JUNTA APOSTÓLICA DE 1524; Catequesis y sacramentos

De Dicionário de História Cultural de la Iglesía en América Latina
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CONTEXTO HISTORICO

Con la llegada de los Doce Apóstoles Franciscanos o de los Doce se inicia metódicamente la evangelización de la Nueva España.[1]El grupo de franciscanos desembarcó en San Juan de Ulúa el 13 o 14 de mayo de 1524; pasaron por Tlaxcala,[2]y llegaron a la ciudad de México el 17 ó 18 de Junio.

"Al tiempo que llegaron a esta ciudad, el illustríssimo Governador Don Hernando Cortés (que a la sazón estava en ella) los salió a recebir con mucho número de españoles y de principales yndios y apeado del cavallo se arrodilló delante del que venía por prelado (que se llamava fray Martín de Valencia) y le demandó la mano, de lo qual en gran manera se edificaron los yndios y cobraron gran respeto a los dichos religiosos. Luego los dichos religiosos dieron relación al Illustríssimo Señor Governador de la causa de su venida y le mostraron todos los despachos que trayan así del Pontífice como del Emperador, a lo qual él obedeció y favoreció como cristianíssimo y obediente hijo de la Iglesia Romana y leal cavallero a su Príncipe.

Por espacio de algunos días el Illustríssimo Governador regaló y recreó a los dichos religiosos, que venían flacos y algunos dellos mal dispuestos, ansí del largo viaje de la mar como del trabaxoso camino de la tierra. En estos días los conversó y conoció y los tomó gran afection, viendo en sus palabras y obras que eran grandes siervos de Dios".[3]

Quince días más tarde, los 17 ó 18 franciscanos entonces residentes en México se reúnen en capítulo, eligen custodio a fray Martín de Valencia y determinan dividirse las zonas de trabajo: cinco trabajarían en México y los demás se repartirían, de cuatro en cuatro, por Texcoco, Tlaxcala y Huejotzingo.[4]

Ese mismo año tuvo lugar la primera JUNTA, que algunos prefieren llamar «apostólica» y no «eclesiástica», dado que no estuvo presente ningún obispo. Fray Martín de Valencia presidió la Junta, estuvo presente Hernán Cortés y, según Lorenzana, participaron en ella, además del grupo de franciscanos, 5 sacerdotes seculares y 3 ó 4 letrados. Specker J. sostiene que esta junta tuvo lugar en el verano, ya que según él Cortés había salido de México en el mes de Agosto.[5]

Por una de las cartas de relación, fechada en Octubre, sabemos que Cortés a esas alturas todavía se hallaba en México. Creo que hasta el presente pocos se han fijado en la aportación de Fernando de Alva Ixtlilxochitl. En su "Relación de la venida de los españoles y principio de la ley evangélica", escrita en náhuatl, nos da una información sumaria muy atendible: “…se hizo en la Ciudad de Tezcoco este mismo año antes de partirse para Hibueras un sínodo (o asamblea eclesiástica), que fue la primera que hubo en esta Nueva España, para tratar del matrimonio y otros casos. Halláronse presentes en él 30 personas doctas, cinco clérigos y diez y nueve frailes, y seis letrados legos, y entre ellos Cortés, presidiendo Fray Martín de Valencia, como vicario del Papa; y por no entender bien los ritos, y los matrimonios de los naturales, quedó definido que por entonces se casasen con la que quisiesen, y después del sínodo, se repartieron los religiosos y clérigos por toda la tierra, especialmente por las ciudades grandes...".[6]

Según Lorenzana esta Junta se llevó a cabo a finales de 1524 e inicios del 1525. Pero los datos que nos proporciona Alva Ixtlilxochitl son suficientemente claros respecto al lugar, fecha y participantes, aunque respecto a la problemática tratada se fija únicamente en el tema matrimonial. Las actas de esta Junta no han llegado hasta nosotros. Ya el arzobispo Lorenzana se esforzó por encontrarlas, sin lograrlo.

Los estudiosos han aceptado el resumen esquemático que Lorenzana hizo basándose principalmente en Torquemada y en el extracto que Agustín de Vetancur hizo de un manuscrito de Gerónimo de Mendieta. Se puede constatar que tanto Mendieta como Torquemada y el Códice Franciscano desarrollan ampliamente una temática correspondiente a los puntos que Lorenzana atribuye a esta Junta: la dispensación (administración) de los sacramentos y la evangelización de la doctrina cristiana.

