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	<title>Dicionário de História Cultural de la Iglesía en América Latina - Contribuciones del usuario [es]</title>
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	<updated>2026-04-30T16:43:28Z</updated>
	<subtitle>Contribuciones del usuario</subtitle>
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		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=MONJAS,_MUJERES_y_Conventos_en_el_Nuevo_Mundo&amp;diff=3502</id>
		<title>MONJAS, MUJERES y Conventos en el Nuevo Mundo</title>
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		<updated>2014-04-03T20:28:10Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.173: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;MONJAS, MUJERES y Conventos en el Nuevo Mundo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==1. El papel de la mujer en la configuración del nuevo mundo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Cuál ha sido el papel de la mujer en la evangelización del Nuevo Mundo a lo largo de los siglos dela colonización hispano-lusitana? El tema ha gozado de la amplitud que merece por parte de los historiadores.	En la Europa del otoño medieval, del Renacimiento y del Barroco encontramos personajes femeninos eminentes en todos los campos: eclesial, político y cultural. Basta pensar al papel que han ejercido en la Iglesia conocidas personalidades religiosas como Idelgarda de Bingen (1098-1179), Catalina de Siena, hoy doctoras de la Iglesia, Brígida de Suecia, Juana de Arco y otras; y ya en la Edad Media o comienzos de la Moderna, y luego en plena edad renacentista y tridentina, personalidades como Teresa de Ávila, por citar un ejemplo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el campo religioso, cultural y político, mujeres del talante de Isabel la Católica, varias reinas de España en el siglo XVI, como Isabel de Portugal, esposa del emperador Carlos V, reinas también de Francia como Catalina de Medici, y en la historia inglesa María Tudor, María Estuardo, Isabel I no son excepciones; a veces juzgadas de manera diversa por la historiografía, en bien o en mal, entran con pleno derecho en el ámbito de la historia cultural y política del mundo moderno. Lo mismo hay que decir del mundo literario y religioso, en la historia de la educación y de la santidad. En este último caso basta recordar, aparte del ya citado caso de Teresa de Ávila, personalidades como Ángela Merici, Mary Ward, María de Ágreda y las numerosas protagonistas del mundo literario de la historia de la mística. Pero hay que reconocer que su papel, quitando estas notables excepciones, era más bien reducido al campo familiar. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El estudio de la participación de las mujeres en las transformaciones socio-culturales y políticas de Iberoamérica, estaba a finales del siglo XX  todavía en sus albores, con un abanico de perspectivas dependientes de sensibilidades y ángulos bastante diversos. La historiografía iberoamericana en general dedica poco espacio al tema de la mujer. Nos encontramos frecuentemente con estudios de carácter monográfico sobre conventos y monjas en la sociedad colonial; pero escasean los relativos a instituciones seculares y a las mujeres laicas. Tampoco existen demasiados estudios sobre la mujer evangelizadora. El hecho mismo de no encontrar publicada mucha correspondencia y documentación sobre la actuación de la mujer en el Nuevo Mundo, sobre todo en lo que a la evangelización se refiere, incluidas las órdenes religiosas femeninas, es también un indicio del escaso interés por el asunto. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin embargo la mujer ha tenido un papel fundamental en la gestación de América Latina; entre otros, un campo donde ciertamente se ha distinguido ha sido el de la educación básica y familiar. Esto se verá con claridad indiscutible, sobre todo a lo largo de los siglos XIX y XX, cuando América Latina se verá azotada por la peste de continuas guerras civiles; entonces el punto fundamental de referencia en la vida social y en la educación de los hijos como en la transmisión de las sanas tradiciones culturales y religiosas, será la madre. Por todo ello es necesario reconstruir el universo y protagonismo femenino en América Latina. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La historiadora Pilar Foz y Foz apunta los siguientes rasgos esenciales de las primeras mujeres que pasaron a América y cuya imagen ideal correspondía a la descrita por autores didácticos como Fray Martin de Córdoba, Fray Hernando de Talavera, Juan Luis Vives y Fray Luis de León&amp;lt;ref&amp;gt;Pilar Foz Y Foz, ''Las mujeres en los comienzos de la evangelización del Nuevo Mundo'', o.c.,  p. 125.&amp;lt;/ref&amp;gt;. El influjo de estos autores fue importante entre la elite socio-económica. Algunas mujeres llegaron a América con los conquistadores, pero la mayoría se establecieron allí en un segundo momento. Las leyes reales disponían qué tipo de mujeres no podían pasar al Nuevo Mundo: “''Que no pasen solteras sin licencia del Rey, y las casadas vayan con sus maridos''”. Bermúdez Plata da los siguientes datos sobre esta inmigración femenina desde España al Nuevo Mundo entre 1509 y 1600: 9.923 mujeres, de las que 5.626 fueron solteras o viudas y 4.297 casadas; representaban el 18% de todos los españoles que pasaron al Nuevo Mundo&amp;lt;ref&amp;gt;Cristobal Bermudez Plata, C''atálogo de pasajeros a Indias'', Sevilla 1940, cf. vols. 1-4; Ema Serra Santana, ''Mito y realidad de la emigración femenina al Nuevo Mundo en el siglo XVI'', en Femmes des Amériques, Université de Toulouse-Le Miral, 1986, pp. 31-42.&amp;lt;/ref&amp;gt;. A partir de 1540 se incrementó notablemente esta presencia de la mujer procedente de España. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tanto la Iglesia como el Estado concebían la familia como pilar de la sociedad por lo que eran particularmente tuteladas. Las mujeres españolas trasplantaron en el Nuevo Mundo sus valores religiosos y sociales, sus usos y costumbres. La servidumbre, compuesta por mujeres indígenas, por negras y mulatas, tuvo también un papel fundamental en el proceso de interrelación cultural. A diferencia de la América portuguesa e incluso inglesa, en la española llegaron muchas más mujeres, por lo que éstas influirán notablemente en el proceso transculturador. Se fundarán para ellas instituciones educativas y religiosas. El obispo franciscano Juan de Zumárraga las introduce bien pronto en México. Por ello, contrariamente al caso de Brasil, no sentirán la necesidad de volver a España por motivos educativos o religiosos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Según el derecho castellano, ya desde las ''Siete Partidas'' (Leyes del s. XIII, atribuidas a Alfonso X el Sabio)&amp;lt;ref&amp;gt;Su nombre original era Libro de las Leyes, y hacia el siglo XIV recibe su nombre actual; existen otro conjunto de Leyes atribuidas al mismo monarca.  En 1252, ocupó el trono de León y Castilla, a la muerte de Fernando III; ''Las Siete Partidas de Alfonso X El Sabio  (1121- 1284). Libros, el regreso a las fuentes Alfonso X El Sabio'', Madrid: Editorial Castalia, 1992.&amp;lt;/ref&amp;gt;, las mujeres conservaban su autonomía y facultad de disponer libremente de sus bienes, sobre todo en caso de viudedad, así como el control de sus dotes y arras. Esto hizo posible la fundación por parte de la mujer, de obras asistenciales, religiosas y educativas, fundamentales en la historia de la evangelización de Iberoamérica. Por lo tanto, a pesar de los instrumentos muy limitados con que contaba la mujer y de la circunstancias socio-culturales de las Indias, de hecho la mujer ejercitará  un influjo relevante en la formación religiosa y cultural de América Latina. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los rasgos esenciales de la mujer peninsular se mantuvieron muy estables durante los siglos XVI-XVII y los fueron adoptando sus descendentes, las criollas, aunque a lo largo de la época virreinal su papel y su actuación evolucionará. En esta primera época, la mujer española criolla cumple fundamentalmente una función familiar y educativa en la sociedad básica. ¿No es uno de los motivos por los que los latinoamericanos, sin distinción de sexos, están mucho más unidos afectivamente a las madres que no a los padres? ¿Y no es significativo que una de las mayores ofensas para un hijo de esta tierra sea la de blasfemar o maltratar el nombre materno? De hecho, se puede constatar todavía hoy este papel y como uno de los mayores insultos intolerables en los ambientes latinoamericanos en “mentar” o insultar a la madre del que se quiere herir y ofender en lo íntimo&amp;lt;ref&amp;gt;Coloquilamente en muchos países existen frases altamente ofensivas en este sentido, como el mexicano “chinga a tu madre”, “hijo de la chingada...” o semejantes como “hijo de puta”, “puta madre” . ''La chingada'' es la madre violada o burlada por fuerza. El hijo de la chingada es el engendro de la violación, del rapto o de la burla. Si se compara esta expresión con la española, &amp;quot;hijo de puta&amp;quot;, se advierte inmediatamente la diferencia. (cf. Octavio Paz, ''El laberinto de la soledad''). Si &amp;quot;hijo de puta&amp;quot; es el insulto máximo en los demás países hispanohablantes, &amp;quot;hijo de la chingada&amp;quot; es su equivalente mexicano. Cabe resultar lo diferente: la Chingada no es la mujer que se prostituye sino la que se entrega pasivamente al seductor extranjero para permitir la conquista. (Néstor A. Braunstein,'' Por el camino de Freud'', Siglo XXI, 2001, p. 199).&amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si bien la situación de la mujer cambiará  progresivamente a partir del siglo XVIII con el extenderse de instituciones educativas para la mujer que le llevará  a un mayor protagonismo en la vida pública y social, su papel de fondo permanecerá  todavía inalterado durante mucho tiempo. Así en la historia de las independencias de Hispanoamérica encontramos algunas mujeres que ejercieron un papel importante en dicha historia. Basta recordar la Corregidora en Querétaro, Josefa Ortiz de Domínguez, una de las heroínas del movimiento emancipador en México. Algo semejante ocurre en la Europa del romanticismo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra novedad que habría que subrayar al hablar de la mujer en la América hispana de la primera época, es el pionerismo de la mujer seglar en la evangelización antes que la religiosa de profesión. Al comienzo lo hacen como miembros de cofradías, beaterios o asociaciones piadosas de damas, que agrupan mujeres de toda clase social, especialmente no de muchos recursos económicos y de color. En el siglo XVI, ya a partir del concilio V de Letrán crece todo un movimiento de terceras órdenes, que corresponden al de la Observancia y de renovación de las antiguas. Algunos terciarios vivían en comunidades seculares o regulares; otros en sus casas, casados o célibes, consagrados a una vida de austeridad y penitencia. Precisamente su implantación en el Nuevo Mundo (Indias) pedirá andando el tiempo una legislación específica, algunos porque no observaban una pobreza perfecta como los conventuales, y otros porque se declaraban exentos de la jurisdicción civil&amp;lt;ref&amp;gt;''Recopilación de Indias'', l.14.86 (año 1524, 1633); l, 14.87 (año 1615). Cf. M. J. de Ayala, ''Notas a la Recopilación de Indias'', bajo la dirección de J. Manzano, Madrid 1945, pp. 288-289.&amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Precisamente las disposiciones del Lateranense V y las siguientes de León X protegen la nueva realidad de las terceras órdenes, conforme a su estilo de vida&amp;lt;ref&amp;gt;Cf. bulas de León X: ''Dum intra mentis'' (19.XII.1516); ''Nuper in sacro'' (1.III.1518); ''Dudum per nos'' (10.XII.1519: comunicación de los privilegios); ''Inter cetera'' (20.I.1521) para la tercera orden franciscana.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Se establece su estatuto según tres circunstancias religioso-sociales y en base a su estado: casados o célibes; en base a vigor jurídico de su consagración religiosa según las modalidades admitidas en aquella época (si viven “colegialmente” o “en sus casas”, y si emiten votos “solemnes” o “simples”). Si se trata de casados, entonces no entran en el estado eclesiástico y por lo tanto caen bajo el derecho común, civil y canónico; su tercera orden se convierte en una sencilla hermandad.  Las mujeres, vírgenes o viudas, que vivían en sus casas, emitían un voto simple de castidad, y este voto era acogido bajo algunas condiciones, como tener medios económicos suficientes de subsistencia y habitasen cerca de parientes cercanos en primer grado. Las que viven en común son consideradas personas eclesiásticas, tanto en el foro eclesiástico como en el civil. Otra exigencia para estos casos era la observancia de la clausura. Por ello, estas terciarias regulares son consideradas “monjas” (“''hermanas”, “sórores''”) si emiten votos solemnes; mientras las terciarias “seculares” viven en el mundo y emiten votos simples y sin clausura; puede haber terciarios o terciarias seculares casados o casadas, que incluso pueden emitir un voto de castidad simple según el propio estado y según la antigua fórmula de “vida religiosa familiar”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el caso del Nuevo Mundo se erigen pronto, sea monasterios de monjas regulares, como también casas de ''recogidas'' (penitentes); una primera de éstas en Santo Domingo en 1526. Las exigencias eclesiales del Nuevo Mundo piden un trabajo más libre por parte de estas ''beatas'', que no siendo regulares, no están obligadas a la clausura, por lo que pueden desarrollar con mayor libertad obras de enseñanza o de caridad. Se agrupan en comunidades, con o sin votos, y bajo la dirección de una superiora. Carlos V no sólo envía frailes mendicantes reformados al Nuevo Mundo, sino también beatas, misioneras libres de la clausura y bajo la jurisdicción de los obispos (1531)&amp;lt;ref&amp;gt;Fr. Jaime Barón y Arín, ''Tercera orden Cherubica''. ''Milicia e Iesu Christo ó Penitencia de Santo Domingo. Su origen, fundación, sus frutos de santidad, su regla y modo de vida de los terciarios, Zaragoza 1733; en Vasco de Puga, Provisiones, Cedulas para el gobierno de la Nueva España''… se encuentran varias disposiciones de la II Audiencia de la Nueva España (1530-1535) en tal sentido: Vasco de Puga [oidor de la Audiencia], México , 1563 y 1878; este cedulario desconocido del siglo XVI, fue publicado por Alberto María Carreño, México, 1944;   y por Centro de Estudios de Historia de México Condumex, 1985.  La Segunda Audiencia gobernó desde enero de 1531 hasta abril de 1535. El primer virrey de la Nueva España fue Antonio de Mendoza.J. Muriel, Las mujeres de Hispanoamérica, Madrid 1993; M. J. de Ayala, ''Diccionario de gobierno y legislación de las Indias'', 6 (Madrid – 1988), 284-294; Conventos, Id., 2 (Madrid – 1989) 250-270; Id., Beaterios, 2 (Madrid – 1989) 129-130; G. Guarda, L''a implantación del monacato en Hispanoamérica''. Siglos XV-XIX, Santiago de Chile 1973.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Pertenecen a tales beaterios y experiencias como las de santa Rosa de Lima (+1617), santa Mariana de Jesús Paredes (+1645) en Quito, y muchos otros en el Nuevo Mundo y en las Filipinas. Algunos de estos ''recogimientos o beaterios'' se transforman más tarde en verdaderos monasterios y son asimilados por Órdenes religiosas clásicas, como fue el caso de las Nazarenas de Lima, todavía hoy vivas y  unidas a las monjas Carmelitas descalzas; el beaterio primitivo, hoy monasterio de las Nazarenas de Lima, se levantó en el siglo XVIII en el lugar venerado hoy por todo Perú como Santuario del Señor de los Milagros. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En otros casos, ya en el siglo XIX y en el XX, se convertirán en congregaciones religiosas de votos simples, como fue el caso de la rama femenina de la Orden de los betlemitas (Orden de los Hermanos de Nuestra Señora de Bethlehem), fundada en Guatemala en 1656 por san Pedro José de Betancurt, con el fin de servir a los pobres. Los Betlemitas fue la primera orden religiosa nacida en América. La orden fue suprimida en 1821 cuando, solo en la Nueva España contaban con más de 20 hospitales,  y una decena de escuelas por donde pasaron miles de niños y otras muchas obras por toda la América Hispana. En 1861 la madre Encarnación Rosal (1815-1886), hoy venerable, restaura la rama femenina de la orden. En 1984 el Papa Juan Pablo II autorizó la puesta en marcha de la rama masculina. Estas mujeres de los beaterios tuvieron un papel preponderante en tareas educativas y en obras de caridad. Entrando también en contacto con los varios sectores de la sociedad, especialmente con los indígenas, mestizos, negros y mulatos, desempeñaron una función de cohesión religiosa y de integración social. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Además otra clase de institución “''genuinamente americana fueron los recogimientos que, creados para los indígenas, se adaptaron luego para las jóvenes de la misma raza y, finalmente, para mestizas''”&amp;lt;ref&amp;gt;Pilar Foz y Foz, ''Las mujeres en los comienzos de la evangelización del Nuevo Mundo'', o.c., p. 128.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  Existen ya numerosos estudios sobre la preocupación de los primeros evangelizadores por la evangelización y formación de la joven indígena; por ejemplo en 1525 en México, donde el contador Rodrigo de Albornoz solicita al emperador la apertura de escuelas para los indígenas y expone la necesidad de fundar un monasterio para mujeres que instruyeran a las hijas de los caciques y las mantuvieran “''en orden y concierto hasta las casar, como hacen las Beguinas en Flandes''”&amp;lt;ref&amp;gt;''Carta del contador Rodrigo de Albornoz al Emperador'', en Joaquin García Icazbalceta, ''Colección de documentos para la Historia de México'', vol. 1, México 1971, p. 501; FOZ Y FOZ, Las mujeres.., o.c., p. 128.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Idénticas iniciativas y peticiones las encontramos en Hernán Cortés y en  el obispo fray Juan de Zumárraga en México.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tal preocupación así como las iniciativas correspondientes, fue constante a lo largo del periodo colonial. Varios obispos creyeron también oportuno extender las iniciativas educativas masculinas en favor de los indios al mundo femenino. Por eso, ya a partir de 1529 vemos en México la presencia de damas españolas que llegan con el claro objetivo de consagrarse a esta tarea y que trabajan en este campo con los indígenas. Así, por recordar uno de estos ejemplos, el Monasterio del Corpus Christi de Nobles Caciques Franciscanas Descalzas de la ciudad de México, fue fundado por el virrey Baltasar de Zúñiga, Marqués de Valero, en 1724 “''pro puellis, seu Mulieribus nobilibus natione Indis sub instituto primae Fregulae scta Clara, ac denominatione Ssmi Corporis xti... [sic]''”, como dice un documento del papa Benedicto XIII dado en Roma el 26 de julio de 1727. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todas las informaciones de las postulantes hasta el año 1741 están contenidas en un voluminoso manuscrito que lleva en su cubierta el siguiente título: ''Ynformaciones desde el año 1724 hasta el de 1741'', y se encuentra actualmente en el Archivo de dicho convento. La patente y expediente 43 del Libro 1 de dichas ''Ynformaciones'' corresponden a la monja María Antonia de Escalona y Roxas, de raza india ( y se anotan sus ascendientes), y la de Gertrudis de Torres Vázquez, que se declaraban descendientes en línea directa del “benturoso Juan Diego” [sic], vidente de la Virgen de Guadalupe. La monja María Antonia demuestra ser hija del cacique de Zacualco (Atzacualco), Jurisdicción de Nuestra Señora de Guadalupe. La monja muere en 1762 o en 1763. Pretendía precisamente demostrar su “pureza de noble linaje indio”, perteneciente a una noble familia de caciques o nobles indios, para cuyas hijas el virrey había fundado el convento, e incluso descendiente directa del mismo Juan Diego. La candidata tenía que demostrar su “legitimidad y pureza de sangre”, para lo que se pedía presentar una serie de “informaciones”, requisito legal que cumplían todas las candidatas para poder ingresar en dicho convento; estas informaciones legales quisquillosas ofrecen valiosos datos sobre las familias indias&amp;lt;ref&amp;gt;Fidel González Fernández, ''Guadalupe: pulso y corazón de un pueblo. El Acontecimiento guadalupano cimiento de la fe y de la cultura americana'', Madrid 2004, pp. 227-237.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Por ello, en una época en que la mujer europea era generalmente analfabeta, llama la atención esta preocupación con las indígenas y españolas del Nuevo Mundo. Al principio vemos al margen de estas iniciativas las órdenes propiamente dichas de monjas de clausura debido a su misma constitución que les apartaba de la posibilidad de tal dedicación, como bien se conoce por las disposiciones de los tiempos de Trento y del papa Pio V. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==2. Discusiones y decisiones sobre el tema de la vida religiosa y de los monasterios a partir de Trento==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El concilio de Trento trata el tema de la reforma de la vida religiosa regular en su sesión conclusiva (la XXV: 3 y 4 de diciembre de 1563) en 21 capítulos, donde trata además otros asuntos varios de carácter disciplinar. Cf. el diario de uno de los Padres conciliares: P. Gonçalez de Mendoza [obispo de Salamanca], ''Lo sucedido en el concilio de Trento desde el año 1561 hasta que se acabó, en Societas Goerresiana, Concilium Tridentinum. Diariorum, Actorum, Epistularum, tractarum, Nova Collectio. Tomus secundus. Diariorum pars secunda'' (Ed. Friburgi Brisgoviae 1963, 635-719). Tras el Concilio se crean congregaciones en la Curia romana para seguir la reforma y los asuntos relativos a la vida religiosa como: la S. Congregación del Concilio (1564); la S. Congregación ''super consultationibus Episcoporum et aliorum Praelatorum'' (1586), la S. Congregación pro Consultationibus Regularium (1587), unidas luego por Clemente VIII (1601) en la S. Congregación ''super negotiis Episcoporum et Regularium;'' la S. Congregación de Propaganda Fide (1622) que toca también estos asuntos; la S. Congregación ''super statu Regularium'', creada por Inocencio X (1652); todas estas Congregaciones de la Curia romana fueron creadas o tocan directamente  la reforma y la reglamentación canónica de la vida religiosa masculina y femenina. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de Trento, San Pio V (1566-1572)  en su reforma es drástico:  todos deben emitir votos solemnes, que para las terciarias de votos simples significaba la clausura y caer bajo la autoridad de los observantes “tamquam patres et superiores”, de la bula Ea est (1568) hasta Clemente XII, bula ''Ex iniuncto'' (1731)&amp;lt;ref&amp;gt;cf. Guerra, IV, 91-100. &amp;lt;/ref&amp;gt;. Las terciarias de votos solemnes se revitalizan con el espíritu de la Recolección [reforma de la vida religiosa volviendo a las raíces estrictas carismáticas de su fundación formando comunidades religiosas de observantes en tal sentido], que forjará notables reformas en antiguas órdenes religiosas; en España el fenómeno es abundante. De todos modos, según el espíritu de la reforma de Pío V, todos y todas las que se proponen vivir según el espíritu de los regulares deben emitir votos solemnes y observar la clausura, por lo que tanto hombres como mujeres que forman comunidades seculares tienen que convertirse en regulares; así se manda a las mujeres con la bula ''Circa pastoralis'' (1566), y más tarde a los hombres con la ''Lubricum vitae genus'' (1569), y al mismo tiempo se prohíbe la fundación de nuevas comunidades de aquel estilo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El papa Gregorio XIII trata de resolver los múltiples problemas suscitados por tales decisiones, sobre todo de carácter económico, indicando cómo se debía atender a las necesidades económicas de las monjas y respetar la clausura. Ya se daban cuenta de cómo las medidas aplicadas al caso de las religiosas eran demasiado duras, y las rigurosas medidas emanadas no eran siempre aplicadas. Así el teólogo y jurista Francisco Suárez (''De religione'', trac. VII, lib. 2, cap. 16, n. 4)&amp;lt;ref&amp;gt;E. Sastre Santos, ''La condición jurídica de beatas y beaterios en Anthologia Annua'', 42 (1995): Roma, Instituto Español de Historia Eclesiástica,. 1996, pp. 107-211; Universidad de Navarra, 1996, pp. 25-42.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Las exigencias de la evangelización, de las obras educativas y de caridad (escuelas, hospitales, orfanatorios, hospicios…) se encargarán de ir abriendo cauces y ablandando una notable rigidez jurídica. Las decisiones papales de la época las toleran, más que las aprueban, reconocen fluidamente su existencia benéfica, hasta que ya muy entrado el siglo XIX, paso a paso deberá reconocer canónicamente la avalancha de nuevas fundaciones que surgían tras los movidos años de las revoluciones francesa y liberales. Por todo ello, ya en plena edad barroca nace una floreciente literatura jurídica sobre el argumento con autores tan conocidos como Suárez, Navarro, Rodríguez, de Miranda, Azor, Tamburino, Pellizario, etc…&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==3. El caso de las Indias==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los escritores de Indias hablan de la vida claustral femenina; a veces se refieren a formas de vida religiosa y ascética entre los pueblos que conocen, como los aztecas en México o los incas  en el Perú (''mamaconas o acllas''), donde existían formas de consagración virginal, como en las monjas actuales o las vestales romanas, escriben estos cronistas, pero las ven generalmente en forma negativa, como algo “fundado por el diablo” para seducir y engañar, - y en esto siguen los módulos con los que muchos de ellos juzgaban las expresiones religiosas del mundo pre-colombino -, pero no dejan de admirar su ascética. El tema lo tocan escritores como Mendieta, Sahagún, Gómara, Cobo, Acosta, Antonio de la Calandra – Bernardo de Torres (''Crónicas agustinianas del Perú'', Madrid 1972, lib. I, cap. 5); F. Guzman Poma de Ayala (''Nueva crónica y buen gobierno'', ed. Madrid 1987, vol. B, pp. 791-896). En una época posterior surgirán adaptaciones de la misma clausura para permitir, al menos en parte y de manera todavía muy reducida, un trabajo educativo de este tipo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Casos sumamente dramáticos como los de Angela de Merici, en Italia, Mary Ward en Francia e Inglaterra, la Compañía de María en Francia con Juana de Lestognac, y otros semejantes, demuestran las tremendas dificultades con las que se encontraron estas pioneras del papel de la mujer en la Iglesia. Los obstáculos que encontraron con frecuencia no pudieron superarlos por la cerrazón de los ambientes curiales y culturales de entonces; deberán esperar hasta los años siguientes a la Revolución francesa cuando las circunstancias de un mundo en total evolución, la disolución de las órdenes religiosas antiguas y los fenómenos que la acompañaron,  obligarán a la Iglesia a permitir nuevos cauces en la vida religiosa, especialmente femenina. Por ello y con razón, el siglo XIX es considerado en el campo eclesiástico como el siglo de la revolución femenina en el campo de las nuevas fundaciones de congregaciones religiosas de vida activa, que van cubriendo todas las áreas dejadas como heridas dolorosamente abiertas por un mundo liberal insensible a los nuevos dramas de la sociedad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el siglo XVI americano aparece muy pronto una nueva preocupación que se añade en el campo educativo: el mundo de las jóvenes mestizas. En un segundo momento, y esto es ya un claro signo de decadencia, se posterga bastante y se olvida la educación de la indígena en favor de las mestizas, españolas pobres y criollas, que van a absorber la mayor parte de las atenciones prestadas al mundo femenino por cofradías, beaterios e instituciones tanto civiles como eclesiásticas. Entran en esta serie de iniciativas los llamados &amp;quot;colegios-recogimientos&amp;quot;. El primero se instituyó en Santo Domingo en 1530; en México se funda en 1548 el Colegio de Niñas o La Caridad por la Cofradía del Santísimo Sacramento&amp;lt;ref&amp;gt;Cf. referencia documental en Foz y Foz, ''Las mujeres...,'' o.c., p. 131, nota 35. En el artículo citado la autora da una referencia de otros muchos en diversos lugares, ibidem, pp. 131-133.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Otra circunstancia que limita el protagonismo público de la mujer en la vida social y su creatividad en el campo de las artes y las letras, es propia de una concepción corriente y generalizada, difundida en esta edad en todo el mundo occidental, sobre el papel que jugaba la mujer en la sociedad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==4. Los monasterios de monjas en las Indias==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si bien desde el primer momento abundan las peticiones de fundación de monasterios femeninos en las Indias, éstas encuentran una oposición en el Consejo de Indias por considerar que no había llegado aún el momento; sólo en 1540 se funda en México el primer monasterio femenino: el de la Concepción. Los primeros monasterios de monjas establecidos en América observaron las reglas de los mendicantes (y se entiende, por ser las órdenes mendicantes las principales evangelizadoras del Nuevo Mundo, a las que más tarde se suman los jesuitas); siguieron los pertenecientes a las órdenes monásticas; por último, en el siglo XVIII, llegó la primera Orden de carácter apostólico-docente, la Compañía de María, fundada en Francia por Juana de Lestonnac; pero ya desde un principio comienzan a fundarse los llamados “''beaterios''” o “''recogimientos''” de mujeres, que con frecuencia acogían niñas educandas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entre las monjas de clausura de los citados monasterios, una de las más conocidas fue Sor Juana Inés de la Cruz, monja mexicana de votos solemnes y por lo tanto, de clausura según la legislación claramente establecida en su época. Hay monasterios en todas las ciudades más importantes de la Hispanoamérica virreinal. Estos monasterios son fiel trasplante de los europeos, que en muchos casos, aparte de los reformados, daban claras señales de estancamiento e incluso decadencia. La constitución  ''Periculoso ac detestabili'' dejaba enclaustradas a estas monjas, en buena parte versión femenina de las Ordenes mendicantes&amp;lt;ref&amp;gt;''Periculoso ac detestabili quorundam monialum statui, en Dictionnaire de spiritualité ascétique et mystique. Doctrine et historie'', II, Paris 1953, 979.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Como observa Foz y  Foz “''no les fue posible, por condicionamientos canónicos y sociológicos, desarrollar un apostolado semejante al que llevaban a cabo los varones en la respectiva Orden mendicante; este vacío lo llenaron las mujeres seculares pertenecientes a las terceras Ordenes fruto de la sociedad urbana a la que sirvieron de manera creativa eficiente''”&amp;lt;ref&amp;gt;Foz y Foz, ''Las mujeres''..., o.c., p. 134.&amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta observación nos hace comprender la vida acomodada, gris y lánguida que llevaban muchos de estos monasterios, especialmente a finales del siglo XVII cuando la decadencia era incluso ya mayor. El problema ya se lo habían planteado los primeros frailes evangelizadores como Zumárraga, que consideraban inadecuados aquellos viejos moldes de vida religiosa para la nueva situación, y quería formas más ágiles y al mismo tiempo más según el espíritu primitivo de los orígenes&amp;lt;ref&amp;gt;F. De Lejarza, ''Las clarisas en América&amp;quot;'', en Diccionario de Historia Eclesiástica de España [DHEE], dirigido por Quintín Aldea Vaquero, Tomás Marín y José Vives, C.S.I.C., vol. I, Madrid 1972, p. 435.&amp;lt;/ref&amp;gt;. De todos modos, las mismas disposiciones de Pio V con la bula Circa Pastoralis (1566) que reglamentaba la vida religiosa femenina obligando a la clausura estricta, se aplicaron con dificultad y con muchas acomodaciones en las Indias&amp;lt;ref&amp;gt;Clausura: Regla de las órdenes monásticas que regula el ingreso y la salida de los monasterios o conventos. Existen dos tipos de clausuras: la papal, impuesta a los monasterios de monjas totalmente consagradas a la vida contemplativa, y otra que se adapta a la índole y a la misión de cada instituto. Para los hombres la clausura es solamente pasiva (no se permite el ingreso a las mujeres), para las mujeres (monjas de clausura) es activa y pasiva: se prohíbe tanto el ingreso en el monasterio o convento a todos, sin distinción de sexo, como la salida de las monjas del mismo, sin causa justamente aprobada.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Muchos de aquellos monasterios vivían de manera muy indefinida, con poca identidad con el mismo carisma de la Orden masculina de cuya espiritualidad participaban, debido a la manera como se habían hecho las fundaciones, las fundadoras de las mismas, a veces poco identificadas con el carisma de la Orden, la demasiada frecuencia de las intervenciones e injerencias de patronos&amp;lt;ref&amp;gt;“Patrono”: protector legal o titular de una institución eclesiástica, en este caso.&amp;lt;/ref&amp;gt;, eclesiásticos y seglares, en los asuntos de los monasterios y en la vida de la comunidad, el aislamiento e independencia de cada monasterio, el hecho de ser “refugio” fácil para muchas “segundonas”&amp;lt;ref&amp;gt;“Segundonas/os”, hijas/os segundas/os, o no primogénita/os de una familia o casa.&amp;lt;/ref&amp;gt;de familias hidalgas o pudientes, y con poca vocación contemplativa y la demasiada mundanidad y trato con el mundo exterior secular, como se solía decir. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No obstante estas graves lacras, comunes también a muchos monasterios europeos, los monasterios americanos desempañaron una función religiosa, social, cultural y económica, siendo frecuentemente reales centros de la vida urbana. Un ejemplo característico de este estilo de monasterios desde un punto de vista arquitectónico y estructural, puede todavía verse hoy en el monasterio de las Dominicas de Santa Catalina de la ciudad de Arequipa, en Perú. Además muchos gozaban de buenas rentas y legados, que añadían también prestigio a fundadores y ciudades. ''Las Leyes de Indias'' prohibían recibir en cada monasterio más monjas “''de las que pudieran sustentar y fueren de número de su fundación''”; entre ellas, tenían plenos derechos las mestizas “''precediendo información de vida y costumbres''”&amp;lt;ref&amp;gt;''Recopilación de Leyes de los Reynos de las Indias, mandadas imprimir y publicar por la Magestad Católica del Rey Don Carlos II'', Nuestro Señor, t. I, pp. 17-18, 21 y 55: Libro I, Título 3, Leyes I y XVI y Título VII, ley VII, Madrid 1791; cit. en P. FOZ Y FOZ, &amp;quot;Las mujeres...&amp;quot;, p. 134-135, nota 51.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También esta legislación se aplicaba al caso de los conventos de monjas de linaje indígena, como en el caso ya recordado del monasterio de clarisas “Corpus Christi”, fundación virreinal en la ciudad de México, en el siglo XVIII. Sin embargo, estas disposiciones quedaron en letra muerta: “''los monasterios exigieron «limpieza de sangre»,''&amp;lt;ref&amp;gt;“Limpieza de sangre” según los conceptos legales de la época significaba la nobleza de linaje del que no tenía mezcla ni raza de “moros, judíos, herejes ni penitenciados”, y por extensión en el caso americano, clara descendencia indígena o española.&amp;lt;/ref&amp;gt;''y quedaron reservados -de hecho- a españolas peninsulares y criollas descendientes de los conquistadores y primeros pobladores, a pesar de las denuncias de autoridades eclesiástica y civiles''”&amp;lt;ref&amp;gt;Foz y Foz, ''Las mujeres''..., o.c., p. 135.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Los documentos legales de la época hablan claro en tal sentido, como el Concilio Provincial de Lima del 22 de septiembre de 1583 y la petición al rey de que la tercera parte de las monjas de un monasterio sean mestizas (La Plata, 14 de febrero de 1577) o cuando se exige explícitamente la pertenencia al mundo indígena, como en el caso antes citado de las monjas del monasterio del Corpus Christi de la ciudad de México. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En una palabra, aparte de que las prescripciones sobre el número de monjas no se observaba por lo general, y los monasterios a veces estaban pletóricos de monjas; las motivaciones para entrar en el monasterio no eran siempre puras y fruto de una vocación personal; frecuentemente jugaban en la entrada factores sociales y económicos de la familia de la novicia. Incluso los promotores y patronos de estas fundaciones no esconden estos motivos a la hora de solicitar la licencia real “''para casar una hija con mediana decencia es necesario mucho más caudal que para que entren dos en Religión”; incluso “esta necesidad de cubrir urgencias de carácter social, la manifestaban también las autoridades seculares al escoger una Orden religiosa con preferencia a otra: las más deseadas eran, por lo general, las que admitían mayor número de monjas''”&amp;lt;ref&amp;gt;Ambas citas en: Foz y Foz, ''Las mujeres...'', o.c., p. 135.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lógicamente, esta elasticidad y esta praxis de querer combinar exigencias sociales con vocación religiosa, contraria a las ''Leyes de Indias'', al Derecho Eclesiástico y sobre todo a la historia de la Vida Religiosa, repercutió negativamente sobre el estilo de vida monástica y la observancia religiosa, creando graves problemas a las autoridades, tanto eclesiásticas como religiosas de las diversas Órdenes. Los monasterios crecieron en dimensiones desproporcionadas, llenándose de señoras monjas, donadas, criadas, niñas educandas, que obstaculizaban la vida regular e introducían costumbres seculares. Un visitante del inmenso monasterio dominico de Santa Catalina en Arequipa (Perú) puede darse cuenta de ello, recorriendo sus &amp;quot;calles&amp;quot;, patios, celdas, capillas, salas y claustros. Por ello las disposiciones eclesiásticas acabaron  prohibiendo la admisión de educandas, como las de Urbano VIII con la prohibición explícita para las Indias de no admitir mujeres en los monasterios que no tomasen el hábito&amp;lt;ref&amp;gt;En F. J. Hernáez, ''Colección de Bulas, Breves y otros documentos relativos a la Iglesia de América y Filipinas'', I, Bruselas 1879, pp. 494-495.&amp;lt;/ref&amp;gt;y en el siglo XVIII se tomarán todavía medidas más drásticas en tal sentido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hemos apuntado toda esta serie de sombras para explicar el ambiente en el que les tocaba vivir a mujeres con ansias de verdadera vocación religiosa, como fue el caso de Sor Juana Inés de la Cruz  en el México del siglo XVII, y otras muchas que adolecían de verdadera vocación contemplativa o claustral, en una época donde se daban casos de reclusión forzada en los conventos de hijas “segundonas” o en busca de una conveniente acomodación social y económica, sobre todo en doncellas pertenecientes a la hidalguía. Sin embargo, queremos también dejar claro que el hecho de la permisividad en aquella praxis puede explicarse por la falta de centros educativos y asistenciales, por lo que el monasterio desarrolló también una función de suplencia social, que podía llevar a abusos inevitables. A pesar de todo esto, los monasterios fueron centros religiosos en los que muchas mujeres vivieron con convicción y precisión su consagración religiosa y su dignidad como mujer, distinguiéndose también en el servicio a la sociedad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fueron casi siempre centros notables de cultura en los que “''la mujer pudo desarrollar como en ninguna otra institución colonial, su creatividad e inteligencia y disfrutar de una alto grado de libertad. Los archivos religiosos son el mejor testimonio de este aserto: crónicas, obras literarias de contenido diverso, tratados espirituales, biografías de monjas notables del propio monasterio, correspondencia, libros de administración, etc..., escritos con habilidad caligráfica, refinadas expresiones literarias y lenguaje técnico, lo confirman. Los archivos públicos, en cambio, nos presentan otra faceta del monasterio: los recursos de las monjas, ante las autoridades civiles o eclesiásticas, por irregularidades observadas en la marcha de la vida comunitaria y por las intromisiones del Ordinario o del prelado religioso en aspectos no admitidos por las constituciones. Reflejan independencia de acción en la monja colonial, conocimiento cabal de sus derechos, habilidad y sentido político en la presentación del asunto. Por eso, estos últimos temas son los preferidos por las escritoras feministas''”&amp;lt;ref&amp;gt;Foz y Foz, ''Las mujeres...,'' o.c., p. 136.&amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Citamos este juicio histórico de una conocida mujer historiadora sobre la condición, educación y actuación de las religiosas en las Américas&amp;lt;ref&amp;gt;Foz y Foz, ''Fuentes Históricas para la Historia de la educación de la mujer en Europa y América. Archivos Históricos Compañía de María Nuestra Señora 1607-1921'', Roma 1989.&amp;lt;/ref&amp;gt;en las  que vivieron monjas del calibre de Jerónima de la Asunción (1555-1630) y de Ana de Cristo, monjas franciscanas, pioneras en la fundación del primer monasterio de monjas en  las Filipinas. Ana de Cristo nos ha dejado un precioso manuscrito titulado ''Vida de la Madre Jerónima'' (Ms Manila 1629) donde se narra, casi como en un diario, los avatares de un penoso viaje de casi dos años de duración, desde Sevilla hasta Manila, pasando por México; los datos biográficos de la Madre Jerónima aparecen en el primer libro de la obra de Fray Bartolomé Letona, Perfecta Religiosa...., Puebla De Los Ángeles 1662; y en la obra de Fray Gines de Quesada del Orden de N. P. San Francisco, ''Exemplo de Todas las Virtudes.... sacado a la luz por el M.R.P. Fr. Agustín de Madrid''... México 1713. Madrid 1717&amp;lt;ref&amp;gt;C. de Causis Sanctorum, Prot. 1720, Manilen., B''eatificationis et canonizationis Hieronymae ab Assumptione (in sace. H. Yañez)'' (1555-1630) ''Positio Super Vita Et Virtutibus'', Romae MCMXCI. En la citada Positio es publicada por vez primera la biografía (casi un diario de viaje) de la compañera Madre Ana de Cristo.&amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otras figuras eminentes de religiosas (monjas unas, “beatas” o “recogidas” en casa otras) son las de Sor Juana Inés de la Cruz en México, Santa Rosa de Lima, dominica en su casa, o Santa Mariana de Jesús de Paredes y Flores en Quito (Ecuador), por citar algunos ejemplos emblemáticos del siglo XVII. Pese a todas las sombras, los monasterios han dado la posibilidad a las mujeres, quizá  más que la mayoría de los ambientes de la época -y no sólo en las Américas- de una autonomía y creatividad notable. Fueron  para estas mujeres, lugares de intensa actividad intelectual, humana y espiritual, que la fe católica promovía, y que a duras penas se les consentía en otros ambientes de la vida social. Las monjas y religiosas citadas son un testimonio potente de ello, pese a las trabas, los límites y las circunstancias que hemos bosquejado y que han pesado ciertamente en su vida, pero que no le han impedido desarrollar toda su riqueza humana y cristiana&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==NOTAS:==&lt;br /&gt;
  &lt;br /&gt;
&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.56.173</name></author>
		
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		<title>MONJAS, MUJERES y Conventos en el Nuevo Mundo</title>
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		<updated>2014-04-02T20:51:16Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.173: Página creada con 'MONJAS, MUJERES y Conventos en el Nuevo Mundo  ==1. El papel de la mujer en la configuración del nuevo mundo==  ¿Cuál ha sido el papel de la mujer en la evangelización del N…'&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;MONJAS, MUJERES y Conventos en el Nuevo Mundo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==1. El papel de la mujer en la configuración del nuevo mundo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Cuál ha sido el papel de la mujer en la evangelización del Nuevo Mundo a lo largo de los siglos dela colonización hispano-lusitana? El tema ha gozado de la amplitud que merece por parte de los historiadores.	En la Europa del otoño medieval, del Renacimiento y del Barroco encontramos personajes femeninos eminentes en todos los campos: eclesial, político y cultural. Basta pensar al papel que han ejercido en la Iglesia conocidas personalidades religiosas como Idelgarda de Bingen (1098-1179), Catalina de Siena, hoy doctoras de la Iglesia, Brígida de Suecia, Juana de Arco y otras; y ya en la Edad Media o comienzos de la Moderna, y luego en plena edad renacentista y tridentina, personalidades como Teresa de Ávila, por citar un ejemplo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el campo religioso, cultural y político, mujeres del talante de Isabel la Católica, varias reinas de España en el siglo XVI, como Isabel de Portugal, esposa del emperador Carlos V, reinas también de Francia como Catalina de Medici, y en la historia inglesa María Tudor, María Estuardo, Isabel I no son excepciones; a veces juzgadas de manera diversa por la historiografía, en bien o en mal, entran con pleno derecho en el ámbito de la historia cultural y política del mundo moderno. Lo mismo hay que decir del mundo literario y religioso, en la historia de la educación y de la santidad. En este último caso basta recordar, aparte del ya citado caso de Teresa de Ávila, personalidades como Ángela Merici, Mary Ward, María de Ágreda y las numerosas protagonistas del mundo literario de la historia de la mística. Pero hay que reconocer que su papel, quitando estas notables excepciones, era más bien reducido al campo familiar. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El estudio de la participación de las mujeres en las transformaciones socio-culturales y políticas de Iberoamérica, estaba a finales del siglo XX  todavía en sus albores, con un abanico de perspectivas dependientes de sensibilidades y ángulos bastante diversos. La historiografía iberoamericana en general dedica poco espacio al tema de la mujer. Nos encontramos frecuentemente con estudios de carácter monográfico sobre conventos y monjas en la sociedad colonial; pero escasean los relativos a instituciones seculares y a las mujeres laicas. Tampoco existen demasiados estudios sobre la mujer evangelizadora. El hecho mismo de no encontrar publicada mucha correspondencia y documentación sobre la actuación de la mujer en el Nuevo Mundo, sobre todo en lo que a la evangelización se refiere, incluidas las órdenes religiosas femeninas, es también un indicio del escaso interés por el asunto. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin embargo la mujer ha tenido un papel fundamental en la gestación de América Latina; entre otros, un campo donde ciertamente se ha distinguido ha sido el de la educación básica y familiar. Esto se verá con claridad indiscutible, sobre todo a lo largo de los siglos XIX y XX, cuando América Latina se verá azotada por la peste de continuas guerras civiles; entonces el punto fundamental de referencia en la vida social y en la educación de los hijos como en la transmisión de las sanas tradiciones culturales y religiosas, será la madre. Por todo ello es necesario reconstruir el universo y protagonismo femenino en América Latina. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La historiadora Pilar Foz y Foz apunta los siguientes rasgos esenciales de las primeras mujeres que pasaron a América y cuya imagen ideal correspondía a la descrita por autores didácticos como Fray Martin de Córdoba, Fray Hernando de Talavera, Juan Luis Vives y Fray Luis de León&amp;lt;ref&amp;gt;Pilar Foz Y Foz, ''Las mujeres en los comienzos de la evangelización del Nuevo Mundo'', o.c.,  p. 125.&amp;lt;/ref&amp;gt;. El influjo de estos autores fue importante entre la elite socio-económica. Algunas mujeres llegaron a América con los conquistadores, pero la mayoría se establecieron allí en un segundo momento. Las leyes reales disponían qué tipo de mujeres no podían pasar al Nuevo Mundo: “''Que no pasen solteras sin licencia del Rey, y las casadas vayan con sus maridos''”. Bermúdez Plata da los siguientes datos sobre esta inmigración femenina desde España al Nuevo Mundo entre 1509 y 1600: 9.923 mujeres, de las que 5.626 fueron solteras o viudas y 4.297 casadas; representaban el 18% de todos los españoles que pasaron al Nuevo Mundo&amp;lt;ref&amp;gt;Cristobal Bermudez Plata, C''atálogo de pasajeros a Indias'', Sevilla 1940, cf. vols. 1-4; Ema Serra Santana, ''Mito y realidad de la emigración femenina al Nuevo Mundo en el siglo XVI'', en Femmes des Amériques, Université de Toulouse-Le Miral, 1986, pp. 31-42.&amp;lt;/ref&amp;gt;. A partir de 1540 se incrementó notablemente esta presencia de la mujer procedente de España. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tanto la Iglesia como el Estado concebían la familia como pilar de la sociedad por lo que eran particularmente tuteladas. Las mujeres españolas trasplantaron en el Nuevo Mundo sus valores religiosos y sociales, sus usos y costumbres. La servidumbre, compuesta por mujeres indígenas, por negras y mulatas, tuvo también un papel fundamental en el proceso de interrelación cultural. A diferencia de la América portuguesa e incluso inglesa, en la española llegaron muchas más mujeres, por lo que éstas influirán notablemente en el proceso transculturador. Se fundarán para ellas instituciones educativas y religiosas. El obispo franciscano Juan de Zumárraga las introduce bien pronto en México. Por ello, contrariamente al caso de Brasil, no sentirán la necesidad de volver a España por motivos educativos o religiosos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Según el derecho castellano, ya desde las ''Siete Partidas'' (Leyes del s. XIII, atribuidas a Alfonso X el Sabio)&amp;lt;ref&amp;gt;Su nombre original era Libro de las Leyes, y hacia el siglo XIV recibe su nombre actual; existen otro conjunto de Leyes atribuidas al mismo monarca.  En 1252, ocupó el trono de León y Castilla, a la muerte de Fernando III; ''Las Siete Partidas de Alfonso X El Sabio  (1121- 1284). Libros, el regreso a las fuentes Alfonso X El Sabio'', Madrid: Editorial Castalia, 1992.&amp;lt;/ref&amp;gt;, las mujeres conservaban su autonomía y facultad de disponer libremente de sus bienes, sobre todo en caso de viudedad, así como el control de sus dotes y arras. Esto hizo posible la fundación por parte de la mujer, de obras asistenciales, religiosas y educativas, fundamentales en la historia de la evangelización de Iberoamérica. Por lo tanto, a pesar de los instrumentos muy limitados con que contaba la mujer y de la circunstancias socio-culturales de las Indias, de hecho la mujer ejercitará  un influjo relevante en la formación religiosa y cultural de América Latina. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los rasgos esenciales de la mujer peninsular se mantuvieron muy estables durante los siglos XVI-XVII y los fueron adoptando sus descendentes, las criollas, aunque a lo largo de la época virreinal su papel y su actuación evolucionará. En esta primera época, la mujer española criolla cumple fundamentalmente una función familiar y educativa en la sociedad básica. ¿No es uno de los motivos por los que los latinoamericanos, sin distinción de sexos, están mucho más unidos afectivamente a las madres que no a los padres? ¿Y no es significativo que una de las mayores ofensas para un hijo de esta tierra sea la de blasfemar o maltratar el nombre materno? De hecho, se puede constatar todavía hoy este papel y como uno de los mayores insultos intolerables en los ambientes latinoamericanos en “mentar” o insultar a la madre del que se quiere herir y ofender en lo íntimo&amp;lt;ref&amp;gt;Coloquilamente en muchos países existen frases altamente ofensivas en este sentido, como el mexicano “chinga a tu madre”, “hijo de la chingada...” o semejantes como “hijo de puta”, “puta madre” . ''La chingada'' es la madre violada o burlada por fuerza. El hijo de la chingada es el engendro de la violación, del rapto o de la burla. Si se compara esta expresión con la española, &amp;quot;hijo de puta&amp;quot;, se advierte inmediatamente la diferencia. (cf. Octavio Paz, ''El laberinto de la soledad''). Si &amp;quot;hijo de puta&amp;quot; es el insulto máximo en los demás países hispanohablantes, &amp;quot;hijo de la chingada&amp;quot; es su equivalente mexicano. Cabe resultar lo diferente: la Chingada no es la mujer que se prostituye sino la que se entrega pasivamente al seductor extranjero para permitir la conquista. (Néstor A. Braunstein,'' Por el camino de Freud'', Siglo XXI, 2001, p. 199).&amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si bien la situación de la mujer cambiará  progresivamente a partir del siglo XVIII con el extenderse de instituciones educativas para la mujer que le llevará  a un mayor protagonismo en la vida pública y social, su papel de fondo permanecerá  todavía inalterado durante mucho tiempo. Así en la historia de las independencias de Hispanoamérica encontramos algunas mujeres que ejercieron un papel importante en dicha historia. Basta recordar la Corregidora en Querétaro, Josefa Ortiz de Domínguez, una de las heroínas del movimiento emancipador en México. Algo semejante ocurre en la Europa del romanticismo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra novedad que habría que subrayar al hablar de la mujer en la América hispana de la primera época, es el pionerismo de la mujer seglar en la evangelización antes que la religiosa de profesión. Al comienzo lo hacen como miembros de cofradías, beaterios o asociaciones piadosas de damas, que agrupan mujeres de toda clase social, especialmente no de muchos recursos económicos y de color. En el siglo XVI, ya a partir del concilio V de Letrán crece todo un movimiento de terceras órdenes, que corresponden al de la Observancia y de renovación de las antiguas. Algunos terciarios vivían en comunidades seculares o regulares; otros en sus casas, casados o célibes, consagrados a una vida de austeridad y penitencia. Precisamente su implantación en el Nuevo Mundo (Indias) pedirá andando el tiempo una legislación específica, algunos porque no observaban una pobreza perfecta como los conventuales, y otros porque se declaraban exentos de la jurisdicción civil&amp;lt;ref&amp;gt;''Recopilación de Indias'', l.14.86 (año 1524, 1633); l, 14.87 (año 1615). Cf. M. J. de Ayala, ''Notas a la Recopilación de Indias'', bajo la dirección de J. Manzano, Madrid 1945, pp. 288-289.&amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Precisamente las disposiciones del Lateranense V y las siguientes de León X protegen la nueva realidad de las terceras órdenes, conforme a su estilo de vida&amp;lt;ref&amp;gt;Cf. bulas de León X: ''Dum intra mentis'' (19.XII.1516); ''Nuper in sacro'' (1.III.1518); ''Dudum per nos'' (10.XII.1519: comunicación de los privilegios); ''Inter cetera'' (20.I.1521) para la tercera orden franciscana.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Se establece su estatuto según tres circunstancias religioso-sociales y en base a su estado: casados o célibes; en base a vigor jurídico de su consagración religiosa según las modalidades admitidas en aquella época (si viven “colegialmente” o “en sus casas”, y si emiten votos “solemnes” o “simples”). Si se trata de casados, entonces no entran en el estado eclesiástico y por lo tanto caen bajo el derecho común, civil y canónico; su tercera orden se convierte en una sencilla hermandad.  Las mujeres, vírgenes o viudas, que vivían en sus casas, emitían un voto simple de castidad, y este voto era acogido bajo algunas condiciones, como tener medios económicos suficientes de subsistencia y habitasen cerca de parientes cercanos en primer grado. Las que viven en común son consideradas personas eclesiásticas, tanto en el foro eclesiástico como en el civil. Otra exigencia para estos casos era la observancia de la clausura. Por ello, estas terciarias regulares son consideradas “monjas” (“hermanas”, “sórores”) si emiten votos solemnes; mientras las terciarias “seculares” viven en el mundo y emiten votos simples y sin clausura; puede haber terciarios o terciarias seculares casados o casadas, que incluso pueden emitir un voto de castidad simple según el propio estado y según la antigua fórmula de “vida religiosa familiar”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el caso del Nuevo Mundo se erigen pronto, sea monasterios de monjas regulares, como también casas de recogidas (penitentes); una primera de éstas en Santo Domingo en 1526. Las exigencias eclesiales del Nuevo Mundo piden un trabajo más libre por parte de estas beatas, que no siendo regulares, no están obligadas a la clausura, por lo que pueden desarrollar con mayor libertad obras de enseñanza o de caridad. Se agrupan en comunidades, con o sin votos, y bajo la dirección de una superiora. Carlos V no sólo envía frailes mendicantes reformados al Nuevo Mundo, sino también beatas, misioneras libres de la clausura y bajo la jurisdicción de los obispos (1531)&amp;lt;ref&amp;gt;Fr. Jaime Barón y Arín, ''Tercera orden Cherubica''. ''Milicia e Iesu Christo ó Penitencia de Santo Domingo. Su origen, fundación, sus frutos de santidad, su regla y modo de vida de los terciarios, Zaragoza 1733; en Vasco de Puga, Provisiones, Cedulas para el gobierno de la Nueva España''… se encuentran varias disposiciones de la II Audiencia de la Nueva España (1530-1535) en tal sentido: Vasco de Puga [oidor de la Audiencia], México , 1563 y 1878; este cedulario desconocido del siglo XVI, fue publicado por Alberto María Carreño, México, 1944;   y por Centro de Estudios de Historia de México Condumex, 1985.  La Segunda Audiencia gobernó desde enero de 1531 hasta abril de 1535. El primer virrey de la Nueva España fue Antonio de Mendoza.J. Muriel, Las mujeres de Hispanoamérica, Madrid 1993; M. J. de Ayala, ''Diccionario de gobierno y legislación de las Indias'', 6 (Madrid – 1988), 284-294; Conventos, Id., 2 (Madrid – 1989) 250-270; Id., Beaterios, 2 (Madrid – 1989) 129-130; G. Guarda, L''a implantación del monacato en Hispanoamérica''. Siglos XV-XIX, Santiago de Chile 1973.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Pertenecen a tales beaterios y experiencias como las de santa Rosa de Lima (+1617), santa Mariana de Jesús Paredes (+1645) en Quito, y muchos otros en el Nuevo Mundo y en las Filipinas. Algunos de estos recogimientos o beaterios se transforman más tarde en verdaderos monasterios y son asimilados por Órdenes religiosas clásicas, como fue el caso de las Nazarenas de Lima, todavía hoy vivas y  unidas a las monjas Carmelitas descalzas; el beaterio primitivo, hoy monasterio de las Nazarenas de Lima, se levantó en el siglo XVIII en el lugar venerado hoy por todo Perú como Santuario del Señor de los Milagros. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En otros casos, ya en el siglo XIX y en el XX, se convertirán en congregaciones religiosas de votos simples, como fue el caso de la rama femenina de la Orden de los betlemitas (Orden de los Hermanos de Nuestra Señora de Bethlehem), fundada en Guatemala en 1656 por san Pedro José de Betancurt, con el fin de servir a los pobres. Los Betlemitas fue la primera orden religiosa nacida en América. La orden fue suprimida en 1821 cuando, solo en la Nueva España contaban con más de 20 hospitales,  y una decena de escuelas por donde pasaron miles de niños y otras muchas obras por toda la América Hispana. En 1861 la madre Encarnación Rosal (1815-1886), hoy venerable, restaura la rama femenina de la orden. En 1984 el Papa Juan Pablo II autorizó la puesta en marcha de la rama masculina. Estas mujeres de los beaterios tuvieron un papel preponderante en tareas educativas y en obras de caridad. Entrando también en contacto con los varios sectores de la sociedad, especialmente con los indígenas, mestizos, negros y mulatos, desempeñaron una función de cohesión religiosa y de integración social. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Además otra clase de institución “genuinamente americana fueron los recogimientos que, creados para los indígenas, se adaptaron luego para las jóvenes de la misma raza y, finalmente, para mestizas”&amp;lt;ref&amp;gt;Pilar Foz y Foz, ''Las mujeres en los comienzos de la evangelización del Nuevo Mundo'', o.c., p. 128.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  Existen ya numerosos estudios sobre la preocupación de los primeros evangelizadores por la evangelización y formación de la joven indígena; por ejemplo en 1525 en México, donde el contador Rodrigo de Albornoz solicita al emperador la apertura de escuelas para los indígenas y expone la necesidad de fundar un monasterio para mujeres que instruyeran a las hijas de los caciques y las mantuvieran “en orden y concierto hasta las casar, como hacen las Beguinas en Flandes”&amp;lt;ref&amp;gt;''Carta del contador Rodrigo de Albornoz al Emperador'', en Joaquin García Icazbalceta, ''Colección de documentos para la Historia de México'', vol. 1, México 1971, p. 501; FOZ Y FOZ, Las mujeres.., o.c., p. 128.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Idénticas iniciativas y peticiones las encontramos en Hernán Cortés y en  el obispo fray Juan de Zumárraga en México.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tal preocupación así como las iniciativas correspondientes, fue constante a lo largo del periodo colonial. Varios obispos creyeron también oportuno extender las iniciativas educativas masculinas en favor de los indios al mundo femenino. Por eso, ya a partir de 1529 vemos en México la presencia de damas españolas que llegan con el claro objetivo de consagrarse a esta tarea y que trabajan en este campo con los indígenas. Así, por recordar uno de estos ejemplos, el Monasterio del Corpus Christi de Nobles Caciques Franciscanas Descalzas de la ciudad de México, fue fundado por el virrey Baltasar de Zúñiga, Marqués de Valero, en 1724 “pro puellis, seu Mulieribus nobilibus natione Indis sub instituto primae Fregulae scta Clara, ac denominatione Ssmi Corporis xti... [sic]”, como dice un documento del papa Benedicto XIII dado en Roma el 26 de julio de 1727. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todas las informaciones de las postulantes hasta el año 1741 están contenidas en un voluminoso manuscrito que lleva en su cubierta el siguiente título: Ynformaciones desde el año 1724 hasta el de 1741, y se encuentra actualmente en el Archivo de dicho convento. La patente y expediente 43 del Libro 1 de dichas Ynformaciones corresponden a la monja María Antonia de Escalona y Roxas, de raza india ( y se anotan sus ascendientes), y la de Gertrudis de Torres Vázquez, que se declaraban descendientes en línea directa del “benturoso Juan Diego” [sic], vidente de la Virgen de Guadalupe. La monja María Antonia demuestra ser hija del cacique de Zacualco (Atzacualco), Jurisdicción de Nuestra Señora de Guadalupe. La monja muere en 1762 o en 1763. Pretendía precisamente demostrar su “pureza de noble linaje indio”, perteneciente a una noble familia de caciques o nobles indios, para cuyas hijas el virrey había fundado el convento, e incluso descendiente directa del mismo Juan Diego. La candidata tenía que demostrar su “legitimidad y pureza de sangre”, para lo que se pedía presentar una serie de “informaciones”, requisito legal que cumplían todas las candidatas para poder ingresar en dicho convento; estas informaciones legales quisquillosas ofrecen valiosos datos sobre las familias indias&amp;lt;ref&amp;gt;Fidel González Fernández, ''Guadalupe: pulso y corazón de un pueblo. El Acontecimiento guadalupano cimiento de la fe y de la cultura americana'', Madrid 2004, pp. 227-237.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Por ello, en una época en que la mujer europea era generalmente analfabeta, llama la atención esta preocupación con las indígenas y españolas del Nuevo Mundo. Al principio vemos al margen de estas iniciativas las órdenes propiamente dichas de monjas de clausura debido a su misma constitución que les apartaba de la posibilidad de tal dedicación, como bien se conoce por las disposiciones de los tiempos de Trento y del papa Pio V. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==2. Discusiones y decisiones sobre el tema de la vida religiosa y de los monasterios a partir de Trento==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El concilio de Trento trata el tema de la reforma de la vida religiosa regular en su sesión conclusiva (la XXV: 3 y 4 de diciembre de 1563) en 21 capítulos, donde trata además otros asuntos varios de carácter disciplinar. Cf. el diario de uno de los Padres conciliares: P. Gonçalez de Mendoza [obispo de Salamanca], Lo sucedido en el concilio de Trento desde el año 1561 hasta que se acabó, en Societas Goerresiana, Concilium Tridentinum. Diariorum, Actorum, Epistularum, tractarum, Nova Collectio. Tomus secundus. Diariorum pars secunda (Ed. Friburgi Brisgoviae 1963, 635-719). Tras el Concilio se crean congregaciones en la Curia romana para seguir la reforma y los asuntos relativos a la vida religiosa como: la S. Congregación del Concilio (1564); la S. Congregación super consultationibus Episcoporum et aliorum Praelatorum (1586), la S. Congregación pro Consultationibus Regularium (1587), unidas luego por Clemente VIII (1601) en la S. Congregación super negotiis Episcoporum et Regularium; la S. Congregación de Propaganda Fide (1622) que toca también estos asuntos; la S. Congregación super statu Regularium, creada por Inocencio X (1652); todas estas Congregaciones de la Curia romana fueron creadas o tocan directamente  la reforma y la reglamentación canónica de la vida religiosa masculina y femenina. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de Trento, San Pio V (1566-1572)  en su reforma es drástico:  todos deben emitir votos solemnes, que para las terciarias de votos simples significaba la clausura y caer bajo la autoridad de los observantes “tamquam patres et superiores”, de la bula Ea est (1568) hasta Clemente XII, bula Ex iniuncto (1731)&amp;lt;ref&amp;gt;cf. Guerra, IV, 91-100. &amp;lt;/ref&amp;gt;. Las terciarias de votos solemnes se revitalizan con el espíritu de la Recolección [reforma de la vida religiosa volviendo a las raíces estrictas carismáticas de su fundación formando comunidades religiosas de observantes en tal sentido], que forjará notables reformas en antiguas órdenes religiosas; en España el fenómeno es abundante. De todos modos, según el espíritu de la reforma de Pío V, todos y todas las que se proponen vivir según el espíritu de los regulares deben emitir votos solemnes y observar la clausura, por lo que tanto hombres como mujeres que forman comunidades seculares tienen que convertirse en regulares; así se manda a las mujeres con la bula Circa pastoralis (1566), y más tarde a los hombres con la Lubricum vitae genus (1569), y al mismo tiempo se prohíbe la fundación de nuevas comunidades de aquel estilo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El papa Gregorio XIII trata de resolver los múltiples problemas suscitados por tales decisiones, sobre todo de carácter económico, indicando cómo se debía atender a las necesidades económicas de las monjas y respetar la clausura. Ya se daban cuenta de cómo las medidas aplicadas al caso de las religiosas eran demasiado duras, y las rigurosas medidas emanadas no eran siempre aplicadas. Así el teólogo y jurista Francisco Suárez (De religione, trac. VII, lib. 2, cap. 16, n. 4) . Las exigencias de la evangelización, de las obras educativas y de caridad (escuelas, hospitales, orfanatorios, hospicios…) se encargarán de ir abriendo cauces y ablandando una notable rigidez jurídica. Las decisiones papales de la época las toleran, más que las aprueban, reconocen fluidamente su existencia benéfica, hasta que ya muy entrado el siglo XIX, paso a paso deberá reconocer canónicamente la avalancha de nuevas fundaciones que surgían tras los movidos años de las revoluciones francesa y liberales. Por todo ello, ya en plena edad barroca nace una floreciente literatura jurídica sobre el argumento con autores tan conocidos como Suárez, Navarro, Rodríguez, de Miranda, Azor, Tamburino, Pellizario, etc…&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==3. El caso de las Indias==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los escritores de Indias hablan de la vida claustral femenina; a veces se refieren a formas de vida religiosa y ascética entre los pueblos que conocen, como los aztecas en México o los incas  en el Perú (mamaconas o acllas), donde existían formas de consagración virginal, como en las monjas actuales o las vestales romanas, escriben estos cronistas, pero las ven generalmente en forma negativa, como algo “fundado por el diablo” para seducir y engañar, - y en esto siguen los módulos con los que muchos de ellos juzgaban las expresiones religiosas del mundo pre-colombino -, pero no dejan de admirar su ascética. El tema lo tocan escritores como Mendieta, Sahagún, Gómara, Cobo, Acosta, Antonio de la Calandra – Bernardo de Torres (Crónicas agustinianas del Perú, Madrid 1972, lib. I, cap. 5); F. Guzman Poma de Ayala (Nueva crónica y buen gobierno, ed. Madrid 1987, vol. B, pp. 791-896). En una época posterior surgirán adaptaciones de la misma clausura para permitir, al menos en parte y de manera todavía muy reducida, un trabajo educativo de este tipo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Casos sumamente dramáticos como los de Angela de Merici, en Italia, Mary Ward en Francia e Inglaterra, la Compañía de María en Francia con Juana de Lestognac, y otros semejantes, demuestran las tremendas dificultades con las que se encontraron estas pioneras del papel de la mujer en la Iglesia. Los obstáculos que encontraron con frecuencia no pudieron superarlos por la cerrazón de los ambientes curiales y culturales de entonces; deberán esperar hasta los años siguientes a la Revolución francesa cuando las circunstancias de un mundo en total evolución, la disolución de las órdenes religiosas antiguas y los fenómenos que la acompañaron,  obligarán a la Iglesia a permitir nuevos cauces en la vida religiosa, especialmente femenina. Por ello y con razón, el siglo XIX es considerado en el campo eclesiástico como el siglo de la revolución femenina en el campo de las nuevas fundaciones de congregaciones religiosas de vida activa, que van cubriendo todas las áreas dejadas como heridas dolorosamente abiertas por un mundo liberal insensible a los nuevos dramas de la sociedad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el siglo XVI americano aparece muy pronto una nueva preocupación que se añade en el campo educativo: el mundo de las jóvenes mestizas. En un segundo momento, y esto es ya un claro signo de decadencia, se posterga bastante y se olvida la educación de la indígena en favor de las mestizas, españolas pobres y criollas, que van a absorber la mayor parte de las atenciones prestadas al mundo femenino por cofradías, beaterios e instituciones tanto civiles como eclesiásticas. Entran en esta serie de iniciativas los llamados &amp;quot;colegios-recogimientos&amp;quot;. El primero se instituyó en Santo Domingo en 1530; en México se funda en 1548 el Colegio de Niñas o La Caridad por la Cofradía del Santísimo Sacramento . Otra circunstancia que limita el protagonismo público de la mujer en la vida social y su creatividad en el campo de las artes y las letras, es propia de una concepción corriente y generalizada, difundida en esta edad en todo el mundo occidental, sobre el papel que jugaba la mujer en la sociedad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==4. Los monasterios de monjas en las Indias==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si bien desde el primer momento abundan las peticiones de fundación de monasterios femeninos en las Indias, éstas encuentran una oposición en el Consejo de Indias por considerar que no había llegado aún el momento; sólo en 1540 se funda en México el primer monasterio femenino: el de la Concepción. Los primeros monasterios de monjas establecidos en América observaron las reglas de los mendicantes (y se entiende, por ser las órdenes mendicantes las principales evangelizadoras del Nuevo Mundo, a las que más tarde se suman los jesuitas); siguieron los pertenecientes a las órdenes monásticas; por último, en el siglo XVIII, llegó la primera Orden de carácter apostólico-docente, la Compañía de María, fundada en Francia por Juana de Lestonnac; pero ya desde un principio comienzan a fundarse los llamados “beaterios” o “recogimientos” de mujeres, que con frecuencia acogían niñas educandas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entre las monjas de clausura de los citados monasterios, una de las más conocidas fue Sor Juana Inés de la Cruz, monja mexicana de votos solemnes y por lo tanto, de clausura según la legislación claramente establecida en su época. Hay monasterios en todas las ciudades más importantes de la Hispanoamérica virreinal. Estos monasterios son fiel trasplante de los europeos, que en muchos casos, aparte de los reformados, daban claras señales de estancamiento e incluso decadencia. La constitución  Periculoso ac detestabili dejaba enclaustradas a estas monjas, en buena parte versión femenina de las Ordenes mendicantes . Como observa Foz y  Foz “no les fue posible, por condicionamientos canónicos y sociológicos, desarrollar un apostolado semejante al que llevaban a cabo los varones en la respectiva Orden mendicante; este vacío lo llenaron las mujeres seculares pertenecientes a las terceras Ordenes fruto de la sociedad urbana a la que sirvieron de manera creativa eficiente” . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta observación nos hace comprender la vida acomodada, gris y lánguida que llevaban muchos de estos monasterios, especialmente a finales del siglo XVII cuando la decadencia era incluso ya mayor. El problema ya se lo habían planteado los primeros frailes evangelizadores como Zumárraga, que consideraban inadecuados aquellos viejos moldes de vida religiosa para la nueva situación, y quería formas más ágiles y al mismo tiempo más según el espíritu primitivo de los orígenes . De todos modos, las mismas disposiciones de Pio V con la bula Circa Pastoralis (1566) que reglamentaba la vida religiosa femenina obligando a la clausura estricta, se aplicaron con dificultad y con muchas acomodaciones en las Indias . Muchos de aquellos monasterios vivían de manera muy indefinida, con poca identidad con el mismo carisma de la Orden masculina de cuya espiritualidad participaban, debido a la manera como se habían hecho las fundaciones, las fundadoras de las mismas, a veces poco identificadas con el carisma de la Orden, la demasiada frecuencia de las intervenciones e injerencias de patronos , eclesiásticos y seglares, en los asuntos de los monasterios y en la vida de la comunidad, el aislamiento e independencia de cada monasterio, el hecho de ser “refugio” fácil para muchas “segundonas”  de familias hidalgas o pudientes, y con poca vocación contemplativa y la demasiada mundanidad y trato con el mundo exterior secular, como se solía decir. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No obstante estas graves lacras, comunes también a muchos monasterios europeos, los monasterios americanos desempañaron una función religiosa, social, cultural y económica, siendo frecuentemente reales centros de la vida urbana. Un ejemplo característico de este estilo de monasterios desde un punto de vista arquitectónico y estructural, puede todavía verse hoy en el monasterio de las Dominicas de Santa Catalina de la ciudad de Arequipa, en Perú. Además muchos gozaban de buenas rentas y legados, que añadían también prestigio a fundadores y ciudades. Las Leyes de Indias prohibían recibir en cada monasterio más monjas “de las que pudieran sustentar y fueren de número de su fundación”; entre ellas, tenían plenos derechos las mestizas “precediendo información de vida y costumbres” .  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También esta legislación se aplicaba al caso de los conventos de monjas de linaje indígena, como en el caso ya recordado del monasterio de clarisas “Corpus Christi”, fundación virreinal en la ciudad de México, en el siglo XVIII. Sin embargo, estas disposiciones quedaron en letra muerta: “los monasterios exigieron «limpieza de sangre»,  y quedaron reservados -de hecho- a españolas peninsulares y criollas descendientes de los conquistadores y primeros pobladores, a pesar de las denuncias de autoridades eclesiástica y civiles”  . Los documentos legales de la época hablan claro en tal sentido, como el Concilio Provincial de Lima del 22 de septiembre de 1583 y la petición al rey de que la tercera parte de las monjas de un monasterio sean mestizas (La Plata, 14 de febrero de 1577) o cuando se exige explícitamente la pertenencia al mundo indígena, como en el caso antes citado de las monjas del monasterio del Corpus Christi de la ciudad de México. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En una palabra, aparte de que las prescripciones sobre el número de monjas no se observaba por lo general, y los monasterios a veces estaban pletóricos de monjas; las motivaciones para entrar en el monasterio no eran siempre puras y fruto de una vocación personal; frecuentemente jugaban en la entrada factores sociales y económicos de la familia de la novicia. Incluso los promotores y patronos de estas fundaciones no esconden estos motivos a la hora de solicitar la licencia real “para casar una hija con mediana decencia es necesario mucho más caudal que para que entren dos en Religión”; incluso “esta necesidad de cubrir urgencias de carácter social, la manifestaban también las autoridades seculares al escoger una Orden religiosa con preferencia a otra: las más deseadas eran, por lo general, las que admitían mayor número de monjas” .&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lógicamente, esta elasticidad y esta praxis de querer combinar exigencias sociales con vocación religiosa, contraria a las Leyes de Indias, al Derecho Eclesiástico y sobre todo a la historia de la Vida Religiosa, repercutió negativamente sobre el estilo de vida monástica y la observancia religiosa, creando graves problemas a las autoridades, tanto eclesiásticas como religiosas de las diversas Órdenes. Los monasterios crecieron en dimensiones desproporcionadas, llenándose de señoras monjas, donadas, criadas, niñas educandas, que obstaculizaban la vida regular e introducían costumbres seculares. Un visitante del inmenso monasterio dominico de Santa Catalina en Arequipa (Perú) puede darse cuenta de ello, recorriendo sus &amp;quot;calles&amp;quot;, patios, celdas, capillas, salas y claustros. Por ello las disposiciones eclesiásticas acabaron  prohibiendo la admisión de educandas, como las de Urbano VIII con la prohibición explícita para las Indias de no admitir mujeres en los monasterios que no tomasen el hábito  y en el siglo XVIII se tomarán todavía medidas más drásticas en tal sentido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hemos apuntado toda esta serie de sombras para explicar el ambiente en el que les tocaba vivir a mujeres con ansias de verdadera vocación religiosa, como fue el caso de Sor Juana Inés de la Cruz  en el México del siglo XVII, y otras muchas que adolecían de verdadera vocación contemplativa o claustral, en una época donde se daban casos de reclusión forzada en los conventos de hijas “segundonas” o en busca de una conveniente acomodación social y económica, sobre todo en doncellas pertenecientes a la hidalguía. Sin embargo, queremos también dejar claro que el hecho de la permisividad en aquella praxis puede explicarse por la falta de centros educativos y asistenciales, por lo que el monasterio desarrolló también una función de suplencia social, que podía llevar a abusos inevitables. A pesar de todo esto, los monasterios fueron centros religiosos en los que muchas mujeres vivieron con convicción y precisión su consagración religiosa y su dignidad como mujer, distinguiéndose también en el servicio a la sociedad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fueron casi siempre centros notables de cultura en los que “la mujer pudo desarrollar como en ninguna otra institución colonial, su creatividad e inteligencia y disfrutar de una alto grado de libertad. Los archivos religiosos son el mejor testimonio de este aserto: crónicas, obras literarias de contenido diverso, tratados espirituales, biografías de monjas notables del propio monasterio, correspondencia, libros de administración, etc..., escritos con habilidad caligráfica, refinadas expresiones literarias y lenguaje técnico, lo confirman. Los archivos públicos, en cambio, nos presentan otra faceta del monasterio: los recursos de las monjas, ante las autoridades civiles o eclesiásticas, por irregularidades observadas en la marcha de la vida comunitaria y por las intromisiones del Ordinario o del prelado religioso en aspectos no admitidos por las constituciones. Reflejan independencia de acción en la monja colonial, conocimiento cabal de sus derechos, habilidad y sentido político en la presentación del asunto. Por eso, estos últimos temas son los preferidos por las escritoras feministas” . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Citamos este juicio histórico de una conocida mujer historiadora sobre la condición, educación y actuación de las religiosas en las Américas  en las  que vivieron monjas del calibre de Jerónima de la Asunción (1555-1630) y de Ana de Cristo, monjas franciscanas, pioneras en la fundación del primer monasterio de monjas en  las Filipinas. Ana de Cristo nos ha dejado un precioso manuscrito titulado Vida de la Madre Jerónima (Ms Manila 1629) donde se narra, casi como en un diario, los avatares de un penoso viaje de casi dos años de duración, desde Sevilla hasta Manila, pasando por México; los datos biográficos de la Madre Jerónima aparecen en el primer libro de la obra de Fray Bartolomé Letona, Perfecta Religiosa...., Puebla De Los Ángeles 1662; y en la obra de Fray Gines de Quesada del Orden de N. P. San Francisco, Exemplo de Todas las Virtudes.... sacado a la luz por el M.R.P. Fr. Agustín de Madrid... México 1713. Madrid 1717 . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otras figuras eminentes de religiosas (monjas unas, “beatas” o “recogidas” en casa otras) son las de Sor Juana Inés de la Cruz en México, Santa Rosa de Lima, dominica en su casa, o Santa Mariana de Jesús de Paredes y Flores en Quito (Ecuador), por citar algunos ejemplos emblemáticos del siglo XVII. Pese a todas las sombras, los monasterios han dado la posibilidad a las mujeres, quizá  más que la mayoría de los ambientes de la época -y no sólo en las Américas- de una autonomía y creatividad notable. Fueron  para estas mujeres, lugares de intensa actividad intelectual, humana y espiritual, que la fe católica promovía, y que a duras penas se les consentía en otros ambientes de la vida social. Las monjas y religiosas citadas son un testimonio potente de ello, pese a las trabas, los límites y las circunstancias que hemos bosquejado y que han pesado ciertamente en su vida, pero que no le han impedido desarrollar toda su riqueza humana y cristiana&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==NOTAS:==&lt;br /&gt;
  &lt;br /&gt;
&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==BIBLIOGRAFÍA:==&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.56.173</name></author>
		
	</entry>
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		<title>Glosario</title>
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		<updated>2014-04-02T20:30:55Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.173: /* M */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;El objetivo de este glosario es facilitar el acceso a una definición de los principales términos que utilizamos en Wikipedia y en otros proyectos de la Fundación Wikimedia. Si no encuentras algún término de uso específico en Wikipedia o sus proyectos, bien puedes incluirlo en la lista para que alguien lo describa o preguntarlo en la página de discusión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
__NOTOC__&lt;br /&gt;
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'''[[CATECISMOS en México]]'''&lt;br /&gt;
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=== E ===&lt;br /&gt;
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'''[[ESPAÑA; la sociedad española  en la época de los descubrimientos]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
=== F ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
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'''[[FERNÁNDEZ CONCHA, Domingo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FERNÁNDEZ CONCHA, Josefa]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
'''[[FLORES, Ana]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FLORES GARCÍA, San Margarito]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FLOR Y CANTO DEL NACIMIENTO DEL NUEVO MÉXICO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FLORES VARELA, San José Isabel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FUEROS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== G ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Atentado contra la Imagen]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Bibliografía general]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Descubrimientos arqueológicos en Estados Unidos]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; El Acontecimiento Guadalupano e Inculturación]]'''&lt;br /&gt;
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'''[[GUADALUPE; el  problema de los &amp;quot;silencios&amp;quot;]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; El Santuario, su Culto y la Plaza Mariana]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
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'''[[GUADALUPE; fuentes mestizas o indo-hispanas]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Informaciones jurídicas de 1666]]'''&lt;br /&gt;
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'''[[GUADALUPE; RAÍZ DEL MUNDO CATÓLICO IBEROAMERICANO]]'''&lt;br /&gt;
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'''[[GUZMÁN LECAROZ, Joseph Francisco Xavier Miguel ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
=== H ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
'''[[HOSPITALES Y HOSPICIOS DE LA NUEVA ESPAÑA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HUEJOTZINGO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HUITZILOPOCHTLI; Deidad Azteca]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== I ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[INDEPENDENCIAS HISPANOAMERICANAS. EL CASO DE MÉXICO.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[INDIOS pueblo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ITURBIDE, Agustín de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ITZCÓATL]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== J ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[JESUITAS (Compañia de Jesús)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[JUAN DIEGO CUAUHTLATOATZIN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[JUAN DIEGO CUAUHTLATOATZIN; Descendientes]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[JUÁREZ GARCÍA, Benito]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== K ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[KUBLER, George Alexander ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== L ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LABASTIDA Y DÁVALOS, Pelagio  Antonio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LACUNZA Y DÍAZ, Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LAICISMO en chile]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LA IGLESIA EN EL SIGLO LIBERAL LATINOAMERICANO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LAMAS, José Benito]]'''&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
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'''[[LAS CASAS, Fray Bartolomé de; ¿anti-negro?]]'''&lt;br /&gt;
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'''[[LIZÁRRAGA, DE Reginaldo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LÓPEZ DE GÓMARA, Francisco]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LÓPEZ DE SANTA ANNA, Antonio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LOS ANDES, Santa Teresa de Jesús De]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== M ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
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 &lt;br /&gt;
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'''[[México. CONSTITUCIÓN de 1917; artículos antirreligiosos.]]'''&lt;br /&gt;
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'''[[MÉXICO; Educación desde la Revolución de 1910]]'''&lt;br /&gt;
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'''[[MÉXICO. Evangelización]]'''&lt;br /&gt;
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'''[[MÉXICO. Planes Políticos en los siglos XIX y XX]]'''&lt;br /&gt;
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'''[[MÉXICO. Partido Católico Nacional.]]'''&lt;br /&gt;
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'''[[MÉXICO. REFORMA, GUERRA Y LEYES DE]]'''&lt;br /&gt;
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'''[[MÉXICO; Universidades y Colegios Mayores]]'''&lt;br /&gt;
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'''[[MÚSICA  PREHISPÁNICA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== N ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[NAVARRETE GUERRERO, Julia]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
=== O ===&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
'''[[OVALLE, Alonso De]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== P ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PALAFOX Y MENDOZA, Juan de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PALOMAR Y VIZCARRA, Miguel]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PÁTZCUARO;  Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PEREGRINACIONES AL TEPEYAC]]'''&lt;br /&gt;
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'''[[POLÍTICA y religión en los proyectos insurgentes y realistas de la independencia de Nueva España]]'''&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
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'''[[PUEBLA DE LOS  ÁNGELES;  Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PUEBLA DE LOS  ÁNGELES; Ciudad ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Q ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[QUERÉTARO, Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[QUETZALCÓATL]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[QUINTO SOL (La cosmogonía azteca)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[QUIROGA, Vasco de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== R ===&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
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=== S ===&lt;br /&gt;
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'''[[SÁNCHEZ DELGADILLO, San Jenaro]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SALAS, Antonia]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SOCIEDAD MEXICANA DE HISTORIA ECLESIÁSTICA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SAN CRISTÓBAL DE LAS CASAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SAN JUAN DE ULÚA.  Castillo-Fortaleza]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SAN LUIS POTOSÍ; Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SAN MIGUEL DE ALLENDE; Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SANTUARIO NACIONAL DE LA GRUTA DE LOURDES]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SANTUARIO NACIONAL DE LA VIRGEN DEL VERDÚN]]'''&lt;br /&gt;
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'''[[SANTUARIO POPULAR DE SAN CONO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SIGÜENZA Y GÓNGORA, Carlos]]'''&lt;br /&gt;
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'''[[SIERRA MÉNDEZ, Justo ]]'''&lt;br /&gt;
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'''[[SUÁREZ, Sor Úrsula ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== T ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TILMA GUADALUPANA DE JUAN DIEGO CUAUHTLATOATZIN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TELPOCHCALLI]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TENOCHTITLAN; Capital del pueblo  Azteca]]'''&lt;br /&gt;
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'''[[TEOTIHUACÁN]]'''&lt;br /&gt;
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'''[[TEPEYAC]]'''&lt;br /&gt;
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'''[[TEPEACA]]'''&lt;br /&gt;
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'''[[TEXAS]]'''&lt;br /&gt;
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=== U ===&lt;br /&gt;
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=== V ===&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
'''[[VARELA Félix; Proceso de beatificación]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VASCONCELOS  CALDERÓN, José]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VELASCO Y RUIZ DE ALARCÓN, Luis de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VELAZQUEZ RODRÍGUEZ, Primo Feliciano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VIAJES DE JUAN PABLO II A MÉXICO]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VICUÑA LARRAÍN, Manuel ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VILLALPANDO, Cristóbal de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VILLANUEVA, Tomás de, O.S.A]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VILLARROEL, Gaspar DE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VIRUELA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VIVES SOLAR, Fernando ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== W ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== X ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Y ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[Yucatán en el Tiempo. Enciclopedia Alfabética]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Z ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ZAPATA  SALAZAR, Emiliano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ZAVALA SÁENZ, Lorenzo de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ZORRILLA DE SAN MARTÍN, Juan]]'''&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.56.173</name></author>
		
	</entry>
	<entry>
		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=DOMINICOS_en_la_Nueva_Espa%C3%B1a&amp;diff=3490</id>
		<title>DOMINICOS en la Nueva España</title>
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		<updated>2014-04-02T20:26:29Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.173: /* Declinación y restauración de la Orden Dominica en México */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;==DOMINICOS en la Nueva España==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la ciudad de Toulouse, Francia, en el año de  1215, Santo Domingo de Guzmán fundó la Orden de Predicadores (conocidos como Dominicos) bajo el carisma del estudio y la predicación, lo cual en esa época constituyó una novedad pues la predicación era oficio del clero secular y  no de las órdenes monásticas; en el lema  de los dominicos “''contemplar y dar a otros lo contemplado''”  quedó sintetizado el carácter a la vez monástico y apostólico de la Orden de Predicadores que fue confirmada por el Papa Honorio III el 22 de diciembre de 1216. La Orden dominicana destacó pronto en el estudio con figuras intelectuales tan importantes como Santo Tomás de Aquino (1224-1274) y San Alberto Magno (1193-1280). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Poco después del Descubrimiento de América los Dominicos se aprestaron a participar en la evangelización de las nuevas tierras y ya en el Capítulo General de la Orden celebrado en 1501 se señaló: “''Que los frailes viajeros al Nuevo Mundo sean idóneos para la predicación, ejemplares y doctos, a la vez que temerosos de Dios, capaces de anunciar la palabra de Dios y de confirmarla con su ejemplo''.” (Actas IX). Sin embargo no fue sino hasta septiembre de 1510 cuando los primeros misioneros dominicos arribaron a la isla de La Española, asumiendo de inmediato una posición enérgica de defensa de los indígenas ante los abusos que contra ellos cometían muchos encomenderos. En este sentido es célebre la homilía del cuarto domingo de Adviento pronunciada en Santo Domingo por fray Antonio de Montesinos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Primeras acciones de los dominicos en Nueva España; funciones de sus conventos==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de la Conquista de México (1521) y del arribo de los doce primeros misioneros franciscanos (1524), el 23 de junio de 1526 desembarcaron en Veracruz los primeros misioneros dominicos también en número de doce, siendo ellos Tomás Ortiz, quien presidía al grupo, Vicente de Santa Ana, Diego de Sotomayor, Pedro de Santa María, Justo de Santo Domingo, Pedro Zambrano, Gonzalo Lucero, Bartolomé de Calzadilla, Domingo de Betanzos, Diego Ramírez, Alonso de las Vírgenes y Vicente de las Casas.  Sin embargo, las enfermedades hicieron presa de la mayoría y dos años después el grupo quedó reducido a sólo tres frailes. En 1528 arribó a la Nueva España un segundo grupo de religiosos dominicos en número de veinticuatro, y su acción consolidó  la benéfica labor de la Orden con la creación de cuatro provincias novohispanas: “''Santiago de México (1532); San Vicente Ferrer de Chiapas y Guatemala (1551); San Hipólito Mártir de Oaxaca (1592), y San Miguel y los Santos Ángeles de Puebla (1656)''&amp;lt;ref&amp;gt;Rodríguez, Santiago, O.P. ''Los Dominicos en Querétaro''. Anuario Dominicano. Tomo I, 2005. Instituto Dominicano de Investigaciones Históricas. P. 29&amp;lt;/ref&amp;gt;.”  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Conforme al carisma de la Orden,  los dominicos erigieron «conventos de estudio» y «conventos de misión». Los conventos «de estudio» estuvieron en las ciudades de México, Oaxaca y Puebla donde se formaban las  vocaciones que surgían en el Nuevo Mundo. “''Los primeros maestros del Estudio General Dominicano de México (1535) fueron, en primer lugar, el propio fundador de la Provincia, Fray Domingo de Betanzos, licenciado en derecho por la Universidad salmantina. Desde el año 1535 lo fueron Fray Domingo de la Cruz, doctor y maestro en teología por París, donde fue discípulo de Vitoria, juntamente con su amigo entrañable Domingo de Soto (1517-1520) y por Alcalá donde era rector cuando ingresó en la Orden''.”&amp;lt;ref&amp;gt;Rodríguez, Santiago O.P. ''Los Dominicos en la Evangelización de las Auténticas Expresiones Culturales Amerindias''. Dominicos en Mesoamérica 500 años. Provincia  Santiago de México. 1992.p. 23&amp;lt;/ref&amp;gt;En estos «conventos de estudio» también se estudiaban las numerosas lenguas indígenas que se hablaban en los lugares de misión, pues los «capítulos provinciales» mandaban “''que ningún religioso predique, ni confiese a los indios si no es perito en la lengua''”&amp;lt;ref&amp;gt;Ibídem p.17&amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los conventos «de misión» fueron mucho más numerosos y se edificaron siguiendo una  política bien definida: el convento en medio del pueblo; es decir,  establecer el convento donde hubiera población indígena para convivir con el pueblo, conocer sus costumbres y su lengua, enseñar oficios y, sobre todo, ser ejemplos vivos de vida cristiana. La distancia entre uno y otro convento debía ser de una jornada de camino (35 kilómetros aproximadamente) a fin de servir de hospedaje para quienes transitaran entre ellos. En las Actas de los Capítulos Provinciales se indicó que los religiosos encargados de la edificación de un convento debían pagar lo debido a los indígenas que participaran en los trabajos de construcción, que no podían ser más de doscientos y que debía enseñárseles un oficio relacionado con la construcción. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los conventos dominicos se extienden principalmente hacia el sur; los primeros serán el de Oaxtepec y el de Izucar y luego hacia la Mixteca: Yanhuitlán, Noschitlan, Teposculula; en la zona Zapoteca entre los años 1532-1540  el de Etla, Coutlán, y Villa Alta. En menos de cincuenta años cubren todo el actual territorio del Estado de Oaxaca; en los inicios del siglo XVII comienzan a extenderse hacia el norte de México. “''Las Actas del capítulo provincial de 1608 denuncian que el Maestro de la Orden ha aceptado la fundación del convento-colegio de la Santa Vera Cruz de Zacatecas, como convento formal de la provincia; y ha instituido por su primer prior al P. Fernando de Cubas. El Provincial de Santiago de México, Fr. Felipe Galindo conseguirá para la provincia la fundación del convento más norteño de la misma; Santa Rosa de Sombrerete, situado al norte del actual Estado de Zacatecas. Este convento-colegio fue, durante más de un siglo y medio, semillero fecundo de excelentes sacerdotes diocesanos, y propagador infatigable de cultura en los estados del noroeste de la nación. De igual manera lo eran, en el centro los dos conventos del Rosario de Guadalajara y de la Santa Vera Cruz de Zacatecas''.”&amp;lt;ref&amp;gt;Rodríguez López,  ''Los Dominicos en Querétaro'', p. 30&amp;lt;/ref&amp;gt;Hacia finales del siglo XVII se fundarán los conventos de Querétaro y San Juan del Río, y ocho puestos misionales en la Sierra Gorda, cada uno con su propio sacerdote.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fieles a su vocación intelectual, los frailes dominicos tuvieron destacada participación en la Real y Pontificia Universidad de México.“''Durante el primer medio siglo desempeñaron la cátedra de prima de teología casi ininterrumpidamente. El primero en obtenerlo, en oposición con fray Alonso de la Veracruz, fray Pedro de la Peña; más tarde provincial de Santiago de México y obispo de Quito''&amp;lt;ref&amp;gt;Rodríguez López, ''Los Dominicos en la Evangelización…'' p.24&amp;lt;/ref&amp;gt;.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Participación en el Episcopado novohispano y defensa de los indígenas==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aún más relevante fue la participación de la Orden de Predicadores en la conformación del Episcopado de la Nueva España y su decidida y firme defensa de los indígenas. Esa labor tuvo su inicio con quien fue el primer obispo de Nueva España, el fraile dominico Fray Julián Garcés (1452-1542) nombrado obispo por S.S. León X cuando erigió la diócesis «Carolense» en 1519, dos años antes de la Conquista de México cuando aún se ignoraba la realidad de los naturales existente en el interior del país, e incluso eran desconocidas sus dimensiones territoriales. Al consumarse la Conquista, la diócesis Carolense se concretó como «diócesis de Tlaxcala», ratificándose a Fray Julián Garcés como su titular. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En Tlaxcala Fray Julián se enfrentó a la situación de injusticia contra los indígenas generada por el gobierno de la primera Audiencia presidida por Nuño Beltrán de Guzmán quien, junto con sus oidores, afirmaba tajantemente la irracionalidad de los indios y manifestaba públicamente su oposición a  que fueran evangelizados. Comprendiendo la trascendencia del asunto, Fray Julián Garcés escribió al Papa Paulo III una larga y exquisita carta en defensa de los indígenas y para informarle detalladamente el problema, y temiendo que la carta fuera interceptada por las autoridades de la  Audiencia, la envió a Roma por conducto del también dominico Fray Bernardino de Minaya quien la entregó en propia mano al Pontífice.“''En ella no sólo defiende la racionalidad de los indios, su aptitud para ser evangelizados y por tanto su libertad, sino también alaba sus grandes capacidades para las ciencias y las artes, así como sus hermosas virtudes sociales''&amp;lt;ref&amp;gt;Beuchot, Mauricio O.P. ''El Humanismo de Fray Julián Garcés'', Dominicos en Mesoamérica. Provincia Santiago de México. 1992. P. 41&amp;lt;/ref&amp;gt;.”   &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La respuesta de S.S. Paulo III fue la Bula «Sublimis Deus» (1537) en la que el Pontífice resuelve: “….''Determinamos y declaramos (no obstante lo dicho ni cualquiera otra cosa que en contrario sea) Que los dichos indios y todas las demás gentes que de aquí en adelante vinieren a noticia de los cristianos, aunque más estén fuera de la fe en Jesucristo, que en ninguna manera han de ser privados de su libertad, y del dominio de sus bienes y que libre y lícitamente pueden y deben usar, y gozar de la dicha su libertad y dominio de sus bienes, y en ningún modo se deben hacer esclavos; y si lo contrario sucediere, sea de ningún valor ni fuerza. Determinamos y declaramos también, por la misma autoridad apostólica que los dichos indios y otras gentes sus semejantes han de ser llamados a la fe de Jesucristo con la predicación de la palabra de Dios y con el ejemplo de la buena y santa vida''&amp;lt;ref&amp;gt;Versión de Fray Antonio de Remesal, O.P, en: ''Juan Pablo II. Encuentro con los intelectuales mexicanos''. México, 1991, pp. 76-77&amp;lt;/ref&amp;gt;.” &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otro obispo dominico destacado fue Fray Bartolomé de las Casas O.P. (1474-1566), nombrado obispo de Chiapas en 1543 y aunque permaneció en su diócesis sólo un año (1545)  mereció el título de “''apóstol de los indios''” por la promoción y defensa de la dignidad de los indígenas que había realizado en la Corte Española, especialmente en la “''Controversia de Valladolid''” que dio origen a las “''Leyes Nuevas''” promulgadas por Carlos V el 20 de noviembre de 1542 “''que en gran parte daban satisfacción a las demandas de Las Casas. Representaban una victoria de la conciencia cristiana. En las mismas  se establecía «Ordenamos y mandamos que de aquí en adelante por ninguna causa de guerra ni otra alguna, aunque sea so título de rebelión ni por rescate, ni de otra manera, no se pueda hacer esclavo indio alguno; y queremos que sean tratados como vasallos nuestros de la Corona de Castilla, pues lo son''»”&amp;lt;ref&amp;gt;Höffner, pp. 253-254&amp;lt;/ref&amp;gt;.  El Obispo Las Casas es también conocido por su obra “Brevísima relación de la destrucción de las indias” escrita en Valencia, obra que dio verisimilitud a la «leyenda negra». &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“''En los tres siglos del virreinato la Orden de Predicadores proporcionó a la nación mexicana veinte obispos. Pero en los primeros ochenta años, es decir los correspondientes al siglo XVI, siglo verdaderamente creador de nuestra iglesia y nuestra nación, de los treinta obispos que figura en la historia de la Iglesia de México del P. Gutiérrez Casillas, S.J., doce pertenecen  a la orden dominicana''.”&amp;lt;ref&amp;gt;Rodríguez, Santiago, ''Los Dominicos en la Evangelización…'' p.29&amp;lt;/ref&amp;gt;Entre esos doce están: Fray Alonso de Montúfar, segundo arzobispo de México y que convocó y presidió los Concilios Mexicanos primero (1555) y segundo (1565); Fray Tomás de Casillas, obispo de Chiapas y Fray Bernardo de Alburquerque, obispo de Oaxaca.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Declinación y restauración de la Orden Dominica en México==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al igual que todas las órdenes religiosas en México, la Orden de Predicadores dejó de existir legalmente en 1859 con la promulgación de las “Leyes de Reforma”, aunque de hecho “siempre quedó un resto” dirigido por Fray Nicolás Arias como Vicario Provincial. La “Ley de nacionalización de bienes eclesiásticos” del 12 de julio de 1859, en su artículo quinto decía a la letra: “''Se suprimen en toda la República las órdenes de los religiosos regulares que existen, cualquiera que sea la denominación o advocación con que se hayan erigido, así como también todas las archicofradías, congregaciones o hermandades anexas a las comunidades religiosas, a las catedrales, parroquias o cualesquiera otras iglesias''.”Esta bárbara ley destruyó, además de la existencia de las Órdenes religiosas en México. el gran acervo cultural que guardaban los conventos, seminarios, escuelas, hospitales, asilos, hospicios y demás edificios construidos para albergar las obras sociales de la Iglesia. Los mismos edificios fueron convertidos en cuarteles, cárceles, cantinas, etc., o simplemente fueron demolidos.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No fue sino hasta 1895 cuando el gobierno de Porfirio Díaz (1876-1911) permitió la restauración de la Orden de Predicadores; Fray José Domingo Martínez, Vicario General y Visitador Apostólico trajo a varios religiosos dominicos españoles para restaurar las Provincias desoladas, constituyendo la «''Congregación de los Dominicos de México''» integrada por las cuatro antiguas Provincias mexicanas. En 1904, el Capítulo General de la Orden estableció en México dos «Congregaciones»: la de México y la de Puebla. Pero diez años después la Revolución carrancista volvió a destruirlas, por lo que  en 1919 un decreto del Maestro de la Orden Luis Theissling, redujo ambas Congregaciones a “misiones”.&amp;lt;ref&amp;gt;Cf. Rodríguez. Santiago. ''Cronología de la Provincia de Santiago de México''. Anuario Dominicano Tomo I. 2005.&amp;lt;/ref&amp;gt;La posterior y más radical  persecución religiosa desatada por el gobierno de Plutarco Elías Calles en 1926-1929, disminuyó aún más la actividad y presencia de la Orden dominicana en México. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los “arreglos” de 1929 que pusieron fin a la Cristiada y las repercusiones de la Guerra en Europa, obligaron al gobierno de Lázaro Cárdenas (1934-1940)a moderar la política anticlerical y la Iglesia empezó a tener una precaria libertad de acción. En 1938 los dominicos regresaron a Oaxaca teniendo como vicario a Fray Vicente Escalante. En 1948 los dominicos realizaron una misión en todo el territorio de la Arquidiócesis de Puebla de los Ángeles; misión que culminó con la coronación pontificia de la imagen de Nuestra Señora del Rosario que se encuentra en la Capilla del mismo nombre, y que por su arquitectura y  decorado barroco es llamada por muchos “''la octava maravilla del mundo''”.  En 1961 se restauraron las provincias de Santiago de México y de San Hipólito Mártir de Oaxaca. Hoy en día, la Orden de Predicadores cuenta en México con más de veinte conventos y atienden innumerables parroquias y centros misionales, además de contar con diversas publicaciones y un centro de investigación histórica con sede en la ciudad de Querétaro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==NOTAS:==&lt;br /&gt;
  &lt;br /&gt;
&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==BIBLIOGRAFÍA:==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
*''Anuario Dominicano''. Tomo I Instituto Dominicano de Investigaciones Históricas. Provincia de Santiago de México. 2005&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
*''Dominicos en Mesoamérica 500 años''. Provincia de Santiago de México. Provincia de Teutonia. 1992&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
*Höffner Joseph. ''La Ética Colonial Española del Siglo de Oro''. Cultura Hispánica, Madrid, 1957&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
*''Juan Pablo II. Encuentro con los intelectuales mexicanos''. FUNDICE, México, 1991 &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''JUAN LOUVIER CALDERÓN'''&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.56.173</name></author>
		
	</entry>
	<entry>
		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=DOMINICOS_en_la_Nueva_Espa%C3%B1a&amp;diff=3489</id>
		<title>DOMINICOS en la Nueva España</title>
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		<updated>2014-04-02T20:24:10Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.173: /* Participación en el Episcopado novohispano y defensa de los indígenas */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;==DOMINICOS en la Nueva España==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la ciudad de Toulouse, Francia, en el año de  1215, Santo Domingo de Guzmán fundó la Orden de Predicadores (conocidos como Dominicos) bajo el carisma del estudio y la predicación, lo cual en esa época constituyó una novedad pues la predicación era oficio del clero secular y  no de las órdenes monásticas; en el lema  de los dominicos “''contemplar y dar a otros lo contemplado''”  quedó sintetizado el carácter a la vez monástico y apostólico de la Orden de Predicadores que fue confirmada por el Papa Honorio III el 22 de diciembre de 1216. La Orden dominicana destacó pronto en el estudio con figuras intelectuales tan importantes como Santo Tomás de Aquino (1224-1274) y San Alberto Magno (1193-1280). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Poco después del Descubrimiento de América los Dominicos se aprestaron a participar en la evangelización de las nuevas tierras y ya en el Capítulo General de la Orden celebrado en 1501 se señaló: “''Que los frailes viajeros al Nuevo Mundo sean idóneos para la predicación, ejemplares y doctos, a la vez que temerosos de Dios, capaces de anunciar la palabra de Dios y de confirmarla con su ejemplo''.” (Actas IX). Sin embargo no fue sino hasta septiembre de 1510 cuando los primeros misioneros dominicos arribaron a la isla de La Española, asumiendo de inmediato una posición enérgica de defensa de los indígenas ante los abusos que contra ellos cometían muchos encomenderos. En este sentido es célebre la homilía del cuarto domingo de Adviento pronunciada en Santo Domingo por fray Antonio de Montesinos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Primeras acciones de los dominicos en Nueva España; funciones de sus conventos==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de la Conquista de México (1521) y del arribo de los doce primeros misioneros franciscanos (1524), el 23 de junio de 1526 desembarcaron en Veracruz los primeros misioneros dominicos también en número de doce, siendo ellos Tomás Ortiz, quien presidía al grupo, Vicente de Santa Ana, Diego de Sotomayor, Pedro de Santa María, Justo de Santo Domingo, Pedro Zambrano, Gonzalo Lucero, Bartolomé de Calzadilla, Domingo de Betanzos, Diego Ramírez, Alonso de las Vírgenes y Vicente de las Casas.  Sin embargo, las enfermedades hicieron presa de la mayoría y dos años después el grupo quedó reducido a sólo tres frailes. En 1528 arribó a la Nueva España un segundo grupo de religiosos dominicos en número de veinticuatro, y su acción consolidó  la benéfica labor de la Orden con la creación de cuatro provincias novohispanas: “''Santiago de México (1532); San Vicente Ferrer de Chiapas y Guatemala (1551); San Hipólito Mártir de Oaxaca (1592), y San Miguel y los Santos Ángeles de Puebla (1656)''&amp;lt;ref&amp;gt;Rodríguez, Santiago, O.P. ''Los Dominicos en Querétaro''. Anuario Dominicano. Tomo I, 2005. Instituto Dominicano de Investigaciones Históricas. P. 29&amp;lt;/ref&amp;gt;.”  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Conforme al carisma de la Orden,  los dominicos erigieron «conventos de estudio» y «conventos de misión». Los conventos «de estudio» estuvieron en las ciudades de México, Oaxaca y Puebla donde se formaban las  vocaciones que surgían en el Nuevo Mundo. “''Los primeros maestros del Estudio General Dominicano de México (1535) fueron, en primer lugar, el propio fundador de la Provincia, Fray Domingo de Betanzos, licenciado en derecho por la Universidad salmantina. Desde el año 1535 lo fueron Fray Domingo de la Cruz, doctor y maestro en teología por París, donde fue discípulo de Vitoria, juntamente con su amigo entrañable Domingo de Soto (1517-1520) y por Alcalá donde era rector cuando ingresó en la Orden''.”&amp;lt;ref&amp;gt;Rodríguez, Santiago O.P. ''Los Dominicos en la Evangelización de las Auténticas Expresiones Culturales Amerindias''. Dominicos en Mesoamérica 500 años. Provincia  Santiago de México. 1992.p. 23&amp;lt;/ref&amp;gt;En estos «conventos de estudio» también se estudiaban las numerosas lenguas indígenas que se hablaban en los lugares de misión, pues los «capítulos provinciales» mandaban “''que ningún religioso predique, ni confiese a los indios si no es perito en la lengua''”&amp;lt;ref&amp;gt;Ibídem p.17&amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los conventos «de misión» fueron mucho más numerosos y se edificaron siguiendo una  política bien definida: el convento en medio del pueblo; es decir,  establecer el convento donde hubiera población indígena para convivir con el pueblo, conocer sus costumbres y su lengua, enseñar oficios y, sobre todo, ser ejemplos vivos de vida cristiana. La distancia entre uno y otro convento debía ser de una jornada de camino (35 kilómetros aproximadamente) a fin de servir de hospedaje para quienes transitaran entre ellos. En las Actas de los Capítulos Provinciales se indicó que los religiosos encargados de la edificación de un convento debían pagar lo debido a los indígenas que participaran en los trabajos de construcción, que no podían ser más de doscientos y que debía enseñárseles un oficio relacionado con la construcción. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los conventos dominicos se extienden principalmente hacia el sur; los primeros serán el de Oaxtepec y el de Izucar y luego hacia la Mixteca: Yanhuitlán, Noschitlan, Teposculula; en la zona Zapoteca entre los años 1532-1540  el de Etla, Coutlán, y Villa Alta. En menos de cincuenta años cubren todo el actual territorio del Estado de Oaxaca; en los inicios del siglo XVII comienzan a extenderse hacia el norte de México. “''Las Actas del capítulo provincial de 1608 denuncian que el Maestro de la Orden ha aceptado la fundación del convento-colegio de la Santa Vera Cruz de Zacatecas, como convento formal de la provincia; y ha instituido por su primer prior al P. Fernando de Cubas. El Provincial de Santiago de México, Fr. Felipe Galindo conseguirá para la provincia la fundación del convento más norteño de la misma; Santa Rosa de Sombrerete, situado al norte del actual Estado de Zacatecas. Este convento-colegio fue, durante más de un siglo y medio, semillero fecundo de excelentes sacerdotes diocesanos, y propagador infatigable de cultura en los estados del noroeste de la nación. De igual manera lo eran, en el centro los dos conventos del Rosario de Guadalajara y de la Santa Vera Cruz de Zacatecas''.”&amp;lt;ref&amp;gt;Rodríguez López,  ''Los Dominicos en Querétaro'', p. 30&amp;lt;/ref&amp;gt;Hacia finales del siglo XVII se fundarán los conventos de Querétaro y San Juan del Río, y ocho puestos misionales en la Sierra Gorda, cada uno con su propio sacerdote.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fieles a su vocación intelectual, los frailes dominicos tuvieron destacada participación en la Real y Pontificia Universidad de México.“''Durante el primer medio siglo desempeñaron la cátedra de prima de teología casi ininterrumpidamente. El primero en obtenerlo, en oposición con fray Alonso de la Veracruz, fray Pedro de la Peña; más tarde provincial de Santiago de México y obispo de Quito''&amp;lt;ref&amp;gt;Rodríguez López, ''Los Dominicos en la Evangelización…'' p.24&amp;lt;/ref&amp;gt;.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Participación en el Episcopado novohispano y defensa de los indígenas==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aún más relevante fue la participación de la Orden de Predicadores en la conformación del Episcopado de la Nueva España y su decidida y firme defensa de los indígenas. Esa labor tuvo su inicio con quien fue el primer obispo de Nueva España, el fraile dominico Fray Julián Garcés (1452-1542) nombrado obispo por S.S. León X cuando erigió la diócesis «Carolense» en 1519, dos años antes de la Conquista de México cuando aún se ignoraba la realidad de los naturales existente en el interior del país, e incluso eran desconocidas sus dimensiones territoriales. Al consumarse la Conquista, la diócesis Carolense se concretó como «diócesis de Tlaxcala», ratificándose a Fray Julián Garcés como su titular. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En Tlaxcala Fray Julián se enfrentó a la situación de injusticia contra los indígenas generada por el gobierno de la primera Audiencia presidida por Nuño Beltrán de Guzmán quien, junto con sus oidores, afirmaba tajantemente la irracionalidad de los indios y manifestaba públicamente su oposición a  que fueran evangelizados. Comprendiendo la trascendencia del asunto, Fray Julián Garcés escribió al Papa Paulo III una larga y exquisita carta en defensa de los indígenas y para informarle detalladamente el problema, y temiendo que la carta fuera interceptada por las autoridades de la  Audiencia, la envió a Roma por conducto del también dominico Fray Bernardino de Minaya quien la entregó en propia mano al Pontífice.“''En ella no sólo defiende la racionalidad de los indios, su aptitud para ser evangelizados y por tanto su libertad, sino también alaba sus grandes capacidades para las ciencias y las artes, así como sus hermosas virtudes sociales''&amp;lt;ref&amp;gt;Beuchot, Mauricio O.P. ''El Humanismo de Fray Julián Garcés'', Dominicos en Mesoamérica. Provincia Santiago de México. 1992. P. 41&amp;lt;/ref&amp;gt;.”   &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La respuesta de S.S. Paulo III fue la Bula «Sublimis Deus» (1537) en la que el Pontífice resuelve: “….''Determinamos y declaramos (no obstante lo dicho ni cualquiera otra cosa que en contrario sea) Que los dichos indios y todas las demás gentes que de aquí en adelante vinieren a noticia de los cristianos, aunque más estén fuera de la fe en Jesucristo, que en ninguna manera han de ser privados de su libertad, y del dominio de sus bienes y que libre y lícitamente pueden y deben usar, y gozar de la dicha su libertad y dominio de sus bienes, y en ningún modo se deben hacer esclavos; y si lo contrario sucediere, sea de ningún valor ni fuerza. Determinamos y declaramos también, por la misma autoridad apostólica que los dichos indios y otras gentes sus semejantes han de ser llamados a la fe de Jesucristo con la predicación de la palabra de Dios y con el ejemplo de la buena y santa vida''&amp;lt;ref&amp;gt;Versión de Fray Antonio de Remesal, O.P, en: ''Juan Pablo II. Encuentro con los intelectuales mexicanos''. México, 1991, pp. 76-77&amp;lt;/ref&amp;gt;.” &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otro obispo dominico destacado fue Fray Bartolomé de las Casas O.P. (1474-1566), nombrado obispo de Chiapas en 1543 y aunque permaneció en su diócesis sólo un año (1545)  mereció el título de “''apóstol de los indios''” por la promoción y defensa de la dignidad de los indígenas que había realizado en la Corte Española, especialmente en la “''Controversia de Valladolid''” que dio origen a las “''Leyes Nuevas''” promulgadas por Carlos V el 20 de noviembre de 1542 “''que en gran parte daban satisfacción a las demandas de Las Casas. Representaban una victoria de la conciencia cristiana. En las mismas  se establecía «Ordenamos y mandamos que de aquí en adelante por ninguna causa de guerra ni otra alguna, aunque sea so título de rebelión ni por rescate, ni de otra manera, no se pueda hacer esclavo indio alguno; y queremos que sean tratados como vasallos nuestros de la Corona de Castilla, pues lo son''»”&amp;lt;ref&amp;gt;Höffner, pp. 253-254&amp;lt;/ref&amp;gt;.  El Obispo Las Casas es también conocido por su obra “Brevísima relación de la destrucción de las indias” escrita en Valencia, obra que dio verisimilitud a la «leyenda negra». &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“''En los tres siglos del virreinato la Orden de Predicadores proporcionó a la nación mexicana veinte obispos. Pero en los primeros ochenta años, es decir los correspondientes al siglo XVI, siglo verdaderamente creador de nuestra iglesia y nuestra nación, de los treinta obispos que figura en la historia de la Iglesia de México del P. Gutiérrez Casillas, S.J., doce pertenecen  a la orden dominicana''.”&amp;lt;ref&amp;gt;Rodríguez, Santiago, ''Los Dominicos en la Evangelización…'' p.29&amp;lt;/ref&amp;gt;Entre esos doce están: Fray Alonso de Montúfar, segundo arzobispo de México y que convocó y presidió los Concilios Mexicanos primero (1555) y segundo (1565); Fray Tomás de Casillas, obispo de Chiapas y Fray Bernardo de Alburquerque, obispo de Oaxaca.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Declinación y restauración de la Orden Dominica en México==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al igual que todas las órdenes religiosas en México, la Orden de Predicadores dejó de existir legalmente en 1859 con la promulgación de las “Leyes de Reforma”, aunque de hecho “siempre quedó un resto” dirigido por Fray Nicolás Arias como Vicario Provincial. La “Ley de nacionalización de bienes eclesiásticos” del 12 de julio de 1859, en su artículo quinto decía a la letra: “Se suprimen en toda la República las órdenes de los religiosos regulares que existen, cualquiera que sea la denominación o advocación con que se hayan erigido, así como también todas las archicofradías, congregaciones o hermandades anexas a las comunidades religiosas, a las catedrales, parroquias o cualesquiera otras iglesias.” Esta bárbara ley destruyó, además de la existencia de las Órdenes religiosas en México. el gran acervo cultural que guardaban los conventos, seminarios, escuelas, hospitales, asilos, hospicios y demás edificios construidos para albergar las obras sociales de la Iglesia. Los mismos edificios fueron convertidos en cuarteles, cárceles, cantinas, etc., o simplemente fueron demolidos.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No fue sino hasta 1895 cuando el gobierno de Porfirio Díaz (1876-1911) permitió la restauración de la Orden de Predicadores; Fray José Domingo Martínez, Vicario General y Visitador Apostólico trajo a varios religiosos dominicos españoles para restaurar las Provincias desoladas, constituyendo la «Congregación de los Dominicos de México» integrada por las cuatro antiguas Provincias mexicanas. En 1904, el Capítulo General de la Orden estableció en México dos «Congregaciones»: la de México y la de Puebla. Pero diez años después la Revolución carrancista volvió a destruirlas, por lo que  en 1919 un decreto del Maestro de la Orden Luis Theissling, redujo ambas Congregaciones a “misiones”.  La posterior y más radical  persecución religiosa desatada por el gobierno de Plutarco Elías Calles en 1926-1929, disminuyó aún más la actividad y presencia de la Orden dominicana en México. &lt;br /&gt;
Los “arreglos” de 1929 que pusieron fin a la Cristiada y las repercusiones de la Guerra en Europa, obligaron al gobierno de Lázaro Cárdenas (1934-1940)a moderar la política anticlerical y la Iglesia empezó a tener una precaria libertad de acción. En 1938 los dominicos regresaron a Oaxaca teniendo como vicario a Fray Vicente Escalante. En 1948 los dominicos realizaron una misión en todo el territorio de la Arquidiócesis de Puebla de los Ángeles; misión que culminó con la coronación pontificia de la imagen de Nuestra Señora del Rosario que se encuentra en la Capilla del mismo nombre, y que por su arquitectura y  decorado barroco es llamada por muchos “la octava maravilla del mundo”.  En 1961 se restauraron las provincias de Santiago de México y de San Hipólito Mártir de Oaxaca. Hoy en día, la Orden de Predicadores cuenta en México con más de veinte conventos y atienden innumerables parroquias y centros misionales, además de contar con diversas publicaciones y un centro de investigación histórica con sede en la ciudad de Querétaro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==NOTAS:==&lt;br /&gt;
  &lt;br /&gt;
&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==BIBLIOGRAFÍA:==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
*''Anuario Dominicano''. Tomo I Instituto Dominicano de Investigaciones Históricas. Provincia de Santiago de México. 2005&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
*''Dominicos en Mesoamérica 500 años''. Provincia de Santiago de México. Provincia de Teutonia. 1992&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
*Höffner Joseph. ''La Ética Colonial Española del Siglo de Oro''. Cultura Hispánica, Madrid, 1957&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
*''Juan Pablo II. Encuentro con los intelectuales mexicanos''. FUNDICE, México, 1991 &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''JUAN LOUVIER CALDERÓN'''&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.56.173</name></author>
		
	</entry>
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		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=DOMINICOS_en_la_Nueva_Espa%C3%B1a&amp;diff=3488</id>
		<title>DOMINICOS en la Nueva España</title>
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		<updated>2014-04-02T20:20:10Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.173: /* Primeras acciones de los dominicos en Nueva España; funciones de sus conventos */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;==DOMINICOS en la Nueva España==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la ciudad de Toulouse, Francia, en el año de  1215, Santo Domingo de Guzmán fundó la Orden de Predicadores (conocidos como Dominicos) bajo el carisma del estudio y la predicación, lo cual en esa época constituyó una novedad pues la predicación era oficio del clero secular y  no de las órdenes monásticas; en el lema  de los dominicos “''contemplar y dar a otros lo contemplado''”  quedó sintetizado el carácter a la vez monástico y apostólico de la Orden de Predicadores que fue confirmada por el Papa Honorio III el 22 de diciembre de 1216. La Orden dominicana destacó pronto en el estudio con figuras intelectuales tan importantes como Santo Tomás de Aquino (1224-1274) y San Alberto Magno (1193-1280). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Poco después del Descubrimiento de América los Dominicos se aprestaron a participar en la evangelización de las nuevas tierras y ya en el Capítulo General de la Orden celebrado en 1501 se señaló: “''Que los frailes viajeros al Nuevo Mundo sean idóneos para la predicación, ejemplares y doctos, a la vez que temerosos de Dios, capaces de anunciar la palabra de Dios y de confirmarla con su ejemplo''.” (Actas IX). Sin embargo no fue sino hasta septiembre de 1510 cuando los primeros misioneros dominicos arribaron a la isla de La Española, asumiendo de inmediato una posición enérgica de defensa de los indígenas ante los abusos que contra ellos cometían muchos encomenderos. En este sentido es célebre la homilía del cuarto domingo de Adviento pronunciada en Santo Domingo por fray Antonio de Montesinos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Primeras acciones de los dominicos en Nueva España; funciones de sus conventos==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de la Conquista de México (1521) y del arribo de los doce primeros misioneros franciscanos (1524), el 23 de junio de 1526 desembarcaron en Veracruz los primeros misioneros dominicos también en número de doce, siendo ellos Tomás Ortiz, quien presidía al grupo, Vicente de Santa Ana, Diego de Sotomayor, Pedro de Santa María, Justo de Santo Domingo, Pedro Zambrano, Gonzalo Lucero, Bartolomé de Calzadilla, Domingo de Betanzos, Diego Ramírez, Alonso de las Vírgenes y Vicente de las Casas.  Sin embargo, las enfermedades hicieron presa de la mayoría y dos años después el grupo quedó reducido a sólo tres frailes. En 1528 arribó a la Nueva España un segundo grupo de religiosos dominicos en número de veinticuatro, y su acción consolidó  la benéfica labor de la Orden con la creación de cuatro provincias novohispanas: “''Santiago de México (1532); San Vicente Ferrer de Chiapas y Guatemala (1551); San Hipólito Mártir de Oaxaca (1592), y San Miguel y los Santos Ángeles de Puebla (1656)''&amp;lt;ref&amp;gt;Rodríguez, Santiago, O.P. ''Los Dominicos en Querétaro''. Anuario Dominicano. Tomo I, 2005. Instituto Dominicano de Investigaciones Históricas. P. 29&amp;lt;/ref&amp;gt;.”  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Conforme al carisma de la Orden,  los dominicos erigieron «conventos de estudio» y «conventos de misión». Los conventos «de estudio» estuvieron en las ciudades de México, Oaxaca y Puebla donde se formaban las  vocaciones que surgían en el Nuevo Mundo. “''Los primeros maestros del Estudio General Dominicano de México (1535) fueron, en primer lugar, el propio fundador de la Provincia, Fray Domingo de Betanzos, licenciado en derecho por la Universidad salmantina. Desde el año 1535 lo fueron Fray Domingo de la Cruz, doctor y maestro en teología por París, donde fue discípulo de Vitoria, juntamente con su amigo entrañable Domingo de Soto (1517-1520) y por Alcalá donde era rector cuando ingresó en la Orden''.”&amp;lt;ref&amp;gt;Rodríguez, Santiago O.P. ''Los Dominicos en la Evangelización de las Auténticas Expresiones Culturales Amerindias''. Dominicos en Mesoamérica 500 años. Provincia  Santiago de México. 1992.p. 23&amp;lt;/ref&amp;gt;En estos «conventos de estudio» también se estudiaban las numerosas lenguas indígenas que se hablaban en los lugares de misión, pues los «capítulos provinciales» mandaban “''que ningún religioso predique, ni confiese a los indios si no es perito en la lengua''”&amp;lt;ref&amp;gt;Ibídem p.17&amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los conventos «de misión» fueron mucho más numerosos y se edificaron siguiendo una  política bien definida: el convento en medio del pueblo; es decir,  establecer el convento donde hubiera población indígena para convivir con el pueblo, conocer sus costumbres y su lengua, enseñar oficios y, sobre todo, ser ejemplos vivos de vida cristiana. La distancia entre uno y otro convento debía ser de una jornada de camino (35 kilómetros aproximadamente) a fin de servir de hospedaje para quienes transitaran entre ellos. En las Actas de los Capítulos Provinciales se indicó que los religiosos encargados de la edificación de un convento debían pagar lo debido a los indígenas que participaran en los trabajos de construcción, que no podían ser más de doscientos y que debía enseñárseles un oficio relacionado con la construcción. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los conventos dominicos se extienden principalmente hacia el sur; los primeros serán el de Oaxtepec y el de Izucar y luego hacia la Mixteca: Yanhuitlán, Noschitlan, Teposculula; en la zona Zapoteca entre los años 1532-1540  el de Etla, Coutlán, y Villa Alta. En menos de cincuenta años cubren todo el actual territorio del Estado de Oaxaca; en los inicios del siglo XVII comienzan a extenderse hacia el norte de México. “''Las Actas del capítulo provincial de 1608 denuncian que el Maestro de la Orden ha aceptado la fundación del convento-colegio de la Santa Vera Cruz de Zacatecas, como convento formal de la provincia; y ha instituido por su primer prior al P. Fernando de Cubas. El Provincial de Santiago de México, Fr. Felipe Galindo conseguirá para la provincia la fundación del convento más norteño de la misma; Santa Rosa de Sombrerete, situado al norte del actual Estado de Zacatecas. Este convento-colegio fue, durante más de un siglo y medio, semillero fecundo de excelentes sacerdotes diocesanos, y propagador infatigable de cultura en los estados del noroeste de la nación. De igual manera lo eran, en el centro los dos conventos del Rosario de Guadalajara y de la Santa Vera Cruz de Zacatecas''.”&amp;lt;ref&amp;gt;Rodríguez López,  ''Los Dominicos en Querétaro'', p. 30&amp;lt;/ref&amp;gt;Hacia finales del siglo XVII se fundarán los conventos de Querétaro y San Juan del Río, y ocho puestos misionales en la Sierra Gorda, cada uno con su propio sacerdote.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fieles a su vocación intelectual, los frailes dominicos tuvieron destacada participación en la Real y Pontificia Universidad de México.“''Durante el primer medio siglo desempeñaron la cátedra de prima de teología casi ininterrumpidamente. El primero en obtenerlo, en oposición con fray Alonso de la Veracruz, fray Pedro de la Peña; más tarde provincial de Santiago de México y obispo de Quito''&amp;lt;ref&amp;gt;Rodríguez López, ''Los Dominicos en la Evangelización…'' p.24&amp;lt;/ref&amp;gt;.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Participación en el Episcopado novohispano y defensa de los indígenas==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aún más relevante fue la participación de la Orden de Predicadores en la conformación del Episcopado de la Nueva España y su decidida y firme defensa de los indígenas. Esa labor tuvo su inicio con quien fue el primer obispo de Nueva España, el fraile dominico Fray Julián Garcés (1452-1542) nombrado obispo por S.S. León X cuando erigió la diócesis «Carolense» en 1519, dos años antes de la Conquista de México cuando aún se ignoraba la realidad de los naturales existente en el interior del país, e incluso eran desconocidas sus dimensiones territoriales. Al consumarse la Conquista, la diócesis Carolense se concretó como «diócesis de Tlaxcala», ratificándose a Fray Julián Garcés como su titular. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En Tlaxcala Fray Julián se enfrentó a la situación de injusticia contra los indígenas generada por el gobierno de la primera Audiencia presidida por Nuño Beltrán de Guzmán quien, junto con sus oidores, afirmaba tajantemente la irracionalidad de los indios y manifestaba públicamente su oposición a  que fueran evangelizados. Comprendiendo la trascendencia del asunto, Fray Julián Garcés escribió al Papa Paulo III una larga y exquisita carta en defensa de los indígenas y para informarle detalladamente el problema, y temiendo que la carta fuera interceptada por las autoridades de la  Audiencia, la envió a Roma por conducto del también dominico Fray Bernardino de Minaya quien la entregó en propia mano al Pontífice. “En ella no sólo defiende la racionalidad de los indios, su aptitud para ser evangelizados y por tanto su libertad, sino también alaba sus grandes capacidades para las ciencias y las artes, así como sus hermosas virtudes sociales.”   &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La respuesta de S.S. Paulo III fue la Bula «Sublimis Deus» (1537) en la que el Pontífice resuelve: “….Determinamos y declaramos (no obstante lo dicho ni cualquiera otra cosa que en contrario sea) Que los dichos indios y todas las demás gentes que de aquí en adelante vinieren a noticia de los cristianos, aunque más estén fuera de la fe en Jesucristo, que en ninguna manera han de ser privados de su libertad, y del dominio de sus bienes y que libre y lícitamente pueden y deben usar, y gozar de la dicha su libertad y dominio de sus bienes, y en ningún modo se deben hacer esclavos; y si lo contrario sucediere, sea de ningún valor ni fuerza. Determinamos y declaramos también, por la misma autoridad apostólica que los dichos indios y otras gentes sus semejantes han de ser llamados a la fe de Jesucristo con la predicación de la palabra de Dios y con el ejemplo de la buena y santa vida.” &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otro obispo dominico destacado fue Fray Bartolomé de las Casas O.P. (1474-1566), nombrado obispo de Chiapas en 1543 y aunque permaneció en su diócesis sólo un año (1545)  mereció el título de “apóstol de los indios” por la promoción y defensa de la dignidad de los indígenas que había realizado en la Corte Española, especialmente en la “Controversia de Valladolid” que dio origen a las “Leyes Nuevas” promulgadas por Carlos V el 20 de noviembre de 1542 “que en gran parte daban satisfacción a las demandas de Las Casas. Representaban una victoria de la conciencia cristiana. En las mismas  se establecía «Ordenamos y mandamos que de aquí en adelante por ninguna causa de guerra ni otra alguna, aunque sea so título de rebelión ni por rescate, ni de otra manera, no se pueda hacer esclavo indio alguno; y queremos que sean tratados como vasallos nuestros de la Corona de Castilla, pues lo son»” .  El Obispo Las Casas es también conocido por su obra “Brevísima relación de la destrucción de las indias” escrita en Valencia, obra que dio verisimilitud a la «leyenda negra». &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“En los tres siglos del virreinato la Orden de Predicadores proporcionó a la nación mexicana veinte obispos. Pero en los primeros ochenta años, es decir los correspondientes al siglo XVI, siglo verdaderamente creador de nuestra iglesia y nuestra nación, de los treinta obispos que figura en la historia de la Iglesia de México del P. Gutiérrez Casillas, S.J., doce pertenecen  a la orden dominicana.”  Entre esos doce están: Fray Alonso de Montúfar, segundo arzobispo de México y que convocó y presidió los Concilios Mexicanos primero (1555) y segundo (1565); Fray Tomás de Casillas, obispo de Chiapas y Fray Bernardo de Alburquerque, obispo de Oaxaca. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Declinación y restauración de la Orden Dominica en México==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al igual que todas las órdenes religiosas en México, la Orden de Predicadores dejó de existir legalmente en 1859 con la promulgación de las “Leyes de Reforma”, aunque de hecho “siempre quedó un resto” dirigido por Fray Nicolás Arias como Vicario Provincial. La “Ley de nacionalización de bienes eclesiásticos” del 12 de julio de 1859, en su artículo quinto decía a la letra: “Se suprimen en toda la República las órdenes de los religiosos regulares que existen, cualquiera que sea la denominación o advocación con que se hayan erigido, así como también todas las archicofradías, congregaciones o hermandades anexas a las comunidades religiosas, a las catedrales, parroquias o cualesquiera otras iglesias.” Esta bárbara ley destruyó, además de la existencia de las Órdenes religiosas en México. el gran acervo cultural que guardaban los conventos, seminarios, escuelas, hospitales, asilos, hospicios y demás edificios construidos para albergar las obras sociales de la Iglesia. Los mismos edificios fueron convertidos en cuarteles, cárceles, cantinas, etc., o simplemente fueron demolidos.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No fue sino hasta 1895 cuando el gobierno de Porfirio Díaz (1876-1911) permitió la restauración de la Orden de Predicadores; Fray José Domingo Martínez, Vicario General y Visitador Apostólico trajo a varios religiosos dominicos españoles para restaurar las Provincias desoladas, constituyendo la «Congregación de los Dominicos de México» integrada por las cuatro antiguas Provincias mexicanas. En 1904, el Capítulo General de la Orden estableció en México dos «Congregaciones»: la de México y la de Puebla. Pero diez años después la Revolución carrancista volvió a destruirlas, por lo que  en 1919 un decreto del Maestro de la Orden Luis Theissling, redujo ambas Congregaciones a “misiones”.  La posterior y más radical  persecución religiosa desatada por el gobierno de Plutarco Elías Calles en 1926-1929, disminuyó aún más la actividad y presencia de la Orden dominicana en México. &lt;br /&gt;
Los “arreglos” de 1929 que pusieron fin a la Cristiada y las repercusiones de la Guerra en Europa, obligaron al gobierno de Lázaro Cárdenas (1934-1940)a moderar la política anticlerical y la Iglesia empezó a tener una precaria libertad de acción. En 1938 los dominicos regresaron a Oaxaca teniendo como vicario a Fray Vicente Escalante. En 1948 los dominicos realizaron una misión en todo el territorio de la Arquidiócesis de Puebla de los Ángeles; misión que culminó con la coronación pontificia de la imagen de Nuestra Señora del Rosario que se encuentra en la Capilla del mismo nombre, y que por su arquitectura y  decorado barroco es llamada por muchos “la octava maravilla del mundo”.  En 1961 se restauraron las provincias de Santiago de México y de San Hipólito Mártir de Oaxaca. Hoy en día, la Orden de Predicadores cuenta en México con más de veinte conventos y atienden innumerables parroquias y centros misionales, además de contar con diversas publicaciones y un centro de investigación histórica con sede en la ciudad de Querétaro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==NOTAS:==&lt;br /&gt;
  &lt;br /&gt;
&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==BIBLIOGRAFÍA:==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
*''Anuario Dominicano''. Tomo I Instituto Dominicano de Investigaciones Históricas. Provincia de Santiago de México. 2005&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
*''Dominicos en Mesoamérica 500 años''. Provincia de Santiago de México. Provincia de Teutonia. 1992&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
*Höffner Joseph. ''La Ética Colonial Española del Siglo de Oro''. Cultura Hispánica, Madrid, 1957&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
*''Juan Pablo II. Encuentro con los intelectuales mexicanos''. FUNDICE, México, 1991 &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''JUAN LOUVIER CALDERÓN'''&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.56.173</name></author>
		
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		<title>DOMINICOS en la Nueva España</title>
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		<updated>2014-04-02T20:15:05Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.173: /* DOMINICOS en la Nueva España */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;==DOMINICOS en la Nueva España==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la ciudad de Toulouse, Francia, en el año de  1215, Santo Domingo de Guzmán fundó la Orden de Predicadores (conocidos como Dominicos) bajo el carisma del estudio y la predicación, lo cual en esa época constituyó una novedad pues la predicación era oficio del clero secular y  no de las órdenes monásticas; en el lema  de los dominicos “''contemplar y dar a otros lo contemplado''”  quedó sintetizado el carácter a la vez monástico y apostólico de la Orden de Predicadores que fue confirmada por el Papa Honorio III el 22 de diciembre de 1216. La Orden dominicana destacó pronto en el estudio con figuras intelectuales tan importantes como Santo Tomás de Aquino (1224-1274) y San Alberto Magno (1193-1280). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Poco después del Descubrimiento de América los Dominicos se aprestaron a participar en la evangelización de las nuevas tierras y ya en el Capítulo General de la Orden celebrado en 1501 se señaló: “''Que los frailes viajeros al Nuevo Mundo sean idóneos para la predicación, ejemplares y doctos, a la vez que temerosos de Dios, capaces de anunciar la palabra de Dios y de confirmarla con su ejemplo''.” (Actas IX). Sin embargo no fue sino hasta septiembre de 1510 cuando los primeros misioneros dominicos arribaron a la isla de La Española, asumiendo de inmediato una posición enérgica de defensa de los indígenas ante los abusos que contra ellos cometían muchos encomenderos. En este sentido es célebre la homilía del cuarto domingo de Adviento pronunciada en Santo Domingo por fray Antonio de Montesinos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Primeras acciones de los dominicos en Nueva España; funciones de sus conventos==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de la Conquista de México (1521) y del arribo de los doce primeros misioneros franciscanos (1524), el 23 de junio de 1526 desembarcaron en Veracruz los primeros misioneros dominicos también en número de doce, siendo ellos Tomás Ortiz, quien presidía al grupo, Vicente de Santa Ana, Diego de Sotomayor, Pedro de Santa María, Justo de Santo Domingo, Pedro Zambrano, Gonzalo Lucero, Bartolomé de Calzadilla, Domingo de Betanzos, Diego Ramírez, Alonso de las Vírgenes y Vicente de las Casas.  Sin embargo, las enfermedades hicieron presa de la mayoría y dos años después el grupo quedó reducido a sólo tres frailes. En 1528 arribó a la Nueva España un segundo grupo de religiosos dominicos en número de veinticuatro, y su acción consolidó  la benéfica labor de la Orden con la creación de cuatro provincias novohispanas: “Santiago de México (1532); San Vicente Ferrer de Chiapas y Guatemala (1551); San Hipólito Mártir de Oaxaca (1592), y San Miguel y los Santos Ángeles de Puebla (1656).”  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Conforme al carisma de la Orden,  los dominicos erigieron «conventos de estudio» y «conventos de misión». Los conventos «de estudio» estuvieron en las ciudades de México, Oaxaca y Puebla donde se formaban las  vocaciones que surgían en el Nuevo Mundo. “Los primeros maestros del Estudio General Dominicano de México (1535) fueron, en primer lugar, el propio fundador de la Provincia, Fray Domingo de Betanzos, licenciado en derecho por la Universidad salmantina. Desde el año 1535 lo fueron Fray Domingo de la Cruz, doctor y maestro en teología por París, donde fue discípulo de Vitoria, juntamente con su amigo entrañable Domingo de Soto (1517-1520) y por Alcalá donde era rector cuando ingresó en la Orden.”  En estos «conventos de estudio» también se estudiaban las numerosas lenguas indígenas que se hablaban en los lugares de misión, pues los «capítulos provinciales» mandaban “que ningún religioso predique, ni confiese a los indios si no es perito en la lengua” . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los conventos «de misión» fueron mucho más numerosos y se edificaron siguiendo una  política bien definida: el convento en medio del pueblo; es decir,  establecer el convento donde hubiera población indígena para convivir con el pueblo, conocer sus costumbres y su lengua, enseñar oficios y, sobre todo, ser ejemplos vivos de vida cristiana. La distancia entre uno y otro convento debía ser de una jornada de camino (35 kilómetros aproximadamente) a fin de servir de hospedaje para quienes transitaran entre ellos. En las Actas de los Capítulos Provinciales se indicó que los religiosos encargados de la edificación de un convento debían pagar lo debido a los indígenas que participaran en los trabajos de construcción, que no podían ser más de doscientos y que debía enseñárseles un oficio relacionado con la construcción. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los conventos dominicos se extienden principalmente hacia el sur; los primeros serán el de Oaxtepec y el de Izucar y luego hacia la Mixteca: Yanhuitlán, Noschitlan, Teposculula; en la zona Zapoteca entre los años 1532-1540  el de Etla, Coutlán, y Villa Alta. En menos de cincuenta años cubren todo el actual territorio del Estado de Oaxaca; en los inicios del siglo XVII comienzan a extenderse hacia el norte de México. “Las Actas del capítulo provincial de 1608 denuncian que el Maestro de la Orden ha aceptado la fundación del convento-colegio de la Santa Vera Cruz de Zacatecas, como convento formal de la provincia; y ha instituido por su primer prior al P. Fernando de Cubas. El Provincial de Santiago de México, Fr. Felipe Galindo conseguirá para la provincia la fundación del convento más norteño de la misma; Santa Rosa de Sombrerete, situado al norte del actual Estado de Zacatecas. Este convento-colegio fue, durante más de un siglo y medio, semillero fecundo de excelentes sacerdotes diocesanos, y propagador infatigable de cultura en los estados del noroeste de la nación. De igual manera lo eran, en el centro los dos conventos del Rosario de Guadalajara y de la Santa Vera Cruz de Zacatecas.”  Hacia finales del siglo XVII se fundarán los conventos de Querétaro y San Juan del Río, y ocho puestos misionales en la Sierra Gorda, cada uno con su propio sacerdote.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fieles a su vocación intelectual, los frailes dominicos tuvieron destacada participación en la Real y Pontificia Universidad de México. “Durante el primer medio siglo desempeñaron la cátedra de prima de teología casi ininterrumpidamente. El primero en obtenerlo, en oposición con fray Alonso de la Veracruz, fray Pedro de la Peña; más tarde provincial de Santiago de México y obispo de Quito.”  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Participación en el Episcopado novohispano y defensa de los indígenas==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aún más relevante fue la participación de la Orden de Predicadores en la conformación del Episcopado de la Nueva España y su decidida y firme defensa de los indígenas. Esa labor tuvo su inicio con quien fue el primer obispo de Nueva España, el fraile dominico Fray Julián Garcés (1452-1542) nombrado obispo por S.S. León X cuando erigió la diócesis «Carolense» en 1519, dos años antes de la Conquista de México cuando aún se ignoraba la realidad de los naturales existente en el interior del país, e incluso eran desconocidas sus dimensiones territoriales. Al consumarse la Conquista, la diócesis Carolense se concretó como «diócesis de Tlaxcala», ratificándose a Fray Julián Garcés como su titular. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En Tlaxcala Fray Julián se enfrentó a la situación de injusticia contra los indígenas generada por el gobierno de la primera Audiencia presidida por Nuño Beltrán de Guzmán quien, junto con sus oidores, afirmaba tajantemente la irracionalidad de los indios y manifestaba públicamente su oposición a  que fueran evangelizados. Comprendiendo la trascendencia del asunto, Fray Julián Garcés escribió al Papa Paulo III una larga y exquisita carta en defensa de los indígenas y para informarle detalladamente el problema, y temiendo que la carta fuera interceptada por las autoridades de la  Audiencia, la envió a Roma por conducto del también dominico Fray Bernardino de Minaya quien la entregó en propia mano al Pontífice. “En ella no sólo defiende la racionalidad de los indios, su aptitud para ser evangelizados y por tanto su libertad, sino también alaba sus grandes capacidades para las ciencias y las artes, así como sus hermosas virtudes sociales.”   &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La respuesta de S.S. Paulo III fue la Bula «Sublimis Deus» (1537) en la que el Pontífice resuelve: “….Determinamos y declaramos (no obstante lo dicho ni cualquiera otra cosa que en contrario sea) Que los dichos indios y todas las demás gentes que de aquí en adelante vinieren a noticia de los cristianos, aunque más estén fuera de la fe en Jesucristo, que en ninguna manera han de ser privados de su libertad, y del dominio de sus bienes y que libre y lícitamente pueden y deben usar, y gozar de la dicha su libertad y dominio de sus bienes, y en ningún modo se deben hacer esclavos; y si lo contrario sucediere, sea de ningún valor ni fuerza. Determinamos y declaramos también, por la misma autoridad apostólica que los dichos indios y otras gentes sus semejantes han de ser llamados a la fe de Jesucristo con la predicación de la palabra de Dios y con el ejemplo de la buena y santa vida.” &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otro obispo dominico destacado fue Fray Bartolomé de las Casas O.P. (1474-1566), nombrado obispo de Chiapas en 1543 y aunque permaneció en su diócesis sólo un año (1545)  mereció el título de “apóstol de los indios” por la promoción y defensa de la dignidad de los indígenas que había realizado en la Corte Española, especialmente en la “Controversia de Valladolid” que dio origen a las “Leyes Nuevas” promulgadas por Carlos V el 20 de noviembre de 1542 “que en gran parte daban satisfacción a las demandas de Las Casas. Representaban una victoria de la conciencia cristiana. En las mismas  se establecía «Ordenamos y mandamos que de aquí en adelante por ninguna causa de guerra ni otra alguna, aunque sea so título de rebelión ni por rescate, ni de otra manera, no se pueda hacer esclavo indio alguno; y queremos que sean tratados como vasallos nuestros de la Corona de Castilla, pues lo son»” .  El Obispo Las Casas es también conocido por su obra “Brevísima relación de la destrucción de las indias” escrita en Valencia, obra que dio verisimilitud a la «leyenda negra». &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“En los tres siglos del virreinato la Orden de Predicadores proporcionó a la nación mexicana veinte obispos. Pero en los primeros ochenta años, es decir los correspondientes al siglo XVI, siglo verdaderamente creador de nuestra iglesia y nuestra nación, de los treinta obispos que figura en la historia de la Iglesia de México del P. Gutiérrez Casillas, S.J., doce pertenecen  a la orden dominicana.”  Entre esos doce están: Fray Alonso de Montúfar, segundo arzobispo de México y que convocó y presidió los Concilios Mexicanos primero (1555) y segundo (1565); Fray Tomás de Casillas, obispo de Chiapas y Fray Bernardo de Alburquerque, obispo de Oaxaca. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Declinación y restauración de la Orden Dominica en México==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al igual que todas las órdenes religiosas en México, la Orden de Predicadores dejó de existir legalmente en 1859 con la promulgación de las “Leyes de Reforma”, aunque de hecho “siempre quedó un resto” dirigido por Fray Nicolás Arias como Vicario Provincial. La “Ley de nacionalización de bienes eclesiásticos” del 12 de julio de 1859, en su artículo quinto decía a la letra: “Se suprimen en toda la República las órdenes de los religiosos regulares que existen, cualquiera que sea la denominación o advocación con que se hayan erigido, así como también todas las archicofradías, congregaciones o hermandades anexas a las comunidades religiosas, a las catedrales, parroquias o cualesquiera otras iglesias.” Esta bárbara ley destruyó, además de la existencia de las Órdenes religiosas en México. el gran acervo cultural que guardaban los conventos, seminarios, escuelas, hospitales, asilos, hospicios y demás edificios construidos para albergar las obras sociales de la Iglesia. Los mismos edificios fueron convertidos en cuarteles, cárceles, cantinas, etc., o simplemente fueron demolidos.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No fue sino hasta 1895 cuando el gobierno de Porfirio Díaz (1876-1911) permitió la restauración de la Orden de Predicadores; Fray José Domingo Martínez, Vicario General y Visitador Apostólico trajo a varios religiosos dominicos españoles para restaurar las Provincias desoladas, constituyendo la «Congregación de los Dominicos de México» integrada por las cuatro antiguas Provincias mexicanas. En 1904, el Capítulo General de la Orden estableció en México dos «Congregaciones»: la de México y la de Puebla. Pero diez años después la Revolución carrancista volvió a destruirlas, por lo que  en 1919 un decreto del Maestro de la Orden Luis Theissling, redujo ambas Congregaciones a “misiones”.  La posterior y más radical  persecución religiosa desatada por el gobierno de Plutarco Elías Calles en 1926-1929, disminuyó aún más la actividad y presencia de la Orden dominicana en México. &lt;br /&gt;
Los “arreglos” de 1929 que pusieron fin a la Cristiada y las repercusiones de la Guerra en Europa, obligaron al gobierno de Lázaro Cárdenas (1934-1940)a moderar la política anticlerical y la Iglesia empezó a tener una precaria libertad de acción. En 1938 los dominicos regresaron a Oaxaca teniendo como vicario a Fray Vicente Escalante. En 1948 los dominicos realizaron una misión en todo el territorio de la Arquidiócesis de Puebla de los Ángeles; misión que culminó con la coronación pontificia de la imagen de Nuestra Señora del Rosario que se encuentra en la Capilla del mismo nombre, y que por su arquitectura y  decorado barroco es llamada por muchos “la octava maravilla del mundo”.  En 1961 se restauraron las provincias de Santiago de México y de San Hipólito Mártir de Oaxaca. Hoy en día, la Orden de Predicadores cuenta en México con más de veinte conventos y atienden innumerables parroquias y centros misionales, además de contar con diversas publicaciones y un centro de investigación histórica con sede en la ciudad de Querétaro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==NOTAS:==&lt;br /&gt;
  &lt;br /&gt;
&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==BIBLIOGRAFÍA:==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
*''Anuario Dominicano''. Tomo I Instituto Dominicano de Investigaciones Históricas. Provincia de Santiago de México. 2005&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
*''Dominicos en Mesoamérica 500 años''. Provincia de Santiago de México. Provincia de Teutonia. 1992&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
*Höffner Joseph. ''La Ética Colonial Española del Siglo de Oro''. Cultura Hispánica, Madrid, 1957&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
*''Juan Pablo II. Encuentro con los intelectuales mexicanos''. FUNDICE, México, 1991 &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''JUAN LOUVIER CALDERÓN'''&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.56.173</name></author>
		
	</entry>
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		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=DOMINICOS_en_la_Nueva_Espa%C3%B1a&amp;diff=3486</id>
		<title>DOMINICOS en la Nueva España</title>
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		<updated>2014-04-02T20:11:57Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.173: Página creada con '==DOMINICOS en la Nueva España==  En la ciudad de Toulouse, Francia, en el año de  1215, Santo Domingo de Guzmán fundó la Orden de Predicadores (conocidos como Dominicos) ba…'&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;==DOMINICOS en la Nueva España==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la ciudad de Toulouse, Francia, en el año de  1215, Santo Domingo de Guzmán fundó la Orden de Predicadores (conocidos como Dominicos) bajo el carisma del estudio y la predicación, lo cual en esa época constituyó una novedad pues la predicación era oficio del clero secular y  no de las órdenes monásticas; en el lema  de los dominicos “contemplar y dar a otros lo contemplado”  quedó sintetizado el carácter a la vez monástico y apostólico de la Orden de Predicadores que fue confirmada por el Papa Honorio III el 22 de diciembre de 1216. La Orden dominicana destacó pronto en el estudio con figuras intelectuales tan importantes como Santo Tomás de Aquino (1224-1274) y San Alberto Magno (1193-1280). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Poco después del Descubrimiento de América los Dominicos se aprestaron a participar en la evangelización de las nuevas tierras y ya en el Capítulo General de la Orden celebrado en 1501 se señaló: “Que los frailes viajeros al Nuevo Mundo sean idóneos para la predicación, ejemplares y doctos, a la vez que temerosos de Dios, capaces de anunciar la palabra de Dios y de confirmarla con su ejemplo.” (Actas IX). Sin embargo no fue sino hasta septiembre de 1510 cuando los primeros misioneros dominicos arribaron a la isla de La Española, asumiendo de inmediato una posición enérgica de defensa de los indígenas ante los abusos que contra ellos cometían muchos encomenderos. En este sentido es célebre la homilía del cuarto domingo de Adviento pronunciada en Santo Domingo por fray Antonio de Montesinos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Primeras acciones de los dominicos en Nueva España; funciones de sus conventos==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de la Conquista de México (1521) y del arribo de los doce primeros misioneros franciscanos (1524), el 23 de junio de 1526 desembarcaron en Veracruz los primeros misioneros dominicos también en número de doce, siendo ellos Tomás Ortiz, quien presidía al grupo, Vicente de Santa Ana, Diego de Sotomayor, Pedro de Santa María, Justo de Santo Domingo, Pedro Zambrano, Gonzalo Lucero, Bartolomé de Calzadilla, Domingo de Betanzos, Diego Ramírez, Alonso de las Vírgenes y Vicente de las Casas.  Sin embargo, las enfermedades hicieron presa de la mayoría y dos años después el grupo quedó reducido a sólo tres frailes. En 1528 arribó a la Nueva España un segundo grupo de religiosos dominicos en número de veinticuatro, y su acción consolidó  la benéfica labor de la Orden con la creación de cuatro provincias novohispanas: “Santiago de México (1532); San Vicente Ferrer de Chiapas y Guatemala (1551); San Hipólito Mártir de Oaxaca (1592), y San Miguel y los Santos Ángeles de Puebla (1656).”  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Conforme al carisma de la Orden,  los dominicos erigieron «conventos de estudio» y «conventos de misión». Los conventos «de estudio» estuvieron en las ciudades de México, Oaxaca y Puebla donde se formaban las  vocaciones que surgían en el Nuevo Mundo. “Los primeros maestros del Estudio General Dominicano de México (1535) fueron, en primer lugar, el propio fundador de la Provincia, Fray Domingo de Betanzos, licenciado en derecho por la Universidad salmantina. Desde el año 1535 lo fueron Fray Domingo de la Cruz, doctor y maestro en teología por París, donde fue discípulo de Vitoria, juntamente con su amigo entrañable Domingo de Soto (1517-1520) y por Alcalá donde era rector cuando ingresó en la Orden.”  En estos «conventos de estudio» también se estudiaban las numerosas lenguas indígenas que se hablaban en los lugares de misión, pues los «capítulos provinciales» mandaban “que ningún religioso predique, ni confiese a los indios si no es perito en la lengua” . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los conventos «de misión» fueron mucho más numerosos y se edificaron siguiendo una  política bien definida: el convento en medio del pueblo; es decir,  establecer el convento donde hubiera población indígena para convivir con el pueblo, conocer sus costumbres y su lengua, enseñar oficios y, sobre todo, ser ejemplos vivos de vida cristiana. La distancia entre uno y otro convento debía ser de una jornada de camino (35 kilómetros aproximadamente) a fin de servir de hospedaje para quienes transitaran entre ellos. En las Actas de los Capítulos Provinciales se indicó que los religiosos encargados de la edificación de un convento debían pagar lo debido a los indígenas que participaran en los trabajos de construcción, que no podían ser más de doscientos y que debía enseñárseles un oficio relacionado con la construcción. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los conventos dominicos se extienden principalmente hacia el sur; los primeros serán el de Oaxtepec y el de Izucar y luego hacia la Mixteca: Yanhuitlán, Noschitlan, Teposculula; en la zona Zapoteca entre los años 1532-1540  el de Etla, Coutlán, y Villa Alta. En menos de cincuenta años cubren todo el actual territorio del Estado de Oaxaca; en los inicios del siglo XVII comienzan a extenderse hacia el norte de México. “Las Actas del capítulo provincial de 1608 denuncian que el Maestro de la Orden ha aceptado la fundación del convento-colegio de la Santa Vera Cruz de Zacatecas, como convento formal de la provincia; y ha instituido por su primer prior al P. Fernando de Cubas. El Provincial de Santiago de México, Fr. Felipe Galindo conseguirá para la provincia la fundación del convento más norteño de la misma; Santa Rosa de Sombrerete, situado al norte del actual Estado de Zacatecas. Este convento-colegio fue, durante más de un siglo y medio, semillero fecundo de excelentes sacerdotes diocesanos, y propagador infatigable de cultura en los estados del noroeste de la nación. De igual manera lo eran, en el centro los dos conventos del Rosario de Guadalajara y de la Santa Vera Cruz de Zacatecas.”  Hacia finales del siglo XVII se fundarán los conventos de Querétaro y San Juan del Río, y ocho puestos misionales en la Sierra Gorda, cada uno con su propio sacerdote.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fieles a su vocación intelectual, los frailes dominicos tuvieron destacada participación en la Real y Pontificia Universidad de México. “Durante el primer medio siglo desempeñaron la cátedra de prima de teología casi ininterrumpidamente. El primero en obtenerlo, en oposición con fray Alonso de la Veracruz, fray Pedro de la Peña; más tarde provincial de Santiago de México y obispo de Quito.”  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Participación en el Episcopado novohispano y defensa de los indígenas==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aún más relevante fue la participación de la Orden de Predicadores en la conformación del Episcopado de la Nueva España y su decidida y firme defensa de los indígenas. Esa labor tuvo su inicio con quien fue el primer obispo de Nueva España, el fraile dominico Fray Julián Garcés (1452-1542) nombrado obispo por S.S. León X cuando erigió la diócesis «Carolense» en 1519, dos años antes de la Conquista de México cuando aún se ignoraba la realidad de los naturales existente en el interior del país, e incluso eran desconocidas sus dimensiones territoriales. Al consumarse la Conquista, la diócesis Carolense se concretó como «diócesis de Tlaxcala», ratificándose a Fray Julián Garcés como su titular. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En Tlaxcala Fray Julián se enfrentó a la situación de injusticia contra los indígenas generada por el gobierno de la primera Audiencia presidida por Nuño Beltrán de Guzmán quien, junto con sus oidores, afirmaba tajantemente la irracionalidad de los indios y manifestaba públicamente su oposición a  que fueran evangelizados. Comprendiendo la trascendencia del asunto, Fray Julián Garcés escribió al Papa Paulo III una larga y exquisita carta en defensa de los indígenas y para informarle detalladamente el problema, y temiendo que la carta fuera interceptada por las autoridades de la  Audiencia, la envió a Roma por conducto del también dominico Fray Bernardino de Minaya quien la entregó en propia mano al Pontífice. “En ella no sólo defiende la racionalidad de los indios, su aptitud para ser evangelizados y por tanto su libertad, sino también alaba sus grandes capacidades para las ciencias y las artes, así como sus hermosas virtudes sociales.”   &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La respuesta de S.S. Paulo III fue la Bula «Sublimis Deus» (1537) en la que el Pontífice resuelve: “….Determinamos y declaramos (no obstante lo dicho ni cualquiera otra cosa que en contrario sea) Que los dichos indios y todas las demás gentes que de aquí en adelante vinieren a noticia de los cristianos, aunque más estén fuera de la fe en Jesucristo, que en ninguna manera han de ser privados de su libertad, y del dominio de sus bienes y que libre y lícitamente pueden y deben usar, y gozar de la dicha su libertad y dominio de sus bienes, y en ningún modo se deben hacer esclavos; y si lo contrario sucediere, sea de ningún valor ni fuerza. Determinamos y declaramos también, por la misma autoridad apostólica que los dichos indios y otras gentes sus semejantes han de ser llamados a la fe de Jesucristo con la predicación de la palabra de Dios y con el ejemplo de la buena y santa vida.” &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otro obispo dominico destacado fue Fray Bartolomé de las Casas O.P. (1474-1566), nombrado obispo de Chiapas en 1543 y aunque permaneció en su diócesis sólo un año (1545)  mereció el título de “apóstol de los indios” por la promoción y defensa de la dignidad de los indígenas que había realizado en la Corte Española, especialmente en la “Controversia de Valladolid” que dio origen a las “Leyes Nuevas” promulgadas por Carlos V el 20 de noviembre de 1542 “que en gran parte daban satisfacción a las demandas de Las Casas. Representaban una victoria de la conciencia cristiana. En las mismas  se establecía «Ordenamos y mandamos que de aquí en adelante por ninguna causa de guerra ni otra alguna, aunque sea so título de rebelión ni por rescate, ni de otra manera, no se pueda hacer esclavo indio alguno; y queremos que sean tratados como vasallos nuestros de la Corona de Castilla, pues lo son»” .  El Obispo Las Casas es también conocido por su obra “Brevísima relación de la destrucción de las indias” escrita en Valencia, obra que dio verisimilitud a la «leyenda negra». &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“En los tres siglos del virreinato la Orden de Predicadores proporcionó a la nación mexicana veinte obispos. Pero en los primeros ochenta años, es decir los correspondientes al siglo XVI, siglo verdaderamente creador de nuestra iglesia y nuestra nación, de los treinta obispos que figura en la historia de la Iglesia de México del P. Gutiérrez Casillas, S.J., doce pertenecen  a la orden dominicana.”  Entre esos doce están: Fray Alonso de Montúfar, segundo arzobispo de México y que convocó y presidió los Concilios Mexicanos primero (1555) y segundo (1565); Fray Tomás de Casillas, obispo de Chiapas y Fray Bernardo de Alburquerque, obispo de Oaxaca. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Declinación y restauración de la Orden Dominica en México==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al igual que todas las órdenes religiosas en México, la Orden de Predicadores dejó de existir legalmente en 1859 con la promulgación de las “Leyes de Reforma”, aunque de hecho “siempre quedó un resto” dirigido por Fray Nicolás Arias como Vicario Provincial. La “Ley de nacionalización de bienes eclesiásticos” del 12 de julio de 1859, en su artículo quinto decía a la letra: “Se suprimen en toda la República las órdenes de los religiosos regulares que existen, cualquiera que sea la denominación o advocación con que se hayan erigido, así como también todas las archicofradías, congregaciones o hermandades anexas a las comunidades religiosas, a las catedrales, parroquias o cualesquiera otras iglesias.” Esta bárbara ley destruyó, además de la existencia de las Órdenes religiosas en México. el gran acervo cultural que guardaban los conventos, seminarios, escuelas, hospitales, asilos, hospicios y demás edificios construidos para albergar las obras sociales de la Iglesia. Los mismos edificios fueron convertidos en cuarteles, cárceles, cantinas, etc., o simplemente fueron demolidos.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No fue sino hasta 1895 cuando el gobierno de Porfirio Díaz (1876-1911) permitió la restauración de la Orden de Predicadores; Fray José Domingo Martínez, Vicario General y Visitador Apostólico trajo a varios religiosos dominicos españoles para restaurar las Provincias desoladas, constituyendo la «Congregación de los Dominicos de México» integrada por las cuatro antiguas Provincias mexicanas. En 1904, el Capítulo General de la Orden estableció en México dos «Congregaciones»: la de México y la de Puebla. Pero diez años después la Revolución carrancista volvió a destruirlas, por lo que  en 1919 un decreto del Maestro de la Orden Luis Theissling, redujo ambas Congregaciones a “misiones”.  La posterior y más radical  persecución religiosa desatada por el gobierno de Plutarco Elías Calles en 1926-1929, disminuyó aún más la actividad y presencia de la Orden dominicana en México. &lt;br /&gt;
Los “arreglos” de 1929 que pusieron fin a la Cristiada y las repercusiones de la Guerra en Europa, obligaron al gobierno de Lázaro Cárdenas (1934-1940)a moderar la política anticlerical y la Iglesia empezó a tener una precaria libertad de acción. En 1938 los dominicos regresaron a Oaxaca teniendo como vicario a Fray Vicente Escalante. En 1948 los dominicos realizaron una misión en todo el territorio de la Arquidiócesis de Puebla de los Ángeles; misión que culminó con la coronación pontificia de la imagen de Nuestra Señora del Rosario que se encuentra en la Capilla del mismo nombre, y que por su arquitectura y  decorado barroco es llamada por muchos “la octava maravilla del mundo”.  En 1961 se restauraron las provincias de Santiago de México y de San Hipólito Mártir de Oaxaca. Hoy en día, la Orden de Predicadores cuenta en México con más de veinte conventos y atienden innumerables parroquias y centros misionales, además de contar con diversas publicaciones y un centro de investigación histórica con sede en la ciudad de Querétaro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==NOTAS:==&lt;br /&gt;
  &lt;br /&gt;
&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==BIBLIOGRAFÍA:==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
*''Anuario Dominicano''. Tomo I Instituto Dominicano de Investigaciones Históricas. Provincia de Santiago de México. 2005&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
*''Dominicos en Mesoamérica 500 años''. Provincia de Santiago de México. Provincia de Teutonia. 1992&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
*Höffner Joseph. ''La Ética Colonial Española del Siglo de Oro''. Cultura Hispánica, Madrid, 1957&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
*''Juan Pablo II. Encuentro con los intelectuales mexicanos''. FUNDICE, México, 1991 &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''JUAN LOUVIER CALDERÓN'''&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.56.173</name></author>
		
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		<title>Glosario</title>
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		<updated>2014-04-02T20:06:39Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.173: /* D */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;El objetivo de este glosario es facilitar el acceso a una definición de los principales términos que utilizamos en Wikipedia y en otros proyectos de la Fundación Wikimedia. Si no encuentras algún término de uso específico en Wikipedia o sus proyectos, bien puedes incluirlo en la lista para que alguien lo describa o preguntarlo en la página de discusión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
__NOTOC__&lt;br /&gt;
{{Índice}}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== A ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ABAD Y QUEIPO, Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ACADEMIA DE SAN CARLOS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ACADEMIA NACIONAL DE MEDICINA DE MEXICO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ACAMAPICHTLI]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ACTOPAN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ACTOPAN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ADAME Rosales, San Román]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[AGUASCALIENTES]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[AGUILAR ALEMÁN, San Rodrigo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[AGUSTINOS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ALAMÁN Y ESCALADA, Lucas]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ALARCÓN Y SÁNCHEZ DE LA BARQUERA, Próspero María]]'''&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
'''[[ALTAMIRANO, Basilio Ignacio Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ALVA IXTLILXÓCHITL, Fernando de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ALVARADO, Pedro de]]'''&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
'''[[AMÉRICA LATINA: El Término]]'''&lt;br /&gt;
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'''[[ANÁHUAC]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ANTUÑANO, Esteban de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[APARICIO, Sebastián de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ÁRCIGA Y RUIZ DE CHÁVEZ, José Ignacio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARCHIVOS Y BIBLIOTECAS ECLESIASTICAS EN CHILE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARRANGOIZ Y BERZÁBAL, Francisco de Paula]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARTE PLUMARIO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARTE SACRO EN AMÉRICA Y CHILE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARTE Y PENSAMIENTO EN IBEROAMÉRICA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARTIGAS, José Gervasio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ASOCIACIÓN URUGUAYA DE EDUCACIÓN CATÓLICA  (AUDEC)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ÁVILA CAMACHO, Manuel]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[AZTECAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== B ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BANEGAS GALVÁN, Francisco]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BARROCO INDIANO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BATIS SÁINZ, San Luis]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BECERRA TANCO, Luís]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BENAVENTE (MOTOLINIA), Fray Toribio de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BETANZOS, Fray Domingo de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BETLEMITAS; Orden religiosa]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BUCARELI Y URSÚA, Antonio María de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BULAS ALEJANDRINAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== C ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CABRERA, Miguel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CACES DE BROWN, Isabel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CALENDARIO AZTECA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CALENDARIOS INDÍGENAS MEXICAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CALIFORNIA; Misiones]]'''&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
'''[[CALMECAC]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CALLES, Plutarco Elías]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CALOCA CORTÉS, San Agustín]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CALPAN, Convento de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CAMPECHE. Capital del Estado mexicano del mismo nombre]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CAÑAS COVARRUBIAS, José Domingo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CAÑAS Y CALVO, Blas]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CARRASCO y Saavedra, Bernardo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CASAL, Julio J.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CASAL Muñoz, Marynés]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CATEDRAL DE MÉXICO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CATECISMOS en México]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CATOLICISMO LIBERAL en Chile]]'''  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHALMA; Santuario del Señor de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHIAPA DE CORZO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHICHIMECA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHILE; Diócesis creadas en el siglo XX]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHILE; Financiamiento de la iglesia]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHILE; Órdenes y Congregaciones Religiosas]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHILE: SÍNODOS DIOCESANOS Y CONCILIOS PROVINCIALES]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHILE; Recepción de las encíclicas sociales]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHOLULA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHOLULA.  Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CIHUACÓATL; Deidad femenina de la mitología azteca]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CLAVIJERO, Francisco Javier]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CÓDICE OSUNA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CÓDICES precolombinos]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CÓDICE VATICANO B]]'''&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
'''[[COFRADÍAS EN CHILE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[COLEGIO  VIZCAÍNAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[COMPLEJO Tupí-Guaraní]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CONCEPCIÓN, DIÓCESIS DE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CONCILIO PLENARIO LATINOAMERICANO DE 1899]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CONQUISTA DE MÉXICO ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CORTÉS, Hernán]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CONCILIOS Y SINODOS LATINOAMERICANOS.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[COLÓN, Cristóbal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[COSÍO VILLEGAS, Daniel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CUEVAS, Mariano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CRUZ ALVARADO, San Atilano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CUAUHTÉMOC]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CUAUTITLÁN; Convento franciscano y Juan Diego Cuahutlatoatzin]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== D ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DEFENSA DEL INDÍGENA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DESCUBRIMIENTO DEL NUEVO MUNDO: Mentalidades culturales en el Mundo Europeo en la vigilia de 1492]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DEZA, Diego de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DÍAZ DEL CASTILLO, Bernal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DOCUMENTOS DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL DE CHILE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DOMINICOS en la Nueva España]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DONOSO VIVANCO, Justo Pastor]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DU ROUSIER, Ana]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== E ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[EDUCACIÓN EN AMÉRICA LATINA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ERRÁZURIZ VALDIVIESO, Crescente]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ESCUDERO ESCUDERO, Alfonso María]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ESPAÑA; la sociedad española  en la época de los descubrimientos]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ESQUEDA RAMÍREZ, San Pedro]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[EYZAGUIRRE PORTALES, José Ignacio Víctor]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== F ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FERNÁNDEZ CONCHA, Domingo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FERNÁNDEZ CONCHA, Josefa]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FERNÁNDEZ CONCHA, Rosa]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FILOSOFÍA Náhuatl]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FLORES, Ana]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FLORES GARCÍA, San Margarito]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FLOR Y CANTO DEL NACIMIENTO DEL NUEVO MÉXICO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FLORES VARELA, San José Isabel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FUEROS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== G ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GALVÁN BERMÚDEZ, San David]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GARCÉS, FRAY JULIÁN]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GARCÍA ACOSTA, Andrés]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GARCÍA DE LA HUERTA, Tadea]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GARCÍA ICAZBALCETA Joaquín]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GILLOW Y ZAVALZA, Eulogio Gregorio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GONZÁLEZ DE MARMOLEJO, Rodrigo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GONZÁLEZ, Juan]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GREMIO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GÓMEZ DE PORTUGAL Y SOLÍS, Juan Cayetano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Acontecimiento Guadalupano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Atentado contra la Imagen]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Bibliografía general]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Descubrimientos arqueológicos en Estados Unidos]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; El Acontecimiento Guadalupano e Inculturación]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; el  problema de los &amp;quot;silencios&amp;quot;]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; El Santuario, su Culto y la Plaza Mariana]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Fuentes españolas]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Fuentes indígenas]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; fuentes mestizas o indo-hispanas]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Informaciones jurídicas de 1666]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; La hipótesis de imágenes en sus ojos]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; La Virgen María y Juan Diego.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Misterio de los ojos en la pintura]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; RAÍZ DEL MUNDO CATÓLICO IBEROAMERICANO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUZMÁN LECAROZ, Joseph Francisco Xavier Miguel ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUANAJUATO; Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== H ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HABSBURGO, Maximiliano de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HIDALGO  Y COSTILLA GALLAGA, Miguel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HIJAR Y MENDOZA, Martín Alonso ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HOSPITAL DEL AMOR DE DIOS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HOSPITALES Y HOSPICIOS DE LA NUEVA ESPAÑA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HUEJOTZINGO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HUITZILOPOCHTLI; Deidad Azteca]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== I ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[INDEPENDENCIAS HISPANOAMERICANAS. EL CASO DE MÉXICO.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[INDIOS pueblo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ITURBIDE, Agustín de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ITZCÓATL]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== J ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[JESUITAS (Compañia de Jesús)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[JUAN DIEGO CUAUHTLATOATZIN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[JUAN DIEGO CUAUHTLATOATZIN; Descendientes]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[JUÁREZ GARCÍA, Benito]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== K ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[KUBLER, George Alexander ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== L ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LABASTIDA Y DÁVALOS, Pelagio  Antonio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LACUNZA Y DÍAZ, Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LAICISMO en chile]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LA IGLESIA EN EL SIGLO LIBERAL LATINOAMERICANO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LAMAS, José Benito]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LARRAÍN ERRÁZURIZ, Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LARROBLA, Juan Francisco]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LAS CASAS, Fray Bartolomé de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LAS CASAS, Fray Bartolomé de; ¿anti-negro?]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LICEO de Estudios Universitarios (LEU)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LIZÁRRAGA, DE Reginaldo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LÓPEZ DE GÓMARA, Francisco]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LÓPEZ DE SANTA ANNA, Antonio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LOS ANDES, Santa Teresa de Jesús De]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== M ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MAGALLANES JARA, San Cristóbal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MALINCHE; Tenépatl (Doña Marina)]]'''&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
'''[[MALDONADO MELÉNDEZ,  San Pedro]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MANRÍQUEZ Y ZÁRATE, José de Jesús]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MEDELLÍN, Diego De]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉNDEZ MONTOYA, San Jesús]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MENDIETA, Fray Gerónimo de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MENDOZA  Y PACHECO, Antonio de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO. Cristiada]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[México. CONSTITUCIÓN de 1917; artículos antirreligiosos.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO; Educación desde la Revolución de 1910]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO. Evangelización]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO. Planes Políticos en los siglos XIX y XX]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO. Partido Católico Nacional.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO. REFORMA, GUERRA Y LEYES DE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO; Universidades y Colegios Mayores]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MINA, Francisco Javier]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MISIONES jesuíticas en Paraguay y Río de la Plata s. XVII y XVIII]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MODUS VIVENDI en México (1929-1992)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MOLINA, Juan Ignacio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MONCAYO GARCÍA, José Pablo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MORA Y DE LA MORA, San Miguel de la]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MORISCOS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MORELIA  (Arte Virreinal)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MORELOS Y PAVÓN, José María]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MORIN, Bernarda]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MOSQUERA Y ARBOLEDA, Manuel José]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MOZÁRABE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MUDÉJARES]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MUNGUÍA Y NÚÑEZ, Clemente de Jesús]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MUJER en Uruguay]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÚSICA en Chile]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÚSICA  PREHISPÁNICA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== N ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[NAVARRETE GUERRERO, Julia]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[NEZAHUALCÓYOTL]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[NOCHE TRISTE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[NUEVA ESPAÑA; Virreinato de la]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== O ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[OCOTLÁN; Nuestra señora de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[OLMOS, Fray Andrés de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ÓRGANOS DE LA CATEDRAL DE MÉXICO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ORONA MADRIGAL, San Justino]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[OVALLE, Alonso De]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== P ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PALAFOX Y MENDOZA, Juan de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PALOMAR Y VIZCARRA, Miguel]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PÁTZCUARO;  Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PEREGRINACIONES AL TEPEYAC]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PEREYRA, Gómez Carlos ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[POLÍTICA y religión en los proyectos insurgentes y realistas de la independencia de Nueva España]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[POMAR, Juan Bautista]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PRO, Miguel Agustín]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PUEBLA; Tercera Conferencia del CELAM (1979)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PUEBLA DE LOS  ÁNGELES;  Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PUEBLA DE LOS  ÁNGELES; Ciudad ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Q ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[QUERÉTARO, Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[QUETZALCÓATL]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[QUINTO SOL (La cosmogonía azteca)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[QUIROGA, Vasco de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== R ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[RAMOS ARIZPE, José Miguel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[REYES SALAZAR, San Sabás]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[REGULES, Dardo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[REPISO MARTÍNEZ DE ORBE, Antonio ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ROBLES HURTADO,  José María]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ROMERO, Luis Francisco ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ROMERO DE TERREROS, Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ROMO GONZÁLEZ, Santo Toribio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ROSAS, Juventino]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ROSS EDWARDS, Juana]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[RUIZ DE ALARCÓN Y MENDOZA, Juan]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== S ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SAHAGÚN, Bernardino de Fray]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SÁNCHEZ DELGADILLO, San Jenaro]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SALAS, Antonia]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SOCIEDAD MEXICANA DE HISTORIA ECLESIÁSTICA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SAN CRISTÓBAL DE LAS CASAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SAN JUAN DE ULÚA.  Castillo-Fortaleza]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SAN LUIS POTOSÍ; Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SAN MIGUEL DE ALLENDE; Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SANTUARIO NACIONAL DE LA GRUTA DE LOURDES]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SANTUARIO NACIONAL DE LA VIRGEN DEL VERDÚN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SANTUARIO POPULAR DE SAN CONO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SIGÜENZA Y GÓNGORA, Carlos]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SIERRA MÉNDEZ, Justo ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SOTO, Fray Francisco de]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SOTO, Domingo de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SUÁREZ, Sor Úrsula ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== T ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TILMA GUADALUPANA DE JUAN DIEGO CUAUHTLATOATZIN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TELPOCHCALLI]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TENOCHTITLAN; Capital del pueblo  Azteca]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TEOTIHUACÁN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TEPEYAC]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TEPEACA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TERESA DE MIER Y NORIEGA, Servando]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TEXAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TEXCOCO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TEZCATLIPOCA;  Deidad azteca]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TLAXCALTECAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TOLTECAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TONÁNTZIN (Cihuacóatl o Centeótl) ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TOTONACAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TOUSSAINT  Y  RITTER, Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TRATATO DE ALCAZOVAS-TOLEDO ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TULPETLAC]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== U ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[UBIARCO Robles, San Tranquilino]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ULTRAMONTANISMO EN CHILE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[UNIVERSIDAD DE MÉXICO REAL Y PONTIFICIA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[UPPSALA; Mapa de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URIBE VELASCO, San David]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Los “curas constituyentes”]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Música folklórica]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Música sacra]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Piedad popular]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Oratorios rurales]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Primeras corrientes evangelizadoras]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Protestantismo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Rebeliones indígenas]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Santoral]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== V ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VALDÉS OSSA, Elisa ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VALDIVIESO, Rafael Valentín]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VALENCIA, Fray Martín de]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VALERIANO, Antonio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VAÏSSE, Emilio (Omer Emeth)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VARELA Félix; Vida y Obra]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VARELA Félix; Proceso de beatificación]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VASCONCELOS  CALDERÓN, José]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VELASCO Y RUIZ DE ALARCÓN, Luis de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VELAZQUEZ RODRÍGUEZ, Primo Feliciano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VIAJES DE JUAN PABLO II A MÉXICO]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VICUÑA LARRAÍN, Manuel ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VILLALPANDO, Cristóbal de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VILLANUEVA, Tomás de, O.S.A]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VILLARROEL, Gaspar DE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VIRUELA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VIVES SOLAR, Fernando ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== W ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== X ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Y ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[Yucatán en el Tiempo. Enciclopedia Alfabética]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Z ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ZAPATA  SALAZAR, Emiliano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ZAVALA SÁENZ, Lorenzo de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ZORRILLA DE SAN MARTÍN, Juan]]'''&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.56.173</name></author>
		
	</entry>
	<entry>
		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=C%C3%93DICE_VATICANO_B&amp;diff=3449</id>
		<title>CÓDICE VATICANO B</title>
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		<updated>2014-04-01T20:24:42Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.173: /* CÓDICE VATICANO B */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;==CÓDICE VATICANO B==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El ''Códice Vaticano B'' se encuentra resguardado dentro de las colecciones de la Biblioteca Apostólica Vaticana desde hace más de 400 años;  como muchos de sus congéneres ha recibido diferentes nombres a través de los siglos:  ''Códice Vaticano Rituale, Códice Fábrega y Manuscritto Messicano Vaticano 3773'';  sin embargo actualmente se conoce entre los especialistas como ''Códice Vaticano B'', para diferenciarlo de otro códice que también encuentra en la misma biblioteca que lleva el nombre de ''Códice Vaticano Latino 3738'' o ''Vaticano A''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se trata de un bellísimo ejemplo del arte escriturario indígena cuyo contenido sirve para demostrar que los pueblos del México Antiguo habían creado una filosofía en torno a la cual giraba ordenadamente la vida cotidiana;  su visión del universo estaba centrada dentro del marco de una religión milenaria que orientaba su diario acontecer.  Así, el ''Códice Vaticano B'' se escribió con la intención de ilustrar a los sacerdotes en una de sus más importantes tareas, la de predecir el futuro;  de acuerdo a la mentalidad indígena, el arte adivinatorio servía para establecer una relación entre el hombre y la divinidad a quien se le pedía su protección dentro de una postura ética y social. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En ese contexto, era fundamental que los sacerdotes manejaran con toda precisión los detalles del ciclo litúrgico, ordenado dentro de un calendario sagrado de 260 días, que incluía las deidades patronas de cada día y las cuatro direcciones del mundo;  así, se puede decir que el ''Códice Vaticano B''  era una suerte de almanaque especializado dedicado a apoyar la liturgia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con estos calendarios en la mano, los sacerdotes podían evitar las fechas nefastas, analizando las influencias negativas o positivas que el cosmos ejercía sobre los individuos;  se intentaba predecir el temperamento de un niño al momento de nacer, las posibilidades de éxito de una empresa, el mejor día para casarse, la causa y curación de alguna enfermedad o el tiempo indicado para la realización de un ritual;  en otras palabras, el arte adivinatorio operaba en los momentos decisivos de la vida. Así, mediante un calendario como el ''Vaticano B'' no solo se medía el tiempo, sino sobre todo, se desarrollaba una filosofía del tiempo, a través de la cual, los grandes especialistas en el arte adivinatorio descubrían la magnitud del poder divino, sus efectos y sus mandatos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El ''Vaticano B'', como muchos otros documentos pre-coloniales, es una tira formada por varias piezas de piel de venado, unidas entre sí por medio de un pegamento especial y dobladas en forma de biombo;  estas pieles se barnizaban con una fina capa de estuco preparada especialmente para recibir la pintura que se aplicaría después.La técnica de escritura era la pictográfica usada en Mesoamérica en el período posclásico tardío (1200-1521), mediante la cual se leía siguiendo el sistema llamado bustrófedon o “''como van los bueyes al arar''”, es decir se empezaba de izquierda a derecha, regresando hacia abajo al final del renglón, para leer de derecha a izquierda, en una forma elíptica o casi circular. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Llama la atención el formato tan pequeño de este códice, ya que mide aproximadamente 14.5 centímetros de largo por 12.5 de ancho, razón por la cual los ''tlacuilos'' tuvieron que usar 49 “hojas” de piel de venado, que pintadas por ambos lados, produjeron un total de 96 páginas, por lo que se podría decir que el ''Códice Vaticano B'' resultó un libro “gordito”, que acostado alcanza poco más de seis centímetros.  Los colores usados fueron el negro, gris, rojo, amarillo, café, verde y azul.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se tiene conocimiento de la existencia del códice hacia los últimos años del siglo XVI, entre 1596 y 1600, gracias al inventario hecho en la Biblioteca Apostólica Vaticana, en el que aparece registrado en latín de la siguiente manera:&lt;br /&gt;
Religión de los indios, en esbozos, imágenes y jeroglifos, sobre papel con tablas. Este papel tiene una anchura de siete dedos y se extiende en una longitud de 31 palmos, con pinturas en ambos lados.  Luego, doblada como biombo, obtuvo la forma de un librito.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se ignora su procedencia, aunque por sus características tanto de contenido -ritual calendárico- como por las finas técnicas usadas en su elaboración, algunos autores proponen que fue escrito en la región mixteca de Puebla o en el occidente de Oaxaca.  Cabe señalar que precisamente por dichas características, se le incluye dentro del llamado ''Grupo Borgia'', formado por cinco manuscritos prehispánicos que observan similitudes en común:  C''ódice Borgia, Cospi, Féjérváry Mayer'' o ''Códice de los Pochtecas, Laud y el Vaticano B''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El ''Codice Vaticano B'' se ha publicado en repetidas ocasiones, empezando por la reproducción de la última página que el jesuita Atanasio Kircher incluyó en su obra ''Oedipus Aegyptiacus,'' entre 1652 y 1654.  Posterior a esto, el códice entra en el olvido, hasta que en 1785, otro jesuita, el padre José Lino Fábrega, exilado en aquel entonces, tras una prolongada búsqueda, lo encuentra, lo examina y lo describe como un libro religioso de carácter cosmológico-astronómico-ritual.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Luego el naturalista Alexander Von Humboldt lo vuelve a comentar en su obra ''Vue des Cordillères et Monuments des peuples Indigènes de l’Amérique'' (1810-1813), publicando varias de sus páginas.  Sin embargo, la reproducción inaugural completa del códice hecha a base de dibujos, fue la de Lord Kingsborough en el tercer volumen de su colección ''Antiquities of Mexico'', entre 1831 y 1848;  mientras que la primera edición facsimilar, saldría gracias al mecenazgo del duque de Loubat, con un estudio introductorio del bibliotecario de la Biblioteca Vaticana, Franz Eherle.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cabe señalar que en 1902, el especialista en estudios mesoamericanos Eduard Seler, estudió el códice a profundidad, haciendo un primer gran trabajo, que en 1961 sería seguido por el análisis de Karl Anton Nowotny publicado en ''Tlacuilolli.'' Más adelante, la Akademische Druck und Verlagsanstalt de Graz, Austria, publicó en 1972 un facsimilar completo del ''Vaticano B'', con una presentación de Ferdinand Anders.  Finalmente dentro del marco de las conmemoraciones del quinto centenario del descubrimiento de América, salió nuevamente el facsimilar que había hecho la Academia de Graz, con un estudio pormenorizado de Ferdinand Anders, Marten Jansen y Luís Reyes García.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==FUENTES Y BIBLIOGRAFIA:==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
*AGUILERA, CARMEN, ''Códices de México'', México, Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, 2001.&lt;br /&gt;
*ANDERS, FERDINAND, MARTIN JANSEN, LUÍS REYES GARCÍA, ''Manual del adivino''.  ''Libro explicativo del llamado Códice Vaticano B''. Sociedad Estatal Quinto Centenario (España), Akademkische Druck-und Verlagsanstalt (Austria), Fondo de Cultura Económica (México), 1993.&lt;br /&gt;
*GLASS, JOHN B. Y DONALD ROBERTSON, “A census of Native Middle American Pictorial Manuscripts”, en:  ''Handbook of Middle American Indians'', Robert Wauchope, General Editor, ''Guide to Ethnohistorical Sources'', Volume fourteen, Howard Cline Volume Editor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''ANA RITA VALERO DE GARCÍA LASCURÁIN'''&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.56.173</name></author>
		
	</entry>
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		<title>CÓDICE VATICANO B</title>
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		<updated>2014-04-01T20:19:57Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.173: Página creada con '==CÓDICE VATICANO B==  El Códice Vaticano B se encuentra resguardado dentro de las colecciones de la Biblioteca Apostólica Vaticana desde hace más de 400 años;  como muchos…'&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;==CÓDICE VATICANO B==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Códice Vaticano B se encuentra resguardado dentro de las colecciones de la Biblioteca Apostólica Vaticana desde hace más de 400 años;  como muchos de sus congéneres ha recibido diferentes nombres a través de los siglos:  Códice Vaticano Rituale, Códice Fábrega y Manuscritto Messicano Vaticano 3773;  sin embargo actualmente se conoce entre los especialistas como Códice Vaticano B, para diferenciarlo de otro códice que también encuentra en la misma biblioteca que lleva el nombre de Códice Vaticano Latino 3738 o Vaticano A.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se trata de un bellísimo ejemplo del arte escriturario indígena cuyo contenido sirve para demostrar que los pueblos del México Antiguo habían creado una filosofía en torno a la cual giraba ordenadamente la vida cotidiana;  su visión del universo estaba centrada dentro del marco de una religión milenaria que orientaba su diario acontecer.  Así, el Códice Vaticano B se escribió con la intención de ilustrar a los sacerdotes en una de sus más importantes tareas, la de predecir el futuro;  de acuerdo a la mentalidad indígena, el arte adivinatorio servía para establecer una relación entre el hombre y la divinidad a quien se le pedía su protección dentro de una postura ética y social. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En ese contexto, era fundamental que los sacerdotes manejaran con toda precisión los detalles del ciclo litúrgico, ordenado dentro de un calendario sagrado de 260 días, que incluía las deidades patronas de cada día y las cuatro direcciones del mundo;  así, se puede decir que el Códice Vaticano B  era una suerte de almanaque especializado dedicado a apoyar la liturgia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con estos calendarios en la mano, los sacerdotes podían evitar las fechas nefastas, analizando las influencias negativas o positivas que el cosmos ejercía sobre los individuos;  se intentaba predecir el temperamento de un niño al momento de nacer, las posibilidades de éxito de una empresa, el mejor día para casarse, la causa y curación de alguna enfermedad o el tiempo indicado para la realización de un ritual;  en otras palabras, el arte adivinatorio operaba en los momentos decisivos de la vida. Así, mediante un calendario como el Vaticano B no solo se medía el tiempo, sino sobre todo, se desarrollaba una filosofía del tiempo, a través de la cual, los grandes especialistas en el arte adivinatorio descubrían la magnitud del poder divino, sus efectos y sus mandatos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Vaticano B, como muchos otros documentos pre-coloniales, es una tira formada por varias piezas de piel de venado, unidas entre sí por medio de un pegamento especial y dobladas en forma de biombo;  estas pieles se barnizaban con una fina capa de estuco preparada especialmente para recibir la pintura que se aplicaría después.La técnica de escritura era la pictográfica usada en Mesoamérica en el período posclásico tardío (1200-1521), mediante la cual se leía siguiendo el sistema llamado bustrófedon o “como van los bueyes al arar”, es decir se empezaba de izquierda a derecha, regresando hacia abajo al final del renglón, para leer de derecha a izquierda, en una forma elíptica o casi circular. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Llama la atención el formato tan pequeño de este códice, ya que mide aproximadamente 14.5 centímetros de largo por 12.5 de ancho, razón por la cual los tlacuilos tuvieron que usar 49 “hojas” de piel de venado, que pintadas por ambos lados, produjeron un total de 96 páginas, por lo que se podría decir que el Códice Vaticano B resultó un libro “gordito”, que acostado alcanza poco más de seis centímetros.  Los colores usados fueron el negro, gris, rojo, amarillo, café, verde y azul.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se tiene conocimiento de la existencia del códice hacia los últimos años del siglo XVI, entre 1596 y 1600, gracias al inventario hecho en la Biblioteca Apostólica Vaticana, en el que aparece registrado en latín de la siguiente manera:&lt;br /&gt;
Religión de los indios, en esbozos, imágenes y jeroglifos, sobre papel con tablas. Este papel tiene una anchura de siete dedos y se extiende en una longitud de 31 palmos, con pinturas en ambos lados.  Luego, doblada como biombo, obtuvo la forma de un librito.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se ignora su procedencia, aunque por sus características tanto de contenido -ritual calendárico- como por las finas técnicas usadas en su elaboración, algunos autores proponen que fue escrito en la región mixteca de Puebla o en el occidente de Oaxaca.  Cabe señalar que precisamente por dichas características, se le incluye dentro del llamado Grupo Borgia, formado por cinco manuscritos prehispánicos que observan similitudes en común:  Códice Borgia, Cospi, Féjérváry Mayer o Códice de los Pochtecas, Laud y el Vaticano B.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Codice Vaticano B se ha publicado en repetidas ocasiones, empezando por la reproducción de la última página que el jesuita Atanasio Kircher incluyó en su obra Oedipus Aegyptiacus, entre 1652 y 1654.  Posterior a esto, el códice entra en el olvido, hasta que en 1785, otro jesuita, el padre José Lino Fábrega, exilado en aquel entonces, tras una prolongada búsqueda, lo encuentra, lo examina y lo describe como un libro religioso de carácter cosmológico-astronómico-ritual.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Luego el naturalista Alexander Von Humboldt lo vuelve a comentar en su obra Vue des Cordillères et Monuments des peuples Indigènes de l’Amérique (1810-1813), publicando varias de sus páginas.  Sin embargo, la reproducción inaugural completa del códice hecha a base de dibujos, fue la de Lord Kingsborough en el tercer volumen de su colección Antiquities of Mexico, entre 1831 y 1848;  mientras que la primera edición facsimilar, saldría gracias al mecenazgo del duque de Loubat, con un estudio introductorio del bibliotecario de la Biblioteca Vaticana, Franz Eherle.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cabe señalar que en 1902, el especialista en estudios mesoamericanos Eduard Seler, estudió el códice a profundidad, haciendo un primer gran trabajo, que en 1961 sería seguido por el análisis de Karl Anton Nowotny publicado en Tlacuilolli. Más adelante, la Akademische Druck und Verlagsanstalt de Graz, Austria, publicó en 1972 un facsimilar completo del Vaticano B, con una presentación de Ferdinand Anders.  Finalmente dentro del marco de las conmemoraciones del quinto centenario del descubrimiento de América, salió nuevamente el facsimilar que había hecho la Academia de Graz, con un estudio pormenorizado de Ferdinand Anders, Marten Jansen y Luís Reyes García.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==FUENTES Y BIBLIOGRAFIA:==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
*AGUILERA, CARMEN, ''Códices de México'', México, Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, 2001.&lt;br /&gt;
*ANDERS, FERDINAND, MARTIN JANSEN, LUÍS REYES GARCÍA, ''Manual del adivino''.  ''Libro explicativo del llamado Códice Vaticano B''. Sociedad Estatal Quinto Centenario (España), Akademkische Druck-und Verlagsanstalt (Austria), Fondo de Cultura Económica (México), 1993.&lt;br /&gt;
*GLASS, JOHN B. Y DONALD ROBERTSON, “A census of Native Middle American Pictorial Manuscripts”, en:  ''Handbook of Middle American Indians'', Robert Wauchope, General Editor, ''Guide to Ethnohistorical Sources'', Volume fourteen, Howard Cline Volume Editor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''ANA RITA VALERO DE GARCÍA LASCURÁIN'''&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.56.173</name></author>
		
	</entry>
	<entry>
		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=Glosario&amp;diff=3447</id>
		<title>Glosario</title>
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		<updated>2014-04-01T20:16:10Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.173: /* C */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;El objetivo de este glosario es facilitar el acceso a una definición de los principales términos que utilizamos en Wikipedia y en otros proyectos de la Fundación Wikimedia. Si no encuentras algún término de uso específico en Wikipedia o sus proyectos, bien puedes incluirlo en la lista para que alguien lo describa o preguntarlo en la página de discusión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
__NOTOC__&lt;br /&gt;
{{Índice}}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== A ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ABAD Y QUEIPO, Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ACADEMIA DE SAN CARLOS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ACADEMIA NACIONAL DE MEDICINA DE MEXICO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ACAMAPICHTLI]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ACTOPAN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ACTOPAN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ADAME Rosales, San Román]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[AGUASCALIENTES]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[AGUILAR ALEMÁN, San Rodrigo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[AGUSTINOS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ALAMÁN Y ESCALADA, Lucas]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ALARCÓN Y SÁNCHEZ DE LA BARQUERA, Próspero María]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ALDAY Y ASPEE, De Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ALTAMIRANO, Basilio Ignacio Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ALVA IXTLILXÓCHITL, Fernando de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ALVARADO, Pedro de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ALVARADO, Tezozómoc Fernando]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ÁLVAREZ MENDOZA, San Julio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[AMÉRICA LATINA: El Término]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ANÁHUAC]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ANTUÑANO, Esteban de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[APARICIO, Sebastián de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ÁRCIGA Y RUIZ DE CHÁVEZ, José Ignacio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARCHIVOS Y BIBLIOTECAS ECLESIASTICAS EN CHILE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARRANGOIZ Y BERZÁBAL, Francisco de Paula]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARTE PLUMARIO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARTE SACRO EN AMÉRICA Y CHILE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARTE Y PENSAMIENTO EN IBEROAMÉRICA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARTIGAS, José Gervasio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ASOCIACIÓN URUGUAYA DE EDUCACIÓN CATÓLICA  (AUDEC)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ÁVILA CAMACHO, Manuel]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[AZTECAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== B ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BANEGAS GALVÁN, Francisco]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BARROCO INDIANO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BATIS SÁINZ, San Luis]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BECERRA TANCO, Luís]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BENAVENTE (MOTOLINIA), Fray Toribio de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BETANZOS, Fray Domingo de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BETLEMITAS; Orden religiosa]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BUCARELI Y URSÚA, Antonio María de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BULAS ALEJANDRINAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== C ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CABRERA, Miguel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CACES DE BROWN, Isabel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CALENDARIO AZTECA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CALENDARIOS INDÍGENAS MEXICAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CALIFORNIA; Misiones]]'''&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
'''[[CALMECAC]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CALLES, Plutarco Elías]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CALOCA CORTÉS, San Agustín]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CALPAN, Convento de]]'''&lt;br /&gt;
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=== D ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
'''[[DESCUBRIMIENTO DEL NUEVO MUNDO: Mentalidades culturales en el Mundo Europeo en la vigilia de 1492]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DEZA, Diego de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DÍAZ DEL CASTILLO, Bernal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DOCUMENTOS DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL DE CHILE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DONOSO VIVANCO, Justo Pastor]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DU ROUSIER, Ana]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== E ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[EDUCACIÓN EN AMÉRICA LATINA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ERRÁZURIZ VALDIVIESO, Crescente]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ESCUDERO ESCUDERO, Alfonso María]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ESPAÑA; la sociedad española  en la época de los descubrimientos]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ESQUEDA RAMÍREZ, San Pedro]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[EYZAGUIRRE PORTALES, José Ignacio Víctor]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== F ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FERNÁNDEZ CONCHA, Domingo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FERNÁNDEZ CONCHA, Josefa]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FERNÁNDEZ CONCHA, Rosa]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FILOSOFÍA Náhuatl]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FLORES, Ana]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FLORES GARCÍA, San Margarito]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FLOR Y CANTO DEL NACIMIENTO DEL NUEVO MÉXICO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FLORES VARELA, San José Isabel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FUEROS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== G ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GALVÁN BERMÚDEZ, San David]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GARCÉS, FRAY JULIÁN]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GARCÍA ACOSTA, Andrés]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GARCÍA DE LA HUERTA, Tadea]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GARCÍA ICAZBALCETA Joaquín]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GILLOW Y ZAVALZA, Eulogio Gregorio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GONZÁLEZ DE MARMOLEJO, Rodrigo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GONZÁLEZ, Juan]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GREMIO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GÓMEZ DE PORTUGAL Y SOLÍS, Juan Cayetano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Acontecimiento Guadalupano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Atentado contra la Imagen]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Bibliografía general]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Descubrimientos arqueológicos en Estados Unidos]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; El Acontecimiento Guadalupano e Inculturación]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; el  problema de los &amp;quot;silencios&amp;quot;]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; El Santuario, su Culto y la Plaza Mariana]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Fuentes españolas]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Fuentes indígenas]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; fuentes mestizas o indo-hispanas]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Informaciones jurídicas de 1666]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; La hipótesis de imágenes en sus ojos]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; La Virgen María y Juan Diego.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Misterio de los ojos en la pintura]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; RAÍZ DEL MUNDO CATÓLICO IBEROAMERICANO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUZMÁN LECAROZ, Joseph Francisco Xavier Miguel ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUANAJUATO; Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== H ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HABSBURGO, Maximiliano de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HIDALGO  Y COSTILLA GALLAGA, Miguel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HIJAR Y MENDOZA, Martín Alonso ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HOSPITAL DEL AMOR DE DIOS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HOSPITALES Y HOSPICIOS DE LA NUEVA ESPAÑA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HUEJOTZINGO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HUITZILOPOCHTLI; Deidad Azteca]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== I ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[INDEPENDENCIAS HISPANOAMERICANAS. EL CASO DE MÉXICO.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[INDIOS pueblo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ITURBIDE, Agustín de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ITZCÓATL]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== J ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[JESUITAS (Compañia de Jesús)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[JUAN DIEGO CUAUHTLATOATZIN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[JUAN DIEGO CUAUHTLATOATZIN; Descendientes]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[JUÁREZ GARCÍA, Benito]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== K ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[KUBLER, George Alexander ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== L ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LABASTIDA Y DÁVALOS, Pelagio  Antonio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LACUNZA Y DÍAZ, Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LAICISMO en chile]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LA IGLESIA EN EL SIGLO LIBERAL LATINOAMERICANO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LAMAS, José Benito]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LARRAÍN ERRÁZURIZ, Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LARROBLA, Juan Francisco]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LAS CASAS, Fray Bartolomé de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LAS CASAS, Fray Bartolomé de; ¿anti-negro?]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LICEO de Estudios Universitarios (LEU)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LIZÁRRAGA, DE Reginaldo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LÓPEZ DE GÓMARA, Francisco]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LÓPEZ DE SANTA ANNA, Antonio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LOS ANDES, Santa Teresa de Jesús De]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== M ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MAGALLANES JARA, San Cristóbal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MALINCHE; Tenépatl (Doña Marina)]]'''&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
'''[[MALDONADO MELÉNDEZ,  San Pedro]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO. Cristiada]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[México. CONSTITUCIÓN de 1917; artículos antirreligiosos.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO; Educación desde la Revolución de 1910]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO. Evangelización]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO. Planes Políticos en los siglos XIX y XX]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO. Partido Católico Nacional.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO. REFORMA, GUERRA Y LEYES DE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO; Universidades y Colegios Mayores]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MINA, Francisco Javier]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MISIONES jesuíticas en Paraguay y Río de la Plata s. XVII y XVIII]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MODUS VIVENDI en México (1929-1992)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MOLINA, Juan Ignacio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MONCAYO GARCÍA, José Pablo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MORA Y DE LA MORA, San Miguel de la]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MORISCOS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MORELIA  (Arte Virreinal)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
'''[[MOZÁRABE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MUDÉJARES]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MUNGUÍA Y NÚÑEZ, Clemente de Jesús]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MUJER en Uruguay]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÚSICA en Chile]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÚSICA  PREHISPÁNICA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== N ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[NAVARRETE GUERRERO, Julia]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[NEZAHUALCÓYOTL]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[NOCHE TRISTE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[NUEVA ESPAÑA; Virreinato de la]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== O ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[OCOTLÁN; Nuestra señora de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[OLMOS, Fray Andrés de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ÓRGANOS DE LA CATEDRAL DE MÉXICO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ORONA MADRIGAL, San Justino]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[OVALLE, Alonso De]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== P ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PALAFOX Y MENDOZA, Juan de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PALOMAR Y VIZCARRA, Miguel]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PÁTZCUARO;  Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PEREGRINACIONES AL TEPEYAC]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PEREYRA, Gómez Carlos ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[POMAR, Juan Bautista]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PRO, Miguel Agustín]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PUEBLA; Tercera Conferencia del CELAM (1979)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PUEBLA DE LOS  ÁNGELES;  Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PUEBLA DE LOS  ÁNGELES; Ciudad ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Q ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[QUERÉTARO, Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[QUETZALCÓATL]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[QUINTO SOL (La cosmogonía azteca)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[QUIROGA, Vasco de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== R ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[RAMOS ARIZPE, José Miguel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[REYES SALAZAR, San Sabás]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[REGULES, Dardo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[REPISO MARTÍNEZ DE ORBE, Antonio ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ROBLES HURTADO,  José María]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ROMERO, Luis Francisco ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ROMERO DE TERREROS, Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ROMO GONZÁLEZ, Santo Toribio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ROSAS, Juventino]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ROSS EDWARDS, Juana]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[RUIZ DE ALARCÓN Y MENDOZA, Juan]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== S ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SAHAGÚN, Bernardino de Fray]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SÁNCHEZ DELGADILLO, San Jenaro]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SALAS, Antonia]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SOCIEDAD MEXICANA DE HISTORIA ECLESIÁSTICA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SAN CRISTÓBAL DE LAS CASAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SAN JUAN DE ULÚA.  Castillo-Fortaleza]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SAN LUIS POTOSÍ; Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SAN MIGUEL DE ALLENDE; Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SANTUARIO NACIONAL DE LA GRUTA DE LOURDES]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SANTUARIO NACIONAL DE LA VIRGEN DEL VERDÚN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SANTUARIO POPULAR DE SAN CONO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SIGÜENZA Y GÓNGORA, Carlos]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SIERRA MÉNDEZ, Justo ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SOTO, Fray Francisco de]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SOTO, Domingo de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SUÁREZ, Sor Úrsula ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== T ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TILMA GUADALUPANA DE JUAN DIEGO CUAUHTLATOATZIN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TELPOCHCALLI]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TENOCHTITLAN; Capital del pueblo  Azteca]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TEOTIHUACÁN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TEPEYAC]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TEPEACA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TERESA DE MIER Y NORIEGA, Servando]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TEXAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TEXCOCO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TEZCATLIPOCA;  Deidad azteca]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TLAXCALTECAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TOLTECAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TONÁNTZIN (Cihuacóatl o Centeótl) ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TOTONACAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
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=== U ===&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
=== V ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
'''[[VALDIVIESO, Rafael Valentín]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VALENCIA, Fray Martín de]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VALERIANO, Antonio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VAÏSSE, Emilio (Omer Emeth)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VARELA Félix; Vida y Obra]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VARELA Félix; Proceso de beatificación]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VASCONCELOS  CALDERÓN, José]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VELASCO Y RUIZ DE ALARCÓN, Luis de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VELAZQUEZ RODRÍGUEZ, Primo Feliciano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VIAJES DE JUAN PABLO II A MÉXICO]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VICUÑA LARRAÍN, Manuel ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VILLALPANDO, Cristóbal de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VILLANUEVA, Tomás de, O.S.A]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VILLARROEL, Gaspar DE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VIRUELA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VIVES SOLAR, Fernando ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== W ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== X ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Y ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[Yucatán en el Tiempo. Enciclopedia Alfabética]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Z ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ZAPATA  SALAZAR, Emiliano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ZAVALA SÁENZ, Lorenzo de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ZORRILLA DE SAN MARTÍN, Juan]]'''&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.56.173</name></author>
		
