado, tomando posesión del cargo el 8 de septiembre sucesivo. En el asunto de la Coronación canónica de la Imagen de la Virgen de Guadalupe el P. Plancarte tendrá un papel fundamental. La Coronación se efectúa de manera solemne el 12 de octubre de 1885.

Con la dignidad de Abad se quería nombrar al P. Plancarte también Obispo titular de Constancia; su consagración fue suspendida, aunque el Breve de nombramiento estaba preparado. El motivo fue debido a informes contrarios del Obispo de Zamora, Mons. Cázares, y quizás sumados a alguno que otro oponente que conservaba viejas envidias; el informe, adverso e indeterminado, fue enviado a Roma junto con otras informaciones por el Visitador Apostólico Nicolò Averardi, recién llegado a México (22 de marzo de 1886) para tratar un posible arreglo de modus vivendi o de relaciones entre la Santa Sede con el gobierno del presidente Porfirio Díaz, asunto que nunca llegó ni siquiera a discutirse. Averardi se encuentra con el problema del nombramiento del P. Plancarte y trata de informarse del caso. En tal información negativa del Obispo Cázares se acusaba al P. Plancarte de hipotéticos discutibles comportamientos, nunca hechos públicos ni probados, cuando trabajaba en Jacona 25 años antes cuando comienza la fundación de los colegios que darán luego lugar al Instituto de las Hijas de María Inmaculada de Guadalupe. La consagración fue suspendida, en medio de diatribas y libelos, en buena parte fomentados por la prensa masónica. El mismo P. Plancarte, tras aconsejarse con algunos obispos amigos, opta por renunciar al nombramiento, comunicándolo al Papa y por carta a algunos obispos amigos, el 10 de mayo de 1896. El P. Plancarte continúa promoviendo la obra de las Hermanas por él fundadas, a pesar de una salud siempre más débil. Morirá el 26 de abril de 1898 en la ciudad de México, con fama de santidad, incluso entre algunos de sus antiguos opositores, en el lecho de una pesada cruz física y moral.