SACRAMENTOS:

A. Bautismo

En relación con el sacramento del bautismo se determinaron dos puntos: el tiempo de celebración y las ceremonias. Se bautizaría dos veces por semana a quienes hubiesen recibido la debida catequesis, el domingo por la mañana y el jueves por la tarde. Como anteriormente la celebración se había reducido al bautismo con agua, decidieron imponer los santos óleos a quienes no los habían recibido, ya que al inicio los misioneros no habían podido disponer del óleo bendito ni del crisma.

B. Confirmación

La confirmación: dado que no disponían del crisma no se administró. Fray Toribio de Benavente Motolinía tenía facultades concedidas por el Papa para administrarlo; lo hizo cuando se trajo el crisma. Por la misma razón y por el reducido número de ministros, no se administró el sacramento de la extremaunción en los primeros años de la evangelización.

C. Confesión

El sacramento de la confesión constituyó uno de los puntos centrales, junto con la catequesis, del trabajo pastoral. Se dispuso que los enfermos habituales se confesasen dos veces al año. Los sanos deberían cumplir el precepto pascual a partir del domingo de Septuagésima.

Antes de celebrar el sacramento del matrimonio examinarían a los indios sobre su conocimiento de la doctrina cristiana y se prepararían al mismo con el sacramento de la confesión. Aunque el pasaje siguiente del «Códice Franciscano» se refiere a los años subsiguientes, con todo podemos tomarlo como un testimonio de lo que fue convirtiéndose en el trabajo ordinario de los misioneros franciscanos.

Dice el «Códice Franciscano»: "En la cuaresma, se desembarazan los Religiosos que son lenguas, de todos los demás negocios, y se ocupan totalmente desde que amanece hasta que anochece en confesar, salvo el tiempo de decir misa y comer, y así confiesan en el día a cuarenta, cincuenta y sesenta cada uno, y algunos más; y también porque los indios no tienen los tratos y contratos y marañas que tienen los españoles; y demás desto porque para haberse de confesar los indios los tienen primero los frailes muy aparejados, como abajo se dirá; y más es saber que esta tarea de confesiones de cuaresma la comienzan muchos religiosos desde el Domingo de la Septuagésima, porque haya lugar de confesarse más gente dentro deste sancto tiempo, en el cual parece que comienza a hacer nuevo sentimiento la Iglesia, desde aquel domingo.

Pasada la cuaresma no dejan de confesar los Religiosos en todo el tiempo del año a los que acuden, antes llaman y buscan a los que no se han confesado la cuaresma, y los traen por sus barrios, así en la cabecera como en los subjetos o visita; y algunos sacerdotes toman por tarea de confesar cada día doce o quince o veinte entre año, cuando no es cuaresma: otros de contino se ocupan sin cesar en las confesiones; y casi para todos los Religiosos todo el año y toda la vida es cuaresma".[7]

Más adelante el cronista del Codice Franciscano expone el método que seguían para preparar a los indios para la confesión: "Y por confesarse los indios con tantas preparaciones, las cuales a la verdad han menester, se confiesan tantos cada día, que a algunos sacerdotes les acaece confesar ciento, y dende arriba; y también lo hace ser tan poco el género de pecados en que comunmente incurren los indios, y tan conocidos ya de los confesores y esta es también la causa porque los que están hechos a confesar indios, quieren más confesar veinte dellos, que solo un español, porque el indio viene tan aparejado como tengo dicho, y con el español no se ha de tratar de aparejo, si no es que el mismo sacerdote es menester que se confiese para haber de oir a uno dellos de penitencia".[8]

D. Eucaristía

La comunión se negó al principio a los recién convertidos; después quedó a juicio de los confesores el distribuirla.

E. Matrimonio

Por falta del conocimiento de la lengua y de los usos y costumbres de las diversas tribus, el tema matrimonial resultó ser el más espinoso e impidió un claro discernimiento de la cuestión. Dice el resumen de Lorenzana: "Acerca de los matrimonios, ocurrieron mayores dificultades, sobre si eran válidos entre los indios los contraídos en la gentilidad, y cuál de ellos lo era, porque tenían muchas mujeres, y no se resolvió cosa cierta, esperando la definición de la Santa Sede".

