IGLESIA MEXICANA EN EL SIGLO XIX

De Dicionário de História Cultural de la Iglesía en América Latina
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ALGUNOS RASGOS CARACTERÍSTICOS

La edad liberal iberoamericana abre la época de las emancipaciones nacionales. Se da una serie de coordenadas históricas coincidentes en todas las regiones y que muestran rasgos específicos; especialmente en el caso de México. Recordemos algunas.

México está marcado substancialmente por la cultura católica[1]. Al separarse de España, su unanimidad católica no necesitaba demostración.[2]La homogeneidad histórica de México se conserva substancialmente hasta nuestros días. Sin embargo había que tener en cuenta la heterogeneidad de sus raíces culturales y de la variedad de componentes étnicos y culturales de su geografía.

Ha sido precisamente el hecho fundamental de la fe católica el que ha dado una unidad sustancial a este rico mosaico de componentes. La cultura indohispánica ha tenido siempre como sustrato amalgamador la fe cristiana. Los sociólogos y los historiadores insisten en la realidad de culturas yuxtapuestas y de sociedades escindidas. Pero aún así, la fe cristiana y el elemento lingüístico son los que mantienen su conexión histórica.[3]

En el plano ideológico, en el siglo XIX se impone progresivamente la mentalidad liberal con sus expresiones políticas y sus interpretaciones sociales en la clase dominante burguesa. En la segunda mitad del siglo, el positivismo importado de Europa con sus pretensiones mesiánicas de transformación y de progreso, penetrará en muchos estamentos de esta clase social dominante. Así en México la tensión y confrontación entre la ideología liberal positivista y el catolicismo caracterizarán la historia religiosa mexicana.[4]

La mentalidad liberal se instala entre éxitos y reservas en todos los espacios de la vida política, social, económica y religiosa. Sin embargo el predominio de esta mentalidad sufre variaciones y contrastes y le falta homogeneidad. Se dan en México períodos de intentos de restauración seguidos por otros de violenta imposición liberal; momentos de ambigüedad conciliadora entre el poder civil y la jerarquía eclesiástica, seguidos por una persecución religiosa sangrienta que golpea a México durante largos años. Sobre todo a partir de la época de la Reforma liberal y de modo especial en al primera mitad del siglo XX se exaspera la hostilidad liberal anticatólica

No puede reducirse a un esquema ni siquiera aproximado la historia del catolicismo mexicano. Sin embargo se manifiestan constantes en él a partir de 1821 y sobre todo en el siglo XX con el hostigamiento y la continua intromisión del Estado en la vida y en las instituciones de la Iglesia.

En consecuencia, no vemos más hilos conductores que den una cierta coherencia y homogeneidad a la historia católica mexicana que las características antes señaladas: mentalidad liberal y después positivista del grupo influyente, un cierto reformismo social tildado de un vago socialismo en el siglo XX, forcejeo de la Iglesia y del Estado para defender lo que cada cual cree que son sus derechos y su concepción cultural.

El Estado liberal y reformista llevará hasta las últimas consecuencias su propia posición socio cultural mediante la violencia y la persecución. La historia del catolicismo mexicano es ciertamente una historia apasionada, que está íntimamente unida a los acontecimientos sociales de cada momento. México con sus héroes y sus próceres, sus caudillos, sus luchas internas, sus constituciones y sus revoluciones, da un colorido característico a la vida eclesial y por la tanto a las fundaciones religiosas autóctonas.

Es este período histórico el que va a configurar hondamente el catolicismo mexicano. Se registra una notable multiplicación de sedes episcopales, el nacimiento de un catolicismo social mexicano, la creación de numerosas obras expresión del mismo, y también los comienzos de fundaciones de vida consagrada típicamente mexicanas y que son expresiones características de este aguerrido catolicismo.


ALGUNOS RELIEVES ESPECÍFICOS

Realizada la emancipación de España, México se convierte en un enorme país mal gobernado y lleno de contradicciones internas. Casi inmediatamente después de su independencia va a caer en manos de su vecino del Norte, a través de su poderoso e incipiente imperialismo comercial dirigido por las logias masónicas de aquel país.[5]A lo largo del siglo XIX otros imperialismos europeos intentarán adueñarse también del rico país. En resumidas cuentas, México se vio obligado a ceder más de la mitad de su territorio a los Estados Unidos, empezando por Texas, y las riquezas de su subsuelo a Compañías extranjeras, mientras su población indígena y mestiza quedaba desamparada y reducida a un inmenso proletariado campesino.