Escritos


1) Diario (1856-1883).
2. Discursos: Son 8 (años 1873, 1875, 1876, 1877, 1878 y tres sin fecha). Estos discursos tratan temas variados: el influjo y la misión de la mujer en la vida familiar y social; la educación de la juventud pobre y de la mujer[14]. El P Plancarte trabajaba entonces en Jacona (Michoacán) como educador, fundador y párroco; es entonces cuando lleva 15 alumnos a Roma. En Roma consigue el título de Misionero Apostólico y presenta a Pío IX su proyecto de fundación de la Congregación Religiosa de Hijas de María Inmaculada de Guadalupe (HMIG). Por la naturaleza de los discursos se ve su propósito de fundar escuelas en México ante la radical secularización laicista de la enseñanza, promovida por una masonería militante y detentora del poder.
3. Ejercicios Espirituales: corresponden al modelo ignaciano. En los años 1893, 1894, 1896 y 1897, el P. Plancarte dirige 5 tandas de ejercicios espirituales a sus religiosas HMIG. Son sus últimos años de vida, empeñado en las obras de renovación de la Basílica de Guadalupe y previos a la Coronación de Santa María de Guadalupe, en 1895. Los años siguientes de 1896 y 1897 serán años llenos de dificultades y en los que naufraga el propósito de su elección al episcopado[15]. Se conservan también varios Manuscritos suyos que reflejan su vida espiritual como: 1) Examen de propósitos (s.f., probablemente de 1876).
4. Meditaciones (40: que corresponden a los años de 1888 a 1897; en este último periodo se encontraba empeñado en la remodelación del Santuario de Guadalupe, en preparar la Coronación de Sta. María de Guadalupe, en la construcción del Templo Expiatorio Nacional de San Felipe de Jesús y en el desarrollo de su Congregación religiosa HMIG[16].
5. Oraciones: Manuscritos con cinco oraciones a San Felipe de Jesús (primer santo mexicano, mártir canonizado por Pío IX en aquellos años), escritas en 1897 cuando estaba a punto de consagrarse el Templo Expiatorio Nacional de San Felipe de Jesús ; a San Antonio de Padua, San Luis Gonzaga y Santa María de Guadalupe con motivo de la Coronación en octubre de 1895[17].
6. Retiros Espirituales: Dos del 1897 a las HMIG[18].
7. Reformas: 13 pláticas a las HMIG. Reflejan el estado de ánimo del P. Plancarte en aquellos arduos momentos de su vida (1894-1895). Usa con frecuencia “cinco palabras [que] encierran las obligaciones de la vida religiosa: amar, combatir, sufrir, orar, obedecer”[19].
8. Sermones: El primero es del 8 de marzo de 1875 cuando era párroco de Jacona y se encontraba empeñado en la fundación de escuelas; el último es del 2 de agosto de 1894 y preparaba la restauración de la Basílica y la Coronación de Santa María de Guadalupe[20].
9. Ejercicios espirituales practicados por el P. Plancarte: Se conservan referencias concretas de 27 Ejercicios Espirituales, en casa del que fuera secretario del Canónigo Munguía, autor de 2 Tomos de Crónicas de las HMIG. Se encontraron en 1994, los apuntes de los Ejercicios practicados por el P. Plancarte en los años 1863, 1869, 1872, 1877, 1878, 1883, 1888 y 1894. Algunos los practicó en Roma[21].
10. Reglamentos. Se trata de los siguientes: Reglamento del Colegio de la Purísima Concepción de Jacona, Mich. Sin fecha; Reglas que deberán seguir los superiores y maestros del Colegio de San Luis Gonzaga de Jacona. Sin fecha; Reglamentos que deberán seguir los superiores y maestros del Colegio Clerical de San Joaquín. Sin fecha; Reglas particulares para los alumnos del Colegio Latino Americano en Roma; Reglamento de las externas del asilo San Antonio, Jacona, Mich., (8.II.1876); Reglamentos del Ferrocarril de Tracción entre Zamora y Jacona; Reglas de la Academia Eclesiástica de Nobles[22].
11. Escritos Escolares[23]: por ellos se conoce el estilo de la formación académica del P. Plancarte[24].
12. Correspondencia emitida: Se trata de 3887 cartas[25]. Entre ellas hay que señalar las de carácter administrativo que muestran cómo llevaba escrupulosamente la economía. En la correspondencia se ven sus reacciones frente a los problemas con el Obispo Cázares, en Zamora, y luego en México como Abad de Guadalupe. La correspondencia con Victoriano Agüeros, director del periódico El Tiempo, es una crónica de la Coronación de Nuestra Señora de Guadalupe[26]. En la carta al padre jesuita Anticoli se conocen pormenores del conflicto Guadalupano y las intervenciones del P. Plancarte[27].

Tienen también especial importancia sus cartas sobre la historicidad del Acontecimiento Guadalupano mordazmente combatida de manera incluso soez y sin ninguna base histórica, por la masonería mexicana de entonces y los radicales anticatólicos. Un ejemplo es la carta del P. Plancarte (5.IX.1895) al Pbro. Gavino Chávez, importante promotor de la Coronación[28]. En las de los años 1894 y 1895 dirigidas al Pbro. Rafael Calderón, a Ramón Calderón hijo y a Ramón Calderón padre, se evidencia la relación que mantuvo con la familia de la futura religiosa Concepción Calderón, causa años antes de interminables conflictos judiciales, eclesiásticos y civiles[29]. Son importantes las cartas a su tío el Arzobispo de México, Pelagio Antonio de Labastida y Dávalos. El Arzobispo aprueba en la Arquidiócesis la Congregación fundada por el P. Plancarte, las HMIG, llamadas así partir del 19 de septiembre de 1885[30]. También las cartas (más de 75) a su sobrino Francisco Plancarte y Navarrete, consagrado Obispo de Campeche en el mismo tiempo que el P. Plancarte debía haber sido Consagrado Obispo titular de Constancia, entre 1896 a 1898 dan a conocer muchas penosas situaciones por las que el P. Plancarte pasaba[31]. Este sobrino, una vez obispo, y tras la muerte del tío, escribirá la primera biografía del P. Plancarte. Otro núcleo de su correspondencia son 681 cartas conservadas, a las religiosas HMIG[32].