Observa Toribio de Benavente: "Pasaron tres o cuatro años que no se velaban, sino los que se criaban en la casa de Dios, sino que todos estaban con las mujeres que querían, y había algunos que tenían hasta doscientas mujeres, y de allí abajo cada uno tenía las que quería; y para esto, los señores y principales robaban todas las mujeres, de manera que cuando un indio común se quería casar apenas hallaba mujer; y queriendo los religiosos españoles poner remedio en esto, no hallaban manera para lo poder hacer, porque como los señores tenían las más mujeres, no las querían dejar, ni ellos se las podían quitar, ni bastaba ruegos ni amenazas, ni sermones, ni otra cosa que con ellos se hiciese, para que dejadas todas se casasen con una sola en faz de la Iglesia; y respondían que también los españoles tenían muchas mujeres, y si les decíamos que las tenían para su servicio, decían que ellos también las tenían por manera de granjería, porque las hacían a todas tejer y hacer mantas y otros oficios de esta manera, hasta que ya ha placido a Nuestro Señor que de su voluntad de cinco a seis años a esta parte comenzaron algunos a dejar la muchedumbre de mujeres que tenían y a contentarse con una sola, casándose con ella como lo manda la Iglesia ... ".[9]

DOCTRINA CRISTIANA

La enseñanza de la doctrina cristiana vino a ser la tarea más comprometedora que los misioneros traían entre manos. La ilustración que fray Diego de Valadés publicó en su "Rethorica Christiana", en 1579, nos presenta una iglesia a cargo de los franciscanos en plena actividad catequética y pastoral.[10]

Fray Martín de Valencia, siguiendo las huellas de San Francisco, carga con la responsabilidad de llevar adelante la nueva fundación. En la parte superior de la izquierda se puede ver a fray Pedro de Gante que explica la doctrina cristiana valiéndose de unas pinturas.[11]

Para la catequesis de adultos se aprovechaban principalmente los días festivos; con los niños se trabajó diariamente y tratando de utilizar los métodos que parecían más aptos: música, danzas, coros, representaciones teatrales, pinturas. Sería interesante hacer un estudio de las fuentes para destacar el importantísimo papel que jugaron los niños en la evangelización de la Nueva España.

Muchos niños indios aprendieron enseguida el español, más velozmente que los misioneros el náhuatl. Los misioneros se valieron de muchos de estos niños y los prepararon para que enseñaran las verdades fundamentales de la fe en la lengua que los misioneros todavía no dominaban.[12]

Difícilmente se puede substituir el testimonio directo de fray Pedro de Gante. En 1529 asegura haber casi olvidado su lengua nativa, y como no le entenderían en náhuatl, escribe en español, esperando que alguien pueda traducirles a sus familiares esta carta:

"Estamos repartidos en nueve conventos, viviendo en las casas de los naturales, separados unos de otros siete millas o diez, y aun cincuenta. Así trabajamos en la conversión de estos infieles, cada uno según sus fuerzas y espíritu. Mi oficio es predicar y enseñar día y noche. En el día enseño a leer, escribir y cantar; en la noche, doctrina cristiana y sermones. Por ser la tierra grandísima, poblada de infinita gente, y los frailes que predican pocos para enseñar a tanta multitud, nosotros los frailes, recogimos en nuestras casas a los hijos de los señores y principales para instruirlos en la fe católica, y aquellos después enseñan a sus padres.

Saben estos muchachos leer, escribir, cantar, predicar y celebrar el oficio divino a uso de la iglesia. De ellos tengo a mi cargo en esta ciudad de México al Pie de quinientos o más, porque es cabeza de la tierra. He escogido unos cincuenta de los más avisados, y cada semana les enseño a uno por uno lo que toca decir o predicar la dominica siguiente, lo cual no me es corto trabajo, atento día y noche a este negocio, para componerles y concordarles sus sermones. Los domingos salen estos muchachos a predicar por la ciudad y toda la comarca, a cuatro, a ocho, o diez, a veinte o treinta millas, anunciando la fe católica, y preparando con su doctrina a la gente para recibir el bautismo".[13]13

Mendieta indica cómo la labor de los misioneros que habían precedido a los doce no podía alcanzar un amplio margen de acción. Su número reducido les impedía organizar una acción de altos vuelos y se limitaron a hacer lo que estaba a su alcance: aprender la lengua e ir extendiendo poco a poco el círculo de los catequizados y bautizados.