El optimismo de algunos autores franceses -como De Pradt o Chevalier- que habían augurado a las incipientes nuevas democracias iberoamericanas un futuro más brillante que el previsto para los Estados Unidos, o el sueño del libertador Bolívar, se convirtieron en un rotundo fracaso. Si se hubieran aprovechado las ventajas del estatuto político virreinal, o si se hubieran tenido en cuenta ciertas exigencias geopolíticas, o si se hubiera respetado la intuición de Bolívar, habría podido nacer una imponente federación de pueblos indohispánicos. Entre ellos hubiese destacado un México poderoso de casi cuatro millones de kilómetros cuadrados y con una de las experiencias culturales más ricas de todo el Continente.

Otra coyuntura que va influir negativamente en el desenvolvimiento de la historia mexicana decimonónica, ha sido la incomunicación y el aislamiento. Gran parte de su población permaneció aislada durante largo tiempo. Además la difusión de las ideas, la acción pastoral de los obispos y de los párrocos, encontró barreras notables de incomunicación debido a la geografía y al aislamiento que curiosamente creció tras la independencia."Como consecuencia de la escasa iniciativa gubernamental, por la falta casi absoluta de capitales y la ausencia de una industria metalúrgica de base, el impulso ferrocarrilero fue muy tardío, insuficiente y en buena parte promovido por intereses extranjeros que tendían las líneas en razón de esos intereses. El gran momento del desarrollo ferrocarrilero iberoamericano se sitúa entre 1880-1914"[6].En una palabra, los pocos y escasos ferrocarriles construidos seguían los intereses extranjeros. Las pocas y pobres vías de comunicación con el exterior van a condicionar fuertemente también a la vida de la Iglesia y a su vitalidad.

Sin embargo en el caso de México hay un dato positivo: el país crece en una mayor identidad como Patria. El hecho fue debido quizá también a su vecindad y enfrentamiento con los Estados Unidos. Hay que reconocer que la conciencia popular católica coagula a los distintos sectores de la sociedad mexicana. Es significativo en este sentido el papel que ocupa la devoción a la Virgen de Guadalupe, como lo reconocía Altamirano, uno de los próceres liberales destacados de la Reforma.[7]Pero conforme corren los años van apareciendo factores artificiales y negativos de definición nacionalista.[8]En este sentido habría que indicar un cierto tipo de indigenismo, fomentado principalmente en el siglo XX.

La Iglesia en Iberoamérica había quedado fragmentada tras las independencias, al menos hasta el Concilio Plenario Latinoamericano de 1899. Este aislamiento y fragmentación van a influir también negativamente en la vida de la Iglesia. Durante el período virreinal, la movilidad de obispos, de clero regular y secular, y la intercomunicación especialmente con España, era frecuente y normal; ahora va a cesar casi todo de golpe. Ahora el Estado exige la nacionalidad propia de obispos, clérigos y religiosos, por lo que la Iglesia debe enfrentarse a situaciones de las más diversas índoles para atender a las necesidades espirituales, educacionales y caritativas del país.

Otro factor que hay que tener en cuenta es el rápido crecimiento demográfico de México, el que no corresponde al crecimiento numérico de su clero regular y secular, ni de sus religiosas. Este crecimiento demográfico es común a todos los países iberoamericanos, que pasan de 20 millones de habitantes en 1820, a unos sesenta millones o quizá más a final del siglo. Empero su fisonomía sigue siendo rural. En el siglo XIX existía todavía un proceso equilibrado de crecimiento sin deserciones gravosas en el campo.

La ciudad de México por ejemplo, en el momento de la independencia contaba con unos 140,000 habitantes y Puebla 52,000. A finales del siglo XIX, la ciudad de México contaba ya con medio millón de habitantes. Las características fundamentales de estas ciudades no habían cambiado todavía substancialmente. Se mantenía su aire aristocrático y burgués, pero ya comienzan a presentarse en las grandes ciudades vastos sectores sumidos en la miseria, en la rutina o en la pereza.[9]

A pesar de las constituciones liberales, a veces radicales, la estructura social mexicana sigue siendo conservadora. Parte de la población se desplaza para trabajar en la economía minera, agrícola o ganadera, pero predomina todavía el régimen de latifundio donde imperan los caciques y caudillos locales, hasta el súper caudillo regional o nacional. La gente procede no por ideas políticas, sino por lealtades personales. Persiste un sistema de servidumbre y de peonaje; se acentúa el monocultivo y se forman así los sistemas oligárquicos. La democracia republicana soñada por la independencia se quedaba relegada a meras palabras. Ni el liberalismo ni el positivismo pretendieron transformaciones estructurales profundas, por lo que la masa del pueblo no se benefició en absoluto de la independencia. Al contrario, aparece un nuevo patriciado y una clase burguesa; crece la rural y empieza el proletariado urbano.

