ARQUITECTURA RELIGIOSA EN URUGUAY

De Dicionário de História Cultural de la Iglesía en América Latina
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Al fundarse la ciudad de Montevideo en el siglo XVIII, no se siguió la traza de ciudad-puerto establecida en las Leyes de Indias, dado que su rol original fue meramente militar. Se utilizó en su caso el modelo de ciudad mediterránea, también previsto en las normas indianas. Así, el principal templo de la ciudad se estableció en el centro de la planta urbana y no junto a la bahía. La denominada hasta nuestros días Iglesia Matriz es - en sus sucesivas edificaciones - la construcción religiosa más antigua de la ciudad conservada hasta el presente.

El segundo edificio, en orden de antigüedad, es la Capilla de la Caridad, aneja al hospital de la ciudad establecido hacia fines del siglo XVIII. Existieron también capillas ya desaparecidas, como la del Colegio de la Compañía de Jesús en su primitivo emplazamiento, o la denominada Capilla de los Ejercicios. También en extramuros se hallaban, hacia fines del siglo XVIII, capillas pequeñas como la del Carmen en la Aguada, o la del Cordón en el paraje del mismo nombre, así como numerosos oratorios privados entre los que se destacaba el de Antonio Pérez, ubicado en el paraje del Arroyo Seco.

En el resto del territorio nacional se levantaron otras construcciones religiosas que fueron acompañando la fundación de sus primeras ciudades. Una de las más importantes es la iglesia de San Carlos, levantada en la ciudad de mismo nombre en el departamento de Maldonado; también la iglesia de Santo Domingo Soriano, en el departamento de Soriano, y la Basílica del Santísimo Sacramento en la ciudad de Colonia; esta última erigida ya en los primeros años del siglo XIX.

En el siglo XVIII y en los comienzos del siglo XIX se edificaron también capillas rurales, algunas de ellas hoy en ruinas, como la de la Calera de las Huérfanas en el departamento de Colonia, o la denominada Capilla de Farruco en el departamento de Durazno. Todos estos ejemplos denotan una arquitectura sobria, con algunos reflejos de un barroco campesino y severo que se extendió en el Río de la Plata hacia el siglo XVIII, o expresan ya formas clasicistas más nuevas.

La actual Iglesia Matriz de Montevideo, hoy Catedral Metropolitana y Basílica Mayor, comenzó a levantarse el 20 de noviembre de 1790. El templo fue consagrado el 21 e octubre de 1804 por el obispo de Buenos Aires, Mons. Benito Lué y Riega. Según dice el P. Guillermo Furlong, los planos de la Matriz fueron trazados por el brigadier de ingenieros, de origen portugués, D. José Custodio de Sáa y Faría. El templo tiene “tres naves, con crucero y cúpula. Gran parte de la construcción es de mampostería de piedra rústica y el resto de ladrillo, estando toda ella oculta por una capa de enlucido a base de cal y arena […] La nave central está cubierta por una bóveda de cañón seguido y las laterales - que son de dos pisos - llevan casquetes esféricos en la planta baja y bóvedas de arista en la alta. Los dos campanarios muy esbeltos y airosos… están ubicados fuera de las naves laterales, adquiriendo así, la fachada, un gran desarrollo… Los frontispicios doblemente torreados son muy comunes en España y, con toda seguridad, desde allí fueron importados a la América hispana…”. El conjunto fue declarado monumento histórico nacional en el año 1975.

Por su parte, la piedra fundamental de la Capilla de la Caridad se colocó en 1798; la construcción debió terminarse hacia 1807. El proyecto se ha atribuido tanto al ingeniero militar José del Pozo y Marquy, como al arquitecto Tomás Toribio, o a un constructor de apellido Estévez. Se estructura como una nave rectangular con cerramiento superior en forma de bóveda de cañón decorada con casetones. Vitrales con un diseño geométrico cierran los arcos superiores laterales y, sobre el altar principal, un trompe-l'oeil simula una cúpula con lucernario. Destacan el púlpito y la decoración barroca del altar principal, realizado después de terminada la iglesia, en el siglo XIX. Con lenguaje clásico académico, jerarquiza el acceso a través de un monumental frontón curvo apoyado en cuatro semicolumnas. Es monumento histórico nacional desde 1975.

Con posterioridad a estos años se levantaron algunas capillas en lugares estratégicos del extrarradio de la ciudad de Montevideo, como las ya mencionadas del Cordón y la Aguada, o las del Reducto y el Paso del Molino. Esta última, dedicada a la Inmaculada Concepción de María, mantiene todavía en pie su fachada original y parte de sus contrafuertes. La arquitectura de este templo fue encargada al maestro catalán Antonio Fontgibell. Su fachada manifiesta cierta inspiración barroca pero con influencias neoclásicas, que se expresan en su entrada de medio punto y el friso superior decorado con ocho grandes rosetas. Su historia está íntimamente ligada a los sucesos que vivió el país entre 1839 y 1851 - la llamada Guerra Grande - y a la figura de su benefactor, el general Manuel Oribe.