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		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=ESPA%C3%91A;_la_sociedad_espa%C3%B1ola_en_la_%C3%A9poca_de_los_descubrimientos&amp;diff=3446</id>
		<title>ESPAÑA; la sociedad española en la época de los descubrimientos</title>
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		<updated>2014-04-01T20:04:33Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.173: /* 7.  La Iglesia Española de finales del S. XV y comienzos del s. XVI */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;==ESPAÑA; la sociedad española  en la época de los descubrimientos== &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==1. La España de los Reyes Católicos==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Durante la llamada Edad Media, la Iglesia había sido el punto de referencia en la creación en la Península Ibérica de una historia común. Algo semejante había sucedido también en la Europa medieval, pero en el siglo XVI aquella historia común europea se interrumpe con las divisiones religiosas y culturales. El momento en el que sucede el encuentro entre España y América coincidió con el paso de una época a la otra. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La unidad dinástica de los reinos hispanos sucede en 1479 con la fusión personal de Castilla-León y Aragón-Cataluña, por el matrimonio de los dos monarcas de ambos reinos: Isabel I (la Católica) de Castilla-León y Fernando V (el Católico) de Aragón. Doce años después (el 6 de enero de.1492),con la reconquista del reino moro de Granada, se cierra el ciclo de la reconquista y la unidad practica de los reinos españoles, bajo el lema que adoptan de igualdad de poderes y unidad de decisiones de las dos Coronas en una, con el lema “''tanto monta, monta tanto, Isabel como Fernando''”, y la simbología heráldica para expresar aquella unión (el ''Yugo'', letra inicial de Isabel, entrelazado con la ''Flechas'', letra inicial de Fernando). Este hecho tendrá repercusiones incalculables en el futuro de la misma España como en el Nuevo Mundo, que pronto iba a entrar en la escena mundial de la mano española. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una frase: &amp;quot;''en cabeza del rey''&amp;quot;, iba a expresar lapidariamente el papel de la monarquía en aquella empresa: frase que ya se encuentra en autores de la primera hora, y que viene a significar el papel o responsabilidad del Rey o de la Corona en todos los asuntos del gobierno, tanto civil como eclesiástico, del Nuevo Mundo: administración de la justicia, patronato, legislación, defensa de los derechos del indio, etc., como Fray Domingo de Betanzos, Francisco López de Gómara, en su ''Historia General de las Indias'', o más tarde Felipe Guamán Poma de Ayala (comienzos del s. XVII) y muchos otros recuerdan en sus historia y crónicas.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
La España de los reyes Católicos era una España claramente identificada con la historia que le había dado origen. Su monarquía conservaba todavía esta conciencia. Tal es la clave para comprender muchas iniciativas políticas y religiosas de los Reyes Católicos, Isabel I la Católica de Castilla y Fernando V el Católico de Aragón, y de sus descendientes, principalmente Carlos I (V como emperador del Sacro Romano Imperio Germánico) y Felipe II, y de sus descendientes los demás reyes de la Casa de Austria española (o Augsburgo). Durante el reinado de los reyes Católicos acontecen en la historia nacional española algunos grandes hechos: la unión dinástica de los dos grandes reinos ibéricos de Castilla-León y de Aragón-Cataluña con el consiguiente reforzamiento de la monarquía y la regularización del sistema administrativo de la Corona; la reforma de la vida eclesial en sus diversos niveles; la conclusión de la lucha secular de la reconquista del dominio musulmán del suelo patrio, que antiguamente había formado el reino hispano-visigodo; el comienzo de la expansión transoceánica que dio como resultado la llegada a las tierras del Nuevo Mundo, que para el historiador, capellán de Cortés, Francisco López de Gómara, había sido “''el más grande acontecimiento después de la creación del mundo si se exceptúa la encarnación y la muerte de Aquel que lo había creado''”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta empresa política, pero también evangelizadora, fue posible gracias a la existencia de un sujeto tanto político como católico en la comunidad hispana, impregnada en este último caso de una conciencia de la fe católica, sea a nivel popular como en la Corona. Los Reyes Católicos tenían una clara conciencia de su autonomía política en la esfera secular. La tenían también como cristianos. También como príncipes católicos no estaban exentos de una mentalidad jurídica muy extendida en las relaciones entre los Estados cristianos nacientes y la Iglesia de querer controlar la vida eclesial en sus Estados, pretensión común en los gobernantes (o príncipes) cristianos de esta edad moderna. Tal pretensión, que databa ya de siglos anteriores, llevaría en muchos casos a caer en la tentación, nunca escondida, de crear de hecho Iglesias nacionales, bajo el control del Estado. En el siglo XV, a pesar de la crisis conciliarista, tenían una sana conciencia del papel del Papa como cabeza de la Iglesia y reconocían su misión y supremacía en el campo eclesial y espiritual, “''no reconociendo superior temporal sino a Dios Omnipotente, y dando la obediencia espiritual debida al Sumo Pontífice y a la Iglesia apostólica de Roma''”, como escribía entonces Fernández de Oviedo, uno de los primeros testigos e historiadores de la conquista en el Nuevo Mundo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El papel de la corona fue fundamental en los tres siglos siguientes, tanto en el ámbito de los descubrimientos y de la colonización, como en el de la evangelización. Ya desde el alba de la presencia española en el Nuevo Mundo, los Reyes Católicos emanaron una serie de disposiciones o cédulas legales y administrativas con el fin de regular un gobierno recto en aquellas tierras, y afrontar las problemáticas humanas, políticas y evangelizadoras que aquellas situaciones inéditas planteaban. En tal sentido el testamento del 12 de octubre de 1504 y el codicillo de Isabel la Católica añadido el 23 de noviembre de 1504, tres días antes de morir, dan las directivas del proyecto político (relación entre españoles e indios, y derechos de éstos) y de la evangelización e implantación de la Iglesia en América. Aquel texto fue codificado y se convirtió pronto en un texto legal, caso único en la historia constitucional de un país, entrando así a formar parte de la legislación de España sobre las Indias hasta las independencias de sus países.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==2.La población española en el momento del descubrimiento de América== &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se calcula que en el momento del descubrimiento de América, España tenía unos ocho millones de habitantes. De ellos, antes de 1492, medio millón eran judíos (la expulsión en masa de los mismos acontece en 1492) y un millón de mudéjares&amp;lt;ref&amp;gt;Mudéjares: musulmanes que vivieron en convivencia con los cristianos, tras ''la reconquista'' por éstos del territorio peninsular español. La palabra “mudéjar” deriva del vocablo árabe ''mudayyan'', equivalente a “vasallo” o “sometido”; acepción etimológica que no aparece en la documentación medieval, pero que se populariza a partir del siglo XIX.&amp;lt;/ref&amp;gt;a los que luego habría que añadir los “moriscos”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Cómo se distribuía socialmente esta población? Un 80 % era rural. Se daba una endeblez numérica de clases. Lo que hoy se suele llamar &amp;quot;clase media&amp;quot; (pero que en este caso sería un anacronismo), puede ser distribuida de la siguiente manera: un 3%, que no eran clé¬rigos, ni militares, ni campesinos, ni patricios urbanos; eran gente común. Había unos 75.000 clérigos o eclesiásticos&amp;lt;ref&amp;gt;Algunos hablan de un total de unos 40.500 miembros del clero secular o diocesano, pero las estadísticas no son siempre fiables.&amp;lt;/ref&amp;gt;, el 1% de la población, de los que unos 2000 o 3000 pertenecían al llamado &amp;quot;clero alto&amp;quot;. Los nobles o hidalgos de variada posición y entidad eran unos 115.000, el 2% de ese número total. En cuanto a la propiedad las tierras, éstas pertenecían al 2% o 3% de la población que poseían el 97% de las mismas. Esta alta aristocracia, personal o jurídica, era dueña de la mitad de España. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Y cómo se componía ésta aristocracia? Se contaban unas 50 familias unidas por vínculos de sangre y que constituían de hecho una fuerza social, política y económica paralela a la del rey, como lo demuestran las convocatorias de frecuentes “Cortes” para tratar los asuntos importantes del Reino, proclamar o reconocer al rey, que debía jurar sus fueros&amp;lt;ref&amp;gt;Los ''Fueros'' (del latín forum; derechos, leyes) son un cuerpo de leyes, considerado entre las más importantes fuentes del derecho en España.&amp;lt;/ref&amp;gt;, proclamar ante ellas por parte del rey leyes, cédulas reales o disposiciones en los campos civil o eclesiástico y determinar la política a seguir en el Reino. Las Cortes eran en la antigua historia española medieval y en los comienzos de la moderna una asamblea general del Reino que convocaba el rey en los antiguos reinos de España para tratar asuntos de estado, generalmente, la elaboración de leyes y la concesión de impuestos: a las Cortes acudían los representantes del clero, de la nobleza y de las poblaciones importantes, ayuntamientos de ciudades y de villas. En las “Cortes” se encontraban representadas las diversas entidades o corporaciones que componían el Reino. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En todo este tren de vida política, algunos nobles (en realidad pocos), descendientes en buena parte de antiguas familias de caballeros, protagonistas en la reconquista, o de otros nuevos allegados por méritos o por influencias, ocupaban puestos en la Corte real, la que en esa época solía ser “ambulante” a lo largo de ciudades y villas del Reino. Estos nobles, que con frecuencia poseen sus castillos y palacios, comienzan a llevar un tren de vida a veces fastuoso. Estaba luego una pequeña nobleza de mayor peso social y económico, y otra mediana formada por militares, hijosdalgo, y caballeros, que constituyen dos poderosos es¬tratos sociales. El estamento militar asiste por derecho propio a las Cor¬tes. Vive en posesiones rurales e influye en el gobierno a través de la parentela y vínculos de nobleza. De esta pequeña noble¬za se recluta lo mejor de los capi¬tanes, diplomáticos y funcionarios. De la pequeña nobleza salieron muchos obispos (&amp;quot;llanos&amp;quot;, no pertenecientes a la aristocracia o alta nobleza). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se debe también hablar de una incipiente nobleza urbana: terratenientes, ricos por herencia, no comerciantes, y que es más culta que la nobleza militar. Sus hijos llenaban las universidades. También de aquí salen canónigos, obispos, abades. Fueron excelentes secretarios y administradores. Los pobladores de las pueblas (poblaciones fundadas con privilegio real y cuyos vecinos formaban “ayuntamientos” y concejos) y las villas (con sus pobladores llamados &amp;quot;villanos&amp;quot;) tienen acceso o movilidad de ascenso a ese tipo de nobleza y constituyen una parte importante y fundamental en la estructura del Reino. La tendrán en el poblamiento español del Nuevo Mundo con sus fundaciones, al estilo castellano o de la madre patria. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la estructura y en la vida social y política del Reino se encuentra el clero. Constituye un grupo social peculiar dentro de la sociedad. Dentro de él hay de hecho un clero socialmente alto y otro clero bajo, no por procedencia social, sino por los puestos que ocupan en la estructura eclesiástica. El clero tiene un fuerte espíritu corporativo (como en los otros países de la cristiandad medieval hasta la edad contemporánea) para defender sus inmunidades. Su fuerza económica la constituyen los diezmos (en especie, que se subastaban). La mentalidad de cada estrato era fuerte y reflejaba con frecuencia también su procedencia social. El papel del alto clero era notable. Constituían la columna vertebral de muchos sectores de la administración pública, cancilleres, presidentes y miembros del Supremo Consejo de Indias, cuando éste fue creado, y de muchos tribunales. Personajes fundamentales en la España de los tiempos del descubrimiento de América, como el arzobispo Talavera, Deza, los cardenales Cisneros y Mendoza, por citar nombres universalmente más conocidos, lo demuestran. En conjunto forman un grupo notable por &amp;quot;letras y virtud&amp;quot;. Muchos de ellos actuaron en la vida política e incluso en la militar; son parte de la última hornada de prelados-capitanes, como lo fue incluso el cardenal franciscano reformador Francisco Ximénez de Cisneros (que tiene su proceso de canonización introducido). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dentro del clero se encuentra una especie de alto clero menor, generalmente hacen parte de ella los prebendados (que eran dignidades, canónigos o racioneros de alguna iglesia catedral o colegiata). Normalmente son de elevada categoría intelectual. Existen 47 capítulos ca¬tedrales de gran poderío económico y con un nivel moral bastante bueno en general. Sin embargo entre el bajo clero, incluso entre el religioso, se da a veces inmoralidad, ignorancia y pobreza. Este fenómeno de decadencia en una parte del clero regular y secular era un fenómeno de la cristiandad europea de la época, con numerosos intentos de reforma por parte de papas y concilios a lo largo del siglo XV y comienzos del XVI. Basta recordar cómo el tema de la reforma del clero aflora y es tratado específicamente desde el Concilio de Constanza (1414-1418), Ferrara-Florencia (1438-1445), Lateranense V (1512-1517). En este cuadro el caso español corresponde al del resto de Europa. Sin embargo no se puede generalizar. Los concilios provinciales vigilaban y urgían por una reforma de las costumbres entre el clero. El siglo XVI será un siglo de notables &amp;quot;reformas&amp;quot; en este sentido, que verá el florecimiento de muchas Órdenes religiosas reformadas, de varios concilios provinciales y culminará con las reformas del Concilio de Trento (1545-1563). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Había en la España a la que nos referimos lo que se podría llamar &amp;quot;grupos medios&amp;quot;, aunque el término no corresponda a la moderna acepción de “clase social”. Eran gentes de ejercitaban oficios y menesteres necesarios en toda sociedad, especialmente en villas y ciudades como mercaderes y comerciantes, no¬tarios, abogados, barberos (que ejercitaban a veces también una medicina rudimentaria, pero importante), médicos y curanderos y pequeños administradores. Demográficamente eran débiles. De ellos salía 1/3 o 1/4 de los regidores. Solían componer (en reinos como en Aragón) los cabildos de las ciu¬dades. Son la raíz de la futura burguesía industrial y mercantil.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los artesanos constituían una especie de clase o grupo modesto urbano, que vivían asociados en gremios. La artesanía era más bien patriarcal y familiar, y menos técnica de taller, como en Italia o en Flandes. Proporcionaban un tercio o un cuarto de los regidores&amp;lt;ref&amp;gt;Los regidores eran los concejales de los ayuntamientos, miembros del cabildo de Indias o de las corporaciones locales.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Constituían la masa popular en los festejos. Este grupo social tiende a superarse y a presentarse bien. Su vida era suficientemente holgada. La población de todas estas clases sociales componía el 20% de los habitantes de España. Luego estaban los campesinos, que son un 80%, en desigualdad de condiciones, según las regiones. Había campesinos &amp;quot;de señorío&amp;quot;, a veces en penosas condiciones, y campesinos de realengo&amp;lt;ref&amp;gt;Poblador o vecino de una circunscripción o concejo que no era de señorío ni de las órdenes, y que pertenecía a la Corona.&amp;lt;/ref&amp;gt;, a veces muy dignos. Pero toda la población vivía a veces sometida a calamidades y grandes crisis, comunes a todo el resto de Europa, como pestes y enfermedades endémicas y crónicas, sequías o superabundancia de lluvias, inviernos crudos, o veranos tórridos; todo ello provocaba muertes frecuentes y prematuras, y hambrunas frecuentes, sobre todo en las tierras más áridas o secas como las castellanas. Sin embargo estas penosas situaciones, con frecuencia endémicas, no provocaron sublevaciones populares, como sucedió en otros lugares de Europa; basta pensar a las sublevaciones de los campesinos y de los caballeros en la Alemania de los tiempos de Lutero o en otras semejantes en la Italia e incluso en la Roma de los siglos XIV y XV.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y ¿cuál era el valor monetario corriente en esta época? En el caso español el más común era el &amp;quot;ducado&amp;quot;, que correspondía a 375 maravedís, una equivalencia a unos ocho jornales de obrero especializado o veinte jornales de un peón. El marqués de Villena, por ejemplo, tenía 100.000 ducados de renta al año. La Iglesia (sus instituciones y su personal ministerial) tenía seis millones de ducados de renta: dos millones el clero re¬gular y cuatro, el clero secular.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==3. La España católica y la Reconquista==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
1. ''Carácter y temperamento del catolicismo español de la época'': ¿Cómo se explica la vehemencia y también la fuerza del catolicismo español? Hay muchas teorías y opiniones al respecto. No hay que olvidar la característica historia cristiana española a partir del siglo VIII, cuando los musulmanes del Norte de África invaden el Reino español de los visigodos y lo desbaratan en la batalla de Guadalete (Andalucía) donde perece el último rey visigodo Don Rodrigo, que pasará a la leyenda épica española en multitud de romances (711). Casi todo el Reino visigodo español cae bajo dominio musulmán, si se exceptúan las regiones montañosas del Norte, astures, cántabros, vascos, y zonas de la Navarra y de la Cataluña pirenaica. En el año 721 encontramos los hechos conocidos como “''batalla de Covadonga''” en las montañas de Asturias, donde un príncipe visigodo, Don Pelayo (+737), levanta el estandarte de la &lt;br /&gt;
Cruz contra el invasor musulmán y da comienzo a la Reconquista, que se concluirá en 1492, en Granada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue el comienzo del minúsculo Reino de Asturias, que lentamente alargará sus fronteras reconquistando los territorios de León y luego las mesetas castellanas. Dará lugar así al nacimiento, como prolongación del reino asturiano del de León (s. IX), y más tarde al de Castilla (s. X) (Castilla y León unidas de nuevo a partir del 1230), del que nacerá con el tiempo el condado de Portugal (condado dependiente de Castilla a partir del 1094 y luego reino, totalmente autónomo). En el caso Asturiano ya a finales del siglo VIII se funda la ciudad de Oviedo (760), alrededor del monasterio benedictino de San Pelayo, donde el rey Fruela  I (757-768) establecerá su Corte y que alcanzará un notable esplendor artístico en tiempos de su hijo y sucesor Alfonso II el Casto (rey 792-842), contemporáneo de Carlo Magno, con el que mantendrá relaciones culturales y políticas. Nace así aquel arte que todavía hoy se contempla en la región asturiana, el llamado “pre-románico”, la preciosa Cámara Santa de la Catedral de Oviedo, como relicario de valiosas reliquias traídas del resto de la España invadida por los musulmanes, entre ellas la Cruz de la Victoria (símbolo de la reconquista, levantada por su primer caudillo don Pelayo), la de los Ángeles símbolo heráldico de Oviedo, de tiempos del rey Alfonso II, el Santo Sudario y otras muchas de indiscutible valor histórico y religioso. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este tiempo de Alfonso II el Casto, comienza la histórica peregrinación hacia Compostela, lugar donde se señalaba la traslación de las reliquias del Apóstol Santiago y que dará lugar a uno de los tres grandes centros de peregrinación medieval: Santiago, Roma y Jerusalén. Algo semejante comienza a suceder en las estribaciones de los Pirineos aragoneses (como en los alrededores del monasterio de San Juan de la Peña) y catalanes. Son las raíces tempranas de varios condados y marcas del reino de Aragón, con una historia unida a los nacientes reinos de Navarra y de Castilla y de los condados catalanes, cuya historia autónoma comienza a caminar a partir del s. IX, y que pasados varios siglos se unirán a la Corona aragonesa (Alfonso II de Barcelona, conde de la misma y rey de Aragón, une al reino aragonés el condado hereditario de Barcelona en 1162).  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin embargo la reconquista fue dura y larga. De hecho, hacia el año 750, gran parte de la península se encontraba bajo el califato de los Omeyas, en Córdoba, fundado por Abd-er-Rhaman I (756-788), que llega a su máximo esplendor en tiempos del califa Abd-er-Rhaman III (912-961). Y sus caudillos atormentaban con continuas incursiones los territorios cristianos. Así todavía en el año 1000, el caudillo musulmán Almanzor logró llegar hasta la misma Compostela en el oeste y a Barcelona en el este, convirtiendo en tierra quemada cuanto encontraba a su paso&amp;lt;ref&amp;gt;Almanzor, Muhammad ibn Abi ‘Amir, en árabe  ???????, al-Man?ur, o sea al-Man?ur bi-llah (“Aquel que Dios ha hecho vencedor”) (c. 938-1002), caudillo militar del Califato de Córdoba desde el 978 hasta su muerte, según las fuentes árabes y algunas cristianas (Historia Compostellana e Chronicon Burgense) habría muerto en agosto de 1002 en Medinaceli (en la actual provincia española de Soria) como consecuencia de las heridas sufridas en la batalla de Catalañazor. Los hechos se encuentran en las crónicas cristianas y en las árabes, cada una con su propia versión. Tardíamente (más de dos siglos después), el arzobispo de Toledo Rodrigo Jiménez de Rada y el obispo de Lucas de Tuy repiten la historia, con algunas claras equivocaciones. Los reyes de León, de Navarra y el conde de Castilla se habían unido para atacarlo habiéndole infligido una derrota terrible. Esta derrota de Almanzor ha entrado en la leyenda y en la épica española cristiana como una de las victorias con mayor significado religioso en la historia de la reconquista. Según algunos, en Catalañazor, habría sido derrotada la “retaguardia” del ejercito de Almanzor, ya en retirada, muriendo en su campamento de Medinaceli. Cf. Gonzalo Martínez Díez, El condado de Castilla, 711–1038: La historia frente a la leyenda, Marcial Pons Historia, 2005, 581–4; Juan Castellanos Gómez, La batalla de Calatañazor: mito y realidad. Revista de historia militar, 91 (2001), 25–42; ''The New Cambridge Medieval History, III'': c. 900-c.1024, Edited by Tomothy Reuter, 27: Sicily and al-Andalus under Muslim rule; 28: ''The Spanish Kingdoms, print publication year'': 2000; on line publication year: 2008; Rafael Altamira, Il califfato occidentale, en Storia del mondo medievale (trad. della Cambridge Medieval History), Milano, Garzanti, vol. II, 1999, pp. 477-515.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Por ello también los reinos cristianos en su avanzada hacia el sur, de grandes ríos en grandes ríos, desde el Duero hasta el Tajo, van creando espacios desiertos de frontera para estorbar las frecuentes incursiones de los reinos musulmanes. Son la “Extrema-dura”, o las vacías y desérticas tierras fronterizas; se van levantando castillos y fortalezas a lo largo de la geografía hispana que darán también lugar incluso al nombre del futuro condado y reino de Castilla.&lt;br /&gt;
En esta misma época se asiste al nacimiento del califato de Córdoba, que en mundo islámico de la época es de la misma grandeza esplendorosa de los de Damasco y Bagdad, y a su historia cultural incomparable, que ha dejado una herencia imborrable en la cultura mundial e hispana. Entre el 1009 y el 1031, el califato de Córdoba se va dividiendo en pequeños estados independientes (reinos de taifas), entre los que hay que recordar: Toledo y Badajoz (1009); Murcia (1010); Zaragoza (1012); Almería y Granada (1013); Denia (1014), Málaga (1016); Valencia (1021); Sevilla (1023); Mallorca (1015); Córdoba (1031), etc.. luego: Orihuela, Huesca, Jaén, Carmona, Niebla, Algeciras. Incluso Córdoba se erige en una especie de republica aristocrática entre 1031 y 1070; es ocupada por el rey musulmán de Sevilla en 1070; conquistada por los musulmanes Almorávides de África en 1086 y luego en 1148. En 1091 los musulmanes Almohades de Mauritania invaden los reinos musulmanes de la Península ibérica (1091-1229), que serán derrotados por los reinos cristianos unidos en la batalla de Las Navas de Tolosa (1212), comenzando así la fase final de la reconquista cristiana. El rey castellano Fernando III ''el Santo'', conquistará Córdoba el 29 de junio de 1236 y Sevilla en 1248. Ya en 1085, el rey cristiano Alfonso VI de Castilla había conquistado Toledo y la había convertido en su corte; los aragoneses habían reconquistado Zaragoza en 1146. Jaime I de Aragón reconquista Valencia el 29 de septiembre de 1238. El último reino musulmán de la Península ibérica, Granada, será reconquistado por los Reyes Católicos, Isabel y Fernando, el 5 de enero de 1492&amp;lt;ref&amp;gt;“Fruto del Romanticismo literario se desarrolla en el siglo XIX la mitificación de al-Andalus. Desde entonces,. Dos imágenes por igual hipertrofiadas tienden a representar en exclusiva esta faceta de la Historia de España. Y si bien hoy nadie sostiene en serio que ignorancia, despoblación y desertificación africanas fueran el corolario inevitable de la invasión musulmana, por el contrario –y por razones muy del momento- sí subsiste una corriente publicistica que no se contenta con embellecer en su magín los surtidores del Generalife [en la Alhambra de Granada] […] y va mucho más lejos, manteniendo que un al-Andalus superior, refinado y culto sucumbió ante unos cristianos bárbaros, ignorantes y torpes. La idealización maurofila, al retomar para la Hispania musulmana dos de los mitos más caros al eurocentrismo (el del Buen Salvaje y el Paraíso Perdido), trasluce una actitud que se sale del terreno del análisis racional de la sociedad y de la Historia y se hunde en el de la fe o las creencias religiosas” (Serafín Fanjul, ''Al-Andalus contra España. La forja de un mito'', Ed. siglo XXI, Madrid 2005, 3ª edición, Presentación), con amplia bibliografía sobre el tema. El Autor trata de estudiar históricamente el influjo real del mundo cultural islámico en España, sus logros y sus límites.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''2. La Reconquista'': Entre el 830 y 1030, se vive un período de dos siglos de exaltación cristiana en la Reconquista; florece la cristiandad mozárabe&amp;lt;ref&amp;gt;Mozárabes (del árabe musta?rab, 'arabizado'; en árabe: ??????), es el nombre con el que se conocía a los cristianos que vivían en el territorio en España bajo dominio musulmán. Tenían en la esta sociedad el estatus legal de “dimmíes”, que compartían con los judíos, como no creyentes en el Islam. A efectos prácticos su cultura, organización política y práctica religiosa eran toleradas, y contaban con cierta cobertura legal. Estaban obligados a tributar impuestos de los que los musulmanes se veían exentados y sufrían otras muchas restricciones en la vida civil y religiosa, como la de no poder construir iglesias ni arreglar las ya existentes. Los mozárabes que pasaban al Islam (generalmente por motivos fiscales) y se arabizaban pasaban a ser llamados “muladíes”. La legislación islámica protegía a los no musulmanes, pero favorecía su paso al Islam con medidas de orden muy diverso, sobre todo de tipo económico-fiscal.&amp;lt;/ref&amp;gt;y nacen o avanzan los reinos cristianos: León, Castilla y Navarra, nace el de Aragón y los condados catalanes, entre los que emerge el de Barcelona cuyos condes, con el andar del tiempo, se convierten en reyes de Aragón, dándose así la unión dinástica entre ambos estados. En los siglos XI, XII, XIII: la Reconquista avanza en las diversas líneas fronterizas: del Duero, luego hasta el Tajo, con la conquista de Toledo, la antigua capital visigoda, la ciudad de las tres culturas o religiones (cristiana, islámica y hebrea, que había alcanzado un enorme esplendor cultural frente al resto de la misma Europa medieval cristiana). Por parte suya se asiste a una decadencia y luego al ocaso del califato de Córdoba, la división del mismo en números reinos de taifas que pueblan el sur de la Península&amp;lt;ref&amp;gt;Con el término re de los taifas (en árabe: ???? ???????, muluk al-?awa?if: ?a?ifa árabe significa “parte, minoría étnica, facción”) (llegarán a ser unos 39) se indican los pequeños estados que surgen como consecuencia de la decadencia, disolución y anarquía del Califato de Córdoba, a partir del 1009, con la abdicación del califa y la siguiente abolición del califato de la dinastía de los Omeyas en 1031 con la deposición del califa Hisham III. Se proclamaron numerosos pequeños reinos regidos por familias árabes, bereberes o de origen eslavo que constituyeron verdaderas dinastías tribales o familiares, que solían mantenerse en el poder con tropas mercenarias, incluidas algunas también cristianas. La situación cambia en el siglo XII con la invasión de los musulmanes del reino almorávide del norte de África, pero, disuelto este reino, comienza de nuevo otro periodo en el que nacen nuevos reinos de taifas entre 1144 y 1170, cuando otros invasores musulmanes, los almohades del Norte de África invaden estos reinos. Tras la derrota de los mismos por los cristianos en la batalla de Las Navas de Tolosa (1212), nace de nuevo otro tercer periodo de reinos de taifas de corta duración, acabando con la fundación del llamado reino nazarí de Granada, que capitulará ante los reyes católicos el 2 de enero de 1492, consumándose oficialmente la Reconquista el 6 del mismo mes y año. Aquellas divisiones favorecieron la Reconquista cristiana.&amp;lt;/ref&amp;gt;.                    &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los musulmanes del norte de África intentan reconquistar las tierras perdidas y unificar a los reinos de taifas. Son las invasiones de los almohades. Pero en el año 1212 se da el paso definitivo del choque entre los reinos cristianos españoles y los musulmanes de los almohades en la batalla de Las Navas de Tolosa. Es la época que sigue a la renovación de la vida eclesial española a través de la aplicación en España de la reforma gregoriana con el apoyo de benedictinos y cistercienses. Es también la época de las grandes peregrinaciones a Santiago de Compostela, la del románico de los siglos XI al XIII, del nacimiento del gótico con sus grandes catedrales que se extienden por toda la geografía española hasta el siglo XV. En el siglo XIII la vida eclesial se renueva a través de los canónigos regulares primero, de los frailes mendicantes luego, entre ellos Santo Domingo de Guzmán, canónigo en Osma (Castilla), y sus dominicos y la llegada también de los franciscanos, y del mismo san Francisco, peregrino a Santiago de Compostela. Fernando III ''el Santo'' de Castilla y León, reconquista Sevilla y Córdoba, y su hijo, Alfonso X ''el Sabio'', da un nuevo esplendor a las letras y a la compilación jurídica de las antiguas leyes hispanas; las tres lenguas de su Reino (latín, castellano, árabe y hebreo) formaban parte del bagaje cultural del Reino&amp;lt;ref&amp;gt;Alfonso X fomentó la actividad cultural mediante el patronazgo y dirección de la ya existente Escuela de traductores de Toledo. Dicha Escuela aglutinó a un grupo de estudiosos cristianos, judíos y musulmanes que desarrollaron una importante labor científica al rescatar textos de la Antigüedad, y al traducir textos árabes y hebreos al castellano. Estos trabajos habilitarán definitivamente el castellano como lengua culta, tanto en el ámbito científico como en el literario. El afán de Alfonso por la divulgación de la lengua vernácula le llevó, siendo aún infante, a patrocinar la versión al castellano de ''Calila e Dimna'' y del ''Lapidario''. Además fue un excelente poeta en gallego-portugués. De su extensa obra destacan: el ''Fuero Real de Castilla'', el ''Espéculo'' y las ''Siete Partidas'', entre las jurídicas; las ''Tablas alfonsíes'', entre las astronómicas; y entre las de carácter histórico, la ''Estoria de España'' y la ''Grande e General Estoria o General Estoria'', acerca de la historia universal. ''Las Cantigas de Santa María'' es obra lírica, escrita en gallego-portugués, lengua común a gran parte de la poesía ibérica hasta finales del siglo XIV, cuando aparece el Cancionero de Baena, que ya está escrito en castellano. ''El Lapidario'' versa sobre las propiedades minerales, y el Libro de los juegos sobre temas lúdicos (ajedrez, dados y tablas), deportes de la nobleza en aquel tiempo. También en el campo religioso favoreció la difusión de la Biblia. Alfonso X realizó también la primera reforma (normalización) ortográfica del castellano, idioma que el reino adoptó como oficial en detrimento del latín. Este monarca bien introdujo en España nuevos conocimientos procedentes de los más distantes confines del orbe. Su especial interés en el arte, la historia, el derecho y la ciencia ejerció una profunda influencia en el desarrollo cultural de España y del resto de Europa.&amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En Aragón brillan las epopeyas de Jaime I, el conquistador de Valencia del dominio musulmán. A pesar de episodios lamentables para los cristianos, con signos de algunas episódicas luchas dinásticas y señales de decadencia, como en el resto de Europa, los Reinos cristianos españoles han entrado de lleno en el bullir de una conciencia que camina a pasos agigantados hacia el ocaso de la Edad Media y el nacimiento de una modernidad, todavía confusa, con la constitución de reinos-naciones, raíces de los futuros estados nacionales. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''3. La vitalidad de los reinos hispanos'': En este cuadro, los reinos hispanos se encuentran ya plenamente activos en la vida tanto eclesial como civil europea, con tratados, matrimonios reales, participación en la vida cultural europea con las nuevas universidades, de las cuales Palencia y luego Salamanca, pertenecen a la primera generación, o en los grandes y dolorosos conflictos que enturbian la paz de la “christianitas” europea, como los que caracterizan el siglo XIV y comienzos del XV, como el cisma occidental (1378-1417). Las suertes de la reconquista están echadas. Los reinos musulmanes que todavía persisten en el sur o se convierten en vasallos de los reyes hispanos o son reducidos a su mínima expresión, a pesar de momentos de gloria artística, como en el caso del reino nazarita de Granada. En esta época, los aragoneses y catalanes salen de sus fronteras, navegan por el Mediterráneo y buscan alianzas y ensanchar sus fronteras en el mismo: Nápoles, Sicilia, Cerdeña y hasta el extremo oriental del Mediterráneo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el territorio patrio no todo es fácil. El feudalismo antiguo persiste y la nobleza se encuentra inquieta con rebeldías endémicas que producen conflictos civiles y guerras episódicas de carácter dinástico dentro de las mismas familias reinantes, que después de todo se encuentran muy emparentadas entre sí. También en esta época de mediados del siglo XV, siguiendo el ejemplo del hermano Reino portugués, los castellano-leoneses salen al Atlántico e incorporan las Islas Canarias a sus dominios. Nos encontramos en tiempos de Juan II de Castilla y León, el padre de Isabel la Católica. Tras el reinado endeble y discutido de su hijo Enrique IV de Trastamara, llega el reinado de su hermana Isabel I la Católica, que se casará con su primo el príncipe Fernando de Aragón, que pronto se convierte en rey de aquel Reino. Con este matrimonio real, cambia radicalmente la historia española; se concluye la reconquista en Granada (1492)&amp;lt;ref&amp;gt;Había habido un reino musulmán taifa de Granada, controlado por la dinastía zirí desde 1013 hasta 1090; sigue luego el Reino nazarí de Granada desde 1238 hasta 1492. Tras la reconquista cristiana, el Reino de Granada conserva su denominación jurisdiccional territorial dentro de la Corona de Castilla, desde el siglo XV a 1833. Su símbolo heráldico (la granada) forma parte desde entonces del escudo de los reinos españoles y del Reino de la España actual.&amp;lt;/ref&amp;gt;se unifican en las personas de los dos reyes los reinos hispanos, bajo el famoso lema del “''Tanto monta monta tanto Isabel como Fernando''” y la simbología heráldica que los dos esposos reales adoptan. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Suceden también momentos muy discutidos por la historiografía antigua y reciente como la expulsión de los judíos (1492), malqueridos por sectores de la gente vulgar y de la nobleza a causa, sobre todo, de su papel en la recolección de los impuestos de la misma Corona y una antigua y jamás escondida animosidad, alimentada por antiguos prejuicios y leyendas populares, y por la persistente acusación de “deicidio” que las acompañaban por ser considerados presuntamente en parte, como una especie de “quinta columna” en la antigua época de las invasiones islámicas, y en la época de su expulsión, de los mismos turcos. Es en este momento histórico, y en el mismo año de toda esta serie de acontecimientos notables en la historia hispana, que acontece la aventura atlántica de Cristóbal Colón y el descubrimiento del Nuevo Mundo. Todo ello abrirá una nueva página en la historia hispana y también mundial. La noche quedaba atrás&amp;quot;&amp;lt;ref&amp;gt;Cf. García-Villoslada, R., ''Hist. de la Iglesia¬ Católica'', BAC, III, cap.XVIII.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==4. La mentalidad común de la época ante la infidelidad y la herejía== &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ocho siglos de esfuerzos en una reconquista  trabajosa, y no siempre constante y uniforme, forjaron un temperamento en la España cristiana de entonces, con sus luces y sus sombras, hasta alcanzar una ordenación unita¬ria. La reforma católica se adelanta casi un siglo y en forma origi¬nal en estos Reinos españoles unidos bajo los reyes Católicos. “''España […] que se había convertido en una gran potencia […] se convierte en el país del catolicismo del futuro […] pudo así convertirse en un cierto sentido en la patria espiritual de la restauración católica y de la contra-reforma''”&amp;lt;ref&amp;gt;K. Bihlmeyer – H. Tueche, ''Historia de la Iglesia, la época de las reformas, III'', § 158, 5.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Y esta actitud de lucha continúa bajo el nieto de los Reyes Católicos Carlos I (V como emperador): 1520-1558 frente a la herejía&amp;lt;ref&amp;gt;Cf. G.-Villoslada, ''o.c.'' Parte II, cap. I, ed.1960, pp.651ss. con bibliografia).&amp;lt;/ref&amp;gt;. Los teólogos del siglo XVI no abandonan la idea del “Orbis christianus” frente a la herejía. Según su posición general, no se puede dar ninguna coacción sobre los infieles para abrazar la fe, pero sí sobre los bautizados, para conser¬varla. Quedaba en pie un problema ante la situación en el suelo español de la población no cristiana de judíos y de moros: ¿por qué se da esa disyuntiva con-tra ellos de, o abrazar la fe o de emigrar? ¿En qué sentido el poder civil toma parte en favor de una solución radical en el asunto que lleva a la exclusión de estos grupos divergentes? ¿No fue en parte por motivos meramente seculares y civiles, con la naciente “razón de estado” de querer construir un reino unido (Estado) sin discrepancias o elementos centrífugos? ¿No estuvo esto en parte en los orígenes de la creación del tribunal de la Inquisición para examinar los falsos conversos, sea del judaísmo o del islamismo, y que más tarde se extenderá a otros divergentes religiosos, protestantes o pensadores considerados heterodoxos? ¿Protestaron los teólogos contra este tipo de coacciones?&amp;lt;ref&amp;gt;Cf. el tema tratado ya por Marcelino Menéndez y Pelayo en su ''Historia de los heterodoxos españoles'', Madrid 1880-1882.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==5. La nación española== &lt;br /&gt;
En el contexto señalado se forja un celoso nacionalismo, traducido en el estatuto de “lim''¬pieza de sangre''”, una especie ''de “culto al honor nacional e innoble criterio de casta''”&amp;lt;ref&amp;gt;El tema fu obsesivo sobre todo durante los siglos XVI-XVII. Cf. el vocablo, R. Gonzálvez, “''Limpieza de sangre''”, en DHEE, II, pp. 1297-1298; Alb. Sicroff, Les controverses des Statuts de pureté de sang en Espagne du [siecle] XVe au XVIIe siecle, Paris1960; J. Amador de los Ríos, Historia social, política y religiosa de los judíos de España y Portugal, Madrid, 1875-1876; A. Domínguez Ortiz, La clase social de los conversos en Castilla en la Edad Moderna, Madrid, 1955; Américo Castro, España en su historia. Cristianos, moros y judíos, Buenos Aires, 1948; J. Caro Baroja, Los judíos en la España moderna y contemporánea, 3 vols., Madrid, 1962&amp;lt;/ref&amp;gt;.Los siglos XIV-XV españoles fueron tolerantes. Para el siglo XVI se suelen dar las siguientes estadísticas de la población española&amp;lt;ref&amp;gt;Cf. la obra importante de F. Braudel,, La Mediterranée et le Monde méditerranéen à l’époque de Philippe II, Armand Colin, Paris 1949; Idem, Civilisation matériel, économie et capitalisme, XVI-XVIII siècle, 3 vols., Paris 1979.&amp;lt;/ref&amp;gt;unos 7.000.000 cristianos viejos; unos 350.000 conversos; unos 300.000 moriscos&amp;lt;ref&amp;gt;Moriscos (palabra que deriva de “moro”), fueron los musulmanes españoles bautizados tras la pragmática de los Reyes Católicos de 1502 (para Castilla) y de Carlos I de 1526 (para Aragón). Tanto los convertidos con anterioridad al catolicismo de forma voluntaria como los convertidos obligatoriamente pasaron a ser denominados moriscos porque la mayoría de ellos, de manera más o menos velada, siguieron con sus costumbres islámicas profesando también las religiosas. Por ello la Inquisición se preocupará de examinar los casos de los falsos convertidos. La importancia que tuvieron mudéjares y moriscos en España en la Edad Media y Moderna fue vital ya que las tierras reconquistadas se encontraban despobladas, por lo que se les permitió quedarse para su repoblación. Durante la época moderna vivían en numerosos territorios de realengo y de señorío feudal, especialmente en Aragón, Valencia y Sureste andaluz, dedicándose en especial a la agricultura (de regadío básicamente), a la artesanía (alfarería) y a la construcción. De hecho, el arte mudéjar es uno de los más representativos de la historia del arte español de la época&amp;lt;/ref&amp;gt;. De pronto aparece la intolerancia. ¿Por qué? La convivencia de cristianos, judíos y musulmanes en los reinos cristianos españoles durante la Edad Media, había tenido que ver con el proceso de &amp;quot;Reconquista&amp;quot; cristiana española de sus tierras invadidas, y la conquista por parte de los musulmanes, sobre todo de las tierras meridionales que ellos llaman Al Andalus (Andalucía, o “''tierra de los Vándalos''”, antiguos invasores de la misma de origen germánico en el s. V) y posterior ocupación del territorio por los diferentes reinos cristianos del norte de la península. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La escasa repoblación cristiana de sus nuevos territorios hace que sigan viviendo en ellos un importante número de musulmanes, tanto en zonas urbanas (aunque en barrios propios, como la morería de Zaragoza), como en zonas rurales (como siervos de señorío). El final de la Reconquista - con la toma de Granada- y la política religiosa de los Reyes Católicos, modifican la situación previa: en Granada se producen bautismos en masa, y los Reyes Católicos sólo permiten la religión cristiana en España, por lo que judíos y mudéjares han de convertirse o salir del país. En la lucha enconada contra el creciente poderío turco, se teme su alianza con el mismo y en concreto con los piratas berberiscos y turcos que atacaban las costas de la Europa cristiana. Los moriscos andaluces protagonizan  una insurrección en 1568 (la rebelión de las Alpujarras), que fue sofocada casi dos años después por don Juan de Austria, hermanastro de Felipe II. Los moriscos de esa zona fueron desterrados, hecho que aumentó la suspicacia contra ellos en otras regiones donde los moriscos eran todavía muy numerosos, como Valencia o Aragón. En 1609, con el rey Felipe III, se decretó la expulsión de los moriscos, primero de Valencia, después de los otros reinos españoles. Unos 300.000 tuvieron que abandonar España; la mayoría se dirigió al norte de África. Su marcha tuvo graves consecuencias demográficas y económicas, sobre todo en Valencia y en Aragón, afectando especialmente a la agricultura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todos los problemas señalados son complejos y de diversas interpretaciones. Los Judíos constituían una gran minoría cualificada; habían disfrutado por una parte de la protección de los reyes y por otra del odio del pueblo, debido fundamentalmente a su papel en el campo de la recolección de impuestos y al sistema de ganancias económicas con los préstamos; tal aversión será luego transferida a los falsos conversos o hebreos ocultos (''marranos''), algo común en otros muchos lugares de Europa y a los musulmanes pseudo-convertidos. En el caso español, ya en 1449 se había dado una explosión de odio en Toledo contra los conversos y  la puesta en marcha del llamado “''estatuto de sangre” (el de “limpieza''”). Casos semejantes se dieron en Córdoba, Jerez, Jaén, en el Reino de Castilla, y otros muchos semejantes en Aragón y Cataluña&amp;lt;ref&amp;gt;Aquí quiere basarse la hipótesis de los orígenes “''catalano-genoveses''” sostenida por: Salvador de Madariaga, Vida del Muy Magnifico Señor Don Cristóbal Colón, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1991, 9ª edición.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Debido también a las conversiones fingidas, el “estatuto de limpieza” pretendía restarles eficacia social. Aquí están en parte, los orígenes de la Inquisición española, que fue creada en el siglo XV precisamente para aclarar y combatir las conversiones ficticias de moros y judíos&amp;lt;ref&amp;gt;Cf. K. Bihlmeyer – H. Tuechle, Historia de la Iglesia, la época de las reformas, III, § 150: Antisemitismo e Inquisición española.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==6. Nuevos intentos de cruzada ante la caída de Constantinopla en poder de los turcos==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El tema de la “cruzada” flotaba en el ambiente español cristiano desde hacía siglos a lo largo de la “reconquista”, cruzada llevada a cabo en casa, como algunos la han llamado; pero era también una mentalidad muy extendida en la Europa medieval. Baste pensar a los últimos intentos de cruzada contra los turcos en tiempos de Pío II (1458-1464). La urgencia de la defensa contra el avance de los turcos había empujado a los griegos a buscar ayuda en la cristiandad latina occidental, e incluso a una posible reconciliación con Roma recomponiendo la antigua división entre Oriente y Occidente. Tal fue el intento que fracasaría tras el concilio de Ferrara-Florencia (1438-1445), porque no encontró el apoyo necesario en algunos metropolitas orientales y sobre todo en buena parte de los monjes y de la gente desde siempre muy influida por ellos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Constantinopla cae bajo el dominio turco el 29 de mayo de 1453, y su basílica de Santa Sofía será convertida en mezquita después de diez siglos desde su construcción. La caída de Constantinopla causó honda impresión en el mundo cristiano occidental; y no era para menos: había sido, desde los tiempos de Constantino, el corazón del Imperio Romano Oriental o Bizantino. Ahora se convertía en Estambul, cabeza del grande Imperio Otomano, que ponía también pie en el continente europeo, revolucionando así los cuadros políticos del Occidente cristiano. Por ello se explica el impulso que algunos, sobre todo el Papa, quisieron dar lanzando una nueva “cruzada” en defensa tardía del Imperio Bizantino. Fracasarán en sus intentos los Papas Eugenio IV, Nicolás V, Calixto II y Pío II, desde 1433 a 1464, debido sobre todo a las divisiones y rivalidades entre los nacientes estados nacionales europeos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este contexto, Eugenio IV llamó al Occidente cristiano en defensa de aquel Imperio (1443). Casi nadie se movió entonces, a excepción del rey de Polonia y el de Hungría, Ladislao, que fue vencido por los turcos en Varna, junto con el legado pontificio el cardenal Cesarini (1444). En otro lugar meridional de Europa, en Albania, Jorge Castriota, conocido con el nombre de Skanderberg, resistirá a lo largo de 24 años a la invasión turca. La derrota sufrida en Varna fue el prólogo de la caída de Constantinopla. El papa Nicolás V querrá renovar la llamada a una nueva cruzada que no logra comenzar; lo intenta su sucesor, el español Calixto III (1455-58) mandando predicadores de la misma por Europa e invitando a ella a los príncipes cristianos, proponiéndose no sólo liberar Constantinopla, sino también llegar incluso a Jerusalén. También aquí vemos una primera respuesta positiva por parte de los príncipes cristianos, pero que enseguida cae en el vacío.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un ejército cristiano guidado vía tierra por Juan Hunyadi, asistido por el cardenal Carvajal y animado espiritualmente por S. Juan de Capistrano, vence en Belgrado (1456), impidiendo así a los turcos continuar avanzando hacia Viena, mientras que Skanderberg los vencerá en Taormizza (1457), y el cardenal Scarampo, guiando vía mar una escuadra, los derrota en Metelino (1457). Calixto III esperaba entonces de nuevo una respuesta positiva por parte de las potencias cristianas. Pero de nuevo la indiferencia y las rivalidades, agravadas con la muerte de Juan Hunyadi, hicieron fracasar aquellos planes. El sucesor de Calixto III, el humanista Pío II (Enea Silvio Piccolomini) (1458-1464) intentó tomar de nuevo la iniciativa; llegó a convocar una especie de congreso de las potencias europeas en Mantua (1459-1460) donde participó personalmente, pero de nuevo aquel proyecto fracasó por los mismos motivos que los anteriores. Al Papa se le ocurrió una idea totalmente utópica: mandó a Muhammad II, el conquistador de Constantinopla, una carta, espléndida en su estilo literario, en la que le invitaba a convertirse al cristianismo, prometiéndole el imperio de Oriente y de Occidente (¡!). Luego, en 1463, el mismo Papa tomó la decisión de conducir él mismo la cruzada lanzando una invitación en tal sentido al Occidente cristiano. Anciano y enfermo se pone al frente de un ejército en dirección al puerto italiano de Ancona, donde ya agotado muere (1464). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Moría así una antigua utopía y la idea misma de cruzada, que había atravesado con numerosos vaivenes  la historia medieval europea, todavía objeto de enconadas controversias historiográficas y de resentimientos. Sin embargo, en aquellos precisos momentos, y en un cuadro muy distinto en los extremos del mundo europeo, en la Península Ibérica sucedían una serie de acontecimientos, algunos de ellos muy unidos a motivos no lejanos del sentir común de la christianitas europea de la época y de los Papas: la conclusión de la Reconquista, y coincidiendo con la misma, los descubrimientos transoceánicos por parte de Portugal y de España. En el caso español encontramos ingredientes variados e híbridos, muy presentes en la vida política y popular del siglo XV. La conquista de Granada que concluye este ciclo y da comienzo a otro nuevo, la tomó el pueblo como algo suyo&amp;lt;ref&amp;gt;Cf. Ml. Fernández Álvarez, ''La sociedad española del Renacimiento (con citas de Mariana , 209-211)la obra de Salvador de Madariaga, Vida del Muy Magnifico Señor Don Cristóbal Colón'', Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1991, 9ª edición.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==7.  La Iglesia Española de finales del S. XV y comienzos del s. XVI== &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''7.1. Para comprender el estilo de la primera evangelización en el Continente americano''. España y la Iglesia española fueron los agentes de la evangelización del Nuevo Mundo de lengua española, como en el Brasil lo será el Portugal hermano. Es preciso conocer su idiosincrasia, las potencialidades y limitaciones de su contenido católico. Ya nos hemos referido a la importancia que tenía el clero dentro de la sociedad española del tiempo y a su composición. Nos vamos a fijar en otros elementos de esta España religiosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para comprender mejor &amp;quot;''el encuentro del catolicismo ibérico y las culturas americanas&amp;quot;, que &amp;quot;dio lugar a un proceso peculiar de mestizaje, que si bien tuvo aspectos conflictivos, pone de relieve las raíces católicas así como la singularidad del Continente''&amp;quot;&amp;lt;ref&amp;gt;Cuarta conferencia del Episcopado Latinoamericano, Santo Domingo, Octubre 12-28 de 1992, n. 18, en CELAM, ''Conferencias Generales del Episcopado Latinoamericano'', Santafé de Bogotá 1994.&amp;lt;/ref&amp;gt;, es necesario adentrarnos más, tanto en la historia de la España de aquél entonces, como en los primeros pasos de la Iglesia en tierras americanas. El dinamismo que impulsó y que aún continua fecundando tal síntesis, que es el continente latino americano en su configuración, lo constituye la fuerza de la fe católica. Los obispos latinoamericanos escribieron en su reunión plenaria de Puebla, celebrada en 1978: &amp;quot;''Con deficiencias y a pesar del pecado siempre presente, la fe de la Iglesia ha sellado el alma de América Latina, marcando su identidad histórica esencial y constituyéndose en la matriz cultural del continente, de la cual nacieron los nuevos pueblos''&amp;quot;&amp;lt;ref&amp;gt;Tercera conferencia del episcopado latinoamericano, Conferencias Generales del Episcopado Latinoamericano, Santafé de Bogotá 1994, Puebla,  27 de enero - 13 de febrero de 1979, n. 445. El texto cita un discurso de Juan Pablo II en este sentido, pronunciado en Zapopan (México), en aquella ocasión. En el número 444 afirman los obispos: &amp;quot;''La religión del pueblo latinoamericano, en su forma cultural más característica, es expresión de la fe católica. Es un catolicismo popular''&amp;quot;, ibidem.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Es esto lo que le da sentido a su ser; el encuentro con el Evangelio, con la verdad de que existe Dios Padre Bueno, que nos ha dado a su Hijo Jesucristo para salvación nuestra, bajo el aliento del Espíritu Santo, encarnado y nacido de una mujer (cf. Gal. 4, 4), la Virgen María de Nazaret&amp;lt;ref&amp;gt;En la historia de la evangelización del Nuevo Mundo tiene especial relieve el “Acontecimiento guadalupano”: ''El papel de Nuestra Señora de Guadalupe ha sido fundamental. Ella se apareció a un indio, a Juan Diego Cuauhtlatoatzin, y lo hizo portador de este anuncio de comuni''ón. Ella en el mensaje dado a través del indio Juan Diego también buscó, antes que nada, la aprobación de un español, el obispo fray Juan de Zumárraga, es decir, la aprobación de la jerarquía de la Iglesia fundada por Cristo sobre Pedro y los demás Apóstoles, cuya misión continúan el Papa y los Obispos, sus sucesores. Sin el indio y sin el español no se hubiera realizado este camino de comunión.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se tenía mucho cuidado de que las Órdenes que pasaban a América fueran todas reformadas. Serán cinco Órdenes religiosas reformadas o nuevas las protagonistas de la historia de la evangelización en el Nuevo Mundo hispano: los franciscanos, los dominicos, los agustinos y más tarde los mercedarios; a estas Órdenes religiosas antiguas, llamadas mendicantes por su origen y estilo, se sumarán pasado medio siglo los recién fundados jesuitas. Los franciscanos que llegaron a México para emprender la evangelización pertenecían a la más severa y genuina de las Observancias evangélicas. El humanismo español constituía el ambiente cultural de estos misioneros. Es conocida la influencia, por ejemplo, de Erasmo de Rotterdam&amp;lt;ref&amp;gt;Cfr. Marcel Bataillon, Erasmo y España, ''Ed. FCE, México'' 1982.&amp;lt;/ref&amp;gt;el mismo Zumárraga había leído sus libros, como lo demuestra la carta que envió, el 2 de noviembre de 1547, a fray Francisco del Castillo, provincial de su comunidad en Burgos&amp;lt;ref&amp;gt;Carta de fray Juan de Zumárraga a fray Francisco del Castillo, provincial de Burgos, México a 2 de noviembre de 1547, AGI, S. Justicia, legajo 1011, f. 35v.&amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Desde este horizonte los evangelizadores trataron, desde sus posibilidades, de crear una nueva humanidad cristiana, singularmente sana y fiel. “''La primera generación de misioneros en México, por ejemplo, los obispos Juan de Zumárraga y Vasco de Quiroga, se caracterizaban por el sello del humanismo contemporáneo; Zumárraga estaba influenciado por Erasmo y Quiroga por Tomás Moro. Esta actitud espiritual fue decisiva en algún modo, y precisamente también en relación con la labor misional''”&amp;lt;ref&amp;gt;Johannes Beckmann, La propagación de la fe y el absolutismo europeo, en Hubert Jedin, Manual de Historia de la Iglesia, Ed. Herder, Barcelona 1992, T. VI, ps. 391-392. Una idea semejante la expresa Eugenio Ímaz: “Los primeros años de la conquista conocieron en Nueva España el verdadero humanismo, el de raíces humanas y humanistas. Zumárraga y Quiroga manejaron un ejemplar de la Utopía (Basilea, 1518) que lleva anotaciones platónicas al margen”. Eugenio Ímaz, Topía y Utopía, estudio preliminar en Utopías del Renacimiento. Tomás Moro: Utopía, Tomaso Campanella: La Ciudad del Sol, Francis Bacon: Nueva Atlántida, Ed. FCE (= Col. Popular N° 121), México 111995, p. 17; Peggy K. Liss, ''Orígenes de la nacionalidad mexicana, 1521-1556. La formación de una nueva sociedad'', Ed. FCE, México 1986, ps. 164-165.&amp;lt;/ref&amp;gt;. La extraordinaria labor evangelizadora que realizaron los misioneros en tierras americanas, encuentra en estos altos ideales de reforma y santidad de vida, una de sus principales motivaciones. Son elementos que no podemos dejar de tomar en cuenta al momento de estudiar la labor y los métodos que usaron para lograr la conversión de los indígenas americanos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
España estaba en un momento de apogeo y expansión. Venía de concluir la guerra de reconquista contra el dominio musulmán de su suelo. Los Reyes Católicos otorgan una gran importancia a la fe y alientan con gran energía y constancia un proceso de reformas y austeras observancias que, aunque ya venía gestándose desde hacía tiempo, alcanza con ellos una sistemática propuesta de reforma cristiana. El humanismo español de finales del siglo XV y de todo el XVI es sumamente rico en realizaciones literarias y espirituales. Es un tiempo donde lo épico y lo religioso se entrelazan en un universo cultural sumamente fecundo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
7.2.'' Una antigua exigencia de reforma en toda la Iglesia'' La exigencia de reforma en la vida de la Iglesia en cuanto sociedad humana, es un fenómeno continuo en la historia de la Iglesia. En los  finales de la edad Media y comienzos de la Moderna se sentía agudamente, sobre todo en algunos ambientes. Se pedía entre otras cosas una reforma radical “''in capite et in membris''” (en la cabeza y en los miembros), empezando por una adecuada puesta al día de las estructuras jurídicas (centralización y reservas con los desórdenes consecuentes, fiscalismo y abusos) de la vida eclesiástica del clero alto y de la formación del bajo clero, sobre todo en relación a la atención pastoral de los fieles. La respuesta dada a esta exigencia urgente no fue siempre equilibrada y ortodoxa en muchos ambientes cristianos europeos, ni tampoco fue amplia y promovida con decidida voluntad por parte de la jerarquía de esa época, lo que causará con el tiempo la ruptura de los movimientos protestantes. En este contexto, en varios países de la cristiandad se dan discutidos movimientos de reforma desde el punto de vista de la ortodoxia católica, como los llamados “espirituales” o grupos de frailes franciscanos con ideas eclesiológicas heterodoxas, influenciadas a veces por las teorías de Joaquín de Fiore sobre la existencia de dos iglesias, una carnal y rica, y en contraposición otra espiritual, santa y evangélicamente pobre, Otros sostenedores de ideas radicales heterodoxas serán el inglés John Wicliff y luego el bohemo Jean Hus y otros que preceden en muchos puntos la futura mentalidad cristológica y eclesiológica de los reformadores protestantes, como Jakoubek, Nicolás de Dresde o Wesel Gansford (1419-1489) en Alemania. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Son comprensibles estos movimientos radicales de reforma ante la situación de una jerarquía eclesiástica con frecuencia mundana. Estas tendencias ideológicas, fomentadas también por desórdenes sociales, se agudizaban por la falta de una voluntad eficaz de reforma en muchos responsables eclesiásticos. Sin embargo, lentamente comienza a abrirse paso una mayor voluntad de reforma por parte de la jerarquía eclesiástica (Papas y Concilios) a lo largo del s. XV y comienzos del XVI. Así en el concilio de Costanza y en los concordatos que estipuló Martín V, se ve tal voluntad; éste papa eligió también cardenales óptimos y una buena bula de reforma (16.V.1425), que quedó en letra muerta; en la misma línea decretó el concilio de Basilea con medidas radicales, nunca aplicadas. Los papas siguientes emanaron varios decretos y bulas también en tal sentido, casi siempre ineficaces y raramente aplicados, quedándose en meros proyectos. La historia va adelante con vanos intentos de reforma, incluidos los del concilio ecuménico Lateranense V (1513-1517). La doctrina católica fue siempre defendida, pero las situaciones de desórdenes graves en la vida cristiana continuaron vivos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin embargo, en algunos lugares de la cristiandad occidental se empezaba lentamente un camino de reforma de la vida de la Iglesia, como lo demuestra el llamado fenómeno de la “''Devotio moderna''”, movimiento eclesial comenzado en los Países Bajos a finales del s. XIV y que se desarrolla a lo largo del XV dando lugar a asociaciones como “los hermanos y las hermanas de la vida común”. “''Devotio moderna''” significaba “servicio de Dios” con una proyección clara de cristocentrismo, una espiritualidad ascética práctica (contra la mística especulativa de los dominicos alemanes), una marcada tendencia afectiva (de raíces franciscanas, de la escuela de S. Bernardo y del teólogo francés Gerson), una interioridad y subjetivismo notables en detrimento de los contactos, también apostólicos con el mundo, y una insistencia ascética que subraya el papel responsable del fiel en la recepción de los sacramentos. El libro “''La imitación de Cristo''” es fruto de tal “devoción” y su probable autor, Tomás de Kempis, pertenecía a tal movimiento. Esta espiritualidad ejercitará un influjo en el siglo siguiente en muchos santos y fundadores como Ignacio de Loyola e incluso en algunos protagonistas de la reforma protestante.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
7.3. ''El movimiento de reforma de la vida religiosa monacal y conventual en la Iglesia''. Hay otro aspecto notable en el incipiente movimiento de reforma eclesial de este periodo, y es el comienzo de la misma en el seno de algunas antiguas Órdenes religiosas, en gran parte en un lamentable estado de decadencia, si se exceptúan los Cartujos y en parte los Cistercienses. La peste negra que asoló media Europa en aquellos dos siglos (XIV y XV) había vaciado los monasterios,  que luego se habían llenado con vocaciones mediocres o por motivos que nada tenían que ver con la consagración religiosa. Por ello los nuevos religiosos o monjes vivían con frecuencia una vida disipada, en monasterios y conventos con abundantes bienes, falta de la vida común fundada en privilegios obtenidos de los papas, y con una clausura más teórica que práctica, sobre todo en el caso de las monjas, que en muchos casos provenían de la nobleza y traían consigo sus niveles de vida y privilegios y en muchas ocasiones eran obligadas por motivos sociales a entrar en los monasterios. También aquí las decisiones de Papas y Concilios sobre la reforma religiosa caían en un terreno árido. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este panorama se dan los primeros intentos de refreno religioso, cuando algunos religiosos buscan volver a las raíces carismáticas de su fundación, y se reúnen en un convento donde querían vivir claramente el espíritu de tal origen. En los comienzos, ese convento buscaba ponerse bajo las órdenes del General de la Orden por encima de su Superior Provincial. A tal convento se asociaban otros con el mismo espíritu; se formaban así las “Congregaciones” de reforma, bajo la obediencia a un Vicario con poderes amplios. Se quería llevar a cabo de esta manera la reforma de la Orden. Aquí ahondan sus raíces divisiones sucesivas entre “conventuales” y “observantes”, “calzados” o “descalzos”, etc… en varias antiguas órdenes religiosas, ya a partir de finales del s. XV y sobre todo en el s. XVI. El fenómeno se da en la mayoría de las antiguas, también en España, y tendrá consecuencias notables en la historia de los evangelizadores del Continente americano. No todas las “Congregaciones” duraron, sin embargo favorecieron la reforma, en cuanto extendieron su influjo sobre todo a través de la predicación popular ambulante.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''7.4. El movimiento de reforma de la vida religiosa monacal y conventual en la Iglesia''. La historia de la reforma eclesial en España se encuadra en este movimiento. Fue conducida hasta llegar a la gente común, comenzando ya mucho antes del Concilio de Trento y llegando al mismo, que ratificó muchos aspectos que la Iglesia en España ya había puesto en marcha desde hacía tiempo. Una de sus características peculiares fue que la iniciativa vino de los Reyes Católicos, con pasos sucesivos de reforma del episcopado, del clero y del pueblo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La reforma de la vida religiosa en España se dió de manera precisa y orgánica&amp;lt;ref&amp;gt;Cf. E. Sastre Santos, ''La vita religiosa nella storia della Chiesa e della società'', Ancora, Milano, 1997.&amp;lt;/ref&amp;gt;. En el caso de los monjes comienza con la del monasterio de San Benito de Valladolid, por iniciativa del rey de Castilla Juan I (en 1389-1390), con el objetivo de que los monjes viviesen la regla benedictina de manera precisa y rígida, y con voto de clausura perpetua al modo de las Clarisas; reclutó para ello unos 15 monjes provenientes de varios monasterios que se comprometieron a seguir tal vida rígida. Luego evolucionará hacia una mayor elasticidad, pasando a finales del s. XV a constituir una “Congregación” de unos 10 monasterios (en 1524 contaba con 32), y durará en los siglos siguientes. Algo semejante ocurre con los cistercienses con la fundación o reforma de la “Congregación de S. Bernardo de Castilla”, en tiempos de los papas Martín V y Eugenio IV, por obra del monje cisterciense que provenía de los Ermitaños de San Jerónimo (Jerónimos), Martín de Vargas. Esta fundación fue duramente obstaculizada por el capítulo general de Citeaux (cistercienses) a lo largo del s. XV; en 1549 reunía 45 monasterios de los 59 españoles de la Orden. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No se observan generalmente nuevas fundaciones con nuevas Reglas en las grandes órdenes religiosas. Sin embargo en España nacen los Jerónimos (ya presentes en Italia como “Eremitas de S. Jerónimo”). Fue un canónigo de Toledo, Fernando Yáñez de Figueroa y su camarero mayor, Pedro Fernández Pecha, que comenzaron a vivir una vida eremítica, pasando luego a la cenobítica, adaptándose a la regla de S. Agustín, con la aprobación de Gregorio XI en 1373. En 1423, Lope de Olmedo quiso reformar la Orden siguiendo algunas indicaciones que sacó de los escritos de S. Jerónimo, y creó así un nuevo ramo llamado “''Congregación de la Observancia de S. Jerónimo''”, pero que en España tuvo un éxito muy relativo, uniéndose luego en 1567 al resto de los Jerónimos. Se mantuvieron fieles a la regla de manera bastante rígida; crecerán a lo largo de los s. XV y XVI en España fundando y agregando numerosos monasterios, entre ellos hay que señalar el de Yuste, en Extremadura, donde se retirará el emperador Carlos V, el del Escorial, fundado por Felipe II, y el Guadalupe en el célebre santuario de Extremadura.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En cuanto a las Ordenes mendicantes tuvo en España, como en otros lugares, dificultades notables de reforma, dada su organización centralizada que había favorecido en cierto modo también su decadencia. Sin embargo, tal organización luego favorecerá o pondrá obstáculos a la reforma o la apoyará tibiamente. La historia de la reforma de los mendicantes, también en España dependió en buena parte de estos factores, a parte de los apoyos de papas y reyes, característica de la misma reforma, oposición de superiores locales, intervenciones abusivas de los poderes seculares, etc.. En España la reforma nace por iniciativa autónoma en varias provincias. En Santiago en 1390, que se autonomiza en 1440 de los conventuales; en Aragón, con una tendencia de carácter eremítico y se convierte en una provincia de observancia en 1442; en Castilla, parece ser que la observancia franciscana llega de Sicilia. Todos estos conventos reformados, a partir de 1446, forman con los observantes franciscanos franceses, ingleses, belgas, alemanes norte-occidentales la “Vicaria Ultramontana”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero en España nacen también grupos “ultra-reformistas”. Un primer iniciador de esta tendencia es Pedro de Villacreces (+1422), que se proponía reproducir el ideal de la Porciúncula gobernada por S. Francisco de Asís: vida austera y contemplativa, retiro y vida eremítica dentro del convento, pobreza radical, siempre descalzos, oración prolongada, silencio total. El estudio era reducido al mínimo. El sucesor de Villacreces, Lope de Salinas, aumenta el tiempo dado al estudio teológico y moral para formar predicadores y confesores, usando pequeños manuales. Prosigue esta línea el antiguo jerónimo Juan de La Puebla (+1495) con la reforma del convento de Santa María de los Ángeles de Sevilla. De este grupo nace la reforma de Juan de Guadalupe, la observancia rigurosísima, que da mayor fuerza a la predicación y al apostolado. Estos grupos diversos de franciscanos reformados continúan difundiéndose a partir de 1517; entre ellos se encuentra el de San Pedro de Acantara, confidente de Santa Teresa de Jesús, llamados “alcantarinos” o “pascualitas-alcantarinos”. A estos grupos reformados de franciscanos pertenecen los primeros grandes misioneros franciscanos del Continente americano. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra Orden religiosa reformada en España es la de los Agustinos. La formación de la “Congregación de observancia” española tiene una propia historia. Parece ser que su primer convento fue el de “Domus Dei” de Castelví de Rosanes en Cataluña (1420), que permaneció solo y aislado en medio del conventualismo hasta 1569. La “Congregación de observancia” española surge de hecho en Castilla por obra de Juan de Alarcón (+1451 c.), que actuó bajo la protección del padre general Favaroni y tras haber conocido la fuerte renovación de la Orden en Italia. Así se crea en España una “Congregación de observancia” ya en 1438, con 4 conventos de frailes y uno de monjas. Alarcón obtuvo en aquel mismo año la bula de confirmación de parte del Papa, mientras que en los demás casos italianos las bulas llegarán decenios después. La extensión de esta reforma en España se puede deducir del hecho que en 1504-5 se decretó la unión de la “Congregación de Observancia” con la Provincia agustiniana española, que tras divisiones y tensiones, sólo se pudo actuar en 1512. Ello se debió gracias a los Reyes Católicos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La historia de la reforma de los dominicos españoles tiene características semejantes. Ya en el Capítulo general de Burgos (1413), el general de obediencia aviñonesa (nos hallamos en los tiempos del cisma de Occidente), Juan de Puinoix, trata de eliminar los defectos más salientes en la Orden con fuertes medidas disciplinares, incluida la cárcel, y de restaurar la vida común. Probablemente tuvo un gran influjo San Vicente Ferrer con su vida santa, su predicación y sus escritos (''Tratado de vida espiritual''). Pero la verdadera reforma hay que señalarla también aquí en el método de la fundación de  “Congregaciones de observancia”, alrededor, parece ser de Santa Catalina de Siena (+1380) y de su confesor Raimundo de Capua, maestro general de la Orden a partir del 22 de mayo de 1380. La lista de dominicos eminentes que llevan adelante la reforma de la Orden en Europa, a partir de Italia, es abundante. En España comienza en Castilla en 1423 y recibe el reconocimiento de derecho pontificio en 1478. Su desarrollo se debe a los Reyes Católicos, por lo que en 1505 se une a la Provincia dominica de aquel Reino, eliminando los conventos no reformados e introduciendo la Observancia. Una de sus características fue su expansión a partir de un convento reformado, lo que se puede señalar como un ejemplo de reforma a partir de la base. En estas “Congregaciones de observancia” se quiere volver a la experiencia primera de la Orden y se resuelve el problema de la pobreza buscando una línea media: queda la “mendicidad” como ideal, pero se corrige con otros medios de subsistencia, cuando aquella se mostraba insuficiente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El caso de la Orden de los carmelitas, sea en el s. XV como en el XVI, sigue un itinerario parecido. Se pueden enuclear varias reformas serias: dos de “Congregaciones de observancia” fuera de España ya en el s. XV (las de Mantua en Italia y de Albi en Francia), y las del s. XVI, la general de Nicolás Audet de toda la Orden (1524), y la teresiana en España, que coincide con la historia de la reforma de la gran Santa Teresa de Jesús (1515-1582), seguida por su discípulo San Juan de la Cruz (1542-1591), los dos grandes místicos y literatos incomparables en su género. En España hay otras órdenes mendicantes, que en esta misma época siguen el camino de la reforma y que tendrán también un papel importante en la evangelización americana, principalmente los Mercedarios y los Trinitarios, ambas órdenes fundadas para la redención de cautivos en manos de los musulmanes del Norte de  África. La primera de estas dos órdenes, que pasarán tempranamente a América (el capellán de Cortes fray Bartolomé de Olmedo, muerto en 1524, era un mercedario),  desarrollará un papel fundamental en la historia de la evangelización americana.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La estructura de las “Congregaciones de observancia” de los mendicantes son bastante comunes. Son ordinariamente reconocidas, algunas por documentos papales (de derecho pontificio), otras por el general de la misma Orden. No crean sistemas jurídicos nuevos, como en el caso de los monjes; introducen sólo un gobierno doble, casi completo, dentro de la misma Orden, autónomo en relación a sus provinciales locales, pero no en relación al general de la Orden. La historia de cada caso muestra con frecuencia caminos y características peculiares. Estas reformas quisieron ir a la raíz de los males y cortarlas de cuajo. Se caracterizan en general por la pobreza vivida, la austeridad, la vida común, la penitencia aflictiva, la meditación y la “''lectio divina''” y con ella el silencio; un monje-abad de Monserrat en Cataluña preparará un tratado y meditaciones titulado “''Exercitatorio de la vida espiritual''” que ejercerá un influjo notable en tal sentido en todas las Órdenes de observancia. Al contrario, el tiempo dado al estudio estaba marcado por las necesidades apostólicas más que por una necesidad intelectual en sí; puede decirse, que sobre todo en sus comienzos, hubo una reacción contra los estudios académicos, o al menos una indiferencia y desestima para la formación sacerdotal. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La razón de esta desestima, sobre todo en el mundo de los monjes de este tiempo, era el pretender una oposición entre el monje “''homo devotus''” y “''homo spiritualis''” por una parte y del “homo doctus” por otra. El problema se empezará a resolver a lo largo de los primeros decenios del s. XVI, cuando los monjes reformados comienzan a erigir también colegios universitarios, pero el desarrollo fue bastante lento. Por su parte en las Órdenes de observancia encontramos actitudes muy diversas. En el caso español los agustinos, por ejemplo, son más bien contrarios. Lo mismo sucede con otras Órdenes. El rechazo de los grados académicos se fundaba en que habían sido en su tiempo una de las causas de la decadencia religiosa. Los dominicos resuelven el problema admitiendo a los mismos a frailes de virtud probada, y combatiendo los antiguos privilegios que tenían los titulados ''lectores'' (profesores o doctores). Poco a poco todas estas Órdenes resuelven el problema instituyendo en cada provincia casas de estudios, esto a partir de mediados del s. XV; sin embargo sigue durante mucho tiempo la oposición a los grados académicos. Así los agustinos de Castilla tardan hasta 1542 en organizar los estudios humanísticos, filosóficos y teológicos, cuando el General Seripando le impone una organización de los estudios para dar una mayor formación a los frailes candidatos al sacerdocio. La solución al problema fue positiva gracias a que la Observancia religiosa se consideró el valor principal al que se debían subordinar los otros valores. Además la solución ejemplar la habían ya ofrecido las grandes figuras reformadoras, que entran doctas y santas, es decir estrictamente observantes y regulares, y que se encontraban tanto en los monjes reformados como en las Congregaciones de Observancia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuanto hemos afirmado sobre la reforma de la vida religiosa en los reinos españoles de Castilla y Aragón, se puede aplicar en parte, aunque no con la misma radical insistencia, en el reino de Portugal. Entre las reformas destaca la de los franciscanos, llamados “Capuchos” (que no se debe confundir con los Capuchinos), favorecida por Alfonso V, y cuyo centro fue Varatojo. Estos franciscanos se distinguirán también por su compromiso en la empresa evangelizadora portuguesa bajo el Padroado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''7.5. La reforma del episcopado en la España de los Reyes Católicos y de comienzos del s. XVI''. Los Reyes Católicos, la Reina Isabel sobre todo, habían promovido una reforma del clero diocesano y regular, basados en criterios válidos, no siempre exentos de cálculos también políticos, que Fernando no siempre había aplicado. No faltarán tensiones entre Fernando (+1516), Julio II y León X sobre las provisiones episcopales, porque el rey tendía a presentar los candidatos con el sistema de la “súplica”, cuando no existía el patronato (como era el caso de Granada). Con los criterios adoptados –naturales de los reinos, honestos, de la clase “burguesa”, doctos- los reyes Católicos no solamente habían puesto en marcha una reforma, especialmente en Castilla; habían también unido los obispos a la Corona. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Carlos I (V), nieto y sucesor de los Reyes Católicos (rey 1516-1556), quiere obtener de la Sede Apostólica lo que la misma había concedido con un concordato en 1516 a Francisco I de Francia. Lo obtiene de Adriano VI (1522-1523) (que había sido su consejero y regente en Castilla durante su ausencia obligada por motivos de su elección como emperador del Sacro Imperio Romano en 1520); es decir el patronato sobre Castilla y Aragón, tras haberlo obtenido sobre Pamplona (Navarra) (4-28 de mayo de 1523) con el ius patronati et praesentandi. Con la bula “''Eximiae devotionis affectus''” (6.9.1523) obtiene el patronato, por lo tanto el derecho de presentar a los candidatos, a todos los obispados, abadías y otros beneficios consistoriales. Tal concesión fue revocada el 3 de abril de 1527 bajo Clemente VII (1523-1534) con el voto del Consistorio, porque había sido concedida sin el voto del Colegio cardenalicio; tras el saqueo de Roma (1527), con la bula “''Etsi ea quae''” en Bolonia, antes de la coronación imperial de Carlos V (el 11 de enero de 1530), confirmada por Pablo III el 7 de julio de 1536, Carlos V obtenía de nuevo el patronato y el derecho de presentación. Desde este momento en adelante, durante siglos, los nombramientos episcopales estarán en manos del Rey de España en sus Reinos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La reforma de la vida eclesiástica comenzada por los Reyes Católicos empieza por la elección al episcopado de obispos doctos y rectos. Criterios de reforma: que fueran españoles, doctos, virtuosos, llanos (no aristócratas), residentes. &amp;quot;''El clero de España es el nervio de la Cristiandad''&amp;quot;, habría dicho San Carlos Borromeo en los tiempos del Concilio de Trento&amp;lt;ref&amp;gt;Cit. en E. Dussel, ''Historia General en América Latina. Introducción General'', 1983, I, p. 15.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Los Reyes quieren que el Papa nombre obispos españoles porque debían residir en sus diócesis, de vidas íntegras; no nobles, para que no se convirtiesen en señores feudales. En su época brillaron de manera especial algunas figuras. Entre ellas destacan las figuras del jerónimo fray Hernando de Talavera (c. 1430-1507), primer arzobispo de Granada después de la Reconquista, confesor de Isabel la Católica y el tipo ideal de obispo; el arzobispo, y teólogo dominico de Salamanca, fray Diego de Deza (1443-1523), el arzobispo y cardenal franciscano fray Francisco Jiménez de Cisneros (1436-1517)&amp;lt;ref&amp;gt;Cf. R. García Villoslada, Historia de la Iglesia en España, III/1, p. 129; P. Castañeda, Episcopologio,…., E. Dussel, Les Eveques hispanoamericains défenseurs et evangelisateurs del Indien, Paris, 1965, Introd., pp. 1-15. Una Síntesis biográfica de estos obispos en: DHEE , voces correspondientes.&amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hernando de Talavera lleva una vida santa, con la celebración diaria de la Misa, el catecismo a los niños, reunión-capítulo mensual con los párrocos, y fundación de un seminario modelo, entre otros aspectos. Diego de Deza formó parte del Consejo de Sabios que examinó las propuestas de Colón, y fue uno de los pocos que consideró las mismas como viables. De ahí nació la gran amistad y admiración que el Almirante sintió siempre por Deza. Francisco Jiménez de Cisneros, figura fundamental en la historia religiosa y política de la España de su tiempo y en los comienzos de la evangelización de América, quien reformó a su Orden franciscana de la que era provincial en medio de oposiciones y de luchas. La Reina Isabel le ayudó en estas reformas, especialmente en la de las monjas. Para formar el clero funda los llamados “''collegia minora''” para el estudio de las letras, y los “''collegia maiora''” para la filosofía y la teología. Recomienda al clero doctrina, pureza de costumbres, empeño pastoral y litúrgico. Él fue el restaurador en Toledo de la liturgia mozárabe. En el mundo de la cultura ha pasado a la historia como humanista en cuanto funda la Universidad de Alcalá (Complutum) (1508) con un claro planteamiento humanístico y moderno, que edita la Biblia poliglota complutense en 6 volúmenes. Edita también varias obras devocionales en español, como la ''Vida de Cristo'' de Ludolfo y otra obras de la “''Devotio Moderna''”, que prepararon el florecimiento de los grandes místicos del siglo XVI. Además renovó la enseñanza de la teología. Su metodología será indicada por el teólogo dominico Melchor Cano en su “''De locis theologicis''” y por los estudios jurídicos del también dominico Francisco de Vitoria en Salamanca. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era un nuevo método de estudio de la teología que superaba el bizantinismo de una escolástica decadente, y trataba las cuestiones más importantes y candentes del momento. Se quería una exposición sencilla, sobria, elegante, a partir de las fuentes (Escritura, Padres, Concilios, documentos eclesiásticos); sustituye las “''Sentencias''” de P. Lombardo con la “''Summa theologica''” de Sto. Tomás. Así se preparan los maestros de los grandes teólogos españoles que acudirán a Trento o a sus discípulos. En Alcalá estudiará una  falange de grandes figuras del humanismo español, algunos como San Juan de Ávila (c. 1499-1569), declarado doctor de la Iglesia (2012), o personalidades que ejercitarán un papel importante en la historia de la evangelización y de los derechos humanos en América, como el p. jesuita José de Acosta (1540-1600)&amp;lt;ref&amp;gt;El jesuita José de Acosta, procedente de una familia de conversos, había estudiado en varios colegios en Medina del Campo, Plasencia, Lisboa, Coímbra, Valladolid y Segovia, y desde 1559 a 1567 Artes y Teología en Alcalá, continuando luego su enseñanza en varios colegios de jesuitas (Ocaña y Plasencia), hasta que en 1571 pidió a San Francisco de Borja, prepósito general de la Compañía y obtuvo ser enviado como misionero a Perú.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Esta Universidad contará con célebres maestros, entre ellos el dominico Domingo de Soto (1494-1560),&amp;lt;ref&amp;gt;El dominico Domingo de Soto (1494-1560) estudió en la Universidad de Alcalá y en París. En 1520 regresa a la Universidad de Alcalá y se ocupa de la cátedra de Metafísica. En 1525 ingresa en la Orden de los Predicadores. Ocupó la cátedra de teología en la Universidad de Salamanca en 1532, donde se integró en la denominada escuela de Salamanca. En 1545 fue enviado al Concilio de Trento como teólogo imperial ante la imposibilidad de que fuera el también dominico Francisco de Vitoria. Fue confesor del emperador Carlos V.&amp;lt;/ref&amp;gt;y celebres alumnos. Con algunos entablará una amistad duradera, como con Don Pedro Guerrero, futuro arzobispo de Granada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La España cultural de la época comienza a respirar con los dos pulmones culturales de las universidades de Salamanca y de Alcalá. En estas universidades asistimos a un renacimiento del humanismo renacentista, con varias corrientes que lo caracterizan: vuelta a los estudios bíblicos en Alcalá (Biblia Políglota), con referencias a una teología positiva, siguiendo las huellas de los Padres, y reformismo eclesiástico. Encontramos también en ellas corrientes humanísticas, filosóficas y teológicas de matrices diversas, como el tomismo, el escotismo, y en medida menor algunos brotes nominalistas, y el influjo de humanistas como Erasmo y Tomás Moro. En estas universidades echan sus raíces las corrientes jurídicas que las harán célebres en el campo del derecho ''de gentes'' o internacional, con figuras como los dominicos Francisco de Vitória y Domingo de Soto y otros conocidos teólogos que ejercerán un fuerte influjo en el Concilio de Trento (1545-1563). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta reforma del episcopado no encontró un camino llano y fácil. Cuando Fernando el Católico muere en 1516, el cuadro del episcopado español no era homogéneo. La mayor parte de los obispos era ciertamente digna y muy convencidos del servicio al Rey, de buena altura eclesiástica e intelectual, aunque se daban casos de obispos poco dignos, nombrados por motivos de parentesco; había cardenales que no residían en sus sedes, nombrados por razones de amistad; había también obispos nobles, nombrados gracias a su proveniencia social y algunos por ser flamencos o por intereses con aquellos territorios bajo la Corona española, a partir de Carlos V&amp;lt;ref&amp;gt;Cf. R. García Villoslada, ''Historia de la Iglesia en España, III/1, p. 129; para todas estas tres figuras eminentes del episcopado cf. DHEE'', en sus respectivas voces, con amplia referencia de fuentes y bibliografía.&amp;lt;/ref&amp;gt;. El emperador Carlos trató de seguir los criterios establecidos por los reyes Católicos, pero no siempre los mantuvo totalmente, lo que llevó a veces a consecuencias negativas, aunque en menor medida que en otros países europeos. ¿Cuáles habían sido los criterios de los reyes Católicos, sobre todo de Isabel? Ante todo la elección de personas doctas. Carlos V escogerá fundamentalmente personas preparadas y bien formadas en colegios eclesiásticos universitarios españoles, en los “Estudios generales” de los religiosos y en las universidades italianas. En su día, el cardenal franciscano, arzobispo de Toledo y primado de España, confesor y consejero de la reina Isabel y luego regente del Reino hasta su muerte (+ 8.11.1517), optó por teólogos, preferentemente canonistas, contra la tendencia que se daba en Italia, Inglaterra y franca. Este criterio será luego seguido por el Consejo real. Por ello los obispos españoles darán una notable aportación en el concilio de Trento. La reina Isabel había querido obispos honestos y había seguido rigurosamente este criterio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fernando fue menos severo en este campo, por lo que encontramos algún caso de obispos con hijos como  Alonso de Aragón (+1520), hijo del rey Fernando, arzobispo de Zaragoza y con hijos. Por su parte Carlos V aplicó aquel mismo criterio, también porque podía disponer de sacerdotes formados en los colegios de Talavera y de González Mendoza. La extracción social de los obispos era prevalentemente de la clase media. Carlos V por su parte nombrará luego también nobles, españoles y extranjeros, por motivos de gratitud y no siempre por razones eclesiásticas. El primero de ellos fue el joven Guillermo de Croy, de 20 años, que sucedió al gran Cisneros en Toledo&amp;lt;ref&amp;gt;Era sobrino  de Guillermo de Croy, señor de Chèvres (o Xevres), que había sido ayo del joven príncipe Carlos; intenta aislar al joven rey de España del influjo de la nobleza castellana, por lo que le rodea de flamencos; entre ellos Juan de Sauvage, al que nombra canciller y presidente de las primeras Cortes (Valladolid, 1518), y al joven sobrino de Guillermo de Croy, también Guillermo, nombrado arzobispo de Toledo (31.XII.1517- + 6.1.1521). Éste había estudiado en Lovaina con Juan Luis Vives, el célebre humanista. Fue creado cardenal por el papa León X en el consistorio del 1 de abril de 1517. El 14 de noviembre de 1517 y a instancias de monsieur de Chèvres, el rey naturalizó castellano a su sobrino Guillermo de Croy, que a la sazón y con 20 años de edad era ya obispo de Cambrai. Poco después le hizo obispo de Coria y al poco, arzobispo de Toledo, como sucesor del cardenal Cisneros que había muerto ese mismo año. Guillermo de Croÿ no residió nunca en Toledo. Murió en Worms en 1521, aproximadamente a los 24 años de edad a consecuencia de la caída de un caballo en una cacería. Había acompañado al emperador Carlos a esta ciudad, donde se había convocado la dieta de para tratar el problema teológico suscitado por Martín Lutero. Fue sepultado en la iglesia de san Pedro de Lovaina.&amp;lt;/ref&amp;gt;era ya obispo de Cambray y cardenal, y nunca puso los pies en España. Dio también el obispado de Valencia a Eduardo de la Marca, obispo de Lieja, porque le servía para el Imperio&amp;lt;ref&amp;gt;La primera política filo-flamenca del joven rey Carlos y los hechos consecuentes produjeron una indignación y en las citadas Cortes los procuradores pidieron que se respetasen las leyes del reino, que no se diesen cargos a los extranjeros, que Carlos aprendiese la lengua castellana, y expulsaron de la sala de sesiones a los flamencos que pretendían intervenir en los negocios. Carlos, de Valladolid marchó a Zaragoza y Barcelona, donde fue jurado rey, no sin cierto malestar. Como consecuencia de un malestar generalizado debido a la conducta filo-flamenca del joven rey, la rapacidad de los flamencos y por el cohecho de algunos procuradores que vendieron sus votos, numerosas ciudades castellanas, a partir de Toledo, también debido al hecho de tener en esta Sede Primada como arzobispo a un joven de 20 años, protestaron ante el rey, pidiéndole su presencia y un cambio de política. Ante la falta de escucha de las peticiones, las Comunidades castellanas se levantaron en rebelión para defender sus derechos comunes, de aquí el nombre de comuneros. Fue un último intento de levantamiento de los comunes tradicionales contra el nuevo sesgo que tomaba una monarquía, abierta a nuevos horizontes políticos y que también en línea con cuanto sucedía en el resto de Europa se convertía cada vez más pujanza en un régimen absoluto. El joven emperador accederá a alguna de sus peticiones de orden político. Los comuneros serían derrotados en los campos de Villalar (Valladolid), a la derrota siguieron varias notables condenas de muerte de sus cabecillas (Juan de Padilla, Juan Bravo y Pedro Maldonado, y más tarde del obispo Acuña, que se había levantado en Toledo asistido por un buen número de clérigos). Al regresar a España Carlos V dio una carta de perdón general (1522). Otro movimiento similar, pero con un mayor tinte social, llamado de la germanías o hermandades de artesanos y gremios contra el poder de los nobles, ocurre en el reino de Valencia (1522) y otra semejante en Mallorca (1521-1523), con desmanes y venganzas por ambas partes. Estos hechos obligarían al joven emperador a cambiar su política.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Se cuentan hasta 30 provisiones suyas de este tipo de obispos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para salvar el principio de los Reyes Católicos (“obispos naturales de estos reinos”), el rey Carlos concedía “cartas de naturalización” por las que se habilitaba a estos extranjeros a ser nombrados obispos de cualquier diócesis española; y si no podía dar provisiones de obispados, les daba pensiones sobre las rentas de estas diócesis. Estas provisiones llevaron al absentismo. Los obispos españoles debían comprometerse a residir en sus diócesis para poder recibir la provisión, con una especie de pacto, como dirá un obispo español en el concilio de Trento. Pero no la exigía de los extranjeros, que a veces eran cardenales italianos de curia. La exige de los españoles residentes en Roma o en la Corte. Pero era él mismo a dificultar o a imposibilitar la residencia porque se servía de los obispos para los servicios administrativos, civiles, para la dirección del consejo real, para las Cancillerías de Valladolid y de Granada, como embajadores, etc. Así, por ejemplo, el cardenal Pedro Pacheco, primer obispo residencial de Pamplona después de 80 años, nunca estuvo ni en Jaén ni en Sigüenza, sedes a las que había sido trasferido (1545-1560), y fue también virrey de Nápoles. El inquisidor Fernando Valdés nunca residió en alguna de las diócesis para las que había sido nombrado, e incluso consideraba abstractos a los “frailes teólogos” (como Victoria) y a los predicadores, como Pablo de León, que criticaban duramente este ausentismo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por todo ello vemos que en tiempos del emperador Carlos V en sus dominios europeos, también en España hubo periodos en los que encontramos que pocos obispos residían en sus diócesis. El hecho ahondaba sus raíces en motivos de ambiciones a ser trasladados a sede más importantes, por ser más ricas, con posibilidades de ejercer influencias y tener mayores poderes; en una palabra, una mundanidad infiltrada en aquellas esferas episcopales, denunciadas con dureza por parte de figuras episcopales del calibre del agustino Santo Tomás de Villanueva (1486-1555), arzobispo de Valencia&amp;lt;ref&amp;gt;Tomás de Villanueva O.S.A. (Villanueva de los Infantes, Ciudad Real, 1486 - Valencia, 9 de septiembre de 1555), predicador, escritor ascético y religioso agustino español, y arzobispo de Valencia. Es el primer santo canonizado salido de las aulas de la Universidad de Alcalá de Henares.&amp;lt;/ref&amp;gt;y más tarde en el concilio de Trento por parte del obispo dominico portugués Bartolomé de Martyribus en su “''Stimulus pastorum''”&amp;lt;ref&amp;gt;Bartolomeu de Martyribus [Fernández], o de Braga (1514-1590), nacido en Verdela cerca de Lisboa el 3.V.1514, dominico en 1527, enseña en varios conventos y fue preceptor del infante hijo del rey de Portugal; arzobispo de Braga y primado de Portugal en 1548, participó en las últimas 9 sesiones del Concilio de Trento. Se dimite en 1582, e muere santamente a Viana do Castelo el 16 de julio de 1590. Escribió mucho y sus  manuscritos se conservan el en archivo de los dominicos de Roma. Su Opera omnia, cura et studio M. Inguimbert, arch. Teodos., fue publicada en Roma en 1734-35. En 1754 se introdujo en Braga su proceso de canonización siendo declarado venerable en 1845 y beatificado el 4.XI.2001 (AAS, XCIV [2002], pp. 615-617. Bibl.: J. Quétif e J. Echard, Scriptores Ordinis Praedic., II, Paris 1721, p. 296; L. Muñoz, Vida de Fr. Bartolomé de los Martyres, Madrid 1645; ''en el archivo O.P. de Roma se encuentran los tres volúmenes de los procesos de su canonización'' (Roma 1819-44).&amp;lt;/ref&amp;gt;.  A pesar de estos límites, serán los obispos españoles quiénes en Trento lucharán por la reforma del episcopado y por la residencia de los obispos en sus diócesis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''7.6. El clero inferior''. Hacia finales del s. XV y comienzos del XVI el clero, tanto el secular como el regular, contaba como ya se ha indicado, un alto porcentaje de miembros. En el clero diocesano había un clero “medio”, al que pertenecían los canónigos de los capítulos, el de las colegiatas y los párrocos de parroquias importantes. Los canónigos como cuerpo habían sufrido el contragolpe de la acción de los reyes Católicos. Esta clase clerical pertenecía de hecho a la antigua estructura feudal, por lo que buscaron  defender su posición. Con frecuencia vivían con un tenor de vida bastante secular y garantizaban también una serie de beneficios a su parentela, por lo que con frecuencia accedían a estos cargos, más por intereses económico-sociales que por vocación a la vida clerical. Pertenecían al considerado clero bajo, la mayoría de los párrocos, de los capellanes y de los beneficiados menores. Tenían que ejercitar un oficio para poder vivir porque las rentas del beneficio no eran suficientes. Los reyes Católicos trataron reformar también a este clero, juntamente con obispos y otros prelados, buscando la promoción del sacerdote reformado ideal. En esta empresa tendrán luego un papel fundamental  muchos tratadistas teológicos, jurídicos y humanistas como Vitoria, el arzobispo de Toledo Carranza, Soto, San Juan de Ávila, fundador en su tiempo de varios colegios-seminarios para la formación del clero, ya antes de Trento&amp;lt;ref&amp;gt;Mandará al Concilio los conocidos “''Memoriales''” a través del obispo Guerrero de Granada su discípulo, que serán tomados en cuenta a la hora de tratar sobre la reforma del clero y la institución de los seminarios.&amp;lt;/ref&amp;gt;, Luis de Granada y otros muchos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A la luz de cuanto descrito surge una pregunta obligada: ¿Se puede hablar en un sentido apropiado y estricto de una Iglesia “nacional” española, como se habla de la “Iglesia galicana” en Francia o de la “Iglesia anglicana” en Inglaterra? Las tendencias eclesiales centrífugas se dan en varios países de Europa y se agudizarán a partir del siglo XVI. No parece que se pueda hablar en el mismo sentido en el caso español y en el portugués. Ciertamente en España y Portugal se podría ver en sistema  del “Patronato” y del “Padroado” una expresión centrífuga. Sin lugar a dudas existe una conciencia bastante claro de la propia identidad nacional y eclesial, pero sin llegar a los límites de las concepciones de buscar la creación de una Iglesia autónoma del Papado, ni siquiera la defensa de “unas libertades eclesiales adquiridas” como sucedía en otros países europeos. La fidelidad al Romano Pontífice nunca fue puesta en duda a lo largo de esta historia ni por los Reyes ni por los obispos, juristas y teólogos españoles. Incluso el largo proceso de elaboración de la doctrina sobre el Patronato no fue ni fácil ni unánime. Se legisló sobre la exclusión del episcopado de todo extranjero, en la práctica esta regla fue con frecuencia olvidada o se encontraron salidas para evitarla. Incluso las “represalias” que tomaban los Reyes contra Roma, fueron siempre mitigadas por el realismo en las relaciones, tensiones sin ruptura, que al final se recomponían. En todo caso serán más duras en el siglo XVIII con la dinastía de los Borbones, incluso con nuevas y más radicales interpretaciones en favor de las dos Potencias católicas del Patronato o del Padroado, pero ya era una situación nueva que la Iglesia vivía en toda la antigua cristiandad europea bajo los regímenes del absolutismo ilustrado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==NOTAS:==&lt;br /&gt;
  &lt;br /&gt;
&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==BIBLIOGRAFÍA:==&lt;br /&gt;
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'''FIDEL GONZÁLEZ FERNÁNDEZ'''&lt;/div&gt;</summary>
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		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=ESPA%C3%91A;_la_sociedad_espa%C3%B1ola_en_la_%C3%A9poca_de_los_descubrimientos&amp;diff=3445</id>
		<title>ESPAÑA; la sociedad española en la época de los descubrimientos</title>
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		<updated>2014-04-01T20:01:40Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.173: /* 7.  La Iglesia Española de finales del S. XV y comienzos del s. XVI */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;==ESPAÑA; la sociedad española  en la época de los descubrimientos== &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==1. La España de los Reyes Católicos==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Durante la llamada Edad Media, la Iglesia había sido el punto de referencia en la creación en la Península Ibérica de una historia común. Algo semejante había sucedido también en la Europa medieval, pero en el siglo XVI aquella historia común europea se interrumpe con las divisiones religiosas y culturales. El momento en el que sucede el encuentro entre España y América coincidió con el paso de una época a la otra. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La unidad dinástica de los reinos hispanos sucede en 1479 con la fusión personal de Castilla-León y Aragón-Cataluña, por el matrimonio de los dos monarcas de ambos reinos: Isabel I (la Católica) de Castilla-León y Fernando V (el Católico) de Aragón. Doce años después (el 6 de enero de.1492),con la reconquista del reino moro de Granada, se cierra el ciclo de la reconquista y la unidad practica de los reinos españoles, bajo el lema que adoptan de igualdad de poderes y unidad de decisiones de las dos Coronas en una, con el lema “''tanto monta, monta tanto, Isabel como Fernando''”, y la simbología heráldica para expresar aquella unión (el ''Yugo'', letra inicial de Isabel, entrelazado con la ''Flechas'', letra inicial de Fernando). Este hecho tendrá repercusiones incalculables en el futuro de la misma España como en el Nuevo Mundo, que pronto iba a entrar en la escena mundial de la mano española. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una frase: &amp;quot;''en cabeza del rey''&amp;quot;, iba a expresar lapidariamente el papel de la monarquía en aquella empresa: frase que ya se encuentra en autores de la primera hora, y que viene a significar el papel o responsabilidad del Rey o de la Corona en todos los asuntos del gobierno, tanto civil como eclesiástico, del Nuevo Mundo: administración de la justicia, patronato, legislación, defensa de los derechos del indio, etc., como Fray Domingo de Betanzos, Francisco López de Gómara, en su ''Historia General de las Indias'', o más tarde Felipe Guamán Poma de Ayala (comienzos del s. XVII) y muchos otros recuerdan en sus historia y crónicas.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
La España de los reyes Católicos era una España claramente identificada con la historia que le había dado origen. Su monarquía conservaba todavía esta conciencia. Tal es la clave para comprender muchas iniciativas políticas y religiosas de los Reyes Católicos, Isabel I la Católica de Castilla y Fernando V el Católico de Aragón, y de sus descendientes, principalmente Carlos I (V como emperador del Sacro Romano Imperio Germánico) y Felipe II, y de sus descendientes los demás reyes de la Casa de Austria española (o Augsburgo). Durante el reinado de los reyes Católicos acontecen en la historia nacional española algunos grandes hechos: la unión dinástica de los dos grandes reinos ibéricos de Castilla-León y de Aragón-Cataluña con el consiguiente reforzamiento de la monarquía y la regularización del sistema administrativo de la Corona; la reforma de la vida eclesial en sus diversos niveles; la conclusión de la lucha secular de la reconquista del dominio musulmán del suelo patrio, que antiguamente había formado el reino hispano-visigodo; el comienzo de la expansión transoceánica que dio como resultado la llegada a las tierras del Nuevo Mundo, que para el historiador, capellán de Cortés, Francisco López de Gómara, había sido “''el más grande acontecimiento después de la creación del mundo si se exceptúa la encarnación y la muerte de Aquel que lo había creado''”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta empresa política, pero también evangelizadora, fue posible gracias a la existencia de un sujeto tanto político como católico en la comunidad hispana, impregnada en este último caso de una conciencia de la fe católica, sea a nivel popular como en la Corona. Los Reyes Católicos tenían una clara conciencia de su autonomía política en la esfera secular. La tenían también como cristianos. También como príncipes católicos no estaban exentos de una mentalidad jurídica muy extendida en las relaciones entre los Estados cristianos nacientes y la Iglesia de querer controlar la vida eclesial en sus Estados, pretensión común en los gobernantes (o príncipes) cristianos de esta edad moderna. Tal pretensión, que databa ya de siglos anteriores, llevaría en muchos casos a caer en la tentación, nunca escondida, de crear de hecho Iglesias nacionales, bajo el control del Estado. En el siglo XV, a pesar de la crisis conciliarista, tenían una sana conciencia del papel del Papa como cabeza de la Iglesia y reconocían su misión y supremacía en el campo eclesial y espiritual, “''no reconociendo superior temporal sino a Dios Omnipotente, y dando la obediencia espiritual debida al Sumo Pontífice y a la Iglesia apostólica de Roma''”, como escribía entonces Fernández de Oviedo, uno de los primeros testigos e historiadores de la conquista en el Nuevo Mundo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El papel de la corona fue fundamental en los tres siglos siguientes, tanto en el ámbito de los descubrimientos y de la colonización, como en el de la evangelización. Ya desde el alba de la presencia española en el Nuevo Mundo, los Reyes Católicos emanaron una serie de disposiciones o cédulas legales y administrativas con el fin de regular un gobierno recto en aquellas tierras, y afrontar las problemáticas humanas, políticas y evangelizadoras que aquellas situaciones inéditas planteaban. En tal sentido el testamento del 12 de octubre de 1504 y el codicillo de Isabel la Católica añadido el 23 de noviembre de 1504, tres días antes de morir, dan las directivas del proyecto político (relación entre españoles e indios, y derechos de éstos) y de la evangelización e implantación de la Iglesia en América. Aquel texto fue codificado y se convirtió pronto en un texto legal, caso único en la historia constitucional de un país, entrando así a formar parte de la legislación de España sobre las Indias hasta las independencias de sus países.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==2.La población española en el momento del descubrimiento de América== &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se calcula que en el momento del descubrimiento de América, España tenía unos ocho millones de habitantes. De ellos, antes de 1492, medio millón eran judíos (la expulsión en masa de los mismos acontece en 1492) y un millón de mudéjares&amp;lt;ref&amp;gt;Mudéjares: musulmanes que vivieron en convivencia con los cristianos, tras ''la reconquista'' por éstos del territorio peninsular español. La palabra “mudéjar” deriva del vocablo árabe ''mudayyan'', equivalente a “vasallo” o “sometido”; acepción etimológica que no aparece en la documentación medieval, pero que se populariza a partir del siglo XIX.&amp;lt;/ref&amp;gt;a los que luego habría que añadir los “moriscos”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Cómo se distribuía socialmente esta población? Un 80 % era rural. Se daba una endeblez numérica de clases. Lo que hoy se suele llamar &amp;quot;clase media&amp;quot; (pero que en este caso sería un anacronismo), puede ser distribuida de la siguiente manera: un 3%, que no eran clé¬rigos, ni militares, ni campesinos, ni patricios urbanos; eran gente común. Había unos 75.000 clérigos o eclesiásticos&amp;lt;ref&amp;gt;Algunos hablan de un total de unos 40.500 miembros del clero secular o diocesano, pero las estadísticas no son siempre fiables.&amp;lt;/ref&amp;gt;, el 1% de la población, de los que unos 2000 o 3000 pertenecían al llamado &amp;quot;clero alto&amp;quot;. Los nobles o hidalgos de variada posición y entidad eran unos 115.000, el 2% de ese número total. En cuanto a la propiedad las tierras, éstas pertenecían al 2% o 3% de la población que poseían el 97% de las mismas. Esta alta aristocracia, personal o jurídica, era dueña de la mitad de España. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Y cómo se componía ésta aristocracia? Se contaban unas 50 familias unidas por vínculos de sangre y que constituían de hecho una fuerza social, política y económica paralela a la del rey, como lo demuestran las convocatorias de frecuentes “Cortes” para tratar los asuntos importantes del Reino, proclamar o reconocer al rey, que debía jurar sus fueros&amp;lt;ref&amp;gt;Los ''Fueros'' (del latín forum; derechos, leyes) son un cuerpo de leyes, considerado entre las más importantes fuentes del derecho en España.&amp;lt;/ref&amp;gt;, proclamar ante ellas por parte del rey leyes, cédulas reales o disposiciones en los campos civil o eclesiástico y determinar la política a seguir en el Reino. Las Cortes eran en la antigua historia española medieval y en los comienzos de la moderna una asamblea general del Reino que convocaba el rey en los antiguos reinos de España para tratar asuntos de estado, generalmente, la elaboración de leyes y la concesión de impuestos: a las Cortes acudían los representantes del clero, de la nobleza y de las poblaciones importantes, ayuntamientos de ciudades y de villas. En las “Cortes” se encontraban representadas las diversas entidades o corporaciones que componían el Reino. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En todo este tren de vida política, algunos nobles (en realidad pocos), descendientes en buena parte de antiguas familias de caballeros, protagonistas en la reconquista, o de otros nuevos allegados por méritos o por influencias, ocupaban puestos en la Corte real, la que en esa época solía ser “ambulante” a lo largo de ciudades y villas del Reino. Estos nobles, que con frecuencia poseen sus castillos y palacios, comienzan a llevar un tren de vida a veces fastuoso. Estaba luego una pequeña nobleza de mayor peso social y económico, y otra mediana formada por militares, hijosdalgo, y caballeros, que constituyen dos poderosos es¬tratos sociales. El estamento militar asiste por derecho propio a las Cor¬tes. Vive en posesiones rurales e influye en el gobierno a través de la parentela y vínculos de nobleza. De esta pequeña noble¬za se recluta lo mejor de los capi¬tanes, diplomáticos y funcionarios. De la pequeña nobleza salieron muchos obispos (&amp;quot;llanos&amp;quot;, no pertenecientes a la aristocracia o alta nobleza). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se debe también hablar de una incipiente nobleza urbana: terratenientes, ricos por herencia, no comerciantes, y que es más culta que la nobleza militar. Sus hijos llenaban las universidades. También de aquí salen canónigos, obispos, abades. Fueron excelentes secretarios y administradores. Los pobladores de las pueblas (poblaciones fundadas con privilegio real y cuyos vecinos formaban “ayuntamientos” y concejos) y las villas (con sus pobladores llamados &amp;quot;villanos&amp;quot;) tienen acceso o movilidad de ascenso a ese tipo de nobleza y constituyen una parte importante y fundamental en la estructura del Reino. La tendrán en el poblamiento español del Nuevo Mundo con sus fundaciones, al estilo castellano o de la madre patria. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la estructura y en la vida social y política del Reino se encuentra el clero. Constituye un grupo social peculiar dentro de la sociedad. Dentro de él hay de hecho un clero socialmente alto y otro clero bajo, no por procedencia social, sino por los puestos que ocupan en la estructura eclesiástica. El clero tiene un fuerte espíritu corporativo (como en los otros países de la cristiandad medieval hasta la edad contemporánea) para defender sus inmunidades. Su fuerza económica la constituyen los diezmos (en especie, que se subastaban). La mentalidad de cada estrato era fuerte y reflejaba con frecuencia también su procedencia social. El papel del alto clero era notable. Constituían la columna vertebral de muchos sectores de la administración pública, cancilleres, presidentes y miembros del Supremo Consejo de Indias, cuando éste fue creado, y de muchos tribunales. Personajes fundamentales en la España de los tiempos del descubrimiento de América, como el arzobispo Talavera, Deza, los cardenales Cisneros y Mendoza, por citar nombres universalmente más conocidos, lo demuestran. En conjunto forman un grupo notable por &amp;quot;letras y virtud&amp;quot;. Muchos de ellos actuaron en la vida política e incluso en la militar; son parte de la última hornada de prelados-capitanes, como lo fue incluso el cardenal franciscano reformador Francisco Ximénez de Cisneros (que tiene su proceso de canonización introducido). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dentro del clero se encuentra una especie de alto clero menor, generalmente hacen parte de ella los prebendados (que eran dignidades, canónigos o racioneros de alguna iglesia catedral o colegiata). Normalmente son de elevada categoría intelectual. Existen 47 capítulos ca¬tedrales de gran poderío económico y con un nivel moral bastante bueno en general. Sin embargo entre el bajo clero, incluso entre el religioso, se da a veces inmoralidad, ignorancia y pobreza. Este fenómeno de decadencia en una parte del clero regular y secular era un fenómeno de la cristiandad europea de la época, con numerosos intentos de reforma por parte de papas y concilios a lo largo del siglo XV y comienzos del XVI. Basta recordar cómo el tema de la reforma del clero aflora y es tratado específicamente desde el Concilio de Constanza (1414-1418), Ferrara-Florencia (1438-1445), Lateranense V (1512-1517). En este cuadro el caso español corresponde al del resto de Europa. Sin embargo no se puede generalizar. Los concilios provinciales vigilaban y urgían por una reforma de las costumbres entre el clero. El siglo XVI será un siglo de notables &amp;quot;reformas&amp;quot; en este sentido, que verá el florecimiento de muchas Órdenes religiosas reformadas, de varios concilios provinciales y culminará con las reformas del Concilio de Trento (1545-1563). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Había en la España a la que nos referimos lo que se podría llamar &amp;quot;grupos medios&amp;quot;, aunque el término no corresponda a la moderna acepción de “clase social”. Eran gentes de ejercitaban oficios y menesteres necesarios en toda sociedad, especialmente en villas y ciudades como mercaderes y comerciantes, no¬tarios, abogados, barberos (que ejercitaban a veces también una medicina rudimentaria, pero importante), médicos y curanderos y pequeños administradores. Demográficamente eran débiles. De ellos salía 1/3 o 1/4 de los regidores. Solían componer (en reinos como en Aragón) los cabildos de las ciu¬dades. Son la raíz de la futura burguesía industrial y mercantil.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los artesanos constituían una especie de clase o grupo modesto urbano, que vivían asociados en gremios. La artesanía era más bien patriarcal y familiar, y menos técnica de taller, como en Italia o en Flandes. Proporcionaban un tercio o un cuarto de los regidores&amp;lt;ref&amp;gt;Los regidores eran los concejales de los ayuntamientos, miembros del cabildo de Indias o de las corporaciones locales.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Constituían la masa popular en los festejos. Este grupo social tiende a superarse y a presentarse bien. Su vida era suficientemente holgada. La población de todas estas clases sociales componía el 20% de los habitantes de España. Luego estaban los campesinos, que son un 80%, en desigualdad de condiciones, según las regiones. Había campesinos &amp;quot;de señorío&amp;quot;, a veces en penosas condiciones, y campesinos de realengo&amp;lt;ref&amp;gt;Poblador o vecino de una circunscripción o concejo que no era de señorío ni de las órdenes, y que pertenecía a la Corona.&amp;lt;/ref&amp;gt;, a veces muy dignos. Pero toda la población vivía a veces sometida a calamidades y grandes crisis, comunes a todo el resto de Europa, como pestes y enfermedades endémicas y crónicas, sequías o superabundancia de lluvias, inviernos crudos, o veranos tórridos; todo ello provocaba muertes frecuentes y prematuras, y hambrunas frecuentes, sobre todo en las tierras más áridas o secas como las castellanas. Sin embargo estas penosas situaciones, con frecuencia endémicas, no provocaron sublevaciones populares, como sucedió en otros lugares de Europa; basta pensar a las sublevaciones de los campesinos y de los caballeros en la Alemania de los tiempos de Lutero o en otras semejantes en la Italia e incluso en la Roma de los siglos XIV y XV.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y ¿cuál era el valor monetario corriente en esta época? En el caso español el más común era el &amp;quot;ducado&amp;quot;, que correspondía a 375 maravedís, una equivalencia a unos ocho jornales de obrero especializado o veinte jornales de un peón. El marqués de Villena, por ejemplo, tenía 100.000 ducados de renta al año. La Iglesia (sus instituciones y su personal ministerial) tenía seis millones de ducados de renta: dos millones el clero re¬gular y cuatro, el clero secular.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==3. La España católica y la Reconquista==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
1. ''Carácter y temperamento del catolicismo español de la época'': ¿Cómo se explica la vehemencia y también la fuerza del catolicismo español? Hay muchas teorías y opiniones al respecto. No hay que olvidar la característica historia cristiana española a partir del siglo VIII, cuando los musulmanes del Norte de África invaden el Reino español de los visigodos y lo desbaratan en la batalla de Guadalete (Andalucía) donde perece el último rey visigodo Don Rodrigo, que pasará a la leyenda épica española en multitud de romances (711). Casi todo el Reino visigodo español cae bajo dominio musulmán, si se exceptúan las regiones montañosas del Norte, astures, cántabros, vascos, y zonas de la Navarra y de la Cataluña pirenaica. En el año 721 encontramos los hechos conocidos como “''batalla de Covadonga''” en las montañas de Asturias, donde un príncipe visigodo, Don Pelayo (+737), levanta el estandarte de la &lt;br /&gt;
Cruz contra el invasor musulmán y da comienzo a la Reconquista, que se concluirá en 1492, en Granada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue el comienzo del minúsculo Reino de Asturias, que lentamente alargará sus fronteras reconquistando los territorios de León y luego las mesetas castellanas. Dará lugar así al nacimiento, como prolongación del reino asturiano del de León (s. IX), y más tarde al de Castilla (s. X) (Castilla y León unidas de nuevo a partir del 1230), del que nacerá con el tiempo el condado de Portugal (condado dependiente de Castilla a partir del 1094 y luego reino, totalmente autónomo). En el caso Asturiano ya a finales del siglo VIII se funda la ciudad de Oviedo (760), alrededor del monasterio benedictino de San Pelayo, donde el rey Fruela  I (757-768) establecerá su Corte y que alcanzará un notable esplendor artístico en tiempos de su hijo y sucesor Alfonso II el Casto (rey 792-842), contemporáneo de Carlo Magno, con el que mantendrá relaciones culturales y políticas. Nace así aquel arte que todavía hoy se contempla en la región asturiana, el llamado “pre-románico”, la preciosa Cámara Santa de la Catedral de Oviedo, como relicario de valiosas reliquias traídas del resto de la España invadida por los musulmanes, entre ellas la Cruz de la Victoria (símbolo de la reconquista, levantada por su primer caudillo don Pelayo), la de los Ángeles símbolo heráldico de Oviedo, de tiempos del rey Alfonso II, el Santo Sudario y otras muchas de indiscutible valor histórico y religioso. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este tiempo de Alfonso II el Casto, comienza la histórica peregrinación hacia Compostela, lugar donde se señalaba la traslación de las reliquias del Apóstol Santiago y que dará lugar a uno de los tres grandes centros de peregrinación medieval: Santiago, Roma y Jerusalén. Algo semejante comienza a suceder en las estribaciones de los Pirineos aragoneses (como en los alrededores del monasterio de San Juan de la Peña) y catalanes. Son las raíces tempranas de varios condados y marcas del reino de Aragón, con una historia unida a los nacientes reinos de Navarra y de Castilla y de los condados catalanes, cuya historia autónoma comienza a caminar a partir del s. IX, y que pasados varios siglos se unirán a la Corona aragonesa (Alfonso II de Barcelona, conde de la misma y rey de Aragón, une al reino aragonés el condado hereditario de Barcelona en 1162).  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin embargo la reconquista fue dura y larga. De hecho, hacia el año 750, gran parte de la península se encontraba bajo el califato de los Omeyas, en Córdoba, fundado por Abd-er-Rhaman I (756-788), que llega a su máximo esplendor en tiempos del califa Abd-er-Rhaman III (912-961). Y sus caudillos atormentaban con continuas incursiones los territorios cristianos. Así todavía en el año 1000, el caudillo musulmán Almanzor logró llegar hasta la misma Compostela en el oeste y a Barcelona en el este, convirtiendo en tierra quemada cuanto encontraba a su paso&amp;lt;ref&amp;gt;Almanzor, Muhammad ibn Abi ‘Amir, en árabe  ???????, al-Man?ur, o sea al-Man?ur bi-llah (“Aquel que Dios ha hecho vencedor”) (c. 938-1002), caudillo militar del Califato de Córdoba desde el 978 hasta su muerte, según las fuentes árabes y algunas cristianas (Historia Compostellana e Chronicon Burgense) habría muerto en agosto de 1002 en Medinaceli (en la actual provincia española de Soria) como consecuencia de las heridas sufridas en la batalla de Catalañazor. Los hechos se encuentran en las crónicas cristianas y en las árabes, cada una con su propia versión. Tardíamente (más de dos siglos después), el arzobispo de Toledo Rodrigo Jiménez de Rada y el obispo de Lucas de Tuy repiten la historia, con algunas claras equivocaciones. Los reyes de León, de Navarra y el conde de Castilla se habían unido para atacarlo habiéndole infligido una derrota terrible. Esta derrota de Almanzor ha entrado en la leyenda y en la épica española cristiana como una de las victorias con mayor significado religioso en la historia de la reconquista. Según algunos, en Catalañazor, habría sido derrotada la “retaguardia” del ejercito de Almanzor, ya en retirada, muriendo en su campamento de Medinaceli. Cf. Gonzalo Martínez Díez, El condado de Castilla, 711–1038: La historia frente a la leyenda, Marcial Pons Historia, 2005, 581–4; Juan Castellanos Gómez, La batalla de Calatañazor: mito y realidad. Revista de historia militar, 91 (2001), 25–42; ''The New Cambridge Medieval History, III'': c. 900-c.1024, Edited by Tomothy Reuter, 27: Sicily and al-Andalus under Muslim rule; 28: ''The Spanish Kingdoms, print publication year'': 2000; on line publication year: 2008; Rafael Altamira, Il califfato occidentale, en Storia del mondo medievale (trad. della Cambridge Medieval History), Milano, Garzanti, vol. II, 1999, pp. 477-515.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Por ello también los reinos cristianos en su avanzada hacia el sur, de grandes ríos en grandes ríos, desde el Duero hasta el Tajo, van creando espacios desiertos de frontera para estorbar las frecuentes incursiones de los reinos musulmanes. Son la “Extrema-dura”, o las vacías y desérticas tierras fronterizas; se van levantando castillos y fortalezas a lo largo de la geografía hispana que darán también lugar incluso al nombre del futuro condado y reino de Castilla.&lt;br /&gt;
En esta misma época se asiste al nacimiento del califato de Córdoba, que en mundo islámico de la época es de la misma grandeza esplendorosa de los de Damasco y Bagdad, y a su historia cultural incomparable, que ha dejado una herencia imborrable en la cultura mundial e hispana. Entre el 1009 y el 1031, el califato de Córdoba se va dividiendo en pequeños estados independientes (reinos de taifas), entre los que hay que recordar: Toledo y Badajoz (1009); Murcia (1010); Zaragoza (1012); Almería y Granada (1013); Denia (1014), Málaga (1016); Valencia (1021); Sevilla (1023); Mallorca (1015); Córdoba (1031), etc.. luego: Orihuela, Huesca, Jaén, Carmona, Niebla, Algeciras. Incluso Córdoba se erige en una especie de republica aristocrática entre 1031 y 1070; es ocupada por el rey musulmán de Sevilla en 1070; conquistada por los musulmanes Almorávides de África en 1086 y luego en 1148. En 1091 los musulmanes Almohades de Mauritania invaden los reinos musulmanes de la Península ibérica (1091-1229), que serán derrotados por los reinos cristianos unidos en la batalla de Las Navas de Tolosa (1212), comenzando así la fase final de la reconquista cristiana. El rey castellano Fernando III ''el Santo'', conquistará Córdoba el 29 de junio de 1236 y Sevilla en 1248. Ya en 1085, el rey cristiano Alfonso VI de Castilla había conquistado Toledo y la había convertido en su corte; los aragoneses habían reconquistado Zaragoza en 1146. Jaime I de Aragón reconquista Valencia el 29 de septiembre de 1238. El último reino musulmán de la Península ibérica, Granada, será reconquistado por los Reyes Católicos, Isabel y Fernando, el 5 de enero de 1492&amp;lt;ref&amp;gt;“Fruto del Romanticismo literario se desarrolla en el siglo XIX la mitificación de al-Andalus. Desde entonces,. Dos imágenes por igual hipertrofiadas tienden a representar en exclusiva esta faceta de la Historia de España. Y si bien hoy nadie sostiene en serio que ignorancia, despoblación y desertificación africanas fueran el corolario inevitable de la invasión musulmana, por el contrario –y por razones muy del momento- sí subsiste una corriente publicistica que no se contenta con embellecer en su magín los surtidores del Generalife [en la Alhambra de Granada] […] y va mucho más lejos, manteniendo que un al-Andalus superior, refinado y culto sucumbió ante unos cristianos bárbaros, ignorantes y torpes. La idealización maurofila, al retomar para la Hispania musulmana dos de los mitos más caros al eurocentrismo (el del Buen Salvaje y el Paraíso Perdido), trasluce una actitud que se sale del terreno del análisis racional de la sociedad y de la Historia y se hunde en el de la fe o las creencias religiosas” (Serafín Fanjul, ''Al-Andalus contra España. La forja de un mito'', Ed. siglo XXI, Madrid 2005, 3ª edición, Presentación), con amplia bibliografía sobre el tema. El Autor trata de estudiar históricamente el influjo real del mundo cultural islámico en España, sus logros y sus límites.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''2. La Reconquista'': Entre el 830 y 1030, se vive un período de dos siglos de exaltación cristiana en la Reconquista; florece la cristiandad mozárabe&amp;lt;ref&amp;gt;Mozárabes (del árabe musta?rab, 'arabizado'; en árabe: ??????), es el nombre con el que se conocía a los cristianos que vivían en el territorio en España bajo dominio musulmán. Tenían en la esta sociedad el estatus legal de “dimmíes”, que compartían con los judíos, como no creyentes en el Islam. A efectos prácticos su cultura, organización política y práctica religiosa eran toleradas, y contaban con cierta cobertura legal. Estaban obligados a tributar impuestos de los que los musulmanes se veían exentados y sufrían otras muchas restricciones en la vida civil y religiosa, como la de no poder construir iglesias ni arreglar las ya existentes. Los mozárabes que pasaban al Islam (generalmente por motivos fiscales) y se arabizaban pasaban a ser llamados “muladíes”. La legislación islámica protegía a los no musulmanes, pero favorecía su paso al Islam con medidas de orden muy diverso, sobre todo de tipo económico-fiscal.&amp;lt;/ref&amp;gt;y nacen o avanzan los reinos cristianos: León, Castilla y Navarra, nace el de Aragón y los condados catalanes, entre los que emerge el de Barcelona cuyos condes, con el andar del tiempo, se convierten en reyes de Aragón, dándose así la unión dinástica entre ambos estados. En los siglos XI, XII, XIII: la Reconquista avanza en las diversas líneas fronterizas: del Duero, luego hasta el Tajo, con la conquista de Toledo, la antigua capital visigoda, la ciudad de las tres culturas o religiones (cristiana, islámica y hebrea, que había alcanzado un enorme esplendor cultural frente al resto de la misma Europa medieval cristiana). Por parte suya se asiste a una decadencia y luego al ocaso del califato de Córdoba, la división del mismo en números reinos de taifas que pueblan el sur de la Península&amp;lt;ref&amp;gt;Con el término re de los taifas (en árabe: ???? ???????, muluk al-?awa?if: ?a?ifa árabe significa “parte, minoría étnica, facción”) (llegarán a ser unos 39) se indican los pequeños estados que surgen como consecuencia de la decadencia, disolución y anarquía del Califato de Córdoba, a partir del 1009, con la abdicación del califa y la siguiente abolición del califato de la dinastía de los Omeyas en 1031 con la deposición del califa Hisham III. Se proclamaron numerosos pequeños reinos regidos por familias árabes, bereberes o de origen eslavo que constituyeron verdaderas dinastías tribales o familiares, que solían mantenerse en el poder con tropas mercenarias, incluidas algunas también cristianas. La situación cambia en el siglo XII con la invasión de los musulmanes del reino almorávide del norte de África, pero, disuelto este reino, comienza de nuevo otro periodo en el que nacen nuevos reinos de taifas entre 1144 y 1170, cuando otros invasores musulmanes, los almohades del Norte de África invaden estos reinos. Tras la derrota de los mismos por los cristianos en la batalla de Las Navas de Tolosa (1212), nace de nuevo otro tercer periodo de reinos de taifas de corta duración, acabando con la fundación del llamado reino nazarí de Granada, que capitulará ante los reyes católicos el 2 de enero de 1492, consumándose oficialmente la Reconquista el 6 del mismo mes y año. Aquellas divisiones favorecieron la Reconquista cristiana.&amp;lt;/ref&amp;gt;.                    &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los musulmanes del norte de África intentan reconquistar las tierras perdidas y unificar a los reinos de taifas. Son las invasiones de los almohades. Pero en el año 1212 se da el paso definitivo del choque entre los reinos cristianos españoles y los musulmanes de los almohades en la batalla de Las Navas de Tolosa. Es la época que sigue a la renovación de la vida eclesial española a través de la aplicación en España de la reforma gregoriana con el apoyo de benedictinos y cistercienses. Es también la época de las grandes peregrinaciones a Santiago de Compostela, la del románico de los siglos XI al XIII, del nacimiento del gótico con sus grandes catedrales que se extienden por toda la geografía española hasta el siglo XV. En el siglo XIII la vida eclesial se renueva a través de los canónigos regulares primero, de los frailes mendicantes luego, entre ellos Santo Domingo de Guzmán, canónigo en Osma (Castilla), y sus dominicos y la llegada también de los franciscanos, y del mismo san Francisco, peregrino a Santiago de Compostela. Fernando III ''el Santo'' de Castilla y León, reconquista Sevilla y Córdoba, y su hijo, Alfonso X ''el Sabio'', da un nuevo esplendor a las letras y a la compilación jurídica de las antiguas leyes hispanas; las tres lenguas de su Reino (latín, castellano, árabe y hebreo) formaban parte del bagaje cultural del Reino&amp;lt;ref&amp;gt;Alfonso X fomentó la actividad cultural mediante el patronazgo y dirección de la ya existente Escuela de traductores de Toledo. Dicha Escuela aglutinó a un grupo de estudiosos cristianos, judíos y musulmanes que desarrollaron una importante labor científica al rescatar textos de la Antigüedad, y al traducir textos árabes y hebreos al castellano. Estos trabajos habilitarán definitivamente el castellano como lengua culta, tanto en el ámbito científico como en el literario. El afán de Alfonso por la divulgación de la lengua vernácula le llevó, siendo aún infante, a patrocinar la versión al castellano de ''Calila e Dimna'' y del ''Lapidario''. Además fue un excelente poeta en gallego-portugués. De su extensa obra destacan: el ''Fuero Real de Castilla'', el ''Espéculo'' y las ''Siete Partidas'', entre las jurídicas; las ''Tablas alfonsíes'', entre las astronómicas; y entre las de carácter histórico, la ''Estoria de España'' y la ''Grande e General Estoria o General Estoria'', acerca de la historia universal. ''Las Cantigas de Santa María'' es obra lírica, escrita en gallego-portugués, lengua común a gran parte de la poesía ibérica hasta finales del siglo XIV, cuando aparece el Cancionero de Baena, que ya está escrito en castellano. ''El Lapidario'' versa sobre las propiedades minerales, y el Libro de los juegos sobre temas lúdicos (ajedrez, dados y tablas), deportes de la nobleza en aquel tiempo. También en el campo religioso favoreció la difusión de la Biblia. Alfonso X realizó también la primera reforma (normalización) ortográfica del castellano, idioma que el reino adoptó como oficial en detrimento del latín. Este monarca bien introdujo en España nuevos conocimientos procedentes de los más distantes confines del orbe. Su especial interés en el arte, la historia, el derecho y la ciencia ejerció una profunda influencia en el desarrollo cultural de España y del resto de Europa.&amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En Aragón brillan las epopeyas de Jaime I, el conquistador de Valencia del dominio musulmán. A pesar de episodios lamentables para los cristianos, con signos de algunas episódicas luchas dinásticas y señales de decadencia, como en el resto de Europa, los Reinos cristianos españoles han entrado de lleno en el bullir de una conciencia que camina a pasos agigantados hacia el ocaso de la Edad Media y el nacimiento de una modernidad, todavía confusa, con la constitución de reinos-naciones, raíces de los futuros estados nacionales. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''3. La vitalidad de los reinos hispanos'': En este cuadro, los reinos hispanos se encuentran ya plenamente activos en la vida tanto eclesial como civil europea, con tratados, matrimonios reales, participación en la vida cultural europea con las nuevas universidades, de las cuales Palencia y luego Salamanca, pertenecen a la primera generación, o en los grandes y dolorosos conflictos que enturbian la paz de la “christianitas” europea, como los que caracterizan el siglo XIV y comienzos del XV, como el cisma occidental (1378-1417). Las suertes de la reconquista están echadas. Los reinos musulmanes que todavía persisten en el sur o se convierten en vasallos de los reyes hispanos o son reducidos a su mínima expresión, a pesar de momentos de gloria artística, como en el caso del reino nazarita de Granada. En esta época, los aragoneses y catalanes salen de sus fronteras, navegan por el Mediterráneo y buscan alianzas y ensanchar sus fronteras en el mismo: Nápoles, Sicilia, Cerdeña y hasta el extremo oriental del Mediterráneo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el territorio patrio no todo es fácil. El feudalismo antiguo persiste y la nobleza se encuentra inquieta con rebeldías endémicas que producen conflictos civiles y guerras episódicas de carácter dinástico dentro de las mismas familias reinantes, que después de todo se encuentran muy emparentadas entre sí. También en esta época de mediados del siglo XV, siguiendo el ejemplo del hermano Reino portugués, los castellano-leoneses salen al Atlántico e incorporan las Islas Canarias a sus dominios. Nos encontramos en tiempos de Juan II de Castilla y León, el padre de Isabel la Católica. Tras el reinado endeble y discutido de su hijo Enrique IV de Trastamara, llega el reinado de su hermana Isabel I la Católica, que se casará con su primo el príncipe Fernando de Aragón, que pronto se convierte en rey de aquel Reino. Con este matrimonio real, cambia radicalmente la historia española; se concluye la reconquista en Granada (1492)&amp;lt;ref&amp;gt;Había habido un reino musulmán taifa de Granada, controlado por la dinastía zirí desde 1013 hasta 1090; sigue luego el Reino nazarí de Granada desde 1238 hasta 1492. Tras la reconquista cristiana, el Reino de Granada conserva su denominación jurisdiccional territorial dentro de la Corona de Castilla, desde el siglo XV a 1833. Su símbolo heráldico (la granada) forma parte desde entonces del escudo de los reinos españoles y del Reino de la España actual.&amp;lt;/ref&amp;gt;se unifican en las personas de los dos reyes los reinos hispanos, bajo el famoso lema del “''Tanto monta monta tanto Isabel como Fernando''” y la simbología heráldica que los dos esposos reales adoptan. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Suceden también momentos muy discutidos por la historiografía antigua y reciente como la expulsión de los judíos (1492), malqueridos por sectores de la gente vulgar y de la nobleza a causa, sobre todo, de su papel en la recolección de los impuestos de la misma Corona y una antigua y jamás escondida animosidad, alimentada por antiguos prejuicios y leyendas populares, y por la persistente acusación de “deicidio” que las acompañaban por ser considerados presuntamente en parte, como una especie de “quinta columna” en la antigua época de las invasiones islámicas, y en la época de su expulsión, de los mismos turcos. Es en este momento histórico, y en el mismo año de toda esta serie de acontecimientos notables en la historia hispana, que acontece la aventura atlántica de Cristóbal Colón y el descubrimiento del Nuevo Mundo. Todo ello abrirá una nueva página en la historia hispana y también mundial. La noche quedaba atrás&amp;quot;&amp;lt;ref&amp;gt;Cf. García-Villoslada, R., ''Hist. de la Iglesia¬ Católica'', BAC, III, cap.XVIII.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==4. La mentalidad común de la época ante la infidelidad y la herejía== &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ocho siglos de esfuerzos en una reconquista  trabajosa, y no siempre constante y uniforme, forjaron un temperamento en la España cristiana de entonces, con sus luces y sus sombras, hasta alcanzar una ordenación unita¬ria. La reforma católica se adelanta casi un siglo y en forma origi¬nal en estos Reinos españoles unidos bajo los reyes Católicos. “''España […] que se había convertido en una gran potencia […] se convierte en el país del catolicismo del futuro […] pudo así convertirse en un cierto sentido en la patria espiritual de la restauración católica y de la contra-reforma''”&amp;lt;ref&amp;gt;K. Bihlmeyer – H. Tueche, ''Historia de la Iglesia, la época de las reformas, III'', § 158, 5.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Y esta actitud de lucha continúa bajo el nieto de los Reyes Católicos Carlos I (V como emperador): 1520-1558 frente a la herejía&amp;lt;ref&amp;gt;Cf. G.-Villoslada, ''o.c.'' Parte II, cap. I, ed.1960, pp.651ss. con bibliografia).&amp;lt;/ref&amp;gt;. Los teólogos del siglo XVI no abandonan la idea del “Orbis christianus” frente a la herejía. Según su posición general, no se puede dar ninguna coacción sobre los infieles para abrazar la fe, pero sí sobre los bautizados, para conser¬varla. Quedaba en pie un problema ante la situación en el suelo español de la población no cristiana de judíos y de moros: ¿por qué se da esa disyuntiva con-tra ellos de, o abrazar la fe o de emigrar? ¿En qué sentido el poder civil toma parte en favor de una solución radical en el asunto que lleva a la exclusión de estos grupos divergentes? ¿No fue en parte por motivos meramente seculares y civiles, con la naciente “razón de estado” de querer construir un reino unido (Estado) sin discrepancias o elementos centrífugos? ¿No estuvo esto en parte en los orígenes de la creación del tribunal de la Inquisición para examinar los falsos conversos, sea del judaísmo o del islamismo, y que más tarde se extenderá a otros divergentes religiosos, protestantes o pensadores considerados heterodoxos? ¿Protestaron los teólogos contra este tipo de coacciones?&amp;lt;ref&amp;gt;Cf. el tema tratado ya por Marcelino Menéndez y Pelayo en su ''Historia de los heterodoxos españoles'', Madrid 1880-1882.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==5. La nación española== &lt;br /&gt;
En el contexto señalado se forja un celoso nacionalismo, traducido en el estatuto de “lim''¬pieza de sangre''”, una especie ''de “culto al honor nacional e innoble criterio de casta''”&amp;lt;ref&amp;gt;El tema fu obsesivo sobre todo durante los siglos XVI-XVII. Cf. el vocablo, R. Gonzálvez, “''Limpieza de sangre''”, en DHEE, II, pp. 1297-1298; Alb. Sicroff, Les controverses des Statuts de pureté de sang en Espagne du [siecle] XVe au XVIIe siecle, Paris1960; J. Amador de los Ríos, Historia social, política y religiosa de los judíos de España y Portugal, Madrid, 1875-1876; A. Domínguez Ortiz, La clase social de los conversos en Castilla en la Edad Moderna, Madrid, 1955; Américo Castro, España en su historia. Cristianos, moros y judíos, Buenos Aires, 1948; J. Caro Baroja, Los judíos en la España moderna y contemporánea, 3 vols., Madrid, 1962&amp;lt;/ref&amp;gt;.Los siglos XIV-XV españoles fueron tolerantes. Para el siglo XVI se suelen dar las siguientes estadísticas de la población española&amp;lt;ref&amp;gt;Cf. la obra importante de F. Braudel,, La Mediterranée et le Monde méditerranéen à l’époque de Philippe II, Armand Colin, Paris 1949; Idem, Civilisation matériel, économie et capitalisme, XVI-XVIII siècle, 3 vols., Paris 1979.&amp;lt;/ref&amp;gt;unos 7.000.000 cristianos viejos; unos 350.000 conversos; unos 300.000 moriscos&amp;lt;ref&amp;gt;Moriscos (palabra que deriva de “moro”), fueron los musulmanes españoles bautizados tras la pragmática de los Reyes Católicos de 1502 (para Castilla) y de Carlos I de 1526 (para Aragón). Tanto los convertidos con anterioridad al catolicismo de forma voluntaria como los convertidos obligatoriamente pasaron a ser denominados moriscos porque la mayoría de ellos, de manera más o menos velada, siguieron con sus costumbres islámicas profesando también las religiosas. Por ello la Inquisición se preocupará de examinar los casos de los falsos convertidos. La importancia que tuvieron mudéjares y moriscos en España en la Edad Media y Moderna fue vital ya que las tierras reconquistadas se encontraban despobladas, por lo que se les permitió quedarse para su repoblación. Durante la época moderna vivían en numerosos territorios de realengo y de señorío feudal, especialmente en Aragón, Valencia y Sureste andaluz, dedicándose en especial a la agricultura (de regadío básicamente), a la artesanía (alfarería) y a la construcción. De hecho, el arte mudéjar es uno de los más representativos de la historia del arte español de la época&amp;lt;/ref&amp;gt;. De pronto aparece la intolerancia. ¿Por qué? La convivencia de cristianos, judíos y musulmanes en los reinos cristianos españoles durante la Edad Media, había tenido que ver con el proceso de &amp;quot;Reconquista&amp;quot; cristiana española de sus tierras invadidas, y la conquista por parte de los musulmanes, sobre todo de las tierras meridionales que ellos llaman Al Andalus (Andalucía, o “''tierra de los Vándalos''”, antiguos invasores de la misma de origen germánico en el s. V) y posterior ocupación del territorio por los diferentes reinos cristianos del norte de la península. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La escasa repoblación cristiana de sus nuevos territorios hace que sigan viviendo en ellos un importante número de musulmanes, tanto en zonas urbanas (aunque en barrios propios, como la morería de Zaragoza), como en zonas rurales (como siervos de señorío). El final de la Reconquista - con la toma de Granada- y la política religiosa de los Reyes Católicos, modifican la situación previa: en Granada se producen bautismos en masa, y los Reyes Católicos sólo permiten la religión cristiana en España, por lo que judíos y mudéjares han de convertirse o salir del país. En la lucha enconada contra el creciente poderío turco, se teme su alianza con el mismo y en concreto con los piratas berberiscos y turcos que atacaban las costas de la Europa cristiana. Los moriscos andaluces protagonizan  una insurrección en 1568 (la rebelión de las Alpujarras), que fue sofocada casi dos años después por don Juan de Austria, hermanastro de Felipe II. Los moriscos de esa zona fueron desterrados, hecho que aumentó la suspicacia contra ellos en otras regiones donde los moriscos eran todavía muy numerosos, como Valencia o Aragón. En 1609, con el rey Felipe III, se decretó la expulsión de los moriscos, primero de Valencia, después de los otros reinos españoles. Unos 300.000 tuvieron que abandonar España; la mayoría se dirigió al norte de África. Su marcha tuvo graves consecuencias demográficas y económicas, sobre todo en Valencia y en Aragón, afectando especialmente a la agricultura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todos los problemas señalados son complejos y de diversas interpretaciones. Los Judíos constituían una gran minoría cualificada; habían disfrutado por una parte de la protección de los reyes y por otra del odio del pueblo, debido fundamentalmente a su papel en el campo de la recolección de impuestos y al sistema de ganancias económicas con los préstamos; tal aversión será luego transferida a los falsos conversos o hebreos ocultos (''marranos''), algo común en otros muchos lugares de Europa y a los musulmanes pseudo-convertidos. En el caso español, ya en 1449 se había dado una explosión de odio en Toledo contra los conversos y  la puesta en marcha del llamado “''estatuto de sangre” (el de “limpieza''”). Casos semejantes se dieron en Córdoba, Jerez, Jaén, en el Reino de Castilla, y otros muchos semejantes en Aragón y Cataluña&amp;lt;ref&amp;gt;Aquí quiere basarse la hipótesis de los orígenes “''catalano-genoveses''” sostenida por: Salvador de Madariaga, Vida del Muy Magnifico Señor Don Cristóbal Colón, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1991, 9ª edición.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Debido también a las conversiones fingidas, el “estatuto de limpieza” pretendía restarles eficacia social. Aquí están en parte, los orígenes de la Inquisición española, que fue creada en el siglo XV precisamente para aclarar y combatir las conversiones ficticias de moros y judíos&amp;lt;ref&amp;gt;Cf. K. Bihlmeyer – H. Tuechle, Historia de la Iglesia, la época de las reformas, III, § 150: Antisemitismo e Inquisición española.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==6. Nuevos intentos de cruzada ante la caída de Constantinopla en poder de los turcos==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El tema de la “cruzada” flotaba en el ambiente español cristiano desde hacía siglos a lo largo de la “reconquista”, cruzada llevada a cabo en casa, como algunos la han llamado; pero era también una mentalidad muy extendida en la Europa medieval. Baste pensar a los últimos intentos de cruzada contra los turcos en tiempos de Pío II (1458-1464). La urgencia de la defensa contra el avance de los turcos había empujado a los griegos a buscar ayuda en la cristiandad latina occidental, e incluso a una posible reconciliación con Roma recomponiendo la antigua división entre Oriente y Occidente. Tal fue el intento que fracasaría tras el concilio de Ferrara-Florencia (1438-1445), porque no encontró el apoyo necesario en algunos metropolitas orientales y sobre todo en buena parte de los monjes y de la gente desde siempre muy influida por ellos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Constantinopla cae bajo el dominio turco el 29 de mayo de 1453, y su basílica de Santa Sofía será convertida en mezquita después de diez siglos desde su construcción. La caída de Constantinopla causó honda impresión en el mundo cristiano occidental; y no era para menos: había sido, desde los tiempos de Constantino, el corazón del Imperio Romano Oriental o Bizantino. Ahora se convertía en Estambul, cabeza del grande Imperio Otomano, que ponía también pie en el continente europeo, revolucionando así los cuadros políticos del Occidente cristiano. Por ello se explica el impulso que algunos, sobre todo el Papa, quisieron dar lanzando una nueva “cruzada” en defensa tardía del Imperio Bizantino. Fracasarán en sus intentos los Papas Eugenio IV, Nicolás V, Calixto II y Pío II, desde 1433 a 1464, debido sobre todo a las divisiones y rivalidades entre los nacientes estados nacionales europeos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este contexto, Eugenio IV llamó al Occidente cristiano en defensa de aquel Imperio (1443). Casi nadie se movió entonces, a excepción del rey de Polonia y el de Hungría, Ladislao, que fue vencido por los turcos en Varna, junto con el legado pontificio el cardenal Cesarini (1444). En otro lugar meridional de Europa, en Albania, Jorge Castriota, conocido con el nombre de Skanderberg, resistirá a lo largo de 24 años a la invasión turca. La derrota sufrida en Varna fue el prólogo de la caída de Constantinopla. El papa Nicolás V querrá renovar la llamada a una nueva cruzada que no logra comenzar; lo intenta su sucesor, el español Calixto III (1455-58) mandando predicadores de la misma por Europa e invitando a ella a los príncipes cristianos, proponiéndose no sólo liberar Constantinopla, sino también llegar incluso a Jerusalén. También aquí vemos una primera respuesta positiva por parte de los príncipes cristianos, pero que enseguida cae en el vacío.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un ejército cristiano guidado vía tierra por Juan Hunyadi, asistido por el cardenal Carvajal y animado espiritualmente por S. Juan de Capistrano, vence en Belgrado (1456), impidiendo así a los turcos continuar avanzando hacia Viena, mientras que Skanderberg los vencerá en Taormizza (1457), y el cardenal Scarampo, guiando vía mar una escuadra, los derrota en Metelino (1457). Calixto III esperaba entonces de nuevo una respuesta positiva por parte de las potencias cristianas. Pero de nuevo la indiferencia y las rivalidades, agravadas con la muerte de Juan Hunyadi, hicieron fracasar aquellos planes. El sucesor de Calixto III, el humanista Pío II (Enea Silvio Piccolomini) (1458-1464) intentó tomar de nuevo la iniciativa; llegó a convocar una especie de congreso de las potencias europeas en Mantua (1459-1460) donde participó personalmente, pero de nuevo aquel proyecto fracasó por los mismos motivos que los anteriores. Al Papa se le ocurrió una idea totalmente utópica: mandó a Muhammad II, el conquistador de Constantinopla, una carta, espléndida en su estilo literario, en la que le invitaba a convertirse al cristianismo, prometiéndole el imperio de Oriente y de Occidente (¡!). Luego, en 1463, el mismo Papa tomó la decisión de conducir él mismo la cruzada lanzando una invitación en tal sentido al Occidente cristiano. Anciano y enfermo se pone al frente de un ejército en dirección al puerto italiano de Ancona, donde ya agotado muere (1464). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Moría así una antigua utopía y la idea misma de cruzada, que había atravesado con numerosos vaivenes  la historia medieval europea, todavía objeto de enconadas controversias historiográficas y de resentimientos. Sin embargo, en aquellos precisos momentos, y en un cuadro muy distinto en los extremos del mundo europeo, en la Península Ibérica sucedían una serie de acontecimientos, algunos de ellos muy unidos a motivos no lejanos del sentir común de la christianitas europea de la época y de los Papas: la conclusión de la Reconquista, y coincidiendo con la misma, los descubrimientos transoceánicos por parte de Portugal y de España. En el caso español encontramos ingredientes variados e híbridos, muy presentes en la vida política y popular del siglo XV. La conquista de Granada que concluye este ciclo y da comienzo a otro nuevo, la tomó el pueblo como algo suyo&amp;lt;ref&amp;gt;Cf. Ml. Fernández Álvarez, ''La sociedad española del Renacimiento (con citas de Mariana , 209-211)la obra de Salvador de Madariaga, Vida del Muy Magnifico Señor Don Cristóbal Colón'', Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1991, 9ª edición.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==7.  La Iglesia Española de finales del S. XV y comienzos del s. XVI== &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''7.1. Para comprender el estilo de la primera evangelización en el Continente americano''. España y la Iglesia española fueron los agentes de la evangelización del Nuevo Mundo de lengua española, como en el Brasil lo será el Portugal hermano. Es preciso conocer su idiosincrasia, las potencialidades y limitaciones de su contenido católico. Ya nos hemos referido a la importancia que tenía el clero dentro de la sociedad española del tiempo y a su composición. Nos vamos a fijar en otros elementos de esta España religiosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para comprender mejor &amp;quot;''el encuentro del catolicismo ibérico y las culturas americanas&amp;quot;, que &amp;quot;dio lugar a un proceso peculiar de mestizaje, que si bien tuvo aspectos conflictivos, pone de relieve las raíces católicas así como la singularidad del Continente''&amp;quot;&amp;lt;ref&amp;gt;Cuarta conferencia del Episcopado Latinoamericano, Santo Domingo, Octubre 12-28 de 1992, n. 18, en CELAM, ''Conferencias Generales del Episcopado Latinoamericano'', Santafé de Bogotá 1994.&amp;lt;/ref&amp;gt;, es necesario adentrarnos más, tanto en la historia de la España de aquél entonces, como en los primeros pasos de la Iglesia en tierras americanas. El dinamismo que impulsó y que aún continua fecundando tal síntesis, que es el continente latino americano en su configuración, lo constituye la fuerza de la fe católica. Los obispos latinoamericanos escribieron en su reunión plenaria de Puebla, celebrada en 1978: &amp;quot;''Con deficiencias y a pesar del pecado siempre presente, la fe de la Iglesia ha sellado el alma de América Latina, marcando su identidad histórica esencial y constituyéndose en la matriz cultural del continente, de la cual nacieron los nuevos pueblos''&amp;quot;&amp;lt;ref&amp;gt;Tercera conferencia del episcopado latinoamericano, Conferencias Generales del Episcopado Latinoamericano, Santafé de Bogotá 1994, Puebla,  27 de enero - 13 de febrero de 1979, n. 445. El texto cita un discurso de Juan Pablo II en este sentido, pronunciado en Zapopan (México), en aquella ocasión. En el número 444 afirman los obispos: &amp;quot;''La religión del pueblo latinoamericano, en su forma cultural más característica, es expresión de la fe católica. Es un catolicismo popular''&amp;quot;, ibidem.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Es esto lo que le da sentido a su ser; el encuentro con el Evangelio, con la verdad de que existe Dios Padre Bueno, que nos ha dado a su Hijo Jesucristo para salvación nuestra, bajo el aliento del Espíritu Santo, encarnado y nacido de una mujer (cf. Gal. 4, 4), la Virgen María de Nazaret&amp;lt;ref&amp;gt;En la historia de la evangelización del Nuevo Mundo tiene especial relieve el “Acontecimiento guadalupano”: ''El papel de Nuestra Señora de Guadalupe ha sido fundamental. Ella se apareció a un indio, a Juan Diego Cuauhtlatoatzin, y lo hizo portador de este anuncio de comuni''ón. Ella en el mensaje dado a través del indio Juan Diego también buscó, antes que nada, la aprobación de un español, el obispo fray Juan de Zumárraga, es decir, la aprobación de la jerarquía de la Iglesia fundada por Cristo sobre Pedro y los demás Apóstoles, cuya misión continúan el Papa y los Obispos, sus sucesores. Sin el indio y sin el español no se hubiera realizado este camino de comunión.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se tenía mucho cuidado de que las Órdenes que pasaban a América fueran todas reformadas. Serán cinco Órdenes religiosas reformadas o nuevas las protagonistas de la historia de la evangelización en el Nuevo Mundo hispano: los franciscanos, los dominicos, los agustinos y más tarde los mercedarios; a estas Órdenes religiosas antiguas, llamadas mendicantes por su origen y estilo, se sumarán pasado medio siglo los recién fundados jesuitas. Los franciscanos que llegaron a México para emprender la evangelización pertenecían a la más severa y genuina de las Observancias evangélicas. El humanismo español constituía el ambiente cultural de estos misioneros. Es conocida la influencia, por ejemplo, de Erasmo de Rotterdam&amp;lt;ref&amp;gt;Cfr. Marcel Bataillon, Erasmo y España, ''Ed. FCE, México'' 1982.&amp;lt;/ref&amp;gt;el mismo Zumárraga había leído sus libros, como lo demuestra la carta que envió, el 2 de noviembre de 1547, a fray Francisco del Castillo, provincial de su comunidad en Burgos&amp;lt;ref&amp;gt;Carta de fray Juan de Zumárraga a fray Francisco del Castillo, provincial de Burgos, México a 2 de noviembre de 1547, AGI, S. Justicia, legajo 1011, f. 35v.&amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Desde este horizonte los evangelizadores trataron, desde sus posibilidades, de crear una nueva humanidad cristiana, singularmente sana y fiel. “''La primera generación de misioneros en México, por ejemplo, los obispos Juan de Zumárraga y Vasco de Quiroga, se caracterizaban por el sello del humanismo contemporáneo; Zumárraga estaba influenciado por Erasmo y Quiroga por Tomás Moro. Esta actitud espiritual fue decisiva en algún modo, y precisamente también en relación con la labor misional''”&amp;lt;ref&amp;gt;Johannes Beckmann, La propagación de la fe y el absolutismo europeo, en Hubert Jedin, Manual de Historia de la Iglesia, Ed. Herder, Barcelona 1992, T. VI, ps. 391-392. Una idea semejante la expresa Eugenio Ímaz: “Los primeros años de la conquista conocieron en Nueva España el verdadero humanismo, el de raíces humanas y humanistas. Zumárraga y Quiroga manejaron un ejemplar de la Utopía (Basilea, 1518) que lleva anotaciones platónicas al margen”. Eugenio Ímaz, Topía y Utopía, estudio preliminar en Utopías del Renacimiento. Tomás Moro: Utopía, Tomaso Campanella: La Ciudad del Sol, Francis Bacon: Nueva Atlántida, Ed. FCE (= Col. Popular N° 121), México 111995, p. 17; Peggy K. Liss, ''Orígenes de la nacionalidad mexicana, 1521-1556. La formación de una nueva sociedad'', Ed. FCE, México 1986, ps. 164-165.&amp;lt;/ref&amp;gt;. La extraordinaria labor evangelizadora que realizaron los misioneros en tierras americanas, encuentra en estos altos ideales de reforma y santidad de vida, una de sus principales motivaciones. Son elementos que no podemos dejar de tomar en cuenta al momento de estudiar la labor y los métodos que usaron para lograr la conversión de los indígenas americanos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
España estaba en un momento de apogeo y expansión. Venía de concluir la guerra de reconquista contra el dominio musulmán de su suelo. Los Reyes Católicos otorgan una gran importancia a la fe y alientan con gran energía y constancia un proceso de reformas y austeras observancias que, aunque ya venía gestándose desde hacía tiempo, alcanza con ellos una sistemática propuesta de reforma cristiana. El humanismo español de finales del siglo XV y de todo el XVI es sumamente rico en realizaciones literarias y espirituales. Es un tiempo donde lo épico y lo religioso se entrelazan en un universo cultural sumamente fecundo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
7.2.'' Una antigua exigencia de reforma en toda la Iglesia'' La exigencia de reforma en la vida de la Iglesia en cuanto sociedad humana, es un fenómeno continuo en la historia de la Iglesia. En los  finales de la edad Media y comienzos de la Moderna se sentía agudamente, sobre todo en algunos ambientes. Se pedía entre otras cosas una reforma radical “''in capite et in membris''” (en la cabeza y en los miembros), empezando por una adecuada puesta al día de las estructuras jurídicas (centralización y reservas con los desórdenes consecuentes, fiscalismo y abusos) de la vida eclesiástica del clero alto y de la formación del bajo clero, sobre todo en relación a la atención pastoral de los fieles. La respuesta dada a esta exigencia urgente no fue siempre equilibrada y ortodoxa en muchos ambientes cristianos europeos, ni tampoco fue amplia y promovida con decidida voluntad por parte de la jerarquía de esa época, lo que causará con el tiempo la ruptura de los movimientos protestantes. En este contexto, en varios países de la cristiandad se dan discutidos movimientos de reforma desde el punto de vista de la ortodoxia católica, como los llamados “espirituales” o grupos de frailes franciscanos con ideas eclesiológicas heterodoxas, influenciadas a veces por las teorías de Joaquín de Fiore sobre la existencia de dos iglesias, una carnal y rica, y en contraposición otra espiritual, santa y evangélicamente pobre, Otros sostenedores de ideas radicales heterodoxas serán el inglés John Wicliff y luego el bohemo Jean Hus y otros que preceden en muchos puntos la futura mentalidad cristológica y eclesiológica de los reformadores protestantes, como Jakoubek, Nicolás de Dresde o Wesel Gansford (1419-1489) en Alemania. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Son comprensibles estos movimientos radicales de reforma ante la situación de una jerarquía eclesiástica con frecuencia mundana. Estas tendencias ideológicas, fomentadas también por desórdenes sociales, se agudizaban por la falta de una voluntad eficaz de reforma en muchos responsables eclesiásticos. Sin embargo, lentamente comienza a abrirse paso una mayor voluntad de reforma por parte de la jerarquía eclesiástica (Papas y Concilios) a lo largo del s. XV y comienzos del XVI. Así en el concilio de Costanza y en los concordatos que estipuló Martín V, se ve tal voluntad; éste papa eligió también cardenales óptimos y una buena bula de reforma (16.V.1425), que quedó en letra muerta; en la misma línea decretó el concilio de Basilea con medidas radicales, nunca aplicadas. Los papas siguientes emanaron varios decretos y bulas también en tal sentido, casi siempre ineficaces y raramente aplicados, quedándose en meros proyectos. La historia va adelante con vanos intentos de reforma, incluidos los del concilio ecuménico Lateranense V (1513-1517). La doctrina católica fue siempre defendida, pero las situaciones de desórdenes graves en la vida cristiana continuaron vivos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin embargo, en algunos lugares de la cristiandad occidental se empezaba lentamente un camino de reforma de la vida de la Iglesia, como lo demuestra el llamado fenómeno de la “''Devotio moderna''”, movimiento eclesial comenzado en los Países Bajos a finales del s. XIV y que se desarrolla a lo largo del XV dando lugar a asociaciones como “los hermanos y las hermanas de la vida común”. “''Devotio moderna''” significaba “servicio de Dios” con una proyección clara de cristocentrismo, una espiritualidad ascética práctica (contra la mística especulativa de los dominicos alemanes), una marcada tendencia afectiva (de raíces franciscanas, de la escuela de S. Bernardo y del teólogo francés Gerson), una interioridad y subjetivismo notables en detrimento de los contactos, también apostólicos con el mundo, y una insistencia ascética que subraya el papel responsable del fiel en la recepción de los sacramentos. El libro “''La imitación de Cristo''” es fruto de tal “devoción” y su probable autor, Tomás de Kempis, pertenecía a tal movimiento. Esta espiritualidad ejercitará un influjo en el siglo siguiente en muchos santos y fundadores como Ignacio de Loyola e incluso en algunos protagonistas de la reforma protestante.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
7.3. ''El movimiento de reforma de la vida religiosa monacal y conventual en la Iglesia''. Hay otro aspecto notable en el incipiente movimiento de reforma eclesial de este periodo, y es el comienzo de la misma en el seno de algunas antiguas Órdenes religiosas, en gran parte en un lamentable estado de decadencia, si se exceptúan los Cartujos y en parte los Cistercienses. La peste negra que asoló media Europa en aquellos dos siglos (XIV y XV) había vaciado los monasterios,  que luego se habían llenado con vocaciones mediocres o por motivos que nada tenían que ver con la consagración religiosa. Por ello los nuevos religiosos o monjes vivían con frecuencia una vida disipada, en monasterios y conventos con abundantes bienes, falta de la vida común fundada en privilegios obtenidos de los papas, y con una clausura más teórica que práctica, sobre todo en el caso de las monjas, que en muchos casos provenían de la nobleza y traían consigo sus niveles de vida y privilegios y en muchas ocasiones eran obligadas por motivos sociales a entrar en los monasterios. También aquí las decisiones de Papas y Concilios sobre la reforma religiosa caían en un terreno árido. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este panorama se dan los primeros intentos de refreno religioso, cuando algunos religiosos buscan volver a las raíces carismáticas de su fundación, y se reúnen en un convento donde querían vivir claramente el espíritu de tal origen. En los comienzos, ese convento buscaba ponerse bajo las órdenes del General de la Orden por encima de su Superior Provincial. A tal convento se asociaban otros con el mismo espíritu; se formaban así las “Congregaciones” de reforma, bajo la obediencia a un Vicario con poderes amplios. Se quería llevar a cabo de esta manera la reforma de la Orden. Aquí ahondan sus raíces divisiones sucesivas entre “conventuales” y “observantes”, “calzados” o “descalzos”, etc… en varias antiguas órdenes religiosas, ya a partir de finales del s. XV y sobre todo en el s. XVI. El fenómeno se da en la mayoría de las antiguas, también en España, y tendrá consecuencias notables en la historia de los evangelizadores del Continente americano. No todas las “Congregaciones” duraron, sin embargo favorecieron la reforma, en cuanto extendieron su influjo sobre todo a través de la predicación popular ambulante.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''7.4. El movimiento de reforma de la vida religiosa monacal y conventual en la Iglesia''. La historia de la reforma eclesial en España se encuadra en este movimiento. Fue conducida hasta llegar a la gente común, comenzando ya mucho antes del Concilio de Trento y llegando al mismo, que ratificó muchos aspectos que la Iglesia en España ya había puesto en marcha desde hacía tiempo. Una de sus características peculiares fue que la iniciativa vino de los Reyes Católicos, con pasos sucesivos de reforma del episcopado, del clero y del pueblo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La reforma de la vida religiosa en España se dió de manera precisa y orgánica&amp;lt;ref&amp;gt;Cf. E. Sastre Santos, ''La vita religiosa nella storia della Chiesa e della società'', Ancora, Milano, 1997.&amp;lt;/ref&amp;gt;. En el caso de los monjes comienza con la del monasterio de San Benito de Valladolid, por iniciativa del rey de Castilla Juan I (en 1389-1390), con el objetivo de que los monjes viviesen la regla benedictina de manera precisa y rígida, y con voto de clausura perpetua al modo de las Clarisas; reclutó para ello unos 15 monjes provenientes de varios monasterios que se comprometieron a seguir tal vida rígida. Luego evolucionará hacia una mayor elasticidad, pasando a finales del s. XV a constituir una “Congregación” de unos 10 monasterios (en 1524 contaba con 32), y durará en los siglos siguientes. Algo semejante ocurre con los cistercienses con la fundación o reforma de la “Congregación de S. Bernardo de Castilla”, en tiempos de los papas Martín V y Eugenio IV, por obra del monje cisterciense que provenía de los Ermitaños de San Jerónimo (Jerónimos), Martín de Vargas. Esta fundación fue duramente obstaculizada por el capítulo general de Citeaux (cistercienses) a lo largo del s. XV; en 1549 reunía 45 monasterios de los 59 españoles de la Orden. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No se observan generalmente nuevas fundaciones con nuevas Reglas en las grandes órdenes religiosas. Sin embargo en España nacen los Jerónimos (ya presentes en Italia como “Eremitas de S. Jerónimo”). Fue un canónigo de Toledo, Fernando Yáñez de Figueroa y su camarero mayor, Pedro Fernández Pecha, que comenzaron a vivir una vida eremítica, pasando luego a la cenobítica, adaptándose a la regla de S. Agustín, con la aprobación de Gregorio XI en 1373. En 1423, Lope de Olmedo quiso reformar la Orden siguiendo algunas indicaciones que sacó de los escritos de S. Jerónimo, y creó así un nuevo ramo llamado “''Congregación de la Observancia de S. Jerónimo''”, pero que en España tuvo un éxito muy relativo, uniéndose luego en 1567 al resto de los Jerónimos. Se mantuvieron fieles a la regla de manera bastante rígida; crecerán a lo largo de los s. XV y XVI en España fundando y agregando numerosos monasterios, entre ellos hay que señalar el de Yuste, en Extremadura, donde se retirará el emperador Carlos V, el del Escorial, fundado por Felipe II, y el Guadalupe en el célebre santuario de Extremadura.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En cuanto a las Ordenes mendicantes tuvo en España, como en otros lugares, dificultades notables de reforma, dada su organización centralizada que había favorecido en cierto modo también su decadencia. Sin embargo, tal organización luego favorecerá o pondrá obstáculos a la reforma o la apoyará tibiamente. La historia de la reforma de los mendicantes, también en España dependió en buena parte de estos factores, a parte de los apoyos de papas y reyes, característica de la misma reforma, oposición de superiores locales, intervenciones abusivas de los poderes seculares, etc.. En España la reforma nace por iniciativa autónoma en varias provincias. En Santiago en 1390, que se autonomiza en 1440 de los conventuales; en Aragón, con una tendencia de carácter eremítico y se convierte en una provincia de observancia en 1442; en Castilla, parece ser que la observancia franciscana llega de Sicilia. Todos estos conventos reformados, a partir de 1446, forman con los observantes franciscanos franceses, ingleses, belgas, alemanes norte-occidentales la “Vicaria Ultramontana”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero en España nacen también grupos “ultra-reformistas”. Un primer iniciador de esta tendencia es Pedro de Villacreces (+1422), que se proponía reproducir el ideal de la Porciúncula gobernada por S. Francisco de Asís: vida austera y contemplativa, retiro y vida eremítica dentro del convento, pobreza radical, siempre descalzos, oración prolongada, silencio total. El estudio era reducido al mínimo. El sucesor de Villacreces, Lope de Salinas, aumenta el tiempo dado al estudio teológico y moral para formar predicadores y confesores, usando pequeños manuales. Prosigue esta línea el antiguo jerónimo Juan de La Puebla (+1495) con la reforma del convento de Santa María de los Ángeles de Sevilla. De este grupo nace la reforma de Juan de Guadalupe, la observancia rigurosísima, que da mayor fuerza a la predicación y al apostolado. Estos grupos diversos de franciscanos reformados continúan difundiéndose a partir de 1517; entre ellos se encuentra el de San Pedro de Acantara, confidente de Santa Teresa de Jesús, llamados “alcantarinos” o “pascualitas-alcantarinos”. A estos grupos reformados de franciscanos pertenecen los primeros grandes misioneros franciscanos del Continente americano. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra Orden religiosa reformada en España es la de los Agustinos. La formación de la “Congregación de observancia” española tiene una propia historia. Parece ser que su primer convento fue el de “Domus Dei” de Castelví de Rosanes en Cataluña (1420), que permaneció solo y aislado en medio del conventualismo hasta 1569. La “Congregación de observancia” española surge de hecho en Castilla por obra de Juan de Alarcón (+1451 c.), que actuó bajo la protección del padre general Favaroni y tras haber conocido la fuerte renovación de la Orden en Italia. Así se crea en España una “Congregación de observancia” ya en 1438, con 4 conventos de frailes y uno de monjas. Alarcón obtuvo en aquel mismo año la bula de confirmación de parte del Papa, mientras que en los demás casos italianos las bulas llegarán decenios después. La extensión de esta reforma en España se puede deducir del hecho que en 1504-5 se decretó la unión de la “Congregación de Observancia” con la Provincia agustiniana española, que tras divisiones y tensiones, sólo se pudo actuar en 1512. Ello se debió gracias a los Reyes Católicos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La historia de la reforma de los dominicos españoles tiene características semejantes. Ya en el Capítulo general de Burgos (1413), el general de obediencia aviñonesa (nos hallamos en los tiempos del cisma de Occidente), Juan de Puinoix, trata de eliminar los defectos más salientes en la Orden con fuertes medidas disciplinares, incluida la cárcel, y de restaurar la vida común. Probablemente tuvo un gran influjo San Vicente Ferrer con su vida santa, su predicación y sus escritos (''Tratado de vida espiritual''). Pero la verdadera reforma hay que señalarla también aquí en el método de la fundación de  “Congregaciones de observancia”, alrededor, parece ser de Santa Catalina de Siena (+1380) y de su confesor Raimundo de Capua, maestro general de la Orden a partir del 22 de mayo de 1380. La lista de dominicos eminentes que llevan adelante la reforma de la Orden en Europa, a partir de Italia, es abundante. En España comienza en Castilla en 1423 y recibe el reconocimiento de derecho pontificio en 1478. Su desarrollo se debe a los Reyes Católicos, por lo que en 1505 se une a la Provincia dominica de aquel Reino, eliminando los conventos no reformados e introduciendo la Observancia. Una de sus características fue su expansión a partir de un convento reformado, lo que se puede señalar como un ejemplo de reforma a partir de la base. En estas “Congregaciones de observancia” se quiere volver a la experiencia primera de la Orden y se resuelve el problema de la pobreza buscando una línea media: queda la “mendicidad” como ideal, pero se corrige con otros medios de subsistencia, cuando aquella se mostraba insuficiente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El caso de la Orden de los carmelitas, sea en el s. XV como en el XVI, sigue un itinerario parecido. Se pueden enuclear varias reformas serias: dos de “Congregaciones de observancia” fuera de España ya en el s. XV (las de Mantua en Italia y de Albi en Francia), y las del s. XVI, la general de Nicolás Audet de toda la Orden (1524), y la teresiana en España, que coincide con la historia de la reforma de la gran Santa Teresa de Jesús (1515-1582), seguida por su discípulo San Juan de la Cruz (1542-1591), los dos grandes místicos y literatos incomparables en su género. En España hay otras órdenes mendicantes, que en esta misma época siguen el camino de la reforma y que tendrán también un papel importante en la evangelización americana, principalmente los Mercedarios y los Trinitarios, ambas órdenes fundadas para la redención de cautivos en manos de los musulmanes del Norte de  África. La primera de estas dos órdenes, que pasarán tempranamente a América (el capellán de Cortes fray Bartolomé de Olmedo, muerto en 1524, era un mercedario),  desarrollará un papel fundamental en la historia de la evangelización americana.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La estructura de las “Congregaciones de observancia” de los mendicantes son bastante comunes. Son ordinariamente reconocidas, algunas por documentos papales (de derecho pontificio), otras por el general de la misma Orden. No crean sistemas jurídicos nuevos, como en el caso de los monjes; introducen sólo un gobierno doble, casi completo, dentro de la misma Orden, autónomo en relación a sus provinciales locales, pero no en relación al general de la Orden. La historia de cada caso muestra con frecuencia caminos y características peculiares. Estas reformas quisieron ir a la raíz de los males y cortarlas de cuajo. Se caracterizan en general por la pobreza vivida, la austeridad, la vida común, la penitencia aflictiva, la meditación y la “''lectio divina''” y con ella el silencio; un monje-abad de Monserrat en Cataluña preparará un tratado y meditaciones titulado “''Exercitatorio de la vida espiritual''” que ejercerá un influjo notable en tal sentido en todas las Órdenes de observancia. Al contrario, el tiempo dado al estudio estaba marcado por las necesidades apostólicas más que por una necesidad intelectual en sí; puede decirse, que sobre todo en sus comienzos, hubo una reacción contra los estudios académicos, o al menos una indiferencia y desestima para la formación sacerdotal. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La razón de esta desestima, sobre todo en el mundo de los monjes de este tiempo, era el pretender una oposición entre el monje “''homo devotus''” y “''homo spiritualis''” por una parte y del “homo doctus” por otra. El problema se empezará a resolver a lo largo de los primeros decenios del s. XVI, cuando los monjes reformados comienzan a erigir también colegios universitarios, pero el desarrollo fue bastante lento. Por su parte en las Órdenes de observancia encontramos actitudes muy diversas. En el caso español los agustinos, por ejemplo, son más bien contrarios. Lo mismo sucede con otras Órdenes. El rechazo de los grados académicos se fundaba en que habían sido en su tiempo una de las causas de la decadencia religiosa. Los dominicos resuelven el problema admitiendo a los mismos a frailes de virtud probada, y combatiendo los antiguos privilegios que tenían los titulados ''lectores'' (profesores o doctores). Poco a poco todas estas Órdenes resuelven el problema instituyendo en cada provincia casas de estudios, esto a partir de mediados del s. XV; sin embargo sigue durante mucho tiempo la oposición a los grados académicos. Así los agustinos de Castilla tardan hasta 1542 en organizar los estudios humanísticos, filosóficos y teológicos, cuando el General Seripando le impone una organización de los estudios para dar una mayor formación a los frailes candidatos al sacerdocio. La solución al problema fue positiva gracias a que la Observancia religiosa se consideró el valor principal al que se debían subordinar los otros valores. Además la solución ejemplar la habían ya ofrecido las grandes figuras reformadoras, que entran doctas y santas, es decir estrictamente observantes y regulares, y que se encontraban tanto en los monjes reformados como en las Congregaciones de Observancia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuanto hemos afirmado sobre la reforma de la vida religiosa en los reinos españoles de Castilla y Aragón, se puede aplicar en parte, aunque no con la misma radical insistencia, en el reino de Portugal. Entre las reformas destaca la de los franciscanos, llamados “Capuchos” (que no se debe confundir con los Capuchinos), favorecida por Alfonso V, y cuyo centro fue Varatojo. Estos franciscanos se distinguirán también por su compromiso en la empresa evangelizadora portuguesa bajo el Padroado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''7.5. La reforma del episcopado en la España de los Reyes Católicos y de comienzos del s. XVI''. Los Reyes Católicos, la Reina Isabel sobre todo, habían promovido una reforma del clero diocesano y regular, basados en criterios válidos, no siempre exentos de cálculos también políticos, que Fernando no siempre había aplicado. No faltarán tensiones entre Fernando (+1516), Julio II y León X sobre las provisiones episcopales, porque el rey tendía a presentar los candidatos con el sistema de la “súplica”, cuando no existía el patronato (como era el caso de Granada). Con los criterios adoptados –naturales de los reinos, honestos, de la clase “burguesa”, doctos- los reyes Católicos no solamente habían puesto en marcha una reforma, especialmente en Castilla; habían también unido los obispos a la Corona. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Carlos I (V), nieto y sucesor de los Reyes Católicos (rey 1516-1556), quiere obtener de la Sede Apostólica lo que la misma había concedido con un concordato en 1516 a Francisco I de Francia. Lo obtiene de Adriano VI (1522-1523) (que había sido su consejero y regente en Castilla durante su ausencia obligada por motivos de su elección como emperador del Sacro Imperio Romano en 1520); es decir el patronato sobre Castilla y Aragón, tras haberlo obtenido sobre Pamplona (Navarra) (4-28 de mayo de 1523) con el ius patronati et praesentandi. Con la bula “''Eximiae devotionis affectus''” (6.9.1523) obtiene el patronato, por lo tanto el derecho de presentar a los candidatos, a todos los obispados, abadías y otros beneficios consistoriales. Tal concesión fue revocada el 3 de abril de 1527 bajo Clemente VII (1523-1534) con el voto del Consistorio, porque había sido concedida sin el voto del Colegio cardenalicio; tras el saqueo de Roma (1527), con la bula “''Etsi ea quae''” en Bolonia, antes de la coronación imperial de Carlos V (el 11 de enero de 1530), confirmada por Pablo III el 7 de julio de 1536, Carlos V obtenía de nuevo el patronato y el derecho de presentación. Desde este momento en adelante, durante siglos, los nombramientos episcopales estarán en manos del Rey de España en sus Reinos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La reforma de la vida eclesiástica comenzada por los Reyes Católicos empieza por la elección al episcopado de obispos doctos y rectos. Criterios de reforma: que fueran españoles, doctos, virtuosos, llanos (no aristócratas), residentes. &amp;quot;''El clero de España es el nervio de la Cristiandad''&amp;quot;, habría dicho San Carlos Borromeo en los tiempos del Concilio de Trento&amp;lt;ref&amp;gt;Cit. en E. Dussel, ''Historia General en América Latina. Introducción General'', 1983, I, p. 15.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Los Reyes quieren que el Papa nombre obispos españoles porque debían residir en sus diócesis, de vidas íntegras; no nobles, para que no se convirtiesen en señores feudales. En su época brillaron de manera especial algunas figuras. Entre ellas destacan las figuras del jerónimo fray Hernando de Talavera (c. 1430-1507), primer arzobispo de Granada después de la Reconquista, confesor de Isabel la Católica y el tipo ideal de obispo; el arzobispo, y teólogo dominico de Salamanca, fray Diego de Deza (1443-1523), el arzobispo y cardenal franciscano fray Francisco Jiménez de Cisneros (1436-1517)&amp;lt;ref&amp;gt;Cf. R. García Villoslada, Historia de la Iglesia en España, III/1, p. 129; P. Castañeda, Episcopologio,…., E. Dussel, Les Eveques hispanoamericains défenseurs et evangelisateurs del Indien, Paris, 1965, Introd., pp. 1-15. Una Síntesis biográfica de estos obispos en: DHEE , voces correspondientes.&amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hernando de Talavera lleva una vida santa, con la celebración diaria de la Misa, el catecismo a los niños, reunión-capítulo mensual con los párrocos, y fundación de un seminario modelo, entre otros aspectos. Diego de Deza formó parte del Consejo de Sabios que examinó las propuestas de Colón, y fue uno de los pocos que consideró las mismas como viables. De ahí nació la gran amistad y admiración que el Almirante sintió siempre por Deza. Francisco Jiménez de Cisneros, figura fundamental en la historia religiosa y política de la España de su tiempo y en los comienzos de la evangelización de América, quien reformó a su Orden franciscana de la que era provincial en medio de oposiciones y de luchas. La Reina Isabel le ayudó en estas reformas, especialmente en la de las monjas. Para formar el clero funda los llamados “''collegia minora''” para el estudio de las letras, y los “''collegia maiora''” para la filosofía y la teología. Recomienda al clero doctrina, pureza de costumbres, empeño pastoral y litúrgico. Él fue el restaurador en Toledo de la liturgia mozárabe. En el mundo de la cultura ha pasado a la historia como humanista en cuanto funda la Universidad de Alcalá (Complutum) (1508) con un claro planteamiento humanístico y moderno, que edita la Biblia poliglota complutense en 6 volúmenes. Edita también varias obras devocionales en español, como la ''Vida de Cristo'' de Ludolfo y otra obras de la “''Devotio Moderna''”, que prepararon el florecimiento de los grandes místicos del siglo XVI. Además renovó la enseñanza de la teología. Su metodología será indicada por el teólogo dominico Melchor Cano en su “''De locis theologicis''” y por los estudios jurídicos del también dominico Francisco de Vitoria en Salamanca. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era un nuevo método de estudio de la teología que superaba el bizantinismo de una escolástica decadente, y trataba las cuestiones más importantes y candentes del momento. Se quería una exposición sencilla, sobria, elegante, a partir de las fuentes (Escritura, Padres, Concilios, documentos eclesiásticos); sustituye las “''Sentencias''” de P. Lombardo con la “''Summa theologica''” de Sto. Tomás. Así se preparan los maestros de los grandes teólogos españoles que acudirán a Trento o a sus discípulos. En Alcalá estudiará una  falange de grandes figuras del humanismo español, algunos como San Juan de Ávila (c. 1499-1569), declarado doctor de la Iglesia (2012), o personalidades que ejercitarán un papel importante en la historia de la evangelización y de los derechos humanos en América, como el p. jesuita José de Acosta (1540-1600)&amp;lt;ref&amp;gt;El jesuita José de Acosta, procedente de una familia de conversos, había estudiado en varios colegios en Medina del Campo, Plasencia, Lisboa, Coímbra, Valladolid y Segovia, y desde 1559 a 1567 Artes y Teología en Alcalá, continuando luego su enseñanza en varios colegios de jesuitas (Ocaña y Plasencia), hasta que en 1571 pidió a San Francisco de Borja, prepósito general de la Compañía y obtuvo ser enviado como misionero a Perú.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Esta Universidad contará con célebres maestros, entre ellos el dominico Domingo de Soto (1494-1560)&amp;lt;ref&amp;gt;El dominico Domingo de Soto (1494-1560) estudió en la Universidad de Alcalá y en París. En 1520 regresa a la Universidad de Alcalá y se ocupa de la cátedra de Metafísica. En 1525 ingresa en la Orden de los Predicadores. Ocupó la cátedra de teología en la Universidad de Salamanca en 1532, donde se integró en la denominada escuela de Salamanca. En 1545 fue enviado al Concilio de Trento como teólogo imperial ante la imposibilidad de que fuera el también dominico Francisco de Vitoria. Fue confesor del emperador Carlos V.&amp;lt;/ref&amp;gt; y celebres alumnos. Con algunos entablará una amistad duradera, como con Don Pedro Guerrero, futuro arzobispo de Granada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La España cultural de la época comienza a respirar con los dos pulmones culturales de las universidades de Salamanca y de Alcalá. En estas universidades asistimos a un renacimiento del humanismo renacentista, con varias corrientes que lo caracterizan: vuelta a los estudios bíblicos en Alcalá (Biblia Políglota), con referencias a una teología positiva, siguiendo las huellas de los Padres, y reformismo eclesiástico. Encontramos también en ellas corrientes humanísticas, filosóficas y teológicas de matrices diversas, como el tomismo, el escotismo, y en medida menor algunos brotes nominalistas, y el influjo de humanistas como Erasmo y Tomás Moro. En estas universidades echan sus raíces las corrientes jurídicas que las harán célebres en el campo del derecho ''de gentes'' o internacional, con figuras como los dominicos Francisco de Vitória y Domingo de Soto y otros conocidos teólogos que ejercerán un fuerte influjo en el Concilio de Trento (1545-1563). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta reforma del episcopado no encontró un camino llano y fácil. Cuando Fernando el Católico muere en 1516, el cuadro del episcopado español no era homogéneo. La mayor parte de los obispos era ciertamente digna y muy convencidos del servicio al Rey, de buena altura eclesiástica e intelectual, aunque se daban casos de obispos poco dignos, nombrados por motivos de parentesco; había cardenales que no residían en sus sedes, nombrados por razones de amistad; había también obispos nobles, nombrados gracias a su proveniencia social y algunos por ser flamencos o por intereses con aquellos territorios bajo la Corona española, a partir de Carlos V&amp;lt;ref&amp;gt;Cf. R. García Villoslada, ''Historia de la Iglesia en España, III/1, p. 129; para todas estas tres figuras eminentes del episcopado cf. DHEE'', en sus respectivas voces, con amplia referencia de fuentes y bibliografía.&amp;lt;/ref&amp;gt;. El emperador Carlos trató de seguir los criterios establecidos por los reyes Católicos, pero no siempre los mantuvo totalmente, lo que llevó a veces a consecuencias negativas, aunque en menor medida que en otros países europeos. ¿Cuáles habían sido los criterios de los reyes Católicos, sobre todo de Isabel? Ante todo la elección de personas doctas. Carlos V escogerá fundamentalmente personas preparadas y bien formadas en colegios eclesiásticos universitarios españoles, en los “Estudios generales” de los religiosos y en las universidades italianas. En su día, el cardenal franciscano, arzobispo de Toledo y primado de España, confesor y consejero de la reina Isabel y luego regente del Reino hasta su muerte (+ 8.11.1517), optó por teólogos, preferentemente canonistas, contra la tendencia que se daba en Italia, Inglaterra y franca. Este criterio será luego seguido por el Consejo real. Por ello los obispos españoles darán una notable aportación en el concilio de Trento. La reina Isabel había querido obispos honestos y había seguido rigurosamente este criterio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fernando fue menos severo en este campo, por lo que encontramos algún caso de obispos con hijos como  Alonso de Aragón (+1520), hijo del rey Fernando, arzobispo de Zaragoza y con hijos. Por su parte Carlos V aplicó aquel mismo criterio, también porque podía disponer de sacerdotes formados en los colegios de Talavera y de González Mendoza. La extracción social de los obispos era prevalentemente de la clase media. Carlos V por su parte nombrará luego también nobles, españoles y extranjeros, por motivos de gratitud y no siempre por razones eclesiásticas. El primero de ellos fue el joven Guillermo de Croy, de 20 años, que sucedió al gran Cisneros en Toledo&amp;lt;ref&amp;gt;Era sobrino  de Guillermo de Croy, señor de Chèvres (o Xevres), que había sido ayo del joven príncipe Carlos; intenta aislar al joven rey de España del influjo de la nobleza castellana, por lo que le rodea de flamencos; entre ellos Juan de Sauvage, al que nombra canciller y presidente de las primeras Cortes (Valladolid, 1518), y al joven sobrino de Guillermo de Croy, también Guillermo, nombrado arzobispo de Toledo (31.XII.1517- + 6.1.1521). Éste había estudiado en Lovaina con Juan Luis Vives, el célebre humanista. Fue creado cardenal por el papa León X en el consistorio del 1 de abril de 1517. El 14 de noviembre de 1517 y a instancias de monsieur de Chèvres, el rey naturalizó castellano a su sobrino Guillermo de Croy, que a la sazón y con 20 años de edad era ya obispo de Cambrai. Poco después le hizo obispo de Coria y al poco, arzobispo de Toledo, como sucesor del cardenal Cisneros que había muerto ese mismo año. Guillermo de Croÿ no residió nunca en Toledo. Murió en Worms en 1521, aproximadamente a los 24 años de edad a consecuencia de la caída de un caballo en una cacería. Había acompañado al emperador Carlos a esta ciudad, donde se había convocado la dieta de para tratar el problema teológico suscitado por Martín Lutero. Fue sepultado en la iglesia de san Pedro de Lovaina.&amp;lt;/ref&amp;gt;era ya obispo de Cambray y cardenal, y nunca puso los pies en España. Dio también el obispado de Valencia a Eduardo de la Marca, obispo de Lieja, porque le servía para el Imperio&amp;lt;ref&amp;gt;La primera política filo-flamenca del joven rey Carlos y los hechos consecuentes produjeron una indignación y en las citadas Cortes los procuradores pidieron que se respetasen las leyes del reino, que no se diesen cargos a los extranjeros, que Carlos aprendiese la lengua castellana, y expulsaron de la sala de sesiones a los flamencos que pretendían intervenir en los negocios. Carlos, de Valladolid marchó a Zaragoza y Barcelona, donde fue jurado rey, no sin cierto malestar. Como consecuencia de un malestar generalizado debido a la conducta filo-flamenca del joven rey, la rapacidad de los flamencos y por el cohecho de algunos procuradores que vendieron sus votos, numerosas ciudades castellanas, a partir de Toledo, también debido al hecho de tener en esta Sede Primada como arzobispo a un joven de 20 años, protestaron ante el rey, pidiéndole su presencia y un cambio de política. Ante la falta de escucha de las peticiones, las Comunidades castellanas se levantaron en rebelión para defender sus derechos comunes, de aquí el nombre de comuneros. Fue un último intento de levantamiento de los comunes tradicionales contra el nuevo sesgo que tomaba una monarquía, abierta a nuevos horizontes políticos y que también en línea con cuanto sucedía en el resto de Europa se convertía cada vez más pujanza en un régimen absoluto. El joven emperador accederá a alguna de sus peticiones de orden político. Los comuneros serían derrotados en los campos de Villalar (Valladolid), a la derrota siguieron varias notables condenas de muerte de sus cabecillas (Juan de Padilla, Juan Bravo y Pedro Maldonado, y más tarde del obispo Acuña, que se había levantado en Toledo asistido por un buen número de clérigos). Al regresar a España Carlos V dio una carta de perdón general (1522). Otro movimiento similar, pero con un mayor tinte social, llamado de la germanías o hermandades de artesanos y gremios contra el poder de los nobles, ocurre en el reino de Valencia (1522) y otra semejante en Mallorca (1521-1523), con desmanes y venganzas por ambas partes. Estos hechos obligarían al joven emperador a cambiar su política.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Se cuentan hasta 30 provisiones suyas de este tipo de obispos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para salvar el principio de los Reyes Católicos (“obispos naturales de estos reinos”), el rey Carlos concedía “cartas de naturalización” por las que se habilitaba a estos extranjeros a ser nombrados obispos de cualquier diócesis española; y si no podía dar provisiones de obispados, les daba pensiones sobre las rentas de estas diócesis. Estas provisiones llevaron al absentismo. Los obispos españoles debían comprometerse a residir en sus diócesis para poder recibir la provisión, con una especie de pacto, como dirá un obispo español en el concilio de Trento. Pero no la exigía de los extranjeros, que a veces eran cardenales italianos de curia. La exige de los españoles residentes en Roma o en la Corte. Pero era él mismo a dificultar o a imposibilitar la residencia porque se servía de los obispos para los servicios administrativos, civiles, para la dirección del consejo real, para las Cancillerías de Valladolid y de Granada, como embajadores, etc. Así, por ejemplo, el cardenal Pedro Pacheco, primer obispo residencial de Pamplona después de 80 años, nunca estuvo ni en Jaén ni en Sigüenza, sedes a las que había sido trasferido (1545-1560), y fue también virrey de Nápoles. El inquisidor Fernando Valdés nunca residió en alguna de las diócesis para las que había sido nombrado, e incluso consideraba abstractos a los “frailes teólogos” (como Victoria) y a los predicadores, como Pablo de León, que criticaban duramente este ausentismo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por todo ello vemos que en tiempos del emperador Carlos V en sus dominios europeos, también en España hubo periodos en los que encontramos que pocos obispos residían en sus diócesis. El hecho ahondaba sus raíces en motivos de ambiciones a ser trasladados a sede más importantes, por ser más ricas, con posibilidades de ejercer influencias y tener mayores poderes; en una palabra, una mundanidad infiltrada en aquellas esferas episcopales, denunciadas con dureza por parte de figuras episcopales del calibre del agustino Santo Tomás de Villanueva (1486-1555), arzobispo de Valencia&amp;lt;ref&amp;gt;Tomás de Villanueva O.S.A. (Villanueva de los Infantes, Ciudad Real, 1486 - Valencia, 9 de septiembre de 1555), predicador, escritor ascético y religioso agustino español, y arzobispo de Valencia. Es el primer santo canonizado salido de las aulas de la Universidad de Alcalá de Henares.&amp;lt;/ref&amp;gt;y más tarde en el concilio de Trento por parte del obispo dominico portugués Bartolomé de Martyribus en su “''Stimulus pastorum''”&amp;lt;ref&amp;gt;Bartolomeu de Martyribus [Fernández], o de Braga (1514-1590), nacido en Verdela cerca de Lisboa el 3.V.1514, dominico en 1527, enseña en varios conventos y fue preceptor del infante hijo del rey de Portugal; arzobispo de Braga y primado de Portugal en 1548, participó en las últimas 9 sesiones del Concilio de Trento. Se dimite en 1582, e muere santamente a Viana do Castelo el 16 de julio de 1590. Escribió mucho y sus  manuscritos se conservan el en archivo de los dominicos de Roma. Su Opera omnia, cura et studio M. Inguimbert, arch. Teodos., fue publicada en Roma en 1734-35. En 1754 se introdujo en Braga su proceso de canonización siendo declarado venerable en 1845 y beatificado el 4.XI.2001 (AAS, XCIV [2002], pp. 615-617. Bibl.: J. Quétif e J. Echard, Scriptores Ordinis Praedic., II, Paris 1721, p. 296; L. Muñoz, Vida de Fr. Bartolomé de los Martyres, Madrid 1645; ''en el archivo O.P. de Roma se encuentran los tres volúmenes de los procesos de su canonización'' (Roma 1819-44).&amp;lt;/ref&amp;gt;.  A pesar de estos límites, serán los obispos españoles quiénes en Trento lucharán por la reforma del episcopado y por la residencia de los obispos en sus diócesis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''7.6. El clero inferior''. Hacia finales del s. XV y comienzos del XVI el clero, tanto el secular como el regular, contaba como ya se ha indicado, un alto porcentaje de miembros. En el clero diocesano había un clero “medio”, al que pertenecían los canónigos de los capítulos, el de las colegiatas y los párrocos de parroquias importantes. Los canónigos como cuerpo habían sufrido el contragolpe de la acción de los reyes Católicos. Esta clase clerical pertenecía de hecho a la antigua estructura feudal, por lo que buscaron  defender su posición. Con frecuencia vivían con un tenor de vida bastante secular y garantizaban también una serie de beneficios a su parentela, por lo que con frecuencia accedían a estos cargos, más por intereses económico-sociales que por vocación a la vida clerical. Pertenecían al considerado clero bajo, la mayoría de los párrocos, de los capellanes y de los beneficiados menores. Tenían que ejercitar un oficio para poder vivir porque las rentas del beneficio no eran suficientes. Los reyes Católicos trataron reformar también a este clero, juntamente con obispos y otros prelados, buscando la promoción del sacerdote reformado ideal. En esta empresa tendrán luego un papel fundamental  muchos tratadistas teológicos, jurídicos y humanistas como Vitoria, el arzobispo de Toledo Carranza, Soto, San Juan de Ávila, fundador en su tiempo de varios colegios-seminarios para la formación del clero, ya antes de Trento&amp;lt;ref&amp;gt;Mandará al Concilio los conocidos “''Memoriales''” a través del obispo Guerrero de Granada su discípulo, que serán tomados en cuenta a la hora de tratar sobre la reforma del clero y la institución de los seminarios.&amp;lt;/ref&amp;gt;, Luis de Granada y otros muchos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A la luz de cuanto descrito surge una pregunta obligada: ¿Se puede hablar en un sentido apropiado y estricto de una Iglesia “nacional” española, como se habla de la “Iglesia galicana” en Francia o de la “Iglesia anglicana” en Inglaterra? Las tendencias eclesiales centrífugas se dan en varios países de Europa y se agudizarán a partir del siglo XVI. No parece que se pueda hablar en el mismo sentido en el caso español y en el portugués. Ciertamente en España y Portugal se podría ver en sistema  del “Patronato” y del “Padroado” una expresión centrífuga. Sin lugar a dudas existe una conciencia bastante claro de la propia identidad nacional y eclesial, pero sin llegar a los límites de las concepciones de buscar la creación de una Iglesia autónoma del Papado, ni siquiera la defensa de “unas libertades eclesiales adquiridas” como sucedía en otros países europeos. La fidelidad al Romano Pontífice nunca fue puesta en duda a lo largo de esta historia ni por los Reyes ni por los obispos, juristas y teólogos españoles. Incluso el largo proceso de elaboración de la doctrina sobre el Patronato no fue ni fácil ni unánime. Se legisló sobre la exclusión del episcopado de todo extranjero, en la práctica esta regla fue con frecuencia olvidada o se encontraron salidas para evitarla. Incluso las “represalias” que tomaban los Reyes contra Roma, fueron siempre mitigadas por el realismo en las relaciones, tensiones sin ruptura, que al final se recomponían. En todo caso serán más duras en el siglo XVIII con la dinastía de los Borbones, incluso con nuevas y más radicales interpretaciones en favor de las dos Potencias católicas del Patronato o del Padroado, pero ya era una situación nueva que la Iglesia vivía en toda la antigua cristiandad europea bajo los regímenes del absolutismo ilustrado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==NOTAS:==&lt;br /&gt;
  &lt;br /&gt;
&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==BIBLIOGRAFÍA:==&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
'''FIDEL GONZÁLEZ FERNÁNDEZ'''&lt;/div&gt;</summary>
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		<updated>2014-03-31T20:50:46Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.173: /* 7.  La Iglesia Española de finales del S. XV y comienzos del s. XVI */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;==ESPAÑA; la sociedad española  en la época de los descubrimientos== &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==1. La España de los Reyes Católicos==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Durante la llamada Edad Media, la Iglesia había sido el punto de referencia en la creación en la Península Ibérica de una historia común. Algo semejante había sucedido también en la Europa medieval, pero en el siglo XVI aquella historia común europea se interrumpe con las divisiones religiosas y culturales. El momento en el que sucede el encuentro entre España y América coincidió con el paso de una época a la otra. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La unidad dinástica de los reinos hispanos sucede en 1479 con la fusión personal de Castilla-León y Aragón-Cataluña, por el matrimonio de los dos monarcas de ambos reinos: Isabel I (la Católica) de Castilla-León y Fernando V (el Católico) de Aragón. Doce años después (el 6 de enero de.1492),con la reconquista del reino moro de Granada, se cierra el ciclo de la reconquista y la unidad practica de los reinos españoles, bajo el lema que adoptan de igualdad de poderes y unidad de decisiones de las dos Coronas en una, con el lema “''tanto monta, monta tanto, Isabel como Fernando''”, y la simbología heráldica para expresar aquella unión (el ''Yugo'', letra inicial de Isabel, entrelazado con la ''Flechas'', letra inicial de Fernando). Este hecho tendrá repercusiones incalculables en el futuro de la misma España como en el Nuevo Mundo, que pronto iba a entrar en la escena mundial de la mano española. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una frase: &amp;quot;''en cabeza del rey''&amp;quot;, iba a expresar lapidariamente el papel de la monarquía en aquella empresa: frase que ya se encuentra en autores de la primera hora, y que viene a significar el papel o responsabilidad del Rey o de la Corona en todos los asuntos del gobierno, tanto civil como eclesiástico, del Nuevo Mundo: administración de la justicia, patronato, legislación, defensa de los derechos del indio, etc., como Fray Domingo de Betanzos, Francisco López de Gómara, en su ''Historia General de las Indias'', o más tarde Felipe Guamán Poma de Ayala (comienzos del s. XVII) y muchos otros recuerdan en sus historia y crónicas.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
La España de los reyes Católicos era una España claramente identificada con la historia que le había dado origen. Su monarquía conservaba todavía esta conciencia. Tal es la clave para comprender muchas iniciativas políticas y religiosas de los Reyes Católicos, Isabel I la Católica de Castilla y Fernando V el Católico de Aragón, y de sus descendientes, principalmente Carlos I (V como emperador del Sacro Romano Imperio Germánico) y Felipe II, y de sus descendientes los demás reyes de la Casa de Austria española (o Augsburgo). Durante el reinado de los reyes Católicos acontecen en la historia nacional española algunos grandes hechos: la unión dinástica de los dos grandes reinos ibéricos de Castilla-León y de Aragón-Cataluña con el consiguiente reforzamiento de la monarquía y la regularización del sistema administrativo de la Corona; la reforma de la vida eclesial en sus diversos niveles; la conclusión de la lucha secular de la reconquista del dominio musulmán del suelo patrio, que antiguamente había formado el reino hispano-visigodo; el comienzo de la expansión transoceánica que dio como resultado la llegada a las tierras del Nuevo Mundo, que para el historiador, capellán de Cortés, Francisco López de Gómara, había sido “''el más grande acontecimiento después de la creación del mundo si se exceptúa la encarnación y la muerte de Aquel que lo había creado''”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta empresa política, pero también evangelizadora, fue posible gracias a la existencia de un sujeto tanto político como católico en la comunidad hispana, impregnada en este último caso de una conciencia de la fe católica, sea a nivel popular como en la Corona. Los Reyes Católicos tenían una clara conciencia de su autonomía política en la esfera secular. La tenían también como cristianos. También como príncipes católicos no estaban exentos de una mentalidad jurídica muy extendida en las relaciones entre los Estados cristianos nacientes y la Iglesia de querer controlar la vida eclesial en sus Estados, pretensión común en los gobernantes (o príncipes) cristianos de esta edad moderna. Tal pretensión, que databa ya de siglos anteriores, llevaría en muchos casos a caer en la tentación, nunca escondida, de crear de hecho Iglesias nacionales, bajo el control del Estado. En el siglo XV, a pesar de la crisis conciliarista, tenían una sana conciencia del papel del Papa como cabeza de la Iglesia y reconocían su misión y supremacía en el campo eclesial y espiritual, “''no reconociendo superior temporal sino a Dios Omnipotente, y dando la obediencia espiritual debida al Sumo Pontífice y a la Iglesia apostólica de Roma''”, como escribía entonces Fernández de Oviedo, uno de los primeros testigos e historiadores de la conquista en el Nuevo Mundo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El papel de la corona fue fundamental en los tres siglos siguientes, tanto en el ámbito de los descubrimientos y de la colonización, como en el de la evangelización. Ya desde el alba de la presencia española en el Nuevo Mundo, los Reyes Católicos emanaron una serie de disposiciones o cédulas legales y administrativas con el fin de regular un gobierno recto en aquellas tierras, y afrontar las problemáticas humanas, políticas y evangelizadoras que aquellas situaciones inéditas planteaban. En tal sentido el testamento del 12 de octubre de 1504 y el codicillo de Isabel la Católica añadido el 23 de noviembre de 1504, tres días antes de morir, dan las directivas del proyecto político (relación entre españoles e indios, y derechos de éstos) y de la evangelización e implantación de la Iglesia en América. Aquel texto fue codificado y se convirtió pronto en un texto legal, caso único en la historia constitucional de un país, entrando así a formar parte de la legislación de España sobre las Indias hasta las independencias de sus países.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==2.La población española en el momento del descubrimiento de América== &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se calcula que en el momento del descubrimiento de América, España tenía unos ocho millones de habitantes. De ellos, antes de 1492, medio millón eran judíos (la expulsión en masa de los mismos acontece en 1492) y un millón de mudéjares&amp;lt;ref&amp;gt;Mudéjares: musulmanes que vivieron en convivencia con los cristianos, tras ''la reconquista'' por éstos del territorio peninsular español. La palabra “mudéjar” deriva del vocablo árabe ''mudayyan'', equivalente a “vasallo” o “sometido”; acepción etimológica que no aparece en la documentación medieval, pero que se populariza a partir del siglo XIX.&amp;lt;/ref&amp;gt;a los que luego habría que añadir los “moriscos”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Cómo se distribuía socialmente esta población? Un 80 % era rural. Se daba una endeblez numérica de clases. Lo que hoy se suele llamar &amp;quot;clase media&amp;quot; (pero que en este caso sería un anacronismo), puede ser distribuida de la siguiente manera: un 3%, que no eran clé¬rigos, ni militares, ni campesinos, ni patricios urbanos; eran gente común. Había unos 75.000 clérigos o eclesiásticos&amp;lt;ref&amp;gt;Algunos hablan de un total de unos 40.500 miembros del clero secular o diocesano, pero las estadísticas no son siempre fiables.&amp;lt;/ref&amp;gt;, el 1% de la población, de los que unos 2000 o 3000 pertenecían al llamado &amp;quot;clero alto&amp;quot;. Los nobles o hidalgos de variada posición y entidad eran unos 115.000, el 2% de ese número total. En cuanto a la propiedad las tierras, éstas pertenecían al 2% o 3% de la población que poseían el 97% de las mismas. Esta alta aristocracia, personal o jurídica, era dueña de la mitad de España. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Y cómo se componía ésta aristocracia? Se contaban unas 50 familias unidas por vínculos de sangre y que constituían de hecho una fuerza social, política y económica paralela a la del rey, como lo demuestran las convocatorias de frecuentes “Cortes” para tratar los asuntos importantes del Reino, proclamar o reconocer al rey, que debía jurar sus fueros&amp;lt;ref&amp;gt;Los ''Fueros'' (del latín forum; derechos, leyes) son un cuerpo de leyes, considerado entre las más importantes fuentes del derecho en España.&amp;lt;/ref&amp;gt;, proclamar ante ellas por parte del rey leyes, cédulas reales o disposiciones en los campos civil o eclesiástico y determinar la política a seguir en el Reino. Las Cortes eran en la antigua historia española medieval y en los comienzos de la moderna una asamblea general del Reino que convocaba el rey en los antiguos reinos de España para tratar asuntos de estado, generalmente, la elaboración de leyes y la concesión de impuestos: a las Cortes acudían los representantes del clero, de la nobleza y de las poblaciones importantes, ayuntamientos de ciudades y de villas. En las “Cortes” se encontraban representadas las diversas entidades o corporaciones que componían el Reino. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En todo este tren de vida política, algunos nobles (en realidad pocos), descendientes en buena parte de antiguas familias de caballeros, protagonistas en la reconquista, o de otros nuevos allegados por méritos o por influencias, ocupaban puestos en la Corte real, la que en esa época solía ser “ambulante” a lo largo de ciudades y villas del Reino. Estos nobles, que con frecuencia poseen sus castillos y palacios, comienzan a llevar un tren de vida a veces fastuoso. Estaba luego una pequeña nobleza de mayor peso social y económico, y otra mediana formada por militares, hijosdalgo, y caballeros, que constituyen dos poderosos es¬tratos sociales. El estamento militar asiste por derecho propio a las Cor¬tes. Vive en posesiones rurales e influye en el gobierno a través de la parentela y vínculos de nobleza. De esta pequeña noble¬za se recluta lo mejor de los capi¬tanes, diplomáticos y funcionarios. De la pequeña nobleza salieron muchos obispos (&amp;quot;llanos&amp;quot;, no pertenecientes a la aristocracia o alta nobleza). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se debe también hablar de una incipiente nobleza urbana: terratenientes, ricos por herencia, no comerciantes, y que es más culta que la nobleza militar. Sus hijos llenaban las universidades. También de aquí salen canónigos, obispos, abades. Fueron excelentes secretarios y administradores. Los pobladores de las pueblas (poblaciones fundadas con privilegio real y cuyos vecinos formaban “ayuntamientos” y concejos) y las villas (con sus pobladores llamados &amp;quot;villanos&amp;quot;) tienen acceso o movilidad de ascenso a ese tipo de nobleza y constituyen una parte importante y fundamental en la estructura del Reino. La tendrán en el poblamiento español del Nuevo Mundo con sus fundaciones, al estilo castellano o de la madre patria. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la estructura y en la vida social y política del Reino se encuentra el clero. Constituye un grupo social peculiar dentro de la sociedad. Dentro de él hay de hecho un clero socialmente alto y otro clero bajo, no por procedencia social, sino por los puestos que ocupan en la estructura eclesiástica. El clero tiene un fuerte espíritu corporativo (como en los otros países de la cristiandad medieval hasta la edad contemporánea) para defender sus inmunidades. Su fuerza económica la constituyen los diezmos (en especie, que se subastaban). La mentalidad de cada estrato era fuerte y reflejaba con frecuencia también su procedencia social. El papel del alto clero era notable. Constituían la columna vertebral de muchos sectores de la administración pública, cancilleres, presidentes y miembros del Supremo Consejo de Indias, cuando éste fue creado, y de muchos tribunales. Personajes fundamentales en la España de los tiempos del descubrimiento de América, como el arzobispo Talavera, Deza, los cardenales Cisneros y Mendoza, por citar nombres universalmente más conocidos, lo demuestran. En conjunto forman un grupo notable por &amp;quot;letras y virtud&amp;quot;. Muchos de ellos actuaron en la vida política e incluso en la militar; son parte de la última hornada de prelados-capitanes, como lo fue incluso el cardenal franciscano reformador Francisco Ximénez de Cisneros (que tiene su proceso de canonización introducido). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dentro del clero se encuentra una especie de alto clero menor, generalmente hacen parte de ella los prebendados (que eran dignidades, canónigos o racioneros de alguna iglesia catedral o colegiata). Normalmente son de elevada categoría intelectual. Existen 47 capítulos ca¬tedrales de gran poderío económico y con un nivel moral bastante bueno en general. Sin embargo entre el bajo clero, incluso entre el religioso, se da a veces inmoralidad, ignorancia y pobreza. Este fenómeno de decadencia en una parte del clero regular y secular era un fenómeno de la cristiandad europea de la época, con numerosos intentos de reforma por parte de papas y concilios a lo largo del siglo XV y comienzos del XVI. Basta recordar cómo el tema de la reforma del clero aflora y es tratado específicamente desde el Concilio de Constanza (1414-1418), Ferrara-Florencia (1438-1445), Lateranense V (1512-1517). En este cuadro el caso español corresponde al del resto de Europa. Sin embargo no se puede generalizar. Los concilios provinciales vigilaban y urgían por una reforma de las costumbres entre el clero. El siglo XVI será un siglo de notables &amp;quot;reformas&amp;quot; en este sentido, que verá el florecimiento de muchas Órdenes religiosas reformadas, de varios concilios provinciales y culminará con las reformas del Concilio de Trento (1545-1563). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Había en la España a la que nos referimos lo que se podría llamar &amp;quot;grupos medios&amp;quot;, aunque el término no corresponda a la moderna acepción de “clase social”. Eran gentes de ejercitaban oficios y menesteres necesarios en toda sociedad, especialmente en villas y ciudades como mercaderes y comerciantes, no¬tarios, abogados, barberos (que ejercitaban a veces también una medicina rudimentaria, pero importante), médicos y curanderos y pequeños administradores. Demográficamente eran débiles. De ellos salía 1/3 o 1/4 de los regidores. Solían componer (en reinos como en Aragón) los cabildos de las ciu¬dades. Son la raíz de la futura burguesía industrial y mercantil.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los artesanos constituían una especie de clase o grupo modesto urbano, que vivían asociados en gremios. La artesanía era más bien patriarcal y familiar, y menos técnica de taller, como en Italia o en Flandes. Proporcionaban un tercio o un cuarto de los regidores&amp;lt;ref&amp;gt;Los regidores eran los concejales de los ayuntamientos, miembros del cabildo de Indias o de las corporaciones locales.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Constituían la masa popular en los festejos. Este grupo social tiende a superarse y a presentarse bien. Su vida era suficientemente holgada. La población de todas estas clases sociales componía el 20% de los habitantes de España. Luego estaban los campesinos, que son un 80%, en desigualdad de condiciones, según las regiones. Había campesinos &amp;quot;de señorío&amp;quot;, a veces en penosas condiciones, y campesinos de realengo&amp;lt;ref&amp;gt;Poblador o vecino de una circunscripción o concejo que no era de señorío ni de las órdenes, y que pertenecía a la Corona.&amp;lt;/ref&amp;gt;, a veces muy dignos. Pero toda la población vivía a veces sometida a calamidades y grandes crisis, comunes a todo el resto de Europa, como pestes y enfermedades endémicas y crónicas, sequías o superabundancia de lluvias, inviernos crudos, o veranos tórridos; todo ello provocaba muertes frecuentes y prematuras, y hambrunas frecuentes, sobre todo en las tierras más áridas o secas como las castellanas. Sin embargo estas penosas situaciones, con frecuencia endémicas, no provocaron sublevaciones populares, como sucedió en otros lugares de Europa; basta pensar a las sublevaciones de los campesinos y de los caballeros en la Alemania de los tiempos de Lutero o en otras semejantes en la Italia e incluso en la Roma de los siglos XIV y XV.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y ¿cuál era el valor monetario corriente en esta época? En el caso español el más común era el &amp;quot;ducado&amp;quot;, que correspondía a 375 maravedís, una equivalencia a unos ocho jornales de obrero especializado o veinte jornales de un peón. El marqués de Villena, por ejemplo, tenía 100.000 ducados de renta al año. La Iglesia (sus instituciones y su personal ministerial) tenía seis millones de ducados de renta: dos millones el clero re¬gular y cuatro, el clero secular.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==3. La España católica y la Reconquista==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
1. ''Carácter y temperamento del catolicismo español de la época'': ¿Cómo se explica la vehemencia y también la fuerza del catolicismo español? Hay muchas teorías y opiniones al respecto. No hay que olvidar la característica historia cristiana española a partir del siglo VIII, cuando los musulmanes del Norte de África invaden el Reino español de los visigodos y lo desbaratan en la batalla de Guadalete (Andalucía) donde perece el último rey visigodo Don Rodrigo, que pasará a la leyenda épica española en multitud de romances (711). Casi todo el Reino visigodo español cae bajo dominio musulmán, si se exceptúan las regiones montañosas del Norte, astures, cántabros, vascos, y zonas de la Navarra y de la Cataluña pirenaica. En el año 721 encontramos los hechos conocidos como “''batalla de Covadonga''” en las montañas de Asturias, donde un príncipe visigodo, Don Pelayo (+737), levanta el estandarte de la &lt;br /&gt;
Cruz contra el invasor musulmán y da comienzo a la Reconquista, que se concluirá en 1492, en Granada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue el comienzo del minúsculo Reino de Asturias, que lentamente alargará sus fronteras reconquistando los territorios de León y luego las mesetas castellanas. Dará lugar así al nacimiento, como prolongación del reino asturiano del de León (s. IX), y más tarde al de Castilla (s. X) (Castilla y León unidas de nuevo a partir del 1230), del que nacerá con el tiempo el condado de Portugal (condado dependiente de Castilla a partir del 1094 y luego reino, totalmente autónomo). En el caso Asturiano ya a finales del siglo VIII se funda la ciudad de Oviedo (760), alrededor del monasterio benedictino de San Pelayo, donde el rey Fruela  I (757-768) establecerá su Corte y que alcanzará un notable esplendor artístico en tiempos de su hijo y sucesor Alfonso II el Casto (rey 792-842), contemporáneo de Carlo Magno, con el que mantendrá relaciones culturales y políticas. Nace así aquel arte que todavía hoy se contempla en la región asturiana, el llamado “pre-románico”, la preciosa Cámara Santa de la Catedral de Oviedo, como relicario de valiosas reliquias traídas del resto de la España invadida por los musulmanes, entre ellas la Cruz de la Victoria (símbolo de la reconquista, levantada por su primer caudillo don Pelayo), la de los Ángeles símbolo heráldico de Oviedo, de tiempos del rey Alfonso II, el Santo Sudario y otras muchas de indiscutible valor histórico y religioso. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este tiempo de Alfonso II el Casto, comienza la histórica peregrinación hacia Compostela, lugar donde se señalaba la traslación de las reliquias del Apóstol Santiago y que dará lugar a uno de los tres grandes centros de peregrinación medieval: Santiago, Roma y Jerusalén. Algo semejante comienza a suceder en las estribaciones de los Pirineos aragoneses (como en los alrededores del monasterio de San Juan de la Peña) y catalanes. Son las raíces tempranas de varios condados y marcas del reino de Aragón, con una historia unida a los nacientes reinos de Navarra y de Castilla y de los condados catalanes, cuya historia autónoma comienza a caminar a partir del s. IX, y que pasados varios siglos se unirán a la Corona aragonesa (Alfonso II de Barcelona, conde de la misma y rey de Aragón, une al reino aragonés el condado hereditario de Barcelona en 1162).  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin embargo la reconquista fue dura y larga. De hecho, hacia el año 750, gran parte de la península se encontraba bajo el califato de los Omeyas, en Córdoba, fundado por Abd-er-Rhaman I (756-788), que llega a su máximo esplendor en tiempos del califa Abd-er-Rhaman III (912-961). Y sus caudillos atormentaban con continuas incursiones los territorios cristianos. Así todavía en el año 1000, el caudillo musulmán Almanzor logró llegar hasta la misma Compostela en el oeste y a Barcelona en el este, convirtiendo en tierra quemada cuanto encontraba a su paso&amp;lt;ref&amp;gt;Almanzor, Muhammad ibn Abi ‘Amir, en árabe  ???????, al-Man?ur, o sea al-Man?ur bi-llah (“Aquel que Dios ha hecho vencedor”) (c. 938-1002), caudillo militar del Califato de Córdoba desde el 978 hasta su muerte, según las fuentes árabes y algunas cristianas (Historia Compostellana e Chronicon Burgense) habría muerto en agosto de 1002 en Medinaceli (en la actual provincia española de Soria) como consecuencia de las heridas sufridas en la batalla de Catalañazor. Los hechos se encuentran en las crónicas cristianas y en las árabes, cada una con su propia versión. Tardíamente (más de dos siglos después), el arzobispo de Toledo Rodrigo Jiménez de Rada y el obispo de Lucas de Tuy repiten la historia, con algunas claras equivocaciones. Los reyes de León, de Navarra y el conde de Castilla se habían unido para atacarlo habiéndole infligido una derrota terrible. Esta derrota de Almanzor ha entrado en la leyenda y en la épica española cristiana como una de las victorias con mayor significado religioso en la historia de la reconquista. Según algunos, en Catalañazor, habría sido derrotada la “retaguardia” del ejercito de Almanzor, ya en retirada, muriendo en su campamento de Medinaceli. Cf. Gonzalo Martínez Díez, El condado de Castilla, 711–1038: La historia frente a la leyenda, Marcial Pons Historia, 2005, 581–4; Juan Castellanos Gómez, La batalla de Calatañazor: mito y realidad. Revista de historia militar, 91 (2001), 25–42; ''The New Cambridge Medieval History, III'': c. 900-c.1024, Edited by Tomothy Reuter, 27: Sicily and al-Andalus under Muslim rule; 28: ''The Spanish Kingdoms, print publication year'': 2000; on line publication year: 2008; Rafael Altamira, Il califfato occidentale, en Storia del mondo medievale (trad. della Cambridge Medieval History), Milano, Garzanti, vol. II, 1999, pp. 477-515.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Por ello también los reinos cristianos en su avanzada hacia el sur, de grandes ríos en grandes ríos, desde el Duero hasta el Tajo, van creando espacios desiertos de frontera para estorbar las frecuentes incursiones de los reinos musulmanes. Son la “Extrema-dura”, o las vacías y desérticas tierras fronterizas; se van levantando castillos y fortalezas a lo largo de la geografía hispana que darán también lugar incluso al nombre del futuro condado y reino de Castilla.&lt;br /&gt;
En esta misma época se asiste al nacimiento del califato de Córdoba, que en mundo islámico de la época es de la misma grandeza esplendorosa de los de Damasco y Bagdad, y a su historia cultural incomparable, que ha dejado una herencia imborrable en la cultura mundial e hispana. Entre el 1009 y el 1031, el califato de Córdoba se va dividiendo en pequeños estados independientes (reinos de taifas), entre los que hay que recordar: Toledo y Badajoz (1009); Murcia (1010); Zaragoza (1012); Almería y Granada (1013); Denia (1014), Málaga (1016); Valencia (1021); Sevilla (1023); Mallorca (1015); Córdoba (1031), etc.. luego: Orihuela, Huesca, Jaén, Carmona, Niebla, Algeciras. Incluso Córdoba se erige en una especie de republica aristocrática entre 1031 y 1070; es ocupada por el rey musulmán de Sevilla en 1070; conquistada por los musulmanes Almorávides de África en 1086 y luego en 1148. En 1091 los musulmanes Almohades de Mauritania invaden los reinos musulmanes de la Península ibérica (1091-1229), que serán derrotados por los reinos cristianos unidos en la batalla de Las Navas de Tolosa (1212), comenzando así la fase final de la reconquista cristiana. El rey castellano Fernando III ''el Santo'', conquistará Córdoba el 29 de junio de 1236 y Sevilla en 1248. Ya en 1085, el rey cristiano Alfonso VI de Castilla había conquistado Toledo y la había convertido en su corte; los aragoneses habían reconquistado Zaragoza en 1146. Jaime I de Aragón reconquista Valencia el 29 de septiembre de 1238. El último reino musulmán de la Península ibérica, Granada, será reconquistado por los Reyes Católicos, Isabel y Fernando, el 5 de enero de 1492&amp;lt;ref&amp;gt;“Fruto del Romanticismo literario se desarrolla en el siglo XIX la mitificación de al-Andalus. Desde entonces,. Dos imágenes por igual hipertrofiadas tienden a representar en exclusiva esta faceta de la Historia de España. Y si bien hoy nadie sostiene en serio que ignorancia, despoblación y desertificación africanas fueran el corolario inevitable de la invasión musulmana, por el contrario –y por razones muy del momento- sí subsiste una corriente publicistica que no se contenta con embellecer en su magín los surtidores del Generalife [en la Alhambra de Granada] […] y va mucho más lejos, manteniendo que un al-Andalus superior, refinado y culto sucumbió ante unos cristianos bárbaros, ignorantes y torpes. La idealización maurofila, al retomar para la Hispania musulmana dos de los mitos más caros al eurocentrismo (el del Buen Salvaje y el Paraíso Perdido), trasluce una actitud que se sale del terreno del análisis racional de la sociedad y de la Historia y se hunde en el de la fe o las creencias religiosas” (Serafín Fanjul, ''Al-Andalus contra España. La forja de un mito'', Ed. siglo XXI, Madrid 2005, 3ª edición, Presentación), con amplia bibliografía sobre el tema. El Autor trata de estudiar históricamente el influjo real del mundo cultural islámico en España, sus logros y sus límites.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''2. La Reconquista'': Entre el 830 y 1030, se vive un período de dos siglos de exaltación cristiana en la Reconquista; florece la cristiandad mozárabe&amp;lt;ref&amp;gt;Mozárabes (del árabe musta?rab, 'arabizado'; en árabe: ??????), es el nombre con el que se conocía a los cristianos que vivían en el territorio en España bajo dominio musulmán. Tenían en la esta sociedad el estatus legal de “dimmíes”, que compartían con los judíos, como no creyentes en el Islam. A efectos prácticos su cultura, organización política y práctica religiosa eran toleradas, y contaban con cierta cobertura legal. Estaban obligados a tributar impuestos de los que los musulmanes se veían exentados y sufrían otras muchas restricciones en la vida civil y religiosa, como la de no poder construir iglesias ni arreglar las ya existentes. Los mozárabes que pasaban al Islam (generalmente por motivos fiscales) y se arabizaban pasaban a ser llamados “muladíes”. La legislación islámica protegía a los no musulmanes, pero favorecía su paso al Islam con medidas de orden muy diverso, sobre todo de tipo económico-fiscal.&amp;lt;/ref&amp;gt;y nacen o avanzan los reinos cristianos: León, Castilla y Navarra, nace el de Aragón y los condados catalanes, entre los que emerge el de Barcelona cuyos condes, con el andar del tiempo, se convierten en reyes de Aragón, dándose así la unión dinástica entre ambos estados. En los siglos XI, XII, XIII: la Reconquista avanza en las diversas líneas fronterizas: del Duero, luego hasta el Tajo, con la conquista de Toledo, la antigua capital visigoda, la ciudad de las tres culturas o religiones (cristiana, islámica y hebrea, que había alcanzado un enorme esplendor cultural frente al resto de la misma Europa medieval cristiana). Por parte suya se asiste a una decadencia y luego al ocaso del califato de Córdoba, la división del mismo en números reinos de taifas que pueblan el sur de la Península&amp;lt;ref&amp;gt;Con el término re de los taifas (en árabe: ???? ???????, muluk al-?awa?if: ?a?ifa árabe significa “parte, minoría étnica, facción”) (llegarán a ser unos 39) se indican los pequeños estados que surgen como consecuencia de la decadencia, disolución y anarquía del Califato de Córdoba, a partir del 1009, con la abdicación del califa y la siguiente abolición del califato de la dinastía de los Omeyas en 1031 con la deposición del califa Hisham III. Se proclamaron numerosos pequeños reinos regidos por familias árabes, bereberes o de origen eslavo que constituyeron verdaderas dinastías tribales o familiares, que solían mantenerse en el poder con tropas mercenarias, incluidas algunas también cristianas. La situación cambia en el siglo XII con la invasión de los musulmanes del reino almorávide del norte de África, pero, disuelto este reino, comienza de nuevo otro periodo en el que nacen nuevos reinos de taifas entre 1144 y 1170, cuando otros invasores musulmanes, los almohades del Norte de África invaden estos reinos. Tras la derrota de los mismos por los cristianos en la batalla de Las Navas de Tolosa (1212), nace de nuevo otro tercer periodo de reinos de taifas de corta duración, acabando con la fundación del llamado reino nazarí de Granada, que capitulará ante los reyes católicos el 2 de enero de 1492, consumándose oficialmente la Reconquista el 6 del mismo mes y año. Aquellas divisiones favorecieron la Reconquista cristiana.&amp;lt;/ref&amp;gt;.                    &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los musulmanes del norte de África intentan reconquistar las tierras perdidas y unificar a los reinos de taifas. Son las invasiones de los almohades. Pero en el año 1212 se da el paso definitivo del choque entre los reinos cristianos españoles y los musulmanes de los almohades en la batalla de Las Navas de Tolosa. Es la época que sigue a la renovación de la vida eclesial española a través de la aplicación en España de la reforma gregoriana con el apoyo de benedictinos y cistercienses. Es también la época de las grandes peregrinaciones a Santiago de Compostela, la del románico de los siglos XI al XIII, del nacimiento del gótico con sus grandes catedrales que se extienden por toda la geografía española hasta el siglo XV. En el siglo XIII la vida eclesial se renueva a través de los canónigos regulares primero, de los frailes mendicantes luego, entre ellos Santo Domingo de Guzmán, canónigo en Osma (Castilla), y sus dominicos y la llegada también de los franciscanos, y del mismo san Francisco, peregrino a Santiago de Compostela. Fernando III ''el Santo'' de Castilla y León, reconquista Sevilla y Córdoba, y su hijo, Alfonso X ''el Sabio'', da un nuevo esplendor a las letras y a la compilación jurídica de las antiguas leyes hispanas; las tres lenguas de su Reino (latín, castellano, árabe y hebreo) formaban parte del bagaje cultural del Reino&amp;lt;ref&amp;gt;Alfonso X fomentó la actividad cultural mediante el patronazgo y dirección de la ya existente Escuela de traductores de Toledo. Dicha Escuela aglutinó a un grupo de estudiosos cristianos, judíos y musulmanes que desarrollaron una importante labor científica al rescatar textos de la Antigüedad, y al traducir textos árabes y hebreos al castellano. Estos trabajos habilitarán definitivamente el castellano como lengua culta, tanto en el ámbito científico como en el literario. El afán de Alfonso por la divulgación de la lengua vernácula le llevó, siendo aún infante, a patrocinar la versión al castellano de ''Calila e Dimna'' y del ''Lapidario''. Además fue un excelente poeta en gallego-portugués. De su extensa obra destacan: el ''Fuero Real de Castilla'', el ''Espéculo'' y las ''Siete Partidas'', entre las jurídicas; las ''Tablas alfonsíes'', entre las astronómicas; y entre las de carácter histórico, la ''Estoria de España'' y la ''Grande e General Estoria o General Estoria'', acerca de la historia universal. ''Las Cantigas de Santa María'' es obra lírica, escrita en gallego-portugués, lengua común a gran parte de la poesía ibérica hasta finales del siglo XIV, cuando aparece el Cancionero de Baena, que ya está escrito en castellano. ''El Lapidario'' versa sobre las propiedades minerales, y el Libro de los juegos sobre temas lúdicos (ajedrez, dados y tablas), deportes de la nobleza en aquel tiempo. También en el campo religioso favoreció la difusión de la Biblia. Alfonso X realizó también la primera reforma (normalización) ortográfica del castellano, idioma que el reino adoptó como oficial en detrimento del latín. Este monarca bien introdujo en España nuevos conocimientos procedentes de los más distantes confines del orbe. Su especial interés en el arte, la historia, el derecho y la ciencia ejerció una profunda influencia en el desarrollo cultural de España y del resto de Europa.&amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En Aragón brillan las epopeyas de Jaime I, el conquistador de Valencia del dominio musulmán. A pesar de episodios lamentables para los cristianos, con signos de algunas episódicas luchas dinásticas y señales de decadencia, como en el resto de Europa, los Reinos cristianos españoles han entrado de lleno en el bullir de una conciencia que camina a pasos agigantados hacia el ocaso de la Edad Media y el nacimiento de una modernidad, todavía confusa, con la constitución de reinos-naciones, raíces de los futuros estados nacionales. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''3. La vitalidad de los reinos hispanos'': En este cuadro, los reinos hispanos se encuentran ya plenamente activos en la vida tanto eclesial como civil europea, con tratados, matrimonios reales, participación en la vida cultural europea con las nuevas universidades, de las cuales Palencia y luego Salamanca, pertenecen a la primera generación, o en los grandes y dolorosos conflictos que enturbian la paz de la “christianitas” europea, como los que caracterizan el siglo XIV y comienzos del XV, como el cisma occidental (1378-1417). Las suertes de la reconquista están echadas. Los reinos musulmanes que todavía persisten en el sur o se convierten en vasallos de los reyes hispanos o son reducidos a su mínima expresión, a pesar de momentos de gloria artística, como en el caso del reino nazarita de Granada. En esta época, los aragoneses y catalanes salen de sus fronteras, navegan por el Mediterráneo y buscan alianzas y ensanchar sus fronteras en el mismo: Nápoles, Sicilia, Cerdeña y hasta el extremo oriental del Mediterráneo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el territorio patrio no todo es fácil. El feudalismo antiguo persiste y la nobleza se encuentra inquieta con rebeldías endémicas que producen conflictos civiles y guerras episódicas de carácter dinástico dentro de las mismas familias reinantes, que después de todo se encuentran muy emparentadas entre sí. También en esta época de mediados del siglo XV, siguiendo el ejemplo del hermano Reino portugués, los castellano-leoneses salen al Atlántico e incorporan las Islas Canarias a sus dominios. Nos encontramos en tiempos de Juan II de Castilla y León, el padre de Isabel la Católica. Tras el reinado endeble y discutido de su hijo Enrique IV de Trastamara, llega el reinado de su hermana Isabel I la Católica, que se casará con su primo el príncipe Fernando de Aragón, que pronto se convierte en rey de aquel Reino. Con este matrimonio real, cambia radicalmente la historia española; se concluye la reconquista en Granada (1492)&amp;lt;ref&amp;gt;Había habido un reino musulmán taifa de Granada, controlado por la dinastía zirí desde 1013 hasta 1090; sigue luego el Reino nazarí de Granada desde 1238 hasta 1492. Tras la reconquista cristiana, el Reino de Granada conserva su denominación jurisdiccional territorial dentro de la Corona de Castilla, desde el siglo XV a 1833. Su símbolo heráldico (la granada) forma parte desde entonces del escudo de los reinos españoles y del Reino de la España actual.&amp;lt;/ref&amp;gt;se unifican en las personas de los dos reyes los reinos hispanos, bajo el famoso lema del “''Tanto monta monta tanto Isabel como Fernando''” y la simbología heráldica que los dos esposos reales adoptan. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Suceden también momentos muy discutidos por la historiografía antigua y reciente como la expulsión de los judíos (1492), malqueridos por sectores de la gente vulgar y de la nobleza a causa, sobre todo, de su papel en la recolección de los impuestos de la misma Corona y una antigua y jamás escondida animosidad, alimentada por antiguos prejuicios y leyendas populares, y por la persistente acusación de “deicidio” que las acompañaban por ser considerados presuntamente en parte, como una especie de “quinta columna” en la antigua época de las invasiones islámicas, y en la época de su expulsión, de los mismos turcos. Es en este momento histórico, y en el mismo año de toda esta serie de acontecimientos notables en la historia hispana, que acontece la aventura atlántica de Cristóbal Colón y el descubrimiento del Nuevo Mundo. Todo ello abrirá una nueva página en la historia hispana y también mundial. La noche quedaba atrás&amp;quot;&amp;lt;ref&amp;gt;Cf. García-Villoslada, R., ''Hist. de la Iglesia¬ Católica'', BAC, III, cap.XVIII.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==4. La mentalidad común de la época ante la infidelidad y la herejía== &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ocho siglos de esfuerzos en una reconquista  trabajosa, y no siempre constante y uniforme, forjaron un temperamento en la España cristiana de entonces, con sus luces y sus sombras, hasta alcanzar una ordenación unita¬ria. La reforma católica se adelanta casi un siglo y en forma origi¬nal en estos Reinos españoles unidos bajo los reyes Católicos. “''España […] que se había convertido en una gran potencia […] se convierte en el país del catolicismo del futuro […] pudo así convertirse en un cierto sentido en la patria espiritual de la restauración católica y de la contra-reforma''”&amp;lt;ref&amp;gt;K. Bihlmeyer – H. Tueche, ''Historia de la Iglesia, la época de las reformas, III'', § 158, 5.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Y esta actitud de lucha continúa bajo el nieto de los Reyes Católicos Carlos I (V como emperador): 1520-1558 frente a la herejía&amp;lt;ref&amp;gt;Cf. G.-Villoslada, ''o.c.'' Parte II, cap. I, ed.1960, pp.651ss. con bibliografia).&amp;lt;/ref&amp;gt;. Los teólogos del siglo XVI no abandonan la idea del “Orbis christianus” frente a la herejía. Según su posición general, no se puede dar ninguna coacción sobre los infieles para abrazar la fe, pero sí sobre los bautizados, para conser¬varla. Quedaba en pie un problema ante la situación en el suelo español de la población no cristiana de judíos y de moros: ¿por qué se da esa disyuntiva con-tra ellos de, o abrazar la fe o de emigrar? ¿En qué sentido el poder civil toma parte en favor de una solución radical en el asunto que lleva a la exclusión de estos grupos divergentes? ¿No fue en parte por motivos meramente seculares y civiles, con la naciente “razón de estado” de querer construir un reino unido (Estado) sin discrepancias o elementos centrífugos? ¿No estuvo esto en parte en los orígenes de la creación del tribunal de la Inquisición para examinar los falsos conversos, sea del judaísmo o del islamismo, y que más tarde se extenderá a otros divergentes religiosos, protestantes o pensadores considerados heterodoxos? ¿Protestaron los teólogos contra este tipo de coacciones?&amp;lt;ref&amp;gt;Cf. el tema tratado ya por Marcelino Menéndez y Pelayo en su ''Historia de los heterodoxos españoles'', Madrid 1880-1882.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==5. La nación española== &lt;br /&gt;
En el contexto señalado se forja un celoso nacionalismo, traducido en el estatuto de “lim''¬pieza de sangre''”, una especie ''de “culto al honor nacional e innoble criterio de casta''”&amp;lt;ref&amp;gt;El tema fu obsesivo sobre todo durante los siglos XVI-XVII. Cf. el vocablo, R. Gonzálvez, “''Limpieza de sangre''”, en DHEE, II, pp. 1297-1298; Alb. Sicroff, Les controverses des Statuts de pureté de sang en Espagne du [siecle] XVe au XVIIe siecle, Paris1960; J. Amador de los Ríos, Historia social, política y religiosa de los judíos de España y Portugal, Madrid, 1875-1876; A. Domínguez Ortiz, La clase social de los conversos en Castilla en la Edad Moderna, Madrid, 1955; Américo Castro, España en su historia. Cristianos, moros y judíos, Buenos Aires, 1948; J. Caro Baroja, Los judíos en la España moderna y contemporánea, 3 vols., Madrid, 1962&amp;lt;/ref&amp;gt;.Los siglos XIV-XV españoles fueron tolerantes. Para el siglo XVI se suelen dar las siguientes estadísticas de la población española&amp;lt;ref&amp;gt;Cf. la obra importante de F. Braudel,, La Mediterranée et le Monde méditerranéen à l’époque de Philippe II, Armand Colin, Paris 1949; Idem, Civilisation matériel, économie et capitalisme, XVI-XVIII siècle, 3 vols., Paris 1979.&amp;lt;/ref&amp;gt;unos 7.000.000 cristianos viejos; unos 350.000 conversos; unos 300.000 moriscos&amp;lt;ref&amp;gt;Moriscos (palabra que deriva de “moro”), fueron los musulmanes españoles bautizados tras la pragmática de los Reyes Católicos de 1502 (para Castilla) y de Carlos I de 1526 (para Aragón). Tanto los convertidos con anterioridad al catolicismo de forma voluntaria como los convertidos obligatoriamente pasaron a ser denominados moriscos porque la mayoría de ellos, de manera más o menos velada, siguieron con sus costumbres islámicas profesando también las religiosas. Por ello la Inquisición se preocupará de examinar los casos de los falsos convertidos. La importancia que tuvieron mudéjares y moriscos en España en la Edad Media y Moderna fue vital ya que las tierras reconquistadas se encontraban despobladas, por lo que se les permitió quedarse para su repoblación. Durante la época moderna vivían en numerosos territorios de realengo y de señorío feudal, especialmente en Aragón, Valencia y Sureste andaluz, dedicándose en especial a la agricultura (de regadío básicamente), a la artesanía (alfarería) y a la construcción. De hecho, el arte mudéjar es uno de los más representativos de la historia del arte español de la época&amp;lt;/ref&amp;gt;. De pronto aparece la intolerancia. ¿Por qué? La convivencia de cristianos, judíos y musulmanes en los reinos cristianos españoles durante la Edad Media, había tenido que ver con el proceso de &amp;quot;Reconquista&amp;quot; cristiana española de sus tierras invadidas, y la conquista por parte de los musulmanes, sobre todo de las tierras meridionales que ellos llaman Al Andalus (Andalucía, o “''tierra de los Vándalos''”, antiguos invasores de la misma de origen germánico en el s. V) y posterior ocupación del territorio por los diferentes reinos cristianos del norte de la península. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La escasa repoblación cristiana de sus nuevos territorios hace que sigan viviendo en ellos un importante número de musulmanes, tanto en zonas urbanas (aunque en barrios propios, como la morería de Zaragoza), como en zonas rurales (como siervos de señorío). El final de la Reconquista - con la toma de Granada- y la política religiosa de los Reyes Católicos, modifican la situación previa: en Granada se producen bautismos en masa, y los Reyes Católicos sólo permiten la religión cristiana en España, por lo que judíos y mudéjares han de convertirse o salir del país. En la lucha enconada contra el creciente poderío turco, se teme su alianza con el mismo y en concreto con los piratas berberiscos y turcos que atacaban las costas de la Europa cristiana. Los moriscos andaluces protagonizan  una insurrección en 1568 (la rebelión de las Alpujarras), que fue sofocada casi dos años después por don Juan de Austria, hermanastro de Felipe II. Los moriscos de esa zona fueron desterrados, hecho que aumentó la suspicacia contra ellos en otras regiones donde los moriscos eran todavía muy numerosos, como Valencia o Aragón. En 1609, con el rey Felipe III, se decretó la expulsión de los moriscos, primero de Valencia, después de los otros reinos españoles. Unos 300.000 tuvieron que abandonar España; la mayoría se dirigió al norte de África. Su marcha tuvo graves consecuencias demográficas y económicas, sobre todo en Valencia y en Aragón, afectando especialmente a la agricultura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todos los problemas señalados son complejos y de diversas interpretaciones. Los Judíos constituían una gran minoría cualificada; habían disfrutado por una parte de la protección de los reyes y por otra del odio del pueblo, debido fundamentalmente a su papel en el campo de la recolección de impuestos y al sistema de ganancias económicas con los préstamos; tal aversión será luego transferida a los falsos conversos o hebreos ocultos (''marranos''), algo común en otros muchos lugares de Europa y a los musulmanes pseudo-convertidos. En el caso español, ya en 1449 se había dado una explosión de odio en Toledo contra los conversos y  la puesta en marcha del llamado “''estatuto de sangre” (el de “limpieza''”). Casos semejantes se dieron en Córdoba, Jerez, Jaén, en el Reino de Castilla, y otros muchos semejantes en Aragón y Cataluña&amp;lt;ref&amp;gt;Aquí quiere basarse la hipótesis de los orígenes “''catalano-genoveses''” sostenida por: Salvador de Madariaga, Vida del Muy Magnifico Señor Don Cristóbal Colón, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1991, 9ª edición.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Debido también a las conversiones fingidas, el “estatuto de limpieza” pretendía restarles eficacia social. Aquí están en parte, los orígenes de la Inquisición española, que fue creada en el siglo XV precisamente para aclarar y combatir las conversiones ficticias de moros y judíos&amp;lt;ref&amp;gt;Cf. K. Bihlmeyer – H. Tuechle, Historia de la Iglesia, la época de las reformas, III, § 150: Antisemitismo e Inquisición española.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==6. Nuevos intentos de cruzada ante la caída de Constantinopla en poder de los turcos==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El tema de la “cruzada” flotaba en el ambiente español cristiano desde hacía siglos a lo largo de la “reconquista”, cruzada llevada a cabo en casa, como algunos la han llamado; pero era también una mentalidad muy extendida en la Europa medieval. Baste pensar a los últimos intentos de cruzada contra los turcos en tiempos de Pío II (1458-1464). La urgencia de la defensa contra el avance de los turcos había empujado a los griegos a buscar ayuda en la cristiandad latina occidental, e incluso a una posible reconciliación con Roma recomponiendo la antigua división entre Oriente y Occidente. Tal fue el intento que fracasaría tras el concilio de Ferrara-Florencia (1438-1445), porque no encontró el apoyo necesario en algunos metropolitas orientales y sobre todo en buena parte de los monjes y de la gente desde siempre muy influida por ellos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Constantinopla cae bajo el dominio turco el 29 de mayo de 1453, y su basílica de Santa Sofía será convertida en mezquita después de diez siglos desde su construcción. La caída de Constantinopla causó honda impresión en el mundo cristiano occidental; y no era para menos: había sido, desde los tiempos de Constantino, el corazón del Imperio Romano Oriental o Bizantino. Ahora se convertía en Estambul, cabeza del grande Imperio Otomano, que ponía también pie en el continente europeo, revolucionando así los cuadros políticos del Occidente cristiano. Por ello se explica el impulso que algunos, sobre todo el Papa, quisieron dar lanzando una nueva “cruzada” en defensa tardía del Imperio Bizantino. Fracasarán en sus intentos los Papas Eugenio IV, Nicolás V, Calixto II y Pío II, desde 1433 a 1464, debido sobre todo a las divisiones y rivalidades entre los nacientes estados nacionales europeos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este contexto, Eugenio IV llamó al Occidente cristiano en defensa de aquel Imperio (1443). Casi nadie se movió entonces, a excepción del rey de Polonia y el de Hungría, Ladislao, que fue vencido por los turcos en Varna, junto con el legado pontificio el cardenal Cesarini (1444). En otro lugar meridional de Europa, en Albania, Jorge Castriota, conocido con el nombre de Skanderberg, resistirá a lo largo de 24 años a la invasión turca. La derrota sufrida en Varna fue el prólogo de la caída de Constantinopla. El papa Nicolás V querrá renovar la llamada a una nueva cruzada que no logra comenzar; lo intenta su sucesor, el español Calixto III (1455-58) mandando predicadores de la misma por Europa e invitando a ella a los príncipes cristianos, proponiéndose no sólo liberar Constantinopla, sino también llegar incluso a Jerusalén. También aquí vemos una primera respuesta positiva por parte de los príncipes cristianos, pero que enseguida cae en el vacío.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un ejército cristiano guidado vía tierra por Juan Hunyadi, asistido por el cardenal Carvajal y animado espiritualmente por S. Juan de Capistrano, vence en Belgrado (1456), impidiendo así a los turcos continuar avanzando hacia Viena, mientras que Skanderberg los vencerá en Taormizza (1457), y el cardenal Scarampo, guiando vía mar una escuadra, los derrota en Metelino (1457). Calixto III esperaba entonces de nuevo una respuesta positiva por parte de las potencias cristianas. Pero de nuevo la indiferencia y las rivalidades, agravadas con la muerte de Juan Hunyadi, hicieron fracasar aquellos planes. El sucesor de Calixto III, el humanista Pío II (Enea Silvio Piccolomini) (1458-1464) intentó tomar de nuevo la iniciativa; llegó a convocar una especie de congreso de las potencias europeas en Mantua (1459-1460) donde participó personalmente, pero de nuevo aquel proyecto fracasó por los mismos motivos que los anteriores. Al Papa se le ocurrió una idea totalmente utópica: mandó a Muhammad II, el conquistador de Constantinopla, una carta, espléndida en su estilo literario, en la que le invitaba a convertirse al cristianismo, prometiéndole el imperio de Oriente y de Occidente (¡!). Luego, en 1463, el mismo Papa tomó la decisión de conducir él mismo la cruzada lanzando una invitación en tal sentido al Occidente cristiano. Anciano y enfermo se pone al frente de un ejército en dirección al puerto italiano de Ancona, donde ya agotado muere (1464). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Moría así una antigua utopía y la idea misma de cruzada, que había atravesado con numerosos vaivenes  la historia medieval europea, todavía objeto de enconadas controversias historiográficas y de resentimientos. Sin embargo, en aquellos precisos momentos, y en un cuadro muy distinto en los extremos del mundo europeo, en la Península Ibérica sucedían una serie de acontecimientos, algunos de ellos muy unidos a motivos no lejanos del sentir común de la christianitas europea de la época y de los Papas: la conclusión de la Reconquista, y coincidiendo con la misma, los descubrimientos transoceánicos por parte de Portugal y de España. En el caso español encontramos ingredientes variados e híbridos, muy presentes en la vida política y popular del siglo XV. La conquista de Granada que concluye este ciclo y da comienzo a otro nuevo, la tomó el pueblo como algo suyo&amp;lt;ref&amp;gt;Cf. Ml. Fernández Álvarez, ''La sociedad española del Renacimiento (con citas de Mariana , 209-211)la obra de Salvador de Madariaga, Vida del Muy Magnifico Señor Don Cristóbal Colón'', Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1991, 9ª edición.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==7.  La Iglesia Española de finales del S. XV y comienzos del s. XVI== &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''7.1. Para comprender el estilo de la primera evangelización en el Continente americano''. España y la Iglesia española fueron los agentes de la evangelización del Nuevo Mundo de lengua española, como en el Brasil lo será el Portugal hermano. Es preciso conocer su idiosincrasia, las potencialidades y limitaciones de su contenido católico. Ya nos hemos referido a la importancia que tenía el clero dentro de la sociedad española del tiempo y a su composición. Nos vamos a fijar en otros elementos de esta España religiosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para comprender mejor &amp;quot;''el encuentro del catolicismo ibérico y las culturas americanas&amp;quot;, que &amp;quot;dio lugar a un proceso peculiar de mestizaje, que si bien tuvo aspectos conflictivos, pone de relieve las raíces católicas así como la singularidad del Continente''&amp;quot;&amp;lt;ref&amp;gt;Cuarta conferencia del Episcopado Latinoamericano, Santo Domingo, Octubre 12-28 de 1992, n. 18, en CELAM, ''Conferencias Generales del Episcopado Latinoamericano'', Santafé de Bogotá 1994.&amp;lt;/ref&amp;gt;, es necesario adentrarnos más, tanto en la historia de la España de aquél entonces, como en los primeros pasos de la Iglesia en tierras americanas. El dinamismo que impulsó y que aún continua fecundando tal síntesis, que es el continente latino americano en su configuración, lo constituye la fuerza de la fe católica. Los obispos latinoamericanos escribieron en su reunión plenaria de Puebla, celebrada en 1978: &amp;quot;''Con deficiencias y a pesar del pecado siempre presente, la fe de la Iglesia ha sellado el alma de América Latina, marcando su identidad histórica esencial y constituyéndose en la matriz cultural del continente, de la cual nacieron los nuevos pueblos''&amp;quot;&amp;lt;ref&amp;gt;Tercera conferencia del episcopado latinoamericano, Conferencias Generales del Episcopado Latinoamericano, Santafé de Bogotá 1994, Puebla,  27 de enero - 13 de febrero de 1979, n. 445. El texto cita un discurso de Juan Pablo II en este sentido, pronunciado en Zapopan (México), en aquella ocasión. En el número 444 afirman los obispos: &amp;quot;''La religión del pueblo latinoamericano, en su forma cultural más característica, es expresión de la fe católica. Es un catolicismo popular''&amp;quot;, ibidem.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Es esto lo que le da sentido a su ser; el encuentro con el Evangelio, con la verdad de que existe Dios Padre Bueno, que nos ha dado a su Hijo Jesucristo para salvación nuestra, bajo el aliento del Espíritu Santo, encarnado y nacido de una mujer (cf. Gal. 4, 4), la Virgen María de Nazaret&amp;lt;ref&amp;gt;En la historia de la evangelización del Nuevo Mundo tiene especial relieve el “Acontecimiento guadalupano”: ''El papel de Nuestra Señora de Guadalupe ha sido fundamental. Ella se apareció a un indio, a Juan Diego Cuauhtlatoatzin, y lo hizo portador de este anuncio de comuni''ón. Ella en el mensaje dado a través del indio Juan Diego también buscó, antes que nada, la aprobación de un español, el obispo fray Juan de Zumárraga, es decir, la aprobación de la jerarquía de la Iglesia fundada por Cristo sobre Pedro y los demás Apóstoles, cuya misión continúan el Papa y los Obispos, sus sucesores. Sin el indio y sin el español no se hubiera realizado este camino de comunión.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se tenía mucho cuidado de que las Órdenes que pasaban a América fueran todas reformadas. Serán cinco Órdenes religiosas reformadas o nuevas las protagonistas de la historia de la evangelización en el Nuevo Mundo hispano: los franciscanos, los dominicos, los agustinos y más tarde los mercedarios; a estas Órdenes religiosas antiguas, llamadas mendicantes por su origen y estilo, se sumarán pasado medio siglo los recién fundados jesuitas. Los franciscanos que llegaron a México para emprender la evangelización pertenecían a la más severa y genuina de las Observancias evangélicas. El humanismo español constituía el ambiente cultural de estos misioneros. Es conocida la influencia, por ejemplo, de Erasmo de Rotterdam&amp;lt;ref&amp;gt;Cfr. Marcel Bataillon, Erasmo y España, ''Ed. FCE, México'' 1982.&amp;lt;/ref&amp;gt;; el mismo Zumárraga había leído sus libros, como lo demuestra la carta que envió, el 2 de noviembre de 1547, a fray Francisco del Castillo, provincial de su comunidad en Burgos&amp;lt;ref&amp;gt;Carta de fray Juan de Zumárraga a fray Francisco del Castillo, provincial de Burgos, México a 2 de noviembre de 1547, AGI, S. Justicia, legajo 1011, f. 35v.&amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Desde este horizonte los evangelizadores trataron, desde sus posibilidades, de crear una nueva humanidad cristiana, singularmente sana y fiel. “''La primera generación de misioneros en México, por ejemplo, los obispos Juan de Zumárraga y Vasco de Quiroga, se caracterizaban por el sello del humanismo contemporáneo; Zumárraga estaba influenciado por Erasmo y Quiroga por Tomás Moro. Esta actitud espiritual fue decisiva en algún modo, y precisamente también en relación con la labor misional''”  &amp;lt;ref&amp;gt;Johannes Beckmann, La propagación de la fe y el absolutismo europeo, en Hubert Jedin, Manual de Historia de la Iglesia, Ed. Herder, Barcelona 1992, T. VI, ps. 391-392. Una idea semejante la expresa Eugenio Ímaz: “Los primeros años de la conquista conocieron en Nueva España el verdadero humanismo, el de raíces humanas y humanistas. Zumárraga y Quiroga manejaron un ejemplar de la Utopía (Basilea, 1518) que lleva anotaciones platónicas al margen”. Eugenio Ímaz, Topía y Utopía, estudio preliminar en Utopías del Renacimiento. Tomás Moro: Utopía, Tomaso Campanella: La Ciudad del Sol, Francis Bacon: Nueva Atlántida, Ed. FCE (= Col. Popular N° 121), México 111995, p. 17; Peggy K. Liss, ''Orígenes de la nacionalidad mexicana, 1521-1556. La formación de una nueva sociedad'', Ed. FCE, México 1986, ps. 164-165.&amp;lt;/ref&amp;gt;. La extraordinaria labor evangelizadora que realizaron los misioneros en tierras americanas, encuentra en estos altos ideales de reforma y santidad de vida, una de sus principales motivaciones. Son elementos que no podemos dejar de tomar en cuenta al momento de estudiar la labor y los métodos que usaron para lograr la conversión de los indígenas americanos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
España estaba en un momento de apogeo y expansión. Venía de concluir la guerra de reconquista contra el dominio musulmán de su suelo. Los Reyes Católicos otorgan una gran importancia a la fe y alientan con gran energía y constancia un proceso de reformas y austeras observancias que, aunque ya venía gestándose desde hacía tiempo, alcanza con ellos una sistemática propuesta de reforma cristiana. El humanismo español de finales del siglo XV y de todo el XVI es sumamente rico en realizaciones literarias y espirituales. Es un tiempo donde lo épico y lo religioso se entrelazan en un universo cultural sumamente fecundo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
7.2.'' Una antigua exigencia de reforma en toda la Iglesia'' La exigencia de reforma en la vida de la Iglesia en cuanto sociedad humana, es un fenómeno continuo en la historia de la Iglesia. En los  finales de la edad Media y comienzos de la Moderna se sentía agudamente, sobre todo en algunos ambientes. Se pedía entre otras cosas una reforma radical “''in capite et in membris''” (en la cabeza y en los miembros), empezando por una adecuada puesta al día de las estructuras jurídicas (centralización y reservas con los desórdenes consecuentes, fiscalismo y abusos) de la vida eclesiástica del clero alto y de la formación del bajo clero, sobre todo en relación a la atención pastoral de los fieles. La respuesta dada a esta exigencia urgente no fue siempre equilibrada y ortodoxa en muchos ambientes cristianos europeos, ni tampoco fue amplia y promovida con decidida voluntad por parte de la jerarquía de esa época, lo que causará con el tiempo la ruptura de los movimientos protestantes. En este contexto, en varios países de la cristiandad se dan discutidos movimientos de reforma desde el punto de vista de la ortodoxia católica, como los llamados “espirituales” o grupos de frailes franciscanos con ideas eclesiológicas heterodoxas, influenciadas a veces por las teorías de Joaquín de Fiore sobre la existencia de dos iglesias, una carnal y rica, y en contraposición otra espiritual, santa y evangélicamente pobre, Otros sostenedores de ideas radicales heterodoxas serán el inglés John Wicliff y luego el bohemo Jean Hus y otros que preceden en muchos puntos la futura mentalidad cristológica y eclesiológica de los reformadores protestantes, como Jakoubek, Nicolás de Dresde o Wesel Gansford (1419-1489) en Alemania. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Son comprensibles estos movimientos radicales de reforma ante la situación de una jerarquía eclesiástica con frecuencia mundana. Estas tendencias ideológicas, fomentadas también por desórdenes sociales, se agudizaban por la falta de una voluntad eficaz de reforma en muchos responsables eclesiásticos. Sin embargo, lentamente comienza a abrirse paso una mayor voluntad de reforma por parte de la jerarquía eclesiástica (Papas y Concilios) a lo largo del s. XV y comienzos del XVI. Así en el concilio de Costanza y en los concordatos que estipuló Martín V, se ve tal voluntad; éste papa eligió también cardenales óptimos y una buena bula de reforma (16.V.1425), que quedó en letra muerta; en la misma línea decretó el concilio de Basilea con medidas radicales, nunca aplicadas. Los papas siguientes emanaron varios decretos y bulas también en tal sentido, casi siempre ineficaces y raramente aplicados, quedándose en meros proyectos. La historia va adelante con vanos intentos de reforma, incluidos los del concilio ecuménico Lateranense V (1513-1517). La doctrina católica fue siempre defendida, pero las situaciones de desórdenes graves en la vida cristiana continuaron vivos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin embargo, en algunos lugares de la cristiandad occidental se empezaba lentamente un camino de reforma de la vida de la Iglesia, como lo demuestra el llamado fenómeno de la “''Devotio moderna''”, movimiento eclesial comenzado en los Países Bajos a finales del s. XIV y que se desarrolla a lo largo del XV dando lugar a asociaciones como “los hermanos y las hermanas de la vida común”. “''Devotio moderna''” significaba “servicio de Dios” con una proyección clara de cristocentrismo, una espiritualidad ascética práctica (contra la mística especulativa de los dominicos alemanes), una marcada tendencia afectiva (de raíces franciscanas, de la escuela de S. Bernardo y del teólogo francés Gerson), una interioridad y subjetivismo notables en detrimento de los contactos, también apostólicos con el mundo, y una insistencia ascética que subraya el papel responsable del fiel en la recepción de los sacramentos. El libro “''La imitación de Cristo''” es fruto de tal “devoción” y su probable autor, Tomás de Kempis, pertenecía a tal movimiento. Esta espiritualidad ejercitará un influjo en el siglo siguiente en muchos santos y fundadores como Ignacio de Loyola e incluso en algunos protagonistas de la reforma protestante.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
7.3. ''El movimiento de reforma de la vida religiosa monacal y conventual en la Iglesia''. Hay otro aspecto notable en el incipiente movimiento de reforma eclesial de este periodo, y es el comienzo de la misma en el seno de algunas antiguas Órdenes religiosas, en gran parte en un lamentable estado de decadencia, si se exceptúan los Cartujos y en parte los Cistercienses. La peste negra que asoló media Europa en aquellos dos siglos (XIV y XV) había vaciado los monasterios,  que luego se habían llenado con vocaciones mediocres o por motivos que nada tenían que ver con la consagración religiosa. Por ello los nuevos religiosos o monjes vivían con frecuencia una vida disipada, en monasterios y conventos con abundantes bienes, falta de la vida común fundada en privilegios obtenidos de los papas, y con una clausura más teórica que práctica, sobre todo en el caso de las monjas, que en muchos casos provenían de la nobleza y traían consigo sus niveles de vida y privilegios y en muchas ocasiones eran obligadas por motivos sociales a entrar en los monasterios. También aquí las decisiones de Papas y Concilios sobre la reforma religiosa caían en un terreno árido. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este panorama se dan los primeros intentos de refreno religioso, cuando algunos religiosos buscan volver a las raíces carismáticas de su fundación, y se reúnen en un convento donde querían vivir claramente el espíritu de tal origen. En los comienzos, ese convento buscaba ponerse bajo las órdenes del General de la Orden por encima de su Superior Provincial. A tal convento se asociaban otros con el mismo espíritu; se formaban así las “Congregaciones” de reforma, bajo la obediencia a un Vicario con poderes amplios. Se quería llevar a cabo de esta manera la reforma de la Orden. Aquí ahondan sus raíces divisiones sucesivas entre “conventuales” y “observantes”, “calzados” o “descalzos”, etc… en varias antiguas órdenes religiosas, ya a partir de finales del s. XV y sobre todo en el s. XVI. El fenómeno se da en la mayoría de las antiguas, también en España, y tendrá consecuencias notables en la historia de los evangelizadores del Continente americano. No todas las “Congregaciones” duraron, sin embargo favorecieron la reforma, en cuanto extendieron su influjo sobre todo a través de la predicación popular ambulante.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''7.4. El movimiento de reforma de la vida religiosa monacal y conventual en la Iglesia''. La historia de la reforma eclesial en España se encuadra en este movimiento. Fue conducida hasta llegar a la gente común, comenzando ya mucho antes del Concilio de Trento y llegando al mismo, que ratificó muchos aspectos que la Iglesia en España ya había puesto en marcha desde hacía tiempo. Una de sus características peculiares fue que la iniciativa vino de los Reyes Católicos, con pasos sucesivos de reforma del episcopado, del clero y del pueblo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La reforma de la vida religiosa en España se dió de manera precisa y orgánica&amp;lt;ref&amp;gt;Cf. E. Sastre Santos, ''La vita religiosa nella storia della Chiesa e della società'', Ancora, Milano, 1997.&amp;lt;/ref&amp;gt;. En el caso de los monjes comienza con la del monasterio de San Benito de Valladolid, por iniciativa del rey de Castilla Juan I (en 1389-1390), con el objetivo de que los monjes viviesen la regla benedictina de manera precisa y rígida, y con voto de clausura perpetua al modo de las Clarisas; reclutó para ello unos 15 monjes provenientes de varios monasterios que se comprometieron a seguir tal vida rígida. Luego evolucionará hacia una mayor elasticidad, pasando a finales del s. XV a constituir una “Congregación” de unos 10 monasterios (en 1524 contaba con 32), y durará en los siglos siguientes. Algo semejante ocurre con los cistercienses con la fundación o reforma de la “Congregación de S. Bernardo de Castilla”, en tiempos de los papas Martín V y Eugenio IV, por obra del monje cisterciense que provenía de los Ermitaños de San Jerónimo (Jerónimos), Martín de Vargas. Esta fundación fue duramente obstaculizada por el capítulo general de Citeaux (cistercienses) a lo largo del s. XV; en 1549 reunía 45 monasterios de los 59 españoles de la Orden. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No se observan generalmente nuevas fundaciones con nuevas Reglas en las grandes órdenes religiosas. Sin embargo en España nacen los Jerónimos (ya presentes en Italia como “Eremitas de S. Jerónimo”). Fue un canónigo de Toledo, Fernando Yáñez de Figueroa y su camarero mayor, Pedro Fernández Pecha, que comenzaron a vivir una vida eremítica, pasando luego a la cenobítica, adaptándose a la regla de S. Agustín, con la aprobación de Gregorio XI en 1373. En 1423, Lope de Olmedo quiso reformar la Orden siguiendo algunas indicaciones que sacó de los escritos de S. Jerónimo, y creó así un nuevo ramo llamado “''Congregación de la Observancia de S. Jerónimo''”, pero que en España tuvo un éxito muy relativo, uniéndose luego en 1567 al resto de los Jerónimos. Se mantuvieron fieles a la regla de manera bastante rígida; crecerán a lo largo de los s. XV y XVI en España fundando y agregando numerosos monasterios, entre ellos hay que señalar el de Yuste, en Extremadura, donde se retirará el emperador Carlos V, el del Escorial, fundado por Felipe II, y el Guadalupe en el célebre santuario de Extremadura.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En cuanto a las Ordenes mendicantes tuvo en España, como en otros lugares, dificultades notables de reforma, dada su organización centralizada que había favorecido en cierto modo también su decadencia. Sin embargo, tal organización luego favorecerá o pondrá obstáculos a la reforma o la apoyará tibiamente. La historia de la reforma de los mendicantes, también en España dependió en buena parte de estos factores, a parte de los apoyos de papas y reyes, característica de la misma reforma, oposición de superiores locales, intervenciones abusivas de los poderes seculares, etc.. En España la reforma nace por iniciativa autónoma en varias provincias. En Santiago en 1390, que se autonomiza en 1440 de los conventuales; en Aragón, con una tendencia de carácter eremítico y se convierte en una provincia de observancia en 1442; en Castilla, parece ser que la observancia franciscana llega de Sicilia. Todos estos conventos reformados, a partir de 1446, forman con los observantes franciscanos franceses, ingleses, belgas, alemanes norte-occidentales la “Vicaria Ultramontana”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero en España nacen también grupos “ultra-reformistas”. Un primer iniciador de esta tendencia es Pedro de Villacreces (+1422), que se proponía reproducir el ideal de la Porciúncula gobernada por S. Francisco de Asís: vida austera y contemplativa, retiro y vida eremítica dentro del convento, pobreza radical, siempre descalzos, oración prolongada, silencio total. El estudio era reducido al mínimo. El sucesor de Villacreces, Lope de Salinas, aumenta el tiempo dado al estudio teológico y moral para formar predicadores y confesores, usando pequeños manuales. Prosigue esta línea el antiguo jerónimo Juan de La Puebla (+1495) con la reforma del convento de Santa María de los Ángeles de Sevilla. De este grupo nace la reforma de Juan de Guadalupe, la observancia rigurosísima, que da mayor fuerza a la predicación y al apostolado. Estos grupos diversos de franciscanos reformados continúan difundiéndose a partir de 1517; entre ellos se encuentra el de San Pedro de Acantara, confidente de Santa Teresa de Jesús, llamados “alcantarinos” o “pascualitas-alcantarinos”. A estos grupos reformados de franciscanos pertenecen los primeros grandes misioneros franciscanos del Continente americano. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra Orden religiosa reformada en España es la de los Agustinos. La formación de la “Congregación de observancia” española tiene una propia historia. Parece ser que su primer convento fue el de “Domus Dei” de Castelví de Rosanes en Cataluña (1420), que permaneció solo y aislado en medio del conventualismo hasta 1569. La “Congregación de observancia” española surge de hecho en Castilla por obra de Juan de Alarcón (+1451 c.), que actuó bajo la protección del padre general Favaroni y tras haber conocido la fuerte renovación de la Orden en Italia. Así se crea en España una “Congregación de observancia” ya en 1438, con 4 conventos de frailes y uno de monjas. Alarcón obtuvo en aquel mismo año la bula de confirmación de parte del Papa, mientras que en los demás casos italianos las bulas llegarán decenios después. La extensión de esta reforma en España se puede deducir del hecho que en 1504-5 se decretó la unión de la “Congregación de Observancia” con la Provincia agustiniana española, que tras divisiones y tensiones, sólo se pudo actuar en 1512. Ello se debió gracias a los Reyes Católicos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La historia de la reforma de los dominicos españoles tiene características semejantes. Ya en el Capítulo general de Burgos (1413), el general de obediencia aviñonesa (nos hallamos en los tiempos del cisma de Occidente), Juan de Puinoix, trata de eliminar los defectos más salientes en la Orden con fuertes medidas disciplinares, incluida la cárcel, y de restaurar la vida común. Probablemente tuvo un gran influjo San Vicente Ferrer con su vida santa, su predicación y sus escritos (''Tratado de vida espiritual''). Pero la verdadera reforma hay que señalarla también aquí en el método de la fundación de  “Congregaciones de observancia”, alrededor, parece ser de Santa Catalina de Siena (+1380) y de su confesor Raimundo de Capua, maestro general de la Orden a partir del 22 de mayo de 1380. La lista de dominicos eminentes que llevan adelante la reforma de la Orden en Europa, a partir de Italia, es abundante. En España comienza en Castilla en 1423 y recibe el reconocimiento de derecho pontificio en 1478. Su desarrollo se debe a los Reyes Católicos, por lo que en 1505 se une a la Provincia dominica de aquel Reino, eliminando los conventos no reformados e introduciendo la Observancia. Una de sus características fue su expansión a partir de un convento reformado, lo que se puede señalar como un ejemplo de reforma a partir de la base. En estas “Congregaciones de observancia” se quiere volver a la experiencia primera de la Orden y se resuelve el problema de la pobreza buscando una línea media: queda la “mendicidad” como ideal, pero se corrige con otros medios de subsistencia, cuando aquella se mostraba insuficiente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El caso de la Orden de los carmelitas, sea en el s. XV como en el XVI, sigue un itinerario parecido. Se pueden enuclear varias reformas serias: dos de “Congregaciones de observancia” fuera de España ya en el s. XV (las de Mantua en Italia y de Albi en Francia), y las del s. XVI, la general de Nicolás Audet de toda la Orden (1524), y la teresiana en España, que coincide con la historia de la reforma de la gran Santa Teresa de Jesús (1515-1582), seguida por su discípulo San Juan de la Cruz (1542-1591), los dos grandes místicos y literatos incomparables en su género. En España hay otras órdenes mendicantes, que en esta misma época siguen el camino de la reforma y que tendrán también un papel importante en la evangelización americana, principalmente los Mercedarios y los Trinitarios, ambas órdenes fundadas para la redención de cautivos en manos de los musulmanes del Norte de  África. La primera de estas dos órdenes, que pasarán tempranamente a América (el capellán de Cortes fray Bartolomé de Olmedo, muerto en 1524, era un mercedario),  desarrollará un papel fundamental en la historia de la evangelización americana.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La estructura de las “Congregaciones de observancia” de los mendicantes son bastante comunes. Son ordinariamente reconocidas, algunas por documentos papales (de derecho pontificio), otras por el general de la misma Orden. No crean sistemas jurídicos nuevos, como en el caso de los monjes; introducen sólo un gobierno doble, casi completo, dentro de la misma Orden, autónomo en relación a sus provinciales locales, pero no en relación al general de la Orden. La historia de cada caso muestra con frecuencia caminos y características peculiares. Estas reformas quisieron ir a la raíz de los males y cortarlas de cuajo. Se caracterizan en general por la pobreza vivida, la austeridad, la vida común, la penitencia aflictiva, la meditación y la “''lectio divina''” y con ella el silencio; un monje-abad de Monserrat en Cataluña preparará un tratado y meditaciones titulado “''Exercitatorio de la vida espiritual''” que ejercerá un influjo notable en tal sentido en todas las Órdenes de observancia. Al contrario, el tiempo dado al estudio estaba marcado por las necesidades apostólicas más que por una necesidad intelectual en sí; puede decirse, que sobre todo en sus comienzos, hubo una reacción contra los estudios académicos, o al menos una indiferencia y desestima para la formación sacerdotal. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La razón de esta desestima, sobre todo en el mundo de los monjes de este tiempo, era el pretender una oposición entre el monje “''homo devotus''” y “''homo spiritualis''” por una parte y del “homo doctus” por otra. El problema se empezará a resolver a lo largo de los primeros decenios del s. XVI, cuando los monjes reformados comienzan a erigir también colegios universitarios, pero el desarrollo fue bastante lento. Por su parte en las Órdenes de observancia encontramos actitudes muy diversas. En el caso español los agustinos, por ejemplo, son más bien contrarios. Lo mismo sucede con otras Órdenes. El rechazo de los grados académicos se fundaba en que habían sido en su tiempo una de las causas de la decadencia religiosa. Los dominicos resuelven el problema admitiendo a los mismos a frailes de virtud probada, y combatiendo los antiguos privilegios que tenían los titulados ''lectores'' (profesores o doctores). Poco a poco todas estas Órdenes resuelven el problema instituyendo en cada provincia casas de estudios, esto a partir de mediados del s. XV; sin embargo sigue durante mucho tiempo la oposición a los grados académicos. Así los agustinos de Castilla tardan hasta 1542 en organizar los estudios humanísticos, filosóficos y teológicos, cuando el General Seripando le impone una organización de los estudios para dar una mayor formación a los frailes candidatos al sacerdocio. La solución al problema fue positiva gracias a que la Observancia religiosa se consideró el valor principal al que se debían subordinar los otros valores. Además la solución ejemplar la habían ya ofrecido las grandes figuras reformadoras, que entran doctas y santas, es decir estrictamente observantes y regulares, y que se encontraban tanto en los monjes reformados como en las Congregaciones de Observancia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuanto hemos afirmado sobre la reforma de la vida religiosa en los reinos españoles de Castilla y Aragón, se puede aplicar en parte, aunque no con la misma radical insistencia, en el reino de Portugal. Entre las reformas destaca la de los franciscanos, llamados “Capuchos” (que no se debe confundir con los Capuchinos), favorecida por Alfonso V, y cuyo centro fue Varatojo. Estos franciscanos se distinguirán también por su compromiso en la empresa evangelizadora portuguesa bajo el Padroado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''7.5. La reforma del episcopado en la España de los Reyes Católicos y de comienzos del s. XVI''. Los Reyes Católicos, la Reina Isabel sobre todo, habían promovido una reforma del clero diocesano y regular, basados en criterios válidos, no siempre exentos de cálculos también políticos, que Fernando no siempre había aplicado. No faltarán tensiones entre Fernando (+1516), Julio II y León X sobre las provisiones episcopales, porque el rey tendía a presentar los candidatos con el sistema de la “súplica”, cuando no existía el patronato (como era el caso de Granada). Con los criterios adoptados –naturales de los reinos, honestos, de la clase “burguesa”, doctos- los reyes Católicos no solamente habían puesto en marcha una reforma, especialmente en Castilla; habían también unido los obispos a la Corona. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Carlos I (V), nieto y sucesor de los Reyes Católicos (rey 1516-1556), quiere obtener de la Sede Apostólica lo que la misma había concedido con un concordato en 1516 a Francisco I de Francia. Lo obtiene de Adriano VI (1522-1523) (que había sido su consejero y regente en Castilla durante su ausencia obligada por motivos de su elección como emperador del Sacro Imperio Romano en 1520); es decir el patronato sobre Castilla y Aragón, tras haberlo obtenido sobre Pamplona (Navarra) (4-28 de mayo de 1523) con el ius patronati et praesentandi. Con la bula “''Eximiae devotionis affectus''” (6.9.1523) obtiene el patronato, por lo tanto el derecho de presentar a los candidatos, a todos los obispados, abadías y otros beneficios consistoriales. Tal concesión fue revocada el 3 de abril de 1527 bajo Clemente VII (1523-1534) con el voto del Consistorio, porque había sido concedida sin el voto del Colegio cardenalicio; tras el saqueo de Roma (1527), con la bula “''Etsi ea quae''” en Bolonia, antes de la coronación imperial de Carlos V (el 11 de enero de 1530), confirmada por Pablo III el 7 de julio de 1536, Carlos V obtenía de nuevo el patronato y el derecho de presentación. Desde este momento en adelante, durante siglos, los nombramientos episcopales estarán en manos del Rey de España en sus Reinos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La reforma de la vida eclesiástica comenzada por los Reyes Católicos empieza por la elección al episcopado de obispos doctos y rectos. Criterios de reforma: que fueran españoles, doctos, virtuosos, llanos (no aristócratas), residentes. &amp;quot;''El clero de España es el nervio de la Cristiandad''&amp;quot;, habría dicho San Carlos Borromeo en los tiempos del Concilio de Trento&amp;lt;ref&amp;gt;Cit. en E. Dussel, ''Historia General en América Latina. Introducción General'', 1983, I, p. 15.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Los Reyes quieren que el Papa nombre obispos españoles porque debían residir en sus diócesis, de vidas íntegras; no nobles, para que no se convirtiesen en señores feudales. En su época brillaron de manera especial algunas figuras. Entre ellas destacan las figuras del jerónimo fray Hernando de Talavera (c. 1430-1507), primer arzobispo de Granada después de la Reconquista, confesor de Isabel la Católica y el tipo ideal de obispo; el arzobispo, y teólogo dominico de Salamanca, fray Diego de Deza (1443-1523), el arzobispo y cardenal franciscano fray Francisco Jiménez de Cisneros (1436-1517)&lt;br /&gt;
  &amp;lt;ref&amp;gt;Cf. R. García Villoslada, Historia de la Iglesia en España, III/1, p. 129; P. Castañeda, Episcopologio,…., E. Dussel, Les Eveques hispanoamericains défenseurs et evangelisateurs del Indien, Paris, 1965, Introd., pp. 1-15. Una Síntesis biográfica de estos obispos en: DHEE , voces correspondientes. &amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hernando de Talavera lleva una vida santa, con la celebración diaria de la Misa, el catecismo a los niños, reunión-capítulo mensual con los párrocos, y fundación de un seminario modelo, entre otros aspectos. Diego de Deza formó parte del Consejo de Sabios que examinó las propuestas de Colón, y fue uno de los pocos que consideró las mismas como viables. De ahí nació la gran amistad y admiración que el Almirante sintió siempre por Deza. Francisco Jiménez de Cisneros, figura fundamental en la historia religiosa y política de la España de su tiempo y en los comienzos de la evangelización de América, quien reformó a su Orden franciscana de la que era provincial en medio de oposiciones y de luchas. La Reina Isabel le ayudó en estas reformas, especialmente en la de las monjas. Para formar el clero funda los llamados “''collegia minora''” para el estudio de las letras, y los “''collegia maiora''” para la filosofía y la teología. Recomienda al clero doctrina, pureza de costumbres, empeño pastoral y litúrgico. Él fue el restaurador en Toledo de la liturgia mozárabe. En el mundo de la cultura ha pasado a la historia como humanista en cuanto funda la Universidad de Alcalá (Complutum) (1508) con un claro planteamiento humanístico y moderno, que edita la Biblia poliglota complutense en 6 volúmenes. Edita también varias obras devocionales en español, como la ''Vida de Cristo'' de Ludolfo y otra obras de la “''Devotio Moderna''”, que prepararon el florecimiento de los grandes místicos del siglo XVI. Además renovó la enseñanza de la teología. Su metodología será indicada por el teólogo dominico Melchor Cano en su “''De locis theologicis''” y por los estudios jurídicos del también dominico Francisco de Vitoria en Salamanca. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era un nuevo método de estudio de la teología que superaba el bizantinismo de una escolástica decadente, y trataba las cuestiones más importantes y candentes del momento. Se quería una exposición sencilla, sobria, elegante, a partir de las fuentes (Escritura, Padres, Concilios, documentos eclesiásticos); sustituye las “''Sentencias''” de P. Lombardo con la “''Summa theologica''” de Sto. Tomás. Así se preparan los maestros de los grandes teólogos españoles que acudirán a Trento o a sus discípulos. En Alcalá estudiará una  falange de grandes figuras del humanismo español, algunos como San Juan de Ávila (c. 1499-1569), declarado doctor de la Iglesia (2012), o personalidades que ejercitarán un papel importante en la historia de la evangelización y de los derechos humanos en América, como el p. jesuita José de Acosta (1540-1600)&amp;lt;ref&amp;gt;El jesuita José de Acosta, procedente de una familia de conversos, había estudiado en varios colegios en Medina del Campo, Plasencia, Lisboa, Coímbra, Valladolid y Segovia, y desde 1559 a 1567 Artes y Teología en Alcalá, continuando luego su enseñanza en varios colegios de jesuitas (Ocaña y Plasencia), hasta que en 1571 pidió a San Francisco de Borja, prepósito general de la Compañía y obtuvo ser enviado como misionero a Perú.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Esta Universidad contará con célebres maestros, entre ellos el dominico Domingo de Soto (1494-1560)&amp;lt;ref&amp;gt;El dominico Domingo de Soto (1494-1560) estudió en la Universidad de Alcalá y en París. En 1520 regresa a la Universidad de Alcalá y se ocupa de la cátedra de Metafísica. En 1525 ingresa en la Orden de los Predicadores. Ocupó la cátedra de teología en la Universidad de Salamanca en 1532, donde se integró en la denominada escuela de Salamanca. En 1545 fue enviado al Concilio de Trento como teólogo imperial ante la imposibilidad de que fuera el también dominico Francisco de Vitoria. Fue confesor del emperador Carlos V.&amp;lt;/ref&amp;gt; y celebres alumnos. Con algunos entablará una amistad duradera, como con Don Pedro Guerrero, futuro arzobispo de Granada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La España cultural de la época comienza a respirar con los dos pulmones culturales de las universidades de Salamanca y de Alcalá. En estas universidades asistimos a un renacimiento del humanismo renacentista, con varias corrientes que lo caracterizan: vuelta a los estudios bíblicos en Alcalá (Biblia Políglota), con referencias a una teología positiva, siguiendo las huellas de los Padres, y reformismo eclesiástico. Encontramos también en ellas corrientes humanísticas, filosóficas y teológicas de matrices diversas, como el tomismo, el escotismo, y en medida menor algunos brotes nominalistas, y el influjo de humanistas como Erasmo y Tomás Moro. En estas universidades echan sus raíces las corrientes jurídicas que las harán célebres en el campo del derecho ''de gentes'' o internacional, con figuras como los dominicos Francisco de Vitória y Domingo de Soto y otros conocidos teólogos que ejercerán un fuerte influjo en el Concilio de Trento (1545-1563). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta reforma del episcopado no encontró un camino llano y fácil. Cuando Fernando el Católico muere en 1516, el cuadro del episcopado español no era homogéneo. La mayor parte de los obispos era ciertamente digna y muy convencidos del servicio al Rey, de buena altura eclesiástica e intelectual, aunque se daban casos de obispos poco dignos, nombrados por motivos de parentesco; había cardenales que no residían en sus sedes, nombrados por razones de amistad; había también obispos nobles, nombrados gracias a su proveniencia social y algunos por ser flamencos o por intereses con aquellos territorios bajo la Corona española, a partir de Carlos V&amp;lt;ref&amp;gt;Cf. R. García Villoslada, ''Historia de la Iglesia en España, III/1, p. 129; para todas estas tres figuras eminentes del episcopado cf. DHEE'', en sus respectivas voces, con amplia referencia de fuentes y bibliografía.&amp;lt;/ref&amp;gt;. El emperador Carlos trató de seguir los criterios establecidos por los reyes Católicos, pero no siempre los mantuvo totalmente, lo que llevó a veces a consecuencias negativas, aunque en menor medida que en otros países europeos. ¿Cuáles habían sido los criterios de los reyes Católicos, sobre todo de Isabel? Ante todo la elección de personas doctas. Carlos V escogerá fundamentalmente personas preparadas y bien formadas en colegios eclesiásticos universitarios españoles, en los “Estudios generales” de los religiosos y en las universidades italianas. En su día, el cardenal franciscano, arzobispo de Toledo y primado de España, confesor y consejero de la reina Isabel y luego regente del Reino hasta su muerte (+ 8.11.1517), optó por teólogos, preferentemente canonistas, contra la tendencia que se daba en Italia, Inglaterra y franca. Este criterio será luego seguido por el Consejo real. Por ello los obispos españoles darán una notable aportación en el concilio de Trento. La reina Isabel había querido obispos honestos y había seguido rigurosamente este criterio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fernando fue menos severo en este campo, por lo que encontramos algún caso de obispos con hijos como  Alonso de Aragón (+1520), hijo del rey Fernando, arzobispo de Zaragoza y con hijos. Por su parte Carlos V aplicó aquel mismo criterio, también porque podía disponer de sacerdotes formados en los colegios de Talavera y de González Mendoza. La extracción social de los obispos era prevalentemente de la clase media. Carlos V por su parte nombrará luego también nobles, españoles y extranjeros, por motivos de gratitud y no siempre por razones eclesiásticas. El primero de ellos fue el joven Guillermo de Croy, de 20 años, que sucedió al gran Cisneros en Toledo&amp;lt;ref&amp;gt;Era sobrino  de Guillermo de Croy, señor de Chèvres (o Xevres), que había sido ayo del joven príncipe Carlos; intenta aislar al joven rey de España del influjo de la nobleza castellana, por lo que le rodea de flamencos; entre ellos Juan de Sauvage, al que nombra canciller y presidente de las primeras Cortes (Valladolid, 1518), y al joven sobrino de Guillermo de Croy, también Guillermo, nombrado arzobispo de Toledo (31.XII.1517- + 6.1.1521). Éste había estudiado en Lovaina con Juan Luis Vives, el célebre humanista. Fue creado cardenal por el papa León X en el consistorio del 1 de abril de 1517. El 14 de noviembre de 1517 y a instancias de monsieur de Chèvres, el rey naturalizó castellano a su sobrino Guillermo de Croy, que a la sazón y con 20 años de edad era ya obispo de Cambrai. Poco después le hizo obispo de Coria y al poco, arzobispo de Toledo, como sucesor del cardenal Cisneros que había muerto ese mismo año. Guillermo de Croÿ no residió nunca en Toledo. Murió en Worms en 1521, aproximadamente a los 24 años de edad a consecuencia de la caída de un caballo en una cacería. Había acompañado al emperador Carlos a esta ciudad, donde se había convocado la dieta de para tratar el problema teológico suscitado por Martín Lutero. Fue sepultado en la iglesia de san Pedro de Lovaina.&amp;lt;/ref&amp;gt;; era ya obispo de Cambray y cardenal, y nunca puso los pies en España. Dio también el obispado de Valencia a Eduardo de la Marca, obispo de Lieja, porque le servía para el Imperio&amp;lt;ref&amp;gt;La primera política filo-flamenca del joven rey Carlos y los hechos consecuentes produjeron una indignación y en las citadas Cortes los procuradores pidieron que se respetasen las leyes del reino, que no se diesen cargos a los extranjeros, que Carlos aprendiese la lengua castellana, y expulsaron de la sala de sesiones a los flamencos que pretendían intervenir en los negocios. Carlos, de Valladolid marchó a Zaragoza y Barcelona, donde fue jurado rey, no sin cierto malestar. Como consecuencia de un malestar generalizado debido a la conducta filo-flamenca del joven rey, la rapacidad de los flamencos y por el cohecho de algunos procuradores que vendieron sus votos, numerosas ciudades castellanas, a partir de Toledo, también debido al hecho de tener en esta Sede Primada como arzobispo a un joven de 20 años, protestaron ante el rey, pidiéndole su presencia y un cambio de política. Ante la falta de escucha de las peticiones, las Comunidades castellanas se levantaron en rebelión para defender sus derechos comunes, de aquí el nombre de comuneros. Fue un último intento de levantamiento de los comunes tradicionales contra el nuevo sesgo que tomaba una monarquía, abierta a nuevos horizontes políticos y que también en línea con cuanto sucedía en el resto de Europa se convertía cada vez más pujanza en un régimen absoluto. El joven emperador accederá a alguna de sus peticiones de orden político. Los comuneros serían derrotados en los campos de Villalar (Valladolid), a la derrota siguieron varias notables condenas de muerte de sus cabecillas (Juan de Padilla, Juan Bravo y Pedro Maldonado, y más tarde del obispo Acuña, que se había levantado en Toledo asistido por un buen número de clérigos). Al regresar a España Carlos V dio una carta de perdón general (1522). Otro movimiento similar, pero con un mayor tinte social, llamado de la germanías o hermandades de artesanos y gremios contra el poder de los nobles, ocurre en el reino de Valencia (1522) y otra semejante en Mallorca (1521-1523), con desmanes y venganzas por ambas partes. Estos hechos obligarían al joven emperador a cambiar su política.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Se cuentan hasta 30 provisiones suyas de este tipo de obispos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para salvar el principio de los Reyes Católicos (“obispos naturales de estos reinos”), el rey Carlos concedía “cartas de naturalización” por las que se habilitaba a estos extranjeros a ser nombrados obispos de cualquier diócesis española; y si no podía dar provisiones de obispados, les daba pensiones sobre las rentas de estas diócesis. Estas provisiones llevaron al absentismo. Los obispos españoles debían comprometerse a residir en sus diócesis para poder recibir la provisión, con una especie de pacto, como dirá un obispo español en el concilio de Trento. Pero no la exigía de los extranjeros, que a veces eran cardenales italianos de curia. La exige de los españoles residentes en Roma o en la Corte. Pero era él mismo a dificultar o a imposibilitar la residencia porque se servía de los obispos para los servicios administrativos, civiles, para la dirección del consejo real, para las Cancillerías de Valladolid y de Granada, como embajadores, etc. Así, por ejemplo, el cardenal Pedro Pacheco, primer obispo residencial de Pamplona después de 80 años, nunca estuvo ni en Jaén ni en Sigüenza, sedes a las que había sido trasferido (1545-1560), y fue también virrey de Nápoles. El inquisidor Fernando Valdés nunca residió en alguna de las diócesis para las que había sido nombrado, e incluso consideraba abstractos a los “frailes teólogos” (como Victoria) y a los predicadores, como Pablo de León, que criticaban duramente este ausentismo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por todo ello vemos que en tiempos del emperador Carlos V en sus dominios europeos, también en España hubo periodos en los que encontramos que pocos obispos residían en sus diócesis. El hecho ahondaba sus raíces en motivos de ambiciones a ser trasladados a sede más importantes, por ser más ricas, con posibilidades de ejercer influencias y tener mayores poderes; en una palabra, una mundanidad infiltrada en aquellas esferas episcopales, denunciadas con dureza por parte de figuras episcopales del calibre del agustino Santo Tomás de Villanueva (1486-1555), arzobispo de Valencia&amp;lt;ref&amp;gt;Tomás de Villanueva O.S.A. (Villanueva de los Infantes, Ciudad Real, 1486 - Valencia, 9 de septiembre de 1555), predicador, escritor ascético y religioso agustino español, y arzobispo de Valencia. Es el primer santo canonizado salido de las aulas de la Universidad de Alcalá de Henares.&amp;lt;/ref&amp;gt;, y más tarde en el concilio de Trento por parte del obispo dominico portugués Bartolomé de Martyribus en su “''Stimulus pastorum''”&amp;lt;ref&amp;gt;Bartolomeu de Martyribus [Fernández], o de Braga (1514-1590), nacido en Verdela cerca de Lisboa el 3.V.1514, dominico en 1527, enseña en varios conventos y fue preceptor del infante hijo del rey de Portugal; arzobispo de Braga y primado de Portugal en 1548, participó en las últimas 9 sesiones del Concilio de Trento. Se dimite en 1582, e muere santamente a Viana do Castelo el 16 de julio de 1590. Escribió mucho y sus  manuscritos se conservan el en archivo de los dominicos de Roma. Su Opera omnia, cura et studio M. Inguimbert, arch. Teodos., fue publicada en Roma en 1734-35. En 1754 se introdujo en Braga su proceso de canonización siendo declarado venerable en 1845 y beatificado el 4.XI.2001 (AAS, XCIV [2002], pp. 615-617. Bibl.: J. Quétif e J. Echard, Scriptores Ordinis Praedic., II, Paris 1721, p. 296; L. Muñoz, Vida de Fr. Bartolomé de los Martyres, Madrid 1645; ''en el archivo O.P. de Roma se encuentran los tres volúmenes de los procesos de su canonización'' (Roma 1819-44).&amp;lt;/ref&amp;gt;.  A pesar de estos límites, serán los obispos españoles quiénes en Trento lucharán por la reforma del episcopado y por la residencia de los obispos en sus diócesis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''7.6. El clero inferior''. Hacia finales del s. XV y comienzos del XVI el clero, tanto el secular como el regular, contaba como ya se ha indicado, un alto porcentaje de miembros. En el clero diocesano había un clero “medio”, al que pertenecían los canónigos de los capítulos, el de las colegiatas y los párrocos de parroquias importantes. Los canónigos como cuerpo habían sufrido el contragolpe de la acción de los reyes Católicos. Esta clase clerical pertenecía de hecho a la antigua estructura feudal, por lo que buscaron  defender su posición. Con frecuencia vivían con un tenor de vida bastante secular y garantizaban también una serie de beneficios a su parentela, por lo que con frecuencia accedían a estos cargos, más por intereses económico-sociales que por vocación a la vida clerical. Pertenecían al considerado clero bajo, la mayoría de los párrocos, de los capellanes y de los beneficiados menores. Tenían que ejercitar un oficio para poder vivir porque las rentas del beneficio no eran suficientes. Los reyes Católicos trataron reformar también a este clero, juntamente con obispos y otros prelados, buscando la promoción del sacerdote reformado ideal. En esta empresa tendrán luego un papel fundamental  muchos tratadistas teológicos, jurídicos y humanistas como Vitoria, el arzobispo de Toledo Carranza, Soto, San Juan de Ávila, fundador en su tiempo de varios colegios-seminarios para la formación del clero, ya antes de Trento&amp;lt;ref&amp;gt;Mandará al Concilio los conocidos “''Memoriales''” a través del obispo Guerrero de Granada su discípulo, que serán tomados en cuenta a la hora de tratar sobre la reforma del clero y la institución de los seminarios.&amp;lt;/ref&amp;gt;, Luis de Granada y otros muchos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A la luz de cuanto descrito surge una pregunta obligada: ¿Se puede hablar en un sentido apropiado y estricto de una Iglesia “nacional” española, como se habla de la “Iglesia galicana” en Francia o de la “Iglesia anglicana” en Inglaterra? Las tendencias eclesiales centrífugas se dan en varios países de Europa y se agudizarán a partir del siglo XVI. No parece que se pueda hablar en el mismo sentido en el caso español y en el portugués. Ciertamente en España y Portugal se podría ver en sistema  del “Patronato” y del “Padroado” una expresión centrífuga. Sin lugar a dudas existe una conciencia bastante claro de la propia identidad nacional y eclesial, pero sin llegar a los límites de las concepciones de buscar la creación de una Iglesia autónoma del Papado, ni siquiera la defensa de “unas libertades eclesiales adquiridas” como sucedía en otros países europeos. La fidelidad al Romano Pontífice nunca fue puesta en duda a lo largo de esta historia ni por los Reyes ni por los obispos, juristas y teólogos españoles. Incluso el largo proceso de elaboración de la doctrina sobre el Patronato no fue ni fácil ni unánime. Se legisló sobre la exclusión del episcopado de todo extranjero, en la práctica esta regla fue con frecuencia olvidada o se encontraron salidas para evitarla. Incluso las “represalias” que tomaban los Reyes contra Roma, fueron siempre mitigadas por el realismo en las relaciones, tensiones sin ruptura, que al final se recomponían. En todo caso serán más duras en el siglo XVIII con la dinastía de los Borbones, incluso con nuevas y más radicales interpretaciones en favor de las dos Potencias católicas del Patronato o del Padroado, pero ya era una situación nueva que la Iglesia vivía en toda la antigua cristiandad europea bajo los regímenes del absolutismo ilustrado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==NOTAS:==&lt;br /&gt;
  &lt;br /&gt;
&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==BIBLIOGRAFÍA:==&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
'''FIDEL GONZÁLEZ FERNÁNDEZ'''&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.56.173</name></author>
		
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		<title>ESPAÑA; la sociedad española en la época de los descubrimientos</title>
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		<updated>2014-03-31T20:28:13Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.173: /* 6. Nuevos intentos de cruzada ante la caída de Constantinopla en poder de los turcos */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;==ESPAÑA; la sociedad española  en la época de los descubrimientos== &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==1. La España de los Reyes Católicos==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Durante la llamada Edad Media, la Iglesia había sido el punto de referencia en la creación en la Península Ibérica de una historia común. Algo semejante había sucedido también en la Europa medieval, pero en el siglo XVI aquella historia común europea se interrumpe con las divisiones religiosas y culturales. El momento en el que sucede el encuentro entre España y América coincidió con el paso de una época a la otra. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La unidad dinástica de los reinos hispanos sucede en 1479 con la fusión personal de Castilla-León y Aragón-Cataluña, por el matrimonio de los dos monarcas de ambos reinos: Isabel I (la Católica) de Castilla-León y Fernando V (el Católico) de Aragón. Doce años después (el 6 de enero de.1492),con la reconquista del reino moro de Granada, se cierra el ciclo de la reconquista y la unidad practica de los reinos españoles, bajo el lema que adoptan de igualdad de poderes y unidad de decisiones de las dos Coronas en una, con el lema “''tanto monta, monta tanto, Isabel como Fernando''”, y la simbología heráldica para expresar aquella unión (el ''Yugo'', letra inicial de Isabel, entrelazado con la ''Flechas'', letra inicial de Fernando). Este hecho tendrá repercusiones incalculables en el futuro de la misma España como en el Nuevo Mundo, que pronto iba a entrar en la escena mundial de la mano española. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una frase: &amp;quot;''en cabeza del rey''&amp;quot;, iba a expresar lapidariamente el papel de la monarquía en aquella empresa: frase que ya se encuentra en autores de la primera hora, y que viene a significar el papel o responsabilidad del Rey o de la Corona en todos los asuntos del gobierno, tanto civil como eclesiástico, del Nuevo Mundo: administración de la justicia, patronato, legislación, defensa de los derechos del indio, etc., como Fray Domingo de Betanzos, Francisco López de Gómara, en su ''Historia General de las Indias'', o más tarde Felipe Guamán Poma de Ayala (comienzos del s. XVII) y muchos otros recuerdan en sus historia y crónicas.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
La España de los reyes Católicos era una España claramente identificada con la historia que le había dado origen. Su monarquía conservaba todavía esta conciencia. Tal es la clave para comprender muchas iniciativas políticas y religiosas de los Reyes Católicos, Isabel I la Católica de Castilla y Fernando V el Católico de Aragón, y de sus descendientes, principalmente Carlos I (V como emperador del Sacro Romano Imperio Germánico) y Felipe II, y de sus descendientes los demás reyes de la Casa de Austria española (o Augsburgo). Durante el reinado de los reyes Católicos acontecen en la historia nacional española algunos grandes hechos: la unión dinástica de los dos grandes reinos ibéricos de Castilla-León y de Aragón-Cataluña con el consiguiente reforzamiento de la monarquía y la regularización del sistema administrativo de la Corona; la reforma de la vida eclesial en sus diversos niveles; la conclusión de la lucha secular de la reconquista del dominio musulmán del suelo patrio, que antiguamente había formado el reino hispano-visigodo; el comienzo de la expansión transoceánica que dio como resultado la llegada a las tierras del Nuevo Mundo, que para el historiador, capellán de Cortés, Francisco López de Gómara, había sido “''el más grande acontecimiento después de la creación del mundo si se exceptúa la encarnación y la muerte de Aquel que lo había creado''”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta empresa política, pero también evangelizadora, fue posible gracias a la existencia de un sujeto tanto político como católico en la comunidad hispana, impregnada en este último caso de una conciencia de la fe católica, sea a nivel popular como en la Corona. Los Reyes Católicos tenían una clara conciencia de su autonomía política en la esfera secular. La tenían también como cristianos. También como príncipes católicos no estaban exentos de una mentalidad jurídica muy extendida en las relaciones entre los Estados cristianos nacientes y la Iglesia de querer controlar la vida eclesial en sus Estados, pretensión común en los gobernantes (o príncipes) cristianos de esta edad moderna. Tal pretensión, que databa ya de siglos anteriores, llevaría en muchos casos a caer en la tentación, nunca escondida, de crear de hecho Iglesias nacionales, bajo el control del Estado. En el siglo XV, a pesar de la crisis conciliarista, tenían una sana conciencia del papel del Papa como cabeza de la Iglesia y reconocían su misión y supremacía en el campo eclesial y espiritual, “''no reconociendo superior temporal sino a Dios Omnipotente, y dando la obediencia espiritual debida al Sumo Pontífice y a la Iglesia apostólica de Roma''”, como escribía entonces Fernández de Oviedo, uno de los primeros testigos e historiadores de la conquista en el Nuevo Mundo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El papel de la corona fue fundamental en los tres siglos siguientes, tanto en el ámbito de los descubrimientos y de la colonización, como en el de la evangelización. Ya desde el alba de la presencia española en el Nuevo Mundo, los Reyes Católicos emanaron una serie de disposiciones o cédulas legales y administrativas con el fin de regular un gobierno recto en aquellas tierras, y afrontar las problemáticas humanas, políticas y evangelizadoras que aquellas situaciones inéditas planteaban. En tal sentido el testamento del 12 de octubre de 1504 y el codicillo de Isabel la Católica añadido el 23 de noviembre de 1504, tres días antes de morir, dan las directivas del proyecto político (relación entre españoles e indios, y derechos de éstos) y de la evangelización e implantación de la Iglesia en América. Aquel texto fue codificado y se convirtió pronto en un texto legal, caso único en la historia constitucional de un país, entrando así a formar parte de la legislación de España sobre las Indias hasta las independencias de sus países.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==2.La población española en el momento del descubrimiento de América== &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se calcula que en el momento del descubrimiento de América, España tenía unos ocho millones de habitantes. De ellos, antes de 1492, medio millón eran judíos (la expulsión en masa de los mismos acontece en 1492) y un millón de mudéjares&amp;lt;ref&amp;gt;Mudéjares: musulmanes que vivieron en convivencia con los cristianos, tras ''la reconquista'' por éstos del territorio peninsular español. La palabra “mudéjar” deriva del vocablo árabe ''mudayyan'', equivalente a “vasallo” o “sometido”; acepción etimológica que no aparece en la documentación medieval, pero que se populariza a partir del siglo XIX.&amp;lt;/ref&amp;gt;a los que luego habría que añadir los “moriscos”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Cómo se distribuía socialmente esta población? Un 80 % era rural. Se daba una endeblez numérica de clases. Lo que hoy se suele llamar &amp;quot;clase media&amp;quot; (pero que en este caso sería un anacronismo), puede ser distribuida de la siguiente manera: un 3%, que no eran clé¬rigos, ni militares, ni campesinos, ni patricios urbanos; eran gente común. Había unos 75.000 clérigos o eclesiásticos&amp;lt;ref&amp;gt;Algunos hablan de un total de unos 40.500 miembros del clero secular o diocesano, pero las estadísticas no son siempre fiables.&amp;lt;/ref&amp;gt;, el 1% de la población, de los que unos 2000 o 3000 pertenecían al llamado &amp;quot;clero alto&amp;quot;. Los nobles o hidalgos de variada posición y entidad eran unos 115.000, el 2% de ese número total. En cuanto a la propiedad las tierras, éstas pertenecían al 2% o 3% de la población que poseían el 97% de las mismas. Esta alta aristocracia, personal o jurídica, era dueña de la mitad de España. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Y cómo se componía ésta aristocracia? Se contaban unas 50 familias unidas por vínculos de sangre y que constituían de hecho una fuerza social, política y económica paralela a la del rey, como lo demuestran las convocatorias de frecuentes “Cortes” para tratar los asuntos importantes del Reino, proclamar o reconocer al rey, que debía jurar sus fueros&amp;lt;ref&amp;gt;Los ''Fueros'' (del latín forum; derechos, leyes) son un cuerpo de leyes, considerado entre las más importantes fuentes del derecho en España.&amp;lt;/ref&amp;gt;, proclamar ante ellas por parte del rey leyes, cédulas reales o disposiciones en los campos civil o eclesiástico y determinar la política a seguir en el Reino. Las Cortes eran en la antigua historia española medieval y en los comienzos de la moderna una asamblea general del Reino que convocaba el rey en los antiguos reinos de España para tratar asuntos de estado, generalmente, la elaboración de leyes y la concesión de impuestos: a las Cortes acudían los representantes del clero, de la nobleza y de las poblaciones importantes, ayuntamientos de ciudades y de villas. En las “Cortes” se encontraban representadas las diversas entidades o corporaciones que componían el Reino. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En todo este tren de vida política, algunos nobles (en realidad pocos), descendientes en buena parte de antiguas familias de caballeros, protagonistas en la reconquista, o de otros nuevos allegados por méritos o por influencias, ocupaban puestos en la Corte real, la que en esa época solía ser “ambulante” a lo largo de ciudades y villas del Reino. Estos nobles, que con frecuencia poseen sus castillos y palacios, comienzan a llevar un tren de vida a veces fastuoso. Estaba luego una pequeña nobleza de mayor peso social y económico, y otra mediana formada por militares, hijosdalgo, y caballeros, que constituyen dos poderosos es¬tratos sociales. El estamento militar asiste por derecho propio a las Cor¬tes. Vive en posesiones rurales e influye en el gobierno a través de la parentela y vínculos de nobleza. De esta pequeña noble¬za se recluta lo mejor de los capi¬tanes, diplomáticos y funcionarios. De la pequeña nobleza salieron muchos obispos (&amp;quot;llanos&amp;quot;, no pertenecientes a la aristocracia o alta nobleza). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se debe también hablar de una incipiente nobleza urbana: terratenientes, ricos por herencia, no comerciantes, y que es más culta que la nobleza militar. Sus hijos llenaban las universidades. También de aquí salen canónigos, obispos, abades. Fueron excelentes secretarios y administradores. Los pobladores de las pueblas (poblaciones fundadas con privilegio real y cuyos vecinos formaban “ayuntamientos” y concejos) y las villas (con sus pobladores llamados &amp;quot;villanos&amp;quot;) tienen acceso o movilidad de ascenso a ese tipo de nobleza y constituyen una parte importante y fundamental en la estructura del Reino. La tendrán en el poblamiento español del Nuevo Mundo con sus fundaciones, al estilo castellano o de la madre patria. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la estructura y en la vida social y política del Reino se encuentra el clero. Constituye un grupo social peculiar dentro de la sociedad. Dentro de él hay de hecho un clero socialmente alto y otro clero bajo, no por procedencia social, sino por los puestos que ocupan en la estructura eclesiástica. El clero tiene un fuerte espíritu corporativo (como en los otros países de la cristiandad medieval hasta la edad contemporánea) para defender sus inmunidades. Su fuerza económica la constituyen los diezmos (en especie, que se subastaban). La mentalidad de cada estrato era fuerte y reflejaba con frecuencia también su procedencia social. El papel del alto clero era notable. Constituían la columna vertebral de muchos sectores de la administración pública, cancilleres, presidentes y miembros del Supremo Consejo de Indias, cuando éste fue creado, y de muchos tribunales. Personajes fundamentales en la España de los tiempos del descubrimiento de América, como el arzobispo Talavera, Deza, los cardenales Cisneros y Mendoza, por citar nombres universalmente más conocidos, lo demuestran. En conjunto forman un grupo notable por &amp;quot;letras y virtud&amp;quot;. Muchos de ellos actuaron en la vida política e incluso en la militar; son parte de la última hornada de prelados-capitanes, como lo fue incluso el cardenal franciscano reformador Francisco Ximénez de Cisneros (que tiene su proceso de canonización introducido). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dentro del clero se encuentra una especie de alto clero menor, generalmente hacen parte de ella los prebendados (que eran dignidades, canónigos o racioneros de alguna iglesia catedral o colegiata). Normalmente son de elevada categoría intelectual. Existen 47 capítulos ca¬tedrales de gran poderío económico y con un nivel moral bastante bueno en general. Sin embargo entre el bajo clero, incluso entre el religioso, se da a veces inmoralidad, ignorancia y pobreza. Este fenómeno de decadencia en una parte del clero regular y secular era un fenómeno de la cristiandad europea de la época, con numerosos intentos de reforma por parte de papas y concilios a lo largo del siglo XV y comienzos del XVI. Basta recordar cómo el tema de la reforma del clero aflora y es tratado específicamente desde el Concilio de Constanza (1414-1418), Ferrara-Florencia (1438-1445), Lateranense V (1512-1517). En este cuadro el caso español corresponde al del resto de Europa. Sin embargo no se puede generalizar. Los concilios provinciales vigilaban y urgían por una reforma de las costumbres entre el clero. El siglo XVI será un siglo de notables &amp;quot;reformas&amp;quot; en este sentido, que verá el florecimiento de muchas Órdenes religiosas reformadas, de varios concilios provinciales y culminará con las reformas del Concilio de Trento (1545-1563). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Había en la España a la que nos referimos lo que se podría llamar &amp;quot;grupos medios&amp;quot;, aunque el término no corresponda a la moderna acepción de “clase social”. Eran gentes de ejercitaban oficios y menesteres necesarios en toda sociedad, especialmente en villas y ciudades como mercaderes y comerciantes, no¬tarios, abogados, barberos (que ejercitaban a veces también una medicina rudimentaria, pero importante), médicos y curanderos y pequeños administradores. Demográficamente eran débiles. De ellos salía 1/3 o 1/4 de los regidores. Solían componer (en reinos como en Aragón) los cabildos de las ciu¬dades. Son la raíz de la futura burguesía industrial y mercantil.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los artesanos constituían una especie de clase o grupo modesto urbano, que vivían asociados en gremios. La artesanía era más bien patriarcal y familiar, y menos técnica de taller, como en Italia o en Flandes. Proporcionaban un tercio o un cuarto de los regidores&amp;lt;ref&amp;gt;Los regidores eran los concejales de los ayuntamientos, miembros del cabildo de Indias o de las corporaciones locales.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Constituían la masa popular en los festejos. Este grupo social tiende a superarse y a presentarse bien. Su vida era suficientemente holgada. La población de todas estas clases sociales componía el 20% de los habitantes de España. Luego estaban los campesinos, que son un 80%, en desigualdad de condiciones, según las regiones. Había campesinos &amp;quot;de señorío&amp;quot;, a veces en penosas condiciones, y campesinos de realengo&amp;lt;ref&amp;gt;Poblador o vecino de una circunscripción o concejo que no era de señorío ni de las órdenes, y que pertenecía a la Corona.&amp;lt;/ref&amp;gt;, a veces muy dignos. Pero toda la población vivía a veces sometida a calamidades y grandes crisis, comunes a todo el resto de Europa, como pestes y enfermedades endémicas y crónicas, sequías o superabundancia de lluvias, inviernos crudos, o veranos tórridos; todo ello provocaba muertes frecuentes y prematuras, y hambrunas frecuentes, sobre todo en las tierras más áridas o secas como las castellanas. Sin embargo estas penosas situaciones, con frecuencia endémicas, no provocaron sublevaciones populares, como sucedió en otros lugares de Europa; basta pensar a las sublevaciones de los campesinos y de los caballeros en la Alemania de los tiempos de Lutero o en otras semejantes en la Italia e incluso en la Roma de los siglos XIV y XV.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y ¿cuál era el valor monetario corriente en esta época? En el caso español el más común era el &amp;quot;ducado&amp;quot;, que correspondía a 375 maravedís, una equivalencia a unos ocho jornales de obrero especializado o veinte jornales de un peón. El marqués de Villena, por ejemplo, tenía 100.000 ducados de renta al año. La Iglesia (sus instituciones y su personal ministerial) tenía seis millones de ducados de renta: dos millones el clero re¬gular y cuatro, el clero secular.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==3. La España católica y la Reconquista==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
1. ''Carácter y temperamento del catolicismo español de la época'': ¿Cómo se explica la vehemencia y también la fuerza del catolicismo español? Hay muchas teorías y opiniones al respecto. No hay que olvidar la característica historia cristiana española a partir del siglo VIII, cuando los musulmanes del Norte de África invaden el Reino español de los visigodos y lo desbaratan en la batalla de Guadalete (Andalucía) donde perece el último rey visigodo Don Rodrigo, que pasará a la leyenda épica española en multitud de romances (711). Casi todo el Reino visigodo español cae bajo dominio musulmán, si se exceptúan las regiones montañosas del Norte, astures, cántabros, vascos, y zonas de la Navarra y de la Cataluña pirenaica. En el año 721 encontramos los hechos conocidos como “''batalla de Covadonga''” en las montañas de Asturias, donde un príncipe visigodo, Don Pelayo (+737), levanta el estandarte de la &lt;br /&gt;
Cruz contra el invasor musulmán y da comienzo a la Reconquista, que se concluirá en 1492, en Granada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue el comienzo del minúsculo Reino de Asturias, que lentamente alargará sus fronteras reconquistando los territorios de León y luego las mesetas castellanas. Dará lugar así al nacimiento, como prolongación del reino asturiano del de León (s. IX), y más tarde al de Castilla (s. X) (Castilla y León unidas de nuevo a partir del 1230), del que nacerá con el tiempo el condado de Portugal (condado dependiente de Castilla a partir del 1094 y luego reino, totalmente autónomo). En el caso Asturiano ya a finales del siglo VIII se funda la ciudad de Oviedo (760), alrededor del monasterio benedictino de San Pelayo, donde el rey Fruela  I (757-768) establecerá su Corte y que alcanzará un notable esplendor artístico en tiempos de su hijo y sucesor Alfonso II el Casto (rey 792-842), contemporáneo de Carlo Magno, con el que mantendrá relaciones culturales y políticas. Nace así aquel arte que todavía hoy se contempla en la región asturiana, el llamado “pre-románico”, la preciosa Cámara Santa de la Catedral de Oviedo, como relicario de valiosas reliquias traídas del resto de la España invadida por los musulmanes, entre ellas la Cruz de la Victoria (símbolo de la reconquista, levantada por su primer caudillo don Pelayo), la de los Ángeles símbolo heráldico de Oviedo, de tiempos del rey Alfonso II, el Santo Sudario y otras muchas de indiscutible valor histórico y religioso. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este tiempo de Alfonso II el Casto, comienza la histórica peregrinación hacia Compostela, lugar donde se señalaba la traslación de las reliquias del Apóstol Santiago y que dará lugar a uno de los tres grandes centros de peregrinación medieval: Santiago, Roma y Jerusalén. Algo semejante comienza a suceder en las estribaciones de los Pirineos aragoneses (como en los alrededores del monasterio de San Juan de la Peña) y catalanes. Son las raíces tempranas de varios condados y marcas del reino de Aragón, con una historia unida a los nacientes reinos de Navarra y de Castilla y de los condados catalanes, cuya historia autónoma comienza a caminar a partir del s. IX, y que pasados varios siglos se unirán a la Corona aragonesa (Alfonso II de Barcelona, conde de la misma y rey de Aragón, une al reino aragonés el condado hereditario de Barcelona en 1162).  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin embargo la reconquista fue dura y larga. De hecho, hacia el año 750, gran parte de la península se encontraba bajo el califato de los Omeyas, en Córdoba, fundado por Abd-er-Rhaman I (756-788), que llega a su máximo esplendor en tiempos del califa Abd-er-Rhaman III (912-961). Y sus caudillos atormentaban con continuas incursiones los territorios cristianos. Así todavía en el año 1000, el caudillo musulmán Almanzor logró llegar hasta la misma Compostela en el oeste y a Barcelona en el este, convirtiendo en tierra quemada cuanto encontraba a su paso&amp;lt;ref&amp;gt;Almanzor, Muhammad ibn Abi ‘Amir, en árabe  ???????, al-Man?ur, o sea al-Man?ur bi-llah (“Aquel que Dios ha hecho vencedor”) (c. 938-1002), caudillo militar del Califato de Córdoba desde el 978 hasta su muerte, según las fuentes árabes y algunas cristianas (Historia Compostellana e Chronicon Burgense) habría muerto en agosto de 1002 en Medinaceli (en la actual provincia española de Soria) como consecuencia de las heridas sufridas en la batalla de Catalañazor. Los hechos se encuentran en las crónicas cristianas y en las árabes, cada una con su propia versión. Tardíamente (más de dos siglos después), el arzobispo de Toledo Rodrigo Jiménez de Rada y el obispo de Lucas de Tuy repiten la historia, con algunas claras equivocaciones. Los reyes de León, de Navarra y el conde de Castilla se habían unido para atacarlo habiéndole infligido una derrota terrible. Esta derrota de Almanzor ha entrado en la leyenda y en la épica española cristiana como una de las victorias con mayor significado religioso en la historia de la reconquista. Según algunos, en Catalañazor, habría sido derrotada la “retaguardia” del ejercito de Almanzor, ya en retirada, muriendo en su campamento de Medinaceli. Cf. Gonzalo Martínez Díez, El condado de Castilla, 711–1038: La historia frente a la leyenda, Marcial Pons Historia, 2005, 581–4; Juan Castellanos Gómez, La batalla de Calatañazor: mito y realidad. Revista de historia militar, 91 (2001), 25–42; ''The New Cambridge Medieval History, III'': c. 900-c.1024, Edited by Tomothy Reuter, 27: Sicily and al-Andalus under Muslim rule; 28: ''The Spanish Kingdoms, print publication year'': 2000; on line publication year: 2008; Rafael Altamira, Il califfato occidentale, en Storia del mondo medievale (trad. della Cambridge Medieval History), Milano, Garzanti, vol. II, 1999, pp. 477-515.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Por ello también los reinos cristianos en su avanzada hacia el sur, de grandes ríos en grandes ríos, desde el Duero hasta el Tajo, van creando espacios desiertos de frontera para estorbar las frecuentes incursiones de los reinos musulmanes. Son la “Extrema-dura”, o las vacías y desérticas tierras fronterizas; se van levantando castillos y fortalezas a lo largo de la geografía hispana que darán también lugar incluso al nombre del futuro condado y reino de Castilla.&lt;br /&gt;
En esta misma época se asiste al nacimiento del califato de Córdoba, que en mundo islámico de la época es de la misma grandeza esplendorosa de los de Damasco y Bagdad, y a su historia cultural incomparable, que ha dejado una herencia imborrable en la cultura mundial e hispana. Entre el 1009 y el 1031, el califato de Córdoba se va dividiendo en pequeños estados independientes (reinos de taifas), entre los que hay que recordar: Toledo y Badajoz (1009); Murcia (1010); Zaragoza (1012); Almería y Granada (1013); Denia (1014), Málaga (1016); Valencia (1021); Sevilla (1023); Mallorca (1015); Córdoba (1031), etc.. luego: Orihuela, Huesca, Jaén, Carmona, Niebla, Algeciras. Incluso Córdoba se erige en una especie de republica aristocrática entre 1031 y 1070; es ocupada por el rey musulmán de Sevilla en 1070; conquistada por los musulmanes Almorávides de África en 1086 y luego en 1148. En 1091 los musulmanes Almohades de Mauritania invaden los reinos musulmanes de la Península ibérica (1091-1229), que serán derrotados por los reinos cristianos unidos en la batalla de Las Navas de Tolosa (1212), comenzando así la fase final de la reconquista cristiana. El rey castellano Fernando III ''el Santo'', conquistará Córdoba el 29 de junio de 1236 y Sevilla en 1248. Ya en 1085, el rey cristiano Alfonso VI de Castilla había conquistado Toledo y la había convertido en su corte; los aragoneses habían reconquistado Zaragoza en 1146. Jaime I de Aragón reconquista Valencia el 29 de septiembre de 1238. El último reino musulmán de la Península ibérica, Granada, será reconquistado por los Reyes Católicos, Isabel y Fernando, el 5 de enero de 1492&amp;lt;ref&amp;gt;“Fruto del Romanticismo literario se desarrolla en el siglo XIX la mitificación de al-Andalus. Desde entonces,. Dos imágenes por igual hipertrofiadas tienden a representar en exclusiva esta faceta de la Historia de España. Y si bien hoy nadie sostiene en serio que ignorancia, despoblación y desertificación africanas fueran el corolario inevitable de la invasión musulmana, por el contrario –y por razones muy del momento- sí subsiste una corriente publicistica que no se contenta con embellecer en su magín los surtidores del Generalife [en la Alhambra de Granada] […] y va mucho más lejos, manteniendo que un al-Andalus superior, refinado y culto sucumbió ante unos cristianos bárbaros, ignorantes y torpes. La idealización maurofila, al retomar para la Hispania musulmana dos de los mitos más caros al eurocentrismo (el del Buen Salvaje y el Paraíso Perdido), trasluce una actitud que se sale del terreno del análisis racional de la sociedad y de la Historia y se hunde en el de la fe o las creencias religiosas” (Serafín Fanjul, ''Al-Andalus contra España. La forja de un mito'', Ed. siglo XXI, Madrid 2005, 3ª edición, Presentación), con amplia bibliografía sobre el tema. El Autor trata de estudiar históricamente el influjo real del mundo cultural islámico en España, sus logros y sus límites.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''2. La Reconquista'': Entre el 830 y 1030, se vive un período de dos siglos de exaltación cristiana en la Reconquista; florece la cristiandad mozárabe&amp;lt;ref&amp;gt;Mozárabes (del árabe musta?rab, 'arabizado'; en árabe: ??????), es el nombre con el que se conocía a los cristianos que vivían en el territorio en España bajo dominio musulmán. Tenían en la esta sociedad el estatus legal de “dimmíes”, que compartían con los judíos, como no creyentes en el Islam. A efectos prácticos su cultura, organización política y práctica religiosa eran toleradas, y contaban con cierta cobertura legal. Estaban obligados a tributar impuestos de los que los musulmanes se veían exentados y sufrían otras muchas restricciones en la vida civil y religiosa, como la de no poder construir iglesias ni arreglar las ya existentes. Los mozárabes que pasaban al Islam (generalmente por motivos fiscales) y se arabizaban pasaban a ser llamados “muladíes”. La legislación islámica protegía a los no musulmanes, pero favorecía su paso al Islam con medidas de orden muy diverso, sobre todo de tipo económico-fiscal.&amp;lt;/ref&amp;gt;y nacen o avanzan los reinos cristianos: León, Castilla y Navarra, nace el de Aragón y los condados catalanes, entre los que emerge el de Barcelona cuyos condes, con el andar del tiempo, se convierten en reyes de Aragón, dándose así la unión dinástica entre ambos estados. En los siglos XI, XII, XIII: la Reconquista avanza en las diversas líneas fronterizas: del Duero, luego hasta el Tajo, con la conquista de Toledo, la antigua capital visigoda, la ciudad de las tres culturas o religiones (cristiana, islámica y hebrea, que había alcanzado un enorme esplendor cultural frente al resto de la misma Europa medieval cristiana). Por parte suya se asiste a una decadencia y luego al ocaso del califato de Córdoba, la división del mismo en números reinos de taifas que pueblan el sur de la Península&amp;lt;ref&amp;gt;Con el término re de los taifas (en árabe: ???? ???????, muluk al-?awa?if: ?a?ifa árabe significa “parte, minoría étnica, facción”) (llegarán a ser unos 39) se indican los pequeños estados que surgen como consecuencia de la decadencia, disolución y anarquía del Califato de Córdoba, a partir del 1009, con la abdicación del califa y la siguiente abolición del califato de la dinastía de los Omeyas en 1031 con la deposición del califa Hisham III. Se proclamaron numerosos pequeños reinos regidos por familias árabes, bereberes o de origen eslavo que constituyeron verdaderas dinastías tribales o familiares, que solían mantenerse en el poder con tropas mercenarias, incluidas algunas también cristianas. La situación cambia en el siglo XII con la invasión de los musulmanes del reino almorávide del norte de África, pero, disuelto este reino, comienza de nuevo otro periodo en el que nacen nuevos reinos de taifas entre 1144 y 1170, cuando otros invasores musulmanes, los almohades del Norte de África invaden estos reinos. Tras la derrota de los mismos por los cristianos en la batalla de Las Navas de Tolosa (1212), nace de nuevo otro tercer periodo de reinos de taifas de corta duración, acabando con la fundación del llamado reino nazarí de Granada, que capitulará ante los reyes católicos el 2 de enero de 1492, consumándose oficialmente la Reconquista el 6 del mismo mes y año. Aquellas divisiones favorecieron la Reconquista cristiana.&amp;lt;/ref&amp;gt;.                    &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los musulmanes del norte de África intentan reconquistar las tierras perdidas y unificar a los reinos de taifas. Son las invasiones de los almohades. Pero en el año 1212 se da el paso definitivo del choque entre los reinos cristianos españoles y los musulmanes de los almohades en la batalla de Las Navas de Tolosa. Es la época que sigue a la renovación de la vida eclesial española a través de la aplicación en España de la reforma gregoriana con el apoyo de benedictinos y cistercienses. Es también la época de las grandes peregrinaciones a Santiago de Compostela, la del románico de los siglos XI al XIII, del nacimiento del gótico con sus grandes catedrales que se extienden por toda la geografía española hasta el siglo XV. En el siglo XIII la vida eclesial se renueva a través de los canónigos regulares primero, de los frailes mendicantes luego, entre ellos Santo Domingo de Guzmán, canónigo en Osma (Castilla), y sus dominicos y la llegada también de los franciscanos, y del mismo san Francisco, peregrino a Santiago de Compostela. Fernando III ''el Santo'' de Castilla y León, reconquista Sevilla y Córdoba, y su hijo, Alfonso X ''el Sabio'', da un nuevo esplendor a las letras y a la compilación jurídica de las antiguas leyes hispanas; las tres lenguas de su Reino (latín, castellano, árabe y hebreo) formaban parte del bagaje cultural del Reino&amp;lt;ref&amp;gt;Alfonso X fomentó la actividad cultural mediante el patronazgo y dirección de la ya existente Escuela de traductores de Toledo. Dicha Escuela aglutinó a un grupo de estudiosos cristianos, judíos y musulmanes que desarrollaron una importante labor científica al rescatar textos de la Antigüedad, y al traducir textos árabes y hebreos al castellano. Estos trabajos habilitarán definitivamente el castellano como lengua culta, tanto en el ámbito científico como en el literario. El afán de Alfonso por la divulgación de la lengua vernácula le llevó, siendo aún infante, a patrocinar la versión al castellano de ''Calila e Dimna'' y del ''Lapidario''. Además fue un excelente poeta en gallego-portugués. De su extensa obra destacan: el ''Fuero Real de Castilla'', el ''Espéculo'' y las ''Siete Partidas'', entre las jurídicas; las ''Tablas alfonsíes'', entre las astronómicas; y entre las de carácter histórico, la ''Estoria de España'' y la ''Grande e General Estoria o General Estoria'', acerca de la historia universal. ''Las Cantigas de Santa María'' es obra lírica, escrita en gallego-portugués, lengua común a gran parte de la poesía ibérica hasta finales del siglo XIV, cuando aparece el Cancionero de Baena, que ya está escrito en castellano. ''El Lapidario'' versa sobre las propiedades minerales, y el Libro de los juegos sobre temas lúdicos (ajedrez, dados y tablas), deportes de la nobleza en aquel tiempo. También en el campo religioso favoreció la difusión de la Biblia. Alfonso X realizó también la primera reforma (normalización) ortográfica del castellano, idioma que el reino adoptó como oficial en detrimento del latín. Este monarca bien introdujo en España nuevos conocimientos procedentes de los más distantes confines del orbe. Su especial interés en el arte, la historia, el derecho y la ciencia ejerció una profunda influencia en el desarrollo cultural de España y del resto de Europa.&amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En Aragón brillan las epopeyas de Jaime I, el conquistador de Valencia del dominio musulmán. A pesar de episodios lamentables para los cristianos, con signos de algunas episódicas luchas dinásticas y señales de decadencia, como en el resto de Europa, los Reinos cristianos españoles han entrado de lleno en el bullir de una conciencia que camina a pasos agigantados hacia el ocaso de la Edad Media y el nacimiento de una modernidad, todavía confusa, con la constitución de reinos-naciones, raíces de los futuros estados nacionales. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''3. La vitalidad de los reinos hispanos'': En este cuadro, los reinos hispanos se encuentran ya plenamente activos en la vida tanto eclesial como civil europea, con tratados, matrimonios reales, participación en la vida cultural europea con las nuevas universidades, de las cuales Palencia y luego Salamanca, pertenecen a la primera generación, o en los grandes y dolorosos conflictos que enturbian la paz de la “christianitas” europea, como los que caracterizan el siglo XIV y comienzos del XV, como el cisma occidental (1378-1417). Las suertes de la reconquista están echadas. Los reinos musulmanes que todavía persisten en el sur o se convierten en vasallos de los reyes hispanos o son reducidos a su mínima expresión, a pesar de momentos de gloria artística, como en el caso del reino nazarita de Granada. En esta época, los aragoneses y catalanes salen de sus fronteras, navegan por el Mediterráneo y buscan alianzas y ensanchar sus fronteras en el mismo: Nápoles, Sicilia, Cerdeña y hasta el extremo oriental del Mediterráneo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el territorio patrio no todo es fácil. El feudalismo antiguo persiste y la nobleza se encuentra inquieta con rebeldías endémicas que producen conflictos civiles y guerras episódicas de carácter dinástico dentro de las mismas familias reinantes, que después de todo se encuentran muy emparentadas entre sí. También en esta época de mediados del siglo XV, siguiendo el ejemplo del hermano Reino portugués, los castellano-leoneses salen al Atlántico e incorporan las Islas Canarias a sus dominios. Nos encontramos en tiempos de Juan II de Castilla y León, el padre de Isabel la Católica. Tras el reinado endeble y discutido de su hijo Enrique IV de Trastamara, llega el reinado de su hermana Isabel I la Católica, que se casará con su primo el príncipe Fernando de Aragón, que pronto se convierte en rey de aquel Reino. Con este matrimonio real, cambia radicalmente la historia española; se concluye la reconquista en Granada (1492)&amp;lt;ref&amp;gt;Había habido un reino musulmán taifa de Granada, controlado por la dinastía zirí desde 1013 hasta 1090; sigue luego el Reino nazarí de Granada desde 1238 hasta 1492. Tras la reconquista cristiana, el Reino de Granada conserva su denominación jurisdiccional territorial dentro de la Corona de Castilla, desde el siglo XV a 1833. Su símbolo heráldico (la granada) forma parte desde entonces del escudo de los reinos españoles y del Reino de la España actual.&amp;lt;/ref&amp;gt;se unifican en las personas de los dos reyes los reinos hispanos, bajo el famoso lema del “''Tanto monta monta tanto Isabel como Fernando''” y la simbología heráldica que los dos esposos reales adoptan. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Suceden también momentos muy discutidos por la historiografía antigua y reciente como la expulsión de los judíos (1492), malqueridos por sectores de la gente vulgar y de la nobleza a causa, sobre todo, de su papel en la recolección de los impuestos de la misma Corona y una antigua y jamás escondida animosidad, alimentada por antiguos prejuicios y leyendas populares, y por la persistente acusación de “deicidio” que las acompañaban por ser considerados presuntamente en parte, como una especie de “quinta columna” en la antigua época de las invasiones islámicas, y en la época de su expulsión, de los mismos turcos. Es en este momento histórico, y en el mismo año de toda esta serie de acontecimientos notables en la historia hispana, que acontece la aventura atlántica de Cristóbal Colón y el descubrimiento del Nuevo Mundo. Todo ello abrirá una nueva página en la historia hispana y también mundial. La noche quedaba atrás&amp;quot;&amp;lt;ref&amp;gt;Cf. García-Villoslada, R., ''Hist. de la Iglesia¬ Católica'', BAC, III, cap.XVIII.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==4. La mentalidad común de la época ante la infidelidad y la herejía== &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ocho siglos de esfuerzos en una reconquista  trabajosa, y no siempre constante y uniforme, forjaron un temperamento en la España cristiana de entonces, con sus luces y sus sombras, hasta alcanzar una ordenación unita¬ria. La reforma católica se adelanta casi un siglo y en forma origi¬nal en estos Reinos españoles unidos bajo los reyes Católicos. “''España […] que se había convertido en una gran potencia […] se convierte en el país del catolicismo del futuro […] pudo así convertirse en un cierto sentido en la patria espiritual de la restauración católica y de la contra-reforma''”&amp;lt;ref&amp;gt;K. Bihlmeyer – H. Tueche, ''Historia de la Iglesia, la época de las reformas, III'', § 158, 5.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Y esta actitud de lucha continúa bajo el nieto de los Reyes Católicos Carlos I (V como emperador): 1520-1558 frente a la herejía&amp;lt;ref&amp;gt;Cf. G.-Villoslada, ''o.c.'' Parte II, cap. I, ed.1960, pp.651ss. con bibliografia).&amp;lt;/ref&amp;gt;. Los teólogos del siglo XVI no abandonan la idea del “Orbis christianus” frente a la herejía. Según su posición general, no se puede dar ninguna coacción sobre los infieles para abrazar la fe, pero sí sobre los bautizados, para conser¬varla. Quedaba en pie un problema ante la situación en el suelo español de la población no cristiana de judíos y de moros: ¿por qué se da esa disyuntiva con-tra ellos de, o abrazar la fe o de emigrar? ¿En qué sentido el poder civil toma parte en favor de una solución radical en el asunto que lleva a la exclusión de estos grupos divergentes? ¿No fue en parte por motivos meramente seculares y civiles, con la naciente “razón de estado” de querer construir un reino unido (Estado) sin discrepancias o elementos centrífugos? ¿No estuvo esto en parte en los orígenes de la creación del tribunal de la Inquisición para examinar los falsos conversos, sea del judaísmo o del islamismo, y que más tarde se extenderá a otros divergentes religiosos, protestantes o pensadores considerados heterodoxos? ¿Protestaron los teólogos contra este tipo de coacciones?&amp;lt;ref&amp;gt;Cf. el tema tratado ya por Marcelino Menéndez y Pelayo en su ''Historia de los heterodoxos españoles'', Madrid 1880-1882.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==5. La nación española== &lt;br /&gt;
En el contexto señalado se forja un celoso nacionalismo, traducido en el estatuto de “lim''¬pieza de sangre''”, una especie ''de “culto al honor nacional e innoble criterio de casta''”&amp;lt;ref&amp;gt;El tema fu obsesivo sobre todo durante los siglos XVI-XVII. Cf. el vocablo, R. Gonzálvez, “''Limpieza de sangre''”, en DHEE, II, pp. 1297-1298; Alb. Sicroff, Les controverses des Statuts de pureté de sang en Espagne du [siecle] XVe au XVIIe siecle, Paris1960; J. Amador de los Ríos, Historia social, política y religiosa de los judíos de España y Portugal, Madrid, 1875-1876; A. Domínguez Ortiz, La clase social de los conversos en Castilla en la Edad Moderna, Madrid, 1955; Américo Castro, España en su historia. Cristianos, moros y judíos, Buenos Aires, 1948; J. Caro Baroja, Los judíos en la España moderna y contemporánea, 3 vols., Madrid, 1962&amp;lt;/ref&amp;gt;.Los siglos XIV-XV españoles fueron tolerantes. Para el siglo XVI se suelen dar las siguientes estadísticas de la población española&amp;lt;ref&amp;gt;Cf. la obra importante de F. Braudel,, La Mediterranée et le Monde méditerranéen à l’époque de Philippe II, Armand Colin, Paris 1949; Idem, Civilisation matériel, économie et capitalisme, XVI-XVIII siècle, 3 vols., Paris 1979.&amp;lt;/ref&amp;gt;unos 7.000.000 cristianos viejos; unos 350.000 conversos; unos 300.000 moriscos&amp;lt;ref&amp;gt;Moriscos (palabra que deriva de “moro”), fueron los musulmanes españoles bautizados tras la pragmática de los Reyes Católicos de 1502 (para Castilla) y de Carlos I de 1526 (para Aragón). Tanto los convertidos con anterioridad al catolicismo de forma voluntaria como los convertidos obligatoriamente pasaron a ser denominados moriscos porque la mayoría de ellos, de manera más o menos velada, siguieron con sus costumbres islámicas profesando también las religiosas. Por ello la Inquisición se preocupará de examinar los casos de los falsos convertidos. La importancia que tuvieron mudéjares y moriscos en España en la Edad Media y Moderna fue vital ya que las tierras reconquistadas se encontraban despobladas, por lo que se les permitió quedarse para su repoblación. Durante la época moderna vivían en numerosos territorios de realengo y de señorío feudal, especialmente en Aragón, Valencia y Sureste andaluz, dedicándose en especial a la agricultura (de regadío básicamente), a la artesanía (alfarería) y a la construcción. De hecho, el arte mudéjar es uno de los más representativos de la historia del arte español de la época&amp;lt;/ref&amp;gt;. De pronto aparece la intolerancia. ¿Por qué? La convivencia de cristianos, judíos y musulmanes en los reinos cristianos españoles durante la Edad Media, había tenido que ver con el proceso de &amp;quot;Reconquista&amp;quot; cristiana española de sus tierras invadidas, y la conquista por parte de los musulmanes, sobre todo de las tierras meridionales que ellos llaman Al Andalus (Andalucía, o “''tierra de los Vándalos''”, antiguos invasores de la misma de origen germánico en el s. V) y posterior ocupación del territorio por los diferentes reinos cristianos del norte de la península. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La escasa repoblación cristiana de sus nuevos territorios hace que sigan viviendo en ellos un importante número de musulmanes, tanto en zonas urbanas (aunque en barrios propios, como la morería de Zaragoza), como en zonas rurales (como siervos de señorío). El final de la Reconquista - con la toma de Granada- y la política religiosa de los Reyes Católicos, modifican la situación previa: en Granada se producen bautismos en masa, y los Reyes Católicos sólo permiten la religión cristiana en España, por lo que judíos y mudéjares han de convertirse o salir del país. En la lucha enconada contra el creciente poderío turco, se teme su alianza con el mismo y en concreto con los piratas berberiscos y turcos que atacaban las costas de la Europa cristiana. Los moriscos andaluces protagonizan  una insurrección en 1568 (la rebelión de las Alpujarras), que fue sofocada casi dos años después por don Juan de Austria, hermanastro de Felipe II. Los moriscos de esa zona fueron desterrados, hecho que aumentó la suspicacia contra ellos en otras regiones donde los moriscos eran todavía muy numerosos, como Valencia o Aragón. En 1609, con el rey Felipe III, se decretó la expulsión de los moriscos, primero de Valencia, después de los otros reinos españoles. Unos 300.000 tuvieron que abandonar España; la mayoría se dirigió al norte de África. Su marcha tuvo graves consecuencias demográficas y económicas, sobre todo en Valencia y en Aragón, afectando especialmente a la agricultura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todos los problemas señalados son complejos y de diversas interpretaciones. Los Judíos constituían una gran minoría cualificada; habían disfrutado por una parte de la protección de los reyes y por otra del odio del pueblo, debido fundamentalmente a su papel en el campo de la recolección de impuestos y al sistema de ganancias económicas con los préstamos; tal aversión será luego transferida a los falsos conversos o hebreos ocultos (''marranos''), algo común en otros muchos lugares de Europa y a los musulmanes pseudo-convertidos. En el caso español, ya en 1449 se había dado una explosión de odio en Toledo contra los conversos y  la puesta en marcha del llamado “''estatuto de sangre” (el de “limpieza''”). Casos semejantes se dieron en Córdoba, Jerez, Jaén, en el Reino de Castilla, y otros muchos semejantes en Aragón y Cataluña&amp;lt;ref&amp;gt;Aquí quiere basarse la hipótesis de los orígenes “''catalano-genoveses''” sostenida por: Salvador de Madariaga, Vida del Muy Magnifico Señor Don Cristóbal Colón, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1991, 9ª edición.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Debido también a las conversiones fingidas, el “estatuto de limpieza” pretendía restarles eficacia social. Aquí están en parte, los orígenes de la Inquisición española, que fue creada en el siglo XV precisamente para aclarar y combatir las conversiones ficticias de moros y judíos&amp;lt;ref&amp;gt;Cf. K. Bihlmeyer – H. Tuechle, Historia de la Iglesia, la época de las reformas, III, § 150: Antisemitismo e Inquisición española.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==6. Nuevos intentos de cruzada ante la caída de Constantinopla en poder de los turcos==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El tema de la “cruzada” flotaba en el ambiente español cristiano desde hacía siglos a lo largo de la “reconquista”, cruzada llevada a cabo en casa, como algunos la han llamado; pero era también una mentalidad muy extendida en la Europa medieval. Baste pensar a los últimos intentos de cruzada contra los turcos en tiempos de Pío II (1458-1464). La urgencia de la defensa contra el avance de los turcos había empujado a los griegos a buscar ayuda en la cristiandad latina occidental, e incluso a una posible reconciliación con Roma recomponiendo la antigua división entre Oriente y Occidente. Tal fue el intento que fracasaría tras el concilio de Ferrara-Florencia (1438-1445), porque no encontró el apoyo necesario en algunos metropolitas orientales y sobre todo en buena parte de los monjes y de la gente desde siempre muy influida por ellos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Constantinopla cae bajo el dominio turco el 29 de mayo de 1453, y su basílica de Santa Sofía será convertida en mezquita después de diez siglos desde su construcción. La caída de Constantinopla causó honda impresión en el mundo cristiano occidental; y no era para menos: había sido, desde los tiempos de Constantino, el corazón del Imperio Romano Oriental o Bizantino. Ahora se convertía en Estambul, cabeza del grande Imperio Otomano, que ponía también pie en el continente europeo, revolucionando así los cuadros políticos del Occidente cristiano. Por ello se explica el impulso que algunos, sobre todo el Papa, quisieron dar lanzando una nueva “cruzada” en defensa tardía del Imperio Bizantino. Fracasarán en sus intentos los Papas Eugenio IV, Nicolás V, Calixto II y Pío II, desde 1433 a 1464, debido sobre todo a las divisiones y rivalidades entre los nacientes estados nacionales europeos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este contexto, Eugenio IV llamó al Occidente cristiano en defensa de aquel Imperio (1443). Casi nadie se movió entonces, a excepción del rey de Polonia y el de Hungría, Ladislao, que fue vencido por los turcos en Varna, junto con el legado pontificio el cardenal Cesarini (1444). En otro lugar meridional de Europa, en Albania, Jorge Castriota, conocido con el nombre de Skanderberg, resistirá a lo largo de 24 años a la invasión turca. La derrota sufrida en Varna fue el prólogo de la caída de Constantinopla. El papa Nicolás V querrá renovar la llamada a una nueva cruzada que no logra comenzar; lo intenta su sucesor, el español Calixto III (1455-58) mandando predicadores de la misma por Europa e invitando a ella a los príncipes cristianos, proponiéndose no sólo liberar Constantinopla, sino también llegar incluso a Jerusalén. También aquí vemos una primera respuesta positiva por parte de los príncipes cristianos, pero que enseguida cae en el vacío.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un ejército cristiano guidado vía tierra por Juan Hunyadi, asistido por el cardenal Carvajal y animado espiritualmente por S. Juan de Capistrano, vence en Belgrado (1456), impidiendo así a los turcos continuar avanzando hacia Viena, mientras que Skanderberg los vencerá en Taormizza (1457), y el cardenal Scarampo, guiando vía mar una escuadra, los derrota en Metelino (1457). Calixto III esperaba entonces de nuevo una respuesta positiva por parte de las potencias cristianas. Pero de nuevo la indiferencia y las rivalidades, agravadas con la muerte de Juan Hunyadi, hicieron fracasar aquellos planes. El sucesor de Calixto III, el humanista Pío II (Enea Silvio Piccolomini) (1458-1464) intentó tomar de nuevo la iniciativa; llegó a convocar una especie de congreso de las potencias europeas en Mantua (1459-1460) donde participó personalmente, pero de nuevo aquel proyecto fracasó por los mismos motivos que los anteriores. Al Papa se le ocurrió una idea totalmente utópica: mandó a Muhammad II, el conquistador de Constantinopla, una carta, espléndida en su estilo literario, en la que le invitaba a convertirse al cristianismo, prometiéndole el imperio de Oriente y de Occidente (¡!). Luego, en 1463, el mismo Papa tomó la decisión de conducir él mismo la cruzada lanzando una invitación en tal sentido al Occidente cristiano. Anciano y enfermo se pone al frente de un ejército en dirección al puerto italiano de Ancona, donde ya agotado muere (1464). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Moría así una antigua utopía y la idea misma de cruzada, que había atravesado con numerosos vaivenes  la historia medieval europea, todavía objeto de enconadas controversias historiográficas y de resentimientos. Sin embargo, en aquellos precisos momentos, y en un cuadro muy distinto en los extremos del mundo europeo, en la Península Ibérica sucedían una serie de acontecimientos, algunos de ellos muy unidos a motivos no lejanos del sentir común de la christianitas europea de la época y de los Papas: la conclusión de la Reconquista, y coincidiendo con la misma, los descubrimientos transoceánicos por parte de Portugal y de España. En el caso español encontramos ingredientes variados e híbridos, muy presentes en la vida política y popular del siglo XV. La conquista de Granada que concluye este ciclo y da comienzo a otro nuevo, la tomó el pueblo como algo suyo&amp;lt;ref&amp;gt;Cf. Ml. Fernández Álvarez, ''La sociedad española del Renacimiento (con citas de Mariana , 209-211)la obra de Salvador de Madariaga, Vida del Muy Magnifico Señor Don Cristóbal Colón'', Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1991, 9ª edición.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==7.  La Iglesia Española de finales del S. XV y comienzos del s. XVI== &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
7.1. Para comprender el estilo de la primera evangelización en el Continente americano. España y la Iglesia española fueron los agentes de la evangelización del Nuevo Mundo de lengua española, como en el Brasil lo será el Portugal hermano. Es preciso conocer su idiosincrasia, las potencialidades y limitaciones de su contenido católico. Ya nos hemos referido a la importancia que tenía el clero dentro de la sociedad española del tiempo y a su composición. Nos vamos a fijar en otros elementos de esta España religiosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para comprender mejor &amp;quot;el encuentro del catolicismo ibérico y las culturas americanas&amp;quot;, que &amp;quot;dio lugar a un proceso peculiar de mestizaje, que si bien tuvo aspectos conflictivos, pone de relieve las raíces católicas así como la singularidad del Continente&amp;quot; , es necesario adentrarnos más, tanto en la historia de la España de aquél entonces, como en los primeros pasos de la Iglesia en tierras americanas. El dinamismo que impulsó y que aún continua fecundando tal síntesis, que es el continente latino americano en su configuración, lo constituye la fuerza de la fe católica. Los obispos latinoamericanos escribieron en su reunión plenaria de Puebla, celebrada en 1978: &amp;quot;Con deficiencias y a pesar del pecado siempre presente, la fe de la Iglesia ha sellado el alma de América Latina, marcando su identidad histórica esencial y constituyéndose en la matriz cultural del continente, de la cual nacieron los nuevos pueblos&amp;quot; . Es esto lo que le da sentido a su ser; el encuentro con el Evangelio, con la verdad de que existe Dios Padre Bueno, que nos ha dado a su Hijo Jesucristo para salvación nuestra, bajo el aliento del Espíritu Santo, encarnado y nacido de una mujer (cf. Gal. 4, 4), la Virgen María de Nazaret .&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se tenía mucho cuidado de que las Órdenes que pasaban a América fueran todas reformadas. Serán cinco Órdenes religiosas reformadas o nuevas las protagonistas de la historia de la evangelización en el Nuevo Mundo hispano: los franciscanos, los dominicos, los agustinos y más tarde los mercedarios; a estas Órdenes religiosas antiguas, llamadas mendicantes por su origen y estilo, se sumarán pasado medio siglo los recién fundados jesuitas. Los franciscanos que llegaron a México para emprender la evangelización pertenecían a la más severa y genuina de las Observancias evangélicas. El humanismo español constituía el ambiente cultural de estos misioneros. Es conocida la influencia, por ejemplo, de Erasmo de Rotterdam ; el mismo Zumárraga había leído sus libros, como lo demuestra la carta que envió, el 2 de noviembre de 1547, a fray Francisco del Castillo, provincial de su comunidad en Burgos . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Desde este horizonte los evangelizadores trataron, desde sus posibilidades, de crear una nueva humanidad cristiana, singularmente sana y fiel. “La primera generación de misioneros en México, por ejemplo, los obispos Juan de Zumárraga y Vasco de Quiroga, se caracterizaban por el sello del humanismo contemporáneo; Zumárraga estaba influenciado por Erasmo y Quiroga por Tomás Moro. Esta actitud espiritual fue decisiva en algún modo, y precisamente también en relación con la labor misional” . La extraordinaria labor evangelizadora que realizaron los misioneros en tierras americanas, encuentra en estos altos ideales de reforma y santidad de vida, una de sus principales motivaciones. Son elementos que no podemos dejar de tomar en cuenta al momento de estudiar la labor y los métodos que usaron para lograr la conversión de los indígenas americanos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
España estaba en un momento de apogeo y expansión. Venía de concluir la guerra de reconquista contra el dominio musulmán de su suelo. Los Reyes Católicos otorgan una gran importancia a la fe y alientan con gran energía y constancia un proceso de reformas y austeras observancias que, aunque ya venía gestándose desde hacía tiempo, alcanza con ellos una sistemática propuesta de reforma cristiana. El humanismo español de finales del siglo XV y de todo el XVI es sumamente rico en realizaciones literarias y espirituales. Es un tiempo donde lo épico y lo religioso se entrelazan en un universo cultural sumamente fecundo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
7.2. Una antigua exigencia de reforma en toda la Iglesia La exigencia de reforma en la vida de la Iglesia en cuanto sociedad humana, es un fenómeno continuo en la historia de la Iglesia. En los  finales de la edad Media y comienzos de la Moderna se sentía agudamente, sobre todo en algunos ambientes. Se pedía entre otras cosas una reforma radical “in capite et in membris” (en la cabeza y en los miembros), empezando por una adecuada puesta al día de las estructuras jurídicas (centralización y reservas con los desórdenes consecuentes, fiscalismo y abusos) de la vida eclesiástica del clero alto y de la formación del bajo clero, sobre todo en relación a la atención pastoral de los fieles. La respuesta dada a esta exigencia urgente no fue siempre equilibrada y ortodoxa en muchos ambientes cristianos europeos, ni tampoco fue amplia y promovida con decidida voluntad por parte de la jerarquía de esa época, lo que causará con el tiempo la ruptura de los movimientos protestantes. En este contexto, en varios países de la cristiandad se dan discutidos movimientos de reforma desde el punto de vista de la ortodoxia católica, como los llamados “espirituales” o grupos de frailes franciscanos con ideas eclesiológicas heterodoxas, influenciadas a veces por las teorías de Joaquín de Fiore sobre la existencia de dos iglesias, una carnal y rica, y en contraposición otra espiritual, santa y evangélicamente pobre, Otros sostenedores de ideas radicales heterodoxas serán el inglés John Wicliff y luego el bohemo Jean Hus y otros que preceden en muchos puntos la futura mentalidad cristológica y eclesiológica de los reformadores protestantes, como Jakoubek, Nicolás de Dresde o Wesel Gansford (1419-1489) en Alemania. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Son comprensibles estos movimientos radicales de reforma ante la situación de una jerarquía eclesiástica con frecuencia mundana. Estas tendencias ideológicas, fomentadas también por desórdenes sociales, se agudizaban por la falta de una voluntad eficaz de reforma en muchos responsables eclesiásticos. Sin embargo, lentamente comienza a abrirse paso una mayor voluntad de reforma por parte de la jerarquía eclesiástica (Papas y Concilios) a lo largo del s. XV y comienzos del XVI. Así en el concilio de Costanza y en los concordatos que estipuló Martín V, se ve tal voluntad; éste papa eligió también cardenales óptimos y una buena bula de reforma (16.V.1425), que quedó en letra muerta; en la misma línea decretó el concilio de Basilea con medidas radicales, nunca aplicadas. Los papas siguientes emanaron varios decretos y bulas también en tal sentido, casi siempre ineficaces y raramente aplicados, quedándose en meros proyectos. La historia va adelante con vanos intentos de reforma, incluidos los del concilio ecuménico Lateranense V (1513-1517). La doctrina católica fue siempre defendida, pero las situaciones de desórdenes graves en la vida cristiana continuaron vivos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin embargo, en algunos lugares de la cristiandad occidental se empezaba lentamente un camino de reforma de la vida de la Iglesia, como lo demuestra el llamado fenómeno de la “Devotio moderna”, movimiento eclesial comenzado en los Países Bajos a finales del s. XIV y que se desarrolla a lo largo del XV dando lugar a asociaciones como “los hermanos y las hermanas de la vida común”. “Devotio moderna” significaba “servicio de Dios” con una proyección clara de cristocentrismo, una espiritualidad ascética práctica (contra la mística especulativa de los dominicos alemanes), una marcada tendencia afectiva (de raíces franciscanas, de la escuela de S. Bernardo y del teólogo francés Gerson), una interioridad y subjetivismo notables en detrimento de los contactos, también apostólicos con el mundo, y una insistencia ascética que subraya el papel responsable del fiel en la recepción de los sacramentos. El libro “La imitación de Cristo” es fruto de tal “devoción” y su probable autor, Tomás de Kempis, pertenecía a tal movimiento. Esta espiritualidad ejercitará un influjo en el siglo siguiente en muchos santos y fundadores como Ignacio de Loyola e incluso en algunos protagonistas de la reforma protestante.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
7.3. El movimiento de reforma de la vida religiosa monacal y conventual en la Iglesia. Hay otro aspecto notable en el incipiente movimiento de reforma eclesial de este periodo, y es el comienzo de la misma en el seno de algunas antiguas Órdenes religiosas, en gran parte en un lamentable estado de decadencia, si se exceptúan los Cartujos y en parte los Cistercienses. La peste negra que asoló media Europa en aquellos dos siglos (XIV y XV) había vaciado los monasterios,  que luego se habían llenado con vocaciones mediocres o por motivos que nada tenían que ver con la consagración religiosa. Por ello los nuevos religiosos o monjes vivían con frecuencia una vida disipada, en monasterios y conventos con abundantes bienes, falta de la vida común fundada en privilegios obtenidos de los papas, y con una clausura más teórica que práctica, sobre todo en el caso de las monjas, que en muchos casos provenían de la nobleza y traían consigo sus niveles de vida y privilegios y en muchas ocasiones eran obligadas por motivos sociales a entrar en los monasterios. También aquí las decisiones de Papas y Concilios sobre la reforma religiosa caían en un terreno árido. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este panorama se dan los primeros intentos de refreno religioso, cuando algunos religiosos buscan volver a las raíces carismáticas de su fundación, y se reúnen en un convento donde querían vivir claramente el espíritu de tal origen. En los comienzos, ese convento buscaba ponerse bajo las órdenes del General de la Orden por encima de su Superior Provincial. A tal convento se asociaban otros con el mismo espíritu; se formaban así las “Congregaciones” de reforma, bajo la obediencia a un Vicario con poderes amplios. Se quería llevar a cabo de esta manera la reforma de la Orden. Aquí ahondan sus raíces divisiones sucesivas entre “conventuales” y “observantes”, “calzados” o “descalzos”, etc… en varias antiguas órdenes religiosas, ya a partir de finales del s. XV y sobre todo en el s. XVI. El fenómeno se da en la mayoría de las antiguas, también en España, y tendrá consecuencias notables en la historia de los evangelizadores del Continente americano. No todas las “Congregaciones” duraron, sin embargo favorecieron la reforma, en cuanto extendieron su influjo sobre todo a través de la predicación popular ambulante.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
7.4. El movimiento de reforma de la vida religiosa monacal y conventual en la Iglesia. La historia de la reforma eclesial en España se encuadra en este movimiento. Fue conducida hasta llegar a la gente común, comenzando ya mucho antes del Concilio de Trento y llegando al mismo, que ratificó muchos aspectos que la Iglesia en España ya había puesto en marcha desde hacía tiempo. Una de sus características peculiares fue que la iniciativa vino de los Reyes Católicos, con pasos sucesivos de reforma del episcopado, del clero y del pueblo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La reforma de la vida religiosa en España se dió de manera precisa y orgánica . En el caso de los monjes comienza con la del monasterio de San Benito de Valladolid, por iniciativa del rey de Castilla Juan I (en 1389-1390), con el objetivo de que los monjes viviesen la regla benedictina de manera precisa y rígida, y con voto de clausura perpetua al modo de las Clarisas; reclutó para ello unos 15 monjes provenientes de varios monasterios que se comprometieron a seguir tal vida rígida. Luego evolucionará hacia una mayor elasticidad, pasando a finales del s. XV a constituir una “Congregación” de unos 10 monasterios (en 1524 contaba con 32), y durará en los siglos siguientes. Algo semejante ocurre con los cistercienses con la fundación o reforma de la “Congregación de S. Bernardo de Castilla”, en tiempos de los papas Martín V y Eugenio IV, por obra del monje cisterciense que provenía de los Ermitaños de San Jerónimo (Jerónimos), Martín de Vargas. Esta fundación fue duramente obstaculizada por el capítulo general de Citeaux (cistercienses) a lo largo del s. XV; en 1549 reunía 45 monasterios de los 59 españoles de la Orden. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No se observan generalmente nuevas fundaciones con nuevas Reglas en las grandes órdenes religiosas. Sin embargo en España nacen los Jerónimos (ya presentes en Italia como “Eremitas de S. Jerónimo”). Fue un canónigo de Toledo, Fernando Yáñez de Figueroa y su camarero mayor, Pedro Fernández Pecha, que comenzaron a vivir una vida eremítica, pasando luego a la cenobítica, adaptándose a la regla de S. Agustín, con la aprobación de Gregorio XI en 1373. En 1423, Lope de Olmedo quiso reformar la Orden siguiendo algunas indicaciones que sacó de los escritos de S. Jerónimo, y creó así un nuevo ramo llamado “Congregación de la Observancia de S. Jerónimo”, pero que en España tuvo un éxito muy relativo, uniéndose luego en 1567 al resto de los Jerónimos. Se mantuvieron fieles a la regla de manera bastante rígida; crecerán a lo largo de los s. XV y XVI en España fundando y agregando numerosos monasterios, entre ellos hay que señalar el de Yuste, en Extremadura, donde se retirará el emperador Carlos V, el del Escorial, fundado por Felipe II, y el Guadalupe en el célebre santuario de Extremadura.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En cuanto a las Ordenes mendicantes tuvo en España, como en otros lugares, dificultades notables de reforma, dada su organización centralizada que había favorecido en cierto modo también su decadencia. Sin embargo, tal organización luego favorecerá o pondrá obstáculos a la reforma o la apoyará tibiamente. La historia de la reforma de los mendicantes, también en España dependió en buena parte de estos factores, a parte de los apoyos de papas y reyes, característica de la misma reforma, oposición de superiores locales, intervenciones abusivas de los poderes seculares, etc.. En España la reforma nace por iniciativa autónoma en varias provincias. En Santiago en 1390, que se autonomiza en 1440 de los conventuales; en Aragón, con una tendencia de carácter eremítico y se convierte en una provincia de observancia en 1442; en Castilla, parece ser que la observancia franciscana llega de Sicilia. Todos estos conventos reformados, a partir de 1446, forman con los observantes franciscanos franceses, ingleses, belgas, alemanes norte-occidentales la “Vicaria Ultramontana”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero en España nacen también grupos “ultra-reformistas”. Un primer iniciador de esta tendencia es Pedro de Villacreces (+1422), que se proponía reproducir el ideal de la Porciúncula gobernada por S. Francisco de Asís: vida austera y contemplativa, retiro y vida eremítica dentro del convento, pobreza radical, siempre descalzos, oración prolongada, silencio total. El estudio era reducido al mínimo. El sucesor de Villacreces, Lope de Salinas, aumenta el tiempo dado al estudio teológico y moral para formar predicadores y confesores, usando pequeños manuales. Prosigue esta línea el antiguo jerónimo Juan de La Puebla (+1495) con la reforma del convento de Santa María de los Ángeles de Sevilla. De este grupo nace la reforma de Juan de Guadalupe, la observancia rigurosísima, que da mayor fuerza a la predicación y al apostolado. Estos grupos diversos de franciscanos reformados continúan difundiéndose a partir de 1517; entre ellos se encuentra el de San Pedro de Acantara, confidente de Santa Teresa de Jesús, llamados “alcantarinos” o “pascualitas-alcantarinos”. A estos grupos reformados de franciscanos pertenecen los primeros grandes misioneros franciscanos del Continente americano. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra Orden religiosa reformada en España es la de los Agustinos. La formación de la “Congregación de observancia” española tiene una propia historia. Parece ser que su primer convento fue el de “Domus Dei” de Castelví de Rosanes en Cataluña (1420), que permaneció solo y aislado en medio del conventualismo hasta 1569. La “Congregación de observancia” española surge de hecho en Castilla por obra de Juan de Alarcón (+1451 c.), que actuó bajo la protección del padre general Favaroni y tras haber conocido la fuerte renovación de la Orden en Italia. Así se crea en España una “Congregación de observancia” ya en 1438, con 4 conventos de frailes y uno de monjas. Alarcón obtuvo en aquel mismo año la bula de confirmación de parte del Papa, mientras que en los demás casos italianos las bulas llegarán decenios después. La extensión de esta reforma en España se puede deducir del hecho que en 1504-5 se decretó la unión de la “Congregación de Observancia” con la Provincia agustiniana española, que tras divisiones y tensiones, sólo se pudo actuar en 1512. Ello se debió gracias a los Reyes Católicos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La historia de la reforma de los dominicos españoles tiene características semejantes. Ya en el Capítulo general de Burgos (1413), el general de obediencia aviñonesa (nos hallamos en los tiempos del cisma de Occidente), Juan de Puinoix, trata de eliminar los defectos más salientes en la Orden con fuertes medidas disciplinares, incluida la cárcel, y de restaurar la vida común. Probablemente tuvo un gran influjo San Vicente Ferrer con su vida santa, su predicación y sus escritos (Tratado de vida espiritual). Pero la verdadera reforma hay que señalarla también aquí en el método de la fundación de  “Congregaciones de observancia”, alrededor, parece ser de Santa Catalina de Siena (+1380) y de su confesor Raimundo de Capua, maestro general de la Orden a partir del 22 de mayo de 1380. La lista de dominicos eminentes que llevan adelante la reforma de la Orden en Europa, a partir de Italia, es abundante. En España comienza en Castilla en 1423 y recibe el reconocimiento de derecho pontificio en 1478. Su desarrollo se debe a los Reyes Católicos, por lo que en 1505 se une a la Provincia dominica de aquel Reino, eliminando los conventos no reformados e introduciendo la Observancia. Una de sus características fue su expansión a partir de un convento reformado, lo que se puede señalar como un ejemplo de reforma a partir de la base. En estas “Congregaciones de observancia” se quiere volver a la experiencia primera de la Orden y se resuelve el problema de la pobreza buscando una línea media: queda la “mendicidad” como ideal, pero se corrige con otros medios de subsistencia, cuando aquella se mostraba insuficiente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El caso de la Orden de los carmelitas, sea en el s. XV como en el XVI, sigue un itinerario parecido. Se pueden enuclear varias reformas serias: dos de “Congregaciones de observancia” fuera de España ya en el s. XV (las de Mantua en Italia y de Albi en Francia), y las del s. XVI, la general de Nicolás Audet de toda la Orden (1524), y la teresiana en España, que coincide con la historia de la reforma de la gran Santa Teresa de Jesús (1515-1582), seguida por su discípulo San Juan de la Cruz (1542-1591), los dos grandes místicos y literatos incomparables en su género. En España hay otras órdenes mendicantes, que en esta misma época siguen el camino de la reforma y que tendrán también un papel importante en la evangelización americana, principalmente los Mercedarios y los Trinitarios, ambas órdenes fundadas para la redención de cautivos en manos de los musulmanes del Norte de  África. La primera de estas dos órdenes, que pasarán tempranamente a América (el capellán de Cortes fray Bartolomé de Olmedo, muerto en 1524, era un mercedario),  desarrollará un papel fundamental en la historia de la evangelización americana.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La estructura de las “Congregaciones de observancia” de los mendicantes son bastante comunes. Son ordinariamente reconocidas, algunas por documentos papales (de derecho pontificio), otras por el general de la misma Orden. No crean sistemas jurídicos nuevos, como en el caso de los monjes; introducen sólo un gobierno doble, casi completo, dentro de la misma Orden, autónomo en relación a sus provinciales locales, pero no en relación al general de la Orden. La historia de cada caso muestra con frecuencia caminos y características peculiares. Estas reformas quisieron ir a la raíz de los males y cortarlas de cuajo. Se caracterizan en general por la pobreza vivida, la austeridad, la vida común, la penitencia aflictiva, la meditación y la “lectio divina” y con ella el silencio; un monje-abad de Monserrat en Cataluña preparará un tratado y meditaciones titulado “Exercitatorio de la vida espiritual” que ejercerá un influjo notable en tal sentido en todas las Órdenes de observancia. Al contrario, el tiempo dado al estudio estaba marcado por las necesidades apostólicas más que por una necesidad intelectual en sí; puede decirse, que sobre todo en sus comienzos, hubo una reacción contra los estudios académicos, o al menos una indiferencia y desestima para la formación sacerdotal. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La razón de esta desestima, sobre todo en el mundo de los monjes de este tiempo, era el pretender una oposición entre el monje “homo devotus” y “homo spiritualis” por una parte y del “homo doctus” por otra. El problema se empezará a resolver a lo largo de los primeros decenios del s. XVI, cuando los monjes reformados comienzan a erigir también colegios universitarios, pero el desarrollo fue bastante lento. Por su parte en las Órdenes de observancia encontramos actitudes muy diversas. En el caso español los agustinos, por ejemplo, son más bien contrarios. Lo mismo sucede con otras Órdenes. El rechazo de los grados académicos se fundaba en que habían sido en su tiempo una de las causas de la decadencia religiosa. Los dominicos resuelven el problema admitiendo a los mismos a frailes de virtud probada, y combatiendo los antiguos privilegios que tenían los titulados lectores (profesores o doctores). Poco a poco todas estas Órdenes resuelven el problema instituyendo en cada provincia casas de estudios, esto a partir de mediados del s. XV; sin embargo sigue durante mucho tiempo la oposición a los grados académicos. Así los agustinos de Castilla tardan hasta 1542 en organizar los estudios humanísticos, filosóficos y teológicos, cuando el General Seripando le impone una organización de los estudios para dar una mayor formación a los frailes candidatos al sacerdocio. La solución al problema fue positiva gracias a que la Observancia religiosa se consideró el valor principal al que se debían subordinar los otros valores. Además la solución ejemplar la habían ya ofrecido las grandes figuras reformadoras, que entran doctas y santas, es decir estrictamente observantes y regulares, y que se encontraban tanto en los monjes reformados como en las Congregaciones de Observancia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuanto hemos afirmado sobre la reforma de la vida religiosa en los reinos españoles de Castilla y Aragón, se puede aplicar en parte, aunque no con la misma radical insistencia, en el reino de Portugal. Entre las reformas destaca la de los franciscanos, llamados “Capuchos” (que no se debe confundir con los Capuchinos), favorecida por Alfonso V, y cuyo centro fue Varatojo. Estos franciscanos se distinguirán también por su compromiso en la empresa evangelizadora portuguesa bajo el Padroado.&lt;br /&gt;
7.5. La reforma del episcopado en la España de los Reyes Católicos y de comienzos del s. XVI. Los Reyes Católicos, la Reina Isabel sobre todo, habían promovido una reforma del clero diocesano y regular, basados en criterios válidos, no siempre exentos de cálculos también políticos, que Fernando no siempre había aplicado. No faltarán tensiones entre Fernando (+1516), Julio II y León X sobre las provisiones episcopales, porque el rey tendía a presentar los candidatos con el sistema de la “súplica”, cuando no existía el patronato (como era el caso de Granada). Con los criterios adoptados –naturales de los reinos, honestos, de la clase “burguesa”, doctos- los reyes Católicos no solamente habían puesto en marcha una reforma, especialmente en Castilla; habían también unido los obispos a la Corona. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Carlos I (V), nieto y sucesor de los Reyes Católicos (rey 1516-1556), quiere obtener de la Sede Apostólica lo que la misma había concedido con un concordato en 1516 a Francisco I de Francia. Lo obtiene de Adriano VI (1522-1523) (que había sido su consejero y regente en Castilla durante su ausencia obligada por motivos de su elección como emperador del Sacro Imperio Romano en 1520); es decir el patronato sobre Castilla y Aragón, tras haberlo obtenido sobre Pamplona (Navarra) (4-28 de mayo de 1523) con el ius patronati et praesentandi. Con la bula “Eximiae devotionis affectus” (6.9.1523) obtiene el patronato, por lo tanto el derecho de presentar a los candidatos, a todos los obispados, abadías y otros beneficios consistoriales. Tal concesión fue revocada el 3 de abril de 1527 bajo Clemente VII (1523-1534) con el voto del Consistorio, porque había sido concedida sin el voto del Colegio cardenalicio; tras el saqueo de Roma (1527), con la bula “Etsi ea quae” en Bolonia, antes de la coronación imperial de Carlos V (el 11 de enero de 1530), confirmada por Pablo III el 7 de julio de 1536, Carlos V obtenía de nuevo el patronato y el derecho de presentación. Desde este momento en adelante, durante siglos, los nombramientos episcopales estarán en manos del Rey de España en sus Reinos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La reforma de la vida eclesiástica comenzada por los Reyes Católicos empieza por la elección al episcopado de obispos doctos y rectos. Criterios de reforma: que fueran españoles, doctos, virtuosos, llanos (no aristócratas), residentes. &amp;quot;El clero de España es el nervio de la Cristiandad&amp;quot;, habría dicho San Carlos Borromeo en los tiempos del Concilio de Trento . Los Reyes quieren que el Papa nombre obispos españoles porque debían residir en sus diócesis, de vidas íntegras; no nobles, para que no se convirtiesen en señores feudales. En su época brillaron de manera especial algunas figuras. Entre ellas destacan las figuras del jerónimo fray Hernando de Talavera (c. 1430-1507), primer arzobispo de Granada después de la Reconquista, confesor de Isabel la Católica y el tipo ideal de obispo; el arzobispo, y teólogo dominico de Salamanca, fray Diego de Deza (1443-1523), el arzobispo y cardenal franciscano fray Francisco Jiménez de Cisneros (1436-1517) . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hernando de Talavera lleva una vida santa, con la celebración diaria de la Misa, el catecismo a los niños, reunión-capítulo mensual con los párrocos, y fundación de un seminario modelo, entre otros aspectos. Diego de Deza formó parte del Consejo de Sabios que examinó las propuestas de Colón, y fue uno de los pocos que consideró las mismas como viables. De ahí nació la gran amistad y admiración que el Almirante sintió siempre por Deza. Francisco Jiménez de Cisneros, figura fundamental en la historia religiosa y política de la España de su tiempo y en los comienzos de la evangelización de América, quien reformó a su Orden franciscana de la que era provincial en medio de oposiciones y de luchas. La Reina Isabel le ayudó en estas reformas, especialmente en la de las monjas. Para formar el clero funda los llamados “collegia minora” para el estudio de las letras, y los “collegia maiora” para la filosofía y la teología. Recomienda al clero doctrina, pureza de costumbres, empeño pastoral y litúrgico. Él fue el restaurador en Toledo de la liturgia mozárabe. En el mundo de la cultura ha pasado a la historia como humanista en cuanto funda la Universidad de Alcalá (Complutum) (1508) con un claro planteamiento humanístico y moderno, que edita la Biblia poliglota complutense en 6 volúmenes. Edita también varias obras devocionales en español, como la Vida de Cristo de Ludolfo y otra obras de la “Devotio Moderna”, que prepararon el florecimiento de los grandes místicos del siglo XVI. Además renovó la enseñanza de la teología. Su metodología será indicada por el teólogo dominico Melchor Cano en su “De locis theologicis” y por los estudios jurídicos del también dominico Francisco de Vitoria en Salamanca. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era un nuevo método de estudio de la teología que superaba el bizantinismo de una escolástica decadente, y trataba las cuestiones más importantes y candentes del momento. Se quería una exposición sencilla, sobria, elegante, a partir de las fuentes (Escritura, Padres, Concilios, documentos eclesiásticos); sustituye las “Sentencias” de P. Lombardo con la “Summa theologica” de Sto. Tomás. Así se preparan los maestros de los grandes teólogos españoles que acudirán a Trento o a sus discípulos. En Alcalá estudiará una  falange de grandes figuras del humanismo español, algunos como San Juan de Ávila (c. 1499-1569), declarado doctor de la Iglesia (2012), o personalidades que ejercitarán un papel importante en la historia de la evangelización y de los derechos humanos en América, como el p. jesuita José de Acosta (1540-1600) .  Esta Universidad contará con célebres maestros, entre ellos el dominico Domingo de Soto (1494-1560) y celebres alumnos. Con algunos entablará una amistad duradera, como con Don Pedro Guerrero, futuro arzobispo de Granada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La España cultural de la época comienza a respirar con los dos pulmones culturales de las universidades de Salamanca y de Alcalá. En estas universidades asistimos a un renacimiento del humanismo renacentista, con varias corrientes que lo caracterizan: vuelta a los estudios bíblicos en Alcalá (Biblia Políglota), con referencias a una teología positiva, siguiendo las huellas de los Padres, y reformismo eclesiástico. Encontramos también en ellas corrientes humanísticas, filosóficas y teológicas de matrices diversas, como el tomismo, el escotismo, y en medida menor algunos brotes nominalistas, y el influjo de humanistas como Erasmo y Tomás Moro. En estas universidades echan sus raíces las corrientes jurídicas que las harán célebres en el campo del derecho de gentes o internacional, con figuras como los dominicos Francisco de Vitória y Domingo de Soto y otros conocidos teólogos que ejercerán un fuerte influjo en el Concilio de Trento (1545-1563). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta reforma del episcopado no encontró un camino llano y fácil. Cuando Fernando el Católico muere en 1516, el cuadro del episcopado español no era homogéneo. La mayor parte de los obispos era ciertamente digna y muy convencidos del servicio al Rey, de buena altura eclesiástica e intelectual, aunque se daban casos de obispos poco dignos, nombrados por motivos de parentesco; había cardenales que no residían en sus sedes, nombrados por razones de amistad; había también obispos nobles, nombrados gracias a su proveniencia social y algunos por ser flamencos o por intereses con aquellos territorios bajo la Corona española, a partir de Carlos V . El emperador Carlos trató de seguir los criterios establecidos por los reyes Católicos, pero no siempre los mantuvo totalmente, lo que llevó a veces a consecuencias negativas, aunque en menor medida que en otros países europeos. ¿Cuáles habían sido los criterios de los reyes Católicos, sobre todo de Isabel? Ante todo la elección de personas doctas. Carlos V escogerá fundamentalmente personas preparadas y bien formadas en colegios eclesiásticos universitarios españoles, en los “Estudios generales” de los religiosos y en las universidades italianas. En su día, el cardenal franciscano, arzobispo de Toledo y primado de España, confesor y consejero de la reina Isabel y luego regente del Reino hasta su muerte (+ 8.11.1517), optó por teólogos, preferentemente canonistas, contra la tendencia que se daba en Italia, Inglaterra y franca. Este criterio será luego seguido por el Consejo real. Por ello los obispos españoles darán una notable aportación en el concilio de Trento. La reina Isabel había querido obispos honestos y había seguido rigurosamente este criterio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fernando fue menos severo en este campo, por lo que encontramos algún caso de obispos con hijos como  Alonso de Aragón (+1520), hijo del rey Fernando, arzobispo de Zaragoza y con hijos. Por su parte Carlos V aplicó aquel mismo criterio, también porque podía disponer de sacerdotes formados en los colegios de Talavera y de González Mendoza. La extracción social de los obispos era prevalentemente de la clase media. Carlos V por su parte nombrará luego también nobles, españoles y extranjeros, por motivos de gratitud y no siempre por razones eclesiásticas. El primero de ellos fue el joven Guillermo de Croy, de 20 años, que sucedió al gran Cisneros en Toledo ; era ya obispo de Cambray y cardenal, y nunca puso los pies en España. Dio también el obispado de Valencia a Eduardo de la Marca, obispo de Lieja, porque le servía para el Imperio . Se cuentan hasta 30 provisiones suyas de este tipo de obispos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para salvar el principio de los Reyes Católicos (“obispos naturales de estos reinos”), el rey Carlos concedía “cartas de naturalización” por las que se habilitaba a estos extranjeros a ser nombrados obispos de cualquier diócesis española; y si no podía dar provisiones de obispados, les daba pensiones sobre las rentas de estas diócesis. Estas provisiones llevaron al absentismo. Los obispos españoles debían comprometerse a residir en sus diócesis para poder recibir la provisión, con una especie de pacto, como dirá un obispo español en el concilio de Trento. Pero no la exigía de los extranjeros, que a veces eran cardenales italianos de curia. La exige de los españoles residentes en Roma o en la Corte. Pero era él mismo a dificultar o a imposibilitar la residencia porque se servía de los obispos para los servicios administrativos, civiles, para la dirección del consejo real, para las Cancillerías de Valladolid y de Granada, como embajadores, etc. Así, por ejemplo, el cardenal Pedro Pacheco, primer obispo residencial de Pamplona después de 80 años, nunca estuvo ni en Jaén ni en Sigüenza, sedes a las que había sido trasferido (1545-1560), y fue también virrey de Nápoles. El inquisidor Fernando Valdés nunca residió en alguna de las diócesis para las que había sido nombrado, e incluso consideraba abstractos a los “frailes teólogos” (como Victoria) y a los predicadores, como Pablo de León, que criticaban duramente este ausentismo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por todo ello vemos que en tiempos del emperador Carlos V en sus dominios europeos, también en España hubo periodos en los que encontramos que pocos obispos residían en sus diócesis. El hecho ahondaba sus raíces en motivos de ambiciones a ser trasladados a sede más importantes, por ser más ricas, con posibilidades de ejercer influencias y tener mayores poderes; en una palabra, una mundanidad infiltrada en aquellas esferas episcopales, denunciadas con dureza por parte de figuras episcopales del calibre del agustino Santo Tomás de Villanueva (1486-1555), arzobispo de Valencia , y más tarde en el concilio de Trento por parte del obispo dominico portugués Bartolomé de Martyribus en su “Stimulus pastorum” .  A pesar de estos límites, serán los obispos españoles quiénes en Trento lucharán por la reforma del episcopado y por la residencia de los obispos en sus diócesis.&lt;br /&gt;
7.6. El clero inferior. Hacia finales del s. XV y comienzos del XVI el clero, tanto el secular como el regular, contaba como ya se ha indicado, un alto porcentaje de miembros. En el clero diocesano había un clero “medio”, al que pertenecían los canónigos de los capítulos, el de las colegiatas y los párrocos de parroquias importantes. Los canónigos como cuerpo habían sufrido el contragolpe de la acción de los reyes Católicos. Esta clase clerical pertenecía de hecho a la antigua estructura feudal, por lo que buscaron  defender su posición. Con frecuencia vivían con un tenor de vida bastante secular y garantizaban también una serie de beneficios a su parentela, por lo que con frecuencia accedían a estos cargos, más por intereses económico-sociales que por vocación a la vida clerical. Pertenecían al considerado clero bajo, la mayoría de los párrocos, de los capellanes y de los beneficiados menores. Tenían que ejercitar un oficio para poder vivir porque las rentas del beneficio no eran suficientes. Los reyes Católicos trataron reformar también a este clero, juntamente con obispos y otros prelados, buscando la promoción del sacerdote reformado ideal. En esta empresa tendrán luego un papel fundamental  muchos tratadistas teológicos, jurídicos y humanistas como Vitoria, el arzobispo de Toledo Carranza, Soto, San Juan de Ávila, fundador en su tiempo de varios colegios-seminarios para la formación del clero, ya antes de Trento , Luis de Granada y otros muchos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A la luz de cuanto descrito surge una pregunta obligada: ¿Se puede hablar en un sentido apropiado y estricto de una Iglesia “nacional” española, como se habla de la “Iglesia galicana” en Francia o de la “Iglesia anglicana” en Inglaterra? Las tendencias eclesiales centrífugas se dan en varios países de Europa y se agudizarán a partir del siglo XVI. No parece que se pueda hablar en el mismo sentido en el caso español y en el portugués. Ciertamente en España y Portugal se podría ver en sistema  del “Patronato” y del “Padroado” una expresión centrífuga. Sin lugar a dudas existe una conciencia bastante claro de la propia identidad nacional y eclesial, pero sin llegar a los límites de las concepciones de buscar la creación de una Iglesia autónoma del Papado, ni siquiera la defensa de “unas libertades eclesiales adquiridas” como sucedía en otros países europeos. La fidelidad al Romano Pontífice nunca fue puesta en duda a lo largo de esta historia ni por los Reyes ni por los obispos, juristas y teólogos españoles. Incluso el largo proceso de elaboración de la doctrina sobre el Patronato no fue ni fácil ni unánime. Se legisló sobre la exclusión del episcopado de todo extranjero, en la práctica esta regla fue con frecuencia olvidada o se encontraron salidas para evitarla. Incluso las “represalias” que tomaban los Reyes contra Roma, fueron siempre mitigadas por el realismo en las relaciones, tensiones sin ruptura, que al final se recomponían. En todo caso serán más duras en el siglo XVIII con la dinastía de los Borbones, incluso con nuevas y más radicales interpretaciones en favor de las dos Potencias católicas del Patronato o del Padroado, pero ya era una situación nueva que la Iglesia vivía en toda la antigua cristiandad europea bajo los regímenes del absolutismo ilustrado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==NOTAS:==&lt;br /&gt;
  &lt;br /&gt;
&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==BIBLIOGRAFÍA:==&lt;br /&gt;
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*Valverde Castro, María R. (2000). Ideología, simbolismo y ejercicio del poder real en la monarquía visigoda: un proceso de cambio. *Universidad de Salamanca. pp. 27-29. ISBN 9788478009404.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''FIDEL GONZÁLEZ FERNÁNDEZ'''&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.56.173</name></author>
		