La clase dirigente es la de los nuevos patricios y burgueses que tienen sus orígenes en los próceres, los militares, los caudillos, y lo comerciantes."Las burguesías criollas, atadas a sus viejos esquemas iluministas e indecisas ante la nueva sociedad que emergía, se transmutaron en contacto con los nuevos grupos de poder que aparecieron, y de estos y de aquellos surgió el nuevo patriciado entre urbano y rural, entre iluminista y romántico, entre progresista y conservador. A él le correspondió la tarea de dirigir el encabezamiento de la nueva sociedad dentro de los nuevos e inciertos estados, y en rigor fue, en el ejercicio de esta tarea como se constituyó".[10]

El siglo XIX mexicano es un siglo de terratenientes y latifundismo. Como en el resto de Iberoamérica se otorgan "títulos" para clasificarse en la clase alta o aristocrática. Nuevos patricios aristócratas, grupos de poder, plutócratas de otro género (mineros, grandes comerciantes) prácticamente se recubren o refunden. Muchos de ellos tienen ideas políticas liberales, pero sus ideas sociales son refractarias. Proporcionalmente son enorme minoría, viven en una alienación cultural por sus formas de ser, de pensar y de vivir que nada significan para el pueblo. La concentración en la tenencia de la tierra fue escandalosa en México en la época del porfiriato (1876-1911) cuando 27.500.000 Hectareas, es decir el 13% del territorio nacional, pertenecía a 29 personas.[11]

Esta situación, las clases medias emergentes, el nacimiento embrionario del proletariado, la evolución de algunas ciudades de patricias a burguesas, la difusión de ideas procedente sobre todo de Europa a través de la cultura universitaria, refuerzan el dasarrollo de la clase media. Existe una concomitancia natural entre el proceso de formación de la ciudad burguesa y la clase media. Este nuevo tipo de ciudad ayuda a transformar la sociedad y a arrinconar las formas de vida y de mentalidad tradicionales. México, como el resto de los países latinoamericanos va a concentrarse políticamente en sus capitales y esta situación va modificar en seguida los rasgos de su rostro.[12]

La nueva clase media engrosada por los grupos procedentes de la administración, los servicios, la milicia, la policía etc., propende a aliarse con los viejos detentadores del poder. Su gestación puede ubicarse entre 1885 y 1915. José E. Iturriaga calcula que en 1885 en México, el 1,44% podría ser definido como clase superior; el 7,88% como clase media, y el resto algo más del 90% pertenecía a la "clase baja". Hacia 1880 había ya en México 400 fábricas con 80.000 trabajadores y 70.000 mineros. La industria pesada funcionaba en Monterrey.

Se presenta así un cambio social: las relaciones de obreros y patronos acusan agresividad y son despersonalizadas. Empieza a desarrollarse la miseria urbana. Una de las consecuencias de esta situación así como la del campesinado, va a ser que este mundo cada más marginado va a proveer de personal a todos los movimientos revolucionarios anarco-sindicalistas que van a caracterizar la historia mexicana del siglo XX. También aquí tiene su raíz los gérmenes de anarco-sindicalismo que surgen en México, aunque sus elementos cuantitativos son todavía mínimos ante la inmensa masa de pobres y marginados.[13]

La independencia de México no tuvo resultados eficaces en la masa popular, y mucho menos en los grupos étnicos de indios aún no integrados con el resto de la sociedad. No cambió la suerte de las clases populares ni tampoco su mentalidad. La iniciativa y sus consecuencias fueron guerras y políticas de blancos y criollos, y al máximo de mestizos integrados en esta clase social, si bien los ejércitos de los distintos bandos fueran formados por toda clase de la población. El lema traído y llevado de "soberanía absoluta del pueblo" era una frase simplemente demagógica como señala el sacerdote chileno José Ignacio Eyzaguirre, viajero por todo el continente iberoamericano hacia 1858.