13. Negocios en Roma: Se conservan 61 cartas escritas entre 1885 y 1897 dirigidas a varias personalidades de Roma y que tratan asuntos relacionados con las dificultades en las que se vio envuelto. Así las cartas a Enrique Angelini, “cónsul” (representante oficioso de los obispos mexicanos) ante la Santa Sede[33]; en las cartas de 1895 puede constatarse que el P. Plancarte tenía noticias que recibiría su nombramiento como Abad de Guadalupe y Obispo titular: "Anoche recibí su muy grata 29 de junio, y acabo de hacer la Protesta de Fe, que en este mismo correo será remitida al Cardenal Rampolla. Supongo que en llegando ésta a Roma, las dos Bulas serán remitidas inmediatamente. El día que las remita Ud. (tanto las de Abad como las de Obispo) póngame un cablegrama tal como el que me puso, pero en vez de Toncho pone el Título del Obispado “in partibus” que me hayan dado[34].
14. Correspondencia a la Santa Sede y a obispos: (431 cartas). Esta abundancia se explica por su responsabilidad como "colector de limosnas" para la Restauración de la Colegiata de Gua-dalupe y por los conflictos en los que se vio envuelto. Algunas de estas cartas reflejan situaciones complejas en la historia eclesial mexicana. El P. Plancarte presentaría su renuncia al entonces Vicario Capitular Dr. Alarcón de los oficios recibidos de su difunto tío el arzobispo Labastida, renuncia que el V.C. no aceptó[35]; también hay una carta suya del 28.VIII.1895, sobre la suspensión de su consagración episcopal y en la que defiende su inocencia: “ante los tribunales civiles y Eccos., jamás mis gratuitos enemigos [sic] nunca han podido probar sus calumnias y con la gracia de Dios he salido siempre inocente y glorioso”[36]. En el mismo tono escribe al Visitador Apostólico Nicolò Averardi, (3.V.1896). Por esta carta se sabe que el 5 de noviembre de 1895, escribió también al Secretario de Estado Vaticano, Cardenal Rampolla en el mismo tono de defensa[37].
15. Polémica correspondencia entre el P. Plancarte y el Obispo de Zamora, José María Cázares y Martínez. No fue pacífica por ambas partes. Los problemas, comenzados muy pronto en Jacona, ahondaban en parte sus raíces, por los métodos educativos del P. Plancarte, considerados demasiado liberales para el México de la época. Algunos piensan también que en el clero de Zamora pesaba la figura del Arzobispo de México, Labastida y Dávalos, oriundo de la región y tío del P. Plancarte. Estas situaciones incomodaban al Obispo Cázares y repercutieron en las relaciones entre Mons. Cázares y el P. Plancarte. Otros piensan también que había habido de por medio fuertes cuestiones económicas, como el uso del legado testamentario del arzobispo de Morelia Clemente de Jesús Munguía, dejado al P. Plancarte, y que el Obispo pretendía administrar.

El P. Plancarte trabajó en Jacona 15 años como párroco, hasta que Mons. Cázares lo destituye (24 de abril de 1882). ¿Se saben los motivos que impulsaron al Obispo a tomar esta decisión? El asunto nunca se ha sabido con precisión, pero no es de extrañar un comportamiento extraño por parte del Obispo, y que demostrará luego en circunstancias muy polémicas con uno de sus sacerdotes, hoy canonizado, San Rafael Guizar y Valencia, y luego con su obispo coadjutor Mons. Fernández, que debió dimitir por serle imposible –parece ser- una difícil convivencia. Será nombrado por la Santa Sede Abad de la Colegiata de Guadalupe. En una carta del día siguiente a su cese como párroco, el P. Plancarte expresa sus sentimientos sobre aquella decisión (inesperada para él): “Ayer a las oraciones de la noche recibí el oficio de V. S. I. fecha 24 del corriente, por el cual me manda entregar el Curato que está a mi cargo hace quince años, al Sr. Dr. Mora [uno de sus antiguos alumnos y futuro obispo] por no ser necesarios mis servicios. Al momento entregué al Dr. Mora el oficio que para él me mandaron y me dijo que hoy contestaría. Yo por mi parte quedo conforme con la Superior determinación que se me comunica y sólo ruego y suplico a V.S.I. humildemente, se digne nombrar para sustituirme a cualquier eclesiástico que no sea de los del Colegio de S. Luis [proyecto suyo de pequeño seminario], porque éstos son indispensables para el cumplimiento de los deberes que hemos contraído ante Dios y la Sociedad y para los cuales contamos con el Superior consentimiento de V.S.I. Cualquiera que venga será bien recibido por nosotros y lo seremos como es debido"[38].