Una vez superada la etapa de la guerra por la independencia, el Uruguay inició su vida republicana. Durante la Guerra Grande, episodio final de los conflictos civiles que dividieron a numerosos países de Hispanoamérica, Montevideo recibió un flujo inmigratorio muy variado que fue creciendo a lo largo del siglo XIX y también en las primeras décadas del XX. La ciudad y el país fueron adquiriendo un tono anticlerical y antirreligioso como no se había conocido antes.

A pesar de las dificultades que debió enfrentar la Iglesia, después de sellada la paz en 1851, recomenzó el desarrollo del país. En 1864 se llamó a concurso público para la construcción del nuevo templo de la iglesia de San Francisco de Asís; el primer premio correspondió al arquitecto Victor Rabú. El edificio fue consagrado hacia 1870. Su interior se estructura en tres naves cubiertas con bóveda de arista, crucero y ábside semicircular. Las naves laterales contienen cuatro capillas dispuestas entre los contrafuertes. El edificio maneja un lenguaje medieval en el tratamiento de su estructura y masa, pero se compone con elementos del repertorio clásico. Desde 1975 es monumento histórico nacional.

Al compás del enriquecimiento de la ciudad y del país fueron apareciendo cambios en la ornamentación de las antiguas construcciones religiosas. La ciudad enviaba al viejo continente materias primas que eran requeridas por las poblaciones fabriles, y recibía en las bodegas de los navíos de regreso: cuadros, muebles, objetos de bronce y plata, vestiduras ricas, cristales, lámparas y espejos. Un ejemplo se halla en los excelentes órganos recibidos en esos años, que constituyen hoy uno de los orgullos de la ciudad.

Los barcos llegaron a depositar en Montevideo retablos enteros de mármoles italianos, como es el que preside el altar mayor de la iglesia de San Antonio de Padua, de los Padres Capuchinos, labrado a fines del siglo XVII en Italia. Esta iglesia alberga algunos de los más bellos altares de mármol de la ciudad y un enlosado original en damero. En las últimas décadas de la segunda mitad del siglo XIX se fundaron colegios, establecimientos de asistencia para los más desprotegidos, hospitales y asilos. Junto a ellos se levantaron nuevos templos parroquiales, santuarios y capillas. Las familias tradicionales, antaño entroncadas con el comercio y ahora con la explotación ganadera, no dudaron en patrocinar la construcción de edificios religiosos y proveer a su ornato. Hacia estos años se instalaron canteros y marmolistas europeos que hicieron posible la difusión del estilo propio de la época en materia de arte religioso.

La iglesia de la Aguada dedicada a la Virgen del Carmen, declarada Basílica Menor en los primeros años del siglo XX, posee ricos retablos de mármol encargados a talleres italianos por un feligrés benefactor. Otra iglesia que pertenece a estos años es la de los Padres Franciscanos Conventuales, que fuera inicialmente monasterio de las Madres de la Visitación; está dedicada a San José y tiene dos grandes altares laterales de factura barroca con mármoles exquisitamente combinados. En uno de ellos se halla una de las mejores obras del artista italiano Lino Dinetto, quien hacia los años 50 del siglo XX pintó un San Francisco de grandes dimensiones.

Por su parte, la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús, de los Padres Jesuitas, es uno de los templos más suntuosos del centro de la ciudad. Su construcción se inició en 1887 con un generoso donativo de tres damas de la muy adinerada y piadosa familia Jackson Errazquin. Posee tres naves de grandes dimensiones con numerosos altares laterales y una buena imaginería. Su retablo y altar mayor ardió por completo en los años 60 del siglo XX; el actual es una réplica moderna en madera sin color.

Hay otros ejemplos de iglesias levantadas por la munificencia de las familias acomodadas de la ciudad: una de ellas es el templo de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, conocida como «iglesia de Tapes»; la otra es la iglesia de la Sagrada Familia, denominada «Capilla Jackson». Los planos de la primera fueron copiados de una iglesia existente en Aquisgrán; destacan en este caso las excelentes tallas en madera policromada, el gran retablo gotizante y las pinturas originales “al temple” que aparecen en muros y cielo raso; también es de recordar, entre su patrimonio, la imagen de la Virgen del Rosario que se hallaba en el oratorio de Pérez cuando se firmó la rendición de las fuerzas españolas en 1814. La segunda, en cambio, es una capilla de rara pureza neogótica, obra del arquitecto Victor Rabú, cuyo mayor valor se encuentra en la resolución de su fachada y en las grandes vidrieras francesas, realizadas en el siglo XIX con modelos y técnicas tradicionales.