Si bien es verdad que la gran masa popular quedó al margen de las nuevas ideas, otra parte se vio afectada por ellas. Las guerras civiles endémicas hicieron indispensable el reclutamiento de milicias. Ejércitos compuestos de campesinos se desarraigaron y pasearon por el territorio nacional. Va a haber campesinos e indios que llegarán a convertirse en caudillos y en jefes militares, mientras otros, acabadas las contiendas y desarraigados de sus ranchos y pueblecitos, van a buscar su vida en nuevas haciendas e industrias.

Esta situación tiene al menos dos consecuencias en el campo religioso. Por una parte explica parcialmente la conducta brutalmente irreligiosa de muchos soldados campesinos y su desarraigo de la antigua tradición. Explica también la propagación del bandidaje por doquier. Pero la consecuencia más notable en el campo religioso ha sido quizás el abandono forzado de la familia y el desarraigo de los lazos familiares por parte paterna. Los hijos dependen casi exclusivamente de la madre en su camino educativo. Ven relativamente poco al padre con el cual mantienen débiles lazos de afecto. Muchos padres vuelven tardíamente a sus casas. Han dejado por los caminos del país otros lazos afectivos e hijos ilegítimos. Muchos de ellos volverán a sus casas en su madurez.

Por todo ello los verdaderos transmisores de la fe cristiana y de las antiguas tradiciones han sido en México, como en la totalidad de los países iberoamericanos, fundamentalmente las madres y los abuelos. Esto explica el papel preponderante de la mujer y sobre todo de la madre, en la transmisión y conservación de la fe en este continente, así como el protagonismo de las futuras fundaciones femeninas.

La estridente desigualdad social se ve en la desproporción entre alfabetizados y analfabetos a finales del siglo XIX. En México los analfabetos constituían el 81% de la población: de 12.600.000 habitantes 10.250.000 eran analfabetos (en el resto del continente iberoamericano los alfabetizados constituían el 7% de la población, según datos de J. CAMPBELL). La masa"queda marginada de las decisiones políticas y bajo sistemas autocráticos o de élite, basados en el sufragio muy limitado o en el metódico fraude electoral".[14]

La situación del indio empeoró notablemente tras la independencia."Más explotados y más sujetos a real discriminación que antes"[15]. Por su parte, Víctor Alba, en "La historia del movimiento obrero en América Latina", tomando la cita del periódico "El socialista", transcribe este párrafo: "Para los indios la independencia de México vino a hacer más terrible, más dura, más amarga su situación social... Ayer llevaban el título de esclavos y eran libres; hoy se les llama pomposamente libres y son esclavos". Debe advertirse que los indios no fueron esclavos durante la época colonial pues la legislación indiana fue muy clara en este punto.[16]

Nadie pensó en la promoción del indio en el México independiente: "Aún los más contagiados por las ideas de la Revolución francesa, escribe F. Benítez, no hubieran podido concebir en el punto más álgido de su delirio de fraternidad e igualdad el que los indios ocuparan cargos importantes. Bastaba con mirarlos. Eran totalmente incapaces ya no de hablar español, sino de comer en una mesa".[17]Esto sucedía a mitad de siglo XIX. A finales del mismo, el campesinado, en gran parte indio, constituye una mayoría miserable con sus tierras expropiadas desde las Leyes de Reformaa (1857), representativa de una inmensa servidumbre social que queda a merced de tanto cambio violento.

La "primera Reforma" (1833-1834) anti-eclesial y de signo masónico, es de los tiempos de Gómez Farías; fracasa debido a la repulsa popular. Sigue el centralismo, la pérdida de Texas en 1836 y la posterior guerra contra los Estados Unidos en 1846 con su triste fin para México. Le sigue el predominio liberal que aprueba la Ley Juárez (1855) con la separación de Iglesia y Estado y cese del fuero eclesiástico. La Ley Lerdo de 1856 o Ley de Desamortización de Fincas Rústicas y Urbanas Propiedad de Corporaciones Civiles y Religiosas (Ley de Desamortización de Bienes de Manos Muertas) sanciona muchas proposiciones liberales ya en vigor en el Viejo Mundo.