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		<title>ESPAÑA; la sociedad española en la época de los descubrimientos</title>
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		<updated>2014-03-31T20:26:26Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.173: /* 5. La nación española */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;==ESPAÑA; la sociedad española  en la época de los descubrimientos== &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==1. La España de los Reyes Católicos==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Durante la llamada Edad Media, la Iglesia había sido el punto de referencia en la creación en la Península Ibérica de una historia común. Algo semejante había sucedido también en la Europa medieval, pero en el siglo XVI aquella historia común europea se interrumpe con las divisiones religiosas y culturales. El momento en el que sucede el encuentro entre España y América coincidió con el paso de una época a la otra. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La unidad dinástica de los reinos hispanos sucede en 1479 con la fusión personal de Castilla-León y Aragón-Cataluña, por el matrimonio de los dos monarcas de ambos reinos: Isabel I (la Católica) de Castilla-León y Fernando V (el Católico) de Aragón. Doce años después (el 6 de enero de.1492),con la reconquista del reino moro de Granada, se cierra el ciclo de la reconquista y la unidad practica de los reinos españoles, bajo el lema que adoptan de igualdad de poderes y unidad de decisiones de las dos Coronas en una, con el lema “''tanto monta, monta tanto, Isabel como Fernando''”, y la simbología heráldica para expresar aquella unión (el ''Yugo'', letra inicial de Isabel, entrelazado con la ''Flechas'', letra inicial de Fernando). Este hecho tendrá repercusiones incalculables en el futuro de la misma España como en el Nuevo Mundo, que pronto iba a entrar en la escena mundial de la mano española. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una frase: &amp;quot;''en cabeza del rey''&amp;quot;, iba a expresar lapidariamente el papel de la monarquía en aquella empresa: frase que ya se encuentra en autores de la primera hora, y que viene a significar el papel o responsabilidad del Rey o de la Corona en todos los asuntos del gobierno, tanto civil como eclesiástico, del Nuevo Mundo: administración de la justicia, patronato, legislación, defensa de los derechos del indio, etc., como Fray Domingo de Betanzos, Francisco López de Gómara, en su ''Historia General de las Indias'', o más tarde Felipe Guamán Poma de Ayala (comienzos del s. XVII) y muchos otros recuerdan en sus historia y crónicas.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
La España de los reyes Católicos era una España claramente identificada con la historia que le había dado origen. Su monarquía conservaba todavía esta conciencia. Tal es la clave para comprender muchas iniciativas políticas y religiosas de los Reyes Católicos, Isabel I la Católica de Castilla y Fernando V el Católico de Aragón, y de sus descendientes, principalmente Carlos I (V como emperador del Sacro Romano Imperio Germánico) y Felipe II, y de sus descendientes los demás reyes de la Casa de Austria española (o Augsburgo). Durante el reinado de los reyes Católicos acontecen en la historia nacional española algunos grandes hechos: la unión dinástica de los dos grandes reinos ibéricos de Castilla-León y de Aragón-Cataluña con el consiguiente reforzamiento de la monarquía y la regularización del sistema administrativo de la Corona; la reforma de la vida eclesial en sus diversos niveles; la conclusión de la lucha secular de la reconquista del dominio musulmán del suelo patrio, que antiguamente había formado el reino hispano-visigodo; el comienzo de la expansión transoceánica que dio como resultado la llegada a las tierras del Nuevo Mundo, que para el historiador, capellán de Cortés, Francisco López de Gómara, había sido “''el más grande acontecimiento después de la creación del mundo si se exceptúa la encarnación y la muerte de Aquel que lo había creado''”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta empresa política, pero también evangelizadora, fue posible gracias a la existencia de un sujeto tanto político como católico en la comunidad hispana, impregnada en este último caso de una conciencia de la fe católica, sea a nivel popular como en la Corona. Los Reyes Católicos tenían una clara conciencia de su autonomía política en la esfera secular. La tenían también como cristianos. También como príncipes católicos no estaban exentos de una mentalidad jurídica muy extendida en las relaciones entre los Estados cristianos nacientes y la Iglesia de querer controlar la vida eclesial en sus Estados, pretensión común en los gobernantes (o príncipes) cristianos de esta edad moderna. Tal pretensión, que databa ya de siglos anteriores, llevaría en muchos casos a caer en la tentación, nunca escondida, de crear de hecho Iglesias nacionales, bajo el control del Estado. En el siglo XV, a pesar de la crisis conciliarista, tenían una sana conciencia del papel del Papa como cabeza de la Iglesia y reconocían su misión y supremacía en el campo eclesial y espiritual, “''no reconociendo superior temporal sino a Dios Omnipotente, y dando la obediencia espiritual debida al Sumo Pontífice y a la Iglesia apostólica de Roma''”, como escribía entonces Fernández de Oviedo, uno de los primeros testigos e historiadores de la conquista en el Nuevo Mundo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El papel de la corona fue fundamental en los tres siglos siguientes, tanto en el ámbito de los descubrimientos y de la colonización, como en el de la evangelización. Ya desde el alba de la presencia española en el Nuevo Mundo, los Reyes Católicos emanaron una serie de disposiciones o cédulas legales y administrativas con el fin de regular un gobierno recto en aquellas tierras, y afrontar las problemáticas humanas, políticas y evangelizadoras que aquellas situaciones inéditas planteaban. En tal sentido el testamento del 12 de octubre de 1504 y el codicillo de Isabel la Católica añadido el 23 de noviembre de 1504, tres días antes de morir, dan las directivas del proyecto político (relación entre españoles e indios, y derechos de éstos) y de la evangelización e implantación de la Iglesia en América. Aquel texto fue codificado y se convirtió pronto en un texto legal, caso único en la historia constitucional de un país, entrando así a formar parte de la legislación de España sobre las Indias hasta las independencias de sus países.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==2.La población española en el momento del descubrimiento de América== &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se calcula que en el momento del descubrimiento de América, España tenía unos ocho millones de habitantes. De ellos, antes de 1492, medio millón eran judíos (la expulsión en masa de los mismos acontece en 1492) y un millón de mudéjares&amp;lt;ref&amp;gt;Mudéjares: musulmanes que vivieron en convivencia con los cristianos, tras ''la reconquista'' por éstos del territorio peninsular español. La palabra “mudéjar” deriva del vocablo árabe ''mudayyan'', equivalente a “vasallo” o “sometido”; acepción etimológica que no aparece en la documentación medieval, pero que se populariza a partir del siglo XIX.&amp;lt;/ref&amp;gt;a los que luego habría que añadir los “moriscos”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Cómo se distribuía socialmente esta población? Un 80 % era rural. Se daba una endeblez numérica de clases. Lo que hoy se suele llamar &amp;quot;clase media&amp;quot; (pero que en este caso sería un anacronismo), puede ser distribuida de la siguiente manera: un 3%, que no eran clé¬rigos, ni militares, ni campesinos, ni patricios urbanos; eran gente común. Había unos 75.000 clérigos o eclesiásticos&amp;lt;ref&amp;gt;Algunos hablan de un total de unos 40.500 miembros del clero secular o diocesano, pero las estadísticas no son siempre fiables.&amp;lt;/ref&amp;gt;, el 1% de la población, de los que unos 2000 o 3000 pertenecían al llamado &amp;quot;clero alto&amp;quot;. Los nobles o hidalgos de variada posición y entidad eran unos 115.000, el 2% de ese número total. En cuanto a la propiedad las tierras, éstas pertenecían al 2% o 3% de la población que poseían el 97% de las mismas. Esta alta aristocracia, personal o jurídica, era dueña de la mitad de España. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Y cómo se componía ésta aristocracia? Se contaban unas 50 familias unidas por vínculos de sangre y que constituían de hecho una fuerza social, política y económica paralela a la del rey, como lo demuestran las convocatorias de frecuentes “Cortes” para tratar los asuntos importantes del Reino, proclamar o reconocer al rey, que debía jurar sus fueros&amp;lt;ref&amp;gt;Los ''Fueros'' (del latín forum; derechos, leyes) son un cuerpo de leyes, considerado entre las más importantes fuentes del derecho en España.&amp;lt;/ref&amp;gt;, proclamar ante ellas por parte del rey leyes, cédulas reales o disposiciones en los campos civil o eclesiástico y determinar la política a seguir en el Reino. Las Cortes eran en la antigua historia española medieval y en los comienzos de la moderna una asamblea general del Reino que convocaba el rey en los antiguos reinos de España para tratar asuntos de estado, generalmente, la elaboración de leyes y la concesión de impuestos: a las Cortes acudían los representantes del clero, de la nobleza y de las poblaciones importantes, ayuntamientos de ciudades y de villas. En las “Cortes” se encontraban representadas las diversas entidades o corporaciones que componían el Reino. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En todo este tren de vida política, algunos nobles (en realidad pocos), descendientes en buena parte de antiguas familias de caballeros, protagonistas en la reconquista, o de otros nuevos allegados por méritos o por influencias, ocupaban puestos en la Corte real, la que en esa época solía ser “ambulante” a lo largo de ciudades y villas del Reino. Estos nobles, que con frecuencia poseen sus castillos y palacios, comienzan a llevar un tren de vida a veces fastuoso. Estaba luego una pequeña nobleza de mayor peso social y económico, y otra mediana formada por militares, hijosdalgo, y caballeros, que constituyen dos poderosos es¬tratos sociales. El estamento militar asiste por derecho propio a las Cor¬tes. Vive en posesiones rurales e influye en el gobierno a través de la parentela y vínculos de nobleza. De esta pequeña noble¬za se recluta lo mejor de los capi¬tanes, diplomáticos y funcionarios. De la pequeña nobleza salieron muchos obispos (&amp;quot;llanos&amp;quot;, no pertenecientes a la aristocracia o alta nobleza). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se debe también hablar de una incipiente nobleza urbana: terratenientes, ricos por herencia, no comerciantes, y que es más culta que la nobleza militar. Sus hijos llenaban las universidades. También de aquí salen canónigos, obispos, abades. Fueron excelentes secretarios y administradores. Los pobladores de las pueblas (poblaciones fundadas con privilegio real y cuyos vecinos formaban “ayuntamientos” y concejos) y las villas (con sus pobladores llamados &amp;quot;villanos&amp;quot;) tienen acceso o movilidad de ascenso a ese tipo de nobleza y constituyen una parte importante y fundamental en la estructura del Reino. La tendrán en el poblamiento español del Nuevo Mundo con sus fundaciones, al estilo castellano o de la madre patria. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la estructura y en la vida social y política del Reino se encuentra el clero. Constituye un grupo social peculiar dentro de la sociedad. Dentro de él hay de hecho un clero socialmente alto y otro clero bajo, no por procedencia social, sino por los puestos que ocupan en la estructura eclesiástica. El clero tiene un fuerte espíritu corporativo (como en los otros países de la cristiandad medieval hasta la edad contemporánea) para defender sus inmunidades. Su fuerza económica la constituyen los diezmos (en especie, que se subastaban). La mentalidad de cada estrato era fuerte y reflejaba con frecuencia también su procedencia social. El papel del alto clero era notable. Constituían la columna vertebral de muchos sectores de la administración pública, cancilleres, presidentes y miembros del Supremo Consejo de Indias, cuando éste fue creado, y de muchos tribunales. Personajes fundamentales en la España de los tiempos del descubrimiento de América, como el arzobispo Talavera, Deza, los cardenales Cisneros y Mendoza, por citar nombres universalmente más conocidos, lo demuestran. En conjunto forman un grupo notable por &amp;quot;letras y virtud&amp;quot;. Muchos de ellos actuaron en la vida política e incluso en la militar; son parte de la última hornada de prelados-capitanes, como lo fue incluso el cardenal franciscano reformador Francisco Ximénez de Cisneros (que tiene su proceso de canonización introducido). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dentro del clero se encuentra una especie de alto clero menor, generalmente hacen parte de ella los prebendados (que eran dignidades, canónigos o racioneros de alguna iglesia catedral o colegiata). Normalmente son de elevada categoría intelectual. Existen 47 capítulos ca¬tedrales de gran poderío económico y con un nivel moral bastante bueno en general. Sin embargo entre el bajo clero, incluso entre el religioso, se da a veces inmoralidad, ignorancia y pobreza. Este fenómeno de decadencia en una parte del clero regular y secular era un fenómeno de la cristiandad europea de la época, con numerosos intentos de reforma por parte de papas y concilios a lo largo del siglo XV y comienzos del XVI. Basta recordar cómo el tema de la reforma del clero aflora y es tratado específicamente desde el Concilio de Constanza (1414-1418), Ferrara-Florencia (1438-1445), Lateranense V (1512-1517). En este cuadro el caso español corresponde al del resto de Europa. Sin embargo no se puede generalizar. Los concilios provinciales vigilaban y urgían por una reforma de las costumbres entre el clero. El siglo XVI será un siglo de notables &amp;quot;reformas&amp;quot; en este sentido, que verá el florecimiento de muchas Órdenes religiosas reformadas, de varios concilios provinciales y culminará con las reformas del Concilio de Trento (1545-1563). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Había en la España a la que nos referimos lo que se podría llamar &amp;quot;grupos medios&amp;quot;, aunque el término no corresponda a la moderna acepción de “clase social”. Eran gentes de ejercitaban oficios y menesteres necesarios en toda sociedad, especialmente en villas y ciudades como mercaderes y comerciantes, no¬tarios, abogados, barberos (que ejercitaban a veces también una medicina rudimentaria, pero importante), médicos y curanderos y pequeños administradores. Demográficamente eran débiles. De ellos salía 1/3 o 1/4 de los regidores. Solían componer (en reinos como en Aragón) los cabildos de las ciu¬dades. Son la raíz de la futura burguesía industrial y mercantil.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los artesanos constituían una especie de clase o grupo modesto urbano, que vivían asociados en gremios. La artesanía era más bien patriarcal y familiar, y menos técnica de taller, como en Italia o en Flandes. Proporcionaban un tercio o un cuarto de los regidores&amp;lt;ref&amp;gt;Los regidores eran los concejales de los ayuntamientos, miembros del cabildo de Indias o de las corporaciones locales.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Constituían la masa popular en los festejos. Este grupo social tiende a superarse y a presentarse bien. Su vida era suficientemente holgada. La población de todas estas clases sociales componía el 20% de los habitantes de España. Luego estaban los campesinos, que son un 80%, en desigualdad de condiciones, según las regiones. Había campesinos &amp;quot;de señorío&amp;quot;, a veces en penosas condiciones, y campesinos de realengo&amp;lt;ref&amp;gt;Poblador o vecino de una circunscripción o concejo que no era de señorío ni de las órdenes, y que pertenecía a la Corona.&amp;lt;/ref&amp;gt;, a veces muy dignos. Pero toda la población vivía a veces sometida a calamidades y grandes crisis, comunes a todo el resto de Europa, como pestes y enfermedades endémicas y crónicas, sequías o superabundancia de lluvias, inviernos crudos, o veranos tórridos; todo ello provocaba muertes frecuentes y prematuras, y hambrunas frecuentes, sobre todo en las tierras más áridas o secas como las castellanas. Sin embargo estas penosas situaciones, con frecuencia endémicas, no provocaron sublevaciones populares, como sucedió en otros lugares de Europa; basta pensar a las sublevaciones de los campesinos y de los caballeros en la Alemania de los tiempos de Lutero o en otras semejantes en la Italia e incluso en la Roma de los siglos XIV y XV.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y ¿cuál era el valor monetario corriente en esta época? En el caso español el más común era el &amp;quot;ducado&amp;quot;, que correspondía a 375 maravedís, una equivalencia a unos ocho jornales de obrero especializado o veinte jornales de un peón. El marqués de Villena, por ejemplo, tenía 100.000 ducados de renta al año. La Iglesia (sus instituciones y su personal ministerial) tenía seis millones de ducados de renta: dos millones el clero re¬gular y cuatro, el clero secular.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==3. La España católica y la Reconquista==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
1. ''Carácter y temperamento del catolicismo español de la época'': ¿Cómo se explica la vehemencia y también la fuerza del catolicismo español? Hay muchas teorías y opiniones al respecto. No hay que olvidar la característica historia cristiana española a partir del siglo VIII, cuando los musulmanes del Norte de África invaden el Reino español de los visigodos y lo desbaratan en la batalla de Guadalete (Andalucía) donde perece el último rey visigodo Don Rodrigo, que pasará a la leyenda épica española en multitud de romances (711). Casi todo el Reino visigodo español cae bajo dominio musulmán, si se exceptúan las regiones montañosas del Norte, astures, cántabros, vascos, y zonas de la Navarra y de la Cataluña pirenaica. En el año 721 encontramos los hechos conocidos como “''batalla de Covadonga''” en las montañas de Asturias, donde un príncipe visigodo, Don Pelayo (+737), levanta el estandarte de la &lt;br /&gt;
Cruz contra el invasor musulmán y da comienzo a la Reconquista, que se concluirá en 1492, en Granada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue el comienzo del minúsculo Reino de Asturias, que lentamente alargará sus fronteras reconquistando los territorios de León y luego las mesetas castellanas. Dará lugar así al nacimiento, como prolongación del reino asturiano del de León (s. IX), y más tarde al de Castilla (s. X) (Castilla y León unidas de nuevo a partir del 1230), del que nacerá con el tiempo el condado de Portugal (condado dependiente de Castilla a partir del 1094 y luego reino, totalmente autónomo). En el caso Asturiano ya a finales del siglo VIII se funda la ciudad de Oviedo (760), alrededor del monasterio benedictino de San Pelayo, donde el rey Fruela  I (757-768) establecerá su Corte y que alcanzará un notable esplendor artístico en tiempos de su hijo y sucesor Alfonso II el Casto (rey 792-842), contemporáneo de Carlo Magno, con el que mantendrá relaciones culturales y políticas. Nace así aquel arte que todavía hoy se contempla en la región asturiana, el llamado “pre-románico”, la preciosa Cámara Santa de la Catedral de Oviedo, como relicario de valiosas reliquias traídas del resto de la España invadida por los musulmanes, entre ellas la Cruz de la Victoria (símbolo de la reconquista, levantada por su primer caudillo don Pelayo), la de los Ángeles símbolo heráldico de Oviedo, de tiempos del rey Alfonso II, el Santo Sudario y otras muchas de indiscutible valor histórico y religioso. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este tiempo de Alfonso II el Casto, comienza la histórica peregrinación hacia Compostela, lugar donde se señalaba la traslación de las reliquias del Apóstol Santiago y que dará lugar a uno de los tres grandes centros de peregrinación medieval: Santiago, Roma y Jerusalén. Algo semejante comienza a suceder en las estribaciones de los Pirineos aragoneses (como en los alrededores del monasterio de San Juan de la Peña) y catalanes. Son las raíces tempranas de varios condados y marcas del reino de Aragón, con una historia unida a los nacientes reinos de Navarra y de Castilla y de los condados catalanes, cuya historia autónoma comienza a caminar a partir del s. IX, y que pasados varios siglos se unirán a la Corona aragonesa (Alfonso II de Barcelona, conde de la misma y rey de Aragón, une al reino aragonés el condado hereditario de Barcelona en 1162).  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin embargo la reconquista fue dura y larga. De hecho, hacia el año 750, gran parte de la península se encontraba bajo el califato de los Omeyas, en Córdoba, fundado por Abd-er-Rhaman I (756-788), que llega a su máximo esplendor en tiempos del califa Abd-er-Rhaman III (912-961). Y sus caudillos atormentaban con continuas incursiones los territorios cristianos. Así todavía en el año 1000, el caudillo musulmán Almanzor logró llegar hasta la misma Compostela en el oeste y a Barcelona en el este, convirtiendo en tierra quemada cuanto encontraba a su paso&amp;lt;ref&amp;gt;Almanzor, Muhammad ibn Abi ‘Amir, en árabe  ???????, al-Man?ur, o sea al-Man?ur bi-llah (“Aquel que Dios ha hecho vencedor”) (c. 938-1002), caudillo militar del Califato de Córdoba desde el 978 hasta su muerte, según las fuentes árabes y algunas cristianas (Historia Compostellana e Chronicon Burgense) habría muerto en agosto de 1002 en Medinaceli (en la actual provincia española de Soria) como consecuencia de las heridas sufridas en la batalla de Catalañazor. Los hechos se encuentran en las crónicas cristianas y en las árabes, cada una con su propia versión. Tardíamente (más de dos siglos después), el arzobispo de Toledo Rodrigo Jiménez de Rada y el obispo de Lucas de Tuy repiten la historia, con algunas claras equivocaciones. Los reyes de León, de Navarra y el conde de Castilla se habían unido para atacarlo habiéndole infligido una derrota terrible. Esta derrota de Almanzor ha entrado en la leyenda y en la épica española cristiana como una de las victorias con mayor significado religioso en la historia de la reconquista. Según algunos, en Catalañazor, habría sido derrotada la “retaguardia” del ejercito de Almanzor, ya en retirada, muriendo en su campamento de Medinaceli. Cf. Gonzalo Martínez Díez, El condado de Castilla, 711–1038: La historia frente a la leyenda, Marcial Pons Historia, 2005, 581–4; Juan Castellanos Gómez, La batalla de Calatañazor: mito y realidad. Revista de historia militar, 91 (2001), 25–42; ''The New Cambridge Medieval History, III'': c. 900-c.1024, Edited by Tomothy Reuter, 27: Sicily and al-Andalus under Muslim rule; 28: ''The Spanish Kingdoms, print publication year'': 2000; on line publication year: 2008; Rafael Altamira, Il califfato occidentale, en Storia del mondo medievale (trad. della Cambridge Medieval History), Milano, Garzanti, vol. II, 1999, pp. 477-515.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Por ello también los reinos cristianos en su avanzada hacia el sur, de grandes ríos en grandes ríos, desde el Duero hasta el Tajo, van creando espacios desiertos de frontera para estorbar las frecuentes incursiones de los reinos musulmanes. Son la “Extrema-dura”, o las vacías y desérticas tierras fronterizas; se van levantando castillos y fortalezas a lo largo de la geografía hispana que darán también lugar incluso al nombre del futuro condado y reino de Castilla.&lt;br /&gt;
En esta misma época se asiste al nacimiento del califato de Córdoba, que en mundo islámico de la época es de la misma grandeza esplendorosa de los de Damasco y Bagdad, y a su historia cultural incomparable, que ha dejado una herencia imborrable en la cultura mundial e hispana. Entre el 1009 y el 1031, el califato de Córdoba se va dividiendo en pequeños estados independientes (reinos de taifas), entre los que hay que recordar: Toledo y Badajoz (1009); Murcia (1010); Zaragoza (1012); Almería y Granada (1013); Denia (1014), Málaga (1016); Valencia (1021); Sevilla (1023); Mallorca (1015); Córdoba (1031), etc.. luego: Orihuela, Huesca, Jaén, Carmona, Niebla, Algeciras. Incluso Córdoba se erige en una especie de republica aristocrática entre 1031 y 1070; es ocupada por el rey musulmán de Sevilla en 1070; conquistada por los musulmanes Almorávides de África en 1086 y luego en 1148. En 1091 los musulmanes Almohades de Mauritania invaden los reinos musulmanes de la Península ibérica (1091-1229), que serán derrotados por los reinos cristianos unidos en la batalla de Las Navas de Tolosa (1212), comenzando así la fase final de la reconquista cristiana. El rey castellano Fernando III ''el Santo'', conquistará Córdoba el 29 de junio de 1236 y Sevilla en 1248. Ya en 1085, el rey cristiano Alfonso VI de Castilla había conquistado Toledo y la había convertido en su corte; los aragoneses habían reconquistado Zaragoza en 1146. Jaime I de Aragón reconquista Valencia el 29 de septiembre de 1238. El último reino musulmán de la Península ibérica, Granada, será reconquistado por los Reyes Católicos, Isabel y Fernando, el 5 de enero de 1492&amp;lt;ref&amp;gt;“Fruto del Romanticismo literario se desarrolla en el siglo XIX la mitificación de al-Andalus. Desde entonces,. Dos imágenes por igual hipertrofiadas tienden a representar en exclusiva esta faceta de la Historia de España. Y si bien hoy nadie sostiene en serio que ignorancia, despoblación y desertificación africanas fueran el corolario inevitable de la invasión musulmana, por el contrario –y por razones muy del momento- sí subsiste una corriente publicistica que no se contenta con embellecer en su magín los surtidores del Generalife [en la Alhambra de Granada] […] y va mucho más lejos, manteniendo que un al-Andalus superior, refinado y culto sucumbió ante unos cristianos bárbaros, ignorantes y torpes. La idealización maurofila, al retomar para la Hispania musulmana dos de los mitos más caros al eurocentrismo (el del Buen Salvaje y el Paraíso Perdido), trasluce una actitud que se sale del terreno del análisis racional de la sociedad y de la Historia y se hunde en el de la fe o las creencias religiosas” (Serafín Fanjul, ''Al-Andalus contra España. La forja de un mito'', Ed. siglo XXI, Madrid 2005, 3ª edición, Presentación), con amplia bibliografía sobre el tema. El Autor trata de estudiar históricamente el influjo real del mundo cultural islámico en España, sus logros y sus límites.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''2. La Reconquista'': Entre el 830 y 1030, se vive un período de dos siglos de exaltación cristiana en la Reconquista; florece la cristiandad mozárabe&amp;lt;ref&amp;gt;Mozárabes (del árabe musta?rab, 'arabizado'; en árabe: ??????), es el nombre con el que se conocía a los cristianos que vivían en el territorio en España bajo dominio musulmán. Tenían en la esta sociedad el estatus legal de “dimmíes”, que compartían con los judíos, como no creyentes en el Islam. A efectos prácticos su cultura, organización política y práctica religiosa eran toleradas, y contaban con cierta cobertura legal. Estaban obligados a tributar impuestos de los que los musulmanes se veían exentados y sufrían otras muchas restricciones en la vida civil y religiosa, como la de no poder construir iglesias ni arreglar las ya existentes. Los mozárabes que pasaban al Islam (generalmente por motivos fiscales) y se arabizaban pasaban a ser llamados “muladíes”. La legislación islámica protegía a los no musulmanes, pero favorecía su paso al Islam con medidas de orden muy diverso, sobre todo de tipo económico-fiscal.&amp;lt;/ref&amp;gt;y nacen o avanzan los reinos cristianos: León, Castilla y Navarra, nace el de Aragón y los condados catalanes, entre los que emerge el de Barcelona cuyos condes, con el andar del tiempo, se convierten en reyes de Aragón, dándose así la unión dinástica entre ambos estados. En los siglos XI, XII, XIII: la Reconquista avanza en las diversas líneas fronterizas: del Duero, luego hasta el Tajo, con la conquista de Toledo, la antigua capital visigoda, la ciudad de las tres culturas o religiones (cristiana, islámica y hebrea, que había alcanzado un enorme esplendor cultural frente al resto de la misma Europa medieval cristiana). Por parte suya se asiste a una decadencia y luego al ocaso del califato de Córdoba, la división del mismo en números reinos de taifas que pueblan el sur de la Península&amp;lt;ref&amp;gt;Con el término re de los taifas (en árabe: ???? ???????, muluk al-?awa?if: ?a?ifa árabe significa “parte, minoría étnica, facción”) (llegarán a ser unos 39) se indican los pequeños estados que surgen como consecuencia de la decadencia, disolución y anarquía del Califato de Córdoba, a partir del 1009, con la abdicación del califa y la siguiente abolición del califato de la dinastía de los Omeyas en 1031 con la deposición del califa Hisham III. Se proclamaron numerosos pequeños reinos regidos por familias árabes, bereberes o de origen eslavo que constituyeron verdaderas dinastías tribales o familiares, que solían mantenerse en el poder con tropas mercenarias, incluidas algunas también cristianas. La situación cambia en el siglo XII con la invasión de los musulmanes del reino almorávide del norte de África, pero, disuelto este reino, comienza de nuevo otro periodo en el que nacen nuevos reinos de taifas entre 1144 y 1170, cuando otros invasores musulmanes, los almohades del Norte de África invaden estos reinos. Tras la derrota de los mismos por los cristianos en la batalla de Las Navas de Tolosa (1212), nace de nuevo otro tercer periodo de reinos de taifas de corta duración, acabando con la fundación del llamado reino nazarí de Granada, que capitulará ante los reyes católicos el 2 de enero de 1492, consumándose oficialmente la Reconquista el 6 del mismo mes y año. Aquellas divisiones favorecieron la Reconquista cristiana.&amp;lt;/ref&amp;gt;.                    &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los musulmanes del norte de África intentan reconquistar las tierras perdidas y unificar a los reinos de taifas. Son las invasiones de los almohades. Pero en el año 1212 se da el paso definitivo del choque entre los reinos cristianos españoles y los musulmanes de los almohades en la batalla de Las Navas de Tolosa. Es la época que sigue a la renovación de la vida eclesial española a través de la aplicación en España de la reforma gregoriana con el apoyo de benedictinos y cistercienses. Es también la época de las grandes peregrinaciones a Santiago de Compostela, la del románico de los siglos XI al XIII, del nacimiento del gótico con sus grandes catedrales que se extienden por toda la geografía española hasta el siglo XV. En el siglo XIII la vida eclesial se renueva a través de los canónigos regulares primero, de los frailes mendicantes luego, entre ellos Santo Domingo de Guzmán, canónigo en Osma (Castilla), y sus dominicos y la llegada también de los franciscanos, y del mismo san Francisco, peregrino a Santiago de Compostela. Fernando III ''el Santo'' de Castilla y León, reconquista Sevilla y Córdoba, y su hijo, Alfonso X ''el Sabio'', da un nuevo esplendor a las letras y a la compilación jurídica de las antiguas leyes hispanas; las tres lenguas de su Reino (latín, castellano, árabe y hebreo) formaban parte del bagaje cultural del Reino&amp;lt;ref&amp;gt;Alfonso X fomentó la actividad cultural mediante el patronazgo y dirección de la ya existente Escuela de traductores de Toledo. Dicha Escuela aglutinó a un grupo de estudiosos cristianos, judíos y musulmanes que desarrollaron una importante labor científica al rescatar textos de la Antigüedad, y al traducir textos árabes y hebreos al castellano. Estos trabajos habilitarán definitivamente el castellano como lengua culta, tanto en el ámbito científico como en el literario. El afán de Alfonso por la divulgación de la lengua vernácula le llevó, siendo aún infante, a patrocinar la versión al castellano de ''Calila e Dimna'' y del ''Lapidario''. Además fue un excelente poeta en gallego-portugués. De su extensa obra destacan: el ''Fuero Real de Castilla'', el ''Espéculo'' y las ''Siete Partidas'', entre las jurídicas; las ''Tablas alfonsíes'', entre las astronómicas; y entre las de carácter histórico, la ''Estoria de España'' y la ''Grande e General Estoria o General Estoria'', acerca de la historia universal. ''Las Cantigas de Santa María'' es obra lírica, escrita en gallego-portugués, lengua común a gran parte de la poesía ibérica hasta finales del siglo XIV, cuando aparece el Cancionero de Baena, que ya está escrito en castellano. ''El Lapidario'' versa sobre las propiedades minerales, y el Libro de los juegos sobre temas lúdicos (ajedrez, dados y tablas), deportes de la nobleza en aquel tiempo. También en el campo religioso favoreció la difusión de la Biblia. Alfonso X realizó también la primera reforma (normalización) ortográfica del castellano, idioma que el reino adoptó como oficial en detrimento del latín. Este monarca bien introdujo en España nuevos conocimientos procedentes de los más distantes confines del orbe. Su especial interés en el arte, la historia, el derecho y la ciencia ejerció una profunda influencia en el desarrollo cultural de España y del resto de Europa.&amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En Aragón brillan las epopeyas de Jaime I, el conquistador de Valencia del dominio musulmán. A pesar de episodios lamentables para los cristianos, con signos de algunas episódicas luchas dinásticas y señales de decadencia, como en el resto de Europa, los Reinos cristianos españoles han entrado de lleno en el bullir de una conciencia que camina a pasos agigantados hacia el ocaso de la Edad Media y el nacimiento de una modernidad, todavía confusa, con la constitución de reinos-naciones, raíces de los futuros estados nacionales. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''3. La vitalidad de los reinos hispanos'': En este cuadro, los reinos hispanos se encuentran ya plenamente activos en la vida tanto eclesial como civil europea, con tratados, matrimonios reales, participación en la vida cultural europea con las nuevas universidades, de las cuales Palencia y luego Salamanca, pertenecen a la primera generación, o en los grandes y dolorosos conflictos que enturbian la paz de la “christianitas” europea, como los que caracterizan el siglo XIV y comienzos del XV, como el cisma occidental (1378-1417). Las suertes de la reconquista están echadas. Los reinos musulmanes que todavía persisten en el sur o se convierten en vasallos de los reyes hispanos o son reducidos a su mínima expresión, a pesar de momentos de gloria artística, como en el caso del reino nazarita de Granada. En esta época, los aragoneses y catalanes salen de sus fronteras, navegan por el Mediterráneo y buscan alianzas y ensanchar sus fronteras en el mismo: Nápoles, Sicilia, Cerdeña y hasta el extremo oriental del Mediterráneo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el territorio patrio no todo es fácil. El feudalismo antiguo persiste y la nobleza se encuentra inquieta con rebeldías endémicas que producen conflictos civiles y guerras episódicas de carácter dinástico dentro de las mismas familias reinantes, que después de todo se encuentran muy emparentadas entre sí. También en esta época de mediados del siglo XV, siguiendo el ejemplo del hermano Reino portugués, los castellano-leoneses salen al Atlántico e incorporan las Islas Canarias a sus dominios. Nos encontramos en tiempos de Juan II de Castilla y León, el padre de Isabel la Católica. Tras el reinado endeble y discutido de su hijo Enrique IV de Trastamara, llega el reinado de su hermana Isabel I la Católica, que se casará con su primo el príncipe Fernando de Aragón, que pronto se convierte en rey de aquel Reino. Con este matrimonio real, cambia radicalmente la historia española; se concluye la reconquista en Granada (1492)&amp;lt;ref&amp;gt;Había habido un reino musulmán taifa de Granada, controlado por la dinastía zirí desde 1013 hasta 1090; sigue luego el Reino nazarí de Granada desde 1238 hasta 1492. Tras la reconquista cristiana, el Reino de Granada conserva su denominación jurisdiccional territorial dentro de la Corona de Castilla, desde el siglo XV a 1833. Su símbolo heráldico (la granada) forma parte desde entonces del escudo de los reinos españoles y del Reino de la España actual.&amp;lt;/ref&amp;gt;se unifican en las personas de los dos reyes los reinos hispanos, bajo el famoso lema del “''Tanto monta monta tanto Isabel como Fernando''” y la simbología heráldica que los dos esposos reales adoptan. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Suceden también momentos muy discutidos por la historiografía antigua y reciente como la expulsión de los judíos (1492), malqueridos por sectores de la gente vulgar y de la nobleza a causa, sobre todo, de su papel en la recolección de los impuestos de la misma Corona y una antigua y jamás escondida animosidad, alimentada por antiguos prejuicios y leyendas populares, y por la persistente acusación de “deicidio” que las acompañaban por ser considerados presuntamente en parte, como una especie de “quinta columna” en la antigua época de las invasiones islámicas, y en la época de su expulsión, de los mismos turcos. Es en este momento histórico, y en el mismo año de toda esta serie de acontecimientos notables en la historia hispana, que acontece la aventura atlántica de Cristóbal Colón y el descubrimiento del Nuevo Mundo. Todo ello abrirá una nueva página en la historia hispana y también mundial. La noche quedaba atrás&amp;quot;&amp;lt;ref&amp;gt;Cf. García-Villoslada, R., ''Hist. de la Iglesia¬ Católica'', BAC, III, cap.XVIII.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==4. La mentalidad común de la época ante la infidelidad y la herejía== &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ocho siglos de esfuerzos en una reconquista  trabajosa, y no siempre constante y uniforme, forjaron un temperamento en la España cristiana de entonces, con sus luces y sus sombras, hasta alcanzar una ordenación unita¬ria. La reforma católica se adelanta casi un siglo y en forma origi¬nal en estos Reinos españoles unidos bajo los reyes Católicos. “''España […] que se había convertido en una gran potencia […] se convierte en el país del catolicismo del futuro […] pudo así convertirse en un cierto sentido en la patria espiritual de la restauración católica y de la contra-reforma''”&amp;lt;ref&amp;gt;K. Bihlmeyer – H. Tueche, ''Historia de la Iglesia, la época de las reformas, III'', § 158, 5.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Y esta actitud de lucha continúa bajo el nieto de los Reyes Católicos Carlos I (V como emperador): 1520-1558 frente a la herejía&amp;lt;ref&amp;gt;Cf. G.-Villoslada, ''o.c.'' Parte II, cap. I, ed.1960, pp.651ss. con bibliografia).&amp;lt;/ref&amp;gt;. Los teólogos del siglo XVI no abandonan la idea del “Orbis christianus” frente a la herejía. Según su posición general, no se puede dar ninguna coacción sobre los infieles para abrazar la fe, pero sí sobre los bautizados, para conser¬varla. Quedaba en pie un problema ante la situación en el suelo español de la población no cristiana de judíos y de moros: ¿por qué se da esa disyuntiva con-tra ellos de, o abrazar la fe o de emigrar? ¿En qué sentido el poder civil toma parte en favor de una solución radical en el asunto que lleva a la exclusión de estos grupos divergentes? ¿No fue en parte por motivos meramente seculares y civiles, con la naciente “razón de estado” de querer construir un reino unido (Estado) sin discrepancias o elementos centrífugos? ¿No estuvo esto en parte en los orígenes de la creación del tribunal de la Inquisición para examinar los falsos conversos, sea del judaísmo o del islamismo, y que más tarde se extenderá a otros divergentes religiosos, protestantes o pensadores considerados heterodoxos? ¿Protestaron los teólogos contra este tipo de coacciones?&amp;lt;ref&amp;gt;Cf. el tema tratado ya por Marcelino Menéndez y Pelayo en su ''Historia de los heterodoxos españoles'', Madrid 1880-1882.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==5. La nación española== &lt;br /&gt;
En el contexto señalado se forja un celoso nacionalismo, traducido en el estatuto de “lim''¬pieza de sangre''”, una especie ''de “culto al honor nacional e innoble criterio de casta''”&amp;lt;ref&amp;gt;El tema fu obsesivo sobre todo durante los siglos XVI-XVII. Cf. el vocablo, R. Gonzálvez, “''Limpieza de sangre''”, en DHEE, II, pp. 1297-1298; Alb. Sicroff, Les controverses des Statuts de pureté de sang en Espagne du [siecle] XVe au XVIIe siecle, Paris1960; J. Amador de los Ríos, Historia social, política y religiosa de los judíos de España y Portugal, Madrid, 1875-1876; A. Domínguez Ortiz, La clase social de los conversos en Castilla en la Edad Moderna, Madrid, 1955; Américo Castro, España en su historia. Cristianos, moros y judíos, Buenos Aires, 1948; J. Caro Baroja, Los judíos en la España moderna y contemporánea, 3 vols., Madrid, 1962&amp;lt;/ref&amp;gt;.Los siglos XIV-XV españoles fueron tolerantes. Para el siglo XVI se suelen dar las siguientes estadísticas de la población española&amp;lt;ref&amp;gt;Cf. la obra importante de F. Braudel,, La Mediterranée et le Monde méditerranéen à l’époque de Philippe II, Armand Colin, Paris 1949; Idem, Civilisation matériel, économie et capitalisme, XVI-XVIII siècle, 3 vols., Paris 1979.&amp;lt;/ref&amp;gt;unos 7.000.000 cristianos viejos; unos 350.000 conversos; unos 300.000 moriscos&amp;lt;ref&amp;gt;Moriscos (palabra que deriva de “moro”), fueron los musulmanes españoles bautizados tras la pragmática de los Reyes Católicos de 1502 (para Castilla) y de Carlos I de 1526 (para Aragón). Tanto los convertidos con anterioridad al catolicismo de forma voluntaria como los convertidos obligatoriamente pasaron a ser denominados moriscos porque la mayoría de ellos, de manera más o menos velada, siguieron con sus costumbres islámicas profesando también las religiosas. Por ello la Inquisición se preocupará de examinar los casos de los falsos convertidos. La importancia que tuvieron mudéjares y moriscos en España en la Edad Media y Moderna fue vital ya que las tierras reconquistadas se encontraban despobladas, por lo que se les permitió quedarse para su repoblación. Durante la época moderna vivían en numerosos territorios de realengo y de señorío feudal, especialmente en Aragón, Valencia y Sureste andaluz, dedicándose en especial a la agricultura (de regadío básicamente), a la artesanía (alfarería) y a la construcción. De hecho, el arte mudéjar es uno de los más representativos de la historia del arte español de la época&amp;lt;/ref&amp;gt;. De pronto aparece la intolerancia. ¿Por qué? La convivencia de cristianos, judíos y musulmanes en los reinos cristianos españoles durante la Edad Media, había tenido que ver con el proceso de &amp;quot;Reconquista&amp;quot; cristiana española de sus tierras invadidas, y la conquista por parte de los musulmanes, sobre todo de las tierras meridionales que ellos llaman Al Andalus (Andalucía, o “''tierra de los Vándalos''”, antiguos invasores de la misma de origen germánico en el s. V) y posterior ocupación del territorio por los diferentes reinos cristianos del norte de la península. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La escasa repoblación cristiana de sus nuevos territorios hace que sigan viviendo en ellos un importante número de musulmanes, tanto en zonas urbanas (aunque en barrios propios, como la morería de Zaragoza), como en zonas rurales (como siervos de señorío). El final de la Reconquista - con la toma de Granada- y la política religiosa de los Reyes Católicos, modifican la situación previa: en Granada se producen bautismos en masa, y los Reyes Católicos sólo permiten la religión cristiana en España, por lo que judíos y mudéjares han de convertirse o salir del país. En la lucha enconada contra el creciente poderío turco, se teme su alianza con el mismo y en concreto con los piratas berberiscos y turcos que atacaban las costas de la Europa cristiana. Los moriscos andaluces protagonizan  una insurrección en 1568 (la rebelión de las Alpujarras), que fue sofocada casi dos años después por don Juan de Austria, hermanastro de Felipe II. Los moriscos de esa zona fueron desterrados, hecho que aumentó la suspicacia contra ellos en otras regiones donde los moriscos eran todavía muy numerosos, como Valencia o Aragón. En 1609, con el rey Felipe III, se decretó la expulsión de los moriscos, primero de Valencia, después de los otros reinos españoles. Unos 300.000 tuvieron que abandonar España; la mayoría se dirigió al norte de África. Su marcha tuvo graves consecuencias demográficas y económicas, sobre todo en Valencia y en Aragón, afectando especialmente a la agricultura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todos los problemas señalados son complejos y de diversas interpretaciones. Los Judíos constituían una gran minoría cualificada; habían disfrutado por una parte de la protección de los reyes y por otra del odio del pueblo, debido fundamentalmente a su papel en el campo de la recolección de impuestos y al sistema de ganancias económicas con los préstamos; tal aversión será luego transferida a los falsos conversos o hebreos ocultos (''marranos''), algo común en otros muchos lugares de Europa y a los musulmanes pseudo-convertidos. En el caso español, ya en 1449 se había dado una explosión de odio en Toledo contra los conversos y  la puesta en marcha del llamado “''estatuto de sangre” (el de “limpieza''”). Casos semejantes se dieron en Córdoba, Jerez, Jaén, en el Reino de Castilla, y otros muchos semejantes en Aragón y Cataluña&amp;lt;ref&amp;gt;Aquí quiere basarse la hipótesis de los orígenes “''catalano-genoveses''” sostenida por: Salvador de Madariaga, Vida del Muy Magnifico Señor Don Cristóbal Colón, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1991, 9ª edición.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Debido también a las conversiones fingidas, el “estatuto de limpieza” pretendía restarles eficacia social. Aquí están en parte, los orígenes de la Inquisición española, que fue creada en el siglo XV precisamente para aclarar y combatir las conversiones ficticias de moros y judíos&amp;lt;ref&amp;gt;Cf. K. Bihlmeyer – H. Tuechle, Historia de la Iglesia, la época de las reformas, III, § 150: Antisemitismo e Inquisición española.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==6. Nuevos intentos de cruzada ante la caída de Constantinopla en poder de los turcos==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El tema de la “cruzada” flotaba en el ambiente español cristiano desde hacía siglos a lo largo de la “reconquista”, cruzada llevada a cabo en casa, como algunos la han llamado; pero era también una mentalidad muy extendida en la Europa medieval. Baste pensar a los últimos intentos de cruzada contra los turcos en tiempos de Pío II (1458-1464). La urgencia de la defensa contra el avance de los turcos había empujado a los griegos a buscar ayuda en la cristiandad latina occidental, e incluso a una posible reconciliación con Roma recomponiendo la antigua división entre Oriente y Occidente. Tal fue el intento que fracasaría tras el concilio de Ferrara-Florencia (1438-1445), porque no encontró el apoyo necesario en algunos metropolitas orientales y sobre todo en buena parte de los monjes y de la gente desde siempre muy influida por ellos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Constantinopla cae bajo el dominio turco el 29 de mayo de 1453, y su basílica de Santa Sofía será convertida en mezquita después de diez siglos desde su construcción. La caída de Constantinopla causó honda impresión en el mundo cristiano occidental; y no era para menos: había sido, desde los tiempos de Constantino, el corazón del Imperio Romano Oriental o Bizantino. Ahora se convertía en Estambul, cabeza del grande Imperio Otomano, que ponía también pie en el continente europeo, revolucionando así los cuadros políticos del Occidente cristiano. Por ello se explica el impulso que algunos, sobre todo el Papa, quisieron dar lanzando una nueva “cruzada” en defensa tardía del Imperio Bizantino. Fracasarán en sus intentos los Papas Eugenio IV, Nicolás V, Calixto II y Pío II, desde 1433 a 1464, debido sobre todo a las divisiones y rivalidades entre los nacientes estados nacionales europeos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este contexto, Eugenio IV llamó al Occidente cristiano en defensa de aquel Imperio (1443). Casi nadie se movió entonces, a excepción del rey de Polonia y el de Hungría, Ladislao, que fue vencido por los turcos en Varna, junto con el legado pontificio el cardenal Cesarini (1444). En otro lugar meridional de Europa, en Albania, Jorge Castriota, conocido con el nombre de Skanderberg, resistirá a lo largo de 24 años a la invasión turca. La derrota sufrida en Varna fue el prólogo de la caída de Constantinopla. El papa Nicolás V querrá renovar la llamada a una nueva cruzada que no logra comenzar; lo intenta su sucesor, el español Calixto III (1455-58) mandando predicadores de la misma por Europa e invitando a ella a los príncipes cristianos, proponiéndose no sólo liberar Constantinopla, sino también llegar incluso a Jerusalén. También aquí vemos una primera respuesta positiva por parte de los príncipes cristianos, pero que enseguida cae en el vacío.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un ejército cristiano guidado vía tierra por Juan Hunyadi, asistido por el cardenal Carvajal y animado espiritualmente por S. Juan de Capistrano, vence en Belgrado (1456), impidiendo así a los turcos continuar avanzando hacia Viena, mientras que Skanderberg los vencerá en Taormizza (1457), y el cardenal Scarampo, guiando vía mar una escuadra, los derrota en Metelino (1457). Calixto III esperaba entonces de nuevo una respuesta positiva por parte de las potencias cristianas. Pero de nuevo la indiferencia y las rivalidades, agravadas con la muerte de Juan Hunyadi, hicieron fracasar aquellos planes. El sucesor de Calixto III, el humanista Pío II (Enea Silvio Piccolomini) (1458-1464) intentó tomar de nuevo la iniciativa; llegó a convocar una especie de congreso de las potencias europeas en Mantua (1459-1460) donde participó personalmente, pero de nuevo aquel proyecto fracasó por los mismos motivos que los anteriores. Al Papa se le ocurrió una idea totalmente utópica: mandó a Muhammad II, el conquistador de Constantinopla, una carta, espléndida en su estilo literario, en la que le invitaba a convertirse al cristianismo, prometiéndole el imperio de Oriente y de Occidente (¡!). Luego, en 1463, el mismo Papa tomó la decisión de conducir él mismo la cruzada lanzando una invitación en tal sentido al Occidente cristiano. Anciano y enfermo se pone al frente de un ejército en dirección al puerto italiano de Ancona, donde ya agotado muere (1464). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Moría así una antigua utopía y la idea misma de cruzada, que había atravesado con numerosos vaivenes  la historia medieval europea, todavía objeto de enconadas controversias historiográficas y de resentimientos. Sin embargo, en aquellos precisos momentos, y en un cuadro muy distinto en los extremos del mundo europeo, en la Península Ibérica sucedían una serie de acontecimientos, algunos de ellos muy unidos a motivos no lejanos del sentir común de la christianitas europea de la época y de los Papas: la conclusión de la Reconquista, y coincidiendo con la misma, los descubrimientos transoceánicos por parte de Portugal y de España. En el caso español encontramos ingredientes variados e híbridos, muy presentes en la vida política y popular del siglo XV. La conquista de Granada que concluye este ciclo y da comienzo a otro nuevo, la tomó el pueblo como algo suyo . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==7.  La Iglesia Española de finales del S. XV y comienzos del s. XVI== &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
7.1. Para comprender el estilo de la primera evangelización en el Continente americano. España y la Iglesia española fueron los agentes de la evangelización del Nuevo Mundo de lengua española, como en el Brasil lo será el Portugal hermano. Es preciso conocer su idiosincrasia, las potencialidades y limitaciones de su contenido católico. Ya nos hemos referido a la importancia que tenía el clero dentro de la sociedad española del tiempo y a su composición. Nos vamos a fijar en otros elementos de esta España religiosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para comprender mejor &amp;quot;el encuentro del catolicismo ibérico y las culturas americanas&amp;quot;, que &amp;quot;dio lugar a un proceso peculiar de mestizaje, que si bien tuvo aspectos conflictivos, pone de relieve las raíces católicas así como la singularidad del Continente&amp;quot; , es necesario adentrarnos más, tanto en la historia de la España de aquél entonces, como en los primeros pasos de la Iglesia en tierras americanas. El dinamismo que impulsó y que aún continua fecundando tal síntesis, que es el continente latino americano en su configuración, lo constituye la fuerza de la fe católica. Los obispos latinoamericanos escribieron en su reunión plenaria de Puebla, celebrada en 1978: &amp;quot;Con deficiencias y a pesar del pecado siempre presente, la fe de la Iglesia ha sellado el alma de América Latina, marcando su identidad histórica esencial y constituyéndose en la matriz cultural del continente, de la cual nacieron los nuevos pueblos&amp;quot; . Es esto lo que le da sentido a su ser; el encuentro con el Evangelio, con la verdad de que existe Dios Padre Bueno, que nos ha dado a su Hijo Jesucristo para salvación nuestra, bajo el aliento del Espíritu Santo, encarnado y nacido de una mujer (cf. Gal. 4, 4), la Virgen María de Nazaret .&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se tenía mucho cuidado de que las Órdenes que pasaban a América fueran todas reformadas. Serán cinco Órdenes religiosas reformadas o nuevas las protagonistas de la historia de la evangelización en el Nuevo Mundo hispano: los franciscanos, los dominicos, los agustinos y más tarde los mercedarios; a estas Órdenes religiosas antiguas, llamadas mendicantes por su origen y estilo, se sumarán pasado medio siglo los recién fundados jesuitas. Los franciscanos que llegaron a México para emprender la evangelización pertenecían a la más severa y genuina de las Observancias evangélicas. El humanismo español constituía el ambiente cultural de estos misioneros. Es conocida la influencia, por ejemplo, de Erasmo de Rotterdam ; el mismo Zumárraga había leído sus libros, como lo demuestra la carta que envió, el 2 de noviembre de 1547, a fray Francisco del Castillo, provincial de su comunidad en Burgos . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Desde este horizonte los evangelizadores trataron, desde sus posibilidades, de crear una nueva humanidad cristiana, singularmente sana y fiel. “La primera generación de misioneros en México, por ejemplo, los obispos Juan de Zumárraga y Vasco de Quiroga, se caracterizaban por el sello del humanismo contemporáneo; Zumárraga estaba influenciado por Erasmo y Quiroga por Tomás Moro. Esta actitud espiritual fue decisiva en algún modo, y precisamente también en relación con la labor misional” . La extraordinaria labor evangelizadora que realizaron los misioneros en tierras americanas, encuentra en estos altos ideales de reforma y santidad de vida, una de sus principales motivaciones. Son elementos que no podemos dejar de tomar en cuenta al momento de estudiar la labor y los métodos que usaron para lograr la conversión de los indígenas americanos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
España estaba en un momento de apogeo y expansión. Venía de concluir la guerra de reconquista contra el dominio musulmán de su suelo. Los Reyes Católicos otorgan una gran importancia a la fe y alientan con gran energía y constancia un proceso de reformas y austeras observancias que, aunque ya venía gestándose desde hacía tiempo, alcanza con ellos una sistemática propuesta de reforma cristiana. El humanismo español de finales del siglo XV y de todo el XVI es sumamente rico en realizaciones literarias y espirituales. Es un tiempo donde lo épico y lo religioso se entrelazan en un universo cultural sumamente fecundo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
7.2. Una antigua exigencia de reforma en toda la Iglesia La exigencia de reforma en la vida de la Iglesia en cuanto sociedad humana, es un fenómeno continuo en la historia de la Iglesia. En los  finales de la edad Media y comienzos de la Moderna se sentía agudamente, sobre todo en algunos ambientes. Se pedía entre otras cosas una reforma radical “in capite et in membris” (en la cabeza y en los miembros), empezando por una adecuada puesta al día de las estructuras jurídicas (centralización y reservas con los desórdenes consecuentes, fiscalismo y abusos) de la vida eclesiástica del clero alto y de la formación del bajo clero, sobre todo en relación a la atención pastoral de los fieles. La respuesta dada a esta exigencia urgente no fue siempre equilibrada y ortodoxa en muchos ambientes cristianos europeos, ni tampoco fue amplia y promovida con decidida voluntad por parte de la jerarquía de esa época, lo que causará con el tiempo la ruptura de los movimientos protestantes. En este contexto, en varios países de la cristiandad se dan discutidos movimientos de reforma desde el punto de vista de la ortodoxia católica, como los llamados “espirituales” o grupos de frailes franciscanos con ideas eclesiológicas heterodoxas, influenciadas a veces por las teorías de Joaquín de Fiore sobre la existencia de dos iglesias, una carnal y rica, y en contraposición otra espiritual, santa y evangélicamente pobre, Otros sostenedores de ideas radicales heterodoxas serán el inglés John Wicliff y luego el bohemo Jean Hus y otros que preceden en muchos puntos la futura mentalidad cristológica y eclesiológica de los reformadores protestantes, como Jakoubek, Nicolás de Dresde o Wesel Gansford (1419-1489) en Alemania. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Son comprensibles estos movimientos radicales de reforma ante la situación de una jerarquía eclesiástica con frecuencia mundana. Estas tendencias ideológicas, fomentadas también por desórdenes sociales, se agudizaban por la falta de una voluntad eficaz de reforma en muchos responsables eclesiásticos. Sin embargo, lentamente comienza a abrirse paso una mayor voluntad de reforma por parte de la jerarquía eclesiástica (Papas y Concilios) a lo largo del s. XV y comienzos del XVI. Así en el concilio de Costanza y en los concordatos que estipuló Martín V, se ve tal voluntad; éste papa eligió también cardenales óptimos y una buena bula de reforma (16.V.1425), que quedó en letra muerta; en la misma línea decretó el concilio de Basilea con medidas radicales, nunca aplicadas. Los papas siguientes emanaron varios decretos y bulas también en tal sentido, casi siempre ineficaces y raramente aplicados, quedándose en meros proyectos. La historia va adelante con vanos intentos de reforma, incluidos los del concilio ecuménico Lateranense V (1513-1517). La doctrina católica fue siempre defendida, pero las situaciones de desórdenes graves en la vida cristiana continuaron vivos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin embargo, en algunos lugares de la cristiandad occidental se empezaba lentamente un camino de reforma de la vida de la Iglesia, como lo demuestra el llamado fenómeno de la “Devotio moderna”, movimiento eclesial comenzado en los Países Bajos a finales del s. XIV y que se desarrolla a lo largo del XV dando lugar a asociaciones como “los hermanos y las hermanas de la vida común”. “Devotio moderna” significaba “servicio de Dios” con una proyección clara de cristocentrismo, una espiritualidad ascética práctica (contra la mística especulativa de los dominicos alemanes), una marcada tendencia afectiva (de raíces franciscanas, de la escuela de S. Bernardo y del teólogo francés Gerson), una interioridad y subjetivismo notables en detrimento de los contactos, también apostólicos con el mundo, y una insistencia ascética que subraya el papel responsable del fiel en la recepción de los sacramentos. El libro “La imitación de Cristo” es fruto de tal “devoción” y su probable autor, Tomás de Kempis, pertenecía a tal movimiento. Esta espiritualidad ejercitará un influjo en el siglo siguiente en muchos santos y fundadores como Ignacio de Loyola e incluso en algunos protagonistas de la reforma protestante.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
7.3. El movimiento de reforma de la vida religiosa monacal y conventual en la Iglesia. Hay otro aspecto notable en el incipiente movimiento de reforma eclesial de este periodo, y es el comienzo de la misma en el seno de algunas antiguas Órdenes religiosas, en gran parte en un lamentable estado de decadencia, si se exceptúan los Cartujos y en parte los Cistercienses. La peste negra que asoló media Europa en aquellos dos siglos (XIV y XV) había vaciado los monasterios,  que luego se habían llenado con vocaciones mediocres o por motivos que nada tenían que ver con la consagración religiosa. Por ello los nuevos religiosos o monjes vivían con frecuencia una vida disipada, en monasterios y conventos con abundantes bienes, falta de la vida común fundada en privilegios obtenidos de los papas, y con una clausura más teórica que práctica, sobre todo en el caso de las monjas, que en muchos casos provenían de la nobleza y traían consigo sus niveles de vida y privilegios y en muchas ocasiones eran obligadas por motivos sociales a entrar en los monasterios. También aquí las decisiones de Papas y Concilios sobre la reforma religiosa caían en un terreno árido. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este panorama se dan los primeros intentos de refreno religioso, cuando algunos religiosos buscan volver a las raíces carismáticas de su fundación, y se reúnen en un convento donde querían vivir claramente el espíritu de tal origen. En los comienzos, ese convento buscaba ponerse bajo las órdenes del General de la Orden por encima de su Superior Provincial. A tal convento se asociaban otros con el mismo espíritu; se formaban así las “Congregaciones” de reforma, bajo la obediencia a un Vicario con poderes amplios. Se quería llevar a cabo de esta manera la reforma de la Orden. Aquí ahondan sus raíces divisiones sucesivas entre “conventuales” y “observantes”, “calzados” o “descalzos”, etc… en varias antiguas órdenes religiosas, ya a partir de finales del s. XV y sobre todo en el s. XVI. El fenómeno se da en la mayoría de las antiguas, también en España, y tendrá consecuencias notables en la historia de los evangelizadores del Continente americano. No todas las “Congregaciones” duraron, sin embargo favorecieron la reforma, en cuanto extendieron su influjo sobre todo a través de la predicación popular ambulante.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
7.4. El movimiento de reforma de la vida religiosa monacal y conventual en la Iglesia. La historia de la reforma eclesial en España se encuadra en este movimiento. Fue conducida hasta llegar a la gente común, comenzando ya mucho antes del Concilio de Trento y llegando al mismo, que ratificó muchos aspectos que la Iglesia en España ya había puesto en marcha desde hacía tiempo. Una de sus características peculiares fue que la iniciativa vino de los Reyes Católicos, con pasos sucesivos de reforma del episcopado, del clero y del pueblo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La reforma de la vida religiosa en España se dió de manera precisa y orgánica . En el caso de los monjes comienza con la del monasterio de San Benito de Valladolid, por iniciativa del rey de Castilla Juan I (en 1389-1390), con el objetivo de que los monjes viviesen la regla benedictina de manera precisa y rígida, y con voto de clausura perpetua al modo de las Clarisas; reclutó para ello unos 15 monjes provenientes de varios monasterios que se comprometieron a seguir tal vida rígida. Luego evolucionará hacia una mayor elasticidad, pasando a finales del s. XV a constituir una “Congregación” de unos 10 monasterios (en 1524 contaba con 32), y durará en los siglos siguientes. Algo semejante ocurre con los cistercienses con la fundación o reforma de la “Congregación de S. Bernardo de Castilla”, en tiempos de los papas Martín V y Eugenio IV, por obra del monje cisterciense que provenía de los Ermitaños de San Jerónimo (Jerónimos), Martín de Vargas. Esta fundación fue duramente obstaculizada por el capítulo general de Citeaux (cistercienses) a lo largo del s. XV; en 1549 reunía 45 monasterios de los 59 españoles de la Orden. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No se observan generalmente nuevas fundaciones con nuevas Reglas en las grandes órdenes religiosas. Sin embargo en España nacen los Jerónimos (ya presentes en Italia como “Eremitas de S. Jerónimo”). Fue un canónigo de Toledo, Fernando Yáñez de Figueroa y su camarero mayor, Pedro Fernández Pecha, que comenzaron a vivir una vida eremítica, pasando luego a la cenobítica, adaptándose a la regla de S. Agustín, con la aprobación de Gregorio XI en 1373. En 1423, Lope de Olmedo quiso reformar la Orden siguiendo algunas indicaciones que sacó de los escritos de S. Jerónimo, y creó así un nuevo ramo llamado “Congregación de la Observancia de S. Jerónimo”, pero que en España tuvo un éxito muy relativo, uniéndose luego en 1567 al resto de los Jerónimos. Se mantuvieron fieles a la regla de manera bastante rígida; crecerán a lo largo de los s. XV y XVI en España fundando y agregando numerosos monasterios, entre ellos hay que señalar el de Yuste, en Extremadura, donde se retirará el emperador Carlos V, el del Escorial, fundado por Felipe II, y el Guadalupe en el célebre santuario de Extremadura.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En cuanto a las Ordenes mendicantes tuvo en España, como en otros lugares, dificultades notables de reforma, dada su organización centralizada que había favorecido en cierto modo también su decadencia. Sin embargo, tal organización luego favorecerá o pondrá obstáculos a la reforma o la apoyará tibiamente. La historia de la reforma de los mendicantes, también en España dependió en buena parte de estos factores, a parte de los apoyos de papas y reyes, característica de la misma reforma, oposición de superiores locales, intervenciones abusivas de los poderes seculares, etc.. En España la reforma nace por iniciativa autónoma en varias provincias. En Santiago en 1390, que se autonomiza en 1440 de los conventuales; en Aragón, con una tendencia de carácter eremítico y se convierte en una provincia de observancia en 1442; en Castilla, parece ser que la observancia franciscana llega de Sicilia. Todos estos conventos reformados, a partir de 1446, forman con los observantes franciscanos franceses, ingleses, belgas, alemanes norte-occidentales la “Vicaria Ultramontana”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero en España nacen también grupos “ultra-reformistas”. Un primer iniciador de esta tendencia es Pedro de Villacreces (+1422), que se proponía reproducir el ideal de la Porciúncula gobernada por S. Francisco de Asís: vida austera y contemplativa, retiro y vida eremítica dentro del convento, pobreza radical, siempre descalzos, oración prolongada, silencio total. El estudio era reducido al mínimo. El sucesor de Villacreces, Lope de Salinas, aumenta el tiempo dado al estudio teológico y moral para formar predicadores y confesores, usando pequeños manuales. Prosigue esta línea el antiguo jerónimo Juan de La Puebla (+1495) con la reforma del convento de Santa María de los Ángeles de Sevilla. De este grupo nace la reforma de Juan de Guadalupe, la observancia rigurosísima, que da mayor fuerza a la predicación y al apostolado. Estos grupos diversos de franciscanos reformados continúan difundiéndose a partir de 1517; entre ellos se encuentra el de San Pedro de Acantara, confidente de Santa Teresa de Jesús, llamados “alcantarinos” o “pascualitas-alcantarinos”. A estos grupos reformados de franciscanos pertenecen los primeros grandes misioneros franciscanos del Continente americano. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra Orden religiosa reformada en España es la de los Agustinos. La formación de la “Congregación de observancia” española tiene una propia historia. Parece ser que su primer convento fue el de “Domus Dei” de Castelví de Rosanes en Cataluña (1420), que permaneció solo y aislado en medio del conventualismo hasta 1569. La “Congregación de observancia” española surge de hecho en Castilla por obra de Juan de Alarcón (+1451 c.), que actuó bajo la protección del padre general Favaroni y tras haber conocido la fuerte renovación de la Orden en Italia. Así se crea en España una “Congregación de observancia” ya en 1438, con 4 conventos de frailes y uno de monjas. Alarcón obtuvo en aquel mismo año la bula de confirmación de parte del Papa, mientras que en los demás casos italianos las bulas llegarán decenios después. La extensión de esta reforma en España se puede deducir del hecho que en 1504-5 se decretó la unión de la “Congregación de Observancia” con la Provincia agustiniana española, que tras divisiones y tensiones, sólo se pudo actuar en 1512. Ello se debió gracias a los Reyes Católicos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La historia de la reforma de los dominicos españoles tiene características semejantes. Ya en el Capítulo general de Burgos (1413), el general de obediencia aviñonesa (nos hallamos en los tiempos del cisma de Occidente), Juan de Puinoix, trata de eliminar los defectos más salientes en la Orden con fuertes medidas disciplinares, incluida la cárcel, y de restaurar la vida común. Probablemente tuvo un gran influjo San Vicente Ferrer con su vida santa, su predicación y sus escritos (Tratado de vida espiritual). Pero la verdadera reforma hay que señalarla también aquí en el método de la fundación de  “Congregaciones de observancia”, alrededor, parece ser de Santa Catalina de Siena (+1380) y de su confesor Raimundo de Capua, maestro general de la Orden a partir del 22 de mayo de 1380. La lista de dominicos eminentes que llevan adelante la reforma de la Orden en Europa, a partir de Italia, es abundante. En España comienza en Castilla en 1423 y recibe el reconocimiento de derecho pontificio en 1478. Su desarrollo se debe a los Reyes Católicos, por lo que en 1505 se une a la Provincia dominica de aquel Reino, eliminando los conventos no reformados e introduciendo la Observancia. Una de sus características fue su expansión a partir de un convento reformado, lo que se puede señalar como un ejemplo de reforma a partir de la base. En estas “Congregaciones de observancia” se quiere volver a la experiencia primera de la Orden y se resuelve el problema de la pobreza buscando una línea media: queda la “mendicidad” como ideal, pero se corrige con otros medios de subsistencia, cuando aquella se mostraba insuficiente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El caso de la Orden de los carmelitas, sea en el s. XV como en el XVI, sigue un itinerario parecido. Se pueden enuclear varias reformas serias: dos de “Congregaciones de observancia” fuera de España ya en el s. XV (las de Mantua en Italia y de Albi en Francia), y las del s. XVI, la general de Nicolás Audet de toda la Orden (1524), y la teresiana en España, que coincide con la historia de la reforma de la gran Santa Teresa de Jesús (1515-1582), seguida por su discípulo San Juan de la Cruz (1542-1591), los dos grandes místicos y literatos incomparables en su género. En España hay otras órdenes mendicantes, que en esta misma época siguen el camino de la reforma y que tendrán también un papel importante en la evangelización americana, principalmente los Mercedarios y los Trinitarios, ambas órdenes fundadas para la redención de cautivos en manos de los musulmanes del Norte de  África. La primera de estas dos órdenes, que pasarán tempranamente a América (el capellán de Cortes fray Bartolomé de Olmedo, muerto en 1524, era un mercedario),  desarrollará un papel fundamental en la historia de la evangelización americana.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La estructura de las “Congregaciones de observancia” de los mendicantes son bastante comunes. Son ordinariamente reconocidas, algunas por documentos papales (de derecho pontificio), otras por el general de la misma Orden. No crean sistemas jurídicos nuevos, como en el caso de los monjes; introducen sólo un gobierno doble, casi completo, dentro de la misma Orden, autónomo en relación a sus provinciales locales, pero no en relación al general de la Orden. La historia de cada caso muestra con frecuencia caminos y características peculiares. Estas reformas quisieron ir a la raíz de los males y cortarlas de cuajo. Se caracterizan en general por la pobreza vivida, la austeridad, la vida común, la penitencia aflictiva, la meditación y la “lectio divina” y con ella el silencio; un monje-abad de Monserrat en Cataluña preparará un tratado y meditaciones titulado “Exercitatorio de la vida espiritual” que ejercerá un influjo notable en tal sentido en todas las Órdenes de observancia. Al contrario, el tiempo dado al estudio estaba marcado por las necesidades apostólicas más que por una necesidad intelectual en sí; puede decirse, que sobre todo en sus comienzos, hubo una reacción contra los estudios académicos, o al menos una indiferencia y desestima para la formación sacerdotal. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La razón de esta desestima, sobre todo en el mundo de los monjes de este tiempo, era el pretender una oposición entre el monje “homo devotus” y “homo spiritualis” por una parte y del “homo doctus” por otra. El problema se empezará a resolver a lo largo de los primeros decenios del s. XVI, cuando los monjes reformados comienzan a erigir también colegios universitarios, pero el desarrollo fue bastante lento. Por su parte en las Órdenes de observancia encontramos actitudes muy diversas. En el caso español los agustinos, por ejemplo, son más bien contrarios. Lo mismo sucede con otras Órdenes. El rechazo de los grados académicos se fundaba en que habían sido en su tiempo una de las causas de la decadencia religiosa. Los dominicos resuelven el problema admitiendo a los mismos a frailes de virtud probada, y combatiendo los antiguos privilegios que tenían los titulados lectores (profesores o doctores). Poco a poco todas estas Órdenes resuelven el problema instituyendo en cada provincia casas de estudios, esto a partir de mediados del s. XV; sin embargo sigue durante mucho tiempo la oposición a los grados académicos. Así los agustinos de Castilla tardan hasta 1542 en organizar los estudios humanísticos, filosóficos y teológicos, cuando el General Seripando le impone una organización de los estudios para dar una mayor formación a los frailes candidatos al sacerdocio. La solución al problema fue positiva gracias a que la Observancia religiosa se consideró el valor principal al que se debían subordinar los otros valores. Además la solución ejemplar la habían ya ofrecido las grandes figuras reformadoras, que entran doctas y santas, es decir estrictamente observantes y regulares, y que se encontraban tanto en los monjes reformados como en las Congregaciones de Observancia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuanto hemos afirmado sobre la reforma de la vida religiosa en los reinos españoles de Castilla y Aragón, se puede aplicar en parte, aunque no con la misma radical insistencia, en el reino de Portugal. Entre las reformas destaca la de los franciscanos, llamados “Capuchos” (que no se debe confundir con los Capuchinos), favorecida por Alfonso V, y cuyo centro fue Varatojo. Estos franciscanos se distinguirán también por su compromiso en la empresa evangelizadora portuguesa bajo el Padroado.&lt;br /&gt;
7.5. La reforma del episcopado en la España de los Reyes Católicos y de comienzos del s. XVI. Los Reyes Católicos, la Reina Isabel sobre todo, habían promovido una reforma del clero diocesano y regular, basados en criterios válidos, no siempre exentos de cálculos también políticos, que Fernando no siempre había aplicado. No faltarán tensiones entre Fernando (+1516), Julio II y León X sobre las provisiones episcopales, porque el rey tendía a presentar los candidatos con el sistema de la “súplica”, cuando no existía el patronato (como era el caso de Granada). Con los criterios adoptados –naturales de los reinos, honestos, de la clase “burguesa”, doctos- los reyes Católicos no solamente habían puesto en marcha una reforma, especialmente en Castilla; habían también unido los obispos a la Corona. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Carlos I (V), nieto y sucesor de los Reyes Católicos (rey 1516-1556), quiere obtener de la Sede Apostólica lo que la misma había concedido con un concordato en 1516 a Francisco I de Francia. Lo obtiene de Adriano VI (1522-1523) (que había sido su consejero y regente en Castilla durante su ausencia obligada por motivos de su elección como emperador del Sacro Imperio Romano en 1520); es decir el patronato sobre Castilla y Aragón, tras haberlo obtenido sobre Pamplona (Navarra) (4-28 de mayo de 1523) con el ius patronati et praesentandi. Con la bula “Eximiae devotionis affectus” (6.9.1523) obtiene el patronato, por lo tanto el derecho de presentar a los candidatos, a todos los obispados, abadías y otros beneficios consistoriales. Tal concesión fue revocada el 3 de abril de 1527 bajo Clemente VII (1523-1534) con el voto del Consistorio, porque había sido concedida sin el voto del Colegio cardenalicio; tras el saqueo de Roma (1527), con la bula “Etsi ea quae” en Bolonia, antes de la coronación imperial de Carlos V (el 11 de enero de 1530), confirmada por Pablo III el 7 de julio de 1536, Carlos V obtenía de nuevo el patronato y el derecho de presentación. Desde este momento en adelante, durante siglos, los nombramientos episcopales estarán en manos del Rey de España en sus Reinos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La reforma de la vida eclesiástica comenzada por los Reyes Católicos empieza por la elección al episcopado de obispos doctos y rectos. Criterios de reforma: que fueran españoles, doctos, virtuosos, llanos (no aristócratas), residentes. &amp;quot;El clero de España es el nervio de la Cristiandad&amp;quot;, habría dicho San Carlos Borromeo en los tiempos del Concilio de Trento . Los Reyes quieren que el Papa nombre obispos españoles porque debían residir en sus diócesis, de vidas íntegras; no nobles, para que no se convirtiesen en señores feudales. En su época brillaron de manera especial algunas figuras. Entre ellas destacan las figuras del jerónimo fray Hernando de Talavera (c. 1430-1507), primer arzobispo de Granada después de la Reconquista, confesor de Isabel la Católica y el tipo ideal de obispo; el arzobispo, y teólogo dominico de Salamanca, fray Diego de Deza (1443-1523), el arzobispo y cardenal franciscano fray Francisco Jiménez de Cisneros (1436-1517) . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hernando de Talavera lleva una vida santa, con la celebración diaria de la Misa, el catecismo a los niños, reunión-capítulo mensual con los párrocos, y fundación de un seminario modelo, entre otros aspectos. Diego de Deza formó parte del Consejo de Sabios que examinó las propuestas de Colón, y fue uno de los pocos que consideró las mismas como viables. De ahí nació la gran amistad y admiración que el Almirante sintió siempre por Deza. Francisco Jiménez de Cisneros, figura fundamental en la historia religiosa y política de la España de su tiempo y en los comienzos de la evangelización de América, quien reformó a su Orden franciscana de la que era provincial en medio de oposiciones y de luchas. La Reina Isabel le ayudó en estas reformas, especialmente en la de las monjas. Para formar el clero funda los llamados “collegia minora” para el estudio de las letras, y los “collegia maiora” para la filosofía y la teología. Recomienda al clero doctrina, pureza de costumbres, empeño pastoral y litúrgico. Él fue el restaurador en Toledo de la liturgia mozárabe. En el mundo de la cultura ha pasado a la historia como humanista en cuanto funda la Universidad de Alcalá (Complutum) (1508) con un claro planteamiento humanístico y moderno, que edita la Biblia poliglota complutense en 6 volúmenes. Edita también varias obras devocionales en español, como la Vida de Cristo de Ludolfo y otra obras de la “Devotio Moderna”, que prepararon el florecimiento de los grandes místicos del siglo XVI. Además renovó la enseñanza de la teología. Su metodología será indicada por el teólogo dominico Melchor Cano en su “De locis theologicis” y por los estudios jurídicos del también dominico Francisco de Vitoria en Salamanca. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era un nuevo método de estudio de la teología que superaba el bizantinismo de una escolástica decadente, y trataba las cuestiones más importantes y candentes del momento. Se quería una exposición sencilla, sobria, elegante, a partir de las fuentes (Escritura, Padres, Concilios, documentos eclesiásticos); sustituye las “Sentencias” de P. Lombardo con la “Summa theologica” de Sto. Tomás. Así se preparan los maestros de los grandes teólogos españoles que acudirán a Trento o a sus discípulos. En Alcalá estudiará una  falange de grandes figuras del humanismo español, algunos como San Juan de Ávila (c. 1499-1569), declarado doctor de la Iglesia (2012), o personalidades que ejercitarán un papel importante en la historia de la evangelización y de los derechos humanos en América, como el p. jesuita José de Acosta (1540-1600) .  Esta Universidad contará con célebres maestros, entre ellos el dominico Domingo de Soto (1494-1560) y celebres alumnos. Con algunos entablará una amistad duradera, como con Don Pedro Guerrero, futuro arzobispo de Granada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La España cultural de la época comienza a respirar con los dos pulmones culturales de las universidades de Salamanca y de Alcalá. En estas universidades asistimos a un renacimiento del humanismo renacentista, con varias corrientes que lo caracterizan: vuelta a los estudios bíblicos en Alcalá (Biblia Políglota), con referencias a una teología positiva, siguiendo las huellas de los Padres, y reformismo eclesiástico. Encontramos también en ellas corrientes humanísticas, filosóficas y teológicas de matrices diversas, como el tomismo, el escotismo, y en medida menor algunos brotes nominalistas, y el influjo de humanistas como Erasmo y Tomás Moro. En estas universidades echan sus raíces las corrientes jurídicas que las harán célebres en el campo del derecho de gentes o internacional, con figuras como los dominicos Francisco de Vitória y Domingo de Soto y otros conocidos teólogos que ejercerán un fuerte influjo en el Concilio de Trento (1545-1563). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta reforma del episcopado no encontró un camino llano y fácil. Cuando Fernando el Católico muere en 1516, el cuadro del episcopado español no era homogéneo. La mayor parte de los obispos era ciertamente digna y muy convencidos del servicio al Rey, de buena altura eclesiástica e intelectual, aunque se daban casos de obispos poco dignos, nombrados por motivos de parentesco; había cardenales que no residían en sus sedes, nombrados por razones de amistad; había también obispos nobles, nombrados gracias a su proveniencia social y algunos por ser flamencos o por intereses con aquellos territorios bajo la Corona española, a partir de Carlos V . El emperador Carlos trató de seguir los criterios establecidos por los reyes Católicos, pero no siempre los mantuvo totalmente, lo que llevó a veces a consecuencias negativas, aunque en menor medida que en otros países europeos. ¿Cuáles habían sido los criterios de los reyes Católicos, sobre todo de Isabel? Ante todo la elección de personas doctas. Carlos V escogerá fundamentalmente personas preparadas y bien formadas en colegios eclesiásticos universitarios españoles, en los “Estudios generales” de los religiosos y en las universidades italianas. En su día, el cardenal franciscano, arzobispo de Toledo y primado de España, confesor y consejero de la reina Isabel y luego regente del Reino hasta su muerte (+ 8.11.1517), optó por teólogos, preferentemente canonistas, contra la tendencia que se daba en Italia, Inglaterra y franca. Este criterio será luego seguido por el Consejo real. Por ello los obispos españoles darán una notable aportación en el concilio de Trento. La reina Isabel había querido obispos honestos y había seguido rigurosamente este criterio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fernando fue menos severo en este campo, por lo que encontramos algún caso de obispos con hijos como  Alonso de Aragón (+1520), hijo del rey Fernando, arzobispo de Zaragoza y con hijos. Por su parte Carlos V aplicó aquel mismo criterio, también porque podía disponer de sacerdotes formados en los colegios de Talavera y de González Mendoza. La extracción social de los obispos era prevalentemente de la clase media. Carlos V por su parte nombrará luego también nobles, españoles y extranjeros, por motivos de gratitud y no siempre por razones eclesiásticas. El primero de ellos fue el joven Guillermo de Croy, de 20 años, que sucedió al gran Cisneros en Toledo ; era ya obispo de Cambray y cardenal, y nunca puso los pies en España. Dio también el obispado de Valencia a Eduardo de la Marca, obispo de Lieja, porque le servía para el Imperio . Se cuentan hasta 30 provisiones suyas de este tipo de obispos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para salvar el principio de los Reyes Católicos (“obispos naturales de estos reinos”), el rey Carlos concedía “cartas de naturalización” por las que se habilitaba a estos extranjeros a ser nombrados obispos de cualquier diócesis española; y si no podía dar provisiones de obispados, les daba pensiones sobre las rentas de estas diócesis. Estas provisiones llevaron al absentismo. Los obispos españoles debían comprometerse a residir en sus diócesis para poder recibir la provisión, con una especie de pacto, como dirá un obispo español en el concilio de Trento. Pero no la exigía de los extranjeros, que a veces eran cardenales italianos de curia. La exige de los españoles residentes en Roma o en la Corte. Pero era él mismo a dificultar o a imposibilitar la residencia porque se servía de los obispos para los servicios administrativos, civiles, para la dirección del consejo real, para las Cancillerías de Valladolid y de Granada, como embajadores, etc. Así, por ejemplo, el cardenal Pedro Pacheco, primer obispo residencial de Pamplona después de 80 años, nunca estuvo ni en Jaén ni en Sigüenza, sedes a las que había sido trasferido (1545-1560), y fue también virrey de Nápoles. El inquisidor Fernando Valdés nunca residió en alguna de las diócesis para las que había sido nombrado, e incluso consideraba abstractos a los “frailes teólogos” (como Victoria) y a los predicadores, como Pablo de León, que criticaban duramente este ausentismo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por todo ello vemos que en tiempos del emperador Carlos V en sus dominios europeos, también en España hubo periodos en los que encontramos que pocos obispos residían en sus diócesis. El hecho ahondaba sus raíces en motivos de ambiciones a ser trasladados a sede más importantes, por ser más ricas, con posibilidades de ejercer influencias y tener mayores poderes; en una palabra, una mundanidad infiltrada en aquellas esferas episcopales, denunciadas con dureza por parte de figuras episcopales del calibre del agustino Santo Tomás de Villanueva (1486-1555), arzobispo de Valencia , y más tarde en el concilio de Trento por parte del obispo dominico portugués Bartolomé de Martyribus en su “Stimulus pastorum” .  A pesar de estos límites, serán los obispos españoles quiénes en Trento lucharán por la reforma del episcopado y por la residencia de los obispos en sus diócesis.&lt;br /&gt;
7.6. El clero inferior. Hacia finales del s. XV y comienzos del XVI el clero, tanto el secular como el regular, contaba como ya se ha indicado, un alto porcentaje de miembros. En el clero diocesano había un clero “medio”, al que pertenecían los canónigos de los capítulos, el de las colegiatas y los párrocos de parroquias importantes. Los canónigos como cuerpo habían sufrido el contragolpe de la acción de los reyes Católicos. Esta clase clerical pertenecía de hecho a la antigua estructura feudal, por lo que buscaron  defender su posición. Con frecuencia vivían con un tenor de vida bastante secular y garantizaban también una serie de beneficios a su parentela, por lo que con frecuencia accedían a estos cargos, más por intereses económico-sociales que por vocación a la vida clerical. Pertenecían al considerado clero bajo, la mayoría de los párrocos, de los capellanes y de los beneficiados menores. Tenían que ejercitar un oficio para poder vivir porque las rentas del beneficio no eran suficientes. Los reyes Católicos trataron reformar también a este clero, juntamente con obispos y otros prelados, buscando la promoción del sacerdote reformado ideal. En esta empresa tendrán luego un papel fundamental  muchos tratadistas teológicos, jurídicos y humanistas como Vitoria, el arzobispo de Toledo Carranza, Soto, San Juan de Ávila, fundador en su tiempo de varios colegios-seminarios para la formación del clero, ya antes de Trento , Luis de Granada y otros muchos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A la luz de cuanto descrito surge una pregunta obligada: ¿Se puede hablar en un sentido apropiado y estricto de una Iglesia “nacional” española, como se habla de la “Iglesia galicana” en Francia o de la “Iglesia anglicana” en Inglaterra? Las tendencias eclesiales centrífugas se dan en varios países de Europa y se agudizarán a partir del siglo XVI. No parece que se pueda hablar en el mismo sentido en el caso español y en el portugués. Ciertamente en España y Portugal se podría ver en sistema  del “Patronato” y del “Padroado” una expresión centrífuga. Sin lugar a dudas existe una conciencia bastante claro de la propia identidad nacional y eclesial, pero sin llegar a los límites de las concepciones de buscar la creación de una Iglesia autónoma del Papado, ni siquiera la defensa de “unas libertades eclesiales adquiridas” como sucedía en otros países europeos. La fidelidad al Romano Pontífice nunca fue puesta en duda a lo largo de esta historia ni por los Reyes ni por los obispos, juristas y teólogos españoles. Incluso el largo proceso de elaboración de la doctrina sobre el Patronato no fue ni fácil ni unánime. Se legisló sobre la exclusión del episcopado de todo extranjero, en la práctica esta regla fue con frecuencia olvidada o se encontraron salidas para evitarla. Incluso las “represalias” que tomaban los Reyes contra Roma, fueron siempre mitigadas por el realismo en las relaciones, tensiones sin ruptura, que al final se recomponían. En todo caso serán más duras en el siglo XVIII con la dinastía de los Borbones, incluso con nuevas y más radicales interpretaciones en favor de las dos Potencias católicas del Patronato o del Padroado, pero ya era una situación nueva que la Iglesia vivía en toda la antigua cristiandad europea bajo los regímenes del absolutismo ilustrado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==NOTAS:==&lt;br /&gt;
  &lt;br /&gt;
&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==BIBLIOGRAFÍA:==&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
'''FIDEL GONZÁLEZ FERNÁNDEZ'''&lt;/div&gt;</summary>
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	<entry>
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		<title>ESPAÑA; la sociedad española en la época de los descubrimientos</title>
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		<updated>2014-03-31T20:25:36Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.173: /* 5. La nación española */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;==ESPAÑA; la sociedad española  en la época de los descubrimientos== &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==1. La España de los Reyes Católicos==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Durante la llamada Edad Media, la Iglesia había sido el punto de referencia en la creación en la Península Ibérica de una historia común. Algo semejante había sucedido también en la Europa medieval, pero en el siglo XVI aquella historia común europea se interrumpe con las divisiones religiosas y culturales. El momento en el que sucede el encuentro entre España y América coincidió con el paso de una época a la otra. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La unidad dinástica de los reinos hispanos sucede en 1479 con la fusión personal de Castilla-León y Aragón-Cataluña, por el matrimonio de los dos monarcas de ambos reinos: Isabel I (la Católica) de Castilla-León y Fernando V (el Católico) de Aragón. Doce años después (el 6 de enero de.1492),con la reconquista del reino moro de Granada, se cierra el ciclo de la reconquista y la unidad practica de los reinos españoles, bajo el lema que adoptan de igualdad de poderes y unidad de decisiones de las dos Coronas en una, con el lema “''tanto monta, monta tanto, Isabel como Fernando''”, y la simbología heráldica para expresar aquella unión (el ''Yugo'', letra inicial de Isabel, entrelazado con la ''Flechas'', letra inicial de Fernando). Este hecho tendrá repercusiones incalculables en el futuro de la misma España como en el Nuevo Mundo, que pronto iba a entrar en la escena mundial de la mano española. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una frase: &amp;quot;''en cabeza del rey''&amp;quot;, iba a expresar lapidariamente el papel de la monarquía en aquella empresa: frase que ya se encuentra en autores de la primera hora, y que viene a significar el papel o responsabilidad del Rey o de la Corona en todos los asuntos del gobierno, tanto civil como eclesiástico, del Nuevo Mundo: administración de la justicia, patronato, legislación, defensa de los derechos del indio, etc., como Fray Domingo de Betanzos, Francisco López de Gómara, en su ''Historia General de las Indias'', o más tarde Felipe Guamán Poma de Ayala (comienzos del s. XVII) y muchos otros recuerdan en sus historia y crónicas.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
La España de los reyes Católicos era una España claramente identificada con la historia que le había dado origen. Su monarquía conservaba todavía esta conciencia. Tal es la clave para comprender muchas iniciativas políticas y religiosas de los Reyes Católicos, Isabel I la Católica de Castilla y Fernando V el Católico de Aragón, y de sus descendientes, principalmente Carlos I (V como emperador del Sacro Romano Imperio Germánico) y Felipe II, y de sus descendientes los demás reyes de la Casa de Austria española (o Augsburgo). Durante el reinado de los reyes Católicos acontecen en la historia nacional española algunos grandes hechos: la unión dinástica de los dos grandes reinos ibéricos de Castilla-León y de Aragón-Cataluña con el consiguiente reforzamiento de la monarquía y la regularización del sistema administrativo de la Corona; la reforma de la vida eclesial en sus diversos niveles; la conclusión de la lucha secular de la reconquista del dominio musulmán del suelo patrio, que antiguamente había formado el reino hispano-visigodo; el comienzo de la expansión transoceánica que dio como resultado la llegada a las tierras del Nuevo Mundo, que para el historiador, capellán de Cortés, Francisco López de Gómara, había sido “''el más grande acontecimiento después de la creación del mundo si se exceptúa la encarnación y la muerte de Aquel que lo había creado''”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta empresa política, pero también evangelizadora, fue posible gracias a la existencia de un sujeto tanto político como católico en la comunidad hispana, impregnada en este último caso de una conciencia de la fe católica, sea a nivel popular como en la Corona. Los Reyes Católicos tenían una clara conciencia de su autonomía política en la esfera secular. La tenían también como cristianos. También como príncipes católicos no estaban exentos de una mentalidad jurídica muy extendida en las relaciones entre los Estados cristianos nacientes y la Iglesia de querer controlar la vida eclesial en sus Estados, pretensión común en los gobernantes (o príncipes) cristianos de esta edad moderna. Tal pretensión, que databa ya de siglos anteriores, llevaría en muchos casos a caer en la tentación, nunca escondida, de crear de hecho Iglesias nacionales, bajo el control del Estado. En el siglo XV, a pesar de la crisis conciliarista, tenían una sana conciencia del papel del Papa como cabeza de la Iglesia y reconocían su misión y supremacía en el campo eclesial y espiritual, “''no reconociendo superior temporal sino a Dios Omnipotente, y dando la obediencia espiritual debida al Sumo Pontífice y a la Iglesia apostólica de Roma''”, como escribía entonces Fernández de Oviedo, uno de los primeros testigos e historiadores de la conquista en el Nuevo Mundo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El papel de la corona fue fundamental en los tres siglos siguientes, tanto en el ámbito de los descubrimientos y de la colonización, como en el de la evangelización. Ya desde el alba de la presencia española en el Nuevo Mundo, los Reyes Católicos emanaron una serie de disposiciones o cédulas legales y administrativas con el fin de regular un gobierno recto en aquellas tierras, y afrontar las problemáticas humanas, políticas y evangelizadoras que aquellas situaciones inéditas planteaban. En tal sentido el testamento del 12 de octubre de 1504 y el codicillo de Isabel la Católica añadido el 23 de noviembre de 1504, tres días antes de morir, dan las directivas del proyecto político (relación entre españoles e indios, y derechos de éstos) y de la evangelización e implantación de la Iglesia en América. Aquel texto fue codificado y se convirtió pronto en un texto legal, caso único en la historia constitucional de un país, entrando así a formar parte de la legislación de España sobre las Indias hasta las independencias de sus países.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==2.La población española en el momento del descubrimiento de América== &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se calcula que en el momento del descubrimiento de América, España tenía unos ocho millones de habitantes. De ellos, antes de 1492, medio millón eran judíos (la expulsión en masa de los mismos acontece en 1492) y un millón de mudéjares&amp;lt;ref&amp;gt;Mudéjares: musulmanes que vivieron en convivencia con los cristianos, tras ''la reconquista'' por éstos del territorio peninsular español. La palabra “mudéjar” deriva del vocablo árabe ''mudayyan'', equivalente a “vasallo” o “sometido”; acepción etimológica que no aparece en la documentación medieval, pero que se populariza a partir del siglo XIX.&amp;lt;/ref&amp;gt;a los que luego habría que añadir los “moriscos”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Cómo se distribuía socialmente esta población? Un 80 % era rural. Se daba una endeblez numérica de clases. Lo que hoy se suele llamar &amp;quot;clase media&amp;quot; (pero que en este caso sería un anacronismo), puede ser distribuida de la siguiente manera: un 3%, que no eran clé¬rigos, ni militares, ni campesinos, ni patricios urbanos; eran gente común. Había unos 75.000 clérigos o eclesiásticos&amp;lt;ref&amp;gt;Algunos hablan de un total de unos 40.500 miembros del clero secular o diocesano, pero las estadísticas no son siempre fiables.&amp;lt;/ref&amp;gt;, el 1% de la población, de los que unos 2000 o 3000 pertenecían al llamado &amp;quot;clero alto&amp;quot;. Los nobles o hidalgos de variada posición y entidad eran unos 115.000, el 2% de ese número total. En cuanto a la propiedad las tierras, éstas pertenecían al 2% o 3% de la población que poseían el 97% de las mismas. Esta alta aristocracia, personal o jurídica, era dueña de la mitad de España. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Y cómo se componía ésta aristocracia? Se contaban unas 50 familias unidas por vínculos de sangre y que constituían de hecho una fuerza social, política y económica paralela a la del rey, como lo demuestran las convocatorias de frecuentes “Cortes” para tratar los asuntos importantes del Reino, proclamar o reconocer al rey, que debía jurar sus fueros&amp;lt;ref&amp;gt;Los ''Fueros'' (del latín forum; derechos, leyes) son un cuerpo de leyes, considerado entre las más importantes fuentes del derecho en España.&amp;lt;/ref&amp;gt;, proclamar ante ellas por parte del rey leyes, cédulas reales o disposiciones en los campos civil o eclesiástico y determinar la política a seguir en el Reino. Las Cortes eran en la antigua historia española medieval y en los comienzos de la moderna una asamblea general del Reino que convocaba el rey en los antiguos reinos de España para tratar asuntos de estado, generalmente, la elaboración de leyes y la concesión de impuestos: a las Cortes acudían los representantes del clero, de la nobleza y de las poblaciones importantes, ayuntamientos de ciudades y de villas. En las “Cortes” se encontraban representadas las diversas entidades o corporaciones que componían el Reino. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En todo este tren de vida política, algunos nobles (en realidad pocos), descendientes en buena parte de antiguas familias de caballeros, protagonistas en la reconquista, o de otros nuevos allegados por méritos o por influencias, ocupaban puestos en la Corte real, la que en esa época solía ser “ambulante” a lo largo de ciudades y villas del Reino. Estos nobles, que con frecuencia poseen sus castillos y palacios, comienzan a llevar un tren de vida a veces fastuoso. Estaba luego una pequeña nobleza de mayor peso social y económico, y otra mediana formada por militares, hijosdalgo, y caballeros, que constituyen dos poderosos es¬tratos sociales. El estamento militar asiste por derecho propio a las Cor¬tes. Vive en posesiones rurales e influye en el gobierno a través de la parentela y vínculos de nobleza. De esta pequeña noble¬za se recluta lo mejor de los capi¬tanes, diplomáticos y funcionarios. De la pequeña nobleza salieron muchos obispos (&amp;quot;llanos&amp;quot;, no pertenecientes a la aristocracia o alta nobleza). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se debe también hablar de una incipiente nobleza urbana: terratenientes, ricos por herencia, no comerciantes, y que es más culta que la nobleza militar. Sus hijos llenaban las universidades. También de aquí salen canónigos, obispos, abades. Fueron excelentes secretarios y administradores. Los pobladores de las pueblas (poblaciones fundadas con privilegio real y cuyos vecinos formaban “ayuntamientos” y concejos) y las villas (con sus pobladores llamados &amp;quot;villanos&amp;quot;) tienen acceso o movilidad de ascenso a ese tipo de nobleza y constituyen una parte importante y fundamental en la estructura del Reino. La tendrán en el poblamiento español del Nuevo Mundo con sus fundaciones, al estilo castellano o de la madre patria. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la estructura y en la vida social y política del Reino se encuentra el clero. Constituye un grupo social peculiar dentro de la sociedad. Dentro de él hay de hecho un clero socialmente alto y otro clero bajo, no por procedencia social, sino por los puestos que ocupan en la estructura eclesiástica. El clero tiene un fuerte espíritu corporativo (como en los otros países de la cristiandad medieval hasta la edad contemporánea) para defender sus inmunidades. Su fuerza económica la constituyen los diezmos (en especie, que se subastaban). La mentalidad de cada estrato era fuerte y reflejaba con frecuencia también su procedencia social. El papel del alto clero era notable. Constituían la columna vertebral de muchos sectores de la administración pública, cancilleres, presidentes y miembros del Supremo Consejo de Indias, cuando éste fue creado, y de muchos tribunales. Personajes fundamentales en la España de los tiempos del descubrimiento de América, como el arzobispo Talavera, Deza, los cardenales Cisneros y Mendoza, por citar nombres universalmente más conocidos, lo demuestran. En conjunto forman un grupo notable por &amp;quot;letras y virtud&amp;quot;. Muchos de ellos actuaron en la vida política e incluso en la militar; son parte de la última hornada de prelados-capitanes, como lo fue incluso el cardenal franciscano reformador Francisco Ximénez de Cisneros (que tiene su proceso de canonización introducido). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dentro del clero se encuentra una especie de alto clero menor, generalmente hacen parte de ella los prebendados (que eran dignidades, canónigos o racioneros de alguna iglesia catedral o colegiata). Normalmente son de elevada categoría intelectual. Existen 47 capítulos ca¬tedrales de gran poderío económico y con un nivel moral bastante bueno en general. Sin embargo entre el bajo clero, incluso entre el religioso, se da a veces inmoralidad, ignorancia y pobreza. Este fenómeno de decadencia en una parte del clero regular y secular era un fenómeno de la cristiandad europea de la época, con numerosos intentos de reforma por parte de papas y concilios a lo largo del siglo XV y comienzos del XVI. Basta recordar cómo el tema de la reforma del clero aflora y es tratado específicamente desde el Concilio de Constanza (1414-1418), Ferrara-Florencia (1438-1445), Lateranense V (1512-1517). En este cuadro el caso español corresponde al del resto de Europa. Sin embargo no se puede generalizar. Los concilios provinciales vigilaban y urgían por una reforma de las costumbres entre el clero. El siglo XVI será un siglo de notables &amp;quot;reformas&amp;quot; en este sentido, que verá el florecimiento de muchas Órdenes religiosas reformadas, de varios concilios provinciales y culminará con las reformas del Concilio de Trento (1545-1563). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Había en la España a la que nos referimos lo que se podría llamar &amp;quot;grupos medios&amp;quot;, aunque el término no corresponda a la moderna acepción de “clase social”. Eran gentes de ejercitaban oficios y menesteres necesarios en toda sociedad, especialmente en villas y ciudades como mercaderes y comerciantes, no¬tarios, abogados, barberos (que ejercitaban a veces también una medicina rudimentaria, pero importante), médicos y curanderos y pequeños administradores. Demográficamente eran débiles. De ellos salía 1/3 o 1/4 de los regidores. Solían componer (en reinos como en Aragón) los cabildos de las ciu¬dades. Son la raíz de la futura burguesía industrial y mercantil.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los artesanos constituían una especie de clase o grupo modesto urbano, que vivían asociados en gremios. La artesanía era más bien patriarcal y familiar, y menos técnica de taller, como en Italia o en Flandes. Proporcionaban un tercio o un cuarto de los regidores&amp;lt;ref&amp;gt;Los regidores eran los concejales de los ayuntamientos, miembros del cabildo de Indias o de las corporaciones locales.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Constituían la masa popular en los festejos. Este grupo social tiende a superarse y a presentarse bien. Su vida era suficientemente holgada. La población de todas estas clases sociales componía el 20% de los habitantes de España. Luego estaban los campesinos, que son un 80%, en desigualdad de condiciones, según las regiones. Había campesinos &amp;quot;de señorío&amp;quot;, a veces en penosas condiciones, y campesinos de realengo&amp;lt;ref&amp;gt;Poblador o vecino de una circunscripción o concejo que no era de señorío ni de las órdenes, y que pertenecía a la Corona.&amp;lt;/ref&amp;gt;, a veces muy dignos. Pero toda la población vivía a veces sometida a calamidades y grandes crisis, comunes a todo el resto de Europa, como pestes y enfermedades endémicas y crónicas, sequías o superabundancia de lluvias, inviernos crudos, o veranos tórridos; todo ello provocaba muertes frecuentes y prematuras, y hambrunas frecuentes, sobre todo en las tierras más áridas o secas como las castellanas. Sin embargo estas penosas situaciones, con frecuencia endémicas, no provocaron sublevaciones populares, como sucedió en otros lugares de Europa; basta pensar a las sublevaciones de los campesinos y de los caballeros en la Alemania de los tiempos de Lutero o en otras semejantes en la Italia e incluso en la Roma de los siglos XIV y XV.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y ¿cuál era el valor monetario corriente en esta época? En el caso español el más común era el &amp;quot;ducado&amp;quot;, que correspondía a 375 maravedís, una equivalencia a unos ocho jornales de obrero especializado o veinte jornales de un peón. El marqués de Villena, por ejemplo, tenía 100.000 ducados de renta al año. La Iglesia (sus instituciones y su personal ministerial) tenía seis millones de ducados de renta: dos millones el clero re¬gular y cuatro, el clero secular.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==3. La España católica y la Reconquista==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
1. ''Carácter y temperamento del catolicismo español de la época'': ¿Cómo se explica la vehemencia y también la fuerza del catolicismo español? Hay muchas teorías y opiniones al respecto. No hay que olvidar la característica historia cristiana española a partir del siglo VIII, cuando los musulmanes del Norte de África invaden el Reino español de los visigodos y lo desbaratan en la batalla de Guadalete (Andalucía) donde perece el último rey visigodo Don Rodrigo, que pasará a la leyenda épica española en multitud de romances (711). Casi todo el Reino visigodo español cae bajo dominio musulmán, si se exceptúan las regiones montañosas del Norte, astures, cántabros, vascos, y zonas de la Navarra y de la Cataluña pirenaica. En el año 721 encontramos los hechos conocidos como “''batalla de Covadonga''” en las montañas de Asturias, donde un príncipe visigodo, Don Pelayo (+737), levanta el estandarte de la &lt;br /&gt;
Cruz contra el invasor musulmán y da comienzo a la Reconquista, que se concluirá en 1492, en Granada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue el comienzo del minúsculo Reino de Asturias, que lentamente alargará sus fronteras reconquistando los territorios de León y luego las mesetas castellanas. Dará lugar así al nacimiento, como prolongación del reino asturiano del de León (s. IX), y más tarde al de Castilla (s. X) (Castilla y León unidas de nuevo a partir del 1230), del que nacerá con el tiempo el condado de Portugal (condado dependiente de Castilla a partir del 1094 y luego reino, totalmente autónomo). En el caso Asturiano ya a finales del siglo VIII se funda la ciudad de Oviedo (760), alrededor del monasterio benedictino de San Pelayo, donde el rey Fruela  I (757-768) establecerá su Corte y que alcanzará un notable esplendor artístico en tiempos de su hijo y sucesor Alfonso II el Casto (rey 792-842), contemporáneo de Carlo Magno, con el que mantendrá relaciones culturales y políticas. Nace así aquel arte que todavía hoy se contempla en la región asturiana, el llamado “pre-románico”, la preciosa Cámara Santa de la Catedral de Oviedo, como relicario de valiosas reliquias traídas del resto de la España invadida por los musulmanes, entre ellas la Cruz de la Victoria (símbolo de la reconquista, levantada por su primer caudillo don Pelayo), la de los Ángeles símbolo heráldico de Oviedo, de tiempos del rey Alfonso II, el Santo Sudario y otras muchas de indiscutible valor histórico y religioso. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este tiempo de Alfonso II el Casto, comienza la histórica peregrinación hacia Compostela, lugar donde se señalaba la traslación de las reliquias del Apóstol Santiago y que dará lugar a uno de los tres grandes centros de peregrinación medieval: Santiago, Roma y Jerusalén. Algo semejante comienza a suceder en las estribaciones de los Pirineos aragoneses (como en los alrededores del monasterio de San Juan de la Peña) y catalanes. Son las raíces tempranas de varios condados y marcas del reino de Aragón, con una historia unida a los nacientes reinos de Navarra y de Castilla y de los condados catalanes, cuya historia autónoma comienza a caminar a partir del s. IX, y que pasados varios siglos se unirán a la Corona aragonesa (Alfonso II de Barcelona, conde de la misma y rey de Aragón, une al reino aragonés el condado hereditario de Barcelona en 1162).  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin embargo la reconquista fue dura y larga. De hecho, hacia el año 750, gran parte de la península se encontraba bajo el califato de los Omeyas, en Córdoba, fundado por Abd-er-Rhaman I (756-788), que llega a su máximo esplendor en tiempos del califa Abd-er-Rhaman III (912-961). Y sus caudillos atormentaban con continuas incursiones los territorios cristianos. Así todavía en el año 1000, el caudillo musulmán Almanzor logró llegar hasta la misma Compostela en el oeste y a Barcelona en el este, convirtiendo en tierra quemada cuanto encontraba a su paso&amp;lt;ref&amp;gt;Almanzor, Muhammad ibn Abi ‘Amir, en árabe  ???????, al-Man?ur, o sea al-Man?ur bi-llah (“Aquel que Dios ha hecho vencedor”) (c. 938-1002), caudillo militar del Califato de Córdoba desde el 978 hasta su muerte, según las fuentes árabes y algunas cristianas (Historia Compostellana e Chronicon Burgense) habría muerto en agosto de 1002 en Medinaceli (en la actual provincia española de Soria) como consecuencia de las heridas sufridas en la batalla de Catalañazor. Los hechos se encuentran en las crónicas cristianas y en las árabes, cada una con su propia versión. Tardíamente (más de dos siglos después), el arzobispo de Toledo Rodrigo Jiménez de Rada y el obispo de Lucas de Tuy repiten la historia, con algunas claras equivocaciones. Los reyes de León, de Navarra y el conde de Castilla se habían unido para atacarlo habiéndole infligido una derrota terrible. Esta derrota de Almanzor ha entrado en la leyenda y en la épica española cristiana como una de las victorias con mayor significado religioso en la historia de la reconquista. Según algunos, en Catalañazor, habría sido derrotada la “retaguardia” del ejercito de Almanzor, ya en retirada, muriendo en su campamento de Medinaceli. Cf. Gonzalo Martínez Díez, El condado de Castilla, 711–1038: La historia frente a la leyenda, Marcial Pons Historia, 2005, 581–4; Juan Castellanos Gómez, La batalla de Calatañazor: mito y realidad. Revista de historia militar, 91 (2001), 25–42; ''The New Cambridge Medieval History, III'': c. 900-c.1024, Edited by Tomothy Reuter, 27: Sicily and al-Andalus under Muslim rule; 28: ''The Spanish Kingdoms, print publication year'': 2000; on line publication year: 2008; Rafael Altamira, Il califfato occidentale, en Storia del mondo medievale (trad. della Cambridge Medieval History), Milano, Garzanti, vol. II, 1999, pp. 477-515.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Por ello también los reinos cristianos en su avanzada hacia el sur, de grandes ríos en grandes ríos, desde el Duero hasta el Tajo, van creando espacios desiertos de frontera para estorbar las frecuentes incursiones de los reinos musulmanes. Son la “Extrema-dura”, o las vacías y desérticas tierras fronterizas; se van levantando castillos y fortalezas a lo largo de la geografía hispana que darán también lugar incluso al nombre del futuro condado y reino de Castilla.&lt;br /&gt;
En esta misma época se asiste al nacimiento del califato de Córdoba, que en mundo islámico de la época es de la misma grandeza esplendorosa de los de Damasco y Bagdad, y a su historia cultural incomparable, que ha dejado una herencia imborrable en la cultura mundial e hispana. Entre el 1009 y el 1031, el califato de Córdoba se va dividiendo en pequeños estados independientes (reinos de taifas), entre los que hay que recordar: Toledo y Badajoz (1009); Murcia (1010); Zaragoza (1012); Almería y Granada (1013); Denia (1014), Málaga (1016); Valencia (1021); Sevilla (1023); Mallorca (1015); Córdoba (1031), etc.. luego: Orihuela, Huesca, Jaén, Carmona, Niebla, Algeciras. Incluso Córdoba se erige en una especie de republica aristocrática entre 1031 y 1070; es ocupada por el rey musulmán de Sevilla en 1070; conquistada por los musulmanes Almorávides de África en 1086 y luego en 1148. En 1091 los musulmanes Almohades de Mauritania invaden los reinos musulmanes de la Península ibérica (1091-1229), que serán derrotados por los reinos cristianos unidos en la batalla de Las Navas de Tolosa (1212), comenzando así la fase final de la reconquista cristiana. El rey castellano Fernando III ''el Santo'', conquistará Córdoba el 29 de junio de 1236 y Sevilla en 1248. Ya en 1085, el rey cristiano Alfonso VI de Castilla había conquistado Toledo y la había convertido en su corte; los aragoneses habían reconquistado Zaragoza en 1146. Jaime I de Aragón reconquista Valencia el 29 de septiembre de 1238. El último reino musulmán de la Península ibérica, Granada, será reconquistado por los Reyes Católicos, Isabel y Fernando, el 5 de enero de 1492&amp;lt;ref&amp;gt;“Fruto del Romanticismo literario se desarrolla en el siglo XIX la mitificación de al-Andalus. Desde entonces,. Dos imágenes por igual hipertrofiadas tienden a representar en exclusiva esta faceta de la Historia de España. Y si bien hoy nadie sostiene en serio que ignorancia, despoblación y desertificación africanas fueran el corolario inevitable de la invasión musulmana, por el contrario –y por razones muy del momento- sí subsiste una corriente publicistica que no se contenta con embellecer en su magín los surtidores del Generalife [en la Alhambra de Granada] […] y va mucho más lejos, manteniendo que un al-Andalus superior, refinado y culto sucumbió ante unos cristianos bárbaros, ignorantes y torpes. La idealización maurofila, al retomar para la Hispania musulmana dos de los mitos más caros al eurocentrismo (el del Buen Salvaje y el Paraíso Perdido), trasluce una actitud que se sale del terreno del análisis racional de la sociedad y de la Historia y se hunde en el de la fe o las creencias religiosas” (Serafín Fanjul, ''Al-Andalus contra España. La forja de un mito'', Ed. siglo XXI, Madrid 2005, 3ª edición, Presentación), con amplia bibliografía sobre el tema. El Autor trata de estudiar históricamente el influjo real del mundo cultural islámico en España, sus logros y sus límites.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''2. La Reconquista'': Entre el 830 y 1030, se vive un período de dos siglos de exaltación cristiana en la Reconquista; florece la cristiandad mozárabe&amp;lt;ref&amp;gt;Mozárabes (del árabe musta?rab, 'arabizado'; en árabe: ??????), es el nombre con el que se conocía a los cristianos que vivían en el territorio en España bajo dominio musulmán. Tenían en la esta sociedad el estatus legal de “dimmíes”, que compartían con los judíos, como no creyentes en el Islam. A efectos prácticos su cultura, organización política y práctica religiosa eran toleradas, y contaban con cierta cobertura legal. Estaban obligados a tributar impuestos de los que los musulmanes se veían exentados y sufrían otras muchas restricciones en la vida civil y religiosa, como la de no poder construir iglesias ni arreglar las ya existentes. Los mozárabes que pasaban al Islam (generalmente por motivos fiscales) y se arabizaban pasaban a ser llamados “muladíes”. La legislación islámica protegía a los no musulmanes, pero favorecía su paso al Islam con medidas de orden muy diverso, sobre todo de tipo económico-fiscal.&amp;lt;/ref&amp;gt;y nacen o avanzan los reinos cristianos: León, Castilla y Navarra, nace el de Aragón y los condados catalanes, entre los que emerge el de Barcelona cuyos condes, con el andar del tiempo, se convierten en reyes de Aragón, dándose así la unión dinástica entre ambos estados. En los siglos XI, XII, XIII: la Reconquista avanza en las diversas líneas fronterizas: del Duero, luego hasta el Tajo, con la conquista de Toledo, la antigua capital visigoda, la ciudad de las tres culturas o religiones (cristiana, islámica y hebrea, que había alcanzado un enorme esplendor cultural frente al resto de la misma Europa medieval cristiana). Por parte suya se asiste a una decadencia y luego al ocaso del califato de Córdoba, la división del mismo en números reinos de taifas que pueblan el sur de la Península&amp;lt;ref&amp;gt;Con el término re de los taifas (en árabe: ???? ???????, muluk al-?awa?if: ?a?ifa árabe significa “parte, minoría étnica, facción”) (llegarán a ser unos 39) se indican los pequeños estados que surgen como consecuencia de la decadencia, disolución y anarquía del Califato de Córdoba, a partir del 1009, con la abdicación del califa y la siguiente abolición del califato de la dinastía de los Omeyas en 1031 con la deposición del califa Hisham III. Se proclamaron numerosos pequeños reinos regidos por familias árabes, bereberes o de origen eslavo que constituyeron verdaderas dinastías tribales o familiares, que solían mantenerse en el poder con tropas mercenarias, incluidas algunas también cristianas. La situación cambia en el siglo XII con la invasión de los musulmanes del reino almorávide del norte de África, pero, disuelto este reino, comienza de nuevo otro periodo en el que nacen nuevos reinos de taifas entre 1144 y 1170, cuando otros invasores musulmanes, los almohades del Norte de África invaden estos reinos. Tras la derrota de los mismos por los cristianos en la batalla de Las Navas de Tolosa (1212), nace de nuevo otro tercer periodo de reinos de taifas de corta duración, acabando con la fundación del llamado reino nazarí de Granada, que capitulará ante los reyes católicos el 2 de enero de 1492, consumándose oficialmente la Reconquista el 6 del mismo mes y año. Aquellas divisiones favorecieron la Reconquista cristiana.&amp;lt;/ref&amp;gt;.                    &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los musulmanes del norte de África intentan reconquistar las tierras perdidas y unificar a los reinos de taifas. Son las invasiones de los almohades. Pero en el año 1212 se da el paso definitivo del choque entre los reinos cristianos españoles y los musulmanes de los almohades en la batalla de Las Navas de Tolosa. Es la época que sigue a la renovación de la vida eclesial española a través de la aplicación en España de la reforma gregoriana con el apoyo de benedictinos y cistercienses. Es también la época de las grandes peregrinaciones a Santiago de Compostela, la del románico de los siglos XI al XIII, del nacimiento del gótico con sus grandes catedrales que se extienden por toda la geografía española hasta el siglo XV. En el siglo XIII la vida eclesial se renueva a través de los canónigos regulares primero, de los frailes mendicantes luego, entre ellos Santo Domingo de Guzmán, canónigo en Osma (Castilla), y sus dominicos y la llegada también de los franciscanos, y del mismo san Francisco, peregrino a Santiago de Compostela. Fernando III ''el Santo'' de Castilla y León, reconquista Sevilla y Córdoba, y su hijo, Alfonso X ''el Sabio'', da un nuevo esplendor a las letras y a la compilación jurídica de las antiguas leyes hispanas; las tres lenguas de su Reino (latín, castellano, árabe y hebreo) formaban parte del bagaje cultural del Reino&amp;lt;ref&amp;gt;Alfonso X fomentó la actividad cultural mediante el patronazgo y dirección de la ya existente Escuela de traductores de Toledo. Dicha Escuela aglutinó a un grupo de estudiosos cristianos, judíos y musulmanes que desarrollaron una importante labor científica al rescatar textos de la Antigüedad, y al traducir textos árabes y hebreos al castellano. Estos trabajos habilitarán definitivamente el castellano como lengua culta, tanto en el ámbito científico como en el literario. El afán de Alfonso por la divulgación de la lengua vernácula le llevó, siendo aún infante, a patrocinar la versión al castellano de ''Calila e Dimna'' y del ''Lapidario''. Además fue un excelente poeta en gallego-portugués. De su extensa obra destacan: el ''Fuero Real de Castilla'', el ''Espéculo'' y las ''Siete Partidas'', entre las jurídicas; las ''Tablas alfonsíes'', entre las astronómicas; y entre las de carácter histórico, la ''Estoria de España'' y la ''Grande e General Estoria o General Estoria'', acerca de la historia universal. ''Las Cantigas de Santa María'' es obra lírica, escrita en gallego-portugués, lengua común a gran parte de la poesía ibérica hasta finales del siglo XIV, cuando aparece el Cancionero de Baena, que ya está escrito en castellano. ''El Lapidario'' versa sobre las propiedades minerales, y el Libro de los juegos sobre temas lúdicos (ajedrez, dados y tablas), deportes de la nobleza en aquel tiempo. También en el campo religioso favoreció la difusión de la Biblia. Alfonso X realizó también la primera reforma (normalización) ortográfica del castellano, idioma que el reino adoptó como oficial en detrimento del latín. Este monarca bien introdujo en España nuevos conocimientos procedentes de los más distantes confines del orbe. Su especial interés en el arte, la historia, el derecho y la ciencia ejerció una profunda influencia en el desarrollo cultural de España y del resto de Europa.&amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En Aragón brillan las epopeyas de Jaime I, el conquistador de Valencia del dominio musulmán. A pesar de episodios lamentables para los cristianos, con signos de algunas episódicas luchas dinásticas y señales de decadencia, como en el resto de Europa, los Reinos cristianos españoles han entrado de lleno en el bullir de una conciencia que camina a pasos agigantados hacia el ocaso de la Edad Media y el nacimiento de una modernidad, todavía confusa, con la constitución de reinos-naciones, raíces de los futuros estados nacionales. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''3. La vitalidad de los reinos hispanos'': En este cuadro, los reinos hispanos se encuentran ya plenamente activos en la vida tanto eclesial como civil europea, con tratados, matrimonios reales, participación en la vida cultural europea con las nuevas universidades, de las cuales Palencia y luego Salamanca, pertenecen a la primera generación, o en los grandes y dolorosos conflictos que enturbian la paz de la “christianitas” europea, como los que caracterizan el siglo XIV y comienzos del XV, como el cisma occidental (1378-1417). Las suertes de la reconquista están echadas. Los reinos musulmanes que todavía persisten en el sur o se convierten en vasallos de los reyes hispanos o son reducidos a su mínima expresión, a pesar de momentos de gloria artística, como en el caso del reino nazarita de Granada. En esta época, los aragoneses y catalanes salen de sus fronteras, navegan por el Mediterráneo y buscan alianzas y ensanchar sus fronteras en el mismo: Nápoles, Sicilia, Cerdeña y hasta el extremo oriental del Mediterráneo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el territorio patrio no todo es fácil. El feudalismo antiguo persiste y la nobleza se encuentra inquieta con rebeldías endémicas que producen conflictos civiles y guerras episódicas de carácter dinástico dentro de las mismas familias reinantes, que después de todo se encuentran muy emparentadas entre sí. También en esta época de mediados del siglo XV, siguiendo el ejemplo del hermano Reino portugués, los castellano-leoneses salen al Atlántico e incorporan las Islas Canarias a sus dominios. Nos encontramos en tiempos de Juan II de Castilla y León, el padre de Isabel la Católica. Tras el reinado endeble y discutido de su hijo Enrique IV de Trastamara, llega el reinado de su hermana Isabel I la Católica, que se casará con su primo el príncipe Fernando de Aragón, que pronto se convierte en rey de aquel Reino. Con este matrimonio real, cambia radicalmente la historia española; se concluye la reconquista en Granada (1492)&amp;lt;ref&amp;gt;Había habido un reino musulmán taifa de Granada, controlado por la dinastía zirí desde 1013 hasta 1090; sigue luego el Reino nazarí de Granada desde 1238 hasta 1492. Tras la reconquista cristiana, el Reino de Granada conserva su denominación jurisdiccional territorial dentro de la Corona de Castilla, desde el siglo XV a 1833. Su símbolo heráldico (la granada) forma parte desde entonces del escudo de los reinos españoles y del Reino de la España actual.&amp;lt;/ref&amp;gt;se unifican en las personas de los dos reyes los reinos hispanos, bajo el famoso lema del “''Tanto monta monta tanto Isabel como Fernando''” y la simbología heráldica que los dos esposos reales adoptan. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Suceden también momentos muy discutidos por la historiografía antigua y reciente como la expulsión de los judíos (1492), malqueridos por sectores de la gente vulgar y de la nobleza a causa, sobre todo, de su papel en la recolección de los impuestos de la misma Corona y una antigua y jamás escondida animosidad, alimentada por antiguos prejuicios y leyendas populares, y por la persistente acusación de “deicidio” que las acompañaban por ser considerados presuntamente en parte, como una especie de “quinta columna” en la antigua época de las invasiones islámicas, y en la época de su expulsión, de los mismos turcos. Es en este momento histórico, y en el mismo año de toda esta serie de acontecimientos notables en la historia hispana, que acontece la aventura atlántica de Cristóbal Colón y el descubrimiento del Nuevo Mundo. Todo ello abrirá una nueva página en la historia hispana y también mundial. La noche quedaba atrás&amp;quot;&amp;lt;ref&amp;gt;Cf. García-Villoslada, R., ''Hist. de la Iglesia¬ Católica'', BAC, III, cap.XVIII.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==4. La mentalidad común de la época ante la infidelidad y la herejía== &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ocho siglos de esfuerzos en una reconquista  trabajosa, y no siempre constante y uniforme, forjaron un temperamento en la España cristiana de entonces, con sus luces y sus sombras, hasta alcanzar una ordenación unita¬ria. La reforma católica se adelanta casi un siglo y en forma origi¬nal en estos Reinos españoles unidos bajo los reyes Católicos. “''España […] que se había convertido en una gran potencia […] se convierte en el país del catolicismo del futuro […] pudo así convertirse en un cierto sentido en la patria espiritual de la restauración católica y de la contra-reforma''”&amp;lt;ref&amp;gt;K. Bihlmeyer – H. Tueche, ''Historia de la Iglesia, la época de las reformas, III'', § 158, 5.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Y esta actitud de lucha continúa bajo el nieto de los Reyes Católicos Carlos I (V como emperador): 1520-1558 frente a la herejía&amp;lt;ref&amp;gt;Cf. G.-Villoslada, ''o.c.'' Parte II, cap. I, ed.1960, pp.651ss. con bibliografia).&amp;lt;/ref&amp;gt;. Los teólogos del siglo XVI no abandonan la idea del “Orbis christianus” frente a la herejía. Según su posición general, no se puede dar ninguna coacción sobre los infieles para abrazar la fe, pero sí sobre los bautizados, para conser¬varla. Quedaba en pie un problema ante la situación en el suelo español de la población no cristiana de judíos y de moros: ¿por qué se da esa disyuntiva con-tra ellos de, o abrazar la fe o de emigrar? ¿En qué sentido el poder civil toma parte en favor de una solución radical en el asunto que lleva a la exclusión de estos grupos divergentes? ¿No fue en parte por motivos meramente seculares y civiles, con la naciente “razón de estado” de querer construir un reino unido (Estado) sin discrepancias o elementos centrífugos? ¿No estuvo esto en parte en los orígenes de la creación del tribunal de la Inquisición para examinar los falsos conversos, sea del judaísmo o del islamismo, y que más tarde se extenderá a otros divergentes religiosos, protestantes o pensadores considerados heterodoxos? ¿Protestaron los teólogos contra este tipo de coacciones?&amp;lt;ref&amp;gt;Cf. el tema tratado ya por Marcelino Menéndez y Pelayo en su ''Historia de los heterodoxos españoles'', Madrid 1880-1882.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==5. La nación española== &lt;br /&gt;
En el contexto señalado se forja un celoso nacionalismo, traducido en el estatuto de “lim''¬pieza de sangre''”, una especie ''de “culto al honor nacional e innoble criterio de casta''”&amp;lt;ref&amp;gt;El tema fu obsesivo sobre todo durante los siglos XVI-XVII. Cf. el vocablo, R. Gonzálvez, “''Limpieza de sangre''”, en DHEE, II, pp. 1297-1298; Alb. Sicroff, Les controverses des Statuts de pureté de sang en Espagne du [siecle] XVe au XVIIe siecle, Paris1960; J. Amador de los Ríos, Historia social, política y religiosa de los judíos de España y Portugal, Madrid, 1875-1876; A. Domínguez Ortiz, La clase social de los conversos en Castilla en la Edad Moderna, Madrid, 1955; Américo Castro, España en su historia. Cristianos, moros y judíos, Buenos Aires, 1948; J. Caro Baroja, Los judíos en la España moderna y contemporánea, 3 vols., Madrid, 1962.&amp;lt;/ref&amp;gt;.Los siglos XIV-XV españoles fueron tolerantes. Para el siglo XVI se suelen dar las siguientes estadísticas de la población española&amp;lt;ref&amp;gt;Cf. la obra importante de F. Braudel,, La Mediterranée et le Monde méditerranéen à l’époque de Philippe II, Armand Colin, Paris 1949; Idem, Civilisation matériel, économie et capitalisme, XVI-XVIII siècle, 3 vols., Paris 1979.&amp;lt;/ref&amp;gt;:unos 7.000.000 cristianos viejos; unos 350.000 conversos; unos 300.000 moriscos&amp;lt;ref&amp;gt;Moriscos (palabra que deriva de “moro”), fueron los musulmanes españoles bautizados tras la pragmática de los Reyes Católicos de 1502 (para Castilla) y de Carlos I de 1526 (para Aragón). Tanto los convertidos con anterioridad al catolicismo de forma voluntaria como los convertidos obligatoriamente pasaron a ser denominados moriscos porque la mayoría de ellos, de manera más o menos velada, siguieron con sus costumbres islámicas profesando también las religiosas. Por ello la Inquisición se preocupará de examinar los casos de los falsos convertidos. La importancia que tuvieron mudéjares y moriscos en España en la Edad Media y Moderna fue vital ya que las tierras reconquistadas se encontraban despobladas, por lo que se les permitió quedarse para su repoblación. Durante la época moderna vivían en numerosos territorios de realengo y de señorío feudal, especialmente en Aragón, Valencia y Sureste andaluz, dedicándose en especial a la agricultura (de regadío básicamente), a la artesanía (alfarería) y a la construcción. De hecho, el arte mudéjar es uno de los más representativos de la historia del arte español de la época&amp;lt;/ref&amp;gt;. De pronto aparece la intolerancia. ¿Por qué? La convivencia de cristianos, judíos y musulmanes en los reinos cristianos españoles durante la Edad Media, había tenido que ver con el proceso de &amp;quot;Reconquista&amp;quot; cristiana española de sus tierras invadidas, y la conquista por parte de los musulmanes, sobre todo de las tierras meridionales que ellos llaman Al Andalus (Andalucía, o “''tierra de los Vándalos''”, antiguos invasores de la misma de origen germánico en el s. V) y posterior ocupación del territorio por los diferentes reinos cristianos del norte de la península. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La escasa repoblación cristiana de sus nuevos territorios hace que sigan viviendo en ellos un importante número de musulmanes, tanto en zonas urbanas (aunque en barrios propios, como la morería de Zaragoza), como en zonas rurales (como siervos de señorío). El final de la Reconquista - con la toma de Granada- y la política religiosa de los Reyes Católicos, modifican la situación previa: en Granada se producen bautismos en masa, y los Reyes Católicos sólo permiten la religión cristiana en España, por lo que judíos y mudéjares han de convertirse o salir del país. En la lucha enconada contra el creciente poderío turco, se teme su alianza con el mismo y en concreto con los piratas berberiscos y turcos que atacaban las costas de la Europa cristiana. Los moriscos andaluces protagonizan  una insurrección en 1568 (la rebelión de las Alpujarras), que fue sofocada casi dos años después por don Juan de Austria, hermanastro de Felipe II. Los moriscos de esa zona fueron desterrados, hecho que aumentó la suspicacia contra ellos en otras regiones donde los moriscos eran todavía muy numerosos, como Valencia o Aragón. En 1609, con el rey Felipe III, se decretó la expulsión de los moriscos, primero de Valencia, después de los otros reinos españoles. Unos 300.000 tuvieron que abandonar España; la mayoría se dirigió al norte de África. Su marcha tuvo graves consecuencias demográficas y económicas, sobre todo en Valencia y en Aragón, afectando especialmente a la agricultura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todos los problemas señalados son complejos y de diversas interpretaciones. Los Judíos constituían una gran minoría cualificada; habían disfrutado por una parte de la protección de los reyes y por otra del odio del pueblo, debido fundamentalmente a su papel en el campo de la recolección de impuestos y al sistema de ganancias económicas con los préstamos; tal aversión será luego transferida a los falsos conversos o hebreos ocultos (''marranos''), algo común en otros muchos lugares de Europa y a los musulmanes pseudo-convertidos. En el caso español, ya en 1449 se había dado una explosión de odio en Toledo contra los conversos y  la puesta en marcha del llamado “''estatuto de sangre” (el de “limpieza''”). Casos semejantes se dieron en Córdoba, Jerez, Jaén, en el Reino de Castilla, y otros muchos semejantes en Aragón y Cataluña&amp;lt;ref&amp;gt;Aquí quiere basarse la hipótesis de los orígenes “''catalano-genoveses''” sostenida por: Salvador de Madariaga, Vida del Muy Magnifico Señor Don Cristóbal Colón, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1991, 9ª edición.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Debido también a las conversiones fingidas, el “estatuto de limpieza” pretendía restarles eficacia social. Aquí están en parte, los orígenes de la Inquisición española, que fue creada en el siglo XV precisamente para aclarar y combatir las conversiones ficticias de moros y judíos&amp;lt;ref&amp;gt;Cf. K. Bihlmeyer – H. Tuechle, Historia de la Iglesia, la época de las reformas, III, § 150: Antisemitismo e Inquisición española.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==6. Nuevos intentos de cruzada ante la caída de Constantinopla en poder de los turcos==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El tema de la “cruzada” flotaba en el ambiente español cristiano desde hacía siglos a lo largo de la “reconquista”, cruzada llevada a cabo en casa, como algunos la han llamado; pero era también una mentalidad muy extendida en la Europa medieval. Baste pensar a los últimos intentos de cruzada contra los turcos en tiempos de Pío II (1458-1464). La urgencia de la defensa contra el avance de los turcos había empujado a los griegos a buscar ayuda en la cristiandad latina occidental, e incluso a una posible reconciliación con Roma recomponiendo la antigua división entre Oriente y Occidente. Tal fue el intento que fracasaría tras el concilio de Ferrara-Florencia (1438-1445), porque no encontró el apoyo necesario en algunos metropolitas orientales y sobre todo en buena parte de los monjes y de la gente desde siempre muy influida por ellos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Constantinopla cae bajo el dominio turco el 29 de mayo de 1453, y su basílica de Santa Sofía será convertida en mezquita después de diez siglos desde su construcción. La caída de Constantinopla causó honda impresión en el mundo cristiano occidental; y no era para menos: había sido, desde los tiempos de Constantino, el corazón del Imperio Romano Oriental o Bizantino. Ahora se convertía en Estambul, cabeza del grande Imperio Otomano, que ponía también pie en el continente europeo, revolucionando así los cuadros políticos del Occidente cristiano. Por ello se explica el impulso que algunos, sobre todo el Papa, quisieron dar lanzando una nueva “cruzada” en defensa tardía del Imperio Bizantino. Fracasarán en sus intentos los Papas Eugenio IV, Nicolás V, Calixto II y Pío II, desde 1433 a 1464, debido sobre todo a las divisiones y rivalidades entre los nacientes estados nacionales europeos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este contexto, Eugenio IV llamó al Occidente cristiano en defensa de aquel Imperio (1443). Casi nadie se movió entonces, a excepción del rey de Polonia y el de Hungría, Ladislao, que fue vencido por los turcos en Varna, junto con el legado pontificio el cardenal Cesarini (1444). En otro lugar meridional de Europa, en Albania, Jorge Castriota, conocido con el nombre de Skanderberg, resistirá a lo largo de 24 años a la invasión turca. La derrota sufrida en Varna fue el prólogo de la caída de Constantinopla. El papa Nicolás V querrá renovar la llamada a una nueva cruzada que no logra comenzar; lo intenta su sucesor, el español Calixto III (1455-58) mandando predicadores de la misma por Europa e invitando a ella a los príncipes cristianos, proponiéndose no sólo liberar Constantinopla, sino también llegar incluso a Jerusalén. También aquí vemos una primera respuesta positiva por parte de los príncipes cristianos, pero que enseguida cae en el vacío.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un ejército cristiano guidado vía tierra por Juan Hunyadi, asistido por el cardenal Carvajal y animado espiritualmente por S. Juan de Capistrano, vence en Belgrado (1456), impidiendo así a los turcos continuar avanzando hacia Viena, mientras que Skanderberg los vencerá en Taormizza (1457), y el cardenal Scarampo, guiando vía mar una escuadra, los derrota en Metelino (1457). Calixto III esperaba entonces de nuevo una respuesta positiva por parte de las potencias cristianas. Pero de nuevo la indiferencia y las rivalidades, agravadas con la muerte de Juan Hunyadi, hicieron fracasar aquellos planes. El sucesor de Calixto III, el humanista Pío II (Enea Silvio Piccolomini) (1458-1464) intentó tomar de nuevo la iniciativa; llegó a convocar una especie de congreso de las potencias europeas en Mantua (1459-1460) donde participó personalmente, pero de nuevo aquel proyecto fracasó por los mismos motivos que los anteriores. Al Papa se le ocurrió una idea totalmente utópica: mandó a Muhammad II, el conquistador de Constantinopla, una carta, espléndida en su estilo literario, en la que le invitaba a convertirse al cristianismo, prometiéndole el imperio de Oriente y de Occidente (¡!). Luego, en 1463, el mismo Papa tomó la decisión de conducir él mismo la cruzada lanzando una invitación en tal sentido al Occidente cristiano. Anciano y enfermo se pone al frente de un ejército en dirección al puerto italiano de Ancona, donde ya agotado muere (1464). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Moría así una antigua utopía y la idea misma de cruzada, que había atravesado con numerosos vaivenes  la historia medieval europea, todavía objeto de enconadas controversias historiográficas y de resentimientos. Sin embargo, en aquellos precisos momentos, y en un cuadro muy distinto en los extremos del mundo europeo, en la Península Ibérica sucedían una serie de acontecimientos, algunos de ellos muy unidos a motivos no lejanos del sentir común de la christianitas europea de la época y de los Papas: la conclusión de la Reconquista, y coincidiendo con la misma, los descubrimientos transoceánicos por parte de Portugal y de España. En el caso español encontramos ingredientes variados e híbridos, muy presentes en la vida política y popular del siglo XV. La conquista de Granada que concluye este ciclo y da comienzo a otro nuevo, la tomó el pueblo como algo suyo . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==7.  La Iglesia Española de finales del S. XV y comienzos del s. XVI== &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
7.1. Para comprender el estilo de la primera evangelización en el Continente americano. España y la Iglesia española fueron los agentes de la evangelización del Nuevo Mundo de lengua española, como en el Brasil lo será el Portugal hermano. Es preciso conocer su idiosincrasia, las potencialidades y limitaciones de su contenido católico. Ya nos hemos referido a la importancia que tenía el clero dentro de la sociedad española del tiempo y a su composición. Nos vamos a fijar en otros elementos de esta España religiosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para comprender mejor &amp;quot;el encuentro del catolicismo ibérico y las culturas americanas&amp;quot;, que &amp;quot;dio lugar a un proceso peculiar de mestizaje, que si bien tuvo aspectos conflictivos, pone de relieve las raíces católicas así como la singularidad del Continente&amp;quot; , es necesario adentrarnos más, tanto en la historia de la España de aquél entonces, como en los primeros pasos de la Iglesia en tierras americanas. El dinamismo que impulsó y que aún continua fecundando tal síntesis, que es el continente latino americano en su configuración, lo constituye la fuerza de la fe católica. Los obispos latinoamericanos escribieron en su reunión plenaria de Puebla, celebrada en 1978: &amp;quot;Con deficiencias y a pesar del pecado siempre presente, la fe de la Iglesia ha sellado el alma de América Latina, marcando su identidad histórica esencial y constituyéndose en la matriz cultural del continente, de la cual nacieron los nuevos pueblos&amp;quot; . Es esto lo que le da sentido a su ser; el encuentro con el Evangelio, con la verdad de que existe Dios Padre Bueno, que nos ha dado a su Hijo Jesucristo para salvación nuestra, bajo el aliento del Espíritu Santo, encarnado y nacido de una mujer (cf. Gal. 4, 4), la Virgen María de Nazaret .&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se tenía mucho cuidado de que las Órdenes que pasaban a América fueran todas reformadas. Serán cinco Órdenes religiosas reformadas o nuevas las protagonistas de la historia de la evangelización en el Nuevo Mundo hispano: los franciscanos, los dominicos, los agustinos y más tarde los mercedarios; a estas Órdenes religiosas antiguas, llamadas mendicantes por su origen y estilo, se sumarán pasado medio siglo los recién fundados jesuitas. Los franciscanos que llegaron a México para emprender la evangelización pertenecían a la más severa y genuina de las Observancias evangélicas. El humanismo español constituía el ambiente cultural de estos misioneros. Es conocida la influencia, por ejemplo, de Erasmo de Rotterdam ; el mismo Zumárraga había leído sus libros, como lo demuestra la carta que envió, el 2 de noviembre de 1547, a fray Francisco del Castillo, provincial de su comunidad en Burgos . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Desde este horizonte los evangelizadores trataron, desde sus posibilidades, de crear una nueva humanidad cristiana, singularmente sana y fiel. “La primera generación de misioneros en México, por ejemplo, los obispos Juan de Zumárraga y Vasco de Quiroga, se caracterizaban por el sello del humanismo contemporáneo; Zumárraga estaba influenciado por Erasmo y Quiroga por Tomás Moro. Esta actitud espiritual fue decisiva en algún modo, y precisamente también en relación con la labor misional” . La extraordinaria labor evangelizadora que realizaron los misioneros en tierras americanas, encuentra en estos altos ideales de reforma y santidad de vida, una de sus principales motivaciones. Son elementos que no podemos dejar de tomar en cuenta al momento de estudiar la labor y los métodos que usaron para lograr la conversión de los indígenas americanos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
España estaba en un momento de apogeo y expansión. Venía de concluir la guerra de reconquista contra el dominio musulmán de su suelo. Los Reyes Católicos otorgan una gran importancia a la fe y alientan con gran energía y constancia un proceso de reformas y austeras observancias que, aunque ya venía gestándose desde hacía tiempo, alcanza con ellos una sistemática propuesta de reforma cristiana. El humanismo español de finales del siglo XV y de todo el XVI es sumamente rico en realizaciones literarias y espirituales. Es un tiempo donde lo épico y lo religioso se entrelazan en un universo cultural sumamente fecundo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
7.2. Una antigua exigencia de reforma en toda la Iglesia La exigencia de reforma en la vida de la Iglesia en cuanto sociedad humana, es un fenómeno continuo en la historia de la Iglesia. En los  finales de la edad Media y comienzos de la Moderna se sentía agudamente, sobre todo en algunos ambientes. Se pedía entre otras cosas una reforma radical “in capite et in membris” (en la cabeza y en los miembros), empezando por una adecuada puesta al día de las estructuras jurídicas (centralización y reservas con los desórdenes consecuentes, fiscalismo y abusos) de la vida eclesiástica del clero alto y de la formación del bajo clero, sobre todo en relación a la atención pastoral de los fieles. La respuesta dada a esta exigencia urgente no fue siempre equilibrada y ortodoxa en muchos ambientes cristianos europeos, ni tampoco fue amplia y promovida con decidida voluntad por parte de la jerarquía de esa época, lo que causará con el tiempo la ruptura de los movimientos protestantes. En este contexto, en varios países de la cristiandad se dan discutidos movimientos de reforma desde el punto de vista de la ortodoxia católica, como los llamados “espirituales” o grupos de frailes franciscanos con ideas eclesiológicas heterodoxas, influenciadas a veces por las teorías de Joaquín de Fiore sobre la existencia de dos iglesias, una carnal y rica, y en contraposición otra espiritual, santa y evangélicamente pobre, Otros sostenedores de ideas radicales heterodoxas serán el inglés John Wicliff y luego el bohemo Jean Hus y otros que preceden en muchos puntos la futura mentalidad cristológica y eclesiológica de los reformadores protestantes, como Jakoubek, Nicolás de Dresde o Wesel Gansford (1419-1489) en Alemania. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Son comprensibles estos movimientos radicales de reforma ante la situación de una jerarquía eclesiástica con frecuencia mundana. Estas tendencias ideológicas, fomentadas también por desórdenes sociales, se agudizaban por la falta de una voluntad eficaz de reforma en muchos responsables eclesiásticos. Sin embargo, lentamente comienza a abrirse paso una mayor voluntad de reforma por parte de la jerarquía eclesiástica (Papas y Concilios) a lo largo del s. XV y comienzos del XVI. Así en el concilio de Costanza y en los concordatos que estipuló Martín V, se ve tal voluntad; éste papa eligió también cardenales óptimos y una buena bula de reforma (16.V.1425), que quedó en letra muerta; en la misma línea decretó el concilio de Basilea con medidas radicales, nunca aplicadas. Los papas siguientes emanaron varios decretos y bulas también en tal sentido, casi siempre ineficaces y raramente aplicados, quedándose en meros proyectos. La historia va adelante con vanos intentos de reforma, incluidos los del concilio ecuménico Lateranense V (1513-1517). La doctrina católica fue siempre defendida, pero las situaciones de desórdenes graves en la vida cristiana continuaron vivos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin embargo, en algunos lugares de la cristiandad occidental se empezaba lentamente un camino de reforma de la vida de la Iglesia, como lo demuestra el llamado fenómeno de la “Devotio moderna”, movimiento eclesial comenzado en los Países Bajos a finales del s. XIV y que se desarrolla a lo largo del XV dando lugar a asociaciones como “los hermanos y las hermanas de la vida común”. “Devotio moderna” significaba “servicio de Dios” con una proyección clara de cristocentrismo, una espiritualidad ascética práctica (contra la mística especulativa de los dominicos alemanes), una marcada tendencia afectiva (de raíces franciscanas, de la escuela de S. Bernardo y del teólogo francés Gerson), una interioridad y subjetivismo notables en detrimento de los contactos, también apostólicos con el mundo, y una insistencia ascética que subraya el papel responsable del fiel en la recepción de los sacramentos. El libro “La imitación de Cristo” es fruto de tal “devoción” y su probable autor, Tomás de Kempis, pertenecía a tal movimiento. Esta espiritualidad ejercitará un influjo en el siglo siguiente en muchos santos y fundadores como Ignacio de Loyola e incluso en algunos protagonistas de la reforma protestante.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
7.3. El movimiento de reforma de la vida religiosa monacal y conventual en la Iglesia. Hay otro aspecto notable en el incipiente movimiento de reforma eclesial de este periodo, y es el comienzo de la misma en el seno de algunas antiguas Órdenes religiosas, en gran parte en un lamentable estado de decadencia, si se exceptúan los Cartujos y en parte los Cistercienses. La peste negra que asoló media Europa en aquellos dos siglos (XIV y XV) había vaciado los monasterios,  que luego se habían llenado con vocaciones mediocres o por motivos que nada tenían que ver con la consagración religiosa. Por ello los nuevos religiosos o monjes vivían con frecuencia una vida disipada, en monasterios y conventos con abundantes bienes, falta de la vida común fundada en privilegios obtenidos de los papas, y con una clausura más teórica que práctica, sobre todo en el caso de las monjas, que en muchos casos provenían de la nobleza y traían consigo sus niveles de vida y privilegios y en muchas ocasiones eran obligadas por motivos sociales a entrar en los monasterios. También aquí las decisiones de Papas y Concilios sobre la reforma religiosa caían en un terreno árido. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este panorama se dan los primeros intentos de refreno religioso, cuando algunos religiosos buscan volver a las raíces carismáticas de su fundación, y se reúnen en un convento donde querían vivir claramente el espíritu de tal origen. En los comienzos, ese convento buscaba ponerse bajo las órdenes del General de la Orden por encima de su Superior Provincial. A tal convento se asociaban otros con el mismo espíritu; se formaban así las “Congregaciones” de reforma, bajo la obediencia a un Vicario con poderes amplios. Se quería llevar a cabo de esta manera la reforma de la Orden. Aquí ahondan sus raíces divisiones sucesivas entre “conventuales” y “observantes”, “calzados” o “descalzos”, etc… en varias antiguas órdenes religiosas, ya a partir de finales del s. XV y sobre todo en el s. XVI. El fenómeno se da en la mayoría de las antiguas, también en España, y tendrá consecuencias notables en la historia de los evangelizadores del Continente americano. No todas las “Congregaciones” duraron, sin embargo favorecieron la reforma, en cuanto extendieron su influjo sobre todo a través de la predicación popular ambulante.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
7.4. El movimiento de reforma de la vida religiosa monacal y conventual en la Iglesia. La historia de la reforma eclesial en España se encuadra en este movimiento. Fue conducida hasta llegar a la gente común, comenzando ya mucho antes del Concilio de Trento y llegando al mismo, que ratificó muchos aspectos que la Iglesia en España ya había puesto en marcha desde hacía tiempo. Una de sus características peculiares fue que la iniciativa vino de los Reyes Católicos, con pasos sucesivos de reforma del episcopado, del clero y del pueblo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La reforma de la vida religiosa en España se dió de manera precisa y orgánica . En el caso de los monjes comienza con la del monasterio de San Benito de Valladolid, por iniciativa del rey de Castilla Juan I (en 1389-1390), con el objetivo de que los monjes viviesen la regla benedictina de manera precisa y rígida, y con voto de clausura perpetua al modo de las Clarisas; reclutó para ello unos 15 monjes provenientes de varios monasterios que se comprometieron a seguir tal vida rígida. Luego evolucionará hacia una mayor elasticidad, pasando a finales del s. XV a constituir una “Congregación” de unos 10 monasterios (en 1524 contaba con 32), y durará en los siglos siguientes. Algo semejante ocurre con los cistercienses con la fundación o reforma de la “Congregación de S. Bernardo de Castilla”, en tiempos de los papas Martín V y Eugenio IV, por obra del monje cisterciense que provenía de los Ermitaños de San Jerónimo (Jerónimos), Martín de Vargas. Esta fundación fue duramente obstaculizada por el capítulo general de Citeaux (cistercienses) a lo largo del s. XV; en 1549 reunía 45 monasterios de los 59 españoles de la Orden. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No se observan generalmente nuevas fundaciones con nuevas Reglas en las grandes órdenes religiosas. Sin embargo en España nacen los Jerónimos (ya presentes en Italia como “Eremitas de S. Jerónimo”). Fue un canónigo de Toledo, Fernando Yáñez de Figueroa y su camarero mayor, Pedro Fernández Pecha, que comenzaron a vivir una vida eremítica, pasando luego a la cenobítica, adaptándose a la regla de S. Agustín, con la aprobación de Gregorio XI en 1373. En 1423, Lope de Olmedo quiso reformar la Orden siguiendo algunas indicaciones que sacó de los escritos de S. Jerónimo, y creó así un nuevo ramo llamado “Congregación de la Observancia de S. Jerónimo”, pero que en España tuvo un éxito muy relativo, uniéndose luego en 1567 al resto de los Jerónimos. Se mantuvieron fieles a la regla de manera bastante rígida; crecerán a lo largo de los s. XV y XVI en España fundando y agregando numerosos monasterios, entre ellos hay que señalar el de Yuste, en Extremadura, donde se retirará el emperador Carlos V, el del Escorial, fundado por Felipe II, y el Guadalupe en el célebre santuario de Extremadura.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En cuanto a las Ordenes mendicantes tuvo en España, como en otros lugares, dificultades notables de reforma, dada su organización centralizada que había favorecido en cierto modo también su decadencia. Sin embargo, tal organización luego favorecerá o pondrá obstáculos a la reforma o la apoyará tibiamente. La historia de la reforma de los mendicantes, también en España dependió en buena parte de estos factores, a parte de los apoyos de papas y reyes, característica de la misma reforma, oposición de superiores locales, intervenciones abusivas de los poderes seculares, etc.. En España la reforma nace por iniciativa autónoma en varias provincias. En Santiago en 1390, que se autonomiza en 1440 de los conventuales; en Aragón, con una tendencia de carácter eremítico y se convierte en una provincia de observancia en 1442; en Castilla, parece ser que la observancia franciscana llega de Sicilia. Todos estos conventos reformados, a partir de 1446, forman con los observantes franciscanos franceses, ingleses, belgas, alemanes norte-occidentales la “Vicaria Ultramontana”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero en España nacen también grupos “ultra-reformistas”. Un primer iniciador de esta tendencia es Pedro de Villacreces (+1422), que se proponía reproducir el ideal de la Porciúncula gobernada por S. Francisco de Asís: vida austera y contemplativa, retiro y vida eremítica dentro del convento, pobreza radical, siempre descalzos, oración prolongada, silencio total. El estudio era reducido al mínimo. El sucesor de Villacreces, Lope de Salinas, aumenta el tiempo dado al estudio teológico y moral para formar predicadores y confesores, usando pequeños manuales. Prosigue esta línea el antiguo jerónimo Juan de La Puebla (+1495) con la reforma del convento de Santa María de los Ángeles de Sevilla. De este grupo nace la reforma de Juan de Guadalupe, la observancia rigurosísima, que da mayor fuerza a la predicación y al apostolado. Estos grupos diversos de franciscanos reformados continúan difundiéndose a partir de 1517; entre ellos se encuentra el de San Pedro de Acantara, confidente de Santa Teresa de Jesús, llamados “alcantarinos” o “pascualitas-alcantarinos”. A estos grupos reformados de franciscanos pertenecen los primeros grandes misioneros franciscanos del Continente americano. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra Orden religiosa reformada en España es la de los Agustinos. La formación de la “Congregación de observancia” española tiene una propia historia. Parece ser que su primer convento fue el de “Domus Dei” de Castelví de Rosanes en Cataluña (1420), que permaneció solo y aislado en medio del conventualismo hasta 1569. La “Congregación de observancia” española surge de hecho en Castilla por obra de Juan de Alarcón (+1451 c.), que actuó bajo la protección del padre general Favaroni y tras haber conocido la fuerte renovación de la Orden en Italia. Así se crea en España una “Congregación de observancia” ya en 1438, con 4 conventos de frailes y uno de monjas. Alarcón obtuvo en aquel mismo año la bula de confirmación de parte del Papa, mientras que en los demás casos italianos las bulas llegarán decenios después. La extensión de esta reforma en España se puede deducir del hecho que en 1504-5 se decretó la unión de la “Congregación de Observancia” con la Provincia agustiniana española, que tras divisiones y tensiones, sólo se pudo actuar en 1512. Ello se debió gracias a los Reyes Católicos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La historia de la reforma de los dominicos españoles tiene características semejantes. Ya en el Capítulo general de Burgos (1413), el general de obediencia aviñonesa (nos hallamos en los tiempos del cisma de Occidente), Juan de Puinoix, trata de eliminar los defectos más salientes en la Orden con fuertes medidas disciplinares, incluida la cárcel, y de restaurar la vida común. Probablemente tuvo un gran influjo San Vicente Ferrer con su vida santa, su predicación y sus escritos (Tratado de vida espiritual). Pero la verdadera reforma hay que señalarla también aquí en el método de la fundación de  “Congregaciones de observancia”, alrededor, parece ser de Santa Catalina de Siena (+1380) y de su confesor Raimundo de Capua, maestro general de la Orden a partir del 22 de mayo de 1380. La lista de dominicos eminentes que llevan adelante la reforma de la Orden en Europa, a partir de Italia, es abundante. En España comienza en Castilla en 1423 y recibe el reconocimiento de derecho pontificio en 1478. Su desarrollo se debe a los Reyes Católicos, por lo que en 1505 se une a la Provincia dominica de aquel Reino, eliminando los conventos no reformados e introduciendo la Observancia. Una de sus características fue su expansión a partir de un convento reformado, lo que se puede señalar como un ejemplo de reforma a partir de la base. En estas “Congregaciones de observancia” se quiere volver a la experiencia primera de la Orden y se resuelve el problema de la pobreza buscando una línea media: queda la “mendicidad” como ideal, pero se corrige con otros medios de subsistencia, cuando aquella se mostraba insuficiente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El caso de la Orden de los carmelitas, sea en el s. XV como en el XVI, sigue un itinerario parecido. Se pueden enuclear varias reformas serias: dos de “Congregaciones de observancia” fuera de España ya en el s. XV (las de Mantua en Italia y de Albi en Francia), y las del s. XVI, la general de Nicolás Audet de toda la Orden (1524), y la teresiana en España, que coincide con la historia de la reforma de la gran Santa Teresa de Jesús (1515-1582), seguida por su discípulo San Juan de la Cruz (1542-1591), los dos grandes místicos y literatos incomparables en su género. En España hay otras órdenes mendicantes, que en esta misma época siguen el camino de la reforma y que tendrán también un papel importante en la evangelización americana, principalmente los Mercedarios y los Trinitarios, ambas órdenes fundadas para la redención de cautivos en manos de los musulmanes del Norte de  África. La primera de estas dos órdenes, que pasarán tempranamente a América (el capellán de Cortes fray Bartolomé de Olmedo, muerto en 1524, era un mercedario),  desarrollará un papel fundamental en la historia de la evangelización americana.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La estructura de las “Congregaciones de observancia” de los mendicantes son bastante comunes. Son ordinariamente reconocidas, algunas por documentos papales (de derecho pontificio), otras por el general de la misma Orden. No crean sistemas jurídicos nuevos, como en el caso de los monjes; introducen sólo un gobierno doble, casi completo, dentro de la misma Orden, autónomo en relación a sus provinciales locales, pero no en relación al general de la Orden. La historia de cada caso muestra con frecuencia caminos y características peculiares. Estas reformas quisieron ir a la raíz de los males y cortarlas de cuajo. Se caracterizan en general por la pobreza vivida, la austeridad, la vida común, la penitencia aflictiva, la meditación y la “lectio divina” y con ella el silencio; un monje-abad de Monserrat en Cataluña preparará un tratado y meditaciones titulado “Exercitatorio de la vida espiritual” que ejercerá un influjo notable en tal sentido en todas las Órdenes de observancia. Al contrario, el tiempo dado al estudio estaba marcado por las necesidades apostólicas más que por una necesidad intelectual en sí; puede decirse, que sobre todo en sus comienzos, hubo una reacción contra los estudios académicos, o al menos una indiferencia y desestima para la formación sacerdotal. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La razón de esta desestima, sobre todo en el mundo de los monjes de este tiempo, era el pretender una oposición entre el monje “homo devotus” y “homo spiritualis” por una parte y del “homo doctus” por otra. El problema se empezará a resolver a lo largo de los primeros decenios del s. XVI, cuando los monjes reformados comienzan a erigir también colegios universitarios, pero el desarrollo fue bastante lento. Por su parte en las Órdenes de observancia encontramos actitudes muy diversas. En el caso español los agustinos, por ejemplo, son más bien contrarios. Lo mismo sucede con otras Órdenes. El rechazo de los grados académicos se fundaba en que habían sido en su tiempo una de las causas de la decadencia religiosa. Los dominicos resuelven el problema admitiendo a los mismos a frailes de virtud probada, y combatiendo los antiguos privilegios que tenían los titulados lectores (profesores o doctores). Poco a poco todas estas Órdenes resuelven el problema instituyendo en cada provincia casas de estudios, esto a partir de mediados del s. XV; sin embargo sigue durante mucho tiempo la oposición a los grados académicos. Así los agustinos de Castilla tardan hasta 1542 en organizar los estudios humanísticos, filosóficos y teológicos, cuando el General Seripando le impone una organización de los estudios para dar una mayor formación a los frailes candidatos al sacerdocio. La solución al problema fue positiva gracias a que la Observancia religiosa se consideró el valor principal al que se debían subordinar los otros valores. Además la solución ejemplar la habían ya ofrecido las grandes figuras reformadoras, que entran doctas y santas, es decir estrictamente observantes y regulares, y que se encontraban tanto en los monjes reformados como en las Congregaciones de Observancia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuanto hemos afirmado sobre la reforma de la vida religiosa en los reinos españoles de Castilla y Aragón, se puede aplicar en parte, aunque no con la misma radical insistencia, en el reino de Portugal. Entre las reformas destaca la de los franciscanos, llamados “Capuchos” (que no se debe confundir con los Capuchinos), favorecida por Alfonso V, y cuyo centro fue Varatojo. Estos franciscanos se distinguirán también por su compromiso en la empresa evangelizadora portuguesa bajo el Padroado.&lt;br /&gt;
7.5. La reforma del episcopado en la España de los Reyes Católicos y de comienzos del s. XVI. Los Reyes Católicos, la Reina Isabel sobre todo, habían promovido una reforma del clero diocesano y regular, basados en criterios válidos, no siempre exentos de cálculos también políticos, que Fernando no siempre había aplicado. No faltarán tensiones entre Fernando (+1516), Julio II y León X sobre las provisiones episcopales, porque el rey tendía a presentar los candidatos con el sistema de la “súplica”, cuando no existía el patronato (como era el caso de Granada). Con los criterios adoptados –naturales de los reinos, honestos, de la clase “burguesa”, doctos- los reyes Católicos no solamente habían puesto en marcha una reforma, especialmente en Castilla; habían también unido los obispos a la Corona. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Carlos I (V), nieto y sucesor de los Reyes Católicos (rey 1516-1556), quiere obtener de la Sede Apostólica lo que la misma había concedido con un concordato en 1516 a Francisco I de Francia. Lo obtiene de Adriano VI (1522-1523) (que había sido su consejero y regente en Castilla durante su ausencia obligada por motivos de su elección como emperador del Sacro Imperio Romano en 1520); es decir el patronato sobre Castilla y Aragón, tras haberlo obtenido sobre Pamplona (Navarra) (4-28 de mayo de 1523) con el ius patronati et praesentandi. Con la bula “Eximiae devotionis affectus” (6.9.1523) obtiene el patronato, por lo tanto el derecho de presentar a los candidatos, a todos los obispados, abadías y otros beneficios consistoriales. Tal concesión fue revocada el 3 de abril de 1527 bajo Clemente VII (1523-1534) con el voto del Consistorio, porque había sido concedida sin el voto del Colegio cardenalicio; tras el saqueo de Roma (1527), con la bula “Etsi ea quae” en Bolonia, antes de la coronación imperial de Carlos V (el 11 de enero de 1530), confirmada por Pablo III el 7 de julio de 1536, Carlos V obtenía de nuevo el patronato y el derecho de presentación. Desde este momento en adelante, durante siglos, los nombramientos episcopales estarán en manos del Rey de España en sus Reinos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La reforma de la vida eclesiástica comenzada por los Reyes Católicos empieza por la elección al episcopado de obispos doctos y rectos. Criterios de reforma: que fueran españoles, doctos, virtuosos, llanos (no aristócratas), residentes. &amp;quot;El clero de España es el nervio de la Cristiandad&amp;quot;, habría dicho San Carlos Borromeo en los tiempos del Concilio de Trento . Los Reyes quieren que el Papa nombre obispos españoles porque debían residir en sus diócesis, de vidas íntegras; no nobles, para que no se convirtiesen en señores feudales. En su época brillaron de manera especial algunas figuras. Entre ellas destacan las figuras del jerónimo fray Hernando de Talavera (c. 1430-1507), primer arzobispo de Granada después de la Reconquista, confesor de Isabel la Católica y el tipo ideal de obispo; el arzobispo, y teólogo dominico de Salamanca, fray Diego de Deza (1443-1523), el arzobispo y cardenal franciscano fray Francisco Jiménez de Cisneros (1436-1517) . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hernando de Talavera lleva una vida santa, con la celebración diaria de la Misa, el catecismo a los niños, reunión-capítulo mensual con los párrocos, y fundación de un seminario modelo, entre otros aspectos. Diego de Deza formó parte del Consejo de Sabios que examinó las propuestas de Colón, y fue uno de los pocos que consideró las mismas como viables. De ahí nació la gran amistad y admiración que el Almirante sintió siempre por Deza. Francisco Jiménez de Cisneros, figura fundamental en la historia religiosa y política de la España de su tiempo y en los comienzos de la evangelización de América, quien reformó a su Orden franciscana de la que era provincial en medio de oposiciones y de luchas. La Reina Isabel le ayudó en estas reformas, especialmente en la de las monjas. Para formar el clero funda los llamados “collegia minora” para el estudio de las letras, y los “collegia maiora” para la filosofía y la teología. Recomienda al clero doctrina, pureza de costumbres, empeño pastoral y litúrgico. Él fue el restaurador en Toledo de la liturgia mozárabe. En el mundo de la cultura ha pasado a la historia como humanista en cuanto funda la Universidad de Alcalá (Complutum) (1508) con un claro planteamiento humanístico y moderno, que edita la Biblia poliglota complutense en 6 volúmenes. Edita también varias obras devocionales en español, como la Vida de Cristo de Ludolfo y otra obras de la “Devotio Moderna”, que prepararon el florecimiento de los grandes místicos del siglo XVI. Además renovó la enseñanza de la teología. Su metodología será indicada por el teólogo dominico Melchor Cano en su “De locis theologicis” y por los estudios jurídicos del también dominico Francisco de Vitoria en Salamanca. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era un nuevo método de estudio de la teología que superaba el bizantinismo de una escolástica decadente, y trataba las cuestiones más importantes y candentes del momento. Se quería una exposición sencilla, sobria, elegante, a partir de las fuentes (Escritura, Padres, Concilios, documentos eclesiásticos); sustituye las “Sentencias” de P. Lombardo con la “Summa theologica” de Sto. Tomás. Así se preparan los maestros de los grandes teólogos españoles que acudirán a Trento o a sus discípulos. En Alcalá estudiará una  falange de grandes figuras del humanismo español, algunos como San Juan de Ávila (c. 1499-1569), declarado doctor de la Iglesia (2012), o personalidades que ejercitarán un papel importante en la historia de la evangelización y de los derechos humanos en América, como el p. jesuita José de Acosta (1540-1600) .  Esta Universidad contará con célebres maestros, entre ellos el dominico Domingo de Soto (1494-1560) y celebres alumnos. Con algunos entablará una amistad duradera, como con Don Pedro Guerrero, futuro arzobispo de Granada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La España cultural de la época comienza a respirar con los dos pulmones culturales de las universidades de Salamanca y de Alcalá. En estas universidades asistimos a un renacimiento del humanismo renacentista, con varias corrientes que lo caracterizan: vuelta a los estudios bíblicos en Alcalá (Biblia Políglota), con referencias a una teología positiva, siguiendo las huellas de los Padres, y reformismo eclesiástico. Encontramos también en ellas corrientes humanísticas, filosóficas y teológicas de matrices diversas, como el tomismo, el escotismo, y en medida menor algunos brotes nominalistas, y el influjo de humanistas como Erasmo y Tomás Moro. En estas universidades echan sus raíces las corrientes jurídicas que las harán célebres en el campo del derecho de gentes o internacional, con figuras como los dominicos Francisco de Vitória y Domingo de Soto y otros conocidos teólogos que ejercerán un fuerte influjo en el Concilio de Trento (1545-1563). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta reforma del episcopado no encontró un camino llano y fácil. Cuando Fernando el Católico muere en 1516, el cuadro del episcopado español no era homogéneo. La mayor parte de los obispos era ciertamente digna y muy convencidos del servicio al Rey, de buena altura eclesiástica e intelectual, aunque se daban casos de obispos poco dignos, nombrados por motivos de parentesco; había cardenales que no residían en sus sedes, nombrados por razones de amistad; había también obispos nobles, nombrados gracias a su proveniencia social y algunos por ser flamencos o por intereses con aquellos territorios bajo la Corona española, a partir de Carlos V . El emperador Carlos trató de seguir los criterios establecidos por los reyes Católicos, pero no siempre los mantuvo totalmente, lo que llevó a veces a consecuencias negativas, aunque en menor medida que en otros países europeos. ¿Cuáles habían sido los criterios de los reyes Católicos, sobre todo de Isabel? Ante todo la elección de personas doctas. Carlos V escogerá fundamentalmente personas preparadas y bien formadas en colegios eclesiásticos universitarios españoles, en los “Estudios generales” de los religiosos y en las universidades italianas. En su día, el cardenal franciscano, arzobispo de Toledo y primado de España, confesor y consejero de la reina Isabel y luego regente del Reino hasta su muerte (+ 8.11.1517), optó por teólogos, preferentemente canonistas, contra la tendencia que se daba en Italia, Inglaterra y franca. Este criterio será luego seguido por el Consejo real. Por ello los obispos españoles darán una notable aportación en el concilio de Trento. La reina Isabel había querido obispos honestos y había seguido rigurosamente este criterio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fernando fue menos severo en este campo, por lo que encontramos algún caso de obispos con hijos como  Alonso de Aragón (+1520), hijo del rey Fernando, arzobispo de Zaragoza y con hijos. Por su parte Carlos V aplicó aquel mismo criterio, también porque podía disponer de sacerdotes formados en los colegios de Talavera y de González Mendoza. La extracción social de los obispos era prevalentemente de la clase media. Carlos V por su parte nombrará luego también nobles, españoles y extranjeros, por motivos de gratitud y no siempre por razones eclesiásticas. El primero de ellos fue el joven Guillermo de Croy, de 20 años, que sucedió al gran Cisneros en Toledo ; era ya obispo de Cambray y cardenal, y nunca puso los pies en España. Dio también el obispado de Valencia a Eduardo de la Marca, obispo de Lieja, porque le servía para el Imperio . Se cuentan hasta 30 provisiones suyas de este tipo de obispos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para salvar el principio de los Reyes Católicos (“obispos naturales de estos reinos”), el rey Carlos concedía “cartas de naturalización” por las que se habilitaba a estos extranjeros a ser nombrados obispos de cualquier diócesis española; y si no podía dar provisiones de obispados, les daba pensiones sobre las rentas de estas diócesis. Estas provisiones llevaron al absentismo. Los obispos españoles debían comprometerse a residir en sus diócesis para poder recibir la provisión, con una especie de pacto, como dirá un obispo español en el concilio de Trento. Pero no la exigía de los extranjeros, que a veces eran cardenales italianos de curia. La exige de los españoles residentes en Roma o en la Corte. Pero era él mismo a dificultar o a imposibilitar la residencia porque se servía de los obispos para los servicios administrativos, civiles, para la dirección del consejo real, para las Cancillerías de Valladolid y de Granada, como embajadores, etc. Así, por ejemplo, el cardenal Pedro Pacheco, primer obispo residencial de Pamplona después de 80 años, nunca estuvo ni en Jaén ni en Sigüenza, sedes a las que había sido trasferido (1545-1560), y fue también virrey de Nápoles. El inquisidor Fernando Valdés nunca residió en alguna de las diócesis para las que había sido nombrado, e incluso consideraba abstractos a los “frailes teólogos” (como Victoria) y a los predicadores, como Pablo de León, que criticaban duramente este ausentismo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por todo ello vemos que en tiempos del emperador Carlos V en sus dominios europeos, también en España hubo periodos en los que encontramos que pocos obispos residían en sus diócesis. El hecho ahondaba sus raíces en motivos de ambiciones a ser trasladados a sede más importantes, por ser más ricas, con posibilidades de ejercer influencias y tener mayores poderes; en una palabra, una mundanidad infiltrada en aquellas esferas episcopales, denunciadas con dureza por parte de figuras episcopales del calibre del agustino Santo Tomás de Villanueva (1486-1555), arzobispo de Valencia , y más tarde en el concilio de Trento por parte del obispo dominico portugués Bartolomé de Martyribus en su “Stimulus pastorum” .  A pesar de estos límites, serán los obispos españoles quiénes en Trento lucharán por la reforma del episcopado y por la residencia de los obispos en sus diócesis.&lt;br /&gt;
7.6. El clero inferior. Hacia finales del s. XV y comienzos del XVI el clero, tanto el secular como el regular, contaba como ya se ha indicado, un alto porcentaje de miembros. En el clero diocesano había un clero “medio”, al que pertenecían los canónigos de los capítulos, el de las colegiatas y los párrocos de parroquias importantes. Los canónigos como cuerpo habían sufrido el contragolpe de la acción de los reyes Católicos. Esta clase clerical pertenecía de hecho a la antigua estructura feudal, por lo que buscaron  defender su posición. Con frecuencia vivían con un tenor de vida bastante secular y garantizaban también una serie de beneficios a su parentela, por lo que con frecuencia accedían a estos cargos, más por intereses económico-sociales que por vocación a la vida clerical. Pertenecían al considerado clero bajo, la mayoría de los párrocos, de los capellanes y de los beneficiados menores. Tenían que ejercitar un oficio para poder vivir porque las rentas del beneficio no eran suficientes. Los reyes Católicos trataron reformar también a este clero, juntamente con obispos y otros prelados, buscando la promoción del sacerdote reformado ideal. En esta empresa tendrán luego un papel fundamental  muchos tratadistas teológicos, jurídicos y humanistas como Vitoria, el arzobispo de Toledo Carranza, Soto, San Juan de Ávila, fundador en su tiempo de varios colegios-seminarios para la formación del clero, ya antes de Trento , Luis de Granada y otros muchos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A la luz de cuanto descrito surge una pregunta obligada: ¿Se puede hablar en un sentido apropiado y estricto de una Iglesia “nacional” española, como se habla de la “Iglesia galicana” en Francia o de la “Iglesia anglicana” en Inglaterra? Las tendencias eclesiales centrífugas se dan en varios países de Europa y se agudizarán a partir del siglo XVI. No parece que se pueda hablar en el mismo sentido en el caso español y en el portugués. Ciertamente en España y Portugal se podría ver en sistema  del “Patronato” y del “Padroado” una expresión centrífuga. Sin lugar a dudas existe una conciencia bastante claro de la propia identidad nacional y eclesial, pero sin llegar a los límites de las concepciones de buscar la creación de una Iglesia autónoma del Papado, ni siquiera la defensa de “unas libertades eclesiales adquiridas” como sucedía en otros países europeos. La fidelidad al Romano Pontífice nunca fue puesta en duda a lo largo de esta historia ni por los Reyes ni por los obispos, juristas y teólogos españoles. Incluso el largo proceso de elaboración de la doctrina sobre el Patronato no fue ni fácil ni unánime. Se legisló sobre la exclusión del episcopado de todo extranjero, en la práctica esta regla fue con frecuencia olvidada o se encontraron salidas para evitarla. Incluso las “represalias” que tomaban los Reyes contra Roma, fueron siempre mitigadas por el realismo en las relaciones, tensiones sin ruptura, que al final se recomponían. En todo caso serán más duras en el siglo XVIII con la dinastía de los Borbones, incluso con nuevas y más radicales interpretaciones en favor de las dos Potencias católicas del Patronato o del Padroado, pero ya era una situación nueva que la Iglesia vivía en toda la antigua cristiandad europea bajo los regímenes del absolutismo ilustrado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==NOTAS:==&lt;br /&gt;
  &lt;br /&gt;
&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==BIBLIOGRAFÍA:==&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
'''FIDEL GONZÁLEZ FERNÁNDEZ'''&lt;/div&gt;</summary>
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		<updated>2014-03-31T20:24:17Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.173: /* 5. La nación española */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;==ESPAÑA; la sociedad española  en la época de los descubrimientos== &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==1. La España de los Reyes Católicos==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Durante la llamada Edad Media, la Iglesia había sido el punto de referencia en la creación en la Península Ibérica de una historia común. Algo semejante había sucedido también en la Europa medieval, pero en el siglo XVI aquella historia común europea se interrumpe con las divisiones religiosas y culturales. El momento en el que sucede el encuentro entre España y América coincidió con el paso de una época a la otra. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La unidad dinástica de los reinos hispanos sucede en 1479 con la fusión personal de Castilla-León y Aragón-Cataluña, por el matrimonio de los dos monarcas de ambos reinos: Isabel I (la Católica) de Castilla-León y Fernando V (el Católico) de Aragón. Doce años después (el 6 de enero de.1492),con la reconquista del reino moro de Granada, se cierra el ciclo de la reconquista y la unidad practica de los reinos españoles, bajo el lema que adoptan de igualdad de poderes y unidad de decisiones de las dos Coronas en una, con el lema “''tanto monta, monta tanto, Isabel como Fernando''”, y la simbología heráldica para expresar aquella unión (el ''Yugo'', letra inicial de Isabel, entrelazado con la ''Flechas'', letra inicial de Fernando). Este hecho tendrá repercusiones incalculables en el futuro de la misma España como en el Nuevo Mundo, que pronto iba a entrar en la escena mundial de la mano española. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una frase: &amp;quot;''en cabeza del rey''&amp;quot;, iba a expresar lapidariamente el papel de la monarquía en aquella empresa: frase que ya se encuentra en autores de la primera hora, y que viene a significar el papel o responsabilidad del Rey o de la Corona en todos los asuntos del gobierno, tanto civil como eclesiástico, del Nuevo Mundo: administración de la justicia, patronato, legislación, defensa de los derechos del indio, etc., como Fray Domingo de Betanzos, Francisco López de Gómara, en su ''Historia General de las Indias'', o más tarde Felipe Guamán Poma de Ayala (comienzos del s. XVII) y muchos otros recuerdan en sus historia y crónicas.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
La España de los reyes Católicos era una España claramente identificada con la historia que le había dado origen. Su monarquía conservaba todavía esta conciencia. Tal es la clave para comprender muchas iniciativas políticas y religiosas de los Reyes Católicos, Isabel I la Católica de Castilla y Fernando V el Católico de Aragón, y de sus descendientes, principalmente Carlos I (V como emperador del Sacro Romano Imperio Germánico) y Felipe II, y de sus descendientes los demás reyes de la Casa de Austria española (o Augsburgo). Durante el reinado de los reyes Católicos acontecen en la historia nacional española algunos grandes hechos: la unión dinástica de los dos grandes reinos ibéricos de Castilla-León y de Aragón-Cataluña con el consiguiente reforzamiento de la monarquía y la regularización del sistema administrativo de la Corona; la reforma de la vida eclesial en sus diversos niveles; la conclusión de la lucha secular de la reconquista del dominio musulmán del suelo patrio, que antiguamente había formado el reino hispano-visigodo; el comienzo de la expansión transoceánica que dio como resultado la llegada a las tierras del Nuevo Mundo, que para el historiador, capellán de Cortés, Francisco López de Gómara, había sido “''el más grande acontecimiento después de la creación del mundo si se exceptúa la encarnación y la muerte de Aquel que lo había creado''”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta empresa política, pero también evangelizadora, fue posible gracias a la existencia de un sujeto tanto político como católico en la comunidad hispana, impregnada en este último caso de una conciencia de la fe católica, sea a nivel popular como en la Corona. Los Reyes Católicos tenían una clara conciencia de su autonomía política en la esfera secular. La tenían también como cristianos. También como príncipes católicos no estaban exentos de una mentalidad jurídica muy extendida en las relaciones entre los Estados cristianos nacientes y la Iglesia de querer controlar la vida eclesial en sus Estados, pretensión común en los gobernantes (o príncipes) cristianos de esta edad moderna. Tal pretensión, que databa ya de siglos anteriores, llevaría en muchos casos a caer en la tentación, nunca escondida, de crear de hecho Iglesias nacionales, bajo el control del Estado. En el siglo XV, a pesar de la crisis conciliarista, tenían una sana conciencia del papel del Papa como cabeza de la Iglesia y reconocían su misión y supremacía en el campo eclesial y espiritual, “''no reconociendo superior temporal sino a Dios Omnipotente, y dando la obediencia espiritual debida al Sumo Pontífice y a la Iglesia apostólica de Roma''”, como escribía entonces Fernández de Oviedo, uno de los primeros testigos e historiadores de la conquista en el Nuevo Mundo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El papel de la corona fue fundamental en los tres siglos siguientes, tanto en el ámbito de los descubrimientos y de la colonización, como en el de la evangelización. Ya desde el alba de la presencia española en el Nuevo Mundo, los Reyes Católicos emanaron una serie de disposiciones o cédulas legales y administrativas con el fin de regular un gobierno recto en aquellas tierras, y afrontar las problemáticas humanas, políticas y evangelizadoras que aquellas situaciones inéditas planteaban. En tal sentido el testamento del 12 de octubre de 1504 y el codicillo de Isabel la Católica añadido el 23 de noviembre de 1504, tres días antes de morir, dan las directivas del proyecto político (relación entre españoles e indios, y derechos de éstos) y de la evangelización e implantación de la Iglesia en América. Aquel texto fue codificado y se convirtió pronto en un texto legal, caso único en la historia constitucional de un país, entrando así a formar parte de la legislación de España sobre las Indias hasta las independencias de sus países.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==2.La población española en el momento del descubrimiento de América== &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se calcula que en el momento del descubrimiento de América, España tenía unos ocho millones de habitantes. De ellos, antes de 1492, medio millón eran judíos (la expulsión en masa de los mismos acontece en 1492) y un millón de mudéjares&amp;lt;ref&amp;gt;Mudéjares: musulmanes que vivieron en convivencia con los cristianos, tras ''la reconquista'' por éstos del territorio peninsular español. La palabra “mudéjar” deriva del vocablo árabe ''mudayyan'', equivalente a “vasallo” o “sometido”; acepción etimológica que no aparece en la documentación medieval, pero que se populariza a partir del siglo XIX.&amp;lt;/ref&amp;gt;a los que luego habría que añadir los “moriscos”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Cómo se distribuía socialmente esta población? Un 80 % era rural. Se daba una endeblez numérica de clases. Lo que hoy se suele llamar &amp;quot;clase media&amp;quot; (pero que en este caso sería un anacronismo), puede ser distribuida de la siguiente manera: un 3%, que no eran clé¬rigos, ni militares, ni campesinos, ni patricios urbanos; eran gente común. Había unos 75.000 clérigos o eclesiásticos&amp;lt;ref&amp;gt;Algunos hablan de un total de unos 40.500 miembros del clero secular o diocesano, pero las estadísticas no son siempre fiables.&amp;lt;/ref&amp;gt;, el 1% de la población, de los que unos 2000 o 3000 pertenecían al llamado &amp;quot;clero alto&amp;quot;. Los nobles o hidalgos de variada posición y entidad eran unos 115.000, el 2% de ese número total. En cuanto a la propiedad las tierras, éstas pertenecían al 2% o 3% de la población que poseían el 97% de las mismas. Esta alta aristocracia, personal o jurídica, era dueña de la mitad de España. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Y cómo se componía ésta aristocracia? Se contaban unas 50 familias unidas por vínculos de sangre y que constituían de hecho una fuerza social, política y económica paralela a la del rey, como lo demuestran las convocatorias de frecuentes “Cortes” para tratar los asuntos importantes del Reino, proclamar o reconocer al rey, que debía jurar sus fueros&amp;lt;ref&amp;gt;Los ''Fueros'' (del latín forum; derechos, leyes) son un cuerpo de leyes, considerado entre las más importantes fuentes del derecho en España.&amp;lt;/ref&amp;gt;, proclamar ante ellas por parte del rey leyes, cédulas reales o disposiciones en los campos civil o eclesiástico y determinar la política a seguir en el Reino. Las Cortes eran en la antigua historia española medieval y en los comienzos de la moderna una asamblea general del Reino que convocaba el rey en los antiguos reinos de España para tratar asuntos de estado, generalmente, la elaboración de leyes y la concesión de impuestos: a las Cortes acudían los representantes del clero, de la nobleza y de las poblaciones importantes, ayuntamientos de ciudades y de villas. En las “Cortes” se encontraban representadas las diversas entidades o corporaciones que componían el Reino. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En todo este tren de vida política, algunos nobles (en realidad pocos), descendientes en buena parte de antiguas familias de caballeros, protagonistas en la reconquista, o de otros nuevos allegados por méritos o por influencias, ocupaban puestos en la Corte real, la que en esa época solía ser “ambulante” a lo largo de ciudades y villas del Reino. Estos nobles, que con frecuencia poseen sus castillos y palacios, comienzan a llevar un tren de vida a veces fastuoso. Estaba luego una pequeña nobleza de mayor peso social y económico, y otra mediana formada por militares, hijosdalgo, y caballeros, que constituyen dos poderosos es¬tratos sociales. El estamento militar asiste por derecho propio a las Cor¬tes. Vive en posesiones rurales e influye en el gobierno a través de la parentela y vínculos de nobleza. De esta pequeña noble¬za se recluta lo mejor de los capi¬tanes, diplomáticos y funcionarios. De la pequeña nobleza salieron muchos obispos (&amp;quot;llanos&amp;quot;, no pertenecientes a la aristocracia o alta nobleza). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se debe también hablar de una incipiente nobleza urbana: terratenientes, ricos por herencia, no comerciantes, y que es más culta que la nobleza militar. Sus hijos llenaban las universidades. También de aquí salen canónigos, obispos, abades. Fueron excelentes secretarios y administradores. Los pobladores de las pueblas (poblaciones fundadas con privilegio real y cuyos vecinos formaban “ayuntamientos” y concejos) y las villas (con sus pobladores llamados &amp;quot;villanos&amp;quot;) tienen acceso o movilidad de ascenso a ese tipo de nobleza y constituyen una parte importante y fundamental en la estructura del Reino. La tendrán en el poblamiento español del Nuevo Mundo con sus fundaciones, al estilo castellano o de la madre patria. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la estructura y en la vida social y política del Reino se encuentra el clero. Constituye un grupo social peculiar dentro de la sociedad. Dentro de él hay de hecho un clero socialmente alto y otro clero bajo, no por procedencia social, sino por los puestos que ocupan en la estructura eclesiástica. El clero tiene un fuerte espíritu corporativo (como en los otros países de la cristiandad medieval hasta la edad contemporánea) para defender sus inmunidades. Su fuerza económica la constituyen los diezmos (en especie, que se subastaban). La mentalidad de cada estrato era fuerte y reflejaba con frecuencia también su procedencia social. El papel del alto clero era notable. Constituían la columna vertebral de muchos sectores de la administración pública, cancilleres, presidentes y miembros del Supremo Consejo de Indias, cuando éste fue creado, y de muchos tribunales. Personajes fundamentales en la España de los tiempos del descubrimiento de América, como el arzobispo Talavera, Deza, los cardenales Cisneros y Mendoza, por citar nombres universalmente más conocidos, lo demuestran. En conjunto forman un grupo notable por &amp;quot;letras y virtud&amp;quot;. Muchos de ellos actuaron en la vida política e incluso en la militar; son parte de la última hornada de prelados-capitanes, como lo fue incluso el cardenal franciscano reformador Francisco Ximénez de Cisneros (que tiene su proceso de canonización introducido). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dentro del clero se encuentra una especie de alto clero menor, generalmente hacen parte de ella los prebendados (que eran dignidades, canónigos o racioneros de alguna iglesia catedral o colegiata). Normalmente son de elevada categoría intelectual. Existen 47 capítulos ca¬tedrales de gran poderío económico y con un nivel moral bastante bueno en general. Sin embargo entre el bajo clero, incluso entre el religioso, se da a veces inmoralidad, ignorancia y pobreza. Este fenómeno de decadencia en una parte del clero regular y secular era un fenómeno de la cristiandad europea de la época, con numerosos intentos de reforma por parte de papas y concilios a lo largo del siglo XV y comienzos del XVI. Basta recordar cómo el tema de la reforma del clero aflora y es tratado específicamente desde el Concilio de Constanza (1414-1418), Ferrara-Florencia (1438-1445), Lateranense V (1512-1517). En este cuadro el caso español corresponde al del resto de Europa. Sin embargo no se puede generalizar. Los concilios provinciales vigilaban y urgían por una reforma de las costumbres entre el clero. El siglo XVI será un siglo de notables &amp;quot;reformas&amp;quot; en este sentido, que verá el florecimiento de muchas Órdenes religiosas reformadas, de varios concilios provinciales y culminará con las reformas del Concilio de Trento (1545-1563). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Había en la España a la que nos referimos lo que se podría llamar &amp;quot;grupos medios&amp;quot;, aunque el término no corresponda a la moderna acepción de “clase social”. Eran gentes de ejercitaban oficios y menesteres necesarios en toda sociedad, especialmente en villas y ciudades como mercaderes y comerciantes, no¬tarios, abogados, barberos (que ejercitaban a veces también una medicina rudimentaria, pero importante), médicos y curanderos y pequeños administradores. Demográficamente eran débiles. De ellos salía 1/3 o 1/4 de los regidores. Solían componer (en reinos como en Aragón) los cabildos de las ciu¬dades. Son la raíz de la futura burguesía industrial y mercantil.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los artesanos constituían una especie de clase o grupo modesto urbano, que vivían asociados en gremios. La artesanía era más bien patriarcal y familiar, y menos técnica de taller, como en Italia o en Flandes. Proporcionaban un tercio o un cuarto de los regidores&amp;lt;ref&amp;gt;Los regidores eran los concejales de los ayuntamientos, miembros del cabildo de Indias o de las corporaciones locales.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Constituían la masa popular en los festejos. Este grupo social tiende a superarse y a presentarse bien. Su vida era suficientemente holgada. La población de todas estas clases sociales componía el 20% de los habitantes de España. Luego estaban los campesinos, que son un 80%, en desigualdad de condiciones, según las regiones. Había campesinos &amp;quot;de señorío&amp;quot;, a veces en penosas condiciones, y campesinos de realengo&amp;lt;ref&amp;gt;Poblador o vecino de una circunscripción o concejo que no era de señorío ni de las órdenes, y que pertenecía a la Corona.&amp;lt;/ref&amp;gt;, a veces muy dignos. Pero toda la población vivía a veces sometida a calamidades y grandes crisis, comunes a todo el resto de Europa, como pestes y enfermedades endémicas y crónicas, sequías o superabundancia de lluvias, inviernos crudos, o veranos tórridos; todo ello provocaba muertes frecuentes y prematuras, y hambrunas frecuentes, sobre todo en las tierras más áridas o secas como las castellanas. Sin embargo estas penosas situaciones, con frecuencia endémicas, no provocaron sublevaciones populares, como sucedió en otros lugares de Europa; basta pensar a las sublevaciones de los campesinos y de los caballeros en la Alemania de los tiempos de Lutero o en otras semejantes en la Italia e incluso en la Roma de los siglos XIV y XV.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y ¿cuál era el valor monetario corriente en esta época? En el caso español el más común era el &amp;quot;ducado&amp;quot;, que correspondía a 375 maravedís, una equivalencia a unos ocho jornales de obrero especializado o veinte jornales de un peón. El marqués de Villena, por ejemplo, tenía 100.000 ducados de renta al año. La Iglesia (sus instituciones y su personal ministerial) tenía seis millones de ducados de renta: dos millones el clero re¬gular y cuatro, el clero secular.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==3. La España católica y la Reconquista==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
1. ''Carácter y temperamento del catolicismo español de la época'': ¿Cómo se explica la vehemencia y también la fuerza del catolicismo español? Hay muchas teorías y opiniones al respecto. No hay que olvidar la característica historia cristiana española a partir del siglo VIII, cuando los musulmanes del Norte de África invaden el Reino español de los visigodos y lo desbaratan en la batalla de Guadalete (Andalucía) donde perece el último rey visigodo Don Rodrigo, que pasará a la leyenda épica española en multitud de romances (711). Casi todo el Reino visigodo español cae bajo dominio musulmán, si se exceptúan las regiones montañosas del Norte, astures, cántabros, vascos, y zonas de la Navarra y de la Cataluña pirenaica. En el año 721 encontramos los hechos conocidos como “''batalla de Covadonga''” en las montañas de Asturias, donde un príncipe visigodo, Don Pelayo (+737), levanta el estandarte de la &lt;br /&gt;
Cruz contra el invasor musulmán y da comienzo a la Reconquista, que se concluirá en 1492, en Granada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue el comienzo del minúsculo Reino de Asturias, que lentamente alargará sus fronteras reconquistando los territorios de León y luego las mesetas castellanas. Dará lugar así al nacimiento, como prolongación del reino asturiano del de León (s. IX), y más tarde al de Castilla (s. X) (Castilla y León unidas de nuevo a partir del 1230), del que nacerá con el tiempo el condado de Portugal (condado dependiente de Castilla a partir del 1094 y luego reino, totalmente autónomo). En el caso Asturiano ya a finales del siglo VIII se funda la ciudad de Oviedo (760), alrededor del monasterio benedictino de San Pelayo, donde el rey Fruela  I (757-768) establecerá su Corte y que alcanzará un notable esplendor artístico en tiempos de su hijo y sucesor Alfonso II el Casto (rey 792-842), contemporáneo de Carlo Magno, con el que mantendrá relaciones culturales y políticas. Nace así aquel arte que todavía hoy se contempla en la región asturiana, el llamado “pre-románico”, la preciosa Cámara Santa de la Catedral de Oviedo, como relicario de valiosas reliquias traídas del resto de la España invadida por los musulmanes, entre ellas la Cruz de la Victoria (símbolo de la reconquista, levantada por su primer caudillo don Pelayo), la de los Ángeles símbolo heráldico de Oviedo, de tiempos del rey Alfonso II, el Santo Sudario y otras muchas de indiscutible valor histórico y religioso. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este tiempo de Alfonso II el Casto, comienza la histórica peregrinación hacia Compostela, lugar donde se señalaba la traslación de las reliquias del Apóstol Santiago y que dará lugar a uno de los tres grandes centros de peregrinación medieval: Santiago, Roma y Jerusalén. Algo semejante comienza a suceder en las estribaciones de los Pirineos aragoneses (como en los alrededores del monasterio de San Juan de la Peña) y catalanes. Son las raíces tempranas de varios condados y marcas del reino de Aragón, con una historia unida a los nacientes reinos de Navarra y de Castilla y de los condados catalanes, cuya historia autónoma comienza a caminar a partir del s. IX, y que pasados varios siglos se unirán a la Corona aragonesa (Alfonso II de Barcelona, conde de la misma y rey de Aragón, une al reino aragonés el condado hereditario de Barcelona en 1162).  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin embargo la reconquista fue dura y larga. De hecho, hacia el año 750, gran parte de la península se encontraba bajo el califato de los Omeyas, en Córdoba, fundado por Abd-er-Rhaman I (756-788), que llega a su máximo esplendor en tiempos del califa Abd-er-Rhaman III (912-961). Y sus caudillos atormentaban con continuas incursiones los territorios cristianos. Así todavía en el año 1000, el caudillo musulmán Almanzor logró llegar hasta la misma Compostela en el oeste y a Barcelona en el este, convirtiendo en tierra quemada cuanto encontraba a su paso&amp;lt;ref&amp;gt;Almanzor, Muhammad ibn Abi ‘Amir, en árabe  ???????, al-Man?ur, o sea al-Man?ur bi-llah (“Aquel que Dios ha hecho vencedor”) (c. 938-1002), caudillo militar del Califato de Córdoba desde el 978 hasta su muerte, según las fuentes árabes y algunas cristianas (Historia Compostellana e Chronicon Burgense) habría muerto en agosto de 1002 en Medinaceli (en la actual provincia española de Soria) como consecuencia de las heridas sufridas en la batalla de Catalañazor. Los hechos se encuentran en las crónicas cristianas y en las árabes, cada una con su propia versión. Tardíamente (más de dos siglos después), el arzobispo de Toledo Rodrigo Jiménez de Rada y el obispo de Lucas de Tuy repiten la historia, con algunas claras equivocaciones. Los reyes de León, de Navarra y el conde de Castilla se habían unido para atacarlo habiéndole infligido una derrota terrible. Esta derrota de Almanzor ha entrado en la leyenda y en la épica española cristiana como una de las victorias con mayor significado religioso en la historia de la reconquista. Según algunos, en Catalañazor, habría sido derrotada la “retaguardia” del ejercito de Almanzor, ya en retirada, muriendo en su campamento de Medinaceli. Cf. Gonzalo Martínez Díez, El condado de Castilla, 711–1038: La historia frente a la leyenda, Marcial Pons Historia, 2005, 581–4; Juan Castellanos Gómez, La batalla de Calatañazor: mito y realidad. Revista de historia militar, 91 (2001), 25–42; ''The New Cambridge Medieval History, III'': c. 900-c.1024, Edited by Tomothy Reuter, 27: Sicily and al-Andalus under Muslim rule; 28: ''The Spanish Kingdoms, print publication year'': 2000; on line publication year: 2008; Rafael Altamira, Il califfato occidentale, en Storia del mondo medievale (trad. della Cambridge Medieval History), Milano, Garzanti, vol. II, 1999, pp. 477-515.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Por ello también los reinos cristianos en su avanzada hacia el sur, de grandes ríos en grandes ríos, desde el Duero hasta el Tajo, van creando espacios desiertos de frontera para estorbar las frecuentes incursiones de los reinos musulmanes. Son la “Extrema-dura”, o las vacías y desérticas tierras fronterizas; se van levantando castillos y fortalezas a lo largo de la geografía hispana que darán también lugar incluso al nombre del futuro condado y reino de Castilla.&lt;br /&gt;
En esta misma época se asiste al nacimiento del califato de Córdoba, que en mundo islámico de la época es de la misma grandeza esplendorosa de los de Damasco y Bagdad, y a su historia cultural incomparable, que ha dejado una herencia imborrable en la cultura mundial e hispana. Entre el 1009 y el 1031, el califato de Córdoba se va dividiendo en pequeños estados independientes (reinos de taifas), entre los que hay que recordar: Toledo y Badajoz (1009); Murcia (1010); Zaragoza (1012); Almería y Granada (1013); Denia (1014), Málaga (1016); Valencia (1021); Sevilla (1023); Mallorca (1015); Córdoba (1031), etc.. luego: Orihuela, Huesca, Jaén, Carmona, Niebla, Algeciras. Incluso Córdoba se erige en una especie de republica aristocrática entre 1031 y 1070; es ocupada por el rey musulmán de Sevilla en 1070; conquistada por los musulmanes Almorávides de África en 1086 y luego en 1148. En 1091 los musulmanes Almohades de Mauritania invaden los reinos musulmanes de la Península ibérica (1091-1229), que serán derrotados por los reinos cristianos unidos en la batalla de Las Navas de Tolosa (1212), comenzando así la fase final de la reconquista cristiana. El rey castellano Fernando III ''el Santo'', conquistará Córdoba el 29 de junio de 1236 y Sevilla en 1248. Ya en 1085, el rey cristiano Alfonso VI de Castilla había conquistado Toledo y la había convertido en su corte; los aragoneses habían reconquistado Zaragoza en 1146. Jaime I de Aragón reconquista Valencia el 29 de septiembre de 1238. El último reino musulmán de la Península ibérica, Granada, será reconquistado por los Reyes Católicos, Isabel y Fernando, el 5 de enero de 1492&amp;lt;ref&amp;gt;“Fruto del Romanticismo literario se desarrolla en el siglo XIX la mitificación de al-Andalus. Desde entonces,. Dos imágenes por igual hipertrofiadas tienden a representar en exclusiva esta faceta de la Historia de España. Y si bien hoy nadie sostiene en serio que ignorancia, despoblación y desertificación africanas fueran el corolario inevitable de la invasión musulmana, por el contrario –y por razones muy del momento- sí subsiste una corriente publicistica que no se contenta con embellecer en su magín los surtidores del Generalife [en la Alhambra de Granada] […] y va mucho más lejos, manteniendo que un al-Andalus superior, refinado y culto sucumbió ante unos cristianos bárbaros, ignorantes y torpes. La idealización maurofila, al retomar para la Hispania musulmana dos de los mitos más caros al eurocentrismo (el del Buen Salvaje y el Paraíso Perdido), trasluce una actitud que se sale del terreno del análisis racional de la sociedad y de la Historia y se hunde en el de la fe o las creencias religiosas” (Serafín Fanjul, ''Al-Andalus contra España. La forja de un mito'', Ed. siglo XXI, Madrid 2005, 3ª edición, Presentación), con amplia bibliografía sobre el tema. El Autor trata de estudiar históricamente el influjo real del mundo cultural islámico en España, sus logros y sus límites.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''2. La Reconquista'': Entre el 830 y 1030, se vive un período de dos siglos de exaltación cristiana en la Reconquista; florece la cristiandad mozárabe&amp;lt;ref&amp;gt;Mozárabes (del árabe musta?rab, 'arabizado'; en árabe: ??????), es el nombre con el que se conocía a los cristianos que vivían en el territorio en España bajo dominio musulmán. Tenían en la esta sociedad el estatus legal de “dimmíes”, que compartían con los judíos, como no creyentes en el Islam. A efectos prácticos su cultura, organización política y práctica religiosa eran toleradas, y contaban con cierta cobertura legal. Estaban obligados a tributar impuestos de los que los musulmanes se veían exentados y sufrían otras muchas restricciones en la vida civil y religiosa, como la de no poder construir iglesias ni arreglar las ya existentes. Los mozárabes que pasaban al Islam (generalmente por motivos fiscales) y se arabizaban pasaban a ser llamados “muladíes”. La legislación islámica protegía a los no musulmanes, pero favorecía su paso al Islam con medidas de orden muy diverso, sobre todo de tipo económico-fiscal.&amp;lt;/ref&amp;gt;y nacen o avanzan los reinos cristianos: León, Castilla y Navarra, nace el de Aragón y los condados catalanes, entre los que emerge el de Barcelona cuyos condes, con el andar del tiempo, se convierten en reyes de Aragón, dándose así la unión dinástica entre ambos estados. En los siglos XI, XII, XIII: la Reconquista avanza en las diversas líneas fronterizas: del Duero, luego hasta el Tajo, con la conquista de Toledo, la antigua capital visigoda, la ciudad de las tres culturas o religiones (cristiana, islámica y hebrea, que había alcanzado un enorme esplendor cultural frente al resto de la misma Europa medieval cristiana). Por parte suya se asiste a una decadencia y luego al ocaso del califato de Córdoba, la división del mismo en números reinos de taifas que pueblan el sur de la Península&amp;lt;ref&amp;gt;Con el término re de los taifas (en árabe: ???? ???????, muluk al-?awa?if: ?a?ifa árabe significa “parte, minoría étnica, facción”) (llegarán a ser unos 39) se indican los pequeños estados que surgen como consecuencia de la decadencia, disolución y anarquía del Califato de Córdoba, a partir del 1009, con la abdicación del califa y la siguiente abolición del califato de la dinastía de los Omeyas en 1031 con la deposición del califa Hisham III. Se proclamaron numerosos pequeños reinos regidos por familias árabes, bereberes o de origen eslavo que constituyeron verdaderas dinastías tribales o familiares, que solían mantenerse en el poder con tropas mercenarias, incluidas algunas también cristianas. La situación cambia en el siglo XII con la invasión de los musulmanes del reino almorávide del norte de África, pero, disuelto este reino, comienza de nuevo otro periodo en el que nacen nuevos reinos de taifas entre 1144 y 1170, cuando otros invasores musulmanes, los almohades del Norte de África invaden estos reinos. Tras la derrota de los mismos por los cristianos en la batalla de Las Navas de Tolosa (1212), nace de nuevo otro tercer periodo de reinos de taifas de corta duración, acabando con la fundación del llamado reino nazarí de Granada, que capitulará ante los reyes católicos el 2 de enero de 1492, consumándose oficialmente la Reconquista el 6 del mismo mes y año. Aquellas divisiones favorecieron la Reconquista cristiana.&amp;lt;/ref&amp;gt;.                    &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los musulmanes del norte de África intentan reconquistar las tierras perdidas y unificar a los reinos de taifas. Son las invasiones de los almohades. Pero en el año 1212 se da el paso definitivo del choque entre los reinos cristianos españoles y los musulmanes de los almohades en la batalla de Las Navas de Tolosa. Es la época que sigue a la renovación de la vida eclesial española a través de la aplicación en España de la reforma gregoriana con el apoyo de benedictinos y cistercienses. Es también la época de las grandes peregrinaciones a Santiago de Compostela, la del románico de los siglos XI al XIII, del nacimiento del gótico con sus grandes catedrales que se extienden por toda la geografía española hasta el siglo XV. En el siglo XIII la vida eclesial se renueva a través de los canónigos regulares primero, de los frailes mendicantes luego, entre ellos Santo Domingo de Guzmán, canónigo en Osma (Castilla), y sus dominicos y la llegada también de los franciscanos, y del mismo san Francisco, peregrino a Santiago de Compostela. Fernando III ''el Santo'' de Castilla y León, reconquista Sevilla y Córdoba, y su hijo, Alfonso X ''el Sabio'', da un nuevo esplendor a las letras y a la compilación jurídica de las antiguas leyes hispanas; las tres lenguas de su Reino (latín, castellano, árabe y hebreo) formaban parte del bagaje cultural del Reino&amp;lt;ref&amp;gt;Alfonso X fomentó la actividad cultural mediante el patronazgo y dirección de la ya existente Escuela de traductores de Toledo. Dicha Escuela aglutinó a un grupo de estudiosos cristianos, judíos y musulmanes que desarrollaron una importante labor científica al rescatar textos de la Antigüedad, y al traducir textos árabes y hebreos al castellano. Estos trabajos habilitarán definitivamente el castellano como lengua culta, tanto en el ámbito científico como en el literario. El afán de Alfonso por la divulgación de la lengua vernácula le llevó, siendo aún infante, a patrocinar la versión al castellano de ''Calila e Dimna'' y del ''Lapidario''. Además fue un excelente poeta en gallego-portugués. De su extensa obra destacan: el ''Fuero Real de Castilla'', el ''Espéculo'' y las ''Siete Partidas'', entre las jurídicas; las ''Tablas alfonsíes'', entre las astronómicas; y entre las de carácter histórico, la ''Estoria de España'' y la ''Grande e General Estoria o General Estoria'', acerca de la historia universal. ''Las Cantigas de Santa María'' es obra lírica, escrita en gallego-portugués, lengua común a gran parte de la poesía ibérica hasta finales del siglo XIV, cuando aparece el Cancionero de Baena, que ya está escrito en castellano. ''El Lapidario'' versa sobre las propiedades minerales, y el Libro de los juegos sobre temas lúdicos (ajedrez, dados y tablas), deportes de la nobleza en aquel tiempo. También en el campo religioso favoreció la difusión de la Biblia. Alfonso X realizó también la primera reforma (normalización) ortográfica del castellano, idioma que el reino adoptó como oficial en detrimento del latín. Este monarca bien introdujo en España nuevos conocimientos procedentes de los más distantes confines del orbe. Su especial interés en el arte, la historia, el derecho y la ciencia ejerció una profunda influencia en el desarrollo cultural de España y del resto de Europa.&amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En Aragón brillan las epopeyas de Jaime I, el conquistador de Valencia del dominio musulmán. A pesar de episodios lamentables para los cristianos, con signos de algunas episódicas luchas dinásticas y señales de decadencia, como en el resto de Europa, los Reinos cristianos españoles han entrado de lleno en el bullir de una conciencia que camina a pasos agigantados hacia el ocaso de la Edad Media y el nacimiento de una modernidad, todavía confusa, con la constitución de reinos-naciones, raíces de los futuros estados nacionales. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''3. La vitalidad de los reinos hispanos'': En este cuadro, los reinos hispanos se encuentran ya plenamente activos en la vida tanto eclesial como civil europea, con tratados, matrimonios reales, participación en la vida cultural europea con las nuevas universidades, de las cuales Palencia y luego Salamanca, pertenecen a la primera generación, o en los grandes y dolorosos conflictos que enturbian la paz de la “christianitas” europea, como los que caracterizan el siglo XIV y comienzos del XV, como el cisma occidental (1378-1417). Las suertes de la reconquista están echadas. Los reinos musulmanes que todavía persisten en el sur o se convierten en vasallos de los reyes hispanos o son reducidos a su mínima expresión, a pesar de momentos de gloria artística, como en el caso del reino nazarita de Granada. En esta época, los aragoneses y catalanes salen de sus fronteras, navegan por el Mediterráneo y buscan alianzas y ensanchar sus fronteras en el mismo: Nápoles, Sicilia, Cerdeña y hasta el extremo oriental del Mediterráneo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el territorio patrio no todo es fácil. El feudalismo antiguo persiste y la nobleza se encuentra inquieta con rebeldías endémicas que producen conflictos civiles y guerras episódicas de carácter dinástico dentro de las mismas familias reinantes, que después de todo se encuentran muy emparentadas entre sí. También en esta época de mediados del siglo XV, siguiendo el ejemplo del hermano Reino portugués, los castellano-leoneses salen al Atlántico e incorporan las Islas Canarias a sus dominios. Nos encontramos en tiempos de Juan II de Castilla y León, el padre de Isabel la Católica. Tras el reinado endeble y discutido de su hijo Enrique IV de Trastamara, llega el reinado de su hermana Isabel I la Católica, que se casará con su primo el príncipe Fernando de Aragón, que pronto se convierte en rey de aquel Reino. Con este matrimonio real, cambia radicalmente la historia española; se concluye la reconquista en Granada (1492)&amp;lt;ref&amp;gt;Había habido un reino musulmán taifa de Granada, controlado por la dinastía zirí desde 1013 hasta 1090; sigue luego el Reino nazarí de Granada desde 1238 hasta 1492. Tras la reconquista cristiana, el Reino de Granada conserva su denominación jurisdiccional territorial dentro de la Corona de Castilla, desde el siglo XV a 1833. Su símbolo heráldico (la granada) forma parte desde entonces del escudo de los reinos españoles y del Reino de la España actual.&amp;lt;/ref&amp;gt;se unifican en las personas de los dos reyes los reinos hispanos, bajo el famoso lema del “''Tanto monta monta tanto Isabel como Fernando''” y la simbología heráldica que los dos esposos reales adoptan. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Suceden también momentos muy discutidos por la historiografía antigua y reciente como la expulsión de los judíos (1492), malqueridos por sectores de la gente vulgar y de la nobleza a causa, sobre todo, de su papel en la recolección de los impuestos de la misma Corona y una antigua y jamás escondida animosidad, alimentada por antiguos prejuicios y leyendas populares, y por la persistente acusación de “deicidio” que las acompañaban por ser considerados presuntamente en parte, como una especie de “quinta columna” en la antigua época de las invasiones islámicas, y en la época de su expulsión, de los mismos turcos. Es en este momento histórico, y en el mismo año de toda esta serie de acontecimientos notables en la historia hispana, que acontece la aventura atlántica de Cristóbal Colón y el descubrimiento del Nuevo Mundo. Todo ello abrirá una nueva página en la historia hispana y también mundial. La noche quedaba atrás&amp;quot;&amp;lt;ref&amp;gt;Cf. García-Villoslada, R., ''Hist. de la Iglesia¬ Católica'', BAC, III, cap.XVIII.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==4. La mentalidad común de la época ante la infidelidad y la herejía== &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ocho siglos de esfuerzos en una reconquista  trabajosa, y no siempre constante y uniforme, forjaron un temperamento en la España cristiana de entonces, con sus luces y sus sombras, hasta alcanzar una ordenación unita¬ria. La reforma católica se adelanta casi un siglo y en forma origi¬nal en estos Reinos españoles unidos bajo los reyes Católicos. “''España […] que se había convertido en una gran potencia […] se convierte en el país del catolicismo del futuro […] pudo así convertirse en un cierto sentido en la patria espiritual de la restauración católica y de la contra-reforma''”&amp;lt;ref&amp;gt;K. Bihlmeyer – H. Tueche, ''Historia de la Iglesia, la época de las reformas, III'', § 158, 5.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Y esta actitud de lucha continúa bajo el nieto de los Reyes Católicos Carlos I (V como emperador): 1520-1558 frente a la herejía&amp;lt;ref&amp;gt;Cf. G.-Villoslada, ''o.c.'' Parte II, cap. I, ed.1960, pp.651ss. con bibliografia).&amp;lt;/ref&amp;gt;. Los teólogos del siglo XVI no abandonan la idea del “Orbis christianus” frente a la herejía. Según su posición general, no se puede dar ninguna coacción sobre los infieles para abrazar la fe, pero sí sobre los bautizados, para conser¬varla. Quedaba en pie un problema ante la situación en el suelo español de la población no cristiana de judíos y de moros: ¿por qué se da esa disyuntiva con-tra ellos de, o abrazar la fe o de emigrar? ¿En qué sentido el poder civil toma parte en favor de una solución radical en el asunto que lleva a la exclusión de estos grupos divergentes? ¿No fue en parte por motivos meramente seculares y civiles, con la naciente “razón de estado” de querer construir un reino unido (Estado) sin discrepancias o elementos centrífugos? ¿No estuvo esto en parte en los orígenes de la creación del tribunal de la Inquisición para examinar los falsos conversos, sea del judaísmo o del islamismo, y que más tarde se extenderá a otros divergentes religiosos, protestantes o pensadores considerados heterodoxos? ¿Protestaron los teólogos contra este tipo de coacciones?&amp;lt;ref&amp;gt;Cf. el tema tratado ya por Marcelino Menéndez y Pelayo en su ''Historia de los heterodoxos españoles'', Madrid 1880-1882.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==5. La nación española== &lt;br /&gt;
En el contexto señalado se forja un celoso nacionalismo, traducido en el estatuto de “lim''¬pieza de sangre''”, una especie ''de “culto al honor nacional e innoble criterio de casta''”&amp;lt;ref&amp;gt;El tema fu obsesivo sobre todo durante los siglos XVI-XVII. Cf. el vocablo, R. Gonzálvez, “''Limpieza de sangre''”, en DHEE, II, pp. 1297-1298; Alb. Sicroff, Les controverses des Statuts de pureté de sang en Espagne du [siecle] XVe au XVIIe siecle, Paris1960; J. Amador de los Ríos, Historia social, política y religiosa de los judíos de España y Portugal, Madrid, 1875-1876; A. Domínguez Ortiz, La clase social de los conversos en Castilla en la Edad Moderna, Madrid, 1955; Américo Castro, España en su historia. Cristianos, moros y judíos, Buenos Aires, 1948; J. Caro Baroja, Los judíos en la España moderna y contemporánea, 3 vols., Madrid, 1962.&amp;lt;/ref&amp;gt;.Los siglos XIV-XV españoles fueron tolerantes. Para el siglo XVI se suelen dar las siguientes estadísticas de la población española &amp;lt;ref&amp;gt;Cf. la obra importante de F. Braudel,, La Mediterranée et le Monde méditerranéen à l’époque de Philippe II, Armand Colin, Paris 1949; Idem, Civilisation matériel, économie et capitalisme, XVI-XVIII siècle, 3 vols., Paris 1979.&amp;lt;/ref&amp;gt;:unos 7.000.000 cristianos viejos; unos 350.000 conversos; unos 300.000 moriscos&amp;lt;ref&amp;gt;Moriscos (palabra que deriva de “moro”), fueron los musulmanes españoles bautizados tras la pragmática de los Reyes Católicos de 1502 (para Castilla) y de Carlos I de 1526 (para Aragón). Tanto los convertidos con anterioridad al catolicismo de forma voluntaria como los convertidos obligatoriamente pasaron a ser denominados moriscos porque la mayoría de ellos, de manera más o menos velada, siguieron con sus costumbres islámicas profesando también las religiosas. Por ello la Inquisición se preocupará de examinar los casos de los falsos convertidos. La importancia que tuvieron mudéjares y moriscos en España en la Edad Media y Moderna fue vital ya que las tierras reconquistadas se encontraban despobladas, por lo que se les permitió quedarse para su repoblación. Durante la época moderna vivían en numerosos territorios de realengo y de señorío feudal, especialmente en Aragón, Valencia y Sureste andaluz, dedicándose en especial a la agricultura (de regadío básicamente), a la artesanía (alfarería) y a la construcción. De hecho, el arte mudéjar es uno de los más representativos de la historia del arte español de la época&amp;lt;/ref&amp;gt;. De pronto aparece la intolerancia. ¿Por qué? La convivencia de cristianos, judíos y musulmanes en los reinos cristianos españoles durante la Edad Media, había tenido que ver con el proceso de &amp;quot;Reconquista&amp;quot; cristiana española de sus tierras invadidas, y la conquista por parte de los musulmanes, sobre todo de las tierras meridionales que ellos llaman Al Andalus (Andalucía, o “''tierra de los Vándalos''”, antiguos invasores de la misma de origen germánico en el s. V) y posterior ocupación del territorio por los diferentes reinos cristianos del norte de la península. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La escasa repoblación cristiana de sus nuevos territorios hace que sigan viviendo en ellos un importante número de musulmanes, tanto en zonas urbanas (aunque en barrios propios, como la morería de Zaragoza), como en zonas rurales (como siervos de señorío). El final de la Reconquista - con la toma de Granada- y la política religiosa de los Reyes Católicos, modifican la situación previa: en Granada se producen bautismos en masa, y los Reyes Católicos sólo permiten la religión cristiana en España, por lo que judíos y mudéjares han de convertirse o salir del país. En la lucha enconada contra el creciente poderío turco, se teme su alianza con el mismo y en concreto con los piratas berberiscos y turcos que atacaban las costas de la Europa cristiana. Los moriscos andaluces protagonizan  una insurrección en 1568 (la rebelión de las Alpujarras), que fue sofocada casi dos años después por don Juan de Austria, hermanastro de Felipe II. Los moriscos de esa zona fueron desterrados, hecho que aumentó la suspicacia contra ellos en otras regiones donde los moriscos eran todavía muy numerosos, como Valencia o Aragón. En 1609, con el rey Felipe III, se decretó la expulsión de los moriscos, primero de Valencia, después de los otros reinos españoles. Unos 300.000 tuvieron que abandonar España; la mayoría se dirigió al norte de África. Su marcha tuvo graves consecuencias demográficas y económicas, sobre todo en Valencia y en Aragón, afectando especialmente a la agricultura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todos los problemas señalados son complejos y de diversas interpretaciones. Los Judíos constituían una gran minoría cualificada; habían disfrutado por una parte de la protección de los reyes y por otra del odio del pueblo, debido fundamentalmente a su papel en el campo de la recolección de impuestos y al sistema de ganancias económicas con los préstamos; tal aversión será luego transferida a los falsos conversos o hebreos ocultos (''marranos''), algo común en otros muchos lugares de Europa y a los musulmanes pseudo-convertidos. En el caso español, ya en 1449 se había dado una explosión de odio en Toledo contra los conversos y  la puesta en marcha del llamado “''estatuto de sangre” (el de “limpieza''”). Casos semejantes se dieron en Córdoba, Jerez, Jaén, en el Reino de Castilla, y otros muchos semejantes en Aragón y Cataluña&amp;lt;ref&amp;gt;Aquí quiere basarse la hipótesis de los orígenes “''catalano-genoveses''” sostenida por: Salvador de Madariaga, Vida del Muy Magnifico Señor Don Cristóbal Colón, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1991, 9ª edición.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Debido también a las conversiones fingidas, el “estatuto de limpieza” pretendía restarles eficacia social. Aquí están en parte, los orígenes de la Inquisición española, que fue creada en el siglo XV precisamente para aclarar y combatir las conversiones ficticias de moros y judíos&amp;lt;ref&amp;gt;Cf. K. Bihlmeyer – H. Tuechle, Historia de la Iglesia, la época de las reformas, III, § 150: Antisemitismo e Inquisición española.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==6. Nuevos intentos de cruzada ante la caída de Constantinopla en poder de los turcos==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El tema de la “cruzada” flotaba en el ambiente español cristiano desde hacía siglos a lo largo de la “reconquista”, cruzada llevada a cabo en casa, como algunos la han llamado; pero era también una mentalidad muy extendida en la Europa medieval. Baste pensar a los últimos intentos de cruzada contra los turcos en tiempos de Pío II (1458-1464). La urgencia de la defensa contra el avance de los turcos había empujado a los griegos a buscar ayuda en la cristiandad latina occidental, e incluso a una posible reconciliación con Roma recomponiendo la antigua división entre Oriente y Occidente. Tal fue el intento que fracasaría tras el concilio de Ferrara-Florencia (1438-1445), porque no encontró el apoyo necesario en algunos metropolitas orientales y sobre todo en buena parte de los monjes y de la gente desde siempre muy influida por ellos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Constantinopla cae bajo el dominio turco el 29 de mayo de 1453, y su basílica de Santa Sofía será convertida en mezquita después de diez siglos desde su construcción. La caída de Constantinopla causó honda impresión en el mundo cristiano occidental; y no era para menos: había sido, desde los tiempos de Constantino, el corazón del Imperio Romano Oriental o Bizantino. Ahora se convertía en Estambul, cabeza del grande Imperio Otomano, que ponía también pie en el continente europeo, revolucionando así los cuadros políticos del Occidente cristiano. Por ello se explica el impulso que algunos, sobre todo el Papa, quisieron dar lanzando una nueva “cruzada” en defensa tardía del Imperio Bizantino. Fracasarán en sus intentos los Papas Eugenio IV, Nicolás V, Calixto II y Pío II, desde 1433 a 1464, debido sobre todo a las divisiones y rivalidades entre los nacientes estados nacionales europeos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este contexto, Eugenio IV llamó al Occidente cristiano en defensa de aquel Imperio (1443). Casi nadie se movió entonces, a excepción del rey de Polonia y el de Hungría, Ladislao, que fue vencido por los turcos en Varna, junto con el legado pontificio el cardenal Cesarini (1444). En otro lugar meridional de Europa, en Albania, Jorge Castriota, conocido con el nombre de Skanderberg, resistirá a lo largo de 24 años a la invasión turca. La derrota sufrida en Varna fue el prólogo de la caída de Constantinopla. El papa Nicolás V querrá renovar la llamada a una nueva cruzada que no logra comenzar; lo intenta su sucesor, el español Calixto III (1455-58) mandando predicadores de la misma por Europa e invitando a ella a los príncipes cristianos, proponiéndose no sólo liberar Constantinopla, sino también llegar incluso a Jerusalén. También aquí vemos una primera respuesta positiva por parte de los príncipes cristianos, pero que enseguida cae en el vacío.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un ejército cristiano guidado vía tierra por Juan Hunyadi, asistido por el cardenal Carvajal y animado espiritualmente por S. Juan de Capistrano, vence en Belgrado (1456), impidiendo así a los turcos continuar avanzando hacia Viena, mientras que Skanderberg los vencerá en Taormizza (1457), y el cardenal Scarampo, guiando vía mar una escuadra, los derrota en Metelino (1457). Calixto III esperaba entonces de nuevo una respuesta positiva por parte de las potencias cristianas. Pero de nuevo la indiferencia y las rivalidades, agravadas con la muerte de Juan Hunyadi, hicieron fracasar aquellos planes. El sucesor de Calixto III, el humanista Pío II (Enea Silvio Piccolomini) (1458-1464) intentó tomar de nuevo la iniciativa; llegó a convocar una especie de congreso de las potencias europeas en Mantua (1459-1460) donde participó personalmente, pero de nuevo aquel proyecto fracasó por los mismos motivos que los anteriores. Al Papa se le ocurrió una idea totalmente utópica: mandó a Muhammad II, el conquistador de Constantinopla, una carta, espléndida en su estilo literario, en la que le invitaba a convertirse al cristianismo, prometiéndole el imperio de Oriente y de Occidente (¡!). Luego, en 1463, el mismo Papa tomó la decisión de conducir él mismo la cruzada lanzando una invitación en tal sentido al Occidente cristiano. Anciano y enfermo se pone al frente de un ejército en dirección al puerto italiano de Ancona, donde ya agotado muere (1464). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Moría así una antigua utopía y la idea misma de cruzada, que había atravesado con numerosos vaivenes  la historia medieval europea, todavía objeto de enconadas controversias historiográficas y de resentimientos. Sin embargo, en aquellos precisos momentos, y en un cuadro muy distinto en los extremos del mundo europeo, en la Península Ibérica sucedían una serie de acontecimientos, algunos de ellos muy unidos a motivos no lejanos del sentir común de la christianitas europea de la época y de los Papas: la conclusión de la Reconquista, y coincidiendo con la misma, los descubrimientos transoceánicos por parte de Portugal y de España. En el caso español encontramos ingredientes variados e híbridos, muy presentes en la vida política y popular del siglo XV. La conquista de Granada que concluye este ciclo y da comienzo a otro nuevo, la tomó el pueblo como algo suyo . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==7.  La Iglesia Española de finales del S. XV y comienzos del s. XVI== &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
7.1. Para comprender el estilo de la primera evangelización en el Continente americano. España y la Iglesia española fueron los agentes de la evangelización del Nuevo Mundo de lengua española, como en el Brasil lo será el Portugal hermano. Es preciso conocer su idiosincrasia, las potencialidades y limitaciones de su contenido católico. Ya nos hemos referido a la importancia que tenía el clero dentro de la sociedad española del tiempo y a su composición. Nos vamos a fijar en otros elementos de esta España religiosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para comprender mejor &amp;quot;el encuentro del catolicismo ibérico y las culturas americanas&amp;quot;, que &amp;quot;dio lugar a un proceso peculiar de mestizaje, que si bien tuvo aspectos conflictivos, pone de relieve las raíces católicas así como la singularidad del Continente&amp;quot; , es necesario adentrarnos más, tanto en la historia de la España de aquél entonces, como en los primeros pasos de la Iglesia en tierras americanas. El dinamismo que impulsó y que aún continua fecundando tal síntesis, que es el continente latino americano en su configuración, lo constituye la fuerza de la fe católica. Los obispos latinoamericanos escribieron en su reunión plenaria de Puebla, celebrada en 1978: &amp;quot;Con deficiencias y a pesar del pecado siempre presente, la fe de la Iglesia ha sellado el alma de América Latina, marcando su identidad histórica esencial y constituyéndose en la matriz cultural del continente, de la cual nacieron los nuevos pueblos&amp;quot; . Es esto lo que le da sentido a su ser; el encuentro con el Evangelio, con la verdad de que existe Dios Padre Bueno, que nos ha dado a su Hijo Jesucristo para salvación nuestra, bajo el aliento del Espíritu Santo, encarnado y nacido de una mujer (cf. Gal. 4, 4), la Virgen María de Nazaret .&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se tenía mucho cuidado de que las Órdenes que pasaban a América fueran todas reformadas. Serán cinco Órdenes religiosas reformadas o nuevas las protagonistas de la historia de la evangelización en el Nuevo Mundo hispano: los franciscanos, los dominicos, los agustinos y más tarde los mercedarios; a estas Órdenes religiosas antiguas, llamadas mendicantes por su origen y estilo, se sumarán pasado medio siglo los recién fundados jesuitas. Los franciscanos que llegaron a México para emprender la evangelización pertenecían a la más severa y genuina de las Observancias evangélicas. El humanismo español constituía el ambiente cultural de estos misioneros. Es conocida la influencia, por ejemplo, de Erasmo de Rotterdam ; el mismo Zumárraga había leído sus libros, como lo demuestra la carta que envió, el 2 de noviembre de 1547, a fray Francisco del Castillo, provincial de su comunidad en Burgos . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Desde este horizonte los evangelizadores trataron, desde sus posibilidades, de crear una nueva humanidad cristiana, singularmente sana y fiel. “La primera generación de misioneros en México, por ejemplo, los obispos Juan de Zumárraga y Vasco de Quiroga, se caracterizaban por el sello del humanismo contemporáneo; Zumárraga estaba influenciado por Erasmo y Quiroga por Tomás Moro. Esta actitud espiritual fue decisiva en algún modo, y precisamente también en relación con la labor misional” . La extraordinaria labor evangelizadora que realizaron los misioneros en tierras americanas, encuentra en estos altos ideales de reforma y santidad de vida, una de sus principales motivaciones. Son elementos que no podemos dejar de tomar en cuenta al momento de estudiar la labor y los métodos que usaron para lograr la conversión de los indígenas americanos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
España estaba en un momento de apogeo y expansión. Venía de concluir la guerra de reconquista contra el dominio musulmán de su suelo. Los Reyes Católicos otorgan una gran importancia a la fe y alientan con gran energía y constancia un proceso de reformas y austeras observancias que, aunque ya venía gestándose desde hacía tiempo, alcanza con ellos una sistemática propuesta de reforma cristiana. El humanismo español de finales del siglo XV y de todo el XVI es sumamente rico en realizaciones literarias y espirituales. Es un tiempo donde lo épico y lo religioso se entrelazan en un universo cultural sumamente fecundo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
7.2. Una antigua exigencia de reforma en toda la Iglesia La exigencia de reforma en la vida de la Iglesia en cuanto sociedad humana, es un fenómeno continuo en la historia de la Iglesia. En los  finales de la edad Media y comienzos de la Moderna se sentía agudamente, sobre todo en algunos ambientes. Se pedía entre otras cosas una reforma radical “in capite et in membris” (en la cabeza y en los miembros), empezando por una adecuada puesta al día de las estructuras jurídicas (centralización y reservas con los desórdenes consecuentes, fiscalismo y abusos) de la vida eclesiástica del clero alto y de la formación del bajo clero, sobre todo en relación a la atención pastoral de los fieles. La respuesta dada a esta exigencia urgente no fue siempre equilibrada y ortodoxa en muchos ambientes cristianos europeos, ni tampoco fue amplia y promovida con decidida voluntad por parte de la jerarquía de esa época, lo que causará con el tiempo la ruptura de los movimientos protestantes. En este contexto, en varios países de la cristiandad se dan discutidos movimientos de reforma desde el punto de vista de la ortodoxia católica, como los llamados “espirituales” o grupos de frailes franciscanos con ideas eclesiológicas heterodoxas, influenciadas a veces por las teorías de Joaquín de Fiore sobre la existencia de dos iglesias, una carnal y rica, y en contraposición otra espiritual, santa y evangélicamente pobre, Otros sostenedores de ideas radicales heterodoxas serán el inglés John Wicliff y luego el bohemo Jean Hus y otros que preceden en muchos puntos la futura mentalidad cristológica y eclesiológica de los reformadores protestantes, como Jakoubek, Nicolás de Dresde o Wesel Gansford (1419-1489) en Alemania. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Son comprensibles estos movimientos radicales de reforma ante la situación de una jerarquía eclesiástica con frecuencia mundana. Estas tendencias ideológicas, fomentadas también por desórdenes sociales, se agudizaban por la falta de una voluntad eficaz de reforma en muchos responsables eclesiásticos. Sin embargo, lentamente comienza a abrirse paso una mayor voluntad de reforma por parte de la jerarquía eclesiástica (Papas y Concilios) a lo largo del s. XV y comienzos del XVI. Así en el concilio de Costanza y en los concordatos que estipuló Martín V, se ve tal voluntad; éste papa eligió también cardenales óptimos y una buena bula de reforma (16.V.1425), que quedó en letra muerta; en la misma línea decretó el concilio de Basilea con medidas radicales, nunca aplicadas. Los papas siguientes emanaron varios decretos y bulas también en tal sentido, casi siempre ineficaces y raramente aplicados, quedándose en meros proyectos. La historia va adelante con vanos intentos de reforma, incluidos los del concilio ecuménico Lateranense V (1513-1517). La doctrina católica fue siempre defendida, pero las situaciones de desórdenes graves en la vida cristiana continuaron vivos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin embargo, en algunos lugares de la cristiandad occidental se empezaba lentamente un camino de reforma de la vida de la Iglesia, como lo demuestra el llamado fenómeno de la “Devotio moderna”, movimiento eclesial comenzado en los Países Bajos a finales del s. XIV y que se desarrolla a lo largo del XV dando lugar a asociaciones como “los hermanos y las hermanas de la vida común”. “Devotio moderna” significaba “servicio de Dios” con una proyección clara de cristocentrismo, una espiritualidad ascética práctica (contra la mística especulativa de los dominicos alemanes), una marcada tendencia afectiva (de raíces franciscanas, de la escuela de S. Bernardo y del teólogo francés Gerson), una interioridad y subjetivismo notables en detrimento de los contactos, también apostólicos con el mundo, y una insistencia ascética que subraya el papel responsable del fiel en la recepción de los sacramentos. El libro “La imitación de Cristo” es fruto de tal “devoción” y su probable autor, Tomás de Kempis, pertenecía a tal movimiento. Esta espiritualidad ejercitará un influjo en el siglo siguiente en muchos santos y fundadores como Ignacio de Loyola e incluso en algunos protagonistas de la reforma protestante.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
7.3. El movimiento de reforma de la vida religiosa monacal y conventual en la Iglesia. Hay otro aspecto notable en el incipiente movimiento de reforma eclesial de este periodo, y es el comienzo de la misma en el seno de algunas antiguas Órdenes religiosas, en gran parte en un lamentable estado de decadencia, si se exceptúan los Cartujos y en parte los Cistercienses. La peste negra que asoló media Europa en aquellos dos siglos (XIV y XV) había vaciado los monasterios,  que luego se habían llenado con vocaciones mediocres o por motivos que nada tenían que ver con la consagración religiosa. Por ello los nuevos religiosos o monjes vivían con frecuencia una vida disipada, en monasterios y conventos con abundantes bienes, falta de la vida común fundada en privilegios obtenidos de los papas, y con una clausura más teórica que práctica, sobre todo en el caso de las monjas, que en muchos casos provenían de la nobleza y traían consigo sus niveles de vida y privilegios y en muchas ocasiones eran obligadas por motivos sociales a entrar en los monasterios. También aquí las decisiones de Papas y Concilios sobre la reforma religiosa caían en un terreno árido. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este panorama se dan los primeros intentos de refreno religioso, cuando algunos religiosos buscan volver a las raíces carismáticas de su fundación, y se reúnen en un convento donde querían vivir claramente el espíritu de tal origen. En los comienzos, ese convento buscaba ponerse bajo las órdenes del General de la Orden por encima de su Superior Provincial. A tal convento se asociaban otros con el mismo espíritu; se formaban así las “Congregaciones” de reforma, bajo la obediencia a un Vicario con poderes amplios. Se quería llevar a cabo de esta manera la reforma de la Orden. Aquí ahondan sus raíces divisiones sucesivas entre “conventuales” y “observantes”, “calzados” o “descalzos”, etc… en varias antiguas órdenes religiosas, ya a partir de finales del s. XV y sobre todo en el s. XVI. El fenómeno se da en la mayoría de las antiguas, también en España, y tendrá consecuencias notables en la historia de los evangelizadores del Continente americano. No todas las “Congregaciones” duraron, sin embargo favorecieron la reforma, en cuanto extendieron su influjo sobre todo a través de la predicación popular ambulante.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
7.4. El movimiento de reforma de la vida religiosa monacal y conventual en la Iglesia. La historia de la reforma eclesial en España se encuadra en este movimiento. Fue conducida hasta llegar a la gente común, comenzando ya mucho antes del Concilio de Trento y llegando al mismo, que ratificó muchos aspectos que la Iglesia en España ya había puesto en marcha desde hacía tiempo. Una de sus características peculiares fue que la iniciativa vino de los Reyes Católicos, con pasos sucesivos de reforma del episcopado, del clero y del pueblo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La reforma de la vida religiosa en España se dió de manera precisa y orgánica . En el caso de los monjes comienza con la del monasterio de San Benito de Valladolid, por iniciativa del rey de Castilla Juan I (en 1389-1390), con el objetivo de que los monjes viviesen la regla benedictina de manera precisa y rígida, y con voto de clausura perpetua al modo de las Clarisas; reclutó para ello unos 15 monjes provenientes de varios monasterios que se comprometieron a seguir tal vida rígida. Luego evolucionará hacia una mayor elasticidad, pasando a finales del s. XV a constituir una “Congregación” de unos 10 monasterios (en 1524 contaba con 32), y durará en los siglos siguientes. Algo semejante ocurre con los cistercienses con la fundación o reforma de la “Congregación de S. Bernardo de Castilla”, en tiempos de los papas Martín V y Eugenio IV, por obra del monje cisterciense que provenía de los Ermitaños de San Jerónimo (Jerónimos), Martín de Vargas. Esta fundación fue duramente obstaculizada por el capítulo general de Citeaux (cistercienses) a lo largo del s. XV; en 1549 reunía 45 monasterios de los 59 españoles de la Orden. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No se observan generalmente nuevas fundaciones con nuevas Reglas en las grandes órdenes religiosas. Sin embargo en España nacen los Jerónimos (ya presentes en Italia como “Eremitas de S. Jerónimo”). Fue un canónigo de Toledo, Fernando Yáñez de Figueroa y su camarero mayor, Pedro Fernández Pecha, que comenzaron a vivir una vida eremítica, pasando luego a la cenobítica, adaptándose a la regla de S. Agustín, con la aprobación de Gregorio XI en 1373. En 1423, Lope de Olmedo quiso reformar la Orden siguiendo algunas indicaciones que sacó de los escritos de S. Jerónimo, y creó así un nuevo ramo llamado “Congregación de la Observancia de S. Jerónimo”, pero que en España tuvo un éxito muy relativo, uniéndose luego en 1567 al resto de los Jerónimos. Se mantuvieron fieles a la regla de manera bastante rígida; crecerán a lo largo de los s. XV y XVI en España fundando y agregando numerosos monasterios, entre ellos hay que señalar el de Yuste, en Extremadura, donde se retirará el emperador Carlos V, el del Escorial, fundado por Felipe II, y el Guadalupe en el célebre santuario de Extremadura.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En cuanto a las Ordenes mendicantes tuvo en España, como en otros lugares, dificultades notables de reforma, dada su organización centralizada que había favorecido en cierto modo también su decadencia. Sin embargo, tal organización luego favorecerá o pondrá obstáculos a la reforma o la apoyará tibiamente. La historia de la reforma de los mendicantes, también en España dependió en buena parte de estos factores, a parte de los apoyos de papas y reyes, característica de la misma reforma, oposición de superiores locales, intervenciones abusivas de los poderes seculares, etc.. En España la reforma nace por iniciativa autónoma en varias provincias. En Santiago en 1390, que se autonomiza en 1440 de los conventuales; en Aragón, con una tendencia de carácter eremítico y se convierte en una provincia de observancia en 1442; en Castilla, parece ser que la observancia franciscana llega de Sicilia. Todos estos conventos reformados, a partir de 1446, forman con los observantes franciscanos franceses, ingleses, belgas, alemanes norte-occidentales la “Vicaria Ultramontana”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero en España nacen también grupos “ultra-reformistas”. Un primer iniciador de esta tendencia es Pedro de Villacreces (+1422), que se proponía reproducir el ideal de la Porciúncula gobernada por S. Francisco de Asís: vida austera y contemplativa, retiro y vida eremítica dentro del convento, pobreza radical, siempre descalzos, oración prolongada, silencio total. El estudio era reducido al mínimo. El sucesor de Villacreces, Lope de Salinas, aumenta el tiempo dado al estudio teológico y moral para formar predicadores y confesores, usando pequeños manuales. Prosigue esta línea el antiguo jerónimo Juan de La Puebla (+1495) con la reforma del convento de Santa María de los Ángeles de Sevilla. De este grupo nace la reforma de Juan de Guadalupe, la observancia rigurosísima, que da mayor fuerza a la predicación y al apostolado. Estos grupos diversos de franciscanos reformados continúan difundiéndose a partir de 1517; entre ellos se encuentra el de San Pedro de Acantara, confidente de Santa Teresa de Jesús, llamados “alcantarinos” o “pascualitas-alcantarinos”. A estos grupos reformados de franciscanos pertenecen los primeros grandes misioneros franciscanos del Continente americano. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra Orden religiosa reformada en España es la de los Agustinos. La formación de la “Congregación de observancia” española tiene una propia historia. Parece ser que su primer convento fue el de “Domus Dei” de Castelví de Rosanes en Cataluña (1420), que permaneció solo y aislado en medio del conventualismo hasta 1569. La “Congregación de observancia” española surge de hecho en Castilla por obra de Juan de Alarcón (+1451 c.), que actuó bajo la protección del padre general Favaroni y tras haber conocido la fuerte renovación de la Orden en Italia. Así se crea en España una “Congregación de observancia” ya en 1438, con 4 conventos de frailes y uno de monjas. Alarcón obtuvo en aquel mismo año la bula de confirmación de parte del Papa, mientras que en los demás casos italianos las bulas llegarán decenios después. La extensión de esta reforma en España se puede deducir del hecho que en 1504-5 se decretó la unión de la “Congregación de Observancia” con la Provincia agustiniana española, que tras divisiones y tensiones, sólo se pudo actuar en 1512. Ello se debió gracias a los Reyes Católicos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La historia de la reforma de los dominicos españoles tiene características semejantes. Ya en el Capítulo general de Burgos (1413), el general de obediencia aviñonesa (nos hallamos en los tiempos del cisma de Occidente), Juan de Puinoix, trata de eliminar los defectos más salientes en la Orden con fuertes medidas disciplinares, incluida la cárcel, y de restaurar la vida común. Probablemente tuvo un gran influjo San Vicente Ferrer con su vida santa, su predicación y sus escritos (Tratado de vida espiritual). Pero la verdadera reforma hay que señalarla también aquí en el método de la fundación de  “Congregaciones de observancia”, alrededor, parece ser de Santa Catalina de Siena (+1380) y de su confesor Raimundo de Capua, maestro general de la Orden a partir del 22 de mayo de 1380. La lista de dominicos eminentes que llevan adelante la reforma de la Orden en Europa, a partir de Italia, es abundante. En España comienza en Castilla en 1423 y recibe el reconocimiento de derecho pontificio en 1478. Su desarrollo se debe a los Reyes Católicos, por lo que en 1505 se une a la Provincia dominica de aquel Reino, eliminando los conventos no reformados e introduciendo la Observancia. Una de sus características fue su expansión a partir de un convento reformado, lo que se puede señalar como un ejemplo de reforma a partir de la base. En estas “Congregaciones de observancia” se quiere volver a la experiencia primera de la Orden y se resuelve el problema de la pobreza buscando una línea media: queda la “mendicidad” como ideal, pero se corrige con otros medios de subsistencia, cuando aquella se mostraba insuficiente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El caso de la Orden de los carmelitas, sea en el s. XV como en el XVI, sigue un itinerario parecido. Se pueden enuclear varias reformas serias: dos de “Congregaciones de observancia” fuera de España ya en el s. XV (las de Mantua en Italia y de Albi en Francia), y las del s. XVI, la general de Nicolás Audet de toda la Orden (1524), y la teresiana en España, que coincide con la historia de la reforma de la gran Santa Teresa de Jesús (1515-1582), seguida por su discípulo San Juan de la Cruz (1542-1591), los dos grandes místicos y literatos incomparables en su género. En España hay otras órdenes mendicantes, que en esta misma época siguen el camino de la reforma y que tendrán también un papel importante en la evangelización americana, principalmente los Mercedarios y los Trinitarios, ambas órdenes fundadas para la redención de cautivos en manos de los musulmanes del Norte de  África. La primera de estas dos órdenes, que pasarán tempranamente a América (el capellán de Cortes fray Bartolomé de Olmedo, muerto en 1524, era un mercedario),  desarrollará un papel fundamental en la historia de la evangelización americana.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La estructura de las “Congregaciones de observancia” de los mendicantes son bastante comunes. Son ordinariamente reconocidas, algunas por documentos papales (de derecho pontificio), otras por el general de la misma Orden. No crean sistemas jurídicos nuevos, como en el caso de los monjes; introducen sólo un gobierno doble, casi completo, dentro de la misma Orden, autónomo en relación a sus provinciales locales, pero no en relación al general de la Orden. La historia de cada caso muestra con frecuencia caminos y características peculiares. Estas reformas quisieron ir a la raíz de los males y cortarlas de cuajo. Se caracterizan en general por la pobreza vivida, la austeridad, la vida común, la penitencia aflictiva, la meditación y la “lectio divina” y con ella el silencio; un monje-abad de Monserrat en Cataluña preparará un tratado y meditaciones titulado “Exercitatorio de la vida espiritual” que ejercerá un influjo notable en tal sentido en todas las Órdenes de observancia. Al contrario, el tiempo dado al estudio estaba marcado por las necesidades apostólicas más que por una necesidad intelectual en sí; puede decirse, que sobre todo en sus comienzos, hubo una reacción contra los estudios académicos, o al menos una indiferencia y desestima para la formación sacerdotal. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La razón de esta desestima, sobre todo en el mundo de los monjes de este tiempo, era el pretender una oposición entre el monje “homo devotus” y “homo spiritualis” por una parte y del “homo doctus” por otra. El problema se empezará a resolver a lo largo de los primeros decenios del s. XVI, cuando los monjes reformados comienzan a erigir también colegios universitarios, pero el desarrollo fue bastante lento. Por su parte en las Órdenes de observancia encontramos actitudes muy diversas. En el caso español los agustinos, por ejemplo, son más bien contrarios. Lo mismo sucede con otras Órdenes. El rechazo de los grados académicos se fundaba en que habían sido en su tiempo una de las causas de la decadencia religiosa. Los dominicos resuelven el problema admitiendo a los mismos a frailes de virtud probada, y combatiendo los antiguos privilegios que tenían los titulados lectores (profesores o doctores). Poco a poco todas estas Órdenes resuelven el problema instituyendo en cada provincia casas de estudios, esto a partir de mediados del s. XV; sin embargo sigue durante mucho tiempo la oposición a los grados académicos. Así los agustinos de Castilla tardan hasta 1542 en organizar los estudios humanísticos, filosóficos y teológicos, cuando el General Seripando le impone una organización de los estudios para dar una mayor formación a los frailes candidatos al sacerdocio. La solución al problema fue positiva gracias a que la Observancia religiosa se consideró el valor principal al que se debían subordinar los otros valores. Además la solución ejemplar la habían ya ofrecido las grandes figuras reformadoras, que entran doctas y santas, es decir estrictamente observantes y regulares, y que se encontraban tanto en los monjes reformados como en las Congregaciones de Observancia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuanto hemos afirmado sobre la reforma de la vida religiosa en los reinos españoles de Castilla y Aragón, se puede aplicar en parte, aunque no con la misma radical insistencia, en el reino de Portugal. Entre las reformas destaca la de los franciscanos, llamados “Capuchos” (que no se debe confundir con los Capuchinos), favorecida por Alfonso V, y cuyo centro fue Varatojo. Estos franciscanos se distinguirán también por su compromiso en la empresa evangelizadora portuguesa bajo el Padroado.&lt;br /&gt;
7.5. La reforma del episcopado en la España de los Reyes Católicos y de comienzos del s. XVI. Los Reyes Católicos, la Reina Isabel sobre todo, habían promovido una reforma del clero diocesano y regular, basados en criterios válidos, no siempre exentos de cálculos también políticos, que Fernando no siempre había aplicado. No faltarán tensiones entre Fernando (+1516), Julio II y León X sobre las provisiones episcopales, porque el rey tendía a presentar los candidatos con el sistema de la “súplica”, cuando no existía el patronato (como era el caso de Granada). Con los criterios adoptados –naturales de los reinos, honestos, de la clase “burguesa”, doctos- los reyes Católicos no solamente habían puesto en marcha una reforma, especialmente en Castilla; habían también unido los obispos a la Corona. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Carlos I (V), nieto y sucesor de los Reyes Católicos (rey 1516-1556), quiere obtener de la Sede Apostólica lo que la misma había concedido con un concordato en 1516 a Francisco I de Francia. Lo obtiene de Adriano VI (1522-1523) (que había sido su consejero y regente en Castilla durante su ausencia obligada por motivos de su elección como emperador del Sacro Imperio Romano en 1520); es decir el patronato sobre Castilla y Aragón, tras haberlo obtenido sobre Pamplona (Navarra) (4-28 de mayo de 1523) con el ius patronati et praesentandi. Con la bula “Eximiae devotionis affectus” (6.9.1523) obtiene el patronato, por lo tanto el derecho de presentar a los candidatos, a todos los obispados, abadías y otros beneficios consistoriales. Tal concesión fue revocada el 3 de abril de 1527 bajo Clemente VII (1523-1534) con el voto del Consistorio, porque había sido concedida sin el voto del Colegio cardenalicio; tras el saqueo de Roma (1527), con la bula “Etsi ea quae” en Bolonia, antes de la coronación imperial de Carlos V (el 11 de enero de 1530), confirmada por Pablo III el 7 de julio de 1536, Carlos V obtenía de nuevo el patronato y el derecho de presentación. Desde este momento en adelante, durante siglos, los nombramientos episcopales estarán en manos del Rey de España en sus Reinos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La reforma de la vida eclesiástica comenzada por los Reyes Católicos empieza por la elección al episcopado de obispos doctos y rectos. Criterios de reforma: que fueran españoles, doctos, virtuosos, llanos (no aristócratas), residentes. &amp;quot;El clero de España es el nervio de la Cristiandad&amp;quot;, habría dicho San Carlos Borromeo en los tiempos del Concilio de Trento . Los Reyes quieren que el Papa nombre obispos españoles porque debían residir en sus diócesis, de vidas íntegras; no nobles, para que no se convirtiesen en señores feudales. En su época brillaron de manera especial algunas figuras. Entre ellas destacan las figuras del jerónimo fray Hernando de Talavera (c. 1430-1507), primer arzobispo de Granada después de la Reconquista, confesor de Isabel la Católica y el tipo ideal de obispo; el arzobispo, y teólogo dominico de Salamanca, fray Diego de Deza (1443-1523), el arzobispo y cardenal franciscano fray Francisco Jiménez de Cisneros (1436-1517) . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hernando de Talavera lleva una vida santa, con la celebración diaria de la Misa, el catecismo a los niños, reunión-capítulo mensual con los párrocos, y fundación de un seminario modelo, entre otros aspectos. Diego de Deza formó parte del Consejo de Sabios que examinó las propuestas de Colón, y fue uno de los pocos que consideró las mismas como viables. De ahí nació la gran amistad y admiración que el Almirante sintió siempre por Deza. Francisco Jiménez de Cisneros, figura fundamental en la historia religiosa y política de la España de su tiempo y en los comienzos de la evangelización de América, quien reformó a su Orden franciscana de la que era provincial en medio de oposiciones y de luchas. La Reina Isabel le ayudó en estas reformas, especialmente en la de las monjas. Para formar el clero funda los llamados “collegia minora” para el estudio de las letras, y los “collegia maiora” para la filosofía y la teología. Recomienda al clero doctrina, pureza de costumbres, empeño pastoral y litúrgico. Él fue el restaurador en Toledo de la liturgia mozárabe. En el mundo de la cultura ha pasado a la historia como humanista en cuanto funda la Universidad de Alcalá (Complutum) (1508) con un claro planteamiento humanístico y moderno, que edita la Biblia poliglota complutense en 6 volúmenes. Edita también varias obras devocionales en español, como la Vida de Cristo de Ludolfo y otra obras de la “Devotio Moderna”, que prepararon el florecimiento de los grandes místicos del siglo XVI. Además renovó la enseñanza de la teología. Su metodología será indicada por el teólogo dominico Melchor Cano en su “De locis theologicis” y por los estudios jurídicos del también dominico Francisco de Vitoria en Salamanca. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era un nuevo método de estudio de la teología que superaba el bizantinismo de una escolástica decadente, y trataba las cuestiones más importantes y candentes del momento. Se quería una exposición sencilla, sobria, elegante, a partir de las fuentes (Escritura, Padres, Concilios, documentos eclesiásticos); sustituye las “Sentencias” de P. Lombardo con la “Summa theologica” de Sto. Tomás. Así se preparan los maestros de los grandes teólogos españoles que acudirán a Trento o a sus discípulos. En Alcalá estudiará una  falange de grandes figuras del humanismo español, algunos como San Juan de Ávila (c. 1499-1569), declarado doctor de la Iglesia (2012), o personalidades que ejercitarán un papel importante en la historia de la evangelización y de los derechos humanos en América, como el p. jesuita José de Acosta (1540-1600) .  Esta Universidad contará con célebres maestros, entre ellos el dominico Domingo de Soto (1494-1560) y celebres alumnos. Con algunos entablará una amistad duradera, como con Don Pedro Guerrero, futuro arzobispo de Granada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La España cultural de la época comienza a respirar con los dos pulmones culturales de las universidades de Salamanca y de Alcalá. En estas universidades asistimos a un renacimiento del humanismo renacentista, con varias corrientes que lo caracterizan: vuelta a los estudios bíblicos en Alcalá (Biblia Políglota), con referencias a una teología positiva, siguiendo las huellas de los Padres, y reformismo eclesiástico. Encontramos también en ellas corrientes humanísticas, filosóficas y teológicas de matrices diversas, como el tomismo, el escotismo, y en medida menor algunos brotes nominalistas, y el influjo de humanistas como Erasmo y Tomás Moro. En estas universidades echan sus raíces las corrientes jurídicas que las harán célebres en el campo del derecho de gentes o internacional, con figuras como los dominicos Francisco de Vitória y Domingo de Soto y otros conocidos teólogos que ejercerán un fuerte influjo en el Concilio de Trento (1545-1563). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta reforma del episcopado no encontró un camino llano y fácil. Cuando Fernando el Católico muere en 1516, el cuadro del episcopado español no era homogéneo. La mayor parte de los obispos era ciertamente digna y muy convencidos del servicio al Rey, de buena altura eclesiástica e intelectual, aunque se daban casos de obispos poco dignos, nombrados por motivos de parentesco; había cardenales que no residían en sus sedes, nombrados por razones de amistad; había también obispos nobles, nombrados gracias a su proveniencia social y algunos por ser flamencos o por intereses con aquellos territorios bajo la Corona española, a partir de Carlos V . El emperador Carlos trató de seguir los criterios establecidos por los reyes Católicos, pero no siempre los mantuvo totalmente, lo que llevó a veces a consecuencias negativas, aunque en menor medida que en otros países europeos. ¿Cuáles habían sido los criterios de los reyes Católicos, sobre todo de Isabel? Ante todo la elección de personas doctas. Carlos V escogerá fundamentalmente personas preparadas y bien formadas en colegios eclesiásticos universitarios españoles, en los “Estudios generales” de los religiosos y en las universidades italianas. En su día, el cardenal franciscano, arzobispo de Toledo y primado de España, confesor y consejero de la reina Isabel y luego regente del Reino hasta su muerte (+ 8.11.1517), optó por teólogos, preferentemente canonistas, contra la tendencia que se daba en Italia, Inglaterra y franca. Este criterio será luego seguido por el Consejo real. Por ello los obispos españoles darán una notable aportación en el concilio de Trento. La reina Isabel había querido obispos honestos y había seguido rigurosamente este criterio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fernando fue menos severo en este campo, por lo que encontramos algún caso de obispos con hijos como  Alonso de Aragón (+1520), hijo del rey Fernando, arzobispo de Zaragoza y con hijos. Por su parte Carlos V aplicó aquel mismo criterio, también porque podía disponer de sacerdotes formados en los colegios de Talavera y de González Mendoza. La extracción social de los obispos era prevalentemente de la clase media. Carlos V por su parte nombrará luego también nobles, españoles y extranjeros, por motivos de gratitud y no siempre por razones eclesiásticas. El primero de ellos fue el joven Guillermo de Croy, de 20 años, que sucedió al gran Cisneros en Toledo ; era ya obispo de Cambray y cardenal, y nunca puso los pies en España. Dio también el obispado de Valencia a Eduardo de la Marca, obispo de Lieja, porque le servía para el Imperio . Se cuentan hasta 30 provisiones suyas de este tipo de obispos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para salvar el principio de los Reyes Católicos (“obispos naturales de estos reinos”), el rey Carlos concedía “cartas de naturalización” por las que se habilitaba a estos extranjeros a ser nombrados obispos de cualquier diócesis española; y si no podía dar provisiones de obispados, les daba pensiones sobre las rentas de estas diócesis. Estas provisiones llevaron al absentismo. Los obispos españoles debían comprometerse a residir en sus diócesis para poder recibir la provisión, con una especie de pacto, como dirá un obispo español en el concilio de Trento. Pero no la exigía de los extranjeros, que a veces eran cardenales italianos de curia. La exige de los españoles residentes en Roma o en la Corte. Pero era él mismo a dificultar o a imposibilitar la residencia porque se servía de los obispos para los servicios administrativos, civiles, para la dirección del consejo real, para las Cancillerías de Valladolid y de Granada, como embajadores, etc. Así, por ejemplo, el cardenal Pedro Pacheco, primer obispo residencial de Pamplona después de 80 años, nunca estuvo ni en Jaén ni en Sigüenza, sedes a las que había sido trasferido (1545-1560), y fue también virrey de Nápoles. El inquisidor Fernando Valdés nunca residió en alguna de las diócesis para las que había sido nombrado, e incluso consideraba abstractos a los “frailes teólogos” (como Victoria) y a los predicadores, como Pablo de León, que criticaban duramente este ausentismo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por todo ello vemos que en tiempos del emperador Carlos V en sus dominios europeos, también en España hubo periodos en los que encontramos que pocos obispos residían en sus diócesis. El hecho ahondaba sus raíces en motivos de ambiciones a ser trasladados a sede más importantes, por ser más ricas, con posibilidades de ejercer influencias y tener mayores poderes; en una palabra, una mundanidad infiltrada en aquellas esferas episcopales, denunciadas con dureza por parte de figuras episcopales del calibre del agustino Santo Tomás de Villanueva (1486-1555), arzobispo de Valencia , y más tarde en el concilio de Trento por parte del obispo dominico portugués Bartolomé de Martyribus en su “Stimulus pastorum” .  A pesar de estos límites, serán los obispos españoles quiénes en Trento lucharán por la reforma del episcopado y por la residencia de los obispos en sus diócesis.&lt;br /&gt;
7.6. El clero inferior. Hacia finales del s. XV y comienzos del XVI el clero, tanto el secular como el regular, contaba como ya se ha indicado, un alto porcentaje de miembros. En el clero diocesano había un clero “medio”, al que pertenecían los canónigos de los capítulos, el de las colegiatas y los párrocos de parroquias importantes. Los canónigos como cuerpo habían sufrido el contragolpe de la acción de los reyes Católicos. Esta clase clerical pertenecía de hecho a la antigua estructura feudal, por lo que buscaron  defender su posición. Con frecuencia vivían con un tenor de vida bastante secular y garantizaban también una serie de beneficios a su parentela, por lo que con frecuencia accedían a estos cargos, más por intereses económico-sociales que por vocación a la vida clerical. Pertenecían al considerado clero bajo, la mayoría de los párrocos, de los capellanes y de los beneficiados menores. Tenían que ejercitar un oficio para poder vivir porque las rentas del beneficio no eran suficientes. Los reyes Católicos trataron reformar también a este clero, juntamente con obispos y otros prelados, buscando la promoción del sacerdote reformado ideal. En esta empresa tendrán luego un papel fundamental  muchos tratadistas teológicos, jurídicos y humanistas como Vitoria, el arzobispo de Toledo Carranza, Soto, San Juan de Ávila, fundador en su tiempo de varios colegios-seminarios para la formación del clero, ya antes de Trento , Luis de Granada y otros muchos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A la luz de cuanto descrito surge una pregunta obligada: ¿Se puede hablar en un sentido apropiado y estricto de una Iglesia “nacional” española, como se habla de la “Iglesia galicana” en Francia o de la “Iglesia anglicana” en Inglaterra? Las tendencias eclesiales centrífugas se dan en varios países de Europa y se agudizarán a partir del siglo XVI. No parece que se pueda hablar en el mismo sentido en el caso español y en el portugués. Ciertamente en España y Portugal se podría ver en sistema  del “Patronato” y del “Padroado” una expresión centrífuga. Sin lugar a dudas existe una conciencia bastante claro de la propia identidad nacional y eclesial, pero sin llegar a los límites de las concepciones de buscar la creación de una Iglesia autónoma del Papado, ni siquiera la defensa de “unas libertades eclesiales adquiridas” como sucedía en otros países europeos. La fidelidad al Romano Pontífice nunca fue puesta en duda a lo largo de esta historia ni por los Reyes ni por los obispos, juristas y teólogos españoles. Incluso el largo proceso de elaboración de la doctrina sobre el Patronato no fue ni fácil ni unánime. Se legisló sobre la exclusión del episcopado de todo extranjero, en la práctica esta regla fue con frecuencia olvidada o se encontraron salidas para evitarla. Incluso las “represalias” que tomaban los Reyes contra Roma, fueron siempre mitigadas por el realismo en las relaciones, tensiones sin ruptura, que al final se recomponían. En todo caso serán más duras en el siglo XVIII con la dinastía de los Borbones, incluso con nuevas y más radicales interpretaciones en favor de las dos Potencias católicas del Patronato o del Padroado, pero ya era una situación nueva que la Iglesia vivía en toda la antigua cristiandad europea bajo los regímenes del absolutismo ilustrado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==NOTAS:==&lt;br /&gt;
  &lt;br /&gt;
&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==BIBLIOGRAFÍA:==&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
'''FIDEL GONZÁLEZ FERNÁNDEZ'''&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.56.173</name></author>
		