¿Con cuáles sentimientos deja el P. Plancarte de Jacona? Tres años antes de su muerte, a dos para la Ceremonia de Coronación de N. S. de Guadalupe, a la que no asistirá el Obispo Cázares, dando como disculpa de que estaba enfermo, el P. Plancarte en una carta al mismo (8.VIII.1895) lo invita a viajar a México, hospedarle y consultar a un médico, y añade, que no faltará “ningún Obispo de los que están en el país, [por lo que si Ud. faltase] lo cual interpretarían torcidamente los enemigos de la Aparición de la Sma. Virgen. En enero le insté mucho a V. S. Ilma. para que viniera a México, y le ofrecí muy sinceramente mi casa. Hoy con más razón le repito la oferta, lo insto, le ruego y le suplico la acepte. […]. En la casa hay toda la comodidad e independencia para que V. S. Ilma. pueda vivir contento y tranquilo. Si no quiere V. S. Ilma. aceptar mi casa, le buscaré una en México, donde pueda estar con toda comodidad"[39]. La Coronación canónica tuvo lugar el 12 de octubre de 1895 sin la presencia de Mons. Cázares; el P. Plancarte se había quedado sólo en Abad de Guadalupe, pues la de Obispo de Constancia había sido suspendida por las informaciones de Mons. Cázares, apoyadas –al menos esto da a entender su comportamiento- también por el Visitador Apostólico Mons. Averardi.

16. Correspondencia recibida (más de 9000 cartas)[40]. Buena parte gira en relación con los arreglos de la Colegiata y los problemas financieros, con la ceremonia de Coronación, el nombramiento episcopal del P. Plancarte, la suspensión de la misma y la renuncia formal del candidato. En ella son de señalar:

a) Las cartas del Visitador Apostólico Mons. Averardi (importante la carta del 27 de julio de 1896 donde se refiere a la renuncia al episcopado del P. Plancarte y los términos en que fue aceptada[41].

b) La correspondencia del Arzobispo de México Próspero Alarcón por la que se conoce que por petición del P. Plancarte se revisaron las cuentas del Santuario Guadalupano y la felicitación con que se le reconoció tal realización; tras la ceremonia de Coronación, el P. Plancarte había tomado posesión de la dignidad de Abad, pero se había suspendido su consagración episcopal[42].

c) La correspondencia del Arzobispo de México, Labastida y Dávalos, desde el 31 de agosto de 1856 hasta el 14 de enero de 1891. El 4 de febrero del mismo año, moría el Arzobispo Labastida[43]. Un asunto polémico fue una fotografía de la Imagen, tomada por el fotógrafo Manuel Buenabad en que apareció la Imagen sin corona (22.II.1887); la desaparición de la corona fue imputada al P. Plancarte con el apoyo del pintor Salomé Pina, e inclusive este hecho se consideró entonces como otra causa para que el P. Plancarte no fuese consagrado obispo (motivación cuya falsedad está demostrada). Una carta del Arzobispo Labastida (15.II.1887), siete días antes que se tomara la discutida fotografía habla de la Imagen de Guadalupe sin corona[44]. La carta pues, prueba que el P. Plancarte, estuvo enterado, pero no fue responsable en el asunto de este debate fabricado por algunos sectores anticoronación y antiaparicionistas.

d) Una persona importante en la vida del Padre Plancarte fue el futuro arzobispo Dr. José Mora del Río. El P. Plancarte contribuyó a su formación sacerdotal en Roma, y cuando regresó a Michoacán fue profesor en el Colegio de San Luis Gonzaga y testigo presencial de las dificultades del P. Plancarte en Jacona; tiempo después el P. Plancarte propuso al Dr. Mora como secretario de su tío el Arzobispo de México Labastida. En 1895, Mora y del Río era Obispo de Tehuantepec, y más tarde será arzobispo de México. Por estos antecedentes es importante la carta que dirigió al Abad Planearte (27.II.1896)[45].