La tendencia liberal y anticlerical se acentúa con la Ley Iglesias de 1857 sobre derechos y subvenciones parroquiales. En tratativas con Roma en julio de 1857 se intentó llegar a un acuerdo: Roma aceptaba parte de la Ley Juárez y de la Ley Lerdo, la extinción de religiosos, salvo los Colegios de Propaganda Fide y las órdenes de oratorianos y camilos, y que se devolviera al clero la capacidad de adquirir bienes en lo sucesivo y que se reconocieran los derechos políticos a los integrantes del mismo clero. Pero todo fracasó debido al golpe de Estado del Presidente Comonfort y la situación política que sobrevino. El historiador Bravo Ugarte pone de relieve la conducta digna del clero en estas circunstancias que permaneció fiel a la iglesia "sin sucumbir a la codicia como en los países protestantes de Europa"[18]

Sigue luego la conocida «Guerra de Reforma», donde de nuevo los Estados Unidos van a intervenir abiertamente para alcanzar sus fines de expansión.[19]Se nacionalizan los Bienes Eclesiásticos (1859) y se secularizan los cementerios[20]en 1859 se impone la Ley del Matrimonio Civil y la Libertad de Cultos, la cual rompe el sentido de la unidad religiosa que explícitamente había sido un principio querido en el curso de la guerra de independencia y protegido en las disposiciones legales posteriores.[21]

La alta clase liberal mexicana sentía desprecio por el indio, y en las paradas de gala organizadas en la época de Porfirio Díaz, las autoridades tomaban medidas para alejarlos. Este desprecio por el indio se encuentra generalizado en todo el conjunto liberal iberoamericano, como lo demuestran las crónicas de la época. Y hasta en algunos lugares, incluido México, nos encontramos con ofensivas desoladoras y crueles contra los indios organizadas por los distintos gobiernos, como las disposiciones de Porfirio Díaz para trasladar a miles de indios yaquis al Valle Nacional, donde las condiciones climáticas los hacían fallecer antes de un año.

México no tuvo el problema «negro»; notamos simplemente que la llamada “libertad de vientres” y la “manumisión”[22]fueron reconocidas en México en 1824. Las leyes mexicanas reconocen teóricamente la igualdad de todos sus ciudadanos, pero la igualdad legal no trajo consigo la igualdad ni la integración social, ni aseguró el ejercicio de los derechos humanos básicos a todos los miembros de la comunidad nacional.


Miras de las « Leyes de Reforma» en relación a la Iglesia


Con las Leyes de Reforma se establece así el Laicismo de carácter liberal. Hay que añadir que bajo la inspiración del modelo norteamericano se quería, juntamente, la difusión del protestantismo, sobre el cual decía Benito Juárez: "desearía que el protestantismo se mexicanizara, conquistando a los indios; éstos necesitan una religión que les obligue a leer, y no les obligue a gastar sus ahorros en cirios para los santos...".[23]Es interesante la respuesta que da Chávez a este pensamiento de Juárez. Alvear Acevedo habla de la dualidad y contradicciones que había en Juárez, quien se veía envuelto y alentaba actitudes de tan fuerte anticlericalismo y propensión al protestantismo, y por otra parte tenía actuaciones concretas de defensa de personajes y actitudes "católicas". "Las leyes de Reforma fueron la expresión más relevante de la nueva era, como ariete para destruir los antiguos principios, y la faz de un México gradualmente apartado de su fe que siguió a la demolición de no pocas de las instituciones eclesiásticas".[24]

Tras el borrascoso periodo de la guerra de los Tres Años (o Guerra de Reforma) y el retorno de Benito Juárez a México en diciembre de 1860, llegó una nueva etapa de violencia: la intervención francesa y los intentos de insturación monárquica con Maximiliano de Habsburgo, su derrocamiento y la Restauración republicana con nuevas leyes anticlericales y medidas para recortar todo influjo eclesial en la vida social mexicana (como las de febrero de 1861); ésta fueron la secularización de hospitales y establecimientos de beneficencia; prohibición de toda manifestación exterior y pública de la fe cristiana, supresión de cabildos catedralicios, nuevos despojos económicos y artísticos, cierre de conventos, gravámenes fiscales al clero, expulsión del Delegado Apostólico etc.,.[25]

Todo ello produjo malestar, déficit económico, intervención extranjera. Pero no obstante todo esto, Juárez redondeó la legislación reformista con la ley de extinción de todas las comunidades religiosas en México (1863) que ya se apuntaba en las disposiciones de 1859.[26]La subida a la Presidencia de Lerdo de Tejada tras la muerte de Juárez significó el triunfo de tal política. La Iglesia queda desterrada a las sacristías como claramente dice la ley del 13 de mayo de 1873: "en ninguna parte de la República" podrían "tener lugar fuera de los templos, manifestaciones, ni actos religiosos de cualquier culto". Lerdo de Tejada decretó la expulsión de las Hermanas de la Caridad, de las que había 410 en el país, de ellas 355 eran mexicanas, que "asistían a unas 15.000 personas en toda la República, teniendo casa en las principales poblaciones de ella".[27]