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		<title>ESPAÑA; la sociedad española en la época de los descubrimientos</title>
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		<updated>2014-03-31T20:22:01Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.173: /* 5. La nación española */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;==ESPAÑA; la sociedad española  en la época de los descubrimientos== &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==1. La España de los Reyes Católicos==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Durante la llamada Edad Media, la Iglesia había sido el punto de referencia en la creación en la Península Ibérica de una historia común. Algo semejante había sucedido también en la Europa medieval, pero en el siglo XVI aquella historia común europea se interrumpe con las divisiones religiosas y culturales. El momento en el que sucede el encuentro entre España y América coincidió con el paso de una época a la otra. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La unidad dinástica de los reinos hispanos sucede en 1479 con la fusión personal de Castilla-León y Aragón-Cataluña, por el matrimonio de los dos monarcas de ambos reinos: Isabel I (la Católica) de Castilla-León y Fernando V (el Católico) de Aragón. Doce años después (el 6 de enero de.1492),con la reconquista del reino moro de Granada, se cierra el ciclo de la reconquista y la unidad practica de los reinos españoles, bajo el lema que adoptan de igualdad de poderes y unidad de decisiones de las dos Coronas en una, con el lema “''tanto monta, monta tanto, Isabel como Fernando''”, y la simbología heráldica para expresar aquella unión (el ''Yugo'', letra inicial de Isabel, entrelazado con la ''Flechas'', letra inicial de Fernando). Este hecho tendrá repercusiones incalculables en el futuro de la misma España como en el Nuevo Mundo, que pronto iba a entrar en la escena mundial de la mano española. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una frase: &amp;quot;''en cabeza del rey''&amp;quot;, iba a expresar lapidariamente el papel de la monarquía en aquella empresa: frase que ya se encuentra en autores de la primera hora, y que viene a significar el papel o responsabilidad del Rey o de la Corona en todos los asuntos del gobierno, tanto civil como eclesiástico, del Nuevo Mundo: administración de la justicia, patronato, legislación, defensa de los derechos del indio, etc., como Fray Domingo de Betanzos, Francisco López de Gómara, en su ''Historia General de las Indias'', o más tarde Felipe Guamán Poma de Ayala (comienzos del s. XVII) y muchos otros recuerdan en sus historia y crónicas.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
La España de los reyes Católicos era una España claramente identificada con la historia que le había dado origen. Su monarquía conservaba todavía esta conciencia. Tal es la clave para comprender muchas iniciativas políticas y religiosas de los Reyes Católicos, Isabel I la Católica de Castilla y Fernando V el Católico de Aragón, y de sus descendientes, principalmente Carlos I (V como emperador del Sacro Romano Imperio Germánico) y Felipe II, y de sus descendientes los demás reyes de la Casa de Austria española (o Augsburgo). Durante el reinado de los reyes Católicos acontecen en la historia nacional española algunos grandes hechos: la unión dinástica de los dos grandes reinos ibéricos de Castilla-León y de Aragón-Cataluña con el consiguiente reforzamiento de la monarquía y la regularización del sistema administrativo de la Corona; la reforma de la vida eclesial en sus diversos niveles; la conclusión de la lucha secular de la reconquista del dominio musulmán del suelo patrio, que antiguamente había formado el reino hispano-visigodo; el comienzo de la expansión transoceánica que dio como resultado la llegada a las tierras del Nuevo Mundo, que para el historiador, capellán de Cortés, Francisco López de Gómara, había sido “''el más grande acontecimiento después de la creación del mundo si se exceptúa la encarnación y la muerte de Aquel que lo había creado''”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta empresa política, pero también evangelizadora, fue posible gracias a la existencia de un sujeto tanto político como católico en la comunidad hispana, impregnada en este último caso de una conciencia de la fe católica, sea a nivel popular como en la Corona. Los Reyes Católicos tenían una clara conciencia de su autonomía política en la esfera secular. La tenían también como cristianos. También como príncipes católicos no estaban exentos de una mentalidad jurídica muy extendida en las relaciones entre los Estados cristianos nacientes y la Iglesia de querer controlar la vida eclesial en sus Estados, pretensión común en los gobernantes (o príncipes) cristianos de esta edad moderna. Tal pretensión, que databa ya de siglos anteriores, llevaría en muchos casos a caer en la tentación, nunca escondida, de crear de hecho Iglesias nacionales, bajo el control del Estado. En el siglo XV, a pesar de la crisis conciliarista, tenían una sana conciencia del papel del Papa como cabeza de la Iglesia y reconocían su misión y supremacía en el campo eclesial y espiritual, “''no reconociendo superior temporal sino a Dios Omnipotente, y dando la obediencia espiritual debida al Sumo Pontífice y a la Iglesia apostólica de Roma''”, como escribía entonces Fernández de Oviedo, uno de los primeros testigos e historiadores de la conquista en el Nuevo Mundo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El papel de la corona fue fundamental en los tres siglos siguientes, tanto en el ámbito de los descubrimientos y de la colonización, como en el de la evangelización. Ya desde el alba de la presencia española en el Nuevo Mundo, los Reyes Católicos emanaron una serie de disposiciones o cédulas legales y administrativas con el fin de regular un gobierno recto en aquellas tierras, y afrontar las problemáticas humanas, políticas y evangelizadoras que aquellas situaciones inéditas planteaban. En tal sentido el testamento del 12 de octubre de 1504 y el codicillo de Isabel la Católica añadido el 23 de noviembre de 1504, tres días antes de morir, dan las directivas del proyecto político (relación entre españoles e indios, y derechos de éstos) y de la evangelización e implantación de la Iglesia en América. Aquel texto fue codificado y se convirtió pronto en un texto legal, caso único en la historia constitucional de un país, entrando así a formar parte de la legislación de España sobre las Indias hasta las independencias de sus países.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==2.La población española en el momento del descubrimiento de América== &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se calcula que en el momento del descubrimiento de América, España tenía unos ocho millones de habitantes. De ellos, antes de 1492, medio millón eran judíos (la expulsión en masa de los mismos acontece en 1492) y un millón de mudéjares&amp;lt;ref&amp;gt;Mudéjares: musulmanes que vivieron en convivencia con los cristianos, tras ''la reconquista'' por éstos del territorio peninsular español. La palabra “mudéjar” deriva del vocablo árabe ''mudayyan'', equivalente a “vasallo” o “sometido”; acepción etimológica que no aparece en la documentación medieval, pero que se populariza a partir del siglo XIX.&amp;lt;/ref&amp;gt;a los que luego habría que añadir los “moriscos”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Cómo se distribuía socialmente esta población? Un 80 % era rural. Se daba una endeblez numérica de clases. Lo que hoy se suele llamar &amp;quot;clase media&amp;quot; (pero que en este caso sería un anacronismo), puede ser distribuida de la siguiente manera: un 3%, que no eran clé¬rigos, ni militares, ni campesinos, ni patricios urbanos; eran gente común. Había unos 75.000 clérigos o eclesiásticos&amp;lt;ref&amp;gt;Algunos hablan de un total de unos 40.500 miembros del clero secular o diocesano, pero las estadísticas no son siempre fiables.&amp;lt;/ref&amp;gt;, el 1% de la población, de los que unos 2000 o 3000 pertenecían al llamado &amp;quot;clero alto&amp;quot;. Los nobles o hidalgos de variada posición y entidad eran unos 115.000, el 2% de ese número total. En cuanto a la propiedad las tierras, éstas pertenecían al 2% o 3% de la población que poseían el 97% de las mismas. Esta alta aristocracia, personal o jurídica, era dueña de la mitad de España. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Y cómo se componía ésta aristocracia? Se contaban unas 50 familias unidas por vínculos de sangre y que constituían de hecho una fuerza social, política y económica paralela a la del rey, como lo demuestran las convocatorias de frecuentes “Cortes” para tratar los asuntos importantes del Reino, proclamar o reconocer al rey, que debía jurar sus fueros&amp;lt;ref&amp;gt;Los ''Fueros'' (del latín forum; derechos, leyes) son un cuerpo de leyes, considerado entre las más importantes fuentes del derecho en España.&amp;lt;/ref&amp;gt;, proclamar ante ellas por parte del rey leyes, cédulas reales o disposiciones en los campos civil o eclesiástico y determinar la política a seguir en el Reino. Las Cortes eran en la antigua historia española medieval y en los comienzos de la moderna una asamblea general del Reino que convocaba el rey en los antiguos reinos de España para tratar asuntos de estado, generalmente, la elaboración de leyes y la concesión de impuestos: a las Cortes acudían los representantes del clero, de la nobleza y de las poblaciones importantes, ayuntamientos de ciudades y de villas. En las “Cortes” se encontraban representadas las diversas entidades o corporaciones que componían el Reino. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En todo este tren de vida política, algunos nobles (en realidad pocos), descendientes en buena parte de antiguas familias de caballeros, protagonistas en la reconquista, o de otros nuevos allegados por méritos o por influencias, ocupaban puestos en la Corte real, la que en esa época solía ser “ambulante” a lo largo de ciudades y villas del Reino. Estos nobles, que con frecuencia poseen sus castillos y palacios, comienzan a llevar un tren de vida a veces fastuoso. Estaba luego una pequeña nobleza de mayor peso social y económico, y otra mediana formada por militares, hijosdalgo, y caballeros, que constituyen dos poderosos es¬tratos sociales. El estamento militar asiste por derecho propio a las Cor¬tes. Vive en posesiones rurales e influye en el gobierno a través de la parentela y vínculos de nobleza. De esta pequeña noble¬za se recluta lo mejor de los capi¬tanes, diplomáticos y funcionarios. De la pequeña nobleza salieron muchos obispos (&amp;quot;llanos&amp;quot;, no pertenecientes a la aristocracia o alta nobleza). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se debe también hablar de una incipiente nobleza urbana: terratenientes, ricos por herencia, no comerciantes, y que es más culta que la nobleza militar. Sus hijos llenaban las universidades. También de aquí salen canónigos, obispos, abades. Fueron excelentes secretarios y administradores. Los pobladores de las pueblas (poblaciones fundadas con privilegio real y cuyos vecinos formaban “ayuntamientos” y concejos) y las villas (con sus pobladores llamados &amp;quot;villanos&amp;quot;) tienen acceso o movilidad de ascenso a ese tipo de nobleza y constituyen una parte importante y fundamental en la estructura del Reino. La tendrán en el poblamiento español del Nuevo Mundo con sus fundaciones, al estilo castellano o de la madre patria. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la estructura y en la vida social y política del Reino se encuentra el clero. Constituye un grupo social peculiar dentro de la sociedad. Dentro de él hay de hecho un clero socialmente alto y otro clero bajo, no por procedencia social, sino por los puestos que ocupan en la estructura eclesiástica. El clero tiene un fuerte espíritu corporativo (como en los otros países de la cristiandad medieval hasta la edad contemporánea) para defender sus inmunidades. Su fuerza económica la constituyen los diezmos (en especie, que se subastaban). La mentalidad de cada estrato era fuerte y reflejaba con frecuencia también su procedencia social. El papel del alto clero era notable. Constituían la columna vertebral de muchos sectores de la administración pública, cancilleres, presidentes y miembros del Supremo Consejo de Indias, cuando éste fue creado, y de muchos tribunales. Personajes fundamentales en la España de los tiempos del descubrimiento de América, como el arzobispo Talavera, Deza, los cardenales Cisneros y Mendoza, por citar nombres universalmente más conocidos, lo demuestran. En conjunto forman un grupo notable por &amp;quot;letras y virtud&amp;quot;. Muchos de ellos actuaron en la vida política e incluso en la militar; son parte de la última hornada de prelados-capitanes, como lo fue incluso el cardenal franciscano reformador Francisco Ximénez de Cisneros (que tiene su proceso de canonización introducido). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dentro del clero se encuentra una especie de alto clero menor, generalmente hacen parte de ella los prebendados (que eran dignidades, canónigos o racioneros de alguna iglesia catedral o colegiata). Normalmente son de elevada categoría intelectual. Existen 47 capítulos ca¬tedrales de gran poderío económico y con un nivel moral bastante bueno en general. Sin embargo entre el bajo clero, incluso entre el religioso, se da a veces inmoralidad, ignorancia y pobreza. Este fenómeno de decadencia en una parte del clero regular y secular era un fenómeno de la cristiandad europea de la época, con numerosos intentos de reforma por parte de papas y concilios a lo largo del siglo XV y comienzos del XVI. Basta recordar cómo el tema de la reforma del clero aflora y es tratado específicamente desde el Concilio de Constanza (1414-1418), Ferrara-Florencia (1438-1445), Lateranense V (1512-1517). En este cuadro el caso español corresponde al del resto de Europa. Sin embargo no se puede generalizar. Los concilios provinciales vigilaban y urgían por una reforma de las costumbres entre el clero. El siglo XVI será un siglo de notables &amp;quot;reformas&amp;quot; en este sentido, que verá el florecimiento de muchas Órdenes religiosas reformadas, de varios concilios provinciales y culminará con las reformas del Concilio de Trento (1545-1563). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Había en la España a la que nos referimos lo que se podría llamar &amp;quot;grupos medios&amp;quot;, aunque el término no corresponda a la moderna acepción de “clase social”. Eran gentes de ejercitaban oficios y menesteres necesarios en toda sociedad, especialmente en villas y ciudades como mercaderes y comerciantes, no¬tarios, abogados, barberos (que ejercitaban a veces también una medicina rudimentaria, pero importante), médicos y curanderos y pequeños administradores. Demográficamente eran débiles. De ellos salía 1/3 o 1/4 de los regidores. Solían componer (en reinos como en Aragón) los cabildos de las ciu¬dades. Son la raíz de la futura burguesía industrial y mercantil.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los artesanos constituían una especie de clase o grupo modesto urbano, que vivían asociados en gremios. La artesanía era más bien patriarcal y familiar, y menos técnica de taller, como en Italia o en Flandes. Proporcionaban un tercio o un cuarto de los regidores&amp;lt;ref&amp;gt;Los regidores eran los concejales de los ayuntamientos, miembros del cabildo de Indias o de las corporaciones locales.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Constituían la masa popular en los festejos. Este grupo social tiende a superarse y a presentarse bien. Su vida era suficientemente holgada. La población de todas estas clases sociales componía el 20% de los habitantes de España. Luego estaban los campesinos, que son un 80%, en desigualdad de condiciones, según las regiones. Había campesinos &amp;quot;de señorío&amp;quot;, a veces en penosas condiciones, y campesinos de realengo&amp;lt;ref&amp;gt;Poblador o vecino de una circunscripción o concejo que no era de señorío ni de las órdenes, y que pertenecía a la Corona.&amp;lt;/ref&amp;gt;, a veces muy dignos. Pero toda la población vivía a veces sometida a calamidades y grandes crisis, comunes a todo el resto de Europa, como pestes y enfermedades endémicas y crónicas, sequías o superabundancia de lluvias, inviernos crudos, o veranos tórridos; todo ello provocaba muertes frecuentes y prematuras, y hambrunas frecuentes, sobre todo en las tierras más áridas o secas como las castellanas. Sin embargo estas penosas situaciones, con frecuencia endémicas, no provocaron sublevaciones populares, como sucedió en otros lugares de Europa; basta pensar a las sublevaciones de los campesinos y de los caballeros en la Alemania de los tiempos de Lutero o en otras semejantes en la Italia e incluso en la Roma de los siglos XIV y XV.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y ¿cuál era el valor monetario corriente en esta época? En el caso español el más común era el &amp;quot;ducado&amp;quot;, que correspondía a 375 maravedís, una equivalencia a unos ocho jornales de obrero especializado o veinte jornales de un peón. El marqués de Villena, por ejemplo, tenía 100.000 ducados de renta al año. La Iglesia (sus instituciones y su personal ministerial) tenía seis millones de ducados de renta: dos millones el clero re¬gular y cuatro, el clero secular.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==3. La España católica y la Reconquista==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
1. ''Carácter y temperamento del catolicismo español de la época'': ¿Cómo se explica la vehemencia y también la fuerza del catolicismo español? Hay muchas teorías y opiniones al respecto. No hay que olvidar la característica historia cristiana española a partir del siglo VIII, cuando los musulmanes del Norte de África invaden el Reino español de los visigodos y lo desbaratan en la batalla de Guadalete (Andalucía) donde perece el último rey visigodo Don Rodrigo, que pasará a la leyenda épica española en multitud de romances (711). Casi todo el Reino visigodo español cae bajo dominio musulmán, si se exceptúan las regiones montañosas del Norte, astures, cántabros, vascos, y zonas de la Navarra y de la Cataluña pirenaica. En el año 721 encontramos los hechos conocidos como “''batalla de Covadonga''” en las montañas de Asturias, donde un príncipe visigodo, Don Pelayo (+737), levanta el estandarte de la &lt;br /&gt;
Cruz contra el invasor musulmán y da comienzo a la Reconquista, que se concluirá en 1492, en Granada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue el comienzo del minúsculo Reino de Asturias, que lentamente alargará sus fronteras reconquistando los territorios de León y luego las mesetas castellanas. Dará lugar así al nacimiento, como prolongación del reino asturiano del de León (s. IX), y más tarde al de Castilla (s. X) (Castilla y León unidas de nuevo a partir del 1230), del que nacerá con el tiempo el condado de Portugal (condado dependiente de Castilla a partir del 1094 y luego reino, totalmente autónomo). En el caso Asturiano ya a finales del siglo VIII se funda la ciudad de Oviedo (760), alrededor del monasterio benedictino de San Pelayo, donde el rey Fruela  I (757-768) establecerá su Corte y que alcanzará un notable esplendor artístico en tiempos de su hijo y sucesor Alfonso II el Casto (rey 792-842), contemporáneo de Carlo Magno, con el que mantendrá relaciones culturales y políticas. Nace así aquel arte que todavía hoy se contempla en la región asturiana, el llamado “pre-románico”, la preciosa Cámara Santa de la Catedral de Oviedo, como relicario de valiosas reliquias traídas del resto de la España invadida por los musulmanes, entre ellas la Cruz de la Victoria (símbolo de la reconquista, levantada por su primer caudillo don Pelayo), la de los Ángeles símbolo heráldico de Oviedo, de tiempos del rey Alfonso II, el Santo Sudario y otras muchas de indiscutible valor histórico y religioso. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este tiempo de Alfonso II el Casto, comienza la histórica peregrinación hacia Compostela, lugar donde se señalaba la traslación de las reliquias del Apóstol Santiago y que dará lugar a uno de los tres grandes centros de peregrinación medieval: Santiago, Roma y Jerusalén. Algo semejante comienza a suceder en las estribaciones de los Pirineos aragoneses (como en los alrededores del monasterio de San Juan de la Peña) y catalanes. Son las raíces tempranas de varios condados y marcas del reino de Aragón, con una historia unida a los nacientes reinos de Navarra y de Castilla y de los condados catalanes, cuya historia autónoma comienza a caminar a partir del s. IX, y que pasados varios siglos se unirán a la Corona aragonesa (Alfonso II de Barcelona, conde de la misma y rey de Aragón, une al reino aragonés el condado hereditario de Barcelona en 1162).  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin embargo la reconquista fue dura y larga. De hecho, hacia el año 750, gran parte de la península se encontraba bajo el califato de los Omeyas, en Córdoba, fundado por Abd-er-Rhaman I (756-788), que llega a su máximo esplendor en tiempos del califa Abd-er-Rhaman III (912-961). Y sus caudillos atormentaban con continuas incursiones los territorios cristianos. Así todavía en el año 1000, el caudillo musulmán Almanzor logró llegar hasta la misma Compostela en el oeste y a Barcelona en el este, convirtiendo en tierra quemada cuanto encontraba a su paso&amp;lt;ref&amp;gt;Almanzor, Muhammad ibn Abi ‘Amir, en árabe  ???????, al-Man?ur, o sea al-Man?ur bi-llah (“Aquel que Dios ha hecho vencedor”) (c. 938-1002), caudillo militar del Califato de Córdoba desde el 978 hasta su muerte, según las fuentes árabes y algunas cristianas (Historia Compostellana e Chronicon Burgense) habría muerto en agosto de 1002 en Medinaceli (en la actual provincia española de Soria) como consecuencia de las heridas sufridas en la batalla de Catalañazor. Los hechos se encuentran en las crónicas cristianas y en las árabes, cada una con su propia versión. Tardíamente (más de dos siglos después), el arzobispo de Toledo Rodrigo Jiménez de Rada y el obispo de Lucas de Tuy repiten la historia, con algunas claras equivocaciones. Los reyes de León, de Navarra y el conde de Castilla se habían unido para atacarlo habiéndole infligido una derrota terrible. Esta derrota de Almanzor ha entrado en la leyenda y en la épica española cristiana como una de las victorias con mayor significado religioso en la historia de la reconquista. Según algunos, en Catalañazor, habría sido derrotada la “retaguardia” del ejercito de Almanzor, ya en retirada, muriendo en su campamento de Medinaceli. Cf. Gonzalo Martínez Díez, El condado de Castilla, 711–1038: La historia frente a la leyenda, Marcial Pons Historia, 2005, 581–4; Juan Castellanos Gómez, La batalla de Calatañazor: mito y realidad. Revista de historia militar, 91 (2001), 25–42; ''The New Cambridge Medieval History, III'': c. 900-c.1024, Edited by Tomothy Reuter, 27: Sicily and al-Andalus under Muslim rule; 28: ''The Spanish Kingdoms, print publication year'': 2000; on line publication year: 2008; Rafael Altamira, Il califfato occidentale, en Storia del mondo medievale (trad. della Cambridge Medieval History), Milano, Garzanti, vol. II, 1999, pp. 477-515.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Por ello también los reinos cristianos en su avanzada hacia el sur, de grandes ríos en grandes ríos, desde el Duero hasta el Tajo, van creando espacios desiertos de frontera para estorbar las frecuentes incursiones de los reinos musulmanes. Son la “Extrema-dura”, o las vacías y desérticas tierras fronterizas; se van levantando castillos y fortalezas a lo largo de la geografía hispana que darán también lugar incluso al nombre del futuro condado y reino de Castilla.&lt;br /&gt;
En esta misma época se asiste al nacimiento del califato de Córdoba, que en mundo islámico de la época es de la misma grandeza esplendorosa de los de Damasco y Bagdad, y a su historia cultural incomparable, que ha dejado una herencia imborrable en la cultura mundial e hispana. Entre el 1009 y el 1031, el califato de Córdoba se va dividiendo en pequeños estados independientes (reinos de taifas), entre los que hay que recordar: Toledo y Badajoz (1009); Murcia (1010); Zaragoza (1012); Almería y Granada (1013); Denia (1014), Málaga (1016); Valencia (1021); Sevilla (1023); Mallorca (1015); Córdoba (1031), etc.. luego: Orihuela, Huesca, Jaén, Carmona, Niebla, Algeciras. Incluso Córdoba se erige en una especie de republica aristocrática entre 1031 y 1070; es ocupada por el rey musulmán de Sevilla en 1070; conquistada por los musulmanes Almorávides de África en 1086 y luego en 1148. En 1091 los musulmanes Almohades de Mauritania invaden los reinos musulmanes de la Península ibérica (1091-1229), que serán derrotados por los reinos cristianos unidos en la batalla de Las Navas de Tolosa (1212), comenzando así la fase final de la reconquista cristiana. El rey castellano Fernando III ''el Santo'', conquistará Córdoba el 29 de junio de 1236 y Sevilla en 1248. Ya en 1085, el rey cristiano Alfonso VI de Castilla había conquistado Toledo y la había convertido en su corte; los aragoneses habían reconquistado Zaragoza en 1146. Jaime I de Aragón reconquista Valencia el 29 de septiembre de 1238. El último reino musulmán de la Península ibérica, Granada, será reconquistado por los Reyes Católicos, Isabel y Fernando, el 5 de enero de 1492&amp;lt;ref&amp;gt;“Fruto del Romanticismo literario se desarrolla en el siglo XIX la mitificación de al-Andalus. Desde entonces,. Dos imágenes por igual hipertrofiadas tienden a representar en exclusiva esta faceta de la Historia de España. Y si bien hoy nadie sostiene en serio que ignorancia, despoblación y desertificación africanas fueran el corolario inevitable de la invasión musulmana, por el contrario –y por razones muy del momento- sí subsiste una corriente publicistica que no se contenta con embellecer en su magín los surtidores del Generalife [en la Alhambra de Granada] […] y va mucho más lejos, manteniendo que un al-Andalus superior, refinado y culto sucumbió ante unos cristianos bárbaros, ignorantes y torpes. La idealización maurofila, al retomar para la Hispania musulmana dos de los mitos más caros al eurocentrismo (el del Buen Salvaje y el Paraíso Perdido), trasluce una actitud que se sale del terreno del análisis racional de la sociedad y de la Historia y se hunde en el de la fe o las creencias religiosas” (Serafín Fanjul, ''Al-Andalus contra España. La forja de un mito'', Ed. siglo XXI, Madrid 2005, 3ª edición, Presentación), con amplia bibliografía sobre el tema. El Autor trata de estudiar históricamente el influjo real del mundo cultural islámico en España, sus logros y sus límites.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''2. La Reconquista'': Entre el 830 y 1030, se vive un período de dos siglos de exaltación cristiana en la Reconquista; florece la cristiandad mozárabe&amp;lt;ref&amp;gt;Mozárabes (del árabe musta?rab, 'arabizado'; en árabe: ??????), es el nombre con el que se conocía a los cristianos que vivían en el territorio en España bajo dominio musulmán. Tenían en la esta sociedad el estatus legal de “dimmíes”, que compartían con los judíos, como no creyentes en el Islam. A efectos prácticos su cultura, organización política y práctica religiosa eran toleradas, y contaban con cierta cobertura legal. Estaban obligados a tributar impuestos de los que los musulmanes se veían exentados y sufrían otras muchas restricciones en la vida civil y religiosa, como la de no poder construir iglesias ni arreglar las ya existentes. Los mozárabes que pasaban al Islam (generalmente por motivos fiscales) y se arabizaban pasaban a ser llamados “muladíes”. La legislación islámica protegía a los no musulmanes, pero favorecía su paso al Islam con medidas de orden muy diverso, sobre todo de tipo económico-fiscal.&amp;lt;/ref&amp;gt;y nacen o avanzan los reinos cristianos: León, Castilla y Navarra, nace el de Aragón y los condados catalanes, entre los que emerge el de Barcelona cuyos condes, con el andar del tiempo, se convierten en reyes de Aragón, dándose así la unión dinástica entre ambos estados. En los siglos XI, XII, XIII: la Reconquista avanza en las diversas líneas fronterizas: del Duero, luego hasta el Tajo, con la conquista de Toledo, la antigua capital visigoda, la ciudad de las tres culturas o religiones (cristiana, islámica y hebrea, que había alcanzado un enorme esplendor cultural frente al resto de la misma Europa medieval cristiana). Por parte suya se asiste a una decadencia y luego al ocaso del califato de Córdoba, la división del mismo en números reinos de taifas que pueblan el sur de la Península&amp;lt;ref&amp;gt;Con el término re de los taifas (en árabe: ???? ???????, muluk al-?awa?if: ?a?ifa árabe significa “parte, minoría étnica, facción”) (llegarán a ser unos 39) se indican los pequeños estados que surgen como consecuencia de la decadencia, disolución y anarquía del Califato de Córdoba, a partir del 1009, con la abdicación del califa y la siguiente abolición del califato de la dinastía de los Omeyas en 1031 con la deposición del califa Hisham III. Se proclamaron numerosos pequeños reinos regidos por familias árabes, bereberes o de origen eslavo que constituyeron verdaderas dinastías tribales o familiares, que solían mantenerse en el poder con tropas mercenarias, incluidas algunas también cristianas. La situación cambia en el siglo XII con la invasión de los musulmanes del reino almorávide del norte de África, pero, disuelto este reino, comienza de nuevo otro periodo en el que nacen nuevos reinos de taifas entre 1144 y 1170, cuando otros invasores musulmanes, los almohades del Norte de África invaden estos reinos. Tras la derrota de los mismos por los cristianos en la batalla de Las Navas de Tolosa (1212), nace de nuevo otro tercer periodo de reinos de taifas de corta duración, acabando con la fundación del llamado reino nazarí de Granada, que capitulará ante los reyes católicos el 2 de enero de 1492, consumándose oficialmente la Reconquista el 6 del mismo mes y año. Aquellas divisiones favorecieron la Reconquista cristiana.&amp;lt;/ref&amp;gt;.                    &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los musulmanes del norte de África intentan reconquistar las tierras perdidas y unificar a los reinos de taifas. Son las invasiones de los almohades. Pero en el año 1212 se da el paso definitivo del choque entre los reinos cristianos españoles y los musulmanes de los almohades en la batalla de Las Navas de Tolosa. Es la época que sigue a la renovación de la vida eclesial española a través de la aplicación en España de la reforma gregoriana con el apoyo de benedictinos y cistercienses. Es también la época de las grandes peregrinaciones a Santiago de Compostela, la del románico de los siglos XI al XIII, del nacimiento del gótico con sus grandes catedrales que se extienden por toda la geografía española hasta el siglo XV. En el siglo XIII la vida eclesial se renueva a través de los canónigos regulares primero, de los frailes mendicantes luego, entre ellos Santo Domingo de Guzmán, canónigo en Osma (Castilla), y sus dominicos y la llegada también de los franciscanos, y del mismo san Francisco, peregrino a Santiago de Compostela. Fernando III ''el Santo'' de Castilla y León, reconquista Sevilla y Córdoba, y su hijo, Alfonso X ''el Sabio'', da un nuevo esplendor a las letras y a la compilación jurídica de las antiguas leyes hispanas; las tres lenguas de su Reino (latín, castellano, árabe y hebreo) formaban parte del bagaje cultural del Reino&amp;lt;ref&amp;gt;Alfonso X fomentó la actividad cultural mediante el patronazgo y dirección de la ya existente Escuela de traductores de Toledo. Dicha Escuela aglutinó a un grupo de estudiosos cristianos, judíos y musulmanes que desarrollaron una importante labor científica al rescatar textos de la Antigüedad, y al traducir textos árabes y hebreos al castellano. Estos trabajos habilitarán definitivamente el castellano como lengua culta, tanto en el ámbito científico como en el literario. El afán de Alfonso por la divulgación de la lengua vernácula le llevó, siendo aún infante, a patrocinar la versión al castellano de ''Calila e Dimna'' y del ''Lapidario''. Además fue un excelente poeta en gallego-portugués. De su extensa obra destacan: el ''Fuero Real de Castilla'', el ''Espéculo'' y las ''Siete Partidas'', entre las jurídicas; las ''Tablas alfonsíes'', entre las astronómicas; y entre las de carácter histórico, la ''Estoria de España'' y la ''Grande e General Estoria o General Estoria'', acerca de la historia universal. ''Las Cantigas de Santa María'' es obra lírica, escrita en gallego-portugués, lengua común a gran parte de la poesía ibérica hasta finales del siglo XIV, cuando aparece el Cancionero de Baena, que ya está escrito en castellano. ''El Lapidario'' versa sobre las propiedades minerales, y el Libro de los juegos sobre temas lúdicos (ajedrez, dados y tablas), deportes de la nobleza en aquel tiempo. También en el campo religioso favoreció la difusión de la Biblia. Alfonso X realizó también la primera reforma (normalización) ortográfica del castellano, idioma que el reino adoptó como oficial en detrimento del latín. Este monarca bien introdujo en España nuevos conocimientos procedentes de los más distantes confines del orbe. Su especial interés en el arte, la historia, el derecho y la ciencia ejerció una profunda influencia en el desarrollo cultural de España y del resto de Europa.&amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En Aragón brillan las epopeyas de Jaime I, el conquistador de Valencia del dominio musulmán. A pesar de episodios lamentables para los cristianos, con signos de algunas episódicas luchas dinásticas y señales de decadencia, como en el resto de Europa, los Reinos cristianos españoles han entrado de lleno en el bullir de una conciencia que camina a pasos agigantados hacia el ocaso de la Edad Media y el nacimiento de una modernidad, todavía confusa, con la constitución de reinos-naciones, raíces de los futuros estados nacionales. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''3. La vitalidad de los reinos hispanos'': En este cuadro, los reinos hispanos se encuentran ya plenamente activos en la vida tanto eclesial como civil europea, con tratados, matrimonios reales, participación en la vida cultural europea con las nuevas universidades, de las cuales Palencia y luego Salamanca, pertenecen a la primera generación, o en los grandes y dolorosos conflictos que enturbian la paz de la “christianitas” europea, como los que caracterizan el siglo XIV y comienzos del XV, como el cisma occidental (1378-1417). Las suertes de la reconquista están echadas. Los reinos musulmanes que todavía persisten en el sur o se convierten en vasallos de los reyes hispanos o son reducidos a su mínima expresión, a pesar de momentos de gloria artística, como en el caso del reino nazarita de Granada. En esta época, los aragoneses y catalanes salen de sus fronteras, navegan por el Mediterráneo y buscan alianzas y ensanchar sus fronteras en el mismo: Nápoles, Sicilia, Cerdeña y hasta el extremo oriental del Mediterráneo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el territorio patrio no todo es fácil. El feudalismo antiguo persiste y la nobleza se encuentra inquieta con rebeldías endémicas que producen conflictos civiles y guerras episódicas de carácter dinástico dentro de las mismas familias reinantes, que después de todo se encuentran muy emparentadas entre sí. También en esta época de mediados del siglo XV, siguiendo el ejemplo del hermano Reino portugués, los castellano-leoneses salen al Atlántico e incorporan las Islas Canarias a sus dominios. Nos encontramos en tiempos de Juan II de Castilla y León, el padre de Isabel la Católica. Tras el reinado endeble y discutido de su hijo Enrique IV de Trastamara, llega el reinado de su hermana Isabel I la Católica, que se casará con su primo el príncipe Fernando de Aragón, que pronto se convierte en rey de aquel Reino. Con este matrimonio real, cambia radicalmente la historia española; se concluye la reconquista en Granada (1492)&amp;lt;ref&amp;gt;Había habido un reino musulmán taifa de Granada, controlado por la dinastía zirí desde 1013 hasta 1090; sigue luego el Reino nazarí de Granada desde 1238 hasta 1492. Tras la reconquista cristiana, el Reino de Granada conserva su denominación jurisdiccional territorial dentro de la Corona de Castilla, desde el siglo XV a 1833. Su símbolo heráldico (la granada) forma parte desde entonces del escudo de los reinos españoles y del Reino de la España actual.&amp;lt;/ref&amp;gt;se unifican en las personas de los dos reyes los reinos hispanos, bajo el famoso lema del “''Tanto monta monta tanto Isabel como Fernando''” y la simbología heráldica que los dos esposos reales adoptan. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Suceden también momentos muy discutidos por la historiografía antigua y reciente como la expulsión de los judíos (1492), malqueridos por sectores de la gente vulgar y de la nobleza a causa, sobre todo, de su papel en la recolección de los impuestos de la misma Corona y una antigua y jamás escondida animosidad, alimentada por antiguos prejuicios y leyendas populares, y por la persistente acusación de “deicidio” que las acompañaban por ser considerados presuntamente en parte, como una especie de “quinta columna” en la antigua época de las invasiones islámicas, y en la época de su expulsión, de los mismos turcos. Es en este momento histórico, y en el mismo año de toda esta serie de acontecimientos notables en la historia hispana, que acontece la aventura atlántica de Cristóbal Colón y el descubrimiento del Nuevo Mundo. Todo ello abrirá una nueva página en la historia hispana y también mundial. La noche quedaba atrás&amp;quot;&amp;lt;ref&amp;gt;Cf. García-Villoslada, R., ''Hist. de la Iglesia¬ Católica'', BAC, III, cap.XVIII.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==4. La mentalidad común de la época ante la infidelidad y la herejía== &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ocho siglos de esfuerzos en una reconquista  trabajosa, y no siempre constante y uniforme, forjaron un temperamento en la España cristiana de entonces, con sus luces y sus sombras, hasta alcanzar una ordenación unita¬ria. La reforma católica se adelanta casi un siglo y en forma origi¬nal en estos Reinos españoles unidos bajo los reyes Católicos. “''España […] que se había convertido en una gran potencia […] se convierte en el país del catolicismo del futuro […] pudo así convertirse en un cierto sentido en la patria espiritual de la restauración católica y de la contra-reforma''”&amp;lt;ref&amp;gt;K. Bihlmeyer – H. Tueche, ''Historia de la Iglesia, la época de las reformas, III'', § 158, 5.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Y esta actitud de lucha continúa bajo el nieto de los Reyes Católicos Carlos I (V como emperador): 1520-1558 frente a la herejía&amp;lt;ref&amp;gt;Cf. G.-Villoslada, ''o.c.'' Parte II, cap. I, ed.1960, pp.651ss. con bibliografia).&amp;lt;/ref&amp;gt;. Los teólogos del siglo XVI no abandonan la idea del “Orbis christianus” frente a la herejía. Según su posición general, no se puede dar ninguna coacción sobre los infieles para abrazar la fe, pero sí sobre los bautizados, para conser¬varla. Quedaba en pie un problema ante la situación en el suelo español de la población no cristiana de judíos y de moros: ¿por qué se da esa disyuntiva con-tra ellos de, o abrazar la fe o de emigrar? ¿En qué sentido el poder civil toma parte en favor de una solución radical en el asunto que lleva a la exclusión de estos grupos divergentes? ¿No fue en parte por motivos meramente seculares y civiles, con la naciente “razón de estado” de querer construir un reino unido (Estado) sin discrepancias o elementos centrífugos? ¿No estuvo esto en parte en los orígenes de la creación del tribunal de la Inquisición para examinar los falsos conversos, sea del judaísmo o del islamismo, y que más tarde se extenderá a otros divergentes religiosos, protestantes o pensadores considerados heterodoxos? ¿Protestaron los teólogos contra este tipo de coacciones?&amp;lt;ref&amp;gt;Cf. el tema tratado ya por Marcelino Menéndez y Pelayo en su ''Historia de los heterodoxos españoles'', Madrid 1880-1882.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==5. La nación española== &lt;br /&gt;
En el contexto señalado se forja un celoso nacionalismo, traducido en el estatuto de “lim''¬pieza de sangre''”, una especie ''de “culto al honor nacional e innoble criterio de casta''”&amp;lt;ref&amp;gt;El tema fu obsesivo sobre todo durante los siglos XVI-XVII. Cf. el vocablo, R. Gonzálvez, “''Limpieza de sangre''”, en DHEE, II, pp. 1297-1298; Alb. Sicroff, Les controverses des Statuts de pureté de sang en Espagne du [siecle] XVe au XVIIe siecle, Paris1960; J. Amador de los Ríos, Historia social, política y religiosa de los judíos de España y Portugal, Madrid, 1875-1876; A. Domínguez Ortiz, La clase social de los conversos en Castilla en la Edad Moderna, Madrid, 1955; Américo Castro, España en su historia. Cristianos, moros y judíos, Buenos Aires, 1948; J. Caro Baroja, Los judíos en la España moderna y contemporánea, 3 vols., Madrid, 1962.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Los siglos XIV-XV españoles fueron tolerantes. Para el siglo XVI se suelen dar las siguientes estadísticas de la población española &amp;lt;ref&amp;gt;Cf. la obra importante de F. Braudel,, La Mediterranée et le Monde méditerranéen à l’époque de Philippe II, Armand Colin, Paris 1949; Idem, Civilisation matériel, économie et capitalisme, XVI-XVIII siècle, 3 vols., Paris 1979.&amp;lt;/ref&amp;gt;: unos 7.000.000 cristianos viejos; unos 350.000 conversos; unos 300.000 moriscos&amp;lt;ref&amp;gt;Moriscos (palabra que deriva de “moro”), fueron los musulmanes españoles bautizados tras la pragmática de los Reyes Católicos de 1502 (para Castilla) y de Carlos I de 1526 (para Aragón). Tanto los convertidos con anterioridad al catolicismo de forma voluntaria como los convertidos obligatoriamente pasaron a ser denominados moriscos porque la mayoría de ellos, de manera más o menos velada, siguieron con sus costumbres islámicas profesando también las religiosas. Por ello la Inquisición se preocupará de examinar los casos de los falsos convertidos. La importancia que tuvieron mudéjares y moriscos en España en la Edad Media y Moderna fue vital ya que las tierras reconquistadas se encontraban despobladas, por lo que se les permitió quedarse para su repoblación. Durante la época moderna vivían en numerosos territorios de realengo y de señorío feudal, especialmente en Aragón, Valencia y Sureste andaluz, dedicándose en especial a la agricultura (de regadío básicamente), a la artesanía (alfarería) y a la construcción. De hecho, el arte mudéjar es uno de los más representativos de la historia del arte español de la época&amp;lt;/ref&amp;gt;. De pronto aparece la intolerancia. ¿Por qué? La convivencia de cristianos, judíos y musulmanes en los reinos cristianos españoles durante la Edad Media, había tenido que ver con el proceso de &amp;quot;Reconquista&amp;quot; cristiana española de sus tierras invadidas, y la conquista por parte de los musulmanes, sobre todo de las tierras meridionales que ellos llaman Al Andalus (Andalucía, o “''tierra de los Vándalos''”, antiguos invasores de la misma de origen germánico en el s. V) y posterior ocupación del territorio por los diferentes reinos cristianos del norte de la península. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La escasa repoblación cristiana de sus nuevos territorios hace que sigan viviendo en ellos un importante número de musulmanes, tanto en zonas urbanas (aunque en barrios propios, como la morería de Zaragoza), como en zonas rurales (como siervos de señorío). El final de la Reconquista - con la toma de Granada- y la política religiosa de los Reyes Católicos, modifican la situación previa: en Granada se producen bautismos en masa, y los Reyes Católicos sólo permiten la religión cristiana en España, por lo que judíos y mudéjares han de convertirse o salir del país. En la lucha enconada contra el creciente poderío turco, se teme su alianza con el mismo y en concreto con los piratas berberiscos y turcos que atacaban las costas de la Europa cristiana. Los moriscos andaluces protagonizan  una insurrección en 1568 (la rebelión de las Alpujarras), que fue sofocada casi dos años después por don Juan de Austria, hermanastro de Felipe II. Los moriscos de esa zona fueron desterrados, hecho que aumentó la suspicacia contra ellos en otras regiones donde los moriscos eran todavía muy numerosos, como Valencia o Aragón. En 1609, con el rey Felipe III, se decretó la expulsión de los moriscos, primero de Valencia, después de los otros reinos españoles. Unos 300.000 tuvieron que abandonar España; la mayoría se dirigió al norte de África. Su marcha tuvo graves consecuencias demográficas y económicas, sobre todo en Valencia y en Aragón, afectando especialmente a la agricultura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todos los problemas señalados son complejos y de diversas interpretaciones. Los Judíos constituían una gran minoría cualificada; habían disfrutado por una parte de la protección de los reyes y por otra del odio del pueblo, debido fundamentalmente a su papel en el campo de la recolección de impuestos y al sistema de ganancias económicas con los préstamos; tal aversión será luego transferida a los falsos conversos o hebreos ocultos (''marranos''), algo común en otros muchos lugares de Europa y a los musulmanes pseudo-convertidos. En el caso español, ya en 1449 se había dado una explosión de odio en Toledo contra los conversos y  la puesta en marcha del llamado “''estatuto de sangre” (el de “limpieza''”). Casos semejantes se dieron en Córdoba, Jerez, Jaén, en el Reino de Castilla, y otros muchos semejantes en Aragón y Cataluña&amp;lt;ref&amp;gt;Aquí quiere basarse la hipótesis de los orígenes “''catalano-genoveses''” sostenida por: Salvador de Madariaga, Vida del Muy Magnifico Señor Don Cristóbal Colón, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1991, 9ª edición.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Debido también a las conversiones fingidas, el “estatuto de limpieza” pretendía restarles eficacia social. Aquí están en parte, los orígenes de la Inquisición española, que fue creada en el siglo XV precisamente para aclarar y combatir las conversiones ficticias de moros y judíos&amp;lt;ref&amp;gt;Cf. K. Bihlmeyer – H. Tuechle, Historia de la Iglesia, la época de las reformas, III, § 150: Antisemitismo e Inquisición española.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==6. Nuevos intentos de cruzada ante la caída de Constantinopla en poder de los turcos==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El tema de la “cruzada” flotaba en el ambiente español cristiano desde hacía siglos a lo largo de la “reconquista”, cruzada llevada a cabo en casa, como algunos la han llamado; pero era también una mentalidad muy extendida en la Europa medieval. Baste pensar a los últimos intentos de cruzada contra los turcos en tiempos de Pío II (1458-1464). La urgencia de la defensa contra el avance de los turcos había empujado a los griegos a buscar ayuda en la cristiandad latina occidental, e incluso a una posible reconciliación con Roma recomponiendo la antigua división entre Oriente y Occidente. Tal fue el intento que fracasaría tras el concilio de Ferrara-Florencia (1438-1445), porque no encontró el apoyo necesario en algunos metropolitas orientales y sobre todo en buena parte de los monjes y de la gente desde siempre muy influida por ellos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Constantinopla cae bajo el dominio turco el 29 de mayo de 1453, y su basílica de Santa Sofía será convertida en mezquita después de diez siglos desde su construcción. La caída de Constantinopla causó honda impresión en el mundo cristiano occidental; y no era para menos: había sido, desde los tiempos de Constantino, el corazón del Imperio Romano Oriental o Bizantino. Ahora se convertía en Estambul, cabeza del grande Imperio Otomano, que ponía también pie en el continente europeo, revolucionando así los cuadros políticos del Occidente cristiano. Por ello se explica el impulso que algunos, sobre todo el Papa, quisieron dar lanzando una nueva “cruzada” en defensa tardía del Imperio Bizantino. Fracasarán en sus intentos los Papas Eugenio IV, Nicolás V, Calixto II y Pío II, desde 1433 a 1464, debido sobre todo a las divisiones y rivalidades entre los nacientes estados nacionales europeos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este contexto, Eugenio IV llamó al Occidente cristiano en defensa de aquel Imperio (1443). Casi nadie se movió entonces, a excepción del rey de Polonia y el de Hungría, Ladislao, que fue vencido por los turcos en Varna, junto con el legado pontificio el cardenal Cesarini (1444). En otro lugar meridional de Europa, en Albania, Jorge Castriota, conocido con el nombre de Skanderberg, resistirá a lo largo de 24 años a la invasión turca. La derrota sufrida en Varna fue el prólogo de la caída de Constantinopla. El papa Nicolás V querrá renovar la llamada a una nueva cruzada que no logra comenzar; lo intenta su sucesor, el español Calixto III (1455-58) mandando predicadores de la misma por Europa e invitando a ella a los príncipes cristianos, proponiéndose no sólo liberar Constantinopla, sino también llegar incluso a Jerusalén. También aquí vemos una primera respuesta positiva por parte de los príncipes cristianos, pero que enseguida cae en el vacío.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un ejército cristiano guidado vía tierra por Juan Hunyadi, asistido por el cardenal Carvajal y animado espiritualmente por S. Juan de Capistrano, vence en Belgrado (1456), impidiendo así a los turcos continuar avanzando hacia Viena, mientras que Skanderberg los vencerá en Taormizza (1457), y el cardenal Scarampo, guiando vía mar una escuadra, los derrota en Metelino (1457). Calixto III esperaba entonces de nuevo una respuesta positiva por parte de las potencias cristianas. Pero de nuevo la indiferencia y las rivalidades, agravadas con la muerte de Juan Hunyadi, hicieron fracasar aquellos planes. El sucesor de Calixto III, el humanista Pío II (Enea Silvio Piccolomini) (1458-1464) intentó tomar de nuevo la iniciativa; llegó a convocar una especie de congreso de las potencias europeas en Mantua (1459-1460) donde participó personalmente, pero de nuevo aquel proyecto fracasó por los mismos motivos que los anteriores. Al Papa se le ocurrió una idea totalmente utópica: mandó a Muhammad II, el conquistador de Constantinopla, una carta, espléndida en su estilo literario, en la que le invitaba a convertirse al cristianismo, prometiéndole el imperio de Oriente y de Occidente (¡!). Luego, en 1463, el mismo Papa tomó la decisión de conducir él mismo la cruzada lanzando una invitación en tal sentido al Occidente cristiano. Anciano y enfermo se pone al frente de un ejército en dirección al puerto italiano de Ancona, donde ya agotado muere (1464). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Moría así una antigua utopía y la idea misma de cruzada, que había atravesado con numerosos vaivenes  la historia medieval europea, todavía objeto de enconadas controversias historiográficas y de resentimientos. Sin embargo, en aquellos precisos momentos, y en un cuadro muy distinto en los extremos del mundo europeo, en la Península Ibérica sucedían una serie de acontecimientos, algunos de ellos muy unidos a motivos no lejanos del sentir común de la christianitas europea de la época y de los Papas: la conclusión de la Reconquista, y coincidiendo con la misma, los descubrimientos transoceánicos por parte de Portugal y de España. En el caso español encontramos ingredientes variados e híbridos, muy presentes en la vida política y popular del siglo XV. La conquista de Granada que concluye este ciclo y da comienzo a otro nuevo, la tomó el pueblo como algo suyo . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==7.  La Iglesia Española de finales del S. XV y comienzos del s. XVI== &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
7.1. Para comprender el estilo de la primera evangelización en el Continente americano. España y la Iglesia española fueron los agentes de la evangelización del Nuevo Mundo de lengua española, como en el Brasil lo será el Portugal hermano. Es preciso conocer su idiosincrasia, las potencialidades y limitaciones de su contenido católico. Ya nos hemos referido a la importancia que tenía el clero dentro de la sociedad española del tiempo y a su composición. Nos vamos a fijar en otros elementos de esta España religiosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para comprender mejor &amp;quot;el encuentro del catolicismo ibérico y las culturas americanas&amp;quot;, que &amp;quot;dio lugar a un proceso peculiar de mestizaje, que si bien tuvo aspectos conflictivos, pone de relieve las raíces católicas así como la singularidad del Continente&amp;quot; , es necesario adentrarnos más, tanto en la historia de la España de aquél entonces, como en los primeros pasos de la Iglesia en tierras americanas. El dinamismo que impulsó y que aún continua fecundando tal síntesis, que es el continente latino americano en su configuración, lo constituye la fuerza de la fe católica. Los obispos latinoamericanos escribieron en su reunión plenaria de Puebla, celebrada en 1978: &amp;quot;Con deficiencias y a pesar del pecado siempre presente, la fe de la Iglesia ha sellado el alma de América Latina, marcando su identidad histórica esencial y constituyéndose en la matriz cultural del continente, de la cual nacieron los nuevos pueblos&amp;quot; . Es esto lo que le da sentido a su ser; el encuentro con el Evangelio, con la verdad de que existe Dios Padre Bueno, que nos ha dado a su Hijo Jesucristo para salvación nuestra, bajo el aliento del Espíritu Santo, encarnado y nacido de una mujer (cf. Gal. 4, 4), la Virgen María de Nazaret .&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se tenía mucho cuidado de que las Órdenes que pasaban a América fueran todas reformadas. Serán cinco Órdenes religiosas reformadas o nuevas las protagonistas de la historia de la evangelización en el Nuevo Mundo hispano: los franciscanos, los dominicos, los agustinos y más tarde los mercedarios; a estas Órdenes religiosas antiguas, llamadas mendicantes por su origen y estilo, se sumarán pasado medio siglo los recién fundados jesuitas. Los franciscanos que llegaron a México para emprender la evangelización pertenecían a la más severa y genuina de las Observancias evangélicas. El humanismo español constituía el ambiente cultural de estos misioneros. Es conocida la influencia, por ejemplo, de Erasmo de Rotterdam ; el mismo Zumárraga había leído sus libros, como lo demuestra la carta que envió, el 2 de noviembre de 1547, a fray Francisco del Castillo, provincial de su comunidad en Burgos . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Desde este horizonte los evangelizadores trataron, desde sus posibilidades, de crear una nueva humanidad cristiana, singularmente sana y fiel. “La primera generación de misioneros en México, por ejemplo, los obispos Juan de Zumárraga y Vasco de Quiroga, se caracterizaban por el sello del humanismo contemporáneo; Zumárraga estaba influenciado por Erasmo y Quiroga por Tomás Moro. Esta actitud espiritual fue decisiva en algún modo, y precisamente también en relación con la labor misional” . La extraordinaria labor evangelizadora que realizaron los misioneros en tierras americanas, encuentra en estos altos ideales de reforma y santidad de vida, una de sus principales motivaciones. Son elementos que no podemos dejar de tomar en cuenta al momento de estudiar la labor y los métodos que usaron para lograr la conversión de los indígenas americanos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
España estaba en un momento de apogeo y expansión. Venía de concluir la guerra de reconquista contra el dominio musulmán de su suelo. Los Reyes Católicos otorgan una gran importancia a la fe y alientan con gran energía y constancia un proceso de reformas y austeras observancias que, aunque ya venía gestándose desde hacía tiempo, alcanza con ellos una sistemática propuesta de reforma cristiana. El humanismo español de finales del siglo XV y de todo el XVI es sumamente rico en realizaciones literarias y espirituales. Es un tiempo donde lo épico y lo religioso se entrelazan en un universo cultural sumamente fecundo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
7.2. Una antigua exigencia de reforma en toda la Iglesia La exigencia de reforma en la vida de la Iglesia en cuanto sociedad humana, es un fenómeno continuo en la historia de la Iglesia. En los  finales de la edad Media y comienzos de la Moderna se sentía agudamente, sobre todo en algunos ambientes. Se pedía entre otras cosas una reforma radical “in capite et in membris” (en la cabeza y en los miembros), empezando por una adecuada puesta al día de las estructuras jurídicas (centralización y reservas con los desórdenes consecuentes, fiscalismo y abusos) de la vida eclesiástica del clero alto y de la formación del bajo clero, sobre todo en relación a la atención pastoral de los fieles. La respuesta dada a esta exigencia urgente no fue siempre equilibrada y ortodoxa en muchos ambientes cristianos europeos, ni tampoco fue amplia y promovida con decidida voluntad por parte de la jerarquía de esa época, lo que causará con el tiempo la ruptura de los movimientos protestantes. En este contexto, en varios países de la cristiandad se dan discutidos movimientos de reforma desde el punto de vista de la ortodoxia católica, como los llamados “espirituales” o grupos de frailes franciscanos con ideas eclesiológicas heterodoxas, influenciadas a veces por las teorías de Joaquín de Fiore sobre la existencia de dos iglesias, una carnal y rica, y en contraposición otra espiritual, santa y evangélicamente pobre, Otros sostenedores de ideas radicales heterodoxas serán el inglés John Wicliff y luego el bohemo Jean Hus y otros que preceden en muchos puntos la futura mentalidad cristológica y eclesiológica de los reformadores protestantes, como Jakoubek, Nicolás de Dresde o Wesel Gansford (1419-1489) en Alemania. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Son comprensibles estos movimientos radicales de reforma ante la situación de una jerarquía eclesiástica con frecuencia mundana. Estas tendencias ideológicas, fomentadas también por desórdenes sociales, se agudizaban por la falta de una voluntad eficaz de reforma en muchos responsables eclesiásticos. Sin embargo, lentamente comienza a abrirse paso una mayor voluntad de reforma por parte de la jerarquía eclesiástica (Papas y Concilios) a lo largo del s. XV y comienzos del XVI. Así en el concilio de Costanza y en los concordatos que estipuló Martín V, se ve tal voluntad; éste papa eligió también cardenales óptimos y una buena bula de reforma (16.V.1425), que quedó en letra muerta; en la misma línea decretó el concilio de Basilea con medidas radicales, nunca aplicadas. Los papas siguientes emanaron varios decretos y bulas también en tal sentido, casi siempre ineficaces y raramente aplicados, quedándose en meros proyectos. La historia va adelante con vanos intentos de reforma, incluidos los del concilio ecuménico Lateranense V (1513-1517). La doctrina católica fue siempre defendida, pero las situaciones de desórdenes graves en la vida cristiana continuaron vivos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin embargo, en algunos lugares de la cristiandad occidental se empezaba lentamente un camino de reforma de la vida de la Iglesia, como lo demuestra el llamado fenómeno de la “Devotio moderna”, movimiento eclesial comenzado en los Países Bajos a finales del s. XIV y que se desarrolla a lo largo del XV dando lugar a asociaciones como “los hermanos y las hermanas de la vida común”. “Devotio moderna” significaba “servicio de Dios” con una proyección clara de cristocentrismo, una espiritualidad ascética práctica (contra la mística especulativa de los dominicos alemanes), una marcada tendencia afectiva (de raíces franciscanas, de la escuela de S. Bernardo y del teólogo francés Gerson), una interioridad y subjetivismo notables en detrimento de los contactos, también apostólicos con el mundo, y una insistencia ascética que subraya el papel responsable del fiel en la recepción de los sacramentos. El libro “La imitación de Cristo” es fruto de tal “devoción” y su probable autor, Tomás de Kempis, pertenecía a tal movimiento. Esta espiritualidad ejercitará un influjo en el siglo siguiente en muchos santos y fundadores como Ignacio de Loyola e incluso en algunos protagonistas de la reforma protestante.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
7.3. El movimiento de reforma de la vida religiosa monacal y conventual en la Iglesia. Hay otro aspecto notable en el incipiente movimiento de reforma eclesial de este periodo, y es el comienzo de la misma en el seno de algunas antiguas Órdenes religiosas, en gran parte en un lamentable estado de decadencia, si se exceptúan los Cartujos y en parte los Cistercienses. La peste negra que asoló media Europa en aquellos dos siglos (XIV y XV) había vaciado los monasterios,  que luego se habían llenado con vocaciones mediocres o por motivos que nada tenían que ver con la consagración religiosa. Por ello los nuevos religiosos o monjes vivían con frecuencia una vida disipada, en monasterios y conventos con abundantes bienes, falta de la vida común fundada en privilegios obtenidos de los papas, y con una clausura más teórica que práctica, sobre todo en el caso de las monjas, que en muchos casos provenían de la nobleza y traían consigo sus niveles de vida y privilegios y en muchas ocasiones eran obligadas por motivos sociales a entrar en los monasterios. También aquí las decisiones de Papas y Concilios sobre la reforma religiosa caían en un terreno árido. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este panorama se dan los primeros intentos de refreno religioso, cuando algunos religiosos buscan volver a las raíces carismáticas de su fundación, y se reúnen en un convento donde querían vivir claramente el espíritu de tal origen. En los comienzos, ese convento buscaba ponerse bajo las órdenes del General de la Orden por encima de su Superior Provincial. A tal convento se asociaban otros con el mismo espíritu; se formaban así las “Congregaciones” de reforma, bajo la obediencia a un Vicario con poderes amplios. Se quería llevar a cabo de esta manera la reforma de la Orden. Aquí ahondan sus raíces divisiones sucesivas entre “conventuales” y “observantes”, “calzados” o “descalzos”, etc… en varias antiguas órdenes religiosas, ya a partir de finales del s. XV y sobre todo en el s. XVI. El fenómeno se da en la mayoría de las antiguas, también en España, y tendrá consecuencias notables en la historia de los evangelizadores del Continente americano. No todas las “Congregaciones” duraron, sin embargo favorecieron la reforma, en cuanto extendieron su influjo sobre todo a través de la predicación popular ambulante.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
7.4. El movimiento de reforma de la vida religiosa monacal y conventual en la Iglesia. La historia de la reforma eclesial en España se encuadra en este movimiento. Fue conducida hasta llegar a la gente común, comenzando ya mucho antes del Concilio de Trento y llegando al mismo, que ratificó muchos aspectos que la Iglesia en España ya había puesto en marcha desde hacía tiempo. Una de sus características peculiares fue que la iniciativa vino de los Reyes Católicos, con pasos sucesivos de reforma del episcopado, del clero y del pueblo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La reforma de la vida religiosa en España se dió de manera precisa y orgánica . En el caso de los monjes comienza con la del monasterio de San Benito de Valladolid, por iniciativa del rey de Castilla Juan I (en 1389-1390), con el objetivo de que los monjes viviesen la regla benedictina de manera precisa y rígida, y con voto de clausura perpetua al modo de las Clarisas; reclutó para ello unos 15 monjes provenientes de varios monasterios que se comprometieron a seguir tal vida rígida. Luego evolucionará hacia una mayor elasticidad, pasando a finales del s. XV a constituir una “Congregación” de unos 10 monasterios (en 1524 contaba con 32), y durará en los siglos siguientes. Algo semejante ocurre con los cistercienses con la fundación o reforma de la “Congregación de S. Bernardo de Castilla”, en tiempos de los papas Martín V y Eugenio IV, por obra del monje cisterciense que provenía de los Ermitaños de San Jerónimo (Jerónimos), Martín de Vargas. Esta fundación fue duramente obstaculizada por el capítulo general de Citeaux (cistercienses) a lo largo del s. XV; en 1549 reunía 45 monasterios de los 59 españoles de la Orden. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No se observan generalmente nuevas fundaciones con nuevas Reglas en las grandes órdenes religiosas. Sin embargo en España nacen los Jerónimos (ya presentes en Italia como “Eremitas de S. Jerónimo”). Fue un canónigo de Toledo, Fernando Yáñez de Figueroa y su camarero mayor, Pedro Fernández Pecha, que comenzaron a vivir una vida eremítica, pasando luego a la cenobítica, adaptándose a la regla de S. Agustín, con la aprobación de Gregorio XI en 1373. En 1423, Lope de Olmedo quiso reformar la Orden siguiendo algunas indicaciones que sacó de los escritos de S. Jerónimo, y creó así un nuevo ramo llamado “Congregación de la Observancia de S. Jerónimo”, pero que en España tuvo un éxito muy relativo, uniéndose luego en 1567 al resto de los Jerónimos. Se mantuvieron fieles a la regla de manera bastante rígida; crecerán a lo largo de los s. XV y XVI en España fundando y agregando numerosos monasterios, entre ellos hay que señalar el de Yuste, en Extremadura, donde se retirará el emperador Carlos V, el del Escorial, fundado por Felipe II, y el Guadalupe en el célebre santuario de Extremadura.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En cuanto a las Ordenes mendicantes tuvo en España, como en otros lugares, dificultades notables de reforma, dada su organización centralizada que había favorecido en cierto modo también su decadencia. Sin embargo, tal organización luego favorecerá o pondrá obstáculos a la reforma o la apoyará tibiamente. La historia de la reforma de los mendicantes, también en España dependió en buena parte de estos factores, a parte de los apoyos de papas y reyes, característica de la misma reforma, oposición de superiores locales, intervenciones abusivas de los poderes seculares, etc.. En España la reforma nace por iniciativa autónoma en varias provincias. En Santiago en 1390, que se autonomiza en 1440 de los conventuales; en Aragón, con una tendencia de carácter eremítico y se convierte en una provincia de observancia en 1442; en Castilla, parece ser que la observancia franciscana llega de Sicilia. Todos estos conventos reformados, a partir de 1446, forman con los observantes franciscanos franceses, ingleses, belgas, alemanes norte-occidentales la “Vicaria Ultramontana”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero en España nacen también grupos “ultra-reformistas”. Un primer iniciador de esta tendencia es Pedro de Villacreces (+1422), que se proponía reproducir el ideal de la Porciúncula gobernada por S. Francisco de Asís: vida austera y contemplativa, retiro y vida eremítica dentro del convento, pobreza radical, siempre descalzos, oración prolongada, silencio total. El estudio era reducido al mínimo. El sucesor de Villacreces, Lope de Salinas, aumenta el tiempo dado al estudio teológico y moral para formar predicadores y confesores, usando pequeños manuales. Prosigue esta línea el antiguo jerónimo Juan de La Puebla (+1495) con la reforma del convento de Santa María de los Ángeles de Sevilla. De este grupo nace la reforma de Juan de Guadalupe, la observancia rigurosísima, que da mayor fuerza a la predicación y al apostolado. Estos grupos diversos de franciscanos reformados continúan difundiéndose a partir de 1517; entre ellos se encuentra el de San Pedro de Acantara, confidente de Santa Teresa de Jesús, llamados “alcantarinos” o “pascualitas-alcantarinos”. A estos grupos reformados de franciscanos pertenecen los primeros grandes misioneros franciscanos del Continente americano. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra Orden religiosa reformada en España es la de los Agustinos. La formación de la “Congregación de observancia” española tiene una propia historia. Parece ser que su primer convento fue el de “Domus Dei” de Castelví de Rosanes en Cataluña (1420), que permaneció solo y aislado en medio del conventualismo hasta 1569. La “Congregación de observancia” española surge de hecho en Castilla por obra de Juan de Alarcón (+1451 c.), que actuó bajo la protección del padre general Favaroni y tras haber conocido la fuerte renovación de la Orden en Italia. Así se crea en España una “Congregación de observancia” ya en 1438, con 4 conventos de frailes y uno de monjas. Alarcón obtuvo en aquel mismo año la bula de confirmación de parte del Papa, mientras que en los demás casos italianos las bulas llegarán decenios después. La extensión de esta reforma en España se puede deducir del hecho que en 1504-5 se decretó la unión de la “Congregación de Observancia” con la Provincia agustiniana española, que tras divisiones y tensiones, sólo se pudo actuar en 1512. Ello se debió gracias a los Reyes Católicos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La historia de la reforma de los dominicos españoles tiene características semejantes. Ya en el Capítulo general de Burgos (1413), el general de obediencia aviñonesa (nos hallamos en los tiempos del cisma de Occidente), Juan de Puinoix, trata de eliminar los defectos más salientes en la Orden con fuertes medidas disciplinares, incluida la cárcel, y de restaurar la vida común. Probablemente tuvo un gran influjo San Vicente Ferrer con su vida santa, su predicación y sus escritos (Tratado de vida espiritual). Pero la verdadera reforma hay que señalarla también aquí en el método de la fundación de  “Congregaciones de observancia”, alrededor, parece ser de Santa Catalina de Siena (+1380) y de su confesor Raimundo de Capua, maestro general de la Orden a partir del 22 de mayo de 1380. La lista de dominicos eminentes que llevan adelante la reforma de la Orden en Europa, a partir de Italia, es abundante. En España comienza en Castilla en 1423 y recibe el reconocimiento de derecho pontificio en 1478. Su desarrollo se debe a los Reyes Católicos, por lo que en 1505 se une a la Provincia dominica de aquel Reino, eliminando los conventos no reformados e introduciendo la Observancia. Una de sus características fue su expansión a partir de un convento reformado, lo que se puede señalar como un ejemplo de reforma a partir de la base. En estas “Congregaciones de observancia” se quiere volver a la experiencia primera de la Orden y se resuelve el problema de la pobreza buscando una línea media: queda la “mendicidad” como ideal, pero se corrige con otros medios de subsistencia, cuando aquella se mostraba insuficiente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El caso de la Orden de los carmelitas, sea en el s. XV como en el XVI, sigue un itinerario parecido. Se pueden enuclear varias reformas serias: dos de “Congregaciones de observancia” fuera de España ya en el s. XV (las de Mantua en Italia y de Albi en Francia), y las del s. XVI, la general de Nicolás Audet de toda la Orden (1524), y la teresiana en España, que coincide con la historia de la reforma de la gran Santa Teresa de Jesús (1515-1582), seguida por su discípulo San Juan de la Cruz (1542-1591), los dos grandes místicos y literatos incomparables en su género. En España hay otras órdenes mendicantes, que en esta misma época siguen el camino de la reforma y que tendrán también un papel importante en la evangelización americana, principalmente los Mercedarios y los Trinitarios, ambas órdenes fundadas para la redención de cautivos en manos de los musulmanes del Norte de  África. La primera de estas dos órdenes, que pasarán tempranamente a América (el capellán de Cortes fray Bartolomé de Olmedo, muerto en 1524, era un mercedario),  desarrollará un papel fundamental en la historia de la evangelización americana.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La estructura de las “Congregaciones de observancia” de los mendicantes son bastante comunes. Son ordinariamente reconocidas, algunas por documentos papales (de derecho pontificio), otras por el general de la misma Orden. No crean sistemas jurídicos nuevos, como en el caso de los monjes; introducen sólo un gobierno doble, casi completo, dentro de la misma Orden, autónomo en relación a sus provinciales locales, pero no en relación al general de la Orden. La historia de cada caso muestra con frecuencia caminos y características peculiares. Estas reformas quisieron ir a la raíz de los males y cortarlas de cuajo. Se caracterizan en general por la pobreza vivida, la austeridad, la vida común, la penitencia aflictiva, la meditación y la “lectio divina” y con ella el silencio; un monje-abad de Monserrat en Cataluña preparará un tratado y meditaciones titulado “Exercitatorio de la vida espiritual” que ejercerá un influjo notable en tal sentido en todas las Órdenes de observancia. Al contrario, el tiempo dado al estudio estaba marcado por las necesidades apostólicas más que por una necesidad intelectual en sí; puede decirse, que sobre todo en sus comienzos, hubo una reacción contra los estudios académicos, o al menos una indiferencia y desestima para la formación sacerdotal. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La razón de esta desestima, sobre todo en el mundo de los monjes de este tiempo, era el pretender una oposición entre el monje “homo devotus” y “homo spiritualis” por una parte y del “homo doctus” por otra. El problema se empezará a resolver a lo largo de los primeros decenios del s. XVI, cuando los monjes reformados comienzan a erigir también colegios universitarios, pero el desarrollo fue bastante lento. Por su parte en las Órdenes de observancia encontramos actitudes muy diversas. En el caso español los agustinos, por ejemplo, son más bien contrarios. Lo mismo sucede con otras Órdenes. El rechazo de los grados académicos se fundaba en que habían sido en su tiempo una de las causas de la decadencia religiosa. Los dominicos resuelven el problema admitiendo a los mismos a frailes de virtud probada, y combatiendo los antiguos privilegios que tenían los titulados lectores (profesores o doctores). Poco a poco todas estas Órdenes resuelven el problema instituyendo en cada provincia casas de estudios, esto a partir de mediados del s. XV; sin embargo sigue durante mucho tiempo la oposición a los grados académicos. Así los agustinos de Castilla tardan hasta 1542 en organizar los estudios humanísticos, filosóficos y teológicos, cuando el General Seripando le impone una organización de los estudios para dar una mayor formación a los frailes candidatos al sacerdocio. La solución al problema fue positiva gracias a que la Observancia religiosa se consideró el valor principal al que se debían subordinar los otros valores. Además la solución ejemplar la habían ya ofrecido las grandes figuras reformadoras, que entran doctas y santas, es decir estrictamente observantes y regulares, y que se encontraban tanto en los monjes reformados como en las Congregaciones de Observancia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuanto hemos afirmado sobre la reforma de la vida religiosa en los reinos españoles de Castilla y Aragón, se puede aplicar en parte, aunque no con la misma radical insistencia, en el reino de Portugal. Entre las reformas destaca la de los franciscanos, llamados “Capuchos” (que no se debe confundir con los Capuchinos), favorecida por Alfonso V, y cuyo centro fue Varatojo. Estos franciscanos se distinguirán también por su compromiso en la empresa evangelizadora portuguesa bajo el Padroado.&lt;br /&gt;
7.5. La reforma del episcopado en la España de los Reyes Católicos y de comienzos del s. XVI. Los Reyes Católicos, la Reina Isabel sobre todo, habían promovido una reforma del clero diocesano y regular, basados en criterios válidos, no siempre exentos de cálculos también políticos, que Fernando no siempre había aplicado. No faltarán tensiones entre Fernando (+1516), Julio II y León X sobre las provisiones episcopales, porque el rey tendía a presentar los candidatos con el sistema de la “súplica”, cuando no existía el patronato (como era el caso de Granada). Con los criterios adoptados –naturales de los reinos, honestos, de la clase “burguesa”, doctos- los reyes Católicos no solamente habían puesto en marcha una reforma, especialmente en Castilla; habían también unido los obispos a la Corona. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Carlos I (V), nieto y sucesor de los Reyes Católicos (rey 1516-1556), quiere obtener de la Sede Apostólica lo que la misma había concedido con un concordato en 1516 a Francisco I de Francia. Lo obtiene de Adriano VI (1522-1523) (que había sido su consejero y regente en Castilla durante su ausencia obligada por motivos de su elección como emperador del Sacro Imperio Romano en 1520); es decir el patronato sobre Castilla y Aragón, tras haberlo obtenido sobre Pamplona (Navarra) (4-28 de mayo de 1523) con el ius patronati et praesentandi. Con la bula “Eximiae devotionis affectus” (6.9.1523) obtiene el patronato, por lo tanto el derecho de presentar a los candidatos, a todos los obispados, abadías y otros beneficios consistoriales. Tal concesión fue revocada el 3 de abril de 1527 bajo Clemente VII (1523-1534) con el voto del Consistorio, porque había sido concedida sin el voto del Colegio cardenalicio; tras el saqueo de Roma (1527), con la bula “Etsi ea quae” en Bolonia, antes de la coronación imperial de Carlos V (el 11 de enero de 1530), confirmada por Pablo III el 7 de julio de 1536, Carlos V obtenía de nuevo el patronato y el derecho de presentación. Desde este momento en adelante, durante siglos, los nombramientos episcopales estarán en manos del Rey de España en sus Reinos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La reforma de la vida eclesiástica comenzada por los Reyes Católicos empieza por la elección al episcopado de obispos doctos y rectos. Criterios de reforma: que fueran españoles, doctos, virtuosos, llanos (no aristócratas), residentes. &amp;quot;El clero de España es el nervio de la Cristiandad&amp;quot;, habría dicho San Carlos Borromeo en los tiempos del Concilio de Trento . Los Reyes quieren que el Papa nombre obispos españoles porque debían residir en sus diócesis, de vidas íntegras; no nobles, para que no se convirtiesen en señores feudales. En su época brillaron de manera especial algunas figuras. Entre ellas destacan las figuras del jerónimo fray Hernando de Talavera (c. 1430-1507), primer arzobispo de Granada después de la Reconquista, confesor de Isabel la Católica y el tipo ideal de obispo; el arzobispo, y teólogo dominico de Salamanca, fray Diego de Deza (1443-1523), el arzobispo y cardenal franciscano fray Francisco Jiménez de Cisneros (1436-1517) . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hernando de Talavera lleva una vida santa, con la celebración diaria de la Misa, el catecismo a los niños, reunión-capítulo mensual con los párrocos, y fundación de un seminario modelo, entre otros aspectos. Diego de Deza formó parte del Consejo de Sabios que examinó las propuestas de Colón, y fue uno de los pocos que consideró las mismas como viables. De ahí nació la gran amistad y admiración que el Almirante sintió siempre por Deza. Francisco Jiménez de Cisneros, figura fundamental en la historia religiosa y política de la España de su tiempo y en los comienzos de la evangelización de América, quien reformó a su Orden franciscana de la que era provincial en medio de oposiciones y de luchas. La Reina Isabel le ayudó en estas reformas, especialmente en la de las monjas. Para formar el clero funda los llamados “collegia minora” para el estudio de las letras, y los “collegia maiora” para la filosofía y la teología. Recomienda al clero doctrina, pureza de costumbres, empeño pastoral y litúrgico. Él fue el restaurador en Toledo de la liturgia mozárabe. En el mundo de la cultura ha pasado a la historia como humanista en cuanto funda la Universidad de Alcalá (Complutum) (1508) con un claro planteamiento humanístico y moderno, que edita la Biblia poliglota complutense en 6 volúmenes. Edita también varias obras devocionales en español, como la Vida de Cristo de Ludolfo y otra obras de la “Devotio Moderna”, que prepararon el florecimiento de los grandes místicos del siglo XVI. Además renovó la enseñanza de la teología. Su metodología será indicada por el teólogo dominico Melchor Cano en su “De locis theologicis” y por los estudios jurídicos del también dominico Francisco de Vitoria en Salamanca. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era un nuevo método de estudio de la teología que superaba el bizantinismo de una escolástica decadente, y trataba las cuestiones más importantes y candentes del momento. Se quería una exposición sencilla, sobria, elegante, a partir de las fuentes (Escritura, Padres, Concilios, documentos eclesiásticos); sustituye las “Sentencias” de P. Lombardo con la “Summa theologica” de Sto. Tomás. Así se preparan los maestros de los grandes teólogos españoles que acudirán a Trento o a sus discípulos. En Alcalá estudiará una  falange de grandes figuras del humanismo español, algunos como San Juan de Ávila (c. 1499-1569), declarado doctor de la Iglesia (2012), o personalidades que ejercitarán un papel importante en la historia de la evangelización y de los derechos humanos en América, como el p. jesuita José de Acosta (1540-1600) .  Esta Universidad contará con célebres maestros, entre ellos el dominico Domingo de Soto (1494-1560) y celebres alumnos. Con algunos entablará una amistad duradera, como con Don Pedro Guerrero, futuro arzobispo de Granada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La España cultural de la época comienza a respirar con los dos pulmones culturales de las universidades de Salamanca y de Alcalá. En estas universidades asistimos a un renacimiento del humanismo renacentista, con varias corrientes que lo caracterizan: vuelta a los estudios bíblicos en Alcalá (Biblia Políglota), con referencias a una teología positiva, siguiendo las huellas de los Padres, y reformismo eclesiástico. Encontramos también en ellas corrientes humanísticas, filosóficas y teológicas de matrices diversas, como el tomismo, el escotismo, y en medida menor algunos brotes nominalistas, y el influjo de humanistas como Erasmo y Tomás Moro. En estas universidades echan sus raíces las corrientes jurídicas que las harán célebres en el campo del derecho de gentes o internacional, con figuras como los dominicos Francisco de Vitória y Domingo de Soto y otros conocidos teólogos que ejercerán un fuerte influjo en el Concilio de Trento (1545-1563). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta reforma del episcopado no encontró un camino llano y fácil. Cuando Fernando el Católico muere en 1516, el cuadro del episcopado español no era homogéneo. La mayor parte de los obispos era ciertamente digna y muy convencidos del servicio al Rey, de buena altura eclesiástica e intelectual, aunque se daban casos de obispos poco dignos, nombrados por motivos de parentesco; había cardenales que no residían en sus sedes, nombrados por razones de amistad; había también obispos nobles, nombrados gracias a su proveniencia social y algunos por ser flamencos o por intereses con aquellos territorios bajo la Corona española, a partir de Carlos V . El emperador Carlos trató de seguir los criterios establecidos por los reyes Católicos, pero no siempre los mantuvo totalmente, lo que llevó a veces a consecuencias negativas, aunque en menor medida que en otros países europeos. ¿Cuáles habían sido los criterios de los reyes Católicos, sobre todo de Isabel? Ante todo la elección de personas doctas. Carlos V escogerá fundamentalmente personas preparadas y bien formadas en colegios eclesiásticos universitarios españoles, en los “Estudios generales” de los religiosos y en las universidades italianas. En su día, el cardenal franciscano, arzobispo de Toledo y primado de España, confesor y consejero de la reina Isabel y luego regente del Reino hasta su muerte (+ 8.11.1517), optó por teólogos, preferentemente canonistas, contra la tendencia que se daba en Italia, Inglaterra y franca. Este criterio será luego seguido por el Consejo real. Por ello los obispos españoles darán una notable aportación en el concilio de Trento. La reina Isabel había querido obispos honestos y había seguido rigurosamente este criterio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fernando fue menos severo en este campo, por lo que encontramos algún caso de obispos con hijos como  Alonso de Aragón (+1520), hijo del rey Fernando, arzobispo de Zaragoza y con hijos. Por su parte Carlos V aplicó aquel mismo criterio, también porque podía disponer de sacerdotes formados en los colegios de Talavera y de González Mendoza. La extracción social de los obispos era prevalentemente de la clase media. Carlos V por su parte nombrará luego también nobles, españoles y extranjeros, por motivos de gratitud y no siempre por razones eclesiásticas. El primero de ellos fue el joven Guillermo de Croy, de 20 años, que sucedió al gran Cisneros en Toledo ; era ya obispo de Cambray y cardenal, y nunca puso los pies en España. Dio también el obispado de Valencia a Eduardo de la Marca, obispo de Lieja, porque le servía para el Imperio . Se cuentan hasta 30 provisiones suyas de este tipo de obispos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para salvar el principio de los Reyes Católicos (“obispos naturales de estos reinos”), el rey Carlos concedía “cartas de naturalización” por las que se habilitaba a estos extranjeros a ser nombrados obispos de cualquier diócesis española; y si no podía dar provisiones de obispados, les daba pensiones sobre las rentas de estas diócesis. Estas provisiones llevaron al absentismo. Los obispos españoles debían comprometerse a residir en sus diócesis para poder recibir la provisión, con una especie de pacto, como dirá un obispo español en el concilio de Trento. Pero no la exigía de los extranjeros, que a veces eran cardenales italianos de curia. La exige de los españoles residentes en Roma o en la Corte. Pero era él mismo a dificultar o a imposibilitar la residencia porque se servía de los obispos para los servicios administrativos, civiles, para la dirección del consejo real, para las Cancillerías de Valladolid y de Granada, como embajadores, etc. Así, por ejemplo, el cardenal Pedro Pacheco, primer obispo residencial de Pamplona después de 80 años, nunca estuvo ni en Jaén ni en Sigüenza, sedes a las que había sido trasferido (1545-1560), y fue también virrey de Nápoles. El inquisidor Fernando Valdés nunca residió en alguna de las diócesis para las que había sido nombrado, e incluso consideraba abstractos a los “frailes teólogos” (como Victoria) y a los predicadores, como Pablo de León, que criticaban duramente este ausentismo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por todo ello vemos que en tiempos del emperador Carlos V en sus dominios europeos, también en España hubo periodos en los que encontramos que pocos obispos residían en sus diócesis. El hecho ahondaba sus raíces en motivos de ambiciones a ser trasladados a sede más importantes, por ser más ricas, con posibilidades de ejercer influencias y tener mayores poderes; en una palabra, una mundanidad infiltrada en aquellas esferas episcopales, denunciadas con dureza por parte de figuras episcopales del calibre del agustino Santo Tomás de Villanueva (1486-1555), arzobispo de Valencia , y más tarde en el concilio de Trento por parte del obispo dominico portugués Bartolomé de Martyribus en su “Stimulus pastorum” .  A pesar de estos límites, serán los obispos españoles quiénes en Trento lucharán por la reforma del episcopado y por la residencia de los obispos en sus diócesis.&lt;br /&gt;
7.6. El clero inferior. Hacia finales del s. XV y comienzos del XVI el clero, tanto el secular como el regular, contaba como ya se ha indicado, un alto porcentaje de miembros. En el clero diocesano había un clero “medio”, al que pertenecían los canónigos de los capítulos, el de las colegiatas y los párrocos de parroquias importantes. Los canónigos como cuerpo habían sufrido el contragolpe de la acción de los reyes Católicos. Esta clase clerical pertenecía de hecho a la antigua estructura feudal, por lo que buscaron  defender su posición. Con frecuencia vivían con un tenor de vida bastante secular y garantizaban también una serie de beneficios a su parentela, por lo que con frecuencia accedían a estos cargos, más por intereses económico-sociales que por vocación a la vida clerical. Pertenecían al considerado clero bajo, la mayoría de los párrocos, de los capellanes y de los beneficiados menores. Tenían que ejercitar un oficio para poder vivir porque las rentas del beneficio no eran suficientes. Los reyes Católicos trataron reformar también a este clero, juntamente con obispos y otros prelados, buscando la promoción del sacerdote reformado ideal. En esta empresa tendrán luego un papel fundamental  muchos tratadistas teológicos, jurídicos y humanistas como Vitoria, el arzobispo de Toledo Carranza, Soto, San Juan de Ávila, fundador en su tiempo de varios colegios-seminarios para la formación del clero, ya antes de Trento , Luis de Granada y otros muchos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A la luz de cuanto descrito surge una pregunta obligada: ¿Se puede hablar en un sentido apropiado y estricto de una Iglesia “nacional” española, como se habla de la “Iglesia galicana” en Francia o de la “Iglesia anglicana” en Inglaterra? Las tendencias eclesiales centrífugas se dan en varios países de Europa y se agudizarán a partir del siglo XVI. No parece que se pueda hablar en el mismo sentido en el caso español y en el portugués. Ciertamente en España y Portugal se podría ver en sistema  del “Patronato” y del “Padroado” una expresión centrífuga. Sin lugar a dudas existe una conciencia bastante claro de la propia identidad nacional y eclesial, pero sin llegar a los límites de las concepciones de buscar la creación de una Iglesia autónoma del Papado, ni siquiera la defensa de “unas libertades eclesiales adquiridas” como sucedía en otros países europeos. La fidelidad al Romano Pontífice nunca fue puesta en duda a lo largo de esta historia ni por los Reyes ni por los obispos, juristas y teólogos españoles. Incluso el largo proceso de elaboración de la doctrina sobre el Patronato no fue ni fácil ni unánime. Se legisló sobre la exclusión del episcopado de todo extranjero, en la práctica esta regla fue con frecuencia olvidada o se encontraron salidas para evitarla. Incluso las “represalias” que tomaban los Reyes contra Roma, fueron siempre mitigadas por el realismo en las relaciones, tensiones sin ruptura, que al final se recomponían. En todo caso serán más duras en el siglo XVIII con la dinastía de los Borbones, incluso con nuevas y más radicales interpretaciones en favor de las dos Potencias católicas del Patronato o del Padroado, pero ya era una situación nueva que la Iglesia vivía en toda la antigua cristiandad europea bajo los regímenes del absolutismo ilustrado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==NOTAS:==&lt;br /&gt;
  &lt;br /&gt;
&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==BIBLIOGRAFÍA:==&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
'''FIDEL GONZÁLEZ FERNÁNDEZ'''&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.56.173</name></author>
		
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		<title>ESPAÑA; la sociedad española en la época de los descubrimientos</title>
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		<updated>2014-03-31T20:14:44Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.173: /* 4. La mentalidad común de la época ante la infidelidad y la herejía */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;==ESPAÑA; la sociedad española  en la época de los descubrimientos== &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==1. La España de los Reyes Católicos==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Durante la llamada Edad Media, la Iglesia había sido el punto de referencia en la creación en la Península Ibérica de una historia común. Algo semejante había sucedido también en la Europa medieval, pero en el siglo XVI aquella historia común europea se interrumpe con las divisiones religiosas y culturales. El momento en el que sucede el encuentro entre España y América coincidió con el paso de una época a la otra. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La unidad dinástica de los reinos hispanos sucede en 1479 con la fusión personal de Castilla-León y Aragón-Cataluña, por el matrimonio de los dos monarcas de ambos reinos: Isabel I (la Católica) de Castilla-León y Fernando V (el Católico) de Aragón. Doce años después (el 6 de enero de.1492),con la reconquista del reino moro de Granada, se cierra el ciclo de la reconquista y la unidad practica de los reinos españoles, bajo el lema que adoptan de igualdad de poderes y unidad de decisiones de las dos Coronas en una, con el lema “''tanto monta, monta tanto, Isabel como Fernando''”, y la simbología heráldica para expresar aquella unión (el ''Yugo'', letra inicial de Isabel, entrelazado con la ''Flechas'', letra inicial de Fernando). Este hecho tendrá repercusiones incalculables en el futuro de la misma España como en el Nuevo Mundo, que pronto iba a entrar en la escena mundial de la mano española. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una frase: &amp;quot;''en cabeza del rey''&amp;quot;, iba a expresar lapidariamente el papel de la monarquía en aquella empresa: frase que ya se encuentra en autores de la primera hora, y que viene a significar el papel o responsabilidad del Rey o de la Corona en todos los asuntos del gobierno, tanto civil como eclesiástico, del Nuevo Mundo: administración de la justicia, patronato, legislación, defensa de los derechos del indio, etc., como Fray Domingo de Betanzos, Francisco López de Gómara, en su ''Historia General de las Indias'', o más tarde Felipe Guamán Poma de Ayala (comienzos del s. XVII) y muchos otros recuerdan en sus historia y crónicas.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
La España de los reyes Católicos era una España claramente identificada con la historia que le había dado origen. Su monarquía conservaba todavía esta conciencia. Tal es la clave para comprender muchas iniciativas políticas y religiosas de los Reyes Católicos, Isabel I la Católica de Castilla y Fernando V el Católico de Aragón, y de sus descendientes, principalmente Carlos I (V como emperador del Sacro Romano Imperio Germánico) y Felipe II, y de sus descendientes los demás reyes de la Casa de Austria española (o Augsburgo). Durante el reinado de los reyes Católicos acontecen en la historia nacional española algunos grandes hechos: la unión dinástica de los dos grandes reinos ibéricos de Castilla-León y de Aragón-Cataluña con el consiguiente reforzamiento de la monarquía y la regularización del sistema administrativo de la Corona; la reforma de la vida eclesial en sus diversos niveles; la conclusión de la lucha secular de la reconquista del dominio musulmán del suelo patrio, que antiguamente había formado el reino hispano-visigodo; el comienzo de la expansión transoceánica que dio como resultado la llegada a las tierras del Nuevo Mundo, que para el historiador, capellán de Cortés, Francisco López de Gómara, había sido “''el más grande acontecimiento después de la creación del mundo si se exceptúa la encarnación y la muerte de Aquel que lo había creado''”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta empresa política, pero también evangelizadora, fue posible gracias a la existencia de un sujeto tanto político como católico en la comunidad hispana, impregnada en este último caso de una conciencia de la fe católica, sea a nivel popular como en la Corona. Los Reyes Católicos tenían una clara conciencia de su autonomía política en la esfera secular. La tenían también como cristianos. También como príncipes católicos no estaban exentos de una mentalidad jurídica muy extendida en las relaciones entre los Estados cristianos nacientes y la Iglesia de querer controlar la vida eclesial en sus Estados, pretensión común en los gobernantes (o príncipes) cristianos de esta edad moderna. Tal pretensión, que databa ya de siglos anteriores, llevaría en muchos casos a caer en la tentación, nunca escondida, de crear de hecho Iglesias nacionales, bajo el control del Estado. En el siglo XV, a pesar de la crisis conciliarista, tenían una sana conciencia del papel del Papa como cabeza de la Iglesia y reconocían su misión y supremacía en el campo eclesial y espiritual, “''no reconociendo superior temporal sino a Dios Omnipotente, y dando la obediencia espiritual debida al Sumo Pontífice y a la Iglesia apostólica de Roma''”, como escribía entonces Fernández de Oviedo, uno de los primeros testigos e historiadores de la conquista en el Nuevo Mundo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El papel de la corona fue fundamental en los tres siglos siguientes, tanto en el ámbito de los descubrimientos y de la colonización, como en el de la evangelización. Ya desde el alba de la presencia española en el Nuevo Mundo, los Reyes Católicos emanaron una serie de disposiciones o cédulas legales y administrativas con el fin de regular un gobierno recto en aquellas tierras, y afrontar las problemáticas humanas, políticas y evangelizadoras que aquellas situaciones inéditas planteaban. En tal sentido el testamento del 12 de octubre de 1504 y el codicillo de Isabel la Católica añadido el 23 de noviembre de 1504, tres días antes de morir, dan las directivas del proyecto político (relación entre españoles e indios, y derechos de éstos) y de la evangelización e implantación de la Iglesia en América. Aquel texto fue codificado y se convirtió pronto en un texto legal, caso único en la historia constitucional de un país, entrando así a formar parte de la legislación de España sobre las Indias hasta las independencias de sus países.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==2.La población española en el momento del descubrimiento de América== &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se calcula que en el momento del descubrimiento de América, España tenía unos ocho millones de habitantes. De ellos, antes de 1492, medio millón eran judíos (la expulsión en masa de los mismos acontece en 1492) y un millón de mudéjares&amp;lt;ref&amp;gt;Mudéjares: musulmanes que vivieron en convivencia con los cristianos, tras ''la reconquista'' por éstos del territorio peninsular español. La palabra “mudéjar” deriva del vocablo árabe ''mudayyan'', equivalente a “vasallo” o “sometido”; acepción etimológica que no aparece en la documentación medieval, pero que se populariza a partir del siglo XIX.&amp;lt;/ref&amp;gt;a los que luego habría que añadir los “moriscos”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Cómo se distribuía socialmente esta población? Un 80 % era rural. Se daba una endeblez numérica de clases. Lo que hoy se suele llamar &amp;quot;clase media&amp;quot; (pero que en este caso sería un anacronismo), puede ser distribuida de la siguiente manera: un 3%, que no eran clé¬rigos, ni militares, ni campesinos, ni patricios urbanos; eran gente común. Había unos 75.000 clérigos o eclesiásticos&amp;lt;ref&amp;gt;Algunos hablan de un total de unos 40.500 miembros del clero secular o diocesano, pero las estadísticas no son siempre fiables.&amp;lt;/ref&amp;gt;, el 1% de la población, de los que unos 2000 o 3000 pertenecían al llamado &amp;quot;clero alto&amp;quot;. Los nobles o hidalgos de variada posición y entidad eran unos 115.000, el 2% de ese número total. En cuanto a la propiedad las tierras, éstas pertenecían al 2% o 3% de la población que poseían el 97% de las mismas. Esta alta aristocracia, personal o jurídica, era dueña de la mitad de España. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Y cómo se componía ésta aristocracia? Se contaban unas 50 familias unidas por vínculos de sangre y que constituían de hecho una fuerza social, política y económica paralela a la del rey, como lo demuestran las convocatorias de frecuentes “Cortes” para tratar los asuntos importantes del Reino, proclamar o reconocer al rey, que debía jurar sus fueros&amp;lt;ref&amp;gt;Los ''Fueros'' (del latín forum; derechos, leyes) son un cuerpo de leyes, considerado entre las más importantes fuentes del derecho en España.&amp;lt;/ref&amp;gt;, proclamar ante ellas por parte del rey leyes, cédulas reales o disposiciones en los campos civil o eclesiástico y determinar la política a seguir en el Reino. Las Cortes eran en la antigua historia española medieval y en los comienzos de la moderna una asamblea general del Reino que convocaba el rey en los antiguos reinos de España para tratar asuntos de estado, generalmente, la elaboración de leyes y la concesión de impuestos: a las Cortes acudían los representantes del clero, de la nobleza y de las poblaciones importantes, ayuntamientos de ciudades y de villas. En las “Cortes” se encontraban representadas las diversas entidades o corporaciones que componían el Reino. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En todo este tren de vida política, algunos nobles (en realidad pocos), descendientes en buena parte de antiguas familias de caballeros, protagonistas en la reconquista, o de otros nuevos allegados por méritos o por influencias, ocupaban puestos en la Corte real, la que en esa época solía ser “ambulante” a lo largo de ciudades y villas del Reino. Estos nobles, que con frecuencia poseen sus castillos y palacios, comienzan a llevar un tren de vida a veces fastuoso. Estaba luego una pequeña nobleza de mayor peso social y económico, y otra mediana formada por militares, hijosdalgo, y caballeros, que constituyen dos poderosos es¬tratos sociales. El estamento militar asiste por derecho propio a las Cor¬tes. Vive en posesiones rurales e influye en el gobierno a través de la parentela y vínculos de nobleza. De esta pequeña noble¬za se recluta lo mejor de los capi¬tanes, diplomáticos y funcionarios. De la pequeña nobleza salieron muchos obispos (&amp;quot;llanos&amp;quot;, no pertenecientes a la aristocracia o alta nobleza). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se debe también hablar de una incipiente nobleza urbana: terratenientes, ricos por herencia, no comerciantes, y que es más culta que la nobleza militar. Sus hijos llenaban las universidades. También de aquí salen canónigos, obispos, abades. Fueron excelentes secretarios y administradores. Los pobladores de las pueblas (poblaciones fundadas con privilegio real y cuyos vecinos formaban “ayuntamientos” y concejos) y las villas (con sus pobladores llamados &amp;quot;villanos&amp;quot;) tienen acceso o movilidad de ascenso a ese tipo de nobleza y constituyen una parte importante y fundamental en la estructura del Reino. La tendrán en el poblamiento español del Nuevo Mundo con sus fundaciones, al estilo castellano o de la madre patria. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la estructura y en la vida social y política del Reino se encuentra el clero. Constituye un grupo social peculiar dentro de la sociedad. Dentro de él hay de hecho un clero socialmente alto y otro clero bajo, no por procedencia social, sino por los puestos que ocupan en la estructura eclesiástica. El clero tiene un fuerte espíritu corporativo (como en los otros países de la cristiandad medieval hasta la edad contemporánea) para defender sus inmunidades. Su fuerza económica la constituyen los diezmos (en especie, que se subastaban). La mentalidad de cada estrato era fuerte y reflejaba con frecuencia también su procedencia social. El papel del alto clero era notable. Constituían la columna vertebral de muchos sectores de la administración pública, cancilleres, presidentes y miembros del Supremo Consejo de Indias, cuando éste fue creado, y de muchos tribunales. Personajes fundamentales en la España de los tiempos del descubrimiento de América, como el arzobispo Talavera, Deza, los cardenales Cisneros y Mendoza, por citar nombres universalmente más conocidos, lo demuestran. En conjunto forman un grupo notable por &amp;quot;letras y virtud&amp;quot;. Muchos de ellos actuaron en la vida política e incluso en la militar; son parte de la última hornada de prelados-capitanes, como lo fue incluso el cardenal franciscano reformador Francisco Ximénez de Cisneros (que tiene su proceso de canonización introducido). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dentro del clero se encuentra una especie de alto clero menor, generalmente hacen parte de ella los prebendados (que eran dignidades, canónigos o racioneros de alguna iglesia catedral o colegiata). Normalmente son de elevada categoría intelectual. Existen 47 capítulos ca¬tedrales de gran poderío económico y con un nivel moral bastante bueno en general. Sin embargo entre el bajo clero, incluso entre el religioso, se da a veces inmoralidad, ignorancia y pobreza. Este fenómeno de decadencia en una parte del clero regular y secular era un fenómeno de la cristiandad europea de la época, con numerosos intentos de reforma por parte de papas y concilios a lo largo del siglo XV y comienzos del XVI. Basta recordar cómo el tema de la reforma del clero aflora y es tratado específicamente desde el Concilio de Constanza (1414-1418), Ferrara-Florencia (1438-1445), Lateranense V (1512-1517). En este cuadro el caso español corresponde al del resto de Europa. Sin embargo no se puede generalizar. Los concilios provinciales vigilaban y urgían por una reforma de las costumbres entre el clero. El siglo XVI será un siglo de notables &amp;quot;reformas&amp;quot; en este sentido, que verá el florecimiento de muchas Órdenes religiosas reformadas, de varios concilios provinciales y culminará con las reformas del Concilio de Trento (1545-1563). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Había en la España a la que nos referimos lo que se podría llamar &amp;quot;grupos medios&amp;quot;, aunque el término no corresponda a la moderna acepción de “clase social”. Eran gentes de ejercitaban oficios y menesteres necesarios en toda sociedad, especialmente en villas y ciudades como mercaderes y comerciantes, no¬tarios, abogados, barberos (que ejercitaban a veces también una medicina rudimentaria, pero importante), médicos y curanderos y pequeños administradores. Demográficamente eran débiles. De ellos salía 1/3 o 1/4 de los regidores. Solían componer (en reinos como en Aragón) los cabildos de las ciu¬dades. Son la raíz de la futura burguesía industrial y mercantil.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los artesanos constituían una especie de clase o grupo modesto urbano, que vivían asociados en gremios. La artesanía era más bien patriarcal y familiar, y menos técnica de taller, como en Italia o en Flandes. Proporcionaban un tercio o un cuarto de los regidores&amp;lt;ref&amp;gt;Los regidores eran los concejales de los ayuntamientos, miembros del cabildo de Indias o de las corporaciones locales.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Constituían la masa popular en los festejos. Este grupo social tiende a superarse y a presentarse bien. Su vida era suficientemente holgada. La población de todas estas clases sociales componía el 20% de los habitantes de España. Luego estaban los campesinos, que son un 80%, en desigualdad de condiciones, según las regiones. Había campesinos &amp;quot;de señorío&amp;quot;, a veces en penosas condiciones, y campesinos de realengo&amp;lt;ref&amp;gt;Poblador o vecino de una circunscripción o concejo que no era de señorío ni de las órdenes, y que pertenecía a la Corona.&amp;lt;/ref&amp;gt;, a veces muy dignos. Pero toda la población vivía a veces sometida a calamidades y grandes crisis, comunes a todo el resto de Europa, como pestes y enfermedades endémicas y crónicas, sequías o superabundancia de lluvias, inviernos crudos, o veranos tórridos; todo ello provocaba muertes frecuentes y prematuras, y hambrunas frecuentes, sobre todo en las tierras más áridas o secas como las castellanas. Sin embargo estas penosas situaciones, con frecuencia endémicas, no provocaron sublevaciones populares, como sucedió en otros lugares de Europa; basta pensar a las sublevaciones de los campesinos y de los caballeros en la Alemania de los tiempos de Lutero o en otras semejantes en la Italia e incluso en la Roma de los siglos XIV y XV.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y ¿cuál era el valor monetario corriente en esta época? En el caso español el más común era el &amp;quot;ducado&amp;quot;, que correspondía a 375 maravedís, una equivalencia a unos ocho jornales de obrero especializado o veinte jornales de un peón. El marqués de Villena, por ejemplo, tenía 100.000 ducados de renta al año. La Iglesia (sus instituciones y su personal ministerial) tenía seis millones de ducados de renta: dos millones el clero re¬gular y cuatro, el clero secular.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==3. La España católica y la Reconquista==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
1. ''Carácter y temperamento del catolicismo español de la época'': ¿Cómo se explica la vehemencia y también la fuerza del catolicismo español? Hay muchas teorías y opiniones al respecto. No hay que olvidar la característica historia cristiana española a partir del siglo VIII, cuando los musulmanes del Norte de África invaden el Reino español de los visigodos y lo desbaratan en la batalla de Guadalete (Andalucía) donde perece el último rey visigodo Don Rodrigo, que pasará a la leyenda épica española en multitud de romances (711). Casi todo el Reino visigodo español cae bajo dominio musulmán, si se exceptúan las regiones montañosas del Norte, astures, cántabros, vascos, y zonas de la Navarra y de la Cataluña pirenaica. En el año 721 encontramos los hechos conocidos como “''batalla de Covadonga''” en las montañas de Asturias, donde un príncipe visigodo, Don Pelayo (+737), levanta el estandarte de la &lt;br /&gt;
Cruz contra el invasor musulmán y da comienzo a la Reconquista, que se concluirá en 1492, en Granada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue el comienzo del minúsculo Reino de Asturias, que lentamente alargará sus fronteras reconquistando los territorios de León y luego las mesetas castellanas. Dará lugar así al nacimiento, como prolongación del reino asturiano del de León (s. IX), y más tarde al de Castilla (s. X) (Castilla y León unidas de nuevo a partir del 1230), del que nacerá con el tiempo el condado de Portugal (condado dependiente de Castilla a partir del 1094 y luego reino, totalmente autónomo). En el caso Asturiano ya a finales del siglo VIII se funda la ciudad de Oviedo (760), alrededor del monasterio benedictino de San Pelayo, donde el rey Fruela  I (757-768) establecerá su Corte y que alcanzará un notable esplendor artístico en tiempos de su hijo y sucesor Alfonso II el Casto (rey 792-842), contemporáneo de Carlo Magno, con el que mantendrá relaciones culturales y políticas. Nace así aquel arte que todavía hoy se contempla en la región asturiana, el llamado “pre-románico”, la preciosa Cámara Santa de la Catedral de Oviedo, como relicario de valiosas reliquias traídas del resto de la España invadida por los musulmanes, entre ellas la Cruz de la Victoria (símbolo de la reconquista, levantada por su primer caudillo don Pelayo), la de los Ángeles símbolo heráldico de Oviedo, de tiempos del rey Alfonso II, el Santo Sudario y otras muchas de indiscutible valor histórico y religioso. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este tiempo de Alfonso II el Casto, comienza la histórica peregrinación hacia Compostela, lugar donde se señalaba la traslación de las reliquias del Apóstol Santiago y que dará lugar a uno de los tres grandes centros de peregrinación medieval: Santiago, Roma y Jerusalén. Algo semejante comienza a suceder en las estribaciones de los Pirineos aragoneses (como en los alrededores del monasterio de San Juan de la Peña) y catalanes. Son las raíces tempranas de varios condados y marcas del reino de Aragón, con una historia unida a los nacientes reinos de Navarra y de Castilla y de los condados catalanes, cuya historia autónoma comienza a caminar a partir del s. IX, y que pasados varios siglos se unirán a la Corona aragonesa (Alfonso II de Barcelona, conde de la misma y rey de Aragón, une al reino aragonés el condado hereditario de Barcelona en 1162).  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin embargo la reconquista fue dura y larga. De hecho, hacia el año 750, gran parte de la península se encontraba bajo el califato de los Omeyas, en Córdoba, fundado por Abd-er-Rhaman I (756-788), que llega a su máximo esplendor en tiempos del califa Abd-er-Rhaman III (912-961). Y sus caudillos atormentaban con continuas incursiones los territorios cristianos. Así todavía en el año 1000, el caudillo musulmán Almanzor logró llegar hasta la misma Compostela en el oeste y a Barcelona en el este, convirtiendo en tierra quemada cuanto encontraba a su paso&amp;lt;ref&amp;gt;Almanzor, Muhammad ibn Abi ‘Amir, en árabe  ???????, al-Man?ur, o sea al-Man?ur bi-llah (“Aquel que Dios ha hecho vencedor”) (c. 938-1002), caudillo militar del Califato de Córdoba desde el 978 hasta su muerte, según las fuentes árabes y algunas cristianas (Historia Compostellana e Chronicon Burgense) habría muerto en agosto de 1002 en Medinaceli (en la actual provincia española de Soria) como consecuencia de las heridas sufridas en la batalla de Catalañazor. Los hechos se encuentran en las crónicas cristianas y en las árabes, cada una con su propia versión. Tardíamente (más de dos siglos después), el arzobispo de Toledo Rodrigo Jiménez de Rada y el obispo de Lucas de Tuy repiten la historia, con algunas claras equivocaciones. Los reyes de León, de Navarra y el conde de Castilla se habían unido para atacarlo habiéndole infligido una derrota terrible. Esta derrota de Almanzor ha entrado en la leyenda y en la épica española cristiana como una de las victorias con mayor significado religioso en la historia de la reconquista. Según algunos, en Catalañazor, habría sido derrotada la “retaguardia” del ejercito de Almanzor, ya en retirada, muriendo en su campamento de Medinaceli. Cf. Gonzalo Martínez Díez, El condado de Castilla, 711–1038: La historia frente a la leyenda, Marcial Pons Historia, 2005, 581–4; Juan Castellanos Gómez, La batalla de Calatañazor: mito y realidad. Revista de historia militar, 91 (2001), 25–42; ''The New Cambridge Medieval History, III'': c. 900-c.1024, Edited by Tomothy Reuter, 27: Sicily and al-Andalus under Muslim rule; 28: ''The Spanish Kingdoms, print publication year'': 2000; on line publication year: 2008; Rafael Altamira, Il califfato occidentale, en Storia del mondo medievale (trad. della Cambridge Medieval History), Milano, Garzanti, vol. II, 1999, pp. 477-515.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Por ello también los reinos cristianos en su avanzada hacia el sur, de grandes ríos en grandes ríos, desde el Duero hasta el Tajo, van creando espacios desiertos de frontera para estorbar las frecuentes incursiones de los reinos musulmanes. Son la “Extrema-dura”, o las vacías y desérticas tierras fronterizas; se van levantando castillos y fortalezas a lo largo de la geografía hispana que darán también lugar incluso al nombre del futuro condado y reino de Castilla.&lt;br /&gt;
En esta misma época se asiste al nacimiento del califato de Córdoba, que en mundo islámico de la época es de la misma grandeza esplendorosa de los de Damasco y Bagdad, y a su historia cultural incomparable, que ha dejado una herencia imborrable en la cultura mundial e hispana. Entre el 1009 y el 1031, el califato de Córdoba se va dividiendo en pequeños estados independientes (reinos de taifas), entre los que hay que recordar: Toledo y Badajoz (1009); Murcia (1010); Zaragoza (1012); Almería y Granada (1013); Denia (1014), Málaga (1016); Valencia (1021); Sevilla (1023); Mallorca (1015); Córdoba (1031), etc.. luego: Orihuela, Huesca, Jaén, Carmona, Niebla, Algeciras. Incluso Córdoba se erige en una especie de republica aristocrática entre 1031 y 1070; es ocupada por el rey musulmán de Sevilla en 1070; conquistada por los musulmanes Almorávides de África en 1086 y luego en 1148. En 1091 los musulmanes Almohades de Mauritania invaden los reinos musulmanes de la Península ibérica (1091-1229), que serán derrotados por los reinos cristianos unidos en la batalla de Las Navas de Tolosa (1212), comenzando así la fase final de la reconquista cristiana. El rey castellano Fernando III ''el Santo'', conquistará Córdoba el 29 de junio de 1236 y Sevilla en 1248. Ya en 1085, el rey cristiano Alfonso VI de Castilla había conquistado Toledo y la había convertido en su corte; los aragoneses habían reconquistado Zaragoza en 1146. Jaime I de Aragón reconquista Valencia el 29 de septiembre de 1238. El último reino musulmán de la Península ibérica, Granada, será reconquistado por los Reyes Católicos, Isabel y Fernando, el 5 de enero de 1492&amp;lt;ref&amp;gt;“Fruto del Romanticismo literario se desarrolla en el siglo XIX la mitificación de al-Andalus. Desde entonces,. Dos imágenes por igual hipertrofiadas tienden a representar en exclusiva esta faceta de la Historia de España. Y si bien hoy nadie sostiene en serio que ignorancia, despoblación y desertificación africanas fueran el corolario inevitable de la invasión musulmana, por el contrario –y por razones muy del momento- sí subsiste una corriente publicistica que no se contenta con embellecer en su magín los surtidores del Generalife [en la Alhambra de Granada] […] y va mucho más lejos, manteniendo que un al-Andalus superior, refinado y culto sucumbió ante unos cristianos bárbaros, ignorantes y torpes. La idealización maurofila, al retomar para la Hispania musulmana dos de los mitos más caros al eurocentrismo (el del Buen Salvaje y el Paraíso Perdido), trasluce una actitud que se sale del terreno del análisis racional de la sociedad y de la Historia y se hunde en el de la fe o las creencias religiosas” (Serafín Fanjul, ''Al-Andalus contra España. La forja de un mito'', Ed. siglo XXI, Madrid 2005, 3ª edición, Presentación), con amplia bibliografía sobre el tema. El Autor trata de estudiar históricamente el influjo real del mundo cultural islámico en España, sus logros y sus límites.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''2. La Reconquista'': Entre el 830 y 1030, se vive un período de dos siglos de exaltación cristiana en la Reconquista; florece la cristiandad mozárabe&amp;lt;ref&amp;gt;Mozárabes (del árabe musta?rab, 'arabizado'; en árabe: ??????), es el nombre con el que se conocía a los cristianos que vivían en el territorio en España bajo dominio musulmán. Tenían en la esta sociedad el estatus legal de “dimmíes”, que compartían con los judíos, como no creyentes en el Islam. A efectos prácticos su cultura, organización política y práctica religiosa eran toleradas, y contaban con cierta cobertura legal. Estaban obligados a tributar impuestos de los que los musulmanes se veían exentados y sufrían otras muchas restricciones en la vida civil y religiosa, como la de no poder construir iglesias ni arreglar las ya existentes. Los mozárabes que pasaban al Islam (generalmente por motivos fiscales) y se arabizaban pasaban a ser llamados “muladíes”. La legislación islámica protegía a los no musulmanes, pero favorecía su paso al Islam con medidas de orden muy diverso, sobre todo de tipo económico-fiscal.&amp;lt;/ref&amp;gt;y nacen o avanzan los reinos cristianos: León, Castilla y Navarra, nace el de Aragón y los condados catalanes, entre los que emerge el de Barcelona cuyos condes, con el andar del tiempo, se convierten en reyes de Aragón, dándose así la unión dinástica entre ambos estados. En los siglos XI, XII, XIII: la Reconquista avanza en las diversas líneas fronterizas: del Duero, luego hasta el Tajo, con la conquista de Toledo, la antigua capital visigoda, la ciudad de las tres culturas o religiones (cristiana, islámica y hebrea, que había alcanzado un enorme esplendor cultural frente al resto de la misma Europa medieval cristiana). Por parte suya se asiste a una decadencia y luego al ocaso del califato de Córdoba, la división del mismo en números reinos de taifas que pueblan el sur de la Península&amp;lt;ref&amp;gt;Con el término re de los taifas (en árabe: ???? ???????, muluk al-?awa?if: ?a?ifa árabe significa “parte, minoría étnica, facción”) (llegarán a ser unos 39) se indican los pequeños estados que surgen como consecuencia de la decadencia, disolución y anarquía del Califato de Córdoba, a partir del 1009, con la abdicación del califa y la siguiente abolición del califato de la dinastía de los Omeyas en 1031 con la deposición del califa Hisham III. Se proclamaron numerosos pequeños reinos regidos por familias árabes, bereberes o de origen eslavo que constituyeron verdaderas dinastías tribales o familiares, que solían mantenerse en el poder con tropas mercenarias, incluidas algunas también cristianas. La situación cambia en el siglo XII con la invasión de los musulmanes del reino almorávide del norte de África, pero, disuelto este reino, comienza de nuevo otro periodo en el que nacen nuevos reinos de taifas entre 1144 y 1170, cuando otros invasores musulmanes, los almohades del Norte de África invaden estos reinos. Tras la derrota de los mismos por los cristianos en la batalla de Las Navas de Tolosa (1212), nace de nuevo otro tercer periodo de reinos de taifas de corta duración, acabando con la fundación del llamado reino nazarí de Granada, que capitulará ante los reyes católicos el 2 de enero de 1492, consumándose oficialmente la Reconquista el 6 del mismo mes y año. Aquellas divisiones favorecieron la Reconquista cristiana.&amp;lt;/ref&amp;gt;.                    &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los musulmanes del norte de África intentan reconquistar las tierras perdidas y unificar a los reinos de taifas. Son las invasiones de los almohades. Pero en el año 1212 se da el paso definitivo del choque entre los reinos cristianos españoles y los musulmanes de los almohades en la batalla de Las Navas de Tolosa. Es la época que sigue a la renovación de la vida eclesial española a través de la aplicación en España de la reforma gregoriana con el apoyo de benedictinos y cistercienses. Es también la época de las grandes peregrinaciones a Santiago de Compostela, la del románico de los siglos XI al XIII, del nacimiento del gótico con sus grandes catedrales que se extienden por toda la geografía española hasta el siglo XV. En el siglo XIII la vida eclesial se renueva a través de los canónigos regulares primero, de los frailes mendicantes luego, entre ellos Santo Domingo de Guzmán, canónigo en Osma (Castilla), y sus dominicos y la llegada también de los franciscanos, y del mismo san Francisco, peregrino a Santiago de Compostela. Fernando III ''el Santo'' de Castilla y León, reconquista Sevilla y Córdoba, y su hijo, Alfonso X ''el Sabio'', da un nuevo esplendor a las letras y a la compilación jurídica de las antiguas leyes hispanas; las tres lenguas de su Reino (latín, castellano, árabe y hebreo) formaban parte del bagaje cultural del Reino&amp;lt;ref&amp;gt;Alfonso X fomentó la actividad cultural mediante el patronazgo y dirección de la ya existente Escuela de traductores de Toledo. Dicha Escuela aglutinó a un grupo de estudiosos cristianos, judíos y musulmanes que desarrollaron una importante labor científica al rescatar textos de la Antigüedad, y al traducir textos árabes y hebreos al castellano. Estos trabajos habilitarán definitivamente el castellano como lengua culta, tanto en el ámbito científico como en el literario. El afán de Alfonso por la divulgación de la lengua vernácula le llevó, siendo aún infante, a patrocinar la versión al castellano de ''Calila e Dimna'' y del ''Lapidario''. Además fue un excelente poeta en gallego-portugués. De su extensa obra destacan: el ''Fuero Real de Castilla'', el ''Espéculo'' y las ''Siete Partidas'', entre las jurídicas; las ''Tablas alfonsíes'', entre las astronómicas; y entre las de carácter histórico, la ''Estoria de España'' y la ''Grande e General Estoria o General Estoria'', acerca de la historia universal. ''Las Cantigas de Santa María'' es obra lírica, escrita en gallego-portugués, lengua común a gran parte de la poesía ibérica hasta finales del siglo XIV, cuando aparece el Cancionero de Baena, que ya está escrito en castellano. ''El Lapidario'' versa sobre las propiedades minerales, y el Libro de los juegos sobre temas lúdicos (ajedrez, dados y tablas), deportes de la nobleza en aquel tiempo. También en el campo religioso favoreció la difusión de la Biblia. Alfonso X realizó también la primera reforma (normalización) ortográfica del castellano, idioma que el reino adoptó como oficial en detrimento del latín. Este monarca bien introdujo en España nuevos conocimientos procedentes de los más distantes confines del orbe. Su especial interés en el arte, la historia, el derecho y la ciencia ejerció una profunda influencia en el desarrollo cultural de España y del resto de Europa.&amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En Aragón brillan las epopeyas de Jaime I, el conquistador de Valencia del dominio musulmán. A pesar de episodios lamentables para los cristianos, con signos de algunas episódicas luchas dinásticas y señales de decadencia, como en el resto de Europa, los Reinos cristianos españoles han entrado de lleno en el bullir de una conciencia que camina a pasos agigantados hacia el ocaso de la Edad Media y el nacimiento de una modernidad, todavía confusa, con la constitución de reinos-naciones, raíces de los futuros estados nacionales. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''3. La vitalidad de los reinos hispanos'': En este cuadro, los reinos hispanos se encuentran ya plenamente activos en la vida tanto eclesial como civil europea, con tratados, matrimonios reales, participación en la vida cultural europea con las nuevas universidades, de las cuales Palencia y luego Salamanca, pertenecen a la primera generación, o en los grandes y dolorosos conflictos que enturbian la paz de la “christianitas” europea, como los que caracterizan el siglo XIV y comienzos del XV, como el cisma occidental (1378-1417). Las suertes de la reconquista están echadas. Los reinos musulmanes que todavía persisten en el sur o se convierten en vasallos de los reyes hispanos o son reducidos a su mínima expresión, a pesar de momentos de gloria artística, como en el caso del reino nazarita de Granada. En esta época, los aragoneses y catalanes salen de sus fronteras, navegan por el Mediterráneo y buscan alianzas y ensanchar sus fronteras en el mismo: Nápoles, Sicilia, Cerdeña y hasta el extremo oriental del Mediterráneo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el territorio patrio no todo es fácil. El feudalismo antiguo persiste y la nobleza se encuentra inquieta con rebeldías endémicas que producen conflictos civiles y guerras episódicas de carácter dinástico dentro de las mismas familias reinantes, que después de todo se encuentran muy emparentadas entre sí. También en esta época de mediados del siglo XV, siguiendo el ejemplo del hermano Reino portugués, los castellano-leoneses salen al Atlántico e incorporan las Islas Canarias a sus dominios. Nos encontramos en tiempos de Juan II de Castilla y León, el padre de Isabel la Católica. Tras el reinado endeble y discutido de su hijo Enrique IV de Trastamara, llega el reinado de su hermana Isabel I la Católica, que se casará con su primo el príncipe Fernando de Aragón, que pronto se convierte en rey de aquel Reino. Con este matrimonio real, cambia radicalmente la historia española; se concluye la reconquista en Granada (1492)&amp;lt;ref&amp;gt;Había habido un reino musulmán taifa de Granada, controlado por la dinastía zirí desde 1013 hasta 1090; sigue luego el Reino nazarí de Granada desde 1238 hasta 1492. Tras la reconquista cristiana, el Reino de Granada conserva su denominación jurisdiccional territorial dentro de la Corona de Castilla, desde el siglo XV a 1833. Su símbolo heráldico (la granada) forma parte desde entonces del escudo de los reinos españoles y del Reino de la España actual.&amp;lt;/ref&amp;gt;se unifican en las personas de los dos reyes los reinos hispanos, bajo el famoso lema del “''Tanto monta monta tanto Isabel como Fernando''” y la simbología heráldica que los dos esposos reales adoptan. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Suceden también momentos muy discutidos por la historiografía antigua y reciente como la expulsión de los judíos (1492), malqueridos por sectores de la gente vulgar y de la nobleza a causa, sobre todo, de su papel en la recolección de los impuestos de la misma Corona y una antigua y jamás escondida animosidad, alimentada por antiguos prejuicios y leyendas populares, y por la persistente acusación de “deicidio” que las acompañaban por ser considerados presuntamente en parte, como una especie de “quinta columna” en la antigua época de las invasiones islámicas, y en la época de su expulsión, de los mismos turcos. Es en este momento histórico, y en el mismo año de toda esta serie de acontecimientos notables en la historia hispana, que acontece la aventura atlántica de Cristóbal Colón y el descubrimiento del Nuevo Mundo. Todo ello abrirá una nueva página en la historia hispana y también mundial. La noche quedaba atrás&amp;quot;&amp;lt;ref&amp;gt;Cf. García-Villoslada, R., ''Hist. de la Iglesia¬ Católica'', BAC, III, cap.XVIII.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==4. La mentalidad común de la época ante la infidelidad y la herejía== &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ocho siglos de esfuerzos en una reconquista  trabajosa, y no siempre constante y uniforme, forjaron un temperamento en la España cristiana de entonces, con sus luces y sus sombras, hasta alcanzar una ordenación unita¬ria. La reforma católica se adelanta casi un siglo y en forma origi¬nal en estos Reinos españoles unidos bajo los reyes Católicos. “''España […] que se había convertido en una gran potencia […] se convierte en el país del catolicismo del futuro […] pudo así convertirse en un cierto sentido en la patria espiritual de la restauración católica y de la contra-reforma''”&amp;lt;ref&amp;gt;K. Bihlmeyer – H. Tueche, ''Historia de la Iglesia, la época de las reformas, III'', § 158, 5.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Y esta actitud de lucha continúa bajo el nieto de los Reyes Católicos Carlos I (V como emperador): 1520-1558 frente a la herejía&amp;lt;ref&amp;gt;Cf. G.-Villoslada, ''o.c.'' Parte II, cap. I, ed.1960, pp.651ss. con bibliografia).&amp;lt;/ref&amp;gt;. Los teólogos del siglo XVI no abandonan la idea del “Orbis christianus” frente a la herejía. Según su posición general, no se puede dar ninguna coacción sobre los infieles para abrazar la fe, pero sí sobre los bautizados, para conser¬varla. Quedaba en pie un problema ante la situación en el suelo español de la población no cristiana de judíos y de moros: ¿por qué se da esa disyuntiva con-tra ellos de, o abrazar la fe o de emigrar? ¿En qué sentido el poder civil toma parte en favor de una solución radical en el asunto que lleva a la exclusión de estos grupos divergentes? ¿No fue en parte por motivos meramente seculares y civiles, con la naciente “razón de estado” de querer construir un reino unido (Estado) sin discrepancias o elementos centrífugos? ¿No estuvo esto en parte en los orígenes de la creación del tribunal de la Inquisición para examinar los falsos conversos, sea del judaísmo o del islamismo, y que más tarde se extenderá a otros divergentes religiosos, protestantes o pensadores considerados heterodoxos? ¿Protestaron los teólogos contra este tipo de coacciones?&amp;lt;ref&amp;gt;Cf. el tema tratado ya por Marcelino Menéndez y Pelayo en su ''Historia de los heterodoxos españoles'', Madrid 1880-1882.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==5. La nación española== &lt;br /&gt;
En el contexto señalado se forja un celoso nacionalismo, traducido en el estatuto de “lim¬pieza de sangre”, una especie de “culto al honor nacional e innoble criterio de casta” . Los siglos XIV-XV españoles fueron tolerantes. Para el siglo XVI se suelen dar las siguientes estadísticas de la población española : unos 7.000.000 cristianos viejos; unos 350.000 conversos; unos 300.000 moriscos . De pronto aparece la intolerancia. ¿Por qué? La convivencia de cristianos, judíos y musulmanes en los reinos cristianos españoles durante la Edad Media, había tenido que ver con el proceso de &amp;quot;Reconquista&amp;quot; cristiana española de sus tierras invadidas, y la conquista por parte de los musulmanes, sobre todo de las tierras meridionales que ellos llaman Al Andalus (Andalucía, o “tierra de los Vándalos”, antiguos invasores de la misma de origen germánico en el s. V) y posterior ocupación del territorio por los diferentes reinos cristianos del norte de la península. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La escasa repoblación cristiana de sus nuevos territorios hace que sigan viviendo en ellos un importante número de musulmanes, tanto en zonas urbanas (aunque en barrios propios, como la morería de Zaragoza), como en zonas rurales (como siervos de señorío). El final de la Reconquista - con la toma de Granada- y la política religiosa de los Reyes Católicos, modifican la situación previa: en Granada se producen bautismos en masa, y los Reyes Católicos sólo permiten la religión cristiana en España, por lo que judíos y mudéjares han de convertirse o salir del país. En la lucha enconada contra el creciente poderío turco, se teme su alianza con el mismo y en concreto con los piratas berberiscos y turcos que atacaban las costas de la Europa cristiana. Los moriscos andaluces protagonizan  una insurrección en 1568 (la rebelión de las Alpujarras), que fue sofocada casi dos años después por don Juan de Austria, hermanastro de Felipe II. Los moriscos de esa zona fueron desterrados, hecho que aumentó la suspicacia contra ellos en otras regiones donde los moriscos eran todavía muy numerosos, como Valencia o Aragón. En 1609, con el rey Felipe III, se decretó la expulsión de los moriscos, primero de Valencia, después de los otros reinos españoles. Unos 300.000 tuvieron que abandonar España; la mayoría se dirigió al norte de África. Su marcha tuvo graves consecuencias demográficas y económicas, sobre todo en Valencia y en Aragón, afectando especialmente a la agricultura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todos los problemas señalados son complejos y de diversas interpretaciones. Los Judíos constituían una gran minoría cualificada; habían disfrutado por una parte de la protección de los reyes y por otra del odio del pueblo, debido fundamentalmente a su papel en el campo de la recolección de impuestos y al sistema de ganancias económicas con los préstamos; tal aversión será luego transferida a los falsos conversos o hebreos ocultos (marranos), algo común en otros muchos lugares de Europa y a los musulmanes pseudo-convertidos. En el caso español, ya en 1449 se había dado una explosión de odio en Toledo contra los conversos y  la puesta en marcha del llamado “estatuto de sangre” (el de “limpieza”). Casos semejantes se dieron en Córdoba, Jerez, Jaén, en el Reino de Castilla, y otros muchos semejantes en Aragón y Cataluña . Debido también a las conversiones fingidas, el “estatuto de limpieza” pretendía restarles eficacia social. Aquí están en parte, los orígenes de la Inquisición española, que fue creada en el siglo XV precisamente para aclarar y combatir las conversiones ficticias de moros y judíos . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==6. Nuevos intentos de cruzada ante la caída de Constantinopla en poder de los turcos==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El tema de la “cruzada” flotaba en el ambiente español cristiano desde hacía siglos a lo largo de la “reconquista”, cruzada llevada a cabo en casa, como algunos la han llamado; pero era también una mentalidad muy extendida en la Europa medieval. Baste pensar a los últimos intentos de cruzada contra los turcos en tiempos de Pío II (1458-1464). La urgencia de la defensa contra el avance de los turcos había empujado a los griegos a buscar ayuda en la cristiandad latina occidental, e incluso a una posible reconciliación con Roma recomponiendo la antigua división entre Oriente y Occidente. Tal fue el intento que fracasaría tras el concilio de Ferrara-Florencia (1438-1445), porque no encontró el apoyo necesario en algunos metropolitas orientales y sobre todo en buena parte de los monjes y de la gente desde siempre muy influida por ellos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Constantinopla cae bajo el dominio turco el 29 de mayo de 1453, y su basílica de Santa Sofía será convertida en mezquita después de diez siglos desde su construcción. La caída de Constantinopla causó honda impresión en el mundo cristiano occidental; y no era para menos: había sido, desde los tiempos de Constantino, el corazón del Imperio Romano Oriental o Bizantino. Ahora se convertía en Estambul, cabeza del grande Imperio Otomano, que ponía también pie en el continente europeo, revolucionando así los cuadros políticos del Occidente cristiano. Por ello se explica el impulso que algunos, sobre todo el Papa, quisieron dar lanzando una nueva “cruzada” en defensa tardía del Imperio Bizantino. Fracasarán en sus intentos los Papas Eugenio IV, Nicolás V, Calixto II y Pío II, desde 1433 a 1464, debido sobre todo a las divisiones y rivalidades entre los nacientes estados nacionales europeos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este contexto, Eugenio IV llamó al Occidente cristiano en defensa de aquel Imperio (1443). Casi nadie se movió entonces, a excepción del rey de Polonia y el de Hungría, Ladislao, que fue vencido por los turcos en Varna, junto con el legado pontificio el cardenal Cesarini (1444). En otro lugar meridional de Europa, en Albania, Jorge Castriota, conocido con el nombre de Skanderberg, resistirá a lo largo de 24 años a la invasión turca. La derrota sufrida en Varna fue el prólogo de la caída de Constantinopla. El papa Nicolás V querrá renovar la llamada a una nueva cruzada que no logra comenzar; lo intenta su sucesor, el español Calixto III (1455-58) mandando predicadores de la misma por Europa e invitando a ella a los príncipes cristianos, proponiéndose no sólo liberar Constantinopla, sino también llegar incluso a Jerusalén. También aquí vemos una primera respuesta positiva por parte de los príncipes cristianos, pero que enseguida cae en el vacío.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un ejército cristiano guidado vía tierra por Juan Hunyadi, asistido por el cardenal Carvajal y animado espiritualmente por S. Juan de Capistrano, vence en Belgrado (1456), impidiendo así a los turcos continuar avanzando hacia Viena, mientras que Skanderberg los vencerá en Taormizza (1457), y el cardenal Scarampo, guiando vía mar una escuadra, los derrota en Metelino (1457). Calixto III esperaba entonces de nuevo una respuesta positiva por parte de las potencias cristianas. Pero de nuevo la indiferencia y las rivalidades, agravadas con la muerte de Juan Hunyadi, hicieron fracasar aquellos planes. El sucesor de Calixto III, el humanista Pío II (Enea Silvio Piccolomini) (1458-1464) intentó tomar de nuevo la iniciativa; llegó a convocar una especie de congreso de las potencias europeas en Mantua (1459-1460) donde participó personalmente, pero de nuevo aquel proyecto fracasó por los mismos motivos que los anteriores. Al Papa se le ocurrió una idea totalmente utópica: mandó a Muhammad II, el conquistador de Constantinopla, una carta, espléndida en su estilo literario, en la que le invitaba a convertirse al cristianismo, prometiéndole el imperio de Oriente y de Occidente (¡!). Luego, en 1463, el mismo Papa tomó la decisión de conducir él mismo la cruzada lanzando una invitación en tal sentido al Occidente cristiano. Anciano y enfermo se pone al frente de un ejército en dirección al puerto italiano de Ancona, donde ya agotado muere (1464). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Moría así una antigua utopía y la idea misma de cruzada, que había atravesado con numerosos vaivenes  la historia medieval europea, todavía objeto de enconadas controversias historiográficas y de resentimientos. Sin embargo, en aquellos precisos momentos, y en un cuadro muy distinto en los extremos del mundo europeo, en la Península Ibérica sucedían una serie de acontecimientos, algunos de ellos muy unidos a motivos no lejanos del sentir común de la christianitas europea de la época y de los Papas: la conclusión de la Reconquista, y coincidiendo con la misma, los descubrimientos transoceánicos por parte de Portugal y de España. En el caso español encontramos ingredientes variados e híbridos, muy presentes en la vida política y popular del siglo XV. La conquista de Granada que concluye este ciclo y da comienzo a otro nuevo, la tomó el pueblo como algo suyo . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==7.  La Iglesia Española de finales del S. XV y comienzos del s. XVI== &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
7.1. Para comprender el estilo de la primera evangelización en el Continente americano. España y la Iglesia española fueron los agentes de la evangelización del Nuevo Mundo de lengua española, como en el Brasil lo será el Portugal hermano. Es preciso conocer su idiosincrasia, las potencialidades y limitaciones de su contenido católico. Ya nos hemos referido a la importancia que tenía el clero dentro de la sociedad española del tiempo y a su composición. Nos vamos a fijar en otros elementos de esta España religiosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para comprender mejor &amp;quot;el encuentro del catolicismo ibérico y las culturas americanas&amp;quot;, que &amp;quot;dio lugar a un proceso peculiar de mestizaje, que si bien tuvo aspectos conflictivos, pone de relieve las raíces católicas así como la singularidad del Continente&amp;quot; , es necesario adentrarnos más, tanto en la historia de la España de aquél entonces, como en los primeros pasos de la Iglesia en tierras americanas. El dinamismo que impulsó y que aún continua fecundando tal síntesis, que es el continente latino americano en su configuración, lo constituye la fuerza de la fe católica. Los obispos latinoamericanos escribieron en su reunión plenaria de Puebla, celebrada en 1978: &amp;quot;Con deficiencias y a pesar del pecado siempre presente, la fe de la Iglesia ha sellado el alma de América Latina, marcando su identidad histórica esencial y constituyéndose en la matriz cultural del continente, de la cual nacieron los nuevos pueblos&amp;quot; . Es esto lo que le da sentido a su ser; el encuentro con el Evangelio, con la verdad de que existe Dios Padre Bueno, que nos ha dado a su Hijo Jesucristo para salvación nuestra, bajo el aliento del Espíritu Santo, encarnado y nacido de una mujer (cf. Gal. 4, 4), la Virgen María de Nazaret .&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se tenía mucho cuidado de que las Órdenes que pasaban a América fueran todas reformadas. Serán cinco Órdenes religiosas reformadas o nuevas las protagonistas de la historia de la evangelización en el Nuevo Mundo hispano: los franciscanos, los dominicos, los agustinos y más tarde los mercedarios; a estas Órdenes religiosas antiguas, llamadas mendicantes por su origen y estilo, se sumarán pasado medio siglo los recién fundados jesuitas. Los franciscanos que llegaron a México para emprender la evangelización pertenecían a la más severa y genuina de las Observancias evangélicas. El humanismo español constituía el ambiente cultural de estos misioneros. Es conocida la influencia, por ejemplo, de Erasmo de Rotterdam ; el mismo Zumárraga había leído sus libros, como lo demuestra la carta que envió, el 2 de noviembre de 1547, a fray Francisco del Castillo, provincial de su comunidad en Burgos . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Desde este horizonte los evangelizadores trataron, desde sus posibilidades, de crear una nueva humanidad cristiana, singularmente sana y fiel. “La primera generación de misioneros en México, por ejemplo, los obispos Juan de Zumárraga y Vasco de Quiroga, se caracterizaban por el sello del humanismo contemporáneo; Zumárraga estaba influenciado por Erasmo y Quiroga por Tomás Moro. Esta actitud espiritual fue decisiva en algún modo, y precisamente también en relación con la labor misional” . La extraordinaria labor evangelizadora que realizaron los misioneros en tierras americanas, encuentra en estos altos ideales de reforma y santidad de vida, una de sus principales motivaciones. Son elementos que no podemos dejar de tomar en cuenta al momento de estudiar la labor y los métodos que usaron para lograr la conversión de los indígenas americanos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
España estaba en un momento de apogeo y expansión. Venía de concluir la guerra de reconquista contra el dominio musulmán de su suelo. Los Reyes Católicos otorgan una gran importancia a la fe y alientan con gran energía y constancia un proceso de reformas y austeras observancias que, aunque ya venía gestándose desde hacía tiempo, alcanza con ellos una sistemática propuesta de reforma cristiana. El humanismo español de finales del siglo XV y de todo el XVI es sumamente rico en realizaciones literarias y espirituales. Es un tiempo donde lo épico y lo religioso se entrelazan en un universo cultural sumamente fecundo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
7.2. Una antigua exigencia de reforma en toda la Iglesia La exigencia de reforma en la vida de la Iglesia en cuanto sociedad humana, es un fenómeno continuo en la historia de la Iglesia. En los  finales de la edad Media y comienzos de la Moderna se sentía agudamente, sobre todo en algunos ambientes. Se pedía entre otras cosas una reforma radical “in capite et in membris” (en la cabeza y en los miembros), empezando por una adecuada puesta al día de las estructuras jurídicas (centralización y reservas con los desórdenes consecuentes, fiscalismo y abusos) de la vida eclesiástica del clero alto y de la formación del bajo clero, sobre todo en relación a la atención pastoral de los fieles. La respuesta dada a esta exigencia urgente no fue siempre equilibrada y ortodoxa en muchos ambientes cristianos europeos, ni tampoco fue amplia y promovida con decidida voluntad por parte de la jerarquía de esa época, lo que causará con el tiempo la ruptura de los movimientos protestantes. En este contexto, en varios países de la cristiandad se dan discutidos movimientos de reforma desde el punto de vista de la ortodoxia católica, como los llamados “espirituales” o grupos de frailes franciscanos con ideas eclesiológicas heterodoxas, influenciadas a veces por las teorías de Joaquín de Fiore sobre la existencia de dos iglesias, una carnal y rica, y en contraposición otra espiritual, santa y evangélicamente pobre, Otros sostenedores de ideas radicales heterodoxas serán el inglés John Wicliff y luego el bohemo Jean Hus y otros que preceden en muchos puntos la futura mentalidad cristológica y eclesiológica de los reformadores protestantes, como Jakoubek, Nicolás de Dresde o Wesel Gansford (1419-1489) en Alemania. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Son comprensibles estos movimientos radicales de reforma ante la situación de una jerarquía eclesiástica con frecuencia mundana. Estas tendencias ideológicas, fomentadas también por desórdenes sociales, se agudizaban por la falta de una voluntad eficaz de reforma en muchos responsables eclesiásticos. Sin embargo, lentamente comienza a abrirse paso una mayor voluntad de reforma por parte de la jerarquía eclesiástica (Papas y Concilios) a lo largo del s. XV y comienzos del XVI. Así en el concilio de Costanza y en los concordatos que estipuló Martín V, se ve tal voluntad; éste papa eligió también cardenales óptimos y una buena bula de reforma (16.V.1425), que quedó en letra muerta; en la misma línea decretó el concilio de Basilea con medidas radicales, nunca aplicadas. Los papas siguientes emanaron varios decretos y bulas también en tal sentido, casi siempre ineficaces y raramente aplicados, quedándose en meros proyectos. La historia va adelante con vanos intentos de reforma, incluidos los del concilio ecuménico Lateranense V (1513-1517). La doctrina católica fue siempre defendida, pero las situaciones de desórdenes graves en la vida cristiana continuaron vivos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin embargo, en algunos lugares de la cristiandad occidental se empezaba lentamente un camino de reforma de la vida de la Iglesia, como lo demuestra el llamado fenómeno de la “Devotio moderna”, movimiento eclesial comenzado en los Países Bajos a finales del s. XIV y que se desarrolla a lo largo del XV dando lugar a asociaciones como “los hermanos y las hermanas de la vida común”. “Devotio moderna” significaba “servicio de Dios” con una proyección clara de cristocentrismo, una espiritualidad ascética práctica (contra la mística especulativa de los dominicos alemanes), una marcada tendencia afectiva (de raíces franciscanas, de la escuela de S. Bernardo y del teólogo francés Gerson), una interioridad y subjetivismo notables en detrimento de los contactos, también apostólicos con el mundo, y una insistencia ascética que subraya el papel responsable del fiel en la recepción de los sacramentos. El libro “La imitación de Cristo” es fruto de tal “devoción” y su probable autor, Tomás de Kempis, pertenecía a tal movimiento. Esta espiritualidad ejercitará un influjo en el siglo siguiente en muchos santos y fundadores como Ignacio de Loyola e incluso en algunos protagonistas de la reforma protestante.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
7.3. El movimiento de reforma de la vida religiosa monacal y conventual en la Iglesia. Hay otro aspecto notable en el incipiente movimiento de reforma eclesial de este periodo, y es el comienzo de la misma en el seno de algunas antiguas Órdenes religiosas, en gran parte en un lamentable estado de decadencia, si se exceptúan los Cartujos y en parte los Cistercienses. La peste negra que asoló media Europa en aquellos dos siglos (XIV y XV) había vaciado los monasterios,  que luego se habían llenado con vocaciones mediocres o por motivos que nada tenían que ver con la consagración religiosa. Por ello los nuevos religiosos o monjes vivían con frecuencia una vida disipada, en monasterios y conventos con abundantes bienes, falta de la vida común fundada en privilegios obtenidos de los papas, y con una clausura más teórica que práctica, sobre todo en el caso de las monjas, que en muchos casos provenían de la nobleza y traían consigo sus niveles de vida y privilegios y en muchas ocasiones eran obligadas por motivos sociales a entrar en los monasterios. También aquí las decisiones de Papas y Concilios sobre la reforma religiosa caían en un terreno árido. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este panorama se dan los primeros intentos de refreno religioso, cuando algunos religiosos buscan volver a las raíces carismáticas de su fundación, y se reúnen en un convento donde querían vivir claramente el espíritu de tal origen. En los comienzos, ese convento buscaba ponerse bajo las órdenes del General de la Orden por encima de su Superior Provincial. A tal convento se asociaban otros con el mismo espíritu; se formaban así las “Congregaciones” de reforma, bajo la obediencia a un Vicario con poderes amplios. Se quería llevar a cabo de esta manera la reforma de la Orden. Aquí ahondan sus raíces divisiones sucesivas entre “conventuales” y “observantes”, “calzados” o “descalzos”, etc… en varias antiguas órdenes religiosas, ya a partir de finales del s. XV y sobre todo en el s. XVI. El fenómeno se da en la mayoría de las antiguas, también en España, y tendrá consecuencias notables en la historia de los evangelizadores del Continente americano. No todas las “Congregaciones” duraron, sin embargo favorecieron la reforma, en cuanto extendieron su influjo sobre todo a través de la predicación popular ambulante.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
7.4. El movimiento de reforma de la vida religiosa monacal y conventual en la Iglesia. La historia de la reforma eclesial en España se encuadra en este movimiento. Fue conducida hasta llegar a la gente común, comenzando ya mucho antes del Concilio de Trento y llegando al mismo, que ratificó muchos aspectos que la Iglesia en España ya había puesto en marcha desde hacía tiempo. Una de sus características peculiares fue que la iniciativa vino de los Reyes Católicos, con pasos sucesivos de reforma del episcopado, del clero y del pueblo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La reforma de la vida religiosa en España se dió de manera precisa y orgánica . En el caso de los monjes comienza con la del monasterio de San Benito de Valladolid, por iniciativa del rey de Castilla Juan I (en 1389-1390), con el objetivo de que los monjes viviesen la regla benedictina de manera precisa y rígida, y con voto de clausura perpetua al modo de las Clarisas; reclutó para ello unos 15 monjes provenientes de varios monasterios que se comprometieron a seguir tal vida rígida. Luego evolucionará hacia una mayor elasticidad, pasando a finales del s. XV a constituir una “Congregación” de unos 10 monasterios (en 1524 contaba con 32), y durará en los siglos siguientes. Algo semejante ocurre con los cistercienses con la fundación o reforma de la “Congregación de S. Bernardo de Castilla”, en tiempos de los papas Martín V y Eugenio IV, por obra del monje cisterciense que provenía de los Ermitaños de San Jerónimo (Jerónimos), Martín de Vargas. Esta fundación fue duramente obstaculizada por el capítulo general de Citeaux (cistercienses) a lo largo del s. XV; en 1549 reunía 45 monasterios de los 59 españoles de la Orden. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No se observan generalmente nuevas fundaciones con nuevas Reglas en las grandes órdenes religiosas. Sin embargo en España nacen los Jerónimos (ya presentes en Italia como “Eremitas de S. Jerónimo”). Fue un canónigo de Toledo, Fernando Yáñez de Figueroa y su camarero mayor, Pedro Fernández Pecha, que comenzaron a vivir una vida eremítica, pasando luego a la cenobítica, adaptándose a la regla de S. Agustín, con la aprobación de Gregorio XI en 1373. En 1423, Lope de Olmedo quiso reformar la Orden siguiendo algunas indicaciones que sacó de los escritos de S. Jerónimo, y creó así un nuevo ramo llamado “Congregación de la Observancia de S. Jerónimo”, pero que en España tuvo un éxito muy relativo, uniéndose luego en 1567 al resto de los Jerónimos. Se mantuvieron fieles a la regla de manera bastante rígida; crecerán a lo largo de los s. XV y XVI en España fundando y agregando numerosos monasterios, entre ellos hay que señalar el de Yuste, en Extremadura, donde se retirará el emperador Carlos V, el del Escorial, fundado por Felipe II, y el Guadalupe en el célebre santuario de Extremadura.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En cuanto a las Ordenes mendicantes tuvo en España, como en otros lugares, dificultades notables de reforma, dada su organización centralizada que había favorecido en cierto modo también su decadencia. Sin embargo, tal organización luego favorecerá o pondrá obstáculos a la reforma o la apoyará tibiamente. La historia de la reforma de los mendicantes, también en España dependió en buena parte de estos factores, a parte de los apoyos de papas y reyes, característica de la misma reforma, oposición de superiores locales, intervenciones abusivas de los poderes seculares, etc.. En España la reforma nace por iniciativa autónoma en varias provincias. En Santiago en 1390, que se autonomiza en 1440 de los conventuales; en Aragón, con una tendencia de carácter eremítico y se convierte en una provincia de observancia en 1442; en Castilla, parece ser que la observancia franciscana llega de Sicilia. Todos estos conventos reformados, a partir de 1446, forman con los observantes franciscanos franceses, ingleses, belgas, alemanes norte-occidentales la “Vicaria Ultramontana”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero en España nacen también grupos “ultra-reformistas”. Un primer iniciador de esta tendencia es Pedro de Villacreces (+1422), que se proponía reproducir el ideal de la Porciúncula gobernada por S. Francisco de Asís: vida austera y contemplativa, retiro y vida eremítica dentro del convento, pobreza radical, siempre descalzos, oración prolongada, silencio total. El estudio era reducido al mínimo. El sucesor de Villacreces, Lope de Salinas, aumenta el tiempo dado al estudio teológico y moral para formar predicadores y confesores, usando pequeños manuales. Prosigue esta línea el antiguo jerónimo Juan de La Puebla (+1495) con la reforma del convento de Santa María de los Ángeles de Sevilla. De este grupo nace la reforma de Juan de Guadalupe, la observancia rigurosísima, que da mayor fuerza a la predicación y al apostolado. Estos grupos diversos de franciscanos reformados continúan difundiéndose a partir de 1517; entre ellos se encuentra el de San Pedro de Acantara, confidente de Santa Teresa de Jesús, llamados “alcantarinos” o “pascualitas-alcantarinos”. A estos grupos reformados de franciscanos pertenecen los primeros grandes misioneros franciscanos del Continente americano. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra Orden religiosa reformada en España es la de los Agustinos. La formación de la “Congregación de observancia” española tiene una propia historia. Parece ser que su primer convento fue el de “Domus Dei” de Castelví de Rosanes en Cataluña (1420), que permaneció solo y aislado en medio del conventualismo hasta 1569. La “Congregación de observancia” española surge de hecho en Castilla por obra de Juan de Alarcón (+1451 c.), que actuó bajo la protección del padre general Favaroni y tras haber conocido la fuerte renovación de la Orden en Italia. Así se crea en España una “Congregación de observancia” ya en 1438, con 4 conventos de frailes y uno de monjas. Alarcón obtuvo en aquel mismo año la bula de confirmación de parte del Papa, mientras que en los demás casos italianos las bulas llegarán decenios después. La extensión de esta reforma en España se puede deducir del hecho que en 1504-5 se decretó la unión de la “Congregación de Observancia” con la Provincia agustiniana española, que tras divisiones y tensiones, sólo se pudo actuar en 1512. Ello se debió gracias a los Reyes Católicos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La historia de la reforma de los dominicos españoles tiene características semejantes. Ya en el Capítulo general de Burgos (1413), el general de obediencia aviñonesa (nos hallamos en los tiempos del cisma de Occidente), Juan de Puinoix, trata de eliminar los defectos más salientes en la Orden con fuertes medidas disciplinares, incluida la cárcel, y de restaurar la vida común. Probablemente tuvo un gran influjo San Vicente Ferrer con su vida santa, su predicación y sus escritos (Tratado de vida espiritual). Pero la verdadera reforma hay que señalarla también aquí en el método de la fundación de  “Congregaciones de observancia”, alrededor, parece ser de Santa Catalina de Siena (+1380) y de su confesor Raimundo de Capua, maestro general de la Orden a partir del 22 de mayo de 1380. La lista de dominicos eminentes que llevan adelante la reforma de la Orden en Europa, a partir de Italia, es abundante. En España comienza en Castilla en 1423 y recibe el reconocimiento de derecho pontificio en 1478. Su desarrollo se debe a los Reyes Católicos, por lo que en 1505 se une a la Provincia dominica de aquel Reino, eliminando los conventos no reformados e introduciendo la Observancia. Una de sus características fue su expansión a partir de un convento reformado, lo que se puede señalar como un ejemplo de reforma a partir de la base. En estas “Congregaciones de observancia” se quiere volver a la experiencia primera de la Orden y se resuelve el problema de la pobreza buscando una línea media: queda la “mendicidad” como ideal, pero se corrige con otros medios de subsistencia, cuando aquella se mostraba insuficiente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El caso de la Orden de los carmelitas, sea en el s. XV como en el XVI, sigue un itinerario parecido. Se pueden enuclear varias reformas serias: dos de “Congregaciones de observancia” fuera de España ya en el s. XV (las de Mantua en Italia y de Albi en Francia), y las del s. XVI, la general de Nicolás Audet de toda la Orden (1524), y la teresiana en España, que coincide con la historia de la reforma de la gran Santa Teresa de Jesús (1515-1582), seguida por su discípulo San Juan de la Cruz (1542-1591), los dos grandes místicos y literatos incomparables en su género. En España hay otras órdenes mendicantes, que en esta misma época siguen el camino de la reforma y que tendrán también un papel importante en la evangelización americana, principalmente los Mercedarios y los Trinitarios, ambas órdenes fundadas para la redención de cautivos en manos de los musulmanes del Norte de  África. La primera de estas dos órdenes, que pasarán tempranamente a América (el capellán de Cortes fray Bartolomé de Olmedo, muerto en 1524, era un mercedario),  desarrollará un papel fundamental en la historia de la evangelización americana.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La estructura de las “Congregaciones de observancia” de los mendicantes son bastante comunes. Son ordinariamente reconocidas, algunas por documentos papales (de derecho pontificio), otras por el general de la misma Orden. No crean sistemas jurídicos nuevos, como en el caso de los monjes; introducen sólo un gobierno doble, casi completo, dentro de la misma Orden, autónomo en relación a sus provinciales locales, pero no en relación al general de la Orden. La historia de cada caso muestra con frecuencia caminos y características peculiares. Estas reformas quisieron ir a la raíz de los males y cortarlas de cuajo. Se caracterizan en general por la pobreza vivida, la austeridad, la vida común, la penitencia aflictiva, la meditación y la “lectio divina” y con ella el silencio; un monje-abad de Monserrat en Cataluña preparará un tratado y meditaciones titulado “Exercitatorio de la vida espiritual” que ejercerá un influjo notable en tal sentido en todas las Órdenes de observancia. Al contrario, el tiempo dado al estudio estaba marcado por las necesidades apostólicas más que por una necesidad intelectual en sí; puede decirse, que sobre todo en sus comienzos, hubo una reacción contra los estudios académicos, o al menos una indiferencia y desestima para la formación sacerdotal. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La razón de esta desestima, sobre todo en el mundo de los monjes de este tiempo, era el pretender una oposición entre el monje “homo devotus” y “homo spiritualis” por una parte y del “homo doctus” por otra. El problema se empezará a resolver a lo largo de los primeros decenios del s. XVI, cuando los monjes reformados comienzan a erigir también colegios universitarios, pero el desarrollo fue bastante lento. Por su parte en las Órdenes de observancia encontramos actitudes muy diversas. En el caso español los agustinos, por ejemplo, son más bien contrarios. Lo mismo sucede con otras Órdenes. El rechazo de los grados académicos se fundaba en que habían sido en su tiempo una de las causas de la decadencia religiosa. Los dominicos resuelven el problema admitiendo a los mismos a frailes de virtud probada, y combatiendo los antiguos privilegios que tenían los titulados lectores (profesores o doctores). Poco a poco todas estas Órdenes resuelven el problema instituyendo en cada provincia casas de estudios, esto a partir de mediados del s. XV; sin embargo sigue durante mucho tiempo la oposición a los grados académicos. Así los agustinos de Castilla tardan hasta 1542 en organizar los estudios humanísticos, filosóficos y teológicos, cuando el General Seripando le impone una organización de los estudios para dar una mayor formación a los frailes candidatos al sacerdocio. La solución al problema fue positiva gracias a que la Observancia religiosa se consideró el valor principal al que se debían subordinar los otros valores. Además la solución ejemplar la habían ya ofrecido las grandes figuras reformadoras, que entran doctas y santas, es decir estrictamente observantes y regulares, y que se encontraban tanto en los monjes reformados como en las Congregaciones de Observancia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuanto hemos afirmado sobre la reforma de la vida religiosa en los reinos españoles de Castilla y Aragón, se puede aplicar en parte, aunque no con la misma radical insistencia, en el reino de Portugal. Entre las reformas destaca la de los franciscanos, llamados “Capuchos” (que no se debe confundir con los Capuchinos), favorecida por Alfonso V, y cuyo centro fue Varatojo. Estos franciscanos se distinguirán también por su compromiso en la empresa evangelizadora portuguesa bajo el Padroado.&lt;br /&gt;
7.5. La reforma del episcopado en la España de los Reyes Católicos y de comienzos del s. XVI. Los Reyes Católicos, la Reina Isabel sobre todo, habían promovido una reforma del clero diocesano y regular, basados en criterios válidos, no siempre exentos de cálculos también políticos, que Fernando no siempre había aplicado. No faltarán tensiones entre Fernando (+1516), Julio II y León X sobre las provisiones episcopales, porque el rey tendía a presentar los candidatos con el sistema de la “súplica”, cuando no existía el patronato (como era el caso de Granada). Con los criterios adoptados –naturales de los reinos, honestos, de la clase “burguesa”, doctos- los reyes Católicos no solamente habían puesto en marcha una reforma, especialmente en Castilla; habían también unido los obispos a la Corona. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Carlos I (V), nieto y sucesor de los Reyes Católicos (rey 1516-1556), quiere obtener de la Sede Apostólica lo que la misma había concedido con un concordato en 1516 a Francisco I de Francia. Lo obtiene de Adriano VI (1522-1523) (que había sido su consejero y regente en Castilla durante su ausencia obligada por motivos de su elección como emperador del Sacro Imperio Romano en 1520); es decir el patronato sobre Castilla y Aragón, tras haberlo obtenido sobre Pamplona (Navarra) (4-28 de mayo de 1523) con el ius patronati et praesentandi. Con la bula “Eximiae devotionis affectus” (6.9.1523) obtiene el patronato, por lo tanto el derecho de presentar a los candidatos, a todos los obispados, abadías y otros beneficios consistoriales. Tal concesión fue revocada el 3 de abril de 1527 bajo Clemente VII (1523-1534) con el voto del Consistorio, porque había sido concedida sin el voto del Colegio cardenalicio; tras el saqueo de Roma (1527), con la bula “Etsi ea quae” en Bolonia, antes de la coronación imperial de Carlos V (el 11 de enero de 1530), confirmada por Pablo III el 7 de julio de 1536, Carlos V obtenía de nuevo el patronato y el derecho de presentación. Desde este momento en adelante, durante siglos, los nombramientos episcopales estarán en manos del Rey de España en sus Reinos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La reforma de la vida eclesiástica comenzada por los Reyes Católicos empieza por la elección al episcopado de obispos doctos y rectos. Criterios de reforma: que fueran españoles, doctos, virtuosos, llanos (no aristócratas), residentes. &amp;quot;El clero de España es el nervio de la Cristiandad&amp;quot;, habría dicho San Carlos Borromeo en los tiempos del Concilio de Trento . Los Reyes quieren que el Papa nombre obispos españoles porque debían residir en sus diócesis, de vidas íntegras; no nobles, para que no se convirtiesen en señores feudales. En su época brillaron de manera especial algunas figuras. Entre ellas destacan las figuras del jerónimo fray Hernando de Talavera (c. 1430-1507), primer arzobispo de Granada después de la Reconquista, confesor de Isabel la Católica y el tipo ideal de obispo; el arzobispo, y teólogo dominico de Salamanca, fray Diego de Deza (1443-1523), el arzobispo y cardenal franciscano fray Francisco Jiménez de Cisneros (1436-1517) . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hernando de Talavera lleva una vida santa, con la celebración diaria de la Misa, el catecismo a los niños, reunión-capítulo mensual con los párrocos, y fundación de un seminario modelo, entre otros aspectos. Diego de Deza formó parte del Consejo de Sabios que examinó las propuestas de Colón, y fue uno de los pocos que consideró las mismas como viables. De ahí nació la gran amistad y admiración que el Almirante sintió siempre por Deza. Francisco Jiménez de Cisneros, figura fundamental en la historia religiosa y política de la España de su tiempo y en los comienzos de la evangelización de América, quien reformó a su Orden franciscana de la que era provincial en medio de oposiciones y de luchas. La Reina Isabel le ayudó en estas reformas, especialmente en la de las monjas. Para formar el clero funda los llamados “collegia minora” para el estudio de las letras, y los “collegia maiora” para la filosofía y la teología. Recomienda al clero doctrina, pureza de costumbres, empeño pastoral y litúrgico. Él fue el restaurador en Toledo de la liturgia mozárabe. En el mundo de la cultura ha pasado a la historia como humanista en cuanto funda la Universidad de Alcalá (Complutum) (1508) con un claro planteamiento humanístico y moderno, que edita la Biblia poliglota complutense en 6 volúmenes. Edita también varias obras devocionales en español, como la Vida de Cristo de Ludolfo y otra obras de la “Devotio Moderna”, que prepararon el florecimiento de los grandes místicos del siglo XVI. Además renovó la enseñanza de la teología. Su metodología será indicada por el teólogo dominico Melchor Cano en su “De locis theologicis” y por los estudios jurídicos del también dominico Francisco de Vitoria en Salamanca. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era un nuevo método de estudio de la teología que superaba el bizantinismo de una escolástica decadente, y trataba las cuestiones más importantes y candentes del momento. Se quería una exposición sencilla, sobria, elegante, a partir de las fuentes (Escritura, Padres, Concilios, documentos eclesiásticos); sustituye las “Sentencias” de P. Lombardo con la “Summa theologica” de Sto. Tomás. Así se preparan los maestros de los grandes teólogos españoles que acudirán a Trento o a sus discípulos. En Alcalá estudiará una  falange de grandes figuras del humanismo español, algunos como San Juan de Ávila (c. 1499-1569), declarado doctor de la Iglesia (2012), o personalidades que ejercitarán un papel importante en la historia de la evangelización y de los derechos humanos en América, como el p. jesuita José de Acosta (1540-1600) .  Esta Universidad contará con célebres maestros, entre ellos el dominico Domingo de Soto (1494-1560) y celebres alumnos. Con algunos entablará una amistad duradera, como con Don Pedro Guerrero, futuro arzobispo de Granada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La España cultural de la época comienza a respirar con los dos pulmones culturales de las universidades de Salamanca y de Alcalá. En estas universidades asistimos a un renacimiento del humanismo renacentista, con varias corrientes que lo caracterizan: vuelta a los estudios bíblicos en Alcalá (Biblia Políglota), con referencias a una teología positiva, siguiendo las huellas de los Padres, y reformismo eclesiástico. Encontramos también en ellas corrientes humanísticas, filosóficas y teológicas de matrices diversas, como el tomismo, el escotismo, y en medida menor algunos brotes nominalistas, y el influjo de humanistas como Erasmo y Tomás Moro. En estas universidades echan sus raíces las corrientes jurídicas que las harán célebres en el campo del derecho de gentes o internacional, con figuras como los dominicos Francisco de Vitória y Domingo de Soto y otros conocidos teólogos que ejercerán un fuerte influjo en el Concilio de Trento (1545-1563). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta reforma del episcopado no encontró un camino llano y fácil. Cuando Fernando el Católico muere en 1516, el cuadro del episcopado español no era homogéneo. La mayor parte de los obispos era ciertamente digna y muy convencidos del servicio al Rey, de buena altura eclesiástica e intelectual, aunque se daban casos de obispos poco dignos, nombrados por motivos de parentesco; había cardenales que no residían en sus sedes, nombrados por razones de amistad; había también obispos nobles, nombrados gracias a su proveniencia social y algunos por ser flamencos o por intereses con aquellos territorios bajo la Corona española, a partir de Carlos V . El emperador Carlos trató de seguir los criterios establecidos por los reyes Católicos, pero no siempre los mantuvo totalmente, lo que llevó a veces a consecuencias negativas, aunque en menor medida que en otros países europeos. ¿Cuáles habían sido los criterios de los reyes Católicos, sobre todo de Isabel? Ante todo la elección de personas doctas. Carlos V escogerá fundamentalmente personas preparadas y bien formadas en colegios eclesiásticos universitarios españoles, en los “Estudios generales” de los religiosos y en las universidades italianas. En su día, el cardenal franciscano, arzobispo de Toledo y primado de España, confesor y consejero de la reina Isabel y luego regente del Reino hasta su muerte (+ 8.11.1517), optó por teólogos, preferentemente canonistas, contra la tendencia que se daba en Italia, Inglaterra y franca. Este criterio será luego seguido por el Consejo real. Por ello los obispos españoles darán una notable aportación en el concilio de Trento. La reina Isabel había querido obispos honestos y había seguido rigurosamente este criterio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fernando fue menos severo en este campo, por lo que encontramos algún caso de obispos con hijos como  Alonso de Aragón (+1520), hijo del rey Fernando, arzobispo de Zaragoza y con hijos. Por su parte Carlos V aplicó aquel mismo criterio, también porque podía disponer de sacerdotes formados en los colegios de Talavera y de González Mendoza. La extracción social de los obispos era prevalentemente de la clase media. Carlos V por su parte nombrará luego también nobles, españoles y extranjeros, por motivos de gratitud y no siempre por razones eclesiásticas. El primero de ellos fue el joven Guillermo de Croy, de 20 años, que sucedió al gran Cisneros en Toledo ; era ya obispo de Cambray y cardenal, y nunca puso los pies en España. Dio también el obispado de Valencia a Eduardo de la Marca, obispo de Lieja, porque le servía para el Imperio . Se cuentan hasta 30 provisiones suyas de este tipo de obispos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para salvar el principio de los Reyes Católicos (“obispos naturales de estos reinos”), el rey Carlos concedía “cartas de naturalización” por las que se habilitaba a estos extranjeros a ser nombrados obispos de cualquier diócesis española; y si no podía dar provisiones de obispados, les daba pensiones sobre las rentas de estas diócesis. Estas provisiones llevaron al absentismo. Los obispos españoles debían comprometerse a residir en sus diócesis para poder recibir la provisión, con una especie de pacto, como dirá un obispo español en el concilio de Trento. Pero no la exigía de los extranjeros, que a veces eran cardenales italianos de curia. La exige de los españoles residentes en Roma o en la Corte. Pero era él mismo a dificultar o a imposibilitar la residencia porque se servía de los obispos para los servicios administrativos, civiles, para la dirección del consejo real, para las Cancillerías de Valladolid y de Granada, como embajadores, etc. Así, por ejemplo, el cardenal Pedro Pacheco, primer obispo residencial de Pamplona después de 80 años, nunca estuvo ni en Jaén ni en Sigüenza, sedes a las que había sido trasferido (1545-1560), y fue también virrey de Nápoles. El inquisidor Fernando Valdés nunca residió en alguna de las diócesis para las que había sido nombrado, e incluso consideraba abstractos a los “frailes teólogos” (como Victoria) y a los predicadores, como Pablo de León, que criticaban duramente este ausentismo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por todo ello vemos que en tiempos del emperador Carlos V en sus dominios europeos, también en España hubo periodos en los que encontramos que pocos obispos residían en sus diócesis. El hecho ahondaba sus raíces en motivos de ambiciones a ser trasladados a sede más importantes, por ser más ricas, con posibilidades de ejercer influencias y tener mayores poderes; en una palabra, una mundanidad infiltrada en aquellas esferas episcopales, denunciadas con dureza por parte de figuras episcopales del calibre del agustino Santo Tomás de Villanueva (1486-1555), arzobispo de Valencia , y más tarde en el concilio de Trento por parte del obispo dominico portugués Bartolomé de Martyribus en su “Stimulus pastorum” .  A pesar de estos límites, serán los obispos españoles quiénes en Trento lucharán por la reforma del episcopado y por la residencia de los obispos en sus diócesis.&lt;br /&gt;
7.6. El clero inferior. Hacia finales del s. XV y comienzos del XVI el clero, tanto el secular como el regular, contaba como ya se ha indicado, un alto porcentaje de miembros. En el clero diocesano había un clero “medio”, al que pertenecían los canónigos de los capítulos, el de las colegiatas y los párrocos de parroquias importantes. Los canónigos como cuerpo habían sufrido el contragolpe de la acción de los reyes Católicos. Esta clase clerical pertenecía de hecho a la antigua estructura feudal, por lo que buscaron  defender su posición. Con frecuencia vivían con un tenor de vida bastante secular y garantizaban también una serie de beneficios a su parentela, por lo que con frecuencia accedían a estos cargos, más por intereses económico-sociales que por vocación a la vida clerical. Pertenecían al considerado clero bajo, la mayoría de los párrocos, de los capellanes y de los beneficiados menores. Tenían que ejercitar un oficio para poder vivir porque las rentas del beneficio no eran suficientes. Los reyes Católicos trataron reformar también a este clero, juntamente con obispos y otros prelados, buscando la promoción del sacerdote reformado ideal. En esta empresa tendrán luego un papel fundamental  muchos tratadistas teológicos, jurídicos y humanistas como Vitoria, el arzobispo de Toledo Carranza, Soto, San Juan de Ávila, fundador en su tiempo de varios colegios-seminarios para la formación del clero, ya antes de Trento , Luis de Granada y otros muchos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A la luz de cuanto descrito surge una pregunta obligada: ¿Se puede hablar en un sentido apropiado y estricto de una Iglesia “nacional” española, como se habla de la “Iglesia galicana” en Francia o de la “Iglesia anglicana” en Inglaterra? Las tendencias eclesiales centrífugas se dan en varios países de Europa y se agudizarán a partir del siglo XVI. No parece que se pueda hablar en el mismo sentido en el caso español y en el portugués. Ciertamente en España y Portugal se podría ver en sistema  del “Patronato” y del “Padroado” una expresión centrífuga. Sin lugar a dudas existe una conciencia bastante claro de la propia identidad nacional y eclesial, pero sin llegar a los límites de las concepciones de buscar la creación de una Iglesia autónoma del Papado, ni siquiera la defensa de “unas libertades eclesiales adquiridas” como sucedía en otros países europeos. La fidelidad al Romano Pontífice nunca fue puesta en duda a lo largo de esta historia ni por los Reyes ni por los obispos, juristas y teólogos españoles. Incluso el largo proceso de elaboración de la doctrina sobre el Patronato no fue ni fácil ni unánime. Se legisló sobre la exclusión del episcopado de todo extranjero, en la práctica esta regla fue con frecuencia olvidada o se encontraron salidas para evitarla. Incluso las “represalias” que tomaban los Reyes contra Roma, fueron siempre mitigadas por el realismo en las relaciones, tensiones sin ruptura, que al final se recomponían. En todo caso serán más duras en el siglo XVIII con la dinastía de los Borbones, incluso con nuevas y más radicales interpretaciones en favor de las dos Potencias católicas del Patronato o del Padroado, pero ya era una situación nueva que la Iglesia vivía en toda la antigua cristiandad europea bajo los regímenes del absolutismo ilustrado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==NOTAS:==&lt;br /&gt;
  &lt;br /&gt;
&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==BIBLIOGRAFÍA:==&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
'''FIDEL GONZÁLEZ FERNÁNDEZ'''&lt;/div&gt;</summary>
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		<title>ESPAÑA; la sociedad española en la época de los descubrimientos</title>
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		<updated>2014-03-31T20:11:51Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.173: /* 3. La España católica y la Reconquista */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;==ESPAÑA; la sociedad española  en la época de los descubrimientos== &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==1. La España de los Reyes Católicos==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Durante la llamada Edad Media, la Iglesia había sido el punto de referencia en la creación en la Península Ibérica de una historia común. Algo semejante había sucedido también en la Europa medieval, pero en el siglo XVI aquella historia común europea se interrumpe con las divisiones religiosas y culturales. El momento en el que sucede el encuentro entre España y América coincidió con el paso de una época a la otra. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La unidad dinástica de los reinos hispanos sucede en 1479 con la fusión personal de Castilla-León y Aragón-Cataluña, por el matrimonio de los dos monarcas de ambos reinos: Isabel I (la Católica) de Castilla-León y Fernando V (el Católico) de Aragón. Doce años después (el 6 de enero de.1492),con la reconquista del reino moro de Granada, se cierra el ciclo de la reconquista y la unidad practica de los reinos españoles, bajo el lema que adoptan de igualdad de poderes y unidad de decisiones de las dos Coronas en una, con el lema “''tanto monta, monta tanto, Isabel como Fernando''”, y la simbología heráldica para expresar aquella unión (el ''Yugo'', letra inicial de Isabel, entrelazado con la ''Flechas'', letra inicial de Fernando). Este hecho tendrá repercusiones incalculables en el futuro de la misma España como en el Nuevo Mundo, que pronto iba a entrar en la escena mundial de la mano española. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una frase: &amp;quot;''en cabeza del rey''&amp;quot;, iba a expresar lapidariamente el papel de la monarquía en aquella empresa: frase que ya se encuentra en autores de la primera hora, y que viene a significar el papel o responsabilidad del Rey o de la Corona en todos los asuntos del gobierno, tanto civil como eclesiástico, del Nuevo Mundo: administración de la justicia, patronato, legislación, defensa de los derechos del indio, etc., como Fray Domingo de Betanzos, Francisco López de Gómara, en su ''Historia General de las Indias'', o más tarde Felipe Guamán Poma de Ayala (comienzos del s. XVII) y muchos otros recuerdan en sus historia y crónicas.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
La España de los reyes Católicos era una España claramente identificada con la historia que le había dado origen. Su monarquía conservaba todavía esta conciencia. Tal es la clave para comprender muchas iniciativas políticas y religiosas de los Reyes Católicos, Isabel I la Católica de Castilla y Fernando V el Católico de Aragón, y de sus descendientes, principalmente Carlos I (V como emperador del Sacro Romano Imperio Germánico) y Felipe II, y de sus descendientes los demás reyes de la Casa de Austria española (o Augsburgo). Durante el reinado de los reyes Católicos acontecen en la historia nacional española algunos grandes hechos: la unión dinástica de los dos grandes reinos ibéricos de Castilla-León y de Aragón-Cataluña con el consiguiente reforzamiento de la monarquía y la regularización del sistema administrativo de la Corona; la reforma de la vida eclesial en sus diversos niveles; la conclusión de la lucha secular de la reconquista del dominio musulmán del suelo patrio, que antiguamente había formado el reino hispano-visigodo; el comienzo de la expansión transoceánica que dio como resultado la llegada a las tierras del Nuevo Mundo, que para el historiador, capellán de Cortés, Francisco López de Gómara, había sido “''el más grande acontecimiento después de la creación del mundo si se exceptúa la encarnación y la muerte de Aquel que lo había creado''”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta empresa política, pero también evangelizadora, fue posible gracias a la existencia de un sujeto tanto político como católico en la comunidad hispana, impregnada en este último caso de una conciencia de la fe católica, sea a nivel popular como en la Corona. Los Reyes Católicos tenían una clara conciencia de su autonomía política en la esfera secular. La tenían también como cristianos. También como príncipes católicos no estaban exentos de una mentalidad jurídica muy extendida en las relaciones entre los Estados cristianos nacientes y la Iglesia de querer controlar la vida eclesial en sus Estados, pretensión común en los gobernantes (o príncipes) cristianos de esta edad moderna. Tal pretensión, que databa ya de siglos anteriores, llevaría en muchos casos a caer en la tentación, nunca escondida, de crear de hecho Iglesias nacionales, bajo el control del Estado. En el siglo XV, a pesar de la crisis conciliarista, tenían una sana conciencia del papel del Papa como cabeza de la Iglesia y reconocían su misión y supremacía en el campo eclesial y espiritual, “''no reconociendo superior temporal sino a Dios Omnipotente, y dando la obediencia espiritual debida al Sumo Pontífice y a la Iglesia apostólica de Roma''”, como escribía entonces Fernández de Oviedo, uno de los primeros testigos e historiadores de la conquista en el Nuevo Mundo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El papel de la corona fue fundamental en los tres siglos siguientes, tanto en el ámbito de los descubrimientos y de la colonización, como en el de la evangelización. Ya desde el alba de la presencia española en el Nuevo Mundo, los Reyes Católicos emanaron una serie de disposiciones o cédulas legales y administrativas con el fin de regular un gobierno recto en aquellas tierras, y afrontar las problemáticas humanas, políticas y evangelizadoras que aquellas situaciones inéditas planteaban. En tal sentido el testamento del 12 de octubre de 1504 y el codicillo de Isabel la Católica añadido el 23 de noviembre de 1504, tres días antes de morir, dan las directivas del proyecto político (relación entre españoles e indios, y derechos de éstos) y de la evangelización e implantación de la Iglesia en América. Aquel texto fue codificado y se convirtió pronto en un texto legal, caso único en la historia constitucional de un país, entrando así a formar parte de la legislación de España sobre las Indias hasta las independencias de sus países.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==2.La población española en el momento del descubrimiento de América== &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se calcula que en el momento del descubrimiento de América, España tenía unos ocho millones de habitantes. De ellos, antes de 1492, medio millón eran judíos (la expulsión en masa de los mismos acontece en 1492) y un millón de mudéjares&amp;lt;ref&amp;gt;Mudéjares: musulmanes que vivieron en convivencia con los cristianos, tras ''la reconquista'' por éstos del territorio peninsular español. La palabra “mudéjar” deriva del vocablo árabe ''mudayyan'', equivalente a “vasallo” o “sometido”; acepción etimológica que no aparece en la documentación medieval, pero que se populariza a partir del siglo XIX.&amp;lt;/ref&amp;gt;a los que luego habría que añadir los “moriscos”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Cómo se distribuía socialmente esta población? Un 80 % era rural. Se daba una endeblez numérica de clases. Lo que hoy se suele llamar &amp;quot;clase media&amp;quot; (pero que en este caso sería un anacronismo), puede ser distribuida de la siguiente manera: un 3%, que no eran clé¬rigos, ni militares, ni campesinos, ni patricios urbanos; eran gente común. Había unos 75.000 clérigos o eclesiásticos&amp;lt;ref&amp;gt;Algunos hablan de un total de unos 40.500 miembros del clero secular o diocesano, pero las estadísticas no son siempre fiables.&amp;lt;/ref&amp;gt;, el 1% de la población, de los que unos 2000 o 3000 pertenecían al llamado &amp;quot;clero alto&amp;quot;. Los nobles o hidalgos de variada posición y entidad eran unos 115.000, el 2% de ese número total. En cuanto a la propiedad las tierras, éstas pertenecían al 2% o 3% de la población que poseían el 97% de las mismas. Esta alta aristocracia, personal o jurídica, era dueña de la mitad de España. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Y cómo se componía ésta aristocracia? Se contaban unas 50 familias unidas por vínculos de sangre y que constituían de hecho una fuerza social, política y económica paralela a la del rey, como lo demuestran las convocatorias de frecuentes “Cortes” para tratar los asuntos importantes del Reino, proclamar o reconocer al rey, que debía jurar sus fueros&amp;lt;ref&amp;gt;Los ''Fueros'' (del latín forum; derechos, leyes) son un cuerpo de leyes, considerado entre las más importantes fuentes del derecho en España.&amp;lt;/ref&amp;gt;, proclamar ante ellas por parte del rey leyes, cédulas reales o disposiciones en los campos civil o eclesiástico y determinar la política a seguir en el Reino. Las Cortes eran en la antigua historia española medieval y en los comienzos de la moderna una asamblea general del Reino que convocaba el rey en los antiguos reinos de España para tratar asuntos de estado, generalmente, la elaboración de leyes y la concesión de impuestos: a las Cortes acudían los representantes del clero, de la nobleza y de las poblaciones importantes, ayuntamientos de ciudades y de villas. En las “Cortes” se encontraban representadas las diversas entidades o corporaciones que componían el Reino. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En todo este tren de vida política, algunos nobles (en realidad pocos), descendientes en buena parte de antiguas familias de caballeros, protagonistas en la reconquista, o de otros nuevos allegados por méritos o por influencias, ocupaban puestos en la Corte real, la que en esa época solía ser “ambulante” a lo largo de ciudades y villas del Reino. Estos nobles, que con frecuencia poseen sus castillos y palacios, comienzan a llevar un tren de vida a veces fastuoso. Estaba luego una pequeña nobleza de mayor peso social y económico, y otra mediana formada por militares, hijosdalgo, y caballeros, que constituyen dos poderosos es¬tratos sociales. El estamento militar asiste por derecho propio a las Cor¬tes. Vive en posesiones rurales e influye en el gobierno a través de la parentela y vínculos de nobleza. De esta pequeña noble¬za se recluta lo mejor de los capi¬tanes, diplomáticos y funcionarios. De la pequeña nobleza salieron muchos obispos (&amp;quot;llanos&amp;quot;, no pertenecientes a la aristocracia o alta nobleza). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se debe también hablar de una incipiente nobleza urbana: terratenientes, ricos por herencia, no comerciantes, y que es más culta que la nobleza militar. Sus hijos llenaban las universidades. También de aquí salen canónigos, obispos, abades. Fueron excelentes secretarios y administradores. Los pobladores de las pueblas (poblaciones fundadas con privilegio real y cuyos vecinos formaban “ayuntamientos” y concejos) y las villas (con sus pobladores llamados &amp;quot;villanos&amp;quot;) tienen acceso o movilidad de ascenso a ese tipo de nobleza y constituyen una parte importante y fundamental en la estructura del Reino. La tendrán en el poblamiento español del Nuevo Mundo con sus fundaciones, al estilo castellano o de la madre patria. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la estructura y en la vida social y política del Reino se encuentra el clero. Constituye un grupo social peculiar dentro de la sociedad. Dentro de él hay de hecho un clero socialmente alto y otro clero bajo, no por procedencia social, sino por los puestos que ocupan en la estructura eclesiástica. El clero tiene un fuerte espíritu corporativo (como en los otros países de la cristiandad medieval hasta la edad contemporánea) para defender sus inmunidades. Su fuerza económica la constituyen los diezmos (en especie, que se subastaban). La mentalidad de cada estrato era fuerte y reflejaba con frecuencia también su procedencia social. El papel del alto clero era notable. Constituían la columna vertebral de muchos sectores de la administración pública, cancilleres, presidentes y miembros del Supremo Consejo de Indias, cuando éste fue creado, y de muchos tribunales. Personajes fundamentales en la España de los tiempos del descubrimiento de América, como el arzobispo Talavera, Deza, los cardenales Cisneros y Mendoza, por citar nombres universalmente más conocidos, lo demuestran. En conjunto forman un grupo notable por &amp;quot;letras y virtud&amp;quot;. Muchos de ellos actuaron en la vida política e incluso en la militar; son parte de la última hornada de prelados-capitanes, como lo fue incluso el cardenal franciscano reformador Francisco Ximénez de Cisneros (que tiene su proceso de canonización introducido). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dentro del clero se encuentra una especie de alto clero menor, generalmente hacen parte de ella los prebendados (que eran dignidades, canónigos o racioneros de alguna iglesia catedral o colegiata). Normalmente son de elevada categoría intelectual. Existen 47 capítulos ca¬tedrales de gran poderío económico y con un nivel moral bastante bueno en general. Sin embargo entre el bajo clero, incluso entre el religioso, se da a veces inmoralidad, ignorancia y pobreza. Este fenómeno de decadencia en una parte del clero regular y secular era un fenómeno de la cristiandad europea de la época, con numerosos intentos de reforma por parte de papas y concilios a lo largo del siglo XV y comienzos del XVI. Basta recordar cómo el tema de la reforma del clero aflora y es tratado específicamente desde el Concilio de Constanza (1414-1418), Ferrara-Florencia (1438-1445), Lateranense V (1512-1517). En este cuadro el caso español corresponde al del resto de Europa. Sin embargo no se puede generalizar. Los concilios provinciales vigilaban y urgían por una reforma de las costumbres entre el clero. El siglo XVI será un siglo de notables &amp;quot;reformas&amp;quot; en este sentido, que verá el florecimiento de muchas Órdenes religiosas reformadas, de varios concilios provinciales y culminará con las reformas del Concilio de Trento (1545-1563). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Había en la España a la que nos referimos lo que se podría llamar &amp;quot;grupos medios&amp;quot;, aunque el término no corresponda a la moderna acepción de “clase social”. Eran gentes de ejercitaban oficios y menesteres necesarios en toda sociedad, especialmente en villas y ciudades como mercaderes y comerciantes, no¬tarios, abogados, barberos (que ejercitaban a veces también una medicina rudimentaria, pero importante), médicos y curanderos y pequeños administradores. Demográficamente eran débiles. De ellos salía 1/3 o 1/4 de los regidores. Solían componer (en reinos como en Aragón) los cabildos de las ciu¬dades. Son la raíz de la futura burguesía industrial y mercantil.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los artesanos constituían una especie de clase o grupo modesto urbano, que vivían asociados en gremios. La artesanía era más bien patriarcal y familiar, y menos técnica de taller, como en Italia o en Flandes. Proporcionaban un tercio o un cuarto de los regidores&amp;lt;ref&amp;gt;Los regidores eran los concejales de los ayuntamientos, miembros del cabildo de Indias o de las corporaciones locales.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Constituían la masa popular en los festejos. Este grupo social tiende a superarse y a presentarse bien. Su vida era suficientemente holgada. La población de todas estas clases sociales componía el 20% de los habitantes de España. Luego estaban los campesinos, que son un 80%, en desigualdad de condiciones, según las regiones. Había campesinos &amp;quot;de señorío&amp;quot;, a veces en penosas condiciones, y campesinos de realengo&amp;lt;ref&amp;gt;Poblador o vecino de una circunscripción o concejo que no era de señorío ni de las órdenes, y que pertenecía a la Corona.&amp;lt;/ref&amp;gt;, a veces muy dignos. Pero toda la población vivía a veces sometida a calamidades y grandes crisis, comunes a todo el resto de Europa, como pestes y enfermedades endémicas y crónicas, sequías o superabundancia de lluvias, inviernos crudos, o veranos tórridos; todo ello provocaba muertes frecuentes y prematuras, y hambrunas frecuentes, sobre todo en las tierras más áridas o secas como las castellanas. Sin embargo estas penosas situaciones, con frecuencia endémicas, no provocaron sublevaciones populares, como sucedió en otros lugares de Europa; basta pensar a las sublevaciones de los campesinos y de los caballeros en la Alemania de los tiempos de Lutero o en otras semejantes en la Italia e incluso en la Roma de los siglos XIV y XV.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y ¿cuál era el valor monetario corriente en esta época? En el caso español el más común era el &amp;quot;ducado&amp;quot;, que correspondía a 375 maravedís, una equivalencia a unos ocho jornales de obrero especializado o veinte jornales de un peón. El marqués de Villena, por ejemplo, tenía 100.000 ducados de renta al año. La Iglesia (sus instituciones y su personal ministerial) tenía seis millones de ducados de renta: dos millones el clero re¬gular y cuatro, el clero secular.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==3. La España católica y la Reconquista==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
1. ''Carácter y temperamento del catolicismo español de la época'': ¿Cómo se explica la vehemencia y también la fuerza del catolicismo español? Hay muchas teorías y opiniones al respecto. No hay que olvidar la característica historia cristiana española a partir del siglo VIII, cuando los musulmanes del Norte de África invaden el Reino español de los visigodos y lo desbaratan en la batalla de Guadalete (Andalucía) donde perece el último rey visigodo Don Rodrigo, que pasará a la leyenda épica española en multitud de romances (711). Casi todo el Reino visigodo español cae bajo dominio musulmán, si se exceptúan las regiones montañosas del Norte, astures, cántabros, vascos, y zonas de la Navarra y de la Cataluña pirenaica. En el año 721 encontramos los hechos conocidos como “''batalla de Covadonga''” en las montañas de Asturias, donde un príncipe visigodo, Don Pelayo (+737), levanta el estandarte de la &lt;br /&gt;
Cruz contra el invasor musulmán y da comienzo a la Reconquista, que se concluirá en 1492, en Granada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue el comienzo del minúsculo Reino de Asturias, que lentamente alargará sus fronteras reconquistando los territorios de León y luego las mesetas castellanas. Dará lugar así al nacimiento, como prolongación del reino asturiano del de León (s. IX), y más tarde al de Castilla (s. X) (Castilla y León unidas de nuevo a partir del 1230), del que nacerá con el tiempo el condado de Portugal (condado dependiente de Castilla a partir del 1094 y luego reino, totalmente autónomo). En el caso Asturiano ya a finales del siglo VIII se funda la ciudad de Oviedo (760), alrededor del monasterio benedictino de San Pelayo, donde el rey Fruela  I (757-768) establecerá su Corte y que alcanzará un notable esplendor artístico en tiempos de su hijo y sucesor Alfonso II el Casto (rey 792-842), contemporáneo de Carlo Magno, con el que mantendrá relaciones culturales y políticas. Nace así aquel arte que todavía hoy se contempla en la región asturiana, el llamado “pre-románico”, la preciosa Cámara Santa de la Catedral de Oviedo, como relicario de valiosas reliquias traídas del resto de la España invadida por los musulmanes, entre ellas la Cruz de la Victoria (símbolo de la reconquista, levantada por su primer caudillo don Pelayo), la de los Ángeles símbolo heráldico de Oviedo, de tiempos del rey Alfonso II, el Santo Sudario y otras muchas de indiscutible valor histórico y religioso. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este tiempo de Alfonso II el Casto, comienza la histórica peregrinación hacia Compostela, lugar donde se señalaba la traslación de las reliquias del Apóstol Santiago y que dará lugar a uno de los tres grandes centros de peregrinación medieval: Santiago, Roma y Jerusalén. Algo semejante comienza a suceder en las estribaciones de los Pirineos aragoneses (como en los alrededores del monasterio de San Juan de la Peña) y catalanes. Son las raíces tempranas de varios condados y marcas del reino de Aragón, con una historia unida a los nacientes reinos de Navarra y de Castilla y de los condados catalanes, cuya historia autónoma comienza a caminar a partir del s. IX, y que pasados varios siglos se unirán a la Corona aragonesa (Alfonso II de Barcelona, conde de la misma y rey de Aragón, une al reino aragonés el condado hereditario de Barcelona en 1162).  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin embargo la reconquista fue dura y larga. De hecho, hacia el año 750, gran parte de la península se encontraba bajo el califato de los Omeyas, en Córdoba, fundado por Abd-er-Rhaman I (756-788), que llega a su máximo esplendor en tiempos del califa Abd-er-Rhaman III (912-961). Y sus caudillos atormentaban con continuas incursiones los territorios cristianos. Así todavía en el año 1000, el caudillo musulmán Almanzor logró llegar hasta la misma Compostela en el oeste y a Barcelona en el este, convirtiendo en tierra quemada cuanto encontraba a su paso&amp;lt;ref&amp;gt;Almanzor, Muhammad ibn Abi ‘Amir, en árabe  ???????, al-Man?ur, o sea al-Man?ur bi-llah (“Aquel que Dios ha hecho vencedor”) (c. 938-1002), caudillo militar del Califato de Córdoba desde el 978 hasta su muerte, según las fuentes árabes y algunas cristianas (Historia Compostellana e Chronicon Burgense) habría muerto en agosto de 1002 en Medinaceli (en la actual provincia española de Soria) como consecuencia de las heridas sufridas en la batalla de Catalañazor. Los hechos se encuentran en las crónicas cristianas y en las árabes, cada una con su propia versión. Tardíamente (más de dos siglos después), el arzobispo de Toledo Rodrigo Jiménez de Rada y el obispo de Lucas de Tuy repiten la historia, con algunas claras equivocaciones. Los reyes de León, de Navarra y el conde de Castilla se habían unido para atacarlo habiéndole infligido una derrota terrible. Esta derrota de Almanzor ha entrado en la leyenda y en la épica española cristiana como una de las victorias con mayor significado religioso en la historia de la reconquista. Según algunos, en Catalañazor, habría sido derrotada la “retaguardia” del ejercito de Almanzor, ya en retirada, muriendo en su campamento de Medinaceli. Cf. Gonzalo Martínez Díez, El condado de Castilla, 711–1038: La historia frente a la leyenda, Marcial Pons Historia, 2005, 581–4; Juan Castellanos Gómez, La batalla de Calatañazor: mito y realidad. Revista de historia militar, 91 (2001), 25–42; ''The New Cambridge Medieval History, III'': c. 900-c.1024, Edited by Tomothy Reuter, 27: Sicily and al-Andalus under Muslim rule; 28: ''The Spanish Kingdoms, print publication year'': 2000; on line publication year: 2008; Rafael Altamira, Il califfato occidentale, en Storia del mondo medievale (trad. della Cambridge Medieval History), Milano, Garzanti, vol. II, 1999, pp. 477-515.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Por ello también los reinos cristianos en su avanzada hacia el sur, de grandes ríos en grandes ríos, desde el Duero hasta el Tajo, van creando espacios desiertos de frontera para estorbar las frecuentes incursiones de los reinos musulmanes. Son la “Extrema-dura”, o las vacías y desérticas tierras fronterizas; se van levantando castillos y fortalezas a lo largo de la geografía hispana que darán también lugar incluso al nombre del futuro condado y reino de Castilla.&lt;br /&gt;
En esta misma época se asiste al nacimiento del califato de Córdoba, que en mundo islámico de la época es de la misma grandeza esplendorosa de los de Damasco y Bagdad, y a su historia cultural incomparable, que ha dejado una herencia imborrable en la cultura mundial e hispana. Entre el 1009 y el 1031, el califato de Córdoba se va dividiendo en pequeños estados independientes (reinos de taifas), entre los que hay que recordar: Toledo y Badajoz (1009); Murcia (1010); Zaragoza (1012); Almería y Granada (1013); Denia (1014), Málaga (1016); Valencia (1021); Sevilla (1023); Mallorca (1015); Córdoba (1031), etc.. luego: Orihuela, Huesca, Jaén, Carmona, Niebla, Algeciras. Incluso Córdoba se erige en una especie de republica aristocrática entre 1031 y 1070; es ocupada por el rey musulmán de Sevilla en 1070; conquistada por los musulmanes Almorávides de África en 1086 y luego en 1148. En 1091 los musulmanes Almohades de Mauritania invaden los reinos musulmanes de la Península ibérica (1091-1229), que serán derrotados por los reinos cristianos unidos en la batalla de Las Navas de Tolosa (1212), comenzando así la fase final de la reconquista cristiana. El rey castellano Fernando III ''el Santo'', conquistará Córdoba el 29 de junio de 1236 y Sevilla en 1248. Ya en 1085, el rey cristiano Alfonso VI de Castilla había conquistado Toledo y la había convertido en su corte; los aragoneses habían reconquistado Zaragoza en 1146. Jaime I de Aragón reconquista Valencia el 29 de septiembre de 1238. El último reino musulmán de la Península ibérica, Granada, será reconquistado por los Reyes Católicos, Isabel y Fernando, el 5 de enero de 1492&amp;lt;ref&amp;gt;“Fruto del Romanticismo literario se desarrolla en el siglo XIX la mitificación de al-Andalus. Desde entonces,. Dos imágenes por igual hipertrofiadas tienden a representar en exclusiva esta faceta de la Historia de España. Y si bien hoy nadie sostiene en serio que ignorancia, despoblación y desertificación africanas fueran el corolario inevitable de la invasión musulmana, por el contrario –y por razones muy del momento- sí subsiste una corriente publicistica que no se contenta con embellecer en su magín los surtidores del Generalife [en la Alhambra de Granada] […] y va mucho más lejos, manteniendo que un al-Andalus superior, refinado y culto sucumbió ante unos cristianos bárbaros, ignorantes y torpes. La idealización maurofila, al retomar para la Hispania musulmana dos de los mitos más caros al eurocentrismo (el del Buen Salvaje y el Paraíso Perdido), trasluce una actitud que se sale del terreno del análisis racional de la sociedad y de la Historia y se hunde en el de la fe o las creencias religiosas” (Serafín Fanjul, ''Al-Andalus contra España. La forja de un mito'', Ed. siglo XXI, Madrid 2005, 3ª edición, Presentación), con amplia bibliografía sobre el tema. El Autor trata de estudiar históricamente el influjo real del mundo cultural islámico en España, sus logros y sus límites.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''2. La Reconquista'': Entre el 830 y 1030, se vive un período de dos siglos de exaltación cristiana en la Reconquista; florece la cristiandad mozárabe&amp;lt;ref&amp;gt;Mozárabes (del árabe musta?rab, 'arabizado'; en árabe: ??????), es el nombre con el que se conocía a los cristianos que vivían en el territorio en España bajo dominio musulmán. Tenían en la esta sociedad el estatus legal de “dimmíes”, que compartían con los judíos, como no creyentes en el Islam. A efectos prácticos su cultura, organización política y práctica religiosa eran toleradas, y contaban con cierta cobertura legal. Estaban obligados a tributar impuestos de los que los musulmanes se veían exentados y sufrían otras muchas restricciones en la vida civil y religiosa, como la de no poder construir iglesias ni arreglar las ya existentes. Los mozárabes que pasaban al Islam (generalmente por motivos fiscales) y se arabizaban pasaban a ser llamados “muladíes”. La legislación islámica protegía a los no musulmanes, pero favorecía su paso al Islam con medidas de orden muy diverso, sobre todo de tipo económico-fiscal.&amp;lt;/ref&amp;gt;y nacen o avanzan los reinos cristianos: León, Castilla y Navarra, nace el de Aragón y los condados catalanes, entre los que emerge el de Barcelona cuyos condes, con el andar del tiempo, se convierten en reyes de Aragón, dándose así la unión dinástica entre ambos estados. En los siglos XI, XII, XIII: la Reconquista avanza en las diversas líneas fronterizas: del Duero, luego hasta el Tajo, con la conquista de Toledo, la antigua capital visigoda, la ciudad de las tres culturas o religiones (cristiana, islámica y hebrea, que había alcanzado un enorme esplendor cultural frente al resto de la misma Europa medieval cristiana). Por parte suya se asiste a una decadencia y luego al ocaso del califato de Córdoba, la división del mismo en números reinos de taifas que pueblan el sur de la Península&amp;lt;ref&amp;gt;Con el término re de los taifas (en árabe: ???? ???????, muluk al-?awa?if: ?a?ifa árabe significa “parte, minoría étnica, facción”) (llegarán a ser unos 39) se indican los pequeños estados que surgen como consecuencia de la decadencia, disolución y anarquía del Califato de Córdoba, a partir del 1009, con la abdicación del califa y la siguiente abolición del califato de la dinastía de los Omeyas en 1031 con la deposición del califa Hisham III. Se proclamaron numerosos pequeños reinos regidos por familias árabes, bereberes o de origen eslavo que constituyeron verdaderas dinastías tribales o familiares, que solían mantenerse en el poder con tropas mercenarias, incluidas algunas también cristianas. La situación cambia en el siglo XII con la invasión de los musulmanes del reino almorávide del norte de África, pero, disuelto este reino, comienza de nuevo otro periodo en el que nacen nuevos reinos de taifas entre 1144 y 1170, cuando otros invasores musulmanes, los almohades del Norte de África invaden estos reinos. Tras la derrota de los mismos por los cristianos en la batalla de Las Navas de Tolosa (1212), nace de nuevo otro tercer periodo de reinos de taifas de corta duración, acabando con la fundación del llamado reino nazarí de Granada, que capitulará ante los reyes católicos el 2 de enero de 1492, consumándose oficialmente la Reconquista el 6 del mismo mes y año. Aquellas divisiones favorecieron la Reconquista cristiana.&amp;lt;/ref&amp;gt;.                    &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los musulmanes del norte de África intentan reconquistar las tierras perdidas y unificar a los reinos de taifas. Son las invasiones de los almohades. Pero en el año 1212 se da el paso definitivo del choque entre los reinos cristianos españoles y los musulmanes de los almohades en la batalla de Las Navas de Tolosa. Es la época que sigue a la renovación de la vida eclesial española a través de la aplicación en España de la reforma gregoriana con el apoyo de benedictinos y cistercienses. Es también la época de las grandes peregrinaciones a Santiago de Compostela, la del románico de los siglos XI al XIII, del nacimiento del gótico con sus grandes catedrales que se extienden por toda la geografía española hasta el siglo XV. En el siglo XIII la vida eclesial se renueva a través de los canónigos regulares primero, de los frailes mendicantes luego, entre ellos Santo Domingo de Guzmán, canónigo en Osma (Castilla), y sus dominicos y la llegada también de los franciscanos, y del mismo san Francisco, peregrino a Santiago de Compostela. Fernando III ''el Santo'' de Castilla y León, reconquista Sevilla y Córdoba, y su hijo, Alfonso X ''el Sabio'', da un nuevo esplendor a las letras y a la compilación jurídica de las antiguas leyes hispanas; las tres lenguas de su Reino (latín, castellano, árabe y hebreo) formaban parte del bagaje cultural del Reino&amp;lt;ref&amp;gt;Alfonso X fomentó la actividad cultural mediante el patronazgo y dirección de la ya existente Escuela de traductores de Toledo. Dicha Escuela aglutinó a un grupo de estudiosos cristianos, judíos y musulmanes que desarrollaron una importante labor científica al rescatar textos de la Antigüedad, y al traducir textos árabes y hebreos al castellano. Estos trabajos habilitarán definitivamente el castellano como lengua culta, tanto en el ámbito científico como en el literario. El afán de Alfonso por la divulgación de la lengua vernácula le llevó, siendo aún infante, a patrocinar la versión al castellano de ''Calila e Dimna'' y del ''Lapidario''. Además fue un excelente poeta en gallego-portugués. De su extensa obra destacan: el ''Fuero Real de Castilla'', el ''Espéculo'' y las ''Siete Partidas'', entre las jurídicas; las ''Tablas alfonsíes'', entre las astronómicas; y entre las de carácter histórico, la ''Estoria de España'' y la ''Grande e General Estoria o General Estoria'', acerca de la historia universal. ''Las Cantigas de Santa María'' es obra lírica, escrita en gallego-portugués, lengua común a gran parte de la poesía ibérica hasta finales del siglo XIV, cuando aparece el Cancionero de Baena, que ya está escrito en castellano. ''El Lapidario'' versa sobre las propiedades minerales, y el Libro de los juegos sobre temas lúdicos (ajedrez, dados y tablas), deportes de la nobleza en aquel tiempo. También en el campo religioso favoreció la difusión de la Biblia. Alfonso X realizó también la primera reforma (normalización) ortográfica del castellano, idioma que el reino adoptó como oficial en detrimento del latín. Este monarca bien introdujo en España nuevos conocimientos procedentes de los más distantes confines del orbe. Su especial interés en el arte, la historia, el derecho y la ciencia ejerció una profunda influencia en el desarrollo cultural de España y del resto de Europa.&amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En Aragón brillan las epopeyas de Jaime I, el conquistador de Valencia del dominio musulmán. A pesar de episodios lamentables para los cristianos, con signos de algunas episódicas luchas dinásticas y señales de decadencia, como en el resto de Europa, los Reinos cristianos españoles han entrado de lleno en el bullir de una conciencia que camina a pasos agigantados hacia el ocaso de la Edad Media y el nacimiento de una modernidad, todavía confusa, con la constitución de reinos-naciones, raíces de los futuros estados nacionales. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''3. La vitalidad de los reinos hispanos'': En este cuadro, los reinos hispanos se encuentran ya plenamente activos en la vida tanto eclesial como civil europea, con tratados, matrimonios reales, participación en la vida cultural europea con las nuevas universidades, de las cuales Palencia y luego Salamanca, pertenecen a la primera generación, o en los grandes y dolorosos conflictos que enturbian la paz de la “christianitas” europea, como los que caracterizan el siglo XIV y comienzos del XV, como el cisma occidental (1378-1417). Las suertes de la reconquista están echadas. Los reinos musulmanes que todavía persisten en el sur o se convierten en vasallos de los reyes hispanos o son reducidos a su mínima expresión, a pesar de momentos de gloria artística, como en el caso del reino nazarita de Granada. En esta época, los aragoneses y catalanes salen de sus fronteras, navegan por el Mediterráneo y buscan alianzas y ensanchar sus fronteras en el mismo: Nápoles, Sicilia, Cerdeña y hasta el extremo oriental del Mediterráneo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el territorio patrio no todo es fácil. El feudalismo antiguo persiste y la nobleza se encuentra inquieta con rebeldías endémicas que producen conflictos civiles y guerras episódicas de carácter dinástico dentro de las mismas familias reinantes, que después de todo se encuentran muy emparentadas entre sí. También en esta época de mediados del siglo XV, siguiendo el ejemplo del hermano Reino portugués, los castellano-leoneses salen al Atlántico e incorporan las Islas Canarias a sus dominios. Nos encontramos en tiempos de Juan II de Castilla y León, el padre de Isabel la Católica. Tras el reinado endeble y discutido de su hijo Enrique IV de Trastamara, llega el reinado de su hermana Isabel I la Católica, que se casará con su primo el príncipe Fernando de Aragón, que pronto se convierte en rey de aquel Reino. Con este matrimonio real, cambia radicalmente la historia española; se concluye la reconquista en Granada (1492)&amp;lt;ref&amp;gt;Había habido un reino musulmán taifa de Granada, controlado por la dinastía zirí desde 1013 hasta 1090; sigue luego el Reino nazarí de Granada desde 1238 hasta 1492. Tras la reconquista cristiana, el Reino de Granada conserva su denominación jurisdiccional territorial dentro de la Corona de Castilla, desde el siglo XV a 1833. Su símbolo heráldico (la granada) forma parte desde entonces del escudo de los reinos españoles y del Reino de la España actual.&amp;lt;/ref&amp;gt;se unifican en las personas de los dos reyes los reinos hispanos, bajo el famoso lema del “''Tanto monta monta tanto Isabel como Fernando''” y la simbología heráldica que los dos esposos reales adoptan. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Suceden también momentos muy discutidos por la historiografía antigua y reciente como la expulsión de los judíos (1492), malqueridos por sectores de la gente vulgar y de la nobleza a causa, sobre todo, de su papel en la recolección de los impuestos de la misma Corona y una antigua y jamás escondida animosidad, alimentada por antiguos prejuicios y leyendas populares, y por la persistente acusación de “deicidio” que las acompañaban por ser considerados presuntamente en parte, como una especie de “quinta columna” en la antigua época de las invasiones islámicas, y en la época de su expulsión, de los mismos turcos. Es en este momento histórico, y en el mismo año de toda esta serie de acontecimientos notables en la historia hispana, que acontece la aventura atlántica de Cristóbal Colón y el descubrimiento del Nuevo Mundo. Todo ello abrirá una nueva página en la historia hispana y también mundial. La noche quedaba atrás&amp;quot;&amp;lt;ref&amp;gt;Cf. García-Villoslada, R., ''Hist. de la Iglesia¬ Católica'', BAC, III, cap.XVIII.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==4. La mentalidad común de la época ante la infidelidad y la herejía== &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ocho siglos de esfuerzos en una reconquista  trabajosa, y no siempre constante y uniforme, forjaron un temperamento en la España cristiana de entonces, con sus luces y sus sombras, hasta alcanzar una ordenación unita¬ria. La reforma católica se adelanta casi un siglo y en forma origi¬nal en estos Reinos españoles unidos bajo los reyes Católicos. “España […] que se había convertido en una gran potencia […] se convierte en el país del catolicismo del futuro […] pudo así convertirse en un cierto sentido en la patria espiritual de la restauración católica y de la contra-reforma” . Y esta actitud de lucha continúa bajo el nieto de los Reyes Católicos Carlos I (V como emperador): 1520-1558 frente a la herejía . Los teólogos del siglo XVI no abandonan la idea del “Orbis christianus” frente a la herejía. Según su posición general, no se puede dar ninguna coacción sobre los infieles para abrazar la fe, pero sí sobre los bautizados, para conser¬varla. Quedaba en pie un problema ante la situación en el suelo español de la población no cristiana de judíos y de moros: ¿por qué se da esa disyuntiva con-tra ellos de, o abrazar la fe o de emigrar? ¿En qué sentido el poder civil toma parte en favor de una solución radical en el asunto que lleva a la exclusión de estos grupos divergentes? ¿No fue en parte por motivos meramente seculares y civiles, con la naciente “razón de estado” de querer construir un reino unido (Estado) sin discrepancias o elementos centrífugos? ¿No estuvo esto en parte en los orígenes de la creación del tribunal de la Inquisición para examinar los falsos conversos, sea del judaísmo o del islamismo, y que más tarde se extenderá a otros divergentes religiosos, protestantes o pensadores considerados heterodoxos? ¿Protestaron los teólogos contra este tipo de coacciones? . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==5. La nación española== &lt;br /&gt;
En el contexto señalado se forja un celoso nacionalismo, traducido en el estatuto de “lim¬pieza de sangre”, una especie de “culto al honor nacional e innoble criterio de casta” . Los siglos XIV-XV españoles fueron tolerantes. Para el siglo XVI se suelen dar las siguientes estadísticas de la población española : unos 7.000.000 cristianos viejos; unos 350.000 conversos; unos 300.000 moriscos . De pronto aparece la intolerancia. ¿Por qué? La convivencia de cristianos, judíos y musulmanes en los reinos cristianos españoles durante la Edad Media, había tenido que ver con el proceso de &amp;quot;Reconquista&amp;quot; cristiana española de sus tierras invadidas, y la conquista por parte de los musulmanes, sobre todo de las tierras meridionales que ellos llaman Al Andalus (Andalucía, o “tierra de los Vándalos”, antiguos invasores de la misma de origen germánico en el s. V) y posterior ocupación del territorio por los diferentes reinos cristianos del norte de la península. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La escasa repoblación cristiana de sus nuevos territorios hace que sigan viviendo en ellos un importante número de musulmanes, tanto en zonas urbanas (aunque en barrios propios, como la morería de Zaragoza), como en zonas rurales (como siervos de señorío). El final de la Reconquista - con la toma de Granada- y la política religiosa de los Reyes Católicos, modifican la situación previa: en Granada se producen bautismos en masa, y los Reyes Católicos sólo permiten la religión cristiana en España, por lo que judíos y mudéjares han de convertirse o salir del país. En la lucha enconada contra el creciente poderío turco, se teme su alianza con el mismo y en concreto con los piratas berberiscos y turcos que atacaban las costas de la Europa cristiana. Los moriscos andaluces protagonizan  una insurrección en 1568 (la rebelión de las Alpujarras), que fue sofocada casi dos años después por don Juan de Austria, hermanastro de Felipe II. Los moriscos de esa zona fueron desterrados, hecho que aumentó la suspicacia contra ellos en otras regiones donde los moriscos eran todavía muy numerosos, como Valencia o Aragón. En 1609, con el rey Felipe III, se decretó la expulsión de los moriscos, primero de Valencia, después de los otros reinos españoles. Unos 300.000 tuvieron que abandonar España; la mayoría se dirigió al norte de África. Su marcha tuvo graves consecuencias demográficas y económicas, sobre todo en Valencia y en Aragón, afectando especialmente a la agricultura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todos los problemas señalados son complejos y de diversas interpretaciones. Los Judíos constituían una gran minoría cualificada; habían disfrutado por una parte de la protección de los reyes y por otra del odio del pueblo, debido fundamentalmente a su papel en el campo de la recolección de impuestos y al sistema de ganancias económicas con los préstamos; tal aversión será luego transferida a los falsos conversos o hebreos ocultos (marranos), algo común en otros muchos lugares de Europa y a los musulmanes pseudo-convertidos. En el caso español, ya en 1449 se había dado una explosión de odio en Toledo contra los conversos y  la puesta en marcha del llamado “estatuto de sangre” (el de “limpieza”). Casos semejantes se dieron en Córdoba, Jerez, Jaén, en el Reino de Castilla, y otros muchos semejantes en Aragón y Cataluña . Debido también a las conversiones fingidas, el “estatuto de limpieza” pretendía restarles eficacia social. Aquí están en parte, los orígenes de la Inquisición española, que fue creada en el siglo XV precisamente para aclarar y combatir las conversiones ficticias de moros y judíos . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==6. Nuevos intentos de cruzada ante la caída de Constantinopla en poder de los turcos==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El tema de la “cruzada” flotaba en el ambiente español cristiano desde hacía siglos a lo largo de la “reconquista”, cruzada llevada a cabo en casa, como algunos la han llamado; pero era también una mentalidad muy extendida en la Europa medieval. Baste pensar a los últimos intentos de cruzada contra los turcos en tiempos de Pío II (1458-1464). La urgencia de la defensa contra el avance de los turcos había empujado a los griegos a buscar ayuda en la cristiandad latina occidental, e incluso a una posible reconciliación con Roma recomponiendo la antigua división entre Oriente y Occidente. Tal fue el intento que fracasaría tras el concilio de Ferrara-Florencia (1438-1445), porque no encontró el apoyo necesario en algunos metropolitas orientales y sobre todo en buena parte de los monjes y de la gente desde siempre muy influida por ellos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Constantinopla cae bajo el dominio turco el 29 de mayo de 1453, y su basílica de Santa Sofía será convertida en mezquita después de diez siglos desde su construcción. La caída de Constantinopla causó honda impresión en el mundo cristiano occidental; y no era para menos: había sido, desde los tiempos de Constantino, el corazón del Imperio Romano Oriental o Bizantino. Ahora se convertía en Estambul, cabeza del grande Imperio Otomano, que ponía también pie en el continente europeo, revolucionando así los cuadros políticos del Occidente cristiano. Por ello se explica el impulso que algunos, sobre todo el Papa, quisieron dar lanzando una nueva “cruzada” en defensa tardía del Imperio Bizantino. Fracasarán en sus intentos los Papas Eugenio IV, Nicolás V, Calixto II y Pío II, desde 1433 a 1464, debido sobre todo a las divisiones y rivalidades entre los nacientes estados nacionales europeos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este contexto, Eugenio IV llamó al Occidente cristiano en defensa de aquel Imperio (1443). Casi nadie se movió entonces, a excepción del rey de Polonia y el de Hungría, Ladislao, que fue vencido por los turcos en Varna, junto con el legado pontificio el cardenal Cesarini (1444). En otro lugar meridional de Europa, en Albania, Jorge Castriota, conocido con el nombre de Skanderberg, resistirá a lo largo de 24 años a la invasión turca. La derrota sufrida en Varna fue el prólogo de la caída de Constantinopla. El papa Nicolás V querrá renovar la llamada a una nueva cruzada que no logra comenzar; lo intenta su sucesor, el español Calixto III (1455-58) mandando predicadores de la misma por Europa e invitando a ella a los príncipes cristianos, proponiéndose no sólo liberar Constantinopla, sino también llegar incluso a Jerusalén. También aquí vemos una primera respuesta positiva por parte de los príncipes cristianos, pero que enseguida cae en el vacío.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un ejército cristiano guidado vía tierra por Juan Hunyadi, asistido por el cardenal Carvajal y animado espiritualmente por S. Juan de Capistrano, vence en Belgrado (1456), impidiendo así a los turcos continuar avanzando hacia Viena, mientras que Skanderberg los vencerá en Taormizza (1457), y el cardenal Scarampo, guiando vía mar una escuadra, los derrota en Metelino (1457). Calixto III esperaba entonces de nuevo una respuesta positiva por parte de las potencias cristianas. Pero de nuevo la indiferencia y las rivalidades, agravadas con la muerte de Juan Hunyadi, hicieron fracasar aquellos planes. El sucesor de Calixto III, el humanista Pío II (Enea Silvio Piccolomini) (1458-1464) intentó tomar de nuevo la iniciativa; llegó a convocar una especie de congreso de las potencias europeas en Mantua (1459-1460) donde participó personalmente, pero de nuevo aquel proyecto fracasó por los mismos motivos que los anteriores. Al Papa se le ocurrió una idea totalmente utópica: mandó a Muhammad II, el conquistador de Constantinopla, una carta, espléndida en su estilo literario, en la que le invitaba a convertirse al cristianismo, prometiéndole el imperio de Oriente y de Occidente (¡!). Luego, en 1463, el mismo Papa tomó la decisión de conducir él mismo la cruzada lanzando una invitación en tal sentido al Occidente cristiano. Anciano y enfermo se pone al frente de un ejército en dirección al puerto italiano de Ancona, donde ya agotado muere (1464). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Moría así una antigua utopía y la idea misma de cruzada, que había atravesado con numerosos vaivenes  la historia medieval europea, todavía objeto de enconadas controversias historiográficas y de resentimientos. Sin embargo, en aquellos precisos momentos, y en un cuadro muy distinto en los extremos del mundo europeo, en la Península Ibérica sucedían una serie de acontecimientos, algunos de ellos muy unidos a motivos no lejanos del sentir común de la christianitas europea de la época y de los Papas: la conclusión de la Reconquista, y coincidiendo con la misma, los descubrimientos transoceánicos por parte de Portugal y de España. En el caso español encontramos ingredientes variados e híbridos, muy presentes en la vida política y popular del siglo XV. La conquista de Granada que concluye este ciclo y da comienzo a otro nuevo, la tomó el pueblo como algo suyo . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==7.  La Iglesia Española de finales del S. XV y comienzos del s. XVI== &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
7.1. Para comprender el estilo de la primera evangelización en el Continente americano. España y la Iglesia española fueron los agentes de la evangelización del Nuevo Mundo de lengua española, como en el Brasil lo será el Portugal hermano. Es preciso conocer su idiosincrasia, las potencialidades y limitaciones de su contenido católico. Ya nos hemos referido a la importancia que tenía el clero dentro de la sociedad española del tiempo y a su composición. Nos vamos a fijar en otros elementos de esta España religiosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para comprender mejor &amp;quot;el encuentro del catolicismo ibérico y las culturas americanas&amp;quot;, que &amp;quot;dio lugar a un proceso peculiar de mestizaje, que si bien tuvo aspectos conflictivos, pone de relieve las raíces católicas así como la singularidad del Continente&amp;quot; , es necesario adentrarnos más, tanto en la historia de la España de aquél entonces, como en los primeros pasos de la Iglesia en tierras americanas. El dinamismo que impulsó y que aún continua fecundando tal síntesis, que es el continente latino americano en su configuración, lo constituye la fuerza de la fe católica. Los obispos latinoamericanos escribieron en su reunión plenaria de Puebla, celebrada en 1978: &amp;quot;Con deficiencias y a pesar del pecado siempre presente, la fe de la Iglesia ha sellado el alma de América Latina, marcando su identidad histórica esencial y constituyéndose en la matriz cultural del continente, de la cual nacieron los nuevos pueblos&amp;quot; . Es esto lo que le da sentido a su ser; el encuentro con el Evangelio, con la verdad de que existe Dios Padre Bueno, que nos ha dado a su Hijo Jesucristo para salvación nuestra, bajo el aliento del Espíritu Santo, encarnado y nacido de una mujer (cf. Gal. 4, 4), la Virgen María de Nazaret .&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se tenía mucho cuidado de que las Órdenes que pasaban a América fueran todas reformadas. Serán cinco Órdenes religiosas reformadas o nuevas las protagonistas de la historia de la evangelización en el Nuevo Mundo hispano: los franciscanos, los dominicos, los agustinos y más tarde los mercedarios; a estas Órdenes religiosas antiguas, llamadas mendicantes por su origen y estilo, se sumarán pasado medio siglo los recién fundados jesuitas. Los franciscanos que llegaron a México para emprender la evangelización pertenecían a la más severa y genuina de las Observancias evangélicas. El humanismo español constituía el ambiente cultural de estos misioneros. Es conocida la influencia, por ejemplo, de Erasmo de Rotterdam ; el mismo Zumárraga había leído sus libros, como lo demuestra la carta que envió, el 2 de noviembre de 1547, a fray Francisco del Castillo, provincial de su comunidad en Burgos . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Desde este horizonte los evangelizadores trataron, desde sus posibilidades, de crear una nueva humanidad cristiana, singularmente sana y fiel. “La primera generación de misioneros en México, por ejemplo, los obispos Juan de Zumárraga y Vasco de Quiroga, se caracterizaban por el sello del humanismo contemporáneo; Zumárraga estaba influenciado por Erasmo y Quiroga por Tomás Moro. Esta actitud espiritual fue decisiva en algún modo, y precisamente también en relación con la labor misional” . La extraordinaria labor evangelizadora que realizaron los misioneros en tierras americanas, encuentra en estos altos ideales de reforma y santidad de vida, una de sus principales motivaciones. Son elementos que no podemos dejar de tomar en cuenta al momento de estudiar la labor y los métodos que usaron para lograr la conversión de los indígenas americanos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
España estaba en un momento de apogeo y expansión. Venía de concluir la guerra de reconquista contra el dominio musulmán de su suelo. Los Reyes Católicos otorgan una gran importancia a la fe y alientan con gran energía y constancia un proceso de reformas y austeras observancias que, aunque ya venía gestándose desde hacía tiempo, alcanza con ellos una sistemática propuesta de reforma cristiana. El humanismo español de finales del siglo XV y de todo el XVI es sumamente rico en realizaciones literarias y espirituales. Es un tiempo donde lo épico y lo religioso se entrelazan en un universo cultural sumamente fecundo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
7.2. Una antigua exigencia de reforma en toda la Iglesia La exigencia de reforma en la vida de la Iglesia en cuanto sociedad humana, es un fenómeno continuo en la historia de la Iglesia. En los  finales de la edad Media y comienzos de la Moderna se sentía agudamente, sobre todo en algunos ambientes. Se pedía entre otras cosas una reforma radical “in capite et in membris” (en la cabeza y en los miembros), empezando por una adecuada puesta al día de las estructuras jurídicas (centralización y reservas con los desórdenes consecuentes, fiscalismo y abusos) de la vida eclesiástica del clero alto y de la formación del bajo clero, sobre todo en relación a la atención pastoral de los fieles. La respuesta dada a esta exigencia urgente no fue siempre equilibrada y ortodoxa en muchos ambientes cristianos europeos, ni tampoco fue amplia y promovida con decidida voluntad por parte de la jerarquía de esa época, lo que causará con el tiempo la ruptura de los movimientos protestantes. En este contexto, en varios países de la cristiandad se dan discutidos movimientos de reforma desde el punto de vista de la ortodoxia católica, como los llamados “espirituales” o grupos de frailes franciscanos con ideas eclesiológicas heterodoxas, influenciadas a veces por las teorías de Joaquín de Fiore sobre la existencia de dos iglesias, una carnal y rica, y en contraposición otra espiritual, santa y evangélicamente pobre, Otros sostenedores de ideas radicales heterodoxas serán el inglés John Wicliff y luego el bohemo Jean Hus y otros que preceden en muchos puntos la futura mentalidad cristológica y eclesiológica de los reformadores protestantes, como Jakoubek, Nicolás de Dresde o Wesel Gansford (1419-1489) en Alemania. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Son comprensibles estos movimientos radicales de reforma ante la situación de una jerarquía eclesiástica con frecuencia mundana. Estas tendencias ideológicas, fomentadas también por desórdenes sociales, se agudizaban por la falta de una voluntad eficaz de reforma en muchos responsables eclesiásticos. Sin embargo, lentamente comienza a abrirse paso una mayor voluntad de reforma por parte de la jerarquía eclesiástica (Papas y Concilios) a lo largo del s. XV y comienzos del XVI. Así en el concilio de Costanza y en los concordatos que estipuló Martín V, se ve tal voluntad; éste papa eligió también cardenales óptimos y una buena bula de reforma (16.V.1425), que quedó en letra muerta; en la misma línea decretó el concilio de Basilea con medidas radicales, nunca aplicadas. Los papas siguientes emanaron varios decretos y bulas también en tal sentido, casi siempre ineficaces y raramente aplicados, quedándose en meros proyectos. La historia va adelante con vanos intentos de reforma, incluidos los del concilio ecuménico Lateranense V (1513-1517). La doctrina católica fue siempre defendida, pero las situaciones de desórdenes graves en la vida cristiana continuaron vivos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin embargo, en algunos lugares de la cristiandad occidental se empezaba lentamente un camino de reforma de la vida de la Iglesia, como lo demuestra el llamado fenómeno de la “Devotio moderna”, movimiento eclesial comenzado en los Países Bajos a finales del s. XIV y que se desarrolla a lo largo del XV dando lugar a asociaciones como “los hermanos y las hermanas de la vida común”. “Devotio moderna” significaba “servicio de Dios” con una proyección clara de cristocentrismo, una espiritualidad ascética práctica (contra la mística especulativa de los dominicos alemanes), una marcada tendencia afectiva (de raíces franciscanas, de la escuela de S. Bernardo y del teólogo francés Gerson), una interioridad y subjetivismo notables en detrimento de los contactos, también apostólicos con el mundo, y una insistencia ascética que subraya el papel responsable del fiel en la recepción de los sacramentos. El libro “La imitación de Cristo” es fruto de tal “devoción” y su probable autor, Tomás de Kempis, pertenecía a tal movimiento. Esta espiritualidad ejercitará un influjo en el siglo siguiente en muchos santos y fundadores como Ignacio de Loyola e incluso en algunos protagonistas de la reforma protestante.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
7.3. El movimiento de reforma de la vida religiosa monacal y conventual en la Iglesia. Hay otro aspecto notable en el incipiente movimiento de reforma eclesial de este periodo, y es el comienzo de la misma en el seno de algunas antiguas Órdenes religiosas, en gran parte en un lamentable estado de decadencia, si se exceptúan los Cartujos y en parte los Cistercienses. La peste negra que asoló media Europa en aquellos dos siglos (XIV y XV) había vaciado los monasterios,  que luego se habían llenado con vocaciones mediocres o por motivos que nada tenían que ver con la consagración religiosa. Por ello los nuevos religiosos o monjes vivían con frecuencia una vida disipada, en monasterios y conventos con abundantes bienes, falta de la vida común fundada en privilegios obtenidos de los papas, y con una clausura más teórica que práctica, sobre todo en el caso de las monjas, que en muchos casos provenían de la nobleza y traían consigo sus niveles de vida y privilegios y en muchas ocasiones eran obligadas por motivos sociales a entrar en los monasterios. También aquí las decisiones de Papas y Concilios sobre la reforma religiosa caían en un terreno árido. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este panorama se dan los primeros intentos de refreno religioso, cuando algunos religiosos buscan volver a las raíces carismáticas de su fundación, y se reúnen en un convento donde querían vivir claramente el espíritu de tal origen. En los comienzos, ese convento buscaba ponerse bajo las órdenes del General de la Orden por encima de su Superior Provincial. A tal convento se asociaban otros con el mismo espíritu; se formaban así las “Congregaciones” de reforma, bajo la obediencia a un Vicario con poderes amplios. Se quería llevar a cabo de esta manera la reforma de la Orden. Aquí ahondan sus raíces divisiones sucesivas entre “conventuales” y “observantes”, “calzados” o “descalzos”, etc… en varias antiguas órdenes religiosas, ya a partir de finales del s. XV y sobre todo en el s. XVI. El fenómeno se da en la mayoría de las antiguas, también en España, y tendrá consecuencias notables en la historia de los evangelizadores del Continente americano. No todas las “Congregaciones” duraron, sin embargo favorecieron la reforma, en cuanto extendieron su influjo sobre todo a través de la predicación popular ambulante.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
7.4. El movimiento de reforma de la vida religiosa monacal y conventual en la Iglesia. La historia de la reforma eclesial en España se encuadra en este movimiento. Fue conducida hasta llegar a la gente común, comenzando ya mucho antes del Concilio de Trento y llegando al mismo, que ratificó muchos aspectos que la Iglesia en España ya había puesto en marcha desde hacía tiempo. Una de sus características peculiares fue que la iniciativa vino de los Reyes Católicos, con pasos sucesivos de reforma del episcopado, del clero y del pueblo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La reforma de la vida religiosa en España se dió de manera precisa y orgánica . En el caso de los monjes comienza con la del monasterio de San Benito de Valladolid, por iniciativa del rey de Castilla Juan I (en 1389-1390), con el objetivo de que los monjes viviesen la regla benedictina de manera precisa y rígida, y con voto de clausura perpetua al modo de las Clarisas; reclutó para ello unos 15 monjes provenientes de varios monasterios que se comprometieron a seguir tal vida rígida. Luego evolucionará hacia una mayor elasticidad, pasando a finales del s. XV a constituir una “Congregación” de unos 10 monasterios (en 1524 contaba con 32), y durará en los siglos siguientes. Algo semejante ocurre con los cistercienses con la fundación o reforma de la “Congregación de S. Bernardo de Castilla”, en tiempos de los papas Martín V y Eugenio IV, por obra del monje cisterciense que provenía de los Ermitaños de San Jerónimo (Jerónimos), Martín de Vargas. Esta fundación fue duramente obstaculizada por el capítulo general de Citeaux (cistercienses) a lo largo del s. XV; en 1549 reunía 45 monasterios de los 59 españoles de la Orden. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No se observan generalmente nuevas fundaciones con nuevas Reglas en las grandes órdenes religiosas. Sin embargo en España nacen los Jerónimos (ya presentes en Italia como “Eremitas de S. Jerónimo”). Fue un canónigo de Toledo, Fernando Yáñez de Figueroa y su camarero mayor, Pedro Fernández Pecha, que comenzaron a vivir una vida eremítica, pasando luego a la cenobítica, adaptándose a la regla de S. Agustín, con la aprobación de Gregorio XI en 1373. En 1423, Lope de Olmedo quiso reformar la Orden siguiendo algunas indicaciones que sacó de los escritos de S. Jerónimo, y creó así un nuevo ramo llamado “Congregación de la Observancia de S. Jerónimo”, pero que en España tuvo un éxito muy relativo, uniéndose luego en 1567 al resto de los Jerónimos. Se mantuvieron fieles a la regla de manera bastante rígida; crecerán a lo largo de los s. XV y XVI en España fundando y agregando numerosos monasterios, entre ellos hay que señalar el de Yuste, en Extremadura, donde se retirará el emperador Carlos V, el del Escorial, fundado por Felipe II, y el Guadalupe en el célebre santuario de Extremadura.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En cuanto a las Ordenes mendicantes tuvo en España, como en otros lugares, dificultades notables de reforma, dada su organización centralizada que había favorecido en cierto modo también su decadencia. Sin embargo, tal organización luego favorecerá o pondrá obstáculos a la reforma o la apoyará tibiamente. La historia de la reforma de los mendicantes, también en España dependió en buena parte de estos factores, a parte de los apoyos de papas y reyes, característica de la misma reforma, oposición de superiores locales, intervenciones abusivas de los poderes seculares, etc.. En España la reforma nace por iniciativa autónoma en varias provincias. En Santiago en 1390, que se autonomiza en 1440 de los conventuales; en Aragón, con una tendencia de carácter eremítico y se convierte en una provincia de observancia en 1442; en Castilla, parece ser que la observancia franciscana llega de Sicilia. Todos estos conventos reformados, a partir de 1446, forman con los observantes franciscanos franceses, ingleses, belgas, alemanes norte-occidentales la “Vicaria Ultramontana”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero en España nacen también grupos “ultra-reformistas”. Un primer iniciador de esta tendencia es Pedro de Villacreces (+1422), que se proponía reproducir el ideal de la Porciúncula gobernada por S. Francisco de Asís: vida austera y contemplativa, retiro y vida eremítica dentro del convento, pobreza radical, siempre descalzos, oración prolongada, silencio total. El estudio era reducido al mínimo. El sucesor de Villacreces, Lope de Salinas, aumenta el tiempo dado al estudio teológico y moral para formar predicadores y confesores, usando pequeños manuales. Prosigue esta línea el antiguo jerónimo Juan de La Puebla (+1495) con la reforma del convento de Santa María de los Ángeles de Sevilla. De este grupo nace la reforma de Juan de Guadalupe, la observancia rigurosísima, que da mayor fuerza a la predicación y al apostolado. Estos grupos diversos de franciscanos reformados continúan difundiéndose a partir de 1517; entre ellos se encuentra el de San Pedro de Acantara, confidente de Santa Teresa de Jesús, llamados “alcantarinos” o “pascualitas-alcantarinos”. A estos grupos reformados de franciscanos pertenecen los primeros grandes misioneros franciscanos del Continente americano. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra Orden religiosa reformada en España es la de los Agustinos. La formación de la “Congregación de observancia” española tiene una propia historia. Parece ser que su primer convento fue el de “Domus Dei” de Castelví de Rosanes en Cataluña (1420), que permaneció solo y aislado en medio del conventualismo hasta 1569. La “Congregación de observancia” española surge de hecho en Castilla por obra de Juan de Alarcón (+1451 c.), que actuó bajo la protección del padre general Favaroni y tras haber conocido la fuerte renovación de la Orden en Italia. Así se crea en España una “Congregación de observancia” ya en 1438, con 4 conventos de frailes y uno de monjas. Alarcón obtuvo en aquel mismo año la bula de confirmación de parte del Papa, mientras que en los demás casos italianos las bulas llegarán decenios después. La extensión de esta reforma en España se puede deducir del hecho que en 1504-5 se decretó la unión de la “Congregación de Observancia” con la Provincia agustiniana española, que tras divisiones y tensiones, sólo se pudo actuar en 1512. Ello se debió gracias a los Reyes Católicos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La historia de la reforma de los dominicos españoles tiene características semejantes. Ya en el Capítulo general de Burgos (1413), el general de obediencia aviñonesa (nos hallamos en los tiempos del cisma de Occidente), Juan de Puinoix, trata de eliminar los defectos más salientes en la Orden con fuertes medidas disciplinares, incluida la cárcel, y de restaurar la vida común. Probablemente tuvo un gran influjo San Vicente Ferrer con su vida santa, su predicación y sus escritos (Tratado de vida espiritual). Pero la verdadera reforma hay que señalarla también aquí en el método de la fundación de  “Congregaciones de observancia”, alrededor, parece ser de Santa Catalina de Siena (+1380) y de su confesor Raimundo de Capua, maestro general de la Orden a partir del 22 de mayo de 1380. La lista de dominicos eminentes que llevan adelante la reforma de la Orden en Europa, a partir de Italia, es abundante. En España comienza en Castilla en 1423 y recibe el reconocimiento de derecho pontificio en 1478. Su desarrollo se debe a los Reyes Católicos, por lo que en 1505 se une a la Provincia dominica de aquel Reino, eliminando los conventos no reformados e introduciendo la Observancia. Una de sus características fue su expansión a partir de un convento reformado, lo que se puede señalar como un ejemplo de reforma a partir de la base. En estas “Congregaciones de observancia” se quiere volver a la experiencia primera de la Orden y se resuelve el problema de la pobreza buscando una línea media: queda la “mendicidad” como ideal, pero se corrige con otros medios de subsistencia, cuando aquella se mostraba insuficiente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El caso de la Orden de los carmelitas, sea en el s. XV como en el XVI, sigue un itinerario parecido. Se pueden enuclear varias reformas serias: dos de “Congregaciones de observancia” fuera de España ya en el s. XV (las de Mantua en Italia y de Albi en Francia), y las del s. XVI, la general de Nicolás Audet de toda la Orden (1524), y la teresiana en España, que coincide con la historia de la reforma de la gran Santa Teresa de Jesús (1515-1582), seguida por su discípulo San Juan de la Cruz (1542-1591), los dos grandes místicos y literatos incomparables en su género. En España hay otras órdenes mendicantes, que en esta misma época siguen el camino de la reforma y que tendrán también un papel importante en la evangelización americana, principalmente los Mercedarios y los Trinitarios, ambas órdenes fundadas para la redención de cautivos en manos de los musulmanes del Norte de  África. La primera de estas dos órdenes, que pasarán tempranamente a América (el capellán de Cortes fray Bartolomé de Olmedo, muerto en 1524, era un mercedario),  desarrollará un papel fundamental en la historia de la evangelización americana.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La estructura de las “Congregaciones de observancia” de los mendicantes son bastante comunes. Son ordinariamente reconocidas, algunas por documentos papales (de derecho pontificio), otras por el general de la misma Orden. No crean sistemas jurídicos nuevos, como en el caso de los monjes; introducen sólo un gobierno doble, casi completo, dentro de la misma Orden, autónomo en relación a sus provinciales locales, pero no en relación al general de la Orden. La historia de cada caso muestra con frecuencia caminos y características peculiares. Estas reformas quisieron ir a la raíz de los males y cortarlas de cuajo. Se caracterizan en general por la pobreza vivida, la austeridad, la vida común, la penitencia aflictiva, la meditación y la “lectio divina” y con ella el silencio; un monje-abad de Monserrat en Cataluña preparará un tratado y meditaciones titulado “Exercitatorio de la vida espiritual” que ejercerá un influjo notable en tal sentido en todas las Órdenes de observancia. Al contrario, el tiempo dado al estudio estaba marcado por las necesidades apostólicas más que por una necesidad intelectual en sí; puede decirse, que sobre todo en sus comienzos, hubo una reacción contra los estudios académicos, o al menos una indiferencia y desestima para la formación sacerdotal. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La razón de esta desestima, sobre todo en el mundo de los monjes de este tiempo, era el pretender una oposición entre el monje “homo devotus” y “homo spiritualis” por una parte y del “homo doctus” por otra. El problema se empezará a resolver a lo largo de los primeros decenios del s. XVI, cuando los monjes reformados comienzan a erigir también colegios universitarios, pero el desarrollo fue bastante lento. Por su parte en las Órdenes de observancia encontramos actitudes muy diversas. En el caso español los agustinos, por ejemplo, son más bien contrarios. Lo mismo sucede con otras Órdenes. El rechazo de los grados académicos se fundaba en que habían sido en su tiempo una de las causas de la decadencia religiosa. Los dominicos resuelven el problema admitiendo a los mismos a frailes de virtud probada, y combatiendo los antiguos privilegios que tenían los titulados lectores (profesores o doctores). Poco a poco todas estas Órdenes resuelven el problema instituyendo en cada provincia casas de estudios, esto a partir de mediados del s. XV; sin embargo sigue durante mucho tiempo la oposición a los grados académicos. Así los agustinos de Castilla tardan hasta 1542 en organizar los estudios humanísticos, filosóficos y teológicos, cuando el General Seripando le impone una organización de los estudios para dar una mayor formación a los frailes candidatos al sacerdocio. La solución al problema fue positiva gracias a que la Observancia religiosa se consideró el valor principal al que se debían subordinar los otros valores. Además la solución ejemplar la habían ya ofrecido las grandes figuras reformadoras, que entran doctas y santas, es decir estrictamente observantes y regulares, y que se encontraban tanto en los monjes reformados como en las Congregaciones de Observancia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuanto hemos afirmado sobre la reforma de la vida religiosa en los reinos españoles de Castilla y Aragón, se puede aplicar en parte, aunque no con la misma radical insistencia, en el reino de Portugal. Entre las reformas destaca la de los franciscanos, llamados “Capuchos” (que no se debe confundir con los Capuchinos), favorecida por Alfonso V, y cuyo centro fue Varatojo. Estos franciscanos se distinguirán también por su compromiso en la empresa evangelizadora portuguesa bajo el Padroado.&lt;br /&gt;
7.5. La reforma del episcopado en la España de los Reyes Católicos y de comienzos del s. XVI. Los Reyes Católicos, la Reina Isabel sobre todo, habían promovido una reforma del clero diocesano y regular, basados en criterios válidos, no siempre exentos de cálculos también políticos, que Fernando no siempre había aplicado. No faltarán tensiones entre Fernando (+1516), Julio II y León X sobre las provisiones episcopales, porque el rey tendía a presentar los candidatos con el sistema de la “súplica”, cuando no existía el patronato (como era el caso de Granada). Con los criterios adoptados –naturales de los reinos, honestos, de la clase “burguesa”, doctos- los reyes Católicos no solamente habían puesto en marcha una reforma, especialmente en Castilla; habían también unido los obispos a la Corona. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Carlos I (V), nieto y sucesor de los Reyes Católicos (rey 1516-1556), quiere obtener de la Sede Apostólica lo que la misma había concedido con un concordato en 1516 a Francisco I de Francia. Lo obtiene de Adriano VI (1522-1523) (que había sido su consejero y regente en Castilla durante su ausencia obligada por motivos de su elección como emperador del Sacro Imperio Romano en 1520); es decir el patronato sobre Castilla y Aragón, tras haberlo obtenido sobre Pamplona (Navarra) (4-28 de mayo de 1523) con el ius patronati et praesentandi. Con la bula “Eximiae devotionis affectus” (6.9.1523) obtiene el patronato, por lo tanto el derecho de presentar a los candidatos, a todos los obispados, abadías y otros beneficios consistoriales. Tal concesión fue revocada el 3 de abril de 1527 bajo Clemente VII (1523-1534) con el voto del Consistorio, porque había sido concedida sin el voto del Colegio cardenalicio; tras el saqueo de Roma (1527), con la bula “Etsi ea quae” en Bolonia, antes de la coronación imperial de Carlos V (el 11 de enero de 1530), confirmada por Pablo III el 7 de julio de 1536, Carlos V obtenía de nuevo el patronato y el derecho de presentación. Desde este momento en adelante, durante siglos, los nombramientos episcopales estarán en manos del Rey de España en sus Reinos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La reforma de la vida eclesiástica comenzada por los Reyes Católicos empieza por la elección al episcopado de obispos doctos y rectos. Criterios de reforma: que fueran españoles, doctos, virtuosos, llanos (no aristócratas), residentes. &amp;quot;El clero de España es el nervio de la Cristiandad&amp;quot;, habría dicho San Carlos Borromeo en los tiempos del Concilio de Trento . Los Reyes quieren que el Papa nombre obispos españoles porque debían residir en sus diócesis, de vidas íntegras; no nobles, para que no se convirtiesen en señores feudales. En su época brillaron de manera especial algunas figuras. Entre ellas destacan las figuras del jerónimo fray Hernando de Talavera (c. 1430-1507), primer arzobispo de Granada después de la Reconquista, confesor de Isabel la Católica y el tipo ideal de obispo; el arzobispo, y teólogo dominico de Salamanca, fray Diego de Deza (1443-1523), el arzobispo y cardenal franciscano fray Francisco Jiménez de Cisneros (1436-1517) . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hernando de Talavera lleva una vida santa, con la celebración diaria de la Misa, el catecismo a los niños, reunión-capítulo mensual con los párrocos, y fundación de un seminario modelo, entre otros aspectos. Diego de Deza formó parte del Consejo de Sabios que examinó las propuestas de Colón, y fue uno de los pocos que consideró las mismas como viables. De ahí nació la gran amistad y admiración que el Almirante sintió siempre por Deza. Francisco Jiménez de Cisneros, figura fundamental en la historia religiosa y política de la España de su tiempo y en los comienzos de la evangelización de América, quien reformó a su Orden franciscana de la que era provincial en medio de oposiciones y de luchas. La Reina Isabel le ayudó en estas reformas, especialmente en la de las monjas. Para formar el clero funda los llamados “collegia minora” para el estudio de las letras, y los “collegia maiora” para la filosofía y la teología. Recomienda al clero doctrina, pureza de costumbres, empeño pastoral y litúrgico. Él fue el restaurador en Toledo de la liturgia mozárabe. En el mundo de la cultura ha pasado a la historia como humanista en cuanto funda la Universidad de Alcalá (Complutum) (1508) con un claro planteamiento humanístico y moderno, que edita la Biblia poliglota complutense en 6 volúmenes. Edita también varias obras devocionales en español, como la Vida de Cristo de Ludolfo y otra obras de la “Devotio Moderna”, que prepararon el florecimiento de los grandes místicos del siglo XVI. Además renovó la enseñanza de la teología. Su metodología será indicada por el teólogo dominico Melchor Cano en su “De locis theologicis” y por los estudios jurídicos del también dominico Francisco de Vitoria en Salamanca. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era un nuevo método de estudio de la teología que superaba el bizantinismo de una escolástica decadente, y trataba las cuestiones más importantes y candentes del momento. Se quería una exposición sencilla, sobria, elegante, a partir de las fuentes (Escritura, Padres, Concilios, documentos eclesiásticos); sustituye las “Sentencias” de P. Lombardo con la “Summa theologica” de Sto. Tomás. Así se preparan los maestros de los grandes teólogos españoles que acudirán a Trento o a sus discípulos. En Alcalá estudiará una  falange de grandes figuras del humanismo español, algunos como San Juan de Ávila (c. 1499-1569), declarado doctor de la Iglesia (2012), o personalidades que ejercitarán un papel importante en la historia de la evangelización y de los derechos humanos en América, como el p. jesuita José de Acosta (1540-1600) .  Esta Universidad contará con célebres maestros, entre ellos el dominico Domingo de Soto (1494-1560) y celebres alumnos. Con algunos entablará una amistad duradera, como con Don Pedro Guerrero, futuro arzobispo de Granada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La España cultural de la época comienza a respirar con los dos pulmones culturales de las universidades de Salamanca y de Alcalá. En estas universidades asistimos a un renacimiento del humanismo renacentista, con varias corrientes que lo caracterizan: vuelta a los estudios bíblicos en Alcalá (Biblia Políglota), con referencias a una teología positiva, siguiendo las huellas de los Padres, y reformismo eclesiástico. Encontramos también en ellas corrientes humanísticas, filosóficas y teológicas de matrices diversas, como el tomismo, el escotismo, y en medida menor algunos brotes nominalistas, y el influjo de humanistas como Erasmo y Tomás Moro. En estas universidades echan sus raíces las corrientes jurídicas que las harán célebres en el campo del derecho de gentes o internacional, con figuras como los dominicos Francisco de Vitória y Domingo de Soto y otros conocidos teólogos que ejercerán un fuerte influjo en el Concilio de Trento (1545-1563). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta reforma del episcopado no encontró un camino llano y fácil. Cuando Fernando el Católico muere en 1516, el cuadro del episcopado español no era homogéneo. La mayor parte de los obispos era ciertamente digna y muy convencidos del servicio al Rey, de buena altura eclesiástica e intelectual, aunque se daban casos de obispos poco dignos, nombrados por motivos de parentesco; había cardenales que no residían en sus sedes, nombrados por razones de amistad; había también obispos nobles, nombrados gracias a su proveniencia social y algunos por ser flamencos o por intereses con aquellos territorios bajo la Corona española, a partir de Carlos V . El emperador Carlos trató de seguir los criterios establecidos por los reyes Católicos, pero no siempre los mantuvo totalmente, lo que llevó a veces a consecuencias negativas, aunque en menor medida que en otros países europeos. ¿Cuáles habían sido los criterios de los reyes Católicos, sobre todo de Isabel? Ante todo la elección de personas doctas. Carlos V escogerá fundamentalmente personas preparadas y bien formadas en colegios eclesiásticos universitarios españoles, en los “Estudios generales” de los religiosos y en las universidades italianas. En su día, el cardenal franciscano, arzobispo de Toledo y primado de España, confesor y consejero de la reina Isabel y luego regente del Reino hasta su muerte (+ 8.11.1517), optó por teólogos, preferentemente canonistas, contra la tendencia que se daba en Italia, Inglaterra y franca. Este criterio será luego seguido por el Consejo real. Por ello los obispos españoles darán una notable aportación en el concilio de Trento. La reina Isabel había querido obispos honestos y había seguido rigurosamente este criterio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fernando fue menos severo en este campo, por lo que encontramos algún caso de obispos con hijos como  Alonso de Aragón (+1520), hijo del rey Fernando, arzobispo de Zaragoza y con hijos. Por su parte Carlos V aplicó aquel mismo criterio, también porque podía disponer de sacerdotes formados en los colegios de Talavera y de González Mendoza. La extracción social de los obispos era prevalentemente de la clase media. Carlos V por su parte nombrará luego también nobles, españoles y extranjeros, por motivos de gratitud y no siempre por razones eclesiásticas. El primero de ellos fue el joven Guillermo de Croy, de 20 años, que sucedió al gran Cisneros en Toledo ; era ya obispo de Cambray y cardenal, y nunca puso los pies en España. Dio también el obispado de Valencia a Eduardo de la Marca, obispo de Lieja, porque le servía para el Imperio . Se cuentan hasta 30 provisiones suyas de este tipo de obispos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para salvar el principio de los Reyes Católicos (“obispos naturales de estos reinos”), el rey Carlos concedía “cartas de naturalización” por las que se habilitaba a estos extranjeros a ser nombrados obispos de cualquier diócesis española; y si no podía dar provisiones de obispados, les daba pensiones sobre las rentas de estas diócesis. Estas provisiones llevaron al absentismo. Los obispos españoles debían comprometerse a residir en sus diócesis para poder recibir la provisión, con una especie de pacto, como dirá un obispo español en el concilio de Trento. Pero no la exigía de los extranjeros, que a veces eran cardenales italianos de curia. La exige de los españoles residentes en Roma o en la Corte. Pero era él mismo a dificultar o a imposibilitar la residencia porque se servía de los obispos para los servicios administrativos, civiles, para la dirección del consejo real, para las Cancillerías de Valladolid y de Granada, como embajadores, etc. Así, por ejemplo, el cardenal Pedro Pacheco, primer obispo residencial de Pamplona después de 80 años, nunca estuvo ni en Jaén ni en Sigüenza, sedes a las que había sido trasferido (1545-1560), y fue también virrey de Nápoles. El inquisidor Fernando Valdés nunca residió en alguna de las diócesis para las que había sido nombrado, e incluso consideraba abstractos a los “frailes teólogos” (como Victoria) y a los predicadores, como Pablo de León, que criticaban duramente este ausentismo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por todo ello vemos que en tiempos del emperador Carlos V en sus dominios europeos, también en España hubo periodos en los que encontramos que pocos obispos residían en sus diócesis. El hecho ahondaba sus raíces en motivos de ambiciones a ser trasladados a sede más importantes, por ser más ricas, con posibilidades de ejercer influencias y tener mayores poderes; en una palabra, una mundanidad infiltrada en aquellas esferas episcopales, denunciadas con dureza por parte de figuras episcopales del calibre del agustino Santo Tomás de Villanueva (1486-1555), arzobispo de Valencia , y más tarde en el concilio de Trento por parte del obispo dominico portugués Bartolomé de Martyribus en su “Stimulus pastorum” .  A pesar de estos límites, serán los obispos españoles quiénes en Trento lucharán por la reforma del episcopado y por la residencia de los obispos en sus diócesis.&lt;br /&gt;
7.6. El clero inferior. Hacia finales del s. XV y comienzos del XVI el clero, tanto el secular como el regular, contaba como ya se ha indicado, un alto porcentaje de miembros. En el clero diocesano había un clero “medio”, al que pertenecían los canónigos de los capítulos, el de las colegiatas y los párrocos de parroquias importantes. Los canónigos como cuerpo habían sufrido el contragolpe de la acción de los reyes Católicos. Esta clase clerical pertenecía de hecho a la antigua estructura feudal, por lo que buscaron  defender su posición. Con frecuencia vivían con un tenor de vida bastante secular y garantizaban también una serie de beneficios a su parentela, por lo que con frecuencia accedían a estos cargos, más por intereses económico-sociales que por vocación a la vida clerical. Pertenecían al considerado clero bajo, la mayoría de los párrocos, de los capellanes y de los beneficiados menores. Tenían que ejercitar un oficio para poder vivir porque las rentas del beneficio no eran suficientes. Los reyes Católicos trataron reformar también a este clero, juntamente con obispos y otros prelados, buscando la promoción del sacerdote reformado ideal. En esta empresa tendrán luego un papel fundamental  muchos tratadistas teológicos, jurídicos y humanistas como Vitoria, el arzobispo de Toledo Carranza, Soto, San Juan de Ávila, fundador en su tiempo de varios colegios-seminarios para la formación del clero, ya antes de Trento , Luis de Granada y otros muchos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A la luz de cuanto descrito surge una pregunta obligada: ¿Se puede hablar en un sentido apropiado y estricto de una Iglesia “nacional” española, como se habla de la “Iglesia galicana” en Francia o de la “Iglesia anglicana” en Inglaterra? Las tendencias eclesiales centrífugas se dan en varios países de Europa y se agudizarán a partir del siglo XVI. No parece que se pueda hablar en el mismo sentido en el caso español y en el portugués. Ciertamente en España y Portugal se podría ver en sistema  del “Patronato” y del “Padroado” una expresión centrífuga. Sin lugar a dudas existe una conciencia bastante claro de la propia identidad nacional y eclesial, pero sin llegar a los límites de las concepciones de buscar la creación de una Iglesia autónoma del Papado, ni siquiera la defensa de “unas libertades eclesiales adquiridas” como sucedía en otros países europeos. La fidelidad al Romano Pontífice nunca fue puesta en duda a lo largo de esta historia ni por los Reyes ni por los obispos, juristas y teólogos españoles. Incluso el largo proceso de elaboración de la doctrina sobre el Patronato no fue ni fácil ni unánime. Se legisló sobre la exclusión del episcopado de todo extranjero, en la práctica esta regla fue con frecuencia olvidada o se encontraron salidas para evitarla. Incluso las “represalias” que tomaban los Reyes contra Roma, fueron siempre mitigadas por el realismo en las relaciones, tensiones sin ruptura, que al final se recomponían. En todo caso serán más duras en el siglo XVIII con la dinastía de los Borbones, incluso con nuevas y más radicales interpretaciones en favor de las dos Potencias católicas del Patronato o del Padroado, pero ya era una situación nueva que la Iglesia vivía en toda la antigua cristiandad europea bajo los regímenes del absolutismo ilustrado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==NOTAS:==&lt;br /&gt;
  &lt;br /&gt;
&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==BIBLIOGRAFÍA:==&lt;br /&gt;
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'''FIDEL GONZÁLEZ FERNÁNDEZ'''&lt;/div&gt;</summary>
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		<title>ESPAÑA; la sociedad española en la época de los descubrimientos</title>
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		<updated>2014-03-31T20:10:05Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.173: /* 3. La España católica y la Reconquista */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;==ESPAÑA; la sociedad española  en la época de los descubrimientos== &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==1. La España de los Reyes Católicos==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Durante la llamada Edad Media, la Iglesia había sido el punto de referencia en la creación en la Península Ibérica de una historia común. Algo semejante había sucedido también en la Europa medieval, pero en el siglo XVI aquella historia común europea se interrumpe con las divisiones religiosas y culturales. El momento en el que sucede el encuentro entre España y América coincidió con el paso de una época a la otra. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La unidad dinástica de los reinos hispanos sucede en 1479 con la fusión personal de Castilla-León y Aragón-Cataluña, por el matrimonio de los dos monarcas de ambos reinos: Isabel I (la Católica) de Castilla-León y Fernando V (el Católico) de Aragón. Doce años después (el 6 de enero de.1492),con la reconquista del reino moro de Granada, se cierra el ciclo de la reconquista y la unidad practica de los reinos españoles, bajo el lema que adoptan de igualdad de poderes y unidad de decisiones de las dos Coronas en una, con el lema “''tanto monta, monta tanto, Isabel como Fernando''”, y la simbología heráldica para expresar aquella unión (el ''Yugo'', letra inicial de Isabel, entrelazado con la ''Flechas'', letra inicial de Fernando). Este hecho tendrá repercusiones incalculables en el futuro de la misma España como en el Nuevo Mundo, que pronto iba a entrar en la escena mundial de la mano española. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una frase: &amp;quot;''en cabeza del rey''&amp;quot;, iba a expresar lapidariamente el papel de la monarquía en aquella empresa: frase que ya se encuentra en autores de la primera hora, y que viene a significar el papel o responsabilidad del Rey o de la Corona en todos los asuntos del gobierno, tanto civil como eclesiástico, del Nuevo Mundo: administración de la justicia, patronato, legislación, defensa de los derechos del indio, etc., como Fray Domingo de Betanzos, Francisco López de Gómara, en su ''Historia General de las Indias'', o más tarde Felipe Guamán Poma de Ayala (comienzos del s. XVII) y muchos otros recuerdan en sus historia y crónicas.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
La España de los reyes Católicos era una España claramente identificada con la historia que le había dado origen. Su monarquía conservaba todavía esta conciencia. Tal es la clave para comprender muchas iniciativas políticas y religiosas de los Reyes Católicos, Isabel I la Católica de Castilla y Fernando V el Católico de Aragón, y de sus descendientes, principalmente Carlos I (V como emperador del Sacro Romano Imperio Germánico) y Felipe II, y de sus descendientes los demás reyes de la Casa de Austria española (o Augsburgo). Durante el reinado de los reyes Católicos acontecen en la historia nacional española algunos grandes hechos: la unión dinástica de los dos grandes reinos ibéricos de Castilla-León y de Aragón-Cataluña con el consiguiente reforzamiento de la monarquía y la regularización del sistema administrativo de la Corona; la reforma de la vida eclesial en sus diversos niveles; la conclusión de la lucha secular de la reconquista del dominio musulmán del suelo patrio, que antiguamente había formado el reino hispano-visigodo; el comienzo de la expansión transoceánica que dio como resultado la llegada a las tierras del Nuevo Mundo, que para el historiador, capellán de Cortés, Francisco López de Gómara, había sido “''el más grande acontecimiento después de la creación del mundo si se exceptúa la encarnación y la muerte de Aquel que lo había creado''”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta empresa política, pero también evangelizadora, fue posible gracias a la existencia de un sujeto tanto político como católico en la comunidad hispana, impregnada en este último caso de una conciencia de la fe católica, sea a nivel popular como en la Corona. Los Reyes Católicos tenían una clara conciencia de su autonomía política en la esfera secular. La tenían también como cristianos. También como príncipes católicos no estaban exentos de una mentalidad jurídica muy extendida en las relaciones entre los Estados cristianos nacientes y la Iglesia de querer controlar la vida eclesial en sus Estados, pretensión común en los gobernantes (o príncipes) cristianos de esta edad moderna. Tal pretensión, que databa ya de siglos anteriores, llevaría en muchos casos a caer en la tentación, nunca escondida, de crear de hecho Iglesias nacionales, bajo el control del Estado. En el siglo XV, a pesar de la crisis conciliarista, tenían una sana conciencia del papel del Papa como cabeza de la Iglesia y reconocían su misión y supremacía en el campo eclesial y espiritual, “''no reconociendo superior temporal sino a Dios Omnipotente, y dando la obediencia espiritual debida al Sumo Pontífice y a la Iglesia apostólica de Roma''”, como escribía entonces Fernández de Oviedo, uno de los primeros testigos e historiadores de la conquista en el Nuevo Mundo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El papel de la corona fue fundamental en los tres siglos siguientes, tanto en el ámbito de los descubrimientos y de la colonización, como en el de la evangelización. Ya desde el alba de la presencia española en el Nuevo Mundo, los Reyes Católicos emanaron una serie de disposiciones o cédulas legales y administrativas con el fin de regular un gobierno recto en aquellas tierras, y afrontar las problemáticas humanas, políticas y evangelizadoras que aquellas situaciones inéditas planteaban. En tal sentido el testamento del 12 de octubre de 1504 y el codicillo de Isabel la Católica añadido el 23 de noviembre de 1504, tres días antes de morir, dan las directivas del proyecto político (relación entre españoles e indios, y derechos de éstos) y de la evangelización e implantación de la Iglesia en América. Aquel texto fue codificado y se convirtió pronto en un texto legal, caso único en la historia constitucional de un país, entrando así a formar parte de la legislación de España sobre las Indias hasta las independencias de sus países.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==2.La población española en el momento del descubrimiento de América== &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se calcula que en el momento del descubrimiento de América, España tenía unos ocho millones de habitantes. De ellos, antes de 1492, medio millón eran judíos (la expulsión en masa de los mismos acontece en 1492) y un millón de mudéjares&amp;lt;ref&amp;gt;Mudéjares: musulmanes que vivieron en convivencia con los cristianos, tras ''la reconquista'' por éstos del territorio peninsular español. La palabra “mudéjar” deriva del vocablo árabe ''mudayyan'', equivalente a “vasallo” o “sometido”; acepción etimológica que no aparece en la documentación medieval, pero que se populariza a partir del siglo XIX.&amp;lt;/ref&amp;gt;a los que luego habría que añadir los “moriscos”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Cómo se distribuía socialmente esta población? Un 80 % era rural. Se daba una endeblez numérica de clases. Lo que hoy se suele llamar &amp;quot;clase media&amp;quot; (pero que en este caso sería un anacronismo), puede ser distribuida de la siguiente manera: un 3%, que no eran clé¬rigos, ni militares, ni campesinos, ni patricios urbanos; eran gente común. Había unos 75.000 clérigos o eclesiásticos&amp;lt;ref&amp;gt;Algunos hablan de un total de unos 40.500 miembros del clero secular o diocesano, pero las estadísticas no son siempre fiables.&amp;lt;/ref&amp;gt;, el 1% de la población, de los que unos 2000 o 3000 pertenecían al llamado &amp;quot;clero alto&amp;quot;. Los nobles o hidalgos de variada posición y entidad eran unos 115.000, el 2% de ese número total. En cuanto a la propiedad las tierras, éstas pertenecían al 2% o 3% de la población que poseían el 97% de las mismas. Esta alta aristocracia, personal o jurídica, era dueña de la mitad de España. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Y cómo se componía ésta aristocracia? Se contaban unas 50 familias unidas por vínculos de sangre y que constituían de hecho una fuerza social, política y económica paralela a la del rey, como lo demuestran las convocatorias de frecuentes “Cortes” para tratar los asuntos importantes del Reino, proclamar o reconocer al rey, que debía jurar sus fueros&amp;lt;ref&amp;gt;Los ''Fueros'' (del latín forum; derechos, leyes) son un cuerpo de leyes, considerado entre las más importantes fuentes del derecho en España.&amp;lt;/ref&amp;gt;, proclamar ante ellas por parte del rey leyes, cédulas reales o disposiciones en los campos civil o eclesiástico y determinar la política a seguir en el Reino. Las Cortes eran en la antigua historia española medieval y en los comienzos de la moderna una asamblea general del Reino que convocaba el rey en los antiguos reinos de España para tratar asuntos de estado, generalmente, la elaboración de leyes y la concesión de impuestos: a las Cortes acudían los representantes del clero, de la nobleza y de las poblaciones importantes, ayuntamientos de ciudades y de villas. En las “Cortes” se encontraban representadas las diversas entidades o corporaciones que componían el Reino. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En todo este tren de vida política, algunos nobles (en realidad pocos), descendientes en buena parte de antiguas familias de caballeros, protagonistas en la reconquista, o de otros nuevos allegados por méritos o por influencias, ocupaban puestos en la Corte real, la que en esa época solía ser “ambulante” a lo largo de ciudades y villas del Reino. Estos nobles, que con frecuencia poseen sus castillos y palacios, comienzan a llevar un tren de vida a veces fastuoso. Estaba luego una pequeña nobleza de mayor peso social y económico, y otra mediana formada por militares, hijosdalgo, y caballeros, que constituyen dos poderosos es¬tratos sociales. El estamento militar asiste por derecho propio a las Cor¬tes. Vive en posesiones rurales e influye en el gobierno a través de la parentela y vínculos de nobleza. De esta pequeña noble¬za se recluta lo mejor de los capi¬tanes, diplomáticos y funcionarios. De la pequeña nobleza salieron muchos obispos (&amp;quot;llanos&amp;quot;, no pertenecientes a la aristocracia o alta nobleza). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se debe también hablar de una incipiente nobleza urbana: terratenientes, ricos por herencia, no comerciantes, y que es más culta que la nobleza militar. Sus hijos llenaban las universidades. También de aquí salen canónigos, obispos, abades. Fueron excelentes secretarios y administradores. Los pobladores de las pueblas (poblaciones fundadas con privilegio real y cuyos vecinos formaban “ayuntamientos” y concejos) y las villas (con sus pobladores llamados &amp;quot;villanos&amp;quot;) tienen acceso o movilidad de ascenso a ese tipo de nobleza y constituyen una parte importante y fundamental en la estructura del Reino. La tendrán en el poblamiento español del Nuevo Mundo con sus fundaciones, al estilo castellano o de la madre patria. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la estructura y en la vida social y política del Reino se encuentra el clero. Constituye un grupo social peculiar dentro de la sociedad. Dentro de él hay de hecho un clero socialmente alto y otro clero bajo, no por procedencia social, sino por los puestos que ocupan en la estructura eclesiástica. El clero tiene un fuerte espíritu corporativo (como en los otros países de la cristiandad medieval hasta la edad contemporánea) para defender sus inmunidades. Su fuerza económica la constituyen los diezmos (en especie, que se subastaban). La mentalidad de cada estrato era fuerte y reflejaba con frecuencia también su procedencia social. El papel del alto clero era notable. Constituían la columna vertebral de muchos sectores de la administración pública, cancilleres, presidentes y miembros del Supremo Consejo de Indias, cuando éste fue creado, y de muchos tribunales. Personajes fundamentales en la España de los tiempos del descubrimiento de América, como el arzobispo Talavera, Deza, los cardenales Cisneros y Mendoza, por citar nombres universalmente más conocidos, lo demuestran. En conjunto forman un grupo notable por &amp;quot;letras y virtud&amp;quot;. Muchos de ellos actuaron en la vida política e incluso en la militar; son parte de la última hornada de prelados-capitanes, como lo fue incluso el cardenal franciscano reformador Francisco Ximénez de Cisneros (que tiene su proceso de canonización introducido). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dentro del clero se encuentra una especie de alto clero menor, generalmente hacen parte de ella los prebendados (que eran dignidades, canónigos o racioneros de alguna iglesia catedral o colegiata). Normalmente son de elevada categoría intelectual. Existen 47 capítulos ca¬tedrales de gran poderío económico y con un nivel moral bastante bueno en general. Sin embargo entre el bajo clero, incluso entre el religioso, se da a veces inmoralidad, ignorancia y pobreza. Este fenómeno de decadencia en una parte del clero regular y secular era un fenómeno de la cristiandad europea de la época, con numerosos intentos de reforma por parte de papas y concilios a lo largo del siglo XV y comienzos del XVI. Basta recordar cómo el tema de la reforma del clero aflora y es tratado específicamente desde el Concilio de Constanza (1414-1418), Ferrara-Florencia (1438-1445), Lateranense V (1512-1517). En este cuadro el caso español corresponde al del resto de Europa. Sin embargo no se puede generalizar. Los concilios provinciales vigilaban y urgían por una reforma de las costumbres entre el clero. El siglo XVI será un siglo de notables &amp;quot;reformas&amp;quot; en este sentido, que verá el florecimiento de muchas Órdenes religiosas reformadas, de varios concilios provinciales y culminará con las reformas del Concilio de Trento (1545-1563). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Había en la España a la que nos referimos lo que se podría llamar &amp;quot;grupos medios&amp;quot;, aunque el término no corresponda a la moderna acepción de “clase social”. Eran gentes de ejercitaban oficios y menesteres necesarios en toda sociedad, especialmente en villas y ciudades como mercaderes y comerciantes, no¬tarios, abogados, barberos (que ejercitaban a veces también una medicina rudimentaria, pero importante), médicos y curanderos y pequeños administradores. Demográficamente eran débiles. De ellos salía 1/3 o 1/4 de los regidores. Solían componer (en reinos como en Aragón) los cabildos de las ciu¬dades. Son la raíz de la futura burguesía industrial y mercantil.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los artesanos constituían una especie de clase o grupo modesto urbano, que vivían asociados en gremios. La artesanía era más bien patriarcal y familiar, y menos técnica de taller, como en Italia o en Flandes. Proporcionaban un tercio o un cuarto de los regidores&amp;lt;ref&amp;gt;Los regidores eran los concejales de los ayuntamientos, miembros del cabildo de Indias o de las corporaciones locales.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Constituían la masa popular en los festejos. Este grupo social tiende a superarse y a presentarse bien. Su vida era suficientemente holgada. La población de todas estas clases sociales componía el 20% de los habitantes de España. Luego estaban los campesinos, que son un 80%, en desigualdad de condiciones, según las regiones. Había campesinos &amp;quot;de señorío&amp;quot;, a veces en penosas condiciones, y campesinos de realengo&amp;lt;ref&amp;gt;Poblador o vecino de una circunscripción o concejo que no era de señorío ni de las órdenes, y que pertenecía a la Corona.&amp;lt;/ref&amp;gt;, a veces muy dignos. Pero toda la población vivía a veces sometida a calamidades y grandes crisis, comunes a todo el resto de Europa, como pestes y enfermedades endémicas y crónicas, sequías o superabundancia de lluvias, inviernos crudos, o veranos tórridos; todo ello provocaba muertes frecuentes y prematuras, y hambrunas frecuentes, sobre todo en las tierras más áridas o secas como las castellanas. Sin embargo estas penosas situaciones, con frecuencia endémicas, no provocaron sublevaciones populares, como sucedió en otros lugares de Europa; basta pensar a las sublevaciones de los campesinos y de los caballeros en la Alemania de los tiempos de Lutero o en otras semejantes en la Italia e incluso en la Roma de los siglos XIV y XV.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y ¿cuál era el valor monetario corriente en esta época? En el caso español el más común era el &amp;quot;ducado&amp;quot;, que correspondía a 375 maravedís, una equivalencia a unos ocho jornales de obrero especializado o veinte jornales de un peón. El marqués de Villena, por ejemplo, tenía 100.000 ducados de renta al año. La Iglesia (sus instituciones y su personal ministerial) tenía seis millones de ducados de renta: dos millones el clero re¬gular y cuatro, el clero secular.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==3. La España católica y la Reconquista==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
1. ''Carácter y temperamento del catolicismo español de la época'': ¿Cómo se explica la vehemencia y también la fuerza del catolicismo español? Hay muchas teorías y opiniones al respecto. No hay que olvidar la característica historia cristiana española a partir del siglo VIII, cuando los musulmanes del Norte de África invaden el Reino español de los visigodos y lo desbaratan en la batalla de Guadalete (Andalucía) donde perece el último rey visigodo Don Rodrigo, que pasará a la leyenda épica española en multitud de romances (711). Casi todo el Reino visigodo español cae bajo dominio musulmán, si se exceptúan las regiones montañosas del Norte, astures, cántabros, vascos, y zonas de la Navarra y de la Cataluña pirenaica. En el año 721 encontramos los hechos conocidos como “''batalla de Covadonga''” en las montañas de Asturias, donde un príncipe visigodo, Don Pelayo (+737), levanta el estandarte de la &lt;br /&gt;
Cruz contra el invasor musulmán y da comienzo a la Reconquista, que se concluirá en 1492, en Granada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue el comienzo del minúsculo Reino de Asturias, que lentamente alargará sus fronteras reconquistando los territorios de León y luego las mesetas castellanas. Dará lugar así al nacimiento, como prolongación del reino asturiano del de León (s. IX), y más tarde al de Castilla (s. X) (Castilla y León unidas de nuevo a partir del 1230), del que nacerá con el tiempo el condado de Portugal (condado dependiente de Castilla a partir del 1094 y luego reino, totalmente autónomo). En el caso Asturiano ya a finales del siglo VIII se funda la ciudad de Oviedo (760), alrededor del monasterio benedictino de San Pelayo, donde el rey Fruela  I (757-768) establecerá su Corte y que alcanzará un notable esplendor artístico en tiempos de su hijo y sucesor Alfonso II el Casto (rey 792-842), contemporáneo de Carlo Magno, con el que mantendrá relaciones culturales y políticas. Nace así aquel arte que todavía hoy se contempla en la región asturiana, el llamado “pre-románico”, la preciosa Cámara Santa de la Catedral de Oviedo, como relicario de valiosas reliquias traídas del resto de la España invadida por los musulmanes, entre ellas la Cruz de la Victoria (símbolo de la reconquista, levantada por su primer caudillo don Pelayo), la de los Ángeles símbolo heráldico de Oviedo, de tiempos del rey Alfonso II, el Santo Sudario y otras muchas de indiscutible valor histórico y religioso. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este tiempo de Alfonso II el Casto, comienza la histórica peregrinación hacia Compostela, lugar donde se señalaba la traslación de las reliquias del Apóstol Santiago y que dará lugar a uno de los tres grandes centros de peregrinación medieval: Santiago, Roma y Jerusalén. Algo semejante comienza a suceder en las estribaciones de los Pirineos aragoneses (como en los alrededores del monasterio de San Juan de la Peña) y catalanes. Son las raíces tempranas de varios condados y marcas del reino de Aragón, con una historia unida a los nacientes reinos de Navarra y de Castilla y de los condados catalanes, cuya historia autónoma comienza a caminar a partir del s. IX, y que pasados varios siglos se unirán a la Corona aragonesa (Alfonso II de Barcelona, conde de la misma y rey de Aragón, une al reino aragonés el condado hereditario de Barcelona en 1162).  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin embargo la reconquista fue dura y larga. De hecho, hacia el año 750, gran parte de la península se encontraba bajo el califato de los Omeyas, en Córdoba, fundado por Abd-er-Rhaman I (756-788), que llega a su máximo esplendor en tiempos del califa Abd-er-Rhaman III (912-961). Y sus caudillos atormentaban con continuas incursiones los territorios cristianos. Así todavía en el año 1000, el caudillo musulmán Almanzor logró llegar hasta la misma Compostela en el oeste y a Barcelona en el este, convirtiendo en tierra quemada cuanto encontraba a su paso&amp;lt;ref&amp;gt;Almanzor, Muhammad ibn Abi ‘Amir, en árabe  ???????, al-Man?ur, o sea al-Man?ur bi-llah (“Aquel que Dios ha hecho vencedor”) (c. 938-1002), caudillo militar del Califato de Córdoba desde el 978 hasta su muerte, según las fuentes árabes y algunas cristianas (Historia Compostellana e Chronicon Burgense) habría muerto en agosto de 1002 en Medinaceli (en la actual provincia española de Soria) como consecuencia de las heridas sufridas en la batalla de Catalañazor. Los hechos se encuentran en las crónicas cristianas y en las árabes, cada una con su propia versión. Tardíamente (más de dos siglos después), el arzobispo de Toledo Rodrigo Jiménez de Rada y el obispo de Lucas de Tuy repiten la historia, con algunas claras equivocaciones. Los reyes de León, de Navarra y el conde de Castilla se habían unido para atacarlo habiéndole infligido una derrota terrible. Esta derrota de Almanzor ha entrado en la leyenda y en la épica española cristiana como una de las victorias con mayor significado religioso en la historia de la reconquista. Según algunos, en Catalañazor, habría sido derrotada la “retaguardia” del ejercito de Almanzor, ya en retirada, muriendo en su campamento de Medinaceli. Cf. Gonzalo Martínez Díez, El condado de Castilla, 711–1038: La historia frente a la leyenda, Marcial Pons Historia, 2005, 581–4; Juan Castellanos Gómez, La batalla de Calatañazor: mito y realidad. Revista de historia militar, 91 (2001), 25–42; ''The New Cambridge Medieval History, III'': c. 900-c.1024, Edited by Tomothy Reuter, 27: Sicily and al-Andalus under Muslim rule; 28: ''The Spanish Kingdoms, print publication year'': 2000; on line publication year: 2008; Rafael Altamira, Il califfato occidentale, en Storia del mondo medievale (trad. della Cambridge Medieval History), Milano, Garzanti, vol. II, 1999, pp. 477-515.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Por ello también los reinos cristianos en su avanzada hacia el sur, de grandes ríos en grandes ríos, desde el Duero hasta el Tajo, van creando espacios desiertos de frontera para estorbar las frecuentes incursiones de los reinos musulmanes. Son la “Extrema-dura”, o las vacías y desérticas tierras fronterizas; se van levantando castillos y fortalezas a lo largo de la geografía hispana que darán también lugar incluso al nombre del futuro condado y reino de Castilla.&lt;br /&gt;
En esta misma época se asiste al nacimiento del califato de Córdoba, que en mundo islámico de la época es de la misma grandeza esplendorosa de los de Damasco y Bagdad, y a su historia cultural incomparable, que ha dejado una herencia imborrable en la cultura mundial e hispana. Entre el 1009 y el 1031, el califato de Córdoba se va dividiendo en pequeños estados independientes (reinos de taifas), entre los que hay que recordar: Toledo y Badajoz (1009); Murcia (1010); Zaragoza (1012); Almería y Granada (1013); Denia (1014), Málaga (1016); Valencia (1021); Sevilla (1023); Mallorca (1015); Córdoba (1031), etc.. luego: Orihuela, Huesca, Jaén, Carmona, Niebla, Algeciras. Incluso Córdoba se erige en una especie de republica aristocrática entre 1031 y 1070; es ocupada por el rey musulmán de Sevilla en 1070; conquistada por los musulmanes Almorávides de África en 1086 y luego en 1148. En 1091 los musulmanes Almohades de Mauritania invaden los reinos musulmanes de la Península ibérica (1091-1229), que serán derrotados por los reinos cristianos unidos en la batalla de Las Navas de Tolosa (1212), comenzando así la fase final de la reconquista cristiana. El rey castellano Fernando III ''el Santo'', conquistará Córdoba el 29 de junio de 1236 y Sevilla en 1248. Ya en 1085, el rey cristiano Alfonso VI de Castilla había conquistado Toledo y la había convertido en su corte; los aragoneses habían reconquistado Zaragoza en 1146. Jaime I de Aragón reconquista Valencia el 29 de septiembre de 1238. El último reino musulmán de la Península ibérica, Granada, será reconquistado por los Reyes Católicos, Isabel y Fernando, el 5 de enero de 1492&amp;lt;ref&amp;gt;“Fruto del Romanticismo literario se desarrolla en el siglo XIX la mitificación de al-Andalus. Desde entonces,. Dos imágenes por igual hipertrofiadas tienden a representar en exclusiva esta faceta de la Historia de España. Y si bien hoy nadie sostiene en serio que ignorancia, despoblación y desertificación africanas fueran el corolario inevitable de la invasión musulmana, por el contrario –y por razones muy del momento- sí subsiste una corriente publicistica que no se contenta con embellecer en su magín los surtidores del Generalife [en la Alhambra de Granada] […] y va mucho más lejos, manteniendo que un al-Andalus superior, refinado y culto sucumbió ante unos cristianos bárbaros, ignorantes y torpes. La idealización maurofila, al retomar para la Hispania musulmana dos de los mitos más caros al eurocentrismo (el del Buen Salvaje y el Paraíso Perdido), trasluce una actitud que se sale del terreno del análisis racional de la sociedad y de la Historia y se hunde en el de la fe o las creencias religiosas” (Serafín Fanjul, ''Al-Andalus contra España. La forja de un mito'', Ed. siglo XXI, Madrid 2005, 3ª edición, Presentación), con amplia bibliografía sobre el tema. El Autor trata de estudiar históricamente el influjo real del mundo cultural islámico en España, sus logros y sus límites.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''2. La Reconquista'': Entre el 830 y 1030, se vive un período de dos siglos de exaltación cristiana en la Reconquista; florece la cristiandad mozárabe&amp;lt;ref&amp;gt;Mozárabes (del árabe musta?rab, 'arabizado'; en árabe: ??????), es el nombre con el que se conocía a los cristianos que vivían en el territorio en España bajo dominio musulmán. Tenían en la esta sociedad el estatus legal de “dimmíes”, que compartían con los judíos, como no creyentes en el Islam. A efectos prácticos su cultura, organización política y práctica religiosa eran toleradas, y contaban con cierta cobertura legal. Estaban obligados a tributar impuestos de los que los musulmanes se veían exentados y sufrían otras muchas restricciones en la vida civil y religiosa, como la de no poder construir iglesias ni arreglar las ya existentes. Los mozárabes que pasaban al Islam (generalmente por motivos fiscales) y se arabizaban pasaban a ser llamados “muladíes”. La legislación islámica protegía a los no musulmanes, pero favorecía su paso al Islam con medidas de orden muy diverso, sobre todo de tipo económico-fiscal.&amp;lt;/ref&amp;gt;y nacen o avanzan los reinos cristianos: León, Castilla y Navarra, nace el de Aragón y los condados catalanes, entre los que emerge el de Barcelona cuyos condes, con el andar del tiempo, se convierten en reyes de Aragón, dándose así la unión dinástica entre ambos estados. En los siglos XI, XII, XIII: la Reconquista avanza en las diversas líneas fronterizas: del Duero, luego hasta el Tajo, con la conquista de Toledo, la antigua capital visigoda, la ciudad de las tres culturas o religiones (cristiana, islámica y hebrea, que había alcanzado un enorme esplendor cultural frente al resto de la misma Europa medieval cristiana). Por parte suya se asiste a una decadencia y luego al ocaso del califato de Córdoba, la división del mismo en números reinos de taifas que pueblan el sur de la Península&amp;lt;ref&amp;gt;Con el término re de los taifas (en árabe: ???? ???????, muluk al-?awa?if: ?a?ifa árabe significa “parte, minoría étnica, facción”) (llegarán a ser unos 39) se indican los pequeños estados que surgen como consecuencia de la decadencia, disolución y anarquía del Califato de Córdoba, a partir del 1009, con la abdicación del califa y la siguiente abolición del califato de la dinastía de los Omeyas en 1031 con la deposición del califa Hisham III. Se proclamaron numerosos pequeños reinos regidos por familias árabes, bereberes o de origen eslavo que constituyeron verdaderas dinastías tribales o familiares, que solían mantenerse en el poder con tropas mercenarias, incluidas algunas también cristianas. La situación cambia en el siglo XII con la invasión de los musulmanes del reino almorávide del norte de África, pero, disuelto este reino, comienza de nuevo otro periodo en el que nacen nuevos reinos de taifas entre 1144 y 1170, cuando otros invasores musulmanes, los almohades del Norte de África invaden estos reinos. Tras la derrota de los mismos por los cristianos en la batalla de Las Navas de Tolosa (1212), nace de nuevo otro tercer periodo de reinos de taifas de corta duración, acabando con la fundación del llamado reino nazarí de Granada, que capitulará ante los reyes católicos el 2 de enero de 1492, consumándose oficialmente la Reconquista el 6 del mismo mes y año. Aquellas divisiones favorecieron la Reconquista cristiana.&amp;lt;/ref&amp;gt;.                    &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los musulmanes del norte de África intentan reconquistar las tierras perdidas y unificar a los reinos de taifas. Son las invasiones de los almohades. Pero en el año 1212 se da el paso definitivo del choque entre los reinos cristianos españoles y los musulmanes de los almohades en la batalla de Las Navas de Tolosa. Es la época que sigue a la renovación de la vida eclesial española a través de la aplicación en España de la reforma gregoriana con el apoyo de benedictinos y cistercienses. Es también la época de las grandes peregrinaciones a Santiago de Compostela, la del románico de los siglos XI al XIII, del nacimiento del gótico con sus grandes catedrales que se extienden por toda la geografía española hasta el siglo XV. En el siglo XIII la vida eclesial se renueva a través de los canónigos regulares primero, de los frailes mendicantes luego, entre ellos Santo Domingo de Guzmán, canónigo en Osma (Castilla), y sus dominicos y la llegada también de los franciscanos, y del mismo san Francisco, peregrino a Santiago de Compostela. Fernando III ''el Santo'' de Castilla y León, reconquista Sevilla y Córdoba, y su hijo, Alfonso X ''el Sabio'', da un nuevo esplendor a las letras y a la compilación jurídica de las antiguas leyes hispanas; las tres lenguas de su Reino (latín, castellano, árabe y hebreo) formaban parte del bagaje cultural del Reino&amp;lt;ref&amp;gt;Alfonso X fomentó la actividad cultural mediante el patronazgo y dirección de la ya existente Escuela de traductores de Toledo. Dicha Escuela aglutinó a un grupo de estudiosos cristianos, judíos y musulmanes que desarrollaron una importante labor científica al rescatar textos de la Antigüedad, y al traducir textos árabes y hebreos al castellano. Estos trabajos habilitarán definitivamente el castellano como lengua culta, tanto en el ámbito científico como en el literario. El afán de Alfonso por la divulgación de la lengua vernácula le llevó, siendo aún infante, a patrocinar la versión al castellano de ''Calila e Dimna'' y del ''Lapidario''. Además fue un excelente poeta en gallego-portugués. De su extensa obra destacan: el ''Fuero Real de Castilla'', el ''Espéculo'' y las ''Siete Partidas'', entre las jurídicas; las ''Tablas alfonsíes'', entre las astronómicas; y entre las de carácter histórico, la ''Estoria de España'' y la ''Grande e General Estoria o General Estoria'', acerca de la historia universal. ''Las Cantigas de Santa María'' es obra lírica, escrita en gallego-portugués, lengua común a gran parte de la poesía ibérica hasta finales del siglo XIV, cuando aparece el Cancionero de Baena, que ya está escrito en castellano. ''El Lapidario'' versa sobre las propiedades minerales, y el Libro de los juegos sobre temas lúdicos (ajedrez, dados y tablas), deportes de la nobleza en aquel tiempo. También en el campo religioso favoreció la difusión de la Biblia. Alfonso X realizó también la primera reforma (normalización) ortográfica del castellano, idioma que el reino adoptó como oficial en detrimento del latín. Este monarca bien introdujo en España nuevos conocimientos procedentes de los más distantes confines del orbe. Su especial interés en el arte, la historia, el derecho y la ciencia ejerció una profunda influencia en el desarrollo cultural de España y del resto de Europa.&amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En Aragón brillan las epopeyas de Jaime I, el conquistador de Valencia del dominio musulmán. A pesar de episodios lamentables para los cristianos, con signos de algunas episódicas luchas dinásticas y señales de decadencia, como en el resto de Europa, los Reinos cristianos españoles han entrado de lleno en el bullir de una conciencia que camina a pasos agigantados hacia el ocaso de la Edad Media y el nacimiento de una modernidad, todavía confusa, con la constitución de reinos-naciones, raíces de los futuros estados nacionales. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''3. La vitalidad de los reinos hispanos'': En este cuadro, los reinos hispanos se encuentran ya plenamente activos en la vida tanto eclesial como civil europea, con tratados, matrimonios reales, participación en la vida cultural europea con las nuevas universidades, de las cuales Palencia y luego Salamanca, pertenecen a la primera generación, o en los grandes y dolorosos conflictos que enturbian la paz de la “christianitas” europea, como los que caracterizan el siglo XIV y comienzos del XV, como el cisma occidental (1378-1417). Las suertes de la reconquista están echadas. Los reinos musulmanes que todavía persisten en el sur o se convierten en vasallos de los reyes hispanos o son reducidos a su mínima expresión, a pesar de momentos de gloria artística, como en el caso del reino nazarita de Granada. En esta época, los aragoneses y catalanes salen de sus fronteras, navegan por el Mediterráneo y buscan alianzas y ensanchar sus fronteras en el mismo: Nápoles, Sicilia, Cerdeña y hasta el extremo oriental del Mediterráneo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el territorio patrio no todo es fácil. El feudalismo antiguo persiste y la nobleza se encuentra inquieta con rebeldías endémicas que producen conflictos civiles y guerras episódicas de carácter dinástico dentro de las mismas familias reinantes, que después de todo se encuentran muy emparentadas entre sí. También en esta época de mediados del siglo XV, siguiendo el ejemplo del hermano Reino portugués, los castellano-leoneses salen al Atlántico e incorporan las Islas Canarias a sus dominios. Nos encontramos en tiempos de Juan II de Castilla y León, el padre de Isabel la Católica. Tras el reinado endeble y discutido de su hijo Enrique IV de Trastamara, llega el reinado de su hermana Isabel I la Católica, que se casará con su primo el príncipe Fernando de Aragón, que pronto se convierte en rey de aquel Reino. Con este matrimonio real, cambia radicalmente la historia española; se concluye la reconquista en Granada (1492) &amp;lt;ref&amp;gt;Había habido un reino musulmán taifa de Granada, controlado por la dinastía zirí desde 1013 hasta 1090; sigue luego el Reino nazarí de Granada desde 1238 hasta 1492. Tras la reconquista cristiana, el Reino de Granada conserva su denominación jurisdiccional territorial dentro de la Corona de Castilla, desde el siglo XV a 1833. Su símbolo heráldico (la granada) forma parte desde entonces del escudo de los reinos españoles y del Reino de la España actual.&amp;lt;/ref&amp;gt;; se unifican en las personas de los dos reyes los reinos hispanos, bajo el famoso lema del “''Tanto monta monta tanto Isabel como Fernando''” y la simbología heráldica que los dos esposos reales adoptan. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Suceden también momentos muy discutidos por la historiografía antigua y reciente como la expulsión de los judíos (1492), malqueridos por sectores de la gente vulgar y de la nobleza a causa, sobre todo, de su papel en la recolección de los impuestos de la misma Corona y una antigua y jamás escondida animosidad, alimentada por antiguos prejuicios y leyendas populares, y por la persistente acusación de “deicidio” que las acompañaban por ser considerados presuntamente en parte, como una especie de “quinta columna” en la antigua época de las invasiones islámicas, y en la época de su expulsión, de los mismos turcos. Es en este momento histórico, y en el mismo año de toda esta serie de acontecimientos notables en la historia hispana, que acontece la aventura atlántica de Cristóbal Colón y el descubrimiento del Nuevo Mundo. Todo ello abrirá una nueva página en la historia hispana y también mundial. La noche quedaba atrás&amp;quot;&amp;lt;ref&amp;gt;Cf. García-Villoslada, R., ''Hist. de la Iglesia¬ Católica'', BAC, III, cap.XVIII.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==4. La mentalidad común de la época ante la infidelidad y la herejía== &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ocho siglos de esfuerzos en una reconquista  trabajosa, y no siempre constante y uniforme, forjaron un temperamento en la España cristiana de entonces, con sus luces y sus sombras, hasta alcanzar una ordenación unita¬ria. La reforma católica se adelanta casi un siglo y en forma origi¬nal en estos Reinos españoles unidos bajo los reyes Católicos. “España […] que se había convertido en una gran potencia […] se convierte en el país del catolicismo del futuro […] pudo así convertirse en un cierto sentido en la patria espiritual de la restauración católica y de la contra-reforma” . Y esta actitud de lucha continúa bajo el nieto de los Reyes Católicos Carlos I (V como emperador): 1520-1558 frente a la herejía . Los teólogos del siglo XVI no abandonan la idea del “Orbis christianus” frente a la herejía. Según su posición general, no se puede dar ninguna coacción sobre los infieles para abrazar la fe, pero sí sobre los bautizados, para conser¬varla. Quedaba en pie un problema ante la situación en el suelo español de la población no cristiana de judíos y de moros: ¿por qué se da esa disyuntiva con-tra ellos de, o abrazar la fe o de emigrar? ¿En qué sentido el poder civil toma parte en favor de una solución radical en el asunto que lleva a la exclusión de estos grupos divergentes? ¿No fue en parte por motivos meramente seculares y civiles, con la naciente “razón de estado” de querer construir un reino unido (Estado) sin discrepancias o elementos centrífugos? ¿No estuvo esto en parte en los orígenes de la creación del tribunal de la Inquisición para examinar los falsos conversos, sea del judaísmo o del islamismo, y que más tarde se extenderá a otros divergentes religiosos, protestantes o pensadores considerados heterodoxos? ¿Protestaron los teólogos contra este tipo de coacciones? . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==5. La nación española== &lt;br /&gt;
En el contexto señalado se forja un celoso nacionalismo, traducido en el estatuto de “lim¬pieza de sangre”, una especie de “culto al honor nacional e innoble criterio de casta” . Los siglos XIV-XV españoles fueron tolerantes. Para el siglo XVI se suelen dar las siguientes estadísticas de la población española : unos 7.000.000 cristianos viejos; unos 350.000 conversos; unos 300.000 moriscos . De pronto aparece la intolerancia. ¿Por qué? La convivencia de cristianos, judíos y musulmanes en los reinos cristianos españoles durante la Edad Media, había tenido que ver con el proceso de &amp;quot;Reconquista&amp;quot; cristiana española de sus tierras invadidas, y la conquista por parte de los musulmanes, sobre todo de las tierras meridionales que ellos llaman Al Andalus (Andalucía, o “tierra de los Vándalos”, antiguos invasores de la misma de origen germánico en el s. V) y posterior ocupación del territorio por los diferentes reinos cristianos del norte de la península. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La escasa repoblación cristiana de sus nuevos territorios hace que sigan viviendo en ellos un importante número de musulmanes, tanto en zonas urbanas (aunque en barrios propios, como la morería de Zaragoza), como en zonas rurales (como siervos de señorío). El final de la Reconquista - con la toma de Granada- y la política religiosa de los Reyes Católicos, modifican la situación previa: en Granada se producen bautismos en masa, y los Reyes Católicos sólo permiten la religión cristiana en España, por lo que judíos y mudéjares han de convertirse o salir del país. En la lucha enconada contra el creciente poderío turco, se teme su alianza con el mismo y en concreto con los piratas berberiscos y turcos que atacaban las costas de la Europa cristiana. Los moriscos andaluces protagonizan  una insurrección en 1568 (la rebelión de las Alpujarras), que fue sofocada casi dos años después por don Juan de Austria, hermanastro de Felipe II. Los moriscos de esa zona fueron desterrados, hecho que aumentó la suspicacia contra ellos en otras regiones donde los moriscos eran todavía muy numerosos, como Valencia o Aragón. En 1609, con el rey Felipe III, se decretó la expulsión de los moriscos, primero de Valencia, después de los otros reinos españoles. Unos 300.000 tuvieron que abandonar España; la mayoría se dirigió al norte de África. Su marcha tuvo graves consecuencias demográficas y económicas, sobre todo en Valencia y en Aragón, afectando especialmente a la agricultura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todos los problemas señalados son complejos y de diversas interpretaciones. Los Judíos constituían una gran minoría cualificada; habían disfrutado por una parte de la protección de los reyes y por otra del odio del pueblo, debido fundamentalmente a su papel en el campo de la recolección de impuestos y al sistema de ganancias económicas con los préstamos; tal aversión será luego transferida a los falsos conversos o hebreos ocultos (marranos), algo común en otros muchos lugares de Europa y a los musulmanes pseudo-convertidos. En el caso español, ya en 1449 se había dado una explosión de odio en Toledo contra los conversos y  la puesta en marcha del llamado “estatuto de sangre” (el de “limpieza”). Casos semejantes se dieron en Córdoba, Jerez, Jaén, en el Reino de Castilla, y otros muchos semejantes en Aragón y Cataluña . Debido también a las conversiones fingidas, el “estatuto de limpieza” pretendía restarles eficacia social. Aquí están en parte, los orígenes de la Inquisición española, que fue creada en el siglo XV precisamente para aclarar y combatir las conversiones ficticias de moros y judíos . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==6. Nuevos intentos de cruzada ante la caída de Constantinopla en poder de los turcos==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El tema de la “cruzada” flotaba en el ambiente español cristiano desde hacía siglos a lo largo de la “reconquista”, cruzada llevada a cabo en casa, como algunos la han llamado; pero era también una mentalidad muy extendida en la Europa medieval. Baste pensar a los últimos intentos de cruzada contra los turcos en tiempos de Pío II (1458-1464). La urgencia de la defensa contra el avance de los turcos había empujado a los griegos a buscar ayuda en la cristiandad latina occidental, e incluso a una posible reconciliación con Roma recomponiendo la antigua división entre Oriente y Occidente. Tal fue el intento que fracasaría tras el concilio de Ferrara-Florencia (1438-1445), porque no encontró el apoyo necesario en algunos metropolitas orientales y sobre todo en buena parte de los monjes y de la gente desde siempre muy influida por ellos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Constantinopla cae bajo el dominio turco el 29 de mayo de 1453, y su basílica de Santa Sofía será convertida en mezquita después de diez siglos desde su construcción. La caída de Constantinopla causó honda impresión en el mundo cristiano occidental; y no era para menos: había sido, desde los tiempos de Constantino, el corazón del Imperio Romano Oriental o Bizantino. Ahora se convertía en Estambul, cabeza del grande Imperio Otomano, que ponía también pie en el continente europeo, revolucionando así los cuadros políticos del Occidente cristiano. Por ello se explica el impulso que algunos, sobre todo el Papa, quisieron dar lanzando una nueva “cruzada” en defensa tardía del Imperio Bizantino. Fracasarán en sus intentos los Papas Eugenio IV, Nicolás V, Calixto II y Pío II, desde 1433 a 1464, debido sobre todo a las divisiones y rivalidades entre los nacientes estados nacionales europeos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este contexto, Eugenio IV llamó al Occidente cristiano en defensa de aquel Imperio (1443). Casi nadie se movió entonces, a excepción del rey de Polonia y el de Hungría, Ladislao, que fue vencido por los turcos en Varna, junto con el legado pontificio el cardenal Cesarini (1444). En otro lugar meridional de Europa, en Albania, Jorge Castriota, conocido con el nombre de Skanderberg, resistirá a lo largo de 24 años a la invasión turca. La derrota sufrida en Varna fue el prólogo de la caída de Constantinopla. El papa Nicolás V querrá renovar la llamada a una nueva cruzada que no logra comenzar; lo intenta su sucesor, el español Calixto III (1455-58) mandando predicadores de la misma por Europa e invitando a ella a los príncipes cristianos, proponiéndose no sólo liberar Constantinopla, sino también llegar incluso a Jerusalén. También aquí vemos una primera respuesta positiva por parte de los príncipes cristianos, pero que enseguida cae en el vacío.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un ejército cristiano guidado vía tierra por Juan Hunyadi, asistido por el cardenal Carvajal y animado espiritualmente por S. Juan de Capistrano, vence en Belgrado (1456), impidiendo así a los turcos continuar avanzando hacia Viena, mientras que Skanderberg los vencerá en Taormizza (1457), y el cardenal Scarampo, guiando vía mar una escuadra, los derrota en Metelino (1457). Calixto III esperaba entonces de nuevo una respuesta positiva por parte de las potencias cristianas. Pero de nuevo la indiferencia y las rivalidades, agravadas con la muerte de Juan Hunyadi, hicieron fracasar aquellos planes. El sucesor de Calixto III, el humanista Pío II (Enea Silvio Piccolomini) (1458-1464) intentó tomar de nuevo la iniciativa; llegó a convocar una especie de congreso de las potencias europeas en Mantua (1459-1460) donde participó personalmente, pero de nuevo aquel proyecto fracasó por los mismos motivos que los anteriores. Al Papa se le ocurrió una idea totalmente utópica: mandó a Muhammad II, el conquistador de Constantinopla, una carta, espléndida en su estilo literario, en la que le invitaba a convertirse al cristianismo, prometiéndole el imperio de Oriente y de Occidente (¡!). Luego, en 1463, el mismo Papa tomó la decisión de conducir él mismo la cruzada lanzando una invitación en tal sentido al Occidente cristiano. Anciano y enfermo se pone al frente de un ejército en dirección al puerto italiano de Ancona, donde ya agotado muere (1464). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Moría así una antigua utopía y la idea misma de cruzada, que había atravesado con numerosos vaivenes  la historia medieval europea, todavía objeto de enconadas controversias historiográficas y de resentimientos. Sin embargo, en aquellos precisos momentos, y en un cuadro muy distinto en los extremos del mundo europeo, en la Península Ibérica sucedían una serie de acontecimientos, algunos de ellos muy unidos a motivos no lejanos del sentir común de la christianitas europea de la época y de los Papas: la conclusión de la Reconquista, y coincidiendo con la misma, los descubrimientos transoceánicos por parte de Portugal y de España. En el caso español encontramos ingredientes variados e híbridos, muy presentes en la vida política y popular del siglo XV. La conquista de Granada que concluye este ciclo y da comienzo a otro nuevo, la tomó el pueblo como algo suyo . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==7.  La Iglesia Española de finales del S. XV y comienzos del s. XVI== &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
7.1. Para comprender el estilo de la primera evangelización en el Continente americano. España y la Iglesia española fueron los agentes de la evangelización del Nuevo Mundo de lengua española, como en el Brasil lo será el Portugal hermano. Es preciso conocer su idiosincrasia, las potencialidades y limitaciones de su contenido católico. Ya nos hemos referido a la importancia que tenía el clero dentro de la sociedad española del tiempo y a su composición. Nos vamos a fijar en otros elementos de esta España religiosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para comprender mejor &amp;quot;el encuentro del catolicismo ibérico y las culturas americanas&amp;quot;, que &amp;quot;dio lugar a un proceso peculiar de mestizaje, que si bien tuvo aspectos conflictivos, pone de relieve las raíces católicas así como la singularidad del Continente&amp;quot; , es necesario adentrarnos más, tanto en la historia de la España de aquél entonces, como en los primeros pasos de la Iglesia en tierras americanas. El dinamismo que impulsó y que aún continua fecundando tal síntesis, que es el continente latino americano en su configuración, lo constituye la fuerza de la fe católica. Los obispos latinoamericanos escribieron en su reunión plenaria de Puebla, celebrada en 1978: &amp;quot;Con deficiencias y a pesar del pecado siempre presente, la fe de la Iglesia ha sellado el alma de América Latina, marcando su identidad histórica esencial y constituyéndose en la matriz cultural del continente, de la cual nacieron los nuevos pueblos&amp;quot; . Es esto lo que le da sentido a su ser; el encuentro con el Evangelio, con la verdad de que existe Dios Padre Bueno, que nos ha dado a su Hijo Jesucristo para salvación nuestra, bajo el aliento del Espíritu Santo, encarnado y nacido de una mujer (cf. Gal. 4, 4), la Virgen María de Nazaret .&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se tenía mucho cuidado de que las Órdenes que pasaban a América fueran todas reformadas. Serán cinco Órdenes religiosas reformadas o nuevas las protagonistas de la historia de la evangelización en el Nuevo Mundo hispano: los franciscanos, los dominicos, los agustinos y más tarde los mercedarios; a estas Órdenes religiosas antiguas, llamadas mendicantes por su origen y estilo, se sumarán pasado medio siglo los recién fundados jesuitas. Los franciscanos que llegaron a México para emprender la evangelización pertenecían a la más severa y genuina de las Observancias evangélicas. El humanismo español constituía el ambiente cultural de estos misioneros. Es conocida la influencia, por ejemplo, de Erasmo de Rotterdam ; el mismo Zumárraga había leído sus libros, como lo demuestra la carta que envió, el 2 de noviembre de 1547, a fray Francisco del Castillo, provincial de su comunidad en Burgos . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Desde este horizonte los evangelizadores trataron, desde sus posibilidades, de crear una nueva humanidad cristiana, singularmente sana y fiel. “La primera generación de misioneros en México, por ejemplo, los obispos Juan de Zumárraga y Vasco de Quiroga, se caracterizaban por el sello del humanismo contemporáneo; Zumárraga estaba influenciado por Erasmo y Quiroga por Tomás Moro. Esta actitud espiritual fue decisiva en algún modo, y precisamente también en relación con la labor misional” . La extraordinaria labor evangelizadora que realizaron los misioneros en tierras americanas, encuentra en estos altos ideales de reforma y santidad de vida, una de sus principales motivaciones. Son elementos que no podemos dejar de tomar en cuenta al momento de estudiar la labor y los métodos que usaron para lograr la conversión de los indígenas americanos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
España estaba en un momento de apogeo y expansión. Venía de concluir la guerra de reconquista contra el dominio musulmán de su suelo. Los Reyes Católicos otorgan una gran importancia a la fe y alientan con gran energía y constancia un proceso de reformas y austeras observancias que, aunque ya venía gestándose desde hacía tiempo, alcanza con ellos una sistemática propuesta de reforma cristiana. El humanismo español de finales del siglo XV y de todo el XVI es sumamente rico en realizaciones literarias y espirituales. Es un tiempo donde lo épico y lo religioso se entrelazan en un universo cultural sumamente fecundo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
7.2. Una antigua exigencia de reforma en toda la Iglesia La exigencia de reforma en la vida de la Iglesia en cuanto sociedad humana, es un fenómeno continuo en la historia de la Iglesia. En los  finales de la edad Media y comienzos de la Moderna se sentía agudamente, sobre todo en algunos ambientes. Se pedía entre otras cosas una reforma radical “in capite et in membris” (en la cabeza y en los miembros), empezando por una adecuada puesta al día de las estructuras jurídicas (centralización y reservas con los desórdenes consecuentes, fiscalismo y abusos) de la vida eclesiástica del clero alto y de la formación del bajo clero, sobre todo en relación a la atención pastoral de los fieles. La respuesta dada a esta exigencia urgente no fue siempre equilibrada y ortodoxa en muchos ambientes cristianos europeos, ni tampoco fue amplia y promovida con decidida voluntad por parte de la jerarquía de esa época, lo que causará con el tiempo la ruptura de los movimientos protestantes. En este contexto, en varios países de la cristiandad se dan discutidos movimientos de reforma desde el punto de vista de la ortodoxia católica, como los llamados “espirituales” o grupos de frailes franciscanos con ideas eclesiológicas heterodoxas, influenciadas a veces por las teorías de Joaquín de Fiore sobre la existencia de dos iglesias, una carnal y rica, y en contraposición otra espiritual, santa y evangélicamente pobre, Otros sostenedores de ideas radicales heterodoxas serán el inglés John Wicliff y luego el bohemo Jean Hus y otros que preceden en muchos puntos la futura mentalidad cristológica y eclesiológica de los reformadores protestantes, como Jakoubek, Nicolás de Dresde o Wesel Gansford (1419-1489) en Alemania. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Son comprensibles estos movimientos radicales de reforma ante la situación de una jerarquía eclesiástica con frecuencia mundana. Estas tendencias ideológicas, fomentadas también por desórdenes sociales, se agudizaban por la falta de una voluntad eficaz de reforma en muchos responsables eclesiásticos. Sin embargo, lentamente comienza a abrirse paso una mayor voluntad de reforma por parte de la jerarquía eclesiástica (Papas y Concilios) a lo largo del s. XV y comienzos del XVI. Así en el concilio de Costanza y en los concordatos que estipuló Martín V, se ve tal voluntad; éste papa eligió también cardenales óptimos y una buena bula de reforma (16.V.1425), que quedó en letra muerta; en la misma línea decretó el concilio de Basilea con medidas radicales, nunca aplicadas. Los papas siguientes emanaron varios decretos y bulas también en tal sentido, casi siempre ineficaces y raramente aplicados, quedándose en meros proyectos. La historia va adelante con vanos intentos de reforma, incluidos los del concilio ecuménico Lateranense V (1513-1517). La doctrina católica fue siempre defendida, pero las situaciones de desórdenes graves en la vida cristiana continuaron vivos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin embargo, en algunos lugares de la cristiandad occidental se empezaba lentamente un camino de reforma de la vida de la Iglesia, como lo demuestra el llamado fenómeno de la “Devotio moderna”, movimiento eclesial comenzado en los Países Bajos a finales del s. XIV y que se desarrolla a lo largo del XV dando lugar a asociaciones como “los hermanos y las hermanas de la vida común”. “Devotio moderna” significaba “servicio de Dios” con una proyección clara de cristocentrismo, una espiritualidad ascética práctica (contra la mística especulativa de los dominicos alemanes), una marcada tendencia afectiva (de raíces franciscanas, de la escuela de S. Bernardo y del teólogo francés Gerson), una interioridad y subjetivismo notables en detrimento de los contactos, también apostólicos con el mundo, y una insistencia ascética que subraya el papel responsable del fiel en la recepción de los sacramentos. El libro “La imitación de Cristo” es fruto de tal “devoción” y su probable autor, Tomás de Kempis, pertenecía a tal movimiento. Esta espiritualidad ejercitará un influjo en el siglo siguiente en muchos santos y fundadores como Ignacio de Loyola e incluso en algunos protagonistas de la reforma protestante.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
7.3. El movimiento de reforma de la vida religiosa monacal y conventual en la Iglesia. Hay otro aspecto notable en el incipiente movimiento de reforma eclesial de este periodo, y es el comienzo de la misma en el seno de algunas antiguas Órdenes religiosas, en gran parte en un lamentable estado de decadencia, si se exceptúan los Cartujos y en parte los Cistercienses. La peste negra que asoló media Europa en aquellos dos siglos (XIV y XV) había vaciado los monasterios,  que luego se habían llenado con vocaciones mediocres o por motivos que nada tenían que ver con la consagración religiosa. Por ello los nuevos religiosos o monjes vivían con frecuencia una vida disipada, en monasterios y conventos con abundantes bienes, falta de la vida común fundada en privilegios obtenidos de los papas, y con una clausura más teórica que práctica, sobre todo en el caso de las monjas, que en muchos casos provenían de la nobleza y traían consigo sus niveles de vida y privilegios y en muchas ocasiones eran obligadas por motivos sociales a entrar en los monasterios. También aquí las decisiones de Papas y Concilios sobre la reforma religiosa caían en un terreno árido. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este panorama se dan los primeros intentos de refreno religioso, cuando algunos religiosos buscan volver a las raíces carismáticas de su fundación, y se reúnen en un convento donde querían vivir claramente el espíritu de tal origen. En los comienzos, ese convento buscaba ponerse bajo las órdenes del General de la Orden por encima de su Superior Provincial. A tal convento se asociaban otros con el mismo espíritu; se formaban así las “Congregaciones” de reforma, bajo la obediencia a un Vicario con poderes amplios. Se quería llevar a cabo de esta manera la reforma de la Orden. Aquí ahondan sus raíces divisiones sucesivas entre “conventuales” y “observantes”, “calzados” o “descalzos”, etc… en varias antiguas órdenes religiosas, ya a partir de finales del s. XV y sobre todo en el s. XVI. El fenómeno se da en la mayoría de las antiguas, también en España, y tendrá consecuencias notables en la historia de los evangelizadores del Continente americano. No todas las “Congregaciones” duraron, sin embargo favorecieron la reforma, en cuanto extendieron su influjo sobre todo a través de la predicación popular ambulante.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
7.4. El movimiento de reforma de la vida religiosa monacal y conventual en la Iglesia. La historia de la reforma eclesial en España se encuadra en este movimiento. Fue conducida hasta llegar a la gente común, comenzando ya mucho antes del Concilio de Trento y llegando al mismo, que ratificó muchos aspectos que la Iglesia en España ya había puesto en marcha desde hacía tiempo. Una de sus características peculiares fue que la iniciativa vino de los Reyes Católicos, con pasos sucesivos de reforma del episcopado, del clero y del pueblo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La reforma de la vida religiosa en España se dió de manera precisa y orgánica . En el caso de los monjes comienza con la del monasterio de San Benito de Valladolid, por iniciativa del rey de Castilla Juan I (en 1389-1390), con el objetivo de que los monjes viviesen la regla benedictina de manera precisa y rígida, y con voto de clausura perpetua al modo de las Clarisas; reclutó para ello unos 15 monjes provenientes de varios monasterios que se comprometieron a seguir tal vida rígida. Luego evolucionará hacia una mayor elasticidad, pasando a finales del s. XV a constituir una “Congregación” de unos 10 monasterios (en 1524 contaba con 32), y durará en los siglos siguientes. Algo semejante ocurre con los cistercienses con la fundación o reforma de la “Congregación de S. Bernardo de Castilla”, en tiempos de los papas Martín V y Eugenio IV, por obra del monje cisterciense que provenía de los Ermitaños de San Jerónimo (Jerónimos), Martín de Vargas. Esta fundación fue duramente obstaculizada por el capítulo general de Citeaux (cistercienses) a lo largo del s. XV; en 1549 reunía 45 monasterios de los 59 españoles de la Orden. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No se observan generalmente nuevas fundaciones con nuevas Reglas en las grandes órdenes religiosas. Sin embargo en España nacen los Jerónimos (ya presentes en Italia como “Eremitas de S. Jerónimo”). Fue un canónigo de Toledo, Fernando Yáñez de Figueroa y su camarero mayor, Pedro Fernández Pecha, que comenzaron a vivir una vida eremítica, pasando luego a la cenobítica, adaptándose a la regla de S. Agustín, con la aprobación de Gregorio XI en 1373. En 1423, Lope de Olmedo quiso reformar la Orden siguiendo algunas indicaciones que sacó de los escritos de S. Jerónimo, y creó así un nuevo ramo llamado “Congregación de la Observancia de S. Jerónimo”, pero que en España tuvo un éxito muy relativo, uniéndose luego en 1567 al resto de los Jerónimos. Se mantuvieron fieles a la regla de manera bastante rígida; crecerán a lo largo de los s. XV y XVI en España fundando y agregando numerosos monasterios, entre ellos hay que señalar el de Yuste, en Extremadura, donde se retirará el emperador Carlos V, el del Escorial, fundado por Felipe II, y el Guadalupe en el célebre santuario de Extremadura.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En cuanto a las Ordenes mendicantes tuvo en España, como en otros lugares, dificultades notables de reforma, dada su organización centralizada que había favorecido en cierto modo también su decadencia. Sin embargo, tal organización luego favorecerá o pondrá obstáculos a la reforma o la apoyará tibiamente. La historia de la reforma de los mendicantes, también en España dependió en buena parte de estos factores, a parte de los apoyos de papas y reyes, característica de la misma reforma, oposición de superiores locales, intervenciones abusivas de los poderes seculares, etc.. En España la reforma nace por iniciativa autónoma en varias provincias. En Santiago en 1390, que se autonomiza en 1440 de los conventuales; en Aragón, con una tendencia de carácter eremítico y se convierte en una provincia de observancia en 1442; en Castilla, parece ser que la observancia franciscana llega de Sicilia. Todos estos conventos reformados, a partir de 1446, forman con los observantes franciscanos franceses, ingleses, belgas, alemanes norte-occidentales la “Vicaria Ultramontana”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero en España nacen también grupos “ultra-reformistas”. Un primer iniciador de esta tendencia es Pedro de Villacreces (+1422), que se proponía reproducir el ideal de la Porciúncula gobernada por S. Francisco de Asís: vida austera y contemplativa, retiro y vida eremítica dentro del convento, pobreza radical, siempre descalzos, oración prolongada, silencio total. El estudio era reducido al mínimo. El sucesor de Villacreces, Lope de Salinas, aumenta el tiempo dado al estudio teológico y moral para formar predicadores y confesores, usando pequeños manuales. Prosigue esta línea el antiguo jerónimo Juan de La Puebla (+1495) con la reforma del convento de Santa María de los Ángeles de Sevilla. De este grupo nace la reforma de Juan de Guadalupe, la observancia rigurosísima, que da mayor fuerza a la predicación y al apostolado. Estos grupos diversos de franciscanos reformados continúan difundiéndose a partir de 1517; entre ellos se encuentra el de San Pedro de Acantara, confidente de Santa Teresa de Jesús, llamados “alcantarinos” o “pascualitas-alcantarinos”. A estos grupos reformados de franciscanos pertenecen los primeros grandes misioneros franciscanos del Continente americano. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra Orden religiosa reformada en España es la de los Agustinos. La formación de la “Congregación de observancia” española tiene una propia historia. Parece ser que su primer convento fue el de “Domus Dei” de Castelví de Rosanes en Cataluña (1420), que permaneció solo y aislado en medio del conventualismo hasta 1569. La “Congregación de observancia” española surge de hecho en Castilla por obra de Juan de Alarcón (+1451 c.), que actuó bajo la protección del padre general Favaroni y tras haber conocido la fuerte renovación de la Orden en Italia. Así se crea en España una “Congregación de observancia” ya en 1438, con 4 conventos de frailes y uno de monjas. Alarcón obtuvo en aquel mismo año la bula de confirmación de parte del Papa, mientras que en los demás casos italianos las bulas llegarán decenios después. La extensión de esta reforma en España se puede deducir del hecho que en 1504-5 se decretó la unión de la “Congregación de Observancia” con la Provincia agustiniana española, que tras divisiones y tensiones, sólo se pudo actuar en 1512. Ello se debió gracias a los Reyes Católicos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La historia de la reforma de los dominicos españoles tiene características semejantes. Ya en el Capítulo general de Burgos (1413), el general de obediencia aviñonesa (nos hallamos en los tiempos del cisma de Occidente), Juan de Puinoix, trata de eliminar los defectos más salientes en la Orden con fuertes medidas disciplinares, incluida la cárcel, y de restaurar la vida común. Probablemente tuvo un gran influjo San Vicente Ferrer con su vida santa, su predicación y sus escritos (Tratado de vida espiritual). Pero la verdadera reforma hay que señalarla también aquí en el método de la fundación de  “Congregaciones de observancia”, alrededor, parece ser de Santa Catalina de Siena (+1380) y de su confesor Raimundo de Capua, maestro general de la Orden a partir del 22 de mayo de 1380. La lista de dominicos eminentes que llevan adelante la reforma de la Orden en Europa, a partir de Italia, es abundante. En España comienza en Castilla en 1423 y recibe el reconocimiento de derecho pontificio en 1478. Su desarrollo se debe a los Reyes Católicos, por lo que en 1505 se une a la Provincia dominica de aquel Reino, eliminando los conventos no reformados e introduciendo la Observancia. Una de sus características fue su expansión a partir de un convento reformado, lo que se puede señalar como un ejemplo de reforma a partir de la base. En estas “Congregaciones de observancia” se quiere volver a la experiencia primera de la Orden y se resuelve el problema de la pobreza buscando una línea media: queda la “mendicidad” como ideal, pero se corrige con otros medios de subsistencia, cuando aquella se mostraba insuficiente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El caso de la Orden de los carmelitas, sea en el s. XV como en el XVI, sigue un itinerario parecido. Se pueden enuclear varias reformas serias: dos de “Congregaciones de observancia” fuera de España ya en el s. XV (las de Mantua en Italia y de Albi en Francia), y las del s. XVI, la general de Nicolás Audet de toda la Orden (1524), y la teresiana en España, que coincide con la historia de la reforma de la gran Santa Teresa de Jesús (1515-1582), seguida por su discípulo San Juan de la Cruz (1542-1591), los dos grandes místicos y literatos incomparables en su género. En España hay otras órdenes mendicantes, que en esta misma época siguen el camino de la reforma y que tendrán también un papel importante en la evangelización americana, principalmente los Mercedarios y los Trinitarios, ambas órdenes fundadas para la redención de cautivos en manos de los musulmanes del Norte de  África. La primera de estas dos órdenes, que pasarán tempranamente a América (el capellán de Cortes fray Bartolomé de Olmedo, muerto en 1524, era un mercedario),  desarrollará un papel fundamental en la historia de la evangelización americana.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La estructura de las “Congregaciones de observancia” de los mendicantes son bastante comunes. Son ordinariamente reconocidas, algunas por documentos papales (de derecho pontificio), otras por el general de la misma Orden. No crean sistemas jurídicos nuevos, como en el caso de los monjes; introducen sólo un gobierno doble, casi completo, dentro de la misma Orden, autónomo en relación a sus provinciales locales, pero no en relación al general de la Orden. La historia de cada caso muestra con frecuencia caminos y características peculiares. Estas reformas quisieron ir a la raíz de los males y cortarlas de cuajo. Se caracterizan en general por la pobreza vivida, la austeridad, la vida común, la penitencia aflictiva, la meditación y la “lectio divina” y con ella el silencio; un monje-abad de Monserrat en Cataluña preparará un tratado y meditaciones titulado “Exercitatorio de la vida espiritual” que ejercerá un influjo notable en tal sentido en todas las Órdenes de observancia. Al contrario, el tiempo dado al estudio estaba marcado por las necesidades apostólicas más que por una necesidad intelectual en sí; puede decirse, que sobre todo en sus comienzos, hubo una reacción contra los estudios académicos, o al menos una indiferencia y desestima para la formación sacerdotal. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La razón de esta desestima, sobre todo en el mundo de los monjes de este tiempo, era el pretender una oposición entre el monje “homo devotus” y “homo spiritualis” por una parte y del “homo doctus” por otra. El problema se empezará a resolver a lo largo de los primeros decenios del s. XVI, cuando los monjes reformados comienzan a erigir también colegios universitarios, pero el desarrollo fue bastante lento. Por su parte en las Órdenes de observancia encontramos actitudes muy diversas. En el caso español los agustinos, por ejemplo, son más bien contrarios. Lo mismo sucede con otras Órdenes. El rechazo de los grados académicos se fundaba en que habían sido en su tiempo una de las causas de la decadencia religiosa. Los dominicos resuelven el problema admitiendo a los mismos a frailes de virtud probada, y combatiendo los antiguos privilegios que tenían los titulados lectores (profesores o doctores). Poco a poco todas estas Órdenes resuelven el problema instituyendo en cada provincia casas de estudios, esto a partir de mediados del s. XV; sin embargo sigue durante mucho tiempo la oposición a los grados académicos. Así los agustinos de Castilla tardan hasta 1542 en organizar los estudios humanísticos, filosóficos y teológicos, cuando el General Seripando le impone una organización de los estudios para dar una mayor formación a los frailes candidatos al sacerdocio. La solución al problema fue positiva gracias a que la Observancia religiosa se consideró el valor principal al que se debían subordinar los otros valores. Además la solución ejemplar la habían ya ofrecido las grandes figuras reformadoras, que entran doctas y santas, es decir estrictamente observantes y regulares, y que se encontraban tanto en los monjes reformados como en las Congregaciones de Observancia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuanto hemos afirmado sobre la reforma de la vida religiosa en los reinos españoles de Castilla y Aragón, se puede aplicar en parte, aunque no con la misma radical insistencia, en el reino de Portugal. Entre las reformas destaca la de los franciscanos, llamados “Capuchos” (que no se debe confundir con los Capuchinos), favorecida por Alfonso V, y cuyo centro fue Varatojo. Estos franciscanos se distinguirán también por su compromiso en la empresa evangelizadora portuguesa bajo el Padroado.&lt;br /&gt;
7.5. La reforma del episcopado en la España de los Reyes Católicos y de comienzos del s. XVI. Los Reyes Católicos, la Reina Isabel sobre todo, habían promovido una reforma del clero diocesano y regular, basados en criterios válidos, no siempre exentos de cálculos también políticos, que Fernando no siempre había aplicado. No faltarán tensiones entre Fernando (+1516), Julio II y León X sobre las provisiones episcopales, porque el rey tendía a presentar los candidatos con el sistema de la “súplica”, cuando no existía el patronato (como era el caso de Granada). Con los criterios adoptados –naturales de los reinos, honestos, de la clase “burguesa”, doctos- los reyes Católicos no solamente habían puesto en marcha una reforma, especialmente en Castilla; habían también unido los obispos a la Corona. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Carlos I (V), nieto y sucesor de los Reyes Católicos (rey 1516-1556), quiere obtener de la Sede Apostólica lo que la misma había concedido con un concordato en 1516 a Francisco I de Francia. Lo obtiene de Adriano VI (1522-1523) (que había sido su consejero y regente en Castilla durante su ausencia obligada por motivos de su elección como emperador del Sacro Imperio Romano en 1520); es decir el patronato sobre Castilla y Aragón, tras haberlo obtenido sobre Pamplona (Navarra) (4-28 de mayo de 1523) con el ius patronati et praesentandi. Con la bula “Eximiae devotionis affectus” (6.9.1523) obtiene el patronato, por lo tanto el derecho de presentar a los candidatos, a todos los obispados, abadías y otros beneficios consistoriales. Tal concesión fue revocada el 3 de abril de 1527 bajo Clemente VII (1523-1534) con el voto del Consistorio, porque había sido concedida sin el voto del Colegio cardenalicio; tras el saqueo de Roma (1527), con la bula “Etsi ea quae” en Bolonia, antes de la coronación imperial de Carlos V (el 11 de enero de 1530), confirmada por Pablo III el 7 de julio de 1536, Carlos V obtenía de nuevo el patronato y el derecho de presentación. Desde este momento en adelante, durante siglos, los nombramientos episcopales estarán en manos del Rey de España en sus Reinos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La reforma de la vida eclesiástica comenzada por los Reyes Católicos empieza por la elección al episcopado de obispos doctos y rectos. Criterios de reforma: que fueran españoles, doctos, virtuosos, llanos (no aristócratas), residentes. &amp;quot;El clero de España es el nervio de la Cristiandad&amp;quot;, habría dicho San Carlos Borromeo en los tiempos del Concilio de Trento . Los Reyes quieren que el Papa nombre obispos españoles porque debían residir en sus diócesis, de vidas íntegras; no nobles, para que no se convirtiesen en señores feudales. En su época brillaron de manera especial algunas figuras. Entre ellas destacan las figuras del jerónimo fray Hernando de Talavera (c. 1430-1507), primer arzobispo de Granada después de la Reconquista, confesor de Isabel la Católica y el tipo ideal de obispo; el arzobispo, y teólogo dominico de Salamanca, fray Diego de Deza (1443-1523), el arzobispo y cardenal franciscano fray Francisco Jiménez de Cisneros (1436-1517) . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hernando de Talavera lleva una vida santa, con la celebración diaria de la Misa, el catecismo a los niños, reunión-capítulo mensual con los párrocos, y fundación de un seminario modelo, entre otros aspectos. Diego de Deza formó parte del Consejo de Sabios que examinó las propuestas de Colón, y fue uno de los pocos que consideró las mismas como viables. De ahí nació la gran amistad y admiración que el Almirante sintió siempre por Deza. Francisco Jiménez de Cisneros, figura fundamental en la historia religiosa y política de la España de su tiempo y en los comienzos de la evangelización de América, quien reformó a su Orden franciscana de la que era provincial en medio de oposiciones y de luchas. La Reina Isabel le ayudó en estas reformas, especialmente en la de las monjas. Para formar el clero funda los llamados “collegia minora” para el estudio de las letras, y los “collegia maiora” para la filosofía y la teología. Recomienda al clero doctrina, pureza de costumbres, empeño pastoral y litúrgico. Él fue el restaurador en Toledo de la liturgia mozárabe. En el mundo de la cultura ha pasado a la historia como humanista en cuanto funda la Universidad de Alcalá (Complutum) (1508) con un claro planteamiento humanístico y moderno, que edita la Biblia poliglota complutense en 6 volúmenes. Edita también varias obras devocionales en español, como la Vida de Cristo de Ludolfo y otra obras de la “Devotio Moderna”, que prepararon el florecimiento de los grandes místicos del siglo XVI. Además renovó la enseñanza de la teología. Su metodología será indicada por el teólogo dominico Melchor Cano en su “De locis theologicis” y por los estudios jurídicos del también dominico Francisco de Vitoria en Salamanca. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era un nuevo método de estudio de la teología que superaba el bizantinismo de una escolástica decadente, y trataba las cuestiones más importantes y candentes del momento. Se quería una exposición sencilla, sobria, elegante, a partir de las fuentes (Escritura, Padres, Concilios, documentos eclesiásticos); sustituye las “Sentencias” de P. Lombardo con la “Summa theologica” de Sto. Tomás. Así se preparan los maestros de los grandes teólogos españoles que acudirán a Trento o a sus discípulos. En Alcalá estudiará una  falange de grandes figuras del humanismo español, algunos como San Juan de Ávila (c. 1499-1569), declarado doctor de la Iglesia (2012), o personalidades que ejercitarán un papel importante en la historia de la evangelización y de los derechos humanos en América, como el p. jesuita José de Acosta (1540-1600) .  Esta Universidad contará con célebres maestros, entre ellos el dominico Domingo de Soto (1494-1560) y celebres alumnos. Con algunos entablará una amistad duradera, como con Don Pedro Guerrero, futuro arzobispo de Granada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La España cultural de la época comienza a respirar con los dos pulmones culturales de las universidades de Salamanca y de Alcalá. En estas universidades asistimos a un renacimiento del humanismo renacentista, con varias corrientes que lo caracterizan: vuelta a los estudios bíblicos en Alcalá (Biblia Políglota), con referencias a una teología positiva, siguiendo las huellas de los Padres, y reformismo eclesiástico. Encontramos también en ellas corrientes humanísticas, filosóficas y teológicas de matrices diversas, como el tomismo, el escotismo, y en medida menor algunos brotes nominalistas, y el influjo de humanistas como Erasmo y Tomás Moro. En estas universidades echan sus raíces las corrientes jurídicas que las harán célebres en el campo del derecho de gentes o internacional, con figuras como los dominicos Francisco de Vitória y Domingo de Soto y otros conocidos teólogos que ejercerán un fuerte influjo en el Concilio de Trento (1545-1563). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta reforma del episcopado no encontró un camino llano y fácil. Cuando Fernando el Católico muere en 1516, el cuadro del episcopado español no era homogéneo. La mayor parte de los obispos era ciertamente digna y muy convencidos del servicio al Rey, de buena altura eclesiástica e intelectual, aunque se daban casos de obispos poco dignos, nombrados por motivos de parentesco; había cardenales que no residían en sus sedes, nombrados por razones de amistad; había también obispos nobles, nombrados gracias a su proveniencia social y algunos por ser flamencos o por intereses con aquellos territorios bajo la Corona española, a partir de Carlos V . El emperador Carlos trató de seguir los criterios establecidos por los reyes Católicos, pero no siempre los mantuvo totalmente, lo que llevó a veces a consecuencias negativas, aunque en menor medida que en otros países europeos. ¿Cuáles habían sido los criterios de los reyes Católicos, sobre todo de Isabel? Ante todo la elección de personas doctas. Carlos V escogerá fundamentalmente personas preparadas y bien formadas en colegios eclesiásticos universitarios españoles, en los “Estudios generales” de los religiosos y en las universidades italianas. En su día, el cardenal franciscano, arzobispo de Toledo y primado de España, confesor y consejero de la reina Isabel y luego regente del Reino hasta su muerte (+ 8.11.1517), optó por teólogos, preferentemente canonistas, contra la tendencia que se daba en Italia, Inglaterra y franca. Este criterio será luego seguido por el Consejo real. Por ello los obispos españoles darán una notable aportación en el concilio de Trento. La reina Isabel había querido obispos honestos y había seguido rigurosamente este criterio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fernando fue menos severo en este campo, por lo que encontramos algún caso de obispos con hijos como  Alonso de Aragón (+1520), hijo del rey Fernando, arzobispo de Zaragoza y con hijos. Por su parte Carlos V aplicó aquel mismo criterio, también porque podía disponer de sacerdotes formados en los colegios de Talavera y de González Mendoza. La extracción social de los obispos era prevalentemente de la clase media. Carlos V por su parte nombrará luego también nobles, españoles y extranjeros, por motivos de gratitud y no siempre por razones eclesiásticas. El primero de ellos fue el joven Guillermo de Croy, de 20 años, que sucedió al gran Cisneros en Toledo ; era ya obispo de Cambray y cardenal, y nunca puso los pies en España. Dio también el obispado de Valencia a Eduardo de la Marca, obispo de Lieja, porque le servía para el Imperio . Se cuentan hasta 30 provisiones suyas de este tipo de obispos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para salvar el principio de los Reyes Católicos (“obispos naturales de estos reinos”), el rey Carlos concedía “cartas de naturalización” por las que se habilitaba a estos extranjeros a ser nombrados obispos de cualquier diócesis española; y si no podía dar provisiones de obispados, les daba pensiones sobre las rentas de estas diócesis. Estas provisiones llevaron al absentismo. Los obispos españoles debían comprometerse a residir en sus diócesis para poder recibir la provisión, con una especie de pacto, como dirá un obispo español en el concilio de Trento. Pero no la exigía de los extranjeros, que a veces eran cardenales italianos de curia. La exige de los españoles residentes en Roma o en la Corte. Pero era él mismo a dificultar o a imposibilitar la residencia porque se servía de los obispos para los servicios administrativos, civiles, para la dirección del consejo real, para las Cancillerías de Valladolid y de Granada, como embajadores, etc. Así, por ejemplo, el cardenal Pedro Pacheco, primer obispo residencial de Pamplona después de 80 años, nunca estuvo ni en Jaén ni en Sigüenza, sedes a las que había sido trasferido (1545-1560), y fue también virrey de Nápoles. El inquisidor Fernando Valdés nunca residió en alguna de las diócesis para las que había sido nombrado, e incluso consideraba abstractos a los “frailes teólogos” (como Victoria) y a los predicadores, como Pablo de León, que criticaban duramente este ausentismo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por todo ello vemos que en tiempos del emperador Carlos V en sus dominios europeos, también en España hubo periodos en los que encontramos que pocos obispos residían en sus diócesis. El hecho ahondaba sus raíces en motivos de ambiciones a ser trasladados a sede más importantes, por ser más ricas, con posibilidades de ejercer influencias y tener mayores poderes; en una palabra, una mundanidad infiltrada en aquellas esferas episcopales, denunciadas con dureza por parte de figuras episcopales del calibre del agustino Santo Tomás de Villanueva (1486-1555), arzobispo de Valencia , y más tarde en el concilio de Trento por parte del obispo dominico portugués Bartolomé de Martyribus en su “Stimulus pastorum” .  A pesar de estos límites, serán los obispos españoles quiénes en Trento lucharán por la reforma del episcopado y por la residencia de los obispos en sus diócesis.&lt;br /&gt;
7.6. El clero inferior. Hacia finales del s. XV y comienzos del XVI el clero, tanto el secular como el regular, contaba como ya se ha indicado, un alto porcentaje de miembros. En el clero diocesano había un clero “medio”, al que pertenecían los canónigos de los capítulos, el de las colegiatas y los párrocos de parroquias importantes. Los canónigos como cuerpo habían sufrido el contragolpe de la acción de los reyes Católicos. Esta clase clerical pertenecía de hecho a la antigua estructura feudal, por lo que buscaron  defender su posición. Con frecuencia vivían con un tenor de vida bastante secular y garantizaban también una serie de beneficios a su parentela, por lo que con frecuencia accedían a estos cargos, más por intereses económico-sociales que por vocación a la vida clerical. Pertenecían al considerado clero bajo, la mayoría de los párrocos, de los capellanes y de los beneficiados menores. Tenían que ejercitar un oficio para poder vivir porque las rentas del beneficio no eran suficientes. Los reyes Católicos trataron reformar también a este clero, juntamente con obispos y otros prelados, buscando la promoción del sacerdote reformado ideal. En esta empresa tendrán luego un papel fundamental  muchos tratadistas teológicos, jurídicos y humanistas como Vitoria, el arzobispo de Toledo Carranza, Soto, San Juan de Ávila, fundador en su tiempo de varios colegios-seminarios para la formación del clero, ya antes de Trento , Luis de Granada y otros muchos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A la luz de cuanto descrito surge una pregunta obligada: ¿Se puede hablar en un sentido apropiado y estricto de una Iglesia “nacional” española, como se habla de la “Iglesia galicana” en Francia o de la “Iglesia anglicana” en Inglaterra? Las tendencias eclesiales centrífugas se dan en varios países de Europa y se agudizarán a partir del siglo XVI. No parece que se pueda hablar en el mismo sentido en el caso español y en el portugués. Ciertamente en España y Portugal se podría ver en sistema  del “Patronato” y del “Padroado” una expresión centrífuga. Sin lugar a dudas existe una conciencia bastante claro de la propia identidad nacional y eclesial, pero sin llegar a los límites de las concepciones de buscar la creación de una Iglesia autónoma del Papado, ni siquiera la defensa de “unas libertades eclesiales adquiridas” como sucedía en otros países europeos. La fidelidad al Romano Pontífice nunca fue puesta en duda a lo largo de esta historia ni por los Reyes ni por los obispos, juristas y teólogos españoles. Incluso el largo proceso de elaboración de la doctrina sobre el Patronato no fue ni fácil ni unánime. Se legisló sobre la exclusión del episcopado de todo extranjero, en la práctica esta regla fue con frecuencia olvidada o se encontraron salidas para evitarla. Incluso las “represalias” que tomaban los Reyes contra Roma, fueron siempre mitigadas por el realismo en las relaciones, tensiones sin ruptura, que al final se recomponían. En todo caso serán más duras en el siglo XVIII con la dinastía de los Borbones, incluso con nuevas y más radicales interpretaciones en favor de las dos Potencias católicas del Patronato o del Padroado, pero ya era una situación nueva que la Iglesia vivía en toda la antigua cristiandad europea bajo los regímenes del absolutismo ilustrado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==NOTAS:==&lt;br /&gt;
  &lt;br /&gt;
&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==BIBLIOGRAFÍA:==&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
'''FIDEL GONZÁLEZ FERNÁNDEZ'''&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.56.173</name></author>
		