e) La correspondencia del sobrino del P. Plancarte Francisco Plancarte y Navarrete que tramitó el “Nuevo Oficio” con motivo de la Coronación de Sta. María de Guadalupe y recibirá en Roma la consagración episcopal en 1896; desde donde escribe al P. Plancarte sobre la suspensión de su consagración episcopal: “…Que la primera acusación viene de las márgenes del Celio [una de las colinas de Roma] y se refiere a la cuestión de Doña María [Concepción], viniendo firmada por el principal protagonista. La 2a. ¡quien lo creyera! es nada menos que la desaparición de la Corona y también viene firmada por una +, no hemos podido saber de dónde, pero yo sospecho que sea de la tierra de la sal”[46]. En otras (9.II.1896 y16.II.1896) el sobrino, ya obispo, habla de una entrevista con Mons. Averardi donde confirma sus sospechas sobre los problemas, dicerías calumniosas, fruto de envidias y malentendidos sufridos por el P. Plancarte[47].


f) Monseñor Leopoldo Ruiz y Flores futuro arzobispo de Morelia y Delegado Apostólico “ad referéndum” en el conflicto Cristero (1929), sacerdote formado por el P. Plancarte, escribe al P. Plancarte (22.VII.1895), que conocía su destino como Abad de Guadalupe y el P. Plancarte le había invitado a colaborar en la Colegiata. Ruiz y Flores conocía los problemas del P. Plancarte con algunos de los miembros del Cabildo Guadalupano por las obras de la Colegiata. Por él se puede conocer también cómo había sido la entrevista de Mons. Averardi con el Obispo Cázares y también cual era la opinión que Ruiz y Flores tenía del Obispo Cázares y de toda esta confusa situación llena de contradicciones y prejuicios por parte de los adversarios del P. Plancarte[48].

g) En su correspondencia el jesuita Filippo Sottovia Rector del C. Pío Latino-Americanode Roma, apoya al P. Plancarte en sus reivindicaciones de inocencia[49].

17. Correspondencia Referente (más de 230 cartas de diferentes personalidades). De ellas destaca una del Obispo de Chiapas Francisco Orozco y Jiménez [otro de los formados por el P. Plancarte, y futuro arzobispo de Guadalajara] (12.II.1911) al Obispo entonces de Cuernavaca Francisco Plancarte [sobrino del P. Plancarte], en la que escribe: “…te diré que en una conversación íntima y de confianza que tuve con el Sr. Prebendado D. Leandro Valencia en Zamora, hace unos dos meses me refirió que el Sr. Cázares, en sus últimos años de vida, que fueron todos de desengaños y amarguras, hizo uso de suma confianza con el Sr. Valencia, que era su Secretario de la Sagrada Mitra, y persona que goza en Zamora fama de virtud y santidad, declarándole entre otras cosas, que sufría sumo remordimiento: angustias por la actitud hostil que hasta lo último había desplegado contra el P. Plancarte, pero que sentía que todo esto ya no tuviera remedio y fuera ya demasiado tarde quererlo procurar…"[50].

18. Hemeroteca: Prensa mexicana del Siglo XIX (laica y religiosa): 898 periódicos desde 1855 hasta 1995. Aquellos hasta su muerte en 1898 ofrecen un panorama contextual de la vida político-religioso en México durante la segunda mitad del siglo XIX. Hablan del P. Plancarte, especialmente durante las disputas por la remodelación de la Colegiata, de su designación como Abad, su nombramiento como Obispo y la suspensión de la consagración y de la [imaginada] desaparición pictórica de la Corona de la Virgen y de la obra de restauración muy discutida por algunos de la Colegiata. Entre 1896 y 1898 la prensa no creyente e incluso alguna católica criticaron fuertemente al P. Plancarte y al Visitador Apostólico Mons. Averardi.