Lo más grave fue la incorporación de las Leyes de Reforma a la Constitución (1873). Se añaden Nuevas Normas Antieclesiásticas, como la Ley Reglamentaria con nuevas restricciones contra la Iglesia. Todo con la complacencia norteamericana. Mientras se asumía una actitud tan hostil respecto a la Iglesia Católica, el gobierno de Lerdo, come el de Juárez, favoreció la difusión del protestantismo, hasta el punto de que el Diario Oficial hizo el elogio de sus predicadores.[28]Los obispos publicaron varias pastorales de protesta en 1875.

A este periodo de la Reforma le sucede la llamada etapa Porfirista (1876-1911), una dictadura blanda y liberal-conservadora, con la justicia social ausente en casi todos los ámbitos, la educación impregnada de laicismo y positivismo, y la situación religiosa no resuelta, aunque se instauró de hecho una situación de tolerancia, que como escribe agudamente Alvear Acevedo "se dio en un marco de dualidad, de equilibrio inestable, de imprecisión social que derivó del hecho de que, si bien las Leyes de Reforma estuvieron vigentes en todo tiempo, su aplicación se atemperó, en oacasiones, o se las suspendió, en otras, dando pie a una realidad que estuvo lejos de corresponder a lo que indicaban las normas del Derecho Positivo".[29]Tal será una característica peculiar en lo sucesivo de las relaciones entre la Iglesia y el Estado mexicano, hijo de esta situación hasta el día de hoy.


De todo este conglomerado, es la masa popular quien conserva mayor fidelidad a la Iglesia y a sus tradiciones religiosas. Quizá la burguesía y la emergente clase media es la que provoca mayor hostilidad y se distancia de la fe. Tampoco es cierto que la aristocracia fuera la aliada natural de la Iglesia. Se dio precisamente lo contrario en las leyes reformadoras de México (1855-1859) y durante la instauración del liberal Segundo Imperio. Nace en este tiempo una nueva sensibilidad entre los católicos, y un auténtico y combativo movimiento social católico.[30]En este período comienza el florecimiento de las fundaciones mexicanas que se desarrollará sobre todo en el siglo XX. Tras la caída del "porfiriato" en 1911 y el triunfo de los radicales reformistas, comienza una nueva etapa dolorosa para la Iglesia en México, una etapa purificadora y martirial.


En conclusión: la hostilidad liberal anticatólica se exaspera gradualmente a partir de las Leyes de Reforma con persecuciones anticlericales al principio, y anticristianas más adelante, hasta convertirse en una constante de la política del Poder. Pero al mismo tiempo la Iglesia mexicana se despierta más viva de la persecución, y el florecimiento de las fundaciones de vida consagrada y movimientos eclesiales de vario tipo son la prueba más fuerte de ello.