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		<title>ESPAÑA; la sociedad española en la época de los descubrimientos</title>
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		<updated>2014-03-31T20:09:23Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.173: /* 3. La España católica y la Reconquista */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;==ESPAÑA; la sociedad española  en la época de los descubrimientos== &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==1. La España de los Reyes Católicos==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Durante la llamada Edad Media, la Iglesia había sido el punto de referencia en la creación en la Península Ibérica de una historia común. Algo semejante había sucedido también en la Europa medieval, pero en el siglo XVI aquella historia común europea se interrumpe con las divisiones religiosas y culturales. El momento en el que sucede el encuentro entre España y América coincidió con el paso de una época a la otra. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La unidad dinástica de los reinos hispanos sucede en 1479 con la fusión personal de Castilla-León y Aragón-Cataluña, por el matrimonio de los dos monarcas de ambos reinos: Isabel I (la Católica) de Castilla-León y Fernando V (el Católico) de Aragón. Doce años después (el 6 de enero de.1492),con la reconquista del reino moro de Granada, se cierra el ciclo de la reconquista y la unidad practica de los reinos españoles, bajo el lema que adoptan de igualdad de poderes y unidad de decisiones de las dos Coronas en una, con el lema “''tanto monta, monta tanto, Isabel como Fernando''”, y la simbología heráldica para expresar aquella unión (el ''Yugo'', letra inicial de Isabel, entrelazado con la ''Flechas'', letra inicial de Fernando). Este hecho tendrá repercusiones incalculables en el futuro de la misma España como en el Nuevo Mundo, que pronto iba a entrar en la escena mundial de la mano española. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una frase: &amp;quot;''en cabeza del rey''&amp;quot;, iba a expresar lapidariamente el papel de la monarquía en aquella empresa: frase que ya se encuentra en autores de la primera hora, y que viene a significar el papel o responsabilidad del Rey o de la Corona en todos los asuntos del gobierno, tanto civil como eclesiástico, del Nuevo Mundo: administración de la justicia, patronato, legislación, defensa de los derechos del indio, etc., como Fray Domingo de Betanzos, Francisco López de Gómara, en su ''Historia General de las Indias'', o más tarde Felipe Guamán Poma de Ayala (comienzos del s. XVII) y muchos otros recuerdan en sus historia y crónicas.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
La España de los reyes Católicos era una España claramente identificada con la historia que le había dado origen. Su monarquía conservaba todavía esta conciencia. Tal es la clave para comprender muchas iniciativas políticas y religiosas de los Reyes Católicos, Isabel I la Católica de Castilla y Fernando V el Católico de Aragón, y de sus descendientes, principalmente Carlos I (V como emperador del Sacro Romano Imperio Germánico) y Felipe II, y de sus descendientes los demás reyes de la Casa de Austria española (o Augsburgo). Durante el reinado de los reyes Católicos acontecen en la historia nacional española algunos grandes hechos: la unión dinástica de los dos grandes reinos ibéricos de Castilla-León y de Aragón-Cataluña con el consiguiente reforzamiento de la monarquía y la regularización del sistema administrativo de la Corona; la reforma de la vida eclesial en sus diversos niveles; la conclusión de la lucha secular de la reconquista del dominio musulmán del suelo patrio, que antiguamente había formado el reino hispano-visigodo; el comienzo de la expansión transoceánica que dio como resultado la llegada a las tierras del Nuevo Mundo, que para el historiador, capellán de Cortés, Francisco López de Gómara, había sido “''el más grande acontecimiento después de la creación del mundo si se exceptúa la encarnación y la muerte de Aquel que lo había creado''”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta empresa política, pero también evangelizadora, fue posible gracias a la existencia de un sujeto tanto político como católico en la comunidad hispana, impregnada en este último caso de una conciencia de la fe católica, sea a nivel popular como en la Corona. Los Reyes Católicos tenían una clara conciencia de su autonomía política en la esfera secular. La tenían también como cristianos. También como príncipes católicos no estaban exentos de una mentalidad jurídica muy extendida en las relaciones entre los Estados cristianos nacientes y la Iglesia de querer controlar la vida eclesial en sus Estados, pretensión común en los gobernantes (o príncipes) cristianos de esta edad moderna. Tal pretensión, que databa ya de siglos anteriores, llevaría en muchos casos a caer en la tentación, nunca escondida, de crear de hecho Iglesias nacionales, bajo el control del Estado. En el siglo XV, a pesar de la crisis conciliarista, tenían una sana conciencia del papel del Papa como cabeza de la Iglesia y reconocían su misión y supremacía en el campo eclesial y espiritual, “''no reconociendo superior temporal sino a Dios Omnipotente, y dando la obediencia espiritual debida al Sumo Pontífice y a la Iglesia apostólica de Roma''”, como escribía entonces Fernández de Oviedo, uno de los primeros testigos e historiadores de la conquista en el Nuevo Mundo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El papel de la corona fue fundamental en los tres siglos siguientes, tanto en el ámbito de los descubrimientos y de la colonización, como en el de la evangelización. Ya desde el alba de la presencia española en el Nuevo Mundo, los Reyes Católicos emanaron una serie de disposiciones o cédulas legales y administrativas con el fin de regular un gobierno recto en aquellas tierras, y afrontar las problemáticas humanas, políticas y evangelizadoras que aquellas situaciones inéditas planteaban. En tal sentido el testamento del 12 de octubre de 1504 y el codicillo de Isabel la Católica añadido el 23 de noviembre de 1504, tres días antes de morir, dan las directivas del proyecto político (relación entre españoles e indios, y derechos de éstos) y de la evangelización e implantación de la Iglesia en América. Aquel texto fue codificado y se convirtió pronto en un texto legal, caso único en la historia constitucional de un país, entrando así a formar parte de la legislación de España sobre las Indias hasta las independencias de sus países.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==2.La población española en el momento del descubrimiento de América== &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se calcula que en el momento del descubrimiento de América, España tenía unos ocho millones de habitantes. De ellos, antes de 1492, medio millón eran judíos (la expulsión en masa de los mismos acontece en 1492) y un millón de mudéjares&amp;lt;ref&amp;gt;Mudéjares: musulmanes que vivieron en convivencia con los cristianos, tras ''la reconquista'' por éstos del territorio peninsular español. La palabra “mudéjar” deriva del vocablo árabe ''mudayyan'', equivalente a “vasallo” o “sometido”; acepción etimológica que no aparece en la documentación medieval, pero que se populariza a partir del siglo XIX.&amp;lt;/ref&amp;gt;a los que luego habría que añadir los “moriscos”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Cómo se distribuía socialmente esta población? Un 80 % era rural. Se daba una endeblez numérica de clases. Lo que hoy se suele llamar &amp;quot;clase media&amp;quot; (pero que en este caso sería un anacronismo), puede ser distribuida de la siguiente manera: un 3%, que no eran clé¬rigos, ni militares, ni campesinos, ni patricios urbanos; eran gente común. Había unos 75.000 clérigos o eclesiásticos&amp;lt;ref&amp;gt;Algunos hablan de un total de unos 40.500 miembros del clero secular o diocesano, pero las estadísticas no son siempre fiables.&amp;lt;/ref&amp;gt;, el 1% de la población, de los que unos 2000 o 3000 pertenecían al llamado &amp;quot;clero alto&amp;quot;. Los nobles o hidalgos de variada posición y entidad eran unos 115.000, el 2% de ese número total. En cuanto a la propiedad las tierras, éstas pertenecían al 2% o 3% de la población que poseían el 97% de las mismas. Esta alta aristocracia, personal o jurídica, era dueña de la mitad de España. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Y cómo se componía ésta aristocracia? Se contaban unas 50 familias unidas por vínculos de sangre y que constituían de hecho una fuerza social, política y económica paralela a la del rey, como lo demuestran las convocatorias de frecuentes “Cortes” para tratar los asuntos importantes del Reino, proclamar o reconocer al rey, que debía jurar sus fueros&amp;lt;ref&amp;gt;Los ''Fueros'' (del latín forum; derechos, leyes) son un cuerpo de leyes, considerado entre las más importantes fuentes del derecho en España.&amp;lt;/ref&amp;gt;, proclamar ante ellas por parte del rey leyes, cédulas reales o disposiciones en los campos civil o eclesiástico y determinar la política a seguir en el Reino. Las Cortes eran en la antigua historia española medieval y en los comienzos de la moderna una asamblea general del Reino que convocaba el rey en los antiguos reinos de España para tratar asuntos de estado, generalmente, la elaboración de leyes y la concesión de impuestos: a las Cortes acudían los representantes del clero, de la nobleza y de las poblaciones importantes, ayuntamientos de ciudades y de villas. En las “Cortes” se encontraban representadas las diversas entidades o corporaciones que componían el Reino. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En todo este tren de vida política, algunos nobles (en realidad pocos), descendientes en buena parte de antiguas familias de caballeros, protagonistas en la reconquista, o de otros nuevos allegados por méritos o por influencias, ocupaban puestos en la Corte real, la que en esa época solía ser “ambulante” a lo largo de ciudades y villas del Reino. Estos nobles, que con frecuencia poseen sus castillos y palacios, comienzan a llevar un tren de vida a veces fastuoso. Estaba luego una pequeña nobleza de mayor peso social y económico, y otra mediana formada por militares, hijosdalgo, y caballeros, que constituyen dos poderosos es¬tratos sociales. El estamento militar asiste por derecho propio a las Cor¬tes. Vive en posesiones rurales e influye en el gobierno a través de la parentela y vínculos de nobleza. De esta pequeña noble¬za se recluta lo mejor de los capi¬tanes, diplomáticos y funcionarios. De la pequeña nobleza salieron muchos obispos (&amp;quot;llanos&amp;quot;, no pertenecientes a la aristocracia o alta nobleza). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se debe también hablar de una incipiente nobleza urbana: terratenientes, ricos por herencia, no comerciantes, y que es más culta que la nobleza militar. Sus hijos llenaban las universidades. También de aquí salen canónigos, obispos, abades. Fueron excelentes secretarios y administradores. Los pobladores de las pueblas (poblaciones fundadas con privilegio real y cuyos vecinos formaban “ayuntamientos” y concejos) y las villas (con sus pobladores llamados &amp;quot;villanos&amp;quot;) tienen acceso o movilidad de ascenso a ese tipo de nobleza y constituyen una parte importante y fundamental en la estructura del Reino. La tendrán en el poblamiento español del Nuevo Mundo con sus fundaciones, al estilo castellano o de la madre patria. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la estructura y en la vida social y política del Reino se encuentra el clero. Constituye un grupo social peculiar dentro de la sociedad. Dentro de él hay de hecho un clero socialmente alto y otro clero bajo, no por procedencia social, sino por los puestos que ocupan en la estructura eclesiástica. El clero tiene un fuerte espíritu corporativo (como en los otros países de la cristiandad medieval hasta la edad contemporánea) para defender sus inmunidades. Su fuerza económica la constituyen los diezmos (en especie, que se subastaban). La mentalidad de cada estrato era fuerte y reflejaba con frecuencia también su procedencia social. El papel del alto clero era notable. Constituían la columna vertebral de muchos sectores de la administración pública, cancilleres, presidentes y miembros del Supremo Consejo de Indias, cuando éste fue creado, y de muchos tribunales. Personajes fundamentales en la España de los tiempos del descubrimiento de América, como el arzobispo Talavera, Deza, los cardenales Cisneros y Mendoza, por citar nombres universalmente más conocidos, lo demuestran. En conjunto forman un grupo notable por &amp;quot;letras y virtud&amp;quot;. Muchos de ellos actuaron en la vida política e incluso en la militar; son parte de la última hornada de prelados-capitanes, como lo fue incluso el cardenal franciscano reformador Francisco Ximénez de Cisneros (que tiene su proceso de canonización introducido). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dentro del clero se encuentra una especie de alto clero menor, generalmente hacen parte de ella los prebendados (que eran dignidades, canónigos o racioneros de alguna iglesia catedral o colegiata). Normalmente son de elevada categoría intelectual. Existen 47 capítulos ca¬tedrales de gran poderío económico y con un nivel moral bastante bueno en general. Sin embargo entre el bajo clero, incluso entre el religioso, se da a veces inmoralidad, ignorancia y pobreza. Este fenómeno de decadencia en una parte del clero regular y secular era un fenómeno de la cristiandad europea de la época, con numerosos intentos de reforma por parte de papas y concilios a lo largo del siglo XV y comienzos del XVI. Basta recordar cómo el tema de la reforma del clero aflora y es tratado específicamente desde el Concilio de Constanza (1414-1418), Ferrara-Florencia (1438-1445), Lateranense V (1512-1517). En este cuadro el caso español corresponde al del resto de Europa. Sin embargo no se puede generalizar. Los concilios provinciales vigilaban y urgían por una reforma de las costumbres entre el clero. El siglo XVI será un siglo de notables &amp;quot;reformas&amp;quot; en este sentido, que verá el florecimiento de muchas Órdenes religiosas reformadas, de varios concilios provinciales y culminará con las reformas del Concilio de Trento (1545-1563). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Había en la España a la que nos referimos lo que se podría llamar &amp;quot;grupos medios&amp;quot;, aunque el término no corresponda a la moderna acepción de “clase social”. Eran gentes de ejercitaban oficios y menesteres necesarios en toda sociedad, especialmente en villas y ciudades como mercaderes y comerciantes, no¬tarios, abogados, barberos (que ejercitaban a veces también una medicina rudimentaria, pero importante), médicos y curanderos y pequeños administradores. Demográficamente eran débiles. De ellos salía 1/3 o 1/4 de los regidores. Solían componer (en reinos como en Aragón) los cabildos de las ciu¬dades. Son la raíz de la futura burguesía industrial y mercantil.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los artesanos constituían una especie de clase o grupo modesto urbano, que vivían asociados en gremios. La artesanía era más bien patriarcal y familiar, y menos técnica de taller, como en Italia o en Flandes. Proporcionaban un tercio o un cuarto de los regidores&amp;lt;ref&amp;gt;Los regidores eran los concejales de los ayuntamientos, miembros del cabildo de Indias o de las corporaciones locales.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Constituían la masa popular en los festejos. Este grupo social tiende a superarse y a presentarse bien. Su vida era suficientemente holgada. La población de todas estas clases sociales componía el 20% de los habitantes de España. Luego estaban los campesinos, que son un 80%, en desigualdad de condiciones, según las regiones. Había campesinos &amp;quot;de señorío&amp;quot;, a veces en penosas condiciones, y campesinos de realengo&amp;lt;ref&amp;gt;Poblador o vecino de una circunscripción o concejo que no era de señorío ni de las órdenes, y que pertenecía a la Corona.&amp;lt;/ref&amp;gt;, a veces muy dignos. Pero toda la población vivía a veces sometida a calamidades y grandes crisis, comunes a todo el resto de Europa, como pestes y enfermedades endémicas y crónicas, sequías o superabundancia de lluvias, inviernos crudos, o veranos tórridos; todo ello provocaba muertes frecuentes y prematuras, y hambrunas frecuentes, sobre todo en las tierras más áridas o secas como las castellanas. Sin embargo estas penosas situaciones, con frecuencia endémicas, no provocaron sublevaciones populares, como sucedió en otros lugares de Europa; basta pensar a las sublevaciones de los campesinos y de los caballeros en la Alemania de los tiempos de Lutero o en otras semejantes en la Italia e incluso en la Roma de los siglos XIV y XV.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y ¿cuál era el valor monetario corriente en esta época? En el caso español el más común era el &amp;quot;ducado&amp;quot;, que correspondía a 375 maravedís, una equivalencia a unos ocho jornales de obrero especializado o veinte jornales de un peón. El marqués de Villena, por ejemplo, tenía 100.000 ducados de renta al año. La Iglesia (sus instituciones y su personal ministerial) tenía seis millones de ducados de renta: dos millones el clero re¬gular y cuatro, el clero secular.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==3. La España católica y la Reconquista==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
1. ''Carácter y temperamento del catolicismo español de la época'': ¿Cómo se explica la vehemencia y también la fuerza del catolicismo español? Hay muchas teorías y opiniones al respecto. No hay que olvidar la característica historia cristiana española a partir del siglo VIII, cuando los musulmanes del Norte de África invaden el Reino español de los visigodos y lo desbaratan en la batalla de Guadalete (Andalucía) donde perece el último rey visigodo Don Rodrigo, que pasará a la leyenda épica española en multitud de romances (711). Casi todo el Reino visigodo español cae bajo dominio musulmán, si se exceptúan las regiones montañosas del Norte, astures, cántabros, vascos, y zonas de la Navarra y de la Cataluña pirenaica. En el año 721 encontramos los hechos conocidos como “''batalla de Covadonga''” en las montañas de Asturias, donde un príncipe visigodo, Don Pelayo (+737), levanta el estandarte de la &lt;br /&gt;
Cruz contra el invasor musulmán y da comienzo a la Reconquista, que se concluirá en 1492, en Granada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue el comienzo del minúsculo Reino de Asturias, que lentamente alargará sus fronteras reconquistando los territorios de León y luego las mesetas castellanas. Dará lugar así al nacimiento, como prolongación del reino asturiano del de León (s. IX), y más tarde al de Castilla (s. X) (Castilla y León unidas de nuevo a partir del 1230), del que nacerá con el tiempo el condado de Portugal (condado dependiente de Castilla a partir del 1094 y luego reino, totalmente autónomo). En el caso Asturiano ya a finales del siglo VIII se funda la ciudad de Oviedo (760), alrededor del monasterio benedictino de San Pelayo, donde el rey Fruela  I (757-768) establecerá su Corte y que alcanzará un notable esplendor artístico en tiempos de su hijo y sucesor Alfonso II el Casto (rey 792-842), contemporáneo de Carlo Magno, con el que mantendrá relaciones culturales y políticas. Nace así aquel arte que todavía hoy se contempla en la región asturiana, el llamado “pre-románico”, la preciosa Cámara Santa de la Catedral de Oviedo, como relicario de valiosas reliquias traídas del resto de la España invadida por los musulmanes, entre ellas la Cruz de la Victoria (símbolo de la reconquista, levantada por su primer caudillo don Pelayo), la de los Ángeles símbolo heráldico de Oviedo, de tiempos del rey Alfonso II, el Santo Sudario y otras muchas de indiscutible valor histórico y religioso. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este tiempo de Alfonso II el Casto, comienza la histórica peregrinación hacia Compostela, lugar donde se señalaba la traslación de las reliquias del Apóstol Santiago y que dará lugar a uno de los tres grandes centros de peregrinación medieval: Santiago, Roma y Jerusalén. Algo semejante comienza a suceder en las estribaciones de los Pirineos aragoneses (como en los alrededores del monasterio de San Juan de la Peña) y catalanes. Son las raíces tempranas de varios condados y marcas del reino de Aragón, con una historia unida a los nacientes reinos de Navarra y de Castilla y de los condados catalanes, cuya historia autónoma comienza a caminar a partir del s. IX, y que pasados varios siglos se unirán a la Corona aragonesa (Alfonso II de Barcelona, conde de la misma y rey de Aragón, une al reino aragonés el condado hereditario de Barcelona en 1162).  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin embargo la reconquista fue dura y larga. De hecho, hacia el año 750, gran parte de la península se encontraba bajo el califato de los Omeyas, en Córdoba, fundado por Abd-er-Rhaman I (756-788), que llega a su máximo esplendor en tiempos del califa Abd-er-Rhaman III (912-961). Y sus caudillos atormentaban con continuas incursiones los territorios cristianos. Así todavía en el año 1000, el caudillo musulmán Almanzor logró llegar hasta la misma Compostela en el oeste y a Barcelona en el este, convirtiendo en tierra quemada cuanto encontraba a su paso&amp;lt;ref&amp;gt;Almanzor, Muhammad ibn Abi ‘Amir, en árabe  ???????, al-Man?ur, o sea al-Man?ur bi-llah (“Aquel que Dios ha hecho vencedor”) (c. 938-1002), caudillo militar del Califato de Córdoba desde el 978 hasta su muerte, según las fuentes árabes y algunas cristianas (Historia Compostellana e Chronicon Burgense) habría muerto en agosto de 1002 en Medinaceli (en la actual provincia española de Soria) como consecuencia de las heridas sufridas en la batalla de Catalañazor. Los hechos se encuentran en las crónicas cristianas y en las árabes, cada una con su propia versión. Tardíamente (más de dos siglos después), el arzobispo de Toledo Rodrigo Jiménez de Rada y el obispo de Lucas de Tuy repiten la historia, con algunas claras equivocaciones. Los reyes de León, de Navarra y el conde de Castilla se habían unido para atacarlo habiéndole infligido una derrota terrible. Esta derrota de Almanzor ha entrado en la leyenda y en la épica española cristiana como una de las victorias con mayor significado religioso en la historia de la reconquista. Según algunos, en Catalañazor, habría sido derrotada la “retaguardia” del ejercito de Almanzor, ya en retirada, muriendo en su campamento de Medinaceli. Cf. Gonzalo Martínez Díez, El condado de Castilla, 711–1038: La historia frente a la leyenda, Marcial Pons Historia, 2005, 581–4; Juan Castellanos Gómez, La batalla de Calatañazor: mito y realidad. Revista de historia militar, 91 (2001), 25–42; ''The New Cambridge Medieval History, III'': c. 900-c.1024, Edited by Tomothy Reuter, 27: Sicily and al-Andalus under Muslim rule; 28: ''The Spanish Kingdoms, print publication year'': 2000; on line publication year: 2008; Rafael Altamira, Il califfato occidentale, en Storia del mondo medievale (trad. della Cambridge Medieval History), Milano, Garzanti, vol. II, 1999, pp. 477-515.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Por ello también los reinos cristianos en su avanzada hacia el sur, de grandes ríos en grandes ríos, desde el Duero hasta el Tajo, van creando espacios desiertos de frontera para estorbar las frecuentes incursiones de los reinos musulmanes. Son la “Extrema-dura”, o las vacías y desérticas tierras fronterizas; se van levantando castillos y fortalezas a lo largo de la geografía hispana que darán también lugar incluso al nombre del futuro condado y reino de Castilla.&lt;br /&gt;
En esta misma época se asiste al nacimiento del califato de Córdoba, que en mundo islámico de la época es de la misma grandeza esplendorosa de los de Damasco y Bagdad, y a su historia cultural incomparable, que ha dejado una herencia imborrable en la cultura mundial e hispana. Entre el 1009 y el 1031, el califato de Córdoba se va dividiendo en pequeños estados independientes (reinos de taifas), entre los que hay que recordar: Toledo y Badajoz (1009); Murcia (1010); Zaragoza (1012); Almería y Granada (1013); Denia (1014), Málaga (1016); Valencia (1021); Sevilla (1023); Mallorca (1015); Córdoba (1031), etc.. luego: Orihuela, Huesca, Jaén, Carmona, Niebla, Algeciras. Incluso Córdoba se erige en una especie de republica aristocrática entre 1031 y 1070; es ocupada por el rey musulmán de Sevilla en 1070; conquistada por los musulmanes Almorávides de África en 1086 y luego en 1148. En 1091 los musulmanes Almohades de Mauritania invaden los reinos musulmanes de la Península ibérica (1091-1229), que serán derrotados por los reinos cristianos unidos en la batalla de Las Navas de Tolosa (1212), comenzando así la fase final de la reconquista cristiana. El rey castellano Fernando III ''el Santo'', conquistará Córdoba el 29 de junio de 1236 y Sevilla en 1248. Ya en 1085, el rey cristiano Alfonso VI de Castilla había conquistado Toledo y la había convertido en su corte; los aragoneses habían reconquistado Zaragoza en 1146. Jaime I de Aragón reconquista Valencia el 29 de septiembre de 1238. El último reino musulmán de la Península ibérica, Granada, será reconquistado por los Reyes Católicos, Isabel y Fernando, el 5 de enero de 1492&amp;lt;ref&amp;gt;“Fruto del Romanticismo literario se desarrolla en el siglo XIX la mitificación de al-Andalus. Desde entonces,. Dos imágenes por igual hipertrofiadas tienden a representar en exclusiva esta faceta de la Historia de España. Y si bien hoy nadie sostiene en serio que ignorancia, despoblación y desertificación africanas fueran el corolario inevitable de la invasión musulmana, por el contrario –y por razones muy del momento- sí subsiste una corriente publicistica que no se contenta con embellecer en su magín los surtidores del Generalife [en la Alhambra de Granada] […] y va mucho más lejos, manteniendo que un al-Andalus superior, refinado y culto sucumbió ante unos cristianos bárbaros, ignorantes y torpes. La idealización maurofila, al retomar para la Hispania musulmana dos de los mitos más caros al eurocentrismo (el del Buen Salvaje y el Paraíso Perdido), trasluce una actitud que se sale del terreno del análisis racional de la sociedad y de la Historia y se hunde en el de la fe o las creencias religiosas” (Serafín Fanjul, ''Al-Andalus contra España. La forja de un mito'', Ed. siglo XXI, Madrid 2005, 3ª edición, Presentación), con amplia bibliografía sobre el tema. El Autor trata de estudiar históricamente el influjo real del mundo cultural islámico en España, sus logros y sus límites.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''2. La Reconquista'': Entre el 830 y 1030, se vive un período de dos siglos de exaltación cristiana en la Reconquista; florece la cristiandad mozárabe&amp;lt;ref&amp;gt;Mozárabes (del árabe musta?rab, 'arabizado'; en árabe: ??????), es el nombre con el que se conocía a los cristianos que vivían en el territorio en España bajo dominio musulmán. Tenían en la esta sociedad el estatus legal de “dimmíes”, que compartían con los judíos, como no creyentes en el Islam. A efectos prácticos su cultura, organización política y práctica religiosa eran toleradas, y contaban con cierta cobertura legal. Estaban obligados a tributar impuestos de los que los musulmanes se veían exentados y sufrían otras muchas restricciones en la vida civil y religiosa, como la de no poder construir iglesias ni arreglar las ya existentes. Los mozárabes que pasaban al Islam (generalmente por motivos fiscales) y se arabizaban pasaban a ser llamados “muladíes”. La legislación islámica protegía a los no musulmanes, pero favorecía su paso al Islam con medidas de orden muy diverso, sobre todo de tipo económico-fiscal.&amp;lt;/ref&amp;gt;  y nacen o avanzan los reinos cristianos: León, Castilla y Navarra, nace el de Aragón y los condados catalanes, entre los que emerge el de Barcelona cuyos condes, con el andar del tiempo, se convierten en reyes de Aragón, dándose así la unión dinástica entre ambos estados. En los siglos XI, XII, XIII: la Reconquista avanza en las diversas líneas fronterizas: del Duero, luego hasta el Tajo, con la conquista de Toledo, la antigua capital visigoda, la ciudad de las tres culturas o religiones (cristiana, islámica y hebrea, que había alcanzado un enorme esplendor cultural frente al resto de la misma Europa medieval cristiana). Por parte suya se asiste a una decadencia y luego al ocaso del califato de Córdoba, la división del mismo en números reinos de taifas que pueblan el sur de la Península&amp;lt;ref&amp;gt;Con el término re de los taifas (en árabe: ???? ???????, muluk al-?awa?if: ?a?ifa árabe significa “parte, minoría étnica, facción”) (llegarán a ser unos 39) se indican los pequeños estados que surgen como consecuencia de la decadencia, disolución y anarquía del Califato de Córdoba, a partir del 1009, con la abdicación del califa y la siguiente abolición del califato de la dinastía de los Omeyas en 1031 con la deposición del califa Hisham III. Se proclamaron numerosos pequeños reinos regidos por familias árabes, bereberes o de origen eslavo que constituyeron verdaderas dinastías tribales o familiares, que solían mantenerse en el poder con tropas mercenarias, incluidas algunas también cristianas. La situación cambia en el siglo XII con la invasión de los musulmanes del reino almorávide del norte de África, pero, disuelto este reino, comienza de nuevo otro periodo en el que nacen nuevos reinos de taifas entre 1144 y 1170, cuando otros invasores musulmanes, los almohades del Norte de África invaden estos reinos. Tras la derrota de los mismos por los cristianos en la batalla de Las Navas de Tolosa (1212), nace de nuevo otro tercer periodo de reinos de taifas de corta duración, acabando con la fundación del llamado reino nazarí de Granada, que capitulará ante los reyes católicos el 2 de enero de 1492, consumándose oficialmente la Reconquista el 6 del mismo mes y año. Aquellas divisiones favorecieron la Reconquista cristiana.&amp;lt;/ref&amp;gt;.                    &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los musulmanes del norte de África intentan reconquistar las tierras perdidas y unificar a los reinos de taifas. Son las invasiones de los almohades. Pero en el año 1212 se da el paso definitivo del choque entre los reinos cristianos españoles y los musulmanes de los almohades en la batalla de Las Navas de Tolosa. Es la época que sigue a la renovación de la vida eclesial española a través de la aplicación en España de la reforma gregoriana con el apoyo de benedictinos y cistercienses. Es también la época de las grandes peregrinaciones a Santiago de Compostela, la del románico de los siglos XI al XIII, del nacimiento del gótico con sus grandes catedrales que se extienden por toda la geografía española hasta el siglo XV. En el siglo XIII la vida eclesial se renueva a través de los canónigos regulares primero, de los frailes mendicantes luego, entre ellos Santo Domingo de Guzmán, canónigo en Osma (Castilla), y sus dominicos y la llegada también de los franciscanos, y del mismo san Francisco, peregrino a Santiago de Compostela. Fernando III ''el Santo'' de Castilla y León, reconquista Sevilla y Córdoba, y su hijo, Alfonso X ''el Sabio'', da un nuevo esplendor a las letras y a la compilación jurídica de las antiguas leyes hispanas; las tres lenguas de su Reino (latín, castellano, árabe y hebreo) formaban parte del bagaje cultural del Reino&amp;lt;ref&amp;gt;Alfonso X fomentó la actividad cultural mediante el patronazgo y dirección de la ya existente Escuela de traductores de Toledo. Dicha Escuela aglutinó a un grupo de estudiosos cristianos, judíos y musulmanes que desarrollaron una importante labor científica al rescatar textos de la Antigüedad, y al traducir textos árabes y hebreos al castellano. Estos trabajos habilitarán definitivamente el castellano como lengua culta, tanto en el ámbito científico como en el literario. El afán de Alfonso por la divulgación de la lengua vernácula le llevó, siendo aún infante, a patrocinar la versión al castellano de ''Calila e Dimna'' y del ''Lapidario''. Además fue un excelente poeta en gallego-portugués. De su extensa obra destacan: el ''Fuero Real de Castilla'', el ''Espéculo'' y las ''Siete Partidas'', entre las jurídicas; las ''Tablas alfonsíes'', entre las astronómicas; y entre las de carácter histórico, la ''Estoria de España'' y la ''Grande e General Estoria o General Estoria'', acerca de la historia universal. ''Las Cantigas de Santa María'' es obra lírica, escrita en gallego-portugués, lengua común a gran parte de la poesía ibérica hasta finales del siglo XIV, cuando aparece el Cancionero de Baena, que ya está escrito en castellano. ''El Lapidario'' versa sobre las propiedades minerales, y el Libro de los juegos sobre temas lúdicos (ajedrez, dados y tablas), deportes de la nobleza en aquel tiempo. También en el campo religioso favoreció la difusión de la Biblia. Alfonso X realizó también la primera reforma (normalización) ortográfica del castellano, idioma que el reino adoptó como oficial en detrimento del latín. Este monarca bien introdujo en España nuevos conocimientos procedentes de los más distantes confines del orbe. Su especial interés en el arte, la historia, el derecho y la ciencia ejerció una profunda influencia en el desarrollo cultural de España y del resto de Europa.&amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En Aragón brillan las epopeyas de Jaime I, el conquistador de Valencia del dominio musulmán. A pesar de episodios lamentables para los cristianos, con signos de algunas episódicas luchas dinásticas y señales de decadencia, como en el resto de Europa, los Reinos cristianos españoles han entrado de lleno en el bullir de una conciencia que camina a pasos agigantados hacia el ocaso de la Edad Media y el nacimiento de una modernidad, todavía confusa, con la constitución de reinos-naciones, raíces de los futuros estados nacionales. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''3. La vitalidad de los reinos hispanos'': En este cuadro, los reinos hispanos se encuentran ya plenamente activos en la vida tanto eclesial como civil europea, con tratados, matrimonios reales, participación en la vida cultural europea con las nuevas universidades, de las cuales Palencia y luego Salamanca, pertenecen a la primera generación, o en los grandes y dolorosos conflictos que enturbian la paz de la “christianitas” europea, como los que caracterizan el siglo XIV y comienzos del XV, como el cisma occidental (1378-1417). Las suertes de la reconquista están echadas. Los reinos musulmanes que todavía persisten en el sur o se convierten en vasallos de los reyes hispanos o son reducidos a su mínima expresión, a pesar de momentos de gloria artística, como en el caso del reino nazarita de Granada. En esta época, los aragoneses y catalanes salen de sus fronteras, navegan por el Mediterráneo y buscan alianzas y ensanchar sus fronteras en el mismo: Nápoles, Sicilia, Cerdeña y hasta el extremo oriental del Mediterráneo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el territorio patrio no todo es fácil. El feudalismo antiguo persiste y la nobleza se encuentra inquieta con rebeldías endémicas que producen conflictos civiles y guerras episódicas de carácter dinástico dentro de las mismas familias reinantes, que después de todo se encuentran muy emparentadas entre sí. También en esta época de mediados del siglo XV, siguiendo el ejemplo del hermano Reino portugués, los castellano-leoneses salen al Atlántico e incorporan las Islas Canarias a sus dominios. Nos encontramos en tiempos de Juan II de Castilla y León, el padre de Isabel la Católica. Tras el reinado endeble y discutido de su hijo Enrique IV de Trastamara, llega el reinado de su hermana Isabel I la Católica, que se casará con su primo el príncipe Fernando de Aragón, que pronto se convierte en rey de aquel Reino. Con este matrimonio real, cambia radicalmente la historia española; se concluye la reconquista en Granada (1492) &amp;lt;ref&amp;gt;Había habido un reino musulmán taifa de Granada, controlado por la dinastía zirí desde 1013 hasta 1090; sigue luego el Reino nazarí de Granada desde 1238 hasta 1492. Tras la reconquista cristiana, el Reino de Granada conserva su denominación jurisdiccional territorial dentro de la Corona de Castilla, desde el siglo XV a 1833. Su símbolo heráldico (la granada) forma parte desde entonces del escudo de los reinos españoles y del Reino de la España actual.&amp;lt;/ref&amp;gt;; se unifican en las personas de los dos reyes los reinos hispanos, bajo el famoso lema del “''Tanto monta monta tanto Isabel como Fernando''” y la simbología heráldica que los dos esposos reales adoptan. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Suceden también momentos muy discutidos por la historiografía antigua y reciente como la expulsión de los judíos (1492), malqueridos por sectores de la gente vulgar y de la nobleza a causa, sobre todo, de su papel en la recolección de los impuestos de la misma Corona y una antigua y jamás escondida animosidad, alimentada por antiguos prejuicios y leyendas populares, y por la persistente acusación de “deicidio” que las acompañaban por ser considerados presuntamente en parte, como una especie de “quinta columna” en la antigua época de las invasiones islámicas, y en la época de su expulsión, de los mismos turcos. Es en este momento histórico, y en el mismo año de toda esta serie de acontecimientos notables en la historia hispana, que acontece la aventura atlántica de Cristóbal Colón y el descubrimiento del Nuevo Mundo. Todo ello abrirá una nueva página en la historia hispana y también mundial. La noche quedaba atrás&amp;quot;&amp;lt;ref&amp;gt;Cf. García-Villoslada, R., ''Hist. de la Iglesia¬ Católica'', BAC, III, cap.XVIII.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==4. La mentalidad común de la época ante la infidelidad y la herejía== &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ocho siglos de esfuerzos en una reconquista  trabajosa, y no siempre constante y uniforme, forjaron un temperamento en la España cristiana de entonces, con sus luces y sus sombras, hasta alcanzar una ordenación unita¬ria. La reforma católica se adelanta casi un siglo y en forma origi¬nal en estos Reinos españoles unidos bajo los reyes Católicos. “España […] que se había convertido en una gran potencia […] se convierte en el país del catolicismo del futuro […] pudo así convertirse en un cierto sentido en la patria espiritual de la restauración católica y de la contra-reforma” . Y esta actitud de lucha continúa bajo el nieto de los Reyes Católicos Carlos I (V como emperador): 1520-1558 frente a la herejía . Los teólogos del siglo XVI no abandonan la idea del “Orbis christianus” frente a la herejía. Según su posición general, no se puede dar ninguna coacción sobre los infieles para abrazar la fe, pero sí sobre los bautizados, para conser¬varla. Quedaba en pie un problema ante la situación en el suelo español de la población no cristiana de judíos y de moros: ¿por qué se da esa disyuntiva con-tra ellos de, o abrazar la fe o de emigrar? ¿En qué sentido el poder civil toma parte en favor de una solución radical en el asunto que lleva a la exclusión de estos grupos divergentes? ¿No fue en parte por motivos meramente seculares y civiles, con la naciente “razón de estado” de querer construir un reino unido (Estado) sin discrepancias o elementos centrífugos? ¿No estuvo esto en parte en los orígenes de la creación del tribunal de la Inquisición para examinar los falsos conversos, sea del judaísmo o del islamismo, y que más tarde se extenderá a otros divergentes religiosos, protestantes o pensadores considerados heterodoxos? ¿Protestaron los teólogos contra este tipo de coacciones? . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==5. La nación española== &lt;br /&gt;
En el contexto señalado se forja un celoso nacionalismo, traducido en el estatuto de “lim¬pieza de sangre”, una especie de “culto al honor nacional e innoble criterio de casta” . Los siglos XIV-XV españoles fueron tolerantes. Para el siglo XVI se suelen dar las siguientes estadísticas de la población española : unos 7.000.000 cristianos viejos; unos 350.000 conversos; unos 300.000 moriscos . De pronto aparece la intolerancia. ¿Por qué? La convivencia de cristianos, judíos y musulmanes en los reinos cristianos españoles durante la Edad Media, había tenido que ver con el proceso de &amp;quot;Reconquista&amp;quot; cristiana española de sus tierras invadidas, y la conquista por parte de los musulmanes, sobre todo de las tierras meridionales que ellos llaman Al Andalus (Andalucía, o “tierra de los Vándalos”, antiguos invasores de la misma de origen germánico en el s. V) y posterior ocupación del territorio por los diferentes reinos cristianos del norte de la península. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La escasa repoblación cristiana de sus nuevos territorios hace que sigan viviendo en ellos un importante número de musulmanes, tanto en zonas urbanas (aunque en barrios propios, como la morería de Zaragoza), como en zonas rurales (como siervos de señorío). El final de la Reconquista - con la toma de Granada- y la política religiosa de los Reyes Católicos, modifican la situación previa: en Granada se producen bautismos en masa, y los Reyes Católicos sólo permiten la religión cristiana en España, por lo que judíos y mudéjares han de convertirse o salir del país. En la lucha enconada contra el creciente poderío turco, se teme su alianza con el mismo y en concreto con los piratas berberiscos y turcos que atacaban las costas de la Europa cristiana. Los moriscos andaluces protagonizan  una insurrección en 1568 (la rebelión de las Alpujarras), que fue sofocada casi dos años después por don Juan de Austria, hermanastro de Felipe II. Los moriscos de esa zona fueron desterrados, hecho que aumentó la suspicacia contra ellos en otras regiones donde los moriscos eran todavía muy numerosos, como Valencia o Aragón. En 1609, con el rey Felipe III, se decretó la expulsión de los moriscos, primero de Valencia, después de los otros reinos españoles. Unos 300.000 tuvieron que abandonar España; la mayoría se dirigió al norte de África. Su marcha tuvo graves consecuencias demográficas y económicas, sobre todo en Valencia y en Aragón, afectando especialmente a la agricultura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todos los problemas señalados son complejos y de diversas interpretaciones. Los Judíos constituían una gran minoría cualificada; habían disfrutado por una parte de la protección de los reyes y por otra del odio del pueblo, debido fundamentalmente a su papel en el campo de la recolección de impuestos y al sistema de ganancias económicas con los préstamos; tal aversión será luego transferida a los falsos conversos o hebreos ocultos (marranos), algo común en otros muchos lugares de Europa y a los musulmanes pseudo-convertidos. En el caso español, ya en 1449 se había dado una explosión de odio en Toledo contra los conversos y  la puesta en marcha del llamado “estatuto de sangre” (el de “limpieza”). Casos semejantes se dieron en Córdoba, Jerez, Jaén, en el Reino de Castilla, y otros muchos semejantes en Aragón y Cataluña . Debido también a las conversiones fingidas, el “estatuto de limpieza” pretendía restarles eficacia social. Aquí están en parte, los orígenes de la Inquisición española, que fue creada en el siglo XV precisamente para aclarar y combatir las conversiones ficticias de moros y judíos . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==6. Nuevos intentos de cruzada ante la caída de Constantinopla en poder de los turcos==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El tema de la “cruzada” flotaba en el ambiente español cristiano desde hacía siglos a lo largo de la “reconquista”, cruzada llevada a cabo en casa, como algunos la han llamado; pero era también una mentalidad muy extendida en la Europa medieval. Baste pensar a los últimos intentos de cruzada contra los turcos en tiempos de Pío II (1458-1464). La urgencia de la defensa contra el avance de los turcos había empujado a los griegos a buscar ayuda en la cristiandad latina occidental, e incluso a una posible reconciliación con Roma recomponiendo la antigua división entre Oriente y Occidente. Tal fue el intento que fracasaría tras el concilio de Ferrara-Florencia (1438-1445), porque no encontró el apoyo necesario en algunos metropolitas orientales y sobre todo en buena parte de los monjes y de la gente desde siempre muy influida por ellos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Constantinopla cae bajo el dominio turco el 29 de mayo de 1453, y su basílica de Santa Sofía será convertida en mezquita después de diez siglos desde su construcción. La caída de Constantinopla causó honda impresión en el mundo cristiano occidental; y no era para menos: había sido, desde los tiempos de Constantino, el corazón del Imperio Romano Oriental o Bizantino. Ahora se convertía en Estambul, cabeza del grande Imperio Otomano, que ponía también pie en el continente europeo, revolucionando así los cuadros políticos del Occidente cristiano. Por ello se explica el impulso que algunos, sobre todo el Papa, quisieron dar lanzando una nueva “cruzada” en defensa tardía del Imperio Bizantino. Fracasarán en sus intentos los Papas Eugenio IV, Nicolás V, Calixto II y Pío II, desde 1433 a 1464, debido sobre todo a las divisiones y rivalidades entre los nacientes estados nacionales europeos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este contexto, Eugenio IV llamó al Occidente cristiano en defensa de aquel Imperio (1443). Casi nadie se movió entonces, a excepción del rey de Polonia y el de Hungría, Ladislao, que fue vencido por los turcos en Varna, junto con el legado pontificio el cardenal Cesarini (1444). En otro lugar meridional de Europa, en Albania, Jorge Castriota, conocido con el nombre de Skanderberg, resistirá a lo largo de 24 años a la invasión turca. La derrota sufrida en Varna fue el prólogo de la caída de Constantinopla. El papa Nicolás V querrá renovar la llamada a una nueva cruzada que no logra comenzar; lo intenta su sucesor, el español Calixto III (1455-58) mandando predicadores de la misma por Europa e invitando a ella a los príncipes cristianos, proponiéndose no sólo liberar Constantinopla, sino también llegar incluso a Jerusalén. También aquí vemos una primera respuesta positiva por parte de los príncipes cristianos, pero que enseguida cae en el vacío.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un ejército cristiano guidado vía tierra por Juan Hunyadi, asistido por el cardenal Carvajal y animado espiritualmente por S. Juan de Capistrano, vence en Belgrado (1456), impidiendo así a los turcos continuar avanzando hacia Viena, mientras que Skanderberg los vencerá en Taormizza (1457), y el cardenal Scarampo, guiando vía mar una escuadra, los derrota en Metelino (1457). Calixto III esperaba entonces de nuevo una respuesta positiva por parte de las potencias cristianas. Pero de nuevo la indiferencia y las rivalidades, agravadas con la muerte de Juan Hunyadi, hicieron fracasar aquellos planes. El sucesor de Calixto III, el humanista Pío II (Enea Silvio Piccolomini) (1458-1464) intentó tomar de nuevo la iniciativa; llegó a convocar una especie de congreso de las potencias europeas en Mantua (1459-1460) donde participó personalmente, pero de nuevo aquel proyecto fracasó por los mismos motivos que los anteriores. Al Papa se le ocurrió una idea totalmente utópica: mandó a Muhammad II, el conquistador de Constantinopla, una carta, espléndida en su estilo literario, en la que le invitaba a convertirse al cristianismo, prometiéndole el imperio de Oriente y de Occidente (¡!). Luego, en 1463, el mismo Papa tomó la decisión de conducir él mismo la cruzada lanzando una invitación en tal sentido al Occidente cristiano. Anciano y enfermo se pone al frente de un ejército en dirección al puerto italiano de Ancona, donde ya agotado muere (1464). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Moría así una antigua utopía y la idea misma de cruzada, que había atravesado con numerosos vaivenes  la historia medieval europea, todavía objeto de enconadas controversias historiográficas y de resentimientos. Sin embargo, en aquellos precisos momentos, y en un cuadro muy distinto en los extremos del mundo europeo, en la Península Ibérica sucedían una serie de acontecimientos, algunos de ellos muy unidos a motivos no lejanos del sentir común de la christianitas europea de la época y de los Papas: la conclusión de la Reconquista, y coincidiendo con la misma, los descubrimientos transoceánicos por parte de Portugal y de España. En el caso español encontramos ingredientes variados e híbridos, muy presentes en la vida política y popular del siglo XV. La conquista de Granada que concluye este ciclo y da comienzo a otro nuevo, la tomó el pueblo como algo suyo . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==7.  La Iglesia Española de finales del S. XV y comienzos del s. XVI== &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
7.1. Para comprender el estilo de la primera evangelización en el Continente americano. España y la Iglesia española fueron los agentes de la evangelización del Nuevo Mundo de lengua española, como en el Brasil lo será el Portugal hermano. Es preciso conocer su idiosincrasia, las potencialidades y limitaciones de su contenido católico. Ya nos hemos referido a la importancia que tenía el clero dentro de la sociedad española del tiempo y a su composición. Nos vamos a fijar en otros elementos de esta España religiosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para comprender mejor &amp;quot;el encuentro del catolicismo ibérico y las culturas americanas&amp;quot;, que &amp;quot;dio lugar a un proceso peculiar de mestizaje, que si bien tuvo aspectos conflictivos, pone de relieve las raíces católicas así como la singularidad del Continente&amp;quot; , es necesario adentrarnos más, tanto en la historia de la España de aquél entonces, como en los primeros pasos de la Iglesia en tierras americanas. El dinamismo que impulsó y que aún continua fecundando tal síntesis, que es el continente latino americano en su configuración, lo constituye la fuerza de la fe católica. Los obispos latinoamericanos escribieron en su reunión plenaria de Puebla, celebrada en 1978: &amp;quot;Con deficiencias y a pesar del pecado siempre presente, la fe de la Iglesia ha sellado el alma de América Latina, marcando su identidad histórica esencial y constituyéndose en la matriz cultural del continente, de la cual nacieron los nuevos pueblos&amp;quot; . Es esto lo que le da sentido a su ser; el encuentro con el Evangelio, con la verdad de que existe Dios Padre Bueno, que nos ha dado a su Hijo Jesucristo para salvación nuestra, bajo el aliento del Espíritu Santo, encarnado y nacido de una mujer (cf. Gal. 4, 4), la Virgen María de Nazaret .&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se tenía mucho cuidado de que las Órdenes que pasaban a América fueran todas reformadas. Serán cinco Órdenes religiosas reformadas o nuevas las protagonistas de la historia de la evangelización en el Nuevo Mundo hispano: los franciscanos, los dominicos, los agustinos y más tarde los mercedarios; a estas Órdenes religiosas antiguas, llamadas mendicantes por su origen y estilo, se sumarán pasado medio siglo los recién fundados jesuitas. Los franciscanos que llegaron a México para emprender la evangelización pertenecían a la más severa y genuina de las Observancias evangélicas. El humanismo español constituía el ambiente cultural de estos misioneros. Es conocida la influencia, por ejemplo, de Erasmo de Rotterdam ; el mismo Zumárraga había leído sus libros, como lo demuestra la carta que envió, el 2 de noviembre de 1547, a fray Francisco del Castillo, provincial de su comunidad en Burgos . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Desde este horizonte los evangelizadores trataron, desde sus posibilidades, de crear una nueva humanidad cristiana, singularmente sana y fiel. “La primera generación de misioneros en México, por ejemplo, los obispos Juan de Zumárraga y Vasco de Quiroga, se caracterizaban por el sello del humanismo contemporáneo; Zumárraga estaba influenciado por Erasmo y Quiroga por Tomás Moro. Esta actitud espiritual fue decisiva en algún modo, y precisamente también en relación con la labor misional” . La extraordinaria labor evangelizadora que realizaron los misioneros en tierras americanas, encuentra en estos altos ideales de reforma y santidad de vida, una de sus principales motivaciones. Son elementos que no podemos dejar de tomar en cuenta al momento de estudiar la labor y los métodos que usaron para lograr la conversión de los indígenas americanos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
España estaba en un momento de apogeo y expansión. Venía de concluir la guerra de reconquista contra el dominio musulmán de su suelo. Los Reyes Católicos otorgan una gran importancia a la fe y alientan con gran energía y constancia un proceso de reformas y austeras observancias que, aunque ya venía gestándose desde hacía tiempo, alcanza con ellos una sistemática propuesta de reforma cristiana. El humanismo español de finales del siglo XV y de todo el XVI es sumamente rico en realizaciones literarias y espirituales. Es un tiempo donde lo épico y lo religioso se entrelazan en un universo cultural sumamente fecundo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
7.2. Una antigua exigencia de reforma en toda la Iglesia La exigencia de reforma en la vida de la Iglesia en cuanto sociedad humana, es un fenómeno continuo en la historia de la Iglesia. En los  finales de la edad Media y comienzos de la Moderna se sentía agudamente, sobre todo en algunos ambientes. Se pedía entre otras cosas una reforma radical “in capite et in membris” (en la cabeza y en los miembros), empezando por una adecuada puesta al día de las estructuras jurídicas (centralización y reservas con los desórdenes consecuentes, fiscalismo y abusos) de la vida eclesiástica del clero alto y de la formación del bajo clero, sobre todo en relación a la atención pastoral de los fieles. La respuesta dada a esta exigencia urgente no fue siempre equilibrada y ortodoxa en muchos ambientes cristianos europeos, ni tampoco fue amplia y promovida con decidida voluntad por parte de la jerarquía de esa época, lo que causará con el tiempo la ruptura de los movimientos protestantes. En este contexto, en varios países de la cristiandad se dan discutidos movimientos de reforma desde el punto de vista de la ortodoxia católica, como los llamados “espirituales” o grupos de frailes franciscanos con ideas eclesiológicas heterodoxas, influenciadas a veces por las teorías de Joaquín de Fiore sobre la existencia de dos iglesias, una carnal y rica, y en contraposición otra espiritual, santa y evangélicamente pobre, Otros sostenedores de ideas radicales heterodoxas serán el inglés John Wicliff y luego el bohemo Jean Hus y otros que preceden en muchos puntos la futura mentalidad cristológica y eclesiológica de los reformadores protestantes, como Jakoubek, Nicolás de Dresde o Wesel Gansford (1419-1489) en Alemania. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Son comprensibles estos movimientos radicales de reforma ante la situación de una jerarquía eclesiástica con frecuencia mundana. Estas tendencias ideológicas, fomentadas también por desórdenes sociales, se agudizaban por la falta de una voluntad eficaz de reforma en muchos responsables eclesiásticos. Sin embargo, lentamente comienza a abrirse paso una mayor voluntad de reforma por parte de la jerarquía eclesiástica (Papas y Concilios) a lo largo del s. XV y comienzos del XVI. Así en el concilio de Costanza y en los concordatos que estipuló Martín V, se ve tal voluntad; éste papa eligió también cardenales óptimos y una buena bula de reforma (16.V.1425), que quedó en letra muerta; en la misma línea decretó el concilio de Basilea con medidas radicales, nunca aplicadas. Los papas siguientes emanaron varios decretos y bulas también en tal sentido, casi siempre ineficaces y raramente aplicados, quedándose en meros proyectos. La historia va adelante con vanos intentos de reforma, incluidos los del concilio ecuménico Lateranense V (1513-1517). La doctrina católica fue siempre defendida, pero las situaciones de desórdenes graves en la vida cristiana continuaron vivos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin embargo, en algunos lugares de la cristiandad occidental se empezaba lentamente un camino de reforma de la vida de la Iglesia, como lo demuestra el llamado fenómeno de la “Devotio moderna”, movimiento eclesial comenzado en los Países Bajos a finales del s. XIV y que se desarrolla a lo largo del XV dando lugar a asociaciones como “los hermanos y las hermanas de la vida común”. “Devotio moderna” significaba “servicio de Dios” con una proyección clara de cristocentrismo, una espiritualidad ascética práctica (contra la mística especulativa de los dominicos alemanes), una marcada tendencia afectiva (de raíces franciscanas, de la escuela de S. Bernardo y del teólogo francés Gerson), una interioridad y subjetivismo notables en detrimento de los contactos, también apostólicos con el mundo, y una insistencia ascética que subraya el papel responsable del fiel en la recepción de los sacramentos. El libro “La imitación de Cristo” es fruto de tal “devoción” y su probable autor, Tomás de Kempis, pertenecía a tal movimiento. Esta espiritualidad ejercitará un influjo en el siglo siguiente en muchos santos y fundadores como Ignacio de Loyola e incluso en algunos protagonistas de la reforma protestante.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
7.3. El movimiento de reforma de la vida religiosa monacal y conventual en la Iglesia. Hay otro aspecto notable en el incipiente movimiento de reforma eclesial de este periodo, y es el comienzo de la misma en el seno de algunas antiguas Órdenes religiosas, en gran parte en un lamentable estado de decadencia, si se exceptúan los Cartujos y en parte los Cistercienses. La peste negra que asoló media Europa en aquellos dos siglos (XIV y XV) había vaciado los monasterios,  que luego se habían llenado con vocaciones mediocres o por motivos que nada tenían que ver con la consagración religiosa. Por ello los nuevos religiosos o monjes vivían con frecuencia una vida disipada, en monasterios y conventos con abundantes bienes, falta de la vida común fundada en privilegios obtenidos de los papas, y con una clausura más teórica que práctica, sobre todo en el caso de las monjas, que en muchos casos provenían de la nobleza y traían consigo sus niveles de vida y privilegios y en muchas ocasiones eran obligadas por motivos sociales a entrar en los monasterios. También aquí las decisiones de Papas y Concilios sobre la reforma religiosa caían en un terreno árido. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este panorama se dan los primeros intentos de refreno religioso, cuando algunos religiosos buscan volver a las raíces carismáticas de su fundación, y se reúnen en un convento donde querían vivir claramente el espíritu de tal origen. En los comienzos, ese convento buscaba ponerse bajo las órdenes del General de la Orden por encima de su Superior Provincial. A tal convento se asociaban otros con el mismo espíritu; se formaban así las “Congregaciones” de reforma, bajo la obediencia a un Vicario con poderes amplios. Se quería llevar a cabo de esta manera la reforma de la Orden. Aquí ahondan sus raíces divisiones sucesivas entre “conventuales” y “observantes”, “calzados” o “descalzos”, etc… en varias antiguas órdenes religiosas, ya a partir de finales del s. XV y sobre todo en el s. XVI. El fenómeno se da en la mayoría de las antiguas, también en España, y tendrá consecuencias notables en la historia de los evangelizadores del Continente americano. No todas las “Congregaciones” duraron, sin embargo favorecieron la reforma, en cuanto extendieron su influjo sobre todo a través de la predicación popular ambulante.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
7.4. El movimiento de reforma de la vida religiosa monacal y conventual en la Iglesia. La historia de la reforma eclesial en España se encuadra en este movimiento. Fue conducida hasta llegar a la gente común, comenzando ya mucho antes del Concilio de Trento y llegando al mismo, que ratificó muchos aspectos que la Iglesia en España ya había puesto en marcha desde hacía tiempo. Una de sus características peculiares fue que la iniciativa vino de los Reyes Católicos, con pasos sucesivos de reforma del episcopado, del clero y del pueblo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La reforma de la vida religiosa en España se dió de manera precisa y orgánica . En el caso de los monjes comienza con la del monasterio de San Benito de Valladolid, por iniciativa del rey de Castilla Juan I (en 1389-1390), con el objetivo de que los monjes viviesen la regla benedictina de manera precisa y rígida, y con voto de clausura perpetua al modo de las Clarisas; reclutó para ello unos 15 monjes provenientes de varios monasterios que se comprometieron a seguir tal vida rígida. Luego evolucionará hacia una mayor elasticidad, pasando a finales del s. XV a constituir una “Congregación” de unos 10 monasterios (en 1524 contaba con 32), y durará en los siglos siguientes. Algo semejante ocurre con los cistercienses con la fundación o reforma de la “Congregación de S. Bernardo de Castilla”, en tiempos de los papas Martín V y Eugenio IV, por obra del monje cisterciense que provenía de los Ermitaños de San Jerónimo (Jerónimos), Martín de Vargas. Esta fundación fue duramente obstaculizada por el capítulo general de Citeaux (cistercienses) a lo largo del s. XV; en 1549 reunía 45 monasterios de los 59 españoles de la Orden. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No se observan generalmente nuevas fundaciones con nuevas Reglas en las grandes órdenes religiosas. Sin embargo en España nacen los Jerónimos (ya presentes en Italia como “Eremitas de S. Jerónimo”). Fue un canónigo de Toledo, Fernando Yáñez de Figueroa y su camarero mayor, Pedro Fernández Pecha, que comenzaron a vivir una vida eremítica, pasando luego a la cenobítica, adaptándose a la regla de S. Agustín, con la aprobación de Gregorio XI en 1373. En 1423, Lope de Olmedo quiso reformar la Orden siguiendo algunas indicaciones que sacó de los escritos de S. Jerónimo, y creó así un nuevo ramo llamado “Congregación de la Observancia de S. Jerónimo”, pero que en España tuvo un éxito muy relativo, uniéndose luego en 1567 al resto de los Jerónimos. Se mantuvieron fieles a la regla de manera bastante rígida; crecerán a lo largo de los s. XV y XVI en España fundando y agregando numerosos monasterios, entre ellos hay que señalar el de Yuste, en Extremadura, donde se retirará el emperador Carlos V, el del Escorial, fundado por Felipe II, y el Guadalupe en el célebre santuario de Extremadura.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En cuanto a las Ordenes mendicantes tuvo en España, como en otros lugares, dificultades notables de reforma, dada su organización centralizada que había favorecido en cierto modo también su decadencia. Sin embargo, tal organización luego favorecerá o pondrá obstáculos a la reforma o la apoyará tibiamente. La historia de la reforma de los mendicantes, también en España dependió en buena parte de estos factores, a parte de los apoyos de papas y reyes, característica de la misma reforma, oposición de superiores locales, intervenciones abusivas de los poderes seculares, etc.. En España la reforma nace por iniciativa autónoma en varias provincias. En Santiago en 1390, que se autonomiza en 1440 de los conventuales; en Aragón, con una tendencia de carácter eremítico y se convierte en una provincia de observancia en 1442; en Castilla, parece ser que la observancia franciscana llega de Sicilia. Todos estos conventos reformados, a partir de 1446, forman con los observantes franciscanos franceses, ingleses, belgas, alemanes norte-occidentales la “Vicaria Ultramontana”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero en España nacen también grupos “ultra-reformistas”. Un primer iniciador de esta tendencia es Pedro de Villacreces (+1422), que se proponía reproducir el ideal de la Porciúncula gobernada por S. Francisco de Asís: vida austera y contemplativa, retiro y vida eremítica dentro del convento, pobreza radical, siempre descalzos, oración prolongada, silencio total. El estudio era reducido al mínimo. El sucesor de Villacreces, Lope de Salinas, aumenta el tiempo dado al estudio teológico y moral para formar predicadores y confesores, usando pequeños manuales. Prosigue esta línea el antiguo jerónimo Juan de La Puebla (+1495) con la reforma del convento de Santa María de los Ángeles de Sevilla. De este grupo nace la reforma de Juan de Guadalupe, la observancia rigurosísima, que da mayor fuerza a la predicación y al apostolado. Estos grupos diversos de franciscanos reformados continúan difundiéndose a partir de 1517; entre ellos se encuentra el de San Pedro de Acantara, confidente de Santa Teresa de Jesús, llamados “alcantarinos” o “pascualitas-alcantarinos”. A estos grupos reformados de franciscanos pertenecen los primeros grandes misioneros franciscanos del Continente americano. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra Orden religiosa reformada en España es la de los Agustinos. La formación de la “Congregación de observancia” española tiene una propia historia. Parece ser que su primer convento fue el de “Domus Dei” de Castelví de Rosanes en Cataluña (1420), que permaneció solo y aislado en medio del conventualismo hasta 1569. La “Congregación de observancia” española surge de hecho en Castilla por obra de Juan de Alarcón (+1451 c.), que actuó bajo la protección del padre general Favaroni y tras haber conocido la fuerte renovación de la Orden en Italia. Así se crea en España una “Congregación de observancia” ya en 1438, con 4 conventos de frailes y uno de monjas. Alarcón obtuvo en aquel mismo año la bula de confirmación de parte del Papa, mientras que en los demás casos italianos las bulas llegarán decenios después. La extensión de esta reforma en España se puede deducir del hecho que en 1504-5 se decretó la unión de la “Congregación de Observancia” con la Provincia agustiniana española, que tras divisiones y tensiones, sólo se pudo actuar en 1512. Ello se debió gracias a los Reyes Católicos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La historia de la reforma de los dominicos españoles tiene características semejantes. Ya en el Capítulo general de Burgos (1413), el general de obediencia aviñonesa (nos hallamos en los tiempos del cisma de Occidente), Juan de Puinoix, trata de eliminar los defectos más salientes en la Orden con fuertes medidas disciplinares, incluida la cárcel, y de restaurar la vida común. Probablemente tuvo un gran influjo San Vicente Ferrer con su vida santa, su predicación y sus escritos (Tratado de vida espiritual). Pero la verdadera reforma hay que señalarla también aquí en el método de la fundación de  “Congregaciones de observancia”, alrededor, parece ser de Santa Catalina de Siena (+1380) y de su confesor Raimundo de Capua, maestro general de la Orden a partir del 22 de mayo de 1380. La lista de dominicos eminentes que llevan adelante la reforma de la Orden en Europa, a partir de Italia, es abundante. En España comienza en Castilla en 1423 y recibe el reconocimiento de derecho pontificio en 1478. Su desarrollo se debe a los Reyes Católicos, por lo que en 1505 se une a la Provincia dominica de aquel Reino, eliminando los conventos no reformados e introduciendo la Observancia. Una de sus características fue su expansión a partir de un convento reformado, lo que se puede señalar como un ejemplo de reforma a partir de la base. En estas “Congregaciones de observancia” se quiere volver a la experiencia primera de la Orden y se resuelve el problema de la pobreza buscando una línea media: queda la “mendicidad” como ideal, pero se corrige con otros medios de subsistencia, cuando aquella se mostraba insuficiente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El caso de la Orden de los carmelitas, sea en el s. XV como en el XVI, sigue un itinerario parecido. Se pueden enuclear varias reformas serias: dos de “Congregaciones de observancia” fuera de España ya en el s. XV (las de Mantua en Italia y de Albi en Francia), y las del s. XVI, la general de Nicolás Audet de toda la Orden (1524), y la teresiana en España, que coincide con la historia de la reforma de la gran Santa Teresa de Jesús (1515-1582), seguida por su discípulo San Juan de la Cruz (1542-1591), los dos grandes místicos y literatos incomparables en su género. En España hay otras órdenes mendicantes, que en esta misma época siguen el camino de la reforma y que tendrán también un papel importante en la evangelización americana, principalmente los Mercedarios y los Trinitarios, ambas órdenes fundadas para la redención de cautivos en manos de los musulmanes del Norte de  África. La primera de estas dos órdenes, que pasarán tempranamente a América (el capellán de Cortes fray Bartolomé de Olmedo, muerto en 1524, era un mercedario),  desarrollará un papel fundamental en la historia de la evangelización americana.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La estructura de las “Congregaciones de observancia” de los mendicantes son bastante comunes. Son ordinariamente reconocidas, algunas por documentos papales (de derecho pontificio), otras por el general de la misma Orden. No crean sistemas jurídicos nuevos, como en el caso de los monjes; introducen sólo un gobierno doble, casi completo, dentro de la misma Orden, autónomo en relación a sus provinciales locales, pero no en relación al general de la Orden. La historia de cada caso muestra con frecuencia caminos y características peculiares. Estas reformas quisieron ir a la raíz de los males y cortarlas de cuajo. Se caracterizan en general por la pobreza vivida, la austeridad, la vida común, la penitencia aflictiva, la meditación y la “lectio divina” y con ella el silencio; un monje-abad de Monserrat en Cataluña preparará un tratado y meditaciones titulado “Exercitatorio de la vida espiritual” que ejercerá un influjo notable en tal sentido en todas las Órdenes de observancia. Al contrario, el tiempo dado al estudio estaba marcado por las necesidades apostólicas más que por una necesidad intelectual en sí; puede decirse, que sobre todo en sus comienzos, hubo una reacción contra los estudios académicos, o al menos una indiferencia y desestima para la formación sacerdotal. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La razón de esta desestima, sobre todo en el mundo de los monjes de este tiempo, era el pretender una oposición entre el monje “homo devotus” y “homo spiritualis” por una parte y del “homo doctus” por otra. El problema se empezará a resolver a lo largo de los primeros decenios del s. XVI, cuando los monjes reformados comienzan a erigir también colegios universitarios, pero el desarrollo fue bastante lento. Por su parte en las Órdenes de observancia encontramos actitudes muy diversas. En el caso español los agustinos, por ejemplo, son más bien contrarios. Lo mismo sucede con otras Órdenes. El rechazo de los grados académicos se fundaba en que habían sido en su tiempo una de las causas de la decadencia religiosa. Los dominicos resuelven el problema admitiendo a los mismos a frailes de virtud probada, y combatiendo los antiguos privilegios que tenían los titulados lectores (profesores o doctores). Poco a poco todas estas Órdenes resuelven el problema instituyendo en cada provincia casas de estudios, esto a partir de mediados del s. XV; sin embargo sigue durante mucho tiempo la oposición a los grados académicos. Así los agustinos de Castilla tardan hasta 1542 en organizar los estudios humanísticos, filosóficos y teológicos, cuando el General Seripando le impone una organización de los estudios para dar una mayor formación a los frailes candidatos al sacerdocio. La solución al problema fue positiva gracias a que la Observancia religiosa se consideró el valor principal al que se debían subordinar los otros valores. Además la solución ejemplar la habían ya ofrecido las grandes figuras reformadoras, que entran doctas y santas, es decir estrictamente observantes y regulares, y que se encontraban tanto en los monjes reformados como en las Congregaciones de Observancia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuanto hemos afirmado sobre la reforma de la vida religiosa en los reinos españoles de Castilla y Aragón, se puede aplicar en parte, aunque no con la misma radical insistencia, en el reino de Portugal. Entre las reformas destaca la de los franciscanos, llamados “Capuchos” (que no se debe confundir con los Capuchinos), favorecida por Alfonso V, y cuyo centro fue Varatojo. Estos franciscanos se distinguirán también por su compromiso en la empresa evangelizadora portuguesa bajo el Padroado.&lt;br /&gt;
7.5. La reforma del episcopado en la España de los Reyes Católicos y de comienzos del s. XVI. Los Reyes Católicos, la Reina Isabel sobre todo, habían promovido una reforma del clero diocesano y regular, basados en criterios válidos, no siempre exentos de cálculos también políticos, que Fernando no siempre había aplicado. No faltarán tensiones entre Fernando (+1516), Julio II y León X sobre las provisiones episcopales, porque el rey tendía a presentar los candidatos con el sistema de la “súplica”, cuando no existía el patronato (como era el caso de Granada). Con los criterios adoptados –naturales de los reinos, honestos, de la clase “burguesa”, doctos- los reyes Católicos no solamente habían puesto en marcha una reforma, especialmente en Castilla; habían también unido los obispos a la Corona. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Carlos I (V), nieto y sucesor de los Reyes Católicos (rey 1516-1556), quiere obtener de la Sede Apostólica lo que la misma había concedido con un concordato en 1516 a Francisco I de Francia. Lo obtiene de Adriano VI (1522-1523) (que había sido su consejero y regente en Castilla durante su ausencia obligada por motivos de su elección como emperador del Sacro Imperio Romano en 1520); es decir el patronato sobre Castilla y Aragón, tras haberlo obtenido sobre Pamplona (Navarra) (4-28 de mayo de 1523) con el ius patronati et praesentandi. Con la bula “Eximiae devotionis affectus” (6.9.1523) obtiene el patronato, por lo tanto el derecho de presentar a los candidatos, a todos los obispados, abadías y otros beneficios consistoriales. Tal concesión fue revocada el 3 de abril de 1527 bajo Clemente VII (1523-1534) con el voto del Consistorio, porque había sido concedida sin el voto del Colegio cardenalicio; tras el saqueo de Roma (1527), con la bula “Etsi ea quae” en Bolonia, antes de la coronación imperial de Carlos V (el 11 de enero de 1530), confirmada por Pablo III el 7 de julio de 1536, Carlos V obtenía de nuevo el patronato y el derecho de presentación. Desde este momento en adelante, durante siglos, los nombramientos episcopales estarán en manos del Rey de España en sus Reinos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La reforma de la vida eclesiástica comenzada por los Reyes Católicos empieza por la elección al episcopado de obispos doctos y rectos. Criterios de reforma: que fueran españoles, doctos, virtuosos, llanos (no aristócratas), residentes. &amp;quot;El clero de España es el nervio de la Cristiandad&amp;quot;, habría dicho San Carlos Borromeo en los tiempos del Concilio de Trento . Los Reyes quieren que el Papa nombre obispos españoles porque debían residir en sus diócesis, de vidas íntegras; no nobles, para que no se convirtiesen en señores feudales. En su época brillaron de manera especial algunas figuras. Entre ellas destacan las figuras del jerónimo fray Hernando de Talavera (c. 1430-1507), primer arzobispo de Granada después de la Reconquista, confesor de Isabel la Católica y el tipo ideal de obispo; el arzobispo, y teólogo dominico de Salamanca, fray Diego de Deza (1443-1523), el arzobispo y cardenal franciscano fray Francisco Jiménez de Cisneros (1436-1517) . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hernando de Talavera lleva una vida santa, con la celebración diaria de la Misa, el catecismo a los niños, reunión-capítulo mensual con los párrocos, y fundación de un seminario modelo, entre otros aspectos. Diego de Deza formó parte del Consejo de Sabios que examinó las propuestas de Colón, y fue uno de los pocos que consideró las mismas como viables. De ahí nació la gran amistad y admiración que el Almirante sintió siempre por Deza. Francisco Jiménez de Cisneros, figura fundamental en la historia religiosa y política de la España de su tiempo y en los comienzos de la evangelización de América, quien reformó a su Orden franciscana de la que era provincial en medio de oposiciones y de luchas. La Reina Isabel le ayudó en estas reformas, especialmente en la de las monjas. Para formar el clero funda los llamados “collegia minora” para el estudio de las letras, y los “collegia maiora” para la filosofía y la teología. Recomienda al clero doctrina, pureza de costumbres, empeño pastoral y litúrgico. Él fue el restaurador en Toledo de la liturgia mozárabe. En el mundo de la cultura ha pasado a la historia como humanista en cuanto funda la Universidad de Alcalá (Complutum) (1508) con un claro planteamiento humanístico y moderno, que edita la Biblia poliglota complutense en 6 volúmenes. Edita también varias obras devocionales en español, como la Vida de Cristo de Ludolfo y otra obras de la “Devotio Moderna”, que prepararon el florecimiento de los grandes místicos del siglo XVI. Además renovó la enseñanza de la teología. Su metodología será indicada por el teólogo dominico Melchor Cano en su “De locis theologicis” y por los estudios jurídicos del también dominico Francisco de Vitoria en Salamanca. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era un nuevo método de estudio de la teología que superaba el bizantinismo de una escolástica decadente, y trataba las cuestiones más importantes y candentes del momento. Se quería una exposición sencilla, sobria, elegante, a partir de las fuentes (Escritura, Padres, Concilios, documentos eclesiásticos); sustituye las “Sentencias” de P. Lombardo con la “Summa theologica” de Sto. Tomás. Así se preparan los maestros de los grandes teólogos españoles que acudirán a Trento o a sus discípulos. En Alcalá estudiará una  falange de grandes figuras del humanismo español, algunos como San Juan de Ávila (c. 1499-1569), declarado doctor de la Iglesia (2012), o personalidades que ejercitarán un papel importante en la historia de la evangelización y de los derechos humanos en América, como el p. jesuita José de Acosta (1540-1600) .  Esta Universidad contará con célebres maestros, entre ellos el dominico Domingo de Soto (1494-1560) y celebres alumnos. Con algunos entablará una amistad duradera, como con Don Pedro Guerrero, futuro arzobispo de Granada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La España cultural de la época comienza a respirar con los dos pulmones culturales de las universidades de Salamanca y de Alcalá. En estas universidades asistimos a un renacimiento del humanismo renacentista, con varias corrientes que lo caracterizan: vuelta a los estudios bíblicos en Alcalá (Biblia Políglota), con referencias a una teología positiva, siguiendo las huellas de los Padres, y reformismo eclesiástico. Encontramos también en ellas corrientes humanísticas, filosóficas y teológicas de matrices diversas, como el tomismo, el escotismo, y en medida menor algunos brotes nominalistas, y el influjo de humanistas como Erasmo y Tomás Moro. En estas universidades echan sus raíces las corrientes jurídicas que las harán célebres en el campo del derecho de gentes o internacional, con figuras como los dominicos Francisco de Vitória y Domingo de Soto y otros conocidos teólogos que ejercerán un fuerte influjo en el Concilio de Trento (1545-1563). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta reforma del episcopado no encontró un camino llano y fácil. Cuando Fernando el Católico muere en 1516, el cuadro del episcopado español no era homogéneo. La mayor parte de los obispos era ciertamente digna y muy convencidos del servicio al Rey, de buena altura eclesiástica e intelectual, aunque se daban casos de obispos poco dignos, nombrados por motivos de parentesco; había cardenales que no residían en sus sedes, nombrados por razones de amistad; había también obispos nobles, nombrados gracias a su proveniencia social y algunos por ser flamencos o por intereses con aquellos territorios bajo la Corona española, a partir de Carlos V . El emperador Carlos trató de seguir los criterios establecidos por los reyes Católicos, pero no siempre los mantuvo totalmente, lo que llevó a veces a consecuencias negativas, aunque en menor medida que en otros países europeos. ¿Cuáles habían sido los criterios de los reyes Católicos, sobre todo de Isabel? Ante todo la elección de personas doctas. Carlos V escogerá fundamentalmente personas preparadas y bien formadas en colegios eclesiásticos universitarios españoles, en los “Estudios generales” de los religiosos y en las universidades italianas. En su día, el cardenal franciscano, arzobispo de Toledo y primado de España, confesor y consejero de la reina Isabel y luego regente del Reino hasta su muerte (+ 8.11.1517), optó por teólogos, preferentemente canonistas, contra la tendencia que se daba en Italia, Inglaterra y franca. Este criterio será luego seguido por el Consejo real. Por ello los obispos españoles darán una notable aportación en el concilio de Trento. La reina Isabel había querido obispos honestos y había seguido rigurosamente este criterio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fernando fue menos severo en este campo, por lo que encontramos algún caso de obispos con hijos como  Alonso de Aragón (+1520), hijo del rey Fernando, arzobispo de Zaragoza y con hijos. Por su parte Carlos V aplicó aquel mismo criterio, también porque podía disponer de sacerdotes formados en los colegios de Talavera y de González Mendoza. La extracción social de los obispos era prevalentemente de la clase media. Carlos V por su parte nombrará luego también nobles, españoles y extranjeros, por motivos de gratitud y no siempre por razones eclesiásticas. El primero de ellos fue el joven Guillermo de Croy, de 20 años, que sucedió al gran Cisneros en Toledo ; era ya obispo de Cambray y cardenal, y nunca puso los pies en España. Dio también el obispado de Valencia a Eduardo de la Marca, obispo de Lieja, porque le servía para el Imperio . Se cuentan hasta 30 provisiones suyas de este tipo de obispos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para salvar el principio de los Reyes Católicos (“obispos naturales de estos reinos”), el rey Carlos concedía “cartas de naturalización” por las que se habilitaba a estos extranjeros a ser nombrados obispos de cualquier diócesis española; y si no podía dar provisiones de obispados, les daba pensiones sobre las rentas de estas diócesis. Estas provisiones llevaron al absentismo. Los obispos españoles debían comprometerse a residir en sus diócesis para poder recibir la provisión, con una especie de pacto, como dirá un obispo español en el concilio de Trento. Pero no la exigía de los extranjeros, que a veces eran cardenales italianos de curia. La exige de los españoles residentes en Roma o en la Corte. Pero era él mismo a dificultar o a imposibilitar la residencia porque se servía de los obispos para los servicios administrativos, civiles, para la dirección del consejo real, para las Cancillerías de Valladolid y de Granada, como embajadores, etc. Así, por ejemplo, el cardenal Pedro Pacheco, primer obispo residencial de Pamplona después de 80 años, nunca estuvo ni en Jaén ni en Sigüenza, sedes a las que había sido trasferido (1545-1560), y fue también virrey de Nápoles. El inquisidor Fernando Valdés nunca residió en alguna de las diócesis para las que había sido nombrado, e incluso consideraba abstractos a los “frailes teólogos” (como Victoria) y a los predicadores, como Pablo de León, que criticaban duramente este ausentismo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por todo ello vemos que en tiempos del emperador Carlos V en sus dominios europeos, también en España hubo periodos en los que encontramos que pocos obispos residían en sus diócesis. El hecho ahondaba sus raíces en motivos de ambiciones a ser trasladados a sede más importantes, por ser más ricas, con posibilidades de ejercer influencias y tener mayores poderes; en una palabra, una mundanidad infiltrada en aquellas esferas episcopales, denunciadas con dureza por parte de figuras episcopales del calibre del agustino Santo Tomás de Villanueva (1486-1555), arzobispo de Valencia , y más tarde en el concilio de Trento por parte del obispo dominico portugués Bartolomé de Martyribus en su “Stimulus pastorum” .  A pesar de estos límites, serán los obispos españoles quiénes en Trento lucharán por la reforma del episcopado y por la residencia de los obispos en sus diócesis.&lt;br /&gt;
7.6. El clero inferior. Hacia finales del s. XV y comienzos del XVI el clero, tanto el secular como el regular, contaba como ya se ha indicado, un alto porcentaje de miembros. En el clero diocesano había un clero “medio”, al que pertenecían los canónigos de los capítulos, el de las colegiatas y los párrocos de parroquias importantes. Los canónigos como cuerpo habían sufrido el contragolpe de la acción de los reyes Católicos. Esta clase clerical pertenecía de hecho a la antigua estructura feudal, por lo que buscaron  defender su posición. Con frecuencia vivían con un tenor de vida bastante secular y garantizaban también una serie de beneficios a su parentela, por lo que con frecuencia accedían a estos cargos, más por intereses económico-sociales que por vocación a la vida clerical. Pertenecían al considerado clero bajo, la mayoría de los párrocos, de los capellanes y de los beneficiados menores. Tenían que ejercitar un oficio para poder vivir porque las rentas del beneficio no eran suficientes. Los reyes Católicos trataron reformar también a este clero, juntamente con obispos y otros prelados, buscando la promoción del sacerdote reformado ideal. En esta empresa tendrán luego un papel fundamental  muchos tratadistas teológicos, jurídicos y humanistas como Vitoria, el arzobispo de Toledo Carranza, Soto, San Juan de Ávila, fundador en su tiempo de varios colegios-seminarios para la formación del clero, ya antes de Trento , Luis de Granada y otros muchos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A la luz de cuanto descrito surge una pregunta obligada: ¿Se puede hablar en un sentido apropiado y estricto de una Iglesia “nacional” española, como se habla de la “Iglesia galicana” en Francia o de la “Iglesia anglicana” en Inglaterra? Las tendencias eclesiales centrífugas se dan en varios países de Europa y se agudizarán a partir del siglo XVI. No parece que se pueda hablar en el mismo sentido en el caso español y en el portugués. Ciertamente en España y Portugal se podría ver en sistema  del “Patronato” y del “Padroado” una expresión centrífuga. Sin lugar a dudas existe una conciencia bastante claro de la propia identidad nacional y eclesial, pero sin llegar a los límites de las concepciones de buscar la creación de una Iglesia autónoma del Papado, ni siquiera la defensa de “unas libertades eclesiales adquiridas” como sucedía en otros países europeos. La fidelidad al Romano Pontífice nunca fue puesta en duda a lo largo de esta historia ni por los Reyes ni por los obispos, juristas y teólogos españoles. Incluso el largo proceso de elaboración de la doctrina sobre el Patronato no fue ni fácil ni unánime. Se legisló sobre la exclusión del episcopado de todo extranjero, en la práctica esta regla fue con frecuencia olvidada o se encontraron salidas para evitarla. Incluso las “represalias” que tomaban los Reyes contra Roma, fueron siempre mitigadas por el realismo en las relaciones, tensiones sin ruptura, que al final se recomponían. En todo caso serán más duras en el siglo XVIII con la dinastía de los Borbones, incluso con nuevas y más radicales interpretaciones en favor de las dos Potencias católicas del Patronato o del Padroado, pero ya era una situación nueva que la Iglesia vivía en toda la antigua cristiandad europea bajo los regímenes del absolutismo ilustrado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==NOTAS:==&lt;br /&gt;
  &lt;br /&gt;
&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==BIBLIOGRAFÍA:==&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
'''FIDEL GONZÁLEZ FERNÁNDEZ'''&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.56.173</name></author>
		
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		<title>ESPAÑA; la sociedad española en la época de los descubrimientos</title>
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		<updated>2014-03-31T19:56:40Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.173: /* 6. Nuevos intentos de cruzada ante la caída de Constantinopla en poder de los turcos= */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;==ESPAÑA; la sociedad española  en la época de los descubrimientos== &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==1. La España de los Reyes Católicos==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Durante la llamada Edad Media, la Iglesia había sido el punto de referencia en la creación en la Península Ibérica de una historia común. Algo semejante había sucedido también en la Europa medieval, pero en el siglo XVI aquella historia común europea se interrumpe con las divisiones religiosas y culturales. El momento en el que sucede el encuentro entre España y América coincidió con el paso de una época a la otra. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La unidad dinástica de los reinos hispanos sucede en 1479 con la fusión personal de Castilla-León y Aragón-Cataluña, por el matrimonio de los dos monarcas de ambos reinos: Isabel I (la Católica) de Castilla-León y Fernando V (el Católico) de Aragón. Doce años después (el 6 de enero de.1492),con la reconquista del reino moro de Granada, se cierra el ciclo de la reconquista y la unidad practica de los reinos españoles, bajo el lema que adoptan de igualdad de poderes y unidad de decisiones de las dos Coronas en una, con el lema “''tanto monta, monta tanto, Isabel como Fernando''”, y la simbología heráldica para expresar aquella unión (el ''Yugo'', letra inicial de Isabel, entrelazado con la ''Flechas'', letra inicial de Fernando). Este hecho tendrá repercusiones incalculables en el futuro de la misma España como en el Nuevo Mundo, que pronto iba a entrar en la escena mundial de la mano española. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una frase: &amp;quot;''en cabeza del rey''&amp;quot;, iba a expresar lapidariamente el papel de la monarquía en aquella empresa: frase que ya se encuentra en autores de la primera hora, y que viene a significar el papel o responsabilidad del Rey o de la Corona en todos los asuntos del gobierno, tanto civil como eclesiástico, del Nuevo Mundo: administración de la justicia, patronato, legislación, defensa de los derechos del indio, etc., como Fray Domingo de Betanzos, Francisco López de Gómara, en su ''Historia General de las Indias'', o más tarde Felipe Guamán Poma de Ayala (comienzos del s. XVII) y muchos otros recuerdan en sus historia y crónicas.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
La España de los reyes Católicos era una España claramente identificada con la historia que le había dado origen. Su monarquía conservaba todavía esta conciencia. Tal es la clave para comprender muchas iniciativas políticas y religiosas de los Reyes Católicos, Isabel I la Católica de Castilla y Fernando V el Católico de Aragón, y de sus descendientes, principalmente Carlos I (V como emperador del Sacro Romano Imperio Germánico) y Felipe II, y de sus descendientes los demás reyes de la Casa de Austria española (o Augsburgo). Durante el reinado de los reyes Católicos acontecen en la historia nacional española algunos grandes hechos: la unión dinástica de los dos grandes reinos ibéricos de Castilla-León y de Aragón-Cataluña con el consiguiente reforzamiento de la monarquía y la regularización del sistema administrativo de la Corona; la reforma de la vida eclesial en sus diversos niveles; la conclusión de la lucha secular de la reconquista del dominio musulmán del suelo patrio, que antiguamente había formado el reino hispano-visigodo; el comienzo de la expansión transoceánica que dio como resultado la llegada a las tierras del Nuevo Mundo, que para el historiador, capellán de Cortés, Francisco López de Gómara, había sido “''el más grande acontecimiento después de la creación del mundo si se exceptúa la encarnación y la muerte de Aquel que lo había creado''”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta empresa política, pero también evangelizadora, fue posible gracias a la existencia de un sujeto tanto político como católico en la comunidad hispana, impregnada en este último caso de una conciencia de la fe católica, sea a nivel popular como en la Corona. Los Reyes Católicos tenían una clara conciencia de su autonomía política en la esfera secular. La tenían también como cristianos. También como príncipes católicos no estaban exentos de una mentalidad jurídica muy extendida en las relaciones entre los Estados cristianos nacientes y la Iglesia de querer controlar la vida eclesial en sus Estados, pretensión común en los gobernantes (o príncipes) cristianos de esta edad moderna. Tal pretensión, que databa ya de siglos anteriores, llevaría en muchos casos a caer en la tentación, nunca escondida, de crear de hecho Iglesias nacionales, bajo el control del Estado. En el siglo XV, a pesar de la crisis conciliarista, tenían una sana conciencia del papel del Papa como cabeza de la Iglesia y reconocían su misión y supremacía en el campo eclesial y espiritual, “''no reconociendo superior temporal sino a Dios Omnipotente, y dando la obediencia espiritual debida al Sumo Pontífice y a la Iglesia apostólica de Roma''”, como escribía entonces Fernández de Oviedo, uno de los primeros testigos e historiadores de la conquista en el Nuevo Mundo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El papel de la corona fue fundamental en los tres siglos siguientes, tanto en el ámbito de los descubrimientos y de la colonización, como en el de la evangelización. Ya desde el alba de la presencia española en el Nuevo Mundo, los Reyes Católicos emanaron una serie de disposiciones o cédulas legales y administrativas con el fin de regular un gobierno recto en aquellas tierras, y afrontar las problemáticas humanas, políticas y evangelizadoras que aquellas situaciones inéditas planteaban. En tal sentido el testamento del 12 de octubre de 1504 y el codicillo de Isabel la Católica añadido el 23 de noviembre de 1504, tres días antes de morir, dan las directivas del proyecto político (relación entre españoles e indios, y derechos de éstos) y de la evangelización e implantación de la Iglesia en América. Aquel texto fue codificado y se convirtió pronto en un texto legal, caso único en la historia constitucional de un país, entrando así a formar parte de la legislación de España sobre las Indias hasta las independencias de sus países.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==2.La población española en el momento del descubrimiento de América== &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se calcula que en el momento del descubrimiento de América, España tenía unos ocho millones de habitantes. De ellos, antes de 1492, medio millón eran judíos (la expulsión en masa de los mismos acontece en 1492) y un millón de mudéjares&amp;lt;ref&amp;gt;Mudéjares: musulmanes que vivieron en convivencia con los cristianos, tras ''la reconquista'' por éstos del territorio peninsular español. La palabra “mudéjar” deriva del vocablo árabe ''mudayyan'', equivalente a “vasallo” o “sometido”; acepción etimológica que no aparece en la documentación medieval, pero que se populariza a partir del siglo XIX.&amp;lt;/ref&amp;gt;a los que luego habría que añadir los “moriscos”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Cómo se distribuía socialmente esta población? Un 80 % era rural. Se daba una endeblez numérica de clases. Lo que hoy se suele llamar &amp;quot;clase media&amp;quot; (pero que en este caso sería un anacronismo), puede ser distribuida de la siguiente manera: un 3%, que no eran clé¬rigos, ni militares, ni campesinos, ni patricios urbanos; eran gente común. Había unos 75.000 clérigos o eclesiásticos&amp;lt;ref&amp;gt;Algunos hablan de un total de unos 40.500 miembros del clero secular o diocesano, pero las estadísticas no son siempre fiables.&amp;lt;/ref&amp;gt;, el 1% de la población, de los que unos 2000 o 3000 pertenecían al llamado &amp;quot;clero alto&amp;quot;. Los nobles o hidalgos de variada posición y entidad eran unos 115.000, el 2% de ese número total. En cuanto a la propiedad las tierras, éstas pertenecían al 2% o 3% de la población que poseían el 97% de las mismas. Esta alta aristocracia, personal o jurídica, era dueña de la mitad de España. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Y cómo se componía ésta aristocracia? Se contaban unas 50 familias unidas por vínculos de sangre y que constituían de hecho una fuerza social, política y económica paralela a la del rey, como lo demuestran las convocatorias de frecuentes “Cortes” para tratar los asuntos importantes del Reino, proclamar o reconocer al rey, que debía jurar sus fueros&amp;lt;ref&amp;gt;Los ''Fueros'' (del latín forum; derechos, leyes) son un cuerpo de leyes, considerado entre las más importantes fuentes del derecho en España.&amp;lt;/ref&amp;gt;, proclamar ante ellas por parte del rey leyes, cédulas reales o disposiciones en los campos civil o eclesiástico y determinar la política a seguir en el Reino. Las Cortes eran en la antigua historia española medieval y en los comienzos de la moderna una asamblea general del Reino que convocaba el rey en los antiguos reinos de España para tratar asuntos de estado, generalmente, la elaboración de leyes y la concesión de impuestos: a las Cortes acudían los representantes del clero, de la nobleza y de las poblaciones importantes, ayuntamientos de ciudades y de villas. En las “Cortes” se encontraban representadas las diversas entidades o corporaciones que componían el Reino. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En todo este tren de vida política, algunos nobles (en realidad pocos), descendientes en buena parte de antiguas familias de caballeros, protagonistas en la reconquista, o de otros nuevos allegados por méritos o por influencias, ocupaban puestos en la Corte real, la que en esa época solía ser “ambulante” a lo largo de ciudades y villas del Reino. Estos nobles, que con frecuencia poseen sus castillos y palacios, comienzan a llevar un tren de vida a veces fastuoso. Estaba luego una pequeña nobleza de mayor peso social y económico, y otra mediana formada por militares, hijosdalgo, y caballeros, que constituyen dos poderosos es¬tratos sociales. El estamento militar asiste por derecho propio a las Cor¬tes. Vive en posesiones rurales e influye en el gobierno a través de la parentela y vínculos de nobleza. De esta pequeña noble¬za se recluta lo mejor de los capi¬tanes, diplomáticos y funcionarios. De la pequeña nobleza salieron muchos obispos (&amp;quot;llanos&amp;quot;, no pertenecientes a la aristocracia o alta nobleza). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se debe también hablar de una incipiente nobleza urbana: terratenientes, ricos por herencia, no comerciantes, y que es más culta que la nobleza militar. Sus hijos llenaban las universidades. También de aquí salen canónigos, obispos, abades. Fueron excelentes secretarios y administradores. Los pobladores de las pueblas (poblaciones fundadas con privilegio real y cuyos vecinos formaban “ayuntamientos” y concejos) y las villas (con sus pobladores llamados &amp;quot;villanos&amp;quot;) tienen acceso o movilidad de ascenso a ese tipo de nobleza y constituyen una parte importante y fundamental en la estructura del Reino. La tendrán en el poblamiento español del Nuevo Mundo con sus fundaciones, al estilo castellano o de la madre patria. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la estructura y en la vida social y política del Reino se encuentra el clero. Constituye un grupo social peculiar dentro de la sociedad. Dentro de él hay de hecho un clero socialmente alto y otro clero bajo, no por procedencia social, sino por los puestos que ocupan en la estructura eclesiástica. El clero tiene un fuerte espíritu corporativo (como en los otros países de la cristiandad medieval hasta la edad contemporánea) para defender sus inmunidades. Su fuerza económica la constituyen los diezmos (en especie, que se subastaban). La mentalidad de cada estrato era fuerte y reflejaba con frecuencia también su procedencia social. El papel del alto clero era notable. Constituían la columna vertebral de muchos sectores de la administración pública, cancilleres, presidentes y miembros del Supremo Consejo de Indias, cuando éste fue creado, y de muchos tribunales. Personajes fundamentales en la España de los tiempos del descubrimiento de América, como el arzobispo Talavera, Deza, los cardenales Cisneros y Mendoza, por citar nombres universalmente más conocidos, lo demuestran. En conjunto forman un grupo notable por &amp;quot;letras y virtud&amp;quot;. Muchos de ellos actuaron en la vida política e incluso en la militar; son parte de la última hornada de prelados-capitanes, como lo fue incluso el cardenal franciscano reformador Francisco Ximénez de Cisneros (que tiene su proceso de canonización introducido). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dentro del clero se encuentra una especie de alto clero menor, generalmente hacen parte de ella los prebendados (que eran dignidades, canónigos o racioneros de alguna iglesia catedral o colegiata). Normalmente son de elevada categoría intelectual. Existen 47 capítulos ca¬tedrales de gran poderío económico y con un nivel moral bastante bueno en general. Sin embargo entre el bajo clero, incluso entre el religioso, se da a veces inmoralidad, ignorancia y pobreza. Este fenómeno de decadencia en una parte del clero regular y secular era un fenómeno de la cristiandad europea de la época, con numerosos intentos de reforma por parte de papas y concilios a lo largo del siglo XV y comienzos del XVI. Basta recordar cómo el tema de la reforma del clero aflora y es tratado específicamente desde el Concilio de Constanza (1414-1418), Ferrara-Florencia (1438-1445), Lateranense V (1512-1517). En este cuadro el caso español corresponde al del resto de Europa. Sin embargo no se puede generalizar. Los concilios provinciales vigilaban y urgían por una reforma de las costumbres entre el clero. El siglo XVI será un siglo de notables &amp;quot;reformas&amp;quot; en este sentido, que verá el florecimiento de muchas Órdenes religiosas reformadas, de varios concilios provinciales y culminará con las reformas del Concilio de Trento (1545-1563). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Había en la España a la que nos referimos lo que se podría llamar &amp;quot;grupos medios&amp;quot;, aunque el término no corresponda a la moderna acepción de “clase social”. Eran gentes de ejercitaban oficios y menesteres necesarios en toda sociedad, especialmente en villas y ciudades como mercaderes y comerciantes, no¬tarios, abogados, barberos (que ejercitaban a veces también una medicina rudimentaria, pero importante), médicos y curanderos y pequeños administradores. Demográficamente eran débiles. De ellos salía 1/3 o 1/4 de los regidores. Solían componer (en reinos como en Aragón) los cabildos de las ciu¬dades. Son la raíz de la futura burguesía industrial y mercantil.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los artesanos constituían una especie de clase o grupo modesto urbano, que vivían asociados en gremios. La artesanía era más bien patriarcal y familiar, y menos técnica de taller, como en Italia o en Flandes. Proporcionaban un tercio o un cuarto de los regidores&amp;lt;ref&amp;gt;Los regidores eran los concejales de los ayuntamientos, miembros del cabildo de Indias o de las corporaciones locales.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Constituían la masa popular en los festejos. Este grupo social tiende a superarse y a presentarse bien. Su vida era suficientemente holgada. La población de todas estas clases sociales componía el 20% de los habitantes de España. Luego estaban los campesinos, que son un 80%, en desigualdad de condiciones, según las regiones. Había campesinos &amp;quot;de señorío&amp;quot;, a veces en penosas condiciones, y campesinos de realengo&amp;lt;ref&amp;gt;Poblador o vecino de una circunscripción o concejo que no era de señorío ni de las órdenes, y que pertenecía a la Corona.&amp;lt;/ref&amp;gt;, a veces muy dignos. Pero toda la población vivía a veces sometida a calamidades y grandes crisis, comunes a todo el resto de Europa, como pestes y enfermedades endémicas y crónicas, sequías o superabundancia de lluvias, inviernos crudos, o veranos tórridos; todo ello provocaba muertes frecuentes y prematuras, y hambrunas frecuentes, sobre todo en las tierras más áridas o secas como las castellanas. Sin embargo estas penosas situaciones, con frecuencia endémicas, no provocaron sublevaciones populares, como sucedió en otros lugares de Europa; basta pensar a las sublevaciones de los campesinos y de los caballeros en la Alemania de los tiempos de Lutero o en otras semejantes en la Italia e incluso en la Roma de los siglos XIV y XV.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y ¿cuál era el valor monetario corriente en esta época? En el caso español el más común era el &amp;quot;ducado&amp;quot;, que correspondía a 375 maravedís, una equivalencia a unos ocho jornales de obrero especializado o veinte jornales de un peón. El marqués de Villena, por ejemplo, tenía 100.000 ducados de renta al año. La Iglesia (sus instituciones y su personal ministerial) tenía seis millones de ducados de renta: dos millones el clero re¬gular y cuatro, el clero secular.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==3. La España católica y la Reconquista==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
1. ''Carácter y temperamento del catolicismo español de la época'': ¿Cómo se explica la vehemencia y también la fuerza del catolicismo español? Hay muchas teorías y opiniones al respecto. No hay que olvidar la característica historia cristiana española a partir del siglo VIII, cuando los musulmanes del Norte de África invaden el Reino español de los visigodos y lo desbaratan en la batalla de Guadalete (Andalucía) donde perece el último rey visigodo Don Rodrigo, que pasará a la leyenda épica española en multitud de romances (711). Casi todo el Reino visigodo español cae bajo dominio musulmán, si se exceptúan las regiones montañosas del Norte, astures, cántabros, vascos, y zonas de la Navarra y de la Cataluña pirenaica. En el año 721 encontramos los hechos conocidos como “''batalla de Covadonga''” en las montañas de Asturias, donde un príncipe visigodo, Don Pelayo (+737), levanta el estandarte de la &lt;br /&gt;
Cruz contra el invasor musulmán y da comienzo a la Reconquista, que se concluirá en 1492, en Granada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue el comienzo del minúsculo Reino de Asturias, que lentamente alargará sus fronteras reconquistando los territorios de León y luego las mesetas castellanas. Dará lugar así al nacimiento, como prolongación del reino asturiano del de León (s. IX), y más tarde al de Castilla (s. X) (Castilla y León unidas de nuevo a partir del 1230), del que nacerá con el tiempo el condado de Portugal (condado dependiente de Castilla a partir del 1094 y luego reino, totalmente autónomo). En el caso Asturiano ya a finales del siglo VIII se funda la ciudad de Oviedo (760), alrededor del monasterio benedictino de San Pelayo, donde el rey Fruela  I (757-768) establecerá su Corte y que alcanzará un notable esplendor artístico en tiempos de su hijo y sucesor Alfonso II el Casto (rey 792-842), contemporáneo de Carlo Magno, con el que mantendrá relaciones culturales y políticas. Nace así aquel arte que todavía hoy se contempla en la región asturiana, el llamado “pre-románico”, la preciosa Cámara Santa de la Catedral de Oviedo, como relicario de valiosas reliquias traídas del resto de la España invadida por los musulmanes, entre ellas la Cruz de la Victoria (símbolo de la reconquista, levantada por su primer caudillo don Pelayo), la de los Ángeles símbolo heráldico de Oviedo, de tiempos del rey Alfonso II, el Santo Sudario y otras muchas de indiscutible valor histórico y religioso. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este tiempo de Alfonso II el Casto, comienza la histórica peregrinación hacia Compostela, lugar donde se señalaba la traslación de las reliquias del Apóstol Santiago y que dará lugar a uno de los tres grandes centros de peregrinación medieval: Santiago, Roma y Jerusalén. Algo semejante comienza a suceder en las estribaciones de los Pirineos aragoneses (como en los alrededores del monasterio de San Juan de la Peña) y catalanes. Son las raíces tempranas de varios condados y marcas del reino de Aragón, con una historia unida a los nacientes reinos de Navarra y de Castilla y de los condados catalanes, cuya historia autónoma comienza a caminar a partir del s. IX, y que pasados varios siglos se unirán a la Corona aragonesa (Alfonso II de Barcelona, conde de la misma y rey de Aragón, une al reino aragonés el condado hereditario de Barcelona en 1162).  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin embargo la reconquista fue dura y larga. De hecho, hacia el año 750, gran parte de la península se encontraba bajo el califato de los Omeyas, en Córdoba, fundado por Abd-er-Rhaman I (756-788), que llega a su máximo esplendor en tiempos del califa Abd-er-Rhaman III (912-961). Y sus caudillos atormentaban con continuas incursiones los territorios cristianos. Así todavía en el año 1000, el caudillo musulmán Almanzor logró llegar hasta la misma Compostela en el oeste y a Barcelona en el este, convirtiendo en tierra quemada cuanto encontraba a su paso . Por ello también los reinos cristianos en su avanzada hacia el sur, de grandes ríos en grandes ríos, desde el Duero hasta el Tajo, van creando espacios desiertos de frontera para estorbar las frecuentes incursiones de los reinos musulmanes. Son la “Extrema-dura”, o las vacías y desérticas tierras fronterizas; se van levantando castillos y fortalezas a lo largo de la geografía hispana que darán también lugar incluso al nombre del futuro condado y reino de Castilla.&lt;br /&gt;
En esta misma época se asiste al nacimiento del califato de Córdoba, que en mundo islámico de la época es de la misma grandeza esplendorosa de los de Damasco y Bagdad, y a su historia cultural incomparable, que ha dejado una herencia imborrable en la cultura mundial e hispana. Entre el 1009 y el 1031, el califato de Córdoba se va dividiendo en pequeños estados independientes (reinos de taifas), entre los que hay que recordar: Toledo y Badajoz (1009); Murcia (1010); Zaragoza (1012); Almería y Granada (1013); Denia (1014), Málaga (1016); Valencia (1021); Sevilla (1023); Mallorca (1015); Córdoba (1031), etc.. luego: Orihuela, Huesca, Jaén, Carmona, Niebla, Algeciras. Incluso Córdoba se erige en una especie de republica aristocrática entre 1031 y 1070; es ocupada por el rey musulmán de Sevilla en 1070; conquistada por los musulmanes Almorávides de África en 1086 y luego en 1148. En 1091 los musulmanes Almohades de Mauritania invaden los reinos musulmanes de la Península ibérica (1091-1229), que serán derrotados por los reinos cristianos unidos en la batalla de Las Navas de Tolosa (1212), comenzando así la fase final de la reconquista cristiana. El rey castellano Fernando III el Santo, conquistará Córdoba el 29 de junio de 1236 y Sevilla en 1248. Ya en 1085, el rey cristiano Alfonso VI de Castilla había conquistado Toledo y la había convertido en su corte; los aragoneses habían reconquistado Zaragoza en 1146. Jaime I de Aragón reconquista Valencia el 29 de septiembre de 1238. El último reino musulmán de la Península ibérica, Granada, será reconquistado por los Reyes Católicos, Isabel y Fernando, el 5 de enero de 1492 .&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''2. La Reconquista'': Entre el 830 y 1030, se vive un período de dos siglos de exaltación cristiana en la Reconquista; florece la cristiandad mozárabe  y nacen o avanzan los reinos cristianos: León, Castilla y Navarra, nace el de Aragón y los condados catalanes, entre los que emerge el de Barcelona cuyos condes, con el andar del tiempo, se convierten en reyes de Aragón, dándose así la unión dinástica entre ambos estados. En los siglos XI, XII, XIII: la Reconquista avanza en las diversas líneas fronterizas: del Duero, luego hasta el Tajo, con la conquista de Toledo, la antigua capital visigoda, la ciudad de las tres culturas o religiones (cristiana, islámica y hebrea, que había alcanzado un enorme esplendor cultural frente al resto de la misma Europa medieval cristiana). Por parte suya se asiste a una decadencia y luego al ocaso del califato de Córdoba, la división del mismo en números reinos de taifas que pueblan el sur de la Península .                    &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los musulmanes del norte de África intentan reconquistar las tierras perdidas y unificar a los reinos de taifas. Son las invasiones de los almohades. Pero en el año 1212 se da el paso definitivo del choque entre los reinos cristianos españoles y los musulmanes de los almohades en la batalla de Las Navas de Tolosa. Es la época que sigue a la renovación de la vida eclesial española a través de la aplicación en España de la reforma gregoriana con el apoyo de benedictinos y cistercienses. Es también la época de las grandes peregrinaciones a Santiago de Compostela, la del románico de los siglos XI al XIII, del nacimiento del gótico con sus grandes catedrales que se extienden por toda la geografía española hasta el siglo XV. En el siglo XIII la vida eclesial se renueva a través de los canónigos regulares primero, de los frailes mendicantes luego, entre ellos Santo Domingo de Guzmán, canónigo en Osma (Castilla), y sus dominicos y la llegada también de los franciscanos, y del mismo san Francisco, peregrino a Santiago de Compostela. Fernando III el Santo de Castilla y León, reconquista Sevilla y Córdoba, y su hijo, Alfonso X el Sabio, da un nuevo esplendor a las letras y a la compilación jurídica de las antiguas leyes hispanas; las tres lenguas de su Reino (latín, castellano, árabe y hebreo) formaban parte del bagaje cultural del Reino . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En Aragón brillan las epopeyas de Jaime I, el conquistador de Valencia del dominio musulmán. A pesar de episodios lamentables para los cristianos, con signos de algunas episódicas luchas dinásticas y señales de decadencia, como en el resto de Europa, los Reinos cristianos españoles han entrado de lleno en el bullir de una conciencia que camina a pasos agigantados hacia el ocaso de la Edad Media y el nacimiento de una modernidad, todavía confusa, con la constitución de reinos-naciones, raíces de los futuros estados nacionales. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''3. La vitalidad de los reinos hispanos'': En este cuadro, los reinos hispanos se encuentran ya plenamente activos en la vida tanto eclesial como civil europea, con tratados, matrimonios reales, participación en la vida cultural europea con las nuevas universidades, de las cuales Palencia y luego Salamanca, pertenecen a la primera generación, o en los grandes y dolorosos conflictos que enturbian la paz de la “christianitas” europea, como los que caracterizan el siglo XIV y comienzos del XV, como el cisma occidental (1378-1417). Las suertes de la reconquista están echadas. Los reinos musulmanes que todavía persisten en el sur o se convierten en vasallos de los reyes hispanos o son reducidos a su mínima expresión, a pesar de momentos de gloria artística, como en el caso del reino nazarita de Granada. En esta época, los aragoneses y catalanes salen de sus fronteras, navegan por el Mediterráneo y buscan alianzas y ensanchar sus fronteras en el mismo: Nápoles, Sicilia, Cerdeña y hasta el extremo oriental del Mediterráneo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el territorio patrio no todo es fácil. El feudalismo antiguo persiste y la nobleza se encuentra inquieta con rebeldías endémicas que producen conflictos civiles y guerras episódicas de carácter dinástico dentro de las mismas familias reinantes, que después de todo se encuentran muy emparentadas entre sí. También en esta época de mediados del siglo XV, siguiendo el ejemplo del hermano Reino portugués, los castellano-leoneses salen al Atlántico e incorporan las Islas Canarias a sus dominios. Nos encontramos en tiempos de Juan II de Castilla y León, el padre de Isabel la Católica. Tras el reinado endeble y discutido de su hijo Enrique IV de Trastamara, llega el reinado de su hermana Isabel I la Católica, que se casará con su primo el príncipe Fernando de Aragón, que pronto se convierte en rey de aquel Reino. Con este matrimonio real, cambia radicalmente la historia española; se concluye la reconquista en Granada (1492) ; se unifican en las personas de los dos reyes los reinos hispanos, bajo el famoso lema del “''Tanto monta monta tanto Isabel como Fernando''” y la simbología heráldica que los dos esposos reales adoptan. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Suceden también momentos muy discutidos por la historiografía antigua y reciente como la expulsión de los judíos (1492), malqueridos por sectores de la gente vulgar y de la nobleza a causa, sobre todo, de su papel en la recolección de los impuestos de la misma Corona y una antigua y jamás escondida animosidad, alimentada por antiguos prejuicios y leyendas populares, y por la persistente acusación de “deicidio” que las acompañaban por ser considerados presuntamente en parte, como una especie de “quinta columna” en la antigua época de las invasiones islámicas, y en la época de su expulsión, de los mismos turcos. Es en este momento histórico, y en el mismo año de toda esta serie de acontecimientos notables en la historia hispana, que acontece la aventura atlántica de Cristóbal Colón y el descubrimiento del Nuevo Mundo. Todo ello abrirá una nueva página en la historia hispana y también mundial. La noche quedaba atrás&amp;quot; .&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==4. La mentalidad común de la época ante la infidelidad y la herejía== &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ocho siglos de esfuerzos en una reconquista  trabajosa, y no siempre constante y uniforme, forjaron un temperamento en la España cristiana de entonces, con sus luces y sus sombras, hasta alcanzar una ordenación unita¬ria. La reforma católica se adelanta casi un siglo y en forma origi¬nal en estos Reinos españoles unidos bajo los reyes Católicos. “España […] que se había convertido en una gran potencia […] se convierte en el país del catolicismo del futuro […] pudo así convertirse en un cierto sentido en la patria espiritual de la restauración católica y de la contra-reforma” . Y esta actitud de lucha continúa bajo el nieto de los Reyes Católicos Carlos I (V como emperador): 1520-1558 frente a la herejía . Los teólogos del siglo XVI no abandonan la idea del “Orbis christianus” frente a la herejía. Según su posición general, no se puede dar ninguna coacción sobre los infieles para abrazar la fe, pero sí sobre los bautizados, para conser¬varla. Quedaba en pie un problema ante la situación en el suelo español de la población no cristiana de judíos y de moros: ¿por qué se da esa disyuntiva con-tra ellos de, o abrazar la fe o de emigrar? ¿En qué sentido el poder civil toma parte en favor de una solución radical en el asunto que lleva a la exclusión de estos grupos divergentes? ¿No fue en parte por motivos meramente seculares y civiles, con la naciente “razón de estado” de querer construir un reino unido (Estado) sin discrepancias o elementos centrífugos? ¿No estuvo esto en parte en los orígenes de la creación del tribunal de la Inquisición para examinar los falsos conversos, sea del judaísmo o del islamismo, y que más tarde se extenderá a otros divergentes religiosos, protestantes o pensadores considerados heterodoxos? ¿Protestaron los teólogos contra este tipo de coacciones? . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==5. La nación española== &lt;br /&gt;
En el contexto señalado se forja un celoso nacionalismo, traducido en el estatuto de “lim¬pieza de sangre”, una especie de “culto al honor nacional e innoble criterio de casta” . Los siglos XIV-XV españoles fueron tolerantes. Para el siglo XVI se suelen dar las siguientes estadísticas de la población española : unos 7.000.000 cristianos viejos; unos 350.000 conversos; unos 300.000 moriscos . De pronto aparece la intolerancia. ¿Por qué? La convivencia de cristianos, judíos y musulmanes en los reinos cristianos españoles durante la Edad Media, había tenido que ver con el proceso de &amp;quot;Reconquista&amp;quot; cristiana española de sus tierras invadidas, y la conquista por parte de los musulmanes, sobre todo de las tierras meridionales que ellos llaman Al Andalus (Andalucía, o “tierra de los Vándalos”, antiguos invasores de la misma de origen germánico en el s. V) y posterior ocupación del territorio por los diferentes reinos cristianos del norte de la península. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La escasa repoblación cristiana de sus nuevos territorios hace que sigan viviendo en ellos un importante número de musulmanes, tanto en zonas urbanas (aunque en barrios propios, como la morería de Zaragoza), como en zonas rurales (como siervos de señorío). El final de la Reconquista - con la toma de Granada- y la política religiosa de los Reyes Católicos, modifican la situación previa: en Granada se producen bautismos en masa, y los Reyes Católicos sólo permiten la religión cristiana en España, por lo que judíos y mudéjares han de convertirse o salir del país. En la lucha enconada contra el creciente poderío turco, se teme su alianza con el mismo y en concreto con los piratas berberiscos y turcos que atacaban las costas de la Europa cristiana. Los moriscos andaluces protagonizan  una insurrección en 1568 (la rebelión de las Alpujarras), que fue sofocada casi dos años después por don Juan de Austria, hermanastro de Felipe II. Los moriscos de esa zona fueron desterrados, hecho que aumentó la suspicacia contra ellos en otras regiones donde los moriscos eran todavía muy numerosos, como Valencia o Aragón. En 1609, con el rey Felipe III, se decretó la expulsión de los moriscos, primero de Valencia, después de los otros reinos españoles. Unos 300.000 tuvieron que abandonar España; la mayoría se dirigió al norte de África. Su marcha tuvo graves consecuencias demográficas y económicas, sobre todo en Valencia y en Aragón, afectando especialmente a la agricultura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todos los problemas señalados son complejos y de diversas interpretaciones. Los Judíos constituían una gran minoría cualificada; habían disfrutado por una parte de la protección de los reyes y por otra del odio del pueblo, debido fundamentalmente a su papel en el campo de la recolección de impuestos y al sistema de ganancias económicas con los préstamos; tal aversión será luego transferida a los falsos conversos o hebreos ocultos (marranos), algo común en otros muchos lugares de Europa y a los musulmanes pseudo-convertidos. En el caso español, ya en 1449 se había dado una explosión de odio en Toledo contra los conversos y  la puesta en marcha del llamado “estatuto de sangre” (el de “limpieza”). Casos semejantes se dieron en Córdoba, Jerez, Jaén, en el Reino de Castilla, y otros muchos semejantes en Aragón y Cataluña . Debido también a las conversiones fingidas, el “estatuto de limpieza” pretendía restarles eficacia social. Aquí están en parte, los orígenes de la Inquisición española, que fue creada en el siglo XV precisamente para aclarar y combatir las conversiones ficticias de moros y judíos . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==6. Nuevos intentos de cruzada ante la caída de Constantinopla en poder de los turcos==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El tema de la “cruzada” flotaba en el ambiente español cristiano desde hacía siglos a lo largo de la “reconquista”, cruzada llevada a cabo en casa, como algunos la han llamado; pero era también una mentalidad muy extendida en la Europa medieval. Baste pensar a los últimos intentos de cruzada contra los turcos en tiempos de Pío II (1458-1464). La urgencia de la defensa contra el avance de los turcos había empujado a los griegos a buscar ayuda en la cristiandad latina occidental, e incluso a una posible reconciliación con Roma recomponiendo la antigua división entre Oriente y Occidente. Tal fue el intento que fracasaría tras el concilio de Ferrara-Florencia (1438-1445), porque no encontró el apoyo necesario en algunos metropolitas orientales y sobre todo en buena parte de los monjes y de la gente desde siempre muy influida por ellos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Constantinopla cae bajo el dominio turco el 29 de mayo de 1453, y su basílica de Santa Sofía será convertida en mezquita después de diez siglos desde su construcción. La caída de Constantinopla causó honda impresión en el mundo cristiano occidental; y no era para menos: había sido, desde los tiempos de Constantino, el corazón del Imperio Romano Oriental o Bizantino. Ahora se convertía en Estambul, cabeza del grande Imperio Otomano, que ponía también pie en el continente europeo, revolucionando así los cuadros políticos del Occidente cristiano. Por ello se explica el impulso que algunos, sobre todo el Papa, quisieron dar lanzando una nueva “cruzada” en defensa tardía del Imperio Bizantino. Fracasarán en sus intentos los Papas Eugenio IV, Nicolás V, Calixto II y Pío II, desde 1433 a 1464, debido sobre todo a las divisiones y rivalidades entre los nacientes estados nacionales europeos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este contexto, Eugenio IV llamó al Occidente cristiano en defensa de aquel Imperio (1443). Casi nadie se movió entonces, a excepción del rey de Polonia y el de Hungría, Ladislao, que fue vencido por los turcos en Varna, junto con el legado pontificio el cardenal Cesarini (1444). En otro lugar meridional de Europa, en Albania, Jorge Castriota, conocido con el nombre de Skanderberg, resistirá a lo largo de 24 años a la invasión turca. La derrota sufrida en Varna fue el prólogo de la caída de Constantinopla. El papa Nicolás V querrá renovar la llamada a una nueva cruzada que no logra comenzar; lo intenta su sucesor, el español Calixto III (1455-58) mandando predicadores de la misma por Europa e invitando a ella a los príncipes cristianos, proponiéndose no sólo liberar Constantinopla, sino también llegar incluso a Jerusalén. También aquí vemos una primera respuesta positiva por parte de los príncipes cristianos, pero que enseguida cae en el vacío.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un ejército cristiano guidado vía tierra por Juan Hunyadi, asistido por el cardenal Carvajal y animado espiritualmente por S. Juan de Capistrano, vence en Belgrado (1456), impidiendo así a los turcos continuar avanzando hacia Viena, mientras que Skanderberg los vencerá en Taormizza (1457), y el cardenal Scarampo, guiando vía mar una escuadra, los derrota en Metelino (1457). Calixto III esperaba entonces de nuevo una respuesta positiva por parte de las potencias cristianas. Pero de nuevo la indiferencia y las rivalidades, agravadas con la muerte de Juan Hunyadi, hicieron fracasar aquellos planes. El sucesor de Calixto III, el humanista Pío II (Enea Silvio Piccolomini) (1458-1464) intentó tomar de nuevo la iniciativa; llegó a convocar una especie de congreso de las potencias europeas en Mantua (1459-1460) donde participó personalmente, pero de nuevo aquel proyecto fracasó por los mismos motivos que los anteriores. Al Papa se le ocurrió una idea totalmente utópica: mandó a Muhammad II, el conquistador de Constantinopla, una carta, espléndida en su estilo literario, en la que le invitaba a convertirse al cristianismo, prometiéndole el imperio de Oriente y de Occidente (¡!). Luego, en 1463, el mismo Papa tomó la decisión de conducir él mismo la cruzada lanzando una invitación en tal sentido al Occidente cristiano. Anciano y enfermo se pone al frente de un ejército en dirección al puerto italiano de Ancona, donde ya agotado muere (1464). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Moría así una antigua utopía y la idea misma de cruzada, que había atravesado con numerosos vaivenes  la historia medieval europea, todavía objeto de enconadas controversias historiográficas y de resentimientos. Sin embargo, en aquellos precisos momentos, y en un cuadro muy distinto en los extremos del mundo europeo, en la Península Ibérica sucedían una serie de acontecimientos, algunos de ellos muy unidos a motivos no lejanos del sentir común de la christianitas europea de la época y de los Papas: la conclusión de la Reconquista, y coincidiendo con la misma, los descubrimientos transoceánicos por parte de Portugal y de España. En el caso español encontramos ingredientes variados e híbridos, muy presentes en la vida política y popular del siglo XV. La conquista de Granada que concluye este ciclo y da comienzo a otro nuevo, la tomó el pueblo como algo suyo . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==7.  La Iglesia Española de finales del S. XV y comienzos del s. XVI== &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
7.1. Para comprender el estilo de la primera evangelización en el Continente americano. España y la Iglesia española fueron los agentes de la evangelización del Nuevo Mundo de lengua española, como en el Brasil lo será el Portugal hermano. Es preciso conocer su idiosincrasia, las potencialidades y limitaciones de su contenido católico. Ya nos hemos referido a la importancia que tenía el clero dentro de la sociedad española del tiempo y a su composición. Nos vamos a fijar en otros elementos de esta España religiosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para comprender mejor &amp;quot;el encuentro del catolicismo ibérico y las culturas americanas&amp;quot;, que &amp;quot;dio lugar a un proceso peculiar de mestizaje, que si bien tuvo aspectos conflictivos, pone de relieve las raíces católicas así como la singularidad del Continente&amp;quot; , es necesario adentrarnos más, tanto en la historia de la España de aquél entonces, como en los primeros pasos de la Iglesia en tierras americanas. El dinamismo que impulsó y que aún continua fecundando tal síntesis, que es el continente latino americano en su configuración, lo constituye la fuerza de la fe católica. Los obispos latinoamericanos escribieron en su reunión plenaria de Puebla, celebrada en 1978: &amp;quot;Con deficiencias y a pesar del pecado siempre presente, la fe de la Iglesia ha sellado el alma de América Latina, marcando su identidad histórica esencial y constituyéndose en la matriz cultural del continente, de la cual nacieron los nuevos pueblos&amp;quot; . Es esto lo que le da sentido a su ser; el encuentro con el Evangelio, con la verdad de que existe Dios Padre Bueno, que nos ha dado a su Hijo Jesucristo para salvación nuestra, bajo el aliento del Espíritu Santo, encarnado y nacido de una mujer (cf. Gal. 4, 4), la Virgen María de Nazaret .&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se tenía mucho cuidado de que las Órdenes que pasaban a América fueran todas reformadas. Serán cinco Órdenes religiosas reformadas o nuevas las protagonistas de la historia de la evangelización en el Nuevo Mundo hispano: los franciscanos, los dominicos, los agustinos y más tarde los mercedarios; a estas Órdenes religiosas antiguas, llamadas mendicantes por su origen y estilo, se sumarán pasado medio siglo los recién fundados jesuitas. Los franciscanos que llegaron a México para emprender la evangelización pertenecían a la más severa y genuina de las Observancias evangélicas. El humanismo español constituía el ambiente cultural de estos misioneros. Es conocida la influencia, por ejemplo, de Erasmo de Rotterdam ; el mismo Zumárraga había leído sus libros, como lo demuestra la carta que envió, el 2 de noviembre de 1547, a fray Francisco del Castillo, provincial de su comunidad en Burgos . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Desde este horizonte los evangelizadores trataron, desde sus posibilidades, de crear una nueva humanidad cristiana, singularmente sana y fiel. “La primera generación de misioneros en México, por ejemplo, los obispos Juan de Zumárraga y Vasco de Quiroga, se caracterizaban por el sello del humanismo contemporáneo; Zumárraga estaba influenciado por Erasmo y Quiroga por Tomás Moro. Esta actitud espiritual fue decisiva en algún modo, y precisamente también en relación con la labor misional” . La extraordinaria labor evangelizadora que realizaron los misioneros en tierras americanas, encuentra en estos altos ideales de reforma y santidad de vida, una de sus principales motivaciones. Son elementos que no podemos dejar de tomar en cuenta al momento de estudiar la labor y los métodos que usaron para lograr la conversión de los indígenas americanos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
España estaba en un momento de apogeo y expansión. Venía de concluir la guerra de reconquista contra el dominio musulmán de su suelo. Los Reyes Católicos otorgan una gran importancia a la fe y alientan con gran energía y constancia un proceso de reformas y austeras observancias que, aunque ya venía gestándose desde hacía tiempo, alcanza con ellos una sistemática propuesta de reforma cristiana. El humanismo español de finales del siglo XV y de todo el XVI es sumamente rico en realizaciones literarias y espirituales. Es un tiempo donde lo épico y lo religioso se entrelazan en un universo cultural sumamente fecundo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
7.2. Una antigua exigencia de reforma en toda la Iglesia La exigencia de reforma en la vida de la Iglesia en cuanto sociedad humana, es un fenómeno continuo en la historia de la Iglesia. En los  finales de la edad Media y comienzos de la Moderna se sentía agudamente, sobre todo en algunos ambientes. Se pedía entre otras cosas una reforma radical “in capite et in membris” (en la cabeza y en los miembros), empezando por una adecuada puesta al día de las estructuras jurídicas (centralización y reservas con los desórdenes consecuentes, fiscalismo y abusos) de la vida eclesiástica del clero alto y de la formación del bajo clero, sobre todo en relación a la atención pastoral de los fieles. La respuesta dada a esta exigencia urgente no fue siempre equilibrada y ortodoxa en muchos ambientes cristianos europeos, ni tampoco fue amplia y promovida con decidida voluntad por parte de la jerarquía de esa época, lo que causará con el tiempo la ruptura de los movimientos protestantes. En este contexto, en varios países de la cristiandad se dan discutidos movimientos de reforma desde el punto de vista de la ortodoxia católica, como los llamados “espirituales” o grupos de frailes franciscanos con ideas eclesiológicas heterodoxas, influenciadas a veces por las teorías de Joaquín de Fiore sobre la existencia de dos iglesias, una carnal y rica, y en contraposición otra espiritual, santa y evangélicamente pobre, Otros sostenedores de ideas radicales heterodoxas serán el inglés John Wicliff y luego el bohemo Jean Hus y otros que preceden en muchos puntos la futura mentalidad cristológica y eclesiológica de los reformadores protestantes, como Jakoubek, Nicolás de Dresde o Wesel Gansford (1419-1489) en Alemania. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Son comprensibles estos movimientos radicales de reforma ante la situación de una jerarquía eclesiástica con frecuencia mundana. Estas tendencias ideológicas, fomentadas también por desórdenes sociales, se agudizaban por la falta de una voluntad eficaz de reforma en muchos responsables eclesiásticos. Sin embargo, lentamente comienza a abrirse paso una mayor voluntad de reforma por parte de la jerarquía eclesiástica (Papas y Concilios) a lo largo del s. XV y comienzos del XVI. Así en el concilio de Costanza y en los concordatos que estipuló Martín V, se ve tal voluntad; éste papa eligió también cardenales óptimos y una buena bula de reforma (16.V.1425), que quedó en letra muerta; en la misma línea decretó el concilio de Basilea con medidas radicales, nunca aplicadas. Los papas siguientes emanaron varios decretos y bulas también en tal sentido, casi siempre ineficaces y raramente aplicados, quedándose en meros proyectos. La historia va adelante con vanos intentos de reforma, incluidos los del concilio ecuménico Lateranense V (1513-1517). La doctrina católica fue siempre defendida, pero las situaciones de desórdenes graves en la vida cristiana continuaron vivos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin embargo, en algunos lugares de la cristiandad occidental se empezaba lentamente un camino de reforma de la vida de la Iglesia, como lo demuestra el llamado fenómeno de la “Devotio moderna”, movimiento eclesial comenzado en los Países Bajos a finales del s. XIV y que se desarrolla a lo largo del XV dando lugar a asociaciones como “los hermanos y las hermanas de la vida común”. “Devotio moderna” significaba “servicio de Dios” con una proyección clara de cristocentrismo, una espiritualidad ascética práctica (contra la mística especulativa de los dominicos alemanes), una marcada tendencia afectiva (de raíces franciscanas, de la escuela de S. Bernardo y del teólogo francés Gerson), una interioridad y subjetivismo notables en detrimento de los contactos, también apostólicos con el mundo, y una insistencia ascética que subraya el papel responsable del fiel en la recepción de los sacramentos. El libro “La imitación de Cristo” es fruto de tal “devoción” y su probable autor, Tomás de Kempis, pertenecía a tal movimiento. Esta espiritualidad ejercitará un influjo en el siglo siguiente en muchos santos y fundadores como Ignacio de Loyola e incluso en algunos protagonistas de la reforma protestante.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
7.3. El movimiento de reforma de la vida religiosa monacal y conventual en la Iglesia. Hay otro aspecto notable en el incipiente movimiento de reforma eclesial de este periodo, y es el comienzo de la misma en el seno de algunas antiguas Órdenes religiosas, en gran parte en un lamentable estado de decadencia, si se exceptúan los Cartujos y en parte los Cistercienses. La peste negra que asoló media Europa en aquellos dos siglos (XIV y XV) había vaciado los monasterios,  que luego se habían llenado con vocaciones mediocres o por motivos que nada tenían que ver con la consagración religiosa. Por ello los nuevos religiosos o monjes vivían con frecuencia una vida disipada, en monasterios y conventos con abundantes bienes, falta de la vida común fundada en privilegios obtenidos de los papas, y con una clausura más teórica que práctica, sobre todo en el caso de las monjas, que en muchos casos provenían de la nobleza y traían consigo sus niveles de vida y privilegios y en muchas ocasiones eran obligadas por motivos sociales a entrar en los monasterios. También aquí las decisiones de Papas y Concilios sobre la reforma religiosa caían en un terreno árido. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este panorama se dan los primeros intentos de refreno religioso, cuando algunos religiosos buscan volver a las raíces carismáticas de su fundación, y se reúnen en un convento donde querían vivir claramente el espíritu de tal origen. En los comienzos, ese convento buscaba ponerse bajo las órdenes del General de la Orden por encima de su Superior Provincial. A tal convento se asociaban otros con el mismo espíritu; se formaban así las “Congregaciones” de reforma, bajo la obediencia a un Vicario con poderes amplios. Se quería llevar a cabo de esta manera la reforma de la Orden. Aquí ahondan sus raíces divisiones sucesivas entre “conventuales” y “observantes”, “calzados” o “descalzos”, etc… en varias antiguas órdenes religiosas, ya a partir de finales del s. XV y sobre todo en el s. XVI. El fenómeno se da en la mayoría de las antiguas, también en España, y tendrá consecuencias notables en la historia de los evangelizadores del Continente americano. No todas las “Congregaciones” duraron, sin embargo favorecieron la reforma, en cuanto extendieron su influjo sobre todo a través de la predicación popular ambulante.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
7.4. El movimiento de reforma de la vida religiosa monacal y conventual en la Iglesia. La historia de la reforma eclesial en España se encuadra en este movimiento. Fue conducida hasta llegar a la gente común, comenzando ya mucho antes del Concilio de Trento y llegando al mismo, que ratificó muchos aspectos que la Iglesia en España ya había puesto en marcha desde hacía tiempo. Una de sus características peculiares fue que la iniciativa vino de los Reyes Católicos, con pasos sucesivos de reforma del episcopado, del clero y del pueblo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La reforma de la vida religiosa en España se dió de manera precisa y orgánica . En el caso de los monjes comienza con la del monasterio de San Benito de Valladolid, por iniciativa del rey de Castilla Juan I (en 1389-1390), con el objetivo de que los monjes viviesen la regla benedictina de manera precisa y rígida, y con voto de clausura perpetua al modo de las Clarisas; reclutó para ello unos 15 monjes provenientes de varios monasterios que se comprometieron a seguir tal vida rígida. Luego evolucionará hacia una mayor elasticidad, pasando a finales del s. XV a constituir una “Congregación” de unos 10 monasterios (en 1524 contaba con 32), y durará en los siglos siguientes. Algo semejante ocurre con los cistercienses con la fundación o reforma de la “Congregación de S. Bernardo de Castilla”, en tiempos de los papas Martín V y Eugenio IV, por obra del monje cisterciense que provenía de los Ermitaños de San Jerónimo (Jerónimos), Martín de Vargas. Esta fundación fue duramente obstaculizada por el capítulo general de Citeaux (cistercienses) a lo largo del s. XV; en 1549 reunía 45 monasterios de los 59 españoles de la Orden. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No se observan generalmente nuevas fundaciones con nuevas Reglas en las grandes órdenes religiosas. Sin embargo en España nacen los Jerónimos (ya presentes en Italia como “Eremitas de S. Jerónimo”). Fue un canónigo de Toledo, Fernando Yáñez de Figueroa y su camarero mayor, Pedro Fernández Pecha, que comenzaron a vivir una vida eremítica, pasando luego a la cenobítica, adaptándose a la regla de S. Agustín, con la aprobación de Gregorio XI en 1373. En 1423, Lope de Olmedo quiso reformar la Orden siguiendo algunas indicaciones que sacó de los escritos de S. Jerónimo, y creó así un nuevo ramo llamado “Congregación de la Observancia de S. Jerónimo”, pero que en España tuvo un éxito muy relativo, uniéndose luego en 1567 al resto de los Jerónimos. Se mantuvieron fieles a la regla de manera bastante rígida; crecerán a lo largo de los s. XV y XVI en España fundando y agregando numerosos monasterios, entre ellos hay que señalar el de Yuste, en Extremadura, donde se retirará el emperador Carlos V, el del Escorial, fundado por Felipe II, y el Guadalupe en el célebre santuario de Extremadura.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En cuanto a las Ordenes mendicantes tuvo en España, como en otros lugares, dificultades notables de reforma, dada su organización centralizada que había favorecido en cierto modo también su decadencia. Sin embargo, tal organización luego favorecerá o pondrá obstáculos a la reforma o la apoyará tibiamente. La historia de la reforma de los mendicantes, también en España dependió en buena parte de estos factores, a parte de los apoyos de papas y reyes, característica de la misma reforma, oposición de superiores locales, intervenciones abusivas de los poderes seculares, etc.. En España la reforma nace por iniciativa autónoma en varias provincias. En Santiago en 1390, que se autonomiza en 1440 de los conventuales; en Aragón, con una tendencia de carácter eremítico y se convierte en una provincia de observancia en 1442; en Castilla, parece ser que la observancia franciscana llega de Sicilia. Todos estos conventos reformados, a partir de 1446, forman con los observantes franciscanos franceses, ingleses, belgas, alemanes norte-occidentales la “Vicaria Ultramontana”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero en España nacen también grupos “ultra-reformistas”. Un primer iniciador de esta tendencia es Pedro de Villacreces (+1422), que se proponía reproducir el ideal de la Porciúncula gobernada por S. Francisco de Asís: vida austera y contemplativa, retiro y vida eremítica dentro del convento, pobreza radical, siempre descalzos, oración prolongada, silencio total. El estudio era reducido al mínimo. El sucesor de Villacreces, Lope de Salinas, aumenta el tiempo dado al estudio teológico y moral para formar predicadores y confesores, usando pequeños manuales. Prosigue esta línea el antiguo jerónimo Juan de La Puebla (+1495) con la reforma del convento de Santa María de los Ángeles de Sevilla. De este grupo nace la reforma de Juan de Guadalupe, la observancia rigurosísima, que da mayor fuerza a la predicación y al apostolado. Estos grupos diversos de franciscanos reformados continúan difundiéndose a partir de 1517; entre ellos se encuentra el de San Pedro de Acantara, confidente de Santa Teresa de Jesús, llamados “alcantarinos” o “pascualitas-alcantarinos”. A estos grupos reformados de franciscanos pertenecen los primeros grandes misioneros franciscanos del Continente americano. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra Orden religiosa reformada en España es la de los Agustinos. La formación de la “Congregación de observancia” española tiene una propia historia. Parece ser que su primer convento fue el de “Domus Dei” de Castelví de Rosanes en Cataluña (1420), que permaneció solo y aislado en medio del conventualismo hasta 1569. La “Congregación de observancia” española surge de hecho en Castilla por obra de Juan de Alarcón (+1451 c.), que actuó bajo la protección del padre general Favaroni y tras haber conocido la fuerte renovación de la Orden en Italia. Así se crea en España una “Congregación de observancia” ya en 1438, con 4 conventos de frailes y uno de monjas. Alarcón obtuvo en aquel mismo año la bula de confirmación de parte del Papa, mientras que en los demás casos italianos las bulas llegarán decenios después. La extensión de esta reforma en España se puede deducir del hecho que en 1504-5 se decretó la unión de la “Congregación de Observancia” con la Provincia agustiniana española, que tras divisiones y tensiones, sólo se pudo actuar en 1512. Ello se debió gracias a los Reyes Católicos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La historia de la reforma de los dominicos españoles tiene características semejantes. Ya en el Capítulo general de Burgos (1413), el general de obediencia aviñonesa (nos hallamos en los tiempos del cisma de Occidente), Juan de Puinoix, trata de eliminar los defectos más salientes en la Orden con fuertes medidas disciplinares, incluida la cárcel, y de restaurar la vida común. Probablemente tuvo un gran influjo San Vicente Ferrer con su vida santa, su predicación y sus escritos (Tratado de vida espiritual). Pero la verdadera reforma hay que señalarla también aquí en el método de la fundación de  “Congregaciones de observancia”, alrededor, parece ser de Santa Catalina de Siena (+1380) y de su confesor Raimundo de Capua, maestro general de la Orden a partir del 22 de mayo de 1380. La lista de dominicos eminentes que llevan adelante la reforma de la Orden en Europa, a partir de Italia, es abundante. En España comienza en Castilla en 1423 y recibe el reconocimiento de derecho pontificio en 1478. Su desarrollo se debe a los Reyes Católicos, por lo que en 1505 se une a la Provincia dominica de aquel Reino, eliminando los conventos no reformados e introduciendo la Observancia. Una de sus características fue su expansión a partir de un convento reformado, lo que se puede señalar como un ejemplo de reforma a partir de la base. En estas “Congregaciones de observancia” se quiere volver a la experiencia primera de la Orden y se resuelve el problema de la pobreza buscando una línea media: queda la “mendicidad” como ideal, pero se corrige con otros medios de subsistencia, cuando aquella se mostraba insuficiente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El caso de la Orden de los carmelitas, sea en el s. XV como en el XVI, sigue un itinerario parecido. Se pueden enuclear varias reformas serias: dos de “Congregaciones de observancia” fuera de España ya en el s. XV (las de Mantua en Italia y de Albi en Francia), y las del s. XVI, la general de Nicolás Audet de toda la Orden (1524), y la teresiana en España, que coincide con la historia de la reforma de la gran Santa Teresa de Jesús (1515-1582), seguida por su discípulo San Juan de la Cruz (1542-1591), los dos grandes místicos y literatos incomparables en su género. En España hay otras órdenes mendicantes, que en esta misma época siguen el camino de la reforma y que tendrán también un papel importante en la evangelización americana, principalmente los Mercedarios y los Trinitarios, ambas órdenes fundadas para la redención de cautivos en manos de los musulmanes del Norte de  África. La primera de estas dos órdenes, que pasarán tempranamente a América (el capellán de Cortes fray Bartolomé de Olmedo, muerto en 1524, era un mercedario),  desarrollará un papel fundamental en la historia de la evangelización americana.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La estructura de las “Congregaciones de observancia” de los mendicantes son bastante comunes. Son ordinariamente reconocidas, algunas por documentos papales (de derecho pontificio), otras por el general de la misma Orden. No crean sistemas jurídicos nuevos, como en el caso de los monjes; introducen sólo un gobierno doble, casi completo, dentro de la misma Orden, autónomo en relación a sus provinciales locales, pero no en relación al general de la Orden. La historia de cada caso muestra con frecuencia caminos y características peculiares. Estas reformas quisieron ir a la raíz de los males y cortarlas de cuajo. Se caracterizan en general por la pobreza vivida, la austeridad, la vida común, la penitencia aflictiva, la meditación y la “lectio divina” y con ella el silencio; un monje-abad de Monserrat en Cataluña preparará un tratado y meditaciones titulado “Exercitatorio de la vida espiritual” que ejercerá un influjo notable en tal sentido en todas las Órdenes de observancia. Al contrario, el tiempo dado al estudio estaba marcado por las necesidades apostólicas más que por una necesidad intelectual en sí; puede decirse, que sobre todo en sus comienzos, hubo una reacción contra los estudios académicos, o al menos una indiferencia y desestima para la formación sacerdotal. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La razón de esta desestima, sobre todo en el mundo de los monjes de este tiempo, era el pretender una oposición entre el monje “homo devotus” y “homo spiritualis” por una parte y del “homo doctus” por otra. El problema se empezará a resolver a lo largo de los primeros decenios del s. XVI, cuando los monjes reformados comienzan a erigir también colegios universitarios, pero el desarrollo fue bastante lento. Por su parte en las Órdenes de observancia encontramos actitudes muy diversas. En el caso español los agustinos, por ejemplo, son más bien contrarios. Lo mismo sucede con otras Órdenes. El rechazo de los grados académicos se fundaba en que habían sido en su tiempo una de las causas de la decadencia religiosa. Los dominicos resuelven el problema admitiendo a los mismos a frailes de virtud probada, y combatiendo los antiguos privilegios que tenían los titulados lectores (profesores o doctores). Poco a poco todas estas Órdenes resuelven el problema instituyendo en cada provincia casas de estudios, esto a partir de mediados del s. XV; sin embargo sigue durante mucho tiempo la oposición a los grados académicos. Así los agustinos de Castilla tardan hasta 1542 en organizar los estudios humanísticos, filosóficos y teológicos, cuando el General Seripando le impone una organización de los estudios para dar una mayor formación a los frailes candidatos al sacerdocio. La solución al problema fue positiva gracias a que la Observancia religiosa se consideró el valor principal al que se debían subordinar los otros valores. Además la solución ejemplar la habían ya ofrecido las grandes figuras reformadoras, que entran doctas y santas, es decir estrictamente observantes y regulares, y que se encontraban tanto en los monjes reformados como en las Congregaciones de Observancia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuanto hemos afirmado sobre la reforma de la vida religiosa en los reinos españoles de Castilla y Aragón, se puede aplicar en parte, aunque no con la misma radical insistencia, en el reino de Portugal. Entre las reformas destaca la de los franciscanos, llamados “Capuchos” (que no se debe confundir con los Capuchinos), favorecida por Alfonso V, y cuyo centro fue Varatojo. Estos franciscanos se distinguirán también por su compromiso en la empresa evangelizadora portuguesa bajo el Padroado.&lt;br /&gt;
7.5. La reforma del episcopado en la España de los Reyes Católicos y de comienzos del s. XVI. Los Reyes Católicos, la Reina Isabel sobre todo, habían promovido una reforma del clero diocesano y regular, basados en criterios válidos, no siempre exentos de cálculos también políticos, que Fernando no siempre había aplicado. No faltarán tensiones entre Fernando (+1516), Julio II y León X sobre las provisiones episcopales, porque el rey tendía a presentar los candidatos con el sistema de la “súplica”, cuando no existía el patronato (como era el caso de Granada). Con los criterios adoptados –naturales de los reinos, honestos, de la clase “burguesa”, doctos- los reyes Católicos no solamente habían puesto en marcha una reforma, especialmente en Castilla; habían también unido los obispos a la Corona. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Carlos I (V), nieto y sucesor de los Reyes Católicos (rey 1516-1556), quiere obtener de la Sede Apostólica lo que la misma había concedido con un concordato en 1516 a Francisco I de Francia. Lo obtiene de Adriano VI (1522-1523) (que había sido su consejero y regente en Castilla durante su ausencia obligada por motivos de su elección como emperador del Sacro Imperio Romano en 1520); es decir el patronato sobre Castilla y Aragón, tras haberlo obtenido sobre Pamplona (Navarra) (4-28 de mayo de 1523) con el ius patronati et praesentandi. Con la bula “Eximiae devotionis affectus” (6.9.1523) obtiene el patronato, por lo tanto el derecho de presentar a los candidatos, a todos los obispados, abadías y otros beneficios consistoriales. Tal concesión fue revocada el 3 de abril de 1527 bajo Clemente VII (1523-1534) con el voto del Consistorio, porque había sido concedida sin el voto del Colegio cardenalicio; tras el saqueo de Roma (1527), con la bula “Etsi ea quae” en Bolonia, antes de la coronación imperial de Carlos V (el 11 de enero de 1530), confirmada por Pablo III el 7 de julio de 1536, Carlos V obtenía de nuevo el patronato y el derecho de presentación. Desde este momento en adelante, durante siglos, los nombramientos episcopales estarán en manos del Rey de España en sus Reinos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La reforma de la vida eclesiástica comenzada por los Reyes Católicos empieza por la elección al episcopado de obispos doctos y rectos. Criterios de reforma: que fueran españoles, doctos, virtuosos, llanos (no aristócratas), residentes. &amp;quot;El clero de España es el nervio de la Cristiandad&amp;quot;, habría dicho San Carlos Borromeo en los tiempos del Concilio de Trento . Los Reyes quieren que el Papa nombre obispos españoles porque debían residir en sus diócesis, de vidas íntegras; no nobles, para que no se convirtiesen en señores feudales. En su época brillaron de manera especial algunas figuras. Entre ellas destacan las figuras del jerónimo fray Hernando de Talavera (c. 1430-1507), primer arzobispo de Granada después de la Reconquista, confesor de Isabel la Católica y el tipo ideal de obispo; el arzobispo, y teólogo dominico de Salamanca, fray Diego de Deza (1443-1523), el arzobispo y cardenal franciscano fray Francisco Jiménez de Cisneros (1436-1517) . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hernando de Talavera lleva una vida santa, con la celebración diaria de la Misa, el catecismo a los niños, reunión-capítulo mensual con los párrocos, y fundación de un seminario modelo, entre otros aspectos. Diego de Deza formó parte del Consejo de Sabios que examinó las propuestas de Colón, y fue uno de los pocos que consideró las mismas como viables. De ahí nació la gran amistad y admiración que el Almirante sintió siempre por Deza. Francisco Jiménez de Cisneros, figura fundamental en la historia religiosa y política de la España de su tiempo y en los comienzos de la evangelización de América, quien reformó a su Orden franciscana de la que era provincial en medio de oposiciones y de luchas. La Reina Isabel le ayudó en estas reformas, especialmente en la de las monjas. Para formar el clero funda los llamados “collegia minora” para el estudio de las letras, y los “collegia maiora” para la filosofía y la teología. Recomienda al clero doctrina, pureza de costumbres, empeño pastoral y litúrgico. Él fue el restaurador en Toledo de la liturgia mozárabe. En el mundo de la cultura ha pasado a la historia como humanista en cuanto funda la Universidad de Alcalá (Complutum) (1508) con un claro planteamiento humanístico y moderno, que edita la Biblia poliglota complutense en 6 volúmenes. Edita también varias obras devocionales en español, como la Vida de Cristo de Ludolfo y otra obras de la “Devotio Moderna”, que prepararon el florecimiento de los grandes místicos del siglo XVI. Además renovó la enseñanza de la teología. Su metodología será indicada por el teólogo dominico Melchor Cano en su “De locis theologicis” y por los estudios jurídicos del también dominico Francisco de Vitoria en Salamanca. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era un nuevo método de estudio de la teología que superaba el bizantinismo de una escolástica decadente, y trataba las cuestiones más importantes y candentes del momento. Se quería una exposición sencilla, sobria, elegante, a partir de las fuentes (Escritura, Padres, Concilios, documentos eclesiásticos); sustituye las “Sentencias” de P. Lombardo con la “Summa theologica” de Sto. Tomás. Así se preparan los maestros de los grandes teólogos españoles que acudirán a Trento o a sus discípulos. En Alcalá estudiará una  falange de grandes figuras del humanismo español, algunos como San Juan de Ávila (c. 1499-1569), declarado doctor de la Iglesia (2012), o personalidades que ejercitarán un papel importante en la historia de la evangelización y de los derechos humanos en América, como el p. jesuita José de Acosta (1540-1600) .  Esta Universidad contará con célebres maestros, entre ellos el dominico Domingo de Soto (1494-1560) y celebres alumnos. Con algunos entablará una amistad duradera, como con Don Pedro Guerrero, futuro arzobispo de Granada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La España cultural de la época comienza a respirar con los dos pulmones culturales de las universidades de Salamanca y de Alcalá. En estas universidades asistimos a un renacimiento del humanismo renacentista, con varias corrientes que lo caracterizan: vuelta a los estudios bíblicos en Alcalá (Biblia Políglota), con referencias a una teología positiva, siguiendo las huellas de los Padres, y reformismo eclesiástico. Encontramos también en ellas corrientes humanísticas, filosóficas y teológicas de matrices diversas, como el tomismo, el escotismo, y en medida menor algunos brotes nominalistas, y el influjo de humanistas como Erasmo y Tomás Moro. En estas universidades echan sus raíces las corrientes jurídicas que las harán célebres en el campo del derecho de gentes o internacional, con figuras como los dominicos Francisco de Vitória y Domingo de Soto y otros conocidos teólogos que ejercerán un fuerte influjo en el Concilio de Trento (1545-1563). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta reforma del episcopado no encontró un camino llano y fácil. Cuando Fernando el Católico muere en 1516, el cuadro del episcopado español no era homogéneo. La mayor parte de los obispos era ciertamente digna y muy convencidos del servicio al Rey, de buena altura eclesiástica e intelectual, aunque se daban casos de obispos poco dignos, nombrados por motivos de parentesco; había cardenales que no residían en sus sedes, nombrados por razones de amistad; había también obispos nobles, nombrados gracias a su proveniencia social y algunos por ser flamencos o por intereses con aquellos territorios bajo la Corona española, a partir de Carlos V . El emperador Carlos trató de seguir los criterios establecidos por los reyes Católicos, pero no siempre los mantuvo totalmente, lo que llevó a veces a consecuencias negativas, aunque en menor medida que en otros países europeos. ¿Cuáles habían sido los criterios de los reyes Católicos, sobre todo de Isabel? Ante todo la elección de personas doctas. Carlos V escogerá fundamentalmente personas preparadas y bien formadas en colegios eclesiásticos universitarios españoles, en los “Estudios generales” de los religiosos y en las universidades italianas. En su día, el cardenal franciscano, arzobispo de Toledo y primado de España, confesor y consejero de la reina Isabel y luego regente del Reino hasta su muerte (+ 8.11.1517), optó por teólogos, preferentemente canonistas, contra la tendencia que se daba en Italia, Inglaterra y franca. Este criterio será luego seguido por el Consejo real. Por ello los obispos españoles darán una notable aportación en el concilio de Trento. La reina Isabel había querido obispos honestos y había seguido rigurosamente este criterio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fernando fue menos severo en este campo, por lo que encontramos algún caso de obispos con hijos como  Alonso de Aragón (+1520), hijo del rey Fernando, arzobispo de Zaragoza y con hijos. Por su parte Carlos V aplicó aquel mismo criterio, también porque podía disponer de sacerdotes formados en los colegios de Talavera y de González Mendoza. La extracción social de los obispos era prevalentemente de la clase media. Carlos V por su parte nombrará luego también nobles, españoles y extranjeros, por motivos de gratitud y no siempre por razones eclesiásticas. El primero de ellos fue el joven Guillermo de Croy, de 20 años, que sucedió al gran Cisneros en Toledo ; era ya obispo de Cambray y cardenal, y nunca puso los pies en España. Dio también el obispado de Valencia a Eduardo de la Marca, obispo de Lieja, porque le servía para el Imperio . Se cuentan hasta 30 provisiones suyas de este tipo de obispos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para salvar el principio de los Reyes Católicos (“obispos naturales de estos reinos”), el rey Carlos concedía “cartas de naturalización” por las que se habilitaba a estos extranjeros a ser nombrados obispos de cualquier diócesis española; y si no podía dar provisiones de obispados, les daba pensiones sobre las rentas de estas diócesis. Estas provisiones llevaron al absentismo. Los obispos españoles debían comprometerse a residir en sus diócesis para poder recibir la provisión, con una especie de pacto, como dirá un obispo español en el concilio de Trento. Pero no la exigía de los extranjeros, que a veces eran cardenales italianos de curia. La exige de los españoles residentes en Roma o en la Corte. Pero era él mismo a dificultar o a imposibilitar la residencia porque se servía de los obispos para los servicios administrativos, civiles, para la dirección del consejo real, para las Cancillerías de Valladolid y de Granada, como embajadores, etc. Así, por ejemplo, el cardenal Pedro Pacheco, primer obispo residencial de Pamplona después de 80 años, nunca estuvo ni en Jaén ni en Sigüenza, sedes a las que había sido trasferido (1545-1560), y fue también virrey de Nápoles. El inquisidor Fernando Valdés nunca residió en alguna de las diócesis para las que había sido nombrado, e incluso consideraba abstractos a los “frailes teólogos” (como Victoria) y a los predicadores, como Pablo de León, que criticaban duramente este ausentismo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por todo ello vemos que en tiempos del emperador Carlos V en sus dominios europeos, también en España hubo periodos en los que encontramos que pocos obispos residían en sus diócesis. El hecho ahondaba sus raíces en motivos de ambiciones a ser trasladados a sede más importantes, por ser más ricas, con posibilidades de ejercer influencias y tener mayores poderes; en una palabra, una mundanidad infiltrada en aquellas esferas episcopales, denunciadas con dureza por parte de figuras episcopales del calibre del agustino Santo Tomás de Villanueva (1486-1555), arzobispo de Valencia , y más tarde en el concilio de Trento por parte del obispo dominico portugués Bartolomé de Martyribus en su “Stimulus pastorum” .  A pesar de estos límites, serán los obispos españoles quiénes en Trento lucharán por la reforma del episcopado y por la residencia de los obispos en sus diócesis.&lt;br /&gt;
7.6. El clero inferior. Hacia finales del s. XV y comienzos del XVI el clero, tanto el secular como el regular, contaba como ya se ha indicado, un alto porcentaje de miembros. En el clero diocesano había un clero “medio”, al que pertenecían los canónigos de los capítulos, el de las colegiatas y los párrocos de parroquias importantes. Los canónigos como cuerpo habían sufrido el contragolpe de la acción de los reyes Católicos. Esta clase clerical pertenecía de hecho a la antigua estructura feudal, por lo que buscaron  defender su posición. Con frecuencia vivían con un tenor de vida bastante secular y garantizaban también una serie de beneficios a su parentela, por lo que con frecuencia accedían a estos cargos, más por intereses económico-sociales que por vocación a la vida clerical. Pertenecían al considerado clero bajo, la mayoría de los párrocos, de los capellanes y de los beneficiados menores. Tenían que ejercitar un oficio para poder vivir porque las rentas del beneficio no eran suficientes. Los reyes Católicos trataron reformar también a este clero, juntamente con obispos y otros prelados, buscando la promoción del sacerdote reformado ideal. En esta empresa tendrán luego un papel fundamental  muchos tratadistas teológicos, jurídicos y humanistas como Vitoria, el arzobispo de Toledo Carranza, Soto, San Juan de Ávila, fundador en su tiempo de varios colegios-seminarios para la formación del clero, ya antes de Trento , Luis de Granada y otros muchos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A la luz de cuanto descrito surge una pregunta obligada: ¿Se puede hablar en un sentido apropiado y estricto de una Iglesia “nacional” española, como se habla de la “Iglesia galicana” en Francia o de la “Iglesia anglicana” en Inglaterra? Las tendencias eclesiales centrífugas se dan en varios países de Europa y se agudizarán a partir del siglo XVI. No parece que se pueda hablar en el mismo sentido en el caso español y en el portugués. Ciertamente en España y Portugal se podría ver en sistema  del “Patronato” y del “Padroado” una expresión centrífuga. Sin lugar a dudas existe una conciencia bastante claro de la propia identidad nacional y eclesial, pero sin llegar a los límites de las concepciones de buscar la creación de una Iglesia autónoma del Papado, ni siquiera la defensa de “unas libertades eclesiales adquiridas” como sucedía en otros países europeos. La fidelidad al Romano Pontífice nunca fue puesta en duda a lo largo de esta historia ni por los Reyes ni por los obispos, juristas y teólogos españoles. Incluso el largo proceso de elaboración de la doctrina sobre el Patronato no fue ni fácil ni unánime. Se legisló sobre la exclusión del episcopado de todo extranjero, en la práctica esta regla fue con frecuencia olvidada o se encontraron salidas para evitarla. Incluso las “represalias” que tomaban los Reyes contra Roma, fueron siempre mitigadas por el realismo en las relaciones, tensiones sin ruptura, que al final se recomponían. En todo caso serán más duras en el siglo XVIII con la dinastía de los Borbones, incluso con nuevas y más radicales interpretaciones en favor de las dos Potencias católicas del Patronato o del Padroado, pero ya era una situación nueva que la Iglesia vivía en toda la antigua cristiandad europea bajo los regímenes del absolutismo ilustrado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==NOTAS:==&lt;br /&gt;
  &lt;br /&gt;
&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==BIBLIOGRAFÍA:==&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
'''FIDEL GONZÁLEZ FERNÁNDEZ'''&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.56.173</name></author>
		