19. Cronología documentada: Identidad, Vida, Obra y Obstáculos (miscelánea de unos de 680 documentos civiles y eclesiásticos (1823-1998) en orden cronológico, que junto con los “Escritos” facilitan la reconstrucción de la vida del P. Plancarte. También contiene referencias documentales sobre el P. Plancarte en sus diversas etapas (calificaciones, certificados de estudios en Oscott, Academia de Nobles Eclesiásticos de Roma, P. U. Gregoriana, certificados de ministerios y ordenaciones subdiaconal, diaconal y sacerdotal[51],

Nombramientos: Cura Párroco de Jacona: 16.V.1867; Canónigo del Cabildo de Zamora (que rechazó por consejo de su tío Labastida, Arzobispo de México); actas de las primeras “Congregantes” del futuro Instituto por él fundado (1871-1872); misionero apostólico de P.F. (1876); aprobación Diocesana del Reglamento de la Congregación Religiosa de Hijas de María Inmaculada (15.IV.1879) por el Obispo de Zamora Don José María Cázares y Martínez; cese como párroco de Jacona (24.IV.1882); iniciativa de la construcción del Templo Expiatorio de San Felipe de Jesús también como Socio Fundador de la Obra de la Expiación Nacional en Londres ( 29.VII.1884 firmado por el promotor P. Kenelm Vaughan); nombramiento de Rector del Colegio Clerical de San Joaquín (12.IX.1885, hasta 1892); aprobación canónica en la Arquidiócesis de México de la de la Congregación con el nombre de Hijas de María Inmaculada de Guadalupe (19.IX.1885); preparación de la Coronación Pontificia de la Imagen de N. S. de Guadalupe (8.XI.1886); miembro de varias asociaciones sacerdotales; cargos que desempeñaba a la muerte de su tío el arzobispo de México (4.II.1891), confirmados por el nuevo Arzobispo electo Próspero María Alarcón[52]nombramiento por León XIII como Abad de Guadalupe (8.IX.1895); Breve de León XIII (17.IX.1895) con su nombramiento episcopal, pero retenido en Roma tras algunas “animadversiones”, especialmente del Obispo Cázares de Zamora quien denuncia una supuesta conducta discutible del P. Plancarte de 15 años antes con una Congregante, sin nombrarla y miembro de la comunidad formada en Jacona y con responsabilidad de formadora de novicias en el tiempo de la denuncia; Acta de la Coronación Pontificia de Sta. María de Guadalupe (12.X.1895); aclaración por parte del Cabildo guadalupano sobre las acusaciones de malversación de fondos para la renovación de la Basílica (1.III.1896); Decretum Laudis de la S. Sede a la Congregación de Hijas de María Inmaculada de Guadalupe (22.V.1896); Acta de Defunción del P. Plancarte, ocurrida el 26.IV.1898.

El P. Plancarte como Fundador

Se presenta la documentación desde las actas de las primeras “congregantes” (las miembros del nuevo Instituto religioso en ciernes), de una Asociación Mariana (1871), el Reglamento y Ceremonial donde se expone la naturaleza y finalidad de la Congregación (21.III.1879) ante el Obispo de Zamora suplicándole su aprobación[53]. Aprobación del Obispo de Zamora Mons. Cázares (15.IV.1879)[54]solicitud de aprobación (20.VI.1885) al Arzobispo de México[55]. Por el texto de la petición se sabe que para entonces la Congregación contaba con 33 miembros; poseían en Jacona un colegio de niñas y un asilo de huérfanas y en la Arquidiócesis de México atendían 3 pequeños colegios y una escuela en Tacuba. En 1894 el P. Plancarte busca la aprobación pontificia de la Congregación[56]y se expone naturaleza, fin y bienes sobre los que se sustenta. La nueva congregación contaba entonces ya con 58 Profesas, 27 Novicias y 5 Postulantes; hay que notar que se decía explícitamente que las “religiosas” no tenían que salir de México y que ello explicaba también su crecimiento numérico, y “porque este género de Asociaciones es completamente nuevo e inusitado en el País". El lenguaje es todavía impreciso en relación a los “Nuevos Institutos” de V.R. que entonces comenzaban a ser aprobados[57]también presenta varias cartas laudatorias de Obispos. Faltaba la del Obispo de Zamora, Mons. Cáceres considerada necesaria en la Solicitud de Apro-bación Pontificia, por lo cual el sobrino del P. Plancarte, Francisco Plancarte y Navarrete, ya Obispo de Campeche, solicitó a León XIII (20.III. 1894) la dispensa de esa carta comendaticia, lo que fue concedido tal como lo hizo saber el Obispo Plancarte y Navarrete al Cardenal Isidro Verga (26.III.1896)[58]. El P. Plancarte escribe a su sobrino (17.IV.1892) para que tramitara la Aprobación de las Constituciones de la Congregación. La última fundación (11.IV.1898) hecha por el P. Plancarte fue en Izamal ( Yucatán) un colegio dedicado a N. S. de Izamal, patrona de Yucatán; morirá 15 días después.