NOTAS

  1. .Cfr. cuanto dice Puebla de toda la América Latina en este sentido: Documentos de Puebla, nn. 4, 5, 6,7, 51 (realidad pluriforme), 282, 446 (sentido del Acontecimiento Guadalupano), 409-419 (el fenómeno del mestizaje y la formación de la cultura latinoamericana) Documentos de Santo Domingo, nn. 16-18.
  2. .Sobre el sentido de pertenencia católica y el papel de la fe católica en la formación de la identidad latinoamericana han insistido largamente los Documentos de Puebla y de Santo Domingo. en numerosos pasajes. Sobre la población de aquel continente cfr. N. SANCHEZ ALBORNOZ, La población de América Latina desde los tiempos precolombianos hasta el año 2000, Madrid 1977.
  3. .Cfr.: Documentos de Puebla, nn. 409-419 y Documentos de Santo Domingo, nn. 16-18: cuanto se afirma del fenómeno del mestizaje y de la formación de la cultura latinoamericana, se debe aplicar claramente al caso de México.
  4. .Entre la abundante literatura historiográfica de signo distinto señalamos la obra del oficialista Jesús REYES HEROLES, El liberalismo mexicano en pocas páginas. Selección de textos de Adolfo Castañón y Otto Granados, Lecturas 1000 Mexicanas, Secretaria de Educación Pública Cultura, Fondo de Cultura Económica, México D.F. 1985; De signo muy distinto es la obra de conjunto de Joseph H. L. SCHLARMAN, México tierra de volcanes. De Hernán Cortés a Miguel de la madrid Hurtado, Editorial Porrua S.A., México D.F. 1987, donde se indica también una amplia reseña. fuentes y bibliografía. Recordamos algunos trabajos importantes sobre estos asuntos como los de Carlos ALVEAR ACEVEDO, La Iglesia en la Historia de México, Editorial Jus, México 1975; IDEM, Corrientes sociales y Políticas, Editorial Tradición, México 1973; F. BANEGAS GALVAN, Historia de México, Editorial Buena Prensa, México 1938; José BRAVO UGARTE, Historia de México, Tomo III, Editorial Jus, México 1944; Mariano CUEVAS, Historia de la Iglesia en México, Editorial Patria, México 1946; IDEM, Historia de la Nación Mexicana, Editorial Buena Prensa, México 1952; J. ELGUERO, España en los Destinos de México, Editorial Jus, México 1956; J. GARCIA GUTIERREZ, Acción anticatólica en México, Editorial Jus, México 1959; A. ALONSO, Un siglo de Méjico, Editorial Jus, México 1971; F. TENA RAMIREZ, Leyes Fundamentales de México, Editorial Porrúa, México 1957.
  5. .Cfr. José FUENTES MARES, Poinsett, Historia de una Gran Intriga, Editorial Jus, México 1959; F. NAVARRETE, La Masonería en la Historia y en las Leyes de Méjico, Editorial Jus, México 1957.
  6. .Esta afirmación en relación a Iberoamérica en general se puede aplicar literalmente al caso de México. Basta pensar que mientras en 1914 los Estados Unidos, tres veces menor en superficie en relación a la del Continente iberoamericano, posee 420000 Kilómetros de vías férreas, el conjunto Iberoamericano posee sólo 85000 Km. Además la construcción de esta vías obedecieron a intereses utilitaristas extranjeros y no al sentido de una promoción social, de comunicación, de poblamiento y de colonización interregional, como era el caso de los Estados Unidos. Cfr.: M. HERNANDEZ - SANCHEZ BARBA, Historia universal de América, Madrid 1963; También: IDEM, Tensiones históricas hispanoamericanas en el siglo XIX, Madrid 1961.
  7. .F. GONZALEZ-FERNANDEZ, la "Traditio" Guadalupana comoclave de lectura de la Historia de la Evangelización en Latinoamerica, en "Ecclesiae Memoria. Miscellanea in onore del R.P. Josef Metzler O.M.I., Prefetto dell'Archivio Segreto Vaticano, a cura di Willi Henkel O.M.I.", 407-429. cfr. I. M. ALTAMIRANO, La Fiesta de Guadalupe, México 1884, 1130-1133.
  8. .Sobre esta degeneración y la elaboración de las teorías nacionalistas cfr. F. GONZALEZ, Nacionalismos y nacionalidades, en "Communio. Revista Católica Intrnacional". La Salvación de las naciones, Ediciones Encuentro (Madrid), 2ª epoca, año 16, marzo-abril 1994, 88-96.
  9. .Cfr. el análisis que hacía ya a principios del siglo XIX MARIANO OTERO, Ensayos sobre el verdadero estado de la cuestion social y politica que se agita en la República Mexicana, México 1824.
  10. .J. L. ROMERO, Latinoamerica. Las ciudades y las ideas, México 1976. E. CARDENAS, La vida católica en América Latina, en Q. ALDEA - E. CARDENAS, "Manual de Historia de la Iglesia", Herder, Barcelona 1987, Vol. X, 411-464.