	</entry>
	<entry>
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		<title>ESPAÑA; la sociedad española en la época de los descubrimientos</title>
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		<updated>2014-03-28T20:48:59Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.173: /* 2.La población española en el momento del descubrimiento de América */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;==ESPAÑA; la sociedad española  en la época de los descubrimientos== &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==1. La España de los Reyes Católicos==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Durante la llamada Edad Media, la Iglesia había sido el punto de referencia en la creación en la Península Ibérica de una historia común. Algo semejante había sucedido también en la Europa medieval, pero en el siglo XVI aquella historia común europea se interrumpe con las divisiones religiosas y culturales. El momento en el que sucede el encuentro entre España y América coincidió con el paso de una época a la otra. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La unidad dinástica de los reinos hispanos sucede en 1479 con la fusión personal de Castilla-León y Aragón-Cataluña, por el matrimonio de los dos monarcas de ambos reinos: Isabel I (la Católica) de Castilla-León y Fernando V (el Católico) de Aragón. Doce años después (el 6 de enero de.1492),con la reconquista del reino moro de Granada, se cierra el ciclo de la reconquista y la unidad practica de los reinos españoles, bajo el lema que adoptan de igualdad de poderes y unidad de decisiones de las dos Coronas en una, con el lema “''tanto monta, monta tanto, Isabel como Fernando''”, y la simbología heráldica para expresar aquella unión (el ''Yugo'', letra inicial de Isabel, entrelazado con la ''Flechas'', letra inicial de Fernando). Este hecho tendrá repercusiones incalculables en el futuro de la misma España como en el Nuevo Mundo, que pronto iba a entrar en la escena mundial de la mano española. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una frase: &amp;quot;''en cabeza del rey''&amp;quot;, iba a expresar lapidariamente el papel de la monarquía en aquella empresa: frase que ya se encuentra en autores de la primera hora, y que viene a significar el papel o responsabilidad del Rey o de la Corona en todos los asuntos del gobierno, tanto civil como eclesiástico, del Nuevo Mundo: administración de la justicia, patronato, legislación, defensa de los derechos del indio, etc., como Fray Domingo de Betanzos, Francisco López de Gómara, en su ''Historia General de las Indias'', o más tarde Felipe Guamán Poma de Ayala (comienzos del s. XVII) y muchos otros recuerdan en sus historia y crónicas.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
La España de los reyes Católicos era una España claramente identificada con la historia que le había dado origen. Su monarquía conservaba todavía esta conciencia. Tal es la clave para comprender muchas iniciativas políticas y religiosas de los Reyes Católicos, Isabel I la Católica de Castilla y Fernando V el Católico de Aragón, y de sus descendientes, principalmente Carlos I (V como emperador del Sacro Romano Imperio Germánico) y Felipe II, y de sus descendientes los demás reyes de la Casa de Austria española (o Augsburgo). Durante el reinado de los reyes Católicos acontecen en la historia nacional española algunos grandes hechos: la unión dinástica de los dos grandes reinos ibéricos de Castilla-León y de Aragón-Cataluña con el consiguiente reforzamiento de la monarquía y la regularización del sistema administrativo de la Corona; la reforma de la vida eclesial en sus diversos niveles; la conclusión de la lucha secular de la reconquista del dominio musulmán del suelo patrio, que antiguamente había formado el reino hispano-visigodo; el comienzo de la expansión transoceánica que dio como resultado la llegada a las tierras del Nuevo Mundo, que para el historiador, capellán de Cortés, Francisco López de Gómara, había sido “''el más grande acontecimiento después de la creación del mundo si se exceptúa la encarnación y la muerte de Aquel que lo había creado''”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta empresa política, pero también evangelizadora, fue posible gracias a la existencia de un sujeto tanto político como católico en la comunidad hispana, impregnada en este último caso de una conciencia de la fe católica, sea a nivel popular como en la Corona. Los Reyes Católicos tenían una clara conciencia de su autonomía política en la esfera secular. La tenían también como cristianos. También como príncipes católicos no estaban exentos de una mentalidad jurídica muy extendida en las relaciones entre los Estados cristianos nacientes y la Iglesia de querer controlar la vida eclesial en sus Estados, pretensión común en los gobernantes (o príncipes) cristianos de esta edad moderna. Tal pretensión, que databa ya de siglos anteriores, llevaría en muchos casos a caer en la tentación, nunca escondida, de crear de hecho Iglesias nacionales, bajo el control del Estado. En el siglo XV, a pesar de la crisis conciliarista, tenían una sana conciencia del papel del Papa como cabeza de la Iglesia y reconocían su misión y supremacía en el campo eclesial y espiritual, “''no reconociendo superior temporal sino a Dios Omnipotente, y dando la obediencia espiritual debida al Sumo Pontífice y a la Iglesia apostólica de Roma''”, como escribía entonces Fernández de Oviedo, uno de los primeros testigos e historiadores de la conquista en el Nuevo Mundo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El papel de la corona fue fundamental en los tres siglos siguientes, tanto en el ámbito de los descubrimientos y de la colonización, como en el de la evangelización. Ya desde el alba de la presencia española en el Nuevo Mundo, los Reyes Católicos emanaron una serie de disposiciones o cédulas legales y administrativas con el fin de regular un gobierno recto en aquellas tierras, y afrontar las problemáticas humanas, políticas y evangelizadoras que aquellas situaciones inéditas planteaban. En tal sentido el testamento del 12 de octubre de 1504 y el codicillo de Isabel la Católica añadido el 23 de noviembre de 1504, tres días antes de morir, dan las directivas del proyecto político (relación entre españoles e indios, y derechos de éstos) y de la evangelización e implantación de la Iglesia en América. Aquel texto fue codificado y se convirtió pronto en un texto legal, caso único en la historia constitucional de un país, entrando así a formar parte de la legislación de España sobre las Indias hasta las independencias de sus países.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==2.La población española en el momento del descubrimiento de América== &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se calcula que en el momento del descubrimiento de América, España tenía unos ocho millones de habitantes. De ellos, antes de 1492, medio millón eran judíos (la expulsión en masa de los mismos acontece en 1492) y un millón de mudéjares&amp;lt;ref&amp;gt;Mudéjares: musulmanes que vivieron en convivencia con los cristianos, tras ''la reconquista'' por éstos del territorio peninsular español. La palabra “mudéjar” deriva del vocablo árabe ''mudayyan'', equivalente a “vasallo” o “sometido”; acepción etimológica que no aparece en la documentación medieval, pero que se populariza a partir del siglo XIX.&amp;lt;/ref&amp;gt;a los que luego habría que añadir los “moriscos”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Cómo se distribuía socialmente esta población? Un 80 % era rural. Se daba una endeblez numérica de clases. Lo que hoy se suele llamar &amp;quot;clase media&amp;quot; (pero que en este caso sería un anacronismo), puede ser distribuida de la siguiente manera: un 3%, que no eran clé¬rigos, ni militares, ni campesinos, ni patricios urbanos; eran gente común. Había unos 75.000 clérigos o eclesiásticos&amp;lt;ref&amp;gt;Algunos hablan de un total de unos 40.500 miembros del clero secular o diocesano, pero las estadísticas no son siempre fiables.&amp;lt;/ref&amp;gt;, el 1% de la población, de los que unos 2000 o 3000 pertenecían al llamado &amp;quot;clero alto&amp;quot;. Los nobles o hidalgos de variada posición y entidad eran unos 115.000, el 2% de ese número total. En cuanto a la propiedad las tierras, éstas pertenecían al 2% o 3% de la población que poseían el 97% de las mismas. Esta alta aristocracia, personal o jurídica, era dueña de la mitad de España. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Y cómo se componía ésta aristocracia? Se contaban unas 50 familias unidas por vínculos de sangre y que constituían de hecho una fuerza social, política y económica paralela a la del rey, como lo demuestran las convocatorias de frecuentes “Cortes” para tratar los asuntos importantes del Reino, proclamar o reconocer al rey, que debía jurar sus fueros&amp;lt;ref&amp;gt;Los ''Fueros'' (del latín forum; derechos, leyes) son un cuerpo de leyes, considerado entre las más importantes fuentes del derecho en España.&amp;lt;/ref&amp;gt;, proclamar ante ellas por parte del rey leyes, cédulas reales o disposiciones en los campos civil o eclesiástico y determinar la política a seguir en el Reino. Las Cortes eran en la antigua historia española medieval y en los comienzos de la moderna una asamblea general del Reino que convocaba el rey en los antiguos reinos de España para tratar asuntos de estado, generalmente, la elaboración de leyes y la concesión de impuestos: a las Cortes acudían los representantes del clero, de la nobleza y de las poblaciones importantes, ayuntamientos de ciudades y de villas. En las “Cortes” se encontraban representadas las diversas entidades o corporaciones que componían el Reino. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En todo este tren de vida política, algunos nobles (en realidad pocos), descendientes en buena parte de antiguas familias de caballeros, protagonistas en la reconquista, o de otros nuevos allegados por méritos o por influencias, ocupaban puestos en la Corte real, la que en esa época solía ser “ambulante” a lo largo de ciudades y villas del Reino. Estos nobles, que con frecuencia poseen sus castillos y palacios, comienzan a llevar un tren de vida a veces fastuoso. Estaba luego una pequeña nobleza de mayor peso social y económico, y otra mediana formada por militares, hijosdalgo, y caballeros, que constituyen dos poderosos es¬tratos sociales. El estamento militar asiste por derecho propio a las Cor¬tes. Vive en posesiones rurales e influye en el gobierno a través de la parentela y vínculos de nobleza. De esta pequeña noble¬za se recluta lo mejor de los capi¬tanes, diplomáticos y funcionarios. De la pequeña nobleza salieron muchos obispos (&amp;quot;llanos&amp;quot;, no pertenecientes a la aristocracia o alta nobleza). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se debe también hablar de una incipiente nobleza urbana: terratenientes, ricos por herencia, no comerciantes, y que es más culta que la nobleza militar. Sus hijos llenaban las universidades. También de aquí salen canónigos, obispos, abades. Fueron excelentes secretarios y administradores. Los pobladores de las pueblas (poblaciones fundadas con privilegio real y cuyos vecinos formaban “ayuntamientos” y concejos) y las villas (con sus pobladores llamados &amp;quot;villanos&amp;quot;) tienen acceso o movilidad de ascenso a ese tipo de nobleza y constituyen una parte importante y fundamental en la estructura del Reino. La tendrán en el poblamiento español del Nuevo Mundo con sus fundaciones, al estilo castellano o de la madre patria. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la estructura y en la vida social y política del Reino se encuentra el clero. Constituye un grupo social peculiar dentro de la sociedad. Dentro de él hay de hecho un clero socialmente alto y otro clero bajo, no por procedencia social, sino por los puestos que ocupan en la estructura eclesiástica. El clero tiene un fuerte espíritu corporativo (como en los otros países de la cristiandad medieval hasta la edad contemporánea) para defender sus inmunidades. Su fuerza económica la constituyen los diezmos (en especie, que se subastaban). La mentalidad de cada estrato era fuerte y reflejaba con frecuencia también su procedencia social. El papel del alto clero era notable. Constituían la columna vertebral de muchos sectores de la administración pública, cancilleres, presidentes y miembros del Supremo Consejo de Indias, cuando éste fue creado, y de muchos tribunales. Personajes fundamentales en la España de los tiempos del descubrimiento de América, como el arzobispo Talavera, Deza, los cardenales Cisneros y Mendoza, por citar nombres universalmente más conocidos, lo demuestran. En conjunto forman un grupo notable por &amp;quot;letras y virtud&amp;quot;. Muchos de ellos actuaron en la vida política e incluso en la militar; son parte de la última hornada de prelados-capitanes, como lo fue incluso el cardenal franciscano reformador Francisco Ximénez de Cisneros (que tiene su proceso de canonización introducido). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dentro del clero se encuentra una especie de alto clero menor, generalmente hacen parte de ella los prebendados (que eran dignidades, canónigos o racioneros de alguna iglesia catedral o colegiata). Normalmente son de elevada categoría intelectual. Existen 47 capítulos ca¬tedrales de gran poderío económico y con un nivel moral bastante bueno en general. Sin embargo entre el bajo clero, incluso entre el religioso, se da a veces inmoralidad, ignorancia y pobreza. Este fenómeno de decadencia en una parte del clero regular y secular era un fenómeno de la cristiandad europea de la época, con numerosos intentos de reforma por parte de papas y concilios a lo largo del siglo XV y comienzos del XVI. Basta recordar cómo el tema de la reforma del clero aflora y es tratado específicamente desde el Concilio de Constanza (1414-1418), Ferrara-Florencia (1438-1445), Lateranense V (1512-1517). En este cuadro el caso español corresponde al del resto de Europa. Sin embargo no se puede generalizar. Los concilios provinciales vigilaban y urgían por una reforma de las costumbres entre el clero. El siglo XVI será un siglo de notables &amp;quot;reformas&amp;quot; en este sentido, que verá el florecimiento de muchas Órdenes religiosas reformadas, de varios concilios provinciales y culminará con las reformas del Concilio de Trento (1545-1563). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Había en la España a la que nos referimos lo que se podría llamar &amp;quot;grupos medios&amp;quot;, aunque el término no corresponda a la moderna acepción de “clase social”. Eran gentes de ejercitaban oficios y menesteres necesarios en toda sociedad, especialmente en villas y ciudades como mercaderes y comerciantes, no¬tarios, abogados, barberos (que ejercitaban a veces también una medicina rudimentaria, pero importante), médicos y curanderos y pequeños administradores. Demográficamente eran débiles. De ellos salía 1/3 o 1/4 de los regidores. Solían componer (en reinos como en Aragón) los cabildos de las ciu¬dades. Son la raíz de la futura burguesía industrial y mercantil.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los artesanos constituían una especie de clase o grupo modesto urbano, que vivían asociados en gremios. La artesanía era más bien patriarcal y familiar, y menos técnica de taller, como en Italia o en Flandes. Proporcionaban un tercio o un cuarto de los regidores&amp;lt;ref&amp;gt;Los regidores eran los concejales de los ayuntamientos, miembros del cabildo de Indias o de las corporaciones locales.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Constituían la masa popular en los festejos. Este grupo social tiende a superarse y a presentarse bien. Su vida era suficientemente holgada. La población de todas estas clases sociales componía el 20% de los habitantes de España. Luego estaban los campesinos, que son un 80%, en desigualdad de condiciones, según las regiones. Había campesinos &amp;quot;de señorío&amp;quot;, a veces en penosas condiciones, y campesinos de realengo&amp;lt;ref&amp;gt;Poblador o vecino de una circunscripción o concejo que no era de señorío ni de las órdenes, y que pertenecía a la Corona.&amp;lt;/ref&amp;gt;, a veces muy dignos. Pero toda la población vivía a veces sometida a calamidades y grandes crisis, comunes a todo el resto de Europa, como pestes y enfermedades endémicas y crónicas, sequías o superabundancia de lluvias, inviernos crudos, o veranos tórridos; todo ello provocaba muertes frecuentes y prematuras, y hambrunas frecuentes, sobre todo en las tierras más áridas o secas como las castellanas. Sin embargo estas penosas situaciones, con frecuencia endémicas, no provocaron sublevaciones populares, como sucedió en otros lugares de Europa; basta pensar a las sublevaciones de los campesinos y de los caballeros en la Alemania de los tiempos de Lutero o en otras semejantes en la Italia e incluso en la Roma de los siglos XIV y XV.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y ¿cuál era el valor monetario corriente en esta época? En el caso español el más común era el &amp;quot;ducado&amp;quot;, que correspondía a 375 maravedís, una equivalencia a unos ocho jornales de obrero especializado o veinte jornales de un peón. El marqués de Villena, por ejemplo, tenía 100.000 ducados de renta al año. La Iglesia (sus instituciones y su personal ministerial) tenía seis millones de ducados de renta: dos millones el clero re¬gular y cuatro, el clero secular.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==3. La España católica y la Reconquista==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
1. ''Carácter y temperamento del catolicismo español de la época'': ¿Cómo se explica la vehemencia y también la fuerza del catolicismo español? Hay muchas teorías y opiniones al respecto. No hay que olvidar la característica historia cristiana española a partir del siglo VIII, cuando los musulmanes del Norte de África invaden el Reino español de los visigodos y lo desbaratan en la batalla de Guadalete (Andalucía) donde perece el último rey visigodo Don Rodrigo, que pasará a la leyenda épica española en multitud de romances (711). Casi todo el Reino visigodo español cae bajo dominio musulmán, si se exceptúan las regiones montañosas del Norte, astures, cántabros, vascos, y zonas de la Navarra y de la Cataluña pirenaica. En el año 721 encontramos los hechos conocidos como “''batalla de Covadonga''” en las montañas de Asturias, donde un príncipe visigodo, Don Pelayo (+737), levanta el estandarte de la &lt;br /&gt;
Cruz contra el invasor musulmán y da comienzo a la Reconquista, que se concluirá en 1492, en Granada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue el comienzo del minúsculo Reino de Asturias, que lentamente alargará sus fronteras reconquistando los territorios de León y luego las mesetas castellanas. Dará lugar así al nacimiento, como prolongación del reino asturiano del de León (s. IX), y más tarde al de Castilla (s. X) (Castilla y León unidas de nuevo a partir del 1230), del que nacerá con el tiempo el condado de Portugal (condado dependiente de Castilla a partir del 1094 y luego reino, totalmente autónomo). En el caso Asturiano ya a finales del siglo VIII se funda la ciudad de Oviedo (760), alrededor del monasterio benedictino de San Pelayo, donde el rey Fruela  I (757-768) establecerá su Corte y que alcanzará un notable esplendor artístico en tiempos de su hijo y sucesor Alfonso II el Casto (rey 792-842), contemporáneo de Carlo Magno, con el que mantendrá relaciones culturales y políticas. Nace así aquel arte que todavía hoy se contempla en la región asturiana, el llamado “pre-románico”, la preciosa Cámara Santa de la Catedral de Oviedo, como relicario de valiosas reliquias traídas del resto de la España invadida por los musulmanes, entre ellas la Cruz de la Victoria (símbolo de la reconquista, levantada por su primer caudillo don Pelayo), la de los Ángeles símbolo heráldico de Oviedo, de tiempos del rey Alfonso II, el Santo Sudario y otras muchas de indiscutible valor histórico y religioso. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este tiempo de Alfonso II el Casto, comienza la histórica peregrinación hacia Compostela, lugar donde se señalaba la traslación de las reliquias del Apóstol Santiago y que dará lugar a uno de los tres grandes centros de peregrinación medieval: Santiago, Roma y Jerusalén. Algo semejante comienza a suceder en las estribaciones de los Pirineos aragoneses (como en los alrededores del monasterio de San Juan de la Peña) y catalanes. Son las raíces tempranas de varios condados y marcas del reino de Aragón, con una historia unida a los nacientes reinos de Navarra y de Castilla y de los condados catalanes, cuya historia autónoma comienza a caminar a partir del s. IX, y que pasados varios siglos se unirán a la Corona aragonesa (Alfonso II de Barcelona, conde de la misma y rey de Aragón, une al reino aragonés el condado hereditario de Barcelona en 1162).  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin embargo la reconquista fue dura y larga. De hecho, hacia el año 750, gran parte de la península se encontraba bajo el califato de los Omeyas, en Córdoba, fundado por Abd-er-Rhaman I (756-788), que llega a su máximo esplendor en tiempos del califa Abd-er-Rhaman III (912-961). Y sus caudillos atormentaban con continuas incursiones los territorios cristianos. Así todavía en el año 1000, el caudillo musulmán Almanzor logró llegar hasta la misma Compostela en el oeste y a Barcelona en el este, convirtiendo en tierra quemada cuanto encontraba a su paso . Por ello también los reinos cristianos en su avanzada hacia el sur, de grandes ríos en grandes ríos, desde el Duero hasta el Tajo, van creando espacios desiertos de frontera para estorbar las frecuentes incursiones de los reinos musulmanes. Son la “Extrema-dura”, o las vacías y desérticas tierras fronterizas; se van levantando castillos y fortalezas a lo largo de la geografía hispana que darán también lugar incluso al nombre del futuro condado y reino de Castilla.&lt;br /&gt;
En esta misma época se asiste al nacimiento del califato de Córdoba, que en mundo islámico de la época es de la misma grandeza esplendorosa de los de Damasco y Bagdad, y a su historia cultural incomparable, que ha dejado una herencia imborrable en la cultura mundial e hispana. Entre el 1009 y el 1031, el califato de Córdoba se va dividiendo en pequeños estados independientes (reinos de taifas), entre los que hay que recordar: Toledo y Badajoz (1009); Murcia (1010); Zaragoza (1012); Almería y Granada (1013); Denia (1014), Málaga (1016); Valencia (1021); Sevilla (1023); Mallorca (1015); Córdoba (1031), etc.. luego: Orihuela, Huesca, Jaén, Carmona, Niebla, Algeciras. Incluso Córdoba se erige en una especie de republica aristocrática entre 1031 y 1070; es ocupada por el rey musulmán de Sevilla en 1070; conquistada por los musulmanes Almorávides de África en 1086 y luego en 1148. En 1091 los musulmanes Almohades de Mauritania invaden los reinos musulmanes de la Península ibérica (1091-1229), que serán derrotados por los reinos cristianos unidos en la batalla de Las Navas de Tolosa (1212), comenzando así la fase final de la reconquista cristiana. El rey castellano Fernando III el Santo, conquistará Córdoba el 29 de junio de 1236 y Sevilla en 1248. Ya en 1085, el rey cristiano Alfonso VI de Castilla había conquistado Toledo y la había convertido en su corte; los aragoneses habían reconquistado Zaragoza en 1146. Jaime I de Aragón reconquista Valencia el 29 de septiembre de 1238. El último reino musulmán de la Península ibérica, Granada, será reconquistado por los Reyes Católicos, Isabel y Fernando, el 5 de enero de 1492 .&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''2. La Reconquista'': Entre el 830 y 1030, se vive un período de dos siglos de exaltación cristiana en la Reconquista; florece la cristiandad mozárabe  y nacen o avanzan los reinos cristianos: León, Castilla y Navarra, nace el de Aragón y los condados catalanes, entre los que emerge el de Barcelona cuyos condes, con el andar del tiempo, se convierten en reyes de Aragón, dándose así la unión dinástica entre ambos estados. En los siglos XI, XII, XIII: la Reconquista avanza en las diversas líneas fronterizas: del Duero, luego hasta el Tajo, con la conquista de Toledo, la antigua capital visigoda, la ciudad de las tres culturas o religiones (cristiana, islámica y hebrea, que había alcanzado un enorme esplendor cultural frente al resto de la misma Europa medieval cristiana). Por parte suya se asiste a una decadencia y luego al ocaso del califato de Córdoba, la división del mismo en números reinos de taifas que pueblan el sur de la Península .                    &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los musulmanes del norte de África intentan reconquistar las tierras perdidas y unificar a los reinos de taifas. Son las invasiones de los almohades. Pero en el año 1212 se da el paso definitivo del choque entre los reinos cristianos españoles y los musulmanes de los almohades en la batalla de Las Navas de Tolosa. Es la época que sigue a la renovación de la vida eclesial española a través de la aplicación en España de la reforma gregoriana con el apoyo de benedictinos y cistercienses. Es también la época de las grandes peregrinaciones a Santiago de Compostela, la del románico de los siglos XI al XIII, del nacimiento del gótico con sus grandes catedrales que se extienden por toda la geografía española hasta el siglo XV. En el siglo XIII la vida eclesial se renueva a través de los canónigos regulares primero, de los frailes mendicantes luego, entre ellos Santo Domingo de Guzmán, canónigo en Osma (Castilla), y sus dominicos y la llegada también de los franciscanos, y del mismo san Francisco, peregrino a Santiago de Compostela. Fernando III el Santo de Castilla y León, reconquista Sevilla y Córdoba, y su hijo, Alfonso X el Sabio, da un nuevo esplendor a las letras y a la compilación jurídica de las antiguas leyes hispanas; las tres lenguas de su Reino (latín, castellano, árabe y hebreo) formaban parte del bagaje cultural del Reino . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En Aragón brillan las epopeyas de Jaime I, el conquistador de Valencia del dominio musulmán. A pesar de episodios lamentables para los cristianos, con signos de algunas episódicas luchas dinásticas y señales de decadencia, como en el resto de Europa, los Reinos cristianos españoles han entrado de lleno en el bullir de una conciencia que camina a pasos agigantados hacia el ocaso de la Edad Media y el nacimiento de una modernidad, todavía confusa, con la constitución de reinos-naciones, raíces de los futuros estados nacionales. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''3. La vitalidad de los reinos hispanos'': En este cuadro, los reinos hispanos se encuentran ya plenamente activos en la vida tanto eclesial como civil europea, con tratados, matrimonios reales, participación en la vida cultural europea con las nuevas universidades, de las cuales Palencia y luego Salamanca, pertenecen a la primera generación, o en los grandes y dolorosos conflictos que enturbian la paz de la “christianitas” europea, como los que caracterizan el siglo XIV y comienzos del XV, como el cisma occidental (1378-1417). Las suertes de la reconquista están echadas. Los reinos musulmanes que todavía persisten en el sur o se convierten en vasallos de los reyes hispanos o son reducidos a su mínima expresión, a pesar de momentos de gloria artística, como en el caso del reino nazarita de Granada. En esta época, los aragoneses y catalanes salen de sus fronteras, navegan por el Mediterráneo y buscan alianzas y ensanchar sus fronteras en el mismo: Nápoles, Sicilia, Cerdeña y hasta el extremo oriental del Mediterráneo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el territorio patrio no todo es fácil. El feudalismo antiguo persiste y la nobleza se encuentra inquieta con rebeldías endémicas que producen conflictos civiles y guerras episódicas de carácter dinástico dentro de las mismas familias reinantes, que después de todo se encuentran muy emparentadas entre sí. También en esta época de mediados del siglo XV, siguiendo el ejemplo del hermano Reino portugués, los castellano-leoneses salen al Atlántico e incorporan las Islas Canarias a sus dominios. Nos encontramos en tiempos de Juan II de Castilla y León, el padre de Isabel la Católica. Tras el reinado endeble y discutido de su hijo Enrique IV de Trastamara, llega el reinado de su hermana Isabel I la Católica, que se casará con su primo el príncipe Fernando de Aragón, que pronto se convierte en rey de aquel Reino. Con este matrimonio real, cambia radicalmente la historia española; se concluye la reconquista en Granada (1492) ; se unifican en las personas de los dos reyes los reinos hispanos, bajo el famoso lema del “''Tanto monta monta tanto Isabel como Fernando''” y la simbología heráldica que los dos esposos reales adoptan. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Suceden también momentos muy discutidos por la historiografía antigua y reciente como la expulsión de los judíos (1492), malqueridos por sectores de la gente vulgar y de la nobleza a causa, sobre todo, de su papel en la recolección de los impuestos de la misma Corona y una antigua y jamás escondida animosidad, alimentada por antiguos prejuicios y leyendas populares, y por la persistente acusación de “deicidio” que las acompañaban por ser considerados presuntamente en parte, como una especie de “quinta columna” en la antigua época de las invasiones islámicas, y en la época de su expulsión, de los mismos turcos. Es en este momento histórico, y en el mismo año de toda esta serie de acontecimientos notables en la historia hispana, que acontece la aventura atlántica de Cristóbal Colón y el descubrimiento del Nuevo Mundo. Todo ello abrirá una nueva página en la historia hispana y también mundial. La noche quedaba atrás&amp;quot; .&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==4. La mentalidad común de la época ante la infidelidad y la herejía== &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ocho siglos de esfuerzos en una reconquista  trabajosa, y no siempre constante y uniforme, forjaron un temperamento en la España cristiana de entonces, con sus luces y sus sombras, hasta alcanzar una ordenación unita¬ria. La reforma católica se adelanta casi un siglo y en forma origi¬nal en estos Reinos españoles unidos bajo los reyes Católicos. “España […] que se había convertido en una gran potencia […] se convierte en el país del catolicismo del futuro […] pudo así convertirse en un cierto sentido en la patria espiritual de la restauración católica y de la contra-reforma” . Y esta actitud de lucha continúa bajo el nieto de los Reyes Católicos Carlos I (V como emperador): 1520-1558 frente a la herejía . Los teólogos del siglo XVI no abandonan la idea del “Orbis christianus” frente a la herejía. Según su posición general, no se puede dar ninguna coacción sobre los infieles para abrazar la fe, pero sí sobre los bautizados, para conser¬varla. Quedaba en pie un problema ante la situación en el suelo español de la población no cristiana de judíos y de moros: ¿por qué se da esa disyuntiva con-tra ellos de, o abrazar la fe o de emigrar? ¿En qué sentido el poder civil toma parte en favor de una solución radical en el asunto que lleva a la exclusión de estos grupos divergentes? ¿No fue en parte por motivos meramente seculares y civiles, con la naciente “razón de estado” de querer construir un reino unido (Estado) sin discrepancias o elementos centrífugos? ¿No estuvo esto en parte en los orígenes de la creación del tribunal de la Inquisición para examinar los falsos conversos, sea del judaísmo o del islamismo, y que más tarde se extenderá a otros divergentes religiosos, protestantes o pensadores considerados heterodoxos? ¿Protestaron los teólogos contra este tipo de coacciones? . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==5. La nación española== &lt;br /&gt;
En el contexto señalado se forja un celoso nacionalismo, traducido en el estatuto de “lim¬pieza de sangre”, una especie de “culto al honor nacional e innoble criterio de casta” . Los siglos XIV-XV españoles fueron tolerantes. Para el siglo XVI se suelen dar las siguientes estadísticas de la población española : unos 7.000.000 cristianos viejos; unos 350.000 conversos; unos 300.000 moriscos . De pronto aparece la intolerancia. ¿Por qué? La convivencia de cristianos, judíos y musulmanes en los reinos cristianos españoles durante la Edad Media, había tenido que ver con el proceso de &amp;quot;Reconquista&amp;quot; cristiana española de sus tierras invadidas, y la conquista por parte de los musulmanes, sobre todo de las tierras meridionales que ellos llaman Al Andalus (Andalucía, o “tierra de los Vándalos”, antiguos invasores de la misma de origen germánico en el s. V) y posterior ocupación del territorio por los diferentes reinos cristianos del norte de la península. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La escasa repoblación cristiana de sus nuevos territorios hace que sigan viviendo en ellos un importante número de musulmanes, tanto en zonas urbanas (aunque en barrios propios, como la morería de Zaragoza), como en zonas rurales (como siervos de señorío). El final de la Reconquista - con la toma de Granada- y la política religiosa de los Reyes Católicos, modifican la situación previa: en Granada se producen bautismos en masa, y los Reyes Católicos sólo permiten la religión cristiana en España, por lo que judíos y mudéjares han de convertirse o salir del país. En la lucha enconada contra el creciente poderío turco, se teme su alianza con el mismo y en concreto con los piratas berberiscos y turcos que atacaban las costas de la Europa cristiana. Los moriscos andaluces protagonizan  una insurrección en 1568 (la rebelión de las Alpujarras), que fue sofocada casi dos años después por don Juan de Austria, hermanastro de Felipe II. Los moriscos de esa zona fueron desterrados, hecho que aumentó la suspicacia contra ellos en otras regiones donde los moriscos eran todavía muy numerosos, como Valencia o Aragón. En 1609, con el rey Felipe III, se decretó la expulsión de los moriscos, primero de Valencia, después de los otros reinos españoles. Unos 300.000 tuvieron que abandonar España; la mayoría se dirigió al norte de África. Su marcha tuvo graves consecuencias demográficas y económicas, sobre todo en Valencia y en Aragón, afectando especialmente a la agricultura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todos los problemas señalados son complejos y de diversas interpretaciones. Los Judíos constituían una gran minoría cualificada; habían disfrutado por una parte de la protección de los reyes y por otra del odio del pueblo, debido fundamentalmente a su papel en el campo de la recolección de impuestos y al sistema de ganancias económicas con los préstamos; tal aversión será luego transferida a los falsos conversos o hebreos ocultos (marranos), algo común en otros muchos lugares de Europa y a los musulmanes pseudo-convertidos. En el caso español, ya en 1449 se había dado una explosión de odio en Toledo contra los conversos y  la puesta en marcha del llamado “estatuto de sangre” (el de “limpieza”). Casos semejantes se dieron en Córdoba, Jerez, Jaén, en el Reino de Castilla, y otros muchos semejantes en Aragón y Cataluña . Debido también a las conversiones fingidas, el “estatuto de limpieza” pretendía restarles eficacia social. Aquí están en parte, los orígenes de la Inquisición española, que fue creada en el siglo XV precisamente para aclarar y combatir las conversiones ficticias de moros y judíos . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=6. Nuevos intentos de cruzada ante la caída de Constantinopla en poder de los turcos==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El tema de la “cruzada” flotaba en el ambiente español cristiano desde hacía siglos a lo largo de la “reconquista”, cruzada llevada a cabo en casa, como algunos la han llamado; pero era también una mentalidad muy extendida en la Europa medieval. Baste pensar a los últimos intentos de cruzada contra los turcos en tiempos de Pío II (1458-1464). La urgencia de la defensa contra el avance de los turcos había empujado a los griegos a buscar ayuda en la cristiandad latina occidental, e incluso a una posible reconciliación con Roma recomponiendo la antigua división entre Oriente y Occidente. Tal fue el intento que fracasaría tras el concilio de Ferrara-Florencia (1438-1445), porque no encontró el apoyo necesario en algunos metropolitas orientales y sobre todo en buena parte de los monjes y de la gente desde siempre muy influida por ellos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Constantinopla cae bajo el dominio turco el 29 de mayo de 1453, y su basílica de Santa Sofía será convertida en mezquita después de diez siglos desde su construcción. La caída de Constantinopla causó honda impresión en el mundo cristiano occidental; y no era para menos: había sido, desde los tiempos de Constantino, el corazón del Imperio Romano Oriental o Bizantino. Ahora se convertía en Estambul, cabeza del grande Imperio Otomano, que ponía también pie en el continente europeo, revolucionando así los cuadros políticos del Occidente cristiano. Por ello se explica el impulso que algunos, sobre todo el Papa, quisieron dar lanzando una nueva “cruzada” en defensa tardía del Imperio Bizantino. Fracasarán en sus intentos los Papas Eugenio IV, Nicolás V, Calixto II y Pío II, desde 1433 a 1464, debido sobre todo a las divisiones y rivalidades entre los nacientes estados nacionales europeos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este contexto, Eugenio IV llamó al Occidente cristiano en defensa de aquel Imperio (1443). Casi nadie se movió entonces, a excepción del rey de Polonia y el de Hungría, Ladislao, que fue vencido por los turcos en Varna, junto con el legado pontificio el cardenal Cesarini (1444). En otro lugar meridional de Europa, en Albania, Jorge Castriota, conocido con el nombre de Skanderberg, resistirá a lo largo de 24 años a la invasión turca. La derrota sufrida en Varna fue el prólogo de la caída de Constantinopla. El papa Nicolás V querrá renovar la llamada a una nueva cruzada que no logra comenzar; lo intenta su sucesor, el español Calixto III (1455-58) mandando predicadores de la misma por Europa e invitando a ella a los príncipes cristianos, proponiéndose no sólo liberar Constantinopla, sino también llegar incluso a Jerusalén. También aquí vemos una primera respuesta positiva por parte de los príncipes cristianos, pero que enseguida cae en el vacío.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un ejército cristiano guidado vía tierra por Juan Hunyadi, asistido por el cardenal Carvajal y animado espiritualmente por S. Juan de Capistrano, vence en Belgrado (1456), impidiendo así a los turcos continuar avanzando hacia Viena, mientras que Skanderberg los vencerá en Taormizza (1457), y el cardenal Scarampo, guiando vía mar una escuadra, los derrota en Metelino (1457). Calixto III esperaba entonces de nuevo una respuesta positiva por parte de las potencias cristianas. Pero de nuevo la indiferencia y las rivalidades, agravadas con la muerte de Juan Hunyadi, hicieron fracasar aquellos planes. El sucesor de Calixto III, el humanista Pío II (Enea Silvio Piccolomini) (1458-1464) intentó tomar de nuevo la iniciativa; llegó a convocar una especie de congreso de las potencias europeas en Mantua (1459-1460) donde participó personalmente, pero de nuevo aquel proyecto fracasó por los mismos motivos que los anteriores. Al Papa se le ocurrió una idea totalmente utópica: mandó a Muhammad II, el conquistador de Constantinopla, una carta, espléndida en su estilo literario, en la que le invitaba a convertirse al cristianismo, prometiéndole el imperio de Oriente y de Occidente (¡!). Luego, en 1463, el mismo Papa tomó la decisión de conducir él mismo la cruzada lanzando una invitación en tal sentido al Occidente cristiano. Anciano y enfermo se pone al frente de un ejército en dirección al puerto italiano de Ancona, donde ya agotado muere (1464). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Moría así una antigua utopía y la idea misma de cruzada, que había atravesado con numerosos vaivenes  la historia medieval europea, todavía objeto de enconadas controversias historiográficas y de resentimientos. Sin embargo, en aquellos precisos momentos, y en un cuadro muy distinto en los extremos del mundo europeo, en la Península Ibérica sucedían una serie de acontecimientos, algunos de ellos muy unidos a motivos no lejanos del sentir común de la christianitas europea de la época y de los Papas: la conclusión de la Reconquista, y coincidiendo con la misma, los descubrimientos transoceánicos por parte de Portugal y de España. En el caso español encontramos ingredientes variados e híbridos, muy presentes en la vida política y popular del siglo XV. La conquista de Granada que concluye este ciclo y da comienzo a otro nuevo, la tomó el pueblo como algo suyo . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==7.  La Iglesia Española de finales del S. XV y comienzos del s. XVI== &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
7.1. Para comprender el estilo de la primera evangelización en el Continente americano. España y la Iglesia española fueron los agentes de la evangelización del Nuevo Mundo de lengua española, como en el Brasil lo será el Portugal hermano. Es preciso conocer su idiosincrasia, las potencialidades y limitaciones de su contenido católico. Ya nos hemos referido a la importancia que tenía el clero dentro de la sociedad española del tiempo y a su composición. Nos vamos a fijar en otros elementos de esta España religiosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para comprender mejor &amp;quot;el encuentro del catolicismo ibérico y las culturas americanas&amp;quot;, que &amp;quot;dio lugar a un proceso peculiar de mestizaje, que si bien tuvo aspectos conflictivos, pone de relieve las raíces católicas así como la singularidad del Continente&amp;quot; , es necesario adentrarnos más, tanto en la historia de la España de aquél entonces, como en los primeros pasos de la Iglesia en tierras americanas. El dinamismo que impulsó y que aún continua fecundando tal síntesis, que es el continente latino americano en su configuración, lo constituye la fuerza de la fe católica. Los obispos latinoamericanos escribieron en su reunión plenaria de Puebla, celebrada en 1978: &amp;quot;Con deficiencias y a pesar del pecado siempre presente, la fe de la Iglesia ha sellado el alma de América Latina, marcando su identidad histórica esencial y constituyéndose en la matriz cultural del continente, de la cual nacieron los nuevos pueblos&amp;quot; . Es esto lo que le da sentido a su ser; el encuentro con el Evangelio, con la verdad de que existe Dios Padre Bueno, que nos ha dado a su Hijo Jesucristo para salvación nuestra, bajo el aliento del Espíritu Santo, encarnado y nacido de una mujer (cf. Gal. 4, 4), la Virgen María de Nazaret .&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se tenía mucho cuidado de que las Órdenes que pasaban a América fueran todas reformadas. Serán cinco Órdenes religiosas reformadas o nuevas las protagonistas de la historia de la evangelización en el Nuevo Mundo hispano: los franciscanos, los dominicos, los agustinos y más tarde los mercedarios; a estas Órdenes religiosas antiguas, llamadas mendicantes por su origen y estilo, se sumarán pasado medio siglo los recién fundados jesuitas. Los franciscanos que llegaron a México para emprender la evangelización pertenecían a la más severa y genuina de las Observancias evangélicas. El humanismo español constituía el ambiente cultural de estos misioneros. Es conocida la influencia, por ejemplo, de Erasmo de Rotterdam ; el mismo Zumárraga había leído sus libros, como lo demuestra la carta que envió, el 2 de noviembre de 1547, a fray Francisco del Castillo, provincial de su comunidad en Burgos . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Desde este horizonte los evangelizadores trataron, desde sus posibilidades, de crear una nueva humanidad cristiana, singularmente sana y fiel. “La primera generación de misioneros en México, por ejemplo, los obispos Juan de Zumárraga y Vasco de Quiroga, se caracterizaban por el sello del humanismo contemporáneo; Zumárraga estaba influenciado por Erasmo y Quiroga por Tomás Moro. Esta actitud espiritual fue decisiva en algún modo, y precisamente también en relación con la labor misional” . La extraordinaria labor evangelizadora que realizaron los misioneros en tierras americanas, encuentra en estos altos ideales de reforma y santidad de vida, una de sus principales motivaciones. Son elementos que no podemos dejar de tomar en cuenta al momento de estudiar la labor y los métodos que usaron para lograr la conversión de los indígenas americanos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
España estaba en un momento de apogeo y expansión. Venía de concluir la guerra de reconquista contra el dominio musulmán de su suelo. Los Reyes Católicos otorgan una gran importancia a la fe y alientan con gran energía y constancia un proceso de reformas y austeras observancias que, aunque ya venía gestándose desde hacía tiempo, alcanza con ellos una sistemática propuesta de reforma cristiana. El humanismo español de finales del siglo XV y de todo el XVI es sumamente rico en realizaciones literarias y espirituales. Es un tiempo donde lo épico y lo religioso se entrelazan en un universo cultural sumamente fecundo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
7.2. Una antigua exigencia de reforma en toda la Iglesia La exigencia de reforma en la vida de la Iglesia en cuanto sociedad humana, es un fenómeno continuo en la historia de la Iglesia. En los  finales de la edad Media y comienzos de la Moderna se sentía agudamente, sobre todo en algunos ambientes. Se pedía entre otras cosas una reforma radical “in capite et in membris” (en la cabeza y en los miembros), empezando por una adecuada puesta al día de las estructuras jurídicas (centralización y reservas con los desórdenes consecuentes, fiscalismo y abusos) de la vida eclesiástica del clero alto y de la formación del bajo clero, sobre todo en relación a la atención pastoral de los fieles. La respuesta dada a esta exigencia urgente no fue siempre equilibrada y ortodoxa en muchos ambientes cristianos europeos, ni tampoco fue amplia y promovida con decidida voluntad por parte de la jerarquía de esa época, lo que causará con el tiempo la ruptura de los movimientos protestantes. En este contexto, en varios países de la cristiandad se dan discutidos movimientos de reforma desde el punto de vista de la ortodoxia católica, como los llamados “espirituales” o grupos de frailes franciscanos con ideas eclesiológicas heterodoxas, influenciadas a veces por las teorías de Joaquín de Fiore sobre la existencia de dos iglesias, una carnal y rica, y en contraposición otra espiritual, santa y evangélicamente pobre, Otros sostenedores de ideas radicales heterodoxas serán el inglés John Wicliff y luego el bohemo Jean Hus y otros que preceden en muchos puntos la futura mentalidad cristológica y eclesiológica de los reformadores protestantes, como Jakoubek, Nicolás de Dresde o Wesel Gansford (1419-1489) en Alemania. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Son comprensibles estos movimientos radicales de reforma ante la situación de una jerarquía eclesiástica con frecuencia mundana. Estas tendencias ideológicas, fomentadas también por desórdenes sociales, se agudizaban por la falta de una voluntad eficaz de reforma en muchos responsables eclesiásticos. Sin embargo, lentamente comienza a abrirse paso una mayor voluntad de reforma por parte de la jerarquía eclesiástica (Papas y Concilios) a lo largo del s. XV y comienzos del XVI. Así en el concilio de Costanza y en los concordatos que estipuló Martín V, se ve tal voluntad; éste papa eligió también cardenales óptimos y una buena bula de reforma (16.V.1425), que quedó en letra muerta; en la misma línea decretó el concilio de Basilea con medidas radicales, nunca aplicadas. Los papas siguientes emanaron varios decretos y bulas también en tal sentido, casi siempre ineficaces y raramente aplicados, quedándose en meros proyectos. La historia va adelante con vanos intentos de reforma, incluidos los del concilio ecuménico Lateranense V (1513-1517). La doctrina católica fue siempre defendida, pero las situaciones de desórdenes graves en la vida cristiana continuaron vivos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin embargo, en algunos lugares de la cristiandad occidental se empezaba lentamente un camino de reforma de la vida de la Iglesia, como lo demuestra el llamado fenómeno de la “Devotio moderna”, movimiento eclesial comenzado en los Países Bajos a finales del s. XIV y que se desarrolla a lo largo del XV dando lugar a asociaciones como “los hermanos y las hermanas de la vida común”. “Devotio moderna” significaba “servicio de Dios” con una proyección clara de cristocentrismo, una espiritualidad ascética práctica (contra la mística especulativa de los dominicos alemanes), una marcada tendencia afectiva (de raíces franciscanas, de la escuela de S. Bernardo y del teólogo francés Gerson), una interioridad y subjetivismo notables en detrimento de los contactos, también apostólicos con el mundo, y una insistencia ascética que subraya el papel responsable del fiel en la recepción de los sacramentos. El libro “La imitación de Cristo” es fruto de tal “devoción” y su probable autor, Tomás de Kempis, pertenecía a tal movimiento. Esta espiritualidad ejercitará un influjo en el siglo siguiente en muchos santos y fundadores como Ignacio de Loyola e incluso en algunos protagonistas de la reforma protestante.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
7.3. El movimiento de reforma de la vida religiosa monacal y conventual en la Iglesia. Hay otro aspecto notable en el incipiente movimiento de reforma eclesial de este periodo, y es el comienzo de la misma en el seno de algunas antiguas Órdenes religiosas, en gran parte en un lamentable estado de decadencia, si se exceptúan los Cartujos y en parte los Cistercienses. La peste negra que asoló media Europa en aquellos dos siglos (XIV y XV) había vaciado los monasterios,  que luego se habían llenado con vocaciones mediocres o por motivos que nada tenían que ver con la consagración religiosa. Por ello los nuevos religiosos o monjes vivían con frecuencia una vida disipada, en monasterios y conventos con abundantes bienes, falta de la vida común fundada en privilegios obtenidos de los papas, y con una clausura más teórica que práctica, sobre todo en el caso de las monjas, que en muchos casos provenían de la nobleza y traían consigo sus niveles de vida y privilegios y en muchas ocasiones eran obligadas por motivos sociales a entrar en los monasterios. También aquí las decisiones de Papas y Concilios sobre la reforma religiosa caían en un terreno árido. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este panorama se dan los primeros intentos de refreno religioso, cuando algunos religiosos buscan volver a las raíces carismáticas de su fundación, y se reúnen en un convento donde querían vivir claramente el espíritu de tal origen. En los comienzos, ese convento buscaba ponerse bajo las órdenes del General de la Orden por encima de su Superior Provincial. A tal convento se asociaban otros con el mismo espíritu; se formaban así las “Congregaciones” de reforma, bajo la obediencia a un Vicario con poderes amplios. Se quería llevar a cabo de esta manera la reforma de la Orden. Aquí ahondan sus raíces divisiones sucesivas entre “conventuales” y “observantes”, “calzados” o “descalzos”, etc… en varias antiguas órdenes religiosas, ya a partir de finales del s. XV y sobre todo en el s. XVI. El fenómeno se da en la mayoría de las antiguas, también en España, y tendrá consecuencias notables en la historia de los evangelizadores del Continente americano. No todas las “Congregaciones” duraron, sin embargo favorecieron la reforma, en cuanto extendieron su influjo sobre todo a través de la predicación popular ambulante.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
7.4. El movimiento de reforma de la vida religiosa monacal y conventual en la Iglesia. La historia de la reforma eclesial en España se encuadra en este movimiento. Fue conducida hasta llegar a la gente común, comenzando ya mucho antes del Concilio de Trento y llegando al mismo, que ratificó muchos aspectos que la Iglesia en España ya había puesto en marcha desde hacía tiempo. Una de sus características peculiares fue que la iniciativa vino de los Reyes Católicos, con pasos sucesivos de reforma del episcopado, del clero y del pueblo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La reforma de la vida religiosa en España se dió de manera precisa y orgánica . En el caso de los monjes comienza con la del monasterio de San Benito de Valladolid, por iniciativa del rey de Castilla Juan I (en 1389-1390), con el objetivo de que los monjes viviesen la regla benedictina de manera precisa y rígida, y con voto de clausura perpetua al modo de las Clarisas; reclutó para ello unos 15 monjes provenientes de varios monasterios que se comprometieron a seguir tal vida rígida. Luego evolucionará hacia una mayor elasticidad, pasando a finales del s. XV a constituir una “Congregación” de unos 10 monasterios (en 1524 contaba con 32), y durará en los siglos siguientes. Algo semejante ocurre con los cistercienses con la fundación o reforma de la “Congregación de S. Bernardo de Castilla”, en tiempos de los papas Martín V y Eugenio IV, por obra del monje cisterciense que provenía de los Ermitaños de San Jerónimo (Jerónimos), Martín de Vargas. Esta fundación fue duramente obstaculizada por el capítulo general de Citeaux (cistercienses) a lo largo del s. XV; en 1549 reunía 45 monasterios de los 59 españoles de la Orden. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No se observan generalmente nuevas fundaciones con nuevas Reglas en las grandes órdenes religiosas. Sin embargo en España nacen los Jerónimos (ya presentes en Italia como “Eremitas de S. Jerónimo”). Fue un canónigo de Toledo, Fernando Yáñez de Figueroa y su camarero mayor, Pedro Fernández Pecha, que comenzaron a vivir una vida eremítica, pasando luego a la cenobítica, adaptándose a la regla de S. Agustín, con la aprobación de Gregorio XI en 1373. En 1423, Lope de Olmedo quiso reformar la Orden siguiendo algunas indicaciones que sacó de los escritos de S. Jerónimo, y creó así un nuevo ramo llamado “Congregación de la Observancia de S. Jerónimo”, pero que en España tuvo un éxito muy relativo, uniéndose luego en 1567 al resto de los Jerónimos. Se mantuvieron fieles a la regla de manera bastante rígida; crecerán a lo largo de los s. XV y XVI en España fundando y agregando numerosos monasterios, entre ellos hay que señalar el de Yuste, en Extremadura, donde se retirará el emperador Carlos V, el del Escorial, fundado por Felipe II, y el Guadalupe en el célebre santuario de Extremadura.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En cuanto a las Ordenes mendicantes tuvo en España, como en otros lugares, dificultades notables de reforma, dada su organización centralizada que había favorecido en cierto modo también su decadencia. Sin embargo, tal organización luego favorecerá o pondrá obstáculos a la reforma o la apoyará tibiamente. La historia de la reforma de los mendicantes, también en España dependió en buena parte de estos factores, a parte de los apoyos de papas y reyes, característica de la misma reforma, oposición de superiores locales, intervenciones abusivas de los poderes seculares, etc.. En España la reforma nace por iniciativa autónoma en varias provincias. En Santiago en 1390, que se autonomiza en 1440 de los conventuales; en Aragón, con una tendencia de carácter eremítico y se convierte en una provincia de observancia en 1442; en Castilla, parece ser que la observancia franciscana llega de Sicilia. Todos estos conventos reformados, a partir de 1446, forman con los observantes franciscanos franceses, ingleses, belgas, alemanes norte-occidentales la “Vicaria Ultramontana”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero en España nacen también grupos “ultra-reformistas”. Un primer iniciador de esta tendencia es Pedro de Villacreces (+1422), que se proponía reproducir el ideal de la Porciúncula gobernada por S. Francisco de Asís: vida austera y contemplativa, retiro y vida eremítica dentro del convento, pobreza radical, siempre descalzos, oración prolongada, silencio total. El estudio era reducido al mínimo. El sucesor de Villacreces, Lope de Salinas, aumenta el tiempo dado al estudio teológico y moral para formar predicadores y confesores, usando pequeños manuales. Prosigue esta línea el antiguo jerónimo Juan de La Puebla (+1495) con la reforma del convento de Santa María de los Ángeles de Sevilla. De este grupo nace la reforma de Juan de Guadalupe, la observancia rigurosísima, que da mayor fuerza a la predicación y al apostolado. Estos grupos diversos de franciscanos reformados continúan difundiéndose a partir de 1517; entre ellos se encuentra el de San Pedro de Acantara, confidente de Santa Teresa de Jesús, llamados “alcantarinos” o “pascualitas-alcantarinos”. A estos grupos reformados de franciscanos pertenecen los primeros grandes misioneros franciscanos del Continente americano. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra Orden religiosa reformada en España es la de los Agustinos. La formación de la “Congregación de observancia” española tiene una propia historia. Parece ser que su primer convento fue el de “Domus Dei” de Castelví de Rosanes en Cataluña (1420), que permaneció solo y aislado en medio del conventualismo hasta 1569. La “Congregación de observancia” española surge de hecho en Castilla por obra de Juan de Alarcón (+1451 c.), que actuó bajo la protección del padre general Favaroni y tras haber conocido la fuerte renovación de la Orden en Italia. Así se crea en España una “Congregación de observancia” ya en 1438, con 4 conventos de frailes y uno de monjas. Alarcón obtuvo en aquel mismo año la bula de confirmación de parte del Papa, mientras que en los demás casos italianos las bulas llegarán decenios después. La extensión de esta reforma en España se puede deducir del hecho que en 1504-5 se decretó la unión de la “Congregación de Observancia” con la Provincia agustiniana española, que tras divisiones y tensiones, sólo se pudo actuar en 1512. Ello se debió gracias a los Reyes Católicos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La historia de la reforma de los dominicos españoles tiene características semejantes. Ya en el Capítulo general de Burgos (1413), el general de obediencia aviñonesa (nos hallamos en los tiempos del cisma de Occidente), Juan de Puinoix, trata de eliminar los defectos más salientes en la Orden con fuertes medidas disciplinares, incluida la cárcel, y de restaurar la vida común. Probablemente tuvo un gran influjo San Vicente Ferrer con su vida santa, su predicación y sus escritos (Tratado de vida espiritual). Pero la verdadera reforma hay que señalarla también aquí en el método de la fundación de  “Congregaciones de observancia”, alrededor, parece ser de Santa Catalina de Siena (+1380) y de su confesor Raimundo de Capua, maestro general de la Orden a partir del 22 de mayo de 1380. La lista de dominicos eminentes que llevan adelante la reforma de la Orden en Europa, a partir de Italia, es abundante. En España comienza en Castilla en 1423 y recibe el reconocimiento de derecho pontificio en 1478. Su desarrollo se debe a los Reyes Católicos, por lo que en 1505 se une a la Provincia dominica de aquel Reino, eliminando los conventos no reformados e introduciendo la Observancia. Una de sus características fue su expansión a partir de un convento reformado, lo que se puede señalar como un ejemplo de reforma a partir de la base. En estas “Congregaciones de observancia” se quiere volver a la experiencia primera de la Orden y se resuelve el problema de la pobreza buscando una línea media: queda la “mendicidad” como ideal, pero se corrige con otros medios de subsistencia, cuando aquella se mostraba insuficiente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El caso de la Orden de los carmelitas, sea en el s. XV como en el XVI, sigue un itinerario parecido. Se pueden enuclear varias reformas serias: dos de “Congregaciones de observancia” fuera de España ya en el s. XV (las de Mantua en Italia y de Albi en Francia), y las del s. XVI, la general de Nicolás Audet de toda la Orden (1524), y la teresiana en España, que coincide con la historia de la reforma de la gran Santa Teresa de Jesús (1515-1582), seguida por su discípulo San Juan de la Cruz (1542-1591), los dos grandes místicos y literatos incomparables en su género. En España hay otras órdenes mendicantes, que en esta misma época siguen el camino de la reforma y que tendrán también un papel importante en la evangelización americana, principalmente los Mercedarios y los Trinitarios, ambas órdenes fundadas para la redención de cautivos en manos de los musulmanes del Norte de  África. La primera de estas dos órdenes, que pasarán tempranamente a América (el capellán de Cortes fray Bartolomé de Olmedo, muerto en 1524, era un mercedario),  desarrollará un papel fundamental en la historia de la evangelización americana.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La estructura de las “Congregaciones de observancia” de los mendicantes son bastante comunes. Son ordinariamente reconocidas, algunas por documentos papales (de derecho pontificio), otras por el general de la misma Orden. No crean sistemas jurídicos nuevos, como en el caso de los monjes; introducen sólo un gobierno doble, casi completo, dentro de la misma Orden, autónomo en relación a sus provinciales locales, pero no en relación al general de la Orden. La historia de cada caso muestra con frecuencia caminos y características peculiares. Estas reformas quisieron ir a la raíz de los males y cortarlas de cuajo. Se caracterizan en general por la pobreza vivida, la austeridad, la vida común, la penitencia aflictiva, la meditación y la “lectio divina” y con ella el silencio; un monje-abad de Monserrat en Cataluña preparará un tratado y meditaciones titulado “Exercitatorio de la vida espiritual” que ejercerá un influjo notable en tal sentido en todas las Órdenes de observancia. Al contrario, el tiempo dado al estudio estaba marcado por las necesidades apostólicas más que por una necesidad intelectual en sí; puede decirse, que sobre todo en sus comienzos, hubo una reacción contra los estudios académicos, o al menos una indiferencia y desestima para la formación sacerdotal. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La razón de esta desestima, sobre todo en el mundo de los monjes de este tiempo, era el pretender una oposición entre el monje “homo devotus” y “homo spiritualis” por una parte y del “homo doctus” por otra. El problema se empezará a resolver a lo largo de los primeros decenios del s. XVI, cuando los monjes reformados comienzan a erigir también colegios universitarios, pero el desarrollo fue bastante lento. Por su parte en las Órdenes de observancia encontramos actitudes muy diversas. En el caso español los agustinos, por ejemplo, son más bien contrarios. Lo mismo sucede con otras Órdenes. El rechazo de los grados académicos se fundaba en que habían sido en su tiempo una de las causas de la decadencia religiosa. Los dominicos resuelven el problema admitiendo a los mismos a frailes de virtud probada, y combatiendo los antiguos privilegios que tenían los titulados lectores (profesores o doctores). Poco a poco todas estas Órdenes resuelven el problema instituyendo en cada provincia casas de estudios, esto a partir de mediados del s. XV; sin embargo sigue durante mucho tiempo la oposición a los grados académicos. Así los agustinos de Castilla tardan hasta 1542 en organizar los estudios humanísticos, filosóficos y teológicos, cuando el General Seripando le impone una organización de los estudios para dar una mayor formación a los frailes candidatos al sacerdocio. La solución al problema fue positiva gracias a que la Observancia religiosa se consideró el valor principal al que se debían subordinar los otros valores. Además la solución ejemplar la habían ya ofrecido las grandes figuras reformadoras, que entran doctas y santas, es decir estrictamente observantes y regulares, y que se encontraban tanto en los monjes reformados como en las Congregaciones de Observancia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuanto hemos afirmado sobre la reforma de la vida religiosa en los reinos españoles de Castilla y Aragón, se puede aplicar en parte, aunque no con la misma radical insistencia, en el reino de Portugal. Entre las reformas destaca la de los franciscanos, llamados “Capuchos” (que no se debe confundir con los Capuchinos), favorecida por Alfonso V, y cuyo centro fue Varatojo. Estos franciscanos se distinguirán también por su compromiso en la empresa evangelizadora portuguesa bajo el Padroado.&lt;br /&gt;
7.5. La reforma del episcopado en la España de los Reyes Católicos y de comienzos del s. XVI. Los Reyes Católicos, la Reina Isabel sobre todo, habían promovido una reforma del clero diocesano y regular, basados en criterios válidos, no siempre exentos de cálculos también políticos, que Fernando no siempre había aplicado. No faltarán tensiones entre Fernando (+1516), Julio II y León X sobre las provisiones episcopales, porque el rey tendía a presentar los candidatos con el sistema de la “súplica”, cuando no existía el patronato (como era el caso de Granada). Con los criterios adoptados –naturales de los reinos, honestos, de la clase “burguesa”, doctos- los reyes Católicos no solamente habían puesto en marcha una reforma, especialmente en Castilla; habían también unido los obispos a la Corona. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Carlos I (V), nieto y sucesor de los Reyes Católicos (rey 1516-1556), quiere obtener de la Sede Apostólica lo que la misma había concedido con un concordato en 1516 a Francisco I de Francia. Lo obtiene de Adriano VI (1522-1523) (que había sido su consejero y regente en Castilla durante su ausencia obligada por motivos de su elección como emperador del Sacro Imperio Romano en 1520); es decir el patronato sobre Castilla y Aragón, tras haberlo obtenido sobre Pamplona (Navarra) (4-28 de mayo de 1523) con el ius patronati et praesentandi. Con la bula “Eximiae devotionis affectus” (6.9.1523) obtiene el patronato, por lo tanto el derecho de presentar a los candidatos, a todos los obispados, abadías y otros beneficios consistoriales. Tal concesión fue revocada el 3 de abril de 1527 bajo Clemente VII (1523-1534) con el voto del Consistorio, porque había sido concedida sin el voto del Colegio cardenalicio; tras el saqueo de Roma (1527), con la bula “Etsi ea quae” en Bolonia, antes de la coronación imperial de Carlos V (el 11 de enero de 1530), confirmada por Pablo III el 7 de julio de 1536, Carlos V obtenía de nuevo el patronato y el derecho de presentación. Desde este momento en adelante, durante siglos, los nombramientos episcopales estarán en manos del Rey de España en sus Reinos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La reforma de la vida eclesiástica comenzada por los Reyes Católicos empieza por la elección al episcopado de obispos doctos y rectos. Criterios de reforma: que fueran españoles, doctos, virtuosos, llanos (no aristócratas), residentes. &amp;quot;El clero de España es el nervio de la Cristiandad&amp;quot;, habría dicho San Carlos Borromeo en los tiempos del Concilio de Trento . Los Reyes quieren que el Papa nombre obispos españoles porque debían residir en sus diócesis, de vidas íntegras; no nobles, para que no se convirtiesen en señores feudales. En su época brillaron de manera especial algunas figuras. Entre ellas destacan las figuras del jerónimo fray Hernando de Talavera (c. 1430-1507), primer arzobispo de Granada después de la Reconquista, confesor de Isabel la Católica y el tipo ideal de obispo; el arzobispo, y teólogo dominico de Salamanca, fray Diego de Deza (1443-1523), el arzobispo y cardenal franciscano fray Francisco Jiménez de Cisneros (1436-1517) . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hernando de Talavera lleva una vida santa, con la celebración diaria de la Misa, el catecismo a los niños, reunión-capítulo mensual con los párrocos, y fundación de un seminario modelo, entre otros aspectos. Diego de Deza formó parte del Consejo de Sabios que examinó las propuestas de Colón, y fue uno de los pocos que consideró las mismas como viables. De ahí nació la gran amistad y admiración que el Almirante sintió siempre por Deza. Francisco Jiménez de Cisneros, figura fundamental en la historia religiosa y política de la España de su tiempo y en los comienzos de la evangelización de América, quien reformó a su Orden franciscana de la que era provincial en medio de oposiciones y de luchas. La Reina Isabel le ayudó en estas reformas, especialmente en la de las monjas. Para formar el clero funda los llamados “collegia minora” para el estudio de las letras, y los “collegia maiora” para la filosofía y la teología. Recomienda al clero doctrina, pureza de costumbres, empeño pastoral y litúrgico. Él fue el restaurador en Toledo de la liturgia mozárabe. En el mundo de la cultura ha pasado a la historia como humanista en cuanto funda la Universidad de Alcalá (Complutum) (1508) con un claro planteamiento humanístico y moderno, que edita la Biblia poliglota complutense en 6 volúmenes. Edita también varias obras devocionales en español, como la Vida de Cristo de Ludolfo y otra obras de la “Devotio Moderna”, que prepararon el florecimiento de los grandes místicos del siglo XVI. Además renovó la enseñanza de la teología. Su metodología será indicada por el teólogo dominico Melchor Cano en su “De locis theologicis” y por los estudios jurídicos del también dominico Francisco de Vitoria en Salamanca. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era un nuevo método de estudio de la teología que superaba el bizantinismo de una escolástica decadente, y trataba las cuestiones más importantes y candentes del momento. Se quería una exposición sencilla, sobria, elegante, a partir de las fuentes (Escritura, Padres, Concilios, documentos eclesiásticos); sustituye las “Sentencias” de P. Lombardo con la “Summa theologica” de Sto. Tomás. Así se preparan los maestros de los grandes teólogos españoles que acudirán a Trento o a sus discípulos. En Alcalá estudiará una  falange de grandes figuras del humanismo español, algunos como San Juan de Ávila (c. 1499-1569), declarado doctor de la Iglesia (2012), o personalidades que ejercitarán un papel importante en la historia de la evangelización y de los derechos humanos en América, como el p. jesuita José de Acosta (1540-1600) .  Esta Universidad contará con célebres maestros, entre ellos el dominico Domingo de Soto (1494-1560) y celebres alumnos. Con algunos entablará una amistad duradera, como con Don Pedro Guerrero, futuro arzobispo de Granada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La España cultural de la época comienza a respirar con los dos pulmones culturales de las universidades de Salamanca y de Alcalá. En estas universidades asistimos a un renacimiento del humanismo renacentista, con varias corrientes que lo caracterizan: vuelta a los estudios bíblicos en Alcalá (Biblia Políglota), con referencias a una teología positiva, siguiendo las huellas de los Padres, y reformismo eclesiástico. Encontramos también en ellas corrientes humanísticas, filosóficas y teológicas de matrices diversas, como el tomismo, el escotismo, y en medida menor algunos brotes nominalistas, y el influjo de humanistas como Erasmo y Tomás Moro. En estas universidades echan sus raíces las corrientes jurídicas que las harán célebres en el campo del derecho de gentes o internacional, con figuras como los dominicos Francisco de Vitória y Domingo de Soto y otros conocidos teólogos que ejercerán un fuerte influjo en el Concilio de Trento (1545-1563). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta reforma del episcopado no encontró un camino llano y fácil. Cuando Fernando el Católico muere en 1516, el cuadro del episcopado español no era homogéneo. La mayor parte de los obispos era ciertamente digna y muy convencidos del servicio al Rey, de buena altura eclesiástica e intelectual, aunque se daban casos de obispos poco dignos, nombrados por motivos de parentesco; había cardenales que no residían en sus sedes, nombrados por razones de amistad; había también obispos nobles, nombrados gracias a su proveniencia social y algunos por ser flamencos o por intereses con aquellos territorios bajo la Corona española, a partir de Carlos V . El emperador Carlos trató de seguir los criterios establecidos por los reyes Católicos, pero no siempre los mantuvo totalmente, lo que llevó a veces a consecuencias negativas, aunque en menor medida que en otros países europeos. ¿Cuáles habían sido los criterios de los reyes Católicos, sobre todo de Isabel? Ante todo la elección de personas doctas. Carlos V escogerá fundamentalmente personas preparadas y bien formadas en colegios eclesiásticos universitarios españoles, en los “Estudios generales” de los religiosos y en las universidades italianas. En su día, el cardenal franciscano, arzobispo de Toledo y primado de España, confesor y consejero de la reina Isabel y luego regente del Reino hasta su muerte (+ 8.11.1517), optó por teólogos, preferentemente canonistas, contra la tendencia que se daba en Italia, Inglaterra y franca. Este criterio será luego seguido por el Consejo real. Por ello los obispos españoles darán una notable aportación en el concilio de Trento. La reina Isabel había querido obispos honestos y había seguido rigurosamente este criterio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fernando fue menos severo en este campo, por lo que encontramos algún caso de obispos con hijos como  Alonso de Aragón (+1520), hijo del rey Fernando, arzobispo de Zaragoza y con hijos. Por su parte Carlos V aplicó aquel mismo criterio, también porque podía disponer de sacerdotes formados en los colegios de Talavera y de González Mendoza. La extracción social de los obispos era prevalentemente de la clase media. Carlos V por su parte nombrará luego también nobles, españoles y extranjeros, por motivos de gratitud y no siempre por razones eclesiásticas. El primero de ellos fue el joven Guillermo de Croy, de 20 años, que sucedió al gran Cisneros en Toledo ; era ya obispo de Cambray y cardenal, y nunca puso los pies en España. Dio también el obispado de Valencia a Eduardo de la Marca, obispo de Lieja, porque le servía para el Imperio . Se cuentan hasta 30 provisiones suyas de este tipo de obispos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para salvar el principio de los Reyes Católicos (“obispos naturales de estos reinos”), el rey Carlos concedía “cartas de naturalización” por las que se habilitaba a estos extranjeros a ser nombrados obispos de cualquier diócesis española; y si no podía dar provisiones de obispados, les daba pensiones sobre las rentas de estas diócesis. Estas provisiones llevaron al absentismo. Los obispos españoles debían comprometerse a residir en sus diócesis para poder recibir la provisión, con una especie de pacto, como dirá un obispo español en el concilio de Trento. Pero no la exigía de los extranjeros, que a veces eran cardenales italianos de curia. La exige de los españoles residentes en Roma o en la Corte. Pero era él mismo a dificultar o a imposibilitar la residencia porque se servía de los obispos para los servicios administrativos, civiles, para la dirección del consejo real, para las Cancillerías de Valladolid y de Granada, como embajadores, etc. Así, por ejemplo, el cardenal Pedro Pacheco, primer obispo residencial de Pamplona después de 80 años, nunca estuvo ni en Jaén ni en Sigüenza, sedes a las que había sido trasferido (1545-1560), y fue también virrey de Nápoles. El inquisidor Fernando Valdés nunca residió en alguna de las diócesis para las que había sido nombrado, e incluso consideraba abstractos a los “frailes teólogos” (como Victoria) y a los predicadores, como Pablo de León, que criticaban duramente este ausentismo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por todo ello vemos que en tiempos del emperador Carlos V en sus dominios europeos, también en España hubo periodos en los que encontramos que pocos obispos residían en sus diócesis. El hecho ahondaba sus raíces en motivos de ambiciones a ser trasladados a sede más importantes, por ser más ricas, con posibilidades de ejercer influencias y tener mayores poderes; en una palabra, una mundanidad infiltrada en aquellas esferas episcopales, denunciadas con dureza por parte de figuras episcopales del calibre del agustino Santo Tomás de Villanueva (1486-1555), arzobispo de Valencia , y más tarde en el concilio de Trento por parte del obispo dominico portugués Bartolomé de Martyribus en su “Stimulus pastorum” .  A pesar de estos límites, serán los obispos españoles quiénes en Trento lucharán por la reforma del episcopado y por la residencia de los obispos en sus diócesis.&lt;br /&gt;
7.6. El clero inferior. Hacia finales del s. XV y comienzos del XVI el clero, tanto el secular como el regular, contaba como ya se ha indicado, un alto porcentaje de miembros. En el clero diocesano había un clero “medio”, al que pertenecían los canónigos de los capítulos, el de las colegiatas y los párrocos de parroquias importantes. Los canónigos como cuerpo habían sufrido el contragolpe de la acción de los reyes Católicos. Esta clase clerical pertenecía de hecho a la antigua estructura feudal, por lo que buscaron  defender su posición. Con frecuencia vivían con un tenor de vida bastante secular y garantizaban también una serie de beneficios a su parentela, por lo que con frecuencia accedían a estos cargos, más por intereses económico-sociales que por vocación a la vida clerical. Pertenecían al considerado clero bajo, la mayoría de los párrocos, de los capellanes y de los beneficiados menores. Tenían que ejercitar un oficio para poder vivir porque las rentas del beneficio no eran suficientes. Los reyes Católicos trataron reformar también a este clero, juntamente con obispos y otros prelados, buscando la promoción del sacerdote reformado ideal. En esta empresa tendrán luego un papel fundamental  muchos tratadistas teológicos, jurídicos y humanistas como Vitoria, el arzobispo de Toledo Carranza, Soto, San Juan de Ávila, fundador en su tiempo de varios colegios-seminarios para la formación del clero, ya antes de Trento , Luis de Granada y otros muchos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A la luz de cuanto descrito surge una pregunta obligada: ¿Se puede hablar en un sentido apropiado y estricto de una Iglesia “nacional” española, como se habla de la “Iglesia galicana” en Francia o de la “Iglesia anglicana” en Inglaterra? Las tendencias eclesiales centrífugas se dan en varios países de Europa y se agudizarán a partir del siglo XVI. No parece que se pueda hablar en el mismo sentido en el caso español y en el portugués. Ciertamente en España y Portugal se podría ver en sistema  del “Patronato” y del “Padroado” una expresión centrífuga. Sin lugar a dudas existe una conciencia bastante claro de la propia identidad nacional y eclesial, pero sin llegar a los límites de las concepciones de buscar la creación de una Iglesia autónoma del Papado, ni siquiera la defensa de “unas libertades eclesiales adquiridas” como sucedía en otros países europeos. La fidelidad al Romano Pontífice nunca fue puesta en duda a lo largo de esta historia ni por los Reyes ni por los obispos, juristas y teólogos españoles. Incluso el largo proceso de elaboración de la doctrina sobre el Patronato no fue ni fácil ni unánime. Se legisló sobre la exclusión del episcopado de todo extranjero, en la práctica esta regla fue con frecuencia olvidada o se encontraron salidas para evitarla. Incluso las “represalias” que tomaban los Reyes contra Roma, fueron siempre mitigadas por el realismo en las relaciones, tensiones sin ruptura, que al final se recomponían. En todo caso serán más duras en el siglo XVIII con la dinastía de los Borbones, incluso con nuevas y más radicales interpretaciones en favor de las dos Potencias católicas del Patronato o del Padroado, pero ya era una situación nueva que la Iglesia vivía en toda la antigua cristiandad europea bajo los regímenes del absolutismo ilustrado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==NOTAS:==&lt;br /&gt;
  &lt;br /&gt;
&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==BIBLIOGRAFÍA:==&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
'''FIDEL GONZÁLEZ FERNÁNDEZ'''&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.56.173</name></author>
		
	</entry>
	<entry>
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		<title>ESPAÑA; la sociedad española en la época de los descubrimientos</title>
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		<updated>2014-03-28T20:43:34Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.173: /* 2.La población española en el momento del descubrimiento de América */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;==ESPAÑA; la sociedad española  en la época de los descubrimientos== &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==1. La España de los Reyes Católicos==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Durante la llamada Edad Media, la Iglesia había sido el punto de referencia en la creación en la Península Ibérica de una historia común. Algo semejante había sucedido también en la Europa medieval, pero en el siglo XVI aquella historia común europea se interrumpe con las divisiones religiosas y culturales. El momento en el que sucede el encuentro entre España y América coincidió con el paso de una época a la otra. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La unidad dinástica de los reinos hispanos sucede en 1479 con la fusión personal de Castilla-León y Aragón-Cataluña, por el matrimonio de los dos monarcas de ambos reinos: Isabel I (la Católica) de Castilla-León y Fernando V (el Católico) de Aragón. Doce años después (el 6 de enero de.1492),con la reconquista del reino moro de Granada, se cierra el ciclo de la reconquista y la unidad practica de los reinos españoles, bajo el lema que adoptan de igualdad de poderes y unidad de decisiones de las dos Coronas en una, con el lema “''tanto monta, monta tanto, Isabel como Fernando''”, y la simbología heráldica para expresar aquella unión (el ''Yugo'', letra inicial de Isabel, entrelazado con la ''Flechas'', letra inicial de Fernando). Este hecho tendrá repercusiones incalculables en el futuro de la misma España como en el Nuevo Mundo, que pronto iba a entrar en la escena mundial de la mano española. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una frase: &amp;quot;''en cabeza del rey''&amp;quot;, iba a expresar lapidariamente el papel de la monarquía en aquella empresa: frase que ya se encuentra en autores de la primera hora, y que viene a significar el papel o responsabilidad del Rey o de la Corona en todos los asuntos del gobierno, tanto civil como eclesiástico, del Nuevo Mundo: administración de la justicia, patronato, legislación, defensa de los derechos del indio, etc., como Fray Domingo de Betanzos, Francisco López de Gómara, en su ''Historia General de las Indias'', o más tarde Felipe Guamán Poma de Ayala (comienzos del s. XVII) y muchos otros recuerdan en sus historia y crónicas.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
La España de los reyes Católicos era una España claramente identificada con la historia que le había dado origen. Su monarquía conservaba todavía esta conciencia. Tal es la clave para comprender muchas iniciativas políticas y religiosas de los Reyes Católicos, Isabel I la Católica de Castilla y Fernando V el Católico de Aragón, y de sus descendientes, principalmente Carlos I (V como emperador del Sacro Romano Imperio Germánico) y Felipe II, y de sus descendientes los demás reyes de la Casa de Austria española (o Augsburgo). Durante el reinado de los reyes Católicos acontecen en la historia nacional española algunos grandes hechos: la unión dinástica de los dos grandes reinos ibéricos de Castilla-León y de Aragón-Cataluña con el consiguiente reforzamiento de la monarquía y la regularización del sistema administrativo de la Corona; la reforma de la vida eclesial en sus diversos niveles; la conclusión de la lucha secular de la reconquista del dominio musulmán del suelo patrio, que antiguamente había formado el reino hispano-visigodo; el comienzo de la expansión transoceánica que dio como resultado la llegada a las tierras del Nuevo Mundo, que para el historiador, capellán de Cortés, Francisco López de Gómara, había sido “''el más grande acontecimiento después de la creación del mundo si se exceptúa la encarnación y la muerte de Aquel que lo había creado''”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta empresa política, pero también evangelizadora, fue posible gracias a la existencia de un sujeto tanto político como católico en la comunidad hispana, impregnada en este último caso de una conciencia de la fe católica, sea a nivel popular como en la Corona. Los Reyes Católicos tenían una clara conciencia de su autonomía política en la esfera secular. La tenían también como cristianos. También como príncipes católicos no estaban exentos de una mentalidad jurídica muy extendida en las relaciones entre los Estados cristianos nacientes y la Iglesia de querer controlar la vida eclesial en sus Estados, pretensión común en los gobernantes (o príncipes) cristianos de esta edad moderna. Tal pretensión, que databa ya de siglos anteriores, llevaría en muchos casos a caer en la tentación, nunca escondida, de crear de hecho Iglesias nacionales, bajo el control del Estado. En el siglo XV, a pesar de la crisis conciliarista, tenían una sana conciencia del papel del Papa como cabeza de la Iglesia y reconocían su misión y supremacía en el campo eclesial y espiritual, “''no reconociendo superior temporal sino a Dios Omnipotente, y dando la obediencia espiritual debida al Sumo Pontífice y a la Iglesia apostólica de Roma''”, como escribía entonces Fernández de Oviedo, uno de los primeros testigos e historiadores de la conquista en el Nuevo Mundo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El papel de la corona fue fundamental en los tres siglos siguientes, tanto en el ámbito de los descubrimientos y de la colonización, como en el de la evangelización. Ya desde el alba de la presencia española en el Nuevo Mundo, los Reyes Católicos emanaron una serie de disposiciones o cédulas legales y administrativas con el fin de regular un gobierno recto en aquellas tierras, y afrontar las problemáticas humanas, políticas y evangelizadoras que aquellas situaciones inéditas planteaban. En tal sentido el testamento del 12 de octubre de 1504 y el codicillo de Isabel la Católica añadido el 23 de noviembre de 1504, tres días antes de morir, dan las directivas del proyecto político (relación entre españoles e indios, y derechos de éstos) y de la evangelización e implantación de la Iglesia en América. Aquel texto fue codificado y se convirtió pronto en un texto legal, caso único en la historia constitucional de un país, entrando así a formar parte de la legislación de España sobre las Indias hasta las independencias de sus países.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==2.La población española en el momento del descubrimiento de América== &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se calcula que en el momento del descubrimiento de América, España tenía unos ocho millones de habitantes. De ellos, antes de 1492, medio millón eran judíos (la expulsión en masa de los mismos acontece en 1492) y un millón de mudéjares  a los que luego habría que añadir los “moriscos”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Cómo se distribuía socialmente esta población? Un 80 % era rural. Se daba una endeblez numérica de clases. Lo que hoy se suele llamar &amp;quot;clase media&amp;quot; (pero que en este caso sería un anacronismo), puede ser distribuida de la siguiente manera: un 3%, que no eran clé¬rigos, ni militares, ni campesinos, ni patricios urbanos; eran gente común. Había unos 75.000 clérigos o eclesiásticos , el 1% de la población, de los que unos 2000 o 3000 pertenecían al llamado &amp;quot;clero alto&amp;quot;. Los nobles o hidalgos de variada posición y entidad eran unos 115.000, el 2% de ese número total. En cuanto a la propiedad las tierras, éstas pertenecían al 2% o 3% de la población que poseían el 97% de las mismas. Esta alta aristocracia, personal o jurídica, era dueña de la mitad de España. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Y cómo se componía ésta aristocracia? Se contaban unas 50 familias unidas por vínculos de sangre y que constituían de hecho una fuerza social, política y económica paralela a la del rey, como lo demuestran las convocatorias de frecuentes “Cortes” para tratar los asuntos importantes del Reino, proclamar o reconocer al rey, que debía jurar sus fueros , proclamar ante ellas por parte del rey leyes, cédulas reales o disposiciones en los campos civil o eclesiástico y determinar la política a seguir en el Reino. Las Cortes eran en la antigua historia española medieval y en los comienzos de la moderna una asamblea general del Reino que convocaba el rey en los antiguos reinos de España para tratar asuntos de estado, generalmente, la elaboración de leyes y la concesión de impuestos: a las Cortes acudían los representantes del clero, de la nobleza y de las poblaciones importantes, ayuntamientos de ciudades y de villas. En las “Cortes” se encontraban representadas las diversas entidades o corporaciones que componían el Reino. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En todo este tren de vida política, algunos nobles (en realidad pocos), descendientes en buena parte de antiguas familias de caballeros, protagonistas en la reconquista, o de otros nuevos allegados por méritos o por influencias, ocupaban puestos en la Corte real, la que en esa época solía ser “ambulante” a lo largo de ciudades y villas del Reino. Estos nobles, que con frecuencia poseen sus castillos y palacios, comienzan a llevar un tren de vida a veces fastuoso. Estaba luego una pequeña nobleza de mayor peso social y económico, y otra mediana formada por militares, hijosdalgo, y caballeros, que constituyen dos poderosos es¬tratos sociales. El estamento militar asiste por derecho propio a las Cor¬tes. Vive en posesiones rurales e influye en el gobierno a través de la parentela y vínculos de nobleza. De esta pequeña noble¬za se recluta lo mejor de los capi¬tanes, diplomáticos y funcionarios. De la pequeña nobleza salieron muchos obispos (&amp;quot;llanos&amp;quot;, no pertenecientes a la aristocracia o alta nobleza). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se debe también hablar de una incipiente nobleza urbana: terratenientes, ricos por herencia, no comerciantes, y que es más culta que la nobleza militar. Sus hijos llenaban las universidades. También de aquí salen canónigos, obispos, abades. Fueron excelentes secretarios y administradores. Los pobladores de las pueblas (poblaciones fundadas con privilegio real y cuyos vecinos formaban “ayuntamientos” y concejos) y las villas (con sus pobladores llamados &amp;quot;villanos&amp;quot;) tienen acceso o movilidad de ascenso a ese tipo de nobleza y constituyen una parte importante y fundamental en la estructura del Reino. La tendrán en el poblamiento español del Nuevo Mundo con sus fundaciones, al estilo castellano o de la madre patria. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la estructura y en la vida social y política del Reino se encuentra el clero. Constituye un grupo social peculiar dentro de la sociedad. Dentro de él hay de hecho un clero socialmente alto y otro clero bajo, no por procedencia social, sino por los puestos que ocupan en la estructura eclesiástica. El clero tiene un fuerte espíritu corporativo (como en los otros países de la cristiandad medieval hasta la edad contemporánea) para defender sus inmunidades. Su fuerza económica la constituyen los diezmos (en especie, que se subastaban). La mentalidad de cada estrato era fuerte y reflejaba con frecuencia también su procedencia social. El papel del alto clero era notable. Constituían la columna vertebral de muchos sectores de la administración pública, cancilleres, presidentes y miembros del Supremo Consejo de Indias, cuando éste fue creado, y de muchos tribunales. Personajes fundamentales en la España de los tiempos del descubrimiento de América, como el arzobispo Talavera, Deza, los cardenales Cisneros y Mendoza, por citar nombres universalmente más conocidos, lo demuestran. En conjunto forman un grupo notable por &amp;quot;letras y virtud&amp;quot;. Muchos de ellos actuaron en la vida política e incluso en la militar; son parte de la última hornada de prelados-capitanes, como lo fue incluso el cardenal franciscano reformador Francisco Ximénez de Cisneros (que tiene su proceso de canonización introducido). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dentro del clero se encuentra una especie de alto clero menor, generalmente hacen parte de ella los prebendados (que eran dignidades, canónigos o racioneros de alguna iglesia catedral o colegiata). Normalmente son de elevada categoría intelectual. Existen 47 capítulos ca¬tedrales de gran poderío económico y con un nivel moral bastante bueno en general. Sin embargo entre el bajo clero, incluso entre el religioso, se da a veces inmoralidad, ignorancia y pobreza. Este fenómeno de decadencia en una parte del clero regular y secular era un fenómeno de la cristiandad europea de la época, con numerosos intentos de reforma por parte de papas y concilios a lo largo del siglo XV y comienzos del XVI. Basta recordar cómo el tema de la reforma del clero aflora y es tratado específicamente desde el Concilio de Constanza (1414-1418), Ferrara-Florencia (1438-1445), Lateranense V (1512-1517). En este cuadro el caso español corresponde al del resto de Europa. Sin embargo no se puede generalizar. Los concilios provinciales vigilaban y urgían por una reforma de las costumbres entre el clero. El siglo XVI será un siglo de notables &amp;quot;reformas&amp;quot; en este sentido, que verá el florecimiento de muchas Órdenes religiosas reformadas, de varios concilios provinciales y culminará con las reformas del Concilio de Trento (1545-1563). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Había en la España a la que nos referimos lo que se podría llamar &amp;quot;grupos medios&amp;quot;, aunque el término no corresponda a la moderna acepción de “clase social”. Eran gentes de ejercitaban oficios y menesteres necesarios en toda sociedad, especialmente en villas y ciudades como mercaderes y comerciantes, no¬tarios, abogados, barberos (que ejercitaban a veces también una medicina rudimentaria, pero importante), médicos y curanderos y pequeños administradores. Demográficamente eran débiles. De ellos salía 1/3 o 1/4 de los regidores. Solían componer (en reinos como en Aragón) los cabildos de las ciu¬dades. Son la raíz de la futura burguesía industrial y mercantil.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los artesanos constituían una especie de clase o grupo modesto urbano, que vivían asociados en gremios. La artesanía era más bien patriarcal y familiar, y menos técnica de taller, como en Italia o en Flandes. Proporcionaban un tercio o un cuarto de los regidores . Constituían la masa popular en los festejos. Este grupo social tiende a superarse y a presentarse bien. Su vida era suficientemente holgada. La población de todas estas clases sociales componía el 20% de los habitantes de España. Luego estaban los campesinos, que son un 80%, en desigualdad de condiciones, según las regiones. Había campesinos &amp;quot;de señorío&amp;quot;, a veces en penosas condiciones, y campesinos de realengo , a veces muy dignos. Pero toda la población vivía a veces sometida a calamidades y grandes crisis, comunes a todo el resto de Europa, como pestes y enfermedades endémicas y crónicas, sequías o superabundancia de lluvias, inviernos crudos, o veranos tórridos; todo ello provocaba muertes frecuentes y prematuras, y hambrunas frecuentes, sobre todo en las tierras más áridas o secas como las castellanas. Sin embargo estas penosas situaciones, con frecuencia endémicas, no provocaron sublevaciones populares, como sucedió en otros lugares de Europa; basta pensar a las sublevaciones de los campesinos y de los caballeros en la Alemania de los tiempos de Lutero o en otras semejantes en la Italia e incluso en la Roma de los siglos XIV y XV.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y ¿cuál era el valor monetario corriente en esta época? En el caso español el más común era el &amp;quot;ducado&amp;quot;, que correspondía a 375 maravedís, una equivalencia a unos ocho jornales de obrero especializado o veinte jornales de un peón. El marqués de Villena, por ejemplo, tenía 100.000 ducados de renta al año. La Iglesia (sus instituciones y su personal ministerial) tenía seis millones de ducados de renta: dos millones el clero re¬gular y cuatro, el clero secular. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==3. La España católica y la Reconquista==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
1. ''Carácter y temperamento del catolicismo español de la época'': ¿Cómo se explica la vehemencia y también la fuerza del catolicismo español? Hay muchas teorías y opiniones al respecto. No hay que olvidar la característica historia cristiana española a partir del siglo VIII, cuando los musulmanes del Norte de África invaden el Reino español de los visigodos y lo desbaratan en la batalla de Guadalete (Andalucía) donde perece el último rey visigodo Don Rodrigo, que pasará a la leyenda épica española en multitud de romances (711). Casi todo el Reino visigodo español cae bajo dominio musulmán, si se exceptúan las regiones montañosas del Norte, astures, cántabros, vascos, y zonas de la Navarra y de la Cataluña pirenaica. En el año 721 encontramos los hechos conocidos como “''batalla de Covadonga''” en las montañas de Asturias, donde un príncipe visigodo, Don Pelayo (+737), levanta el estandarte de la &lt;br /&gt;
Cruz contra el invasor musulmán y da comienzo a la Reconquista, que se concluirá en 1492, en Granada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue el comienzo del minúsculo Reino de Asturias, que lentamente alargará sus fronteras reconquistando los territorios de León y luego las mesetas castellanas. Dará lugar así al nacimiento, como prolongación del reino asturiano del de León (s. IX), y más tarde al de Castilla (s. X) (Castilla y León unidas de nuevo a partir del 1230), del que nacerá con el tiempo el condado de Portugal (condado dependiente de Castilla a partir del 1094 y luego reino, totalmente autónomo). En el caso Asturiano ya a finales del siglo VIII se funda la ciudad de Oviedo (760), alrededor del monasterio benedictino de San Pelayo, donde el rey Fruela  I (757-768) establecerá su Corte y que alcanzará un notable esplendor artístico en tiempos de su hijo y sucesor Alfonso II el Casto (rey 792-842), contemporáneo de Carlo Magno, con el que mantendrá relaciones culturales y políticas. Nace así aquel arte que todavía hoy se contempla en la región asturiana, el llamado “pre-románico”, la preciosa Cámara Santa de la Catedral de Oviedo, como relicario de valiosas reliquias traídas del resto de la España invadida por los musulmanes, entre ellas la Cruz de la Victoria (símbolo de la reconquista, levantada por su primer caudillo don Pelayo), la de los Ángeles símbolo heráldico de Oviedo, de tiempos del rey Alfonso II, el Santo Sudario y otras muchas de indiscutible valor histórico y religioso. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este tiempo de Alfonso II el Casto, comienza la histórica peregrinación hacia Compostela, lugar donde se señalaba la traslación de las reliquias del Apóstol Santiago y que dará lugar a uno de los tres grandes centros de peregrinación medieval: Santiago, Roma y Jerusalén. Algo semejante comienza a suceder en las estribaciones de los Pirineos aragoneses (como en los alrededores del monasterio de San Juan de la Peña) y catalanes. Son las raíces tempranas de varios condados y marcas del reino de Aragón, con una historia unida a los nacientes reinos de Navarra y de Castilla y de los condados catalanes, cuya historia autónoma comienza a caminar a partir del s. IX, y que pasados varios siglos se unirán a la Corona aragonesa (Alfonso II de Barcelona, conde de la misma y rey de Aragón, une al reino aragonés el condado hereditario de Barcelona en 1162).  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin embargo la reconquista fue dura y larga. De hecho, hacia el año 750, gran parte de la península se encontraba bajo el califato de los Omeyas, en Córdoba, fundado por Abd-er-Rhaman I (756-788), que llega a su máximo esplendor en tiempos del califa Abd-er-Rhaman III (912-961). Y sus caudillos atormentaban con continuas incursiones los territorios cristianos. Así todavía en el año 1000, el caudillo musulmán Almanzor logró llegar hasta la misma Compostela en el oeste y a Barcelona en el este, convirtiendo en tierra quemada cuanto encontraba a su paso . Por ello también los reinos cristianos en su avanzada hacia el sur, de grandes ríos en grandes ríos, desde el Duero hasta el Tajo, van creando espacios desiertos de frontera para estorbar las frecuentes incursiones de los reinos musulmanes. Son la “Extrema-dura”, o las vacías y desérticas tierras fronterizas; se van levantando castillos y fortalezas a lo largo de la geografía hispana que darán también lugar incluso al nombre del futuro condado y reino de Castilla.&lt;br /&gt;
En esta misma época se asiste al nacimiento del califato de Córdoba, que en mundo islámico de la época es de la misma grandeza esplendorosa de los de Damasco y Bagdad, y a su historia cultural incomparable, que ha dejado una herencia imborrable en la cultura mundial e hispana. Entre el 1009 y el 1031, el califato de Córdoba se va dividiendo en pequeños estados independientes (reinos de taifas), entre los que hay que recordar: Toledo y Badajoz (1009); Murcia (1010); Zaragoza (1012); Almería y Granada (1013); Denia (1014), Málaga (1016); Valencia (1021); Sevilla (1023); Mallorca (1015); Córdoba (1031), etc.. luego: Orihuela, Huesca, Jaén, Carmona, Niebla, Algeciras. Incluso Córdoba se erige en una especie de republica aristocrática entre 1031 y 1070; es ocupada por el rey musulmán de Sevilla en 1070; conquistada por los musulmanes Almorávides de África en 1086 y luego en 1148. En 1091 los musulmanes Almohades de Mauritania invaden los reinos musulmanes de la Península ibérica (1091-1229), que serán derrotados por los reinos cristianos unidos en la batalla de Las Navas de Tolosa (1212), comenzando así la fase final de la reconquista cristiana. El rey castellano Fernando III el Santo, conquistará Córdoba el 29 de junio de 1236 y Sevilla en 1248. Ya en 1085, el rey cristiano Alfonso VI de Castilla había conquistado Toledo y la había convertido en su corte; los aragoneses habían reconquistado Zaragoza en 1146. Jaime I de Aragón reconquista Valencia el 29 de septiembre de 1238. El último reino musulmán de la Península ibérica, Granada, será reconquistado por los Reyes Católicos, Isabel y Fernando, el 5 de enero de 1492 .&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''2. La Reconquista'': Entre el 830 y 1030, se vive un período de dos siglos de exaltación cristiana en la Reconquista; florece la cristiandad mozárabe  y nacen o avanzan los reinos cristianos: León, Castilla y Navarra, nace el de Aragón y los condados catalanes, entre los que emerge el de Barcelona cuyos condes, con el andar del tiempo, se convierten en reyes de Aragón, dándose así la unión dinástica entre ambos estados. En los siglos XI, XII, XIII: la Reconquista avanza en las diversas líneas fronterizas: del Duero, luego hasta el Tajo, con la conquista de Toledo, la antigua capital visigoda, la ciudad de las tres culturas o religiones (cristiana, islámica y hebrea, que había alcanzado un enorme esplendor cultural frente al resto de la misma Europa medieval cristiana). Por parte suya se asiste a una decadencia y luego al ocaso del califato de Córdoba, la división del mismo en números reinos de taifas que pueblan el sur de la Península .                    &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los musulmanes del norte de África intentan reconquistar las tierras perdidas y unificar a los reinos de taifas. Son las invasiones de los almohades. Pero en el año 1212 se da el paso definitivo del choque entre los reinos cristianos españoles y los musulmanes de los almohades en la batalla de Las Navas de Tolosa. Es la época que sigue a la renovación de la vida eclesial española a través de la aplicación en España de la reforma gregoriana con el apoyo de benedictinos y cistercienses. Es también la época de las grandes peregrinaciones a Santiago de Compostela, la del románico de los siglos XI al XIII, del nacimiento del gótico con sus grandes catedrales que se extienden por toda la geografía española hasta el siglo XV. En el siglo XIII la vida eclesial se renueva a través de los canónigos regulares primero, de los frailes mendicantes luego, entre ellos Santo Domingo de Guzmán, canónigo en Osma (Castilla), y sus dominicos y la llegada también de los franciscanos, y del mismo san Francisco, peregrino a Santiago de Compostela. Fernando III el Santo de Castilla y León, reconquista Sevilla y Córdoba, y su hijo, Alfonso X el Sabio, da un nuevo esplendor a las letras y a la compilación jurídica de las antiguas leyes hispanas; las tres lenguas de su Reino (latín, castellano, árabe y hebreo) formaban parte del bagaje cultural del Reino . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En Aragón brillan las epopeyas de Jaime I, el conquistador de Valencia del dominio musulmán. A pesar de episodios lamentables para los cristianos, con signos de algunas episódicas luchas dinásticas y señales de decadencia, como en el resto de Europa, los Reinos cristianos españoles han entrado de lleno en el bullir de una conciencia que camina a pasos agigantados hacia el ocaso de la Edad Media y el nacimiento de una modernidad, todavía confusa, con la constitución de reinos-naciones, raíces de los futuros estados nacionales. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''3. La vitalidad de los reinos hispanos'': En este cuadro, los reinos hispanos se encuentran ya plenamente activos en la vida tanto eclesial como civil europea, con tratados, matrimonios reales, participación en la vida cultural europea con las nuevas universidades, de las cuales Palencia y luego Salamanca, pertenecen a la primera generación, o en los grandes y dolorosos conflictos que enturbian la paz de la “christianitas” europea, como los que caracterizan el siglo XIV y comienzos del XV, como el cisma occidental (1378-1417). Las suertes de la reconquista están echadas. Los reinos musulmanes que todavía persisten en el sur o se convierten en vasallos de los reyes hispanos o son reducidos a su mínima expresión, a pesar de momentos de gloria artística, como en el caso del reino nazarita de Granada. En esta época, los aragoneses y catalanes salen de sus fronteras, navegan por el Mediterráneo y buscan alianzas y ensanchar sus fronteras en el mismo: Nápoles, Sicilia, Cerdeña y hasta el extremo oriental del Mediterráneo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el territorio patrio no todo es fácil. El feudalismo antiguo persiste y la nobleza se encuentra inquieta con rebeldías endémicas que producen conflictos civiles y guerras episódicas de carácter dinástico dentro de las mismas familias reinantes, que después de todo se encuentran muy emparentadas entre sí. También en esta época de mediados del siglo XV, siguiendo el ejemplo del hermano Reino portugués, los castellano-leoneses salen al Atlántico e incorporan las Islas Canarias a sus dominios. Nos encontramos en tiempos de Juan II de Castilla y León, el padre de Isabel la Católica. Tras el reinado endeble y discutido de su hijo Enrique IV de Trastamara, llega el reinado de su hermana Isabel I la Católica, que se casará con su primo el príncipe Fernando de Aragón, que pronto se convierte en rey de aquel Reino. Con este matrimonio real, cambia radicalmente la historia española; se concluye la reconquista en Granada (1492) ; se unifican en las personas de los dos reyes los reinos hispanos, bajo el famoso lema del “''Tanto monta monta tanto Isabel como Fernando''” y la simbología heráldica que los dos esposos reales adoptan. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Suceden también momentos muy discutidos por la historiografía antigua y reciente como la expulsión de los judíos (1492), malqueridos por sectores de la gente vulgar y de la nobleza a causa, sobre todo, de su papel en la recolección de los impuestos de la misma Corona y una antigua y jamás escondida animosidad, alimentada por antiguos prejuicios y leyendas populares, y por la persistente acusación de “deicidio” que las acompañaban por ser considerados presuntamente en parte, como una especie de “quinta columna” en la antigua época de las invasiones islámicas, y en la época de su expulsión, de los mismos turcos. Es en este momento histórico, y en el mismo año de toda esta serie de acontecimientos notables en la historia hispana, que acontece la aventura atlántica de Cristóbal Colón y el descubrimiento del Nuevo Mundo. Todo ello abrirá una nueva página en la historia hispana y también mundial. La noche quedaba atrás&amp;quot; .&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==4. La mentalidad común de la época ante la infidelidad y la herejía== &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ocho siglos de esfuerzos en una reconquista  trabajosa, y no siempre constante y uniforme, forjaron un temperamento en la España cristiana de entonces, con sus luces y sus sombras, hasta alcanzar una ordenación unita¬ria. La reforma católica se adelanta casi un siglo y en forma origi¬nal en estos Reinos españoles unidos bajo los reyes Católicos. “España […] que se había convertido en una gran potencia […] se convierte en el país del catolicismo del futuro […] pudo así convertirse en un cierto sentido en la patria espiritual de la restauración católica y de la contra-reforma” . Y esta actitud de lucha continúa bajo el nieto de los Reyes Católicos Carlos I (V como emperador): 1520-1558 frente a la herejía . Los teólogos del siglo XVI no abandonan la idea del “Orbis christianus” frente a la herejía. Según su posición general, no se puede dar ninguna coacción sobre los infieles para abrazar la fe, pero sí sobre los bautizados, para conser¬varla. Quedaba en pie un problema ante la situación en el suelo español de la población no cristiana de judíos y de moros: ¿por qué se da esa disyuntiva con-tra ellos de, o abrazar la fe o de emigrar? ¿En qué sentido el poder civil toma parte en favor de una solución radical en el asunto que lleva a la exclusión de estos grupos divergentes? ¿No fue en parte por motivos meramente seculares y civiles, con la naciente “razón de estado” de querer construir un reino unido (Estado) sin discrepancias o elementos centrífugos? ¿No estuvo esto en parte en los orígenes de la creación del tribunal de la Inquisición para examinar los falsos conversos, sea del judaísmo o del islamismo, y que más tarde se extenderá a otros divergentes religiosos, protestantes o pensadores considerados heterodoxos? ¿Protestaron los teólogos contra este tipo de coacciones? . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==5. La nación española== &lt;br /&gt;
En el contexto señalado se forja un celoso nacionalismo, traducido en el estatuto de “lim¬pieza de sangre”, una especie de “culto al honor nacional e innoble criterio de casta” . Los siglos XIV-XV españoles fueron tolerantes. Para el siglo XVI se suelen dar las siguientes estadísticas de la población española : unos 7.000.000 cristianos viejos; unos 350.000 conversos; unos 300.000 moriscos . De pronto aparece la intolerancia. ¿Por qué? La convivencia de cristianos, judíos y musulmanes en los reinos cristianos españoles durante la Edad Media, había tenido que ver con el proceso de &amp;quot;Reconquista&amp;quot; cristiana española de sus tierras invadidas, y la conquista por parte de los musulmanes, sobre todo de las tierras meridionales que ellos llaman Al Andalus (Andalucía, o “tierra de los Vándalos”, antiguos invasores de la misma de origen germánico en el s. V) y posterior ocupación del territorio por los diferentes reinos cristianos del norte de la península. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La escasa repoblación cristiana de sus nuevos territorios hace que sigan viviendo en ellos un importante número de musulmanes, tanto en zonas urbanas (aunque en barrios propios, como la morería de Zaragoza), como en zonas rurales (como siervos de señorío). El final de la Reconquista - con la toma de Granada- y la política religiosa de los Reyes Católicos, modifican la situación previa: en Granada se producen bautismos en masa, y los Reyes Católicos sólo permiten la religión cristiana en España, por lo que judíos y mudéjares han de convertirse o salir del país. En la lucha enconada contra el creciente poderío turco, se teme su alianza con el mismo y en concreto con los piratas berberiscos y turcos que atacaban las costas de la Europa cristiana. Los moriscos andaluces protagonizan  una insurrección en 1568 (la rebelión de las Alpujarras), que fue sofocada casi dos años después por don Juan de Austria, hermanastro de Felipe II. Los moriscos de esa zona fueron desterrados, hecho que aumentó la suspicacia contra ellos en otras regiones donde los moriscos eran todavía muy numerosos, como Valencia o Aragón. En 1609, con el rey Felipe III, se decretó la expulsión de los moriscos, primero de Valencia, después de los otros reinos españoles. Unos 300.000 tuvieron que abandonar España; la mayoría se dirigió al norte de África. Su marcha tuvo graves consecuencias demográficas y económicas, sobre todo en Valencia y en Aragón, afectando especialmente a la agricultura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todos los problemas señalados son complejos y de diversas interpretaciones. Los Judíos constituían una gran minoría cualificada; habían disfrutado por una parte de la protección de los reyes y por otra del odio del pueblo, debido fundamentalmente a su papel en el campo de la recolección de impuestos y al sistema de ganancias económicas con los préstamos; tal aversión será luego transferida a los falsos conversos o hebreos ocultos (marranos), algo común en otros muchos lugares de Europa y a los musulmanes pseudo-convertidos. En el caso español, ya en 1449 se había dado una explosión de odio en Toledo contra los conversos y  la puesta en marcha del llamado “estatuto de sangre” (el de “limpieza”). Casos semejantes se dieron en Córdoba, Jerez, Jaén, en el Reino de Castilla, y otros muchos semejantes en Aragón y Cataluña . Debido también a las conversiones fingidas, el “estatuto de limpieza” pretendía restarles eficacia social. Aquí están en parte, los orígenes de la Inquisición española, que fue creada en el siglo XV precisamente para aclarar y combatir las conversiones ficticias de moros y judíos . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=6. Nuevos intentos de cruzada ante la caída de Constantinopla en poder de los turcos==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El tema de la “cruzada” flotaba en el ambiente español cristiano desde hacía siglos a lo largo de la “reconquista”, cruzada llevada a cabo en casa, como algunos la han llamado; pero era también una mentalidad muy extendida en la Europa medieval. Baste pensar a los últimos intentos de cruzada contra los turcos en tiempos de Pío II (1458-1464). La urgencia de la defensa contra el avance de los turcos había empujado a los griegos a buscar ayuda en la cristiandad latina occidental, e incluso a una posible reconciliación con Roma recomponiendo la antigua división entre Oriente y Occidente. Tal fue el intento que fracasaría tras el concilio de Ferrara-Florencia (1438-1445), porque no encontró el apoyo necesario en algunos metropolitas orientales y sobre todo en buena parte de los monjes y de la gente desde siempre muy influida por ellos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Constantinopla cae bajo el dominio turco el 29 de mayo de 1453, y su basílica de Santa Sofía será convertida en mezquita después de diez siglos desde su construcción. La caída de Constantinopla causó honda impresión en el mundo cristiano occidental; y no era para menos: había sido, desde los tiempos de Constantino, el corazón del Imperio Romano Oriental o Bizantino. Ahora se convertía en Estambul, cabeza del grande Imperio Otomano, que ponía también pie en el continente europeo, revolucionando así los cuadros políticos del Occidente cristiano. Por ello se explica el impulso que algunos, sobre todo el Papa, quisieron dar lanzando una nueva “cruzada” en defensa tardía del Imperio Bizantino. Fracasarán en sus intentos los Papas Eugenio IV, Nicolás V, Calixto II y Pío II, desde 1433 a 1464, debido sobre todo a las divisiones y rivalidades entre los nacientes estados nacionales europeos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este contexto, Eugenio IV llamó al Occidente cristiano en defensa de aquel Imperio (1443). Casi nadie se movió entonces, a excepción del rey de Polonia y el de Hungría, Ladislao, que fue vencido por los turcos en Varna, junto con el legado pontificio el cardenal Cesarini (1444). En otro lugar meridional de Europa, en Albania, Jorge Castriota, conocido con el nombre de Skanderberg, resistirá a lo largo de 24 años a la invasión turca. La derrota sufrida en Varna fue el prólogo de la caída de Constantinopla. El papa Nicolás V querrá renovar la llamada a una nueva cruzada que no logra comenzar; lo intenta su sucesor, el español Calixto III (1455-58) mandando predicadores de la misma por Europa e invitando a ella a los príncipes cristianos, proponiéndose no sólo liberar Constantinopla, sino también llegar incluso a Jerusalén. También aquí vemos una primera respuesta positiva por parte de los príncipes cristianos, pero que enseguida cae en el vacío.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un ejército cristiano guidado vía tierra por Juan Hunyadi, asistido por el cardenal Carvajal y animado espiritualmente por S. Juan de Capistrano, vence en Belgrado (1456), impidiendo así a los turcos continuar avanzando hacia Viena, mientras que Skanderberg los vencerá en Taormizza (1457), y el cardenal Scarampo, guiando vía mar una escuadra, los derrota en Metelino (1457). Calixto III esperaba entonces de nuevo una respuesta positiva por parte de las potencias cristianas. Pero de nuevo la indiferencia y las rivalidades, agravadas con la muerte de Juan Hunyadi, hicieron fracasar aquellos planes. El sucesor de Calixto III, el humanista Pío II (Enea Silvio Piccolomini) (1458-1464) intentó tomar de nuevo la iniciativa; llegó a convocar una especie de congreso de las potencias europeas en Mantua (1459-1460) donde participó personalmente, pero de nuevo aquel proyecto fracasó por los mismos motivos que los anteriores. Al Papa se le ocurrió una idea totalmente utópica: mandó a Muhammad II, el conquistador de Constantinopla, una carta, espléndida en su estilo literario, en la que le invitaba a convertirse al cristianismo, prometiéndole el imperio de Oriente y de Occidente (¡!). Luego, en 1463, el mismo Papa tomó la decisión de conducir él mismo la cruzada lanzando una invitación en tal sentido al Occidente cristiano. Anciano y enfermo se pone al frente de un ejército en dirección al puerto italiano de Ancona, donde ya agotado muere (1464). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Moría así una antigua utopía y la idea misma de cruzada, que había atravesado con numerosos vaivenes  la historia medieval europea, todavía objeto de enconadas controversias historiográficas y de resentimientos. Sin embargo, en aquellos precisos momentos, y en un cuadro muy distinto en los extremos del mundo europeo, en la Península Ibérica sucedían una serie de acontecimientos, algunos de ellos muy unidos a motivos no lejanos del sentir común de la christianitas europea de la época y de los Papas: la conclusión de la Reconquista, y coincidiendo con la misma, los descubrimientos transoceánicos por parte de Portugal y de España. En el caso español encontramos ingredientes variados e híbridos, muy presentes en la vida política y popular del siglo XV. La conquista de Granada que concluye este ciclo y da comienzo a otro nuevo, la tomó el pueblo como algo suyo . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==7.  La Iglesia Española de finales del S. XV y comienzos del s. XVI== &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
7.1. Para comprender el estilo de la primera evangelización en el Continente americano. España y la Iglesia española fueron los agentes de la evangelización del Nuevo Mundo de lengua española, como en el Brasil lo será el Portugal hermano. Es preciso conocer su idiosincrasia, las potencialidades y limitaciones de su contenido católico. Ya nos hemos referido a la importancia que tenía el clero dentro de la sociedad española del tiempo y a su composición. Nos vamos a fijar en otros elementos de esta España religiosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para comprender mejor &amp;quot;el encuentro del catolicismo ibérico y las culturas americanas&amp;quot;, que &amp;quot;dio lugar a un proceso peculiar de mestizaje, que si bien tuvo aspectos conflictivos, pone de relieve las raíces católicas así como la singularidad del Continente&amp;quot; , es necesario adentrarnos más, tanto en la historia de la España de aquél entonces, como en los primeros pasos de la Iglesia en tierras americanas. El dinamismo que impulsó y que aún continua fecundando tal síntesis, que es el continente latino americano en su configuración, lo constituye la fuerza de la fe católica. Los obispos latinoamericanos escribieron en su reunión plenaria de Puebla, celebrada en 1978: &amp;quot;Con deficiencias y a pesar del pecado siempre presente, la fe de la Iglesia ha sellado el alma de América Latina, marcando su identidad histórica esencial y constituyéndose en la matriz cultural del continente, de la cual nacieron los nuevos pueblos&amp;quot; . Es esto lo que le da sentido a su ser; el encuentro con el Evangelio, con la verdad de que existe Dios Padre Bueno, que nos ha dado a su Hijo Jesucristo para salvación nuestra, bajo el aliento del Espíritu Santo, encarnado y nacido de una mujer (cf. Gal. 4, 4), la Virgen María de Nazaret .&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se tenía mucho cuidado de que las Órdenes que pasaban a América fueran todas reformadas. Serán cinco Órdenes religiosas reformadas o nuevas las protagonistas de la historia de la evangelización en el Nuevo Mundo hispano: los franciscanos, los dominicos, los agustinos y más tarde los mercedarios; a estas Órdenes religiosas antiguas, llamadas mendicantes por su origen y estilo, se sumarán pasado medio siglo los recién fundados jesuitas. Los franciscanos que llegaron a México para emprender la evangelización pertenecían a la más severa y genuina de las Observancias evangélicas. El humanismo español constituía el ambiente cultural de estos misioneros. Es conocida la influencia, por ejemplo, de Erasmo de Rotterdam ; el mismo Zumárraga había leído sus libros, como lo demuestra la carta que envió, el 2 de noviembre de 1547, a fray Francisco del Castillo, provincial de su comunidad en Burgos . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Desde este horizonte los evangelizadores trataron, desde sus posibilidades, de crear una nueva humanidad cristiana, singularmente sana y fiel. “La primera generación de misioneros en México, por ejemplo, los obispos Juan de Zumárraga y Vasco de Quiroga, se caracterizaban por el sello del humanismo contemporáneo; Zumárraga estaba influenciado por Erasmo y Quiroga por Tomás Moro. Esta actitud espiritual fue decisiva en algún modo, y precisamente también en relación con la labor misional” . La extraordinaria labor evangelizadora que realizaron los misioneros en tierras americanas, encuentra en estos altos ideales de reforma y santidad de vida, una de sus principales motivaciones. Son elementos que no podemos dejar de tomar en cuenta al momento de estudiar la labor y los métodos que usaron para lograr la conversión de los indígenas americanos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
España estaba en un momento de apogeo y expansión. Venía de concluir la guerra de reconquista contra el dominio musulmán de su suelo. Los Reyes Católicos otorgan una gran importancia a la fe y alientan con gran energía y constancia un proceso de reformas y austeras observancias que, aunque ya venía gestándose desde hacía tiempo, alcanza con ellos una sistemática propuesta de reforma cristiana. El humanismo español de finales del siglo XV y de todo el XVI es sumamente rico en realizaciones literarias y espirituales. Es un tiempo donde lo épico y lo religioso se entrelazan en un universo cultural sumamente fecundo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
7.2. Una antigua exigencia de reforma en toda la Iglesia La exigencia de reforma en la vida de la Iglesia en cuanto sociedad humana, es un fenómeno continuo en la historia de la Iglesia. En los  finales de la edad Media y comienzos de la Moderna se sentía agudamente, sobre todo en algunos ambientes. Se pedía entre otras cosas una reforma radical “in capite et in membris” (en la cabeza y en los miembros), empezando por una adecuada puesta al día de las estructuras jurídicas (centralización y reservas con los desórdenes consecuentes, fiscalismo y abusos) de la vida eclesiástica del clero alto y de la formación del bajo clero, sobre todo en relación a la atención pastoral de los fieles. La respuesta dada a esta exigencia urgente no fue siempre equilibrada y ortodoxa en muchos ambientes cristianos europeos, ni tampoco fue amplia y promovida con decidida voluntad por parte de la jerarquía de esa época, lo que causará con el tiempo la ruptura de los movimientos protestantes. En este contexto, en varios países de la cristiandad se dan discutidos movimientos de reforma desde el punto de vista de la ortodoxia católica, como los llamados “espirituales” o grupos de frailes franciscanos con ideas eclesiológicas heterodoxas, influenciadas a veces por las teorías de Joaquín de Fiore sobre la existencia de dos iglesias, una carnal y rica, y en contraposición otra espiritual, santa y evangélicamente pobre, Otros sostenedores de ideas radicales heterodoxas serán el inglés John Wicliff y luego el bohemo Jean Hus y otros que preceden en muchos puntos la futura mentalidad cristológica y eclesiológica de los reformadores protestantes, como Jakoubek, Nicolás de Dresde o Wesel Gansford (1419-1489) en Alemania. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Son comprensibles estos movimientos radicales de reforma ante la situación de una jerarquía eclesiástica con frecuencia mundana. Estas tendencias ideológicas, fomentadas también por desórdenes sociales, se agudizaban por la falta de una voluntad eficaz de reforma en muchos responsables eclesiásticos. Sin embargo, lentamente comienza a abrirse paso una mayor voluntad de reforma por parte de la jerarquía eclesiástica (Papas y Concilios) a lo largo del s. XV y comienzos del XVI. Así en el concilio de Costanza y en los concordatos que estipuló Martín V, se ve tal voluntad; éste papa eligió también cardenales óptimos y una buena bula de reforma (16.V.1425), que quedó en letra muerta; en la misma línea decretó el concilio de Basilea con medidas radicales, nunca aplicadas. Los papas siguientes emanaron varios decretos y bulas también en tal sentido, casi siempre ineficaces y raramente aplicados, quedándose en meros proyectos. La historia va adelante con vanos intentos de reforma, incluidos los del concilio ecuménico Lateranense V (1513-1517). La doctrina católica fue siempre defendida, pero las situaciones de desórdenes graves en la vida cristiana continuaron vivos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin embargo, en algunos lugares de la cristiandad occidental se empezaba lentamente un camino de reforma de la vida de la Iglesia, como lo demuestra el llamado fenómeno de la “Devotio moderna”, movimiento eclesial comenzado en los Países Bajos a finales del s. XIV y que se desarrolla a lo largo del XV dando lugar a asociaciones como “los hermanos y las hermanas de la vida común”. “Devotio moderna” significaba “servicio de Dios” con una proyección clara de cristocentrismo, una espiritualidad ascética práctica (contra la mística especulativa de los dominicos alemanes), una marcada tendencia afectiva (de raíces franciscanas, de la escuela de S. Bernardo y del teólogo francés Gerson), una interioridad y subjetivismo notables en detrimento de los contactos, también apostólicos con el mundo, y una insistencia ascética que subraya el papel responsable del fiel en la recepción de los sacramentos. El libro “La imitación de Cristo” es fruto de tal “devoción” y su probable autor, Tomás de Kempis, pertenecía a tal movimiento. Esta espiritualidad ejercitará un influjo en el siglo siguiente en muchos santos y fundadores como Ignacio de Loyola e incluso en algunos protagonistas de la reforma protestante.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
7.3. El movimiento de reforma de la vida religiosa monacal y conventual en la Iglesia. Hay otro aspecto notable en el incipiente movimiento de reforma eclesial de este periodo, y es el comienzo de la misma en el seno de algunas antiguas Órdenes religiosas, en gran parte en un lamentable estado de decadencia, si se exceptúan los Cartujos y en parte los Cistercienses. La peste negra que asoló media Europa en aquellos dos siglos (XIV y XV) había vaciado los monasterios,  que luego se habían llenado con vocaciones mediocres o por motivos que nada tenían que ver con la consagración religiosa. Por ello los nuevos religiosos o monjes vivían con frecuencia una vida disipada, en monasterios y conventos con abundantes bienes, falta de la vida común fundada en privilegios obtenidos de los papas, y con una clausura más teórica que práctica, sobre todo en el caso de las monjas, que en muchos casos provenían de la nobleza y traían consigo sus niveles de vida y privilegios y en muchas ocasiones eran obligadas por motivos sociales a entrar en los monasterios. También aquí las decisiones de Papas y Concilios sobre la reforma religiosa caían en un terreno árido. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este panorama se dan los primeros intentos de refreno religioso, cuando algunos religiosos buscan volver a las raíces carismáticas de su fundación, y se reúnen en un convento donde querían vivir claramente el espíritu de tal origen. En los comienzos, ese convento buscaba ponerse bajo las órdenes del General de la Orden por encima de su Superior Provincial. A tal convento se asociaban otros con el mismo espíritu; se formaban así las “Congregaciones” de reforma, bajo la obediencia a un Vicario con poderes amplios. Se quería llevar a cabo de esta manera la reforma de la Orden. Aquí ahondan sus raíces divisiones sucesivas entre “conventuales” y “observantes”, “calzados” o “descalzos”, etc… en varias antiguas órdenes religiosas, ya a partir de finales del s. XV y sobre todo en el s. XVI. El fenómeno se da en la mayoría de las antiguas, también en España, y tendrá consecuencias notables en la historia de los evangelizadores del Continente americano. No todas las “Congregaciones” duraron, sin embargo favorecieron la reforma, en cuanto extendieron su influjo sobre todo a través de la predicación popular ambulante.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
7.4. El movimiento de reforma de la vida religiosa monacal y conventual en la Iglesia. La historia de la reforma eclesial en España se encuadra en este movimiento. Fue conducida hasta llegar a la gente común, comenzando ya mucho antes del Concilio de Trento y llegando al mismo, que ratificó muchos aspectos que la Iglesia en España ya había puesto en marcha desde hacía tiempo. Una de sus características peculiares fue que la iniciativa vino de los Reyes Católicos, con pasos sucesivos de reforma del episcopado, del clero y del pueblo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La reforma de la vida religiosa en España se dió de manera precisa y orgánica . En el caso de los monjes comienza con la del monasterio de San Benito de Valladolid, por iniciativa del rey de Castilla Juan I (en 1389-1390), con el objetivo de que los monjes viviesen la regla benedictina de manera precisa y rígida, y con voto de clausura perpetua al modo de las Clarisas; reclutó para ello unos 15 monjes provenientes de varios monasterios que se comprometieron a seguir tal vida rígida. Luego evolucionará hacia una mayor elasticidad, pasando a finales del s. XV a constituir una “Congregación” de unos 10 monasterios (en 1524 contaba con 32), y durará en los siglos siguientes. Algo semejante ocurre con los cistercienses con la fundación o reforma de la “Congregación de S. Bernardo de Castilla”, en tiempos de los papas Martín V y Eugenio IV, por obra del monje cisterciense que provenía de los Ermitaños de San Jerónimo (Jerónimos), Martín de Vargas. Esta fundación fue duramente obstaculizada por el capítulo general de Citeaux (cistercienses) a lo largo del s. XV; en 1549 reunía 45 monasterios de los 59 españoles de la Orden. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No se observan generalmente nuevas fundaciones con nuevas Reglas en las grandes órdenes religiosas. Sin embargo en España nacen los Jerónimos (ya presentes en Italia como “Eremitas de S. Jerónimo”). Fue un canónigo de Toledo, Fernando Yáñez de Figueroa y su camarero mayor, Pedro Fernández Pecha, que comenzaron a vivir una vida eremítica, pasando luego a la cenobítica, adaptándose a la regla de S. Agustín, con la aprobación de Gregorio XI en 1373. En 1423, Lope de Olmedo quiso reformar la Orden siguiendo algunas indicaciones que sacó de los escritos de S. Jerónimo, y creó así un nuevo ramo llamado “Congregación de la Observancia de S. Jerónimo”, pero que en España tuvo un éxito muy relativo, uniéndose luego en 1567 al resto de los Jerónimos. Se mantuvieron fieles a la regla de manera bastante rígida; crecerán a lo largo de los s. XV y XVI en España fundando y agregando numerosos monasterios, entre ellos hay que señalar el de Yuste, en Extremadura, donde se retirará el emperador Carlos V, el del Escorial, fundado por Felipe II, y el Guadalupe en el célebre santuario de Extremadura.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En cuanto a las Ordenes mendicantes tuvo en España, como en otros lugares, dificultades notables de reforma, dada su organización centralizada que había favorecido en cierto modo también su decadencia. Sin embargo, tal organización luego favorecerá o pondrá obstáculos a la reforma o la apoyará tibiamente. La historia de la reforma de los mendicantes, también en España dependió en buena parte de estos factores, a parte de los apoyos de papas y reyes, característica de la misma reforma, oposición de superiores locales, intervenciones abusivas de los poderes seculares, etc.. En España la reforma nace por iniciativa autónoma en varias provincias. En Santiago en 1390, que se autonomiza en 1440 de los conventuales; en Aragón, con una tendencia de carácter eremítico y se convierte en una provincia de observancia en 1442; en Castilla, parece ser que la observancia franciscana llega de Sicilia. Todos estos conventos reformados, a partir de 1446, forman con los observantes franciscanos franceses, ingleses, belgas, alemanes norte-occidentales la “Vicaria Ultramontana”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero en España nacen también grupos “ultra-reformistas”. Un primer iniciador de esta tendencia es Pedro de Villacreces (+1422), que se proponía reproducir el ideal de la Porciúncula gobernada por S. Francisco de Asís: vida austera y contemplativa, retiro y vida eremítica dentro del convento, pobreza radical, siempre descalzos, oración prolongada, silencio total. El estudio era reducido al mínimo. El sucesor de Villacreces, Lope de Salinas, aumenta el tiempo dado al estudio teológico y moral para formar predicadores y confesores, usando pequeños manuales. Prosigue esta línea el antiguo jerónimo Juan de La Puebla (+1495) con la reforma del convento de Santa María de los Ángeles de Sevilla. De este grupo nace la reforma de Juan de Guadalupe, la observancia rigurosísima, que da mayor fuerza a la predicación y al apostolado. Estos grupos diversos de franciscanos reformados continúan difundiéndose a partir de 1517; entre ellos se encuentra el de San Pedro de Acantara, confidente de Santa Teresa de Jesús, llamados “alcantarinos” o “pascualitas-alcantarinos”. A estos grupos reformados de franciscanos pertenecen los primeros grandes misioneros franciscanos del Continente americano. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra Orden religiosa reformada en España es la de los Agustinos. La formación de la “Congregación de observancia” española tiene una propia historia. Parece ser que su primer convento fue el de “Domus Dei” de Castelví de Rosanes en Cataluña (1420), que permaneció solo y aislado en medio del conventualismo hasta 1569. La “Congregación de observancia” española surge de hecho en Castilla por obra de Juan de Alarcón (+1451 c.), que actuó bajo la protección del padre general Favaroni y tras haber conocido la fuerte renovación de la Orden en Italia. Así se crea en España una “Congregación de observancia” ya en 1438, con 4 conventos de frailes y uno de monjas. Alarcón obtuvo en aquel mismo año la bula de confirmación de parte del Papa, mientras que en los demás casos italianos las bulas llegarán decenios después. La extensión de esta reforma en España se puede deducir del hecho que en 1504-5 se decretó la unión de la “Congregación de Observancia” con la Provincia agustiniana española, que tras divisiones y tensiones, sólo se pudo actuar en 1512. Ello se debió gracias a los Reyes Católicos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La historia de la reforma de los dominicos españoles tiene características semejantes. Ya en el Capítulo general de Burgos (1413), el general de obediencia aviñonesa (nos hallamos en los tiempos del cisma de Occidente), Juan de Puinoix, trata de eliminar los defectos más salientes en la Orden con fuertes medidas disciplinares, incluida la cárcel, y de restaurar la vida común. Probablemente tuvo un gran influjo San Vicente Ferrer con su vida santa, su predicación y sus escritos (Tratado de vida espiritual). Pero la verdadera reforma hay que señalarla también aquí en el método de la fundación de  “Congregaciones de observancia”, alrededor, parece ser de Santa Catalina de Siena (+1380) y de su confesor Raimundo de Capua, maestro general de la Orden a partir del 22 de mayo de 1380. La lista de dominicos eminentes que llevan adelante la reforma de la Orden en Europa, a partir de Italia, es abundante. En España comienza en Castilla en 1423 y recibe el reconocimiento de derecho pontificio en 1478. Su desarrollo se debe a los Reyes Católicos, por lo que en 1505 se une a la Provincia dominica de aquel Reino, eliminando los conventos no reformados e introduciendo la Observancia. Una de sus características fue su expansión a partir de un convento reformado, lo que se puede señalar como un ejemplo de reforma a partir de la base. En estas “Congregaciones de observancia” se quiere volver a la experiencia primera de la Orden y se resuelve el problema de la pobreza buscando una línea media: queda la “mendicidad” como ideal, pero se corrige con otros medios de subsistencia, cuando aquella se mostraba insuficiente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El caso de la Orden de los carmelitas, sea en el s. XV como en el XVI, sigue un itinerario parecido. Se pueden enuclear varias reformas serias: dos de “Congregaciones de observancia” fuera de España ya en el s. XV (las de Mantua en Italia y de Albi en Francia), y las del s. XVI, la general de Nicolás Audet de toda la Orden (1524), y la teresiana en España, que coincide con la historia de la reforma de la gran Santa Teresa de Jesús (1515-1582), seguida por su discípulo San Juan de la Cruz (1542-1591), los dos grandes místicos y literatos incomparables en su género. En España hay otras órdenes mendicantes, que en esta misma época siguen el camino de la reforma y que tendrán también un papel importante en la evangelización americana, principalmente los Mercedarios y los Trinitarios, ambas órdenes fundadas para la redención de cautivos en manos de los musulmanes del Norte de  África. La primera de estas dos órdenes, que pasarán tempranamente a América (el capellán de Cortes fray Bartolomé de Olmedo, muerto en 1524, era un mercedario),  desarrollará un papel fundamental en la historia de la evangelización americana.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La estructura de las “Congregaciones de observancia” de los mendicantes son bastante comunes. Son ordinariamente reconocidas, algunas por documentos papales (de derecho pontificio), otras por el general de la misma Orden. No crean sistemas jurídicos nuevos, como en el caso de los monjes; introducen sólo un gobierno doble, casi completo, dentro de la misma Orden, autónomo en relación a sus provinciales locales, pero no en relación al general de la Orden. La historia de cada caso muestra con frecuencia caminos y características peculiares. Estas reformas quisieron ir a la raíz de los males y cortarlas de cuajo. Se caracterizan en general por la pobreza vivida, la austeridad, la vida común, la penitencia aflictiva, la meditación y la “lectio divina” y con ella el silencio; un monje-abad de Monserrat en Cataluña preparará un tratado y meditaciones titulado “Exercitatorio de la vida espiritual” que ejercerá un influjo notable en tal sentido en todas las Órdenes de observancia. Al contrario, el tiempo dado al estudio estaba marcado por las necesidades apostólicas más que por una necesidad intelectual en sí; puede decirse, que sobre todo en sus comienzos, hubo una reacción contra los estudios académicos, o al menos una indiferencia y desestima para la formación sacerdotal. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La razón de esta desestima, sobre todo en el mundo de los monjes de este tiempo, era el pretender una oposición entre el monje “homo devotus” y “homo spiritualis” por una parte y del “homo doctus” por otra. El problema se empezará a resolver a lo largo de los primeros decenios del s. XVI, cuando los monjes reformados comienzan a erigir también colegios universitarios, pero el desarrollo fue bastante lento. Por su parte en las Órdenes de observancia encontramos actitudes muy diversas. En el caso español los agustinos, por ejemplo, son más bien contrarios. Lo mismo sucede con otras Órdenes. El rechazo de los grados académicos se fundaba en que habían sido en su tiempo una de las causas de la decadencia religiosa. Los dominicos resuelven el problema admitiendo a los mismos a frailes de virtud probada, y combatiendo los antiguos privilegios que tenían los titulados lectores (profesores o doctores). Poco a poco todas estas Órdenes resuelven el problema instituyendo en cada provincia casas de estudios, esto a partir de mediados del s. XV; sin embargo sigue durante mucho tiempo la oposición a los grados académicos. Así los agustinos de Castilla tardan hasta 1542 en organizar los estudios humanísticos, filosóficos y teológicos, cuando el General Seripando le impone una organización de los estudios para dar una mayor formación a los frailes candidatos al sacerdocio. La solución al problema fue positiva gracias a que la Observancia religiosa se consideró el valor principal al que se debían subordinar los otros valores. Además la solución ejemplar la habían ya ofrecido las grandes figuras reformadoras, que entran doctas y santas, es decir estrictamente observantes y regulares, y que se encontraban tanto en los monjes reformados como en las Congregaciones de Observancia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuanto hemos afirmado sobre la reforma de la vida religiosa en los reinos españoles de Castilla y Aragón, se puede aplicar en parte, aunque no con la misma radical insistencia, en el reino de Portugal. Entre las reformas destaca la de los franciscanos, llamados “Capuchos” (que no se debe confundir con los Capuchinos), favorecida por Alfonso V, y cuyo centro fue Varatojo. Estos franciscanos se distinguirán también por su compromiso en la empresa evangelizadora portuguesa bajo el Padroado.&lt;br /&gt;
7.5. La reforma del episcopado en la España de los Reyes Católicos y de comienzos del s. XVI. Los Reyes Católicos, la Reina Isabel sobre todo, habían promovido una reforma del clero diocesano y regular, basados en criterios válidos, no siempre exentos de cálculos también políticos, que Fernando no siempre había aplicado. No faltarán tensiones entre Fernando (+1516), Julio II y León X sobre las provisiones episcopales, porque el rey tendía a presentar los candidatos con el sistema de la “súplica”, cuando no existía el patronato (como era el caso de Granada). Con los criterios adoptados –naturales de los reinos, honestos, de la clase “burguesa”, doctos- los reyes Católicos no solamente habían puesto en marcha una reforma, especialmente en Castilla; habían también unido los obispos a la Corona. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Carlos I (V), nieto y sucesor de los Reyes Católicos (rey 1516-1556), quiere obtener de la Sede Apostólica lo que la misma había concedido con un concordato en 1516 a Francisco I de Francia. Lo obtiene de Adriano VI (1522-1523) (que había sido su consejero y regente en Castilla durante su ausencia obligada por motivos de su elección como emperador del Sacro Imperio Romano en 1520); es decir el patronato sobre Castilla y Aragón, tras haberlo obtenido sobre Pamplona (Navarra) (4-28 de mayo de 1523) con el ius patronati et praesentandi. Con la bula “Eximiae devotionis affectus” (6.9.1523) obtiene el patronato, por lo tanto el derecho de presentar a los candidatos, a todos los obispados, abadías y otros beneficios consistoriales. Tal concesión fue revocada el 3 de abril de 1527 bajo Clemente VII (1523-1534) con el voto del Consistorio, porque había sido concedida sin el voto del Colegio cardenalicio; tras el saqueo de Roma (1527), con la bula “Etsi ea quae” en Bolonia, antes de la coronación imperial de Carlos V (el 11 de enero de 1530), confirmada por Pablo III el 7 de julio de 1536, Carlos V obtenía de nuevo el patronato y el derecho de presentación. Desde este momento en adelante, durante siglos, los nombramientos episcopales estarán en manos del Rey de España en sus Reinos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La reforma de la vida eclesiástica comenzada por los Reyes Católicos empieza por la elección al episcopado de obispos doctos y rectos. Criterios de reforma: que fueran españoles, doctos, virtuosos, llanos (no aristócratas), residentes. &amp;quot;El clero de España es el nervio de la Cristiandad&amp;quot;, habría dicho San Carlos Borromeo en los tiempos del Concilio de Trento . Los Reyes quieren que el Papa nombre obispos españoles porque debían residir en sus diócesis, de vidas íntegras; no nobles, para que no se convirtiesen en señores feudales. En su época brillaron de manera especial algunas figuras. Entre ellas destacan las figuras del jerónimo fray Hernando de Talavera (c. 1430-1507), primer arzobispo de Granada después de la Reconquista, confesor de Isabel la Católica y el tipo ideal de obispo; el arzobispo, y teólogo dominico de Salamanca, fray Diego de Deza (1443-1523), el arzobispo y cardenal franciscano fray Francisco Jiménez de Cisneros (1436-1517) . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hernando de Talavera lleva una vida santa, con la celebración diaria de la Misa, el catecismo a los niños, reunión-capítulo mensual con los párrocos, y fundación de un seminario modelo, entre otros aspectos. Diego de Deza formó parte del Consejo de Sabios que examinó las propuestas de Colón, y fue uno de los pocos que consideró las mismas como viables. De ahí nació la gran amistad y admiración que el Almirante sintió siempre por Deza. Francisco Jiménez de Cisneros, figura fundamental en la historia religiosa y política de la España de su tiempo y en los comienzos de la evangelización de América, quien reformó a su Orden franciscana de la que era provincial en medio de oposiciones y de luchas. La Reina Isabel le ayudó en estas reformas, especialmente en la de las monjas. Para formar el clero funda los llamados “collegia minora” para el estudio de las letras, y los “collegia maiora” para la filosofía y la teología. Recomienda al clero doctrina, pureza de costumbres, empeño pastoral y litúrgico. Él fue el restaurador en Toledo de la liturgia mozárabe. En el mundo de la cultura ha pasado a la historia como humanista en cuanto funda la Universidad de Alcalá (Complutum) (1508) con un claro planteamiento humanístico y moderno, que edita la Biblia poliglota complutense en 6 volúmenes. Edita también varias obras devocionales en español, como la Vida de Cristo de Ludolfo y otra obras de la “Devotio Moderna”, que prepararon el florecimiento de los grandes místicos del siglo XVI. Además renovó la enseñanza de la teología. Su metodología será indicada por el teólogo dominico Melchor Cano en su “De locis theologicis” y por los estudios jurídicos del también dominico Francisco de Vitoria en Salamanca. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era un nuevo método de estudio de la teología que superaba el bizantinismo de una escolástica decadente, y trataba las cuestiones más importantes y candentes del momento. Se quería una exposición sencilla, sobria, elegante, a partir de las fuentes (Escritura, Padres, Concilios, documentos eclesiásticos); sustituye las “Sentencias” de P. Lombardo con la “Summa theologica” de Sto. Tomás. Así se preparan los maestros de los grandes teólogos españoles que acudirán a Trento o a sus discípulos. En Alcalá estudiará una  falange de grandes figuras del humanismo español, algunos como San Juan de Ávila (c. 1499-1569), declarado doctor de la Iglesia (2012), o personalidades que ejercitarán un papel importante en la historia de la evangelización y de los derechos humanos en América, como el p. jesuita José de Acosta (1540-1600) .  Esta Universidad contará con célebres maestros, entre ellos el dominico Domingo de Soto (1494-1560) y celebres alumnos. Con algunos entablará una amistad duradera, como con Don Pedro Guerrero, futuro arzobispo de Granada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La España cultural de la época comienza a respirar con los dos pulmones culturales de las universidades de Salamanca y de Alcalá. En estas universidades asistimos a un renacimiento del humanismo renacentista, con varias corrientes que lo caracterizan: vuelta a los estudios bíblicos en Alcalá (Biblia Políglota), con referencias a una teología positiva, siguiendo las huellas de los Padres, y reformismo eclesiástico. Encontramos también en ellas corrientes humanísticas, filosóficas y teológicas de matrices diversas, como el tomismo, el escotismo, y en medida menor algunos brotes nominalistas, y el influjo de humanistas como Erasmo y Tomás Moro. En estas universidades echan sus raíces las corrientes jurídicas que las harán célebres en el campo del derecho de gentes o internacional, con figuras como los dominicos Francisco de Vitória y Domingo de Soto y otros conocidos teólogos que ejercerán un fuerte influjo en el Concilio de Trento (1545-1563). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta reforma del episcopado no encontró un camino llano y fácil. Cuando Fernando el Católico muere en 1516, el cuadro del episcopado español no era homogéneo. La mayor parte de los obispos era ciertamente digna y muy convencidos del servicio al Rey, de buena altura eclesiástica e intelectual, aunque se daban casos de obispos poco dignos, nombrados por motivos de parentesco; había cardenales que no residían en sus sedes, nombrados por razones de amistad; había también obispos nobles, nombrados gracias a su proveniencia social y algunos por ser flamencos o por intereses con aquellos territorios bajo la Corona española, a partir de Carlos V . El emperador Carlos trató de seguir los criterios establecidos por los reyes Católicos, pero no siempre los mantuvo totalmente, lo que llevó a veces a consecuencias negativas, aunque en menor medida que en otros países europeos. ¿Cuáles habían sido los criterios de los reyes Católicos, sobre todo de Isabel? Ante todo la elección de personas doctas. Carlos V escogerá fundamentalmente personas preparadas y bien formadas en colegios eclesiásticos universitarios españoles, en los “Estudios generales” de los religiosos y en las universidades italianas. En su día, el cardenal franciscano, arzobispo de Toledo y primado de España, confesor y consejero de la reina Isabel y luego regente del Reino hasta su muerte (+ 8.11.1517), optó por teólogos, preferentemente canonistas, contra la tendencia que se daba en Italia, Inglaterra y franca. Este criterio será luego seguido por el Consejo real. Por ello los obispos españoles darán una notable aportación en el concilio de Trento. La reina Isabel había querido obispos honestos y había seguido rigurosamente este criterio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fernando fue menos severo en este campo, por lo que encontramos algún caso de obispos con hijos como  Alonso de Aragón (+1520), hijo del rey Fernando, arzobispo de Zaragoza y con hijos. Por su parte Carlos V aplicó aquel mismo criterio, también porque podía disponer de sacerdotes formados en los colegios de Talavera y de González Mendoza. La extracción social de los obispos era prevalentemente de la clase media. Carlos V por su parte nombrará luego también nobles, españoles y extranjeros, por motivos de gratitud y no siempre por razones eclesiásticas. El primero de ellos fue el joven Guillermo de Croy, de 20 años, que sucedió al gran Cisneros en Toledo ; era ya obispo de Cambray y cardenal, y nunca puso los pies en España. Dio también el obispado de Valencia a Eduardo de la Marca, obispo de Lieja, porque le servía para el Imperio . Se cuentan hasta 30 provisiones suyas de este tipo de obispos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para salvar el principio de los Reyes Católicos (“obispos naturales de estos reinos”), el rey Carlos concedía “cartas de naturalización” por las que se habilitaba a estos extranjeros a ser nombrados obispos de cualquier diócesis española; y si no podía dar provisiones de obispados, les daba pensiones sobre las rentas de estas diócesis. Estas provisiones llevaron al absentismo. Los obispos españoles debían comprometerse a residir en sus diócesis para poder recibir la provisión, con una especie de pacto, como dirá un obispo español en el concilio de Trento. Pero no la exigía de los extranjeros, que a veces eran cardenales italianos de curia. La exige de los españoles residentes en Roma o en la Corte. Pero era él mismo a dificultar o a imposibilitar la residencia porque se servía de los obispos para los servicios administrativos, civiles, para la dirección del consejo real, para las Cancillerías de Valladolid y de Granada, como embajadores, etc. Así, por ejemplo, el cardenal Pedro Pacheco, primer obispo residencial de Pamplona después de 80 años, nunca estuvo ni en Jaén ni en Sigüenza, sedes a las que había sido trasferido (1545-1560), y fue también virrey de Nápoles. El inquisidor Fernando Valdés nunca residió en alguna de las diócesis para las que había sido nombrado, e incluso consideraba abstractos a los “frailes teólogos” (como Victoria) y a los predicadores, como Pablo de León, que criticaban duramente este ausentismo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por todo ello vemos que en tiempos del emperador Carlos V en sus dominios europeos, también en España hubo periodos en los que encontramos que pocos obispos residían en sus diócesis. El hecho ahondaba sus raíces en motivos de ambiciones a ser trasladados a sede más importantes, por ser más ricas, con posibilidades de ejercer influencias y tener mayores poderes; en una palabra, una mundanidad infiltrada en aquellas esferas episcopales, denunciadas con dureza por parte de figuras episcopales del calibre del agustino Santo Tomás de Villanueva (1486-1555), arzobispo de Valencia , y más tarde en el concilio de Trento por parte del obispo dominico portugués Bartolomé de Martyribus en su “Stimulus pastorum” .  A pesar de estos límites, serán los obispos españoles quiénes en Trento lucharán por la reforma del episcopado y por la residencia de los obispos en sus diócesis.&lt;br /&gt;
7.6. El clero inferior. Hacia finales del s. XV y comienzos del XVI el clero, tanto el secular como el regular, contaba como ya se ha indicado, un alto porcentaje de miembros. En el clero diocesano había un clero “medio”, al que pertenecían los canónigos de los capítulos, el de las colegiatas y los párrocos de parroquias importantes. Los canónigos como cuerpo habían sufrido el contragolpe de la acción de los reyes Católicos. Esta clase clerical pertenecía de hecho a la antigua estructura feudal, por lo que buscaron  defender su posición. Con frecuencia vivían con un tenor de vida bastante secular y garantizaban también una serie de beneficios a su parentela, por lo que con frecuencia accedían a estos cargos, más por intereses económico-sociales que por vocación a la vida clerical. Pertenecían al considerado clero bajo, la mayoría de los párrocos, de los capellanes y de los beneficiados menores. Tenían que ejercitar un oficio para poder vivir porque las rentas del beneficio no eran suficientes. Los reyes Católicos trataron reformar también a este clero, juntamente con obispos y otros prelados, buscando la promoción del sacerdote reformado ideal. En esta empresa tendrán luego un papel fundamental  muchos tratadistas teológicos, jurídicos y humanistas como Vitoria, el arzobispo de Toledo Carranza, Soto, San Juan de Ávila, fundador en su tiempo de varios colegios-seminarios para la formación del clero, ya antes de Trento , Luis de Granada y otros muchos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A la luz de cuanto descrito surge una pregunta obligada: ¿Se puede hablar en un sentido apropiado y estricto de una Iglesia “nacional” española, como se habla de la “Iglesia galicana” en Francia o de la “Iglesia anglicana” en Inglaterra? Las tendencias eclesiales centrífugas se dan en varios países de Europa y se agudizarán a partir del siglo XVI. No parece que se pueda hablar en el mismo sentido en el caso español y en el portugués. Ciertamente en España y Portugal se podría ver en sistema  del “Patronato” y del “Padroado” una expresión centrífuga. Sin lugar a dudas existe una conciencia bastante claro de la propia identidad nacional y eclesial, pero sin llegar a los límites de las concepciones de buscar la creación de una Iglesia autónoma del Papado, ni siquiera la defensa de “unas libertades eclesiales adquiridas” como sucedía en otros países europeos. La fidelidad al Romano Pontífice nunca fue puesta en duda a lo largo de esta historia ni por los Reyes ni por los obispos, juristas y teólogos españoles. Incluso el largo proceso de elaboración de la doctrina sobre el Patronato no fue ni fácil ni unánime. Se legisló sobre la exclusión del episcopado de todo extranjero, en la práctica esta regla fue con frecuencia olvidada o se encontraron salidas para evitarla. Incluso las “represalias” que tomaban los Reyes contra Roma, fueron siempre mitigadas por el realismo en las relaciones, tensiones sin ruptura, que al final se recomponían. En todo caso serán más duras en el siglo XVIII con la dinastía de los Borbones, incluso con nuevas y más radicales interpretaciones en favor de las dos Potencias católicas del Patronato o del Padroado, pero ya era una situación nueva que la Iglesia vivía en toda la antigua cristiandad europea bajo los regímenes del absolutismo ilustrado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==NOTAS:==&lt;br /&gt;
  &lt;br /&gt;
&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
'''FIDEL GONZÁLEZ FERNÁNDEZ'''&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.56.173</name></author>
		
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		<title>ESPAÑA; la sociedad española en la época de los descubrimientos</title>
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		<updated>2014-03-28T20:41:15Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.173: /* 2. La población española en el momento del descubrimiento de América */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;==ESPAÑA; la sociedad española  en la época de los descubrimientos== &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==1. La España de los Reyes Católicos==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Durante la llamada Edad Media, la Iglesia había sido el punto de referencia en la creación en la Península Ibérica de una historia común. Algo semejante había sucedido también en la Europa medieval, pero en el siglo XVI aquella historia común europea se interrumpe con las divisiones religiosas y culturales. El momento en el que sucede el encuentro entre España y América coincidió con el paso de una época a la otra. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La unidad dinástica de los reinos hispanos sucede en 1479 con la fusión personal de Castilla-León y Aragón-Cataluña, por el matrimonio de los dos monarcas de ambos reinos: Isabel I (la Católica) de Castilla-León y Fernando V (el Católico) de Aragón. Doce años después (el 6 de enero de.1492),con la reconquista del reino moro de Granada, se cierra el ciclo de la reconquista y la unidad practica de los reinos españoles, bajo el lema que adoptan de igualdad de poderes y unidad de decisiones de las dos Coronas en una, con el lema “''tanto monta, monta tanto, Isabel como Fernando''”, y la simbología heráldica para expresar aquella unión (el ''Yugo'', letra inicial de Isabel, entrelazado con la ''Flechas'', letra inicial de Fernando). Este hecho tendrá repercusiones incalculables en el futuro de la misma España como en el Nuevo Mundo, que pronto iba a entrar en la escena mundial de la mano española. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una frase: &amp;quot;''en cabeza del rey''&amp;quot;, iba a expresar lapidariamente el papel de la monarquía en aquella empresa: frase que ya se encuentra en autores de la primera hora, y que viene a significar el papel o responsabilidad del Rey o de la Corona en todos los asuntos del gobierno, tanto civil como eclesiástico, del Nuevo Mundo: administración de la justicia, patronato, legislación, defensa de los derechos del indio, etc., como Fray Domingo de Betanzos, Francisco López de Gómara, en su ''Historia General de las Indias'', o más tarde Felipe Guamán Poma de Ayala (comienzos del s. XVII) y muchos otros recuerdan en sus historia y crónicas.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
La España de los reyes Católicos era una España claramente identificada con la historia que le había dado origen. Su monarquía conservaba todavía esta conciencia. Tal es la clave para comprender muchas iniciativas políticas y religiosas de los Reyes Católicos, Isabel I la Católica de Castilla y Fernando V el Católico de Aragón, y de sus descendientes, principalmente Carlos I (V como emperador del Sacro Romano Imperio Germánico) y Felipe II, y de sus descendientes los demás reyes de la Casa de Austria española (o Augsburgo). Durante el reinado de los reyes Católicos acontecen en la historia nacional española algunos grandes hechos: la unión dinástica de los dos grandes reinos ibéricos de Castilla-León y de Aragón-Cataluña con el consiguiente reforzamiento de la monarquía y la regularización del sistema administrativo de la Corona; la reforma de la vida eclesial en sus diversos niveles; la conclusión de la lucha secular de la reconquista del dominio musulmán del suelo patrio, que antiguamente había formado el reino hispano-visigodo; el comienzo de la expansión transoceánica que dio como resultado la llegada a las tierras del Nuevo Mundo, que para el historiador, capellán de Cortés, Francisco López de Gómara, había sido “''el más grande acontecimiento después de la creación del mundo si se exceptúa la encarnación y la muerte de Aquel que lo había creado''”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta empresa política, pero también evangelizadora, fue posible gracias a la existencia de un sujeto tanto político como católico en la comunidad hispana, impregnada en este último caso de una conciencia de la fe católica, sea a nivel popular como en la Corona. Los Reyes Católicos tenían una clara conciencia de su autonomía política en la esfera secular. La tenían también como cristianos. También como príncipes católicos no estaban exentos de una mentalidad jurídica muy extendida en las relaciones entre los Estados cristianos nacientes y la Iglesia de querer controlar la vida eclesial en sus Estados, pretensión común en los gobernantes (o príncipes) cristianos de esta edad moderna. Tal pretensión, que databa ya de siglos anteriores, llevaría en muchos casos a caer en la tentación, nunca escondida, de crear de hecho Iglesias nacionales, bajo el control del Estado. En el siglo XV, a pesar de la crisis conciliarista, tenían una sana conciencia del papel del Papa como cabeza de la Iglesia y reconocían su misión y supremacía en el campo eclesial y espiritual, “''no reconociendo superior temporal sino a Dios Omnipotente, y dando la obediencia espiritual debida al Sumo Pontífice y a la Iglesia apostólica de Roma''”, como escribía entonces Fernández de Oviedo, uno de los primeros testigos e historiadores de la conquista en el Nuevo Mundo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El papel de la corona fue fundamental en los tres siglos siguientes, tanto en el ámbito de los descubrimientos y de la colonización, como en el de la evangelización. Ya desde el alba de la presencia española en el Nuevo Mundo, los Reyes Católicos emanaron una serie de disposiciones o cédulas legales y administrativas con el fin de regular un gobierno recto en aquellas tierras, y afrontar las problemáticas humanas, políticas y evangelizadoras que aquellas situaciones inéditas planteaban. En tal sentido el testamento del 12 de octubre de 1504 y el codicillo de Isabel la Católica añadido el 23 de noviembre de 1504, tres días antes de morir, dan las directivas del proyecto político (relación entre españoles e indios, y derechos de éstos) y de la evangelización e implantación de la Iglesia en América. Aquel texto fue codificado y se convirtió pronto en un texto legal, caso único en la historia constitucional de un país, entrando así a formar parte de la legislación de España sobre las Indias hasta las independencias de sus países.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==2.La población española en el momento del descubrimiento de América== &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se calcula que en el momento del descubrimiento de América, España tenía unos ocho millones de habitantes. De ellos, antes de 1492, medio millón eran judíos (la expulsión en masa de los mismos acontece en 1492) y un millón de mudéjares  a los que luego habría que añadir los “moriscos”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Cómo se distribuía socialmente esta población? Un 80 % era rural. Se daba una endeblez numérica de clases. Lo que hoy se suele llamar &amp;quot;clase media&amp;quot; (pero que en este caso sería un anacronismo), puede ser distribuida de la siguiente manera: un 3%, que no eran clé¬rigos, ni militares, ni campesinos, ni patricios urbanos; eran gente común. Había unos 75.000 clérigos o eclesiásticos , el 1% de la población, de los que unos 2000 o 3000 pertenecían al llamado &amp;quot;clero alto&amp;quot;. Los nobles o hidalgos de variada posición y entidad eran unos 115.000, el 2% de ese número total. En cuanto a la propiedad las tierras, éstas pertenecían al 2% o 3% de la población que poseían el 97% de las mismas. Esta alta aristocracia, personal o jurídica, era dueña de la mitad de España. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Y cómo se componía ésta aristocracia? Se contaban unas 50 familias unidas por vínculos de sangre y que constituían de hecho una fuerza social, política y económica paralela a la del rey, como lo demuestran las convocatorias de frecuentes “Cortes” para tratar los asuntos importantes del Reino, proclamar o reconocer al rey, que debía jurar sus fueros , proclamar ante ellas por parte del rey leyes, cédulas reales o disposiciones en los campos civil o eclesiástico y determinar la política a seguir en el Reino. Las Cortes eran en la antigua historia española medieval y en los comienzos de la moderna una asamblea general del Reino que convocaba el rey en los antiguos reinos de España para tratar asuntos de estado, generalmente, la elaboración de leyes y la concesión de impuestos: a las Cortes acudían los representantes del clero, de la nobleza y de las poblaciones importantes, ayuntamientos de ciudades y de villas. En las “Cortes” se encontraban representadas las diversas entidades o corporaciones que componían el Reino. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En todo este tren de vida política, algunos nobles (en realidad pocos), descendientes en buena parte de antiguas familias de caballeros, protagonistas en la reconquista, o de otros nuevos allegados por méritos o por influencias, ocupaban puestos en la Corte real, la que en esa época solía ser “ambulante” a lo largo de ciudades y villas del Reino. Estos nobles, que con frecuencia poseen sus castillos y palacios, comienzan a llevar un tren de vida a veces fastuoso. Estaba luego una pequeña nobleza de mayor peso social y económico, y otra mediana formada por militares, hijosdalgo, y caballeros, que constituyen dos poderosos es¬tratos sociales. El estamento militar asiste por derecho propio a las Cor¬tes. Vive en posesiones rurales e influye en el gobierno a través de la parentela y vínculos de nobleza. De esta pequeña noble¬za se recluta lo mejor de los capi¬tanes, diplomáticos y funcionarios. De la pequeña nobleza salieron muchos obispos (&amp;quot;llanos&amp;quot;, no pertenecientes a la aristocracia o alta nobleza). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se debe también hablar de una incipiente nobleza urbana: terratenientes, ricos por herencia, no comerciantes, y que es más culta que la nobleza militar. Sus hijos llenaban las universidades. También de aquí salen canónigos, obispos, abades. Fueron excelentes secretarios y administradores. Los pobladores de las pueblas (poblaciones fundadas con privilegio real y cuyos vecinos formaban “ayuntamientos” y concejos) y las villas (con sus pobladores llamados &amp;quot;villanos&amp;quot;) tienen acceso o movilidad de ascenso a ese tipo de nobleza y constituyen una parte importante y fundamental en la estructura del Reino. La tendrán en el poblamiento español del Nuevo Mundo con sus fundaciones, al estilo castellano o de la madre patria. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la estructura y en la vida social y política del Reino se encuentra el clero. Constituye un grupo social peculiar dentro de la sociedad. Dentro de él hay de hecho un clero socialmente alto y otro clero bajo, no por procedencia social, sino por los puestos que ocupan en la estructura eclesiástica. El clero tiene un fuerte espíritu corporativo (como en los otros países de la cristiandad medieval hasta la edad contemporánea) para defender sus inmunidades. Su fuerza económica la constituyen los diezmos (en especie, que se subastaban). La mentalidad de cada estrato era fuerte y reflejaba con frecuencia también su procedencia social. El papel del alto clero era notable. Constituían la columna vertebral de muchos sectores de la administración pública, cancilleres, presidentes y miembros del Supremo Consejo de Indias, cuando éste fue creado, y de muchos tribunales. Personajes fundamentales en la España de los tiempos del descubrimiento de América, como el arzobispo Talavera, Deza, los cardenales Cisneros y Mendoza, por citar nombres universalmente más conocidos, lo demuestran. En conjunto forman un grupo notable por &amp;quot;letras y virtud&amp;quot;. Muchos de ellos actuaron en la vida política e incluso en la militar; son parte de la última hornada de prelados-capitanes, como lo fue incluso el cardenal franciscano reformador Francisco Ximénez de Cisneros (que tiene su proceso de canonización introducido). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dentro del clero se encuentra una especie de alto clero menor, generalmente hacen parte de ella los prebendados (que eran dignidades, canónigos o racioneros de alguna iglesia catedral o colegiata). Normalmente son de elevada categoría intelectual. Existen 47 capítulos ca¬tedrales de gran poderío económico y con un nivel moral bastante bueno en general. Sin embargo entre el bajo clero, incluso entre el religioso, se da a veces inmoralidad, ignorancia y pobreza. Este fenómeno de decadencia en una parte del clero regular y secular era un fenómeno de la cristiandad europea de la época, con numerosos intentos de reforma por parte de papas y concilios a lo largo del siglo XV y comienzos del XVI. Basta recordar cómo el tema de la reforma del clero aflora y es tratado específicamente desde el Concilio de Constanza (1414-1418), Ferrara-Florencia (1438-1445), Lateranense V (1512-1517). En este cuadro el caso español corresponde al del resto de Europa. Sin embargo no se puede generalizar. Los concilios provinciales vigilaban y urgían por una reforma de las costumbres entre el clero. El siglo XVI será un siglo de notables &amp;quot;reformas&amp;quot; en este sentido, que verá el florecimiento de muchas Órdenes religiosas reformadas, de varios concilios provinciales y culminará con las reformas del Concilio de Trento (1545-1563). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Había en la España a la que nos referimos lo que se podría llamar &amp;quot;grupos medios&amp;quot;, aunque el término no corresponda a la moderna acepción de “clase social”. Eran gentes de ejercitaban oficios y menesteres necesarios en toda sociedad, especialmente en villas y ciudades como mercaderes y comerciantes, no¬tarios, abogados, barberos (que ejercitaban a veces también una medicina rudimentaria, pero importante), médicos y curanderos y pequeños administradores. Demográficamente eran débiles. De ellos salía 1/3 o 1/4 de los regidores. Solían componer (en reinos como en Aragón) los cabildos de las ciu¬dades. Son la raíz de la futura burguesía industrial y mercantil.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los artesanos constituían una especie de clase o grupo modesto urbano, que vivían asociados en gremios. La artesanía era más bien patriarcal y familiar, y menos técnica de taller, como en Italia o en Flandes. Proporcionaban un tercio o un cuarto de los regidores . Constituían la masa popular en los festejos. Este grupo social tiende a superarse y a presentarse bien. Su vida era suficientemente holgada. La población de todas estas clases sociales componía el 20% de los habitantes de España. Luego estaban los campesinos, que son un 80%, en desigualdad de condiciones, según las regiones. Había campesinos &amp;quot;de señorío&amp;quot;, a veces en penosas condiciones, y campesinos de realengo , a veces muy dignos. Pero toda la población vivía a veces sometida a calamidades y grandes crisis, comunes a todo el resto de Europa, como pestes y enfermedades endémicas y crónicas, sequías o superabundancia de lluvias, inviernos crudos, o veranos tórridos; todo ello provocaba muertes frecuentes y prematuras, y hambrunas frecuentes, sobre todo en las tierras más áridas o secas como las castellanas. Sin embargo estas penosas situaciones, con frecuencia endémicas, no provocaron sublevaciones populares, como sucedió en otros lugares de Europa; basta pensar a las sublevaciones de los campesinos y de los caballeros en la Alemania de los tiempos de Lutero o en otras semejantes en la Italia e incluso en la Roma de los siglos XIV y XV.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y ¿cuál era el valor monetario corriente en esta época? En el caso español el más común era el &amp;quot;ducado&amp;quot;, que correspondía a 375 maravedís, una equivalencia a unos ocho jornales de obrero especializado o veinte jornales de un peón. El marqués de Villena, por ejemplo, tenía 100.000 ducados de renta al año. La Iglesia (sus instituciones y su personal ministerial) tenía seis millones de ducados de renta: dos millones el clero re¬gular y cuatro, el clero secular. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
3. La España católica y la Reconquista&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
1. Carácter y temperamento del catolicismo español de la época: ¿Cómo se explica la vehemencia y también la fuerza del catolicismo español? Hay muchas teorías y opiniones al respecto. No hay que olvidar la característica historia cristiana española a partir del siglo VIII, cuando los musulmanes del Norte de África invaden el Reino español de los visigodos y lo desbaratan en la batalla de Guadalete (Andalucía) donde perece el último rey visigodo Don Rodrigo, que pasará a la leyenda épica española en multitud de romances (711). Casi todo el Reino visigodo español cae bajo dominio musulmán, si se exceptúan las regiones montañosas del Norte, astures, cántabros, vascos, y zonas de la Navarra y de la Cataluña pirenaica. En el año 721 encontramos los hechos conocidos como “batalla de Covadonga” en las montañas de Asturias, donde un príncipe visigodo, Don Pelayo (+737), levanta el estandarte de la &lt;br /&gt;
Cruz contra el invasor musulmán y da comienzo a la Reconquista, que se concluirá en 1492, en Granada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue el comienzo del minúsculo Reino de Asturias, que lentamente alargará sus fronteras reconquistando los territorios de León y luego las mesetas castellanas. Dará lugar así al nacimiento, como prolongación del reino asturiano del de León (s. IX), y más tarde al de Castilla (s. X) (Castilla y León unidas de nuevo a partir del 1230), del que nacerá con el tiempo el condado de Portugal (condado dependiente de Castilla a partir del 1094 y luego reino, totalmente autónomo). En el caso Asturiano ya a finales del siglo VIII se funda la ciudad de Oviedo (760), alrededor del monasterio benedictino de San Pelayo, donde el rey Fruela  I (757-768) establecerá su Corte y que alcanzará un notable esplendor artístico en tiempos de su hijo y sucesor Alfonso II el Casto (rey 792-842), contemporáneo de Carlo Magno, con el que mantendrá relaciones culturales y políticas. Nace así aquel arte que todavía hoy se contempla en la región asturiana, el llamado “pre-románico”, la preciosa Cámara Santa de la Catedral de Oviedo, como relicario de valiosas reliquias traídas del resto de la España invadida por los musulmanes, entre ellas la Cruz de la Victoria (símbolo de la reconquista, levantada por su primer caudillo don Pelayo), la de los Ángeles símbolo heráldico de Oviedo, de tiempos del rey Alfonso II, el Santo Sudario y otras muchas de indiscutible valor histórico y religioso. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este tiempo de Alfonso II el Casto, comienza la histórica peregrinación hacia Compostela, lugar donde se señalaba la traslación de las reliquias del Apóstol Santiago y que dará lugar a uno de los tres grandes centros de peregrinación medieval: Santiago, Roma y Jerusalén. Algo semejante comienza a suceder en las estribaciones de los Pirineos aragoneses (como en los alrededores del monasterio de San Juan de la Peña) y catalanes. Son las raíces tempranas de varios condados y marcas del reino de Aragón, con una historia unida a los nacientes reinos de Navarra y de Castilla y de los condados catalanes, cuya historia autónoma comienza a caminar a partir del s. IX, y que pasados varios siglos se unirán a la Corona aragonesa (Alfonso II de Barcelona, conde de la misma y rey de Aragón, une al reino aragonés el condado hereditario de Barcelona en 1162).  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin embargo la reconquista fue dura y larga. De hecho, hacia el año 750, gran parte de la península se encontraba bajo el califato de los Omeyas, en Córdoba, fundado por Abd-er-Rhaman I (756-788), que llega a su máximo esplendor en tiempos del califa Abd-er-Rhaman III (912-961). Y sus caudillos atormentaban con continuas incursiones los territorios cristianos. Así todavía en el año 1000, el caudillo musulmán Almanzor logró llegar hasta la misma Compostela en el oeste y a Barcelona en el este, convirtiendo en tierra quemada cuanto encontraba a su paso . Por ello también los reinos cristianos en su avanzada hacia el sur, de grandes ríos en grandes ríos, desde el Duero hasta el Tajo, van creando espacios desiertos de frontera para estorbar las frecuentes incursiones de los reinos musulmanes. Son la “Extrema-dura”, o las vacías y desérticas tierras fronterizas; se van levantando castillos y fortalezas a lo largo de la geografía hispana que darán también lugar incluso al nombre del futuro condado y reino de Castilla.&lt;br /&gt;
En esta misma época se asiste al nacimiento del califato de Córdoba, que en mundo islámico de la época es de la misma grandeza esplendorosa de los de Damasco y Bagdad, y a su historia cultural incomparable, que ha dejado una herencia imborrable en la cultura mundial e hispana. Entre el 1009 y el 1031, el califato de Córdoba se va dividiendo en pequeños estados independientes (reinos de taifas), entre los que hay que recordar: Toledo y Badajoz (1009); Murcia (1010); Zaragoza (1012); Almería y Granada (1013); Denia (1014), Málaga (1016); Valencia (1021); Sevilla (1023); Mallorca (1015); Córdoba (1031), etc.. luego: Orihuela, Huesca, Jaén, Carmona, Niebla, Algeciras. Incluso Córdoba se erige en una especie de republica aristocrática entre 1031 y 1070; es ocupada por el rey musulmán de Sevilla en 1070; conquistada por los musulmanes Almorávides de África en 1086 y luego en 1148. En 1091 los musulmanes Almohades de Mauritania invaden los reinos musulmanes de la Península ibérica (1091-1229), que serán derrotados por los reinos cristianos unidos en la batalla de Las Navas de Tolosa (1212), comenzando así la fase final de la reconquista cristiana. El rey castellano Fernando III el Santo, conquistará Córdoba el 29 de junio de 1236 y Sevilla en 1248. Ya en 1085, el rey cristiano Alfonso VI de Castilla había conquistado Toledo y la había convertido en su corte; los aragoneses habían reconquistado Zaragoza en 1146. Jaime I de Aragón reconquista Valencia el 29 de septiembre de 1238. El último reino musulmán de la Península ibérica, Granada, será reconquistado por los Reyes Católicos, Isabel y Fernando, el 5 de enero de 1492 .&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
2. La Reconquista: Entre el 830 y 1030, se vive un período de dos siglos de exaltación cristiana en la Reconquista; florece la cristiandad mozárabe  y nacen o avanzan los reinos cristianos: León, Castilla y Navarra, nace el de Aragón y los condados catalanes, entre los que emerge el de Barcelona cuyos condes, con el andar del tiempo, se convierten en reyes de Aragón, dándose así la unión dinástica entre ambos estados. En los siglos XI, XII, XIII: la Reconquista avanza en las diversas líneas fronterizas: del Duero, luego hasta el Tajo, con la conquista de Toledo, la antigua capital visigoda, la ciudad de las tres culturas o religiones (cristiana, islámica y hebrea, que había alcanzado un enorme esplendor cultural frente al resto de la misma Europa medieval cristiana). Por parte suya se asiste a una decadencia y luego al ocaso del califato de Córdoba, la división del mismo en números reinos de taifas que pueblan el sur de la Península .                    &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los musulmanes del norte de África intentan reconquistar las tierras perdidas y unificar a los reinos de taifas. Son las invasiones de los almohades. Pero en el año 1212 se da el paso definitivo del choque entre los reinos cristianos españoles y los musulmanes de los almohades en la batalla de Las Navas de Tolosa. Es la época que sigue a la renovación de la vida eclesial española a través de la aplicación en España de la reforma gregoriana con el apoyo de benedictinos y cistercienses. Es también la época de las grandes peregrinaciones a Santiago de Compostela, la del románico de los siglos XI al XIII, del nacimiento del gótico con sus grandes catedrales que se extienden por toda la geografía española hasta el siglo XV. En el siglo XIII la vida eclesial se renueva a través de los canónigos regulares primero, de los frailes mendicantes luego, entre ellos Santo Domingo de Guzmán, canónigo en Osma (Castilla), y sus dominicos y la llegada también de los franciscanos, y del mismo san Francisco, peregrino a Santiago de Compostela. Fernando III el Santo de Castilla y León, reconquista Sevilla y Córdoba, y su hijo, Alfonso X el Sabio, da un nuevo esplendor a las letras y a la compilación jurídica de las antiguas leyes hispanas; las tres lenguas de su Reino (latín, castellano, árabe y hebreo) formaban parte del bagaje cultural del Reino . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En Aragón brillan las epopeyas de Jaime I, el conquistador de Valencia del dominio musulmán. A pesar de episodios lamentables para los cristianos, con signos de algunas episódicas luchas dinásticas y señales de decadencia, como en el resto de Europa, los Reinos cristianos españoles han entrado de lleno en el bullir de una conciencia que camina a pasos agigantados hacia el ocaso de la Edad Media y el nacimiento de una modernidad, todavía confusa, con la constitución de reinos-naciones, raíces de los futuros estados nacionales. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
3. La vitalidad de los reinos hispanos: En este cuadro, los reinos hispanos se encuentran ya plenamente activos en la vida tanto eclesial como civil europea, con tratados, matrimonios reales, participación en la vida cultural europea con las nuevas universidades, de las cuales Palencia y luego Salamanca, pertenecen a la primera generación, o en los grandes y dolorosos conflictos que enturbian la paz de la “christianitas” europea, como los que caracterizan el siglo XIV y comienzos del XV, como el cisma occidental (1378-1417). Las suertes de la reconquista están echadas. Los reinos musulmanes que todavía persisten en el sur o se convierten en vasallos de los reyes hispanos o son reducidos a su mínima expresión, a pesar de momentos de gloria artística, como en el caso del reino nazarita de Granada. En esta época, los aragoneses y catalanes salen de sus fronteras, navegan por el Mediterráneo y buscan alianzas y ensanchar sus fronteras en el mismo: Nápoles, Sicilia, Cerdeña y hasta el extremo oriental del Mediterráneo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el territorio patrio no todo es fácil. El feudalismo antiguo persiste y la nobleza se encuentra inquieta con rebeldías endémicas que producen conflictos civiles y guerras episódicas de carácter dinástico dentro de las mismas familias reinantes, que después de todo se encuentran muy emparentadas entre sí. También en esta época de mediados del siglo XV, siguiendo el ejemplo del hermano Reino portugués, los castellano-leoneses salen al Atlántico e incorporan las Islas Canarias a sus dominios. Nos encontramos en tiempos de Juan II de Castilla y León, el padre de Isabel la Católica. Tras el reinado endeble y discutido de su hijo Enrique IV de Trastamara, llega el reinado de su hermana Isabel I la Católica, que se casará con su primo el príncipe Fernando de Aragón, que pronto se convierte en rey de aquel Reino. Con este matrimonio real, cambia radicalmente la historia española; se concluye la reconquista en Granada (1492) ; se unifican en las personas de los dos reyes los reinos hispanos, bajo el famoso lema del “Tanto monta monta tanto Isabel como Fernando” y la simbología heráldica que los dos esposos reales adoptan. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Suceden también momentos muy discutidos por la historiografía antigua y reciente como la expulsión de los judíos (1492), malqueridos por sectores de la gente vulgar y de la nobleza a causa, sobre todo, de su papel en la recolección de los impuestos de la misma Corona y una antigua y jamás escondida animosidad, alimentada por antiguos prejuicios y leyendas populares, y por la persistente acusación de “deicidio” que las acompañaban por ser considerados presuntamente en parte, como una especie de “quinta columna” en la antigua época de las invasiones islámicas, y en la época de su expulsión, de los mismos turcos. Es en este momento histórico, y en el mismo año de toda esta serie de acontecimientos notables en la historia hispana, que acontece la aventura atlántica de Cristóbal Colón y el descubrimiento del Nuevo Mundo. Todo ello abrirá una nueva página en la historia hispana y también mundial. La noche quedaba atrás&amp;quot; .&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==4. La mentalidad común de la época ante la infidelidad y la herejía== &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ocho siglos de esfuerzos en una reconquista  trabajosa, y no siempre constante y uniforme, forjaron un temperamento en la España cristiana de entonces, con sus luces y sus sombras, hasta alcanzar una ordenación unita¬ria. La reforma católica se adelanta casi un siglo y en forma origi¬nal en estos Reinos españoles unidos bajo los reyes Católicos. “España […] que se había convertido en una gran potencia […] se convierte en el país del catolicismo del futuro […] pudo así convertirse en un cierto sentido en la patria espiritual de la restauración católica y de la contra-reforma” . Y esta actitud de lucha continúa bajo el nieto de los Reyes Católicos Carlos I (V como emperador): 1520-1558 frente a la herejía . Los teólogos del siglo XVI no abandonan la idea del “Orbis christianus” frente a la herejía. Según su posición general, no se puede dar ninguna coacción sobre los infieles para abrazar la fe, pero sí sobre los bautizados, para conser¬varla. Quedaba en pie un problema ante la situación en el suelo español de la población no cristiana de judíos y de moros: ¿por qué se da esa disyuntiva con-tra ellos de, o abrazar la fe o de emigrar? ¿En qué sentido el poder civil toma parte en favor de una solución radical en el asunto que lleva a la exclusión de estos grupos divergentes? ¿No fue en parte por motivos meramente seculares y civiles, con la naciente “razón de estado” de querer construir un reino unido (Estado) sin discrepancias o elementos centrífugos? ¿No estuvo esto en parte en los orígenes de la creación del tribunal de la Inquisición para examinar los falsos conversos, sea del judaísmo o del islamismo, y que más tarde se extenderá a otros divergentes religiosos, protestantes o pensadores considerados heterodoxos? ¿Protestaron los teólogos contra este tipo de coacciones? . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==5. La nación española== &lt;br /&gt;
En el contexto señalado se forja un celoso nacionalismo, traducido en el estatuto de “lim¬pieza de sangre”, una especie de “culto al honor nacional e innoble criterio de casta” . Los siglos XIV-XV españoles fueron tolerantes. Para el siglo XVI se suelen dar las siguientes estadísticas de la población española : unos 7.000.000 cristianos viejos; unos 350.000 conversos; unos 300.000 moriscos . De pronto aparece la intolerancia. ¿Por qué? La convivencia de cristianos, judíos y musulmanes en los reinos cristianos españoles durante la Edad Media, había tenido que ver con el proceso de &amp;quot;Reconquista&amp;quot; cristiana española de sus tierras invadidas, y la conquista por parte de los musulmanes, sobre todo de las tierras meridionales que ellos llaman Al Andalus (Andalucía, o “tierra de los Vándalos”, antiguos invasores de la misma de origen germánico en el s. V) y posterior ocupación del territorio por los diferentes reinos cristianos del norte de la península. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La escasa repoblación cristiana de sus nuevos territorios hace que sigan viviendo en ellos un importante número de musulmanes, tanto en zonas urbanas (aunque en barrios propios, como la morería de Zaragoza), como en zonas rurales (como siervos de señorío). El final de la Reconquista - con la toma de Granada- y la política religiosa de los Reyes Católicos, modifican la situación previa: en Granada se producen bautismos en masa, y los Reyes Católicos sólo permiten la religión cristiana en España, por lo que judíos y mudéjares han de convertirse o salir del país. En la lucha enconada contra el creciente poderío turco, se teme su alianza con el mismo y en concreto con los piratas berberiscos y turcos que atacaban las costas de la Europa cristiana. Los moriscos andaluces protagonizan  una insurrección en 1568 (la rebelión de las Alpujarras), que fue sofocada casi dos años después por don Juan de Austria, hermanastro de Felipe II. Los moriscos de esa zona fueron desterrados, hecho que aumentó la suspicacia contra ellos en otras regiones donde los moriscos eran todavía muy numerosos, como Valencia o Aragón. En 1609, con el rey Felipe III, se decretó la expulsión de los moriscos, primero de Valencia, después de los otros reinos españoles. Unos 300.000 tuvieron que abandonar España; la mayoría se dirigió al norte de África. Su marcha tuvo graves consecuencias demográficas y económicas, sobre todo en Valencia y en Aragón, afectando especialmente a la agricultura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todos los problemas señalados son complejos y de diversas interpretaciones. Los Judíos constituían una gran minoría cualificada; habían disfrutado por una parte de la protección de los reyes y por otra del odio del pueblo, debido fundamentalmente a su papel en el campo de la recolección de impuestos y al sistema de ganancias económicas con los préstamos; tal aversión será luego transferida a los falsos conversos o hebreos ocultos (marranos), algo común en otros muchos lugares de Europa y a los musulmanes pseudo-convertidos. En el caso español, ya en 1449 se había dado una explosión de odio en Toledo contra los conversos y  la puesta en marcha del llamado “estatuto de sangre” (el de “limpieza”). Casos semejantes se dieron en Córdoba, Jerez, Jaén, en el Reino de Castilla, y otros muchos semejantes en Aragón y Cataluña . Debido también a las conversiones fingidas, el “estatuto de limpieza” pretendía restarles eficacia social. Aquí están en parte, los orígenes de la Inquisición española, que fue creada en el siglo XV precisamente para aclarar y combatir las conversiones ficticias de moros y judíos . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=6. Nuevos intentos de cruzada ante la caída de Constantinopla en poder de los turcos==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El tema de la “cruzada” flotaba en el ambiente español cristiano desde hacía siglos a lo largo de la “reconquista”, cruzada llevada a cabo en casa, como algunos la han llamado; pero era también una mentalidad muy extendida en la Europa medieval. Baste pensar a los últimos intentos de cruzada contra los turcos en tiempos de Pío II (1458-1464). La urgencia de la defensa contra el avance de los turcos había empujado a los griegos a buscar ayuda en la cristiandad latina occidental, e incluso a una posible reconciliación con Roma recomponiendo la antigua división entre Oriente y Occidente. Tal fue el intento que fracasaría tras el concilio de Ferrara-Florencia (1438-1445), porque no encontró el apoyo necesario en algunos metropolitas orientales y sobre todo en buena parte de los monjes y de la gente desde siempre muy influida por ellos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Constantinopla cae bajo el dominio turco el 29 de mayo de 1453, y su basílica de Santa Sofía será convertida en mezquita después de diez siglos desde su construcción. La caída de Constantinopla causó honda impresión en el mundo cristiano occidental; y no era para menos: había sido, desde los tiempos de Constantino, el corazón del Imperio Romano Oriental o Bizantino. Ahora se convertía en Estambul, cabeza del grande Imperio Otomano, que ponía también pie en el continente europeo, revolucionando así los cuadros políticos del Occidente cristiano. Por ello se explica el impulso que algunos, sobre todo el Papa, quisieron dar lanzando una nueva “cruzada” en defensa tardía del Imperio Bizantino. Fracasarán en sus intentos los Papas Eugenio IV, Nicolás V, Calixto II y Pío II, desde 1433 a 1464, debido sobre todo a las divisiones y rivalidades entre los nacientes estados nacionales europeos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este contexto, Eugenio IV llamó al Occidente cristiano en defensa de aquel Imperio (1443). Casi nadie se movió entonces, a excepción del rey de Polonia y el de Hungría, Ladislao, que fue vencido por los turcos en Varna, junto con el legado pontificio el cardenal Cesarini (1444). En otro lugar meridional de Europa, en Albania, Jorge Castriota, conocido con el nombre de Skanderberg, resistirá a lo largo de 24 años a la invasión turca. La derrota sufrida en Varna fue el prólogo de la caída de Constantinopla. El papa Nicolás V querrá renovar la llamada a una nueva cruzada que no logra comenzar; lo intenta su sucesor, el español Calixto III (1455-58) mandando predicadores de la misma por Europa e invitando a ella a los príncipes cristianos, proponiéndose no sólo liberar Constantinopla, sino también llegar incluso a Jerusalén. También aquí vemos una primera respuesta positiva por parte de los príncipes cristianos, pero que enseguida cae en el vacío.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un ejército cristiano guidado vía tierra por Juan Hunyadi, asistido por el cardenal Carvajal y animado espiritualmente por S. Juan de Capistrano, vence en Belgrado (1456), impidiendo así a los turcos continuar avanzando hacia Viena, mientras que Skanderberg los vencerá en Taormizza (1457), y el cardenal Scarampo, guiando vía mar una escuadra, los derrota en Metelino (1457). Calixto III esperaba entonces de nuevo una respuesta positiva por parte de las potencias cristianas. Pero de nuevo la indiferencia y las rivalidades, agravadas con la muerte de Juan Hunyadi, hicieron fracasar aquellos planes. El sucesor de Calixto III, el humanista Pío II (Enea Silvio Piccolomini) (1458-1464) intentó tomar de nuevo la iniciativa; llegó a convocar una especie de congreso de las potencias europeas en Mantua (1459-1460) donde participó personalmente, pero de nuevo aquel proyecto fracasó por los mismos motivos que los anteriores. Al Papa se le ocurrió una idea totalmente utópica: mandó a Muhammad II, el conquistador de Constantinopla, una carta, espléndida en su estilo literario, en la que le invitaba a convertirse al cristianismo, prometiéndole el imperio de Oriente y de Occidente (¡!). Luego, en 1463, el mismo Papa tomó la decisión de conducir él mismo la cruzada lanzando una invitación en tal sentido al Occidente cristiano. Anciano y enfermo se pone al frente de un ejército en dirección al puerto italiano de Ancona, donde ya agotado muere (1464). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Moría así una antigua utopía y la idea misma de cruzada, que había atravesado con numerosos vaivenes  la historia medieval europea, todavía objeto de enconadas controversias historiográficas y de resentimientos. Sin embargo, en aquellos precisos momentos, y en un cuadro muy distinto en los extremos del mundo europeo, en la Península Ibérica sucedían una serie de acontecimientos, algunos de ellos muy unidos a motivos no lejanos del sentir común de la christianitas europea de la época y de los Papas: la conclusión de la Reconquista, y coincidiendo con la misma, los descubrimientos transoceánicos por parte de Portugal y de España. En el caso español encontramos ingredientes variados e híbridos, muy presentes en la vida política y popular del siglo XV. La conquista de Granada que concluye este ciclo y da comienzo a otro nuevo, la tomó el pueblo como algo suyo . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==7.  La Iglesia Española de finales del S. XV y comienzos del s. XVI== &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
7.1. Para comprender el estilo de la primera evangelización en el Continente americano. España y la Iglesia española fueron los agentes de la evangelización del Nuevo Mundo de lengua española, como en el Brasil lo será el Portugal hermano. Es preciso conocer su idiosincrasia, las potencialidades y limitaciones de su contenido católico. Ya nos hemos referido a la importancia que tenía el clero dentro de la sociedad española del tiempo y a su composición. Nos vamos a fijar en otros elementos de esta España religiosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para comprender mejor &amp;quot;el encuentro del catolicismo ibérico y las culturas americanas&amp;quot;, que &amp;quot;dio lugar a un proceso peculiar de mestizaje, que si bien tuvo aspectos conflictivos, pone de relieve las raíces católicas así como la singularidad del Continente&amp;quot; , es necesario adentrarnos más, tanto en la historia de la España de aquél entonces, como en los primeros pasos de la Iglesia en tierras americanas. El dinamismo que impulsó y que aún continua fecundando tal síntesis, que es el continente latino americano en su configuración, lo constituye la fuerza de la fe católica. Los obispos latinoamericanos escribieron en su reunión plenaria de Puebla, celebrada en 1978: &amp;quot;Con deficiencias y a pesar del pecado siempre presente, la fe de la Iglesia ha sellado el alma de América Latina, marcando su identidad histórica esencial y constituyéndose en la matriz cultural del continente, de la cual nacieron los nuevos pueblos&amp;quot; . Es esto lo que le da sentido a su ser; el encuentro con el Evangelio, con la verdad de que existe Dios Padre Bueno, que nos ha dado a su Hijo Jesucristo para salvación nuestra, bajo el aliento del Espíritu Santo, encarnado y nacido de una mujer (cf. Gal. 4, 4), la Virgen María de Nazaret .&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se tenía mucho cuidado de que las Órdenes que pasaban a América fueran todas reformadas. Serán cinco Órdenes religiosas reformadas o nuevas las protagonistas de la historia de la evangelización en el Nuevo Mundo hispano: los franciscanos, los dominicos, los agustinos y más tarde los mercedarios; a estas Órdenes religiosas antiguas, llamadas mendicantes por su origen y estilo, se sumarán pasado medio siglo los recién fundados jesuitas. Los franciscanos que llegaron a México para emprender la evangelización pertenecían a la más severa y genuina de las Observancias evangélicas. El humanismo español constituía el ambiente cultural de estos misioneros. Es conocida la influencia, por ejemplo, de Erasmo de Rotterdam ; el mismo Zumárraga había leído sus libros, como lo demuestra la carta que envió, el 2 de noviembre de 1547, a fray Francisco del Castillo, provincial de su comunidad en Burgos . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Desde este horizonte los evangelizadores trataron, desde sus posibilidades, de crear una nueva humanidad cristiana, singularmente sana y fiel. “La primera generación de misioneros en México, por ejemplo, los obispos Juan de Zumárraga y Vasco de Quiroga, se caracterizaban por el sello del humanismo contemporáneo; Zumárraga estaba influenciado por Erasmo y Quiroga por Tomás Moro. Esta actitud espiritual fue decisiva en algún modo, y precisamente también en relación con la labor misional” . La extraordinaria labor evangelizadora que realizaron los misioneros en tierras americanas, encuentra en estos altos ideales de reforma y santidad de vida, una de sus principales motivaciones. Son elementos que no podemos dejar de tomar en cuenta al momento de estudiar la labor y los métodos que usaron para lograr la conversión de los indígenas americanos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
España estaba en un momento de apogeo y expansión. Venía de concluir la guerra de reconquista contra el dominio musulmán de su suelo. Los Reyes Católicos otorgan una gran importancia a la fe y alientan con gran energía y constancia un proceso de reformas y austeras observancias que, aunque ya venía gestándose desde hacía tiempo, alcanza con ellos una sistemática propuesta de reforma cristiana. El humanismo español de finales del siglo XV y de todo el XVI es sumamente rico en realizaciones literarias y espirituales. Es un tiempo donde lo épico y lo religioso se entrelazan en un universo cultural sumamente fecundo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
7.2. Una antigua exigencia de reforma en toda la Iglesia La exigencia de reforma en la vida de la Iglesia en cuanto sociedad humana, es un fenómeno continuo en la historia de la Iglesia. En los  finales de la edad Media y comienzos de la Moderna se sentía agudamente, sobre todo en algunos ambientes. Se pedía entre otras cosas una reforma radical “in capite et in membris” (en la cabeza y en los miembros), empezando por una adecuada puesta al día de las estructuras jurídicas (centralización y reservas con los desórdenes consecuentes, fiscalismo y abusos) de la vida eclesiástica del clero alto y de la formación del bajo clero, sobre todo en relación a la atención pastoral de los fieles. La respuesta dada a esta exigencia urgente no fue siempre equilibrada y ortodoxa en muchos ambientes cristianos europeos, ni tampoco fue amplia y promovida con decidida voluntad por parte de la jerarquía de esa época, lo que causará con el tiempo la ruptura de los movimientos protestantes. En este contexto, en varios países de la cristiandad se dan discutidos movimientos de reforma desde el punto de vista de la ortodoxia católica, como los llamados “espirituales” o grupos de frailes franciscanos con ideas eclesiológicas heterodoxas, influenciadas a veces por las teorías de Joaquín de Fiore sobre la existencia de dos iglesias, una carnal y rica, y en contraposición otra espiritual, santa y evangélicamente pobre, Otros sostenedores de ideas radicales heterodoxas serán el inglés John Wicliff y luego el bohemo Jean Hus y otros que preceden en muchos puntos la futura mentalidad cristológica y eclesiológica de los reformadores protestantes, como Jakoubek, Nicolás de Dresde o Wesel Gansford (1419-1489) en Alemania. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Son comprensibles estos movimientos radicales de reforma ante la situación de una jerarquía eclesiástica con frecuencia mundana. Estas tendencias ideológicas, fomentadas también por desórdenes sociales, se agudizaban por la falta de una voluntad eficaz de reforma en muchos responsables eclesiásticos. Sin embargo, lentamente comienza a abrirse paso una mayor voluntad de reforma por parte de la jerarquía eclesiástica (Papas y Concilios) a lo largo del s. XV y comienzos del XVI. Así en el concilio de Costanza y en los concordatos que estipuló Martín V, se ve tal voluntad; éste papa eligió también cardenales óptimos y una buena bula de reforma (16.V.1425), que quedó en letra muerta; en la misma línea decretó el concilio de Basilea con medidas radicales, nunca aplicadas. Los papas siguientes emanaron varios decretos y bulas también en tal sentido, casi siempre ineficaces y raramente aplicados, quedándose en meros proyectos. La historia va adelante con vanos intentos de reforma, incluidos los del concilio ecuménico Lateranense V (1513-1517). La doctrina católica fue siempre defendida, pero las situaciones de desórdenes graves en la vida cristiana continuaron vivos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin embargo, en algunos lugares de la cristiandad occidental se empezaba lentamente un camino de reforma de la vida de la Iglesia, como lo demuestra el llamado fenómeno de la “Devotio moderna”, movimiento eclesial comenzado en los Países Bajos a finales del s. XIV y que se desarrolla a lo largo del XV dando lugar a asociaciones como “los hermanos y las hermanas de la vida común”. “Devotio moderna” significaba “servicio de Dios” con una proyección clara de cristocentrismo, una espiritualidad ascética práctica (contra la mística especulativa de los dominicos alemanes), una marcada tendencia afectiva (de raíces franciscanas, de la escuela de S. Bernardo y del teólogo francés Gerson), una interioridad y subjetivismo notables en detrimento de los contactos, también apostólicos con el mundo, y una insistencia ascética que subraya el papel responsable del fiel en la recepción de los sacramentos. El libro “La imitación de Cristo” es fruto de tal “devoción” y su probable autor, Tomás de Kempis, pertenecía a tal movimiento. Esta espiritualidad ejercitará un influjo en el siglo siguiente en muchos santos y fundadores como Ignacio de Loyola e incluso en algunos protagonistas de la reforma protestante.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
7.3. El movimiento de reforma de la vida religiosa monacal y conventual en la Iglesia. Hay otro aspecto notable en el incipiente movimiento de reforma eclesial de este periodo, y es el comienzo de la misma en el seno de algunas antiguas Órdenes religiosas, en gran parte en un lamentable estado de decadencia, si se exceptúan los Cartujos y en parte los Cistercienses. La peste negra que asoló media Europa en aquellos dos siglos (XIV y XV) había vaciado los monasterios,  que luego se habían llenado con vocaciones mediocres o por motivos que nada tenían que ver con la consagración religiosa. Por ello los nuevos religiosos o monjes vivían con frecuencia una vida disipada, en monasterios y conventos con abundantes bienes, falta de la vida común fundada en privilegios obtenidos de los papas, y con una clausura más teórica que práctica, sobre todo en el caso de las monjas, que en muchos casos provenían de la nobleza y traían consigo sus niveles de vida y privilegios y en muchas ocasiones eran obligadas por motivos sociales a entrar en los monasterios. También aquí las decisiones de Papas y Concilios sobre la reforma religiosa caían en un terreno árido. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este panorama se dan los primeros intentos de refreno religioso, cuando algunos religiosos buscan volver a las raíces carismáticas de su fundación, y se reúnen en un convento donde querían vivir claramente el espíritu de tal origen. En los comienzos, ese convento buscaba ponerse bajo las órdenes del General de la Orden por encima de su Superior Provincial. A tal convento se asociaban otros con el mismo espíritu; se formaban así las “Congregaciones” de reforma, bajo la obediencia a un Vicario con poderes amplios. Se quería llevar a cabo de esta manera la reforma de la Orden. Aquí ahondan sus raíces divisiones sucesivas entre “conventuales” y “observantes”, “calzados” o “descalzos”, etc… en varias antiguas órdenes religiosas, ya a partir de finales del s. XV y sobre todo en el s. XVI. El fenómeno se da en la mayoría de las antiguas, también en España, y tendrá consecuencias notables en la historia de los evangelizadores del Continente americano. No todas las “Congregaciones” duraron, sin embargo favorecieron la reforma, en cuanto extendieron su influjo sobre todo a través de la predicación popular ambulante.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
7.4. El movimiento de reforma de la vida religiosa monacal y conventual en la Iglesia. La historia de la reforma eclesial en España se encuadra en este movimiento. Fue conducida hasta llegar a la gente común, comenzando ya mucho antes del Concilio de Trento y llegando al mismo, que ratificó muchos aspectos que la Iglesia en España ya había puesto en marcha desde hacía tiempo. Una de sus características peculiares fue que la iniciativa vino de los Reyes Católicos, con pasos sucesivos de reforma del episcopado, del clero y del pueblo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La reforma de la vida religiosa en España se dió de manera precisa y orgánica . En el caso de los monjes comienza con la del monasterio de San Benito de Valladolid, por iniciativa del rey de Castilla Juan I (en 1389-1390), con el objetivo de que los monjes viviesen la regla benedictina de manera precisa y rígida, y con voto de clausura perpetua al modo de las Clarisas; reclutó para ello unos 15 monjes provenientes de varios monasterios que se comprometieron a seguir tal vida rígida. Luego evolucionará hacia una mayor elasticidad, pasando a finales del s. XV a constituir una “Congregación” de unos 10 monasterios (en 1524 contaba con 32), y durará en los siglos siguientes. Algo semejante ocurre con los cistercienses con la fundación o reforma de la “Congregación de S. Bernardo de Castilla”, en tiempos de los papas Martín V y Eugenio IV, por obra del monje cisterciense que provenía de los Ermitaños de San Jerónimo (Jerónimos), Martín de Vargas. Esta fundación fue duramente obstaculizada por el capítulo general de Citeaux (cistercienses) a lo largo del s. XV; en 1549 reunía 45 monasterios de los 59 españoles de la Orden. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No se observan generalmente nuevas fundaciones con nuevas Reglas en las grandes órdenes religiosas. Sin embargo en España nacen los Jerónimos (ya presentes en Italia como “Eremitas de S. Jerónimo”). Fue un canónigo de Toledo, Fernando Yáñez de Figueroa y su camarero mayor, Pedro Fernández Pecha, que comenzaron a vivir una vida eremítica, pasando luego a la cenobítica, adaptándose a la regla de S. Agustín, con la aprobación de Gregorio XI en 1373. En 1423, Lope de Olmedo quiso reformar la Orden siguiendo algunas indicaciones que sacó de los escritos de S. Jerónimo, y creó así un nuevo ramo llamado “Congregación de la Observancia de S. Jerónimo”, pero que en España tuvo un éxito muy relativo, uniéndose luego en 1567 al resto de los Jerónimos. Se mantuvieron fieles a la regla de manera bastante rígida; crecerán a lo largo de los s. XV y XVI en España fundando y agregando numerosos monasterios, entre ellos hay que señalar el de Yuste, en Extremadura, donde se retirará el emperador Carlos V, el del Escorial, fundado por Felipe II, y el Guadalupe en el célebre santuario de Extremadura.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En cuanto a las Ordenes mendicantes tuvo en España, como en otros lugares, dificultades notables de reforma, dada su organización centralizada que había favorecido en cierto modo también su decadencia. Sin embargo, tal organización luego favorecerá o pondrá obstáculos a la reforma o la apoyará tibiamente. La historia de la reforma de los mendicantes, también en España dependió en buena parte de estos factores, a parte de los apoyos de papas y reyes, característica de la misma reforma, oposición de superiores locales, intervenciones abusivas de los poderes seculares, etc.. En España la reforma nace por iniciativa autónoma en varias provincias. En Santiago en 1390, que se autonomiza en 1440 de los conventuales; en Aragón, con una tendencia de carácter eremítico y se convierte en una provincia de observancia en 1442; en Castilla, parece ser que la observancia franciscana llega de Sicilia. Todos estos conventos reformados, a partir de 1446, forman con los observantes franciscanos franceses, ingleses, belgas, alemanes norte-occidentales la “Vicaria Ultramontana”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero en España nacen también grupos “ultra-reformistas”. Un primer iniciador de esta tendencia es Pedro de Villacreces (+1422), que se proponía reproducir el ideal de la Porciúncula gobernada por S. Francisco de Asís: vida austera y contemplativa, retiro y vida eremítica dentro del convento, pobreza radical, siempre descalzos, oración prolongada, silencio total. El estudio era reducido al mínimo. El sucesor de Villacreces, Lope de Salinas, aumenta el tiempo dado al estudio teológico y moral para formar predicadores y confesores, usando pequeños manuales. Prosigue esta línea el antiguo jerónimo Juan de La Puebla (+1495) con la reforma del convento de Santa María de los Ángeles de Sevilla. De este grupo nace la reforma de Juan de Guadalupe, la observancia rigurosísima, que da mayor fuerza a la predicación y al apostolado. Estos grupos diversos de franciscanos reformados continúan difundiéndose a partir de 1517; entre ellos se encuentra el de San Pedro de Acantara, confidente de Santa Teresa de Jesús, llamados “alcantarinos” o “pascualitas-alcantarinos”. A estos grupos reformados de franciscanos pertenecen los primeros grandes misioneros franciscanos del Continente americano. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra Orden religiosa reformada en España es la de los Agustinos. La formación de la “Congregación de observancia” española tiene una propia historia. Parece ser que su primer convento fue el de “Domus Dei” de Castelví de Rosanes en Cataluña (1420), que permaneció solo y aislado en medio del conventualismo hasta 1569. La “Congregación de observancia” española surge de hecho en Castilla por obra de Juan de Alarcón (+1451 c.), que actuó bajo la protección del padre general Favaroni y tras haber conocido la fuerte renovación de la Orden en Italia. Así se crea en España una “Congregación de observancia” ya en 1438, con 4 conventos de frailes y uno de monjas. Alarcón obtuvo en aquel mismo año la bula de confirmación de parte del Papa, mientras que en los demás casos italianos las bulas llegarán decenios después. La extensión de esta reforma en España se puede deducir del hecho que en 1504-5 se decretó la unión de la “Congregación de Observancia” con la Provincia agustiniana española, que tras divisiones y tensiones, sólo se pudo actuar en 1512. Ello se debió gracias a los Reyes Católicos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La historia de la reforma de los dominicos españoles tiene características semejantes. Ya en el Capítulo general de Burgos (1413), el general de obediencia aviñonesa (nos hallamos en los tiempos del cisma de Occidente), Juan de Puinoix, trata de eliminar los defectos más salientes en la Orden con fuertes medidas disciplinares, incluida la cárcel, y de restaurar la vida común. Probablemente tuvo un gran influjo San Vicente Ferrer con su vida santa, su predicación y sus escritos (Tratado de vida espiritual). Pero la verdadera reforma hay que señalarla también aquí en el método de la fundación de  “Congregaciones de observancia”, alrededor, parece ser de Santa Catalina de Siena (+1380) y de su confesor Raimundo de Capua, maestro general de la Orden a partir del 22 de mayo de 1380. La lista de dominicos eminentes que llevan adelante la reforma de la Orden en Europa, a partir de Italia, es abundante. En España comienza en Castilla en 1423 y recibe el reconocimiento de derecho pontificio en 1478. Su desarrollo se debe a los Reyes Católicos, por lo que en 1505 se une a la Provincia dominica de aquel Reino, eliminando los conventos no reformados e introduciendo la Observancia. Una de sus características fue su expansión a partir de un convento reformado, lo que se puede señalar como un ejemplo de reforma a partir de la base. En estas “Congregaciones de observancia” se quiere volver a la experiencia primera de la Orden y se resuelve el problema de la pobreza buscando una línea media: queda la “mendicidad” como ideal, pero se corrige con otros medios de subsistencia, cuando aquella se mostraba insuficiente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El caso de la Orden de los carmelitas, sea en el s. XV como en el XVI, sigue un itinerario parecido. Se pueden enuclear varias reformas serias: dos de “Congregaciones de observancia” fuera de España ya en el s. XV (las de Mantua en Italia y de Albi en Francia), y las del s. XVI, la general de Nicolás Audet de toda la Orden (1524), y la teresiana en España, que coincide con la historia de la reforma de la gran Santa Teresa de Jesús (1515-1582), seguida por su discípulo San Juan de la Cruz (1542-1591), los dos grandes místicos y literatos incomparables en su género. En España hay otras órdenes mendicantes, que en esta misma época siguen el camino de la reforma y que tendrán también un papel importante en la evangelización americana, principalmente los Mercedarios y los Trinitarios, ambas órdenes fundadas para la redención de cautivos en manos de los musulmanes del Norte de  África. La primera de estas dos órdenes, que pasarán tempranamente a América (el capellán de Cortes fray Bartolomé de Olmedo, muerto en 1524, era un mercedario),  desarrollará un papel fundamental en la historia de la evangelización americana.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La estructura de las “Congregaciones de observancia” de los mendicantes son bastante comunes. Son ordinariamente reconocidas, algunas por documentos papales (de derecho pontificio), otras por el general de la misma Orden. No crean sistemas jurídicos nuevos, como en el caso de los monjes; introducen sólo un gobierno doble, casi completo, dentro de la misma Orden, autónomo en relación a sus provinciales locales, pero no en relación al general de la Orden. La historia de cada caso muestra con frecuencia caminos y características peculiares. Estas reformas quisieron ir a la raíz de los males y cortarlas de cuajo. Se caracterizan en general por la pobreza vivida, la austeridad, la vida común, la penitencia aflictiva, la meditación y la “lectio divina” y con ella el silencio; un monje-abad de Monserrat en Cataluña preparará un tratado y meditaciones titulado “Exercitatorio de la vida espiritual” que ejercerá un influjo notable en tal sentido en todas las Órdenes de observancia. Al contrario, el tiempo dado al estudio estaba marcado por las necesidades apostólicas más que por una necesidad intelectual en sí; puede decirse, que sobre todo en sus comienzos, hubo una reacción contra los estudios académicos, o al menos una indiferencia y desestima para la formación sacerdotal. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La razón de esta desestima, sobre todo en el mundo de los monjes de este tiempo, era el pretender una oposición entre el monje “homo devotus” y “homo spiritualis” por una parte y del “homo doctus” por otra. El problema se empezará a resolver a lo largo de los primeros decenios del s. XVI, cuando los monjes reformados comienzan a erigir también colegios universitarios, pero el desarrollo fue bastante lento. Por su parte en las Órdenes de observancia encontramos actitudes muy diversas. En el caso español los agustinos, por ejemplo, son más bien contrarios. Lo mismo sucede con otras Órdenes. El rechazo de los grados académicos se fundaba en que habían sido en su tiempo una de las causas de la decadencia religiosa. Los dominicos resuelven el problema admitiendo a los mismos a frailes de virtud probada, y combatiendo los antiguos privilegios que tenían los titulados lectores (profesores o doctores). Poco a poco todas estas Órdenes resuelven el problema instituyendo en cada provincia casas de estudios, esto a partir de mediados del s. XV; sin embargo sigue durante mucho tiempo la oposición a los grados académicos. Así los agustinos de Castilla tardan hasta 1542 en organizar los estudios humanísticos, filosóficos y teológicos, cuando el General Seripando le impone una organización de los estudios para dar una mayor formación a los frailes candidatos al sacerdocio. La solución al problema fue positiva gracias a que la Observancia religiosa se consideró el valor principal al que se debían subordinar los otros valores. Además la solución ejemplar la habían ya ofrecido las grandes figuras reformadoras, que entran doctas y santas, es decir estrictamente observantes y regulares, y que se encontraban tanto en los monjes reformados como en las Congregaciones de Observancia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuanto hemos afirmado sobre la reforma de la vida religiosa en los reinos españoles de Castilla y Aragón, se puede aplicar en parte, aunque no con la misma radical insistencia, en el reino de Portugal. Entre las reformas destaca la de los franciscanos, llamados “Capuchos” (que no se debe confundir con los Capuchinos), favorecida por Alfonso V, y cuyo centro fue Varatojo. Estos franciscanos se distinguirán también por su compromiso en la empresa evangelizadora portuguesa bajo el Padroado.&lt;br /&gt;
7.5. La reforma del episcopado en la España de los Reyes Católicos y de comienzos del s. XVI. Los Reyes Católicos, la Reina Isabel sobre todo, habían promovido una reforma del clero diocesano y regular, basados en criterios válidos, no siempre exentos de cálculos también políticos, que Fernando no siempre había aplicado. No faltarán tensiones entre Fernando (+1516), Julio II y León X sobre las provisiones episcopales, porque el rey tendía a presentar los candidatos con el sistema de la “súplica”, cuando no existía el patronato (como era el caso de Granada). Con los criterios adoptados –naturales de los reinos, honestos, de la clase “burguesa”, doctos- los reyes Católicos no solamente habían puesto en marcha una reforma, especialmente en Castilla; habían también unido los obispos a la Corona. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Carlos I (V), nieto y sucesor de los Reyes Católicos (rey 1516-1556), quiere obtener de la Sede Apostólica lo que la misma había concedido con un concordato en 1516 a Francisco I de Francia. Lo obtiene de Adriano VI (1522-1523) (que había sido su consejero y regente en Castilla durante su ausencia obligada por motivos de su elección como emperador del Sacro Imperio Romano en 1520); es decir el patronato sobre Castilla y Aragón, tras haberlo obtenido sobre Pamplona (Navarra) (4-28 de mayo de 1523) con el ius patronati et praesentandi. Con la bula “Eximiae devotionis affectus” (6.9.1523) obtiene el patronato, por lo tanto el derecho de presentar a los candidatos, a todos los obispados, abadías y otros beneficios consistoriales. Tal concesión fue revocada el 3 de abril de 1527 bajo Clemente VII (1523-1534) con el voto del Consistorio, porque había sido concedida sin el voto del Colegio cardenalicio; tras el saqueo de Roma (1527), con la bula “Etsi ea quae” en Bolonia, antes de la coronación imperial de Carlos V (el 11 de enero de 1530), confirmada por Pablo III el 7 de julio de 1536, Carlos V obtenía de nuevo el patronato y el derecho de presentación. Desde este momento en adelante, durante siglos, los nombramientos episcopales estarán en manos del Rey de España en sus Reinos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La reforma de la vida eclesiástica comenzada por los Reyes Católicos empieza por la elección al episcopado de obispos doctos y rectos. Criterios de reforma: que fueran españoles, doctos, virtuosos, llanos (no aristócratas), residentes. &amp;quot;El clero de España es el nervio de la Cristiandad&amp;quot;, habría dicho San Carlos Borromeo en los tiempos del Concilio de Trento . Los Reyes quieren que el Papa nombre obispos españoles porque debían residir en sus diócesis, de vidas íntegras; no nobles, para que no se convirtiesen en señores feudales. En su época brillaron de manera especial algunas figuras. Entre ellas destacan las figuras del jerónimo fray Hernando de Talavera (c. 1430-1507), primer arzobispo de Granada después de la Reconquista, confesor de Isabel la Católica y el tipo ideal de obispo; el arzobispo, y teólogo dominico de Salamanca, fray Diego de Deza (1443-1523), el arzobispo y cardenal franciscano fray Francisco Jiménez de Cisneros (1436-1517) . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hernando de Talavera lleva una vida santa, con la celebración diaria de la Misa, el catecismo a los niños, reunión-capítulo mensual con los párrocos, y fundación de un seminario modelo, entre otros aspectos. Diego de Deza formó parte del Consejo de Sabios que examinó las propuestas de Colón, y fue uno de los pocos que consideró las mismas como viables. De ahí nació la gran amistad y admiración que el Almirante sintió siempre por Deza. Francisco Jiménez de Cisneros, figura fundamental en la historia religiosa y política de la España de su tiempo y en los comienzos de la evangelización de América, quien reformó a su Orden franciscana de la que era provincial en medio de oposiciones y de luchas. La Reina Isabel le ayudó en estas reformas, especialmente en la de las monjas. Para formar el clero funda los llamados “collegia minora” para el estudio de las letras, y los “collegia maiora” para la filosofía y la teología. Recomienda al clero doctrina, pureza de costumbres, empeño pastoral y litúrgico. Él fue el restaurador en Toledo de la liturgia mozárabe. En el mundo de la cultura ha pasado a la historia como humanista en cuanto funda la Universidad de Alcalá (Complutum) (1508) con un claro planteamiento humanístico y moderno, que edita la Biblia poliglota complutense en 6 volúmenes. Edita también varias obras devocionales en español, como la Vida de Cristo de Ludolfo y otra obras de la “Devotio Moderna”, que prepararon el florecimiento de los grandes místicos del siglo XVI. Además renovó la enseñanza de la teología. Su metodología será indicada por el teólogo dominico Melchor Cano en su “De locis theologicis” y por los estudios jurídicos del también dominico Francisco de Vitoria en Salamanca. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era un nuevo método de estudio de la teología que superaba el bizantinismo de una escolástica decadente, y trataba las cuestiones más importantes y candentes del momento. Se quería una exposición sencilla, sobria, elegante, a partir de las fuentes (Escritura, Padres, Concilios, documentos eclesiásticos); sustituye las “Sentencias” de P. Lombardo con la “Summa theologica” de Sto. Tomás. Así se preparan los maestros de los grandes teólogos españoles que acudirán a Trento o a sus discípulos. En Alcalá estudiará una  falange de grandes figuras del humanismo español, algunos como San Juan de Ávila (c. 1499-1569), declarado doctor de la Iglesia (2012), o personalidades que ejercitarán un papel importante en la historia de la evangelización y de los derechos humanos en América, como el p. jesuita José de Acosta (1540-1600) .  Esta Universidad contará con célebres maestros, entre ellos el dominico Domingo de Soto (1494-1560) y celebres alumnos. Con algunos entablará una amistad duradera, como con Don Pedro Guerrero, futuro arzobispo de Granada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La España cultural de la época comienza a respirar con los dos pulmones culturales de las universidades de Salamanca y de Alcalá. En estas universidades asistimos a un renacimiento del humanismo renacentista, con varias corrientes que lo caracterizan: vuelta a los estudios bíblicos en Alcalá (Biblia Políglota), con referencias a una teología positiva, siguiendo las huellas de los Padres, y reformismo eclesiástico. Encontramos también en ellas corrientes humanísticas, filosóficas y teológicas de matrices diversas, como el tomismo, el escotismo, y en medida menor algunos brotes nominalistas, y el influjo de humanistas como Erasmo y Tomás Moro. En estas universidades echan sus raíces las corrientes jurídicas que las harán célebres en el campo del derecho de gentes o internacional, con figuras como los dominicos Francisco de Vitória y Domingo de Soto y otros conocidos teólogos que ejercerán un fuerte influjo en el Concilio de Trento (1545-1563). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta reforma del episcopado no encontró un camino llano y fácil. Cuando Fernando el Católico muere en 1516, el cuadro del episcopado español no era homogéneo. La mayor parte de los obispos era ciertamente digna y muy convencidos del servicio al Rey, de buena altura eclesiástica e intelectual, aunque se daban casos de obispos poco dignos, nombrados por motivos de parentesco; había cardenales que no residían en sus sedes, nombrados por razones de amistad; había también obispos nobles, nombrados gracias a su proveniencia social y algunos por ser flamencos o por intereses con aquellos territorios bajo la Corona española, a partir de Carlos V . El emperador Carlos trató de seguir los criterios establecidos por los reyes Católicos, pero no siempre los mantuvo totalmente, lo que llevó a veces a consecuencias negativas, aunque en menor medida que en otros países europeos. ¿Cuáles habían sido los criterios de los reyes Católicos, sobre todo de Isabel? Ante todo la elección de personas doctas. Carlos V escogerá fundamentalmente personas preparadas y bien formadas en colegios eclesiásticos universitarios españoles, en los “Estudios generales” de los religiosos y en las universidades italianas. En su día, el cardenal franciscano, arzobispo de Toledo y primado de España, confesor y consejero de la reina Isabel y luego regente del Reino hasta su muerte (+ 8.11.1517), optó por teólogos, preferentemente canonistas, contra la tendencia que se daba en Italia, Inglaterra y franca. Este criterio será luego seguido por el Consejo real. Por ello los obispos españoles darán una notable aportación en el concilio de Trento. La reina Isabel había querido obispos honestos y había seguido rigurosamente este criterio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fernando fue menos severo en este campo, por lo que encontramos algún caso de obispos con hijos como  Alonso de Aragón (+1520), hijo del rey Fernando, arzobispo de Zaragoza y con hijos. Por su parte Carlos V aplicó aquel mismo criterio, también porque podía disponer de sacerdotes formados en los colegios de Talavera y de González Mendoza. La extracción social de los obispos era prevalentemente de la clase media. Carlos V por su parte nombrará luego también nobles, españoles y extranjeros, por motivos de gratitud y no siempre por razones eclesiásticas. El primero de ellos fue el joven Guillermo de Croy, de 20 años, que sucedió al gran Cisneros en Toledo ; era ya obispo de Cambray y cardenal, y nunca puso los pies en España. Dio también el obispado de Valencia a Eduardo de la Marca, obispo de Lieja, porque le servía para el Imperio . Se cuentan hasta 30 provisiones suyas de este tipo de obispos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para salvar el principio de los Reyes Católicos (“obispos naturales de estos reinos”), el rey Carlos concedía “cartas de naturalización” por las que se habilitaba a estos extranjeros a ser nombrados obispos de cualquier diócesis española; y si no podía dar provisiones de obispados, les daba pensiones sobre las rentas de estas diócesis. Estas provisiones llevaron al absentismo. Los obispos españoles debían comprometerse a residir en sus diócesis para poder recibir la provisión, con una especie de pacto, como dirá un obispo español en el concilio de Trento. Pero no la exigía de los extranjeros, que a veces eran cardenales italianos de curia. La exige de los españoles residentes en Roma o en la Corte. Pero era él mismo a dificultar o a imposibilitar la residencia porque se servía de los obispos para los servicios administrativos, civiles, para la dirección del consejo real, para las Cancillerías de Valladolid y de Granada, como embajadores, etc. Así, por ejemplo, el cardenal Pedro Pacheco, primer obispo residencial de Pamplona después de 80 años, nunca estuvo ni en Jaén ni en Sigüenza, sedes a las que había sido trasferido (1545-1560), y fue también virrey de Nápoles. El inquisidor Fernando Valdés nunca residió en alguna de las diócesis para las que había sido nombrado, e incluso consideraba abstractos a los “frailes teólogos” (como Victoria) y a los predicadores, como Pablo de León, que criticaban duramente este ausentismo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por todo ello vemos que en tiempos del emperador Carlos V en sus dominios europeos, también en España hubo periodos en los que encontramos que pocos obispos residían en sus diócesis. El hecho ahondaba sus raíces en motivos de ambiciones a ser trasladados a sede más importantes, por ser más ricas, con posibilidades de ejercer influencias y tener mayores poderes; en una palabra, una mundanidad infiltrada en aquellas esferas episcopales, denunciadas con dureza por parte de figuras episcopales del calibre del agustino Santo Tomás de Villanueva (1486-1555), arzobispo de Valencia , y más tarde en el concilio de Trento por parte del obispo dominico portugués Bartolomé de Martyribus en su “Stimulus pastorum” .  A pesar de estos límites, serán los obispos españoles quiénes en Trento lucharán por la reforma del episcopado y por la residencia de los obispos en sus diócesis.&lt;br /&gt;
7.6. El clero inferior. Hacia finales del s. XV y comienzos del XVI el clero, tanto el secular como el regular, contaba como ya se ha indicado, un alto porcentaje de miembros. En el clero diocesano había un clero “medio”, al que pertenecían los canónigos de los capítulos, el de las colegiatas y los párrocos de parroquias importantes. Los canónigos como cuerpo habían sufrido el contragolpe de la acción de los reyes Católicos. Esta clase clerical pertenecía de hecho a la antigua estructura feudal, por lo que buscaron  defender su posición. Con frecuencia vivían con un tenor de vida bastante secular y garantizaban también una serie de beneficios a su parentela, por lo que con frecuencia accedían a estos cargos, más por intereses económico-sociales que por vocación a la vida clerical. Pertenecían al considerado clero bajo, la mayoría de los párrocos, de los capellanes y de los beneficiados menores. Tenían que ejercitar un oficio para poder vivir porque las rentas del beneficio no eran suficientes. Los reyes Católicos trataron reformar también a este clero, juntamente con obispos y otros prelados, buscando la promoción del sacerdote reformado ideal. En esta empresa tendrán luego un papel fundamental  muchos tratadistas teológicos, jurídicos y humanistas como Vitoria, el arzobispo de Toledo Carranza, Soto, San Juan de Ávila, fundador en su tiempo de varios colegios-seminarios para la formación del clero, ya antes de Trento , Luis de Granada y otros muchos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A la luz de cuanto descrito surge una pregunta obligada: ¿Se puede hablar en un sentido apropiado y estricto de una Iglesia “nacional” española, como se habla de la “Iglesia galicana” en Francia o de la “Iglesia anglicana” en Inglaterra? Las tendencias eclesiales centrífugas se dan en varios países de Europa y se agudizarán a partir del siglo XVI. No parece que se pueda hablar en el mismo sentido en el caso español y en el portugués. Ciertamente en España y Portugal se podría ver en sistema  del “Patronato” y del “Padroado” una expresión centrífuga. Sin lugar a dudas existe una conciencia bastante claro de la propia identidad nacional y eclesial, pero sin llegar a los límites de las concepciones de buscar la creación de una Iglesia autónoma del Papado, ni siquiera la defensa de “unas libertades eclesiales adquiridas” como sucedía en otros países europeos. La fidelidad al Romano Pontífice nunca fue puesta en duda a lo largo de esta historia ni por los Reyes ni por los obispos, juristas y teólogos españoles. Incluso el largo proceso de elaboración de la doctrina sobre el Patronato no fue ni fácil ni unánime. Se legisló sobre la exclusión del episcopado de todo extranjero, en la práctica esta regla fue con frecuencia olvidada o se encontraron salidas para evitarla. Incluso las “represalias” que tomaban los Reyes contra Roma, fueron siempre mitigadas por el realismo en las relaciones, tensiones sin ruptura, que al final se recomponían. En todo caso serán más duras en el siglo XVIII con la dinastía de los Borbones, incluso con nuevas y más radicales interpretaciones en favor de las dos Potencias católicas del Patronato o del Padroado, pero ya era una situación nueva que la Iglesia vivía en toda la antigua cristiandad europea bajo los regímenes del absolutismo ilustrado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==NOTAS:==&lt;br /&gt;
  &lt;br /&gt;
&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==BIBLIOGRAFÍA:==&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
'''FIDEL GONZÁLEZ FERNÁNDEZ'''&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.56.173</name></author>
		
	</entry>
	<entry>
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		<title>ESPAÑA; la sociedad española en la época de los descubrimientos</title>
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		<updated>2014-03-28T20:40:31Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.173: /* 1. La España de los Reyes Católicos */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;==ESPAÑA; la sociedad española  en la época de los descubrimientos== &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==1. La España de los Reyes Católicos==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Durante la llamada Edad Media, la Iglesia había sido el punto de referencia en la creación en la Península Ibérica de una historia común. Algo semejante había sucedido también en la Europa medieval, pero en el siglo XVI aquella historia común europea se interrumpe con las divisiones religiosas y culturales. El momento en el que sucede el encuentro entre España y América coincidió con el paso de una época a la otra. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La unidad dinástica de los reinos hispanos sucede en 1479 con la fusión personal de Castilla-León y Aragón-Cataluña, por el matrimonio de los dos monarcas de ambos reinos: Isabel I (la Católica) de Castilla-León y Fernando V (el Católico) de Aragón. Doce años después (el 6 de enero de.1492),con la reconquista del reino moro de Granada, se cierra el ciclo de la reconquista y la unidad practica de los reinos españoles, bajo el lema que adoptan de igualdad de poderes y unidad de decisiones de las dos Coronas en una, con el lema “''tanto monta, monta tanto, Isabel como Fernando''”, y la simbología heráldica para expresar aquella unión (el ''Yugo'', letra inicial de Isabel, entrelazado con la ''Flechas'', letra inicial de Fernando). Este hecho tendrá repercusiones incalculables en el futuro de la misma España como en el Nuevo Mundo, que pronto iba a entrar en la escena mundial de la mano española. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una frase: &amp;quot;''en cabeza del rey''&amp;quot;, iba a expresar lapidariamente el papel de la monarquía en aquella empresa: frase que ya se encuentra en autores de la primera hora, y que viene a significar el papel o responsabilidad del Rey o de la Corona en todos los asuntos del gobierno, tanto civil como eclesiástico, del Nuevo Mundo: administración de la justicia, patronato, legislación, defensa de los derechos del indio, etc., como Fray Domingo de Betanzos, Francisco López de Gómara, en su ''Historia General de las Indias'', o más tarde Felipe Guamán Poma de Ayala (comienzos del s. XVII) y muchos otros recuerdan en sus historia y crónicas.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
La España de los reyes Católicos era una España claramente identificada con la historia que le había dado origen. Su monarquía conservaba todavía esta conciencia. Tal es la clave para comprender muchas iniciativas políticas y religiosas de los Reyes Católicos, Isabel I la Católica de Castilla y Fernando V el Católico de Aragón, y de sus descendientes, principalmente Carlos I (V como emperador del Sacro Romano Imperio Germánico) y Felipe II, y de sus descendientes los demás reyes de la Casa de Austria española (o Augsburgo). Durante el reinado de los reyes Católicos acontecen en la historia nacional española algunos grandes hechos: la unión dinástica de los dos grandes reinos ibéricos de Castilla-León y de Aragón-Cataluña con el consiguiente reforzamiento de la monarquía y la regularización del sistema administrativo de la Corona; la reforma de la vida eclesial en sus diversos niveles; la conclusión de la lucha secular de la reconquista del dominio musulmán del suelo patrio, que antiguamente había formado el reino hispano-visigodo; el comienzo de la expansión transoceánica que dio como resultado la llegada a las tierras del Nuevo Mundo, que para el historiador, capellán de Cortés, Francisco López de Gómara, había sido “''el más grande acontecimiento después de la creación del mundo si se exceptúa la encarnación y la muerte de Aquel que lo había creado''”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta empresa política, pero también evangelizadora, fue posible gracias a la existencia de un sujeto tanto político como católico en la comunidad hispana, impregnada en este último caso de una conciencia de la fe católica, sea a nivel popular como en la Corona. Los Reyes Católicos tenían una clara conciencia de su autonomía política en la esfera secular. La tenían también como cristianos. También como príncipes católicos no estaban exentos de una mentalidad jurídica muy extendida en las relaciones entre los Estados cristianos nacientes y la Iglesia de querer controlar la vida eclesial en sus Estados, pretensión común en los gobernantes (o príncipes) cristianos de esta edad moderna. Tal pretensión, que databa ya de siglos anteriores, llevaría en muchos casos a caer en la tentación, nunca escondida, de crear de hecho Iglesias nacionales, bajo el control del Estado. En el siglo XV, a pesar de la crisis conciliarista, tenían una sana conciencia del papel del Papa como cabeza de la Iglesia y reconocían su misión y supremacía en el campo eclesial y espiritual, “''no reconociendo superior temporal sino a Dios Omnipotente, y dando la obediencia espiritual debida al Sumo Pontífice y a la Iglesia apostólica de Roma''”, como escribía entonces Fernández de Oviedo, uno de los primeros testigos e historiadores de la conquista en el Nuevo Mundo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El papel de la corona fue fundamental en los tres siglos siguientes, tanto en el ámbito de los descubrimientos y de la colonización, como en el de la evangelización. Ya desde el alba de la presencia española en el Nuevo Mundo, los Reyes Católicos emanaron una serie de disposiciones o cédulas legales y administrativas con el fin de regular un gobierno recto en aquellas tierras, y afrontar las problemáticas humanas, políticas y evangelizadoras que aquellas situaciones inéditas planteaban. En tal sentido el testamento del 12 de octubre de 1504 y el codicillo de Isabel la Católica añadido el 23 de noviembre de 1504, tres días antes de morir, dan las directivas del proyecto político (relación entre españoles e indios, y derechos de éstos) y de la evangelización e implantación de la Iglesia en América. Aquel texto fue codificado y se convirtió pronto en un texto legal, caso único en la historia constitucional de un país, entrando así a formar parte de la legislación de España sobre las Indias hasta las independencias de sus países.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==2. La población española en el momento del descubrimiento de América== &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se calcula que en el momento del descubrimiento de América, España tenía unos ocho millones de habitantes. De ellos, antes de 1492, medio millón eran judíos (la expulsión en masa de los mismos acontece en 1492) y un millón de mudéjares  a los que luego habría que añadir los “moriscos”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Cómo se distribuía socialmente esta población? Un 80 % era rural. Se daba una endeblez numérica de clases. Lo que hoy se suele llamar &amp;quot;clase media&amp;quot; (pero que en este caso sería un anacronismo), puede ser distribuida de la siguiente manera: un 3%, que no eran clé¬rigos, ni militares, ni campesinos, ni patricios urbanos; eran gente común. Había unos 75.000 clérigos o eclesiásticos , el 1% de la población, de los que unos 2000 o 3000 pertenecían al llamado &amp;quot;clero alto&amp;quot;. Los nobles o hidalgos de variada posición y entidad eran unos 115.000, el 2% de ese número total. En cuanto a la propiedad las tierras, éstas pertenecían al 2% o 3% de la población que poseían el 97% de las mismas. Esta alta aristocracia, personal o jurídica, era dueña de la mitad de España. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Y cómo se componía ésta aristocracia? Se contaban unas 50 familias unidas por vínculos de sangre y que constituían de hecho una fuerza social, política y económica paralela a la del rey, como lo demuestran las convocatorias de frecuentes “Cortes” para tratar los asuntos importantes del Reino, proclamar o reconocer al rey, que debía jurar sus fueros , proclamar ante ellas por parte del rey leyes, cédulas reales o disposiciones en los campos civil o eclesiástico y determinar la política a seguir en el Reino. Las Cortes eran en la antigua historia española medieval y en los comienzos de la moderna una asamblea general del Reino que convocaba el rey en los antiguos reinos de España para tratar asuntos de estado, generalmente, la elaboración de leyes y la concesión de impuestos: a las Cortes acudían los representantes del clero, de la nobleza y de las poblaciones importantes, ayuntamientos de ciudades y de villas. En las “Cortes” se encontraban representadas las diversas entidades o corporaciones que componían el Reino. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En todo este tren de vida política, algunos nobles (en realidad pocos), descendientes en buena parte de antiguas familias de caballeros, protagonistas en la reconquista, o de otros nuevos allegados por méritos o por influencias, ocupaban puestos en la Corte real, la que en esa época solía ser “ambulante” a lo largo de ciudades y villas del Reino. Estos nobles, que con frecuencia poseen sus castillos y palacios, comienzan a llevar un tren de vida a veces fastuoso. Estaba luego una pequeña nobleza de mayor peso social y económico, y otra mediana formada por militares, hijosdalgo, y caballeros, que constituyen dos poderosos es¬tratos sociales. El estamento militar asiste por derecho propio a las Cor¬tes. Vive en posesiones rurales e influye en el gobierno a través de la parentela y vínculos de nobleza. De esta pequeña noble¬za se recluta lo mejor de los capi¬tanes, diplomáticos y funcionarios. De la pequeña nobleza salieron muchos obispos (&amp;quot;llanos&amp;quot;, no pertenecientes a la aristocracia o alta nobleza). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se debe también hablar de una incipiente nobleza urbana: terratenientes, ricos por herencia, no comerciantes, y que es más culta que la nobleza militar. Sus hijos llenaban las universidades. También de aquí salen canónigos, obispos, abades. Fueron excelentes secretarios y administradores. Los pobladores de las pueblas (poblaciones fundadas con privilegio real y cuyos vecinos formaban “ayuntamientos” y concejos) y las villas (con sus pobladores llamados &amp;quot;villanos&amp;quot;) tienen acceso o movilidad de ascenso a ese tipo de nobleza y constituyen una parte importante y fundamental en la estructura del Reino. La tendrán en el poblamiento español del Nuevo Mundo con sus fundaciones, al estilo castellano o de la madre patria. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la estructura y en la vida social y política del Reino se encuentra el clero. Constituye un grupo social peculiar dentro de la sociedad. Dentro de él hay de hecho un clero socialmente alto y otro clero bajo, no por procedencia social, sino por los puestos que ocupan en la estructura eclesiástica. El clero tiene un fuerte espíritu corporativo (como en los otros países de la cristiandad medieval hasta la edad contemporánea) para defender sus inmunidades. Su fuerza económica la constituyen los diezmos (en especie, que se subastaban). La mentalidad de cada estrato era fuerte y reflejaba con frecuencia también su procedencia social. El papel del alto clero era notable. Constituían la columna vertebral de muchos sectores de la administración pública, cancilleres, presidentes y miembros del Supremo Consejo de Indias, cuando éste fue creado, y de muchos tribunales. Personajes fundamentales en la España de los tiempos del descubrimiento de América, como el arzobispo Talavera, Deza, los cardenales Cisneros y Mendoza, por citar nombres universalmente más conocidos, lo demuestran. En conjunto forman un grupo notable por &amp;quot;letras y virtud&amp;quot;. Muchos de ellos actuaron en la vida política e incluso en la militar; son parte de la última hornada de prelados-capitanes, como lo fue incluso el cardenal franciscano reformador Francisco Ximénez de Cisneros (que tiene su proceso de canonización introducido). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dentro del clero se encuentra una especie de alto clero menor, generalmente hacen parte de ella los prebendados (que eran dignidades, canónigos o racioneros de alguna iglesia catedral o colegiata). Normalmente son de elevada categoría intelectual. Existen 47 capítulos ca¬tedrales de gran poderío económico y con un nivel moral bastante bueno en general. Sin embargo entre el bajo clero, incluso entre el religioso, se da a veces inmoralidad, ignorancia y pobreza. Este fenómeno de decadencia en una parte del clero regular y secular era un fenómeno de la cristiandad europea de la época, con numerosos intentos de reforma por parte de papas y concilios a lo largo del siglo XV y comienzos del XVI. Basta recordar cómo el tema de la reforma del clero aflora y es tratado específicamente desde el Concilio de Constanza (1414-1418), Ferrara-Florencia (1438-1445), Lateranense V (1512-1517). En este cuadro el caso español corresponde al del resto de Europa. Sin embargo no se puede generalizar. Los concilios provinciales vigilaban y urgían por una reforma de las costumbres entre el clero. El siglo XVI será un siglo de notables &amp;quot;reformas&amp;quot; en este sentido, que verá el florecimiento de muchas Órdenes religiosas reformadas, de varios concilios provinciales y culminará con las reformas del Concilio de Trento (1545-1563). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Había en la España a la que nos referimos lo que se podría llamar &amp;quot;grupos medios&amp;quot;, aunque el término no corresponda a la moderna acepción de “clase social”. Eran gentes de ejercitaban oficios y menesteres necesarios en toda sociedad, especialmente en villas y ciudades como mercaderes y comerciantes, no¬tarios, abogados, barberos (que ejercitaban a veces también una medicina rudimentaria, pero importante), médicos y curanderos y pequeños administradores. Demográficamente eran débiles. De ellos salía 1/3 o 1/4 de los regidores. Solían componer (en reinos como en Aragón) los cabildos de las ciu¬dades. Son la raíz de la futura burguesía industrial y mercantil.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los artesanos constituían una especie de clase o grupo modesto urbano, que vivían asociados en gremios. La artesanía era más bien patriarcal y familiar, y menos técnica de taller, como en Italia o en Flandes. Proporcionaban un tercio o un cuarto de los regidores . Constituían la masa popular en los festejos. Este grupo social tiende a superarse y a presentarse bien. Su vida era suficientemente holgada. La población de todas estas clases sociales componía el 20% de los habitantes de España. Luego estaban los campesinos, que son un 80%, en desigualdad de condiciones, según las regiones. Había campesinos &amp;quot;de señorío&amp;quot;, a veces en penosas condiciones, y campesinos de realengo , a veces muy dignos. Pero toda la población vivía a veces sometida a calamidades y grandes crisis, comunes a todo el resto de Europa, como pestes y enfermedades endémicas y crónicas, sequías o superabundancia de lluvias, inviernos crudos, o veranos tórridos; todo ello provocaba muertes frecuentes y prematuras, y hambrunas frecuentes, sobre todo en las tierras más áridas o secas como las castellanas. Sin embargo estas penosas situaciones, con frecuencia endémicas, no provocaron sublevaciones populares, como sucedió en otros lugares de Europa; basta pensar a las sublevaciones de los campesinos y de los caballeros en la Alemania de los tiempos de Lutero o en otras semejantes en la Italia e incluso en la Roma de los siglos XIV y XV.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y ¿cuál era el valor monetario corriente en esta época? En el caso español el más común era el &amp;quot;ducado&amp;quot;, que correspondía a 375 maravedís, una equivalencia a unos ocho jornales de obrero especializado o veinte jornales de un peón. El marqués de Villena, por ejemplo, tenía 100.000 ducados de renta al año. La Iglesia (sus instituciones y su personal ministerial) tenía seis millones de ducados de renta: dos millones el clero re¬gular y cuatro, el clero secular. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
3. La España católica y la Reconquista&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
1. Carácter y temperamento del catolicismo español de la época: ¿Cómo se explica la vehemencia y también la fuerza del catolicismo español? Hay muchas teorías y opiniones al respecto. No hay que olvidar la característica historia cristiana española a partir del siglo VIII, cuando los musulmanes del Norte de África invaden el Reino español de los visigodos y lo desbaratan en la batalla de Guadalete (Andalucía) donde perece el último rey visigodo Don Rodrigo, que pasará a la leyenda épica española en multitud de romances (711). Casi todo el Reino visigodo español cae bajo dominio musulmán, si se exceptúan las regiones montañosas del Norte, astures, cántabros, vascos, y zonas de la Navarra y de la Cataluña pirenaica. En el año 721 encontramos los hechos conocidos como “batalla de Covadonga” en las montañas de Asturias, donde un príncipe visigodo, Don Pelayo (+737), levanta el estandarte de la &lt;br /&gt;
Cruz contra el invasor musulmán y da comienzo a la Reconquista, que se concluirá en 1492, en Granada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue el comienzo del minúsculo Reino de Asturias, que lentamente alargará sus fronteras reconquistando los territorios de León y luego las mesetas castellanas. Dará lugar así al nacimiento, como prolongación del reino asturiano del de León (s. IX), y más tarde al de Castilla (s. X) (Castilla y León unidas de nuevo a partir del 1230), del que nacerá con el tiempo el condado de Portugal (condado dependiente de Castilla a partir del 1094 y luego reino, totalmente autónomo). En el caso Asturiano ya a finales del siglo VIII se funda la ciudad de Oviedo (760), alrededor del monasterio benedictino de San Pelayo, donde el rey Fruela  I (757-768) establecerá su Corte y que alcanzará un notable esplendor artístico en tiempos de su hijo y sucesor Alfonso II el Casto (rey 792-842), contemporáneo de Carlo Magno, con el que mantendrá relaciones culturales y políticas. Nace así aquel arte que todavía hoy se contempla en la región asturiana, el llamado “pre-románico”, la preciosa Cámara Santa de la Catedral de Oviedo, como relicario de valiosas reliquias traídas del resto de la España invadida por los musulmanes, entre ellas la Cruz de la Victoria (símbolo de la reconquista, levantada por su primer caudillo don Pelayo), la de los Ángeles símbolo heráldico de Oviedo, de tiempos del rey Alfonso II, el Santo Sudario y otras muchas de indiscutible valor histórico y religioso. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este tiempo de Alfonso II el Casto, comienza la histórica peregrinación hacia Compostela, lugar donde se señalaba la traslación de las reliquias del Apóstol Santiago y que dará lugar a uno de los tres grandes centros de peregrinación medieval: Santiago, Roma y Jerusalén. Algo semejante comienza a suceder en las estribaciones de los Pirineos aragoneses (como en los alrededores del monasterio de San Juan de la Peña) y catalanes. Son las raíces tempranas de varios condados y marcas del reino de Aragón, con una historia unida a los nacientes reinos de Navarra y de Castilla y de los condados catalanes, cuya historia autónoma comienza a caminar a partir del s. IX, y que pasados varios siglos se unirán a la Corona aragonesa (Alfonso II de Barcelona, conde de la misma y rey de Aragón, une al reino aragonés el condado hereditario de Barcelona en 1162).  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin embargo la reconquista fue dura y larga. De hecho, hacia el año 750, gran parte de la península se encontraba bajo el califato de los Omeyas, en Córdoba, fundado por Abd-er-Rhaman I (756-788), que llega a su máximo esplendor en tiempos del califa Abd-er-Rhaman III (912-961). Y sus caudillos atormentaban con continuas incursiones los territorios cristianos. Así todavía en el año 1000, el caudillo musulmán Almanzor logró llegar hasta la misma Compostela en el oeste y a Barcelona en el este, convirtiendo en tierra quemada cuanto encontraba a su paso . Por ello también los reinos cristianos en su avanzada hacia el sur, de grandes ríos en grandes ríos, desde el Duero hasta el Tajo, van creando espacios desiertos de frontera para estorbar las frecuentes incursiones de los reinos musulmanes. Son la “Extrema-dura”, o las vacías y desérticas tierras fronterizas; se van levantando castillos y fortalezas a lo largo de la geografía hispana que darán también lugar incluso al nombre del futuro condado y reino de Castilla.&lt;br /&gt;
En esta misma época se asiste al nacimiento del califato de Córdoba, que en mundo islámico de la época es de la misma grandeza esplendorosa de los de Damasco y Bagdad, y a su historia cultural incomparable, que ha dejado una herencia imborrable en la cultura mundial e hispana. Entre el 1009 y el 1031, el califato de Córdoba se va dividiendo en pequeños estados independientes (reinos de taifas), entre los que hay que recordar: Toledo y Badajoz (1009); Murcia (1010); Zaragoza (1012); Almería y Granada (1013); Denia (1014), Málaga (1016); Valencia (1021); Sevilla (1023); Mallorca (1015); Córdoba (1031), etc.. luego: Orihuela, Huesca, Jaén, Carmona, Niebla, Algeciras. Incluso Córdoba se erige en una especie de republica aristocrática entre 1031 y 1070; es ocupada por el rey musulmán de Sevilla en 1070; conquistada por los musulmanes Almorávides de África en 1086 y luego en 1148. En 1091 los musulmanes Almohades de Mauritania invaden los reinos musulmanes de la Península ibérica (1091-1229), que serán derrotados por los reinos cristianos unidos en la batalla de Las Navas de Tolosa (1212), comenzando así la fase final de la reconquista cristiana. El rey castellano Fernando III el Santo, conquistará Córdoba el 29 de junio de 1236 y Sevilla en 1248. Ya en 1085, el rey cristiano Alfonso VI de Castilla había conquistado Toledo y la había convertido en su corte; los aragoneses habían reconquistado Zaragoza en 1146. Jaime I de Aragón reconquista Valencia el 29 de septiembre de 1238. El último reino musulmán de la Península ibérica, Granada, será reconquistado por los Reyes Católicos, Isabel y Fernando, el 5 de enero de 1492 .&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
2. La Reconquista: Entre el 830 y 1030, se vive un período de dos siglos de exaltación cristiana en la Reconquista; florece la cristiandad mozárabe  y nacen o avanzan los reinos cristianos: León, Castilla y Navarra, nace el de Aragón y los condados catalanes, entre los que emerge el de Barcelona cuyos condes, con el andar del tiempo, se convierten en reyes de Aragón, dándose así la unión dinástica entre ambos estados. En los siglos XI, XII, XIII: la Reconquista avanza en las diversas líneas fronterizas: del Duero, luego hasta el Tajo, con la conquista de Toledo, la antigua capital visigoda, la ciudad de las tres culturas o religiones (cristiana, islámica y hebrea, que había alcanzado un enorme esplendor cultural frente al resto de la misma Europa medieval cristiana). Por parte suya se asiste a una decadencia y luego al ocaso del califato de Córdoba, la división del mismo en números reinos de taifas que pueblan el sur de la Península .                    &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los musulmanes del norte de África intentan reconquistar las tierras perdidas y unificar a los reinos de taifas. Son las invasiones de los almohades. Pero en el año 1212 se da el paso definitivo del choque entre los reinos cristianos españoles y los musulmanes de los almohades en la batalla de Las Navas de Tolosa. Es la época que sigue a la renovación de la vida eclesial española a través de la aplicación en España de la reforma gregoriana con el apoyo de benedictinos y cistercienses. Es también la época de las grandes peregrinaciones a Santiago de Compostela, la del románico de los siglos XI al XIII, del nacimiento del gótico con sus grandes catedrales que se extienden por toda la geografía española hasta el siglo XV. En el siglo XIII la vida eclesial se renueva a través de los canónigos regulares primero, de los frailes mendicantes luego, entre ellos Santo Domingo de Guzmán, canónigo en Osma (Castilla), y sus dominicos y la llegada también de los franciscanos, y del mismo san Francisco, peregrino a Santiago de Compostela. Fernando III el Santo de Castilla y León, reconquista Sevilla y Córdoba, y su hijo, Alfonso X el Sabio, da un nuevo esplendor a las letras y a la compilación jurídica de las antiguas leyes hispanas; las tres lenguas de su Reino (latín, castellano, árabe y hebreo) formaban parte del bagaje cultural del Reino . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En Aragón brillan las epopeyas de Jaime I, el conquistador de Valencia del dominio musulmán. A pesar de episodios lamentables para los cristianos, con signos de algunas episódicas luchas dinásticas y señales de decadencia, como en el resto de Europa, los Reinos cristianos españoles han entrado de lleno en el bullir de una conciencia que camina a pasos agigantados hacia el ocaso de la Edad Media y el nacimiento de una modernidad, todavía confusa, con la constitución de reinos-naciones, raíces de los futuros estados nacionales. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
3. La vitalidad de los reinos hispanos: En este cuadro, los reinos hispanos se encuentran ya plenamente activos en la vida tanto eclesial como civil europea, con tratados, matrimonios reales, participación en la vida cultural europea con las nuevas universidades, de las cuales Palencia y luego Salamanca, pertenecen a la primera generación, o en los grandes y dolorosos conflictos que enturbian la paz de la “christianitas” europea, como los que caracterizan el siglo XIV y comienzos del XV, como el cisma occidental (1378-1417). Las suertes de la reconquista están echadas. Los reinos musulmanes que todavía persisten en el sur o se convierten en vasallos de los reyes hispanos o son reducidos a su mínima expresión, a pesar de momentos de gloria artística, como en el caso del reino nazarita de Granada. En esta época, los aragoneses y catalanes salen de sus fronteras, navegan por el Mediterráneo y buscan alianzas y ensanchar sus fronteras en el mismo: Nápoles, Sicilia, Cerdeña y hasta el extremo oriental del Mediterráneo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el territorio patrio no todo es fácil. El feudalismo antiguo persiste y la nobleza se encuentra inquieta con rebeldías endémicas que producen conflictos civiles y guerras episódicas de carácter dinástico dentro de las mismas familias reinantes, que después de todo se encuentran muy emparentadas entre sí. También en esta época de mediados del siglo XV, siguiendo el ejemplo del hermano Reino portugués, los castellano-leoneses salen al Atlántico e incorporan las Islas Canarias a sus dominios. Nos encontramos en tiempos de Juan II de Castilla y León, el padre de Isabel la Católica. Tras el reinado endeble y discutido de su hijo Enrique IV de Trastamara, llega el reinado de su hermana Isabel I la Católica, que se casará con su primo el príncipe Fernando de Aragón, que pronto se convierte en rey de aquel Reino. Con este matrimonio real, cambia radicalmente la historia española; se concluye la reconquista en Granada (1492) ; se unifican en las personas de los dos reyes los reinos hispanos, bajo el famoso lema del “Tanto monta monta tanto Isabel como Fernando” y la simbología heráldica que los dos esposos reales adoptan. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Suceden también momentos muy discutidos por la historiografía antigua y reciente como la expulsión de los judíos (1492), malqueridos por sectores de la gente vulgar y de la nobleza a causa, sobre todo, de su papel en la recolección de los impuestos de la misma Corona y una antigua y jamás escondida animosidad, alimentada por antiguos prejuicios y leyendas populares, y por la persistente acusación de “deicidio” que las acompañaban por ser considerados presuntamente en parte, como una especie de “quinta columna” en la antigua época de las invasiones islámicas, y en la época de su expulsión, de los mismos turcos. Es en este momento histórico, y en el mismo año de toda esta serie de acontecimientos notables en la historia hispana, que acontece la aventura atlántica de Cristóbal Colón y el descubrimiento del Nuevo Mundo. Todo ello abrirá una nueva página en la historia hispana y también mundial. La noche quedaba atrás&amp;quot; . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==4. La mentalidad común de la época ante la infidelidad y la herejía== &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ocho siglos de esfuerzos en una reconquista  trabajosa, y no siempre constante y uniforme, forjaron un temperamento en la España cristiana de entonces, con sus luces y sus sombras, hasta alcanzar una ordenación unita¬ria. La reforma católica se adelanta casi un siglo y en forma origi¬nal en estos Reinos españoles unidos bajo los reyes Católicos. “España […] que se había convertido en una gran potencia […] se convierte en el país del catolicismo del futuro […] pudo así convertirse en un cierto sentido en la patria espiritual de la restauración católica y de la contra-reforma” . Y esta actitud de lucha continúa bajo el nieto de los Reyes Católicos Carlos I (V como emperador): 1520-1558 frente a la herejía . Los teólogos del siglo XVI no abandonan la idea del “Orbis christianus” frente a la herejía. Según su posición general, no se puede dar ninguna coacción sobre los infieles para abrazar la fe, pero sí sobre los bautizados, para conser¬varla. Quedaba en pie un problema ante la situación en el suelo español de la población no cristiana de judíos y de moros: ¿por qué se da esa disyuntiva con-tra ellos de, o abrazar la fe o de emigrar? ¿En qué sentido el poder civil toma parte en favor de una solución radical en el asunto que lleva a la exclusión de estos grupos divergentes? ¿No fue en parte por motivos meramente seculares y civiles, con la naciente “razón de estado” de querer construir un reino unido (Estado) sin discrepancias o elementos centrífugos? ¿No estuvo esto en parte en los orígenes de la creación del tribunal de la Inquisición para examinar los falsos conversos, sea del judaísmo o del islamismo, y que más tarde se extenderá a otros divergentes religiosos, protestantes o pensadores considerados heterodoxos? ¿Protestaron los teólogos contra este tipo de coacciones? . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==5. La nación española== &lt;br /&gt;
En el contexto señalado se forja un celoso nacionalismo, traducido en el estatuto de “lim¬pieza de sangre”, una especie de “culto al honor nacional e innoble criterio de casta” . Los siglos XIV-XV españoles fueron tolerantes. Para el siglo XVI se suelen dar las siguientes estadísticas de la población española : unos 7.000.000 cristianos viejos; unos 350.000 conversos; unos 300.000 moriscos . De pronto aparece la intolerancia. ¿Por qué? La convivencia de cristianos, judíos y musulmanes en los reinos cristianos españoles durante la Edad Media, había tenido que ver con el proceso de &amp;quot;Reconquista&amp;quot; cristiana española de sus tierras invadidas, y la conquista por parte de los musulmanes, sobre todo de las tierras meridionales que ellos llaman Al Andalus (Andalucía, o “tierra de los Vándalos”, antiguos invasores de la misma de origen germánico en el s. V) y posterior ocupación del territorio por los diferentes reinos cristianos del norte de la península. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La escasa repoblación cristiana de sus nuevos territorios hace que sigan viviendo en ellos un importante número de musulmanes, tanto en zonas urbanas (aunque en barrios propios, como la morería de Zaragoza), como en zonas rurales (como siervos de señorío). El final de la Reconquista - con la toma de Granada- y la política religiosa de los Reyes Católicos, modifican la situación previa: en Granada se producen bautismos en masa, y los Reyes Católicos sólo permiten la religión cristiana en España, por lo que judíos y mudéjares han de convertirse o salir del país. En la lucha enconada contra el creciente poderío turco, se teme su alianza con el mismo y en concreto con los piratas berberiscos y turcos que atacaban las costas de la Europa cristiana. Los moriscos andaluces protagonizan  una insurrección en 1568 (la rebelión de las Alpujarras), que fue sofocada casi dos años después por don Juan de Austria, hermanastro de Felipe II. Los moriscos de esa zona fueron desterrados, hecho que aumentó la suspicacia contra ellos en otras regiones donde los moriscos eran todavía muy numerosos, como Valencia o Aragón. En 1609, con el rey Felipe III, se decretó la expulsión de los moriscos, primero de Valencia, después de los otros reinos españoles. Unos 300.000 tuvieron que abandonar España; la mayoría se dirigió al norte de África. Su marcha tuvo graves consecuencias demográficas y económicas, sobre todo en Valencia y en Aragón, afectando especialmente a la agricultura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todos los problemas señalados son complejos y de diversas interpretaciones. Los Judíos constituían una gran minoría cualificada; habían disfrutado por una parte de la protección de los reyes y por otra del odio del pueblo, debido fundamentalmente a su papel en el campo de la recolección de impuestos y al sistema de ganancias económicas con los préstamos; tal aversión será luego transferida a los falsos conversos o hebreos ocultos (marranos), algo común en otros muchos lugares de Europa y a los musulmanes pseudo-convertidos. En el caso español, ya en 1449 se había dado una explosión de odio en Toledo contra los conversos y  la puesta en marcha del llamado “estatuto de sangre” (el de “limpieza”). Casos semejantes se dieron en Córdoba, Jerez, Jaén, en el Reino de Castilla, y otros muchos semejantes en Aragón y Cataluña . Debido también a las conversiones fingidas, el “estatuto de limpieza” pretendía restarles eficacia social. Aquí están en parte, los orígenes de la Inquisición española, que fue creada en el siglo XV precisamente para aclarar y combatir las conversiones ficticias de moros y judíos . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=6. Nuevos intentos de cruzada ante la caída de Constantinopla en poder de los turcos==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El tema de la “cruzada” flotaba en el ambiente español cristiano desde hacía siglos a lo largo de la “reconquista”, cruzada llevada a cabo en casa, como algunos la han llamado; pero era también una mentalidad muy extendida en la Europa medieval. Baste pensar a los últimos intentos de cruzada contra los turcos en tiempos de Pío II (1458-1464). La urgencia de la defensa contra el avance de los turcos había empujado a los griegos a buscar ayuda en la cristiandad latina occidental, e incluso a una posible reconciliación con Roma recomponiendo la antigua división entre Oriente y Occidente. Tal fue el intento que fracasaría tras el concilio de Ferrara-Florencia (1438-1445), porque no encontró el apoyo necesario en algunos metropolitas orientales y sobre todo en buena parte de los monjes y de la gente desde siempre muy influida por ellos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Constantinopla cae bajo el dominio turco el 29 de mayo de 1453, y su basílica de Santa Sofía será convertida en mezquita después de diez siglos desde su construcción. La caída de Constantinopla causó honda impresión en el mundo cristiano occidental; y no era para menos: había sido, desde los tiempos de Constantino, el corazón del Imperio Romano Oriental o Bizantino. Ahora se convertía en Estambul, cabeza del grande Imperio Otomano, que ponía también pie en el continente europeo, revolucionando así los cuadros políticos del Occidente cristiano. Por ello se explica el impulso que algunos, sobre todo el Papa, quisieron dar lanzando una nueva “cruzada” en defensa tardía del Imperio Bizantino. Fracasarán en sus intentos los Papas Eugenio IV, Nicolás V, Calixto II y Pío II, desde 1433 a 1464, debido sobre todo a las divisiones y rivalidades entre los nacientes estados nacionales europeos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este contexto, Eugenio IV llamó al Occidente cristiano en defensa de aquel Imperio (1443). Casi nadie se movió entonces, a excepción del rey de Polonia y el de Hungría, Ladislao, que fue vencido por los turcos en Varna, junto con el legado pontificio el cardenal Cesarini (1444). En otro lugar meridional de Europa, en Albania, Jorge Castriota, conocido con el nombre de Skanderberg, resistirá a lo largo de 24 años a la invasión turca. La derrota sufrida en Varna fue el prólogo de la caída de Constantinopla. El papa Nicolás V querrá renovar la llamada a una nueva cruzada que no logra comenzar; lo intenta su sucesor, el español Calixto III (1455-58) mandando predicadores de la misma por Europa e invitando a ella a los príncipes cristianos, proponiéndose no sólo liberar Constantinopla, sino también llegar incluso a Jerusalén. También aquí vemos una primera respuesta positiva por parte de los príncipes cristianos, pero que enseguida cae en el vacío.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un ejército cristiano guidado vía tierra por Juan Hunyadi, asistido por el cardenal Carvajal y animado espiritualmente por S. Juan de Capistrano, vence en Belgrado (1456), impidiendo así a los turcos continuar avanzando hacia Viena, mientras que Skanderberg los vencerá en Taormizza (1457), y el cardenal Scarampo, guiando vía mar una escuadra, los derrota en Metelino (1457). Calixto III esperaba entonces de nuevo una respuesta positiva por parte de las potencias cristianas. Pero de nuevo la indiferencia y las rivalidades, agravadas con la muerte de Juan Hunyadi, hicieron fracasar aquellos planes. El sucesor de Calixto III, el humanista Pío II (Enea Silvio Piccolomini) (1458-1464) intentó tomar de nuevo la iniciativa; llegó a convocar una especie de congreso de las potencias europeas en Mantua (1459-1460) donde participó personalmente, pero de nuevo aquel proyecto fracasó por los mismos motivos que los anteriores. Al Papa se le ocurrió una idea totalmente utópica: mandó a Muhammad II, el conquistador de Constantinopla, una carta, espléndida en su estilo literario, en la que le invitaba a convertirse al cristianismo, prometiéndole el imperio de Oriente y de Occidente (¡!). Luego, en 1463, el mismo Papa tomó la decisión de conducir él mismo la cruzada lanzando una invitación en tal sentido al Occidente cristiano. Anciano y enfermo se pone al frente de un ejército en dirección al puerto italiano de Ancona, donde ya agotado muere (1464). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Moría así una antigua utopía y la idea misma de cruzada, que había atravesado con numerosos vaivenes  la historia medieval europea, todavía objeto de enconadas controversias historiográficas y de resentimientos. Sin embargo, en aquellos precisos momentos, y en un cuadro muy distinto en los extremos del mundo europeo, en la Península Ibérica sucedían una serie de acontecimientos, algunos de ellos muy unidos a motivos no lejanos del sentir común de la christianitas europea de la época y de los Papas: la conclusión de la Reconquista, y coincidiendo con la misma, los descubrimientos transoceánicos por parte de Portugal y de España. En el caso español encontramos ingredientes variados e híbridos, muy presentes en la vida política y popular del siglo XV. La conquista de Granada que concluye este ciclo y da comienzo a otro nuevo, la tomó el pueblo como algo suyo . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==7.  La Iglesia Española de finales del S. XV y comienzos del s. XVI== &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
7.1. Para comprender el estilo de la primera evangelización en el Continente americano. España y la Iglesia española fueron los agentes de la evangelización del Nuevo Mundo de lengua española, como en el Brasil lo será el Portugal hermano. Es preciso conocer su idiosincrasia, las potencialidades y limitaciones de su contenido católico. Ya nos hemos referido a la importancia que tenía el clero dentro de la sociedad española del tiempo y a su composición. Nos vamos a fijar en otros elementos de esta España religiosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para comprender mejor &amp;quot;el encuentro del catolicismo ibérico y las culturas americanas&amp;quot;, que &amp;quot;dio lugar a un proceso peculiar de mestizaje, que si bien tuvo aspectos conflictivos, pone de relieve las raíces católicas así como la singularidad del Continente&amp;quot; , es necesario adentrarnos más, tanto en la historia de la España de aquél entonces, como en los primeros pasos de la Iglesia en tierras americanas. El dinamismo que impulsó y que aún continua fecundando tal síntesis, que es el continente latino americano en su configuración, lo constituye la fuerza de la fe católica. Los obispos latinoamericanos escribieron en su reunión plenaria de Puebla, celebrada en 1978: &amp;quot;Con deficiencias y a pesar del pecado siempre presente, la fe de la Iglesia ha sellado el alma de América Latina, marcando su identidad histórica esencial y constituyéndose en la matriz cultural del continente, de la cual nacieron los nuevos pueblos&amp;quot; . Es esto lo que le da sentido a su ser; el encuentro con el Evangelio, con la verdad de que existe Dios Padre Bueno, que nos ha dado a su Hijo Jesucristo para salvación nuestra, bajo el aliento del Espíritu Santo, encarnado y nacido de una mujer (cf. Gal. 4, 4), la Virgen María de Nazaret .&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se tenía mucho cuidado de que las Órdenes que pasaban a América fueran todas reformadas. Serán cinco Órdenes religiosas reformadas o nuevas las protagonistas de la historia de la evangelización en el Nuevo Mundo hispano: los franciscanos, los dominicos, los agustinos y más tarde los mercedarios; a estas Órdenes religiosas antiguas, llamadas mendicantes por su origen y estilo, se sumarán pasado medio siglo los recién fundados jesuitas. Los franciscanos que llegaron a México para emprender la evangelización pertenecían a la más severa y genuina de las Observancias evangélicas. El humanismo español constituía el ambiente cultural de estos misioneros. Es conocida la influencia, por ejemplo, de Erasmo de Rotterdam ; el mismo Zumárraga había leído sus libros, como lo demuestra la carta que envió, el 2 de noviembre de 1547, a fray Francisco del Castillo, provincial de su comunidad en Burgos . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Desde este horizonte los evangelizadores trataron, desde sus posibilidades, de crear una nueva humanidad cristiana, singularmente sana y fiel. “La primera generación de misioneros en México, por ejemplo, los obispos Juan de Zumárraga y Vasco de Quiroga, se caracterizaban por el sello del humanismo contemporáneo; Zumárraga estaba influenciado por Erasmo y Quiroga por Tomás Moro. Esta actitud espiritual fue decisiva en algún modo, y precisamente también en relación con la labor misional” . La extraordinaria labor evangelizadora que realizaron los misioneros en tierras americanas, encuentra en estos altos ideales de reforma y santidad de vida, una de sus principales motivaciones. Son elementos que no podemos dejar de tomar en cuenta al momento de estudiar la labor y los métodos que usaron para lograr la conversión de los indígenas americanos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
España estaba en un momento de apogeo y expansión. Venía de concluir la guerra de reconquista contra el dominio musulmán de su suelo. Los Reyes Católicos otorgan una gran importancia a la fe y alientan con gran energía y constancia un proceso de reformas y austeras observancias que, aunque ya venía gestándose desde hacía tiempo, alcanza con ellos una sistemática propuesta de reforma cristiana. El humanismo español de finales del siglo XV y de todo el XVI es sumamente rico en realizaciones literarias y espirituales. Es un tiempo donde lo épico y lo religioso se entrelazan en un universo cultural sumamente fecundo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
7.2. Una antigua exigencia de reforma en toda la Iglesia La exigencia de reforma en la vida de la Iglesia en cuanto sociedad humana, es un fenómeno continuo en la historia de la Iglesia. En los  finales de la edad Media y comienzos de la Moderna se sentía agudamente, sobre todo en algunos ambientes. Se pedía entre otras cosas una reforma radical “in capite et in membris” (en la cabeza y en los miembros), empezando por una adecuada puesta al día de las estructuras jurídicas (centralización y reservas con los desórdenes consecuentes, fiscalismo y abusos) de la vida eclesiástica del clero alto y de la formación del bajo clero, sobre todo en relación a la atención pastoral de los fieles. La respuesta dada a esta exigencia urgente no fue siempre equilibrada y ortodoxa en muchos ambientes cristianos europeos, ni tampoco fue amplia y promovida con decidida voluntad por parte de la jerarquía de esa época, lo que causará con el tiempo la ruptura de los movimientos protestantes. En este contexto, en varios países de la cristiandad se dan discutidos movimientos de reforma desde el punto de vista de la ortodoxia católica, como los llamados “espirituales” o grupos de frailes franciscanos con ideas eclesiológicas heterodoxas, influenciadas a veces por las teorías de Joaquín de Fiore sobre la existencia de dos iglesias, una carnal y rica, y en contraposición otra espiritual, santa y evangélicamente pobre, Otros sostenedores de ideas radicales heterodoxas serán el inglés John Wicliff y luego el bohemo Jean Hus y otros que preceden en muchos puntos la futura mentalidad cristológica y eclesiológica de los reformadores protestantes, como Jakoubek, Nicolás de Dresde o Wesel Gansford (1419-1489) en Alemania. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Son comprensibles estos movimientos radicales de reforma ante la situación de una jerarquía eclesiástica con frecuencia mundana. Estas tendencias ideológicas, fomentadas también por desórdenes sociales, se agudizaban por la falta de una voluntad eficaz de reforma en muchos responsables eclesiásticos. Sin embargo, lentamente comienza a abrirse paso una mayor voluntad de reforma por parte de la jerarquía eclesiástica (Papas y Concilios) a lo largo del s. XV y comienzos del XVI. Así en el concilio de Costanza y en los concordatos que estipuló Martín V, se ve tal voluntad; éste papa eligió también cardenales óptimos y una buena bula de reforma (16.V.1425), que quedó en letra muerta; en la misma línea decretó el concilio de Basilea con medidas radicales, nunca aplicadas. Los papas siguientes emanaron varios decretos y bulas también en tal sentido, casi siempre ineficaces y raramente aplicados, quedándose en meros proyectos. La historia va adelante con vanos intentos de reforma, incluidos los del concilio ecuménico Lateranense V (1513-1517). La doctrina católica fue siempre defendida, pero las situaciones de desórdenes graves en la vida cristiana continuaron vivos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin embargo, en algunos lugares de la cristiandad occidental se empezaba lentamente un camino de reforma de la vida de la Iglesia, como lo demuestra el llamado fenómeno de la “Devotio moderna”, movimiento eclesial comenzado en los Países Bajos a finales del s. XIV y que se desarrolla a lo largo del XV dando lugar a asociaciones como “los hermanos y las hermanas de la vida común”. “Devotio moderna” significaba “servicio de Dios” con una proyección clara de cristocentrismo, una espiritualidad ascética práctica (contra la mística especulativa de los dominicos alemanes), una marcada tendencia afectiva (de raíces franciscanas, de la escuela de S. Bernardo y del teólogo francés Gerson), una interioridad y subjetivismo notables en detrimento de los contactos, también apostólicos con el mundo, y una insistencia ascética que subraya el papel responsable del fiel en la recepción de los sacramentos. El libro “La imitación de Cristo” es fruto de tal “devoción” y su probable autor, Tomás de Kempis, pertenecía a tal movimiento. Esta espiritualidad ejercitará un influjo en el siglo siguiente en muchos santos y fundadores como Ignacio de Loyola e incluso en algunos protagonistas de la reforma protestante.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
7.3. El movimiento de reforma de la vida religiosa monacal y conventual en la Iglesia. Hay otro aspecto notable en el incipiente movimiento de reforma eclesial de este periodo, y es el comienzo de la misma en el seno de algunas antiguas Órdenes religiosas, en gran parte en un lamentable estado de decadencia, si se exceptúan los Cartujos y en parte los Cistercienses. La peste negra que asoló media Europa en aquellos dos siglos (XIV y XV) había vaciado los monasterios,  que luego se habían llenado con vocaciones mediocres o por motivos que nada tenían que ver con la consagración religiosa. Por ello los nuevos religiosos o monjes vivían con frecuencia una vida disipada, en monasterios y conventos con abundantes bienes, falta de la vida común fundada en privilegios obtenidos de los papas, y con una clausura más teórica que práctica, sobre todo en el caso de las monjas, que en muchos casos provenían de la nobleza y traían consigo sus niveles de vida y privilegios y en muchas ocasiones eran obligadas por motivos sociales a entrar en los monasterios. También aquí las decisiones de Papas y Concilios sobre la reforma religiosa caían en un terreno árido. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este panorama se dan los primeros intentos de refreno religioso, cuando algunos religiosos buscan volver a las raíces carismáticas de su fundación, y se reúnen en un convento donde querían vivir claramente el espíritu de tal origen. En los comienzos, ese convento buscaba ponerse bajo las órdenes del General de la Orden por encima de su Superior Provincial. A tal convento se asociaban otros con el mismo espíritu; se formaban así las “Congregaciones” de reforma, bajo la obediencia a un Vicario con poderes amplios. Se quería llevar a cabo de esta manera la reforma de la Orden. Aquí ahondan sus raíces divisiones sucesivas entre “conventuales” y “observantes”, “calzados” o “descalzos”, etc… en varias antiguas órdenes religiosas, ya a partir de finales del s. XV y sobre todo en el s. XVI. El fenómeno se da en la mayoría de las antiguas, también en España, y tendrá consecuencias notables en la historia de los evangelizadores del Continente americano. No todas las “Congregaciones” duraron, sin embargo favorecieron la reforma, en cuanto extendieron su influjo sobre todo a través de la predicación popular ambulante.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
7.4. El movimiento de reforma de la vida religiosa monacal y conventual en la Iglesia. La historia de la reforma eclesial en España se encuadra en este movimiento. Fue conducida hasta llegar a la gente común, comenzando ya mucho antes del Concilio de Trento y llegando al mismo, que ratificó muchos aspectos que la Iglesia en España ya había puesto en marcha desde hacía tiempo. Una de sus características peculiares fue que la iniciativa vino de los Reyes Católicos, con pasos sucesivos de reforma del episcopado, del clero y del pueblo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La reforma de la vida religiosa en España se dió de manera precisa y orgánica . En el caso de los monjes comienza con la del monasterio de San Benito de Valladolid, por iniciativa del rey de Castilla Juan I (en 1389-1390), con el objetivo de que los monjes viviesen la regla benedictina de manera precisa y rígida, y con voto de clausura perpetua al modo de las Clarisas; reclutó para ello unos 15 monjes provenientes de varios monasterios que se comprometieron a seguir tal vida rígida. Luego evolucionará hacia una mayor elasticidad, pasando a finales del s. XV a constituir una “Congregación” de unos 10 monasterios (en 1524 contaba con 32), y durará en los siglos siguientes. Algo semejante ocurre con los cistercienses con la fundación o reforma de la “Congregación de S. Bernardo de Castilla”, en tiempos de los papas Martín V y Eugenio IV, por obra del monje cisterciense que provenía de los Ermitaños de San Jerónimo (Jerónimos), Martín de Vargas. Esta fundación fue duramente obstaculizada por el capítulo general de Citeaux (cistercienses) a lo largo del s. XV; en 1549 reunía 45 monasterios de los 59 españoles de la Orden. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No se observan generalmente nuevas fundaciones con nuevas Reglas en las grandes órdenes religiosas. Sin embargo en España nacen los Jerónimos (ya presentes en Italia como “Eremitas de S. Jerónimo”). Fue un canónigo de Toledo, Fernando Yáñez de Figueroa y su camarero mayor, Pedro Fernández Pecha, que comenzaron a vivir una vida eremítica, pasando luego a la cenobítica, adaptándose a la regla de S. Agustín, con la aprobación de Gregorio XI en 1373. En 1423, Lope de Olmedo quiso reformar la Orden siguiendo algunas indicaciones que sacó de los escritos de S. Jerónimo, y creó así un nuevo ramo llamado “Congregación de la Observancia de S. Jerónimo”, pero que en España tuvo un éxito muy relativo, uniéndose luego en 1567 al resto de los Jerónimos. Se mantuvieron fieles a la regla de manera bastante rígida; crecerán a lo largo de los s. XV y XVI en España fundando y agregando numerosos monasterios, entre ellos hay que señalar el de Yuste, en Extremadura, donde se retirará el emperador Carlos V, el del Escorial, fundado por Felipe II, y el Guadalupe en el célebre santuario de Extremadura.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En cuanto a las Ordenes mendicantes tuvo en España, como en otros lugares, dificultades notables de reforma, dada su organización centralizada que había favorecido en cierto modo también su decadencia. Sin embargo, tal organización luego favorecerá o pondrá obstáculos a la reforma o la apoyará tibiamente. La historia de la reforma de los mendicantes, también en España dependió en buena parte de estos factores, a parte de los apoyos de papas y reyes, característica de la misma reforma, oposición de superiores locales, intervenciones abusivas de los poderes seculares, etc.. En España la reforma nace por iniciativa autónoma en varias provincias. En Santiago en 1390, que se autonomiza en 1440 de los conventuales; en Aragón, con una tendencia de carácter eremítico y se convierte en una provincia de observancia en 1442; en Castilla, parece ser que la observancia franciscana llega de Sicilia. Todos estos conventos reformados, a partir de 1446, forman con los observantes franciscanos franceses, ingleses, belgas, alemanes norte-occidentales la “Vicaria Ultramontana”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero en España nacen también grupos “ultra-reformistas”. Un primer iniciador de esta tendencia es Pedro de Villacreces (+1422), que se proponía reproducir el ideal de la Porciúncula gobernada por S. Francisco de Asís: vida austera y contemplativa, retiro y vida eremítica dentro del convento, pobreza radical, siempre descalzos, oración prolongada, silencio total. El estudio era reducido al mínimo. El sucesor de Villacreces, Lope de Salinas, aumenta el tiempo dado al estudio teológico y moral para formar predicadores y confesores, usando pequeños manuales. Prosigue esta línea el antiguo jerónimo Juan de La Puebla (+1495) con la reforma del convento de Santa María de los Ángeles de Sevilla. De este grupo nace la reforma de Juan de Guadalupe, la observancia rigurosísima, que da mayor fuerza a la predicación y al apostolado. Estos grupos diversos de franciscanos reformados continúan difundiéndose a partir de 1517; entre ellos se encuentra el de San Pedro de Acantara, confidente de Santa Teresa de Jesús, llamados “alcantarinos” o “pascualitas-alcantarinos”. A estos grupos reformados de franciscanos pertenecen los primeros grandes misioneros franciscanos del Continente americano. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra Orden religiosa reformada en España es la de los Agustinos. La formación de la “Congregación de observancia” española tiene una propia historia. Parece ser que su primer convento fue el de “Domus Dei” de Castelví de Rosanes en Cataluña (1420), que permaneció solo y aislado en medio del conventualismo hasta 1569. La “Congregación de observancia” española surge de hecho en Castilla por obra de Juan de Alarcón (+1451 c.), que actuó bajo la protección del padre general Favaroni y tras haber conocido la fuerte renovación de la Orden en Italia. Así se crea en España una “Congregación de observancia” ya en 1438, con 4 conventos de frailes y uno de monjas. Alarcón obtuvo en aquel mismo año la bula de confirmación de parte del Papa, mientras que en los demás casos italianos las bulas llegarán decenios después. La extensión de esta reforma en España se puede deducir del hecho que en 1504-5 se decretó la unión de la “Congregación de Observancia” con la Provincia agustiniana española, que tras divisiones y tensiones, sólo se pudo actuar en 1512. Ello se debió gracias a los Reyes Católicos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La historia de la reforma de los dominicos españoles tiene características semejantes. Ya en el Capítulo general de Burgos (1413), el general de obediencia aviñonesa (nos hallamos en los tiempos del cisma de Occidente), Juan de Puinoix, trata de eliminar los defectos más salientes en la Orden con fuertes medidas disciplinares, incluida la cárcel, y de restaurar la vida común. Probablemente tuvo un gran influjo San Vicente Ferrer con su vida santa, su predicación y sus escritos (Tratado de vida espiritual). Pero la verdadera reforma hay que señalarla también aquí en el método de la fundación de  “Congregaciones de observancia”, alrededor, parece ser de Santa Catalina de Siena (+1380) y de su confesor Raimundo de Capua, maestro general de la Orden a partir del 22 de mayo de 1380. La lista de dominicos eminentes que llevan adelante la reforma de la Orden en Europa, a partir de Italia, es abundante. En España comienza en Castilla en 1423 y recibe el reconocimiento de derecho pontificio en 1478. Su desarrollo se debe a los Reyes Católicos, por lo que en 1505 se une a la Provincia dominica de aquel Reino, eliminando los conventos no reformados e introduciendo la Observancia. Una de sus características fue su expansión a partir de un convento reformado, lo que se puede señalar como un ejemplo de reforma a partir de la base. En estas “Congregaciones de observancia” se quiere volver a la experiencia primera de la Orden y se resuelve el problema de la pobreza buscando una línea media: queda la “mendicidad” como ideal, pero se corrige con otros medios de subsistencia, cuando aquella se mostraba insuficiente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El caso de la Orden de los carmelitas, sea en el s. XV como en el XVI, sigue un itinerario parecido. Se pueden enuclear varias reformas serias: dos de “Congregaciones de observancia” fuera de España ya en el s. XV (las de Mantua en Italia y de Albi en Francia), y las del s. XVI, la general de Nicolás Audet de toda la Orden (1524), y la teresiana en España, que coincide con la historia de la reforma de la gran Santa Teresa de Jesús (1515-1582), seguida por su discípulo San Juan de la Cruz (1542-1591), los dos grandes místicos y literatos incomparables en su género. En España hay otras órdenes mendicantes, que en esta misma época siguen el camino de la reforma y que tendrán también un papel importante en la evangelización americana, principalmente los Mercedarios y los Trinitarios, ambas órdenes fundadas para la redención de cautivos en manos de los musulmanes del Norte de  África. La primera de estas dos órdenes, que pasarán tempranamente a América (el capellán de Cortes fray Bartolomé de Olmedo, muerto en 1524, era un mercedario),  desarrollará un papel fundamental en la historia de la evangelización americana.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La estructura de las “Congregaciones de observancia” de los mendicantes son bastante comunes. Son ordinariamente reconocidas, algunas por documentos papales (de derecho pontificio), otras por el general de la misma Orden. No crean sistemas jurídicos nuevos, como en el caso de los monjes; introducen sólo un gobierno doble, casi completo, dentro de la misma Orden, autónomo en relación a sus provinciales locales, pero no en relación al general de la Orden. La historia de cada caso muestra con frecuencia caminos y características peculiares. Estas reformas quisieron ir a la raíz de los males y cortarlas de cuajo. Se caracterizan en general por la pobreza vivida, la austeridad, la vida común, la penitencia aflictiva, la meditación y la “lectio divina” y con ella el silencio; un monje-abad de Monserrat en Cataluña preparará un tratado y meditaciones titulado “Exercitatorio de la vida espiritual” que ejercerá un influjo notable en tal sentido en todas las Órdenes de observancia. Al contrario, el tiempo dado al estudio estaba marcado por las necesidades apostólicas más que por una necesidad intelectual en sí; puede decirse, que sobre todo en sus comienzos, hubo una reacción contra los estudios académicos, o al menos una indiferencia y desestima para la formación sacerdotal. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La razón de esta desestima, sobre todo en el mundo de los monjes de este tiempo, era el pretender una oposición entre el monje “homo devotus” y “homo spiritualis” por una parte y del “homo doctus” por otra. El problema se empezará a resolver a lo largo de los primeros decenios del s. XVI, cuando los monjes reformados comienzan a erigir también colegios universitarios, pero el desarrollo fue bastante lento. Por su parte en las Órdenes de observancia encontramos actitudes muy diversas. En el caso español los agustinos, por ejemplo, son más bien contrarios. Lo mismo sucede con otras Órdenes. El rechazo de los grados académicos se fundaba en que habían sido en su tiempo una de las causas de la decadencia religiosa. Los dominicos resuelven el problema admitiendo a los mismos a frailes de virtud probada, y combatiendo los antiguos privilegios que tenían los titulados lectores (profesores o doctores). Poco a poco todas estas Órdenes resuelven el problema instituyendo en cada provincia casas de estudios, esto a partir de mediados del s. XV; sin embargo sigue durante mucho tiempo la oposición a los grados académicos. Así los agustinos de Castilla tardan hasta 1542 en organizar los estudios humanísticos, filosóficos y teológicos, cuando el General Seripando le impone una organización de los estudios para dar una mayor formación a los frailes candidatos al sacerdocio. La solución al problema fue positiva gracias a que la Observancia religiosa se consideró el valor principal al que se debían subordinar los otros valores. Además la solución ejemplar la habían ya ofrecido las grandes figuras reformadoras, que entran doctas y santas, es decir estrictamente observantes y regulares, y que se encontraban tanto en los monjes reformados como en las Congregaciones de Observancia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuanto hemos afirmado sobre la reforma de la vida religiosa en los reinos españoles de Castilla y Aragón, se puede aplicar en parte, aunque no con la misma radical insistencia, en el reino de Portugal. Entre las reformas destaca la de los franciscanos, llamados “Capuchos” (que no se debe confundir con los Capuchinos), favorecida por Alfonso V, y cuyo centro fue Varatojo. Estos franciscanos se distinguirán también por su compromiso en la empresa evangelizadora portuguesa bajo el Padroado.&lt;br /&gt;
7.5. La reforma del episcopado en la España de los Reyes Católicos y de comienzos del s. XVI. Los Reyes Católicos, la Reina Isabel sobre todo, habían promovido una reforma del clero diocesano y regular, basados en criterios válidos, no siempre exentos de cálculos también políticos, que Fernando no siempre había aplicado. No faltarán tensiones entre Fernando (+1516), Julio II y León X sobre las provisiones episcopales, porque el rey tendía a presentar los candidatos con el sistema de la “súplica”, cuando no existía el patronato (como era el caso de Granada). Con los criterios adoptados –naturales de los reinos, honestos, de la clase “burguesa”, doctos- los reyes Católicos no solamente habían puesto en marcha una reforma, especialmente en Castilla; habían también unido los obispos a la Corona. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Carlos I (V), nieto y sucesor de los Reyes Católicos (rey 1516-1556), quiere obtener de la Sede Apostólica lo que la misma había concedido con un concordato en 1516 a Francisco I de Francia. Lo obtiene de Adriano VI (1522-1523) (que había sido su consejero y regente en Castilla durante su ausencia obligada por motivos de su elección como emperador del Sacro Imperio Romano en 1520); es decir el patronato sobre Castilla y Aragón, tras haberlo obtenido sobre Pamplona (Navarra) (4-28 de mayo de 1523) con el ius patronati et praesentandi. Con la bula “Eximiae devotionis affectus” (6.9.1523) obtiene el patronato, por lo tanto el derecho de presentar a los candidatos, a todos los obispados, abadías y otros beneficios consistoriales. Tal concesión fue revocada el 3 de abril de 1527 bajo Clemente VII (1523-1534) con el voto del Consistorio, porque había sido concedida sin el voto del Colegio cardenalicio; tras el saqueo de Roma (1527), con la bula “Etsi ea quae” en Bolonia, antes de la coronación imperial de Carlos V (el 11 de enero de 1530), confirmada por Pablo III el 7 de julio de 1536, Carlos V obtenía de nuevo el patronato y el derecho de presentación. Desde este momento en adelante, durante siglos, los nombramientos episcopales estarán en manos del Rey de España en sus Reinos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La reforma de la vida eclesiástica comenzada por los Reyes Católicos empieza por la elección al episcopado de obispos doctos y rectos. Criterios de reforma: que fueran españoles, doctos, virtuosos, llanos (no aristócratas), residentes. &amp;quot;El clero de España es el nervio de la Cristiandad&amp;quot;, habría dicho San Carlos Borromeo en los tiempos del Concilio de Trento . Los Reyes quieren que el Papa nombre obispos españoles porque debían residir en sus diócesis, de vidas íntegras; no nobles, para que no se convirtiesen en señores feudales. En su época brillaron de manera especial algunas figuras. Entre ellas destacan las figuras del jerónimo fray Hernando de Talavera (c. 1430-1507), primer arzobispo de Granada después de la Reconquista, confesor de Isabel la Católica y el tipo ideal de obispo; el arzobispo, y teólogo dominico de Salamanca, fray Diego de Deza (1443-1523), el arzobispo y cardenal franciscano fray Francisco Jiménez de Cisneros (1436-1517) . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hernando de Talavera lleva una vida santa, con la celebración diaria de la Misa, el catecismo a los niños, reunión-capítulo mensual con los párrocos, y fundación de un seminario modelo, entre otros aspectos. Diego de Deza formó parte del Consejo de Sabios que examinó las propuestas de Colón, y fue uno de los pocos que consideró las mismas como viables. De ahí nació la gran amistad y admiración que el Almirante sintió siempre por Deza. Francisco Jiménez de Cisneros, figura fundamental en la historia religiosa y política de la España de su tiempo y en los comienzos de la evangelización de América, quien reformó a su Orden franciscana de la que era provincial en medio de oposiciones y de luchas. La Reina Isabel le ayudó en estas reformas, especialmente en la de las monjas. Para formar el clero funda los llamados “collegia minora” para el estudio de las letras, y los “collegia maiora” para la filosofía y la teología. Recomienda al clero doctrina, pureza de costumbres, empeño pastoral y litúrgico. Él fue el restaurador en Toledo de la liturgia mozárabe. En el mundo de la cultura ha pasado a la historia como humanista en cuanto funda la Universidad de Alcalá (Complutum) (1508) con un claro planteamiento humanístico y moderno, que edita la Biblia poliglota complutense en 6 volúmenes. Edita también varias obras devocionales en español, como la Vida de Cristo de Ludolfo y otra obras de la “Devotio Moderna”, que prepararon el florecimiento de los grandes místicos del siglo XVI. Además renovó la enseñanza de la teología. Su metodología será indicada por el teólogo dominico Melchor Cano en su “De locis theologicis” y por los estudios jurídicos del también dominico Francisco de Vitoria en Salamanca. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era un nuevo método de estudio de la teología que superaba el bizantinismo de una escolástica decadente, y trataba las cuestiones más importantes y candentes del momento. Se quería una exposición sencilla, sobria, elegante, a partir de las fuentes (Escritura, Padres, Concilios, documentos eclesiásticos); sustituye las “Sentencias” de P. Lombardo con la “Summa theologica” de Sto. Tomás. Así se preparan los maestros de los grandes teólogos españoles que acudirán a Trento o a sus discípulos. En Alcalá estudiará una  falange de grandes figuras del humanismo español, algunos como San Juan de Ávila (c. 1499-1569), declarado doctor de la Iglesia (2012), o personalidades que ejercitarán un papel importante en la historia de la evangelización y de los derechos humanos en América, como el p. jesuita José de Acosta (1540-1600) .  Esta Universidad contará con célebres maestros, entre ellos el dominico Domingo de Soto (1494-1560) y celebres alumnos. Con algunos entablará una amistad duradera, como con Don Pedro Guerrero, futuro arzobispo de Granada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La España cultural de la época comienza a respirar con los dos pulmones culturales de las universidades de Salamanca y de Alcalá. En estas universidades asistimos a un renacimiento del humanismo renacentista, con varias corrientes que lo caracterizan: vuelta a los estudios bíblicos en Alcalá (Biblia Políglota), con referencias a una teología positiva, siguiendo las huellas de los Padres, y reformismo eclesiástico. Encontramos también en ellas corrientes humanísticas, filosóficas y teológicas de matrices diversas, como el tomismo, el escotismo, y en medida menor algunos brotes nominalistas, y el influjo de humanistas como Erasmo y Tomás Moro. En estas universidades echan sus raíces las corrientes jurídicas que las harán célebres en el campo del derecho de gentes o internacional, con figuras como los dominicos Francisco de Vitória y Domingo de Soto y otros conocidos teólogos que ejercerán un fuerte influjo en el Concilio de Trento (1545-1563). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta reforma del episcopado no encontró un camino llano y fácil. Cuando Fernando el Católico muere en 1516, el cuadro del episcopado español no era homogéneo. La mayor parte de los obispos era ciertamente digna y muy convencidos del servicio al Rey, de buena altura eclesiástica e intelectual, aunque se daban casos de obispos poco dignos, nombrados por motivos de parentesco; había cardenales que no residían en sus sedes, nombrados por razones de amistad; había también obispos nobles, nombrados gracias a su proveniencia social y algunos por ser flamencos o por intereses con aquellos territorios bajo la Corona española, a partir de Carlos V . El emperador Carlos trató de seguir los criterios establecidos por los reyes Católicos, pero no siempre los mantuvo totalmente, lo que llevó a veces a consecuencias negativas, aunque en menor medida que en otros países europeos. ¿Cuáles habían sido los criterios de los reyes Católicos, sobre todo de Isabel? Ante todo la elección de personas doctas. Carlos V escogerá fundamentalmente personas preparadas y bien formadas en colegios eclesiásticos universitarios españoles, en los “Estudios generales” de los religiosos y en las universidades italianas. En su día, el cardenal franciscano, arzobispo de Toledo y primado de España, confesor y consejero de la reina Isabel y luego regente del Reino hasta su muerte (+ 8.11.1517), optó por teólogos, preferentemente canonistas, contra la tendencia que se daba en Italia, Inglaterra y franca. Este criterio será luego seguido por el Consejo real. Por ello los obispos españoles darán una notable aportación en el concilio de Trento. La reina Isabel había querido obispos honestos y había seguido rigurosamente este criterio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fernando fue menos severo en este campo, por lo que encontramos algún caso de obispos con hijos como  Alonso de Aragón (+1520), hijo del rey Fernando, arzobispo de Zaragoza y con hijos. Por su parte Carlos V aplicó aquel mismo criterio, también porque podía disponer de sacerdotes formados en los colegios de Talavera y de González Mendoza. La extracción social de los obispos era prevalentemente de la clase media. Carlos V por su parte nombrará luego también nobles, españoles y extranjeros, por motivos de gratitud y no siempre por razones eclesiásticas. El primero de ellos fue el joven Guillermo de Croy, de 20 años, que sucedió al gran Cisneros en Toledo ; era ya obispo de Cambray y cardenal, y nunca puso los pies en España. Dio también el obispado de Valencia a Eduardo de la Marca, obispo de Lieja, porque le servía para el Imperio . Se cuentan hasta 30 provisiones suyas de este tipo de obispos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para salvar el principio de los Reyes Católicos (“obispos naturales de estos reinos”), el rey Carlos concedía “cartas de naturalización” por las que se habilitaba a estos extranjeros a ser nombrados obispos de cualquier diócesis española; y si no podía dar provisiones de obispados, les daba pensiones sobre las rentas de estas diócesis. Estas provisiones llevaron al absentismo. Los obispos españoles debían comprometerse a residir en sus diócesis para poder recibir la provisión, con una especie de pacto, como dirá un obispo español en el concilio de Trento. Pero no la exigía de los extranjeros, que a veces eran cardenales italianos de curia. La exige de los españoles residentes en Roma o en la Corte. Pero era él mismo a dificultar o a imposibilitar la residencia porque se servía de los obispos para los servicios administrativos, civiles, para la dirección del consejo real, para las Cancillerías de Valladolid y de Granada, como embajadores, etc. Así, por ejemplo, el cardenal Pedro Pacheco, primer obispo residencial de Pamplona después de 80 años, nunca estuvo ni en Jaén ni en Sigüenza, sedes a las que había sido trasferido (1545-1560), y fue también virrey de Nápoles. El inquisidor Fernando Valdés nunca residió en alguna de las diócesis para las que había sido nombrado, e incluso consideraba abstractos a los “frailes teólogos” (como Victoria) y a los predicadores, como Pablo de León, que criticaban duramente este ausentismo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por todo ello vemos que en tiempos del emperador Carlos V en sus dominios europeos, también en España hubo periodos en los que encontramos que pocos obispos residían en sus diócesis. El hecho ahondaba sus raíces en motivos de ambiciones a ser trasladados a sede más importantes, por ser más ricas, con posibilidades de ejercer influencias y tener mayores poderes; en una palabra, una mundanidad infiltrada en aquellas esferas episcopales, denunciadas con dureza por parte de figuras episcopales del calibre del agustino Santo Tomás de Villanueva (1486-1555), arzobispo de Valencia , y más tarde en el concilio de Trento por parte del obispo dominico portugués Bartolomé de Martyribus en su “Stimulus pastorum” .  A pesar de estos límites, serán los obispos españoles quiénes en Trento lucharán por la reforma del episcopado y por la residencia de los obispos en sus diócesis.&lt;br /&gt;
7.6. El clero inferior. Hacia finales del s. XV y comienzos del XVI el clero, tanto el secular como el regular, contaba como ya se ha indicado, un alto porcentaje de miembros. En el clero diocesano había un clero “medio”, al que pertenecían los canónigos de los capítulos, el de las colegiatas y los párrocos de parroquias importantes. Los canónigos como cuerpo habían sufrido el contragolpe de la acción de los reyes Católicos. Esta clase clerical pertenecía de hecho a la antigua estructura feudal, por lo que buscaron  defender su posición. Con frecuencia vivían con un tenor de vida bastante secular y garantizaban también una serie de beneficios a su parentela, por lo que con frecuencia accedían a estos cargos, más por intereses económico-sociales que por vocación a la vida clerical. Pertenecían al considerado clero bajo, la mayoría de los párrocos, de los capellanes y de los beneficiados menores. Tenían que ejercitar un oficio para poder vivir porque las rentas del beneficio no eran suficientes. Los reyes Católicos trataron reformar también a este clero, juntamente con obispos y otros prelados, buscando la promoción del sacerdote reformado ideal. En esta empresa tendrán luego un papel fundamental  muchos tratadistas teológicos, jurídicos y humanistas como Vitoria, el arzobispo de Toledo Carranza, Soto, San Juan de Ávila, fundador en su tiempo de varios colegios-seminarios para la formación del clero, ya antes de Trento , Luis de Granada y otros muchos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A la luz de cuanto descrito surge una pregunta obligada: ¿Se puede hablar en un sentido apropiado y estricto de una Iglesia “nacional” española, como se habla de la “Iglesia galicana” en Francia o de la “Iglesia anglicana” en Inglaterra? Las tendencias eclesiales centrífugas se dan en varios países de Europa y se agudizarán a partir del siglo XVI. No parece que se pueda hablar en el mismo sentido en el caso español y en el portugués. Ciertamente en España y Portugal se podría ver en sistema  del “Patronato” y del “Padroado” una expresión centrífuga. Sin lugar a dudas existe una conciencia bastante claro de la propia identidad nacional y eclesial, pero sin llegar a los límites de las concepciones de buscar la creación de una Iglesia autónoma del Papado, ni siquiera la defensa de “unas libertades eclesiales adquiridas” como sucedía en otros países europeos. La fidelidad al Romano Pontífice nunca fue puesta en duda a lo largo de esta historia ni por los Reyes ni por los obispos, juristas y teólogos españoles. Incluso el largo proceso de elaboración de la doctrina sobre el Patronato no fue ni fácil ni unánime. Se legisló sobre la exclusión del episcopado de todo extranjero, en la práctica esta regla fue con frecuencia olvidada o se encontraron salidas para evitarla. Incluso las “represalias” que tomaban los Reyes contra Roma, fueron siempre mitigadas por el realismo en las relaciones, tensiones sin ruptura, que al final se recomponían. En todo caso serán más duras en el siglo XVIII con la dinastía de los Borbones, incluso con nuevas y más radicales interpretaciones en favor de las dos Potencias católicas del Patronato o del Padroado, pero ya era una situación nueva que la Iglesia vivía en toda la antigua cristiandad europea bajo los regímenes del absolutismo ilustrado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==NOTAS:==&lt;br /&gt;
  &lt;br /&gt;
&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==BIBLIOGRAFÍA:==&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
'''FIDEL GONZÁLEZ FERNÁNDEZ'''&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.56.173</name></author>
		