Sólo con la llegada de los Doce se puede afirmar que comenzó la evangelización y cristianización sistemática de la Nueva España, y las decisiones de la Junta de 1524 constituyeron una primera pauta para plantar la nueva cristiandad. Su atención recayó obviamente sobre la catequesis y sobre la administración de los sacramentos, y se dieron los primeros pasos para una organización eclesial en germen.[14]

NOTAS

  1. Según M. CUEVAS, los sacerdotes que estuvieron presentes en la Nueva España antes de la venida de los doce fueron: El P. Olmedo, acompañó a Cortés durante la conquista y murió en 1524, llorado por todos. El P. Juan Díaz también estuvo presente durante la conquista, pero las noticias sobre él son muy escasas. Los franciscanos Diego Altamirano y Pedro Melgarejo llegaron antes de que se terminara la conquista, pero poco sabemos de su actividad inicial. En agosto de 1523, como respuesta a los requerimientos de Cortés, llegaron los dos sacerdotes Johann Dekkers y Johann Van den Auwera, y el lego Peter Van den Moere, nueve meses antes de la llegada de los "doce". Sus nombres españolizados son: Juan de Tecto, Juan de Aora y Pedro de Gante. Cfr. CUEVAS M., Historia de la Iglesia en México, El Paso, Texas 1928 (4 vol.), I pp. 116-117.
  2. "Pasando estos siervos de Dios por Tlaxcala, detuvieronse allí algún día por descansar algo del camino y por ver aquella ciudad que tanta fama tenía de populosa, y aguardaron al día del mercado, cuando la mayor parte de la gente de aquella provincia se suele juntar, acudiendo a la provisión de sus familias. Y maravilláronse de ver tanta multitud de ánimas cuanta en su vida jamás habían visto así juntas. Alabaron a Dios con grandísimo gozo por ver la copiosísima miés que les ponía por delante". MENDIETA G., Historia Eclesiástica Indiana, México 1870. Libro III, cap. XII, p. 210.
  3. SAHAGUN B., "Coloquios de los doce primeros misioneros de México", en "Miscellanea Fr. Ehrle" Roma 1924, vol III. 297. Según Valadés, Cortés recorrió casi quinientos metros de rodillas: "Denique optimus Cortesius illos excepit comitatus Hispanis simul et indigenis, quia cum supplicationibus publicis illis obviam ivit, praesentibus omnibus, et plebei et eques tris ordinis hominibus et dimidium pene milliare in genibus itei fecit, quod lndos maxime obstupefaciebat. Quotiescumque in illos incidebat maximo honore et reverentia illos afficiebat" VALADES D., Rethorica Christiana, Perusiae 1579. Pars IV, cap. XXIII, p. 223.
  4. "Tendría en aquel tiempo la ciudad de Tezcuco a pie de treinta (está borrada la palabra treinta y substituída con setenta) mil vecinos, sin quince provincias que le eran subjetas; la de Tlaxcala cons sus subjetos más de doscientos mil, y la de Guajozingo ochenta mil". MENDIETA G., Ibídem, Libro III, cap. XIV, pp. 216-217
  5. SPECKER J., Die Missionsmethode in Spanisch-Amerika im 16. Jh. mit besonderer Berücksichtigung der Konsilien und Synoden, Schóneck-Beckenried 1953, pp. 30-35.
  6. Alva Ixtlilxóchitl, en anexo a la obra de B. de Sahagún, Historia general de las cosas de Nueva España, Ed. Porrúa, México 1989, p. 862. (Edición preparada por Ángel Ma. Garibay)
  7. GARCIA ICAZBALEETA J. Códice Franciscano, México 1941, p. 86.
  8. Ibídem, p. 89
  9. BENAVENTE TORIBIO (de), Historia de los indios de la Nueva España, Madrid 1985, p. 174
  10. VALADÉS, DIEGO DE, obra citada, p. 207
  11. Escribía fray Juan de Zumárraga alrededor de 1532: "Cada una de las casas de los frailes de Sant Francisco, tiene otra casa conjunta, así para en los frailes enseñen a los mozos, las cuales son hechas por manos de los indios con su dormitorio e refitorio y una devota capilla donde ellos rezan el oficio de Nuestra Señora. Ellos son muy humildes e a los frailes tienen gran reverencia e obediencia, amanlos mas que a sus padres, son castos, y con los frailes verdaderos, son muy ingeniosos, principalmente en la arte de la pintura ... Entre los frailes que estan bien enseñados en la lengua índica, es uno que se llama fray Pedro de Gante, y es lego, el, cual habla aquella lengua facundísima e copiosamente, e tiene solícito e diligentísimo cuidado de seiscientos mozos o más, el cual fraile es el principal casamentero. Porque en los días de fiesta, con muy gran solenidad casa aquestos mozos con otras mozas cristianas que están muy bien enseñadas".: MEDINA J.T., Biblioteca Hispano- Americana, Santiago de Chile 1898, Vol. 1, p. 181