  11. .Tomamos estos datos de E. CARDENAS, Ibidem.
  12. .J.L. ROMERO, Ibidem,.
  13. .Tomamos estos datos del estudio y de las lecciones de Historia Latinoamericana de E. CARDENAS en la P.U.G., 1987, por mi seguidas en 1987.
  14. .Datos de E. CARDENAS, Ibidem.
  15. .M. MOERNER, Historia Social Latinoamericana (Nuevos enfoques), Caracas 1979; citado por E. CARDENAS, Ibidem.
  16. .Las Leyes de Indias prohibían expresamente la esclavitud de los indígenas. Todo el título 2 del libro 6 está consagrado a garantizar la libertad de los indios.
  17. .Citado por E. CARDENAS, Ibidem.
  18. .J. BRAVO UGARTE, Historia de México, Tomo III, Editorial Jus, México 1944).
  19. .Especialmente significativos el ataque en Antón Lizardo y los Tratados Mc.Lane-Ocampo. Cfr. J. M. CARREÑO, La Diplomacia Extraordinaria entre México y los Estados Unidos, Editorial Jus, México 1951.
  20. .Cfr.:J. L. COSSIO, El Gran Despojo Nacional o de manos Muertas a Manos Vivas, Editorial Polis, México 1945
  21. .Cfr.: J. GARCIA GUTIERREZ, Acción anticatólica en México, Editorial Jus, México 1959; F. NAVARRETE, De Cabarrús a Carranza: La legislación anticatólica en las Leyes de México, Editorial Jus, México 195.
  22. .En el Derecho romano, «manumisión» era el proceso mediante el cual un esclavo dejaba de serlo y se convertía en liberto.
  23. .E. CHAVEZ, Benito Juárez, Editorial Campeador, México 1955, citado en: C. ALVEAR ACEVEDO, la Iglesia en la Historia de México, Ed. Jus, México 1975, 214; A. JUNCO, Juárez Intervencionista, Editorial Jus, México 1961; F. NAVARRETE, La Masonería en la Historia y en las Leyes de Méjico, Editorial Jus, México 1957. J. BRAVO UGARTE, Historia de México, Tomos III y IV, Editorial Jus, México 1944 y 1959; M. CUEVAS, Historia de la Iglesia en México, Editorial Patria, México 1946; IDEM, Historia de la Nación Mexicana, Editorial Buena Prensa, México 1952.
  24. .C. ALVEAR ACEVEDO, Ibidem, 215.
  25. .F. SANTIAGO CRUZ, La Piqueta de la Reforma, Editorial Jus, México 1958; Los Hospitales de México y la Caridad de Don Benito, Editorial Jus, México 1957. F. TENA RAMIREZ, Leyes Fundamentales de México, Editorial Porrúa, México 1957; A. JUNCO, Un siglo de Méjico, Editorial Jus, México 1971.
  26. .La cronología de los hechos en esta etapa de convulsiones es "volcánica": intervenciones europeas, liberalismo monárquico en Maximiliano de Habsburgo instaurado con la ayuda de Napoleón III en 1864, el hundimiento de Imperio en Quéretaro (1867) y la restauración republicana. Con ella va a triunfar la política eclesiástica liberal de las Leyes de Reforma, ampliando incluso sus pretensiones como con la Ley Orgánica de Instrucción Pública (1869). Cfr. C. ALVEAR ACEVEDO, La Educación y la Ley, Editorial Jus, México 1969.
  27. CUEVAS, citado por C. ALVEAR ACEVEDO, Ibidem, 232-233.
  28. Citado en C. ALVEAR ACEVEDO, Ibidem, 235-236.
  29. .C. ALVEAR ACEVEDO, Ibidem, 240. Sobre este periodo Cfr. las obras citadas de ALVEAR ACEVEDO, la Educación y la Ley; BRAVO UGARTE, Historia de México; M. CUEVAS; GARCIA GUTIERREZ;, JUNCO; F. NAVARRETE; SCHLARMAN; TENA RAMIREZ; Sobre Porfirio Díaz: A. TARACENA, Porfirio Díaz, Editorial Jus, México 1960.
  30. . Sobre el Movimiento Social Católico Mexicano de esta época cfr. además de las obras históricas citadas, A. LOPEZ APARACIO, El Movimiento Obrero en México, Editorial Jus, México 1958; J. MARQUEZ MONTIEL, La doctrina Social de la Iglesia y la Legislación Obrera Mexicana, Editorial Jus, México 1958. En las obras citadas de MARTIN ALDEA - E. CARDENAS hay buena panorámica y bibliografía sobre el asunto, así como en E. DUSSEL, Historia de la Iglesia en América Latina, Ed. Mundo Negro - Esquila Misional, Madrid-México 1992,6, 761-769. Citamos la tesis doctoral R. E. CHAVEZ SANCHEZ, La Iglesia en México hacia el Concilio Plenario Latinoamericano (1896-1899), Moderante Giacomo Martina, S.J., Pontificia Universidad Gregoriana 1986, que describe con agudeza la situación de la Iglesia durante el " porfirismo" y la preparación del Episcopado Mexicano al Concilio Plenario, con interesante bibliografía, pp.423-433.

BIBLIOGRAFÍA

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FIDEL GONZÁLEZ FERNÁNDEZ