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		<title>ESPAÑA; la sociedad española en la época de los descubrimientos</title>
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		<updated>2014-03-28T20:24:36Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.173: /* BIBLIOGRAFÍA: */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;==ESPAÑA; la sociedad española  en la época de los descubrimientos== &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==1. La España de los Reyes Católicos==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Durante la llamada Edad Media, la Iglesia había sido el punto de referencia en la creación en la Península Ibérica de una historia común. Algo semejante había sucedido también en la Europa medieval, pero en el siglo XVI aquella historia común europea se interrumpe con las divisiones religiosas y culturales. El momento en el que sucede el encuentro entre España y América coincidió con el paso de una época a la otra. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La unidad dinástica de los reinos hispanos sucede en 1479 con la fusión personal de Castilla-León y Aragón-Cataluña, por el matrimonio de los dos monarcas de ambos reinos: Isabel I (la Católica) de Castilla-León y Fernando V (el Católico) de Aragón. Doce años después (el 6 de enero de.1492),con la reconquista del reino moro de Granada, se cierra el ciclo de la reconquista y la unidad practica de los reinos españoles, bajo el lema que adoptan de igualdad de poderes y unidad de decisiones de las dos Coronas en una, con el lema “tanto monta, monta tanto, Isabel como Fernando”, y la simbología heráldica para expresar aquella unión (el Yugo, letra inicial de Isabel, entrelazado con la Flechas, letra inicial de Fernando). Este hecho tendrá repercusiones incalculables en el futuro de la misma España como en el Nuevo Mundo, que pronto iba a entrar en la escena mundial de la mano española. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una frase: &amp;quot;en cabeza del rey&amp;quot;, iba a expresar lapidariamente el papel de la monarquía en aquella empresa: frase que ya se encuentra en autores de la primera hora, y que viene a significar el papel o responsabilidad del Rey o de la Corona en todos los asuntos del gobierno, tanto civil como eclesiástico, del Nuevo Mundo: administración de la justicia, patronato, legislación, defensa de los derechos del indio, etc., como Fray Domingo de Betanzos, Francisco López de Gómara, en su Historia General de las Indias, o más tarde Felipe Guamán Poma de Ayala (comienzos del s. XVII) y muchos otros recuerdan en sus historia y crónicas.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
La España de los reyes Católicos era una España claramente identificada con la historia que le había dado origen. Su monarquía conservaba todavía esta conciencia. Tal es la clave para comprender muchas iniciativas políticas y religiosas de los Reyes Católicos, Isabel I la Católica de Castilla y Fernando V el Católico de Aragón, y de sus descendientes, principalmente Carlos I (V como emperador del Sacro Romano Imperio Germánico) y Felipe II, y de sus descendientes los demás reyes de la Casa de Austria española (o Augsburgo). Durante el reinado de los reyes Católicos acontecen en la historia nacional española algunos grandes hechos: la unión dinástica de los dos grandes reinos ibéricos de Castilla-León y de Aragón-Cataluña con el consiguiente reforzamiento de la monarquía y la regularización del sistema administrativo de la Corona; la reforma de la vida eclesial en sus diversos niveles; la conclusión de la lucha secular de la reconquista del dominio musulmán del suelo patrio, que antiguamente había formado el reino hispano-visigodo; el comienzo de la expansión transoceánica que dio como resultado la llegada a las tierras del Nuevo Mundo, que para el historiador, capellán de Cortés, Francisco López de Gómara, había sido “el más grande acontecimiento después de la creación del mundo si se exceptúa la encarnación y la muerte de Aquel que lo había creado”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta empresa política, pero también evangelizadora, fue posible gracias a la existencia de un sujeto tanto político como católico en la comunidad hispana, impregnada en este último caso de una conciencia de la fe católica, sea a nivel popular como en la Corona. Los Reyes Católicos tenían una clara conciencia de su autonomía política en la esfera secular. La tenían también como cristianos. También como príncipes católicos no estaban exentos de una mentalidad jurídica muy extendida en las relaciones entre los Estados cristianos nacientes y la Iglesia de querer controlar la vida eclesial en sus Estados, pretensión común en los gobernantes (o príncipes) cristianos de esta edad moderna. Tal pretensión, que databa ya de siglos anteriores, llevaría en muchos casos a caer en la tentación, nunca escondida, de crear de hecho Iglesias nacionales, bajo el control del Estado. En el siglo XV, a pesar de la crisis conciliarista, tenían una sana conciencia del papel del Papa como cabeza de la Iglesia y reconocían su misión y supremacía en el campo eclesial y espiritual, “no reconociendo superior temporal sino a Dios Omnipotente, y dando la obediencia espiritual debida al Sumo Pontífice y a la Iglesia apostólica de Roma”, como escribía entonces Fernández de Oviedo, uno de los primeros testigos e historiadores de la conquista en el Nuevo Mundo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El papel de la corona fue fundamental en los tres siglos siguientes, tanto en el ámbito de los descubrimientos y de la colonización, como en el de la evangelización. Ya desde el alba de la presencia española en el Nuevo Mundo, los Reyes Católicos emanaron una serie de disposiciones o cédulas legales y administrativas con el fin de regular un gobierno recto en aquellas tierras, y afrontar las problemáticas humanas, políticas y evangelizadoras que aquellas situaciones inéditas planteaban. En tal sentido el testamento del 12 de octubre de 1504 y el codicillo de Isabel la Católica añadido el 23 de noviembre de 1504, tres días antes de morir, dan las directivas del proyecto político (relación entre españoles e indios, y derechos de éstos) y de la evangelización e implantación de la Iglesia en América. Aquel texto fue codificado y se convirtió pronto en un texto legal, caso único en la historia constitucional de un país, entrando así a formar parte de la legislación de España sobre las Indias hasta las independencias de sus países. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==2. La población española en el momento del descubrimiento de América== &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se calcula que en el momento del descubrimiento de América, España tenía unos ocho millones de habitantes. De ellos, antes de 1492, medio millón eran judíos (la expulsión en masa de los mismos acontece en 1492) y un millón de mudéjares  a los que luego habría que añadir los “moriscos”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Cómo se distribuía socialmente esta población? Un 80 % era rural. Se daba una endeblez numérica de clases. Lo que hoy se suele llamar &amp;quot;clase media&amp;quot; (pero que en este caso sería un anacronismo), puede ser distribuida de la siguiente manera: un 3%, que no eran clé¬rigos, ni militares, ni campesinos, ni patricios urbanos; eran gente común. Había unos 75.000 clérigos o eclesiásticos , el 1% de la población, de los que unos 2000 o 3000 pertenecían al llamado &amp;quot;clero alto&amp;quot;. Los nobles o hidalgos de variada posición y entidad eran unos 115.000, el 2% de ese número total. En cuanto a la propiedad las tierras, éstas pertenecían al 2% o 3% de la población que poseían el 97% de las mismas. Esta alta aristocracia, personal o jurídica, era dueña de la mitad de España. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Y cómo se componía ésta aristocracia? Se contaban unas 50 familias unidas por vínculos de sangre y que constituían de hecho una fuerza social, política y económica paralela a la del rey, como lo demuestran las convocatorias de frecuentes “Cortes” para tratar los asuntos importantes del Reino, proclamar o reconocer al rey, que debía jurar sus fueros , proclamar ante ellas por parte del rey leyes, cédulas reales o disposiciones en los campos civil o eclesiástico y determinar la política a seguir en el Reino. Las Cortes eran en la antigua historia española medieval y en los comienzos de la moderna una asamblea general del Reino que convocaba el rey en los antiguos reinos de España para tratar asuntos de estado, generalmente, la elaboración de leyes y la concesión de impuestos: a las Cortes acudían los representantes del clero, de la nobleza y de las poblaciones importantes, ayuntamientos de ciudades y de villas. En las “Cortes” se encontraban representadas las diversas entidades o corporaciones que componían el Reino. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En todo este tren de vida política, algunos nobles (en realidad pocos), descendientes en buena parte de antiguas familias de caballeros, protagonistas en la reconquista, o de otros nuevos allegados por méritos o por influencias, ocupaban puestos en la Corte real, la que en esa época solía ser “ambulante” a lo largo de ciudades y villas del Reino. Estos nobles, que con frecuencia poseen sus castillos y palacios, comienzan a llevar un tren de vida a veces fastuoso. Estaba luego una pequeña nobleza de mayor peso social y económico, y otra mediana formada por militares, hijosdalgo, y caballeros, que constituyen dos poderosos es¬tratos sociales. El estamento militar asiste por derecho propio a las Cor¬tes. Vive en posesiones rurales e influye en el gobierno a través de la parentela y vínculos de nobleza. De esta pequeña noble¬za se recluta lo mejor de los capi¬tanes, diplomáticos y funcionarios. De la pequeña nobleza salieron muchos obispos (&amp;quot;llanos&amp;quot;, no pertenecientes a la aristocracia o alta nobleza). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se debe también hablar de una incipiente nobleza urbana: terratenientes, ricos por herencia, no comerciantes, y que es más culta que la nobleza militar. Sus hijos llenaban las universidades. También de aquí salen canónigos, obispos, abades. Fueron excelentes secretarios y administradores. Los pobladores de las pueblas (poblaciones fundadas con privilegio real y cuyos vecinos formaban “ayuntamientos” y concejos) y las villas (con sus pobladores llamados &amp;quot;villanos&amp;quot;) tienen acceso o movilidad de ascenso a ese tipo de nobleza y constituyen una parte importante y fundamental en la estructura del Reino. La tendrán en el poblamiento español del Nuevo Mundo con sus fundaciones, al estilo castellano o de la madre patria. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la estructura y en la vida social y política del Reino se encuentra el clero. Constituye un grupo social peculiar dentro de la sociedad. Dentro de él hay de hecho un clero socialmente alto y otro clero bajo, no por procedencia social, sino por los puestos que ocupan en la estructura eclesiástica. El clero tiene un fuerte espíritu corporativo (como en los otros países de la cristiandad medieval hasta la edad contemporánea) para defender sus inmunidades. Su fuerza económica la constituyen los diezmos (en especie, que se subastaban). La mentalidad de cada estrato era fuerte y reflejaba con frecuencia también su procedencia social. El papel del alto clero era notable. Constituían la columna vertebral de muchos sectores de la administración pública, cancilleres, presidentes y miembros del Supremo Consejo de Indias, cuando éste fue creado, y de muchos tribunales. Personajes fundamentales en la España de los tiempos del descubrimiento de América, como el arzobispo Talavera, Deza, los cardenales Cisneros y Mendoza, por citar nombres universalmente más conocidos, lo demuestran. En conjunto forman un grupo notable por &amp;quot;letras y virtud&amp;quot;. Muchos de ellos actuaron en la vida política e incluso en la militar; son parte de la última hornada de prelados-capitanes, como lo fue incluso el cardenal franciscano reformador Francisco Ximénez de Cisneros (que tiene su proceso de canonización introducido). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dentro del clero se encuentra una especie de alto clero menor, generalmente hacen parte de ella los prebendados (que eran dignidades, canónigos o racioneros de alguna iglesia catedral o colegiata). Normalmente son de elevada categoría intelectual. Existen 47 capítulos ca¬tedrales de gran poderío económico y con un nivel moral bastante bueno en general. Sin embargo entre el bajo clero, incluso entre el religioso, se da a veces inmoralidad, ignorancia y pobreza. Este fenómeno de decadencia en una parte del clero regular y secular era un fenómeno de la cristiandad europea de la época, con numerosos intentos de reforma por parte de papas y concilios a lo largo del siglo XV y comienzos del XVI. Basta recordar cómo el tema de la reforma del clero aflora y es tratado específicamente desde el Concilio de Constanza (1414-1418), Ferrara-Florencia (1438-1445), Lateranense V (1512-1517). En este cuadro el caso español corresponde al del resto de Europa. Sin embargo no se puede generalizar. Los concilios provinciales vigilaban y urgían por una reforma de las costumbres entre el clero. El siglo XVI será un siglo de notables &amp;quot;reformas&amp;quot; en este sentido, que verá el florecimiento de muchas Órdenes religiosas reformadas, de varios concilios provinciales y culminará con las reformas del Concilio de Trento (1545-1563). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Había en la España a la que nos referimos lo que se podría llamar &amp;quot;grupos medios&amp;quot;, aunque el término no corresponda a la moderna acepción de “clase social”. Eran gentes de ejercitaban oficios y menesteres necesarios en toda sociedad, especialmente en villas y ciudades como mercaderes y comerciantes, no¬tarios, abogados, barberos (que ejercitaban a veces también una medicina rudimentaria, pero importante), médicos y curanderos y pequeños administradores. Demográficamente eran débiles. De ellos salía 1/3 o 1/4 de los regidores. Solían componer (en reinos como en Aragón) los cabildos de las ciu¬dades. Son la raíz de la futura burguesía industrial y mercantil.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los artesanos constituían una especie de clase o grupo modesto urbano, que vivían asociados en gremios. La artesanía era más bien patriarcal y familiar, y menos técnica de taller, como en Italia o en Flandes. Proporcionaban un tercio o un cuarto de los regidores . Constituían la masa popular en los festejos. Este grupo social tiende a superarse y a presentarse bien. Su vida era suficientemente holgada. La población de todas estas clases sociales componía el 20% de los habitantes de España. Luego estaban los campesinos, que son un 80%, en desigualdad de condiciones, según las regiones. Había campesinos &amp;quot;de señorío&amp;quot;, a veces en penosas condiciones, y campesinos de realengo , a veces muy dignos. Pero toda la población vivía a veces sometida a calamidades y grandes crisis, comunes a todo el resto de Europa, como pestes y enfermedades endémicas y crónicas, sequías o superabundancia de lluvias, inviernos crudos, o veranos tórridos; todo ello provocaba muertes frecuentes y prematuras, y hambrunas frecuentes, sobre todo en las tierras más áridas o secas como las castellanas. Sin embargo estas penosas situaciones, con frecuencia endémicas, no provocaron sublevaciones populares, como sucedió en otros lugares de Europa; basta pensar a las sublevaciones de los campesinos y de los caballeros en la Alemania de los tiempos de Lutero o en otras semejantes en la Italia e incluso en la Roma de los siglos XIV y XV.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y ¿cuál era el valor monetario corriente en esta época? En el caso español el más común era el &amp;quot;ducado&amp;quot;, que correspondía a 375 maravedís, una equivalencia a unos ocho jornales de obrero especializado o veinte jornales de un peón. El marqués de Villena, por ejemplo, tenía 100.000 ducados de renta al año. La Iglesia (sus instituciones y su personal ministerial) tenía seis millones de ducados de renta: dos millones el clero re¬gular y cuatro, el clero secular. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
3. La España católica y la Reconquista&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
1. Carácter y temperamento del catolicismo español de la época: ¿Cómo se explica la vehemencia y también la fuerza del catolicismo español? Hay muchas teorías y opiniones al respecto. No hay que olvidar la característica historia cristiana española a partir del siglo VIII, cuando los musulmanes del Norte de África invaden el Reino español de los visigodos y lo desbaratan en la batalla de Guadalete (Andalucía) donde perece el último rey visigodo Don Rodrigo, que pasará a la leyenda épica española en multitud de romances (711). Casi todo el Reino visigodo español cae bajo dominio musulmán, si se exceptúan las regiones montañosas del Norte, astures, cántabros, vascos, y zonas de la Navarra y de la Cataluña pirenaica. En el año 721 encontramos los hechos conocidos como “batalla de Covadonga” en las montañas de Asturias, donde un príncipe visigodo, Don Pelayo (+737), levanta el estandarte de la &lt;br /&gt;
Cruz contra el invasor musulmán y da comienzo a la Reconquista, que se concluirá en 1492, en Granada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue el comienzo del minúsculo Reino de Asturias, que lentamente alargará sus fronteras reconquistando los territorios de León y luego las mesetas castellanas. Dará lugar así al nacimiento, como prolongación del reino asturiano del de León (s. IX), y más tarde al de Castilla (s. X) (Castilla y León unidas de nuevo a partir del 1230), del que nacerá con el tiempo el condado de Portugal (condado dependiente de Castilla a partir del 1094 y luego reino, totalmente autónomo). En el caso Asturiano ya a finales del siglo VIII se funda la ciudad de Oviedo (760), alrededor del monasterio benedictino de San Pelayo, donde el rey Fruela  I (757-768) establecerá su Corte y que alcanzará un notable esplendor artístico en tiempos de su hijo y sucesor Alfonso II el Casto (rey 792-842), contemporáneo de Carlo Magno, con el que mantendrá relaciones culturales y políticas. Nace así aquel arte que todavía hoy se contempla en la región asturiana, el llamado “pre-románico”, la preciosa Cámara Santa de la Catedral de Oviedo, como relicario de valiosas reliquias traídas del resto de la España invadida por los musulmanes, entre ellas la Cruz de la Victoria (símbolo de la reconquista, levantada por su primer caudillo don Pelayo), la de los Ángeles símbolo heráldico de Oviedo, de tiempos del rey Alfonso II, el Santo Sudario y otras muchas de indiscutible valor histórico y religioso. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este tiempo de Alfonso II el Casto, comienza la histórica peregrinación hacia Compostela, lugar donde se señalaba la traslación de las reliquias del Apóstol Santiago y que dará lugar a uno de los tres grandes centros de peregrinación medieval: Santiago, Roma y Jerusalén. Algo semejante comienza a suceder en las estribaciones de los Pirineos aragoneses (como en los alrededores del monasterio de San Juan de la Peña) y catalanes. Son las raíces tempranas de varios condados y marcas del reino de Aragón, con una historia unida a los nacientes reinos de Navarra y de Castilla y de los condados catalanes, cuya historia autónoma comienza a caminar a partir del s. IX, y que pasados varios siglos se unirán a la Corona aragonesa (Alfonso II de Barcelona, conde de la misma y rey de Aragón, une al reino aragonés el condado hereditario de Barcelona en 1162).  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin embargo la reconquista fue dura y larga. De hecho, hacia el año 750, gran parte de la península se encontraba bajo el califato de los Omeyas, en Córdoba, fundado por Abd-er-Rhaman I (756-788), que llega a su máximo esplendor en tiempos del califa Abd-er-Rhaman III (912-961). Y sus caudillos atormentaban con continuas incursiones los territorios cristianos. Así todavía en el año 1000, el caudillo musulmán Almanzor logró llegar hasta la misma Compostela en el oeste y a Barcelona en el este, convirtiendo en tierra quemada cuanto encontraba a su paso . Por ello también los reinos cristianos en su avanzada hacia el sur, de grandes ríos en grandes ríos, desde el Duero hasta el Tajo, van creando espacios desiertos de frontera para estorbar las frecuentes incursiones de los reinos musulmanes. Son la “Extrema-dura”, o las vacías y desérticas tierras fronterizas; se van levantando castillos y fortalezas a lo largo de la geografía hispana que darán también lugar incluso al nombre del futuro condado y reino de Castilla.&lt;br /&gt;
En esta misma época se asiste al nacimiento del califato de Córdoba, que en mundo islámico de la época es de la misma grandeza esplendorosa de los de Damasco y Bagdad, y a su historia cultural incomparable, que ha dejado una herencia imborrable en la cultura mundial e hispana. Entre el 1009 y el 1031, el califato de Córdoba se va dividiendo en pequeños estados independientes (reinos de taifas), entre los que hay que recordar: Toledo y Badajoz (1009); Murcia (1010); Zaragoza (1012); Almería y Granada (1013); Denia (1014), Málaga (1016); Valencia (1021); Sevilla (1023); Mallorca (1015); Córdoba (1031), etc.. luego: Orihuela, Huesca, Jaén, Carmona, Niebla, Algeciras. Incluso Córdoba se erige en una especie de republica aristocrática entre 1031 y 1070; es ocupada por el rey musulmán de Sevilla en 1070; conquistada por los musulmanes Almorávides de África en 1086 y luego en 1148. En 1091 los musulmanes Almohades de Mauritania invaden los reinos musulmanes de la Península ibérica (1091-1229), que serán derrotados por los reinos cristianos unidos en la batalla de Las Navas de Tolosa (1212), comenzando así la fase final de la reconquista cristiana. El rey castellano Fernando III el Santo, conquistará Córdoba el 29 de junio de 1236 y Sevilla en 1248. Ya en 1085, el rey cristiano Alfonso VI de Castilla había conquistado Toledo y la había convertido en su corte; los aragoneses habían reconquistado Zaragoza en 1146. Jaime I de Aragón reconquista Valencia el 29 de septiembre de 1238. El último reino musulmán de la Península ibérica, Granada, será reconquistado por los Reyes Católicos, Isabel y Fernando, el 5 de enero de 1492 .&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
2. La Reconquista: Entre el 830 y 1030, se vive un período de dos siglos de exaltación cristiana en la Reconquista; florece la cristiandad mozárabe  y nacen o avanzan los reinos cristianos: León, Castilla y Navarra, nace el de Aragón y los condados catalanes, entre los que emerge el de Barcelona cuyos condes, con el andar del tiempo, se convierten en reyes de Aragón, dándose así la unión dinástica entre ambos estados. En los siglos XI, XII, XIII: la Reconquista avanza en las diversas líneas fronterizas: del Duero, luego hasta el Tajo, con la conquista de Toledo, la antigua capital visigoda, la ciudad de las tres culturas o religiones (cristiana, islámica y hebrea, que había alcanzado un enorme esplendor cultural frente al resto de la misma Europa medieval cristiana). Por parte suya se asiste a una decadencia y luego al ocaso del califato de Córdoba, la división del mismo en números reinos de taifas que pueblan el sur de la Península .                    &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los musulmanes del norte de África intentan reconquistar las tierras perdidas y unificar a los reinos de taifas. Son las invasiones de los almohades. Pero en el año 1212 se da el paso definitivo del choque entre los reinos cristianos españoles y los musulmanes de los almohades en la batalla de Las Navas de Tolosa. Es la época que sigue a la renovación de la vida eclesial española a través de la aplicación en España de la reforma gregoriana con el apoyo de benedictinos y cistercienses. Es también la época de las grandes peregrinaciones a Santiago de Compostela, la del románico de los siglos XI al XIII, del nacimiento del gótico con sus grandes catedrales que se extienden por toda la geografía española hasta el siglo XV. En el siglo XIII la vida eclesial se renueva a través de los canónigos regulares primero, de los frailes mendicantes luego, entre ellos Santo Domingo de Guzmán, canónigo en Osma (Castilla), y sus dominicos y la llegada también de los franciscanos, y del mismo san Francisco, peregrino a Santiago de Compostela. Fernando III el Santo de Castilla y León, reconquista Sevilla y Córdoba, y su hijo, Alfonso X el Sabio, da un nuevo esplendor a las letras y a la compilación jurídica de las antiguas leyes hispanas; las tres lenguas de su Reino (latín, castellano, árabe y hebreo) formaban parte del bagaje cultural del Reino . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En Aragón brillan las epopeyas de Jaime I, el conquistador de Valencia del dominio musulmán. A pesar de episodios lamentables para los cristianos, con signos de algunas episódicas luchas dinásticas y señales de decadencia, como en el resto de Europa, los Reinos cristianos españoles han entrado de lleno en el bullir de una conciencia que camina a pasos agigantados hacia el ocaso de la Edad Media y el nacimiento de una modernidad, todavía confusa, con la constitución de reinos-naciones, raíces de los futuros estados nacionales. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
3. La vitalidad de los reinos hispanos: En este cuadro, los reinos hispanos se encuentran ya plenamente activos en la vida tanto eclesial como civil europea, con tratados, matrimonios reales, participación en la vida cultural europea con las nuevas universidades, de las cuales Palencia y luego Salamanca, pertenecen a la primera generación, o en los grandes y dolorosos conflictos que enturbian la paz de la “christianitas” europea, como los que caracterizan el siglo XIV y comienzos del XV, como el cisma occidental (1378-1417). Las suertes de la reconquista están echadas. Los reinos musulmanes que todavía persisten en el sur o se convierten en vasallos de los reyes hispanos o son reducidos a su mínima expresión, a pesar de momentos de gloria artística, como en el caso del reino nazarita de Granada. En esta época, los aragoneses y catalanes salen de sus fronteras, navegan por el Mediterráneo y buscan alianzas y ensanchar sus fronteras en el mismo: Nápoles, Sicilia, Cerdeña y hasta el extremo oriental del Mediterráneo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el territorio patrio no todo es fácil. El feudalismo antiguo persiste y la nobleza se encuentra inquieta con rebeldías endémicas que producen conflictos civiles y guerras episódicas de carácter dinástico dentro de las mismas familias reinantes, que después de todo se encuentran muy emparentadas entre sí. También en esta época de mediados del siglo XV, siguiendo el ejemplo del hermano Reino portugués, los castellano-leoneses salen al Atlántico e incorporan las Islas Canarias a sus dominios. Nos encontramos en tiempos de Juan II de Castilla y León, el padre de Isabel la Católica. Tras el reinado endeble y discutido de su hijo Enrique IV de Trastamara, llega el reinado de su hermana Isabel I la Católica, que se casará con su primo el príncipe Fernando de Aragón, que pronto se convierte en rey de aquel Reino. Con este matrimonio real, cambia radicalmente la historia española; se concluye la reconquista en Granada (1492) ; se unifican en las personas de los dos reyes los reinos hispanos, bajo el famoso lema del “Tanto monta monta tanto Isabel como Fernando” y la simbología heráldica que los dos esposos reales adoptan. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Suceden también momentos muy discutidos por la historiografía antigua y reciente como la expulsión de los judíos (1492), malqueridos por sectores de la gente vulgar y de la nobleza a causa, sobre todo, de su papel en la recolección de los impuestos de la misma Corona y una antigua y jamás escondida animosidad, alimentada por antiguos prejuicios y leyendas populares, y por la persistente acusación de “deicidio” que las acompañaban por ser considerados presuntamente en parte, como una especie de “quinta columna” en la antigua época de las invasiones islámicas, y en la época de su expulsión, de los mismos turcos. Es en este momento histórico, y en el mismo año de toda esta serie de acontecimientos notables en la historia hispana, que acontece la aventura atlántica de Cristóbal Colón y el descubrimiento del Nuevo Mundo. Todo ello abrirá una nueva página en la historia hispana y también mundial. La noche quedaba atrás&amp;quot; . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==4. La mentalidad común de la época ante la infidelidad y la herejía== &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ocho siglos de esfuerzos en una reconquista  trabajosa, y no siempre constante y uniforme, forjaron un temperamento en la España cristiana de entonces, con sus luces y sus sombras, hasta alcanzar una ordenación unita¬ria. La reforma católica se adelanta casi un siglo y en forma origi¬nal en estos Reinos españoles unidos bajo los reyes Católicos. “España […] que se había convertido en una gran potencia […] se convierte en el país del catolicismo del futuro […] pudo así convertirse en un cierto sentido en la patria espiritual de la restauración católica y de la contra-reforma” . Y esta actitud de lucha continúa bajo el nieto de los Reyes Católicos Carlos I (V como emperador): 1520-1558 frente a la herejía . Los teólogos del siglo XVI no abandonan la idea del “Orbis christianus” frente a la herejía. Según su posición general, no se puede dar ninguna coacción sobre los infieles para abrazar la fe, pero sí sobre los bautizados, para conser¬varla. Quedaba en pie un problema ante la situación en el suelo español de la población no cristiana de judíos y de moros: ¿por qué se da esa disyuntiva con-tra ellos de, o abrazar la fe o de emigrar? ¿En qué sentido el poder civil toma parte en favor de una solución radical en el asunto que lleva a la exclusión de estos grupos divergentes? ¿No fue en parte por motivos meramente seculares y civiles, con la naciente “razón de estado” de querer construir un reino unido (Estado) sin discrepancias o elementos centrífugos? ¿No estuvo esto en parte en los orígenes de la creación del tribunal de la Inquisición para examinar los falsos conversos, sea del judaísmo o del islamismo, y que más tarde se extenderá a otros divergentes religiosos, protestantes o pensadores considerados heterodoxos? ¿Protestaron los teólogos contra este tipo de coacciones? . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==5. La nación española== &lt;br /&gt;
En el contexto señalado se forja un celoso nacionalismo, traducido en el estatuto de “lim¬pieza de sangre”, una especie de “culto al honor nacional e innoble criterio de casta” . Los siglos XIV-XV españoles fueron tolerantes. Para el siglo XVI se suelen dar las siguientes estadísticas de la población española : unos 7.000.000 cristianos viejos; unos 350.000 conversos; unos 300.000 moriscos . De pronto aparece la intolerancia. ¿Por qué? La convivencia de cristianos, judíos y musulmanes en los reinos cristianos españoles durante la Edad Media, había tenido que ver con el proceso de &amp;quot;Reconquista&amp;quot; cristiana española de sus tierras invadidas, y la conquista por parte de los musulmanes, sobre todo de las tierras meridionales que ellos llaman Al Andalus (Andalucía, o “tierra de los Vándalos”, antiguos invasores de la misma de origen germánico en el s. V) y posterior ocupación del territorio por los diferentes reinos cristianos del norte de la península. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La escasa repoblación cristiana de sus nuevos territorios hace que sigan viviendo en ellos un importante número de musulmanes, tanto en zonas urbanas (aunque en barrios propios, como la morería de Zaragoza), como en zonas rurales (como siervos de señorío). El final de la Reconquista - con la toma de Granada- y la política religiosa de los Reyes Católicos, modifican la situación previa: en Granada se producen bautismos en masa, y los Reyes Católicos sólo permiten la religión cristiana en España, por lo que judíos y mudéjares han de convertirse o salir del país. En la lucha enconada contra el creciente poderío turco, se teme su alianza con el mismo y en concreto con los piratas berberiscos y turcos que atacaban las costas de la Europa cristiana. Los moriscos andaluces protagonizan  una insurrección en 1568 (la rebelión de las Alpujarras), que fue sofocada casi dos años después por don Juan de Austria, hermanastro de Felipe II. Los moriscos de esa zona fueron desterrados, hecho que aumentó la suspicacia contra ellos en otras regiones donde los moriscos eran todavía muy numerosos, como Valencia o Aragón. En 1609, con el rey Felipe III, se decretó la expulsión de los moriscos, primero de Valencia, después de los otros reinos españoles. Unos 300.000 tuvieron que abandonar España; la mayoría se dirigió al norte de África. Su marcha tuvo graves consecuencias demográficas y económicas, sobre todo en Valencia y en Aragón, afectando especialmente a la agricultura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todos los problemas señalados son complejos y de diversas interpretaciones. Los Judíos constituían una gran minoría cualificada; habían disfrutado por una parte de la protección de los reyes y por otra del odio del pueblo, debido fundamentalmente a su papel en el campo de la recolección de impuestos y al sistema de ganancias económicas con los préstamos; tal aversión será luego transferida a los falsos conversos o hebreos ocultos (marranos), algo común en otros muchos lugares de Europa y a los musulmanes pseudo-convertidos. En el caso español, ya en 1449 se había dado una explosión de odio en Toledo contra los conversos y  la puesta en marcha del llamado “estatuto de sangre” (el de “limpieza”). Casos semejantes se dieron en Córdoba, Jerez, Jaén, en el Reino de Castilla, y otros muchos semejantes en Aragón y Cataluña . Debido también a las conversiones fingidas, el “estatuto de limpieza” pretendía restarles eficacia social. Aquí están en parte, los orígenes de la Inquisición española, que fue creada en el siglo XV precisamente para aclarar y combatir las conversiones ficticias de moros y judíos . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=6. Nuevos intentos de cruzada ante la caída de Constantinopla en poder de los turcos==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El tema de la “cruzada” flotaba en el ambiente español cristiano desde hacía siglos a lo largo de la “reconquista”, cruzada llevada a cabo en casa, como algunos la han llamado; pero era también una mentalidad muy extendida en la Europa medieval. Baste pensar a los últimos intentos de cruzada contra los turcos en tiempos de Pío II (1458-1464). La urgencia de la defensa contra el avance de los turcos había empujado a los griegos a buscar ayuda en la cristiandad latina occidental, e incluso a una posible reconciliación con Roma recomponiendo la antigua división entre Oriente y Occidente. Tal fue el intento que fracasaría tras el concilio de Ferrara-Florencia (1438-1445), porque no encontró el apoyo necesario en algunos metropolitas orientales y sobre todo en buena parte de los monjes y de la gente desde siempre muy influida por ellos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Constantinopla cae bajo el dominio turco el 29 de mayo de 1453, y su basílica de Santa Sofía será convertida en mezquita después de diez siglos desde su construcción. La caída de Constantinopla causó honda impresión en el mundo cristiano occidental; y no era para menos: había sido, desde los tiempos de Constantino, el corazón del Imperio Romano Oriental o Bizantino. Ahora se convertía en Estambul, cabeza del grande Imperio Otomano, que ponía también pie en el continente europeo, revolucionando así los cuadros políticos del Occidente cristiano. Por ello se explica el impulso que algunos, sobre todo el Papa, quisieron dar lanzando una nueva “cruzada” en defensa tardía del Imperio Bizantino. Fracasarán en sus intentos los Papas Eugenio IV, Nicolás V, Calixto II y Pío II, desde 1433 a 1464, debido sobre todo a las divisiones y rivalidades entre los nacientes estados nacionales europeos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este contexto, Eugenio IV llamó al Occidente cristiano en defensa de aquel Imperio (1443). Casi nadie se movió entonces, a excepción del rey de Polonia y el de Hungría, Ladislao, que fue vencido por los turcos en Varna, junto con el legado pontificio el cardenal Cesarini (1444). En otro lugar meridional de Europa, en Albania, Jorge Castriota, conocido con el nombre de Skanderberg, resistirá a lo largo de 24 años a la invasión turca. La derrota sufrida en Varna fue el prólogo de la caída de Constantinopla. El papa Nicolás V querrá renovar la llamada a una nueva cruzada que no logra comenzar; lo intenta su sucesor, el español Calixto III (1455-58) mandando predicadores de la misma por Europa e invitando a ella a los príncipes cristianos, proponiéndose no sólo liberar Constantinopla, sino también llegar incluso a Jerusalén. También aquí vemos una primera respuesta positiva por parte de los príncipes cristianos, pero que enseguida cae en el vacío.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un ejército cristiano guidado vía tierra por Juan Hunyadi, asistido por el cardenal Carvajal y animado espiritualmente por S. Juan de Capistrano, vence en Belgrado (1456), impidiendo así a los turcos continuar avanzando hacia Viena, mientras que Skanderberg los vencerá en Taormizza (1457), y el cardenal Scarampo, guiando vía mar una escuadra, los derrota en Metelino (1457). Calixto III esperaba entonces de nuevo una respuesta positiva por parte de las potencias cristianas. Pero de nuevo la indiferencia y las rivalidades, agravadas con la muerte de Juan Hunyadi, hicieron fracasar aquellos planes. El sucesor de Calixto III, el humanista Pío II (Enea Silvio Piccolomini) (1458-1464) intentó tomar de nuevo la iniciativa; llegó a convocar una especie de congreso de las potencias europeas en Mantua (1459-1460) donde participó personalmente, pero de nuevo aquel proyecto fracasó por los mismos motivos que los anteriores. Al Papa se le ocurrió una idea totalmente utópica: mandó a Muhammad II, el conquistador de Constantinopla, una carta, espléndida en su estilo literario, en la que le invitaba a convertirse al cristianismo, prometiéndole el imperio de Oriente y de Occidente (¡!). Luego, en 1463, el mismo Papa tomó la decisión de conducir él mismo la cruzada lanzando una invitación en tal sentido al Occidente cristiano. Anciano y enfermo se pone al frente de un ejército en dirección al puerto italiano de Ancona, donde ya agotado muere (1464). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Moría así una antigua utopía y la idea misma de cruzada, que había atravesado con numerosos vaivenes  la historia medieval europea, todavía objeto de enconadas controversias historiográficas y de resentimientos. Sin embargo, en aquellos precisos momentos, y en un cuadro muy distinto en los extremos del mundo europeo, en la Península Ibérica sucedían una serie de acontecimientos, algunos de ellos muy unidos a motivos no lejanos del sentir común de la christianitas europea de la época y de los Papas: la conclusión de la Reconquista, y coincidiendo con la misma, los descubrimientos transoceánicos por parte de Portugal y de España. En el caso español encontramos ingredientes variados e híbridos, muy presentes en la vida política y popular del siglo XV. La conquista de Granada que concluye este ciclo y da comienzo a otro nuevo, la tomó el pueblo como algo suyo . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==7.  La Iglesia Española de finales del S. XV y comienzos del s. XVI== &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
7.1. Para comprender el estilo de la primera evangelización en el Continente americano. España y la Iglesia española fueron los agentes de la evangelización del Nuevo Mundo de lengua española, como en el Brasil lo será el Portugal hermano. Es preciso conocer su idiosincrasia, las potencialidades y limitaciones de su contenido católico. Ya nos hemos referido a la importancia que tenía el clero dentro de la sociedad española del tiempo y a su composición. Nos vamos a fijar en otros elementos de esta España religiosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para comprender mejor &amp;quot;el encuentro del catolicismo ibérico y las culturas americanas&amp;quot;, que &amp;quot;dio lugar a un proceso peculiar de mestizaje, que si bien tuvo aspectos conflictivos, pone de relieve las raíces católicas así como la singularidad del Continente&amp;quot; , es necesario adentrarnos más, tanto en la historia de la España de aquél entonces, como en los primeros pasos de la Iglesia en tierras americanas. El dinamismo que impulsó y que aún continua fecundando tal síntesis, que es el continente latino americano en su configuración, lo constituye la fuerza de la fe católica. Los obispos latinoamericanos escribieron en su reunión plenaria de Puebla, celebrada en 1978: &amp;quot;Con deficiencias y a pesar del pecado siempre presente, la fe de la Iglesia ha sellado el alma de América Latina, marcando su identidad histórica esencial y constituyéndose en la matriz cultural del continente, de la cual nacieron los nuevos pueblos&amp;quot; . Es esto lo que le da sentido a su ser; el encuentro con el Evangelio, con la verdad de que existe Dios Padre Bueno, que nos ha dado a su Hijo Jesucristo para salvación nuestra, bajo el aliento del Espíritu Santo, encarnado y nacido de una mujer (cf. Gal. 4, 4), la Virgen María de Nazaret .&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se tenía mucho cuidado de que las Órdenes que pasaban a América fueran todas reformadas. Serán cinco Órdenes religiosas reformadas o nuevas las protagonistas de la historia de la evangelización en el Nuevo Mundo hispano: los franciscanos, los dominicos, los agustinos y más tarde los mercedarios; a estas Órdenes religiosas antiguas, llamadas mendicantes por su origen y estilo, se sumarán pasado medio siglo los recién fundados jesuitas. Los franciscanos que llegaron a México para emprender la evangelización pertenecían a la más severa y genuina de las Observancias evangélicas. El humanismo español constituía el ambiente cultural de estos misioneros. Es conocida la influencia, por ejemplo, de Erasmo de Rotterdam ; el mismo Zumárraga había leído sus libros, como lo demuestra la carta que envió, el 2 de noviembre de 1547, a fray Francisco del Castillo, provincial de su comunidad en Burgos . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Desde este horizonte los evangelizadores trataron, desde sus posibilidades, de crear una nueva humanidad cristiana, singularmente sana y fiel. “La primera generación de misioneros en México, por ejemplo, los obispos Juan de Zumárraga y Vasco de Quiroga, se caracterizaban por el sello del humanismo contemporáneo; Zumárraga estaba influenciado por Erasmo y Quiroga por Tomás Moro. Esta actitud espiritual fue decisiva en algún modo, y precisamente también en relación con la labor misional” . La extraordinaria labor evangelizadora que realizaron los misioneros en tierras americanas, encuentra en estos altos ideales de reforma y santidad de vida, una de sus principales motivaciones. Son elementos que no podemos dejar de tomar en cuenta al momento de estudiar la labor y los métodos que usaron para lograr la conversión de los indígenas americanos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
España estaba en un momento de apogeo y expansión. Venía de concluir la guerra de reconquista contra el dominio musulmán de su suelo. Los Reyes Católicos otorgan una gran importancia a la fe y alientan con gran energía y constancia un proceso de reformas y austeras observancias que, aunque ya venía gestándose desde hacía tiempo, alcanza con ellos una sistemática propuesta de reforma cristiana. El humanismo español de finales del siglo XV y de todo el XVI es sumamente rico en realizaciones literarias y espirituales. Es un tiempo donde lo épico y lo religioso se entrelazan en un universo cultural sumamente fecundo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
7.2. Una antigua exigencia de reforma en toda la Iglesia La exigencia de reforma en la vida de la Iglesia en cuanto sociedad humana, es un fenómeno continuo en la historia de la Iglesia. En los  finales de la edad Media y comienzos de la Moderna se sentía agudamente, sobre todo en algunos ambientes. Se pedía entre otras cosas una reforma radical “in capite et in membris” (en la cabeza y en los miembros), empezando por una adecuada puesta al día de las estructuras jurídicas (centralización y reservas con los desórdenes consecuentes, fiscalismo y abusos) de la vida eclesiástica del clero alto y de la formación del bajo clero, sobre todo en relación a la atención pastoral de los fieles. La respuesta dada a esta exigencia urgente no fue siempre equilibrada y ortodoxa en muchos ambientes cristianos europeos, ni tampoco fue amplia y promovida con decidida voluntad por parte de la jerarquía de esa época, lo que causará con el tiempo la ruptura de los movimientos protestantes. En este contexto, en varios países de la cristiandad se dan discutidos movimientos de reforma desde el punto de vista de la ortodoxia católica, como los llamados “espirituales” o grupos de frailes franciscanos con ideas eclesiológicas heterodoxas, influenciadas a veces por las teorías de Joaquín de Fiore sobre la existencia de dos iglesias, una carnal y rica, y en contraposición otra espiritual, santa y evangélicamente pobre, Otros sostenedores de ideas radicales heterodoxas serán el inglés John Wicliff y luego el bohemo Jean Hus y otros que preceden en muchos puntos la futura mentalidad cristológica y eclesiológica de los reformadores protestantes, como Jakoubek, Nicolás de Dresde o Wesel Gansford (1419-1489) en Alemania. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Son comprensibles estos movimientos radicales de reforma ante la situación de una jerarquía eclesiástica con frecuencia mundana. Estas tendencias ideológicas, fomentadas también por desórdenes sociales, se agudizaban por la falta de una voluntad eficaz de reforma en muchos responsables eclesiásticos. Sin embargo, lentamente comienza a abrirse paso una mayor voluntad de reforma por parte de la jerarquía eclesiástica (Papas y Concilios) a lo largo del s. XV y comienzos del XVI. Así en el concilio de Costanza y en los concordatos que estipuló Martín V, se ve tal voluntad; éste papa eligió también cardenales óptimos y una buena bula de reforma (16.V.1425), que quedó en letra muerta; en la misma línea decretó el concilio de Basilea con medidas radicales, nunca aplicadas. Los papas siguientes emanaron varios decretos y bulas también en tal sentido, casi siempre ineficaces y raramente aplicados, quedándose en meros proyectos. La historia va adelante con vanos intentos de reforma, incluidos los del concilio ecuménico Lateranense V (1513-1517). La doctrina católica fue siempre defendida, pero las situaciones de desórdenes graves en la vida cristiana continuaron vivos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin embargo, en algunos lugares de la cristiandad occidental se empezaba lentamente un camino de reforma de la vida de la Iglesia, como lo demuestra el llamado fenómeno de la “Devotio moderna”, movimiento eclesial comenzado en los Países Bajos a finales del s. XIV y que se desarrolla a lo largo del XV dando lugar a asociaciones como “los hermanos y las hermanas de la vida común”. “Devotio moderna” significaba “servicio de Dios” con una proyección clara de cristocentrismo, una espiritualidad ascética práctica (contra la mística especulativa de los dominicos alemanes), una marcada tendencia afectiva (de raíces franciscanas, de la escuela de S. Bernardo y del teólogo francés Gerson), una interioridad y subjetivismo notables en detrimento de los contactos, también apostólicos con el mundo, y una insistencia ascética que subraya el papel responsable del fiel en la recepción de los sacramentos. El libro “La imitación de Cristo” es fruto de tal “devoción” y su probable autor, Tomás de Kempis, pertenecía a tal movimiento. Esta espiritualidad ejercitará un influjo en el siglo siguiente en muchos santos y fundadores como Ignacio de Loyola e incluso en algunos protagonistas de la reforma protestante.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
7.3. El movimiento de reforma de la vida religiosa monacal y conventual en la Iglesia. Hay otro aspecto notable en el incipiente movimiento de reforma eclesial de este periodo, y es el comienzo de la misma en el seno de algunas antiguas Órdenes religiosas, en gran parte en un lamentable estado de decadencia, si se exceptúan los Cartujos y en parte los Cistercienses. La peste negra que asoló media Europa en aquellos dos siglos (XIV y XV) había vaciado los monasterios,  que luego se habían llenado con vocaciones mediocres o por motivos que nada tenían que ver con la consagración religiosa. Por ello los nuevos religiosos o monjes vivían con frecuencia una vida disipada, en monasterios y conventos con abundantes bienes, falta de la vida común fundada en privilegios obtenidos de los papas, y con una clausura más teórica que práctica, sobre todo en el caso de las monjas, que en muchos casos provenían de la nobleza y traían consigo sus niveles de vida y privilegios y en muchas ocasiones eran obligadas por motivos sociales a entrar en los monasterios. También aquí las decisiones de Papas y Concilios sobre la reforma religiosa caían en un terreno árido. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este panorama se dan los primeros intentos de refreno religioso, cuando algunos religiosos buscan volver a las raíces carismáticas de su fundación, y se reúnen en un convento donde querían vivir claramente el espíritu de tal origen. En los comienzos, ese convento buscaba ponerse bajo las órdenes del General de la Orden por encima de su Superior Provincial. A tal convento se asociaban otros con el mismo espíritu; se formaban así las “Congregaciones” de reforma, bajo la obediencia a un Vicario con poderes amplios. Se quería llevar a cabo de esta manera la reforma de la Orden. Aquí ahondan sus raíces divisiones sucesivas entre “conventuales” y “observantes”, “calzados” o “descalzos”, etc… en varias antiguas órdenes religiosas, ya a partir de finales del s. XV y sobre todo en el s. XVI. El fenómeno se da en la mayoría de las antiguas, también en España, y tendrá consecuencias notables en la historia de los evangelizadores del Continente americano. No todas las “Congregaciones” duraron, sin embargo favorecieron la reforma, en cuanto extendieron su influjo sobre todo a través de la predicación popular ambulante.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
7.4. El movimiento de reforma de la vida religiosa monacal y conventual en la Iglesia. La historia de la reforma eclesial en España se encuadra en este movimiento. Fue conducida hasta llegar a la gente común, comenzando ya mucho antes del Concilio de Trento y llegando al mismo, que ratificó muchos aspectos que la Iglesia en España ya había puesto en marcha desde hacía tiempo. Una de sus características peculiares fue que la iniciativa vino de los Reyes Católicos, con pasos sucesivos de reforma del episcopado, del clero y del pueblo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La reforma de la vida religiosa en España se dió de manera precisa y orgánica . En el caso de los monjes comienza con la del monasterio de San Benito de Valladolid, por iniciativa del rey de Castilla Juan I (en 1389-1390), con el objetivo de que los monjes viviesen la regla benedictina de manera precisa y rígida, y con voto de clausura perpetua al modo de las Clarisas; reclutó para ello unos 15 monjes provenientes de varios monasterios que se comprometieron a seguir tal vida rígida. Luego evolucionará hacia una mayor elasticidad, pasando a finales del s. XV a constituir una “Congregación” de unos 10 monasterios (en 1524 contaba con 32), y durará en los siglos siguientes. Algo semejante ocurre con los cistercienses con la fundación o reforma de la “Congregación de S. Bernardo de Castilla”, en tiempos de los papas Martín V y Eugenio IV, por obra del monje cisterciense que provenía de los Ermitaños de San Jerónimo (Jerónimos), Martín de Vargas. Esta fundación fue duramente obstaculizada por el capítulo general de Citeaux (cistercienses) a lo largo del s. XV; en 1549 reunía 45 monasterios de los 59 españoles de la Orden. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No se observan generalmente nuevas fundaciones con nuevas Reglas en las grandes órdenes religiosas. Sin embargo en España nacen los Jerónimos (ya presentes en Italia como “Eremitas de S. Jerónimo”). Fue un canónigo de Toledo, Fernando Yáñez de Figueroa y su camarero mayor, Pedro Fernández Pecha, que comenzaron a vivir una vida eremítica, pasando luego a la cenobítica, adaptándose a la regla de S. Agustín, con la aprobación de Gregorio XI en 1373. En 1423, Lope de Olmedo quiso reformar la Orden siguiendo algunas indicaciones que sacó de los escritos de S. Jerónimo, y creó así un nuevo ramo llamado “Congregación de la Observancia de S. Jerónimo”, pero que en España tuvo un éxito muy relativo, uniéndose luego en 1567 al resto de los Jerónimos. Se mantuvieron fieles a la regla de manera bastante rígida; crecerán a lo largo de los s. XV y XVI en España fundando y agregando numerosos monasterios, entre ellos hay que señalar el de Yuste, en Extremadura, donde se retirará el emperador Carlos V, el del Escorial, fundado por Felipe II, y el Guadalupe en el célebre santuario de Extremadura.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En cuanto a las Ordenes mendicantes tuvo en España, como en otros lugares, dificultades notables de reforma, dada su organización centralizada que había favorecido en cierto modo también su decadencia. Sin embargo, tal organización luego favorecerá o pondrá obstáculos a la reforma o la apoyará tibiamente. La historia de la reforma de los mendicantes, también en España dependió en buena parte de estos factores, a parte de los apoyos de papas y reyes, característica de la misma reforma, oposición de superiores locales, intervenciones abusivas de los poderes seculares, etc.. En España la reforma nace por iniciativa autónoma en varias provincias. En Santiago en 1390, que se autonomiza en 1440 de los conventuales; en Aragón, con una tendencia de carácter eremítico y se convierte en una provincia de observancia en 1442; en Castilla, parece ser que la observancia franciscana llega de Sicilia. Todos estos conventos reformados, a partir de 1446, forman con los observantes franciscanos franceses, ingleses, belgas, alemanes norte-occidentales la “Vicaria Ultramontana”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero en España nacen también grupos “ultra-reformistas”. Un primer iniciador de esta tendencia es Pedro de Villacreces (+1422), que se proponía reproducir el ideal de la Porciúncula gobernada por S. Francisco de Asís: vida austera y contemplativa, retiro y vida eremítica dentro del convento, pobreza radical, siempre descalzos, oración prolongada, silencio total. El estudio era reducido al mínimo. El sucesor de Villacreces, Lope de Salinas, aumenta el tiempo dado al estudio teológico y moral para formar predicadores y confesores, usando pequeños manuales. Prosigue esta línea el antiguo jerónimo Juan de La Puebla (+1495) con la reforma del convento de Santa María de los Ángeles de Sevilla. De este grupo nace la reforma de Juan de Guadalupe, la observancia rigurosísima, que da mayor fuerza a la predicación y al apostolado. Estos grupos diversos de franciscanos reformados continúan difundiéndose a partir de 1517; entre ellos se encuentra el de San Pedro de Acantara, confidente de Santa Teresa de Jesús, llamados “alcantarinos” o “pascualitas-alcantarinos”. A estos grupos reformados de franciscanos pertenecen los primeros grandes misioneros franciscanos del Continente americano. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra Orden religiosa reformada en España es la de los Agustinos. La formación de la “Congregación de observancia” española tiene una propia historia. Parece ser que su primer convento fue el de “Domus Dei” de Castelví de Rosanes en Cataluña (1420), que permaneció solo y aislado en medio del conventualismo hasta 1569. La “Congregación de observancia” española surge de hecho en Castilla por obra de Juan de Alarcón (+1451 c.), que actuó bajo la protección del padre general Favaroni y tras haber conocido la fuerte renovación de la Orden en Italia. Así se crea en España una “Congregación de observancia” ya en 1438, con 4 conventos de frailes y uno de monjas. Alarcón obtuvo en aquel mismo año la bula de confirmación de parte del Papa, mientras que en los demás casos italianos las bulas llegarán decenios después. La extensión de esta reforma en España se puede deducir del hecho que en 1504-5 se decretó la unión de la “Congregación de Observancia” con la Provincia agustiniana española, que tras divisiones y tensiones, sólo se pudo actuar en 1512. Ello se debió gracias a los Reyes Católicos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La historia de la reforma de los dominicos españoles tiene características semejantes. Ya en el Capítulo general de Burgos (1413), el general de obediencia aviñonesa (nos hallamos en los tiempos del cisma de Occidente), Juan de Puinoix, trata de eliminar los defectos más salientes en la Orden con fuertes medidas disciplinares, incluida la cárcel, y de restaurar la vida común. Probablemente tuvo un gran influjo San Vicente Ferrer con su vida santa, su predicación y sus escritos (Tratado de vida espiritual). Pero la verdadera reforma hay que señalarla también aquí en el método de la fundación de  “Congregaciones de observancia”, alrededor, parece ser de Santa Catalina de Siena (+1380) y de su confesor Raimundo de Capua, maestro general de la Orden a partir del 22 de mayo de 1380. La lista de dominicos eminentes que llevan adelante la reforma de la Orden en Europa, a partir de Italia, es abundante. En España comienza en Castilla en 1423 y recibe el reconocimiento de derecho pontificio en 1478. Su desarrollo se debe a los Reyes Católicos, por lo que en 1505 se une a la Provincia dominica de aquel Reino, eliminando los conventos no reformados e introduciendo la Observancia. Una de sus características fue su expansión a partir de un convento reformado, lo que se puede señalar como un ejemplo de reforma a partir de la base. En estas “Congregaciones de observancia” se quiere volver a la experiencia primera de la Orden y se resuelve el problema de la pobreza buscando una línea media: queda la “mendicidad” como ideal, pero se corrige con otros medios de subsistencia, cuando aquella se mostraba insuficiente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El caso de la Orden de los carmelitas, sea en el s. XV como en el XVI, sigue un itinerario parecido. Se pueden enuclear varias reformas serias: dos de “Congregaciones de observancia” fuera de España ya en el s. XV (las de Mantua en Italia y de Albi en Francia), y las del s. XVI, la general de Nicolás Audet de toda la Orden (1524), y la teresiana en España, que coincide con la historia de la reforma de la gran Santa Teresa de Jesús (1515-1582), seguida por su discípulo San Juan de la Cruz (1542-1591), los dos grandes místicos y literatos incomparables en su género. En España hay otras órdenes mendicantes, que en esta misma época siguen el camino de la reforma y que tendrán también un papel importante en la evangelización americana, principalmente los Mercedarios y los Trinitarios, ambas órdenes fundadas para la redención de cautivos en manos de los musulmanes del Norte de  África. La primera de estas dos órdenes, que pasarán tempranamente a América (el capellán de Cortes fray Bartolomé de Olmedo, muerto en 1524, era un mercedario),  desarrollará un papel fundamental en la historia de la evangelización americana.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La estructura de las “Congregaciones de observancia” de los mendicantes son bastante comunes. Son ordinariamente reconocidas, algunas por documentos papales (de derecho pontificio), otras por el general de la misma Orden. No crean sistemas jurídicos nuevos, como en el caso de los monjes; introducen sólo un gobierno doble, casi completo, dentro de la misma Orden, autónomo en relación a sus provinciales locales, pero no en relación al general de la Orden. La historia de cada caso muestra con frecuencia caminos y características peculiares. Estas reformas quisieron ir a la raíz de los males y cortarlas de cuajo. Se caracterizan en general por la pobreza vivida, la austeridad, la vida común, la penitencia aflictiva, la meditación y la “lectio divina” y con ella el silencio; un monje-abad de Monserrat en Cataluña preparará un tratado y meditaciones titulado “Exercitatorio de la vida espiritual” que ejercerá un influjo notable en tal sentido en todas las Órdenes de observancia. Al contrario, el tiempo dado al estudio estaba marcado por las necesidades apostólicas más que por una necesidad intelectual en sí; puede decirse, que sobre todo en sus comienzos, hubo una reacción contra los estudios académicos, o al menos una indiferencia y desestima para la formación sacerdotal. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La razón de esta desestima, sobre todo en el mundo de los monjes de este tiempo, era el pretender una oposición entre el monje “homo devotus” y “homo spiritualis” por una parte y del “homo doctus” por otra. El problema se empezará a resolver a lo largo de los primeros decenios del s. XVI, cuando los monjes reformados comienzan a erigir también colegios universitarios, pero el desarrollo fue bastante lento. Por su parte en las Órdenes de observancia encontramos actitudes muy diversas. En el caso español los agustinos, por ejemplo, son más bien contrarios. Lo mismo sucede con otras Órdenes. El rechazo de los grados académicos se fundaba en que habían sido en su tiempo una de las causas de la decadencia religiosa. Los dominicos resuelven el problema admitiendo a los mismos a frailes de virtud probada, y combatiendo los antiguos privilegios que tenían los titulados lectores (profesores o doctores). Poco a poco todas estas Órdenes resuelven el problema instituyendo en cada provincia casas de estudios, esto a partir de mediados del s. XV; sin embargo sigue durante mucho tiempo la oposición a los grados académicos. Así los agustinos de Castilla tardan hasta 1542 en organizar los estudios humanísticos, filosóficos y teológicos, cuando el General Seripando le impone una organización de los estudios para dar una mayor formación a los frailes candidatos al sacerdocio. La solución al problema fue positiva gracias a que la Observancia religiosa se consideró el valor principal al que se debían subordinar los otros valores. Además la solución ejemplar la habían ya ofrecido las grandes figuras reformadoras, que entran doctas y santas, es decir estrictamente observantes y regulares, y que se encontraban tanto en los monjes reformados como en las Congregaciones de Observancia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuanto hemos afirmado sobre la reforma de la vida religiosa en los reinos españoles de Castilla y Aragón, se puede aplicar en parte, aunque no con la misma radical insistencia, en el reino de Portugal. Entre las reformas destaca la de los franciscanos, llamados “Capuchos” (que no se debe confundir con los Capuchinos), favorecida por Alfonso V, y cuyo centro fue Varatojo. Estos franciscanos se distinguirán también por su compromiso en la empresa evangelizadora portuguesa bajo el Padroado.&lt;br /&gt;
7.5. La reforma del episcopado en la España de los Reyes Católicos y de comienzos del s. XVI. Los Reyes Católicos, la Reina Isabel sobre todo, habían promovido una reforma del clero diocesano y regular, basados en criterios válidos, no siempre exentos de cálculos también políticos, que Fernando no siempre había aplicado. No faltarán tensiones entre Fernando (+1516), Julio II y León X sobre las provisiones episcopales, porque el rey tendía a presentar los candidatos con el sistema de la “súplica”, cuando no existía el patronato (como era el caso de Granada). Con los criterios adoptados –naturales de los reinos, honestos, de la clase “burguesa”, doctos- los reyes Católicos no solamente habían puesto en marcha una reforma, especialmente en Castilla; habían también unido los obispos a la Corona. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Carlos I (V), nieto y sucesor de los Reyes Católicos (rey 1516-1556), quiere obtener de la Sede Apostólica lo que la misma había concedido con un concordato en 1516 a Francisco I de Francia. Lo obtiene de Adriano VI (1522-1523) (que había sido su consejero y regente en Castilla durante su ausencia obligada por motivos de su elección como emperador del Sacro Imperio Romano en 1520); es decir el patronato sobre Castilla y Aragón, tras haberlo obtenido sobre Pamplona (Navarra) (4-28 de mayo de 1523) con el ius patronati et praesentandi. Con la bula “Eximiae devotionis affectus” (6.9.1523) obtiene el patronato, por lo tanto el derecho de presentar a los candidatos, a todos los obispados, abadías y otros beneficios consistoriales. Tal concesión fue revocada el 3 de abril de 1527 bajo Clemente VII (1523-1534) con el voto del Consistorio, porque había sido concedida sin el voto del Colegio cardenalicio; tras el saqueo de Roma (1527), con la bula “Etsi ea quae” en Bolonia, antes de la coronación imperial de Carlos V (el 11 de enero de 1530), confirmada por Pablo III el 7 de julio de 1536, Carlos V obtenía de nuevo el patronato y el derecho de presentación. Desde este momento en adelante, durante siglos, los nombramientos episcopales estarán en manos del Rey de España en sus Reinos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La reforma de la vida eclesiástica comenzada por los Reyes Católicos empieza por la elección al episcopado de obispos doctos y rectos. Criterios de reforma: que fueran españoles, doctos, virtuosos, llanos (no aristócratas), residentes. &amp;quot;El clero de España es el nervio de la Cristiandad&amp;quot;, habría dicho San Carlos Borromeo en los tiempos del Concilio de Trento . Los Reyes quieren que el Papa nombre obispos españoles porque debían residir en sus diócesis, de vidas íntegras; no nobles, para que no se convirtiesen en señores feudales. En su época brillaron de manera especial algunas figuras. Entre ellas destacan las figuras del jerónimo fray Hernando de Talavera (c. 1430-1507), primer arzobispo de Granada después de la Reconquista, confesor de Isabel la Católica y el tipo ideal de obispo; el arzobispo, y teólogo dominico de Salamanca, fray Diego de Deza (1443-1523), el arzobispo y cardenal franciscano fray Francisco Jiménez de Cisneros (1436-1517) . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hernando de Talavera lleva una vida santa, con la celebración diaria de la Misa, el catecismo a los niños, reunión-capítulo mensual con los párrocos, y fundación de un seminario modelo, entre otros aspectos. Diego de Deza formó parte del Consejo de Sabios que examinó las propuestas de Colón, y fue uno de los pocos que consideró las mismas como viables. De ahí nació la gran amistad y admiración que el Almirante sintió siempre por Deza. Francisco Jiménez de Cisneros, figura fundamental en la historia religiosa y política de la España de su tiempo y en los comienzos de la evangelización de América, quien reformó a su Orden franciscana de la que era provincial en medio de oposiciones y de luchas. La Reina Isabel le ayudó en estas reformas, especialmente en la de las monjas. Para formar el clero funda los llamados “collegia minora” para el estudio de las letras, y los “collegia maiora” para la filosofía y la teología. Recomienda al clero doctrina, pureza de costumbres, empeño pastoral y litúrgico. Él fue el restaurador en Toledo de la liturgia mozárabe. En el mundo de la cultura ha pasado a la historia como humanista en cuanto funda la Universidad de Alcalá (Complutum) (1508) con un claro planteamiento humanístico y moderno, que edita la Biblia poliglota complutense en 6 volúmenes. Edita también varias obras devocionales en español, como la Vida de Cristo de Ludolfo y otra obras de la “Devotio Moderna”, que prepararon el florecimiento de los grandes místicos del siglo XVI. Además renovó la enseñanza de la teología. Su metodología será indicada por el teólogo dominico Melchor Cano en su “De locis theologicis” y por los estudios jurídicos del también dominico Francisco de Vitoria en Salamanca. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era un nuevo método de estudio de la teología que superaba el bizantinismo de una escolástica decadente, y trataba las cuestiones más importantes y candentes del momento. Se quería una exposición sencilla, sobria, elegante, a partir de las fuentes (Escritura, Padres, Concilios, documentos eclesiásticos); sustituye las “Sentencias” de P. Lombardo con la “Summa theologica” de Sto. Tomás. Así se preparan los maestros de los grandes teólogos españoles que acudirán a Trento o a sus discípulos. En Alcalá estudiará una  falange de grandes figuras del humanismo español, algunos como San Juan de Ávila (c. 1499-1569), declarado doctor de la Iglesia (2012), o personalidades que ejercitarán un papel importante en la historia de la evangelización y de los derechos humanos en América, como el p. jesuita José de Acosta (1540-1600) .  Esta Universidad contará con célebres maestros, entre ellos el dominico Domingo de Soto (1494-1560) y celebres alumnos. Con algunos entablará una amistad duradera, como con Don Pedro Guerrero, futuro arzobispo de Granada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La España cultural de la época comienza a respirar con los dos pulmones culturales de las universidades de Salamanca y de Alcalá. En estas universidades asistimos a un renacimiento del humanismo renacentista, con varias corrientes que lo caracterizan: vuelta a los estudios bíblicos en Alcalá (Biblia Políglota), con referencias a una teología positiva, siguiendo las huellas de los Padres, y reformismo eclesiástico. Encontramos también en ellas corrientes humanísticas, filosóficas y teológicas de matrices diversas, como el tomismo, el escotismo, y en medida menor algunos brotes nominalistas, y el influjo de humanistas como Erasmo y Tomás Moro. En estas universidades echan sus raíces las corrientes jurídicas que las harán célebres en el campo del derecho de gentes o internacional, con figuras como los dominicos Francisco de Vitória y Domingo de Soto y otros conocidos teólogos que ejercerán un fuerte influjo en el Concilio de Trento (1545-1563). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta reforma del episcopado no encontró un camino llano y fácil. Cuando Fernando el Católico muere en 1516, el cuadro del episcopado español no era homogéneo. La mayor parte de los obispos era ciertamente digna y muy convencidos del servicio al Rey, de buena altura eclesiástica e intelectual, aunque se daban casos de obispos poco dignos, nombrados por motivos de parentesco; había cardenales que no residían en sus sedes, nombrados por razones de amistad; había también obispos nobles, nombrados gracias a su proveniencia social y algunos por ser flamencos o por intereses con aquellos territorios bajo la Corona española, a partir de Carlos V . El emperador Carlos trató de seguir los criterios establecidos por los reyes Católicos, pero no siempre los mantuvo totalmente, lo que llevó a veces a consecuencias negativas, aunque en menor medida que en otros países europeos. ¿Cuáles habían sido los criterios de los reyes Católicos, sobre todo de Isabel? Ante todo la elección de personas doctas. Carlos V escogerá fundamentalmente personas preparadas y bien formadas en colegios eclesiásticos universitarios españoles, en los “Estudios generales” de los religiosos y en las universidades italianas. En su día, el cardenal franciscano, arzobispo de Toledo y primado de España, confesor y consejero de la reina Isabel y luego regente del Reino hasta su muerte (+ 8.11.1517), optó por teólogos, preferentemente canonistas, contra la tendencia que se daba en Italia, Inglaterra y franca. Este criterio será luego seguido por el Consejo real. Por ello los obispos españoles darán una notable aportación en el concilio de Trento. La reina Isabel había querido obispos honestos y había seguido rigurosamente este criterio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fernando fue menos severo en este campo, por lo que encontramos algún caso de obispos con hijos como  Alonso de Aragón (+1520), hijo del rey Fernando, arzobispo de Zaragoza y con hijos. Por su parte Carlos V aplicó aquel mismo criterio, también porque podía disponer de sacerdotes formados en los colegios de Talavera y de González Mendoza. La extracción social de los obispos era prevalentemente de la clase media. Carlos V por su parte nombrará luego también nobles, españoles y extranjeros, por motivos de gratitud y no siempre por razones eclesiásticas. El primero de ellos fue el joven Guillermo de Croy, de 20 años, que sucedió al gran Cisneros en Toledo ; era ya obispo de Cambray y cardenal, y nunca puso los pies en España. Dio también el obispado de Valencia a Eduardo de la Marca, obispo de Lieja, porque le servía para el Imperio . Se cuentan hasta 30 provisiones suyas de este tipo de obispos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para salvar el principio de los Reyes Católicos (“obispos naturales de estos reinos”), el rey Carlos concedía “cartas de naturalización” por las que se habilitaba a estos extranjeros a ser nombrados obispos de cualquier diócesis española; y si no podía dar provisiones de obispados, les daba pensiones sobre las rentas de estas diócesis. Estas provisiones llevaron al absentismo. Los obispos españoles debían comprometerse a residir en sus diócesis para poder recibir la provisión, con una especie de pacto, como dirá un obispo español en el concilio de Trento. Pero no la exigía de los extranjeros, que a veces eran cardenales italianos de curia. La exige de los españoles residentes en Roma o en la Corte. Pero era él mismo a dificultar o a imposibilitar la residencia porque se servía de los obispos para los servicios administrativos, civiles, para la dirección del consejo real, para las Cancillerías de Valladolid y de Granada, como embajadores, etc. Así, por ejemplo, el cardenal Pedro Pacheco, primer obispo residencial de Pamplona después de 80 años, nunca estuvo ni en Jaén ni en Sigüenza, sedes a las que había sido trasferido (1545-1560), y fue también virrey de Nápoles. El inquisidor Fernando Valdés nunca residió en alguna de las diócesis para las que había sido nombrado, e incluso consideraba abstractos a los “frailes teólogos” (como Victoria) y a los predicadores, como Pablo de León, que criticaban duramente este ausentismo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por todo ello vemos que en tiempos del emperador Carlos V en sus dominios europeos, también en España hubo periodos en los que encontramos que pocos obispos residían en sus diócesis. El hecho ahondaba sus raíces en motivos de ambiciones a ser trasladados a sede más importantes, por ser más ricas, con posibilidades de ejercer influencias y tener mayores poderes; en una palabra, una mundanidad infiltrada en aquellas esferas episcopales, denunciadas con dureza por parte de figuras episcopales del calibre del agustino Santo Tomás de Villanueva (1486-1555), arzobispo de Valencia , y más tarde en el concilio de Trento por parte del obispo dominico portugués Bartolomé de Martyribus en su “Stimulus pastorum” .  A pesar de estos límites, serán los obispos españoles quiénes en Trento lucharán por la reforma del episcopado y por la residencia de los obispos en sus diócesis.&lt;br /&gt;
7.6. El clero inferior. Hacia finales del s. XV y comienzos del XVI el clero, tanto el secular como el regular, contaba como ya se ha indicado, un alto porcentaje de miembros. En el clero diocesano había un clero “medio”, al que pertenecían los canónigos de los capítulos, el de las colegiatas y los párrocos de parroquias importantes. Los canónigos como cuerpo habían sufrido el contragolpe de la acción de los reyes Católicos. Esta clase clerical pertenecía de hecho a la antigua estructura feudal, por lo que buscaron  defender su posición. Con frecuencia vivían con un tenor de vida bastante secular y garantizaban también una serie de beneficios a su parentela, por lo que con frecuencia accedían a estos cargos, más por intereses económico-sociales que por vocación a la vida clerical. Pertenecían al considerado clero bajo, la mayoría de los párrocos, de los capellanes y de los beneficiados menores. Tenían que ejercitar un oficio para poder vivir porque las rentas del beneficio no eran suficientes. Los reyes Católicos trataron reformar también a este clero, juntamente con obispos y otros prelados, buscando la promoción del sacerdote reformado ideal. En esta empresa tendrán luego un papel fundamental  muchos tratadistas teológicos, jurídicos y humanistas como Vitoria, el arzobispo de Toledo Carranza, Soto, San Juan de Ávila, fundador en su tiempo de varios colegios-seminarios para la formación del clero, ya antes de Trento , Luis de Granada y otros muchos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A la luz de cuanto descrito surge una pregunta obligada: ¿Se puede hablar en un sentido apropiado y estricto de una Iglesia “nacional” española, como se habla de la “Iglesia galicana” en Francia o de la “Iglesia anglicana” en Inglaterra? Las tendencias eclesiales centrífugas se dan en varios países de Europa y se agudizarán a partir del siglo XVI. No parece que se pueda hablar en el mismo sentido en el caso español y en el portugués. Ciertamente en España y Portugal se podría ver en sistema  del “Patronato” y del “Padroado” una expresión centrífuga. Sin lugar a dudas existe una conciencia bastante claro de la propia identidad nacional y eclesial, pero sin llegar a los límites de las concepciones de buscar la creación de una Iglesia autónoma del Papado, ni siquiera la defensa de “unas libertades eclesiales adquiridas” como sucedía en otros países europeos. La fidelidad al Romano Pontífice nunca fue puesta en duda a lo largo de esta historia ni por los Reyes ni por los obispos, juristas y teólogos españoles. Incluso el largo proceso de elaboración de la doctrina sobre el Patronato no fue ni fácil ni unánime. Se legisló sobre la exclusión del episcopado de todo extranjero, en la práctica esta regla fue con frecuencia olvidada o se encontraron salidas para evitarla. Incluso las “represalias” que tomaban los Reyes contra Roma, fueron siempre mitigadas por el realismo en las relaciones, tensiones sin ruptura, que al final se recomponían. En todo caso serán más duras en el siglo XVIII con la dinastía de los Borbones, incluso con nuevas y más radicales interpretaciones en favor de las dos Potencias católicas del Patronato o del Padroado, pero ya era una situación nueva que la Iglesia vivía en toda la antigua cristiandad europea bajo los regímenes del absolutismo ilustrado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==NOTAS:==&lt;br /&gt;
  &lt;br /&gt;
&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==BIBLIOGRAFÍA:==&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
'''FIDEL GONZÁLEZ FERNÁNDEZ'''&lt;/div&gt;</summary>
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		<title>ESPAÑA; la sociedad española en la época de los descubrimientos</title>
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		<updated>2014-03-28T20:23:41Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.173: Página creada con '==ESPAÑA; la sociedad española  en la época de los descubrimientos==   ==1. La España de los Reyes Católicos==  Durante la llamada Edad Media, la Iglesia había sido el pun…'&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;==ESPAÑA; la sociedad española  en la época de los descubrimientos== &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==1. La España de los Reyes Católicos==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Durante la llamada Edad Media, la Iglesia había sido el punto de referencia en la creación en la Península Ibérica de una historia común. Algo semejante había sucedido también en la Europa medieval, pero en el siglo XVI aquella historia común europea se interrumpe con las divisiones religiosas y culturales. El momento en el que sucede el encuentro entre España y América coincidió con el paso de una época a la otra. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La unidad dinástica de los reinos hispanos sucede en 1479 con la fusión personal de Castilla-León y Aragón-Cataluña, por el matrimonio de los dos monarcas de ambos reinos: Isabel I (la Católica) de Castilla-León y Fernando V (el Católico) de Aragón. Doce años después (el 6 de enero de.1492),con la reconquista del reino moro de Granada, se cierra el ciclo de la reconquista y la unidad practica de los reinos españoles, bajo el lema que adoptan de igualdad de poderes y unidad de decisiones de las dos Coronas en una, con el lema “tanto monta, monta tanto, Isabel como Fernando”, y la simbología heráldica para expresar aquella unión (el Yugo, letra inicial de Isabel, entrelazado con la Flechas, letra inicial de Fernando). Este hecho tendrá repercusiones incalculables en el futuro de la misma España como en el Nuevo Mundo, que pronto iba a entrar en la escena mundial de la mano española. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una frase: &amp;quot;en cabeza del rey&amp;quot;, iba a expresar lapidariamente el papel de la monarquía en aquella empresa: frase que ya se encuentra en autores de la primera hora, y que viene a significar el papel o responsabilidad del Rey o de la Corona en todos los asuntos del gobierno, tanto civil como eclesiástico, del Nuevo Mundo: administración de la justicia, patronato, legislación, defensa de los derechos del indio, etc., como Fray Domingo de Betanzos, Francisco López de Gómara, en su Historia General de las Indias, o más tarde Felipe Guamán Poma de Ayala (comienzos del s. XVII) y muchos otros recuerdan en sus historia y crónicas.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
La España de los reyes Católicos era una España claramente identificada con la historia que le había dado origen. Su monarquía conservaba todavía esta conciencia. Tal es la clave para comprender muchas iniciativas políticas y religiosas de los Reyes Católicos, Isabel I la Católica de Castilla y Fernando V el Católico de Aragón, y de sus descendientes, principalmente Carlos I (V como emperador del Sacro Romano Imperio Germánico) y Felipe II, y de sus descendientes los demás reyes de la Casa de Austria española (o Augsburgo). Durante el reinado de los reyes Católicos acontecen en la historia nacional española algunos grandes hechos: la unión dinástica de los dos grandes reinos ibéricos de Castilla-León y de Aragón-Cataluña con el consiguiente reforzamiento de la monarquía y la regularización del sistema administrativo de la Corona; la reforma de la vida eclesial en sus diversos niveles; la conclusión de la lucha secular de la reconquista del dominio musulmán del suelo patrio, que antiguamente había formado el reino hispano-visigodo; el comienzo de la expansión transoceánica que dio como resultado la llegada a las tierras del Nuevo Mundo, que para el historiador, capellán de Cortés, Francisco López de Gómara, había sido “el más grande acontecimiento después de la creación del mundo si se exceptúa la encarnación y la muerte de Aquel que lo había creado”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta empresa política, pero también evangelizadora, fue posible gracias a la existencia de un sujeto tanto político como católico en la comunidad hispana, impregnada en este último caso de una conciencia de la fe católica, sea a nivel popular como en la Corona. Los Reyes Católicos tenían una clara conciencia de su autonomía política en la esfera secular. La tenían también como cristianos. También como príncipes católicos no estaban exentos de una mentalidad jurídica muy extendida en las relaciones entre los Estados cristianos nacientes y la Iglesia de querer controlar la vida eclesial en sus Estados, pretensión común en los gobernantes (o príncipes) cristianos de esta edad moderna. Tal pretensión, que databa ya de siglos anteriores, llevaría en muchos casos a caer en la tentación, nunca escondida, de crear de hecho Iglesias nacionales, bajo el control del Estado. En el siglo XV, a pesar de la crisis conciliarista, tenían una sana conciencia del papel del Papa como cabeza de la Iglesia y reconocían su misión y supremacía en el campo eclesial y espiritual, “no reconociendo superior temporal sino a Dios Omnipotente, y dando la obediencia espiritual debida al Sumo Pontífice y a la Iglesia apostólica de Roma”, como escribía entonces Fernández de Oviedo, uno de los primeros testigos e historiadores de la conquista en el Nuevo Mundo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El papel de la corona fue fundamental en los tres siglos siguientes, tanto en el ámbito de los descubrimientos y de la colonización, como en el de la evangelización. Ya desde el alba de la presencia española en el Nuevo Mundo, los Reyes Católicos emanaron una serie de disposiciones o cédulas legales y administrativas con el fin de regular un gobierno recto en aquellas tierras, y afrontar las problemáticas humanas, políticas y evangelizadoras que aquellas situaciones inéditas planteaban. En tal sentido el testamento del 12 de octubre de 1504 y el codicillo de Isabel la Católica añadido el 23 de noviembre de 1504, tres días antes de morir, dan las directivas del proyecto político (relación entre españoles e indios, y derechos de éstos) y de la evangelización e implantación de la Iglesia en América. Aquel texto fue codificado y se convirtió pronto en un texto legal, caso único en la historia constitucional de un país, entrando así a formar parte de la legislación de España sobre las Indias hasta las independencias de sus países. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==2. La población española en el momento del descubrimiento de América== &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se calcula que en el momento del descubrimiento de América, España tenía unos ocho millones de habitantes. De ellos, antes de 1492, medio millón eran judíos (la expulsión en masa de los mismos acontece en 1492) y un millón de mudéjares  a los que luego habría que añadir los “moriscos”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Cómo se distribuía socialmente esta población? Un 80 % era rural. Se daba una endeblez numérica de clases. Lo que hoy se suele llamar &amp;quot;clase media&amp;quot; (pero que en este caso sería un anacronismo), puede ser distribuida de la siguiente manera: un 3%, que no eran clé¬rigos, ni militares, ni campesinos, ni patricios urbanos; eran gente común. Había unos 75.000 clérigos o eclesiásticos , el 1% de la población, de los que unos 2000 o 3000 pertenecían al llamado &amp;quot;clero alto&amp;quot;. Los nobles o hidalgos de variada posición y entidad eran unos 115.000, el 2% de ese número total. En cuanto a la propiedad las tierras, éstas pertenecían al 2% o 3% de la población que poseían el 97% de las mismas. Esta alta aristocracia, personal o jurídica, era dueña de la mitad de España. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Y cómo se componía ésta aristocracia? Se contaban unas 50 familias unidas por vínculos de sangre y que constituían de hecho una fuerza social, política y económica paralela a la del rey, como lo demuestran las convocatorias de frecuentes “Cortes” para tratar los asuntos importantes del Reino, proclamar o reconocer al rey, que debía jurar sus fueros , proclamar ante ellas por parte del rey leyes, cédulas reales o disposiciones en los campos civil o eclesiástico y determinar la política a seguir en el Reino. Las Cortes eran en la antigua historia española medieval y en los comienzos de la moderna una asamblea general del Reino que convocaba el rey en los antiguos reinos de España para tratar asuntos de estado, generalmente, la elaboración de leyes y la concesión de impuestos: a las Cortes acudían los representantes del clero, de la nobleza y de las poblaciones importantes, ayuntamientos de ciudades y de villas. En las “Cortes” se encontraban representadas las diversas entidades o corporaciones que componían el Reino. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En todo este tren de vida política, algunos nobles (en realidad pocos), descendientes en buena parte de antiguas familias de caballeros, protagonistas en la reconquista, o de otros nuevos allegados por méritos o por influencias, ocupaban puestos en la Corte real, la que en esa época solía ser “ambulante” a lo largo de ciudades y villas del Reino. Estos nobles, que con frecuencia poseen sus castillos y palacios, comienzan a llevar un tren de vida a veces fastuoso. Estaba luego una pequeña nobleza de mayor peso social y económico, y otra mediana formada por militares, hijosdalgo, y caballeros, que constituyen dos poderosos es¬tratos sociales. El estamento militar asiste por derecho propio a las Cor¬tes. Vive en posesiones rurales e influye en el gobierno a través de la parentela y vínculos de nobleza. De esta pequeña noble¬za se recluta lo mejor de los capi¬tanes, diplomáticos y funcionarios. De la pequeña nobleza salieron muchos obispos (&amp;quot;llanos&amp;quot;, no pertenecientes a la aristocracia o alta nobleza). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se debe también hablar de una incipiente nobleza urbana: terratenientes, ricos por herencia, no comerciantes, y que es más culta que la nobleza militar. Sus hijos llenaban las universidades. También de aquí salen canónigos, obispos, abades. Fueron excelentes secretarios y administradores. Los pobladores de las pueblas (poblaciones fundadas con privilegio real y cuyos vecinos formaban “ayuntamientos” y concejos) y las villas (con sus pobladores llamados &amp;quot;villanos&amp;quot;) tienen acceso o movilidad de ascenso a ese tipo de nobleza y constituyen una parte importante y fundamental en la estructura del Reino. La tendrán en el poblamiento español del Nuevo Mundo con sus fundaciones, al estilo castellano o de la madre patria. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la estructura y en la vida social y política del Reino se encuentra el clero. Constituye un grupo social peculiar dentro de la sociedad. Dentro de él hay de hecho un clero socialmente alto y otro clero bajo, no por procedencia social, sino por los puestos que ocupan en la estructura eclesiástica. El clero tiene un fuerte espíritu corporativo (como en los otros países de la cristiandad medieval hasta la edad contemporánea) para defender sus inmunidades. Su fuerza económica la constituyen los diezmos (en especie, que se subastaban). La mentalidad de cada estrato era fuerte y reflejaba con frecuencia también su procedencia social. El papel del alto clero era notable. Constituían la columna vertebral de muchos sectores de la administración pública, cancilleres, presidentes y miembros del Supremo Consejo de Indias, cuando éste fue creado, y de muchos tribunales. Personajes fundamentales en la España de los tiempos del descubrimiento de América, como el arzobispo Talavera, Deza, los cardenales Cisneros y Mendoza, por citar nombres universalmente más conocidos, lo demuestran. En conjunto forman un grupo notable por &amp;quot;letras y virtud&amp;quot;. Muchos de ellos actuaron en la vida política e incluso en la militar; son parte de la última hornada de prelados-capitanes, como lo fue incluso el cardenal franciscano reformador Francisco Ximénez de Cisneros (que tiene su proceso de canonización introducido). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dentro del clero se encuentra una especie de alto clero menor, generalmente hacen parte de ella los prebendados (que eran dignidades, canónigos o racioneros de alguna iglesia catedral o colegiata). Normalmente son de elevada categoría intelectual. Existen 47 capítulos ca¬tedrales de gran poderío económico y con un nivel moral bastante bueno en general. Sin embargo entre el bajo clero, incluso entre el religioso, se da a veces inmoralidad, ignorancia y pobreza. Este fenómeno de decadencia en una parte del clero regular y secular era un fenómeno de la cristiandad europea de la época, con numerosos intentos de reforma por parte de papas y concilios a lo largo del siglo XV y comienzos del XVI. Basta recordar cómo el tema de la reforma del clero aflora y es tratado específicamente desde el Concilio de Constanza (1414-1418), Ferrara-Florencia (1438-1445), Lateranense V (1512-1517). En este cuadro el caso español corresponde al del resto de Europa. Sin embargo no se puede generalizar. Los concilios provinciales vigilaban y urgían por una reforma de las costumbres entre el clero. El siglo XVI será un siglo de notables &amp;quot;reformas&amp;quot; en este sentido, que verá el florecimiento de muchas Órdenes religiosas reformadas, de varios concilios provinciales y culminará con las reformas del Concilio de Trento (1545-1563). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Había en la España a la que nos referimos lo que se podría llamar &amp;quot;grupos medios&amp;quot;, aunque el término no corresponda a la moderna acepción de “clase social”. Eran gentes de ejercitaban oficios y menesteres necesarios en toda sociedad, especialmente en villas y ciudades como mercaderes y comerciantes, no¬tarios, abogados, barberos (que ejercitaban a veces también una medicina rudimentaria, pero importante), médicos y curanderos y pequeños administradores. Demográficamente eran débiles. De ellos salía 1/3 o 1/4 de los regidores. Solían componer (en reinos como en Aragón) los cabildos de las ciu¬dades. Son la raíz de la futura burguesía industrial y mercantil.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los artesanos constituían una especie de clase o grupo modesto urbano, que vivían asociados en gremios. La artesanía era más bien patriarcal y familiar, y menos técnica de taller, como en Italia o en Flandes. Proporcionaban un tercio o un cuarto de los regidores . Constituían la masa popular en los festejos. Este grupo social tiende a superarse y a presentarse bien. Su vida era suficientemente holgada. La población de todas estas clases sociales componía el 20% de los habitantes de España. Luego estaban los campesinos, que son un 80%, en desigualdad de condiciones, según las regiones. Había campesinos &amp;quot;de señorío&amp;quot;, a veces en penosas condiciones, y campesinos de realengo , a veces muy dignos. Pero toda la población vivía a veces sometida a calamidades y grandes crisis, comunes a todo el resto de Europa, como pestes y enfermedades endémicas y crónicas, sequías o superabundancia de lluvias, inviernos crudos, o veranos tórridos; todo ello provocaba muertes frecuentes y prematuras, y hambrunas frecuentes, sobre todo en las tierras más áridas o secas como las castellanas. Sin embargo estas penosas situaciones, con frecuencia endémicas, no provocaron sublevaciones populares, como sucedió en otros lugares de Europa; basta pensar a las sublevaciones de los campesinos y de los caballeros en la Alemania de los tiempos de Lutero o en otras semejantes en la Italia e incluso en la Roma de los siglos XIV y XV.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y ¿cuál era el valor monetario corriente en esta época? En el caso español el más común era el &amp;quot;ducado&amp;quot;, que correspondía a 375 maravedís, una equivalencia a unos ocho jornales de obrero especializado o veinte jornales de un peón. El marqués de Villena, por ejemplo, tenía 100.000 ducados de renta al año. La Iglesia (sus instituciones y su personal ministerial) tenía seis millones de ducados de renta: dos millones el clero re¬gular y cuatro, el clero secular. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
3. La España católica y la Reconquista&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
1. Carácter y temperamento del catolicismo español de la época: ¿Cómo se explica la vehemencia y también la fuerza del catolicismo español? Hay muchas teorías y opiniones al respecto. No hay que olvidar la característica historia cristiana española a partir del siglo VIII, cuando los musulmanes del Norte de África invaden el Reino español de los visigodos y lo desbaratan en la batalla de Guadalete (Andalucía) donde perece el último rey visigodo Don Rodrigo, que pasará a la leyenda épica española en multitud de romances (711). Casi todo el Reino visigodo español cae bajo dominio musulmán, si se exceptúan las regiones montañosas del Norte, astures, cántabros, vascos, y zonas de la Navarra y de la Cataluña pirenaica. En el año 721 encontramos los hechos conocidos como “batalla de Covadonga” en las montañas de Asturias, donde un príncipe visigodo, Don Pelayo (+737), levanta el estandarte de la &lt;br /&gt;
Cruz contra el invasor musulmán y da comienzo a la Reconquista, que se concluirá en 1492, en Granada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue el comienzo del minúsculo Reino de Asturias, que lentamente alargará sus fronteras reconquistando los territorios de León y luego las mesetas castellanas. Dará lugar así al nacimiento, como prolongación del reino asturiano del de León (s. IX), y más tarde al de Castilla (s. X) (Castilla y León unidas de nuevo a partir del 1230), del que nacerá con el tiempo el condado de Portugal (condado dependiente de Castilla a partir del 1094 y luego reino, totalmente autónomo). En el caso Asturiano ya a finales del siglo VIII se funda la ciudad de Oviedo (760), alrededor del monasterio benedictino de San Pelayo, donde el rey Fruela  I (757-768) establecerá su Corte y que alcanzará un notable esplendor artístico en tiempos de su hijo y sucesor Alfonso II el Casto (rey 792-842), contemporáneo de Carlo Magno, con el que mantendrá relaciones culturales y políticas. Nace así aquel arte que todavía hoy se contempla en la región asturiana, el llamado “pre-románico”, la preciosa Cámara Santa de la Catedral de Oviedo, como relicario de valiosas reliquias traídas del resto de la España invadida por los musulmanes, entre ellas la Cruz de la Victoria (símbolo de la reconquista, levantada por su primer caudillo don Pelayo), la de los Ángeles símbolo heráldico de Oviedo, de tiempos del rey Alfonso II, el Santo Sudario y otras muchas de indiscutible valor histórico y religioso. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este tiempo de Alfonso II el Casto, comienza la histórica peregrinación hacia Compostela, lugar donde se señalaba la traslación de las reliquias del Apóstol Santiago y que dará lugar a uno de los tres grandes centros de peregrinación medieval: Santiago, Roma y Jerusalén. Algo semejante comienza a suceder en las estribaciones de los Pirineos aragoneses (como en los alrededores del monasterio de San Juan de la Peña) y catalanes. Son las raíces tempranas de varios condados y marcas del reino de Aragón, con una historia unida a los nacientes reinos de Navarra y de Castilla y de los condados catalanes, cuya historia autónoma comienza a caminar a partir del s. IX, y que pasados varios siglos se unirán a la Corona aragonesa (Alfonso II de Barcelona, conde de la misma y rey de Aragón, une al reino aragonés el condado hereditario de Barcelona en 1162).  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin embargo la reconquista fue dura y larga. De hecho, hacia el año 750, gran parte de la península se encontraba bajo el califato de los Omeyas, en Córdoba, fundado por Abd-er-Rhaman I (756-788), que llega a su máximo esplendor en tiempos del califa Abd-er-Rhaman III (912-961). Y sus caudillos atormentaban con continuas incursiones los territorios cristianos. Así todavía en el año 1000, el caudillo musulmán Almanzor logró llegar hasta la misma Compostela en el oeste y a Barcelona en el este, convirtiendo en tierra quemada cuanto encontraba a su paso . Por ello también los reinos cristianos en su avanzada hacia el sur, de grandes ríos en grandes ríos, desde el Duero hasta el Tajo, van creando espacios desiertos de frontera para estorbar las frecuentes incursiones de los reinos musulmanes. Son la “Extrema-dura”, o las vacías y desérticas tierras fronterizas; se van levantando castillos y fortalezas a lo largo de la geografía hispana que darán también lugar incluso al nombre del futuro condado y reino de Castilla.&lt;br /&gt;
En esta misma época se asiste al nacimiento del califato de Córdoba, que en mundo islámico de la época es de la misma grandeza esplendorosa de los de Damasco y Bagdad, y a su historia cultural incomparable, que ha dejado una herencia imborrable en la cultura mundial e hispana. Entre el 1009 y el 1031, el califato de Córdoba se va dividiendo en pequeños estados independientes (reinos de taifas), entre los que hay que recordar: Toledo y Badajoz (1009); Murcia (1010); Zaragoza (1012); Almería y Granada (1013); Denia (1014), Málaga (1016); Valencia (1021); Sevilla (1023); Mallorca (1015); Córdoba (1031), etc.. luego: Orihuela, Huesca, Jaén, Carmona, Niebla, Algeciras. Incluso Córdoba se erige en una especie de republica aristocrática entre 1031 y 1070; es ocupada por el rey musulmán de Sevilla en 1070; conquistada por los musulmanes Almorávides de África en 1086 y luego en 1148. En 1091 los musulmanes Almohades de Mauritania invaden los reinos musulmanes de la Península ibérica (1091-1229), que serán derrotados por los reinos cristianos unidos en la batalla de Las Navas de Tolosa (1212), comenzando así la fase final de la reconquista cristiana. El rey castellano Fernando III el Santo, conquistará Córdoba el 29 de junio de 1236 y Sevilla en 1248. Ya en 1085, el rey cristiano Alfonso VI de Castilla había conquistado Toledo y la había convertido en su corte; los aragoneses habían reconquistado Zaragoza en 1146. Jaime I de Aragón reconquista Valencia el 29 de septiembre de 1238. El último reino musulmán de la Península ibérica, Granada, será reconquistado por los Reyes Católicos, Isabel y Fernando, el 5 de enero de 1492 .&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
2. La Reconquista: Entre el 830 y 1030, se vive un período de dos siglos de exaltación cristiana en la Reconquista; florece la cristiandad mozárabe  y nacen o avanzan los reinos cristianos: León, Castilla y Navarra, nace el de Aragón y los condados catalanes, entre los que emerge el de Barcelona cuyos condes, con el andar del tiempo, se convierten en reyes de Aragón, dándose así la unión dinástica entre ambos estados. En los siglos XI, XII, XIII: la Reconquista avanza en las diversas líneas fronterizas: del Duero, luego hasta el Tajo, con la conquista de Toledo, la antigua capital visigoda, la ciudad de las tres culturas o religiones (cristiana, islámica y hebrea, que había alcanzado un enorme esplendor cultural frente al resto de la misma Europa medieval cristiana). Por parte suya se asiste a una decadencia y luego al ocaso del califato de Córdoba, la división del mismo en números reinos de taifas que pueblan el sur de la Península .                    &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los musulmanes del norte de África intentan reconquistar las tierras perdidas y unificar a los reinos de taifas. Son las invasiones de los almohades. Pero en el año 1212 se da el paso definitivo del choque entre los reinos cristianos españoles y los musulmanes de los almohades en la batalla de Las Navas de Tolosa. Es la época que sigue a la renovación de la vida eclesial española a través de la aplicación en España de la reforma gregoriana con el apoyo de benedictinos y cistercienses. Es también la época de las grandes peregrinaciones a Santiago de Compostela, la del románico de los siglos XI al XIII, del nacimiento del gótico con sus grandes catedrales que se extienden por toda la geografía española hasta el siglo XV. En el siglo XIII la vida eclesial se renueva a través de los canónigos regulares primero, de los frailes mendicantes luego, entre ellos Santo Domingo de Guzmán, canónigo en Osma (Castilla), y sus dominicos y la llegada también de los franciscanos, y del mismo san Francisco, peregrino a Santiago de Compostela. Fernando III el Santo de Castilla y León, reconquista Sevilla y Córdoba, y su hijo, Alfonso X el Sabio, da un nuevo esplendor a las letras y a la compilación jurídica de las antiguas leyes hispanas; las tres lenguas de su Reino (latín, castellano, árabe y hebreo) formaban parte del bagaje cultural del Reino . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En Aragón brillan las epopeyas de Jaime I, el conquistador de Valencia del dominio musulmán. A pesar de episodios lamentables para los cristianos, con signos de algunas episódicas luchas dinásticas y señales de decadencia, como en el resto de Europa, los Reinos cristianos españoles han entrado de lleno en el bullir de una conciencia que camina a pasos agigantados hacia el ocaso de la Edad Media y el nacimiento de una modernidad, todavía confusa, con la constitución de reinos-naciones, raíces de los futuros estados nacionales. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
3. La vitalidad de los reinos hispanos: En este cuadro, los reinos hispanos se encuentran ya plenamente activos en la vida tanto eclesial como civil europea, con tratados, matrimonios reales, participación en la vida cultural europea con las nuevas universidades, de las cuales Palencia y luego Salamanca, pertenecen a la primera generación, o en los grandes y dolorosos conflictos que enturbian la paz de la “christianitas” europea, como los que caracterizan el siglo XIV y comienzos del XV, como el cisma occidental (1378-1417). Las suertes de la reconquista están echadas. Los reinos musulmanes que todavía persisten en el sur o se convierten en vasallos de los reyes hispanos o son reducidos a su mínima expresión, a pesar de momentos de gloria artística, como en el caso del reino nazarita de Granada. En esta época, los aragoneses y catalanes salen de sus fronteras, navegan por el Mediterráneo y buscan alianzas y ensanchar sus fronteras en el mismo: Nápoles, Sicilia, Cerdeña y hasta el extremo oriental del Mediterráneo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el territorio patrio no todo es fácil. El feudalismo antiguo persiste y la nobleza se encuentra inquieta con rebeldías endémicas que producen conflictos civiles y guerras episódicas de carácter dinástico dentro de las mismas familias reinantes, que después de todo se encuentran muy emparentadas entre sí. También en esta época de mediados del siglo XV, siguiendo el ejemplo del hermano Reino portugués, los castellano-leoneses salen al Atlántico e incorporan las Islas Canarias a sus dominios. Nos encontramos en tiempos de Juan II de Castilla y León, el padre de Isabel la Católica. Tras el reinado endeble y discutido de su hijo Enrique IV de Trastamara, llega el reinado de su hermana Isabel I la Católica, que se casará con su primo el príncipe Fernando de Aragón, que pronto se convierte en rey de aquel Reino. Con este matrimonio real, cambia radicalmente la historia española; se concluye la reconquista en Granada (1492) ; se unifican en las personas de los dos reyes los reinos hispanos, bajo el famoso lema del “Tanto monta monta tanto Isabel como Fernando” y la simbología heráldica que los dos esposos reales adoptan. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Suceden también momentos muy discutidos por la historiografía antigua y reciente como la expulsión de los judíos (1492), malqueridos por sectores de la gente vulgar y de la nobleza a causa, sobre todo, de su papel en la recolección de los impuestos de la misma Corona y una antigua y jamás escondida animosidad, alimentada por antiguos prejuicios y leyendas populares, y por la persistente acusación de “deicidio” que las acompañaban por ser considerados presuntamente en parte, como una especie de “quinta columna” en la antigua época de las invasiones islámicas, y en la época de su expulsión, de los mismos turcos. Es en este momento histórico, y en el mismo año de toda esta serie de acontecimientos notables en la historia hispana, que acontece la aventura atlántica de Cristóbal Colón y el descubrimiento del Nuevo Mundo. Todo ello abrirá una nueva página en la historia hispana y también mundial. La noche quedaba atrás&amp;quot; . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==4. La mentalidad común de la época ante la infidelidad y la herejía== &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ocho siglos de esfuerzos en una reconquista  trabajosa, y no siempre constante y uniforme, forjaron un temperamento en la España cristiana de entonces, con sus luces y sus sombras, hasta alcanzar una ordenación unita¬ria. La reforma católica se adelanta casi un siglo y en forma origi¬nal en estos Reinos españoles unidos bajo los reyes Católicos. “España […] que se había convertido en una gran potencia […] se convierte en el país del catolicismo del futuro […] pudo así convertirse en un cierto sentido en la patria espiritual de la restauración católica y de la contra-reforma” . Y esta actitud de lucha continúa bajo el nieto de los Reyes Católicos Carlos I (V como emperador): 1520-1558 frente a la herejía . Los teólogos del siglo XVI no abandonan la idea del “Orbis christianus” frente a la herejía. Según su posición general, no se puede dar ninguna coacción sobre los infieles para abrazar la fe, pero sí sobre los bautizados, para conser¬varla. Quedaba en pie un problema ante la situación en el suelo español de la población no cristiana de judíos y de moros: ¿por qué se da esa disyuntiva con-tra ellos de, o abrazar la fe o de emigrar? ¿En qué sentido el poder civil toma parte en favor de una solución radical en el asunto que lleva a la exclusión de estos grupos divergentes? ¿No fue en parte por motivos meramente seculares y civiles, con la naciente “razón de estado” de querer construir un reino unido (Estado) sin discrepancias o elementos centrífugos? ¿No estuvo esto en parte en los orígenes de la creación del tribunal de la Inquisición para examinar los falsos conversos, sea del judaísmo o del islamismo, y que más tarde se extenderá a otros divergentes religiosos, protestantes o pensadores considerados heterodoxos? ¿Protestaron los teólogos contra este tipo de coacciones? . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==5. La nación española== &lt;br /&gt;
En el contexto señalado se forja un celoso nacionalismo, traducido en el estatuto de “lim¬pieza de sangre”, una especie de “culto al honor nacional e innoble criterio de casta” . Los siglos XIV-XV españoles fueron tolerantes. Para el siglo XVI se suelen dar las siguientes estadísticas de la población española : unos 7.000.000 cristianos viejos; unos 350.000 conversos; unos 300.000 moriscos . De pronto aparece la intolerancia. ¿Por qué? La convivencia de cristianos, judíos y musulmanes en los reinos cristianos españoles durante la Edad Media, había tenido que ver con el proceso de &amp;quot;Reconquista&amp;quot; cristiana española de sus tierras invadidas, y la conquista por parte de los musulmanes, sobre todo de las tierras meridionales que ellos llaman Al Andalus (Andalucía, o “tierra de los Vándalos”, antiguos invasores de la misma de origen germánico en el s. V) y posterior ocupación del territorio por los diferentes reinos cristianos del norte de la península. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La escasa repoblación cristiana de sus nuevos territorios hace que sigan viviendo en ellos un importante número de musulmanes, tanto en zonas urbanas (aunque en barrios propios, como la morería de Zaragoza), como en zonas rurales (como siervos de señorío). El final de la Reconquista - con la toma de Granada- y la política religiosa de los Reyes Católicos, modifican la situación previa: en Granada se producen bautismos en masa, y los Reyes Católicos sólo permiten la religión cristiana en España, por lo que judíos y mudéjares han de convertirse o salir del país. En la lucha enconada contra el creciente poderío turco, se teme su alianza con el mismo y en concreto con los piratas berberiscos y turcos que atacaban las costas de la Europa cristiana. Los moriscos andaluces protagonizan  una insurrección en 1568 (la rebelión de las Alpujarras), que fue sofocada casi dos años después por don Juan de Austria, hermanastro de Felipe II. Los moriscos de esa zona fueron desterrados, hecho que aumentó la suspicacia contra ellos en otras regiones donde los moriscos eran todavía muy numerosos, como Valencia o Aragón. En 1609, con el rey Felipe III, se decretó la expulsión de los moriscos, primero de Valencia, después de los otros reinos españoles. Unos 300.000 tuvieron que abandonar España; la mayoría se dirigió al norte de África. Su marcha tuvo graves consecuencias demográficas y económicas, sobre todo en Valencia y en Aragón, afectando especialmente a la agricultura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todos los problemas señalados son complejos y de diversas interpretaciones. Los Judíos constituían una gran minoría cualificada; habían disfrutado por una parte de la protección de los reyes y por otra del odio del pueblo, debido fundamentalmente a su papel en el campo de la recolección de impuestos y al sistema de ganancias económicas con los préstamos; tal aversión será luego transferida a los falsos conversos o hebreos ocultos (marranos), algo común en otros muchos lugares de Europa y a los musulmanes pseudo-convertidos. En el caso español, ya en 1449 se había dado una explosión de odio en Toledo contra los conversos y  la puesta en marcha del llamado “estatuto de sangre” (el de “limpieza”). Casos semejantes se dieron en Córdoba, Jerez, Jaén, en el Reino de Castilla, y otros muchos semejantes en Aragón y Cataluña . Debido también a las conversiones fingidas, el “estatuto de limpieza” pretendía restarles eficacia social. Aquí están en parte, los orígenes de la Inquisición española, que fue creada en el siglo XV precisamente para aclarar y combatir las conversiones ficticias de moros y judíos . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=6. Nuevos intentos de cruzada ante la caída de Constantinopla en poder de los turcos==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El tema de la “cruzada” flotaba en el ambiente español cristiano desde hacía siglos a lo largo de la “reconquista”, cruzada llevada a cabo en casa, como algunos la han llamado; pero era también una mentalidad muy extendida en la Europa medieval. Baste pensar a los últimos intentos de cruzada contra los turcos en tiempos de Pío II (1458-1464). La urgencia de la defensa contra el avance de los turcos había empujado a los griegos a buscar ayuda en la cristiandad latina occidental, e incluso a una posible reconciliación con Roma recomponiendo la antigua división entre Oriente y Occidente. Tal fue el intento que fracasaría tras el concilio de Ferrara-Florencia (1438-1445), porque no encontró el apoyo necesario en algunos metropolitas orientales y sobre todo en buena parte de los monjes y de la gente desde siempre muy influida por ellos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Constantinopla cae bajo el dominio turco el 29 de mayo de 1453, y su basílica de Santa Sofía será convertida en mezquita después de diez siglos desde su construcción. La caída de Constantinopla causó honda impresión en el mundo cristiano occidental; y no era para menos: había sido, desde los tiempos de Constantino, el corazón del Imperio Romano Oriental o Bizantino. Ahora se convertía en Estambul, cabeza del grande Imperio Otomano, que ponía también pie en el continente europeo, revolucionando así los cuadros políticos del Occidente cristiano. Por ello se explica el impulso que algunos, sobre todo el Papa, quisieron dar lanzando una nueva “cruzada” en defensa tardía del Imperio Bizantino. Fracasarán en sus intentos los Papas Eugenio IV, Nicolás V, Calixto II y Pío II, desde 1433 a 1464, debido sobre todo a las divisiones y rivalidades entre los nacientes estados nacionales europeos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este contexto, Eugenio IV llamó al Occidente cristiano en defensa de aquel Imperio (1443). Casi nadie se movió entonces, a excepción del rey de Polonia y el de Hungría, Ladislao, que fue vencido por los turcos en Varna, junto con el legado pontificio el cardenal Cesarini (1444). En otro lugar meridional de Europa, en Albania, Jorge Castriota, conocido con el nombre de Skanderberg, resistirá a lo largo de 24 años a la invasión turca. La derrota sufrida en Varna fue el prólogo de la caída de Constantinopla. El papa Nicolás V querrá renovar la llamada a una nueva cruzada que no logra comenzar; lo intenta su sucesor, el español Calixto III (1455-58) mandando predicadores de la misma por Europa e invitando a ella a los príncipes cristianos, proponiéndose no sólo liberar Constantinopla, sino también llegar incluso a Jerusalén. También aquí vemos una primera respuesta positiva por parte de los príncipes cristianos, pero que enseguida cae en el vacío.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un ejército cristiano guidado vía tierra por Juan Hunyadi, asistido por el cardenal Carvajal y animado espiritualmente por S. Juan de Capistrano, vence en Belgrado (1456), impidiendo así a los turcos continuar avanzando hacia Viena, mientras que Skanderberg los vencerá en Taormizza (1457), y el cardenal Scarampo, guiando vía mar una escuadra, los derrota en Metelino (1457). Calixto III esperaba entonces de nuevo una respuesta positiva por parte de las potencias cristianas. Pero de nuevo la indiferencia y las rivalidades, agravadas con la muerte de Juan Hunyadi, hicieron fracasar aquellos planes. El sucesor de Calixto III, el humanista Pío II (Enea Silvio Piccolomini) (1458-1464) intentó tomar de nuevo la iniciativa; llegó a convocar una especie de congreso de las potencias europeas en Mantua (1459-1460) donde participó personalmente, pero de nuevo aquel proyecto fracasó por los mismos motivos que los anteriores. Al Papa se le ocurrió una idea totalmente utópica: mandó a Muhammad II, el conquistador de Constantinopla, una carta, espléndida en su estilo literario, en la que le invitaba a convertirse al cristianismo, prometiéndole el imperio de Oriente y de Occidente (¡!). Luego, en 1463, el mismo Papa tomó la decisión de conducir él mismo la cruzada lanzando una invitación en tal sentido al Occidente cristiano. Anciano y enfermo se pone al frente de un ejército en dirección al puerto italiano de Ancona, donde ya agotado muere (1464). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Moría así una antigua utopía y la idea misma de cruzada, que había atravesado con numerosos vaivenes  la historia medieval europea, todavía objeto de enconadas controversias historiográficas y de resentimientos. Sin embargo, en aquellos precisos momentos, y en un cuadro muy distinto en los extremos del mundo europeo, en la Península Ibérica sucedían una serie de acontecimientos, algunos de ellos muy unidos a motivos no lejanos del sentir común de la christianitas europea de la época y de los Papas: la conclusión de la Reconquista, y coincidiendo con la misma, los descubrimientos transoceánicos por parte de Portugal y de España. En el caso español encontramos ingredientes variados e híbridos, muy presentes en la vida política y popular del siglo XV. La conquista de Granada que concluye este ciclo y da comienzo a otro nuevo, la tomó el pueblo como algo suyo . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==7.  La Iglesia Española de finales del S. XV y comienzos del s. XVI== &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
7.1. Para comprender el estilo de la primera evangelización en el Continente americano. España y la Iglesia española fueron los agentes de la evangelización del Nuevo Mundo de lengua española, como en el Brasil lo será el Portugal hermano. Es preciso conocer su idiosincrasia, las potencialidades y limitaciones de su contenido católico. Ya nos hemos referido a la importancia que tenía el clero dentro de la sociedad española del tiempo y a su composición. Nos vamos a fijar en otros elementos de esta España religiosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para comprender mejor &amp;quot;el encuentro del catolicismo ibérico y las culturas americanas&amp;quot;, que &amp;quot;dio lugar a un proceso peculiar de mestizaje, que si bien tuvo aspectos conflictivos, pone de relieve las raíces católicas así como la singularidad del Continente&amp;quot; , es necesario adentrarnos más, tanto en la historia de la España de aquél entonces, como en los primeros pasos de la Iglesia en tierras americanas. El dinamismo que impulsó y que aún continua fecundando tal síntesis, que es el continente latino americano en su configuración, lo constituye la fuerza de la fe católica. Los obispos latinoamericanos escribieron en su reunión plenaria de Puebla, celebrada en 1978: &amp;quot;Con deficiencias y a pesar del pecado siempre presente, la fe de la Iglesia ha sellado el alma de América Latina, marcando su identidad histórica esencial y constituyéndose en la matriz cultural del continente, de la cual nacieron los nuevos pueblos&amp;quot; . Es esto lo que le da sentido a su ser; el encuentro con el Evangelio, con la verdad de que existe Dios Padre Bueno, que nos ha dado a su Hijo Jesucristo para salvación nuestra, bajo el aliento del Espíritu Santo, encarnado y nacido de una mujer (cf. Gal. 4, 4), la Virgen María de Nazaret .&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se tenía mucho cuidado de que las Órdenes que pasaban a América fueran todas reformadas. Serán cinco Órdenes religiosas reformadas o nuevas las protagonistas de la historia de la evangelización en el Nuevo Mundo hispano: los franciscanos, los dominicos, los agustinos y más tarde los mercedarios; a estas Órdenes religiosas antiguas, llamadas mendicantes por su origen y estilo, se sumarán pasado medio siglo los recién fundados jesuitas. Los franciscanos que llegaron a México para emprender la evangelización pertenecían a la más severa y genuina de las Observancias evangélicas. El humanismo español constituía el ambiente cultural de estos misioneros. Es conocida la influencia, por ejemplo, de Erasmo de Rotterdam ; el mismo Zumárraga había leído sus libros, como lo demuestra la carta que envió, el 2 de noviembre de 1547, a fray Francisco del Castillo, provincial de su comunidad en Burgos . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Desde este horizonte los evangelizadores trataron, desde sus posibilidades, de crear una nueva humanidad cristiana, singularmente sana y fiel. “La primera generación de misioneros en México, por ejemplo, los obispos Juan de Zumárraga y Vasco de Quiroga, se caracterizaban por el sello del humanismo contemporáneo; Zumárraga estaba influenciado por Erasmo y Quiroga por Tomás Moro. Esta actitud espiritual fue decisiva en algún modo, y precisamente también en relación con la labor misional” . La extraordinaria labor evangelizadora que realizaron los misioneros en tierras americanas, encuentra en estos altos ideales de reforma y santidad de vida, una de sus principales motivaciones. Son elementos que no podemos dejar de tomar en cuenta al momento de estudiar la labor y los métodos que usaron para lograr la conversión de los indígenas americanos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
España estaba en un momento de apogeo y expansión. Venía de concluir la guerra de reconquista contra el dominio musulmán de su suelo. Los Reyes Católicos otorgan una gran importancia a la fe y alientan con gran energía y constancia un proceso de reformas y austeras observancias que, aunque ya venía gestándose desde hacía tiempo, alcanza con ellos una sistemática propuesta de reforma cristiana. El humanismo español de finales del siglo XV y de todo el XVI es sumamente rico en realizaciones literarias y espirituales. Es un tiempo donde lo épico y lo religioso se entrelazan en un universo cultural sumamente fecundo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
7.2. Una antigua exigencia de reforma en toda la Iglesia La exigencia de reforma en la vida de la Iglesia en cuanto sociedad humana, es un fenómeno continuo en la historia de la Iglesia. En los  finales de la edad Media y comienzos de la Moderna se sentía agudamente, sobre todo en algunos ambientes. Se pedía entre otras cosas una reforma radical “in capite et in membris” (en la cabeza y en los miembros), empezando por una adecuada puesta al día de las estructuras jurídicas (centralización y reservas con los desórdenes consecuentes, fiscalismo y abusos) de la vida eclesiástica del clero alto y de la formación del bajo clero, sobre todo en relación a la atención pastoral de los fieles. La respuesta dada a esta exigencia urgente no fue siempre equilibrada y ortodoxa en muchos ambientes cristianos europeos, ni tampoco fue amplia y promovida con decidida voluntad por parte de la jerarquía de esa época, lo que causará con el tiempo la ruptura de los movimientos protestantes. En este contexto, en varios países de la cristiandad se dan discutidos movimientos de reforma desde el punto de vista de la ortodoxia católica, como los llamados “espirituales” o grupos de frailes franciscanos con ideas eclesiológicas heterodoxas, influenciadas a veces por las teorías de Joaquín de Fiore sobre la existencia de dos iglesias, una carnal y rica, y en contraposición otra espiritual, santa y evangélicamente pobre, Otros sostenedores de ideas radicales heterodoxas serán el inglés John Wicliff y luego el bohemo Jean Hus y otros que preceden en muchos puntos la futura mentalidad cristológica y eclesiológica de los reformadores protestantes, como Jakoubek, Nicolás de Dresde o Wesel Gansford (1419-1489) en Alemania. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Son comprensibles estos movimientos radicales de reforma ante la situación de una jerarquía eclesiástica con frecuencia mundana. Estas tendencias ideológicas, fomentadas también por desórdenes sociales, se agudizaban por la falta de una voluntad eficaz de reforma en muchos responsables eclesiásticos. Sin embargo, lentamente comienza a abrirse paso una mayor voluntad de reforma por parte de la jerarquía eclesiástica (Papas y Concilios) a lo largo del s. XV y comienzos del XVI. Así en el concilio de Costanza y en los concordatos que estipuló Martín V, se ve tal voluntad; éste papa eligió también cardenales óptimos y una buena bula de reforma (16.V.1425), que quedó en letra muerta; en la misma línea decretó el concilio de Basilea con medidas radicales, nunca aplicadas. Los papas siguientes emanaron varios decretos y bulas también en tal sentido, casi siempre ineficaces y raramente aplicados, quedándose en meros proyectos. La historia va adelante con vanos intentos de reforma, incluidos los del concilio ecuménico Lateranense V (1513-1517). La doctrina católica fue siempre defendida, pero las situaciones de desórdenes graves en la vida cristiana continuaron vivos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin embargo, en algunos lugares de la cristiandad occidental se empezaba lentamente un camino de reforma de la vida de la Iglesia, como lo demuestra el llamado fenómeno de la “Devotio moderna”, movimiento eclesial comenzado en los Países Bajos a finales del s. XIV y que se desarrolla a lo largo del XV dando lugar a asociaciones como “los hermanos y las hermanas de la vida común”. “Devotio moderna” significaba “servicio de Dios” con una proyección clara de cristocentrismo, una espiritualidad ascética práctica (contra la mística especulativa de los dominicos alemanes), una marcada tendencia afectiva (de raíces franciscanas, de la escuela de S. Bernardo y del teólogo francés Gerson), una interioridad y subjetivismo notables en detrimento de los contactos, también apostólicos con el mundo, y una insistencia ascética que subraya el papel responsable del fiel en la recepción de los sacramentos. El libro “La imitación de Cristo” es fruto de tal “devoción” y su probable autor, Tomás de Kempis, pertenecía a tal movimiento. Esta espiritualidad ejercitará un influjo en el siglo siguiente en muchos santos y fundadores como Ignacio de Loyola e incluso en algunos protagonistas de la reforma protestante.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
7.3. El movimiento de reforma de la vida religiosa monacal y conventual en la Iglesia. Hay otro aspecto notable en el incipiente movimiento de reforma eclesial de este periodo, y es el comienzo de la misma en el seno de algunas antiguas Órdenes religiosas, en gran parte en un lamentable estado de decadencia, si se exceptúan los Cartujos y en parte los Cistercienses. La peste negra que asoló media Europa en aquellos dos siglos (XIV y XV) había vaciado los monasterios,  que luego se habían llenado con vocaciones mediocres o por motivos que nada tenían que ver con la consagración religiosa. Por ello los nuevos religiosos o monjes vivían con frecuencia una vida disipada, en monasterios y conventos con abundantes bienes, falta de la vida común fundada en privilegios obtenidos de los papas, y con una clausura más teórica que práctica, sobre todo en el caso de las monjas, que en muchos casos provenían de la nobleza y traían consigo sus niveles de vida y privilegios y en muchas ocasiones eran obligadas por motivos sociales a entrar en los monasterios. También aquí las decisiones de Papas y Concilios sobre la reforma religiosa caían en un terreno árido. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este panorama se dan los primeros intentos de refreno religioso, cuando algunos religiosos buscan volver a las raíces carismáticas de su fundación, y se reúnen en un convento donde querían vivir claramente el espíritu de tal origen. En los comienzos, ese convento buscaba ponerse bajo las órdenes del General de la Orden por encima de su Superior Provincial. A tal convento se asociaban otros con el mismo espíritu; se formaban así las “Congregaciones” de reforma, bajo la obediencia a un Vicario con poderes amplios. Se quería llevar a cabo de esta manera la reforma de la Orden. Aquí ahondan sus raíces divisiones sucesivas entre “conventuales” y “observantes”, “calzados” o “descalzos”, etc… en varias antiguas órdenes religiosas, ya a partir de finales del s. XV y sobre todo en el s. XVI. El fenómeno se da en la mayoría de las antiguas, también en España, y tendrá consecuencias notables en la historia de los evangelizadores del Continente americano. No todas las “Congregaciones” duraron, sin embargo favorecieron la reforma, en cuanto extendieron su influjo sobre todo a través de la predicación popular ambulante.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
7.4. El movimiento de reforma de la vida religiosa monacal y conventual en la Iglesia. La historia de la reforma eclesial en España se encuadra en este movimiento. Fue conducida hasta llegar a la gente común, comenzando ya mucho antes del Concilio de Trento y llegando al mismo, que ratificó muchos aspectos que la Iglesia en España ya había puesto en marcha desde hacía tiempo. Una de sus características peculiares fue que la iniciativa vino de los Reyes Católicos, con pasos sucesivos de reforma del episcopado, del clero y del pueblo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La reforma de la vida religiosa en España se dió de manera precisa y orgánica . En el caso de los monjes comienza con la del monasterio de San Benito de Valladolid, por iniciativa del rey de Castilla Juan I (en 1389-1390), con el objetivo de que los monjes viviesen la regla benedictina de manera precisa y rígida, y con voto de clausura perpetua al modo de las Clarisas; reclutó para ello unos 15 monjes provenientes de varios monasterios que se comprometieron a seguir tal vida rígida. Luego evolucionará hacia una mayor elasticidad, pasando a finales del s. XV a constituir una “Congregación” de unos 10 monasterios (en 1524 contaba con 32), y durará en los siglos siguientes. Algo semejante ocurre con los cistercienses con la fundación o reforma de la “Congregación de S. Bernardo de Castilla”, en tiempos de los papas Martín V y Eugenio IV, por obra del monje cisterciense que provenía de los Ermitaños de San Jerónimo (Jerónimos), Martín de Vargas. Esta fundación fue duramente obstaculizada por el capítulo general de Citeaux (cistercienses) a lo largo del s. XV; en 1549 reunía 45 monasterios de los 59 españoles de la Orden. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No se observan generalmente nuevas fundaciones con nuevas Reglas en las grandes órdenes religiosas. Sin embargo en España nacen los Jerónimos (ya presentes en Italia como “Eremitas de S. Jerónimo”). Fue un canónigo de Toledo, Fernando Yáñez de Figueroa y su camarero mayor, Pedro Fernández Pecha, que comenzaron a vivir una vida eremítica, pasando luego a la cenobítica, adaptándose a la regla de S. Agustín, con la aprobación de Gregorio XI en 1373. En 1423, Lope de Olmedo quiso reformar la Orden siguiendo algunas indicaciones que sacó de los escritos de S. Jerónimo, y creó así un nuevo ramo llamado “Congregación de la Observancia de S. Jerónimo”, pero que en España tuvo un éxito muy relativo, uniéndose luego en 1567 al resto de los Jerónimos. Se mantuvieron fieles a la regla de manera bastante rígida; crecerán a lo largo de los s. XV y XVI en España fundando y agregando numerosos monasterios, entre ellos hay que señalar el de Yuste, en Extremadura, donde se retirará el emperador Carlos V, el del Escorial, fundado por Felipe II, y el Guadalupe en el célebre santuario de Extremadura.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En cuanto a las Ordenes mendicantes tuvo en España, como en otros lugares, dificultades notables de reforma, dada su organización centralizada que había favorecido en cierto modo también su decadencia. Sin embargo, tal organización luego favorecerá o pondrá obstáculos a la reforma o la apoyará tibiamente. La historia de la reforma de los mendicantes, también en España dependió en buena parte de estos factores, a parte de los apoyos de papas y reyes, característica de la misma reforma, oposición de superiores locales, intervenciones abusivas de los poderes seculares, etc.. En España la reforma nace por iniciativa autónoma en varias provincias. En Santiago en 1390, que se autonomiza en 1440 de los conventuales; en Aragón, con una tendencia de carácter eremítico y se convierte en una provincia de observancia en 1442; en Castilla, parece ser que la observancia franciscana llega de Sicilia. Todos estos conventos reformados, a partir de 1446, forman con los observantes franciscanos franceses, ingleses, belgas, alemanes norte-occidentales la “Vicaria Ultramontana”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero en España nacen también grupos “ultra-reformistas”. Un primer iniciador de esta tendencia es Pedro de Villacreces (+1422), que se proponía reproducir el ideal de la Porciúncula gobernada por S. Francisco de Asís: vida austera y contemplativa, retiro y vida eremítica dentro del convento, pobreza radical, siempre descalzos, oración prolongada, silencio total. El estudio era reducido al mínimo. El sucesor de Villacreces, Lope de Salinas, aumenta el tiempo dado al estudio teológico y moral para formar predicadores y confesores, usando pequeños manuales. Prosigue esta línea el antiguo jerónimo Juan de La Puebla (+1495) con la reforma del convento de Santa María de los Ángeles de Sevilla. De este grupo nace la reforma de Juan de Guadalupe, la observancia rigurosísima, que da mayor fuerza a la predicación y al apostolado. Estos grupos diversos de franciscanos reformados continúan difundiéndose a partir de 1517; entre ellos se encuentra el de San Pedro de Acantara, confidente de Santa Teresa de Jesús, llamados “alcantarinos” o “pascualitas-alcantarinos”. A estos grupos reformados de franciscanos pertenecen los primeros grandes misioneros franciscanos del Continente americano. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra Orden religiosa reformada en España es la de los Agustinos. La formación de la “Congregación de observancia” española tiene una propia historia. Parece ser que su primer convento fue el de “Domus Dei” de Castelví de Rosanes en Cataluña (1420), que permaneció solo y aislado en medio del conventualismo hasta 1569. La “Congregación de observancia” española surge de hecho en Castilla por obra de Juan de Alarcón (+1451 c.), que actuó bajo la protección del padre general Favaroni y tras haber conocido la fuerte renovación de la Orden en Italia. Así se crea en España una “Congregación de observancia” ya en 1438, con 4 conventos de frailes y uno de monjas. Alarcón obtuvo en aquel mismo año la bula de confirmación de parte del Papa, mientras que en los demás casos italianos las bulas llegarán decenios después. La extensión de esta reforma en España se puede deducir del hecho que en 1504-5 se decretó la unión de la “Congregación de Observancia” con la Provincia agustiniana española, que tras divisiones y tensiones, sólo se pudo actuar en 1512. Ello se debió gracias a los Reyes Católicos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La historia de la reforma de los dominicos españoles tiene características semejantes. Ya en el Capítulo general de Burgos (1413), el general de obediencia aviñonesa (nos hallamos en los tiempos del cisma de Occidente), Juan de Puinoix, trata de eliminar los defectos más salientes en la Orden con fuertes medidas disciplinares, incluida la cárcel, y de restaurar la vida común. Probablemente tuvo un gran influjo San Vicente Ferrer con su vida santa, su predicación y sus escritos (Tratado de vida espiritual). Pero la verdadera reforma hay que señalarla también aquí en el método de la fundación de  “Congregaciones de observancia”, alrededor, parece ser de Santa Catalina de Siena (+1380) y de su confesor Raimundo de Capua, maestro general de la Orden a partir del 22 de mayo de 1380. La lista de dominicos eminentes que llevan adelante la reforma de la Orden en Europa, a partir de Italia, es abundante. En España comienza en Castilla en 1423 y recibe el reconocimiento de derecho pontificio en 1478. Su desarrollo se debe a los Reyes Católicos, por lo que en 1505 se une a la Provincia dominica de aquel Reino, eliminando los conventos no reformados e introduciendo la Observancia. Una de sus características fue su expansión a partir de un convento reformado, lo que se puede señalar como un ejemplo de reforma a partir de la base. En estas “Congregaciones de observancia” se quiere volver a la experiencia primera de la Orden y se resuelve el problema de la pobreza buscando una línea media: queda la “mendicidad” como ideal, pero se corrige con otros medios de subsistencia, cuando aquella se mostraba insuficiente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El caso de la Orden de los carmelitas, sea en el s. XV como en el XVI, sigue un itinerario parecido. Se pueden enuclear varias reformas serias: dos de “Congregaciones de observancia” fuera de España ya en el s. XV (las de Mantua en Italia y de Albi en Francia), y las del s. XVI, la general de Nicolás Audet de toda la Orden (1524), y la teresiana en España, que coincide con la historia de la reforma de la gran Santa Teresa de Jesús (1515-1582), seguida por su discípulo San Juan de la Cruz (1542-1591), los dos grandes místicos y literatos incomparables en su género. En España hay otras órdenes mendicantes, que en esta misma época siguen el camino de la reforma y que tendrán también un papel importante en la evangelización americana, principalmente los Mercedarios y los Trinitarios, ambas órdenes fundadas para la redención de cautivos en manos de los musulmanes del Norte de  África. La primera de estas dos órdenes, que pasarán tempranamente a América (el capellán de Cortes fray Bartolomé de Olmedo, muerto en 1524, era un mercedario),  desarrollará un papel fundamental en la historia de la evangelización americana.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La estructura de las “Congregaciones de observancia” de los mendicantes son bastante comunes. Son ordinariamente reconocidas, algunas por documentos papales (de derecho pontificio), otras por el general de la misma Orden. No crean sistemas jurídicos nuevos, como en el caso de los monjes; introducen sólo un gobierno doble, casi completo, dentro de la misma Orden, autónomo en relación a sus provinciales locales, pero no en relación al general de la Orden. La historia de cada caso muestra con frecuencia caminos y características peculiares. Estas reformas quisieron ir a la raíz de los males y cortarlas de cuajo. Se caracterizan en general por la pobreza vivida, la austeridad, la vida común, la penitencia aflictiva, la meditación y la “lectio divina” y con ella el silencio; un monje-abad de Monserrat en Cataluña preparará un tratado y meditaciones titulado “Exercitatorio de la vida espiritual” que ejercerá un influjo notable en tal sentido en todas las Órdenes de observancia. Al contrario, el tiempo dado al estudio estaba marcado por las necesidades apostólicas más que por una necesidad intelectual en sí; puede decirse, que sobre todo en sus comienzos, hubo una reacción contra los estudios académicos, o al menos una indiferencia y desestima para la formación sacerdotal. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La razón de esta desestima, sobre todo en el mundo de los monjes de este tiempo, era el pretender una oposición entre el monje “homo devotus” y “homo spiritualis” por una parte y del “homo doctus” por otra. El problema se empezará a resolver a lo largo de los primeros decenios del s. XVI, cuando los monjes reformados comienzan a erigir también colegios universitarios, pero el desarrollo fue bastante lento. Por su parte en las Órdenes de observancia encontramos actitudes muy diversas. En el caso español los agustinos, por ejemplo, son más bien contrarios. Lo mismo sucede con otras Órdenes. El rechazo de los grados académicos se fundaba en que habían sido en su tiempo una de las causas de la decadencia religiosa. Los dominicos resuelven el problema admitiendo a los mismos a frailes de virtud probada, y combatiendo los antiguos privilegios que tenían los titulados lectores (profesores o doctores). Poco a poco todas estas Órdenes resuelven el problema instituyendo en cada provincia casas de estudios, esto a partir de mediados del s. XV; sin embargo sigue durante mucho tiempo la oposición a los grados académicos. Así los agustinos de Castilla tardan hasta 1542 en organizar los estudios humanísticos, filosóficos y teológicos, cuando el General Seripando le impone una organización de los estudios para dar una mayor formación a los frailes candidatos al sacerdocio. La solución al problema fue positiva gracias a que la Observancia religiosa se consideró el valor principal al que se debían subordinar los otros valores. Además la solución ejemplar la habían ya ofrecido las grandes figuras reformadoras, que entran doctas y santas, es decir estrictamente observantes y regulares, y que se encontraban tanto en los monjes reformados como en las Congregaciones de Observancia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuanto hemos afirmado sobre la reforma de la vida religiosa en los reinos españoles de Castilla y Aragón, se puede aplicar en parte, aunque no con la misma radical insistencia, en el reino de Portugal. Entre las reformas destaca la de los franciscanos, llamados “Capuchos” (que no se debe confundir con los Capuchinos), favorecida por Alfonso V, y cuyo centro fue Varatojo. Estos franciscanos se distinguirán también por su compromiso en la empresa evangelizadora portuguesa bajo el Padroado.&lt;br /&gt;
7.5. La reforma del episcopado en la España de los Reyes Católicos y de comienzos del s. XVI. Los Reyes Católicos, la Reina Isabel sobre todo, habían promovido una reforma del clero diocesano y regular, basados en criterios válidos, no siempre exentos de cálculos también políticos, que Fernando no siempre había aplicado. No faltarán tensiones entre Fernando (+1516), Julio II y León X sobre las provisiones episcopales, porque el rey tendía a presentar los candidatos con el sistema de la “súplica”, cuando no existía el patronato (como era el caso de Granada). Con los criterios adoptados –naturales de los reinos, honestos, de la clase “burguesa”, doctos- los reyes Católicos no solamente habían puesto en marcha una reforma, especialmente en Castilla; habían también unido los obispos a la Corona. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Carlos I (V), nieto y sucesor de los Reyes Católicos (rey 1516-1556), quiere obtener de la Sede Apostólica lo que la misma había concedido con un concordato en 1516 a Francisco I de Francia. Lo obtiene de Adriano VI (1522-1523) (que había sido su consejero y regente en Castilla durante su ausencia obligada por motivos de su elección como emperador del Sacro Imperio Romano en 1520); es decir el patronato sobre Castilla y Aragón, tras haberlo obtenido sobre Pamplona (Navarra) (4-28 de mayo de 1523) con el ius patronati et praesentandi. Con la bula “Eximiae devotionis affectus” (6.9.1523) obtiene el patronato, por lo tanto el derecho de presentar a los candidatos, a todos los obispados, abadías y otros beneficios consistoriales. Tal concesión fue revocada el 3 de abril de 1527 bajo Clemente VII (1523-1534) con el voto del Consistorio, porque había sido concedida sin el voto del Colegio cardenalicio; tras el saqueo de Roma (1527), con la bula “Etsi ea quae” en Bolonia, antes de la coronación imperial de Carlos V (el 11 de enero de 1530), confirmada por Pablo III el 7 de julio de 1536, Carlos V obtenía de nuevo el patronato y el derecho de presentación. Desde este momento en adelante, durante siglos, los nombramientos episcopales estarán en manos del Rey de España en sus Reinos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La reforma de la vida eclesiástica comenzada por los Reyes Católicos empieza por la elección al episcopado de obispos doctos y rectos. Criterios de reforma: que fueran españoles, doctos, virtuosos, llanos (no aristócratas), residentes. &amp;quot;El clero de España es el nervio de la Cristiandad&amp;quot;, habría dicho San Carlos Borromeo en los tiempos del Concilio de Trento . Los Reyes quieren que el Papa nombre obispos españoles porque debían residir en sus diócesis, de vidas íntegras; no nobles, para que no se convirtiesen en señores feudales. En su época brillaron de manera especial algunas figuras. Entre ellas destacan las figuras del jerónimo fray Hernando de Talavera (c. 1430-1507), primer arzobispo de Granada después de la Reconquista, confesor de Isabel la Católica y el tipo ideal de obispo; el arzobispo, y teólogo dominico de Salamanca, fray Diego de Deza (1443-1523), el arzobispo y cardenal franciscano fray Francisco Jiménez de Cisneros (1436-1517) . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hernando de Talavera lleva una vida santa, con la celebración diaria de la Misa, el catecismo a los niños, reunión-capítulo mensual con los párrocos, y fundación de un seminario modelo, entre otros aspectos. Diego de Deza formó parte del Consejo de Sabios que examinó las propuestas de Colón, y fue uno de los pocos que consideró las mismas como viables. De ahí nació la gran amistad y admiración que el Almirante sintió siempre por Deza. Francisco Jiménez de Cisneros, figura fundamental en la historia religiosa y política de la España de su tiempo y en los comienzos de la evangelización de América, quien reformó a su Orden franciscana de la que era provincial en medio de oposiciones y de luchas. La Reina Isabel le ayudó en estas reformas, especialmente en la de las monjas. Para formar el clero funda los llamados “collegia minora” para el estudio de las letras, y los “collegia maiora” para la filosofía y la teología. Recomienda al clero doctrina, pureza de costumbres, empeño pastoral y litúrgico. Él fue el restaurador en Toledo de la liturgia mozárabe. En el mundo de la cultura ha pasado a la historia como humanista en cuanto funda la Universidad de Alcalá (Complutum) (1508) con un claro planteamiento humanístico y moderno, que edita la Biblia poliglota complutense en 6 volúmenes. Edita también varias obras devocionales en español, como la Vida de Cristo de Ludolfo y otra obras de la “Devotio Moderna”, que prepararon el florecimiento de los grandes místicos del siglo XVI. Además renovó la enseñanza de la teología. Su metodología será indicada por el teólogo dominico Melchor Cano en su “De locis theologicis” y por los estudios jurídicos del también dominico Francisco de Vitoria en Salamanca. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era un nuevo método de estudio de la teología que superaba el bizantinismo de una escolástica decadente, y trataba las cuestiones más importantes y candentes del momento. Se quería una exposición sencilla, sobria, elegante, a partir de las fuentes (Escritura, Padres, Concilios, documentos eclesiásticos); sustituye las “Sentencias” de P. Lombardo con la “Summa theologica” de Sto. Tomás. Así se preparan los maestros de los grandes teólogos españoles que acudirán a Trento o a sus discípulos. En Alcalá estudiará una  falange de grandes figuras del humanismo español, algunos como San Juan de Ávila (c. 1499-1569), declarado doctor de la Iglesia (2012), o personalidades que ejercitarán un papel importante en la historia de la evangelización y de los derechos humanos en América, como el p. jesuita José de Acosta (1540-1600) .  Esta Universidad contará con célebres maestros, entre ellos el dominico Domingo de Soto (1494-1560) y celebres alumnos. Con algunos entablará una amistad duradera, como con Don Pedro Guerrero, futuro arzobispo de Granada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La España cultural de la época comienza a respirar con los dos pulmones culturales de las universidades de Salamanca y de Alcalá. En estas universidades asistimos a un renacimiento del humanismo renacentista, con varias corrientes que lo caracterizan: vuelta a los estudios bíblicos en Alcalá (Biblia Políglota), con referencias a una teología positiva, siguiendo las huellas de los Padres, y reformismo eclesiástico. Encontramos también en ellas corrientes humanísticas, filosóficas y teológicas de matrices diversas, como el tomismo, el escotismo, y en medida menor algunos brotes nominalistas, y el influjo de humanistas como Erasmo y Tomás Moro. En estas universidades echan sus raíces las corrientes jurídicas que las harán célebres en el campo del derecho de gentes o internacional, con figuras como los dominicos Francisco de Vitória y Domingo de Soto y otros conocidos teólogos que ejercerán un fuerte influjo en el Concilio de Trento (1545-1563). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta reforma del episcopado no encontró un camino llano y fácil. Cuando Fernando el Católico muere en 1516, el cuadro del episcopado español no era homogéneo. La mayor parte de los obispos era ciertamente digna y muy convencidos del servicio al Rey, de buena altura eclesiástica e intelectual, aunque se daban casos de obispos poco dignos, nombrados por motivos de parentesco; había cardenales que no residían en sus sedes, nombrados por razones de amistad; había también obispos nobles, nombrados gracias a su proveniencia social y algunos por ser flamencos o por intereses con aquellos territorios bajo la Corona española, a partir de Carlos V . El emperador Carlos trató de seguir los criterios establecidos por los reyes Católicos, pero no siempre los mantuvo totalmente, lo que llevó a veces a consecuencias negativas, aunque en menor medida que en otros países europeos. ¿Cuáles habían sido los criterios de los reyes Católicos, sobre todo de Isabel? Ante todo la elección de personas doctas. Carlos V escogerá fundamentalmente personas preparadas y bien formadas en colegios eclesiásticos universitarios españoles, en los “Estudios generales” de los religiosos y en las universidades italianas. En su día, el cardenal franciscano, arzobispo de Toledo y primado de España, confesor y consejero de la reina Isabel y luego regente del Reino hasta su muerte (+ 8.11.1517), optó por teólogos, preferentemente canonistas, contra la tendencia que se daba en Italia, Inglaterra y franca. Este criterio será luego seguido por el Consejo real. Por ello los obispos españoles darán una notable aportación en el concilio de Trento. La reina Isabel había querido obispos honestos y había seguido rigurosamente este criterio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fernando fue menos severo en este campo, por lo que encontramos algún caso de obispos con hijos como  Alonso de Aragón (+1520), hijo del rey Fernando, arzobispo de Zaragoza y con hijos. Por su parte Carlos V aplicó aquel mismo criterio, también porque podía disponer de sacerdotes formados en los colegios de Talavera y de González Mendoza. La extracción social de los obispos era prevalentemente de la clase media. Carlos V por su parte nombrará luego también nobles, españoles y extranjeros, por motivos de gratitud y no siempre por razones eclesiásticas. El primero de ellos fue el joven Guillermo de Croy, de 20 años, que sucedió al gran Cisneros en Toledo ; era ya obispo de Cambray y cardenal, y nunca puso los pies en España. Dio también el obispado de Valencia a Eduardo de la Marca, obispo de Lieja, porque le servía para el Imperio . Se cuentan hasta 30 provisiones suyas de este tipo de obispos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para salvar el principio de los Reyes Católicos (“obispos naturales de estos reinos”), el rey Carlos concedía “cartas de naturalización” por las que se habilitaba a estos extranjeros a ser nombrados obispos de cualquier diócesis española; y si no podía dar provisiones de obispados, les daba pensiones sobre las rentas de estas diócesis. Estas provisiones llevaron al absentismo. Los obispos españoles debían comprometerse a residir en sus diócesis para poder recibir la provisión, con una especie de pacto, como dirá un obispo español en el concilio de Trento. Pero no la exigía de los extranjeros, que a veces eran cardenales italianos de curia. La exige de los españoles residentes en Roma o en la Corte. Pero era él mismo a dificultar o a imposibilitar la residencia porque se servía de los obispos para los servicios administrativos, civiles, para la dirección del consejo real, para las Cancillerías de Valladolid y de Granada, como embajadores, etc. Así, por ejemplo, el cardenal Pedro Pacheco, primer obispo residencial de Pamplona después de 80 años, nunca estuvo ni en Jaén ni en Sigüenza, sedes a las que había sido trasferido (1545-1560), y fue también virrey de Nápoles. El inquisidor Fernando Valdés nunca residió en alguna de las diócesis para las que había sido nombrado, e incluso consideraba abstractos a los “frailes teólogos” (como Victoria) y a los predicadores, como Pablo de León, que criticaban duramente este ausentismo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por todo ello vemos que en tiempos del emperador Carlos V en sus dominios europeos, también en España hubo periodos en los que encontramos que pocos obispos residían en sus diócesis. El hecho ahondaba sus raíces en motivos de ambiciones a ser trasladados a sede más importantes, por ser más ricas, con posibilidades de ejercer influencias y tener mayores poderes; en una palabra, una mundanidad infiltrada en aquellas esferas episcopales, denunciadas con dureza por parte de figuras episcopales del calibre del agustino Santo Tomás de Villanueva (1486-1555), arzobispo de Valencia , y más tarde en el concilio de Trento por parte del obispo dominico portugués Bartolomé de Martyribus en su “Stimulus pastorum” .  A pesar de estos límites, serán los obispos españoles quiénes en Trento lucharán por la reforma del episcopado y por la residencia de los obispos en sus diócesis.&lt;br /&gt;
7.6. El clero inferior. Hacia finales del s. XV y comienzos del XVI el clero, tanto el secular como el regular, contaba como ya se ha indicado, un alto porcentaje de miembros. En el clero diocesano había un clero “medio”, al que pertenecían los canónigos de los capítulos, el de las colegiatas y los párrocos de parroquias importantes. Los canónigos como cuerpo habían sufrido el contragolpe de la acción de los reyes Católicos. Esta clase clerical pertenecía de hecho a la antigua estructura feudal, por lo que buscaron  defender su posición. Con frecuencia vivían con un tenor de vida bastante secular y garantizaban también una serie de beneficios a su parentela, por lo que con frecuencia accedían a estos cargos, más por intereses económico-sociales que por vocación a la vida clerical. Pertenecían al considerado clero bajo, la mayoría de los párrocos, de los capellanes y de los beneficiados menores. Tenían que ejercitar un oficio para poder vivir porque las rentas del beneficio no eran suficientes. Los reyes Católicos trataron reformar también a este clero, juntamente con obispos y otros prelados, buscando la promoción del sacerdote reformado ideal. En esta empresa tendrán luego un papel fundamental  muchos tratadistas teológicos, jurídicos y humanistas como Vitoria, el arzobispo de Toledo Carranza, Soto, San Juan de Ávila, fundador en su tiempo de varios colegios-seminarios para la formación del clero, ya antes de Trento , Luis de Granada y otros muchos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A la luz de cuanto descrito surge una pregunta obligada: ¿Se puede hablar en un sentido apropiado y estricto de una Iglesia “nacional” española, como se habla de la “Iglesia galicana” en Francia o de la “Iglesia anglicana” en Inglaterra? Las tendencias eclesiales centrífugas se dan en varios países de Europa y se agudizarán a partir del siglo XVI. No parece que se pueda hablar en el mismo sentido en el caso español y en el portugués. Ciertamente en España y Portugal se podría ver en sistema  del “Patronato” y del “Padroado” una expresión centrífuga. Sin lugar a dudas existe una conciencia bastante claro de la propia identidad nacional y eclesial, pero sin llegar a los límites de las concepciones de buscar la creación de una Iglesia autónoma del Papado, ni siquiera la defensa de “unas libertades eclesiales adquiridas” como sucedía en otros países europeos. La fidelidad al Romano Pontífice nunca fue puesta en duda a lo largo de esta historia ni por los Reyes ni por los obispos, juristas y teólogos españoles. Incluso el largo proceso de elaboración de la doctrina sobre el Patronato no fue ni fácil ni unánime. Se legisló sobre la exclusión del episcopado de todo extranjero, en la práctica esta regla fue con frecuencia olvidada o se encontraron salidas para evitarla. Incluso las “represalias” que tomaban los Reyes contra Roma, fueron siempre mitigadas por el realismo en las relaciones, tensiones sin ruptura, que al final se recomponían. En todo caso serán más duras en el siglo XVIII con la dinastía de los Borbones, incluso con nuevas y más radicales interpretaciones en favor de las dos Potencias católicas del Patronato o del Padroado, pero ya era una situación nueva que la Iglesia vivía en toda la antigua cristiandad europea bajo los regímenes del absolutismo ilustrado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==NOTAS:==&lt;br /&gt;
  &lt;br /&gt;
&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==BIBLIOGRAFÍA:==&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
'''FIDEL GONZÁLEZ FERNÁNDEZ'''&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.56.173</name></author>
		
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		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.173: /* E */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;El objetivo de este glosario es facilitar el acceso a una definición de los principales términos que utilizamos en Wikipedia y en otros proyectos de la Fundación Wikimedia. Si no encuentras algún término de uso específico en Wikipedia o sus proyectos, bien puedes incluirlo en la lista para que alguien lo describa o preguntarlo en la página de discusión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
__NOTOC__&lt;br /&gt;
{{Índice}}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== A ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ABAD Y QUEIPO, Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ACADEMIA DE SAN CARLOS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ACADEMIA NACIONAL DE MEDICINA DE MEXICO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ACAMAPICHTLI]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ACTOPAN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ACTOPAN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ADAME Rosales, San Román]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[AGUASCALIENTES]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[AGUILAR ALEMÁN, San Rodrigo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ALAMÁN Y ESCALADA, Lucas]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ALARCÓN Y SÁNCHEZ DE LA BARQUERA, Próspero María]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ALDAY Y ASPEE, De Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ALTAMIRANO, Basilio Ignacio Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ALVA IXTLILXÓCHITL, Fernando de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ALVARADO, Tezozómoc Fernando]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ÁLVAREZ MENDOZA, San Julio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[AMÉRICA LATINA: El Término]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ANÁHUAC]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ANTUÑANO, Esteban de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[APARICIO, Sebastián de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ÁRCIGA Y RUIZ DE CHÁVEZ, José Ignacio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARCHIVOS Y BIBLIOTECAS ECLESIASTICAS EN CHILE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARRANGOIZ Y BERZÁBAL, Francisco de Paula]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARTE PLUMARIO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARTE SACRO EN AMÉRICA Y CHILE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARTE Y PENSAMIENTO EN IBEROAMÉRICA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARTIGAS, José Gervasio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ASOCIACIÓN URUGUAYA DE EDUCACIÓN CATÓLICA  (AUDEC)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ÁVILA CAMACHO, Manuel]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[AZTECAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== B ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BANEGAS GALVÁN, Francisco]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BARROCO INDIANO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BATIS SÁINZ, San Luis]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BECERRA TANCO, Luís]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BENAVENTE (MOTOLINIA), Fray Toribio de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BETANZOS, Fray Domingo de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BETLEMITAS; Orden religiosa]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BUCARELI Y URSÚA, Antonio María de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BULAS ALEJANDRINAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== C ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CABRERA, Miguel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CACES DE BROWN, Isabel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CALENDARIO AZTECA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CALENDARIOS INDÍGENAS MEXICAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CALIFORNIA; Misiones]]'''&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
'''[[CALLES, Plutarco Elías]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CALOCA CORTÉS, San Agustín]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CALPAN, Convento de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CAMPECHE. Capital del Estado mexicano del mismo nombre]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CAÑAS COVARRUBIAS, José Domingo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CAÑAS Y CALVO, Blas]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CARRASCO y Saavedra, Bernardo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CASAL, Julio J.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CASAL Muñoz, Marynés]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CATEDRAL DE MÉXICO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CATECISMOS en México]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CATOLICISMO LIBERAL en Chile]]'''  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHALMA; Santuario del Señor de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHIAPA DE CORZO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHICHIMECA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHILE; Diócesis creadas en el siglo XX]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHILE; Financiamiento de la iglesia]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHILE; Órdenes y Congregaciones Religiosas]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHILE: SÍNODOS DIOCESANOS Y CONCILIOS PROVINCIALES]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHILE; Recepción de las encíclicas sociales]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHOLULA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHOLULA.  Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CIHUACÓATL; Deidad femenina de la mitología azteca]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CLAVIJERO, Francisco Javier]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CÓDICES precolombinos]]'''&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
'''[[COFRADÍAS EN CHILE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[COMPLEJO Tupí-Guaraní]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CONCEPCIÓN, DIÓCESIS DE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CONCILIO PLENARIO LATINOAMERICANO DE 1899]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CONQUISTA DE MÉXICO ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CORTÉS, Hernán]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CONCILIOS Y SINODOS LATINOAMERICANOS.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[COLÓN, Cristóbal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[COSÍO VILLEGAS, Daniel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CUEVAS, Mariano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CRUZ ALVARADO, San Atilano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CUAUHTÉMOC]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CUAUTITLÁN; Convento franciscano y Juan Diego Cuahutlatoatzin]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== D ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DEFENSA DEL INDÍGENA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DESCUBRIMIENTO DEL NUEVO MUNDO: Mentalidades culturales en el Mundo Europeo en la vigilia de 1492]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DEZA, Diego de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DÍAZ DEL CASTILLO, Bernal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DOCUMENTOS DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL DE CHILE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DONOSO VIVANCO, Justo Pastor]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DU ROUSIER, Ana]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== E ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[EDUCACIÓN EN AMÉRICA LATINA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ERRÁZURIZ VALDIVIESO, Crescente]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ESCUDERO ESCUDERO, Alfonso María]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ESPAÑA; la sociedad española  en la época de los descubrimientos]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ESQUEDA RAMÍREZ, San Pedro]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[EYZAGUIRRE PORTALES, José Ignacio Víctor]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== F ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FERNÁNDEZ CONCHA, Domingo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FERNÁNDEZ CONCHA, Josefa]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FERNÁNDEZ CONCHA, Rosa]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FILOSOFÍA Náhuatl]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FLORES, Ana]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FLORES GARCÍA, San Margarito]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FLOR Y CANTO DEL NACIMIENTO DEL NUEVO MÉXICO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FLORES VARELA, San José Isabel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FUEROS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== G ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GALVÁN BERMÚDEZ, San David]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GARCÍA ACOSTA, Andrés]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GARCÍA DE LA HUERTA, Tadea]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GARCÍA ICAZBALCETA Joaquín]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GILLOW Y ZAVALZA, Eulogio Gregorio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GONZÁLEZ DE MARMOLEJO, Rodrigo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GONZÁLEZ, Juan]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GREMIO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GÓMEZ DE PORTUGAL Y SOLÍS, Juan Cayetano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Acontecimiento Guadalupano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Atentado contra la Imagen]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Bibliografía general]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Descubrimientos arqueológicos en Estados Unidos]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; El Acontecimiento Guadalupano e Inculturación]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; El Santuario, su Culto y la Plaza Mariana]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Fuentes españolas]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Fuentes indígenas]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; fuentes mestizas o indo-hispanas]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Informaciones jurídicas de 1666]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; La hipótesis de imágenes en sus ojos]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; La Virgen María y Juan Diego.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Misterio de los ojos en la pintura]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; RAÍZ DEL MUNDO CATÓLICO IBEROAMERICANO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUZMÁN LECAROZ, Joseph Francisco Xavier Miguel ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUANAJUATO; Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== H ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HABSBURGO, Maximiliano de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HIDALGO  Y COSTILLA GALLAGA, Miguel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HIJAR Y MENDOZA, Martín Alonso ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HOSPITAL DEL AMOR DE DIOS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HOSPITALES Y HOSPICIOS DE LA NUEVA ESPAÑA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HUEJOTZINGO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HUITZILOPOCHTLI; Deidad Azteca]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== I ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[INDEPENDENCIAS HISPANOAMERICANAS. EL CASO DE MÉXICO.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[INDIOS pueblo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ITURBIDE, Agustín de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ITZCÓATL]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== J ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[JESUITAS (Compañia de Jesús)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[JUAN DIEGO CUAUHTLATOATZIN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[JUAN DIEGO CUAUHTLATOATZIN; Descendientes]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[JUÁREZ GARCÍA, Benito]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== K ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[KUBLER, George Alexander ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== L ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LABASTIDA Y DÁVALOS, Pelagio  Antonio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LACUNZA Y DÍAZ, Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LAICISMO en chile]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LA IGLESIA EN EL SIGLO LIBERAL LATINOAMERICANO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LAMAS, José Benito]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LARRAÍN ERRÁZURIZ, Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LARROBLA, Juan Francisco]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LAS CASAS, Fray Bartolomé de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LAS CASAS, Fray Bartolomé de; ¿anti-negro?]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LICEO de Estudios Universitarios (LEU)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LIZÁRRAGA, DE Reginaldo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LÓPEZ DE GÓMARA, Francisco]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LÓPEZ DE SANTA ANNA, Antonio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LOS ANDES, Santa Teresa de Jesús De]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== M ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MAGALLANES JARA, San Cristóbal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MALINCHE; Tenépatl (Doña Marina)]]'''&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
'''[[MALDONADO MELÉNDEZ,  San Pedro]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MANRÍQUEZ Y ZÁRATE, José de Jesús]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MEDELLÍN, Diego De]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉNDEZ MONTOYA, San Jesús]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MENDIETA, Fray Gerónimo de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MENDOZA  Y PACHECO, Antonio de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO. Cristiada]]'''&lt;br /&gt;
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'''[[México. CONSTITUCIÓN de 1917; artículos antirreligiosos.]]'''&lt;br /&gt;
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'''[[MÉXICO; Educación desde la Revolución de 1910]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO. Evangelización]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO. Planes Políticos en los siglos XIX y XX]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO. Partido Católico Nacional.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO. REFORMA, GUERRA Y LEYES DE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO; Universidades y Colegios Mayores]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MINA, Francisco Javier]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MISIONES jesuíticas en Paraguay y Río de la Plata s. XVII y XVIII]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MODUS VIVENDI en México (1929-1992)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MOLINA, Juan Ignacio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MONCAYO GARCÍA, José Pablo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MORA Y DE LA MORA, San Miguel de la]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MORISCOS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MORELIA  (Arte Virreinal)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MORELOS Y PAVÓN, José María]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MORIN, Bernarda]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MOSQUERA Y ARBOLEDA, Manuel José]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MOZÁRABE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MUDÉJARES]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MUNGUÍA Y NÚÑEZ, Clemente de Jesús]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MUJER en Uruguay]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÚSICA en Chile]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÚSICA  PREHISPÁNICA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== N ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[NAVARRETE GUERRERO, Julia]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[NEZAHUALCÓYOTL]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[NOCHE TRISTE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[NUEVA ESPAÑA; Virreinato de la]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== O ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[OCOTLÁN; Nuestra señora de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[OLMOS, Fray Andrés de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ÓRGANOS DE LA CATEDRAL DE MÉXICO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ORONA MADRIGAL, San Justino]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[OVALLE, Alonso De]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== P ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PALAFOX Y MENDOZA, Juan de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PALOMAR Y VIZCARRA, Miguel]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PÁTZCUARO;  Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PEREYRA, Gómez Carlos ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PRO, Miguel Agustín]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PUEBLA; Tercera Conferencia del CELAM (1979)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PUEBLA DE LOS  ÁNGELES;  Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PUEBLA DE LOS  ÁNGELES; Ciudad ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Q ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[QUERÉTARO, Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[QUETZALCÓATL]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[QUINTO SOL (La cosmogonía azteca)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[QUIROGA, Vasco de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== R ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[RAMOS ARIZPE, José Miguel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[REYES SALAZAR, San Sabás]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[REGULES, Dardo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[REPISO MARTÍNEZ DE ORBE, Antonio ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ROBLES HURTADO,  José María]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ROMERO, Luis Francisco ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ROMERO DE TERREROS, Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ROMO GONZÁLEZ, Santo Toribio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ROSAS, Juventino]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ROSS EDWARDS, Juana]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[RUIZ DE ALARCÓN Y MENDOZA, Juan]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== S ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SAHAGÚN, Bernardino de Fray]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SÁNCHEZ DELGADILLO, San Jenaro]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SALAS, Antonia]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SOCIEDAD MEXICANA DE HISTORIA ECLESIÁSTICA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SAN CRISTÓBAL DE LAS CASAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SAN JUAN DE ULÚA.  Castillo-Fortaleza]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SAN LUIS POTOSÍ; Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SAN MIGUEL DE ALLENDE; Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SANTUARIO NACIONAL DE LA GRUTA DE LOURDES]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SANTUARIO NACIONAL DE LA VIRGEN DEL VERDÚN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SANTUARIO POPULAR DE SAN CONO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SIGÜENZA Y GÓNGORA, Carlos]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SIERRA MÉNDEZ, Justo ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SOTO, Fray Francisco de]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SOTO, Domingo de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SUÁREZ, Sor Úrsula ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== T ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TILMA GUADALUPANA DE JUAN DIEGO CUAUHTLATOATZIN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TELPOCHCALLI]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TENOCHTITLAN; Capital del pueblo  Azteca]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TEOTIHUACÁN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TEPEYAC]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TEPEACA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TERESA DE MIER Y NORIEGA, Servando]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TEXAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TEXCOCO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TEZCATLIPOCA;  Deidad azteca]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TLAXCALTECAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TOLTECAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TONÁNTZIN (Cihuacóatl o Centeótl) ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TOTONACAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TRATATO DE ALCAZOVAS-TOLEDO ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TULPETLAC]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== U ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[UBIARCO Robles, San Tranquilino]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ULTRAMONTANISMO EN CHILE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[UNIVERSIDAD DE MÉXICO REAL Y PONTIFICIA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[UPPSALA; Mapa de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URIBE VELASCO, San David]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Los “curas constituyentes”]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Música folklórica]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Música sacra]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Piedad popular]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Oratorios rurales]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Primeras corrientes evangelizadoras]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Protestantismo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Rebeliones indígenas]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Santoral]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== V ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VALDÉS OSSA, Elisa ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VALDIVIESO, Rafael Valentín]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VALENCIA, Fray Martín de]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VALERIANO, Antonio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VAÏSSE, Emilio (Omer Emeth)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VARELA Félix; Vida y Obra]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VARELA Félix; Proceso de beatificación]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VASCONCELOS  CALDERÓN, José]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VELASCO Y RUIZ DE ALARCÓN, Luis de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VELAZQUEZ RODRÍGUEZ, Primo Feliciano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VIAJES DE JUAN PABLO II A MÉXICO]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VICUÑA LARRAÍN, Manuel ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VILLALPANDO, Cristóbal de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VILLANUEVA, Tomás de, O.S.A]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VILLARROEL, Gaspar DE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VIRUELA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VIVES SOLAR, Fernando ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== W ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== X ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Y ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[Yucatán en el Tiempo. Enciclopedia Alfabética]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Z ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ZAPATA  SALAZAR, Emiliano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ZAVALA SÁENZ, Lorenzo de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ZORRILLA DE SAN MARTÍN, Juan]]'''&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.56.173</name></author>
		
	</entry>
	<entry>
		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=DESCUBRIMIENTO_DEL_NUEVO_MUNDO:_Mentalidades_culturales_en_el_Mundo_Europeo_en_la_vigilia_de_1492&amp;diff=3329</id>
		<title>DESCUBRIMIENTO DEL NUEVO MUNDO: Mentalidades culturales en el Mundo Europeo en la vigilia de 1492</title>
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		<updated>2014-03-27T20:33:18Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.173: /* Mentalidad jurídica restrictiva en el campo religioso. */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;==DESCUBRIMIENTO DEL NUEVO MUNDO: Mentalidades culturales en el Mundo Europeo en la vigilia de 1492==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==La llamada Edad Media: un mundo en movimiento==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A lo largo de la Edad Media europea las vías comerciales hacia el Oriente inspiraron leyendas y fantasías, que fueron también alimentadas por las relaciones de los grandes viajeros de la época. Ese periodo histórico, que ya por pura convención a partir de la época renacentista, muchos escritores comenzaron a llamar «Edad Media», existe sólo convencionalmente para designar una amplísima época histórica. En la periodización de la historia que ha entrado en uso desde hace siglos, aquellos mil años de historia europea, más o menos desde el siglo V al siglo XV después de Cristo, se han sucedido épocas muy variadas e incluso en zigzag, con antinomias y contrastes muy fuertes e incluso contrapuestos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por todo ello es sumamente complejo definir de manera absoluta acontecimientos, estructuras y tendencias culturales. El hombre medieval en cuanto tal, no existe unívocamente desde el punto cultural y ni siquiera antropológico. Las transmigraciones de pueblos, los choques y los encuentros, los mestizajes étnicos y culturales de todo tipo se sucedían casi de continuo a lo largo del mapa geográfico de la Europa de entonces. Este hombre “medieval” se encontraba profundamente radicado en su ambiente original. Por ello, el “otro”, el extraño, el extranjero, el diverso, empezaba inmediatamente fuera de las fronteras de su poblado, de su ciudad, de su ambiente; y sin embargo, este hombre medieval fue adquiriendo a lo largo del tiempo un sentido profundo de universalidad que la fe cristiana que lo ha ido formando, amalgamado con las raíces culturales heredadas de la cultura helenista-romana, producía en él. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este hombre se daban dos aspectos aparentemente contradictorios: la movilidad continua (era fruto también de emigraciones de pueblos, siempre en movimiento) y la estabilidad en los lugares que ocupaba y donde se establecía. Por ello unía en sí esta estabilidad que comportaba su dedicación primordial a la agricultura, y por otra los movimientos de guerras de ocupación, comercio, peregrinaciones a lo largo de la geografía europea que comportaban inestabilidad. La misma realidad de una tierra que pronto agotaba su fecundidad debido al clima y a factores como la falta de abonos y fertilizantes, lo obligaban a moverse y a romper aquella estabilidad, si no quería perecer de agotamiento y de hambre. Este campesino debía por ello moverse periódicamente. Por ello, en la Edad Media viajan todos, en una manera o en otra: desde los emperadores, reyes y príncipes, cuyas cortes son casi siempre ambulantes, los caballeros, siempre en movimiento en busca de aventuras y de un “ganarse honor y vida”, hasta los Papas que recorrían la cristiandad moviéndose continuamente de lugar en lugar, a los espíritus religiosos inquietos, peregrinos en movimiento, eremitas, monjes y predicadores que recorrían los caminos europeos a pesar de que la Iglesia intentase continuamente dar una estabilidad a abadías y monasterios (''stabilitas loci''). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin embargo, y a pesar del “voto” de estabilidad en un determinado monasterio, el impulso y el deseo de ponerse siempre en camino caracterizará a estos monjes, frailes y monjas (como los mendicantes) que los caracterizará sobre todo a partir del siglo XIII. Viajaban sobre todo cada vez más los mercaderes (Francisco de Asís, por ejemplo, es hijo de uno de ellos, comerciante en Francia); viajaban los estudiantes que recorrían las universidades y escuelas nacientes; muchos clérigos llamados por ello “vagantes” y que serán objeto de normas disciplinares por parte de la Iglesia; viajaban muchos obispos y abades; viajaba también mucha gente perteneciente a clases sociales más bajas (soldados, peregrinos, criados…). Con las personas viajaban también las cosas, los objetos, las costumbres, las reliquias de los santos (llama la atención la cantidad de reliquias que se encuentran distribuidas en centenares de iglesias en Europa, a veces procedentes del Oriente cristiano o de lugares lejanos geográficamente del lugar donde se veneraban en relicarios y numerosas iglesias). Este viaje de reliquias (que ya databa desde los tiempos de la reina longobarda Teodolinda en tiempos de san Gregorio Magno –  finales del s. VI-) constituía también uno de los aspectos más llamativos del comercio (comercio de reliquias); viajaban también las mercancías, los libros y las ideas, las historias y las leyendas, las fábulas y las fantasías dadas como historias ciertas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se viajaba con las creaciones poéticas hasta el Paraíso Terrestre y hasta el Más Allá. Siguiendo las fuentes célticas o germánicas, las antiguas todavía conservadas del viejo mundo greco-romano, las traídas por los musulmanes se fabricaron numerosas relaciones de itinerarios fantásticos en mundos desconocidos, o en el Mundo de la Eternidad. Ya cerca de la nueva Edad Moderna, la Divina Comedia de Dante es un ejemplo de ello. Existe también una rica literatura medieval onírica, hecha de sueños y de visiones. Se crean países fantásticos, como el del “Preste Juan” en una imaginada Etiopia cristiana. Se entiende así también el tipo corriente de mucha hagiografía donde abunda este mundo imaginado de visiones, también sobrenaturales, dadas como reales. No se puede por ello olvidar, que este deseo de conocer, recorrer y entrar en mundos desconocidos empuja al hombre medieval a lanzarse hacia mundos desconocidos y prácticamente prohibidos. Es ya los comienzos de una nueva edad, la moderna, y la de los grandes viajes oceánicos y terrestres más allá de las viejas fronteras del mundo europeo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Mentalidades e ideas culturales religiosas y políticas muy generalizadas en el Mundo Europeo Occidental en la vigilia del descubrimiento del “Nuevo Mundo”.==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para entender el impacto que la entrada del llamado Nuevo Mundo en la escena del mundo occidental representó para la vieja Europa del otoño, ya prácticamente concluido, de la Edad Media Europea y comienzos de la modernidad, necesitamos ofrecer algunos datos elementales de su panorámica general, al menos para situar el estado religioso y sociopolítico, especialmente de la Península Ibérica (España y Portugal). A la luz de su cosmovisión, pueden comprenderse muchos de sus comportamientos, así como las actitudes de los primeros evangelizadores del Nuevo Mundo.&lt;br /&gt;
1) Ante todo se debe tener en cuenta la supervivencia todavía de  una situación de cristiandad en la época de los descubrimientos. Persistían todavía las expresiones del proyecto político religioso de 1a Edad Media europea occidental como:&lt;br /&gt;
	&lt;br /&gt;
1. Las del universalismo de la cristiandad con la refundición de competencias o mezcla entre la esfera sagrada y eclesial y la temporal secular, cuyas expresiones eran por una parte el papel fundamental del Papado (“Sacerdotium”) y por otra la del “Imperium Sacrum Romanum Germanum Christianum”, en antigua lucha de competencias jurídicas sobre el mismo campo de los pueblos latino-germánicos de la cristiandad occidental, todos ellos considerados plenamente cristianos.&lt;br /&gt;
	&lt;br /&gt;
2. Las funciones del emperador y del papa estaban bien encuadradas en esta mentalidad: el Emperador (y luego cada rey o príncipe en su territorio, reino o principado), era el defensor de la fe. El Papa, por su parte, era el garante de la conservación de la fe y de su difusión. Esta mentalidad que atraviesa toda la edad media se ve bien en las actuaciones y polémicas entre el “Imperium” y el “Sacerdotium” en tiempos, por ejemplo, de Gregorio VII (1073-1085), Alejandro III (1159-1181), Inocencio III (1198-1216), Bonifacio VIII (1294-1303) y todavía en tiempos sucesivos, como el conflicto entre Juan XXII (1316-1334) y el emperador Ludovico el Bávaro (1314-1347),  que fue el último gran conflicto, que cerrará la fase medieval de las relaciones entre el Imperio y la Iglesia.&lt;br /&gt;
	&lt;br /&gt;
3. La mentalidad o teoría de “''las dos espadas''”: la secular que defiende la fe de los enemigos internos o externos, y la espiritual que defiende y sostiene espiritualmente dentro de la cristiandad. La bula &amp;quot;''Unam Sanctam''&amp;quot; (1303) de Bonifacio VIII defiende estas posiciones desde el punto de vista jurídico y teológico. Su posición tenía intenciones hierocracias  y teológicas, no políticas: conservar le unidad de la fe y de la Cristiandad. Los Papas no pensaban ser señores del mundo, sino custodios de la ortodoxia de la fe y de la unidad espiritual de la Cristianitas (Hoeffner). Ello explicará en el fondo la apelación de las naciones-potencias cristianas en los conflictos internos entre ellas al Papa como árbitro para resolverlos, y las intervenciones del Pontífice romano en las mismas, como sucederá en el conflicto entre los reinos de Portugal y de Castilla [España] con la cuestión de las esferas de influencia marítima y de las tierras a explorar e imponer en ellas el propio influjo y dominio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tal fue el sentido del ''Tratado de Tordesillas'' (1494) y la intervención del papa Alejandro VI a petición de ambas Potencias. Las bulas alejandrinas de 1493 habían sido emanadas en tal circunstancia para resolver a modo de arbitraje, entre otras cosas,  el conflicto entre las dos Potencias. Ya en 1479-1480 Castilla y Portugal habían fijado por el ''Tratado de Alcaçovas-Toledo'' su esfera de acción dentro del Atlántico, quedando para Castilla las Islas Canarias y Santa Cruz de Mar Pequeña. Lo mismo harán en 1494, con el acuerdo de Tordesillas, en que los dos países establecen zonas de acción. Una bula papal ratificó uno y otro acuerdo. Los tratados, fijando delimitaciones, se habían venido firmando por las coronas peninsulares desde 1179; en cuanto a las bulas fueron documentos habituales en las exploraciones lusitanas por África, otorgando privilegios y monopolios o delimitando zonas. Por eso las bulas concedidas en el Atlántico a los portugueses son los antecedentes de las que Castilla recibe ratificando su acción descubridora, obra de Alejandro VI. Respaldaba a las bulas la teoría sobre el Papa como “''Dominus Orbis''” en el campo espiritual, teoría que algunos quisieron extender también al campo temporal. &lt;br /&gt;
	&lt;br /&gt;
En este periodo histórico se escriben y perviven muchas posiciones teológicas y jurídicas de teólogos y canonistas que sostienen la tesis sobre la hierocracia pontificia. Entre ellos se pueden  recordar algunos como: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
1) Egidio Romano (+1316), con su visión platónica y su agustinismo político, es decir, la tesis de que la plena legitimidad política se da sólo cuando es sobrenatural (''De Ecclesiastica  potestate''); &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
2) Jacobo de Viterbo (+1308) quien afirma que &amp;quot;''sin fe no hay poder absolu¬tamente verdadero. No digo que no exista en absoluto y que sea nulo o totalmente ilegítimo, sino que no es auténtico ni perfecto''&amp;quot;; &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
3) Álvaro Pelayo (+1350) (''De planctu Ecclesiae'') y Agustín de Ancona (+1328) que extreman las concepciones hierocráticas convirtiéndolas en cesarocráticas; teorías que atraviesan el siglo XIV, en los momentos más álgidos de las polémicas entre las concepciones del papel de la autoridad civil secular y la eclesiástica papal. Basta pensar a las polémicas entre Felipe el Hermoso de Francia y el Papa Bonifacio VIII, y las de Ludovico el Bávaro y el papa Juan XXII; las polémicas entre las corrientes jurídicas de los llamados “legistas” y la de los “canonistas”. Entre las posiciones sostenidas por los legistas destaca la de Marsilio de Padua con su “Defensor Pacis”;  y entre los “canonistas” los que seguían el pensamiento del canonista y luego Papa, Bonifacio VIII. Para los primeros el poder recaería totalmente en manos del Príncipe secular, también en las cuestiones eclesiásticas. Para los segundos recaería en el Papa, que sería un &amp;quot;''Dominus Orbis''&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
4) Otros autores notables de la época son Alonso de Cartagena (+1456), que interviene en la polémica cuando ya los portugueses y españoles, al final de la Reconquista  del poder musulmán, comienzan a poner pie en el norte de África o en sus costas Nord atlánticas. 5) Poco antes encontramos a otro teólogo y jurista, el notable Jehan Le Charlier, conocido como Gersón por el lugar de su nacimiento (1363-1429), canciller de la Sorbona (1395), sostenedor de un fuerte conciliarismo en los momentos más duros de la división de la cristiandad en el llamado ''cisma de Occidente'' (1378-1417), también como propuesta resolutoria de aquella división, no querida por la cristiandad y que no encontraba una vía de solución fácil. Gersón ni es un teórico de una utopía irrealizable de separación total entre las dos esferas espiritual y temporal, ni tampoco se inclina por una de las dos sostenidas por muchos contemporáneos, o por un predominio del poder espiritual (hierocracia). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
5) Mucho antes que todos ellos, ya Santo Tomás de Aquino (+1274) había sostenido la teoría de la autonomía de las dos esferas en cada uno de sus campos propios, echando las bases filosófico-teológicas de las justas relaciones entre el mundo de lo civil y el de lo eclesiástico, entre el derecho natural y el positivo, con los fundamentos filosófico-jurídicos, que sobre todo sus discípulos de la Escuela de Salamanca, desarrollarán, a partir de los comienzos del siglo XVI, cuando se comenzará a debatirse fuertemente la problemática del derecho de gentes&amp;lt;ref&amp;gt;V. Carro, ''La Teología y los Teólogos juristas españoles ante la conquista de América'', Salamanca 1951², pp. 99-169.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Por todo ello no se puede confundir el estado sobrenatural de gracia y todo lo que a él corresponde, con la virtud cardinal de la justicia y el campo que pertenece a la pura ley natural.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquí hay que apuntar varios elementos extraños que se introducen come tentación frecuente también en la historia del cristianismo. Ante todo hay que tener en cuenta un fenómeno frecuente en la mentalidad de muchos pueblos, y entre ellos el europeo medieval: la sacralización de las estructuras temporales. El ejercicio de la actividad humana recibe legitimidad constructiva por una ''cristificación y eclesialización''. No hay una diferencia o separación nítida entre las esferas naturales temporales, y las espirituales o sobrenaturales. Para el hombre cristiano medieval cuanto no es cristiano queda al margen de la ciudad humana. Por ello, en muchas mentalidades de la época, cuanto no era plenamente cristiano y ortodoxo quedaba al margen dela ciudad terrena. Ya el códice de Justiniano (s. VI) había hecho coincidir la plenitud de los derechos del ciudadano con el hecho de su pertenencia a la ortodoxia católica&amp;lt;ref&amp;gt;El Código de Justiniano (Codex Iustinianus) es una recopilación de constituciones imperiales promulgada por el emperador Justiniano, en una primera versión, el 7 de abril de 529, y en una segunda, el 17 de noviembre de 534. Este último forma parte del denominado ''Corpus Iuris Civilis''. El 16 de noviembre de 534 se promulgó el &amp;quot;segundo&amp;quot; Código de Justiniano (denominado en ocasiones Codex repetitae praelectionis), quedando derogado el anterior y prohibida su alegación. Está estructurado en 12 libros, divididos en títulos, que contienen las constituciones.&amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El llamado “edicto” o “acuerdo” de Milán de los emperadores Constantino y Licinio del 313 d.C., había reconocido el derecho a la libertad religiosa en igualdad de condiciones a todos los ciudadanos del Imperio – y por lo tanto a los cristianos, poniendo fin a las persecuciones anticristianas por motivos de pertenencia religiosa-; el reconocimiento de ese derecho fundamental para todas las personas constituye un hecho excepcional en la historia de la libertad religiosa. Años más tarde, el emperador Teodosio con el Edicto “''Cunctos populos''” del 380 había reconocido la religión católica ortodoxa como la religión oficial del Imperio (la fe cristiana católica profesada por el obispo de Roma, Dámaso, y el obispo Pedro de Alejandría, en comunión con él), que era un modo claro de excluir a los arrianos de tal reconocimiento. Justiniano convierte a la religión católica-ortodoxa, profesada por los primeros grandes Concilios, en “''religio única''” del Imperio, excluyendo así cuantos no la profesaban (herejes). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un gesto que revelaba aquella consecuencia jurídica fue la decisión de cerrar la Academia pagana de Atenas. Tal fue la mentalidad que predominó a lo largo de la edad Media occidental, hasta que en tiempos de la controversia luterana y las primeras guerras de religión, se llega a la paz de Augusta (1555) donde el emperador Carlos V se ve obligado a pactar con los príncipes luteranos, reconociendo a la par los derechos de católicos y luteranos, dando a cada Príncipe, católico o luterano, la libertad de elección de una u otra confesión en cada territorio según la conveniencia de cada Príncipe (“''cuius regio et illius et religió''”). Así el Poder Político decidía a cuál de las dos confesiones cristianas acoger y dar plena libertad de culto en el propio territorio. Casi un siglo más tarde, la Paz de Westfalia (1647) extenderá el mismo criterio dentro del Imperio también a los calvinistas. A lo largo de la historia más que milenaria de la Europa cristiana habían sido respetados los judíos, que gozaron jurídicamente de una propia libertad de culto y expresión cultural a lo largo de aquellos siglos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si una tal exclusión de ciudadanía se había extendido a los antiguos paganos y a los considerados herejes, el mismo criterio habría de ser aplicado a los “infieles”. En el mundo occidental europeo en la vigilia del “descubrimiento” de un Nuevo Mundo, en 1492, ¿quiénes eran considerados “infieles”, o “diversos”, o no cristianos? Los únicos generalmente conocidos eran los tártaros, los judíos (que, como dicho, vivían mezclados dentro de la sociedad cristiana) y los mahometanos, muchos de ellos en tierras fronterizas con los reinos cristianos y considerados, en muchos casos, como invasores de antiguas tierras cristianas, desde la Tierra Santa hasta los confines del mundo Occidental, la Hispania cristiana. Entre cristianos y musulmanes no había corrido generalmente una relación amistosa desde los tiempos de las Cruzadas. Al contrario, había predominado una relación claramente hostil y con frecuencia guerrera. En el caso hispano, en España se había vivido desde la invasión árabe-bereber del año 711 hasta precisamente el 6 de enero 1492, una historia de reconquista por parte de los reinos cristianos, que forjará un peculiar temperamento en el mundo hispano de entonces. A mediados de la Edad Media los reinos cristianos occidentales emprenden las campañas de las Cruzadas para recuperar la Tierra Santa ocupada por los musulmanes, Cruzadas que  concluirán desastrosamente, complicando aún más la historia cuando intereses bastardos se mezclaron a los ideales de sus comienzos; y muy pronto implicaron también al ya en franca decadencia, Imperio bizantino. Algunos poderes políticos y económicos de la última Cruzada intentaron también dilapidarlo en favor de los propios intereses. Los nuevos intentos de Cruzada fomentada por algunos papas, tras la invasión de los turcos otomanes y su conquista de Constantinopla (1453) de apoyar o impedir el fin de aquel vetusto Imperio “romano” de Oriente, fracasaron totalmente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Primeros intentos de circunnavegación del continente africano y nacimiento del sistema del “Padroado” portugués en los comienzos de la época moderna==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En esta panorámica ideológica y política hay que encuadrar la visión europea occidental que se comienza a difundir sobre el mundo geográfico y antropológico africano, hasta entonces totalmente al margen del mundo Mediterráneo. El Mediterráneo se había convertido desde hacía siglos en un mar hostil para el mundo cristiano de la Europa Occidental, desde que sus costas africanas se encontraban totalmente controladas por el poder islámico. El antiguo “''Mare Nostrum''” latino se había convertido en un “''Mare Hostile''”, plagado de insidias, de piratería siempre en auge. Tal piratería, a partir del siglo XVI, se organizará incluso con una especie de acuerdo consentido y aplicado con los llamados “corsarios”, sobre todo tras el dominio turco-otomano del Medio Oriente y de las costas del África mediterránea. Además el mundo cristiano occidental no conocía el África subsahariana; al máximo tenía muy vagas e imprecisas noticias de la existencia de este continente. Era considerado casi una península, prolongación del mundo asiático; y desde el punto de vista religioso como una prolongación del mundo mahometano, con poblaciones negras, a él sometidas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En algunos casos se tenían noticias vagas de la existencia de una especie de “isla”, enclave o “reino” cristiano, dentro de ese mundo, en la parte oriental, Etiopia o “el reino del preste Juan”, como muchos escritores occidentales vagamente lo llamaban. Todo era vago, impreciso e inexacto en ese conocimiento de África. Cuando los portugueses cerraron el ciclo de la reconquista en la parte de las tierras ibéricas meridionales, cerrando geográficamente las fronteras del reino de Portugal en la península ibérica, quisieron continuar aquella reconquista en las tierras del África mediterránea con la conquista de algunos enclaves en las costas mediterráneas frente a la Península ibérica como Ceuta y Melilla. Su propósito era poner una posible barrera a futuras invasiones de los bereberes musulmanes o de los aliados de los turcos. Casi de inmediato comenzaron  a ensanchar su empresa explorando las costas atlánticas africanas. Los motivos que los empujaron a ello hay que leerlos en su conjunto: se encontraban entretejidos los ya apuntados de continuación de los ideales de la “reconquista”, los políticos, y los religiosos de una voluntad explícita de difundir la fe cristiana. A estos motivos hay que añadir los comerciales. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En una Europa que se abría a una nueva época que la historiografía conoce como “la modernidad” y en la que venecianos, genoveses y otras repúblicas marineras, sobre todo italianas, buscaban mercados en el Oriente, sobre todo el de las llamadas “especies”, para responder a las exigencias de las nuevas sociedades y estados europeos en vías de formación moderna, los portugueses entraron con decidida voluntad en esta competición. Su periplo marino hacia el sur sigue de cerca las costas africanas. En tal estrategia fue determinante, también por motivos prácticos, las necesidades que les imponía la navegación misma. Ésta les obligaba a seguir las rutas cercanas a las costas, para poder apoyarse en ellas, encontrar lo necesario para su subsistencia y progreso en la navegación hacia los mares del sur. Los límites de los navíos o carabelas entonces existentes para una navegación de tan largas distancias, en mares desconocidos y peligrosos,  serán factores fundamentales para buscar nuevos instrumentos de navegación y la construcción de navíos más apropiados para cruzar los mares. Fueron así descubriendo la realidad de un continente, nuevo para el mundo europeo en sus dimensiones geográficas: África. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El rey de Portugal Juan II, mandó una expedición marítima (1486-87) al mando de Bartolomé Díaz (Bartholomeu Dias de Novaes) (c.1450-1500?), que con tres navíos llega hasta la punta meridional extrema del Continente (1487), al que llama ''Cabo de las Tormentas'', doblándola y confirmando así la posibilidad de proseguir hacia la India a través de una ruta marítima&amp;lt;ref&amp;gt;Bartolomé Díaz, que llega hasta el Cabo de Buena Esperanza en 1498, parece ser que muere durante el viaje de vuelta hacia Portugal (29.5.1500?).&amp;lt;/ref&amp;gt;. El rey portugués cambió significativamente el nombre del Cabo de las Tormentas  en Cabo de Buena Esperanza, pero todavía los portugueses emplearían algunos años en aprovechar aquel descubrimiento; sobre todo porque se esperaban los resultados de otra expedición, conducida por otro portugués, Pedro o Pêro da Covilhã (c. 1460 – entre 1526 y 1530))&amp;lt;ref&amp;gt;Había nacido en Covilhã en Beira (Portugal). Pasó de joven a Castilla y entró al servicio de Don Juan de Guzmán, hermano de Enrique de Guzmán, segundo duque de Medina Sidonia. Más tarde al estallar la guerra entre Castilla y Portugal, volvió a su patria al servicio del rey Alfonso V de Portugal y luego de su sucesor Juan II.&amp;lt;/ref&amp;gt;., junto con otro portugués, Alfonso de Paiva (que morirá en la expedición), enviados por el rey de Portugal, Juan II, a Etiopía. Seguirán la ruta mediterránea, Egipto y Adén (1487-1488) con la ayuda de algunos mercaderes judíos portugueses presentes en Egipto. En 1489-1490 llegarán a Goa y Calicut en la India. Desde 1490 a 1530 se establecerá en Etiopia, donde muere. Llega a Etiopia en el mismo año de la expedición marítima alrededor del Continente africano de Bartolomé Díaz (1497-1500)&amp;lt;ref&amp;gt;Francisco Alvarez, The Prester John of the Indies , Chapter CIV: “How Pero de Covilham, a Portuguese, is in the country of the Prester, and how came here, and why he was sent&amp;quot;, Hakluyt Society, Cambridge 1961, pp. 369–376. Francisco Álvares, era un misionero que llegó a Etiopia en 1520, y encontró a Covilhã , “''preso político''” desde su llegada, y allí morirá poco después. El viajero inglés James Bruce en Travels to Discover the Source of the Nile (1805 edition), vol. 3, p. 135, habla de estos hechos. Cf.  Chisholm, Hugh, ed. (1911): Encyclopædia Britannica (11th ed.). Cambridge University Press.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los contactos con este país se remontaban ya a los tiempos del Concilio de Florencia en 1441. Habían comenzado a través del abad del monasterio etíope en Jerusalén. El Negus (emperador) etíope Zara Yakob (1434-1468) mandará luego una embajada al Papa y al Rey de Nápoles, que ya era un aragonés, Fernando I de Aragón, el Magnánimo (rey: 1442-1458) en 1450&amp;lt;ref&amp;gt;Fuentes de las primeras décadas del s. XVI hablan de un libro que habría llegado a Etiopia desde Roma durante el reinado del Negus Zara Yakob (1434-1468), y que dicho libro habría vuelto a Roma en 1526 durante la embajada del misionero portugués Álvarez. Cf. ''Bibliotheca Missionum'' (P.U.Urbaniana), nn. 442 y 497; T. Tamrat, Church and State in Ethiopia 1270-1557, Clarendon, Oxford, 1972, p. 266.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  En 1482 una delegación de franciscanos habían visitado también Etiopia y  habían encontrado diez italianos al servicio del Negus (emperador etíope) desde hacía 25 años. Será la expedición marítima de Vasco da Gama la que circunnavegará prácticamente el continente africano, zarpa desde Lisboa el 8 de julio de 1497 con tres navíos: ''São Gabriel'' (120 t), ''São Rafael'' (100 t), bajo el mando de Nicolão Coelho, y ''Santa Fe'', mandada por su hermano Pablo da Gama, llegando a la India en 1498&amp;lt;ref&amp;gt;''Dom Vasco da Gama'', conde de Vidigueira e virrey de las Indias Orientales (Sines, 3 settembre 1469 – Cochin, 24 dicembre 1524), explorador portugués y primer europeo que navegó directamente hasta la India doblando el Cabo de Buena Esperanza.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Fue el primer explorador en la historia moderna que navegó dando la vuelta a África alejándose de las costas para aprovecharse de vientos más favorables. Acompañado por Bartolomé Díaz hasta el Cabo de Buena Esperanza pasó adelante circunnavegándolo. En noviembre pasó por las costas sudafricanas de Natal, como las llamará en memoria del Misterio de la Navidad cristiana&amp;lt;ref&amp;gt;Llegará a Mombasa  (actual Kenia) el 7.4.1498 y a Calicut (India) el 20.5.1498, siendo la primera vez que una nave europea tocaba las costas de la India, concertando algunos tratados comerciales, hostilizados por los mercaderes árabes, con el príncipe de Calicut, comienzo de la presencia portuguesa en la India. Vuelve a Lisboa el 9 de septiembre de 1499, acogido triunfalmente, y honrado con el título de “Almirante del Océano de la India”. Se llegaba así a realizar el proyecto comenzado ochenta años antes por los navegantes portugueses. El poema épico nacional portugués de Luís Vaz de Camões, Os Lusiadas, trata principalmente de los viajes de Vasco da Gama. Fue publicado en 1572 durante el renacimiento en Portugal, cuando los Autores renacentistas se inspiraban en la cultura greco-latina: Autores, como la Homero en su Odisea y Virgilio en su Eneida constituyen obras que inspiraron poéticamente a Camões. En diez cantos, subdivididos en ocho versos, Os Lusiadas trata sobre los viajes de los portugueses po “mares nunca dantes navegados”. Una de las características de la épica es la narración de episodios históricos o legendarios de héroes que poseen cualidades superiores. Cf. Aragão, Augusto Carlos Teixeira de. D. Vasco da Gama e a Villa da Vidigueira. Typographia Universal, Lisboa, 1871; Aragão, Augusto Carlos Teixeira de. Vasco da Gama e a Vidigueira: Estudo historico. Imprensa Nacional, Lisboa.&amp;lt;/ref&amp;gt;. África no era una “pequeña península” o un apéndice del mundo asiático. Tenía una entidad geográfica, humana y religiosa. Tampoco era un mundo musulmán. Estaba poblada de gentes de color, el “mundo de los negros” como enseguida se le comenzó a llamar, o la “Nigricia”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Mentalidad jurídica restrictiva en el campo religioso.== &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya ha quedado señalado como en la expansión hacia África, los europeos de entonces (en el caso específico, los portugueses en primer término), creyeron que la ''negritud'' era una prolongación del islamismo. Las conquistas portugueses de aquellos territorios se hicieron bajo el signo de la cruzada, como pasaría más tarde con los españoles y los mismos portugueses en América. Así la  ''bula Dudum cum ad nos'' (1436) de Eugenio IV al rey de Portugal Eduardo (rey: 1433-1438), solicitada por éste, lo anima a continuar la obra de su padre Juan I (rey: 1383-1433) y habla de los motivos, entre otros, de conservar y defender la fe, que llevaron Juan I a la conquista de Ceuta del poder musulmán ''(“de manibus perfidorum Sarracenorum in partibus Africae manu armata abstulerat, necnon pro recuperatione aliorum terrarum, castrorum et locorum ab ipsis infidelibus in eisdem partibus constitutorum, nostrae certi tenoris litteras, quae cruciata vulgariter nuncuparetur, consessimus, et similiter certas ínsulas Canariae, quas ab infidelibus possideri, et in quibus nullum Principem Christianum jus habere aut praetendere asserebas, tibi per alias nostras litteras dedimus in conquestam, prout in ipsis litteris latius continetur…”''&amp;lt;ref&amp;gt;Eugenio IV, Bula Dudum cum ad nos (1436), en S. Palermo SCJ (Ed.), Africa Pontificia, I,  n. 2, Roma 1993, pp. 51-52.&amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El tema será de nuevo reafirmado en las bulas de Nicolás V (1447-1455) al rey Alfonso V de Portugal, llamado ''el Africano'', (regente y luego rey:1438-1481), ''Dum diversas'' (18.6.1452) y ''Divino amore communiti'' (18.6.1452)&amp;lt;ref&amp;gt;Nicoló V, Bulas Dum diversas (18.6.1452) y ''Divino amore communiti'' (18.6.1452): en ''Africa Pontificia'', I, nn. 3 y 4, pp. 52-54.&amp;lt;/ref&amp;gt;, en las que le autoriza su empresa conquistadora en el norte de África contra los emiratos musulmanes. Las bulas siguen las teorías jurídicas sobre la autoridad del Papa, también en materia temporal, y sobre la conquista de tierras de “infieles”. Entra aquí, añadida, también a la teoría, siempre más difundida en algunos ambientes de la época sobre el tema de la servidumbre de los infieles en el sentido de que se les podía someter a perpetua servidumbre; ello da pie a querer justificar este tipo de conquistas y de sometimiento de las poblaciones “infieles” o musulmanas.  La ''Romanus Pontifex'' del 8 de enero de 1454 del mismo Nicolás V reafirma las mismas ideas de la ''Divino Amore communiti'', justificando las empresas de conquista de las tierras de “''los sarracenos y paganos y otros infieles y enemigos de Cristo, cualesquiera que sean y donde quiera que se encuentren''” y concediendo al Infante Don Enrique, el Navegante e hijo del rey Alfonso V varios privilegios con el fin de propagar la fe cristiana en las tierras descubiertas o por descubrir (arranque del ''padroado'')&amp;lt;ref&amp;gt;Nicoló V, ''Bula Romanus Pontifex'' (8.1.1454): en ''Africa Pontificia'', I, n. 5, pp. 54-57.&amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así, “infieles” (que entonces son prácticamente confundidos con los musulmanes) y  los herejes, quedaban por lo ya apuntado, fuera de todo reconocimiento jurídico en el ámbito de la ''christianitas''. Lo herejes constituían en aquella sociedad movimientos híbridos de tipo religioso que se desdoblaban en sistemas antisociales o en fenómenos anárquicos que asumían formas religiosas específicas según los lugares, como en el caso de los fenómenos de los pataros, valdenses, albigenses, y más tarde wiclefistas y husitas, por citar algunos grupos heterodoxos. Se debe añadir que, ni los reinos ibéricos (Portugal y España), ni los demás en la cristiandad europea de comienzos de la Edad Moderna, conocieron el hecho de la idolatría en el sentido bíblico del término, y que la idolatría, según ya la tradición bíblica, era considerada la más aberrante actitud religiosa que el hombre podía asumir. Será ésta una realidad con la que los europeos encontrarán en las tierras del Nuevo Mundo bajo formas variadas,y que interpretarán estrictamente en el más puro y literal sentido bíblico antiguo testamentario como una forma aberrante e intolerable de religiosidad.&amp;lt;ref&amp;gt;Es un dato importante la publicación de numerosas obras de misioneros en catecismos y en obras específicas sobre la idolatría en los dos primeros siglos de la presencia cristiana evangelizadora en América.&amp;lt;/ref&amp;gt;Dicha realidad se impondré a los recién llegados que deberán tratar el caso y asumir una actitud evangelizadora que asumirá formas radicales y contundentes en el combatirla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las formas que esa radicalidad asume son variadas; necesitan ser encuadradas en la mentalidad jurídica de la época para entenderlas. Ante todo se producen también como efecto político de la unidad de la fe, de la unidad buscada de la cristiandad (que muy pronto ella misma se encontrará dividida en su seno con interpretaciones opuestas del mismo cristianismo en tiempos de la Reforma protestante). Pero la parte católica en sus principios, y más tarde también la protestante, defenderán con ahínco, e incluso con violencia tales principios. Es el caso de la institución de la Inquisición en sus variadas formas: española y portuguesa, romana, episcopal, etc…&amp;lt;ref&amp;gt;Cf. Vacandard, ''The Inquisition (L’Inquisition''); J. Lecler, ''La libertad religiosa'', (trad. franc.) Madrid 1966; Sobre la Inquisición en España y América: J. Pérez Villanueva - B. Escandell Bonet et Alii, ''Historia de la Inquisición en España y América''. El conocimiento científico y el proceso histórico de la Institución (1478-1834), vol. I, BAC, Madrid 1984; B. Llorca, ''La inquisición en España'', Ed. Labor, Madrid- Buenos Aires- Rio de Janeiro 1936; F. Pappalardo, ''Lo &amp;quot;scandalo dell'Inquisizione&amp;quot;. Tra realtà storica e leggenda storiografica, en Processi alla Chiesa. Mistificazione e apologia'', a cura di Franco Cardini, PIEMME, Casale Monferrato 1994, 329-352.&amp;lt;/ref&amp;gt;. En el caso protestante va también estudiada en tal contexto la intolerancia religiosa como en la Inglaterra anglicana, en los principados protestantes del luteranismo germánico y en el calvinismo en sus dominios confesionales y políticos, ya a partir de Calvino en Ginebra. Esta intolerancia dará origen en Europa a las penosas y largas guerras de religión, como en Francia, Holanda e Inglaterra, y sobre todo la larga “''guerra de los Treinta años''” que en el siglo XVII asolaría media Europa central. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hay que recordar sus raíces y sus consecuencias desastrosas: en los Países Bajos (1560-1579); en Francia (Hugonotes-calvinistas y católicos) (1562-1594): Edicto de Nantes (1598); la guerra de los Treinta años (1618-1648): Paz de Westfalia (1648). Las consecuencias jurídicas: en DSR 50, 230, 235, 519,  627, 1146): a) La paz de Augusta (1555): libertad de culto para los luteranos, pero no para los calvinistas, b) Guerra de los Treinta años (1618-1648) con 4 fases con vicisitudes de victorias y de derrotas alternas y   donde se encontraron empeñados todos los poderes políticos europeos, concluyéndose  con la victoria práctica de las Potencias protestantes, la de Francia como potencia emergente, y la derrota diplomática del Imperio de los Habsburgo  que representaban teóricamente los intereses de los católicos en el centro de Europa; c) la paz de Westfalia (1648) sanciona la nueva situación europea, se traza un nuevo mapa político; se reconoce a los protestantes, incluidos los calvinistas, la igualdad de derechos en el campo religioso (no a otros protestantes o confesiones religiosas disidentes) en los diversos territorios; se establece un criterio en las relaciones políticas entre los Estados, la del “equilibrio”, que determinará el establecimiento de tratados y de paces (siempre efímeras en los siglos siguientes) entre los Estados europeos soberanos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Además esta fecha señala el final definitivo del sistema político medieval, fundado sobre la autoridad  imperial en el conjunto civil de la ''Christianitas'' y la del Papa en el campo espiritual en la misma. Después de Westfalia, el Papado se verá excluido durante muchos tiempo en los congresos de carácter civil-político internacionales&amp;lt;ref&amp;gt;Cf. Las guerras de religión: DSR 50, 847,1062, 627, 1146, 521, 537; G. Martina, ''Storia della Chiesa'', vol. 2,  Morcelliana, Brescia, 1994, pp. 155-208. &amp;lt;/ref&amp;gt;. La violencia religiosa partió de los intereses políticos en juego, que con frecuencia instrumentalizaron a su provecho la cuestión religiosa. Típico de tal mentalidad fue el nacimiento y la praxis ya recordada del “''cuius regio et illius et religio''” que se impone políticamente tras la Paz de Augusta de 1555. El Príncipe político (= el Estado, cada vez más autárquico) es de hecho un “summus pontifex” secularizado, fuente indiscutible de moralidad al servicio del Estado. Se trata de una vuelta práctica a la antigua concepción autárquica del Estado, vigente durante el Imperio romano como punto último y referencial de toda actividad religiosa, donde el derecho a la libertad de conciencia debe ceder ante los intereses del Estado. Todo Estado tiene un códice de derechos en materia eclesiástica al que corresponden una serie de instituciones para salvaguardarlos y tutelarlos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquí entra la temática del “derecho divino de los reyes”. Jacobo I de Inglaterra, en ''Prefazione ammonitrice'', escribía a comienzos del s. XVII: &amp;quot;''los Reyes como los Papas reciben su poder inmediatamente de Dios''&amp;quot;. Este principio será asumido por los variados poderes absolutos monárquicos de entonces; más adelante, totalmente secularizado, su ideología o concepción será asumida por las concepciones inmanentistas de todos los totalitarismos estatales. El absolutismo de Estado frente a la Iglesia ejercita sus pretendidos poderes, “''ius circa sacra''”, con los siguientes pretendidos derechos: ius inspectionis en la administración eclesiástica; ius cavendi de las acciones eclesiásticas; ''ius protectionis'' (dirección) de la Iglesia; ''ius reformandi'' de los abusos de la Iglesia. Usa de los siguientes medios o instrumentos jurídicos para actual tal política: el &amp;quot;''regium placet''&amp;quot;, el &amp;quot;''exequatur''&amp;quot;, la &amp;quot;''appellatio ex abusu''&amp;quot;, el &amp;quot;''ius excludendi''&amp;quot; (los prelados no gratos), y la &amp;quot;a''mortisatio''&amp;quot; (sobre los bienes eclesiásticos: desamortización). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En base a estos principios, el absolutismo intenta legislar  sobre las Órdenes religiosas, suprimiendo las menos dóciles a sus intenciones, incautó los bienes eclesiásticos, intentó instilar sus teorías en las universidades, en la enseñanza y en los mismos seminarios eclesiásticos a la hora de enseñar el derecho civil y eclesiástico. Estas posiciones serán aplicadas continuamente en la edad moderna y, desde los tiempos de la Revolución Francesa, serán radicalmente aplicadas por los sistemas políticos que se imponen en el mundo occidental primero y luego en el resto del mundo (regímenes liberales y totalitarios contemporáneos)&amp;lt;ref&amp;gt;La disociación entre la unidad religiosa y la unidad política se desarrolla teóricamente, sobre todo con el llamado iusnaturalismo. Se suelen citar autores protestantes alemanes y holandeses, sobre todo calvinistas, bajo tal perspectiva como: Samuel Pufendorf (1632-1694); Christian Thomas (Thomasius: 1655-1728); Hug van Groot (Ugo Grozio: 1583-1645). Y a partir de presupuestos prevalentemente filosóficos autores como:  Spinoza, Roger Williams [un pastor protestante emigrado a las colonias anglosajonas de Norteamérica] (''The Bloudy Tenet of Persecution for Cause of Conscience, London 1644''), Locke (''Epistula de tolerantia'', escrita en 1685: año de la abolición del edicto de Nantes (que revocaba la libertad dada a los hugonotes franceses en tiempos del rey Enrique IV de Borbón (13.5.1598); la obra fue publicada en inglés y en latín en 1689).&amp;lt;/ref&amp;gt;. ¿Cómo reaccionaron los Papas y una buena parte del pensamiento jurídico y teológico católico ante estas posiciones? Sobre todo, ya en el s. XVII, desde los tiempos de Westfalia, los Papas, como Inocencio X (1644-1655) ante la paz de Westfalia (1648)&amp;lt;ref&amp;gt;La Santa Sede rechaza las cláusulas religiosas y los términos prácticos de la paz de Westfalia. El nuncio de entonces ante el Imperio, Chigi – futuro Alejandro VII –, intenta en vano intervenir en el asunto. El papa Inocencio X protesta con la bula Zelo domus Dei (20.11.1648); cfr. en S. Z. Ehler – J. B. Morrall, ''Chiesa e Stato'' attraverso i secoli, Ed. Vita e Pensiero, Milano, 1958, pp. 222-232: el contenido de las clausulas religiosas de dicho Tratado.&amp;lt;/ref&amp;gt;, Inocencio XI (1676-1689) frente a las posiciones de Luís XIV de Francia en su política eclesiástica (galicanismo político), defendieron la independencia de la Iglesia en su propia esfera. Más tarde, en el siglo XVIII, después de la guerra de sucesión española (1700-1714) que cambió de nuevo el mapa del equilibrio europeo, y sobre todo en tiempos de Benedicto XIV (1740-1758), la Santa Sede intenta la vía de los concordatos con los Estados, sistema que perdura hasta nuestros días. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una parte consistente de teólogos y juristas católicos, sobre todo vinculados a las posiciones de Tomás de Aquino y de los grandes juristas de la Escuela de Salamanca del siglo XVI, así como otros pertenecientes a la Compañía de Jesús, como Roberto Belarmino y Francisco Suárez, entre otros, negaron la teoría del “''poder divino de los reyes''” y con ello la trasmisión directa del poder político a una persona por Dios. Suárez propone una tesis en la que opone al absolutismo las justas exigencias democráticas: en la transmisión del poder político soberano es necesario la intervención de la sociedad: en el campo político el poder viene de Dios a través del pueblo. No hay que confundir el origen del poder político con su ejercicio. Según la idea de Tomás de Aquino y de sus seguidores de escuela, el bien común tiene que culminar en la sociedad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Suárez, como otros pensadores de la Escuela jurídica de Victoria, ya en el siglo XVI y otros en el mismo sentido en el XVII, sostiene incluso el derecho de una sociedad política a defenderse con la revuelta, si el príncipe (el poder político en ejercicio) viola el pacto establecido entre la sociedad y dicho poder en ejercicio (el príncipe) por el que  el poder le fue transmitido. El ejercicio del poder por ello se encuentra subordinado al consentimiento de los derechos fundamentales del pueblo. Como se puede observar estas posiciones preceden cronológica y ampliamente la elaboración de los derechos fundamentales proclamados a lo largo del s. XVIII por varios pensadores de la ilustración. Por ello también en el s. XVII los absolutismos políticos y los regalismos en sus diversas formas, combaten con determinación a los sostenedores de estas posiciones de derecho político, y a sus sostenedores, que con frecuencia pertenecían a la Compañía de Jesús, y  tampoco pueden excluirse de los motivos que empujaron a los gobiernos ilustrados de la época a su supresión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==NOTAS:==&lt;br /&gt;
  &lt;br /&gt;
&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==BIBLIOGRAFÍA:==&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''FIDEL GONZÁLEZ FERNÁNDEZ'''&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.56.173</name></author>
		
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		<title>DESCUBRIMIENTO DEL NUEVO MUNDO: Mentalidades culturales en el Mundo Europeo en la vigilia de 1492</title>
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		<updated>2014-03-27T20:16:14Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.173: /* Primeros intentos de circunnavegación del continente africano y nacimiento del sistema del “Padroado” portugués en los comienzos de la época moderna */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;==DESCUBRIMIENTO DEL NUEVO MUNDO: Mentalidades culturales en el Mundo Europeo en la vigilia de 1492==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==La llamada Edad Media: un mundo en movimiento==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A lo largo de la Edad Media europea las vías comerciales hacia el Oriente inspiraron leyendas y fantasías, que fueron también alimentadas por las relaciones de los grandes viajeros de la época. Ese periodo histórico, que ya por pura convención a partir de la época renacentista, muchos escritores comenzaron a llamar «Edad Media», existe sólo convencionalmente para designar una amplísima época histórica. En la periodización de la historia que ha entrado en uso desde hace siglos, aquellos mil años de historia europea, más o menos desde el siglo V al siglo XV después de Cristo, se han sucedido épocas muy variadas e incluso en zigzag, con antinomias y contrastes muy fuertes e incluso contrapuestos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por todo ello es sumamente complejo definir de manera absoluta acontecimientos, estructuras y tendencias culturales. El hombre medieval en cuanto tal, no existe unívocamente desde el punto cultural y ni siquiera antropológico. Las transmigraciones de pueblos, los choques y los encuentros, los mestizajes étnicos y culturales de todo tipo se sucedían casi de continuo a lo largo del mapa geográfico de la Europa de entonces. Este hombre “medieval” se encontraba profundamente radicado en su ambiente original. Por ello, el “otro”, el extraño, el extranjero, el diverso, empezaba inmediatamente fuera de las fronteras de su poblado, de su ciudad, de su ambiente; y sin embargo, este hombre medieval fue adquiriendo a lo largo del tiempo un sentido profundo de universalidad que la fe cristiana que lo ha ido formando, amalgamado con las raíces culturales heredadas de la cultura helenista-romana, producía en él. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este hombre se daban dos aspectos aparentemente contradictorios: la movilidad continua (era fruto también de emigraciones de pueblos, siempre en movimiento) y la estabilidad en los lugares que ocupaba y donde se establecía. Por ello unía en sí esta estabilidad que comportaba su dedicación primordial a la agricultura, y por otra los movimientos de guerras de ocupación, comercio, peregrinaciones a lo largo de la geografía europea que comportaban inestabilidad. La misma realidad de una tierra que pronto agotaba su fecundidad debido al clima y a factores como la falta de abonos y fertilizantes, lo obligaban a moverse y a romper aquella estabilidad, si no quería perecer de agotamiento y de hambre. Este campesino debía por ello moverse periódicamente. Por ello, en la Edad Media viajan todos, en una manera o en otra: desde los emperadores, reyes y príncipes, cuyas cortes son casi siempre ambulantes, los caballeros, siempre en movimiento en busca de aventuras y de un “ganarse honor y vida”, hasta los Papas que recorrían la cristiandad moviéndose continuamente de lugar en lugar, a los espíritus religiosos inquietos, peregrinos en movimiento, eremitas, monjes y predicadores que recorrían los caminos europeos a pesar de que la Iglesia intentase continuamente dar una estabilidad a abadías y monasterios (''stabilitas loci''). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin embargo, y a pesar del “voto” de estabilidad en un determinado monasterio, el impulso y el deseo de ponerse siempre en camino caracterizará a estos monjes, frailes y monjas (como los mendicantes) que los caracterizará sobre todo a partir del siglo XIII. Viajaban sobre todo cada vez más los mercaderes (Francisco de Asís, por ejemplo, es hijo de uno de ellos, comerciante en Francia); viajaban los estudiantes que recorrían las universidades y escuelas nacientes; muchos clérigos llamados por ello “vagantes” y que serán objeto de normas disciplinares por parte de la Iglesia; viajaban muchos obispos y abades; viajaba también mucha gente perteneciente a clases sociales más bajas (soldados, peregrinos, criados…). Con las personas viajaban también las cosas, los objetos, las costumbres, las reliquias de los santos (llama la atención la cantidad de reliquias que se encuentran distribuidas en centenares de iglesias en Europa, a veces procedentes del Oriente cristiano o de lugares lejanos geográficamente del lugar donde se veneraban en relicarios y numerosas iglesias). Este viaje de reliquias (que ya databa desde los tiempos de la reina longobarda Teodolinda en tiempos de san Gregorio Magno –  finales del s. VI-) constituía también uno de los aspectos más llamativos del comercio (comercio de reliquias); viajaban también las mercancías, los libros y las ideas, las historias y las leyendas, las fábulas y las fantasías dadas como historias ciertas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se viajaba con las creaciones poéticas hasta el Paraíso Terrestre y hasta el Más Allá. Siguiendo las fuentes célticas o germánicas, las antiguas todavía conservadas del viejo mundo greco-romano, las traídas por los musulmanes se fabricaron numerosas relaciones de itinerarios fantásticos en mundos desconocidos, o en el Mundo de la Eternidad. Ya cerca de la nueva Edad Moderna, la Divina Comedia de Dante es un ejemplo de ello. Existe también una rica literatura medieval onírica, hecha de sueños y de visiones. Se crean países fantásticos, como el del “Preste Juan” en una imaginada Etiopia cristiana. Se entiende así también el tipo corriente de mucha hagiografía donde abunda este mundo imaginado de visiones, también sobrenaturales, dadas como reales. No se puede por ello olvidar, que este deseo de conocer, recorrer y entrar en mundos desconocidos empuja al hombre medieval a lanzarse hacia mundos desconocidos y prácticamente prohibidos. Es ya los comienzos de una nueva edad, la moderna, y la de los grandes viajes oceánicos y terrestres más allá de las viejas fronteras del mundo europeo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Mentalidades e ideas culturales religiosas y políticas muy generalizadas en el Mundo Europeo Occidental en la vigilia del descubrimiento del “Nuevo Mundo”.==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para entender el impacto que la entrada del llamado Nuevo Mundo en la escena del mundo occidental representó para la vieja Europa del otoño, ya prácticamente concluido, de la Edad Media Europea y comienzos de la modernidad, necesitamos ofrecer algunos datos elementales de su panorámica general, al menos para situar el estado religioso y sociopolítico, especialmente de la Península Ibérica (España y Portugal). A la luz de su cosmovisión, pueden comprenderse muchos de sus comportamientos, así como las actitudes de los primeros evangelizadores del Nuevo Mundo.&lt;br /&gt;
1) Ante todo se debe tener en cuenta la supervivencia todavía de  una situación de cristiandad en la época de los descubrimientos. Persistían todavía las expresiones del proyecto político religioso de 1a Edad Media europea occidental como:&lt;br /&gt;
	&lt;br /&gt;
1. Las del universalismo de la cristiandad con la refundición de competencias o mezcla entre la esfera sagrada y eclesial y la temporal secular, cuyas expresiones eran por una parte el papel fundamental del Papado (“Sacerdotium”) y por otra la del “Imperium Sacrum Romanum Germanum Christianum”, en antigua lucha de competencias jurídicas sobre el mismo campo de los pueblos latino-germánicos de la cristiandad occidental, todos ellos considerados plenamente cristianos.&lt;br /&gt;
	&lt;br /&gt;
2. Las funciones del emperador y del papa estaban bien encuadradas en esta mentalidad: el Emperador (y luego cada rey o príncipe en su territorio, reino o principado), era el defensor de la fe. El Papa, por su parte, era el garante de la conservación de la fe y de su difusión. Esta mentalidad que atraviesa toda la edad media se ve bien en las actuaciones y polémicas entre el “Imperium” y el “Sacerdotium” en tiempos, por ejemplo, de Gregorio VII (1073-1085), Alejandro III (1159-1181), Inocencio III (1198-1216), Bonifacio VIII (1294-1303) y todavía en tiempos sucesivos, como el conflicto entre Juan XXII (1316-1334) y el emperador Ludovico el Bávaro (1314-1347),  que fue el último gran conflicto, que cerrará la fase medieval de las relaciones entre el Imperio y la Iglesia.&lt;br /&gt;
	&lt;br /&gt;
3. La mentalidad o teoría de “''las dos espadas''”: la secular que defiende la fe de los enemigos internos o externos, y la espiritual que defiende y sostiene espiritualmente dentro de la cristiandad. La bula &amp;quot;''Unam Sanctam''&amp;quot; (1303) de Bonifacio VIII defiende estas posiciones desde el punto de vista jurídico y teológico. Su posición tenía intenciones hierocracias  y teológicas, no políticas: conservar le unidad de la fe y de la Cristiandad. Los Papas no pensaban ser señores del mundo, sino custodios de la ortodoxia de la fe y de la unidad espiritual de la Cristianitas (Hoeffner). Ello explicará en el fondo la apelación de las naciones-potencias cristianas en los conflictos internos entre ellas al Papa como árbitro para resolverlos, y las intervenciones del Pontífice romano en las mismas, como sucederá en el conflicto entre los reinos de Portugal y de Castilla [España] con la cuestión de las esferas de influencia marítima y de las tierras a explorar e imponer en ellas el propio influjo y dominio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tal fue el sentido del ''Tratado de Tordesillas'' (1494) y la intervención del papa Alejandro VI a petición de ambas Potencias. Las bulas alejandrinas de 1493 habían sido emanadas en tal circunstancia para resolver a modo de arbitraje, entre otras cosas,  el conflicto entre las dos Potencias. Ya en 1479-1480 Castilla y Portugal habían fijado por el ''Tratado de Alcaçovas-Toledo'' su esfera de acción dentro del Atlántico, quedando para Castilla las Islas Canarias y Santa Cruz de Mar Pequeña. Lo mismo harán en 1494, con el acuerdo de Tordesillas, en que los dos países establecen zonas de acción. Una bula papal ratificó uno y otro acuerdo. Los tratados, fijando delimitaciones, se habían venido firmando por las coronas peninsulares desde 1179; en cuanto a las bulas fueron documentos habituales en las exploraciones lusitanas por África, otorgando privilegios y monopolios o delimitando zonas. Por eso las bulas concedidas en el Atlántico a los portugueses son los antecedentes de las que Castilla recibe ratificando su acción descubridora, obra de Alejandro VI. Respaldaba a las bulas la teoría sobre el Papa como “''Dominus Orbis''” en el campo espiritual, teoría que algunos quisieron extender también al campo temporal. &lt;br /&gt;
	&lt;br /&gt;
En este periodo histórico se escriben y perviven muchas posiciones teológicas y jurídicas de teólogos y canonistas que sostienen la tesis sobre la hierocracia pontificia. Entre ellos se pueden  recordar algunos como: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
1) Egidio Romano (+1316), con su visión platónica y su agustinismo político, es decir, la tesis de que la plena legitimidad política se da sólo cuando es sobrenatural (''De Ecclesiastica  potestate''); &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
2) Jacobo de Viterbo (+1308) quien afirma que &amp;quot;''sin fe no hay poder absolu¬tamente verdadero. No digo que no exista en absoluto y que sea nulo o totalmente ilegítimo, sino que no es auténtico ni perfecto''&amp;quot;; &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
3) Álvaro Pelayo (+1350) (''De planctu Ecclesiae'') y Agustín de Ancona (+1328) que extreman las concepciones hierocráticas convirtiéndolas en cesarocráticas; teorías que atraviesan el siglo XIV, en los momentos más álgidos de las polémicas entre las concepciones del papel de la autoridad civil secular y la eclesiástica papal. Basta pensar a las polémicas entre Felipe el Hermoso de Francia y el Papa Bonifacio VIII, y las de Ludovico el Bávaro y el papa Juan XXII; las polémicas entre las corrientes jurídicas de los llamados “legistas” y la de los “canonistas”. Entre las posiciones sostenidas por los legistas destaca la de Marsilio de Padua con su “Defensor Pacis”;  y entre los “canonistas” los que seguían el pensamiento del canonista y luego Papa, Bonifacio VIII. Para los primeros el poder recaería totalmente en manos del Príncipe secular, también en las cuestiones eclesiásticas. Para los segundos recaería en el Papa, que sería un &amp;quot;''Dominus Orbis''&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
4) Otros autores notables de la época son Alonso de Cartagena (+1456), que interviene en la polémica cuando ya los portugueses y españoles, al final de la Reconquista  del poder musulmán, comienzan a poner pie en el norte de África o en sus costas Nord atlánticas. 5) Poco antes encontramos a otro teólogo y jurista, el notable Jehan Le Charlier, conocido como Gersón por el lugar de su nacimiento (1363-1429), canciller de la Sorbona (1395), sostenedor de un fuerte conciliarismo en los momentos más duros de la división de la cristiandad en el llamado ''cisma de Occidente'' (1378-1417), también como propuesta resolutoria de aquella división, no querida por la cristiandad y que no encontraba una vía de solución fácil. Gersón ni es un teórico de una utopía irrealizable de separación total entre las dos esferas espiritual y temporal, ni tampoco se inclina por una de las dos sostenidas por muchos contemporáneos, o por un predominio del poder espiritual (hierocracia). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
5) Mucho antes que todos ellos, ya Santo Tomás de Aquino (+1274) había sostenido la teoría de la autonomía de las dos esferas en cada uno de sus campos propios, echando las bases filosófico-teológicas de las justas relaciones entre el mundo de lo civil y el de lo eclesiástico, entre el derecho natural y el positivo, con los fundamentos filosófico-jurídicos, que sobre todo sus discípulos de la Escuela de Salamanca, desarrollarán, a partir de los comienzos del siglo XVI, cuando se comenzará a debatirse fuertemente la problemática del derecho de gentes&amp;lt;ref&amp;gt;V. Carro, ''La Teología y los Teólogos juristas españoles ante la conquista de América'', Salamanca 1951², pp. 99-169.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Por todo ello no se puede confundir el estado sobrenatural de gracia y todo lo que a él corresponde, con la virtud cardinal de la justicia y el campo que pertenece a la pura ley natural.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquí hay que apuntar varios elementos extraños que se introducen come tentación frecuente también en la historia del cristianismo. Ante todo hay que tener en cuenta un fenómeno frecuente en la mentalidad de muchos pueblos, y entre ellos el europeo medieval: la sacralización de las estructuras temporales. El ejercicio de la actividad humana recibe legitimidad constructiva por una ''cristificación y eclesialización''. No hay una diferencia o separación nítida entre las esferas naturales temporales, y las espirituales o sobrenaturales. Para el hombre cristiano medieval cuanto no es cristiano queda al margen de la ciudad humana. Por ello, en muchas mentalidades de la época, cuanto no era plenamente cristiano y ortodoxo quedaba al margen dela ciudad terrena. Ya el códice de Justiniano (s. VI) había hecho coincidir la plenitud de los derechos del ciudadano con el hecho de su pertenencia a la ortodoxia católica&amp;lt;ref&amp;gt;El Código de Justiniano (Codex Iustinianus) es una recopilación de constituciones imperiales promulgada por el emperador Justiniano, en una primera versión, el 7 de abril de 529, y en una segunda, el 17 de noviembre de 534. Este último forma parte del denominado ''Corpus Iuris Civilis''. El 16 de noviembre de 534 se promulgó el &amp;quot;segundo&amp;quot; Código de Justiniano (denominado en ocasiones Codex repetitae praelectionis), quedando derogado el anterior y prohibida su alegación. Está estructurado en 12 libros, divididos en títulos, que contienen las constituciones.&amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El llamado “edicto” o “acuerdo” de Milán de los emperadores Constantino y Licinio del 313 d.C., había reconocido el derecho a la libertad religiosa en igualdad de condiciones a todos los ciudadanos del Imperio – y por lo tanto a los cristianos, poniendo fin a las persecuciones anticristianas por motivos de pertenencia religiosa-; el reconocimiento de ese derecho fundamental para todas las personas constituye un hecho excepcional en la historia de la libertad religiosa. Años más tarde, el emperador Teodosio con el Edicto “''Cunctos populos''” del 380 había reconocido la religión católica ortodoxa como la religión oficial del Imperio (la fe cristiana católica profesada por el obispo de Roma, Dámaso, y el obispo Pedro de Alejandría, en comunión con él), que era un modo claro de excluir a los arrianos de tal reconocimiento. Justiniano convierte a la religión católica-ortodoxa, profesada por los primeros grandes Concilios, en “''religio única''” del Imperio, excluyendo así cuantos no la profesaban (herejes). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un gesto que revelaba aquella consecuencia jurídica fue la decisión de cerrar la Academia pagana de Atenas. Tal fue la mentalidad que predominó a lo largo de la edad Media occidental, hasta que en tiempos de la controversia luterana y las primeras guerras de religión, se llega a la paz de Augusta (1555) donde el emperador Carlos V se ve obligado a pactar con los príncipes luteranos, reconociendo a la par los derechos de católicos y luteranos, dando a cada Príncipe, católico o luterano, la libertad de elección de una u otra confesión en cada territorio según la conveniencia de cada Príncipe (“''cuius regio et illius et religió''”). Así el Poder Político decidía a cuál de las dos confesiones cristianas acoger y dar plena libertad de culto en el propio territorio. Casi un siglo más tarde, la Paz de Westfalia (1647) extenderá el mismo criterio dentro del Imperio también a los calvinistas. A lo largo de la historia más que milenaria de la Europa cristiana habían sido respetados los judíos, que gozaron jurídicamente de una propia libertad de culto y expresión cultural a lo largo de aquellos siglos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si una tal exclusión de ciudadanía se había extendido a los antiguos paganos y a los considerados herejes, el mismo criterio habría de ser aplicado a los “infieles”. En el mundo occidental europeo en la vigilia del “descubrimiento” de un Nuevo Mundo, en 1492, ¿quiénes eran considerados “infieles”, o “diversos”, o no cristianos? Los únicos generalmente conocidos eran los tártaros, los judíos (que, como dicho, vivían mezclados dentro de la sociedad cristiana) y los mahometanos, muchos de ellos en tierras fronterizas con los reinos cristianos y considerados, en muchos casos, como invasores de antiguas tierras cristianas, desde la Tierra Santa hasta los confines del mundo Occidental, la Hispania cristiana. Entre cristianos y musulmanes no había corrido generalmente una relación amistosa desde los tiempos de las Cruzadas. Al contrario, había predominado una relación claramente hostil y con frecuencia guerrera. En el caso hispano, en España se había vivido desde la invasión árabe-bereber del año 711 hasta precisamente el 6 de enero 1492, una historia de reconquista por parte de los reinos cristianos, que forjará un peculiar temperamento en el mundo hispano de entonces. A mediados de la Edad Media los reinos cristianos occidentales emprenden las campañas de las Cruzadas para recuperar la Tierra Santa ocupada por los musulmanes, Cruzadas que  concluirán desastrosamente, complicando aún más la historia cuando intereses bastardos se mezclaron a los ideales de sus comienzos; y muy pronto implicaron también al ya en franca decadencia, Imperio bizantino. Algunos poderes políticos y económicos de la última Cruzada intentaron también dilapidarlo en favor de los propios intereses. Los nuevos intentos de Cruzada fomentada por algunos papas, tras la invasión de los turcos otomanes y su conquista de Constantinopla (1453) de apoyar o impedir el fin de aquel vetusto Imperio “romano” de Oriente, fracasaron totalmente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Primeros intentos de circunnavegación del continente africano y nacimiento del sistema del “Padroado” portugués en los comienzos de la época moderna==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En esta panorámica ideológica y política hay que encuadrar la visión europea occidental que se comienza a difundir sobre el mundo geográfico y antropológico africano, hasta entonces totalmente al margen del mundo Mediterráneo. El Mediterráneo se había convertido desde hacía siglos en un mar hostil para el mundo cristiano de la Europa Occidental, desde que sus costas africanas se encontraban totalmente controladas por el poder islámico. El antiguo “''Mare Nostrum''” latino se había convertido en un “''Mare Hostile''”, plagado de insidias, de piratería siempre en auge. Tal piratería, a partir del siglo XVI, se organizará incluso con una especie de acuerdo consentido y aplicado con los llamados “corsarios”, sobre todo tras el dominio turco-otomano del Medio Oriente y de las costas del África mediterránea. Además el mundo cristiano occidental no conocía el África subsahariana; al máximo tenía muy vagas e imprecisas noticias de la existencia de este continente. Era considerado casi una península, prolongación del mundo asiático; y desde el punto de vista religioso como una prolongación del mundo mahometano, con poblaciones negras, a él sometidas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En algunos casos se tenían noticias vagas de la existencia de una especie de “isla”, enclave o “reino” cristiano, dentro de ese mundo, en la parte oriental, Etiopia o “el reino del preste Juan”, como muchos escritores occidentales vagamente lo llamaban. Todo era vago, impreciso e inexacto en ese conocimiento de África. Cuando los portugueses cerraron el ciclo de la reconquista en la parte de las tierras ibéricas meridionales, cerrando geográficamente las fronteras del reino de Portugal en la península ibérica, quisieron continuar aquella reconquista en las tierras del África mediterránea con la conquista de algunos enclaves en las costas mediterráneas frente a la Península ibérica como Ceuta y Melilla. Su propósito era poner una posible barrera a futuras invasiones de los bereberes musulmanes o de los aliados de los turcos. Casi de inmediato comenzaron  a ensanchar su empresa explorando las costas atlánticas africanas. Los motivos que los empujaron a ello hay que leerlos en su conjunto: se encontraban entretejidos los ya apuntados de continuación de los ideales de la “reconquista”, los políticos, y los religiosos de una voluntad explícita de difundir la fe cristiana. A estos motivos hay que añadir los comerciales. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En una Europa que se abría a una nueva época que la historiografía conoce como “la modernidad” y en la que venecianos, genoveses y otras repúblicas marineras, sobre todo italianas, buscaban mercados en el Oriente, sobre todo el de las llamadas “especies”, para responder a las exigencias de las nuevas sociedades y estados europeos en vías de formación moderna, los portugueses entraron con decidida voluntad en esta competición. Su periplo marino hacia el sur sigue de cerca las costas africanas. En tal estrategia fue determinante, también por motivos prácticos, las necesidades que les imponía la navegación misma. Ésta les obligaba a seguir las rutas cercanas a las costas, para poder apoyarse en ellas, encontrar lo necesario para su subsistencia y progreso en la navegación hacia los mares del sur. Los límites de los navíos o carabelas entonces existentes para una navegación de tan largas distancias, en mares desconocidos y peligrosos,  serán factores fundamentales para buscar nuevos instrumentos de navegación y la construcción de navíos más apropiados para cruzar los mares. Fueron así descubriendo la realidad de un continente, nuevo para el mundo europeo en sus dimensiones geográficas: África. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El rey de Portugal Juan II, mandó una expedición marítima (1486-87) al mando de Bartolomé Díaz (Bartholomeu Dias de Novaes) (c.1450-1500?), que con tres navíos llega hasta la punta meridional extrema del Continente (1487), al que llama ''Cabo de las Tormentas'', doblándola y confirmando así la posibilidad de proseguir hacia la India a través de una ruta marítima&amp;lt;ref&amp;gt;Bartolomé Díaz, que llega hasta el Cabo de Buena Esperanza en 1498, parece ser que muere durante el viaje de vuelta hacia Portugal (29.5.1500?).&amp;lt;/ref&amp;gt;. El rey portugués cambió significativamente el nombre del Cabo de las Tormentas  en Cabo de Buena Esperanza, pero todavía los portugueses emplearían algunos años en aprovechar aquel descubrimiento; sobre todo porque se esperaban los resultados de otra expedición, conducida por otro portugués, Pedro o Pêro da Covilhã (c. 1460 – entre 1526 y 1530))&amp;lt;ref&amp;gt;Había nacido en Covilhã en Beira (Portugal). Pasó de joven a Castilla y entró al servicio de Don Juan de Guzmán, hermano de Enrique de Guzmán, segundo duque de Medina Sidonia. Más tarde al estallar la guerra entre Castilla y Portugal, volvió a su patria al servicio del rey Alfonso V de Portugal y luego de su sucesor Juan II.&amp;lt;/ref&amp;gt;., junto con otro portugués, Alfonso de Paiva (que morirá en la expedición), enviados por el rey de Portugal, Juan II, a Etiopía. Seguirán la ruta mediterránea, Egipto y Adén (1487-1488) con la ayuda de algunos mercaderes judíos portugueses presentes en Egipto. En 1489-1490 llegarán a Goa y Calicut en la India. Desde 1490 a 1530 se establecerá en Etiopia, donde muere. Llega a Etiopia en el mismo año de la expedición marítima alrededor del Continente africano de Bartolomé Díaz (1497-1500)&amp;lt;ref&amp;gt;Francisco Alvarez, The Prester John of the Indies , Chapter CIV: “How Pero de Covilham, a Portuguese, is in the country of the Prester, and how came here, and why he was sent&amp;quot;, Hakluyt Society, Cambridge 1961, pp. 369–376. Francisco Álvares, era un misionero que llegó a Etiopia en 1520, y encontró a Covilhã , “''preso político''” desde su llegada, y allí morirá poco después. El viajero inglés James Bruce en Travels to Discover the Source of the Nile (1805 edition), vol. 3, p. 135, habla de estos hechos. Cf.  Chisholm, Hugh, ed. (1911): Encyclopædia Britannica (11th ed.). Cambridge University Press.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los contactos con este país se remontaban ya a los tiempos del Concilio de Florencia en 1441. Habían comenzado a través del abad del monasterio etíope en Jerusalén. El Negus (emperador) etíope Zara Yakob (1434-1468) mandará luego una embajada al Papa y al Rey de Nápoles, que ya era un aragonés, Fernando I de Aragón, el Magnánimo (rey: 1442-1458) en 1450&amp;lt;ref&amp;gt;Fuentes de las primeras décadas del s. XVI hablan de un libro que habría llegado a Etiopia desde Roma durante el reinado del Negus Zara Yakob (1434-1468), y que dicho libro habría vuelto a Roma en 1526 durante la embajada del misionero portugués Álvarez. Cf. ''Bibliotheca Missionum'' (P.U.Urbaniana), nn. 442 y 497; T. Tamrat, Church and State in Ethiopia 1270-1557, Clarendon, Oxford, 1972, p. 266.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  En 1482 una delegación de franciscanos habían visitado también Etiopia y  habían encontrado diez italianos al servicio del Negus (emperador etíope) desde hacía 25 años. Será la expedición marítima de Vasco da Gama la que circunnavegará prácticamente el continente africano, zarpa desde Lisboa el 8 de julio de 1497 con tres navíos: ''São Gabriel'' (120 t), ''São Rafael'' (100 t), bajo el mando de Nicolão Coelho, y ''Santa Fe'', mandada por su hermano Pablo da Gama, llegando a la India en 1498&amp;lt;ref&amp;gt;''Dom Vasco da Gama'', conde de Vidigueira e virrey de las Indias Orientales (Sines, 3 settembre 1469 – Cochin, 24 dicembre 1524), explorador portugués y primer europeo que navegó directamente hasta la India doblando el Cabo de Buena Esperanza.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Fue el primer explorador en la historia moderna que navegó dando la vuelta a África alejándose de las costas para aprovecharse de vientos más favorables. Acompañado por Bartolomé Díaz hasta el Cabo de Buena Esperanza pasó adelante circunnavegándolo. En noviembre pasó por las costas sudafricanas de Natal, como las llamará en memoria del Misterio de la Navidad cristiana&amp;lt;ref&amp;gt;Llegará a Mombasa  (actual Kenia) el 7.4.1498 y a Calicut (India) el 20.5.1498, siendo la primera vez que una nave europea tocaba las costas de la India, concertando algunos tratados comerciales, hostilizados por los mercaderes árabes, con el príncipe de Calicut, comienzo de la presencia portuguesa en la India. Vuelve a Lisboa el 9 de septiembre de 1499, acogido triunfalmente, y honrado con el título de “Almirante del Océano de la India”. Se llegaba así a realizar el proyecto comenzado ochenta años antes por los navegantes portugueses. El poema épico nacional portugués de Luís Vaz de Camões, Os Lusiadas, trata principalmente de los viajes de Vasco da Gama. Fue publicado en 1572 durante el renacimiento en Portugal, cuando los Autores renacentistas se inspiraban en la cultura greco-latina: Autores, como la Homero en su Odisea y Virgilio en su Eneida constituyen obras que inspiraron poéticamente a Camões. En diez cantos, subdivididos en ocho versos, Os Lusiadas trata sobre los viajes de los portugueses po “mares nunca dantes navegados”. Una de las características de la épica es la narración de episodios históricos o legendarios de héroes que poseen cualidades superiores. Cf. Aragão, Augusto Carlos Teixeira de. D. Vasco da Gama e a Villa da Vidigueira. Typographia Universal, Lisboa, 1871; Aragão, Augusto Carlos Teixeira de. Vasco da Gama e a Vidigueira: Estudo historico. Imprensa Nacional, Lisboa.&amp;lt;/ref&amp;gt;. África no era una “pequeña península” o un apéndice del mundo asiático. Tenía una entidad geográfica, humana y religiosa. Tampoco era un mundo musulmán. Estaba poblada de gentes de color, el “mundo de los negros” como enseguida se le comenzó a llamar, o la “Nigricia”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Mentalidad jurídica restrictiva en el campo religioso.== &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya ha quedado señalado como en la expansión hacia África, los europeos de entonces (en el caso específico, los portugueses en primer término), creyeron que la ''negritud'' era una prolongación del islamismo. Las conquistas portugueses de aquellos territorios se hicieron bajo el signo de la cruzada, como pasaría más tarde con los españoles y los mismos portugueses en América. Así la  ''bula Dudum cum ad nos'' (1436) de Eugenio IV al rey de Portugal Eduardo (rey: 1433-1438), solicitada por éste, lo anima a continuar la obra de su padre Juan I (rey: 1383-1433) y habla de los motivos, entre otros, de conservar y defender la fe, que llevaron Juan I a la conquista de Ceuta del poder musulmán (“de manibus perfidorum Sarracenorum in partibus Africae manu armata abstulerat, necnon pro recuperatione aliorum terrarum, castrorum et locorum ab ipsis infidelibus in eisdem partibus constitutorum, nostrae certi tenoris litteras, quae cruciata vulgariter nuncuparetur, consessimus, et similiter certas ínsulas Canariae, quas ab infidelibus possideri, et in quibus nullum Principem Christianum jus habere aut praetendere asserebas, tibi per alias nostras litteras dedimus in conquestam, prout in ipsis litteris latius continetur…” . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El tema será de nuevo reafirmado en las bulas de Nicolás V (1447-1455) al rey Alfonso V de Portugal, llamado el Africano, (regente y luego rey:1438-1481), Dum diversas (18.6.1452) y Divino amore communiti (18.6.1452) , en las que le autoriza su empresa conquistadora en el norte de África contra los emiratos musulmanes. Las bulas siguen las teorías jurídicas sobre la autoridad del Papa, también en materia temporal, y sobre la conquista de tierras de “infieles”. Entra aquí, añadida, también a la teoría, siempre más difundida en algunos ambientes de la época sobre el tema de la servidumbre de los infieles en el sentido de que se les podía someter a perpetua servidumbre; ello da pie a querer justificar este tipo de conquistas y de sometimiento de las poblaciones “infieles” o musulmanas.  La Romanus Pontifex del 8 de enero de 1454 del mismo Nicolás V reafirma las mismas ideas de la Divino Amore communiti, justificando las empresas de conquista de las tierras de “los sarracenos y paganos y otros infieles y enemigos de Cristo, cualesquiera que sean y donde quiera que se encuentren” y concediendo al Infante Don Enrique, el Navegante e hijo del rey Alfonso V varios privilegios con el fin de propagar la fe cristiana en las tierras descubiertas o por descubrir (arranque del padroado) . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así, “infieles” (que entonces son prácticamente confundidos con los musulmanes) y  los herejes, quedaban por lo ya apuntado, fuera de todo reconocimiento jurídico en el ámbito de la christianitas. Lo herejes constituían en aquella sociedad movimientos híbridos de tipo religioso que se desdoblaban en sistemas antisociales o en fenómenos anárquicos que asumían formas religiosas específicas según los lugares, como en el caso de los fenómenos de los pataros, valdenses, albigenses, y más tarde wiclefistas y husitas, por citar algunos grupos heterodoxos. Se debe añadir que, ni los reinos ibéricos (Portugal y España), ni los demás en la cristiandad europea de comienzos de la Edad Moderna, conocieron el hecho de la idolatría en el sentido bíblico del término, y que la idolatría, según ya la tradición bíblica, era considerada la más aberrante actitud religiosa que el hombre podía asumir. Será ésta una realidad con la que los europeos encontrarán en las tierras del Nuevo Mundo bajo formas variadas,y que interpretarán estrictamente en el más puro y literal sentido bíblico antiguo testamentario como una forma aberrante e intolerable de religiosidad.  Dicha realidad se impondré a los recién llegados que deberán tratar el caso y asumir una actitud evangelizadora que asumirá formas radicales y contundentes en el combatirla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las formas que esa radicalidad asume son variadas; necesitan ser encuadradas en la mentalidad jurídica de la época para entenderlas. Ante todo se producen también como efecto político de la unidad de la fe, de la unidad buscada de la cristiandad (que muy pronto ella misma se encontrará dividida en su seno con interpretaciones opuestas del mismo cristianismo en tiempos de la Reforma protestante). Pero la parte católica en sus principios, y más tarde también la protestante, defenderán con ahínco, e incluso con violencia tales principios. Es el caso de la institución de la Inquisición en sus variadas formas: española y portuguesa, romana, episcopal, etc… . En el caso protestante va también estudiada en tal contexto la intolerancia religiosa como en la Inglaterra anglicana, en los principados protestantes del luteranismo germánico y en el calvinismo en sus dominios confesionales y políticos, ya a partir de Calvino en Ginebra. Esta intolerancia dará origen en Europa a las penosas y largas guerras de religión, como en Francia, Holanda e Inglaterra, y sobre todo la larga “guerra de los Treinta años” que en el siglo XVII asolaría media Europa central. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hay que recordar sus raíces y sus consecuencias desastrosas: en los Países Bajos (1560-1579); en Francia (Hugonotes-calvinistas y católicos) (1562-1594): Edicto de Nantes (1598); la guerra de los Treinta años (1618-1648): Paz de Westfalia (1648). Las consecuencias jurídicas: en DSR 50, 230, 235, 519,  627, 1146): a) La paz de Augusta (1555): libertad de culto para los luteranos, pero no para los calvinistas, b) Guerra de los Treinta años (1618-1648) con 4 fases con vicisitudes de victorias y de derrotas alternas y   donde se encontraron empeñados todos los poderes políticos europeos, concluyéndose  con la victoria práctica de las Potencias protestantes, la de Francia como potencia emergente, y la derrota diplomática del Imperio de los Habsburgo  que representaban teóricamente los intereses de los católicos en el centro de Europa; c) la paz de Westfalia (1648) sanciona la nueva situación europea, se traza un nuevo mapa político; se reconoce a los protestantes, incluidos los calvinistas, la igualdad de derechos en el campo religioso (no a otros protestantes o confesiones religiosas disidentes) en los diversos territorios; se establece un criterio en las relaciones políticas entre los Estados, la del “equilibrio”, que determinará el establecimiento de tratados y de paces (siempre efímeras en los siglos siguientes) entre los Estados europeos soberanos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Además esta fecha señala el final definitivo del sistema político medieval, fundado sobre la autoridad  imperial en el conjunto civil de la Christianitas y la del Papa en el campo espiritual en la misma. Después de Westfalia, el Papado se verá excluido durante muchos tiempo en los congresos de carácter civil-político internacionales . La violencia religiosa partió de los intereses políticos en juego, que con frecuencia instrumentalizaron a su provecho la cuestión religiosa. Típico de tal mentalidad fue el nacimiento y la praxis ya recordada del “cuius regio et illius et religio” que se impone políticamente tras la Paz de Augusta de 1555. El Príncipe político (= el Estado, cada vez más autárquico) es de hecho un “summus pontifex” secularizado, fuente indiscutible de moralidad al servicio del Estado. Se trata de una vuelta práctica a la antigua concepción autárquica del Estado, vigente durante el Imperio romano como punto último y referencial de toda actividad religiosa, donde el derecho a la libertad de conciencia debe ceder ante los intereses del Estado. Todo Estado tiene un códice de derechos en materia eclesiástica al que corresponden una serie de instituciones para salvaguardarlos y tutelarlos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquí entra la temática del “derecho divino de los reyes”. Jacobo I de Inglaterra, en Prefazione ammonitrice, escribía a comienzos del s. XVII: &amp;quot;los Reyes como los Papas reciben su poder inmediatamente de Dios&amp;quot;. Este principio será asumido por los variados poderes absolutos monárquicos de entonces; más adelante, totalmente secularizado, su ideología o concepción será asumida por las concepciones inmanentistas de todos los totalitarismos estatales. El absolutismo de Estado frente a la Iglesia ejercita sus pretendidos poderes, “ius circa sacra”, con los siguientes pretendidos derechos: ius inspectionis en la administración eclesiástica; ius cavendi de las acciones eclesiásticas; ius protectionis (dirección) de la Iglesia; ius reformandi de los abusos de la Iglesia. Usa de los siguientes medios o instrumentos jurídicos para actual tal política: el &amp;quot;regium placet&amp;quot;, el &amp;quot;exequatur&amp;quot;, la &amp;quot;appellatio ex abusu&amp;quot;, el &amp;quot;ius excludendi&amp;quot; (los prelados no gratos), y la &amp;quot;amortisatio&amp;quot; (sobre los bienes eclesiásticos: desamortización). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En base a estos principios, el absolutismo intenta legislar  sobre las Órdenes religiosas, suprimiendo las menos dóciles a sus intenciones, incautó los bienes eclesiásticos, intentó instilar sus teorías en las universidades, en la enseñanza y en los mismos seminarios eclesiásticos a la hora de enseñar el derecho civil y eclesiástico. Estas posiciones serán aplicadas continuamente en la edad moderna y, desde los tiempos de la Revolución Francesa, serán radicalmente aplicadas por los sistemas políticos que se imponen en el mundo occidental primero y luego en el resto del mundo (regímenes liberales y totalitarios contemporáneos) . ¿Cómo reaccionaron los Papas y una buena parte del pensamiento jurídico y teológico católico ante estas posiciones? Sobre todo, ya en el s. XVII, desde los tiempos de Westfalia, los Papas, como Inocencio X (1644-1655) ante la paz de Westfalia (1648) , Inocencio XI (1676-1689) frente a las posiciones de Luís XIV de Francia en su política eclesiástica (galicanismo político), defendieron la independencia de la Iglesia en su propia esfera. Más tarde, en el siglo XVIII, después de la guerra de sucesión española (1700-1714) que cambió de nuevo el mapa del equilibrio europeo, y sobre todo en tiempos de Benedicto XIV (1740-1758), la Santa Sede intenta la vía de los concordatos con los Estados, sistema que perdura hasta nuestros días. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una parte consistente de teólogos y juristas católicos, sobre todo vinculados a las posiciones de Tomás de Aquino y de los grandes juristas de la Escuela de Salamanca del siglo XVI, así como otros pertenecientes a la Compañía de Jesús, como Roberto Belarmino y Francisco Suárez, entre otros, negaron la teoría del “poder divino de los reyes” y con ello la trasmisión directa del poder político a una persona por Dios. Suárez propone una tesis en la que opone al absolutismo las justas exigencias democráticas: en la transmisión del poder político soberano es necesario la intervención de la sociedad: en el campo político el poder viene de Dios a través del pueblo. No hay que confundir el origen del poder político con su ejercicio. Según la idea de Tomás de Aquino y de sus seguidores de escuela, el bien común tiene que culminar en la sociedad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Suárez, como otros pensadores de la Escuela jurídica de Victoria, ya en el siglo XVI y otros en el mismo sentido en el XVII, sostiene incluso el derecho de una sociedad política a defenderse con la revuelta, si el príncipe (el poder político en ejercicio) viola el pacto establecido entre la sociedad y dicho poder en ejercicio (el príncipe) por el que  el poder le fue transmitido. El ejercicio del poder por ello se encuentra subordinado al consentimiento de los derechos fundamentales del pueblo. Como se puede observar estas posiciones preceden cronológica y ampliamente la elaboración de los derechos fundamentales proclamados a lo largo del s. XVIII por varios pensadores de la ilustración. Por ello también en el s. XVII los absolutismos políticos y los regalismos en sus diversas formas, combaten con determinación a los sostenedores de estas posiciones de derecho político, y a sus sostenedores, que con frecuencia pertenecían a la Compañía de Jesús, y  tampoco pueden excluirse de los motivos que empujaron a los gobiernos ilustrados de la época a su supresión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==NOTAS:==&lt;br /&gt;
  &lt;br /&gt;
&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==BIBLIOGRAFÍA:==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''FIDEL GONZÁLEZ FERNÁNDEZ'''&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.56.173</name></author>
		
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		<title>DESCUBRIMIENTO DEL NUEVO MUNDO: Mentalidades culturales en el Mundo Europeo en la vigilia de 1492</title>
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		<updated>2014-03-27T20:14:42Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.173: /* Mentalidad jurídica restrictiva en el campo religioso. */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;==DESCUBRIMIENTO DEL NUEVO MUNDO: Mentalidades culturales en el Mundo Europeo en la vigilia de 1492==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==La llamada Edad Media: un mundo en movimiento==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A lo largo de la Edad Media europea las vías comerciales hacia el Oriente inspiraron leyendas y fantasías, que fueron también alimentadas por las relaciones de los grandes viajeros de la época. Ese periodo histórico, que ya por pura convención a partir de la época renacentista, muchos escritores comenzaron a llamar «Edad Media», existe sólo convencionalmente para designar una amplísima época histórica. En la periodización de la historia que ha entrado en uso desde hace siglos, aquellos mil años de historia europea, más o menos desde el siglo V al siglo XV después de Cristo, se han sucedido épocas muy variadas e incluso en zigzag, con antinomias y contrastes muy fuertes e incluso contrapuestos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por todo ello es sumamente complejo definir de manera absoluta acontecimientos, estructuras y tendencias culturales. El hombre medieval en cuanto tal, no existe unívocamente desde el punto cultural y ni siquiera antropológico. Las transmigraciones de pueblos, los choques y los encuentros, los mestizajes étnicos y culturales de todo tipo se sucedían casi de continuo a lo largo del mapa geográfico de la Europa de entonces. Este hombre “medieval” se encontraba profundamente radicado en su ambiente original. Por ello, el “otro”, el extraño, el extranjero, el diverso, empezaba inmediatamente fuera de las fronteras de su poblado, de su ciudad, de su ambiente; y sin embargo, este hombre medieval fue adquiriendo a lo largo del tiempo un sentido profundo de universalidad que la fe cristiana que lo ha ido formando, amalgamado con las raíces culturales heredadas de la cultura helenista-romana, producía en él. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este hombre se daban dos aspectos aparentemente contradictorios: la movilidad continua (era fruto también de emigraciones de pueblos, siempre en movimiento) y la estabilidad en los lugares que ocupaba y donde se establecía. Por ello unía en sí esta estabilidad que comportaba su dedicación primordial a la agricultura, y por otra los movimientos de guerras de ocupación, comercio, peregrinaciones a lo largo de la geografía europea que comportaban inestabilidad. La misma realidad de una tierra que pronto agotaba su fecundidad debido al clima y a factores como la falta de abonos y fertilizantes, lo obligaban a moverse y a romper aquella estabilidad, si no quería perecer de agotamiento y de hambre. Este campesino debía por ello moverse periódicamente. Por ello, en la Edad Media viajan todos, en una manera o en otra: desde los emperadores, reyes y príncipes, cuyas cortes son casi siempre ambulantes, los caballeros, siempre en movimiento en busca de aventuras y de un “ganarse honor y vida”, hasta los Papas que recorrían la cristiandad moviéndose continuamente de lugar en lugar, a los espíritus religiosos inquietos, peregrinos en movimiento, eremitas, monjes y predicadores que recorrían los caminos europeos a pesar de que la Iglesia intentase continuamente dar una estabilidad a abadías y monasterios (''stabilitas loci''). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin embargo, y a pesar del “voto” de estabilidad en un determinado monasterio, el impulso y el deseo de ponerse siempre en camino caracterizará a estos monjes, frailes y monjas (como los mendicantes) que los caracterizará sobre todo a partir del siglo XIII. Viajaban sobre todo cada vez más los mercaderes (Francisco de Asís, por ejemplo, es hijo de uno de ellos, comerciante en Francia); viajaban los estudiantes que recorrían las universidades y escuelas nacientes; muchos clérigos llamados por ello “vagantes” y que serán objeto de normas disciplinares por parte de la Iglesia; viajaban muchos obispos y abades; viajaba también mucha gente perteneciente a clases sociales más bajas (soldados, peregrinos, criados…). Con las personas viajaban también las cosas, los objetos, las costumbres, las reliquias de los santos (llama la atención la cantidad de reliquias que se encuentran distribuidas en centenares de iglesias en Europa, a veces procedentes del Oriente cristiano o de lugares lejanos geográficamente del lugar donde se veneraban en relicarios y numerosas iglesias). Este viaje de reliquias (que ya databa desde los tiempos de la reina longobarda Teodolinda en tiempos de san Gregorio Magno –  finales del s. VI-) constituía también uno de los aspectos más llamativos del comercio (comercio de reliquias); viajaban también las mercancías, los libros y las ideas, las historias y las leyendas, las fábulas y las fantasías dadas como historias ciertas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se viajaba con las creaciones poéticas hasta el Paraíso Terrestre y hasta el Más Allá. Siguiendo las fuentes célticas o germánicas, las antiguas todavía conservadas del viejo mundo greco-romano, las traídas por los musulmanes se fabricaron numerosas relaciones de itinerarios fantásticos en mundos desconocidos, o en el Mundo de la Eternidad. Ya cerca de la nueva Edad Moderna, la Divina Comedia de Dante es un ejemplo de ello. Existe también una rica literatura medieval onírica, hecha de sueños y de visiones. Se crean países fantásticos, como el del “Preste Juan” en una imaginada Etiopia cristiana. Se entiende así también el tipo corriente de mucha hagiografía donde abunda este mundo imaginado de visiones, también sobrenaturales, dadas como reales. No se puede por ello olvidar, que este deseo de conocer, recorrer y entrar en mundos desconocidos empuja al hombre medieval a lanzarse hacia mundos desconocidos y prácticamente prohibidos. Es ya los comienzos de una nueva edad, la moderna, y la de los grandes viajes oceánicos y terrestres más allá de las viejas fronteras del mundo europeo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Mentalidades e ideas culturales religiosas y políticas muy generalizadas en el Mundo Europeo Occidental en la vigilia del descubrimiento del “Nuevo Mundo”.==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para entender el impacto que la entrada del llamado Nuevo Mundo en la escena del mundo occidental representó para la vieja Europa del otoño, ya prácticamente concluido, de la Edad Media Europea y comienzos de la modernidad, necesitamos ofrecer algunos datos elementales de su panorámica general, al menos para situar el estado religioso y sociopolítico, especialmente de la Península Ibérica (España y Portugal). A la luz de su cosmovisión, pueden comprenderse muchos de sus comportamientos, así como las actitudes de los primeros evangelizadores del Nuevo Mundo.&lt;br /&gt;
1) Ante todo se debe tener en cuenta la supervivencia todavía de  una situación de cristiandad en la época de los descubrimientos. Persistían todavía las expresiones del proyecto político religioso de 1a Edad Media europea occidental como:&lt;br /&gt;
	&lt;br /&gt;
1. Las del universalismo de la cristiandad con la refundición de competencias o mezcla entre la esfera sagrada y eclesial y la temporal secular, cuyas expresiones eran por una parte el papel fundamental del Papado (“Sacerdotium”) y por otra la del “Imperium Sacrum Romanum Germanum Christianum”, en antigua lucha de competencias jurídicas sobre el mismo campo de los pueblos latino-germánicos de la cristiandad occidental, todos ellos considerados plenamente cristianos.&lt;br /&gt;
	&lt;br /&gt;
2. Las funciones del emperador y del papa estaban bien encuadradas en esta mentalidad: el Emperador (y luego cada rey o príncipe en su territorio, reino o principado), era el defensor de la fe. El Papa, por su parte, era el garante de la conservación de la fe y de su difusión. Esta mentalidad que atraviesa toda la edad media se ve bien en las actuaciones y polémicas entre el “Imperium” y el “Sacerdotium” en tiempos, por ejemplo, de Gregorio VII (1073-1085), Alejandro III (1159-1181), Inocencio III (1198-1216), Bonifacio VIII (1294-1303) y todavía en tiempos sucesivos, como el conflicto entre Juan XXII (1316-1334) y el emperador Ludovico el Bávaro (1314-1347),  que fue el último gran conflicto, que cerrará la fase medieval de las relaciones entre el Imperio y la Iglesia.&lt;br /&gt;
	&lt;br /&gt;
3. La mentalidad o teoría de “''las dos espadas''”: la secular que defiende la fe de los enemigos internos o externos, y la espiritual que defiende y sostiene espiritualmente dentro de la cristiandad. La bula &amp;quot;''Unam Sanctam''&amp;quot; (1303) de Bonifacio VIII defiende estas posiciones desde el punto de vista jurídico y teológico. Su posición tenía intenciones hierocracias  y teológicas, no políticas: conservar le unidad de la fe y de la Cristiandad. Los Papas no pensaban ser señores del mundo, sino custodios de la ortodoxia de la fe y de la unidad espiritual de la Cristianitas (Hoeffner). Ello explicará en el fondo la apelación de las naciones-potencias cristianas en los conflictos internos entre ellas al Papa como árbitro para resolverlos, y las intervenciones del Pontífice romano en las mismas, como sucederá en el conflicto entre los reinos de Portugal y de Castilla [España] con la cuestión de las esferas de influencia marítima y de las tierras a explorar e imponer en ellas el propio influjo y dominio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tal fue el sentido del ''Tratado de Tordesillas'' (1494) y la intervención del papa Alejandro VI a petición de ambas Potencias. Las bulas alejandrinas de 1493 habían sido emanadas en tal circunstancia para resolver a modo de arbitraje, entre otras cosas,  el conflicto entre las dos Potencias. Ya en 1479-1480 Castilla y Portugal habían fijado por el ''Tratado de Alcaçovas-Toledo'' su esfera de acción dentro del Atlántico, quedando para Castilla las Islas Canarias y Santa Cruz de Mar Pequeña. Lo mismo harán en 1494, con el acuerdo de Tordesillas, en que los dos países establecen zonas de acción. Una bula papal ratificó uno y otro acuerdo. Los tratados, fijando delimitaciones, se habían venido firmando por las coronas peninsulares desde 1179; en cuanto a las bulas fueron documentos habituales en las exploraciones lusitanas por África, otorgando privilegios y monopolios o delimitando zonas. Por eso las bulas concedidas en el Atlántico a los portugueses son los antecedentes de las que Castilla recibe ratificando su acción descubridora, obra de Alejandro VI. Respaldaba a las bulas la teoría sobre el Papa como “''Dominus Orbis''” en el campo espiritual, teoría que algunos quisieron extender también al campo temporal. &lt;br /&gt;
	&lt;br /&gt;
En este periodo histórico se escriben y perviven muchas posiciones teológicas y jurídicas de teólogos y canonistas que sostienen la tesis sobre la hierocracia pontificia. Entre ellos se pueden  recordar algunos como: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
1) Egidio Romano (+1316), con su visión platónica y su agustinismo político, es decir, la tesis de que la plena legitimidad política se da sólo cuando es sobrenatural (''De Ecclesiastica  potestate''); &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
2) Jacobo de Viterbo (+1308) quien afirma que &amp;quot;''sin fe no hay poder absolu¬tamente verdadero. No digo que no exista en absoluto y que sea nulo o totalmente ilegítimo, sino que no es auténtico ni perfecto''&amp;quot;; &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
3) Álvaro Pelayo (+1350) (''De planctu Ecclesiae'') y Agustín de Ancona (+1328) que extreman las concepciones hierocráticas convirtiéndolas en cesarocráticas; teorías que atraviesan el siglo XIV, en los momentos más álgidos de las polémicas entre las concepciones del papel de la autoridad civil secular y la eclesiástica papal. Basta pensar a las polémicas entre Felipe el Hermoso de Francia y el Papa Bonifacio VIII, y las de Ludovico el Bávaro y el papa Juan XXII; las polémicas entre las corrientes jurídicas de los llamados “legistas” y la de los “canonistas”. Entre las posiciones sostenidas por los legistas destaca la de Marsilio de Padua con su “Defensor Pacis”;  y entre los “canonistas” los que seguían el pensamiento del canonista y luego Papa, Bonifacio VIII. Para los primeros el poder recaería totalmente en manos del Príncipe secular, también en las cuestiones eclesiásticas. Para los segundos recaería en el Papa, que sería un &amp;quot;''Dominus Orbis''&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
4) Otros autores notables de la época son Alonso de Cartagena (+1456), que interviene en la polémica cuando ya los portugueses y españoles, al final de la Reconquista  del poder musulmán, comienzan a poner pie en el norte de África o en sus costas Nord atlánticas. 5) Poco antes encontramos a otro teólogo y jurista, el notable Jehan Le Charlier, conocido como Gersón por el lugar de su nacimiento (1363-1429), canciller de la Sorbona (1395), sostenedor de un fuerte conciliarismo en los momentos más duros de la división de la cristiandad en el llamado ''cisma de Occidente'' (1378-1417), también como propuesta resolutoria de aquella división, no querida por la cristiandad y que no encontraba una vía de solución fácil. Gersón ni es un teórico de una utopía irrealizable de separación total entre las dos esferas espiritual y temporal, ni tampoco se inclina por una de las dos sostenidas por muchos contemporáneos, o por un predominio del poder espiritual (hierocracia). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
5) Mucho antes que todos ellos, ya Santo Tomás de Aquino (+1274) había sostenido la teoría de la autonomía de las dos esferas en cada uno de sus campos propios, echando las bases filosófico-teológicas de las justas relaciones entre el mundo de lo civil y el de lo eclesiástico, entre el derecho natural y el positivo, con los fundamentos filosófico-jurídicos, que sobre todo sus discípulos de la Escuela de Salamanca, desarrollarán, a partir de los comienzos del siglo XVI, cuando se comenzará a debatirse fuertemente la problemática del derecho de gentes&amp;lt;ref&amp;gt;V. Carro, ''La Teología y los Teólogos juristas españoles ante la conquista de América'', Salamanca 1951², pp. 99-169.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Por todo ello no se puede confundir el estado sobrenatural de gracia y todo lo que a él corresponde, con la virtud cardinal de la justicia y el campo que pertenece a la pura ley natural.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquí hay que apuntar varios elementos extraños que se introducen come tentación frecuente también en la historia del cristianismo. Ante todo hay que tener en cuenta un fenómeno frecuente en la mentalidad de muchos pueblos, y entre ellos el europeo medieval: la sacralización de las estructuras temporales. El ejercicio de la actividad humana recibe legitimidad constructiva por una ''cristificación y eclesialización''. No hay una diferencia o separación nítida entre las esferas naturales temporales, y las espirituales o sobrenaturales. Para el hombre cristiano medieval cuanto no es cristiano queda al margen de la ciudad humana. Por ello, en muchas mentalidades de la época, cuanto no era plenamente cristiano y ortodoxo quedaba al margen dela ciudad terrena. Ya el códice de Justiniano (s. VI) había hecho coincidir la plenitud de los derechos del ciudadano con el hecho de su pertenencia a la ortodoxia católica&amp;lt;ref&amp;gt;El Código de Justiniano (Codex Iustinianus) es una recopilación de constituciones imperiales promulgada por el emperador Justiniano, en una primera versión, el 7 de abril de 529, y en una segunda, el 17 de noviembre de 534. Este último forma parte del denominado ''Corpus Iuris Civilis''. El 16 de noviembre de 534 se promulgó el &amp;quot;segundo&amp;quot; Código de Justiniano (denominado en ocasiones Codex repetitae praelectionis), quedando derogado el anterior y prohibida su alegación. Está estructurado en 12 libros, divididos en títulos, que contienen las constituciones.&amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El llamado “edicto” o “acuerdo” de Milán de los emperadores Constantino y Licinio del 313 d.C., había reconocido el derecho a la libertad religiosa en igualdad de condiciones a todos los ciudadanos del Imperio – y por lo tanto a los cristianos, poniendo fin a las persecuciones anticristianas por motivos de pertenencia religiosa-; el reconocimiento de ese derecho fundamental para todas las personas constituye un hecho excepcional en la historia de la libertad religiosa. Años más tarde, el emperador Teodosio con el Edicto “''Cunctos populos''” del 380 había reconocido la religión católica ortodoxa como la religión oficial del Imperio (la fe cristiana católica profesada por el obispo de Roma, Dámaso, y el obispo Pedro de Alejandría, en comunión con él), que era un modo claro de excluir a los arrianos de tal reconocimiento. Justiniano convierte a la religión católica-ortodoxa, profesada por los primeros grandes Concilios, en “''religio única''” del Imperio, excluyendo así cuantos no la profesaban (herejes). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un gesto que revelaba aquella consecuencia jurídica fue la decisión de cerrar la Academia pagana de Atenas. Tal fue la mentalidad que predominó a lo largo de la edad Media occidental, hasta que en tiempos de la controversia luterana y las primeras guerras de religión, se llega a la paz de Augusta (1555) donde el emperador Carlos V se ve obligado a pactar con los príncipes luteranos, reconociendo a la par los derechos de católicos y luteranos, dando a cada Príncipe, católico o luterano, la libertad de elección de una u otra confesión en cada territorio según la conveniencia de cada Príncipe (“''cuius regio et illius et religió''”). Así el Poder Político decidía a cuál de las dos confesiones cristianas acoger y dar plena libertad de culto en el propio territorio. Casi un siglo más tarde, la Paz de Westfalia (1647) extenderá el mismo criterio dentro del Imperio también a los calvinistas. A lo largo de la historia más que milenaria de la Europa cristiana habían sido respetados los judíos, que gozaron jurídicamente de una propia libertad de culto y expresión cultural a lo largo de aquellos siglos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si una tal exclusión de ciudadanía se había extendido a los antiguos paganos y a los considerados herejes, el mismo criterio habría de ser aplicado a los “infieles”. En el mundo occidental europeo en la vigilia del “descubrimiento” de un Nuevo Mundo, en 1492, ¿quiénes eran considerados “infieles”, o “diversos”, o no cristianos? Los únicos generalmente conocidos eran los tártaros, los judíos (que, como dicho, vivían mezclados dentro de la sociedad cristiana) y los mahometanos, muchos de ellos en tierras fronterizas con los reinos cristianos y considerados, en muchos casos, como invasores de antiguas tierras cristianas, desde la Tierra Santa hasta los confines del mundo Occidental, la Hispania cristiana. Entre cristianos y musulmanes no había corrido generalmente una relación amistosa desde los tiempos de las Cruzadas. Al contrario, había predominado una relación claramente hostil y con frecuencia guerrera. En el caso hispano, en España se había vivido desde la invasión árabe-bereber del año 711 hasta precisamente el 6 de enero 1492, una historia de reconquista por parte de los reinos cristianos, que forjará un peculiar temperamento en el mundo hispano de entonces. A mediados de la Edad Media los reinos cristianos occidentales emprenden las campañas de las Cruzadas para recuperar la Tierra Santa ocupada por los musulmanes, Cruzadas que  concluirán desastrosamente, complicando aún más la historia cuando intereses bastardos se mezclaron a los ideales de sus comienzos; y muy pronto implicaron también al ya en franca decadencia, Imperio bizantino. Algunos poderes políticos y económicos de la última Cruzada intentaron también dilapidarlo en favor de los propios intereses. Los nuevos intentos de Cruzada fomentada por algunos papas, tras la invasión de los turcos otomanes y su conquista de Constantinopla (1453) de apoyar o impedir el fin de aquel vetusto Imperio “romano” de Oriente, fracasaron totalmente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Primeros intentos de circunnavegación del continente africano y nacimiento del sistema del “Padroado” portugués en los comienzos de la época moderna==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En esta panorámica ideológica y política hay que encuadrar la visión europea occidental que se comienza a difundir sobre el mundo geográfico y antropológico africano, hasta entonces totalmente al margen del mundo Mediterráneo. El Mediterráneo se había convertido desde hacía siglos en un mar hostil para el mundo cristiano de la Europa Occidental, desde que sus costas africanas se encontraban totalmente controladas por el poder islámico. El antiguo “''Mare Nostrum''” latino se había convertido en un “''Mare Hostile''”, plagado de insidias, de piratería siempre en auge. Tal piratería, a partir del siglo XVI, se organizará incluso con una especie de acuerdo consentido y aplicado con los llamados “corsarios”, sobre todo tras el dominio turco-otomano del Medio Oriente y de las costas del África mediterránea. Además el mundo cristiano occidental no conocía el África subsahariana; al máximo tenía muy vagas e imprecisas noticias de la existencia de este continente. Era considerado casi una península, prolongación del mundo asiático; y desde el punto de vista religioso como una prolongación del mundo mahometano, con poblaciones negras, a él sometidas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En algunos casos se tenían noticias vagas de la existencia de una especie de “isla”, enclave o “reino” cristiano, dentro de ese mundo, en la parte oriental, Etiopia o “el reino del preste Juan”, como muchos escritores occidentales vagamente lo llamaban. Todo era vago, impreciso e inexacto en ese conocimiento de África. Cuando los portugueses cerraron el ciclo de la reconquista en la parte de las tierras ibéricas meridionales, cerrando geográficamente las fronteras del reino de Portugal en la península ibérica, quisieron continuar aquella reconquista en las tierras del África mediterránea con la conquista de algunos enclaves en las costas mediterráneas frente a la Península ibérica como Ceuta y Melilla. Su propósito era poner una posible barrera a futuras invasiones de los bereberes musulmanes o de los aliados de los turcos. Casi de inmediato comenzaron  a ensanchar su empresa explorando las costas atlánticas africanas. Los motivos que los empujaron a ello hay que leerlos en su conjunto: se encontraban entretejidos los ya apuntados de continuación de los ideales de la “reconquista”, los políticos, y los religiosos de una voluntad explícita de difundir la fe cristiana. A estos motivos hay que añadir los comerciales. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En una Europa que se abría a una nueva época que la historiografía conoce como “la modernidad” y en la que venecianos, genoveses y otras repúblicas marineras, sobre todo italianas, buscaban mercados en el Oriente, sobre todo el de las llamadas “especies”, para responder a las exigencias de las nuevas sociedades y estados europeos en vías de formación moderna, los portugueses entraron con decidida voluntad en esta competición. Su periplo marino hacia el sur sigue de cerca las costas africanas. En tal estrategia fue determinante, también por motivos prácticos, las necesidades que les imponía la navegación misma. Ésta les obligaba a seguir las rutas cercanas a las costas, para poder apoyarse en ellas, encontrar lo necesario para su subsistencia y progreso en la navegación hacia los mares del sur. Los límites de los navíos o carabelas entonces existentes para una navegación de tan largas distancias, en mares desconocidos y peligrosos,  serán factores fundamentales para buscar nuevos instrumentos de navegación y la construcción de navíos más apropiados para cruzar los mares. Fueron así descubriendo la realidad de un continente, nuevo para el mundo europeo en sus dimensiones geográficas: África. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El rey de Portugal Juan II, mandó una expedición marítima (1486-87) al mando de Bartolomé Díaz (Bartholomeu Dias de Novaes) (c.1450-1500?), que con tres navíos llega hasta la punta meridional extrema del Continente (1487), al que llama ''Cabo de las Tormentas'', doblándola y confirmando así la posibilidad de proseguir hacia la India a través de una ruta marítima&amp;lt;ref&amp;gt;Bartolomé Díaz, que llega hasta el Cabo de Buena Esperanza en 1498, parece ser que muere durante el viaje de vuelta hacia Portugal (29.5.1500?).&amp;lt;/ref&amp;gt;. El rey portugués cambió significativamente el nombre del Cabo de las Tormentas  en Cabo de Buena Esperanza, pero todavía los portugueses emplearían algunos años en aprovechar aquel descubrimiento; sobre todo porque se esperaban los resultados de otra expedición, conducida por otro portugués, Pedro o Pêro da Covilhã (c. 1460 – entre 1526 y 1530))&amp;lt;ref&amp;gt;Había nacido en Covilhã en Beira (Portugal). Pasó de joven a Castilla y entró al servicio de Don Juan de Guzmán, hermano de Enrique de Guzmán, segundo duque de Medina Sidonia. Más tarde al estallar la guerra entre Castilla y Portugal, volvió a su patria al servicio del rey Alfonso V de Portugal y luego de su sucesor Juan II.&amp;lt;/ref&amp;gt;., junto con otro portugués, Alfonso de Paiva (que morirá en la expedición), enviados por el rey de Portugal, Juan II, a Etiopía. Seguirán la ruta mediterránea, Egipto y Adén (1487-1488) con la ayuda de algunos mercaderes judíos portugueses presentes en Egipto. En 1489-1490 llegarán a Goa y Calicut en la India. Desde 1490 a 1530 se establecerá en Etiopia, donde muere. Llega a Etiopia en el mismo año de la expedición marítima alrededor del Continente africano de Bartolomé Díaz (1497-1500)&amp;lt;ref&amp;gt;Francisco Alvarez, The Prester John of the Indies , Chapter CIV: “How Pero de Covilham, a Portuguese, is in the country of the Prester, and how came here, and why he was sent&amp;quot;, Hakluyt Society, Cambridge 1961, pp. 369–376. Francisco Álvares, era un misionero que llegó a Etiopia en 1520, y encontró a Covilhã , “''preso político''” desde su llegada, y allí morirá poco después. El viajero inglés James Bruce en Travels to Discover the Source of the Nile (1805 edition), vol. 3, p. 135, habla de estos hechos. Cf.  Chisholm, Hugh, ed. (1911): Encyclopædia Britannica (11th ed.). Cambridge University Press.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los contactos con este país se remontaban ya a los tiempos del Concilio de Florencia en 1441. Habían comenzado a través del abad del monasterio etíope en Jerusalén. El Negus (emperador) etíope Zara Yakob (1434-1468) mandará luego una embajada al Papa y al Rey de Nápoles, que ya era un aragonés, Fernando I de Aragón, el Magnánimo (rey: 1442-1458) en 1450&amp;lt;ref&amp;gt;Fuentes de las primeras décadas del s. XVI hablan de un libro que habría llegado a Etiopia desde Roma durante el reinado del Negus Zara Yakob (1434-1468), y que dicho libro habría vuelto a Roma en 1526 durante la embajada del misionero portugués Álvarez. Cf. ''Bibliotheca Missionum'' (P.U.Urbaniana), nn. 442 y 497; T. Tamrat, Church and State in Ethiopia 1270-1557, Clarendon, Oxford, 1972, p. 266.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  En 1482 una delegación de franciscanos habían visitado también Etiopia y  habían encontrado diez italianos al servicio del Negus (emperador etíope) desde hacía 25 años. Será la expedición marítima de Vasco da Gama la que circunnavegará prácticamente el continente africano, zarpa desde Lisboa el 8 de julio de 1497 con tres navíos: ''São Gabriel'' (120 t), ''São Rafael'' (100 t), bajo el mando de Nicolão Coelho, y ''Santa Fe'', mandada por su hermano Pablo da Gama, llegando a la India en 1498 . Fue el primer explorador en la historia moderna que navegó dando la vuelta a África alejándose de las costas para aprovecharse de vientos más favorables. Acompañado por Bartolomé Díaz hasta el Cabo de Buena Esperanza pasó adelante circunnavegándolo. En noviembre pasó por las costas sudafricanas de Natal, como las llamará en memoria del Misterio de la Navidad cristiana . África no era una “pequeña península” o un apéndice del mundo asiático. Tenía una entidad geográfica, humana y religiosa. Tampoco era un mundo musulmán. Estaba poblada de gentes de color, el “mundo de los negros” como enseguida se le comenzó a llamar, o la “Nigricia”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Mentalidad jurídica restrictiva en el campo religioso.== &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya ha quedado señalado como en la expansión hacia África, los europeos de entonces (en el caso específico, los portugueses en primer término), creyeron que la ''negritud'' era una prolongación del islamismo. Las conquistas portugueses de aquellos territorios se hicieron bajo el signo de la cruzada, como pasaría más tarde con los españoles y los mismos portugueses en América. Así la  ''bula Dudum cum ad nos'' (1436) de Eugenio IV al rey de Portugal Eduardo (rey: 1433-1438), solicitada por éste, lo anima a continuar la obra de su padre Juan I (rey: 1383-1433) y habla de los motivos, entre otros, de conservar y defender la fe, que llevaron Juan I a la conquista de Ceuta del poder musulmán (“de manibus perfidorum Sarracenorum in partibus Africae manu armata abstulerat, necnon pro recuperatione aliorum terrarum, castrorum et locorum ab ipsis infidelibus in eisdem partibus constitutorum, nostrae certi tenoris litteras, quae cruciata vulgariter nuncuparetur, consessimus, et similiter certas ínsulas Canariae, quas ab infidelibus possideri, et in quibus nullum Principem Christianum jus habere aut praetendere asserebas, tibi per alias nostras litteras dedimus in conquestam, prout in ipsis litteris latius continetur…” . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El tema será de nuevo reafirmado en las bulas de Nicolás V (1447-1455) al rey Alfonso V de Portugal, llamado el Africano, (regente y luego rey:1438-1481), Dum diversas (18.6.1452) y Divino amore communiti (18.6.1452) , en las que le autoriza su empresa conquistadora en el norte de África contra los emiratos musulmanes. Las bulas siguen las teorías jurídicas sobre la autoridad del Papa, también en materia temporal, y sobre la conquista de tierras de “infieles”. Entra aquí, añadida, también a la teoría, siempre más difundida en algunos ambientes de la época sobre el tema de la servidumbre de los infieles en el sentido de que se les podía someter a perpetua servidumbre; ello da pie a querer justificar este tipo de conquistas y de sometimiento de las poblaciones “infieles” o musulmanas.  La Romanus Pontifex del 8 de enero de 1454 del mismo Nicolás V reafirma las mismas ideas de la Divino Amore communiti, justificando las empresas de conquista de las tierras de “los sarracenos y paganos y otros infieles y enemigos de Cristo, cualesquiera que sean y donde quiera que se encuentren” y concediendo al Infante Don Enrique, el Navegante e hijo del rey Alfonso V varios privilegios con el fin de propagar la fe cristiana en las tierras descubiertas o por descubrir (arranque del padroado) . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así, “infieles” (que entonces son prácticamente confundidos con los musulmanes) y  los herejes, quedaban por lo ya apuntado, fuera de todo reconocimiento jurídico en el ámbito de la christianitas. Lo herejes constituían en aquella sociedad movimientos híbridos de tipo religioso que se desdoblaban en sistemas antisociales o en fenómenos anárquicos que asumían formas religiosas específicas según los lugares, como en el caso de los fenómenos de los pataros, valdenses, albigenses, y más tarde wiclefistas y husitas, por citar algunos grupos heterodoxos. Se debe añadir que, ni los reinos ibéricos (Portugal y España), ni los demás en la cristiandad europea de comienzos de la Edad Moderna, conocieron el hecho de la idolatría en el sentido bíblico del término, y que la idolatría, según ya la tradición bíblica, era considerada la más aberrante actitud religiosa que el hombre podía asumir. Será ésta una realidad con la que los europeos encontrarán en las tierras del Nuevo Mundo bajo formas variadas,y que interpretarán estrictamente en el más puro y literal sentido bíblico antiguo testamentario como una forma aberrante e intolerable de religiosidad.  Dicha realidad se impondré a los recién llegados que deberán tratar el caso y asumir una actitud evangelizadora que asumirá formas radicales y contundentes en el combatirla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las formas que esa radicalidad asume son variadas; necesitan ser encuadradas en la mentalidad jurídica de la época para entenderlas. Ante todo se producen también como efecto político de la unidad de la fe, de la unidad buscada de la cristiandad (que muy pronto ella misma se encontrará dividida en su seno con interpretaciones opuestas del mismo cristianismo en tiempos de la Reforma protestante). Pero la parte católica en sus principios, y más tarde también la protestante, defenderán con ahínco, e incluso con violencia tales principios. Es el caso de la institución de la Inquisición en sus variadas formas: española y portuguesa, romana, episcopal, etc… . En el caso protestante va también estudiada en tal contexto la intolerancia religiosa como en la Inglaterra anglicana, en los principados protestantes del luteranismo germánico y en el calvinismo en sus dominios confesionales y políticos, ya a partir de Calvino en Ginebra. Esta intolerancia dará origen en Europa a las penosas y largas guerras de religión, como en Francia, Holanda e Inglaterra, y sobre todo la larga “guerra de los Treinta años” que en el siglo XVII asolaría media Europa central. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hay que recordar sus raíces y sus consecuencias desastrosas: en los Países Bajos (1560-1579); en Francia (Hugonotes-calvinistas y católicos) (1562-1594): Edicto de Nantes (1598); la guerra de los Treinta años (1618-1648): Paz de Westfalia (1648). Las consecuencias jurídicas: en DSR 50, 230, 235, 519,  627, 1146): a) La paz de Augusta (1555): libertad de culto para los luteranos, pero no para los calvinistas, b) Guerra de los Treinta años (1618-1648) con 4 fases con vicisitudes de victorias y de derrotas alternas y   donde se encontraron empeñados todos los poderes políticos europeos, concluyéndose  con la victoria práctica de las Potencias protestantes, la de Francia como potencia emergente, y la derrota diplomática del Imperio de los Habsburgo  que representaban teóricamente los intereses de los católicos en el centro de Europa; c) la paz de Westfalia (1648) sanciona la nueva situación europea, se traza un nuevo mapa político; se reconoce a los protestantes, incluidos los calvinistas, la igualdad de derechos en el campo religioso (no a otros protestantes o confesiones religiosas disidentes) en los diversos territorios; se establece un criterio en las relaciones políticas entre los Estados, la del “equilibrio”, que determinará el establecimiento de tratados y de paces (siempre efímeras en los siglos siguientes) entre los Estados europeos soberanos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Además esta fecha señala el final definitivo del sistema político medieval, fundado sobre la autoridad  imperial en el conjunto civil de la Christianitas y la del Papa en el campo espiritual en la misma. Después de Westfalia, el Papado se verá excluido durante muchos tiempo en los congresos de carácter civil-político internacionales . La violencia religiosa partió de los intereses políticos en juego, que con frecuencia instrumentalizaron a su provecho la cuestión religiosa. Típico de tal mentalidad fue el nacimiento y la praxis ya recordada del “cuius regio et illius et religio” que se impone políticamente tras la Paz de Augusta de 1555. El Príncipe político (= el Estado, cada vez más autárquico) es de hecho un “summus pontifex” secularizado, fuente indiscutible de moralidad al servicio del Estado. Se trata de una vuelta práctica a la antigua concepción autárquica del Estado, vigente durante el Imperio romano como punto último y referencial de toda actividad religiosa, donde el derecho a la libertad de conciencia debe ceder ante los intereses del Estado. Todo Estado tiene un códice de derechos en materia eclesiástica al que corresponden una serie de instituciones para salvaguardarlos y tutelarlos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquí entra la temática del “derecho divino de los reyes”. Jacobo I de Inglaterra, en Prefazione ammonitrice, escribía a comienzos del s. XVII: &amp;quot;los Reyes como los Papas reciben su poder inmediatamente de Dios&amp;quot;. Este principio será asumido por los variados poderes absolutos monárquicos de entonces; más adelante, totalmente secularizado, su ideología o concepción será asumida por las concepciones inmanentistas de todos los totalitarismos estatales. El absolutismo de Estado frente a la Iglesia ejercita sus pretendidos poderes, “ius circa sacra”, con los siguientes pretendidos derechos: ius inspectionis en la administración eclesiástica; ius cavendi de las acciones eclesiásticas; ius protectionis (dirección) de la Iglesia; ius reformandi de los abusos de la Iglesia. Usa de los siguientes medios o instrumentos jurídicos para actual tal política: el &amp;quot;regium placet&amp;quot;, el &amp;quot;exequatur&amp;quot;, la &amp;quot;appellatio ex abusu&amp;quot;, el &amp;quot;ius excludendi&amp;quot; (los prelados no gratos), y la &amp;quot;amortisatio&amp;quot; (sobre los bienes eclesiásticos: desamortización). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En base a estos principios, el absolutismo intenta legislar  sobre las Órdenes religiosas, suprimiendo las menos dóciles a sus intenciones, incautó los bienes eclesiásticos, intentó instilar sus teorías en las universidades, en la enseñanza y en los mismos seminarios eclesiásticos a la hora de enseñar el derecho civil y eclesiástico. Estas posiciones serán aplicadas continuamente en la edad moderna y, desde los tiempos de la Revolución Francesa, serán radicalmente aplicadas por los sistemas políticos que se imponen en el mundo occidental primero y luego en el resto del mundo (regímenes liberales y totalitarios contemporáneos) . ¿Cómo reaccionaron los Papas y una buena parte del pensamiento jurídico y teológico católico ante estas posiciones? Sobre todo, ya en el s. XVII, desde los tiempos de Westfalia, los Papas, como Inocencio X (1644-1655) ante la paz de Westfalia (1648) , Inocencio XI (1676-1689) frente a las posiciones de Luís XIV de Francia en su política eclesiástica (galicanismo político), defendieron la independencia de la Iglesia en su propia esfera. Más tarde, en el siglo XVIII, después de la guerra de sucesión española (1700-1714) que cambió de nuevo el mapa del equilibrio europeo, y sobre todo en tiempos de Benedicto XIV (1740-1758), la Santa Sede intenta la vía de los concordatos con los Estados, sistema que perdura hasta nuestros días. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una parte consistente de teólogos y juristas católicos, sobre todo vinculados a las posiciones de Tomás de Aquino y de los grandes juristas de la Escuela de Salamanca del siglo XVI, así como otros pertenecientes a la Compañía de Jesús, como Roberto Belarmino y Francisco Suárez, entre otros, negaron la teoría del “poder divino de los reyes” y con ello la trasmisión directa del poder político a una persona por Dios. Suárez propone una tesis en la que opone al absolutismo las justas exigencias democráticas: en la transmisión del poder político soberano es necesario la intervención de la sociedad: en el campo político el poder viene de Dios a través del pueblo. No hay que confundir el origen del poder político con su ejercicio. Según la idea de Tomás de Aquino y de sus seguidores de escuela, el bien común tiene que culminar en la sociedad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Suárez, como otros pensadores de la Escuela jurídica de Victoria, ya en el siglo XVI y otros en el mismo sentido en el XVII, sostiene incluso el derecho de una sociedad política a defenderse con la revuelta, si el príncipe (el poder político en ejercicio) viola el pacto establecido entre la sociedad y dicho poder en ejercicio (el príncipe) por el que  el poder le fue transmitido. El ejercicio del poder por ello se encuentra subordinado al consentimiento de los derechos fundamentales del pueblo. Como se puede observar estas posiciones preceden cronológica y ampliamente la elaboración de los derechos fundamentales proclamados a lo largo del s. XVIII por varios pensadores de la ilustración. Por ello también en el s. XVII los absolutismos políticos y los regalismos en sus diversas formas, combaten con determinación a los sostenedores de estas posiciones de derecho político, y a sus sostenedores, que con frecuencia pertenecían a la Compañía de Jesús, y  tampoco pueden excluirse de los motivos que empujaron a los gobiernos ilustrados de la época a su supresión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==NOTAS:==&lt;br /&gt;
  &lt;br /&gt;
&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==BIBLIOGRAFÍA:==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''FIDEL GONZÁLEZ FERNÁNDEZ'''&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.56.173</name></author>
		