NOTAS

Las siglas de las notas se refieren a las fuentes citadas en las dos Positiones señaladas en la Bibliografía.

  1. S.E.E., Vol. 1.2, V Oraciones, pp. 3-6.
  2. Fue iniciado el 3 de octubre de 1856, aunque aparece formulado el día 10 de enero. El Autor registra los aspectos que considera más importantes de los meses precedentes.
  3. S.E.E. [Serie Escritos Espirituales], ID, Vol. 1, T. 1, p. 1.
  4. S.E.E., ID, Vol. 4, T. VII-2, p. 90.
  5. S.E.E., ID, Vol. 1, T.I, pp. 22-24.
  6. S.E.E., ID, Vol. 1, T.V, pp. 31-32.
  7. S.E.E., ID, Vol. 1, T. l, p. 12.
  8. S.E.E., ID, Vol. 1, T.II, pp. 33- 36.
  9. S.E.E., ID, Vol. I,T.III, pp. 5-6.
  10. S.E.E., I D, Vol. 2, T. VI, p. 64.
  11. S.E.E., ID, Vol. 2, T.VI, p. 72.
  12. S.E.E., ID, Vol. 4,T.VII-2, pp. 164-166.
  13. S.E.E., I D,Vol. 7, T.VIII-2, p. 66.
  14. S.E.E., Vol. 1.1, II Discursos.
  15. S.E.E., Vol. 1.1,111 Ejer. Esp., p. 8.
  16. S.E.E., Vol. 1.2, IV Meditaciones, pp. 56-80.
  17. S.E.E., Vol. 1.2, V Oraciones, pp. 8 y 10.
  18. S.E.E., Vol. 1.2,VI, Retiros Esp., p. 10.
  19. S.E.E., Vol. 1.2, VII Reformas, pp. 20-22 y pp. 31-32.
  20. S.E.E., Vol. 1.2,VIII Sermones, pp. 14-21.
  21. Cf. Dictamen de la C.H, Positio, pp. 788-794; S.E.E., Vol. 1, Extemp., III-A, Ejerc. Esp., p. 16
  22. Cf. Dictamen C.H. Y A., Mexicana, Beatificationis SD Iosephi Antonii Plancarte Y Labastida, Positio super vita, virtutibus et fama sanctitatis, Romae 2013, pp. 794-797.
  23. Cf. Dictamen C.H. Y A., Positio, Ibídem, pp. 796-797.
  24. S. Escritos Escolares, Vol. 5, pp. 1-15.
  25. Cf. Dictamen C.H. Y A., Positio, Ibídem, pp. 797-821.
  26. S.C.E., Vol. 1, II AA, pp. 28-37.
  27. S.C.E., Vol. 1, II A.A, p. 46.
  28. S.C.E., Vol. 1, II A.A., p. 120.
  29. S.C.E., Vol. 1, I1, A.A., pp. 69-76.
  30. S.C.E., Vol. 4, VI A.F., p. 133.
  31. S.C.E. Vol. 5, VI A.F., pp. 45-147.
  32. S.C.E., III A.C., 6 Vols.
  33. Cecilia Adriana Bautista García, La búsqueda de un concordato entre México y la Santa Sede a fines del siglo XIX. Estudios de historia moderna y contemporánea de México, 44, julio-diciembre 2012, pp. 93-136.
  34. 18.VII.1895: en S.C.E., Vol. 1, VIII Negocios en Roma, p. 38.
  35. S.C.E., Vol. 1, IX-X P.C.A.O; O.E., p. 4; Dictamen de la C.H.y A., Positio, p. 802-803
  36. Cf. Positio, Ibídem, p. 803, y en: S.C.E., Vol. 1, IX-X P.C.A.O;O.E., p. 27.
  37. S.C.E., Vol. 1, IX-X P.C.A.O;O.E., pp. 118-119.
  38. S.C.E., Vol. 2, IX-X P.C.A.O; O.E., p. 75.
  39. S.C.E., Vol. 2, IX-X P.C.A.O;O.E., p. 78.
  40. C.H. Y A. y A, Positio, Ibidem, pp. 806-821
  41. Ivi, p. 807; S.C.R., Vol. 4,"A", p. 973.
  42. Ivi, pp. 807-808; C.R.,Vol. 1, "A",95; S.C.R., Vol. 1 "A", p. 96.
  43. Cf. ivi, pp. 808-814; S.C.R., Vol. 1 "K,L,LL", p. 97; S.C.R., Vol. 1 "K,L,LL", pp. 99-443.
  44. S.C.R., Vol. 2 "K,L,LL", pp. 495-496.
  45. S.C.R.,Vol. 6 "M", pp. 1653-1654.
  46. S.C.R., Vol. 7 "P", pp. 2034- 2035.
  47. S.C.R., Vol. 7 "P", pp. 2037-2044.
  48. S.C.R.,Vol. 2 "Q.R", pp. 511-513 y p. 564.
  49. Cartas del 5.VII.1895: S.C.R,Vol. 3 "S", p. 778; del 7.VIII.1895: S.C.R., Vol. 3 "S", pp. 780-781; del 14.XII.1895, en la que informa al P. Plancarte sobre la opinión del Cardenal Rampolla: S.C.R., Vol. 3 "S", pp. 786-787.
  50. C.Ref.,Vol. 3, Doc.108.
  51. S.C.D., Vol. 2, Docto. 162.
  52. S.C.D., Vol. 5, Doc. 419;.
  53. MS: 19.II.1877) (S. Fund. y Aprob., Vol. 1, Doc. 2.
  54. S. Fund. y Aprob., Vol. 1, Doc.4;.
  55. S. Fund. y Aprob., Vol. 1, Doc. 9.
  56. S. Fund. y Aprob., Vol. 2, Doc. 17.
  57. S. Fund. y Aprob., Vol. 2, Doc. 17; copia de 1894 de “Regole Delle Figlie Di Maria Immacolata Di Guadalupe, imprimidas en Roma;
  58. Ibidem, Doc. 43.