  12. Afirma Zumárraga en la misma carta: "Muchos destos mozos, saben bien leer y escrebir, cantar e apuntar; confiésanse a menudo, e con muy gran devoción resciben el Santísimo Sacramento. A sus padres predican la palabra de Dios muy fecunda y copiosamente, según que de los frailes lo deprenden ... ". Fray Martín de Valencia también subraya este detalle: "Los niños y mozos, hijos de los grandes naturales de acá, porque son enseñados de nuestros frailes e son criados con costumbres e vida religiosa, porque en los monasterios, en otras casas que están juntas a ellos, tenemos quinientos mozos, en algunas poco más o menos, en otras mucho más, los cuales en la dotrina cristiana están ya bien enseñados. E los hijos predican a los padres, e también en los lugares públicos predican con maravilloso modo. Muchos dellos enseñan a otros mozos, los cuales cantan ya las horas de Nuestra Señora cada día, e se levantan a decir los maitines en su iglesia a las mesmas horas que los frailes nos levantamos, e cantan solemnemente su misa; son en grande manera buenos de enseñar, e lo que les enseñan retiénenlo mucho en la memoria e son muy vivos de ingenio". MEDINA J.T., Ibídem, pp. 182-183.
  13. CHAUVET F., Cartas de Fr. Pedro de Gante O.F.M., primer educador de América, México 1951, pp.16-18
  14. Un documento de 1586, referente al paso por México de un grupo de frailes descalzos, de camino hacia Filipinas, recoge un testimonio elocuente respecto a «los doce» primeros franciscanos: "El Arzobispo y el Virrey y todos los demás de la ciudad se holgaron con su llegada y por ver frailes descalzos que no había en aquellas partes hasta entonces y principalmente por ver su gran ejemplo y doctrina: y al cabo de haber estado tres o cuatro meses en la tierra se partieron para el puerto de Acapulco que es en la otra mar del sur para allí se embarcar otra vez para las islas y fue grande la desconsolación que hizo así a los españoles como también a los indiossu partida, pues los indios les tenían tan gran devoción que era cosa de admirar tanto que cuando al principio pasaban por la tierra los indios se enternecían de vellos ir tan pobres y descalzos y lloraban de devoción, especialmente los viejos que los veían porque se representaban y se acordaban de aquellos benditos doce primeros frayles que de la Provincia de San Gabriel fueron a conquistar y aun conquistan oyen día aquel gran reino sacándole del poder de faraón y del príncipe de las tinieblas sathanás, con el favor y ayuda de aquel valeroso y digno de eterna memoria Marques del Valle, y los propios indios decían a los frayles, padres así andaban como vosotros los primeros que a estas tierras vinieron. En el tiempo que estuvieron en México se ocuparon los frayles en aprender el modo y traza que allí tenían los frayles acerca de la instrucción de los naturales para hacer de la misma manera en las filipinas... ". ROMA. ARCHIVIO SEGRETO VATICANO. Misiones 163 f3

BIBLIOGRAFÍA

BENAVENTE TORIBIO (de), Historia de los indios de la Nueva España, Madrid 1985

CHAUVET F., Cartas de Fr. Pedro de Gante O.F.M., primer educador de América, México 1951,

CUEVAS M., Historia de la Iglesia en México, El Paso, Texas 1928 (4 vol.)

ECCLESIA, 5 (1991)

GARCIA ICAZBALEETA J. Códice Franciscano, México 1941

MEDINA J.T., Biblioteca Hispano- Americana, Santiago de Chile 1898, Vol. 1

MENDIETA G., Historia Eclesiástica Indiana, México 1870. Libro III

SAHAGÚN, BERNARDINO. Historia general de las cosas de Nueva España, Ed. Porrúa, México 1989

SPECKER J., Die Missionsmethode in Spanisch-Amerika im 16. Jh. mit besonderer Berücksichtigung der Konsilien und Synoden, Schóneck-Beckenried 1953

VALADES D., Rethorica Christiana, Perusiae 1579.


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