Desde fines del siglo XIX a las primeras décadas del siglo XX se levantaron nuevos templos: algunos de ellos ponen de manifiesto el gusto por estilos arquitectónicos de siglos anteriores que parecían asegurar la piedad de los fieles. En la zona portuaria de Montevideo se halla la iglesia de Nuestra Señora de Lourdes, obra de Ignacio Pedrálbez, cuya fachada recuerda las barrocas francesas de Saint-Gervais y la capilla de la Sorbonne. Mientras tanto, en el barrio del Prado, la iglesia de los Frailes Carmelitas, obra de los arquitectos Isola y Armas, fue erigida hacia los años 40 del siglo XX, en un estilo de claro sabor neogótico.

Luego de la separación de la Iglesia y el Estado, consagrada en la carta constitucional que entró a regir en 1919, la jerarquía católica conservó la propiedad de todos los inmuebles que poseía hasta ese momento con los bienes de arte depositados en ellos, pero a partir de ese momento la Iglesia Católica dejó de gozar de cualquier favor por parte de la administración pública nacional o departamental. Esta medida supuso un fuerte freno a la campaña de construcción de templos y consiguientemente a su ornato y equipamiento.

A pesar de ello, hacia el final de los años 20 del siglo XX y comienzos de la siguiente década, se levantó uno de los iconos edilicios de Montevideo, tanto por su arquitectura como por el lugar elevado de la ciudad en el que se halla. Es el Santuario Eucarístico Nacional ubicado en el Cerrito de la Victoria. La inmensa mole de ladrillo rojo, con su gran cúpula central y los cupulines "bizantinantes", que en sus formas recuerda vagamente el Sacré Coeur de Montmartre, representa el triunfo de la fe en una época de perplejidades cada vez mayores.

Las obras de la primera etapa se desarrollaron entre 1926 y 1938 bajo la dirección de los arquitectos Elzeario Boix y Horacio Terra Arocena. El templo fue dedicado al Sagrado Corazón de Jesús. El equipamiento de esta iglesia singular señala, asimismo, un tiempo nuevo; lo que puede verse aún hoy se ubica dentro de lo que llamaríamos el "art decó" en el arte religioso. Es monumento histórico nacional desde 1975.

En contra de lo que se podría suponer, hacia la mitad del siglo XX se levantaron algunas parroquias y capillas menores de indudable interés artístico por la búsqueda de nuevas formas. Los ejemplos mejor logrados desde el punto de vista arquitectónico están en la periferia de Montevideo o fuera de sus límites. Así, la reconocida iglesia de Atlántida, con el título de Cristo Obrero y Nuestra Señora de Lourdes, que fuera proyectada por el ingeniero Eladio Dieste, y se caracteriza por sus bóvedas de doble curvatura de cerámica y sus paredes onduladas; este templo fue consagrado en 1960.

Asimismo, la iglesia reconstruida de San Pedro del Durazno, en el corazón del territorio nacional, también es obra de Dieste, con una única nave sin columnas y un presbiterio notable iluminado por la luz de una gran vidriera. Otro edificio importante es el conjunto completo del Seminario Mayor ubicado en Toledo, obra del arquitecto Mario Paysée Reyes, actualmente afectado a otro destino. En esta obra se advierte la preocupación del autor por una arquitectura apropiada al medio, tanto en el uso de los materiales como en la intención de lograr condiciones ambientales óptimas a través del manejo sutil de los espacios exteriores. En el conjunto levantado se advierte la intención de integrar arquitectura con artes plásticas.

Una última obra que cabe ser destacada es la capilla que, por encargo de la poetisa Susana Soca y su madre, realizara en 1959 el arquitecto catalán Antonio Bonet en la ciudad de Soca, y que nunca fuera consagrada. La nave principal de la capilla es un prisma recto de base triangular acostado sobre una de sus caras y seccionado en ambos extremos por planos inclinados. Sobre uno de ellos se encuentra la entrada y el lado opuesto el ábside. El grupo de volúmenes forma una cruz latina. Mientras tanto, en Montevideo y como ejemplo de la arquitectura religiosa del siglo XX, puede señalarse la iglesia llamada de Cristo Salvador de Belén, en la zona de Malvín Norte, obra realizada en hormigón armado por el arquitecto Juan José Sotuyo y consagrada en 1956.

Si bien hacia la segunda mitad del siglo XX hay un progresivo empobrecimiento del lenguaje artístico de los templos, en particular de la imaginería y de la pintura que no encuentra nuevas expresiones de valor, hay algunas pocas excepciones a esta regla. Una que debe anotarse es la obra que dejó el pintor italiano Lino Dinetto. En este sentido vale la pena señalar los frescos realizados en la Catedral de San José, excepcional obra del siglo XIX proyectada por Antonio Fongibell, que se halla ubicada en la capital del departamento del mismo nombre. En este templo intervino Dinetto, a comienzos de la década de los años 60 del siglo XX, para decorar las paredes con escenas de la vida de Jesucristo; mientras tanto, en la cúpula pintó la «Gloria de San José».

BIBLIOGRAFÍA

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FERNANDO AGUERRE