FUENTES Y BIBLIOGRAFÍA

- Congregatio de Causis Sanctorum, Mexicana, Beatificationis SD Iosephi Antonii Plancarte Y Labastida, Positio super vita, virtutibus et fama sanctitatis, Romae 2013. En ella se encuentran las numerosas referencias de fuentes y bibliografía (Archivos y Bibliotecas) y una Bibliografía Documentada, cap. VIII, pp. 763-771.

- Congregatio de Causis Sanctorum, Mexicana, Beatificationis SD Iosephi Antonii Plancarte Y Labastida, Sacerdotis Diocesani, XIV Abbatis Collegiatae B.Mariae Virginis a Guadalupe, Fundatoris Instituti Sororum Mariae Immaculatae de Guadalupe (1840-1898) Positio Adiuncta Cum Quaestionibus selectis, Romae 2017.

- Francisco Plancarte y Navarrete, arzobispo de Linares, Antonio Plancarte y Labastida 1840-1898, 2 t., México 1914 (reeditada por la Editorial Vaticana en 2012).

- José Guadalupe Treviño, MSpS, Antonio Plancarte y Labastida. Abad de Guadalupe, su vida, sus obras, sus pruebas. Ed. Administración de la Cruz, México 1939 y 19482

- Aureliano Tapia y Méndez, José Antonio Labastida, Profeta y mártir. Editorial Jus, S.A., México 1973, 19862, 20043.

- Crónica de la Congregación de las Hijas de María Inmaculada de Guadalupe, 5 tomos, 1867-1984.

- Álbumes de Aniversario: 1923, 1940, 1948,1998: con una abundante miscelánea de artículos.

- Memorias del I Congreso Internacional Plancartino…15-16 de enero de 2016. Plancarte como Apóstol de la Misericordia, Basílica de Guadalupe 2016.


FIDEL GONZÁLEZ FERNÁNDEZ