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		<title>DESCUBRIMIENTO DEL NUEVO MUNDO: Mentalidades culturales en el Mundo Europeo en la vigilia de 1492</title>
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		<updated>2014-03-27T20:13:20Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.173: /* Primeros intentos de circunnavegación del continente africano y nacimiento del sistema del “Padroado” portugués en los comienzos de la época moderna */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;==DESCUBRIMIENTO DEL NUEVO MUNDO: Mentalidades culturales en el Mundo Europeo en la vigilia de 1492==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==La llamada Edad Media: un mundo en movimiento==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A lo largo de la Edad Media europea las vías comerciales hacia el Oriente inspiraron leyendas y fantasías, que fueron también alimentadas por las relaciones de los grandes viajeros de la época. Ese periodo histórico, que ya por pura convención a partir de la época renacentista, muchos escritores comenzaron a llamar «Edad Media», existe sólo convencionalmente para designar una amplísima época histórica. En la periodización de la historia que ha entrado en uso desde hace siglos, aquellos mil años de historia europea, más o menos desde el siglo V al siglo XV después de Cristo, se han sucedido épocas muy variadas e incluso en zigzag, con antinomias y contrastes muy fuertes e incluso contrapuestos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por todo ello es sumamente complejo definir de manera absoluta acontecimientos, estructuras y tendencias culturales. El hombre medieval en cuanto tal, no existe unívocamente desde el punto cultural y ni siquiera antropológico. Las transmigraciones de pueblos, los choques y los encuentros, los mestizajes étnicos y culturales de todo tipo se sucedían casi de continuo a lo largo del mapa geográfico de la Europa de entonces. Este hombre “medieval” se encontraba profundamente radicado en su ambiente original. Por ello, el “otro”, el extraño, el extranjero, el diverso, empezaba inmediatamente fuera de las fronteras de su poblado, de su ciudad, de su ambiente; y sin embargo, este hombre medieval fue adquiriendo a lo largo del tiempo un sentido profundo de universalidad que la fe cristiana que lo ha ido formando, amalgamado con las raíces culturales heredadas de la cultura helenista-romana, producía en él. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este hombre se daban dos aspectos aparentemente contradictorios: la movilidad continua (era fruto también de emigraciones de pueblos, siempre en movimiento) y la estabilidad en los lugares que ocupaba y donde se establecía. Por ello unía en sí esta estabilidad que comportaba su dedicación primordial a la agricultura, y por otra los movimientos de guerras de ocupación, comercio, peregrinaciones a lo largo de la geografía europea que comportaban inestabilidad. La misma realidad de una tierra que pronto agotaba su fecundidad debido al clima y a factores como la falta de abonos y fertilizantes, lo obligaban a moverse y a romper aquella estabilidad, si no quería perecer de agotamiento y de hambre. Este campesino debía por ello moverse periódicamente. Por ello, en la Edad Media viajan todos, en una manera o en otra: desde los emperadores, reyes y príncipes, cuyas cortes son casi siempre ambulantes, los caballeros, siempre en movimiento en busca de aventuras y de un “ganarse honor y vida”, hasta los Papas que recorrían la cristiandad moviéndose continuamente de lugar en lugar, a los espíritus religiosos inquietos, peregrinos en movimiento, eremitas, monjes y predicadores que recorrían los caminos europeos a pesar de que la Iglesia intentase continuamente dar una estabilidad a abadías y monasterios (''stabilitas loci''). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin embargo, y a pesar del “voto” de estabilidad en un determinado monasterio, el impulso y el deseo de ponerse siempre en camino caracterizará a estos monjes, frailes y monjas (como los mendicantes) que los caracterizará sobre todo a partir del siglo XIII. Viajaban sobre todo cada vez más los mercaderes (Francisco de Asís, por ejemplo, es hijo de uno de ellos, comerciante en Francia); viajaban los estudiantes que recorrían las universidades y escuelas nacientes; muchos clérigos llamados por ello “vagantes” y que serán objeto de normas disciplinares por parte de la Iglesia; viajaban muchos obispos y abades; viajaba también mucha gente perteneciente a clases sociales más bajas (soldados, peregrinos, criados…). Con las personas viajaban también las cosas, los objetos, las costumbres, las reliquias de los santos (llama la atención la cantidad de reliquias que se encuentran distribuidas en centenares de iglesias en Europa, a veces procedentes del Oriente cristiano o de lugares lejanos geográficamente del lugar donde se veneraban en relicarios y numerosas iglesias). Este viaje de reliquias (que ya databa desde los tiempos de la reina longobarda Teodolinda en tiempos de san Gregorio Magno –  finales del s. VI-) constituía también uno de los aspectos más llamativos del comercio (comercio de reliquias); viajaban también las mercancías, los libros y las ideas, las historias y las leyendas, las fábulas y las fantasías dadas como historias ciertas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se viajaba con las creaciones poéticas hasta el Paraíso Terrestre y hasta el Más Allá. Siguiendo las fuentes célticas o germánicas, las antiguas todavía conservadas del viejo mundo greco-romano, las traídas por los musulmanes se fabricaron numerosas relaciones de itinerarios fantásticos en mundos desconocidos, o en el Mundo de la Eternidad. Ya cerca de la nueva Edad Moderna, la Divina Comedia de Dante es un ejemplo de ello. Existe también una rica literatura medieval onírica, hecha de sueños y de visiones. Se crean países fantásticos, como el del “Preste Juan” en una imaginada Etiopia cristiana. Se entiende así también el tipo corriente de mucha hagiografía donde abunda este mundo imaginado de visiones, también sobrenaturales, dadas como reales. No se puede por ello olvidar, que este deseo de conocer, recorrer y entrar en mundos desconocidos empuja al hombre medieval a lanzarse hacia mundos desconocidos y prácticamente prohibidos. Es ya los comienzos de una nueva edad, la moderna, y la de los grandes viajes oceánicos y terrestres más allá de las viejas fronteras del mundo europeo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Mentalidades e ideas culturales religiosas y políticas muy generalizadas en el Mundo Europeo Occidental en la vigilia del descubrimiento del “Nuevo Mundo”.==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para entender el impacto que la entrada del llamado Nuevo Mundo en la escena del mundo occidental representó para la vieja Europa del otoño, ya prácticamente concluido, de la Edad Media Europea y comienzos de la modernidad, necesitamos ofrecer algunos datos elementales de su panorámica general, al menos para situar el estado religioso y sociopolítico, especialmente de la Península Ibérica (España y Portugal). A la luz de su cosmovisión, pueden comprenderse muchos de sus comportamientos, así como las actitudes de los primeros evangelizadores del Nuevo Mundo.&lt;br /&gt;
1) Ante todo se debe tener en cuenta la supervivencia todavía de  una situación de cristiandad en la época de los descubrimientos. Persistían todavía las expresiones del proyecto político religioso de 1a Edad Media europea occidental como:&lt;br /&gt;
	&lt;br /&gt;
1. Las del universalismo de la cristiandad con la refundición de competencias o mezcla entre la esfera sagrada y eclesial y la temporal secular, cuyas expresiones eran por una parte el papel fundamental del Papado (“Sacerdotium”) y por otra la del “Imperium Sacrum Romanum Germanum Christianum”, en antigua lucha de competencias jurídicas sobre el mismo campo de los pueblos latino-germánicos de la cristiandad occidental, todos ellos considerados plenamente cristianos.&lt;br /&gt;
	&lt;br /&gt;
2. Las funciones del emperador y del papa estaban bien encuadradas en esta mentalidad: el Emperador (y luego cada rey o príncipe en su territorio, reino o principado), era el defensor de la fe. El Papa, por su parte, era el garante de la conservación de la fe y de su difusión. Esta mentalidad que atraviesa toda la edad media se ve bien en las actuaciones y polémicas entre el “Imperium” y el “Sacerdotium” en tiempos, por ejemplo, de Gregorio VII (1073-1085), Alejandro III (1159-1181), Inocencio III (1198-1216), Bonifacio VIII (1294-1303) y todavía en tiempos sucesivos, como el conflicto entre Juan XXII (1316-1334) y el emperador Ludovico el Bávaro (1314-1347),  que fue el último gran conflicto, que cerrará la fase medieval de las relaciones entre el Imperio y la Iglesia.&lt;br /&gt;
	&lt;br /&gt;
3. La mentalidad o teoría de “''las dos espadas''”: la secular que defiende la fe de los enemigos internos o externos, y la espiritual que defiende y sostiene espiritualmente dentro de la cristiandad. La bula &amp;quot;''Unam Sanctam''&amp;quot; (1303) de Bonifacio VIII defiende estas posiciones desde el punto de vista jurídico y teológico. Su posición tenía intenciones hierocracias  y teológicas, no políticas: conservar le unidad de la fe y de la Cristiandad. Los Papas no pensaban ser señores del mundo, sino custodios de la ortodoxia de la fe y de la unidad espiritual de la Cristianitas (Hoeffner). Ello explicará en el fondo la apelación de las naciones-potencias cristianas en los conflictos internos entre ellas al Papa como árbitro para resolverlos, y las intervenciones del Pontífice romano en las mismas, como sucederá en el conflicto entre los reinos de Portugal y de Castilla [España] con la cuestión de las esferas de influencia marítima y de las tierras a explorar e imponer en ellas el propio influjo y dominio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tal fue el sentido del ''Tratado de Tordesillas'' (1494) y la intervención del papa Alejandro VI a petición de ambas Potencias. Las bulas alejandrinas de 1493 habían sido emanadas en tal circunstancia para resolver a modo de arbitraje, entre otras cosas,  el conflicto entre las dos Potencias. Ya en 1479-1480 Castilla y Portugal habían fijado por el ''Tratado de Alcaçovas-Toledo'' su esfera de acción dentro del Atlántico, quedando para Castilla las Islas Canarias y Santa Cruz de Mar Pequeña. Lo mismo harán en 1494, con el acuerdo de Tordesillas, en que los dos países establecen zonas de acción. Una bula papal ratificó uno y otro acuerdo. Los tratados, fijando delimitaciones, se habían venido firmando por las coronas peninsulares desde 1179; en cuanto a las bulas fueron documentos habituales en las exploraciones lusitanas por África, otorgando privilegios y monopolios o delimitando zonas. Por eso las bulas concedidas en el Atlántico a los portugueses son los antecedentes de las que Castilla recibe ratificando su acción descubridora, obra de Alejandro VI. Respaldaba a las bulas la teoría sobre el Papa como “''Dominus Orbis''” en el campo espiritual, teoría que algunos quisieron extender también al campo temporal. &lt;br /&gt;
	&lt;br /&gt;
En este periodo histórico se escriben y perviven muchas posiciones teológicas y jurídicas de teólogos y canonistas que sostienen la tesis sobre la hierocracia pontificia. Entre ellos se pueden  recordar algunos como: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
1) Egidio Romano (+1316), con su visión platónica y su agustinismo político, es decir, la tesis de que la plena legitimidad política se da sólo cuando es sobrenatural (''De Ecclesiastica  potestate''); &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
2) Jacobo de Viterbo (+1308) quien afirma que &amp;quot;''sin fe no hay poder absolu¬tamente verdadero. No digo que no exista en absoluto y que sea nulo o totalmente ilegítimo, sino que no es auténtico ni perfecto''&amp;quot;; &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
3) Álvaro Pelayo (+1350) (''De planctu Ecclesiae'') y Agustín de Ancona (+1328) que extreman las concepciones hierocráticas convirtiéndolas en cesarocráticas; teorías que atraviesan el siglo XIV, en los momentos más álgidos de las polémicas entre las concepciones del papel de la autoridad civil secular y la eclesiástica papal. Basta pensar a las polémicas entre Felipe el Hermoso de Francia y el Papa Bonifacio VIII, y las de Ludovico el Bávaro y el papa Juan XXII; las polémicas entre las corrientes jurídicas de los llamados “legistas” y la de los “canonistas”. Entre las posiciones sostenidas por los legistas destaca la de Marsilio de Padua con su “Defensor Pacis”;  y entre los “canonistas” los que seguían el pensamiento del canonista y luego Papa, Bonifacio VIII. Para los primeros el poder recaería totalmente en manos del Príncipe secular, también en las cuestiones eclesiásticas. Para los segundos recaería en el Papa, que sería un &amp;quot;''Dominus Orbis''&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
4) Otros autores notables de la época son Alonso de Cartagena (+1456), que interviene en la polémica cuando ya los portugueses y españoles, al final de la Reconquista  del poder musulmán, comienzan a poner pie en el norte de África o en sus costas Nord atlánticas. 5) Poco antes encontramos a otro teólogo y jurista, el notable Jehan Le Charlier, conocido como Gersón por el lugar de su nacimiento (1363-1429), canciller de la Sorbona (1395), sostenedor de un fuerte conciliarismo en los momentos más duros de la división de la cristiandad en el llamado ''cisma de Occidente'' (1378-1417), también como propuesta resolutoria de aquella división, no querida por la cristiandad y que no encontraba una vía de solución fácil. Gersón ni es un teórico de una utopía irrealizable de separación total entre las dos esferas espiritual y temporal, ni tampoco se inclina por una de las dos sostenidas por muchos contemporáneos, o por un predominio del poder espiritual (hierocracia). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
5) Mucho antes que todos ellos, ya Santo Tomás de Aquino (+1274) había sostenido la teoría de la autonomía de las dos esferas en cada uno de sus campos propios, echando las bases filosófico-teológicas de las justas relaciones entre el mundo de lo civil y el de lo eclesiástico, entre el derecho natural y el positivo, con los fundamentos filosófico-jurídicos, que sobre todo sus discípulos de la Escuela de Salamanca, desarrollarán, a partir de los comienzos del siglo XVI, cuando se comenzará a debatirse fuertemente la problemática del derecho de gentes&amp;lt;ref&amp;gt;V. Carro, ''La Teología y los Teólogos juristas españoles ante la conquista de América'', Salamanca 1951², pp. 99-169.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Por todo ello no se puede confundir el estado sobrenatural de gracia y todo lo que a él corresponde, con la virtud cardinal de la justicia y el campo que pertenece a la pura ley natural.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquí hay que apuntar varios elementos extraños que se introducen come tentación frecuente también en la historia del cristianismo. Ante todo hay que tener en cuenta un fenómeno frecuente en la mentalidad de muchos pueblos, y entre ellos el europeo medieval: la sacralización de las estructuras temporales. El ejercicio de la actividad humana recibe legitimidad constructiva por una ''cristificación y eclesialización''. No hay una diferencia o separación nítida entre las esferas naturales temporales, y las espirituales o sobrenaturales. Para el hombre cristiano medieval cuanto no es cristiano queda al margen de la ciudad humana. Por ello, en muchas mentalidades de la época, cuanto no era plenamente cristiano y ortodoxo quedaba al margen dela ciudad terrena. Ya el códice de Justiniano (s. VI) había hecho coincidir la plenitud de los derechos del ciudadano con el hecho de su pertenencia a la ortodoxia católica&amp;lt;ref&amp;gt;El Código de Justiniano (Codex Iustinianus) es una recopilación de constituciones imperiales promulgada por el emperador Justiniano, en una primera versión, el 7 de abril de 529, y en una segunda, el 17 de noviembre de 534. Este último forma parte del denominado ''Corpus Iuris Civilis''. El 16 de noviembre de 534 se promulgó el &amp;quot;segundo&amp;quot; Código de Justiniano (denominado en ocasiones Codex repetitae praelectionis), quedando derogado el anterior y prohibida su alegación. Está estructurado en 12 libros, divididos en títulos, que contienen las constituciones.&amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El llamado “edicto” o “acuerdo” de Milán de los emperadores Constantino y Licinio del 313 d.C., había reconocido el derecho a la libertad religiosa en igualdad de condiciones a todos los ciudadanos del Imperio – y por lo tanto a los cristianos, poniendo fin a las persecuciones anticristianas por motivos de pertenencia religiosa-; el reconocimiento de ese derecho fundamental para todas las personas constituye un hecho excepcional en la historia de la libertad religiosa. Años más tarde, el emperador Teodosio con el Edicto “''Cunctos populos''” del 380 había reconocido la religión católica ortodoxa como la religión oficial del Imperio (la fe cristiana católica profesada por el obispo de Roma, Dámaso, y el obispo Pedro de Alejandría, en comunión con él), que era un modo claro de excluir a los arrianos de tal reconocimiento. Justiniano convierte a la religión católica-ortodoxa, profesada por los primeros grandes Concilios, en “''religio única''” del Imperio, excluyendo así cuantos no la profesaban (herejes). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un gesto que revelaba aquella consecuencia jurídica fue la decisión de cerrar la Academia pagana de Atenas. Tal fue la mentalidad que predominó a lo largo de la edad Media occidental, hasta que en tiempos de la controversia luterana y las primeras guerras de religión, se llega a la paz de Augusta (1555) donde el emperador Carlos V se ve obligado a pactar con los príncipes luteranos, reconociendo a la par los derechos de católicos y luteranos, dando a cada Príncipe, católico o luterano, la libertad de elección de una u otra confesión en cada territorio según la conveniencia de cada Príncipe (“''cuius regio et illius et religió''”). Así el Poder Político decidía a cuál de las dos confesiones cristianas acoger y dar plena libertad de culto en el propio territorio. Casi un siglo más tarde, la Paz de Westfalia (1647) extenderá el mismo criterio dentro del Imperio también a los calvinistas. A lo largo de la historia más que milenaria de la Europa cristiana habían sido respetados los judíos, que gozaron jurídicamente de una propia libertad de culto y expresión cultural a lo largo de aquellos siglos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si una tal exclusión de ciudadanía se había extendido a los antiguos paganos y a los considerados herejes, el mismo criterio habría de ser aplicado a los “infieles”. En el mundo occidental europeo en la vigilia del “descubrimiento” de un Nuevo Mundo, en 1492, ¿quiénes eran considerados “infieles”, o “diversos”, o no cristianos? Los únicos generalmente conocidos eran los tártaros, los judíos (que, como dicho, vivían mezclados dentro de la sociedad cristiana) y los mahometanos, muchos de ellos en tierras fronterizas con los reinos cristianos y considerados, en muchos casos, como invasores de antiguas tierras cristianas, desde la Tierra Santa hasta los confines del mundo Occidental, la Hispania cristiana. Entre cristianos y musulmanes no había corrido generalmente una relación amistosa desde los tiempos de las Cruzadas. Al contrario, había predominado una relación claramente hostil y con frecuencia guerrera. En el caso hispano, en España se había vivido desde la invasión árabe-bereber del año 711 hasta precisamente el 6 de enero 1492, una historia de reconquista por parte de los reinos cristianos, que forjará un peculiar temperamento en el mundo hispano de entonces. A mediados de la Edad Media los reinos cristianos occidentales emprenden las campañas de las Cruzadas para recuperar la Tierra Santa ocupada por los musulmanes, Cruzadas que  concluirán desastrosamente, complicando aún más la historia cuando intereses bastardos se mezclaron a los ideales de sus comienzos; y muy pronto implicaron también al ya en franca decadencia, Imperio bizantino. Algunos poderes políticos y económicos de la última Cruzada intentaron también dilapidarlo en favor de los propios intereses. Los nuevos intentos de Cruzada fomentada por algunos papas, tras la invasión de los turcos otomanes y su conquista de Constantinopla (1453) de apoyar o impedir el fin de aquel vetusto Imperio “romano” de Oriente, fracasaron totalmente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Primeros intentos de circunnavegación del continente africano y nacimiento del sistema del “Padroado” portugués en los comienzos de la época moderna==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En esta panorámica ideológica y política hay que encuadrar la visión europea occidental que se comienza a difundir sobre el mundo geográfico y antropológico africano, hasta entonces totalmente al margen del mundo Mediterráneo. El Mediterráneo se había convertido desde hacía siglos en un mar hostil para el mundo cristiano de la Europa Occidental, desde que sus costas africanas se encontraban totalmente controladas por el poder islámico. El antiguo “''Mare Nostrum''” latino se había convertido en un “''Mare Hostile''”, plagado de insidias, de piratería siempre en auge. Tal piratería, a partir del siglo XVI, se organizará incluso con una especie de acuerdo consentido y aplicado con los llamados “corsarios”, sobre todo tras el dominio turco-otomano del Medio Oriente y de las costas del África mediterránea. Además el mundo cristiano occidental no conocía el África subsahariana; al máximo tenía muy vagas e imprecisas noticias de la existencia de este continente. Era considerado casi una península, prolongación del mundo asiático; y desde el punto de vista religioso como una prolongación del mundo mahometano, con poblaciones negras, a él sometidas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En algunos casos se tenían noticias vagas de la existencia de una especie de “isla”, enclave o “reino” cristiano, dentro de ese mundo, en la parte oriental, Etiopia o “el reino del preste Juan”, como muchos escritores occidentales vagamente lo llamaban. Todo era vago, impreciso e inexacto en ese conocimiento de África. Cuando los portugueses cerraron el ciclo de la reconquista en la parte de las tierras ibéricas meridionales, cerrando geográficamente las fronteras del reino de Portugal en la península ibérica, quisieron continuar aquella reconquista en las tierras del África mediterránea con la conquista de algunos enclaves en las costas mediterráneas frente a la Península ibérica como Ceuta y Melilla. Su propósito era poner una posible barrera a futuras invasiones de los bereberes musulmanes o de los aliados de los turcos. Casi de inmediato comenzaron  a ensanchar su empresa explorando las costas atlánticas africanas. Los motivos que los empujaron a ello hay que leerlos en su conjunto: se encontraban entretejidos los ya apuntados de continuación de los ideales de la “reconquista”, los políticos, y los religiosos de una voluntad explícita de difundir la fe cristiana. A estos motivos hay que añadir los comerciales. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En una Europa que se abría a una nueva época que la historiografía conoce como “la modernidad” y en la que venecianos, genoveses y otras repúblicas marineras, sobre todo italianas, buscaban mercados en el Oriente, sobre todo el de las llamadas “especies”, para responder a las exigencias de las nuevas sociedades y estados europeos en vías de formación moderna, los portugueses entraron con decidida voluntad en esta competición. Su periplo marino hacia el sur sigue de cerca las costas africanas. En tal estrategia fue determinante, también por motivos prácticos, las necesidades que les imponía la navegación misma. Ésta les obligaba a seguir las rutas cercanas a las costas, para poder apoyarse en ellas, encontrar lo necesario para su subsistencia y progreso en la navegación hacia los mares del sur. Los límites de los navíos o carabelas entonces existentes para una navegación de tan largas distancias, en mares desconocidos y peligrosos,  serán factores fundamentales para buscar nuevos instrumentos de navegación y la construcción de navíos más apropiados para cruzar los mares. Fueron así descubriendo la realidad de un continente, nuevo para el mundo europeo en sus dimensiones geográficas: África. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El rey de Portugal Juan II, mandó una expedición marítima (1486-87) al mando de Bartolomé Díaz (Bartholomeu Dias de Novaes) (c.1450-1500?), que con tres navíos llega hasta la punta meridional extrema del Continente (1487), al que llama ''Cabo de las Tormentas'', doblándola y confirmando así la posibilidad de proseguir hacia la India a través de una ruta marítima&amp;lt;ref&amp;gt;Bartolomé Díaz, que llega hasta el Cabo de Buena Esperanza en 1498, parece ser que muere durante el viaje de vuelta hacia Portugal (29.5.1500?).&amp;lt;/ref&amp;gt;. El rey portugués cambió significativamente el nombre del Cabo de las Tormentas  en Cabo de Buena Esperanza, pero todavía los portugueses emplearían algunos años en aprovechar aquel descubrimiento; sobre todo porque se esperaban los resultados de otra expedición, conducida por otro portugués, Pedro o Pêro da Covilhã (c. 1460 – entre 1526 y 1530))&amp;lt;ref&amp;gt;Había nacido en Covilhã en Beira (Portugal). Pasó de joven a Castilla y entró al servicio de Don Juan de Guzmán, hermano de Enrique de Guzmán, segundo duque de Medina Sidonia. Más tarde al estallar la guerra entre Castilla y Portugal, volvió a su patria al servicio del rey Alfonso V de Portugal y luego de su sucesor Juan II.&amp;lt;/ref&amp;gt;., junto con otro portugués, Alfonso de Paiva (que morirá en la expedición), enviados por el rey de Portugal, Juan II, a Etiopía. Seguirán la ruta mediterránea, Egipto y Adén (1487-1488) con la ayuda de algunos mercaderes judíos portugueses presentes en Egipto. En 1489-1490 llegarán a Goa y Calicut en la India. Desde 1490 a 1530 se establecerá en Etiopia, donde muere. Llega a Etiopia en el mismo año de la expedición marítima alrededor del Continente africano de Bartolomé Díaz (1497-1500)&amp;lt;ref&amp;gt;Francisco Alvarez, The Prester John of the Indies , Chapter CIV: “How Pero de Covilham, a Portuguese, is in the country of the Prester, and how came here, and why he was sent&amp;quot;, Hakluyt Society, Cambridge 1961, pp. 369–376. Francisco Álvares, era un misionero que llegó a Etiopia en 1520, y encontró a Covilhã , “''preso político''” desde su llegada, y allí morirá poco después. El viajero inglés James Bruce en Travels to Discover the Source of the Nile (1805 edition), vol. 3, p. 135, habla de estos hechos. Cf.  Chisholm, Hugh, ed. (1911): Encyclopædia Britannica (11th ed.). Cambridge University Press.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los contactos con este país se remontaban ya a los tiempos del Concilio de Florencia en 1441. Habían comenzado a través del abad del monasterio etíope en Jerusalén. El Negus (emperador) etíope Zara Yakob (1434-1468) mandará luego una embajada al Papa y al Rey de Nápoles, que ya era un aragonés, Fernando I de Aragón, el Magnánimo (rey: 1442-1458) en 1450&amp;lt;ref&amp;gt;Fuentes de las primeras décadas del s. XVI hablan de un libro que habría llegado a Etiopia desde Roma durante el reinado del Negus Zara Yakob (1434-1468), y que dicho libro habría vuelto a Roma en 1526 durante la embajada del misionero portugués Álvarez. Cf. ''Bibliotheca Missionum'' (P.U.Urbaniana), nn. 442 y 497; T. Tamrat, Church and State in Ethiopia 1270-1557, Clarendon, Oxford, 1972, p. 266.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  En 1482 una delegación de franciscanos habían visitado también Etiopia y  habían encontrado diez italianos al servicio del Negus (emperador etíope) desde hacía 25 años. Será la expedición marítima de Vasco da Gama la que circunnavegará prácticamente el continente africano, zarpa desde Lisboa el 8 de julio de 1497 con tres navíos: ''São Gabriel'' (120 t), ''São Rafael'' (100 t), bajo el mando de Nicolão Coelho, y ''Santa Fe'', mandada por su hermano Pablo da Gama, llegando a la India en 1498 . Fue el primer explorador en la historia moderna que navegó dando la vuelta a África alejándose de las costas para aprovecharse de vientos más favorables. Acompañado por Bartolomé Díaz hasta el Cabo de Buena Esperanza pasó adelante circunnavegándolo. En noviembre pasó por las costas sudafricanas de Natal, como las llamará en memoria del Misterio de la Navidad cristiana . África no era una “pequeña península” o un apéndice del mundo asiático. Tenía una entidad geográfica, humana y religiosa. Tampoco era un mundo musulmán. Estaba poblada de gentes de color, el “mundo de los negros” como enseguida se le comenzó a llamar, o la “Nigricia”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Mentalidad jurídica restrictiva en el campo religioso.== &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya ha quedado señalado como en la expansión hacia África, los europeos de entonces (en el caso específico, los portugueses en primer término), creyeron que la negritud era una prolongación del islamismo. Las conquistas portugueses de aquellos territorios se hicieron bajo el signo de la cruzada, como pasaría más tarde con los españoles y los mismos portugueses en América. Así la  bula Dudum cum ad nos (1436) de Eugenio IV al rey de Portugal Eduardo (rey: 1433-1438), solicitada por éste, lo anima a continuar la obra de su padre Juan I (rey: 1383-1433) y habla de los motivos, entre otros, de conservar y defender la fe, que llevaron Juan I a la conquista de Ceuta del poder musulmán (“de manibus perfidorum Sarracenorum in partibus Africae manu armata abstulerat, necnon pro recuperatione aliorum terrarum, castrorum et locorum ab ipsis infidelibus in eisdem partibus constitutorum, nostrae certi tenoris litteras, quae cruciata vulgariter nuncuparetur, consessimus, et similiter certas ínsulas Canariae, quas ab infidelibus possideri, et in quibus nullum Principem Christianum jus habere aut praetendere asserebas, tibi per alias nostras litteras dedimus in conquestam, prout in ipsis litteris latius continetur…” . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El tema será de nuevo reafirmado en las bulas de Nicolás V (1447-1455) al rey Alfonso V de Portugal, llamado el Africano, (regente y luego rey:1438-1481), Dum diversas (18.6.1452) y Divino amore communiti (18.6.1452) , en las que le autoriza su empresa conquistadora en el norte de África contra los emiratos musulmanes. Las bulas siguen las teorías jurídicas sobre la autoridad del Papa, también en materia temporal, y sobre la conquista de tierras de “infieles”. Entra aquí, añadida, también a la teoría, siempre más difundida en algunos ambientes de la época sobre el tema de la servidumbre de los infieles en el sentido de que se les podía someter a perpetua servidumbre; ello da pie a querer justificar este tipo de conquistas y de sometimiento de las poblaciones “infieles” o musulmanas.  La Romanus Pontifex del 8 de enero de 1454 del mismo Nicolás V reafirma las mismas ideas de la Divino Amore communiti, justificando las empresas de conquista de las tierras de “los sarracenos y paganos y otros infieles y enemigos de Cristo, cualesquiera que sean y donde quiera que se encuentren” y concediendo al Infante Don Enrique, el Navegante e hijo del rey Alfonso V varios privilegios con el fin de propagar la fe cristiana en las tierras descubiertas o por descubrir (arranque del padroado) . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así, “infieles” (que entonces son prácticamente confundidos con los musulmanes) y  los herejes, quedaban por lo ya apuntado, fuera de todo reconocimiento jurídico en el ámbito de la christianitas. Lo herejes constituían en aquella sociedad movimientos híbridos de tipo religioso que se desdoblaban en sistemas antisociales o en fenómenos anárquicos que asumían formas religiosas específicas según los lugares, como en el caso de los fenómenos de los pataros, valdenses, albigenses, y más tarde wiclefistas y husitas, por citar algunos grupos heterodoxos. Se debe añadir que, ni los reinos ibéricos (Portugal y España), ni los demás en la cristiandad europea de comienzos de la Edad Moderna, conocieron el hecho de la idolatría en el sentido bíblico del término, y que la idolatría, según ya la tradición bíblica, era considerada la más aberrante actitud religiosa que el hombre podía asumir. Será ésta una realidad con la que los europeos encontrarán en las tierras del Nuevo Mundo bajo formas variadas,y que interpretarán estrictamente en el más puro y literal sentido bíblico antiguo testamentario como una forma aberrante e intolerable de religiosidad.  Dicha realidad se impondré a los recién llegados que deberán tratar el caso y asumir una actitud evangelizadora que asumirá formas radicales y contundentes en el combatirla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las formas que esa radicalidad asume son variadas; necesitan ser encuadradas en la mentalidad jurídica de la época para entenderlas. Ante todo se producen también como efecto político de la unidad de la fe, de la unidad buscada de la cristiandad (que muy pronto ella misma se encontrará dividida en su seno con interpretaciones opuestas del mismo cristianismo en tiempos de la Reforma protestante). Pero la parte católica en sus principios, y más tarde también la protestante, defenderán con ahínco, e incluso con violencia tales principios. Es el caso de la institución de la Inquisición en sus variadas formas: española y portuguesa, romana, episcopal, etc… . En el caso protestante va también estudiada en tal contexto la intolerancia religiosa como en la Inglaterra anglicana, en los principados protestantes del luteranismo germánico y en el calvinismo en sus dominios confesionales y políticos, ya a partir de Calvino en Ginebra. Esta intolerancia dará origen en Europa a las penosas y largas guerras de religión, como en Francia, Holanda e Inglaterra, y sobre todo la larga “guerra de los Treinta años” que en el siglo XVII asolaría media Europa central. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hay que recordar sus raíces y sus consecuencias desastrosas: en los Países Bajos (1560-1579); en Francia (Hugonotes-calvinistas y católicos) (1562-1594): Edicto de Nantes (1598); la guerra de los Treinta años (1618-1648): Paz de Westfalia (1648). Las consecuencias jurídicas: en DSR 50, 230, 235, 519,  627, 1146): a) La paz de Augusta (1555): libertad de culto para los luteranos, pero no para los calvinistas, b) Guerra de los Treinta años (1618-1648) con 4 fases con vicisitudes de victorias y de derrotas alternas y   donde se encontraron empeñados todos los poderes políticos europeos, concluyéndose  con la victoria práctica de las Potencias protestantes, la de Francia como potencia emergente, y la derrota diplomática del Imperio de los Habsburgo  que representaban teóricamente los intereses de los católicos en el centro de Europa; c) la paz de Westfalia (1648) sanciona la nueva situación europea, se traza un nuevo mapa político; se reconoce a los protestantes, incluidos los calvinistas, la igualdad de derechos en el campo religioso (no a otros protestantes o confesiones religiosas disidentes) en los diversos territorios; se establece un criterio en las relaciones políticas entre los Estados, la del “equilibrio”, que determinará el establecimiento de tratados y de paces (siempre efímeras en los siglos siguientes) entre los Estados europeos soberanos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Además esta fecha señala el final definitivo del sistema político medieval, fundado sobre la autoridad  imperial en el conjunto civil de la Christianitas y la del Papa en el campo espiritual en la misma. Después de Westfalia, el Papado se verá excluido durante muchos tiempo en los congresos de carácter civil-político internacionales . La violencia religiosa partió de los intereses políticos en juego, que con frecuencia instrumentalizaron a su provecho la cuestión religiosa. Típico de tal mentalidad fue el nacimiento y la praxis ya recordada del “cuius regio et illius et religio” que se impone políticamente tras la Paz de Augusta de 1555. El Príncipe político (= el Estado, cada vez más autárquico) es de hecho un “summus pontifex” secularizado, fuente indiscutible de moralidad al servicio del Estado. Se trata de una vuelta práctica a la antigua concepción autárquica del Estado, vigente durante el Imperio romano como punto último y referencial de toda actividad religiosa, donde el derecho a la libertad de conciencia debe ceder ante los intereses del Estado. Todo Estado tiene un códice de derechos en materia eclesiástica al que corresponden una serie de instituciones para salvaguardarlos y tutelarlos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquí entra la temática del “derecho divino de los reyes”. Jacobo I de Inglaterra, en Prefazione ammonitrice, escribía a comienzos del s. XVII: &amp;quot;los Reyes como los Papas reciben su poder inmediatamente de Dios&amp;quot;. Este principio será asumido por los variados poderes absolutos monárquicos de entonces; más adelante, totalmente secularizado, su ideología o concepción será asumida por las concepciones inmanentistas de todos los totalitarismos estatales. El absolutismo de Estado frente a la Iglesia ejercita sus pretendidos poderes, “ius circa sacra”, con los siguientes pretendidos derechos: ius inspectionis en la administración eclesiástica; ius cavendi de las acciones eclesiásticas; ius protectionis (dirección) de la Iglesia; ius reformandi de los abusos de la Iglesia. Usa de los siguientes medios o instrumentos jurídicos para actual tal política: el &amp;quot;regium placet&amp;quot;, el &amp;quot;exequatur&amp;quot;, la &amp;quot;appellatio ex abusu&amp;quot;, el &amp;quot;ius excludendi&amp;quot; (los prelados no gratos), y la &amp;quot;amortisatio&amp;quot; (sobre los bienes eclesiásticos: desamortización). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En base a estos principios, el absolutismo intenta legislar  sobre las Órdenes religiosas, suprimiendo las menos dóciles a sus intenciones, incautó los bienes eclesiásticos, intentó instilar sus teorías en las universidades, en la enseñanza y en los mismos seminarios eclesiásticos a la hora de enseñar el derecho civil y eclesiástico. Estas posiciones serán aplicadas continuamente en la edad moderna y, desde los tiempos de la Revolución Francesa, serán radicalmente aplicadas por los sistemas políticos que se imponen en el mundo occidental primero y luego en el resto del mundo (regímenes liberales y totalitarios contemporáneos) . ¿Cómo reaccionaron los Papas y una buena parte del pensamiento jurídico y teológico católico ante estas posiciones? Sobre todo, ya en el s. XVII, desde los tiempos de Westfalia, los Papas, como Inocencio X (1644-1655) ante la paz de Westfalia (1648) , Inocencio XI (1676-1689) frente a las posiciones de Luís XIV de Francia en su política eclesiástica (galicanismo político), defendieron la independencia de la Iglesia en su propia esfera. Más tarde, en el siglo XVIII, después de la guerra de sucesión española (1700-1714) que cambió de nuevo el mapa del equilibrio europeo, y sobre todo en tiempos de Benedicto XIV (1740-1758), la Santa Sede intenta la vía de los concordatos con los Estados, sistema que perdura hasta nuestros días. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una parte consistente de teólogos y juristas católicos, sobre todo vinculados a las posiciones de Tomás de Aquino y de los grandes juristas de la Escuela de Salamanca del siglo XVI, así como otros pertenecientes a la Compañía de Jesús, como Roberto Belarmino y Francisco Suárez, entre otros, negaron la teoría del “poder divino de los reyes” y con ello la trasmisión directa del poder político a una persona por Dios. Suárez propone una tesis en la que opone al absolutismo las justas exigencias democráticas: en la transmisión del poder político soberano es necesario la intervención de la sociedad: en el campo político el poder viene de Dios a través del pueblo. No hay que confundir el origen del poder político con su ejercicio. Según la idea de Tomás de Aquino y de sus seguidores de escuela, el bien común tiene que culminar en la sociedad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Suárez, como otros pensadores de la Escuela jurídica de Victoria, ya en el siglo XVI y otros en el mismo sentido en el XVII, sostiene incluso el derecho de una sociedad política a defenderse con la revuelta, si el príncipe (el poder político en ejercicio) viola el pacto establecido entre la sociedad y dicho poder en ejercicio (el príncipe) por el que  el poder le fue transmitido. El ejercicio del poder por ello se encuentra subordinado al consentimiento de los derechos fundamentales del pueblo. Como se puede observar estas posiciones preceden cronológica y ampliamente la elaboración de los derechos fundamentales proclamados a lo largo del s. XVIII por varios pensadores de la ilustración. Por ello también en el s. XVII los absolutismos políticos y los regalismos en sus diversas formas, combaten con determinación a los sostenedores de estas posiciones de derecho político, y a sus sostenedores, que con frecuencia pertenecían a la Compañía de Jesús, y  tampoco pueden excluirse de los motivos que empujaron a los gobiernos ilustrados de la época a su supresión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==NOTAS:==&lt;br /&gt;
  &lt;br /&gt;
&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==BIBLIOGRAFÍA:==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
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*Nouvelle Histoire de l’Église [NHE], sous la direction de Rogier, L. J.  – Aubert,  R. – Knowles, M. d., 5 vos., Paris 1964-1976. *Ed. española: 5 vols., Ed. Cristiandad, Madrid, 1964s.&lt;br /&gt;
*Pappalardo, F., Lo &amp;quot;scandalo dell'Inquisizione&amp;quot;. Tra realtà storica e leggenda storiografica, en Processi alla Chiesa. *''Mistificazione e apologia, a cura di Franco Cardini'', PIEMME, Casale Monferrato 1994, 329-352.&lt;br /&gt;
*Pastor, L. von, [Pastor] Historia de los Papas desde finales de la Edad Media, 17 vols. en 23 tomos (ed. española, Roma, 1910-1937). Ed. española, 39 vols. Buenos Aires-Barcelona 1948-1960&lt;br /&gt;
*Pérez Villanueva, J.,  - Escandell Bonet, B., et Alii, Historia de la Inquisición en España y América. ''El conocimiento científico y el proceso histórico de la Institución'' (1478-1834), vol. I, BAC, Madrid 1984; &lt;br /&gt;
*Ranke, L. von, ''Historia de los Papas en la época moderna, ed. española, México 1943 (en perspectiva de un gran historiador protestante'').&lt;br /&gt;
*Sánchez Albornoz, C., ''España, un enigma histórico,'' Buenos Aires 1956.&lt;br /&gt;
*Tomás de Aquino, Summa Theologica, Cuarta edición, Madrid, BAC, 2001, vol. I e II.  Ullman, W., ''The Growth of Papal Government in the Middle Ages'', London, Methuen &amp;amp; Co., 1970.&lt;br /&gt;
*Vacandard, E. (Elphège) 1849-1927, Abbé de Clairvaux, ''The Inquisition: A critical and historical Study of the Coercive Power of the Church, trad. inglesa del francés: Longmans, Green and Co. London – Bombay – Calcutta'', 1908.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''FIDEL GONZÁLEZ FERNÁNDEZ'''&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.56.173</name></author>
		
	</entry>
	<entry>
		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=DESCUBRIMIENTO_DEL_NUEVO_MUNDO:_Mentalidades_culturales_en_el_Mundo_Europeo_en_la_vigilia_de_1492&amp;diff=3319</id>
		<title>DESCUBRIMIENTO DEL NUEVO MUNDO: Mentalidades culturales en el Mundo Europeo en la vigilia de 1492</title>
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		<updated>2014-03-27T20:03:28Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.173: /* Mentalidades e ideas culturales religiosas y políticas muy generalizadas en el Mundo Europeo Occidental en la vigilia del descubrimiento del “Nuevo Mundo”. */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;==DESCUBRIMIENTO DEL NUEVO MUNDO: Mentalidades culturales en el Mundo Europeo en la vigilia de 1492==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==La llamada Edad Media: un mundo en movimiento==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A lo largo de la Edad Media europea las vías comerciales hacia el Oriente inspiraron leyendas y fantasías, que fueron también alimentadas por las relaciones de los grandes viajeros de la época. Ese periodo histórico, que ya por pura convención a partir de la época renacentista, muchos escritores comenzaron a llamar «Edad Media», existe sólo convencionalmente para designar una amplísima época histórica. En la periodización de la historia que ha entrado en uso desde hace siglos, aquellos mil años de historia europea, más o menos desde el siglo V al siglo XV después de Cristo, se han sucedido épocas muy variadas e incluso en zigzag, con antinomias y contrastes muy fuertes e incluso contrapuestos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por todo ello es sumamente complejo definir de manera absoluta acontecimientos, estructuras y tendencias culturales. El hombre medieval en cuanto tal, no existe unívocamente desde el punto cultural y ni siquiera antropológico. Las transmigraciones de pueblos, los choques y los encuentros, los mestizajes étnicos y culturales de todo tipo se sucedían casi de continuo a lo largo del mapa geográfico de la Europa de entonces. Este hombre “medieval” se encontraba profundamente radicado en su ambiente original. Por ello, el “otro”, el extraño, el extranjero, el diverso, empezaba inmediatamente fuera de las fronteras de su poblado, de su ciudad, de su ambiente; y sin embargo, este hombre medieval fue adquiriendo a lo largo del tiempo un sentido profundo de universalidad que la fe cristiana que lo ha ido formando, amalgamado con las raíces culturales heredadas de la cultura helenista-romana, producía en él. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este hombre se daban dos aspectos aparentemente contradictorios: la movilidad continua (era fruto también de emigraciones de pueblos, siempre en movimiento) y la estabilidad en los lugares que ocupaba y donde se establecía. Por ello unía en sí esta estabilidad que comportaba su dedicación primordial a la agricultura, y por otra los movimientos de guerras de ocupación, comercio, peregrinaciones a lo largo de la geografía europea que comportaban inestabilidad. La misma realidad de una tierra que pronto agotaba su fecundidad debido al clima y a factores como la falta de abonos y fertilizantes, lo obligaban a moverse y a romper aquella estabilidad, si no quería perecer de agotamiento y de hambre. Este campesino debía por ello moverse periódicamente. Por ello, en la Edad Media viajan todos, en una manera o en otra: desde los emperadores, reyes y príncipes, cuyas cortes son casi siempre ambulantes, los caballeros, siempre en movimiento en busca de aventuras y de un “ganarse honor y vida”, hasta los Papas que recorrían la cristiandad moviéndose continuamente de lugar en lugar, a los espíritus religiosos inquietos, peregrinos en movimiento, eremitas, monjes y predicadores que recorrían los caminos europeos a pesar de que la Iglesia intentase continuamente dar una estabilidad a abadías y monasterios (''stabilitas loci''). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin embargo, y a pesar del “voto” de estabilidad en un determinado monasterio, el impulso y el deseo de ponerse siempre en camino caracterizará a estos monjes, frailes y monjas (como los mendicantes) que los caracterizará sobre todo a partir del siglo XIII. Viajaban sobre todo cada vez más los mercaderes (Francisco de Asís, por ejemplo, es hijo de uno de ellos, comerciante en Francia); viajaban los estudiantes que recorrían las universidades y escuelas nacientes; muchos clérigos llamados por ello “vagantes” y que serán objeto de normas disciplinares por parte de la Iglesia; viajaban muchos obispos y abades; viajaba también mucha gente perteneciente a clases sociales más bajas (soldados, peregrinos, criados…). Con las personas viajaban también las cosas, los objetos, las costumbres, las reliquias de los santos (llama la atención la cantidad de reliquias que se encuentran distribuidas en centenares de iglesias en Europa, a veces procedentes del Oriente cristiano o de lugares lejanos geográficamente del lugar donde se veneraban en relicarios y numerosas iglesias). Este viaje de reliquias (que ya databa desde los tiempos de la reina longobarda Teodolinda en tiempos de san Gregorio Magno –  finales del s. VI-) constituía también uno de los aspectos más llamativos del comercio (comercio de reliquias); viajaban también las mercancías, los libros y las ideas, las historias y las leyendas, las fábulas y las fantasías dadas como historias ciertas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se viajaba con las creaciones poéticas hasta el Paraíso Terrestre y hasta el Más Allá. Siguiendo las fuentes célticas o germánicas, las antiguas todavía conservadas del viejo mundo greco-romano, las traídas por los musulmanes se fabricaron numerosas relaciones de itinerarios fantásticos en mundos desconocidos, o en el Mundo de la Eternidad. Ya cerca de la nueva Edad Moderna, la Divina Comedia de Dante es un ejemplo de ello. Existe también una rica literatura medieval onírica, hecha de sueños y de visiones. Se crean países fantásticos, como el del “Preste Juan” en una imaginada Etiopia cristiana. Se entiende así también el tipo corriente de mucha hagiografía donde abunda este mundo imaginado de visiones, también sobrenaturales, dadas como reales. No se puede por ello olvidar, que este deseo de conocer, recorrer y entrar en mundos desconocidos empuja al hombre medieval a lanzarse hacia mundos desconocidos y prácticamente prohibidos. Es ya los comienzos de una nueva edad, la moderna, y la de los grandes viajes oceánicos y terrestres más allá de las viejas fronteras del mundo europeo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Mentalidades e ideas culturales religiosas y políticas muy generalizadas en el Mundo Europeo Occidental en la vigilia del descubrimiento del “Nuevo Mundo”.==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para entender el impacto que la entrada del llamado Nuevo Mundo en la escena del mundo occidental representó para la vieja Europa del otoño, ya prácticamente concluido, de la Edad Media Europea y comienzos de la modernidad, necesitamos ofrecer algunos datos elementales de su panorámica general, al menos para situar el estado religioso y sociopolítico, especialmente de la Península Ibérica (España y Portugal). A la luz de su cosmovisión, pueden comprenderse muchos de sus comportamientos, así como las actitudes de los primeros evangelizadores del Nuevo Mundo.&lt;br /&gt;
1) Ante todo se debe tener en cuenta la supervivencia todavía de  una situación de cristiandad en la época de los descubrimientos. Persistían todavía las expresiones del proyecto político religioso de 1a Edad Media europea occidental como:&lt;br /&gt;
	&lt;br /&gt;
1. Las del universalismo de la cristiandad con la refundición de competencias o mezcla entre la esfera sagrada y eclesial y la temporal secular, cuyas expresiones eran por una parte el papel fundamental del Papado (“Sacerdotium”) y por otra la del “Imperium Sacrum Romanum Germanum Christianum”, en antigua lucha de competencias jurídicas sobre el mismo campo de los pueblos latino-germánicos de la cristiandad occidental, todos ellos considerados plenamente cristianos.&lt;br /&gt;
	&lt;br /&gt;
2. Las funciones del emperador y del papa estaban bien encuadradas en esta mentalidad: el Emperador (y luego cada rey o príncipe en su territorio, reino o principado), era el defensor de la fe. El Papa, por su parte, era el garante de la conservación de la fe y de su difusión. Esta mentalidad que atraviesa toda la edad media se ve bien en las actuaciones y polémicas entre el “Imperium” y el “Sacerdotium” en tiempos, por ejemplo, de Gregorio VII (1073-1085), Alejandro III (1159-1181), Inocencio III (1198-1216), Bonifacio VIII (1294-1303) y todavía en tiempos sucesivos, como el conflicto entre Juan XXII (1316-1334) y el emperador Ludovico el Bávaro (1314-1347),  que fue el último gran conflicto, que cerrará la fase medieval de las relaciones entre el Imperio y la Iglesia.&lt;br /&gt;
	&lt;br /&gt;
3. La mentalidad o teoría de “''las dos espadas''”: la secular que defiende la fe de los enemigos internos o externos, y la espiritual que defiende y sostiene espiritualmente dentro de la cristiandad. La bula &amp;quot;''Unam Sanctam''&amp;quot; (1303) de Bonifacio VIII defiende estas posiciones desde el punto de vista jurídico y teológico. Su posición tenía intenciones hierocracias  y teológicas, no políticas: conservar le unidad de la fe y de la Cristiandad. Los Papas no pensaban ser señores del mundo, sino custodios de la ortodoxia de la fe y de la unidad espiritual de la Cristianitas (Hoeffner). Ello explicará en el fondo la apelación de las naciones-potencias cristianas en los conflictos internos entre ellas al Papa como árbitro para resolverlos, y las intervenciones del Pontífice romano en las mismas, como sucederá en el conflicto entre los reinos de Portugal y de Castilla [España] con la cuestión de las esferas de influencia marítima y de las tierras a explorar e imponer en ellas el propio influjo y dominio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tal fue el sentido del ''Tratado de Tordesillas'' (1494) y la intervención del papa Alejandro VI a petición de ambas Potencias. Las bulas alejandrinas de 1493 habían sido emanadas en tal circunstancia para resolver a modo de arbitraje, entre otras cosas,  el conflicto entre las dos Potencias. Ya en 1479-1480 Castilla y Portugal habían fijado por el ''Tratado de Alcaçovas-Toledo'' su esfera de acción dentro del Atlántico, quedando para Castilla las Islas Canarias y Santa Cruz de Mar Pequeña. Lo mismo harán en 1494, con el acuerdo de Tordesillas, en que los dos países establecen zonas de acción. Una bula papal ratificó uno y otro acuerdo. Los tratados, fijando delimitaciones, se habían venido firmando por las coronas peninsulares desde 1179; en cuanto a las bulas fueron documentos habituales en las exploraciones lusitanas por África, otorgando privilegios y monopolios o delimitando zonas. Por eso las bulas concedidas en el Atlántico a los portugueses son los antecedentes de las que Castilla recibe ratificando su acción descubridora, obra de Alejandro VI. Respaldaba a las bulas la teoría sobre el Papa como “''Dominus Orbis''” en el campo espiritual, teoría que algunos quisieron extender también al campo temporal. &lt;br /&gt;
	&lt;br /&gt;
En este periodo histórico se escriben y perviven muchas posiciones teológicas y jurídicas de teólogos y canonistas que sostienen la tesis sobre la hierocracia pontificia. Entre ellos se pueden  recordar algunos como: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
1) Egidio Romano (+1316), con su visión platónica y su agustinismo político, es decir, la tesis de que la plena legitimidad política se da sólo cuando es sobrenatural (''De Ecclesiastica  potestate''); &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
2) Jacobo de Viterbo (+1308) quien afirma que &amp;quot;''sin fe no hay poder absolu¬tamente verdadero. No digo que no exista en absoluto y que sea nulo o totalmente ilegítimo, sino que no es auténtico ni perfecto''&amp;quot;; &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
3) Álvaro Pelayo (+1350) (''De planctu Ecclesiae'') y Agustín de Ancona (+1328) que extreman las concepciones hierocráticas convirtiéndolas en cesarocráticas; teorías que atraviesan el siglo XIV, en los momentos más álgidos de las polémicas entre las concepciones del papel de la autoridad civil secular y la eclesiástica papal. Basta pensar a las polémicas entre Felipe el Hermoso de Francia y el Papa Bonifacio VIII, y las de Ludovico el Bávaro y el papa Juan XXII; las polémicas entre las corrientes jurídicas de los llamados “legistas” y la de los “canonistas”. Entre las posiciones sostenidas por los legistas destaca la de Marsilio de Padua con su “Defensor Pacis”;  y entre los “canonistas” los que seguían el pensamiento del canonista y luego Papa, Bonifacio VIII. Para los primeros el poder recaería totalmente en manos del Príncipe secular, también en las cuestiones eclesiásticas. Para los segundos recaería en el Papa, que sería un &amp;quot;''Dominus Orbis''&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
4) Otros autores notables de la época son Alonso de Cartagena (+1456), que interviene en la polémica cuando ya los portugueses y españoles, al final de la Reconquista  del poder musulmán, comienzan a poner pie en el norte de África o en sus costas Nord atlánticas. 5) Poco antes encontramos a otro teólogo y jurista, el notable Jehan Le Charlier, conocido como Gersón por el lugar de su nacimiento (1363-1429), canciller de la Sorbona (1395), sostenedor de un fuerte conciliarismo en los momentos más duros de la división de la cristiandad en el llamado ''cisma de Occidente'' (1378-1417), también como propuesta resolutoria de aquella división, no querida por la cristiandad y que no encontraba una vía de solución fácil. Gersón ni es un teórico de una utopía irrealizable de separación total entre las dos esferas espiritual y temporal, ni tampoco se inclina por una de las dos sostenidas por muchos contemporáneos, o por un predominio del poder espiritual (hierocracia). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
5) Mucho antes que todos ellos, ya Santo Tomás de Aquino (+1274) había sostenido la teoría de la autonomía de las dos esferas en cada uno de sus campos propios, echando las bases filosófico-teológicas de las justas relaciones entre el mundo de lo civil y el de lo eclesiástico, entre el derecho natural y el positivo, con los fundamentos filosófico-jurídicos, que sobre todo sus discípulos de la Escuela de Salamanca, desarrollarán, a partir de los comienzos del siglo XVI, cuando se comenzará a debatirse fuertemente la problemática del derecho de gentes&amp;lt;ref&amp;gt;V. Carro, ''La Teología y los Teólogos juristas españoles ante la conquista de América'', Salamanca 1951², pp. 99-169.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Por todo ello no se puede confundir el estado sobrenatural de gracia y todo lo que a él corresponde, con la virtud cardinal de la justicia y el campo que pertenece a la pura ley natural.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquí hay que apuntar varios elementos extraños que se introducen come tentación frecuente también en la historia del cristianismo. Ante todo hay que tener en cuenta un fenómeno frecuente en la mentalidad de muchos pueblos, y entre ellos el europeo medieval: la sacralización de las estructuras temporales. El ejercicio de la actividad humana recibe legitimidad constructiva por una ''cristificación y eclesialización''. No hay una diferencia o separación nítida entre las esferas naturales temporales, y las espirituales o sobrenaturales. Para el hombre cristiano medieval cuanto no es cristiano queda al margen de la ciudad humana. Por ello, en muchas mentalidades de la época, cuanto no era plenamente cristiano y ortodoxo quedaba al margen dela ciudad terrena. Ya el códice de Justiniano (s. VI) había hecho coincidir la plenitud de los derechos del ciudadano con el hecho de su pertenencia a la ortodoxia católica&amp;lt;ref&amp;gt;El Código de Justiniano (Codex Iustinianus) es una recopilación de constituciones imperiales promulgada por el emperador Justiniano, en una primera versión, el 7 de abril de 529, y en una segunda, el 17 de noviembre de 534. Este último forma parte del denominado ''Corpus Iuris Civilis''. El 16 de noviembre de 534 se promulgó el &amp;quot;segundo&amp;quot; Código de Justiniano (denominado en ocasiones Codex repetitae praelectionis), quedando derogado el anterior y prohibida su alegación. Está estructurado en 12 libros, divididos en títulos, que contienen las constituciones.&amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El llamado “edicto” o “acuerdo” de Milán de los emperadores Constantino y Licinio del 313 d.C., había reconocido el derecho a la libertad religiosa en igualdad de condiciones a todos los ciudadanos del Imperio – y por lo tanto a los cristianos, poniendo fin a las persecuciones anticristianas por motivos de pertenencia religiosa-; el reconocimiento de ese derecho fundamental para todas las personas constituye un hecho excepcional en la historia de la libertad religiosa. Años más tarde, el emperador Teodosio con el Edicto “''Cunctos populos''” del 380 había reconocido la religión católica ortodoxa como la religión oficial del Imperio (la fe cristiana católica profesada por el obispo de Roma, Dámaso, y el obispo Pedro de Alejandría, en comunión con él), que era un modo claro de excluir a los arrianos de tal reconocimiento. Justiniano convierte a la religión católica-ortodoxa, profesada por los primeros grandes Concilios, en “''religio única''” del Imperio, excluyendo así cuantos no la profesaban (herejes). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un gesto que revelaba aquella consecuencia jurídica fue la decisión de cerrar la Academia pagana de Atenas. Tal fue la mentalidad que predominó a lo largo de la edad Media occidental, hasta que en tiempos de la controversia luterana y las primeras guerras de religión, se llega a la paz de Augusta (1555) donde el emperador Carlos V se ve obligado a pactar con los príncipes luteranos, reconociendo a la par los derechos de católicos y luteranos, dando a cada Príncipe, católico o luterano, la libertad de elección de una u otra confesión en cada territorio según la conveniencia de cada Príncipe (“''cuius regio et illius et religió''”). Así el Poder Político decidía a cuál de las dos confesiones cristianas acoger y dar plena libertad de culto en el propio territorio. Casi un siglo más tarde, la Paz de Westfalia (1647) extenderá el mismo criterio dentro del Imperio también a los calvinistas. A lo largo de la historia más que milenaria de la Europa cristiana habían sido respetados los judíos, que gozaron jurídicamente de una propia libertad de culto y expresión cultural a lo largo de aquellos siglos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si una tal exclusión de ciudadanía se había extendido a los antiguos paganos y a los considerados herejes, el mismo criterio habría de ser aplicado a los “infieles”. En el mundo occidental europeo en la vigilia del “descubrimiento” de un Nuevo Mundo, en 1492, ¿quiénes eran considerados “infieles”, o “diversos”, o no cristianos? Los únicos generalmente conocidos eran los tártaros, los judíos (que, como dicho, vivían mezclados dentro de la sociedad cristiana) y los mahometanos, muchos de ellos en tierras fronterizas con los reinos cristianos y considerados, en muchos casos, como invasores de antiguas tierras cristianas, desde la Tierra Santa hasta los confines del mundo Occidental, la Hispania cristiana. Entre cristianos y musulmanes no había corrido generalmente una relación amistosa desde los tiempos de las Cruzadas. Al contrario, había predominado una relación claramente hostil y con frecuencia guerrera. En el caso hispano, en España se había vivido desde la invasión árabe-bereber del año 711 hasta precisamente el 6 de enero 1492, una historia de reconquista por parte de los reinos cristianos, que forjará un peculiar temperamento en el mundo hispano de entonces. A mediados de la Edad Media los reinos cristianos occidentales emprenden las campañas de las Cruzadas para recuperar la Tierra Santa ocupada por los musulmanes, Cruzadas que  concluirán desastrosamente, complicando aún más la historia cuando intereses bastardos se mezclaron a los ideales de sus comienzos; y muy pronto implicaron también al ya en franca decadencia, Imperio bizantino. Algunos poderes políticos y económicos de la última Cruzada intentaron también dilapidarlo en favor de los propios intereses. Los nuevos intentos de Cruzada fomentada por algunos papas, tras la invasión de los turcos otomanes y su conquista de Constantinopla (1453) de apoyar o impedir el fin de aquel vetusto Imperio “romano” de Oriente, fracasaron totalmente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Primeros intentos de circunnavegación del continente africano y nacimiento del sistema del “Padroado” portugués en los comienzos de la época moderna==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En esta panorámica ideológica y política hay que encuadrar la visión europea occidental que se comienza a difundir sobre el mundo geográfico y antropológico africano, hasta entonces totalmente al margen del mundo Mediterráneo. El Mediterráneo se había convertido desde hacía siglos en un mar hostil para el mundo cristiano de la Europa Occidental, desde que sus costas africanas se encontraban totalmente controladas por el poder islámico. El antiguo “Mare Nostrum” latino se había convertido en un “Mare Hostile”, plagado de insidias, de piratería siempre en auge. Tal piratería, a partir del siglo XVI, se organizará incluso con una especie de acuerdo consentido y aplicado con los llamados “corsarios”, sobre todo tras el dominio turco-otomano del Medio Oriente y de las costas del África mediterránea. Además el mundo cristiano occidental no conocía el África subsahariana; al máximo tenía muy vagas e imprecisas noticias de la existencia de este continente. Era considerado casi una península, prolongación del mundo asiático; y desde el punto de vista religioso como una prolongación del mundo mahometano, con poblaciones negras, a él sometidas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En algunos casos se tenían noticias vagas de la existencia de una especie de “isla”, enclave o “reino” cristiano, dentro de ese mundo, en la parte oriental, Etiopia o “el reino del preste Juan”, como muchos escritores occidentales vagamente lo llamaban. Todo era vago, impreciso e inexacto en ese conocimiento de África. Cuando los portugueses cerraron el ciclo de la reconquista en la parte de las tierras ibéricas meridionales, cerrando geográficamente las fronteras del reino de Portugal en la península ibérica, quisieron continuar aquella reconquista en las tierras del África mediterránea con la conquista de algunos enclaves en las costas mediterráneas frente a la Península ibérica como Ceuta y Melilla. Su propósito era poner una posible barrera a futuras invasiones de los bereberes musulmanes o de los aliados de los turcos. Casi de inmediato comenzaron  a ensanchar su empresa explorando las costas atlánticas africanas. Los motivos que los empujaron a ello hay que leerlos en su conjunto: se encontraban entretejidos los ya apuntados de continuación de los ideales de la “reconquista”, los políticos, y los religiosos de una voluntad explícita de difundir la fe cristiana. A estos motivos hay que añadir los comerciales. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En una Europa que se abría a una nueva época que la historiografía conoce como “la modernidad” y en la que venecianos, genoveses y otras repúblicas marineras, sobre todo italianas, buscaban mercados en el Oriente, sobre todo el de las llamadas “especies”, para responder a las exigencias de las nuevas sociedades y estados europeos en vías de formación moderna, los portugueses entraron con decidida voluntad en esta competición. Su periplo marino hacia el sur sigue de cerca las costas africanas. En tal estrategia fue determinante, también por motivos prácticos, las necesidades que les imponía la navegación misma. Ésta les obligaba a seguir las rutas cercanas a las costas, para poder apoyarse en ellas, encontrar lo necesario para su subsistencia y progreso en la navegación hacia los mares del sur. Los límites de los navíos o carabelas entonces existentes para una navegación de tan largas distancias, en mares desconocidos y peligrosos,  serán factores fundamentales para buscar nuevos instrumentos de navegación y la construcción de navíos más apropiados para cruzar los mares. Fueron así descubriendo la realidad de un continente, nuevo para el mundo europeo en sus dimensiones geográficas: África. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El rey de Portugal Juan II, mandó una expedición marítima (1486-87) al mando de Bartolomé Díaz (Bartholomeu Dias de Novaes) (c.1450-1500?), que con tres navíos llega hasta la punta meridional extrema del Continente (1487), al que llama Cabo de las Tormentas, doblándola y confirmando así la posibilidad de proseguir hacia la India a través de una ruta marítima . El rey portugués cambió significativamente el nombre del Cabo de las Tormentas  en Cabo de Buena Esperanza, pero todavía los portugueses emplearían algunos años en aprovechar aquel descubrimiento; sobre todo porque se esperaban los resultados de otra expedición, conducida por otro portugués, Pedro o Pêro da Covilhã (c. 1460 – entre 1526 y 1530) , junto con otro portugués, Alfonso de Paiva (que morirá en la expedición), enviados por el rey de Portugal, Juan II, a Etiopía. Seguirán la ruta mediterránea, Egipto y Adén (1487-1488) con la ayuda de algunos mercaderes judíos portugueses presentes en Egipto. En 1489-1490 llegarán a Goa y Calicut en la India. Desde 1490 a 1530 se establecerá en Etiopia, donde muere. Llega a Etiopia en el mismo año de la expedición marítima alrededor del Continente africano de Bartolomé Díaz (1497-1500) . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los contactos con este país se remontaban ya a los tiempos del Concilio de Florencia en 1441. Habían comenzado a través del abad del monasterio etíope en Jerusalén. El Negus (emperador) etíope Zara Yakob (1434-1468) mandará luego una embajada al Papa y al Rey de Nápoles, que ya era un aragonés, Fernando I de Aragón, el Magnánimo (rey: 1442-1458) en 1450 .  En 1482 una delegación de franciscanos habían visitado también Etiopia y  habían encontrado diez italianos al servicio del Negus (emperador etíope) desde hacía 25 años. Será la expedición marítima de Vasco da Gama la que circunnavegará prácticamente el continente africano, zarpa desde Lisboa el 8 de julio de 1497 con tres navíos: São Gabriel (120 t), São Rafael (100 t), bajo el mando de Nicolão Coelho, y Santa Fe, mandada por su hermano Pablo da Gama, llegando a la India en 1498 . Fue el primer explorador en la historia moderna que navegó dando la vuelta a África alejándose de las costas para aprovecharse de vientos más favorables. Acompañado por Bartolomé Díaz hasta el Cabo de Buena Esperanza pasó adelante circunnavegándolo. En noviembre pasó por las costas sudafricanas de Natal, como las llamará en memoria del Misterio de la Navidad cristiana . África no era una “pequeña península” o un apéndice del mundo asiático. Tenía una entidad geográfica, humana y religiosa. Tampoco era un mundo musulmán. Estaba poblada de gentes de color, el “mundo de los negros” como enseguida se le comenzó a llamar, o la “Nigricia”.&lt;br /&gt;
	&lt;br /&gt;
==Mentalidad jurídica restrictiva en el campo religioso.== &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya ha quedado señalado como en la expansión hacia África, los europeos de entonces (en el caso específico, los portugueses en primer término), creyeron que la negritud era una prolongación del islamismo. Las conquistas portugueses de aquellos territorios se hicieron bajo el signo de la cruzada, como pasaría más tarde con los españoles y los mismos portugueses en América. Así la  bula Dudum cum ad nos (1436) de Eugenio IV al rey de Portugal Eduardo (rey: 1433-1438), solicitada por éste, lo anima a continuar la obra de su padre Juan I (rey: 1383-1433) y habla de los motivos, entre otros, de conservar y defender la fe, que llevaron Juan I a la conquista de Ceuta del poder musulmán (“de manibus perfidorum Sarracenorum in partibus Africae manu armata abstulerat, necnon pro recuperatione aliorum terrarum, castrorum et locorum ab ipsis infidelibus in eisdem partibus constitutorum, nostrae certi tenoris litteras, quae cruciata vulgariter nuncuparetur, consessimus, et similiter certas ínsulas Canariae, quas ab infidelibus possideri, et in quibus nullum Principem Christianum jus habere aut praetendere asserebas, tibi per alias nostras litteras dedimus in conquestam, prout in ipsis litteris latius continetur…” . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El tema será de nuevo reafirmado en las bulas de Nicolás V (1447-1455) al rey Alfonso V de Portugal, llamado el Africano, (regente y luego rey:1438-1481), Dum diversas (18.6.1452) y Divino amore communiti (18.6.1452) , en las que le autoriza su empresa conquistadora en el norte de África contra los emiratos musulmanes. Las bulas siguen las teorías jurídicas sobre la autoridad del Papa, también en materia temporal, y sobre la conquista de tierras de “infieles”. Entra aquí, añadida, también a la teoría, siempre más difundida en algunos ambientes de la época sobre el tema de la servidumbre de los infieles en el sentido de que se les podía someter a perpetua servidumbre; ello da pie a querer justificar este tipo de conquistas y de sometimiento de las poblaciones “infieles” o musulmanas.  La Romanus Pontifex del 8 de enero de 1454 del mismo Nicolás V reafirma las mismas ideas de la Divino Amore communiti, justificando las empresas de conquista de las tierras de “los sarracenos y paganos y otros infieles y enemigos de Cristo, cualesquiera que sean y donde quiera que se encuentren” y concediendo al Infante Don Enrique, el Navegante e hijo del rey Alfonso V varios privilegios con el fin de propagar la fe cristiana en las tierras descubiertas o por descubrir (arranque del padroado) . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así, “infieles” (que entonces son prácticamente confundidos con los musulmanes) y  los herejes, quedaban por lo ya apuntado, fuera de todo reconocimiento jurídico en el ámbito de la christianitas. Lo herejes constituían en aquella sociedad movimientos híbridos de tipo religioso que se desdoblaban en sistemas antisociales o en fenómenos anárquicos que asumían formas religiosas específicas según los lugares, como en el caso de los fenómenos de los pataros, valdenses, albigenses, y más tarde wiclefistas y husitas, por citar algunos grupos heterodoxos. Se debe añadir que, ni los reinos ibéricos (Portugal y España), ni los demás en la cristiandad europea de comienzos de la Edad Moderna, conocieron el hecho de la idolatría en el sentido bíblico del término, y que la idolatría, según ya la tradición bíblica, era considerada la más aberrante actitud religiosa que el hombre podía asumir. Será ésta una realidad con la que los europeos encontrarán en las tierras del Nuevo Mundo bajo formas variadas,y que interpretarán estrictamente en el más puro y literal sentido bíblico antiguo testamentario como una forma aberrante e intolerable de religiosidad.  Dicha realidad se impondré a los recién llegados que deberán tratar el caso y asumir una actitud evangelizadora que asumirá formas radicales y contundentes en el combatirla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las formas que esa radicalidad asume son variadas; necesitan ser encuadradas en la mentalidad jurídica de la época para entenderlas. Ante todo se producen también como efecto político de la unidad de la fe, de la unidad buscada de la cristiandad (que muy pronto ella misma se encontrará dividida en su seno con interpretaciones opuestas del mismo cristianismo en tiempos de la Reforma protestante). Pero la parte católica en sus principios, y más tarde también la protestante, defenderán con ahínco, e incluso con violencia tales principios. Es el caso de la institución de la Inquisición en sus variadas formas: española y portuguesa, romana, episcopal, etc… . En el caso protestante va también estudiada en tal contexto la intolerancia religiosa como en la Inglaterra anglicana, en los principados protestantes del luteranismo germánico y en el calvinismo en sus dominios confesionales y políticos, ya a partir de Calvino en Ginebra. Esta intolerancia dará origen en Europa a las penosas y largas guerras de religión, como en Francia, Holanda e Inglaterra, y sobre todo la larga “guerra de los Treinta años” que en el siglo XVII asolaría media Europa central. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hay que recordar sus raíces y sus consecuencias desastrosas: en los Países Bajos (1560-1579); en Francia (Hugonotes-calvinistas y católicos) (1562-1594): Edicto de Nantes (1598); la guerra de los Treinta años (1618-1648): Paz de Westfalia (1648). Las consecuencias jurídicas: en DSR 50, 230, 235, 519,  627, 1146): a) La paz de Augusta (1555): libertad de culto para los luteranos, pero no para los calvinistas, b) Guerra de los Treinta años (1618-1648) con 4 fases con vicisitudes de victorias y de derrotas alternas y   donde se encontraron empeñados todos los poderes políticos europeos, concluyéndose  con la victoria práctica de las Potencias protestantes, la de Francia como potencia emergente, y la derrota diplomática del Imperio de los Habsburgo  que representaban teóricamente los intereses de los católicos en el centro de Europa; c) la paz de Westfalia (1648) sanciona la nueva situación europea, se traza un nuevo mapa político; se reconoce a los protestantes, incluidos los calvinistas, la igualdad de derechos en el campo religioso (no a otros protestantes o confesiones religiosas disidentes) en los diversos territorios; se establece un criterio en las relaciones políticas entre los Estados, la del “equilibrio”, que determinará el establecimiento de tratados y de paces (siempre efímeras en los siglos siguientes) entre los Estados europeos soberanos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Además esta fecha señala el final definitivo del sistema político medieval, fundado sobre la autoridad  imperial en el conjunto civil de la Christianitas y la del Papa en el campo espiritual en la misma. Después de Westfalia, el Papado se verá excluido durante muchos tiempo en los congresos de carácter civil-político internacionales . La violencia religiosa partió de los intereses políticos en juego, que con frecuencia instrumentalizaron a su provecho la cuestión religiosa. Típico de tal mentalidad fue el nacimiento y la praxis ya recordada del “cuius regio et illius et religio” que se impone políticamente tras la Paz de Augusta de 1555. El Príncipe político (= el Estado, cada vez más autárquico) es de hecho un “summus pontifex” secularizado, fuente indiscutible de moralidad al servicio del Estado. Se trata de una vuelta práctica a la antigua concepción autárquica del Estado, vigente durante el Imperio romano como punto último y referencial de toda actividad religiosa, donde el derecho a la libertad de conciencia debe ceder ante los intereses del Estado. Todo Estado tiene un códice de derechos en materia eclesiástica al que corresponden una serie de instituciones para salvaguardarlos y tutelarlos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquí entra la temática del “derecho divino de los reyes”. Jacobo I de Inglaterra, en Prefazione ammonitrice, escribía a comienzos del s. XVII: &amp;quot;los Reyes como los Papas reciben su poder inmediatamente de Dios&amp;quot;. Este principio será asumido por los variados poderes absolutos monárquicos de entonces; más adelante, totalmente secularizado, su ideología o concepción será asumida por las concepciones inmanentistas de todos los totalitarismos estatales. El absolutismo de Estado frente a la Iglesia ejercita sus pretendidos poderes, “ius circa sacra”, con los siguientes pretendidos derechos: ius inspectionis en la administración eclesiástica; ius cavendi de las acciones eclesiásticas; ius protectionis (dirección) de la Iglesia; ius reformandi de los abusos de la Iglesia. Usa de los siguientes medios o instrumentos jurídicos para actual tal política: el &amp;quot;regium placet&amp;quot;, el &amp;quot;exequatur&amp;quot;, la &amp;quot;appellatio ex abusu&amp;quot;, el &amp;quot;ius excludendi&amp;quot; (los prelados no gratos), y la &amp;quot;amortisatio&amp;quot; (sobre los bienes eclesiásticos: desamortización). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En base a estos principios, el absolutismo intenta legislar  sobre las Órdenes religiosas, suprimiendo las menos dóciles a sus intenciones, incautó los bienes eclesiásticos, intentó instilar sus teorías en las universidades, en la enseñanza y en los mismos seminarios eclesiásticos a la hora de enseñar el derecho civil y eclesiástico. Estas posiciones serán aplicadas continuamente en la edad moderna y, desde los tiempos de la Revolución Francesa, serán radicalmente aplicadas por los sistemas políticos que se imponen en el mundo occidental primero y luego en el resto del mundo (regímenes liberales y totalitarios contemporáneos) . ¿Cómo reaccionaron los Papas y una buena parte del pensamiento jurídico y teológico católico ante estas posiciones? Sobre todo, ya en el s. XVII, desde los tiempos de Westfalia, los Papas, como Inocencio X (1644-1655) ante la paz de Westfalia (1648) , Inocencio XI (1676-1689) frente a las posiciones de Luís XIV de Francia en su política eclesiástica (galicanismo político), defendieron la independencia de la Iglesia en su propia esfera. Más tarde, en el siglo XVIII, después de la guerra de sucesión española (1700-1714) que cambió de nuevo el mapa del equilibrio europeo, y sobre todo en tiempos de Benedicto XIV (1740-1758), la Santa Sede intenta la vía de los concordatos con los Estados, sistema que perdura hasta nuestros días. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una parte consistente de teólogos y juristas católicos, sobre todo vinculados a las posiciones de Tomás de Aquino y de los grandes juristas de la Escuela de Salamanca del siglo XVI, así como otros pertenecientes a la Compañía de Jesús, como Roberto Belarmino y Francisco Suárez, entre otros, negaron la teoría del “poder divino de los reyes” y con ello la trasmisión directa del poder político a una persona por Dios. Suárez propone una tesis en la que opone al absolutismo las justas exigencias democráticas: en la transmisión del poder político soberano es necesario la intervención de la sociedad: en el campo político el poder viene de Dios a través del pueblo. No hay que confundir el origen del poder político con su ejercicio. Según la idea de Tomás de Aquino y de sus seguidores de escuela, el bien común tiene que culminar en la sociedad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Suárez, como otros pensadores de la Escuela jurídica de Victoria, ya en el siglo XVI y otros en el mismo sentido en el XVII, sostiene incluso el derecho de una sociedad política a defenderse con la revuelta, si el príncipe (el poder político en ejercicio) viola el pacto establecido entre la sociedad y dicho poder en ejercicio (el príncipe) por el que  el poder le fue transmitido. El ejercicio del poder por ello se encuentra subordinado al consentimiento de los derechos fundamentales del pueblo. Como se puede observar estas posiciones preceden cronológica y ampliamente la elaboración de los derechos fundamentales proclamados a lo largo del s. XVIII por varios pensadores de la ilustración. Por ello también en el s. XVII los absolutismos políticos y los regalismos en sus diversas formas, combaten con determinación a los sostenedores de estas posiciones de derecho político, y a sus sostenedores, que con frecuencia pertenecían a la Compañía de Jesús, y  tampoco pueden excluirse de los motivos que empujaron a los gobiernos ilustrados de la época a su supresión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==NOTAS:==&lt;br /&gt;
  &lt;br /&gt;
&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==BIBLIOGRAFÍA:==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''FIDEL GONZÁLEZ FERNÁNDEZ'''&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.56.173</name></author>
		
	</entry>
	<entry>
		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=DESCUBRIMIENTO_DEL_NUEVO_MUNDO:_Mentalidades_culturales_en_el_Mundo_Europeo_en_la_vigilia_de_1492&amp;diff=3300</id>
		<title>DESCUBRIMIENTO DEL NUEVO MUNDO: Mentalidades culturales en el Mundo Europeo en la vigilia de 1492</title>
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		<updated>2014-03-26T20:46:56Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.173: /* Mentalidades e ideas culturales religiosas y políticas muy generalizadas en el Mundo Europeo Occidental en la vigilia del descubrimiento del “Nuevo Mundo”. */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;==DESCUBRIMIENTO DEL NUEVO MUNDO: Mentalidades culturales en el Mundo Europeo en la vigilia de 1492==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==La llamada Edad Media: un mundo en movimiento==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A lo largo de la Edad Media europea las vías comerciales hacia el Oriente inspiraron leyendas y fantasías, que fueron también alimentadas por las relaciones de los grandes viajeros de la época. Ese periodo histórico, que ya por pura convención a partir de la época renacentista, muchos escritores comenzaron a llamar «Edad Media», existe sólo convencionalmente para designar una amplísima época histórica. En la periodización de la historia que ha entrado en uso desde hace siglos, aquellos mil años de historia europea, más o menos desde el siglo V al siglo XV después de Cristo, se han sucedido épocas muy variadas e incluso en zigzag, con antinomias y contrastes muy fuertes e incluso contrapuestos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por todo ello es sumamente complejo definir de manera absoluta acontecimientos, estructuras y tendencias culturales. El hombre medieval en cuanto tal, no existe unívocamente desde el punto cultural y ni siquiera antropológico. Las transmigraciones de pueblos, los choques y los encuentros, los mestizajes étnicos y culturales de todo tipo se sucedían casi de continuo a lo largo del mapa geográfico de la Europa de entonces. Este hombre “medieval” se encontraba profundamente radicado en su ambiente original. Por ello, el “otro”, el extraño, el extranjero, el diverso, empezaba inmediatamente fuera de las fronteras de su poblado, de su ciudad, de su ambiente; y sin embargo, este hombre medieval fue adquiriendo a lo largo del tiempo un sentido profundo de universalidad que la fe cristiana que lo ha ido formando, amalgamado con las raíces culturales heredadas de la cultura helenista-romana, producía en él. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este hombre se daban dos aspectos aparentemente contradictorios: la movilidad continua (era fruto también de emigraciones de pueblos, siempre en movimiento) y la estabilidad en los lugares que ocupaba y donde se establecía. Por ello unía en sí esta estabilidad que comportaba su dedicación primordial a la agricultura, y por otra los movimientos de guerras de ocupación, comercio, peregrinaciones a lo largo de la geografía europea que comportaban inestabilidad. La misma realidad de una tierra que pronto agotaba su fecundidad debido al clima y a factores como la falta de abonos y fertilizantes, lo obligaban a moverse y a romper aquella estabilidad, si no quería perecer de agotamiento y de hambre. Este campesino debía por ello moverse periódicamente. Por ello, en la Edad Media viajan todos, en una manera o en otra: desde los emperadores, reyes y príncipes, cuyas cortes son casi siempre ambulantes, los caballeros, siempre en movimiento en busca de aventuras y de un “ganarse honor y vida”, hasta los Papas que recorrían la cristiandad moviéndose continuamente de lugar en lugar, a los espíritus religiosos inquietos, peregrinos en movimiento, eremitas, monjes y predicadores que recorrían los caminos europeos a pesar de que la Iglesia intentase continuamente dar una estabilidad a abadías y monasterios (''stabilitas loci''). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin embargo, y a pesar del “voto” de estabilidad en un determinado monasterio, el impulso y el deseo de ponerse siempre en camino caracterizará a estos monjes, frailes y monjas (como los mendicantes) que los caracterizará sobre todo a partir del siglo XIII. Viajaban sobre todo cada vez más los mercaderes (Francisco de Asís, por ejemplo, es hijo de uno de ellos, comerciante en Francia); viajaban los estudiantes que recorrían las universidades y escuelas nacientes; muchos clérigos llamados por ello “vagantes” y que serán objeto de normas disciplinares por parte de la Iglesia; viajaban muchos obispos y abades; viajaba también mucha gente perteneciente a clases sociales más bajas (soldados, peregrinos, criados…). Con las personas viajaban también las cosas, los objetos, las costumbres, las reliquias de los santos (llama la atención la cantidad de reliquias que se encuentran distribuidas en centenares de iglesias en Europa, a veces procedentes del Oriente cristiano o de lugares lejanos geográficamente del lugar donde se veneraban en relicarios y numerosas iglesias). Este viaje de reliquias (que ya databa desde los tiempos de la reina longobarda Teodolinda en tiempos de san Gregorio Magno –  finales del s. VI-) constituía también uno de los aspectos más llamativos del comercio (comercio de reliquias); viajaban también las mercancías, los libros y las ideas, las historias y las leyendas, las fábulas y las fantasías dadas como historias ciertas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se viajaba con las creaciones poéticas hasta el Paraíso Terrestre y hasta el Más Allá. Siguiendo las fuentes célticas o germánicas, las antiguas todavía conservadas del viejo mundo greco-romano, las traídas por los musulmanes se fabricaron numerosas relaciones de itinerarios fantásticos en mundos desconocidos, o en el Mundo de la Eternidad. Ya cerca de la nueva Edad Moderna, la Divina Comedia de Dante es un ejemplo de ello. Existe también una rica literatura medieval onírica, hecha de sueños y de visiones. Se crean países fantásticos, como el del “Preste Juan” en una imaginada Etiopia cristiana. Se entiende así también el tipo corriente de mucha hagiografía donde abunda este mundo imaginado de visiones, también sobrenaturales, dadas como reales. No se puede por ello olvidar, que este deseo de conocer, recorrer y entrar en mundos desconocidos empuja al hombre medieval a lanzarse hacia mundos desconocidos y prácticamente prohibidos. Es ya los comienzos de una nueva edad, la moderna, y la de los grandes viajes oceánicos y terrestres más allá de las viejas fronteras del mundo europeo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Mentalidades e ideas culturales religiosas y políticas muy generalizadas en el Mundo Europeo Occidental en la vigilia del descubrimiento del “Nuevo Mundo”.==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para entender el impacto que la entrada del llamado Nuevo Mundo en la escena del mundo occidental representó para la vieja Europa del otoño, ya prácticamente concluido, de la Edad Media Europea y comienzos de la modernidad, necesitamos ofrecer algunos datos elementales de su panorámica general, al menos para situar el estado religioso y sociopolítico, especialmente de la Península Ibérica (España y Portugal). A la luz de su cosmovisión, pueden comprenderse muchos de sus comportamientos, así como las actitudes de los primeros evangelizadores del Nuevo Mundo.&lt;br /&gt;
1) Ante todo se debe tener en cuenta la supervivencia todavía de  una situación de cristiandad en la época de los descubrimientos. Persistían todavía las expresiones del proyecto político religioso de 1a Edad Media europea occidental como:&lt;br /&gt;
	&lt;br /&gt;
1. Las del universalismo de la cristiandad con la refundición de competencias o mezcla entre la esfera sagrada y eclesial y la temporal secular, cuyas expresiones eran por una parte el papel fundamental del Papado (“Sacerdotium”) y por otra la del “Imperium Sacrum Romanum Germanum Christianum”, en antigua lucha de competencias jurídicas sobre el mismo campo de los pueblos latino-germánicos de la cristiandad occidental, todos ellos considerados plenamente cristianos.&lt;br /&gt;
	&lt;br /&gt;
2. Las funciones del emperador y del papa estaban bien encuadradas en esta mentalidad: el Emperador (y luego cada rey o príncipe en su territorio, reino o principado), era el defensor de la fe. El Papa, por su parte, era el garante de la conservación de la fe y de su difusión. Esta mentalidad que atraviesa toda la edad media se ve bien en las actuaciones y polémicas entre el “Imperium” y el “Sacerdotium” en tiempos, por ejemplo, de Gregorio VII (1073-1085), Alejandro III (1159-1181), Inocencio III (1198-1216), Bonifacio VIII (1294-1303) y todavía en tiempos sucesivos, como el conflicto entre Juan XXII (1316-1334) y el emperador Ludovico el Bávaro (1314-1347),  que fue el último gran conflicto, que cerrará la fase medieval de las relaciones entre el Imperio y la Iglesia.&lt;br /&gt;
	&lt;br /&gt;
3. La mentalidad o teoría de “''las dos espadas''”: la secular que defiende la fe de los enemigos internos o externos, y la espiritual que defiende y sostiene espiritualmente dentro de la cristiandad. La bula &amp;quot;''Unam Sanctam''&amp;quot; (1303) de Bonifacio VIII defiende estas posiciones desde el punto de vista jurídico y teológico. Su posición tenía intenciones hierocracias  y teológicas, no políticas: conservar le unidad de la fe y de la Cristiandad. Los Papas no pensaban ser señores del mundo, sino custodios de la ortodoxia de la fe y de la unidad espiritual de la Cristianitas (Hoeffner). Ello explicará en el fondo la apelación de las naciones-potencias cristianas en los conflictos internos entre ellas al Papa como árbitro para resolverlos, y las intervenciones del Pontífice romano en las mismas, como sucederá en el conflicto entre los reinos de Portugal y de Castilla [España] con la cuestión de las esferas de influencia marítima y de las tierras a explorar e imponer en ellas el propio influjo y dominio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tal fue el sentido del ''Tratado de Tordesillas'' (1494) y la intervención del papa Alejandro VI a petición de ambas Potencias. Las bulas alejandrinas de 1493 habían sido emanadas en tal circunstancia para resolver a modo de arbitraje, entre otras cosas,  el conflicto entre las dos Potencias. Ya en 1479-1480 Castilla y Portugal habían fijado por el ''Tratado de Alcaçovas-Toledo'' su esfera de acción dentro del Atlántico, quedando para Castilla las Islas Canarias y Santa Cruz de Mar Pequeña. Lo mismo harán en 1494, con el acuerdo de Tordesillas, en que los dos países establecen zonas de acción. Una bula papal ratificó uno y otro acuerdo. Los tratados, fijando delimitaciones, se habían venido firmando por las coronas peninsulares desde 1179; en cuanto a las bulas fueron documentos habituales en las exploraciones lusitanas por África, otorgando privilegios y monopolios o delimitando zonas. Por eso las bulas concedidas en el Atlántico a los portugueses son los antecedentes de las que Castilla recibe ratificando su acción descubridora, obra de Alejandro VI. Respaldaba a las bulas la teoría sobre el Papa como “''Dominus Orbis''” en el campo espiritual, teoría que algunos quisieron extender también al campo temporal. &lt;br /&gt;
	&lt;br /&gt;
En este periodo histórico se escriben y perviven muchas posiciones teológicas y jurídicas de teólogos y canonistas que sostienen la tesis sobre la hierocracia pontificia. Entre ellos se pueden  recordar algunos como: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
1) Egidio Romano (+1316), con su visión platónica y su agustinismo político, es decir, la tesis de que la plena legitimidad política se da sólo cuando es sobrenatural (''De Ecclesiastica  potestate''); &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
2) Jacobo de Viterbo (+1308) quien afirma que &amp;quot;''sin fe no hay poder absolu¬tamente verdadero. No digo que no exista en absoluto y que sea nulo o totalmente ilegítimo, sino que no es auténtico ni perfecto''&amp;quot;; &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
3) Álvaro Pelayo (+1350) (''De planctu Ecclesiae'') y Agustín de Ancona (+1328) que extreman las concepciones hierocráticas convirtiéndolas en cesarocráticas; teorías que atraviesan el siglo XIV, en los momentos más álgidos de las polémicas entre las concepciones del papel de la autoridad civil secular y la eclesiástica papal. Basta pensar a las polémicas entre Felipe el Hermoso de Francia y el Papa Bonifacio VIII, y las de Ludovico el Bávaro y el papa Juan XXII; las polémicas entre las corrientes jurídicas de los llamados “legistas” y la de los “canonistas”. Entre las posiciones sostenidas por los legistas destaca la de Marsilio de Padua con su “Defensor Pacis”;  y entre los “canonistas” los que seguían el pensamiento del canonista y luego Papa, Bonifacio VIII. Para los primeros el poder recaería totalmente en manos del Príncipe secular, también en las cuestiones eclesiásticas. Para los segundos recaería en el Papa, que sería un &amp;quot;''Dominus Orbis''&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
4) Otros autores notables de la época son Alonso de Cartagena (+1456), que interviene en la polémica cuando ya los portugueses y españoles, al final de la Reconquista  del poder musulmán, comienzan a poner pie en el norte de África o en sus costas Nord atlánticas. 5) Poco antes encontramos a otro teólogo y jurista, el notable Jehan Le Charlier, conocido como Gersón por el lugar de su nacimiento (1363-1429), canciller de la Sorbona (1395), sostenedor de un fuerte conciliarismo en los momentos más duros de la división de la cristiandad en el llamado ''cisma de Occidente'' (1378-1417), también como propuesta resolutoria de aquella división, no querida por la cristiandad y que no encontraba una vía de solución fácil. Gersón ni es un teórico de una utopía irrealizable de separación total entre las dos esferas espiritual y temporal, ni tampoco se inclina por una de las dos sostenidas por muchos contemporáneos, o por un predominio del poder espiritual (hierocracia). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
5) Mucho antes que todos ellos, ya Santo Tomás de Aquino (+1274) había sostenido la teoría de la autonomía de las dos esferas en cada uno de sus campos propios, echando las bases filosófico-teológicas de las justas relaciones entre el mundo de lo civil y el de lo eclesiástico, entre el derecho natural y el positivo, con los fundamentos filosófico-jurídicos, que sobre todo sus discípulos de la Escuela de Salamanca, desarrollarán, a partir de los comienzos del siglo XVI, cuando se comenzará a debatirse fuertemente la problemática del derecho de gentes&amp;lt;ref&amp;gt;V. Carro, ''La Teología y los Teólogos juristas españoles ante la conquista de América'', Salamanca 1951², pp. 99-169.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Por todo ello no se puede confundir el estado sobrenatural de gracia y todo lo que a él corresponde, con la virtud cardinal de la justicia y el campo que pertenece a la pura ley natural.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquí hay que apuntar varios elementos extraños que se introducen come tentación frecuente también en la historia del cristianismo. Ante todo hay que tener en cuenta un fenómeno frecuente en la mentalidad de muchos pueblos, y entre ellos el europeo medieval: la sacralización de las estructuras temporales. El ejercicio de la actividad humana recibe legitimidad constructiva por una ''cristificación y eclesialización''. No hay una diferencia o separación nítida entre las esferas naturales temporales, y las espirituales o sobrenaturales. Para el hombre cristiano medieval cuanto no es cristiano queda al margen de la ciudad humana. Por ello, en muchas mentalidades de la época, cuanto no era plenamente cristiano y ortodoxo quedaba al margen dela ciudad terrena. Ya el códice de Justiniano (s. VI) había hecho coincidir la plenitud de los derechos del ciudadano con el hecho de su pertenencia a la ortodoxia católica&amp;lt;ref&amp;gt;El Código de Justiniano (Codex Iustinianus) es una recopilación de constituciones imperiales promulgada por el emperador Justiniano, en una primera versión, el 7 de abril de 529, y en una segunda, el 17 de noviembre de 534. Este último forma parte del denominado ''Corpus Iuris Civilis''. El 16 de noviembre de 534 se promulgó el &amp;quot;segundo&amp;quot; Código de Justiniano (denominado en ocasiones Codex repetitae praelectionis), quedando derogado el anterior y prohibida su alegación. Está estructurado en 12 libros, divididos en títulos, que contienen las constituciones.&amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El llamado “edicto” o “acuerdo” de Milán de los emperadores Constantino y Licinio del 313 d.C., había reconocido el derecho a la libertad religiosa en igualdad de condiciones a todos los ciudadanos del Imperio – y por lo tanto a los cristianos, poniendo fin a las persecuciones anticristianas por motivos de pertenencia religiosa-; el reconocimiento de ese derecho fundamental para todas las personas constituye un hecho excepcional en la historia de la libertad religiosa. Años más tarde, el emperador Teodosio con el Edicto “''Cunctos populos''” del 380 había reconocido la religión católica ortodoxa como la religión oficial del Imperio (la fe cristiana católica profesada por el obispo de Roma, Dámaso, y el obispo Pedro de Alejandría, en comunión con él), que era un modo claro de excluir a los arrianos de tal reconocimiento. Justiniano convierte a la religión católica-ortodoxa, profesada por los primeros grandes Concilios, en “''religio única''” del Imperio, excluyendo así cuantos no la profesaban (herejes). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un gesto que revelaba aquella consecuencia jurídica fue la decisión de cerrar la Academia pagana de Atenas. Tal fue la mentalidad que predominó a lo largo de la edad Media occidental, hasta que en tiempos de la controversia luterana y las primeras guerras de religión, se llega a la paz de Augusta (1555) donde el emperador Carlos V se ve obligado a pactar con los príncipes luteranos, reconociendo a la par los derechos de católicos y luteranos, dando a cada Príncipe, católico o luterano, la libertad de elección de una u otra confesión en cada territorio según la conveniencia de cada Príncipe (“cuius regio et illius et religió”). Así el Poder Político decidía a cuál de las dos confesiones cristianas acoger y dar plena libertad de culto en el propio territorio. Casi un siglo más tarde, la Paz de Westfalia (1647) extenderá el mismo criterio dentro del Imperio también a los calvinistas. A lo largo de la historia más que milenaria de la Europa cristiana habían sido respetados los judíos, que gozaron jurídicamente de una propia libertad de culto y expresión cultural a lo largo de aquellos siglos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si una tal exclusión de ciudadanía se había extendido a los antiguos paganos y a los considerados herejes, el mismo criterio habría de ser aplicado a los “infieles”. En el mundo occidental europeo en la vigilia del “descubrimiento” de un Nuevo Mundo, en 1492, ¿quiénes eran considerados “infieles”, o “diversos”, o no cristianos? Los únicos generalmente conocidos eran los tártaros, los judíos (que, como dicho, vivían mezclados dentro de la sociedad cristiana) y los mahometanos, muchos de ellos en tierras fronterizas con los reinos cristianos y considerados, en muchos casos, como invasores de antiguas tierras cristianas, desde la Tierra Santa hasta los confines del mundo Occidental, la Hispania cristiana. Entre cristianos y musulmanes no había corrido generalmente una relación amistosa desde los tiempos de las Cruzadas. Al contrario, había predominado una relación claramente hostil y con frecuencia guerrera. En el caso hispano, en España se había vivido desde la invasión árabe-bereber del año 711 hasta precisamente el 6 de enero 1492, una historia de reconquista por parte de los reinos cristianos, que forjará un peculiar temperamento en el mundo hispano de entonces. A mediados de la Edad Media los reinos cristianos occidentales emprenden las campañas de las Cruzadas para recuperar la Tierra Santa ocupada por los musulmanes, Cruzadas que  concluirán desastrosamente, complicando aún más la historia cuando intereses bastardos se mezclaron a los ideales de sus comienzos; y muy pronto implicaron también al ya en franca decadencia, Imperio bizantino. Algunos poderes políticos y económicos de la última Cruzada intentaron también dilapidarlo en favor de los propios intereses. Los nuevos intentos de Cruzada fomentada por algunos papas, tras la invasión de los turcos otomanes y su conquista de Constantinopla (1453) de apoyar o impedir el fin de aquel vetusto Imperio “romano” de Oriente, fracasaron totalmente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Primeros intentos de circunnavegación del continente africano y nacimiento del sistema del “Padroado” portugués en los comienzos de la época moderna==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En esta panorámica ideológica y política hay que encuadrar la visión europea occidental que se comienza a difundir sobre el mundo geográfico y antropológico africano, hasta entonces totalmente al margen del mundo Mediterráneo. El Mediterráneo se había convertido desde hacía siglos en un mar hostil para el mundo cristiano de la Europa Occidental, desde que sus costas africanas se encontraban totalmente controladas por el poder islámico. El antiguo “Mare Nostrum” latino se había convertido en un “Mare Hostile”, plagado de insidias, de piratería siempre en auge. Tal piratería, a partir del siglo XVI, se organizará incluso con una especie de acuerdo consentido y aplicado con los llamados “corsarios”, sobre todo tras el dominio turco-otomano del Medio Oriente y de las costas del África mediterránea. Además el mundo cristiano occidental no conocía el África subsahariana; al máximo tenía muy vagas e imprecisas noticias de la existencia de este continente. Era considerado casi una península, prolongación del mundo asiático; y desde el punto de vista religioso como una prolongación del mundo mahometano, con poblaciones negras, a él sometidas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En algunos casos se tenían noticias vagas de la existencia de una especie de “isla”, enclave o “reino” cristiano, dentro de ese mundo, en la parte oriental, Etiopia o “el reino del preste Juan”, como muchos escritores occidentales vagamente lo llamaban. Todo era vago, impreciso e inexacto en ese conocimiento de África. Cuando los portugueses cerraron el ciclo de la reconquista en la parte de las tierras ibéricas meridionales, cerrando geográficamente las fronteras del reino de Portugal en la península ibérica, quisieron continuar aquella reconquista en las tierras del África mediterránea con la conquista de algunos enclaves en las costas mediterráneas frente a la Península ibérica como Ceuta y Melilla. Su propósito era poner una posible barrera a futuras invasiones de los bereberes musulmanes o de los aliados de los turcos. Casi de inmediato comenzaron  a ensanchar su empresa explorando las costas atlánticas africanas. Los motivos que los empujaron a ello hay que leerlos en su conjunto: se encontraban entretejidos los ya apuntados de continuación de los ideales de la “reconquista”, los políticos, y los religiosos de una voluntad explícita de difundir la fe cristiana. A estos motivos hay que añadir los comerciales. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En una Europa que se abría a una nueva época que la historiografía conoce como “la modernidad” y en la que venecianos, genoveses y otras repúblicas marineras, sobre todo italianas, buscaban mercados en el Oriente, sobre todo el de las llamadas “especies”, para responder a las exigencias de las nuevas sociedades y estados europeos en vías de formación moderna, los portugueses entraron con decidida voluntad en esta competición. Su periplo marino hacia el sur sigue de cerca las costas africanas. En tal estrategia fue determinante, también por motivos prácticos, las necesidades que les imponía la navegación misma. Ésta les obligaba a seguir las rutas cercanas a las costas, para poder apoyarse en ellas, encontrar lo necesario para su subsistencia y progreso en la navegación hacia los mares del sur. Los límites de los navíos o carabelas entonces existentes para una navegación de tan largas distancias, en mares desconocidos y peligrosos,  serán factores fundamentales para buscar nuevos instrumentos de navegación y la construcción de navíos más apropiados para cruzar los mares. Fueron así descubriendo la realidad de un continente, nuevo para el mundo europeo en sus dimensiones geográficas: África. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El rey de Portugal Juan II, mandó una expedición marítima (1486-87) al mando de Bartolomé Díaz (Bartholomeu Dias de Novaes) (c.1450-1500?), que con tres navíos llega hasta la punta meridional extrema del Continente (1487), al que llama Cabo de las Tormentas, doblándola y confirmando así la posibilidad de proseguir hacia la India a través de una ruta marítima . El rey portugués cambió significativamente el nombre del Cabo de las Tormentas  en Cabo de Buena Esperanza, pero todavía los portugueses emplearían algunos años en aprovechar aquel descubrimiento; sobre todo porque se esperaban los resultados de otra expedición, conducida por otro portugués, Pedro o Pêro da Covilhã (c. 1460 – entre 1526 y 1530) , junto con otro portugués, Alfonso de Paiva (que morirá en la expedición), enviados por el rey de Portugal, Juan II, a Etiopía. Seguirán la ruta mediterránea, Egipto y Adén (1487-1488) con la ayuda de algunos mercaderes judíos portugueses presentes en Egipto. En 1489-1490 llegarán a Goa y Calicut en la India. Desde 1490 a 1530 se establecerá en Etiopia, donde muere. Llega a Etiopia en el mismo año de la expedición marítima alrededor del Continente africano de Bartolomé Díaz (1497-1500) . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los contactos con este país se remontaban ya a los tiempos del Concilio de Florencia en 1441. Habían comenzado a través del abad del monasterio etíope en Jerusalén. El Negus (emperador) etíope Zara Yakob (1434-1468) mandará luego una embajada al Papa y al Rey de Nápoles, que ya era un aragonés, Fernando I de Aragón, el Magnánimo (rey: 1442-1458) en 1450 .  En 1482 una delegación de franciscanos habían visitado también Etiopia y  habían encontrado diez italianos al servicio del Negus (emperador etíope) desde hacía 25 años. Será la expedición marítima de Vasco da Gama la que circunnavegará prácticamente el continente africano, zarpa desde Lisboa el 8 de julio de 1497 con tres navíos: São Gabriel (120 t), São Rafael (100 t), bajo el mando de Nicolão Coelho, y Santa Fe, mandada por su hermano Pablo da Gama, llegando a la India en 1498 . Fue el primer explorador en la historia moderna que navegó dando la vuelta a África alejándose de las costas para aprovecharse de vientos más favorables. Acompañado por Bartolomé Díaz hasta el Cabo de Buena Esperanza pasó adelante circunnavegándolo. En noviembre pasó por las costas sudafricanas de Natal, como las llamará en memoria del Misterio de la Navidad cristiana . África no era una “pequeña península” o un apéndice del mundo asiático. Tenía una entidad geográfica, humana y religiosa. Tampoco era un mundo musulmán. Estaba poblada de gentes de color, el “mundo de los negros” como enseguida se le comenzó a llamar, o la “Nigricia”.&lt;br /&gt;
	&lt;br /&gt;
==Mentalidad jurídica restrictiva en el campo religioso.== &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya ha quedado señalado como en la expansión hacia África, los europeos de entonces (en el caso específico, los portugueses en primer término), creyeron que la negritud era una prolongación del islamismo. Las conquistas portugueses de aquellos territorios se hicieron bajo el signo de la cruzada, como pasaría más tarde con los españoles y los mismos portugueses en América. Así la  bula Dudum cum ad nos (1436) de Eugenio IV al rey de Portugal Eduardo (rey: 1433-1438), solicitada por éste, lo anima a continuar la obra de su padre Juan I (rey: 1383-1433) y habla de los motivos, entre otros, de conservar y defender la fe, que llevaron Juan I a la conquista de Ceuta del poder musulmán (“de manibus perfidorum Sarracenorum in partibus Africae manu armata abstulerat, necnon pro recuperatione aliorum terrarum, castrorum et locorum ab ipsis infidelibus in eisdem partibus constitutorum, nostrae certi tenoris litteras, quae cruciata vulgariter nuncuparetur, consessimus, et similiter certas ínsulas Canariae, quas ab infidelibus possideri, et in quibus nullum Principem Christianum jus habere aut praetendere asserebas, tibi per alias nostras litteras dedimus in conquestam, prout in ipsis litteris latius continetur…” . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El tema será de nuevo reafirmado en las bulas de Nicolás V (1447-1455) al rey Alfonso V de Portugal, llamado el Africano, (regente y luego rey:1438-1481), Dum diversas (18.6.1452) y Divino amore communiti (18.6.1452) , en las que le autoriza su empresa conquistadora en el norte de África contra los emiratos musulmanes. Las bulas siguen las teorías jurídicas sobre la autoridad del Papa, también en materia temporal, y sobre la conquista de tierras de “infieles”. Entra aquí, añadida, también a la teoría, siempre más difundida en algunos ambientes de la época sobre el tema de la servidumbre de los infieles en el sentido de que se les podía someter a perpetua servidumbre; ello da pie a querer justificar este tipo de conquistas y de sometimiento de las poblaciones “infieles” o musulmanas.  La Romanus Pontifex del 8 de enero de 1454 del mismo Nicolás V reafirma las mismas ideas de la Divino Amore communiti, justificando las empresas de conquista de las tierras de “los sarracenos y paganos y otros infieles y enemigos de Cristo, cualesquiera que sean y donde quiera que se encuentren” y concediendo al Infante Don Enrique, el Navegante e hijo del rey Alfonso V varios privilegios con el fin de propagar la fe cristiana en las tierras descubiertas o por descubrir (arranque del padroado) . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así, “infieles” (que entonces son prácticamente confundidos con los musulmanes) y  los herejes, quedaban por lo ya apuntado, fuera de todo reconocimiento jurídico en el ámbito de la christianitas. Lo herejes constituían en aquella sociedad movimientos híbridos de tipo religioso que se desdoblaban en sistemas antisociales o en fenómenos anárquicos que asumían formas religiosas específicas según los lugares, como en el caso de los fenómenos de los pataros, valdenses, albigenses, y más tarde wiclefistas y husitas, por citar algunos grupos heterodoxos. Se debe añadir que, ni los reinos ibéricos (Portugal y España), ni los demás en la cristiandad europea de comienzos de la Edad Moderna, conocieron el hecho de la idolatría en el sentido bíblico del término, y que la idolatría, según ya la tradición bíblica, era considerada la más aberrante actitud religiosa que el hombre podía asumir. Será ésta una realidad con la que los europeos encontrarán en las tierras del Nuevo Mundo bajo formas variadas,y que interpretarán estrictamente en el más puro y literal sentido bíblico antiguo testamentario como una forma aberrante e intolerable de religiosidad.  Dicha realidad se impondré a los recién llegados que deberán tratar el caso y asumir una actitud evangelizadora que asumirá formas radicales y contundentes en el combatirla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las formas que esa radicalidad asume son variadas; necesitan ser encuadradas en la mentalidad jurídica de la época para entenderlas. Ante todo se producen también como efecto político de la unidad de la fe, de la unidad buscada de la cristiandad (que muy pronto ella misma se encontrará dividida en su seno con interpretaciones opuestas del mismo cristianismo en tiempos de la Reforma protestante). Pero la parte católica en sus principios, y más tarde también la protestante, defenderán con ahínco, e incluso con violencia tales principios. Es el caso de la institución de la Inquisición en sus variadas formas: española y portuguesa, romana, episcopal, etc… . En el caso protestante va también estudiada en tal contexto la intolerancia religiosa como en la Inglaterra anglicana, en los principados protestantes del luteranismo germánico y en el calvinismo en sus dominios confesionales y políticos, ya a partir de Calvino en Ginebra. Esta intolerancia dará origen en Europa a las penosas y largas guerras de religión, como en Francia, Holanda e Inglaterra, y sobre todo la larga “guerra de los Treinta años” que en el siglo XVII asolaría media Europa central. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hay que recordar sus raíces y sus consecuencias desastrosas: en los Países Bajos (1560-1579); en Francia (Hugonotes-calvinistas y católicos) (1562-1594): Edicto de Nantes (1598); la guerra de los Treinta años (1618-1648): Paz de Westfalia (1648). Las consecuencias jurídicas: en DSR 50, 230, 235, 519,  627, 1146): a) La paz de Augusta (1555): libertad de culto para los luteranos, pero no para los calvinistas, b) Guerra de los Treinta años (1618-1648) con 4 fases con vicisitudes de victorias y de derrotas alternas y   donde se encontraron empeñados todos los poderes políticos europeos, concluyéndose  con la victoria práctica de las Potencias protestantes, la de Francia como potencia emergente, y la derrota diplomática del Imperio de los Habsburgo  que representaban teóricamente los intereses de los católicos en el centro de Europa; c) la paz de Westfalia (1648) sanciona la nueva situación europea, se traza un nuevo mapa político; se reconoce a los protestantes, incluidos los calvinistas, la igualdad de derechos en el campo religioso (no a otros protestantes o confesiones religiosas disidentes) en los diversos territorios; se establece un criterio en las relaciones políticas entre los Estados, la del “equilibrio”, que determinará el establecimiento de tratados y de paces (siempre efímeras en los siglos siguientes) entre los Estados europeos soberanos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Además esta fecha señala el final definitivo del sistema político medieval, fundado sobre la autoridad  imperial en el conjunto civil de la Christianitas y la del Papa en el campo espiritual en la misma. Después de Westfalia, el Papado se verá excluido durante muchos tiempo en los congresos de carácter civil-político internacionales . La violencia religiosa partió de los intereses políticos en juego, que con frecuencia instrumentalizaron a su provecho la cuestión religiosa. Típico de tal mentalidad fue el nacimiento y la praxis ya recordada del “cuius regio et illius et religio” que se impone políticamente tras la Paz de Augusta de 1555. El Príncipe político (= el Estado, cada vez más autárquico) es de hecho un “summus pontifex” secularizado, fuente indiscutible de moralidad al servicio del Estado. Se trata de una vuelta práctica a la antigua concepción autárquica del Estado, vigente durante el Imperio romano como punto último y referencial de toda actividad religiosa, donde el derecho a la libertad de conciencia debe ceder ante los intereses del Estado. Todo Estado tiene un códice de derechos en materia eclesiástica al que corresponden una serie de instituciones para salvaguardarlos y tutelarlos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquí entra la temática del “derecho divino de los reyes”. Jacobo I de Inglaterra, en Prefazione ammonitrice, escribía a comienzos del s. XVII: &amp;quot;los Reyes como los Papas reciben su poder inmediatamente de Dios&amp;quot;. Este principio será asumido por los variados poderes absolutos monárquicos de entonces; más adelante, totalmente secularizado, su ideología o concepción será asumida por las concepciones inmanentistas de todos los totalitarismos estatales. El absolutismo de Estado frente a la Iglesia ejercita sus pretendidos poderes, “ius circa sacra”, con los siguientes pretendidos derechos: ius inspectionis en la administración eclesiástica; ius cavendi de las acciones eclesiásticas; ius protectionis (dirección) de la Iglesia; ius reformandi de los abusos de la Iglesia. Usa de los siguientes medios o instrumentos jurídicos para actual tal política: el &amp;quot;regium placet&amp;quot;, el &amp;quot;exequatur&amp;quot;, la &amp;quot;appellatio ex abusu&amp;quot;, el &amp;quot;ius excludendi&amp;quot; (los prelados no gratos), y la &amp;quot;amortisatio&amp;quot; (sobre los bienes eclesiásticos: desamortización). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En base a estos principios, el absolutismo intenta legislar  sobre las Órdenes religiosas, suprimiendo las menos dóciles a sus intenciones, incautó los bienes eclesiásticos, intentó instilar sus teorías en las universidades, en la enseñanza y en los mismos seminarios eclesiásticos a la hora de enseñar el derecho civil y eclesiástico. Estas posiciones serán aplicadas continuamente en la edad moderna y, desde los tiempos de la Revolución Francesa, serán radicalmente aplicadas por los sistemas políticos que se imponen en el mundo occidental primero y luego en el resto del mundo (regímenes liberales y totalitarios contemporáneos) . ¿Cómo reaccionaron los Papas y una buena parte del pensamiento jurídico y teológico católico ante estas posiciones? Sobre todo, ya en el s. XVII, desde los tiempos de Westfalia, los Papas, como Inocencio X (1644-1655) ante la paz de Westfalia (1648) , Inocencio XI (1676-1689) frente a las posiciones de Luís XIV de Francia en su política eclesiástica (galicanismo político), defendieron la independencia de la Iglesia en su propia esfera. Más tarde, en el siglo XVIII, después de la guerra de sucesión española (1700-1714) que cambió de nuevo el mapa del equilibrio europeo, y sobre todo en tiempos de Benedicto XIV (1740-1758), la Santa Sede intenta la vía de los concordatos con los Estados, sistema que perdura hasta nuestros días. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una parte consistente de teólogos y juristas católicos, sobre todo vinculados a las posiciones de Tomás de Aquino y de los grandes juristas de la Escuela de Salamanca del siglo XVI, así como otros pertenecientes a la Compañía de Jesús, como Roberto Belarmino y Francisco Suárez, entre otros, negaron la teoría del “poder divino de los reyes” y con ello la trasmisión directa del poder político a una persona por Dios. Suárez propone una tesis en la que opone al absolutismo las justas exigencias democráticas: en la transmisión del poder político soberano es necesario la intervención de la sociedad: en el campo político el poder viene de Dios a través del pueblo. No hay que confundir el origen del poder político con su ejercicio. Según la idea de Tomás de Aquino y de sus seguidores de escuela, el bien común tiene que culminar en la sociedad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Suárez, como otros pensadores de la Escuela jurídica de Victoria, ya en el siglo XVI y otros en el mismo sentido en el XVII, sostiene incluso el derecho de una sociedad política a defenderse con la revuelta, si el príncipe (el poder político en ejercicio) viola el pacto establecido entre la sociedad y dicho poder en ejercicio (el príncipe) por el que  el poder le fue transmitido. El ejercicio del poder por ello se encuentra subordinado al consentimiento de los derechos fundamentales del pueblo. Como se puede observar estas posiciones preceden cronológica y ampliamente la elaboración de los derechos fundamentales proclamados a lo largo del s. XVIII por varios pensadores de la ilustración. Por ello también en el s. XVII los absolutismos políticos y los regalismos en sus diversas formas, combaten con determinación a los sostenedores de estas posiciones de derecho político, y a sus sostenedores, que con frecuencia pertenecían a la Compañía de Jesús, y  tampoco pueden excluirse de los motivos que empujaron a los gobiernos ilustrados de la época a su supresión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==NOTAS:==&lt;br /&gt;
  &lt;br /&gt;
&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==BIBLIOGRAFÍA:==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
*Bihlmeyer, K. –Tuechle, H., Storia della Chiesa, ed. ital. a cura di I. Roger, III-IV, Brescia 1960, 1993 (11ª edición).&lt;br /&gt;
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*''Dizionario Storico Religioso [DSR], a cura di P. Chiocchetta,'' Ed. Studium, Roma 1966, pp. 50, 847,1062, 627, 1146, 521, 537 (sobre las guerras de religión europeas). &lt;br /&gt;
*Ehler, S. Z.  – Morrall, J. B., ''Church and State Through the Centuries: A Collection of Historic Documents'', Burns &amp;amp; Oates 1954; *Biblo &amp;amp; Tannen Publisher, 1967; trad. ital. ''Chiesa e Stato attraverso i secoli'', Ed. Vita e Pensiero, Milano, 1958.&lt;br /&gt;
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*''Historia de la Iglesia en España [HIE]'', dirigida por R. García Villoslada, 5 vols. en 7 tomos, Madrid 1979-1982.&lt;br /&gt;
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*Montalbán, F., ''Historia de la Iglesia Católica'', BAC, IV, Madrid 1963 (3ª edición).&lt;br /&gt;
*Nouvelle Histoire de l’Église [NHE], sous la direction de Rogier, L. J.  – Aubert,  R. – Knowles, M. d., 5 vos., Paris 1964-1976. *Ed. española: 5 vols., Ed. Cristiandad, Madrid, 1964s.&lt;br /&gt;
*Pappalardo, F., Lo &amp;quot;scandalo dell'Inquisizione&amp;quot;. Tra realtà storica e leggenda storiografica, en Processi alla Chiesa. *''Mistificazione e apologia, a cura di Franco Cardini'', PIEMME, Casale Monferrato 1994, 329-352.&lt;br /&gt;
*Pastor, L. von, [Pastor] Historia de los Papas desde finales de la Edad Media, 17 vols. en 23 tomos (ed. española, Roma, 1910-1937). Ed. española, 39 vols. Buenos Aires-Barcelona 1948-1960&lt;br /&gt;
*Pérez Villanueva, J.,  - Escandell Bonet, B., et Alii, Historia de la Inquisición en España y América. ''El conocimiento científico y el proceso histórico de la Institución'' (1478-1834), vol. I, BAC, Madrid 1984; &lt;br /&gt;
*Ranke, L. von, ''Historia de los Papas en la época moderna, ed. española, México 1943 (en perspectiva de un gran historiador protestante'').&lt;br /&gt;
*Sánchez Albornoz, C., ''España, un enigma histórico,'' Buenos Aires 1956.&lt;br /&gt;
*Tomás de Aquino, Summa Theologica, Cuarta edición, Madrid, BAC, 2001, vol. I e II.  Ullman, W., ''The Growth of Papal Government in the Middle Ages'', London, Methuen &amp;amp; Co., 1970.&lt;br /&gt;
*Vacandard, E. (Elphège) 1849-1927, Abbé de Clairvaux, ''The Inquisition: A critical and historical Study of the Coercive Power of the Church, trad. inglesa del francés: Longmans, Green and Co. London – Bombay – Calcutta'', 1908.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''FIDEL GONZÁLEZ FERNÁNDEZ'''&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.56.173</name></author>
		
	</entry>
	<entry>
		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=DESCUBRIMIENTO_DEL_NUEVO_MUNDO:_Mentalidades_culturales_en_el_Mundo_Europeo_en_la_vigilia_de_1492&amp;diff=3298</id>
		<title>DESCUBRIMIENTO DEL NUEVO MUNDO: Mentalidades culturales en el Mundo Europeo en la vigilia de 1492</title>
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		<updated>2014-03-26T20:32:29Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.173: /* Mentalidades e ideas culturales religiosas y políticas muy generalizadas en el Mundo Europeo Occidental en la vigilia del descubrimiento del “Nuevo Mundo”. */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;==DESCUBRIMIENTO DEL NUEVO MUNDO: Mentalidades culturales en el Mundo Europeo en la vigilia de 1492==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==La llamada Edad Media: un mundo en movimiento==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A lo largo de la Edad Media europea las vías comerciales hacia el Oriente inspiraron leyendas y fantasías, que fueron también alimentadas por las relaciones de los grandes viajeros de la época. Ese periodo histórico, que ya por pura convención a partir de la época renacentista, muchos escritores comenzaron a llamar «Edad Media», existe sólo convencionalmente para designar una amplísima época histórica. En la periodización de la historia que ha entrado en uso desde hace siglos, aquellos mil años de historia europea, más o menos desde el siglo V al siglo XV después de Cristo, se han sucedido épocas muy variadas e incluso en zigzag, con antinomias y contrastes muy fuertes e incluso contrapuestos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por todo ello es sumamente complejo definir de manera absoluta acontecimientos, estructuras y tendencias culturales. El hombre medieval en cuanto tal, no existe unívocamente desde el punto cultural y ni siquiera antropológico. Las transmigraciones de pueblos, los choques y los encuentros, los mestizajes étnicos y culturales de todo tipo se sucedían casi de continuo a lo largo del mapa geográfico de la Europa de entonces. Este hombre “medieval” se encontraba profundamente radicado en su ambiente original. Por ello, el “otro”, el extraño, el extranjero, el diverso, empezaba inmediatamente fuera de las fronteras de su poblado, de su ciudad, de su ambiente; y sin embargo, este hombre medieval fue adquiriendo a lo largo del tiempo un sentido profundo de universalidad que la fe cristiana que lo ha ido formando, amalgamado con las raíces culturales heredadas de la cultura helenista-romana, producía en él. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este hombre se daban dos aspectos aparentemente contradictorios: la movilidad continua (era fruto también de emigraciones de pueblos, siempre en movimiento) y la estabilidad en los lugares que ocupaba y donde se establecía. Por ello unía en sí esta estabilidad que comportaba su dedicación primordial a la agricultura, y por otra los movimientos de guerras de ocupación, comercio, peregrinaciones a lo largo de la geografía europea que comportaban inestabilidad. La misma realidad de una tierra que pronto agotaba su fecundidad debido al clima y a factores como la falta de abonos y fertilizantes, lo obligaban a moverse y a romper aquella estabilidad, si no quería perecer de agotamiento y de hambre. Este campesino debía por ello moverse periódicamente. Por ello, en la Edad Media viajan todos, en una manera o en otra: desde los emperadores, reyes y príncipes, cuyas cortes son casi siempre ambulantes, los caballeros, siempre en movimiento en busca de aventuras y de un “ganarse honor y vida”, hasta los Papas que recorrían la cristiandad moviéndose continuamente de lugar en lugar, a los espíritus religiosos inquietos, peregrinos en movimiento, eremitas, monjes y predicadores que recorrían los caminos europeos a pesar de que la Iglesia intentase continuamente dar una estabilidad a abadías y monasterios (''stabilitas loci''). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin embargo, y a pesar del “voto” de estabilidad en un determinado monasterio, el impulso y el deseo de ponerse siempre en camino caracterizará a estos monjes, frailes y monjas (como los mendicantes) que los caracterizará sobre todo a partir del siglo XIII. Viajaban sobre todo cada vez más los mercaderes (Francisco de Asís, por ejemplo, es hijo de uno de ellos, comerciante en Francia); viajaban los estudiantes que recorrían las universidades y escuelas nacientes; muchos clérigos llamados por ello “vagantes” y que serán objeto de normas disciplinares por parte de la Iglesia; viajaban muchos obispos y abades; viajaba también mucha gente perteneciente a clases sociales más bajas (soldados, peregrinos, criados…). Con las personas viajaban también las cosas, los objetos, las costumbres, las reliquias de los santos (llama la atención la cantidad de reliquias que se encuentran distribuidas en centenares de iglesias en Europa, a veces procedentes del Oriente cristiano o de lugares lejanos geográficamente del lugar donde se veneraban en relicarios y numerosas iglesias). Este viaje de reliquias (que ya databa desde los tiempos de la reina longobarda Teodolinda en tiempos de san Gregorio Magno –  finales del s. VI-) constituía también uno de los aspectos más llamativos del comercio (comercio de reliquias); viajaban también las mercancías, los libros y las ideas, las historias y las leyendas, las fábulas y las fantasías dadas como historias ciertas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se viajaba con las creaciones poéticas hasta el Paraíso Terrestre y hasta el Más Allá. Siguiendo las fuentes célticas o germánicas, las antiguas todavía conservadas del viejo mundo greco-romano, las traídas por los musulmanes se fabricaron numerosas relaciones de itinerarios fantásticos en mundos desconocidos, o en el Mundo de la Eternidad. Ya cerca de la nueva Edad Moderna, la Divina Comedia de Dante es un ejemplo de ello. Existe también una rica literatura medieval onírica, hecha de sueños y de visiones. Se crean países fantásticos, como el del “Preste Juan” en una imaginada Etiopia cristiana. Se entiende así también el tipo corriente de mucha hagiografía donde abunda este mundo imaginado de visiones, también sobrenaturales, dadas como reales. No se puede por ello olvidar, que este deseo de conocer, recorrer y entrar en mundos desconocidos empuja al hombre medieval a lanzarse hacia mundos desconocidos y prácticamente prohibidos. Es ya los comienzos de una nueva edad, la moderna, y la de los grandes viajes oceánicos y terrestres más allá de las viejas fronteras del mundo europeo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Mentalidades e ideas culturales religiosas y políticas muy generalizadas en el Mundo Europeo Occidental en la vigilia del descubrimiento del “Nuevo Mundo”.==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para entender el impacto que la entrada del llamado Nuevo Mundo en la escena del mundo occidental representó para la vieja Europa del otoño, ya prácticamente concluido, de la Edad Media Europea y comienzos de la modernidad, necesitamos ofrecer algunos datos elementales de su panorámica general, al menos para situar el estado religioso y sociopolítico, especialmente de la Península Ibérica (España y Portugal). A la luz de su cosmovisión, pueden comprenderse muchos de sus comportamientos, así como las actitudes de los primeros evangelizadores del Nuevo Mundo.&lt;br /&gt;
1) Ante todo se debe tener en cuenta la supervivencia todavía de  una situación de cristiandad en la época de los descubrimientos. Persistían todavía las expresiones del proyecto político religioso de 1a Edad Media europea occidental como:&lt;br /&gt;
	&lt;br /&gt;
1. Las del universalismo de la cristiandad con la refundición de competencias o mezcla entre la esfera sagrada y eclesial y la temporal secular, cuyas expresiones eran por una parte el papel fundamental del Papado (“Sacerdotium”) y por otra la del “Imperium Sacrum Romanum Germanum Christianum”, en antigua lucha de competencias jurídicas sobre el mismo campo de los pueblos latino-germánicos de la cristiandad occidental, todos ellos considerados plenamente cristianos.&lt;br /&gt;
	&lt;br /&gt;
2. Las funciones del emperador y del papa estaban bien encuadradas en esta mentalidad: el Emperador (y luego cada rey o príncipe en su territorio, reino o principado), era el defensor de la fe. El Papa, por su parte, era el garante de la conservación de la fe y de su difusión. Esta mentalidad que atraviesa toda la edad media se ve bien en las actuaciones y polémicas entre el “Imperium” y el “Sacerdotium” en tiempos, por ejemplo, de Gregorio VII (1073-1085), Alejandro III (1159-1181), Inocencio III (1198-1216), Bonifacio VIII (1294-1303) y todavía en tiempos sucesivos, como el conflicto entre Juan XXII (1316-1334) y el emperador Ludovico el Bávaro (1314-1347),  que fue el último gran conflicto, que cerrará la fase medieval de las relaciones entre el Imperio y la Iglesia.&lt;br /&gt;
	&lt;br /&gt;
  3. La mentalidad o teoría de “las dos espadas”: la secular que defiende la fe de los enemigos internos o externos, y la espiritual que defiende y sostiene espiritualmente dentro de la cristiandad. La bula &amp;quot;Unam Sanctam&amp;quot; (1303) de Bonifacio VIII defiende estas posiciones desde el punto de vista jurídico y teológico. Su posición tenía intenciones hierocracias  y teológicas, no políticas: conservar le unidad de la fe y de la Cristiandad. Los Papas no pensaban ser señores del mundo, sino custodios de la ortodoxia de la fe y de la unidad espiritual de la Cristianitas (Hoeffner). Ello explicará en el fondo la apelación de las naciones-potencias cristianas en los conflictos internos entre ellas al Papa como árbitro para resolverlos, y las intervenciones del Pontífice romano en las mismas, como sucederá en el conflicto entre los reinos de Portugal y de Castilla [España] con la cuestión de las esferas de influencia marítima y de las tierras a explorar e imponer en ellas el propio influjo y dominio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tal fue el sentido del Tratado de Tordesillas (1494) y la intervención del papa Alejandro VI a petición de ambas Potencias. Las bulas alejandrinas de 1493 habían sido emanadas en tal circunstancia para resolver a modo de arbitraje, entre otras cosas,  el conflicto entre las dos Potencias. Ya en 1479-1480 Castilla y Portugal habían fijado por el Tratado de Alcaçovas-Toledo su esfera de acción dentro del Atlántico, quedando para Castilla las Islas Canarias y Santa Cruz de Mar Pequeña. Lo mismo harán en 1494, con el acuerdo de Tordesillas, en que los dos países establecen zonas de acción. Una bula papal ratificó uno y otro acuerdo. Los tratados, fijando delimitaciones, se habían venido firmando por las coronas peninsulares desde 1179; en cuanto a las bulas fueron documentos habituales en las exploraciones lusitanas por África, otorgando privilegios y monopolios o delimitando zonas. Por eso las bulas concedidas en el Atlántico a los portugueses son los antecedentes de las que Castilla recibe ratificando su acción descubridora, obra de Alejandro VI. Respaldaba a las bulas la teoría sobre el Papa como “Dominus Orbis” en el campo espiritual, teoría que algunos quisieron extender también al campo temporal. &lt;br /&gt;
	&lt;br /&gt;
En este periodo histórico se escriben y perviven muchas posiciones teológicas y jurídicas de teólogos y canonistas que sostienen la tesis sobre la hierocracia pontificia. Entre ellos se pueden  recordar algunos como: &lt;br /&gt;
1) Egidio Romano (+1316), con su visión platónica y su agustinismo político, es decir, la tesis de que la plena legitimidad política se da sólo cuando es sobrenatural (De Ecclesiastica  potestate); &lt;br /&gt;
2) Jacobo de Viterbo (+1308) quien afirma que &amp;quot;sin fe no hay poder absolu¬tamente verdadero. No digo que no exista en absoluto y que sea nulo o totalmente ilegítimo, sino que no es auténtico ni perfecto&amp;quot;; &lt;br /&gt;
3) Álvaro Pelayo (+1350) (De planctu Ecclesiae) y Agustín de Ancona (+1328) que extreman las concepciones hierocráticas convirtiéndolas en cesarocráticas; teorías que atraviesan el siglo XIV, en los momentos más álgidos de las polémicas entre las concepciones del papel de la autoridad civil secular y la eclesiástica papal. Basta pensar a las polémicas entre Felipe el Hermoso de Francia y el Papa Bonifacio VIII, y las de Ludovico el Bávaro y el papa Juan XXII; las polémicas entre las corrientes jurídicas de los llamados “legistas” y la de los “canonistas”. Entre las posiciones sostenidas por los legistas destaca la de Marsilio de Padua con su “Defensor Pacis”;  y entre los “canonistas” los que seguían el pensamiento del canonista y luego Papa, Bonifacio VIII. Para los primeros el poder recaería totalmente en manos del Príncipe secular, también en las cuestiones eclesiásticas. Para los segundos recaería en el Papa, que sería un &amp;quot;Dominus Orbis&amp;quot;.&lt;br /&gt;
4) Otros autores notables de la época son Alonso de Cartagena (+1456), que interviene en la polémica cuando ya los portugueses y españoles, al final de la Reconquista  del poder musulmán, comienzan a poner pie en el norte de África o en sus costas Nord atlánticas. 5) Poco antes encontramos a otro teólogo y jurista, el notable Jehan Le Charlier, conocido como Gersón por el lugar de su nacimiento (1363-1429), canciller de la Sorbona (1395), sostenedor de un fuerte conciliarismo en los momentos más duros de la división de la cristiandad en el llamado cisma de Occidente (1378-1417), también como propuesta resolutoria de aquella división, no querida por la cristiandad y que no encontraba una vía de solución fácil. Gersón ni es un teórico de una utopía irrealizable de separación total entre las dos esferas espiritual y temporal, ni tampoco se inclina por una de las dos sostenidas por muchos contemporáneos, o por un predominio del poder espiritual (hierocracia). &lt;br /&gt;
5) Mucho antes que todos ellos, ya Santo Tomás de Aquino (+1274) había sostenido la teoría de la autonomía de las dos esferas en cada uno de sus campos propios, echando las bases filosófico-teológicas de las justas relaciones entre el mundo de lo civil y el de lo eclesiástico, entre el derecho natural y el positivo, con los fundamentos filosófico-jurídicos, que sobre todo sus discípulos de la Escuela de Salamanca, desarrollarán, a partir de los comienzos del siglo XVI, cuando se comenzará a debatirse fuertemente la problemática del derecho de gentes . Por todo ello no se puede confundir el estado sobrenatural de gracia y todo lo que a él corresponde, con la virtud cardinal de la justicia y el campo que pertenece a la pura ley natural.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquí hay que apuntar varios elementos extraños que se introducen come tentación frecuente también en la historia del cristianismo. Ante todo hay que tener en cuenta un fenómeno frecuente en la mentalidad de muchos pueblos, y entre ellos el europeo medieval: la sacralización de las estructuras temporales. El ejercicio de la actividad humana recibe legitimidad constructiva por una cristificación y eclesialización. No hay una diferencia o separación nítida entre las esferas naturales temporales, y las espirituales o sobrenaturales. Para el hombre cristiano medieval cuanto no es cristiano queda al margen de la ciudad humana. Por ello, en muchas mentalidades de la época, cuanto no era plenamente cristiano y ortodoxo quedaba al margen dela ciudad terrena. Ya el códice de Justiniano (s. VI) había hecho coincidir la plenitud de los derechos del ciudadano con el hecho de su pertenencia a la ortodoxia católica . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El llamado “edicto” o “acuerdo” de Milán de los emperadores Constantino y Licinio del 313 d.C., había reconocido el derecho a la libertad religiosa en igualdad de condiciones a todos los ciudadanos del Imperio – y por lo tanto a los cristianos, poniendo fin a las persecuciones anticristianas por motivos de pertenencia religiosa-; el reconocimiento de ese derecho fundamental para todas las personas constituye un hecho excepcional en la historia de la libertad religiosa. Años más tarde, el emperador Teodosio con el Edicto “Cunctos populos” del 380 había reconocido la religión católica ortodoxa como la religión oficial del Imperio (la fe cristiana católica profesada por el obispo de Roma, Dámaso, y el obispo Pedro de Alejandría, en comunión con él), que era un modo claro de excluir a los arrianos de tal reconocimiento. Justiniano convierte a la religión católica-ortodoxa, profesada por los primeros grandes Concilios, en “religio única” del Imperio, excluyendo así cuantos no la profesaban (herejes). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un gesto que revelaba aquella consecuencia jurídica fue la decisión de cerrar la Academia pagana de Atenas. Tal fue la mentalidad que predominó a lo largo de la edad Media occidental, hasta que en tiempos de la controversia luterana y las primeras guerras de religión, se llega a la paz de Augusta (1555) donde el emperador Carlos V se ve obligado a pactar con los príncipes luteranos, reconociendo a la par los derechos de católicos y luteranos, dando a cada Príncipe, católico o luterano, la libertad de elección de una u otra confesión en cada territorio según la conveniencia de cada Príncipe (“cuius regio et illius et religió”). Así el Poder Político decidía a cuál de las dos confesiones cristianas acoger y dar plena libertad de culto en el propio territorio. Casi un siglo más tarde, la Paz de Westfalia (1647) extenderá el mismo criterio dentro del Imperio también a los calvinistas. A lo largo de la historia más que milenaria de la Europa cristiana habían sido respetados los judíos, que gozaron jurídicamente de una propia libertad de culto y expresión cultural a lo largo de aquellos siglos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si una tal exclusión de ciudadanía se había extendido a los antiguos paganos y a los considerados herejes, el mismo criterio habría de ser aplicado a los “infieles”. En el mundo occidental europeo en la vigilia del “descubrimiento” de un Nuevo Mundo, en 1492, ¿quiénes eran considerados “infieles”, o “diversos”, o no cristianos? Los únicos generalmente conocidos eran los tártaros, los judíos (que, como dicho, vivían mezclados dentro de la sociedad cristiana) y los mahometanos, muchos de ellos en tierras fronterizas con los reinos cristianos y considerados, en muchos casos, como invasores de antiguas tierras cristianas, desde la Tierra Santa hasta los confines del mundo Occidental, la Hispania cristiana. Entre cristianos y musulmanes no había corrido generalmente una relación amistosa desde los tiempos de las Cruzadas. Al contrario, había predominado una relación claramente hostil y con frecuencia guerrera. En el caso hispano, en España se había vivido desde la invasión árabe-bereber del año 711 hasta precisamente el 6 de enero 1492, una historia de reconquista por parte de los reinos cristianos, que forjará un peculiar temperamento en el mundo hispano de entonces. A mediados de la Edad Media los reinos cristianos occidentales emprenden las campañas de las Cruzadas para recuperar la Tierra Santa ocupada por los musulmanes, Cruzadas que  concluirán desastrosamente, complicando aún más la historia cuando intereses bastardos se mezclaron a los ideales de sus comienzos; y muy pronto implicaron también al ya en franca decadencia, Imperio bizantino. Algunos poderes políticos y económicos de la última Cruzada intentaron también dilapidarlo en favor de los propios intereses. Los nuevos intentos de Cruzada fomentada por algunos papas, tras la invasión de los turcos otomanes y su conquista de Constantinopla (1453) de apoyar o impedir el fin de aquel vetusto Imperio “romano” de Oriente, fracasaron totalmente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Primeros intentos de circunnavegación del continente africano y nacimiento del sistema del “Padroado” portugués en los comienzos de la época moderna==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En esta panorámica ideológica y política hay que encuadrar la visión europea occidental que se comienza a difundir sobre el mundo geográfico y antropológico africano, hasta entonces totalmente al margen del mundo Mediterráneo. El Mediterráneo se había convertido desde hacía siglos en un mar hostil para el mundo cristiano de la Europa Occidental, desde que sus costas africanas se encontraban totalmente controladas por el poder islámico. El antiguo “Mare Nostrum” latino se había convertido en un “Mare Hostile”, plagado de insidias, de piratería siempre en auge. Tal piratería, a partir del siglo XVI, se organizará incluso con una especie de acuerdo consentido y aplicado con los llamados “corsarios”, sobre todo tras el dominio turco-otomano del Medio Oriente y de las costas del África mediterránea. Además el mundo cristiano occidental no conocía el África subsahariana; al máximo tenía muy vagas e imprecisas noticias de la existencia de este continente. Era considerado casi una península, prolongación del mundo asiático; y desde el punto de vista religioso como una prolongación del mundo mahometano, con poblaciones negras, a él sometidas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En algunos casos se tenían noticias vagas de la existencia de una especie de “isla”, enclave o “reino” cristiano, dentro de ese mundo, en la parte oriental, Etiopia o “el reino del preste Juan”, como muchos escritores occidentales vagamente lo llamaban. Todo era vago, impreciso e inexacto en ese conocimiento de África. Cuando los portugueses cerraron el ciclo de la reconquista en la parte de las tierras ibéricas meridionales, cerrando geográficamente las fronteras del reino de Portugal en la península ibérica, quisieron continuar aquella reconquista en las tierras del África mediterránea con la conquista de algunos enclaves en las costas mediterráneas frente a la Península ibérica como Ceuta y Melilla. Su propósito era poner una posible barrera a futuras invasiones de los bereberes musulmanes o de los aliados de los turcos. Casi de inmediato comenzaron  a ensanchar su empresa explorando las costas atlánticas africanas. Los motivos que los empujaron a ello hay que leerlos en su conjunto: se encontraban entretejidos los ya apuntados de continuación de los ideales de la “reconquista”, los políticos, y los religiosos de una voluntad explícita de difundir la fe cristiana. A estos motivos hay que añadir los comerciales. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En una Europa que se abría a una nueva época que la historiografía conoce como “la modernidad” y en la que venecianos, genoveses y otras repúblicas marineras, sobre todo italianas, buscaban mercados en el Oriente, sobre todo el de las llamadas “especies”, para responder a las exigencias de las nuevas sociedades y estados europeos en vías de formación moderna, los portugueses entraron con decidida voluntad en esta competición. Su periplo marino hacia el sur sigue de cerca las costas africanas. En tal estrategia fue determinante, también por motivos prácticos, las necesidades que les imponía la navegación misma. Ésta les obligaba a seguir las rutas cercanas a las costas, para poder apoyarse en ellas, encontrar lo necesario para su subsistencia y progreso en la navegación hacia los mares del sur. Los límites de los navíos o carabelas entonces existentes para una navegación de tan largas distancias, en mares desconocidos y peligrosos,  serán factores fundamentales para buscar nuevos instrumentos de navegación y la construcción de navíos más apropiados para cruzar los mares. Fueron así descubriendo la realidad de un continente, nuevo para el mundo europeo en sus dimensiones geográficas: África. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El rey de Portugal Juan II, mandó una expedición marítima (1486-87) al mando de Bartolomé Díaz (Bartholomeu Dias de Novaes) (c.1450-1500?), que con tres navíos llega hasta la punta meridional extrema del Continente (1487), al que llama Cabo de las Tormentas, doblándola y confirmando así la posibilidad de proseguir hacia la India a través de una ruta marítima . El rey portugués cambió significativamente el nombre del Cabo de las Tormentas  en Cabo de Buena Esperanza, pero todavía los portugueses emplearían algunos años en aprovechar aquel descubrimiento; sobre todo porque se esperaban los resultados de otra expedición, conducida por otro portugués, Pedro o Pêro da Covilhã (c. 1460 – entre 1526 y 1530) , junto con otro portugués, Alfonso de Paiva (que morirá en la expedición), enviados por el rey de Portugal, Juan II, a Etiopía. Seguirán la ruta mediterránea, Egipto y Adén (1487-1488) con la ayuda de algunos mercaderes judíos portugueses presentes en Egipto. En 1489-1490 llegarán a Goa y Calicut en la India. Desde 1490 a 1530 se establecerá en Etiopia, donde muere. Llega a Etiopia en el mismo año de la expedición marítima alrededor del Continente africano de Bartolomé Díaz (1497-1500) . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los contactos con este país se remontaban ya a los tiempos del Concilio de Florencia en 1441. Habían comenzado a través del abad del monasterio etíope en Jerusalén. El Negus (emperador) etíope Zara Yakob (1434-1468) mandará luego una embajada al Papa y al Rey de Nápoles, que ya era un aragonés, Fernando I de Aragón, el Magnánimo (rey: 1442-1458) en 1450 .  En 1482 una delegación de franciscanos habían visitado también Etiopia y  habían encontrado diez italianos al servicio del Negus (emperador etíope) desde hacía 25 años. Será la expedición marítima de Vasco da Gama la que circunnavegará prácticamente el continente africano, zarpa desde Lisboa el 8 de julio de 1497 con tres navíos: São Gabriel (120 t), São Rafael (100 t), bajo el mando de Nicolão Coelho, y Santa Fe, mandada por su hermano Pablo da Gama, llegando a la India en 1498 . Fue el primer explorador en la historia moderna que navegó dando la vuelta a África alejándose de las costas para aprovecharse de vientos más favorables. Acompañado por Bartolomé Díaz hasta el Cabo de Buena Esperanza pasó adelante circunnavegándolo. En noviembre pasó por las costas sudafricanas de Natal, como las llamará en memoria del Misterio de la Navidad cristiana . África no era una “pequeña península” o un apéndice del mundo asiático. Tenía una entidad geográfica, humana y religiosa. Tampoco era un mundo musulmán. Estaba poblada de gentes de color, el “mundo de los negros” como enseguida se le comenzó a llamar, o la “Nigricia”.&lt;br /&gt;
	&lt;br /&gt;
==Mentalidad jurídica restrictiva en el campo religioso.== &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya ha quedado señalado como en la expansión hacia África, los europeos de entonces (en el caso específico, los portugueses en primer término), creyeron que la negritud era una prolongación del islamismo. Las conquistas portugueses de aquellos territorios se hicieron bajo el signo de la cruzada, como pasaría más tarde con los españoles y los mismos portugueses en América. Así la  bula Dudum cum ad nos (1436) de Eugenio IV al rey de Portugal Eduardo (rey: 1433-1438), solicitada por éste, lo anima a continuar la obra de su padre Juan I (rey: 1383-1433) y habla de los motivos, entre otros, de conservar y defender la fe, que llevaron Juan I a la conquista de Ceuta del poder musulmán (“de manibus perfidorum Sarracenorum in partibus Africae manu armata abstulerat, necnon pro recuperatione aliorum terrarum, castrorum et locorum ab ipsis infidelibus in eisdem partibus constitutorum, nostrae certi tenoris litteras, quae cruciata vulgariter nuncuparetur, consessimus, et similiter certas ínsulas Canariae, quas ab infidelibus possideri, et in quibus nullum Principem Christianum jus habere aut praetendere asserebas, tibi per alias nostras litteras dedimus in conquestam, prout in ipsis litteris latius continetur…” . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El tema será de nuevo reafirmado en las bulas de Nicolás V (1447-1455) al rey Alfonso V de Portugal, llamado el Africano, (regente y luego rey:1438-1481), Dum diversas (18.6.1452) y Divino amore communiti (18.6.1452) , en las que le autoriza su empresa conquistadora en el norte de África contra los emiratos musulmanes. Las bulas siguen las teorías jurídicas sobre la autoridad del Papa, también en materia temporal, y sobre la conquista de tierras de “infieles”. Entra aquí, añadida, también a la teoría, siempre más difundida en algunos ambientes de la época sobre el tema de la servidumbre de los infieles en el sentido de que se les podía someter a perpetua servidumbre; ello da pie a querer justificar este tipo de conquistas y de sometimiento de las poblaciones “infieles” o musulmanas.  La Romanus Pontifex del 8 de enero de 1454 del mismo Nicolás V reafirma las mismas ideas de la Divino Amore communiti, justificando las empresas de conquista de las tierras de “los sarracenos y paganos y otros infieles y enemigos de Cristo, cualesquiera que sean y donde quiera que se encuentren” y concediendo al Infante Don Enrique, el Navegante e hijo del rey Alfonso V varios privilegios con el fin de propagar la fe cristiana en las tierras descubiertas o por descubrir (arranque del padroado) . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así, “infieles” (que entonces son prácticamente confundidos con los musulmanes) y  los herejes, quedaban por lo ya apuntado, fuera de todo reconocimiento jurídico en el ámbito de la christianitas. Lo herejes constituían en aquella sociedad movimientos híbridos de tipo religioso que se desdoblaban en sistemas antisociales o en fenómenos anárquicos que asumían formas religiosas específicas según los lugares, como en el caso de los fenómenos de los pataros, valdenses, albigenses, y más tarde wiclefistas y husitas, por citar algunos grupos heterodoxos. Se debe añadir que, ni los reinos ibéricos (Portugal y España), ni los demás en la cristiandad europea de comienzos de la Edad Moderna, conocieron el hecho de la idolatría en el sentido bíblico del término, y que la idolatría, según ya la tradición bíblica, era considerada la más aberrante actitud religiosa que el hombre podía asumir. Será ésta una realidad con la que los europeos encontrarán en las tierras del Nuevo Mundo bajo formas variadas,y que interpretarán estrictamente en el más puro y literal sentido bíblico antiguo testamentario como una forma aberrante e intolerable de religiosidad.  Dicha realidad se impondré a los recién llegados que deberán tratar el caso y asumir una actitud evangelizadora que asumirá formas radicales y contundentes en el combatirla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las formas que esa radicalidad asume son variadas; necesitan ser encuadradas en la mentalidad jurídica de la época para entenderlas. Ante todo se producen también como efecto político de la unidad de la fe, de la unidad buscada de la cristiandad (que muy pronto ella misma se encontrará dividida en su seno con interpretaciones opuestas del mismo cristianismo en tiempos de la Reforma protestante). Pero la parte católica en sus principios, y más tarde también la protestante, defenderán con ahínco, e incluso con violencia tales principios. Es el caso de la institución de la Inquisición en sus variadas formas: española y portuguesa, romana, episcopal, etc… . En el caso protestante va también estudiada en tal contexto la intolerancia religiosa como en la Inglaterra anglicana, en los principados protestantes del luteranismo germánico y en el calvinismo en sus dominios confesionales y políticos, ya a partir de Calvino en Ginebra. Esta intolerancia dará origen en Europa a las penosas y largas guerras de religión, como en Francia, Holanda e Inglaterra, y sobre todo la larga “guerra de los Treinta años” que en el siglo XVII asolaría media Europa central. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hay que recordar sus raíces y sus consecuencias desastrosas: en los Países Bajos (1560-1579); en Francia (Hugonotes-calvinistas y católicos) (1562-1594): Edicto de Nantes (1598); la guerra de los Treinta años (1618-1648): Paz de Westfalia (1648). Las consecuencias jurídicas: en DSR 50, 230, 235, 519,  627, 1146): a) La paz de Augusta (1555): libertad de culto para los luteranos, pero no para los calvinistas, b) Guerra de los Treinta años (1618-1648) con 4 fases con vicisitudes de victorias y de derrotas alternas y   donde se encontraron empeñados todos los poderes políticos europeos, concluyéndose  con la victoria práctica de las Potencias protestantes, la de Francia como potencia emergente, y la derrota diplomática del Imperio de los Habsburgo  que representaban teóricamente los intereses de los católicos en el centro de Europa; c) la paz de Westfalia (1648) sanciona la nueva situación europea, se traza un nuevo mapa político; se reconoce a los protestantes, incluidos los calvinistas, la igualdad de derechos en el campo religioso (no a otros protestantes o confesiones religiosas disidentes) en los diversos territorios; se establece un criterio en las relaciones políticas entre los Estados, la del “equilibrio”, que determinará el establecimiento de tratados y de paces (siempre efímeras en los siglos siguientes) entre los Estados europeos soberanos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Además esta fecha señala el final definitivo del sistema político medieval, fundado sobre la autoridad  imperial en el conjunto civil de la Christianitas y la del Papa en el campo espiritual en la misma. Después de Westfalia, el Papado se verá excluido durante muchos tiempo en los congresos de carácter civil-político internacionales . La violencia religiosa partió de los intereses políticos en juego, que con frecuencia instrumentalizaron a su provecho la cuestión religiosa. Típico de tal mentalidad fue el nacimiento y la praxis ya recordada del “cuius regio et illius et religio” que se impone políticamente tras la Paz de Augusta de 1555. El Príncipe político (= el Estado, cada vez más autárquico) es de hecho un “summus pontifex” secularizado, fuente indiscutible de moralidad al servicio del Estado. Se trata de una vuelta práctica a la antigua concepción autárquica del Estado, vigente durante el Imperio romano como punto último y referencial de toda actividad religiosa, donde el derecho a la libertad de conciencia debe ceder ante los intereses del Estado. Todo Estado tiene un códice de derechos en materia eclesiástica al que corresponden una serie de instituciones para salvaguardarlos y tutelarlos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquí entra la temática del “derecho divino de los reyes”. Jacobo I de Inglaterra, en Prefazione ammonitrice, escribía a comienzos del s. XVII: &amp;quot;los Reyes como los Papas reciben su poder inmediatamente de Dios&amp;quot;. Este principio será asumido por los variados poderes absolutos monárquicos de entonces; más adelante, totalmente secularizado, su ideología o concepción será asumida por las concepciones inmanentistas de todos los totalitarismos estatales. El absolutismo de Estado frente a la Iglesia ejercita sus pretendidos poderes, “ius circa sacra”, con los siguientes pretendidos derechos: ius inspectionis en la administración eclesiástica; ius cavendi de las acciones eclesiásticas; ius protectionis (dirección) de la Iglesia; ius reformandi de los abusos de la Iglesia. Usa de los siguientes medios o instrumentos jurídicos para actual tal política: el &amp;quot;regium placet&amp;quot;, el &amp;quot;exequatur&amp;quot;, la &amp;quot;appellatio ex abusu&amp;quot;, el &amp;quot;ius excludendi&amp;quot; (los prelados no gratos), y la &amp;quot;amortisatio&amp;quot; (sobre los bienes eclesiásticos: desamortización). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En base a estos principios, el absolutismo intenta legislar  sobre las Órdenes religiosas, suprimiendo las menos dóciles a sus intenciones, incautó los bienes eclesiásticos, intentó instilar sus teorías en las universidades, en la enseñanza y en los mismos seminarios eclesiásticos a la hora de enseñar el derecho civil y eclesiástico. Estas posiciones serán aplicadas continuamente en la edad moderna y, desde los tiempos de la Revolución Francesa, serán radicalmente aplicadas por los sistemas políticos que se imponen en el mundo occidental primero y luego en el resto del mundo (regímenes liberales y totalitarios contemporáneos) . ¿Cómo reaccionaron los Papas y una buena parte del pensamiento jurídico y teológico católico ante estas posiciones? Sobre todo, ya en el s. XVII, desde los tiempos de Westfalia, los Papas, como Inocencio X (1644-1655) ante la paz de Westfalia (1648) , Inocencio XI (1676-1689) frente a las posiciones de Luís XIV de Francia en su política eclesiástica (galicanismo político), defendieron la independencia de la Iglesia en su propia esfera. Más tarde, en el siglo XVIII, después de la guerra de sucesión española (1700-1714) que cambió de nuevo el mapa del equilibrio europeo, y sobre todo en tiempos de Benedicto XIV (1740-1758), la Santa Sede intenta la vía de los concordatos con los Estados, sistema que perdura hasta nuestros días. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una parte consistente de teólogos y juristas católicos, sobre todo vinculados a las posiciones de Tomás de Aquino y de los grandes juristas de la Escuela de Salamanca del siglo XVI, así como otros pertenecientes a la Compañía de Jesús, como Roberto Belarmino y Francisco Suárez, entre otros, negaron la teoría del “poder divino de los reyes” y con ello la trasmisión directa del poder político a una persona por Dios. Suárez propone una tesis en la que opone al absolutismo las justas exigencias democráticas: en la transmisión del poder político soberano es necesario la intervención de la sociedad: en el campo político el poder viene de Dios a través del pueblo. No hay que confundir el origen del poder político con su ejercicio. Según la idea de Tomás de Aquino y de sus seguidores de escuela, el bien común tiene que culminar en la sociedad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Suárez, como otros pensadores de la Escuela jurídica de Victoria, ya en el siglo XVI y otros en el mismo sentido en el XVII, sostiene incluso el derecho de una sociedad política a defenderse con la revuelta, si el príncipe (el poder político en ejercicio) viola el pacto establecido entre la sociedad y dicho poder en ejercicio (el príncipe) por el que  el poder le fue transmitido. El ejercicio del poder por ello se encuentra subordinado al consentimiento de los derechos fundamentales del pueblo. Como se puede observar estas posiciones preceden cronológica y ampliamente la elaboración de los derechos fundamentales proclamados a lo largo del s. XVIII por varios pensadores de la ilustración. Por ello también en el s. XVII los absolutismos políticos y los regalismos en sus diversas formas, combaten con determinación a los sostenedores de estas posiciones de derecho político, y a sus sostenedores, que con frecuencia pertenecían a la Compañía de Jesús, y  tampoco pueden excluirse de los motivos que empujaron a los gobiernos ilustrados de la época a su supresión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==NOTAS:==&lt;br /&gt;
  &lt;br /&gt;
&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==BIBLIOGRAFÍA:==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''FIDEL GONZÁLEZ FERNÁNDEZ'''&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.56.173</name></author>
		
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		<updated>2014-03-26T20:31:46Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.173: /* La llamada Edad Media: un mundo en movimiento */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;==DESCUBRIMIENTO DEL NUEVO MUNDO: Mentalidades culturales en el Mundo Europeo en la vigilia de 1492==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==La llamada Edad Media: un mundo en movimiento==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A lo largo de la Edad Media europea las vías comerciales hacia el Oriente inspiraron leyendas y fantasías, que fueron también alimentadas por las relaciones de los grandes viajeros de la época. Ese periodo histórico, que ya por pura convención a partir de la época renacentista, muchos escritores comenzaron a llamar «Edad Media», existe sólo convencionalmente para designar una amplísima época histórica. En la periodización de la historia que ha entrado en uso desde hace siglos, aquellos mil años de historia europea, más o menos desde el siglo V al siglo XV después de Cristo, se han sucedido épocas muy variadas e incluso en zigzag, con antinomias y contrastes muy fuertes e incluso contrapuestos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por todo ello es sumamente complejo definir de manera absoluta acontecimientos, estructuras y tendencias culturales. El hombre medieval en cuanto tal, no existe unívocamente desde el punto cultural y ni siquiera antropológico. Las transmigraciones de pueblos, los choques y los encuentros, los mestizajes étnicos y culturales de todo tipo se sucedían casi de continuo a lo largo del mapa geográfico de la Europa de entonces. Este hombre “medieval” se encontraba profundamente radicado en su ambiente original. Por ello, el “otro”, el extraño, el extranjero, el diverso, empezaba inmediatamente fuera de las fronteras de su poblado, de su ciudad, de su ambiente; y sin embargo, este hombre medieval fue adquiriendo a lo largo del tiempo un sentido profundo de universalidad que la fe cristiana que lo ha ido formando, amalgamado con las raíces culturales heredadas de la cultura helenista-romana, producía en él. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este hombre se daban dos aspectos aparentemente contradictorios: la movilidad continua (era fruto también de emigraciones de pueblos, siempre en movimiento) y la estabilidad en los lugares que ocupaba y donde se establecía. Por ello unía en sí esta estabilidad que comportaba su dedicación primordial a la agricultura, y por otra los movimientos de guerras de ocupación, comercio, peregrinaciones a lo largo de la geografía europea que comportaban inestabilidad. La misma realidad de una tierra que pronto agotaba su fecundidad debido al clima y a factores como la falta de abonos y fertilizantes, lo obligaban a moverse y a romper aquella estabilidad, si no quería perecer de agotamiento y de hambre. Este campesino debía por ello moverse periódicamente. Por ello, en la Edad Media viajan todos, en una manera o en otra: desde los emperadores, reyes y príncipes, cuyas cortes son casi siempre ambulantes, los caballeros, siempre en movimiento en busca de aventuras y de un “ganarse honor y vida”, hasta los Papas que recorrían la cristiandad moviéndose continuamente de lugar en lugar, a los espíritus religiosos inquietos, peregrinos en movimiento, eremitas, monjes y predicadores que recorrían los caminos europeos a pesar de que la Iglesia intentase continuamente dar una estabilidad a abadías y monasterios (''stabilitas loci''). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin embargo, y a pesar del “voto” de estabilidad en un determinado monasterio, el impulso y el deseo de ponerse siempre en camino caracterizará a estos monjes, frailes y monjas (como los mendicantes) que los caracterizará sobre todo a partir del siglo XIII. Viajaban sobre todo cada vez más los mercaderes (Francisco de Asís, por ejemplo, es hijo de uno de ellos, comerciante en Francia); viajaban los estudiantes que recorrían las universidades y escuelas nacientes; muchos clérigos llamados por ello “vagantes” y que serán objeto de normas disciplinares por parte de la Iglesia; viajaban muchos obispos y abades; viajaba también mucha gente perteneciente a clases sociales más bajas (soldados, peregrinos, criados…). Con las personas viajaban también las cosas, los objetos, las costumbres, las reliquias de los santos (llama la atención la cantidad de reliquias que se encuentran distribuidas en centenares de iglesias en Europa, a veces procedentes del Oriente cristiano o de lugares lejanos geográficamente del lugar donde se veneraban en relicarios y numerosas iglesias). Este viaje de reliquias (que ya databa desde los tiempos de la reina longobarda Teodolinda en tiempos de san Gregorio Magno –  finales del s. VI-) constituía también uno de los aspectos más llamativos del comercio (comercio de reliquias); viajaban también las mercancías, los libros y las ideas, las historias y las leyendas, las fábulas y las fantasías dadas como historias ciertas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se viajaba con las creaciones poéticas hasta el Paraíso Terrestre y hasta el Más Allá. Siguiendo las fuentes célticas o germánicas, las antiguas todavía conservadas del viejo mundo greco-romano, las traídas por los musulmanes se fabricaron numerosas relaciones de itinerarios fantásticos en mundos desconocidos, o en el Mundo de la Eternidad. Ya cerca de la nueva Edad Moderna, la Divina Comedia de Dante es un ejemplo de ello. Existe también una rica literatura medieval onírica, hecha de sueños y de visiones. Se crean países fantásticos, como el del “Preste Juan” en una imaginada Etiopia cristiana. Se entiende así también el tipo corriente de mucha hagiografía donde abunda este mundo imaginado de visiones, también sobrenaturales, dadas como reales. No se puede por ello olvidar, que este deseo de conocer, recorrer y entrar en mundos desconocidos empuja al hombre medieval a lanzarse hacia mundos desconocidos y prácticamente prohibidos. Es ya los comienzos de una nueva edad, la moderna, y la de los grandes viajes oceánicos y terrestres más allá de las viejas fronteras del mundo europeo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Mentalidades e ideas culturales religiosas y políticas muy generalizadas en el Mundo Europeo Occidental en la vigilia del descubrimiento del “Nuevo Mundo”.==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para entender el impacto que la entrada del llamado Nuevo Mundo en la escena del mundo occidental representó para la vieja Europa del otoño, ya prácticamente concluido, de la Edad Media Europea y comienzos de la modernidad, necesitamos ofrecer algunos datos elementales de su panorámica general, al menos para situar el estado religioso y sociopolítico, especialmente de la Península Ibérica (España y Portugal). A la luz de su cosmovisión, pueden comprenderse muchos de sus comportamientos, así como las actitudes de los primeros evangelizadores del Nuevo Mundo.&lt;br /&gt;
1) Ante todo se debe tener en cuenta la supervivencia todavía de  una situación de cristiandad en la época de los descubrimientos. Persistían todavía las expresiones del proyecto político religioso de 1a Edad Media europea occidental como:&lt;br /&gt;
	1. Las del universalismo de la cristiandad con la refundición de competencias o mezcla entre la esfera sagrada y eclesial y la temporal secular, cuyas expresiones eran por una parte el papel fundamental del Papado (“Sacerdotium”) y por otra la del “Imperium Sacrum Romanum Germanum Christianum”, en antigua lucha de competencias jurídicas sobre el mismo campo de los pueblos latino-germánicos de la cristiandad occidental, todos ellos considerados plenamente cristianos.&lt;br /&gt;
	2. Las funciones del emperador y del papa estaban bien encuadradas en esta mentalidad: el Emperador (y luego cada rey o príncipe en su territorio, reino o principado), era el defensor de la fe. El Papa, por su parte, era el garante de la conservación de la fe y de su difusión. Esta mentalidad que atraviesa toda la edad media se ve bien en las actuaciones y polémicas entre el “Imperium” y el “Sacerdotium” en tiempos, por ejemplo, de Gregorio VII (1073-1085), Alejandro III (1159-1181), Inocencio III (1198-1216), Bonifacio VIII (1294-1303) y todavía en tiempos sucesivos, como el conflicto entre Juan XXII (1316-1334) y el emperador Ludovico el Bávaro (1314-1347),  que fue el último gran conflicto, que cerrará la fase medieval de las relaciones entre el Imperio y la Iglesia.&lt;br /&gt;
	3. La mentalidad o teoría de “las dos espadas”: la secular que defiende la fe de los enemigos internos o externos, y la espiritual que defiende y sostiene espiritualmente dentro de la cristiandad. La bula &amp;quot;Unam Sanctam&amp;quot; (1303) de Bonifacio VIII defiende estas posiciones desde el punto de vista jurídico y teológico. Su posición tenía intenciones hierocracias  y teológicas, no políticas: conservar le unidad de la fe y de la Cristiandad. Los Papas no pensaban ser señores del mundo, sino custodios de la ortodoxia de la fe y de la unidad espiritual de la Cristianitas (Hoeffner). Ello explicará en el fondo la apelación de las naciones-potencias cristianas en los conflictos internos entre ellas al Papa como árbitro para resolverlos, y las intervenciones del Pontífice romano en las mismas, como sucederá en el conflicto entre los reinos de Portugal y de Castilla [España] con la cuestión de las esferas de influencia marítima y de las tierras a explorar e imponer en ellas el propio influjo y dominio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tal fue el sentido del Tratado de Tordesillas (1494) y la intervención del papa Alejandro VI a petición de ambas Potencias. Las bulas alejandrinas de 1493 habían sido emanadas en tal circunstancia para resolver a modo de arbitraje, entre otras cosas,  el conflicto entre las dos Potencias. Ya en 1479-1480 Castilla y Portugal habían fijado por el Tratado de Alcaçovas-Toledo su esfera de acción dentro del Atlántico, quedando para Castilla las Islas Canarias y Santa Cruz de Mar Pequeña. Lo mismo harán en 1494, con el acuerdo de Tordesillas, en que los dos países establecen zonas de acción. Una bula papal ratificó uno y otro acuerdo. Los tratados, fijando delimitaciones, se habían venido firmando por las coronas peninsulares desde 1179; en cuanto a las bulas fueron documentos habituales en las exploraciones lusitanas por África, otorgando privilegios y monopolios o delimitando zonas. Por eso las bulas concedidas en el Atlántico a los portugueses son los antecedentes de las que Castilla recibe ratificando su acción descubridora, obra de Alejandro VI. Respaldaba a las bulas la teoría sobre el Papa como “Dominus Orbis” en el campo espiritual, teoría que algunos quisieron extender también al campo temporal. &lt;br /&gt;
	&lt;br /&gt;
En este periodo histórico se escriben y perviven muchas posiciones teológicas y jurídicas de teólogos y canonistas que sostienen la tesis sobre la hierocracia pontificia. Entre ellos se pueden  recordar algunos como: &lt;br /&gt;
1) Egidio Romano (+1316), con su visión platónica y su agustinismo político, es decir, la tesis de que la plena legitimidad política se da sólo cuando es sobrenatural (De Ecclesiastica  potestate); &lt;br /&gt;
2) Jacobo de Viterbo (+1308) quien afirma que &amp;quot;sin fe no hay poder absolu¬tamente verdadero. No digo que no exista en absoluto y que sea nulo o totalmente ilegítimo, sino que no es auténtico ni perfecto&amp;quot;; &lt;br /&gt;
3) Álvaro Pelayo (+1350) (De planctu Ecclesiae) y Agustín de Ancona (+1328) que extreman las concepciones hierocráticas convirtiéndolas en cesarocráticas; teorías que atraviesan el siglo XIV, en los momentos más álgidos de las polémicas entre las concepciones del papel de la autoridad civil secular y la eclesiástica papal. Basta pensar a las polémicas entre Felipe el Hermoso de Francia y el Papa Bonifacio VIII, y las de Ludovico el Bávaro y el papa Juan XXII; las polémicas entre las corrientes jurídicas de los llamados “legistas” y la de los “canonistas”. Entre las posiciones sostenidas por los legistas destaca la de Marsilio de Padua con su “Defensor Pacis”;  y entre los “canonistas” los que seguían el pensamiento del canonista y luego Papa, Bonifacio VIII. Para los primeros el poder recaería totalmente en manos del Príncipe secular, también en las cuestiones eclesiásticas. Para los segundos recaería en el Papa, que sería un &amp;quot;Dominus Orbis&amp;quot;.&lt;br /&gt;
4) Otros autores notables de la época son Alonso de Cartagena (+1456), que interviene en la polémica cuando ya los portugueses y españoles, al final de la Reconquista  del poder musulmán, comienzan a poner pie en el norte de África o en sus costas Nord atlánticas. 5) Poco antes encontramos a otro teólogo y jurista, el notable Jehan Le Charlier, conocido como Gersón por el lugar de su nacimiento (1363-1429), canciller de la Sorbona (1395), sostenedor de un fuerte conciliarismo en los momentos más duros de la división de la cristiandad en el llamado cisma de Occidente (1378-1417), también como propuesta resolutoria de aquella división, no querida por la cristiandad y que no encontraba una vía de solución fácil. Gersón ni es un teórico de una utopía irrealizable de separación total entre las dos esferas espiritual y temporal, ni tampoco se inclina por una de las dos sostenidas por muchos contemporáneos, o por un predominio del poder espiritual (hierocracia). &lt;br /&gt;
5) Mucho antes que todos ellos, ya Santo Tomás de Aquino (+1274) había sostenido la teoría de la autonomía de las dos esferas en cada uno de sus campos propios, echando las bases filosófico-teológicas de las justas relaciones entre el mundo de lo civil y el de lo eclesiástico, entre el derecho natural y el positivo, con los fundamentos filosófico-jurídicos, que sobre todo sus discípulos de la Escuela de Salamanca, desarrollarán, a partir de los comienzos del siglo XVI, cuando se comenzará a debatirse fuertemente la problemática del derecho de gentes . Por todo ello no se puede confundir el estado sobrenatural de gracia y todo lo que a él corresponde, con la virtud cardinal de la justicia y el campo que pertenece a la pura ley natural.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquí hay que apuntar varios elementos extraños que se introducen come tentación frecuente también en la historia del cristianismo. Ante todo hay que tener en cuenta un fenómeno frecuente en la mentalidad de muchos pueblos, y entre ellos el europeo medieval: la sacralización de las estructuras temporales. El ejercicio de la actividad humana recibe legitimidad constructiva por una cristificación y eclesialización. No hay una diferencia o separación nítida entre las esferas naturales temporales, y las espirituales o sobrenaturales. Para el hombre cristiano medieval cuanto no es cristiano queda al margen de la ciudad humana. Por ello, en muchas mentalidades de la época, cuanto no era plenamente cristiano y ortodoxo quedaba al margen dela ciudad terrena. Ya el códice de Justiniano (s. VI) había hecho coincidir la plenitud de los derechos del ciudadano con el hecho de su pertenencia a la ortodoxia católica . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El llamado “edicto” o “acuerdo” de Milán de los emperadores Constantino y Licinio del 313 d.C., había reconocido el derecho a la libertad religiosa en igualdad de condiciones a todos los ciudadanos del Imperio – y por lo tanto a los cristianos, poniendo fin a las persecuciones anticristianas por motivos de pertenencia religiosa-; el reconocimiento de ese derecho fundamental para todas las personas constituye un hecho excepcional en la historia de la libertad religiosa. Años más tarde, el emperador Teodosio con el Edicto “Cunctos populos” del 380 había reconocido la religión católica ortodoxa como la religión oficial del Imperio (la fe cristiana católica profesada por el obispo de Roma, Dámaso, y el obispo Pedro de Alejandría, en comunión con él), que era un modo claro de excluir a los arrianos de tal reconocimiento. Justiniano convierte a la religión católica-ortodoxa, profesada por los primeros grandes Concilios, en “religio única” del Imperio, excluyendo así cuantos no la profesaban (herejes). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un gesto que revelaba aquella consecuencia jurídica fue la decisión de cerrar la Academia pagana de Atenas. Tal fue la mentalidad que predominó a lo largo de la edad Media occidental, hasta que en tiempos de la controversia luterana y las primeras guerras de religión, se llega a la paz de Augusta (1555) donde el emperador Carlos V se ve obligado a pactar con los príncipes luteranos, reconociendo a la par los derechos de católicos y luteranos, dando a cada Príncipe, católico o luterano, la libertad de elección de una u otra confesión en cada territorio según la conveniencia de cada Príncipe (“cuius regio et illius et religió”). Así el Poder Político decidía a cuál de las dos confesiones cristianas acoger y dar plena libertad de culto en el propio territorio. Casi un siglo más tarde, la Paz de Westfalia (1647) extenderá el mismo criterio dentro del Imperio también a los calvinistas. A lo largo de la historia más que milenaria de la Europa cristiana habían sido respetados los judíos, que gozaron jurídicamente de una propia libertad de culto y expresión cultural a lo largo de aquellos siglos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si una tal exclusión de ciudadanía se había extendido a los antiguos paganos y a los considerados herejes, el mismo criterio habría de ser aplicado a los “infieles”. En el mundo occidental europeo en la vigilia del “descubrimiento” de un Nuevo Mundo, en 1492, ¿quiénes eran considerados “infieles”, o “diversos”, o no cristianos? Los únicos generalmente conocidos eran los tártaros, los judíos (que, como dicho, vivían mezclados dentro de la sociedad cristiana) y los mahometanos, muchos de ellos en tierras fronterizas con los reinos cristianos y considerados, en muchos casos, como invasores de antiguas tierras cristianas, desde la Tierra Santa hasta los confines del mundo Occidental, la Hispania cristiana. Entre cristianos y musulmanes no había corrido generalmente una relación amistosa desde los tiempos de las Cruzadas. Al contrario, había predominado una relación claramente hostil y con frecuencia guerrera. En el caso hispano, en España se había vivido desde la invasión árabe-bereber del año 711 hasta precisamente el 6 de enero 1492, una historia de reconquista por parte de los reinos cristianos, que forjará un peculiar temperamento en el mundo hispano de entonces. A mediados de la Edad Media los reinos cristianos occidentales emprenden las campañas de las Cruzadas para recuperar la Tierra Santa ocupada por los musulmanes, Cruzadas que  concluirán desastrosamente, complicando aún más la historia cuando intereses bastardos se mezclaron a los ideales de sus comienzos; y muy pronto implicaron también al ya en franca decadencia, Imperio bizantino. Algunos poderes políticos y económicos de la última Cruzada intentaron también dilapidarlo en favor de los propios intereses. Los nuevos intentos de Cruzada fomentada por algunos papas, tras la invasión de los turcos otomanes y su conquista de Constantinopla (1453) de apoyar o impedir el fin de aquel vetusto Imperio “romano” de Oriente, fracasaron totalmente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Primeros intentos de circunnavegación del continente africano y nacimiento del sistema del “Padroado” portugués en los comienzos de la época moderna==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En esta panorámica ideológica y política hay que encuadrar la visión europea occidental que se comienza a difundir sobre el mundo geográfico y antropológico africano, hasta entonces totalmente al margen del mundo Mediterráneo. El Mediterráneo se había convertido desde hacía siglos en un mar hostil para el mundo cristiano de la Europa Occidental, desde que sus costas africanas se encontraban totalmente controladas por el poder islámico. El antiguo “Mare Nostrum” latino se había convertido en un “Mare Hostile”, plagado de insidias, de piratería siempre en auge. Tal piratería, a partir del siglo XVI, se organizará incluso con una especie de acuerdo consentido y aplicado con los llamados “corsarios”, sobre todo tras el dominio turco-otomano del Medio Oriente y de las costas del África mediterránea. Además el mundo cristiano occidental no conocía el África subsahariana; al máximo tenía muy vagas e imprecisas noticias de la existencia de este continente. Era considerado casi una península, prolongación del mundo asiático; y desde el punto de vista religioso como una prolongación del mundo mahometano, con poblaciones negras, a él sometidas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En algunos casos se tenían noticias vagas de la existencia de una especie de “isla”, enclave o “reino” cristiano, dentro de ese mundo, en la parte oriental, Etiopia o “el reino del preste Juan”, como muchos escritores occidentales vagamente lo llamaban. Todo era vago, impreciso e inexacto en ese conocimiento de África. Cuando los portugueses cerraron el ciclo de la reconquista en la parte de las tierras ibéricas meridionales, cerrando geográficamente las fronteras del reino de Portugal en la península ibérica, quisieron continuar aquella reconquista en las tierras del África mediterránea con la conquista de algunos enclaves en las costas mediterráneas frente a la Península ibérica como Ceuta y Melilla. Su propósito era poner una posible barrera a futuras invasiones de los bereberes musulmanes o de los aliados de los turcos. Casi de inmediato comenzaron  a ensanchar su empresa explorando las costas atlánticas africanas. Los motivos que los empujaron a ello hay que leerlos en su conjunto: se encontraban entretejidos los ya apuntados de continuación de los ideales de la “reconquista”, los políticos, y los religiosos de una voluntad explícita de difundir la fe cristiana. A estos motivos hay que añadir los comerciales. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En una Europa que se abría a una nueva época que la historiografía conoce como “la modernidad” y en la que venecianos, genoveses y otras repúblicas marineras, sobre todo italianas, buscaban mercados en el Oriente, sobre todo el de las llamadas “especies”, para responder a las exigencias de las nuevas sociedades y estados europeos en vías de formación moderna, los portugueses entraron con decidida voluntad en esta competición. Su periplo marino hacia el sur sigue de cerca las costas africanas. En tal estrategia fue determinante, también por motivos prácticos, las necesidades que les imponía la navegación misma. Ésta les obligaba a seguir las rutas cercanas a las costas, para poder apoyarse en ellas, encontrar lo necesario para su subsistencia y progreso en la navegación hacia los mares del sur. Los límites de los navíos o carabelas entonces existentes para una navegación de tan largas distancias, en mares desconocidos y peligrosos,  serán factores fundamentales para buscar nuevos instrumentos de navegación y la construcción de navíos más apropiados para cruzar los mares. Fueron así descubriendo la realidad de un continente, nuevo para el mundo europeo en sus dimensiones geográficas: África. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El rey de Portugal Juan II, mandó una expedición marítima (1486-87) al mando de Bartolomé Díaz (Bartholomeu Dias de Novaes) (c.1450-1500?), que con tres navíos llega hasta la punta meridional extrema del Continente (1487), al que llama Cabo de las Tormentas, doblándola y confirmando así la posibilidad de proseguir hacia la India a través de una ruta marítima . El rey portugués cambió significativamente el nombre del Cabo de las Tormentas  en Cabo de Buena Esperanza, pero todavía los portugueses emplearían algunos años en aprovechar aquel descubrimiento; sobre todo porque se esperaban los resultados de otra expedición, conducida por otro portugués, Pedro o Pêro da Covilhã (c. 1460 – entre 1526 y 1530) , junto con otro portugués, Alfonso de Paiva (que morirá en la expedición), enviados por el rey de Portugal, Juan II, a Etiopía. Seguirán la ruta mediterránea, Egipto y Adén (1487-1488) con la ayuda de algunos mercaderes judíos portugueses presentes en Egipto. En 1489-1490 llegarán a Goa y Calicut en la India. Desde 1490 a 1530 se establecerá en Etiopia, donde muere. Llega a Etiopia en el mismo año de la expedición marítima alrededor del Continente africano de Bartolomé Díaz (1497-1500) . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los contactos con este país se remontaban ya a los tiempos del Concilio de Florencia en 1441. Habían comenzado a través del abad del monasterio etíope en Jerusalén. El Negus (emperador) etíope Zara Yakob (1434-1468) mandará luego una embajada al Papa y al Rey de Nápoles, que ya era un aragonés, Fernando I de Aragón, el Magnánimo (rey: 1442-1458) en 1450 .  En 1482 una delegación de franciscanos habían visitado también Etiopia y  habían encontrado diez italianos al servicio del Negus (emperador etíope) desde hacía 25 años. Será la expedición marítima de Vasco da Gama la que circunnavegará prácticamente el continente africano, zarpa desde Lisboa el 8 de julio de 1497 con tres navíos: São Gabriel (120 t), São Rafael (100 t), bajo el mando de Nicolão Coelho, y Santa Fe, mandada por su hermano Pablo da Gama, llegando a la India en 1498 . Fue el primer explorador en la historia moderna que navegó dando la vuelta a África alejándose de las costas para aprovecharse de vientos más favorables. Acompañado por Bartolomé Díaz hasta el Cabo de Buena Esperanza pasó adelante circunnavegándolo. En noviembre pasó por las costas sudafricanas de Natal, como las llamará en memoria del Misterio de la Navidad cristiana . África no era una “pequeña península” o un apéndice del mundo asiático. Tenía una entidad geográfica, humana y religiosa. Tampoco era un mundo musulmán. Estaba poblada de gentes de color, el “mundo de los negros” como enseguida se le comenzó a llamar, o la “Nigricia”.&lt;br /&gt;
	&lt;br /&gt;
==Mentalidad jurídica restrictiva en el campo religioso.== &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya ha quedado señalado como en la expansión hacia África, los europeos de entonces (en el caso específico, los portugueses en primer término), creyeron que la negritud era una prolongación del islamismo. Las conquistas portugueses de aquellos territorios se hicieron bajo el signo de la cruzada, como pasaría más tarde con los españoles y los mismos portugueses en América. Así la  bula Dudum cum ad nos (1436) de Eugenio IV al rey de Portugal Eduardo (rey: 1433-1438), solicitada por éste, lo anima a continuar la obra de su padre Juan I (rey: 1383-1433) y habla de los motivos, entre otros, de conservar y defender la fe, que llevaron Juan I a la conquista de Ceuta del poder musulmán (“de manibus perfidorum Sarracenorum in partibus Africae manu armata abstulerat, necnon pro recuperatione aliorum terrarum, castrorum et locorum ab ipsis infidelibus in eisdem partibus constitutorum, nostrae certi tenoris litteras, quae cruciata vulgariter nuncuparetur, consessimus, et similiter certas ínsulas Canariae, quas ab infidelibus possideri, et in quibus nullum Principem Christianum jus habere aut praetendere asserebas, tibi per alias nostras litteras dedimus in conquestam, prout in ipsis litteris latius continetur…” . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El tema será de nuevo reafirmado en las bulas de Nicolás V (1447-1455) al rey Alfonso V de Portugal, llamado el Africano, (regente y luego rey:1438-1481), Dum diversas (18.6.1452) y Divino amore communiti (18.6.1452) , en las que le autoriza su empresa conquistadora en el norte de África contra los emiratos musulmanes. Las bulas siguen las teorías jurídicas sobre la autoridad del Papa, también en materia temporal, y sobre la conquista de tierras de “infieles”. Entra aquí, añadida, también a la teoría, siempre más difundida en algunos ambientes de la época sobre el tema de la servidumbre de los infieles en el sentido de que se les podía someter a perpetua servidumbre; ello da pie a querer justificar este tipo de conquistas y de sometimiento de las poblaciones “infieles” o musulmanas.  La Romanus Pontifex del 8 de enero de 1454 del mismo Nicolás V reafirma las mismas ideas de la Divino Amore communiti, justificando las empresas de conquista de las tierras de “los sarracenos y paganos y otros infieles y enemigos de Cristo, cualesquiera que sean y donde quiera que se encuentren” y concediendo al Infante Don Enrique, el Navegante e hijo del rey Alfonso V varios privilegios con el fin de propagar la fe cristiana en las tierras descubiertas o por descubrir (arranque del padroado) . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así, “infieles” (que entonces son prácticamente confundidos con los musulmanes) y  los herejes, quedaban por lo ya apuntado, fuera de todo reconocimiento jurídico en el ámbito de la christianitas. Lo herejes constituían en aquella sociedad movimientos híbridos de tipo religioso que se desdoblaban en sistemas antisociales o en fenómenos anárquicos que asumían formas religiosas específicas según los lugares, como en el caso de los fenómenos de los pataros, valdenses, albigenses, y más tarde wiclefistas y husitas, por citar algunos grupos heterodoxos. Se debe añadir que, ni los reinos ibéricos (Portugal y España), ni los demás en la cristiandad europea de comienzos de la Edad Moderna, conocieron el hecho de la idolatría en el sentido bíblico del término, y que la idolatría, según ya la tradición bíblica, era considerada la más aberrante actitud religiosa que el hombre podía asumir. Será ésta una realidad con la que los europeos encontrarán en las tierras del Nuevo Mundo bajo formas variadas,y que interpretarán estrictamente en el más puro y literal sentido bíblico antiguo testamentario como una forma aberrante e intolerable de religiosidad.  Dicha realidad se impondré a los recién llegados que deberán tratar el caso y asumir una actitud evangelizadora que asumirá formas radicales y contundentes en el combatirla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las formas que esa radicalidad asume son variadas; necesitan ser encuadradas en la mentalidad jurídica de la época para entenderlas. Ante todo se producen también como efecto político de la unidad de la fe, de la unidad buscada de la cristiandad (que muy pronto ella misma se encontrará dividida en su seno con interpretaciones opuestas del mismo cristianismo en tiempos de la Reforma protestante). Pero la parte católica en sus principios, y más tarde también la protestante, defenderán con ahínco, e incluso con violencia tales principios. Es el caso de la institución de la Inquisición en sus variadas formas: española y portuguesa, romana, episcopal, etc… . En el caso protestante va también estudiada en tal contexto la intolerancia religiosa como en la Inglaterra anglicana, en los principados protestantes del luteranismo germánico y en el calvinismo en sus dominios confesionales y políticos, ya a partir de Calvino en Ginebra. Esta intolerancia dará origen en Europa a las penosas y largas guerras de religión, como en Francia, Holanda e Inglaterra, y sobre todo la larga “guerra de los Treinta años” que en el siglo XVII asolaría media Europa central. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hay que recordar sus raíces y sus consecuencias desastrosas: en los Países Bajos (1560-1579); en Francia (Hugonotes-calvinistas y católicos) (1562-1594): Edicto de Nantes (1598); la guerra de los Treinta años (1618-1648): Paz de Westfalia (1648). Las consecuencias jurídicas: en DSR 50, 230, 235, 519,  627, 1146): a) La paz de Augusta (1555): libertad de culto para los luteranos, pero no para los calvinistas, b) Guerra de los Treinta años (1618-1648) con 4 fases con vicisitudes de victorias y de derrotas alternas y   donde se encontraron empeñados todos los poderes políticos europeos, concluyéndose  con la victoria práctica de las Potencias protestantes, la de Francia como potencia emergente, y la derrota diplomática del Imperio de los Habsburgo  que representaban teóricamente los intereses de los católicos en el centro de Europa; c) la paz de Westfalia (1648) sanciona la nueva situación europea, se traza un nuevo mapa político; se reconoce a los protestantes, incluidos los calvinistas, la igualdad de derechos en el campo religioso (no a otros protestantes o confesiones religiosas disidentes) en los diversos territorios; se establece un criterio en las relaciones políticas entre los Estados, la del “equilibrio”, que determinará el establecimiento de tratados y de paces (siempre efímeras en los siglos siguientes) entre los Estados europeos soberanos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Además esta fecha señala el final definitivo del sistema político medieval, fundado sobre la autoridad  imperial en el conjunto civil de la Christianitas y la del Papa en el campo espiritual en la misma. Después de Westfalia, el Papado se verá excluido durante muchos tiempo en los congresos de carácter civil-político internacionales . La violencia religiosa partió de los intereses políticos en juego, que con frecuencia instrumentalizaron a su provecho la cuestión religiosa. Típico de tal mentalidad fue el nacimiento y la praxis ya recordada del “cuius regio et illius et religio” que se impone políticamente tras la Paz de Augusta de 1555. El Príncipe político (= el Estado, cada vez más autárquico) es de hecho un “summus pontifex” secularizado, fuente indiscutible de moralidad al servicio del Estado. Se trata de una vuelta práctica a la antigua concepción autárquica del Estado, vigente durante el Imperio romano como punto último y referencial de toda actividad religiosa, donde el derecho a la libertad de conciencia debe ceder ante los intereses del Estado. Todo Estado tiene un códice de derechos en materia eclesiástica al que corresponden una serie de instituciones para salvaguardarlos y tutelarlos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquí entra la temática del “derecho divino de los reyes”. Jacobo I de Inglaterra, en Prefazione ammonitrice, escribía a comienzos del s. XVII: &amp;quot;los Reyes como los Papas reciben su poder inmediatamente de Dios&amp;quot;. Este principio será asumido por los variados poderes absolutos monárquicos de entonces; más adelante, totalmente secularizado, su ideología o concepción será asumida por las concepciones inmanentistas de todos los totalitarismos estatales. El absolutismo de Estado frente a la Iglesia ejercita sus pretendidos poderes, “ius circa sacra”, con los siguientes pretendidos derechos: ius inspectionis en la administración eclesiástica; ius cavendi de las acciones eclesiásticas; ius protectionis (dirección) de la Iglesia; ius reformandi de los abusos de la Iglesia. Usa de los siguientes medios o instrumentos jurídicos para actual tal política: el &amp;quot;regium placet&amp;quot;, el &amp;quot;exequatur&amp;quot;, la &amp;quot;appellatio ex abusu&amp;quot;, el &amp;quot;ius excludendi&amp;quot; (los prelados no gratos), y la &amp;quot;amortisatio&amp;quot; (sobre los bienes eclesiásticos: desamortización). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En base a estos principios, el absolutismo intenta legislar  sobre las Órdenes religiosas, suprimiendo las menos dóciles a sus intenciones, incautó los bienes eclesiásticos, intentó instilar sus teorías en las universidades, en la enseñanza y en los mismos seminarios eclesiásticos a la hora de enseñar el derecho civil y eclesiástico. Estas posiciones serán aplicadas continuamente en la edad moderna y, desde los tiempos de la Revolución Francesa, serán radicalmente aplicadas por los sistemas políticos que se imponen en el mundo occidental primero y luego en el resto del mundo (regímenes liberales y totalitarios contemporáneos) . ¿Cómo reaccionaron los Papas y una buena parte del pensamiento jurídico y teológico católico ante estas posiciones? Sobre todo, ya en el s. XVII, desde los tiempos de Westfalia, los Papas, como Inocencio X (1644-1655) ante la paz de Westfalia (1648) , Inocencio XI (1676-1689) frente a las posiciones de Luís XIV de Francia en su política eclesiástica (galicanismo político), defendieron la independencia de la Iglesia en su propia esfera. Más tarde, en el siglo XVIII, después de la guerra de sucesión española (1700-1714) que cambió de nuevo el mapa del equilibrio europeo, y sobre todo en tiempos de Benedicto XIV (1740-1758), la Santa Sede intenta la vía de los concordatos con los Estados, sistema que perdura hasta nuestros días. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una parte consistente de teólogos y juristas católicos, sobre todo vinculados a las posiciones de Tomás de Aquino y de los grandes juristas de la Escuela de Salamanca del siglo XVI, así como otros pertenecientes a la Compañía de Jesús, como Roberto Belarmino y Francisco Suárez, entre otros, negaron la teoría del “poder divino de los reyes” y con ello la trasmisión directa del poder político a una persona por Dios. Suárez propone una tesis en la que opone al absolutismo las justas exigencias democráticas: en la transmisión del poder político soberano es necesario la intervención de la sociedad: en el campo político el poder viene de Dios a través del pueblo. No hay que confundir el origen del poder político con su ejercicio. Según la idea de Tomás de Aquino y de sus seguidores de escuela, el bien común tiene que culminar en la sociedad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Suárez, como otros pensadores de la Escuela jurídica de Victoria, ya en el siglo XVI y otros en el mismo sentido en el XVII, sostiene incluso el derecho de una sociedad política a defenderse con la revuelta, si el príncipe (el poder político en ejercicio) viola el pacto establecido entre la sociedad y dicho poder en ejercicio (el príncipe) por el que  el poder le fue transmitido. El ejercicio del poder por ello se encuentra subordinado al consentimiento de los derechos fundamentales del pueblo. Como se puede observar estas posiciones preceden cronológica y ampliamente la elaboración de los derechos fundamentales proclamados a lo largo del s. XVIII por varios pensadores de la ilustración. Por ello también en el s. XVII los absolutismos políticos y los regalismos en sus diversas formas, combaten con determinación a los sostenedores de estas posiciones de derecho político, y a sus sostenedores, que con frecuencia pertenecían a la Compañía de Jesús, y  tampoco pueden excluirse de los motivos que empujaron a los gobiernos ilustrados de la época a su supresión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==NOTAS:==&lt;br /&gt;
  &lt;br /&gt;
&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==BIBLIOGRAFÍA:==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
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*Pastor, L. von, [Pastor] Historia de los Papas desde finales de la Edad Media, 17 vols. en 23 tomos (ed. española, Roma, 1910-1937). Ed. española, 39 vols. Buenos Aires-Barcelona 1948-1960&lt;br /&gt;
*Pérez Villanueva, J.,  - Escandell Bonet, B., et Alii, Historia de la Inquisición en España y América. ''El conocimiento científico y el proceso histórico de la Institución'' (1478-1834), vol. I, BAC, Madrid 1984; &lt;br /&gt;
*Ranke, L. von, ''Historia de los Papas en la época moderna, ed. española, México 1943 (en perspectiva de un gran historiador protestante'').&lt;br /&gt;
*Sánchez Albornoz, C., ''España, un enigma histórico,'' Buenos Aires 1956.&lt;br /&gt;
*Tomás de Aquino, Summa Theologica, Cuarta edición, Madrid, BAC, 2001, vol. I e II.  Ullman, W., ''The Growth of Papal Government in the Middle Ages'', London, Methuen &amp;amp; Co., 1970.&lt;br /&gt;
*Vacandard, E. (Elphège) 1849-1927, Abbé de Clairvaux, ''The Inquisition: A critical and historical Study of the Coercive Power of the Church, trad. inglesa del francés: Longmans, Green and Co. London – Bombay – Calcutta'', 1908.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''FIDEL GONZÁLEZ FERNÁNDEZ'''&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.56.173</name></author>
		
	</entry>
	<entry>
		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=DESCUBRIMIENTO_DEL_NUEVO_MUNDO:_Mentalidades_culturales_en_el_Mundo_Europeo_en_la_vigilia_de_1492&amp;diff=3296</id>
		<title>DESCUBRIMIENTO DEL NUEVO MUNDO: Mentalidades culturales en el Mundo Europeo en la vigilia de 1492</title>
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		<updated>2014-03-26T20:30:03Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.173: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;==DESCUBRIMIENTO DEL NUEVO MUNDO: Mentalidades culturales en el Mundo Europeo en la vigilia de 1492==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==La llamada Edad Media: un mundo en movimiento==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A lo largo de la Edad Media europea las vías comerciales hacia el Oriente inspiraron leyendas y fantasías, que fueron también alimentadas por las relaciones de los grandes viajeros de la época. Ese periodo histórico, que ya por pura convención a partir de la época renacentista, muchos escritores comenzaron a llamar «Edad Media», existe sólo convencionalmente para designar una amplísima época histórica. En la periodización de la historia que ha entrado en uso desde hace siglos, aquellos mil años de historia europea, más o menos desde el siglo V al siglo XV después de Cristo, se han sucedido épocas muy variadas e incluso en zigzag, con antinomias y contrastes muy fuertes e incluso contrapuestos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por todo ello es sumamente complejo definir de manera absoluta acontecimientos, estructuras y tendencias culturales. El hombre medieval en cuanto tal, no existe unívocamente desde el punto cultural y ni siquiera antropológico. Las transmigraciones de pueblos, los choques y los encuentros, los mestizajes étnicos y culturales de todo tipo se sucedían casi de continuo a lo largo del mapa geográfico de la Europa de entonces. Este hombre “medieval” se encontraba profundamente radicado en su ambiente original. Por ello, el “otro”, el extraño, el extranjero, el diverso, empezaba inmediatamente fuera de las fronteras de su poblado, de su ciudad, de su ambiente; y sin embargo, este hombre medieval fue adquiriendo a lo largo del tiempo un sentido profundo de universalidad que la fe cristiana que lo ha ido formando, amalgamado con las raíces culturales heredadas de la cultura helenista-romana, producía en él. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este hombre se daban dos aspectos aparentemente contradictorios: la movilidad continua (era fruto también de emigraciones de pueblos, siempre en movimiento) y la estabilidad en los lugares que ocupaba y donde se establecía. Por ello unía en sí esta estabilidad que comportaba su dedicación primordial a la agricultura, y por otra los movimientos de guerras de ocupación, comercio, peregrinaciones a lo largo de la geografía europea que comportaban inestabilidad. La misma realidad de una tierra que pronto agotaba su fecundidad debido al clima y a factores como la falta de abonos y fertilizantes, lo obligaban a moverse y a romper aquella estabilidad, si no quería perecer de agotamiento y de hambre. Este campesino debía por ello moverse periódicamente. Por ello, en la Edad Media viajan todos, en una manera o en otra: desde los emperadores, reyes y príncipes, cuyas cortes son casi siempre ambulantes, los caballeros, siempre en movimiento en busca de aventuras y de un “ganarse honor y vida”, hasta los Papas que recorrían la cristiandad moviéndose continuamente de lugar en lugar, a los espíritus religiosos inquietos, peregrinos en movimiento, eremitas, monjes y predicadores que recorrían los caminos europeos a pesar de que la Iglesia intentase continuamente dar una estabilidad a abadías y monasterios (stabilitas loci). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin embargo, y a pesar del “voto” de estabilidad en un determinado monasterio, el impulso y el deseo de ponerse siempre en camino caracterizará a estos monjes, frailes y monjas (como los mendicantes) que los caracterizará sobre todo a partir del siglo XIII. Viajaban sobre todo cada vez más los mercaderes (Francisco de Asís, por ejemplo, es hijo de uno de ellos, comerciante en Francia); viajaban los estudiantes que recorrían las universidades y escuelas nacientes; muchos clérigos llamados por ello “vagantes” y que serán objeto de normas disciplinares por parte de la Iglesia; viajaban muchos obispos y abades; viajaba también mucha gente perteneciente a clases sociales más bajas (soldados, peregrinos, criados…). Con las personas viajaban también las cosas, los objetos, las costumbres, las reliquias de los santos (llama la atención la cantidad de reliquias que se encuentran distribuidas en centenares de iglesias en Europa, a veces procedentes del Oriente cristiano o de lugares lejanos geográficamente del lugar donde se veneraban en relicarios y numerosas iglesias). Este viaje de reliquias (que ya databa desde los tiempos de la reina longobarda Teodolinda en tiempos de san Gregorio Magno –  finales del s. VI-) constituía también uno de los aspectos más llamativos del comercio (comercio de reliquias); viajaban también las mercancías, los libros y las ideas, las historias y las leyendas, las fábulas y las fantasías dadas como historias ciertas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se viajaba con las creaciones poéticas hasta el Paraíso Terrestre y hasta el Más Allá. Siguiendo las fuentes célticas o germánicas, las antiguas todavía conservadas del viejo mundo greco-romano, las traídas por los musulmanes se fabricaron numerosas relaciones de itinerarios fantásticos en mundos desconocidos, o en el Mundo de la Eternidad. Ya cerca de la nueva Edad Moderna, la Divina Comedia de Dante es un ejemplo de ello. Existe también una rica literatura medieval onírica, hecha de sueños y de visiones. Se crean países fantásticos, como el del “Preste Juan” en una imaginada Etiopia cristiana. Se entiende así también el tipo corriente de mucha hagiografía donde abunda este mundo imaginado de visiones, también sobrenaturales, dadas como reales. No se puede por ello olvidar, que este deseo de conocer, recorrer y entrar en mundos desconocidos empuja al hombre medieval a lanzarse hacia mundos desconocidos y prácticamente prohibidos. Es ya los comienzos de una nueva edad, la moderna, y la de los grandes viajes oceánicos y terrestres más allá de las viejas fronteras del mundo europeo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Mentalidades e ideas culturales religiosas y políticas muy generalizadas en el Mundo Europeo Occidental en la vigilia del descubrimiento del “Nuevo Mundo”.==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para entender el impacto que la entrada del llamado Nuevo Mundo en la escena del mundo occidental representó para la vieja Europa del otoño, ya prácticamente concluido, de la Edad Media Europea y comienzos de la modernidad, necesitamos ofrecer algunos datos elementales de su panorámica general, al menos para situar el estado religioso y sociopolítico, especialmente de la Península Ibérica (España y Portugal). A la luz de su cosmovisión, pueden comprenderse muchos de sus comportamientos, así como las actitudes de los primeros evangelizadores del Nuevo Mundo.&lt;br /&gt;
1) Ante todo se debe tener en cuenta la supervivencia todavía de  una situación de cristiandad en la época de los descubrimientos. Persistían todavía las expresiones del proyecto político religioso de 1a Edad Media europea occidental como:&lt;br /&gt;
	1. Las del universalismo de la cristiandad con la refundición de competencias o mezcla entre la esfera sagrada y eclesial y la temporal secular, cuyas expresiones eran por una parte el papel fundamental del Papado (“Sacerdotium”) y por otra la del “Imperium Sacrum Romanum Germanum Christianum”, en antigua lucha de competencias jurídicas sobre el mismo campo de los pueblos latino-germánicos de la cristiandad occidental, todos ellos considerados plenamente cristianos.&lt;br /&gt;
	2. Las funciones del emperador y del papa estaban bien encuadradas en esta mentalidad: el Emperador (y luego cada rey o príncipe en su territorio, reino o principado), era el defensor de la fe. El Papa, por su parte, era el garante de la conservación de la fe y de su difusión. Esta mentalidad que atraviesa toda la edad media se ve bien en las actuaciones y polémicas entre el “Imperium” y el “Sacerdotium” en tiempos, por ejemplo, de Gregorio VII (1073-1085), Alejandro III (1159-1181), Inocencio III (1198-1216), Bonifacio VIII (1294-1303) y todavía en tiempos sucesivos, como el conflicto entre Juan XXII (1316-1334) y el emperador Ludovico el Bávaro (1314-1347),  que fue el último gran conflicto, que cerrará la fase medieval de las relaciones entre el Imperio y la Iglesia.&lt;br /&gt;
	3. La mentalidad o teoría de “las dos espadas”: la secular que defiende la fe de los enemigos internos o externos, y la espiritual que defiende y sostiene espiritualmente dentro de la cristiandad. La bula &amp;quot;Unam Sanctam&amp;quot; (1303) de Bonifacio VIII defiende estas posiciones desde el punto de vista jurídico y teológico. Su posición tenía intenciones hierocracias  y teológicas, no políticas: conservar le unidad de la fe y de la Cristiandad. Los Papas no pensaban ser señores del mundo, sino custodios de la ortodoxia de la fe y de la unidad espiritual de la Cristianitas (Hoeffner). Ello explicará en el fondo la apelación de las naciones-potencias cristianas en los conflictos internos entre ellas al Papa como árbitro para resolverlos, y las intervenciones del Pontífice romano en las mismas, como sucederá en el conflicto entre los reinos de Portugal y de Castilla [España] con la cuestión de las esferas de influencia marítima y de las tierras a explorar e imponer en ellas el propio influjo y dominio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tal fue el sentido del Tratado de Tordesillas (1494) y la intervención del papa Alejandro VI a petición de ambas Potencias. Las bulas alejandrinas de 1493 habían sido emanadas en tal circunstancia para resolver a modo de arbitraje, entre otras cosas,  el conflicto entre las dos Potencias. Ya en 1479-1480 Castilla y Portugal habían fijado por el Tratado de Alcaçovas-Toledo su esfera de acción dentro del Atlántico, quedando para Castilla las Islas Canarias y Santa Cruz de Mar Pequeña. Lo mismo harán en 1494, con el acuerdo de Tordesillas, en que los dos países establecen zonas de acción. Una bula papal ratificó uno y otro acuerdo. Los tratados, fijando delimitaciones, se habían venido firmando por las coronas peninsulares desde 1179; en cuanto a las bulas fueron documentos habituales en las exploraciones lusitanas por África, otorgando privilegios y monopolios o delimitando zonas. Por eso las bulas concedidas en el Atlántico a los portugueses son los antecedentes de las que Castilla recibe ratificando su acción descubridora, obra de Alejandro VI. Respaldaba a las bulas la teoría sobre el Papa como “Dominus Orbis” en el campo espiritual, teoría que algunos quisieron extender también al campo temporal. &lt;br /&gt;
	&lt;br /&gt;
En este periodo histórico se escriben y perviven muchas posiciones teológicas y jurídicas de teólogos y canonistas que sostienen la tesis sobre la hierocracia pontificia. Entre ellos se pueden  recordar algunos como: &lt;br /&gt;
1) Egidio Romano (+1316), con su visión platónica y su agustinismo político, es decir, la tesis de que la plena legitimidad política se da sólo cuando es sobrenatural (De Ecclesiastica  potestate); &lt;br /&gt;
2) Jacobo de Viterbo (+1308) quien afirma que &amp;quot;sin fe no hay poder absolu¬tamente verdadero. No digo que no exista en absoluto y que sea nulo o totalmente ilegítimo, sino que no es auténtico ni perfecto&amp;quot;; &lt;br /&gt;
3) Álvaro Pelayo (+1350) (De planctu Ecclesiae) y Agustín de Ancona (+1328) que extreman las concepciones hierocráticas convirtiéndolas en cesarocráticas; teorías que atraviesan el siglo XIV, en los momentos más álgidos de las polémicas entre las concepciones del papel de la autoridad civil secular y la eclesiástica papal. Basta pensar a las polémicas entre Felipe el Hermoso de Francia y el Papa Bonifacio VIII, y las de Ludovico el Bávaro y el papa Juan XXII; las polémicas entre las corrientes jurídicas de los llamados “legistas” y la de los “canonistas”. Entre las posiciones sostenidas por los legistas destaca la de Marsilio de Padua con su “Defensor Pacis”;  y entre los “canonistas” los que seguían el pensamiento del canonista y luego Papa, Bonifacio VIII. Para los primeros el poder recaería totalmente en manos del Príncipe secular, también en las cuestiones eclesiásticas. Para los segundos recaería en el Papa, que sería un &amp;quot;Dominus Orbis&amp;quot;.&lt;br /&gt;
4) Otros autores notables de la época son Alonso de Cartagena (+1456), que interviene en la polémica cuando ya los portugueses y españoles, al final de la Reconquista  del poder musulmán, comienzan a poner pie en el norte de África o en sus costas Nord atlánticas. 5) Poco antes encontramos a otro teólogo y jurista, el notable Jehan Le Charlier, conocido como Gersón por el lugar de su nacimiento (1363-1429), canciller de la Sorbona (1395), sostenedor de un fuerte conciliarismo en los momentos más duros de la división de la cristiandad en el llamado cisma de Occidente (1378-1417), también como propuesta resolutoria de aquella división, no querida por la cristiandad y que no encontraba una vía de solución fácil. Gersón ni es un teórico de una utopía irrealizable de separación total entre las dos esferas espiritual y temporal, ni tampoco se inclina por una de las dos sostenidas por muchos contemporáneos, o por un predominio del poder espiritual (hierocracia). &lt;br /&gt;
5) Mucho antes que todos ellos, ya Santo Tomás de Aquino (+1274) había sostenido la teoría de la autonomía de las dos esferas en cada uno de sus campos propios, echando las bases filosófico-teológicas de las justas relaciones entre el mundo de lo civil y el de lo eclesiástico, entre el derecho natural y el positivo, con los fundamentos filosófico-jurídicos, que sobre todo sus discípulos de la Escuela de Salamanca, desarrollarán, a partir de los comienzos del siglo XVI, cuando se comenzará a debatirse fuertemente la problemática del derecho de gentes . Por todo ello no se puede confundir el estado sobrenatural de gracia y todo lo que a él corresponde, con la virtud cardinal de la justicia y el campo que pertenece a la pura ley natural.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquí hay que apuntar varios elementos extraños que se introducen come tentación frecuente también en la historia del cristianismo. Ante todo hay que tener en cuenta un fenómeno frecuente en la mentalidad de muchos pueblos, y entre ellos el europeo medieval: la sacralización de las estructuras temporales. El ejercicio de la actividad humana recibe legitimidad constructiva por una cristificación y eclesialización. No hay una diferencia o separación nítida entre las esferas naturales temporales, y las espirituales o sobrenaturales. Para el hombre cristiano medieval cuanto no es cristiano queda al margen de la ciudad humana. Por ello, en muchas mentalidades de la época, cuanto no era plenamente cristiano y ortodoxo quedaba al margen dela ciudad terrena. Ya el códice de Justiniano (s. VI) había hecho coincidir la plenitud de los derechos del ciudadano con el hecho de su pertenencia a la ortodoxia católica . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El llamado “edicto” o “acuerdo” de Milán de los emperadores Constantino y Licinio del 313 d.C., había reconocido el derecho a la libertad religiosa en igualdad de condiciones a todos los ciudadanos del Imperio – y por lo tanto a los cristianos, poniendo fin a las persecuciones anticristianas por motivos de pertenencia religiosa-; el reconocimiento de ese derecho fundamental para todas las personas constituye un hecho excepcional en la historia de la libertad religiosa. Años más tarde, el emperador Teodosio con el Edicto “Cunctos populos” del 380 había reconocido la religión católica ortodoxa como la religión oficial del Imperio (la fe cristiana católica profesada por el obispo de Roma, Dámaso, y el obispo Pedro de Alejandría, en comunión con él), que era un modo claro de excluir a los arrianos de tal reconocimiento. Justiniano convierte a la religión católica-ortodoxa, profesada por los primeros grandes Concilios, en “religio única” del Imperio, excluyendo así cuantos no la profesaban (herejes). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un gesto que revelaba aquella consecuencia jurídica fue la decisión de cerrar la Academia pagana de Atenas. Tal fue la mentalidad que predominó a lo largo de la edad Media occidental, hasta que en tiempos de la controversia luterana y las primeras guerras de religión, se llega a la paz de Augusta (1555) donde el emperador Carlos V se ve obligado a pactar con los príncipes luteranos, reconociendo a la par los derechos de católicos y luteranos, dando a cada Príncipe, católico o luterano, la libertad de elección de una u otra confesión en cada territorio según la conveniencia de cada Príncipe (“cuius regio et illius et religió”). Así el Poder Político decidía a cuál de las dos confesiones cristianas acoger y dar plena libertad de culto en el propio territorio. Casi un siglo más tarde, la Paz de Westfalia (1647) extenderá el mismo criterio dentro del Imperio también a los calvinistas. A lo largo de la historia más que milenaria de la Europa cristiana habían sido respetados los judíos, que gozaron jurídicamente de una propia libertad de culto y expresión cultural a lo largo de aquellos siglos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si una tal exclusión de ciudadanía se había extendido a los antiguos paganos y a los considerados herejes, el mismo criterio habría de ser aplicado a los “infieles”. En el mundo occidental europeo en la vigilia del “descubrimiento” de un Nuevo Mundo, en 1492, ¿quiénes eran considerados “infieles”, o “diversos”, o no cristianos? Los únicos generalmente conocidos eran los tártaros, los judíos (que, como dicho, vivían mezclados dentro de la sociedad cristiana) y los mahometanos, muchos de ellos en tierras fronterizas con los reinos cristianos y considerados, en muchos casos, como invasores de antiguas tierras cristianas, desde la Tierra Santa hasta los confines del mundo Occidental, la Hispania cristiana. Entre cristianos y musulmanes no había corrido generalmente una relación amistosa desde los tiempos de las Cruzadas. Al contrario, había predominado una relación claramente hostil y con frecuencia guerrera. En el caso hispano, en España se había vivido desde la invasión árabe-bereber del año 711 hasta precisamente el 6 de enero 1492, una historia de reconquista por parte de los reinos cristianos, que forjará un peculiar temperamento en el mundo hispano de entonces. A mediados de la Edad Media los reinos cristianos occidentales emprenden las campañas de las Cruzadas para recuperar la Tierra Santa ocupada por los musulmanes, Cruzadas que  concluirán desastrosamente, complicando aún más la historia cuando intereses bastardos se mezclaron a los ideales de sus comienzos; y muy pronto implicaron también al ya en franca decadencia, Imperio bizantino. Algunos poderes políticos y económicos de la última Cruzada intentaron también dilapidarlo en favor de los propios intereses. Los nuevos intentos de Cruzada fomentada por algunos papas, tras la invasión de los turcos otomanes y su conquista de Constantinopla (1453) de apoyar o impedir el fin de aquel vetusto Imperio “romano” de Oriente, fracasaron totalmente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Primeros intentos de circunnavegación del continente africano y nacimiento del sistema del “Padroado” portugués en los comienzos de la época moderna==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En esta panorámica ideológica y política hay que encuadrar la visión europea occidental que se comienza a difundir sobre el mundo geográfico y antropológico africano, hasta entonces totalmente al margen del mundo Mediterráneo. El Mediterráneo se había convertido desde hacía siglos en un mar hostil para el mundo cristiano de la Europa Occidental, desde que sus costas africanas se encontraban totalmente controladas por el poder islámico. El antiguo “Mare Nostrum” latino se había convertido en un “Mare Hostile”, plagado de insidias, de piratería siempre en auge. Tal piratería, a partir del siglo XVI, se organizará incluso con una especie de acuerdo consentido y aplicado con los llamados “corsarios”, sobre todo tras el dominio turco-otomano del Medio Oriente y de las costas del África mediterránea. Además el mundo cristiano occidental no conocía el África subsahariana; al máximo tenía muy vagas e imprecisas noticias de la existencia de este continente. Era considerado casi una península, prolongación del mundo asiático; y desde el punto de vista religioso como una prolongación del mundo mahometano, con poblaciones negras, a él sometidas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En algunos casos se tenían noticias vagas de la existencia de una especie de “isla”, enclave o “reino” cristiano, dentro de ese mundo, en la parte oriental, Etiopia o “el reino del preste Juan”, como muchos escritores occidentales vagamente lo llamaban. Todo era vago, impreciso e inexacto en ese conocimiento de África. Cuando los portugueses cerraron el ciclo de la reconquista en la parte de las tierras ibéricas meridionales, cerrando geográficamente las fronteras del reino de Portugal en la península ibérica, quisieron continuar aquella reconquista en las tierras del África mediterránea con la conquista de algunos enclaves en las costas mediterráneas frente a la Península ibérica como Ceuta y Melilla. Su propósito era poner una posible barrera a futuras invasiones de los bereberes musulmanes o de los aliados de los turcos. Casi de inmediato comenzaron  a ensanchar su empresa explorando las costas atlánticas africanas. Los motivos que los empujaron a ello hay que leerlos en su conjunto: se encontraban entretejidos los ya apuntados de continuación de los ideales de la “reconquista”, los políticos, y los religiosos de una voluntad explícita de difundir la fe cristiana. A estos motivos hay que añadir los comerciales. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En una Europa que se abría a una nueva época que la historiografía conoce como “la modernidad” y en la que venecianos, genoveses y otras repúblicas marineras, sobre todo italianas, buscaban mercados en el Oriente, sobre todo el de las llamadas “especies”, para responder a las exigencias de las nuevas sociedades y estados europeos en vías de formación moderna, los portugueses entraron con decidida voluntad en esta competición. Su periplo marino hacia el sur sigue de cerca las costas africanas. En tal estrategia fue determinante, también por motivos prácticos, las necesidades que les imponía la navegación misma. Ésta les obligaba a seguir las rutas cercanas a las costas, para poder apoyarse en ellas, encontrar lo necesario para su subsistencia y progreso en la navegación hacia los mares del sur. Los límites de los navíos o carabelas entonces existentes para una navegación de tan largas distancias, en mares desconocidos y peligrosos,  serán factores fundamentales para buscar nuevos instrumentos de navegación y la construcción de navíos más apropiados para cruzar los mares. Fueron así descubriendo la realidad de un continente, nuevo para el mundo europeo en sus dimensiones geográficas: África. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El rey de Portugal Juan II, mandó una expedición marítima (1486-87) al mando de Bartolomé Díaz (Bartholomeu Dias de Novaes) (c.1450-1500?), que con tres navíos llega hasta la punta meridional extrema del Continente (1487), al que llama Cabo de las Tormentas, doblándola y confirmando así la posibilidad de proseguir hacia la India a través de una ruta marítima . El rey portugués cambió significativamente el nombre del Cabo de las Tormentas  en Cabo de Buena Esperanza, pero todavía los portugueses emplearían algunos años en aprovechar aquel descubrimiento; sobre todo porque se esperaban los resultados de otra expedición, conducida por otro portugués, Pedro o Pêro da Covilhã (c. 1460 – entre 1526 y 1530) , junto con otro portugués, Alfonso de Paiva (que morirá en la expedición), enviados por el rey de Portugal, Juan II, a Etiopía. Seguirán la ruta mediterránea, Egipto y Adén (1487-1488) con la ayuda de algunos mercaderes judíos portugueses presentes en Egipto. En 1489-1490 llegarán a Goa y Calicut en la India. Desde 1490 a 1530 se establecerá en Etiopia, donde muere. Llega a Etiopia en el mismo año de la expedición marítima alrededor del Continente africano de Bartolomé Díaz (1497-1500) . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los contactos con este país se remontaban ya a los tiempos del Concilio de Florencia en 1441. Habían comenzado a través del abad del monasterio etíope en Jerusalén. El Negus (emperador) etíope Zara Yakob (1434-1468) mandará luego una embajada al Papa y al Rey de Nápoles, que ya era un aragonés, Fernando I de Aragón, el Magnánimo (rey: 1442-1458) en 1450 .  En 1482 una delegación de franciscanos habían visitado también Etiopia y  habían encontrado diez italianos al servicio del Negus (emperador etíope) desde hacía 25 años. Será la expedición marítima de Vasco da Gama la que circunnavegará prácticamente el continente africano, zarpa desde Lisboa el 8 de julio de 1497 con tres navíos: São Gabriel (120 t), São Rafael (100 t), bajo el mando de Nicolão Coelho, y Santa Fe, mandada por su hermano Pablo da Gama, llegando a la India en 1498 . Fue el primer explorador en la historia moderna que navegó dando la vuelta a África alejándose de las costas para aprovecharse de vientos más favorables. Acompañado por Bartolomé Díaz hasta el Cabo de Buena Esperanza pasó adelante circunnavegándolo. En noviembre pasó por las costas sudafricanas de Natal, como las llamará en memoria del Misterio de la Navidad cristiana . África no era una “pequeña península” o un apéndice del mundo asiático. Tenía una entidad geográfica, humana y religiosa. Tampoco era un mundo musulmán. Estaba poblada de gentes de color, el “mundo de los negros” como enseguida se le comenzó a llamar, o la “Nigricia”.&lt;br /&gt;
	&lt;br /&gt;
==Mentalidad jurídica restrictiva en el campo religioso.== &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya ha quedado señalado como en la expansión hacia África, los europeos de entonces (en el caso específico, los portugueses en primer término), creyeron que la negritud era una prolongación del islamismo. Las conquistas portugueses de aquellos territorios se hicieron bajo el signo de la cruzada, como pasaría más tarde con los españoles y los mismos portugueses en América. Así la  bula Dudum cum ad nos (1436) de Eugenio IV al rey de Portugal Eduardo (rey: 1433-1438), solicitada por éste, lo anima a continuar la obra de su padre Juan I (rey: 1383-1433) y habla de los motivos, entre otros, de conservar y defender la fe, que llevaron Juan I a la conquista de Ceuta del poder musulmán (“de manibus perfidorum Sarracenorum in partibus Africae manu armata abstulerat, necnon pro recuperatione aliorum terrarum, castrorum et locorum ab ipsis infidelibus in eisdem partibus constitutorum, nostrae certi tenoris litteras, quae cruciata vulgariter nuncuparetur, consessimus, et similiter certas ínsulas Canariae, quas ab infidelibus possideri, et in quibus nullum Principem Christianum jus habere aut praetendere asserebas, tibi per alias nostras litteras dedimus in conquestam, prout in ipsis litteris latius continetur…” . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El tema será de nuevo reafirmado en las bulas de Nicolás V (1447-1455) al rey Alfonso V de Portugal, llamado el Africano, (regente y luego rey:1438-1481), Dum diversas (18.6.1452) y Divino amore communiti (18.6.1452) , en las que le autoriza su empresa conquistadora en el norte de África contra los emiratos musulmanes. Las bulas siguen las teorías jurídicas sobre la autoridad del Papa, también en materia temporal, y sobre la conquista de tierras de “infieles”. Entra aquí, añadida, también a la teoría, siempre más difundida en algunos ambientes de la época sobre el tema de la servidumbre de los infieles en el sentido de que se les podía someter a perpetua servidumbre; ello da pie a querer justificar este tipo de conquistas y de sometimiento de las poblaciones “infieles” o musulmanas.  La Romanus Pontifex del 8 de enero de 1454 del mismo Nicolás V reafirma las mismas ideas de la Divino Amore communiti, justificando las empresas de conquista de las tierras de “los sarracenos y paganos y otros infieles y enemigos de Cristo, cualesquiera que sean y donde quiera que se encuentren” y concediendo al Infante Don Enrique, el Navegante e hijo del rey Alfonso V varios privilegios con el fin de propagar la fe cristiana en las tierras descubiertas o por descubrir (arranque del padroado) . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así, “infieles” (que entonces son prácticamente confundidos con los musulmanes) y  los herejes, quedaban por lo ya apuntado, fuera de todo reconocimiento jurídico en el ámbito de la christianitas. Lo herejes constituían en aquella sociedad movimientos híbridos de tipo religioso que se desdoblaban en sistemas antisociales o en fenómenos anárquicos que asumían formas religiosas específicas según los lugares, como en el caso de los fenómenos de los pataros, valdenses, albigenses, y más tarde wiclefistas y husitas, por citar algunos grupos heterodoxos. Se debe añadir que, ni los reinos ibéricos (Portugal y España), ni los demás en la cristiandad europea de comienzos de la Edad Moderna, conocieron el hecho de la idolatría en el sentido bíblico del término, y que la idolatría, según ya la tradición bíblica, era considerada la más aberrante actitud religiosa que el hombre podía asumir. Será ésta una realidad con la que los europeos encontrarán en las tierras del Nuevo Mundo bajo formas variadas,y que interpretarán estrictamente en el más puro y literal sentido bíblico antiguo testamentario como una forma aberrante e intolerable de religiosidad.  Dicha realidad se impondré a los recién llegados que deberán tratar el caso y asumir una actitud evangelizadora que asumirá formas radicales y contundentes en el combatirla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las formas que esa radicalidad asume son variadas; necesitan ser encuadradas en la mentalidad jurídica de la época para entenderlas. Ante todo se producen también como efecto político de la unidad de la fe, de la unidad buscada de la cristiandad (que muy pronto ella misma se encontrará dividida en su seno con interpretaciones opuestas del mismo cristianismo en tiempos de la Reforma protestante). Pero la parte católica en sus principios, y más tarde también la protestante, defenderán con ahínco, e incluso con violencia tales principios. Es el caso de la institución de la Inquisición en sus variadas formas: española y portuguesa, romana, episcopal, etc… . En el caso protestante va también estudiada en tal contexto la intolerancia religiosa como en la Inglaterra anglicana, en los principados protestantes del luteranismo germánico y en el calvinismo en sus dominios confesionales y políticos, ya a partir de Calvino en Ginebra. Esta intolerancia dará origen en Europa a las penosas y largas guerras de religión, como en Francia, Holanda e Inglaterra, y sobre todo la larga “guerra de los Treinta años” que en el siglo XVII asolaría media Europa central. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hay que recordar sus raíces y sus consecuencias desastrosas: en los Países Bajos (1560-1579); en Francia (Hugonotes-calvinistas y católicos) (1562-1594): Edicto de Nantes (1598); la guerra de los Treinta años (1618-1648): Paz de Westfalia (1648). Las consecuencias jurídicas: en DSR 50, 230, 235, 519,  627, 1146): a) La paz de Augusta (1555): libertad de culto para los luteranos, pero no para los calvinistas, b) Guerra de los Treinta años (1618-1648) con 4 fases con vicisitudes de victorias y de derrotas alternas y   donde se encontraron empeñados todos los poderes políticos europeos, concluyéndose  con la victoria práctica de las Potencias protestantes, la de Francia como potencia emergente, y la derrota diplomática del Imperio de los Habsburgo  que representaban teóricamente los intereses de los católicos en el centro de Europa; c) la paz de Westfalia (1648) sanciona la nueva situación europea, se traza un nuevo mapa político; se reconoce a los protestantes, incluidos los calvinistas, la igualdad de derechos en el campo religioso (no a otros protestantes o confesiones religiosas disidentes) en los diversos territorios; se establece un criterio en las relaciones políticas entre los Estados, la del “equilibrio”, que determinará el establecimiento de tratados y de paces (siempre efímeras en los siglos siguientes) entre los Estados europeos soberanos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Además esta fecha señala el final definitivo del sistema político medieval, fundado sobre la autoridad  imperial en el conjunto civil de la Christianitas y la del Papa en el campo espiritual en la misma. Después de Westfalia, el Papado se verá excluido durante muchos tiempo en los congresos de carácter civil-político internacionales . La violencia religiosa partió de los intereses políticos en juego, que con frecuencia instrumentalizaron a su provecho la cuestión religiosa. Típico de tal mentalidad fue el nacimiento y la praxis ya recordada del “cuius regio et illius et religio” que se impone políticamente tras la Paz de Augusta de 1555. El Príncipe político (= el Estado, cada vez más autárquico) es de hecho un “summus pontifex” secularizado, fuente indiscutible de moralidad al servicio del Estado. Se trata de una vuelta práctica a la antigua concepción autárquica del Estado, vigente durante el Imperio romano como punto último y referencial de toda actividad religiosa, donde el derecho a la libertad de conciencia debe ceder ante los intereses del Estado. Todo Estado tiene un códice de derechos en materia eclesiástica al que corresponden una serie de instituciones para salvaguardarlos y tutelarlos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquí entra la temática del “derecho divino de los reyes”. Jacobo I de Inglaterra, en Prefazione ammonitrice, escribía a comienzos del s. XVII: &amp;quot;los Reyes como los Papas reciben su poder inmediatamente de Dios&amp;quot;. Este principio será asumido por los variados poderes absolutos monárquicos de entonces; más adelante, totalmente secularizado, su ideología o concepción será asumida por las concepciones inmanentistas de todos los totalitarismos estatales. El absolutismo de Estado frente a la Iglesia ejercita sus pretendidos poderes, “ius circa sacra”, con los siguientes pretendidos derechos: ius inspectionis en la administración eclesiástica; ius cavendi de las acciones eclesiásticas; ius protectionis (dirección) de la Iglesia; ius reformandi de los abusos de la Iglesia. Usa de los siguientes medios o instrumentos jurídicos para actual tal política: el &amp;quot;regium placet&amp;quot;, el &amp;quot;exequatur&amp;quot;, la &amp;quot;appellatio ex abusu&amp;quot;, el &amp;quot;ius excludendi&amp;quot; (los prelados no gratos), y la &amp;quot;amortisatio&amp;quot; (sobre los bienes eclesiásticos: desamortización). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En base a estos principios, el absolutismo intenta legislar  sobre las Órdenes religiosas, suprimiendo las menos dóciles a sus intenciones, incautó los bienes eclesiásticos, intentó instilar sus teorías en las universidades, en la enseñanza y en los mismos seminarios eclesiásticos a la hora de enseñar el derecho civil y eclesiástico. Estas posiciones serán aplicadas continuamente en la edad moderna y, desde los tiempos de la Revolución Francesa, serán radicalmente aplicadas por los sistemas políticos que se imponen en el mundo occidental primero y luego en el resto del mundo (regímenes liberales y totalitarios contemporáneos) . ¿Cómo reaccionaron los Papas y una buena parte del pensamiento jurídico y teológico católico ante estas posiciones? Sobre todo, ya en el s. XVII, desde los tiempos de Westfalia, los Papas, como Inocencio X (1644-1655) ante la paz de Westfalia (1648) , Inocencio XI (1676-1689) frente a las posiciones de Luís XIV de Francia en su política eclesiástica (galicanismo político), defendieron la independencia de la Iglesia en su propia esfera. Más tarde, en el siglo XVIII, después de la guerra de sucesión española (1700-1714) que cambió de nuevo el mapa del equilibrio europeo, y sobre todo en tiempos de Benedicto XIV (1740-1758), la Santa Sede intenta la vía de los concordatos con los Estados, sistema que perdura hasta nuestros días. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una parte consistente de teólogos y juristas católicos, sobre todo vinculados a las posiciones de Tomás de Aquino y de los grandes juristas de la Escuela de Salamanca del siglo XVI, así como otros pertenecientes a la Compañía de Jesús, como Roberto Belarmino y Francisco Suárez, entre otros, negaron la teoría del “poder divino de los reyes” y con ello la trasmisión directa del poder político a una persona por Dios. Suárez propone una tesis en la que opone al absolutismo las justas exigencias democráticas: en la transmisión del poder político soberano es necesario la intervención de la sociedad: en el campo político el poder viene de Dios a través del pueblo. No hay que confundir el origen del poder político con su ejercicio. Según la idea de Tomás de Aquino y de sus seguidores de escuela, el bien común tiene que culminar en la sociedad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Suárez, como otros pensadores de la Escuela jurídica de Victoria, ya en el siglo XVI y otros en el mismo sentido en el XVII, sostiene incluso el derecho de una sociedad política a defenderse con la revuelta, si el príncipe (el poder político en ejercicio) viola el pacto establecido entre la sociedad y dicho poder en ejercicio (el príncipe) por el que  el poder le fue transmitido. El ejercicio del poder por ello se encuentra subordinado al consentimiento de los derechos fundamentales del pueblo. Como se puede observar estas posiciones preceden cronológica y ampliamente la elaboración de los derechos fundamentales proclamados a lo largo del s. XVIII por varios pensadores de la ilustración. Por ello también en el s. XVII los absolutismos políticos y los regalismos en sus diversas formas, combaten con determinación a los sostenedores de estas posiciones de derecho político, y a sus sostenedores, que con frecuencia pertenecían a la Compañía de Jesús, y  tampoco pueden excluirse de los motivos que empujaron a los gobiernos ilustrados de la época a su supresión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==NOTAS:==&lt;br /&gt;
  &lt;br /&gt;
&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==BIBLIOGRAFÍA:==&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''FIDEL GONZÁLEZ FERNÁNDEZ'''&lt;/div&gt;</summary>
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		<updated>2014-03-26T20:29:40Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.173: /* BIBLIOGRAFÍA: */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;DESCUBRIMIENTO DEL NUEVO MUNDO: Mentalidades culturales en el Mundo Europeo en la vigilia de 1492&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==La llamada Edad Media: un mundo en movimiento==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A lo largo de la Edad Media europea las vías comerciales hacia el Oriente inspiraron leyendas y fantasías, que fueron también alimentadas por las relaciones de los grandes viajeros de la época. Ese periodo histórico, que ya por pura convención a partir de la época renacentista, muchos escritores comenzaron a llamar «Edad Media», existe sólo convencionalmente para designar una amplísima época histórica. En la periodización de la historia que ha entrado en uso desde hace siglos, aquellos mil años de historia europea, más o menos desde el siglo V al siglo XV después de Cristo, se han sucedido épocas muy variadas e incluso en zigzag, con antinomias y contrastes muy fuertes e incluso contrapuestos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por todo ello es sumamente complejo definir de manera absoluta acontecimientos, estructuras y tendencias culturales. El hombre medieval en cuanto tal, no existe unívocamente desde el punto cultural y ni siquiera antropológico. Las transmigraciones de pueblos, los choques y los encuentros, los mestizajes étnicos y culturales de todo tipo se sucedían casi de continuo a lo largo del mapa geográfico de la Europa de entonces. Este hombre “medieval” se encontraba profundamente radicado en su ambiente original. Por ello, el “otro”, el extraño, el extranjero, el diverso, empezaba inmediatamente fuera de las fronteras de su poblado, de su ciudad, de su ambiente; y sin embargo, este hombre medieval fue adquiriendo a lo largo del tiempo un sentido profundo de universalidad que la fe cristiana que lo ha ido formando, amalgamado con las raíces culturales heredadas de la cultura helenista-romana, producía en él. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este hombre se daban dos aspectos aparentemente contradictorios: la movilidad continua (era fruto también de emigraciones de pueblos, siempre en movimiento) y la estabilidad en los lugares que ocupaba y donde se establecía. Por ello unía en sí esta estabilidad que comportaba su dedicación primordial a la agricultura, y por otra los movimientos de guerras de ocupación, comercio, peregrinaciones a lo largo de la geografía europea que comportaban inestabilidad. La misma realidad de una tierra que pronto agotaba su fecundidad debido al clima y a factores como la falta de abonos y fertilizantes, lo obligaban a moverse y a romper aquella estabilidad, si no quería perecer de agotamiento y de hambre. Este campesino debía por ello moverse periódicamente. Por ello, en la Edad Media viajan todos, en una manera o en otra: desde los emperadores, reyes y príncipes, cuyas cortes son casi siempre ambulantes, los caballeros, siempre en movimiento en busca de aventuras y de un “ganarse honor y vida”, hasta los Papas que recorrían la cristiandad moviéndose continuamente de lugar en lugar, a los espíritus religiosos inquietos, peregrinos en movimiento, eremitas, monjes y predicadores que recorrían los caminos europeos a pesar de que la Iglesia intentase continuamente dar una estabilidad a abadías y monasterios (stabilitas loci). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin embargo, y a pesar del “voto” de estabilidad en un determinado monasterio, el impulso y el deseo de ponerse siempre en camino caracterizará a estos monjes, frailes y monjas (como los mendicantes) que los caracterizará sobre todo a partir del siglo XIII. Viajaban sobre todo cada vez más los mercaderes (Francisco de Asís, por ejemplo, es hijo de uno de ellos, comerciante en Francia); viajaban los estudiantes que recorrían las universidades y escuelas nacientes; muchos clérigos llamados por ello “vagantes” y que serán objeto de normas disciplinares por parte de la Iglesia; viajaban muchos obispos y abades; viajaba también mucha gente perteneciente a clases sociales más bajas (soldados, peregrinos, criados…). Con las personas viajaban también las cosas, los objetos, las costumbres, las reliquias de los santos (llama la atención la cantidad de reliquias que se encuentran distribuidas en centenares de iglesias en Europa, a veces procedentes del Oriente cristiano o de lugares lejanos geográficamente del lugar donde se veneraban en relicarios y numerosas iglesias). Este viaje de reliquias (que ya databa desde los tiempos de la reina longobarda Teodolinda en tiempos de san Gregorio Magno –  finales del s. VI-) constituía también uno de los aspectos más llamativos del comercio (comercio de reliquias); viajaban también las mercancías, los libros y las ideas, las historias y las leyendas, las fábulas y las fantasías dadas como historias ciertas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se viajaba con las creaciones poéticas hasta el Paraíso Terrestre y hasta el Más Allá. Siguiendo las fuentes célticas o germánicas, las antiguas todavía conservadas del viejo mundo greco-romano, las traídas por los musulmanes se fabricaron numerosas relaciones de itinerarios fantásticos en mundos desconocidos, o en el Mundo de la Eternidad. Ya cerca de la nueva Edad Moderna, la Divina Comedia de Dante es un ejemplo de ello. Existe también una rica literatura medieval onírica, hecha de sueños y de visiones. Se crean países fantásticos, como el del “Preste Juan” en una imaginada Etiopia cristiana. Se entiende así también el tipo corriente de mucha hagiografía donde abunda este mundo imaginado de visiones, también sobrenaturales, dadas como reales. No se puede por ello olvidar, que este deseo de conocer, recorrer y entrar en mundos desconocidos empuja al hombre medieval a lanzarse hacia mundos desconocidos y prácticamente prohibidos. Es ya los comienzos de una nueva edad, la moderna, y la de los grandes viajes oceánicos y terrestres más allá de las viejas fronteras del mundo europeo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Mentalidades e ideas culturales religiosas y políticas muy generalizadas en el Mundo Europeo Occidental en la vigilia del descubrimiento del “Nuevo Mundo”.==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para entender el impacto que la entrada del llamado Nuevo Mundo en la escena del mundo occidental representó para la vieja Europa del otoño, ya prácticamente concluido, de la Edad Media Europea y comienzos de la modernidad, necesitamos ofrecer algunos datos elementales de su panorámica general, al menos para situar el estado religioso y sociopolítico, especialmente de la Península Ibérica (España y Portugal). A la luz de su cosmovisión, pueden comprenderse muchos de sus comportamientos, así como las actitudes de los primeros evangelizadores del Nuevo Mundo.&lt;br /&gt;
1) Ante todo se debe tener en cuenta la supervivencia todavía de  una situación de cristiandad en la época de los descubrimientos. Persistían todavía las expresiones del proyecto político religioso de 1a Edad Media europea occidental como:&lt;br /&gt;
	1. Las del universalismo de la cristiandad con la refundición de competencias o mezcla entre la esfera sagrada y eclesial y la temporal secular, cuyas expresiones eran por una parte el papel fundamental del Papado (“Sacerdotium”) y por otra la del “Imperium Sacrum Romanum Germanum Christianum”, en antigua lucha de competencias jurídicas sobre el mismo campo de los pueblos latino-germánicos de la cristiandad occidental, todos ellos considerados plenamente cristianos.&lt;br /&gt;
	2. Las funciones del emperador y del papa estaban bien encuadradas en esta mentalidad: el Emperador (y luego cada rey o príncipe en su territorio, reino o principado), era el defensor de la fe. El Papa, por su parte, era el garante de la conservación de la fe y de su difusión. Esta mentalidad que atraviesa toda la edad media se ve bien en las actuaciones y polémicas entre el “Imperium” y el “Sacerdotium” en tiempos, por ejemplo, de Gregorio VII (1073-1085), Alejandro III (1159-1181), Inocencio III (1198-1216), Bonifacio VIII (1294-1303) y todavía en tiempos sucesivos, como el conflicto entre Juan XXII (1316-1334) y el emperador Ludovico el Bávaro (1314-1347),  que fue el último gran conflicto, que cerrará la fase medieval de las relaciones entre el Imperio y la Iglesia.&lt;br /&gt;
	3. La mentalidad o teoría de “las dos espadas”: la secular que defiende la fe de los enemigos internos o externos, y la espiritual que defiende y sostiene espiritualmente dentro de la cristiandad. La bula &amp;quot;Unam Sanctam&amp;quot; (1303) de Bonifacio VIII defiende estas posiciones desde el punto de vista jurídico y teológico. Su posición tenía intenciones hierocracias  y teológicas, no políticas: conservar le unidad de la fe y de la Cristiandad. Los Papas no pensaban ser señores del mundo, sino custodios de la ortodoxia de la fe y de la unidad espiritual de la Cristianitas (Hoeffner). Ello explicará en el fondo la apelación de las naciones-potencias cristianas en los conflictos internos entre ellas al Papa como árbitro para resolverlos, y las intervenciones del Pontífice romano en las mismas, como sucederá en el conflicto entre los reinos de Portugal y de Castilla [España] con la cuestión de las esferas de influencia marítima y de las tierras a explorar e imponer en ellas el propio influjo y dominio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tal fue el sentido del Tratado de Tordesillas (1494) y la intervención del papa Alejandro VI a petición de ambas Potencias. Las bulas alejandrinas de 1493 habían sido emanadas en tal circunstancia para resolver a modo de arbitraje, entre otras cosas,  el conflicto entre las dos Potencias. Ya en 1479-1480 Castilla y Portugal habían fijado por el Tratado de Alcaçovas-Toledo su esfera de acción dentro del Atlántico, quedando para Castilla las Islas Canarias y Santa Cruz de Mar Pequeña. Lo mismo harán en 1494, con el acuerdo de Tordesillas, en que los dos países establecen zonas de acción. Una bula papal ratificó uno y otro acuerdo. Los tratados, fijando delimitaciones, se habían venido firmando por las coronas peninsulares desde 1179; en cuanto a las bulas fueron documentos habituales en las exploraciones lusitanas por África, otorgando privilegios y monopolios o delimitando zonas. Por eso las bulas concedidas en el Atlántico a los portugueses son los antecedentes de las que Castilla recibe ratificando su acción descubridora, obra de Alejandro VI. Respaldaba a las bulas la teoría sobre el Papa como “Dominus Orbis” en el campo espiritual, teoría que algunos quisieron extender también al campo temporal. &lt;br /&gt;
	&lt;br /&gt;
En este periodo histórico se escriben y perviven muchas posiciones teológicas y jurídicas de teólogos y canonistas que sostienen la tesis sobre la hierocracia pontificia. Entre ellos se pueden  recordar algunos como: &lt;br /&gt;
1) Egidio Romano (+1316), con su visión platónica y su agustinismo político, es decir, la tesis de que la plena legitimidad política se da sólo cuando es sobrenatural (De Ecclesiastica  potestate); &lt;br /&gt;
2) Jacobo de Viterbo (+1308) quien afirma que &amp;quot;sin fe no hay poder absolu¬tamente verdadero. No digo que no exista en absoluto y que sea nulo o totalmente ilegítimo, sino que no es auténtico ni perfecto&amp;quot;; &lt;br /&gt;
3) Álvaro Pelayo (+1350) (De planctu Ecclesiae) y Agustín de Ancona (+1328) que extreman las concepciones hierocráticas convirtiéndolas en cesarocráticas; teorías que atraviesan el siglo XIV, en los momentos más álgidos de las polémicas entre las concepciones del papel de la autoridad civil secular y la eclesiástica papal. Basta pensar a las polémicas entre Felipe el Hermoso de Francia y el Papa Bonifacio VIII, y las de Ludovico el Bávaro y el papa Juan XXII; las polémicas entre las corrientes jurídicas de los llamados “legistas” y la de los “canonistas”. Entre las posiciones sostenidas por los legistas destaca la de Marsilio de Padua con su “Defensor Pacis”;  y entre los “canonistas” los que seguían el pensamiento del canonista y luego Papa, Bonifacio VIII. Para los primeros el poder recaería totalmente en manos del Príncipe secular, también en las cuestiones eclesiásticas. Para los segundos recaería en el Papa, que sería un &amp;quot;Dominus Orbis&amp;quot;.&lt;br /&gt;
4) Otros autores notables de la época son Alonso de Cartagena (+1456), que interviene en la polémica cuando ya los portugueses y españoles, al final de la Reconquista  del poder musulmán, comienzan a poner pie en el norte de África o en sus costas Nord atlánticas. 5) Poco antes encontramos a otro teólogo y jurista, el notable Jehan Le Charlier, conocido como Gersón por el lugar de su nacimiento (1363-1429), canciller de la Sorbona (1395), sostenedor de un fuerte conciliarismo en los momentos más duros de la división de la cristiandad en el llamado cisma de Occidente (1378-1417), también como propuesta resolutoria de aquella división, no querida por la cristiandad y que no encontraba una vía de solución fácil. Gersón ni es un teórico de una utopía irrealizable de separación total entre las dos esferas espiritual y temporal, ni tampoco se inclina por una de las dos sostenidas por muchos contemporáneos, o por un predominio del poder espiritual (hierocracia). &lt;br /&gt;
5) Mucho antes que todos ellos, ya Santo Tomás de Aquino (+1274) había sostenido la teoría de la autonomía de las dos esferas en cada uno de sus campos propios, echando las bases filosófico-teológicas de las justas relaciones entre el mundo de lo civil y el de lo eclesiástico, entre el derecho natural y el positivo, con los fundamentos filosófico-jurídicos, que sobre todo sus discípulos de la Escuela de Salamanca, desarrollarán, a partir de los comienzos del siglo XVI, cuando se comenzará a debatirse fuertemente la problemática del derecho de gentes . Por todo ello no se puede confundir el estado sobrenatural de gracia y todo lo que a él corresponde, con la virtud cardinal de la justicia y el campo que pertenece a la pura ley natural.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquí hay que apuntar varios elementos extraños que se introducen come tentación frecuente también en la historia del cristianismo. Ante todo hay que tener en cuenta un fenómeno frecuente en la mentalidad de muchos pueblos, y entre ellos el europeo medieval: la sacralización de las estructuras temporales. El ejercicio de la actividad humana recibe legitimidad constructiva por una cristificación y eclesialización. No hay una diferencia o separación nítida entre las esferas naturales temporales, y las espirituales o sobrenaturales. Para el hombre cristiano medieval cuanto no es cristiano queda al margen de la ciudad humana. Por ello, en muchas mentalidades de la época, cuanto no era plenamente cristiano y ortodoxo quedaba al margen dela ciudad terrena. Ya el códice de Justiniano (s. VI) había hecho coincidir la plenitud de los derechos del ciudadano con el hecho de su pertenencia a la ortodoxia católica . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El llamado “edicto” o “acuerdo” de Milán de los emperadores Constantino y Licinio del 313 d.C., había reconocido el derecho a la libertad religiosa en igualdad de condiciones a todos los ciudadanos del Imperio – y por lo tanto a los cristianos, poniendo fin a las persecuciones anticristianas por motivos de pertenencia religiosa-; el reconocimiento de ese derecho fundamental para todas las personas constituye un hecho excepcional en la historia de la libertad religiosa. Años más tarde, el emperador Teodosio con el Edicto “Cunctos populos” del 380 había reconocido la religión católica ortodoxa como la religión oficial del Imperio (la fe cristiana católica profesada por el obispo de Roma, Dámaso, y el obispo Pedro de Alejandría, en comunión con él), que era un modo claro de excluir a los arrianos de tal reconocimiento. Justiniano convierte a la religión católica-ortodoxa, profesada por los primeros grandes Concilios, en “religio única” del Imperio, excluyendo así cuantos no la profesaban (herejes). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un gesto que revelaba aquella consecuencia jurídica fue la decisión de cerrar la Academia pagana de Atenas. Tal fue la mentalidad que predominó a lo largo de la edad Media occidental, hasta que en tiempos de la controversia luterana y las primeras guerras de religión, se llega a la paz de Augusta (1555) donde el emperador Carlos V se ve obligado a pactar con los príncipes luteranos, reconociendo a la par los derechos de católicos y luteranos, dando a cada Príncipe, católico o luterano, la libertad de elección de una u otra confesión en cada territorio según la conveniencia de cada Príncipe (“cuius regio et illius et religió”). Así el Poder Político decidía a cuál de las dos confesiones cristianas acoger y dar plena libertad de culto en el propio territorio. Casi un siglo más tarde, la Paz de Westfalia (1647) extenderá el mismo criterio dentro del Imperio también a los calvinistas. A lo largo de la historia más que milenaria de la Europa cristiana habían sido respetados los judíos, que gozaron jurídicamente de una propia libertad de culto y expresión cultural a lo largo de aquellos siglos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si una tal exclusión de ciudadanía se había extendido a los antiguos paganos y a los considerados herejes, el mismo criterio habría de ser aplicado a los “infieles”. En el mundo occidental europeo en la vigilia del “descubrimiento” de un Nuevo Mundo, en 1492, ¿quiénes eran considerados “infieles”, o “diversos”, o no cristianos? Los únicos generalmente conocidos eran los tártaros, los judíos (que, como dicho, vivían mezclados dentro de la sociedad cristiana) y los mahometanos, muchos de ellos en tierras fronterizas con los reinos cristianos y considerados, en muchos casos, como invasores de antiguas tierras cristianas, desde la Tierra Santa hasta los confines del mundo Occidental, la Hispania cristiana. Entre cristianos y musulmanes no había corrido generalmente una relación amistosa desde los tiempos de las Cruzadas. Al contrario, había predominado una relación claramente hostil y con frecuencia guerrera. En el caso hispano, en España se había vivido desde la invasión árabe-bereber del año 711 hasta precisamente el 6 de enero 1492, una historia de reconquista por parte de los reinos cristianos, que forjará un peculiar temperamento en el mundo hispano de entonces. A mediados de la Edad Media los reinos cristianos occidentales emprenden las campañas de las Cruzadas para recuperar la Tierra Santa ocupada por los musulmanes, Cruzadas que  concluirán desastrosamente, complicando aún más la historia cuando intereses bastardos se mezclaron a los ideales de sus comienzos; y muy pronto implicaron también al ya en franca decadencia, Imperio bizantino. Algunos poderes políticos y económicos de la última Cruzada intentaron también dilapidarlo en favor de los propios intereses. Los nuevos intentos de Cruzada fomentada por algunos papas, tras la invasión de los turcos otomanes y su conquista de Constantinopla (1453) de apoyar o impedir el fin de aquel vetusto Imperio “romano” de Oriente, fracasaron totalmente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Primeros intentos de circunnavegación del continente africano y nacimiento del sistema del “Padroado” portugués en los comienzos de la época moderna==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En esta panorámica ideológica y política hay que encuadrar la visión europea occidental que se comienza a difundir sobre el mundo geográfico y antropológico africano, hasta entonces totalmente al margen del mundo Mediterráneo. El Mediterráneo se había convertido desde hacía siglos en un mar hostil para el mundo cristiano de la Europa Occidental, desde que sus costas africanas se encontraban totalmente controladas por el poder islámico. El antiguo “Mare Nostrum” latino se había convertido en un “Mare Hostile”, plagado de insidias, de piratería siempre en auge. Tal piratería, a partir del siglo XVI, se organizará incluso con una especie de acuerdo consentido y aplicado con los llamados “corsarios”, sobre todo tras el dominio turco-otomano del Medio Oriente y de las costas del África mediterránea. Además el mundo cristiano occidental no conocía el África subsahariana; al máximo tenía muy vagas e imprecisas noticias de la existencia de este continente. Era considerado casi una península, prolongación del mundo asiático; y desde el punto de vista religioso como una prolongación del mundo mahometano, con poblaciones negras, a él sometidas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En algunos casos se tenían noticias vagas de la existencia de una especie de “isla”, enclave o “reino” cristiano, dentro de ese mundo, en la parte oriental, Etiopia o “el reino del preste Juan”, como muchos escritores occidentales vagamente lo llamaban. Todo era vago, impreciso e inexacto en ese conocimiento de África. Cuando los portugueses cerraron el ciclo de la reconquista en la parte de las tierras ibéricas meridionales, cerrando geográficamente las fronteras del reino de Portugal en la península ibérica, quisieron continuar aquella reconquista en las tierras del África mediterránea con la conquista de algunos enclaves en las costas mediterráneas frente a la Península ibérica como Ceuta y Melilla. Su propósito era poner una posible barrera a futuras invasiones de los bereberes musulmanes o de los aliados de los turcos. Casi de inmediato comenzaron  a ensanchar su empresa explorando las costas atlánticas africanas. Los motivos que los empujaron a ello hay que leerlos en su conjunto: se encontraban entretejidos los ya apuntados de continuación de los ideales de la “reconquista”, los políticos, y los religiosos de una voluntad explícita de difundir la fe cristiana. A estos motivos hay que añadir los comerciales. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En una Europa que se abría a una nueva época que la historiografía conoce como “la modernidad” y en la que venecianos, genoveses y otras repúblicas marineras, sobre todo italianas, buscaban mercados en el Oriente, sobre todo el de las llamadas “especies”, para responder a las exigencias de las nuevas sociedades y estados europeos en vías de formación moderna, los portugueses entraron con decidida voluntad en esta competición. Su periplo marino hacia el sur sigue de cerca las costas africanas. En tal estrategia fue determinante, también por motivos prácticos, las necesidades que les imponía la navegación misma. Ésta les obligaba a seguir las rutas cercanas a las costas, para poder apoyarse en ellas, encontrar lo necesario para su subsistencia y progreso en la navegación hacia los mares del sur. Los límites de los navíos o carabelas entonces existentes para una navegación de tan largas distancias, en mares desconocidos y peligrosos,  serán factores fundamentales para buscar nuevos instrumentos de navegación y la construcción de navíos más apropiados para cruzar los mares. Fueron así descubriendo la realidad de un continente, nuevo para el mundo europeo en sus dimensiones geográficas: África. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El rey de Portugal Juan II, mandó una expedición marítima (1486-87) al mando de Bartolomé Díaz (Bartholomeu Dias de Novaes) (c.1450-1500?), que con tres navíos llega hasta la punta meridional extrema del Continente (1487), al que llama Cabo de las Tormentas, doblándola y confirmando así la posibilidad de proseguir hacia la India a través de una ruta marítima . El rey portugués cambió significativamente el nombre del Cabo de las Tormentas  en Cabo de Buena Esperanza, pero todavía los portugueses emplearían algunos años en aprovechar aquel descubrimiento; sobre todo porque se esperaban los resultados de otra expedición, conducida por otro portugués, Pedro o Pêro da Covilhã (c. 1460 – entre 1526 y 1530) , junto con otro portugués, Alfonso de Paiva (que morirá en la expedición), enviados por el rey de Portugal, Juan II, a Etiopía. Seguirán la ruta mediterránea, Egipto y Adén (1487-1488) con la ayuda de algunos mercaderes judíos portugueses presentes en Egipto. En 1489-1490 llegarán a Goa y Calicut en la India. Desde 1490 a 1530 se establecerá en Etiopia, donde muere. Llega a Etiopia en el mismo año de la expedición marítima alrededor del Continente africano de Bartolomé Díaz (1497-1500) . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los contactos con este país se remontaban ya a los tiempos del Concilio de Florencia en 1441. Habían comenzado a través del abad del monasterio etíope en Jerusalén. El Negus (emperador) etíope Zara Yakob (1434-1468) mandará luego una embajada al Papa y al Rey de Nápoles, que ya era un aragonés, Fernando I de Aragón, el Magnánimo (rey: 1442-1458) en 1450 .  En 1482 una delegación de franciscanos habían visitado también Etiopia y  habían encontrado diez italianos al servicio del Negus (emperador etíope) desde hacía 25 años. Será la expedición marítima de Vasco da Gama la que circunnavegará prácticamente el continente africano, zarpa desde Lisboa el 8 de julio de 1497 con tres navíos: São Gabriel (120 t), São Rafael (100 t), bajo el mando de Nicolão Coelho, y Santa Fe, mandada por su hermano Pablo da Gama, llegando a la India en 1498 . Fue el primer explorador en la historia moderna que navegó dando la vuelta a África alejándose de las costas para aprovecharse de vientos más favorables. Acompañado por Bartolomé Díaz hasta el Cabo de Buena Esperanza pasó adelante circunnavegándolo. En noviembre pasó por las costas sudafricanas de Natal, como las llamará en memoria del Misterio de la Navidad cristiana . África no era una “pequeña península” o un apéndice del mundo asiático. Tenía una entidad geográfica, humana y religiosa. Tampoco era un mundo musulmán. Estaba poblada de gentes de color, el “mundo de los negros” como enseguida se le comenzó a llamar, o la “Nigricia”.&lt;br /&gt;
	&lt;br /&gt;
==Mentalidad jurídica restrictiva en el campo religioso.== &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya ha quedado señalado como en la expansión hacia África, los europeos de entonces (en el caso específico, los portugueses en primer término), creyeron que la negritud era una prolongación del islamismo. Las conquistas portugueses de aquellos territorios se hicieron bajo el signo de la cruzada, como pasaría más tarde con los españoles y los mismos portugueses en América. Así la  bula Dudum cum ad nos (1436) de Eugenio IV al rey de Portugal Eduardo (rey: 1433-1438), solicitada por éste, lo anima a continuar la obra de su padre Juan I (rey: 1383-1433) y habla de los motivos, entre otros, de conservar y defender la fe, que llevaron Juan I a la conquista de Ceuta del poder musulmán (“de manibus perfidorum Sarracenorum in partibus Africae manu armata abstulerat, necnon pro recuperatione aliorum terrarum, castrorum et locorum ab ipsis infidelibus in eisdem partibus constitutorum, nostrae certi tenoris litteras, quae cruciata vulgariter nuncuparetur, consessimus, et similiter certas ínsulas Canariae, quas ab infidelibus possideri, et in quibus nullum Principem Christianum jus habere aut praetendere asserebas, tibi per alias nostras litteras dedimus in conquestam, prout in ipsis litteris latius continetur…” . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El tema será de nuevo reafirmado en las bulas de Nicolás V (1447-1455) al rey Alfonso V de Portugal, llamado el Africano, (regente y luego rey:1438-1481), Dum diversas (18.6.1452) y Divino amore communiti (18.6.1452) , en las que le autoriza su empresa conquistadora en el norte de África contra los emiratos musulmanes. Las bulas siguen las teorías jurídicas sobre la autoridad del Papa, también en materia temporal, y sobre la conquista de tierras de “infieles”. Entra aquí, añadida, también a la teoría, siempre más difundida en algunos ambientes de la época sobre el tema de la servidumbre de los infieles en el sentido de que se les podía someter a perpetua servidumbre; ello da pie a querer justificar este tipo de conquistas y de sometimiento de las poblaciones “infieles” o musulmanas.  La Romanus Pontifex del 8 de enero de 1454 del mismo Nicolás V reafirma las mismas ideas de la Divino Amore communiti, justificando las empresas de conquista de las tierras de “los sarracenos y paganos y otros infieles y enemigos de Cristo, cualesquiera que sean y donde quiera que se encuentren” y concediendo al Infante Don Enrique, el Navegante e hijo del rey Alfonso V varios privilegios con el fin de propagar la fe cristiana en las tierras descubiertas o por descubrir (arranque del padroado) . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así, “infieles” (que entonces son prácticamente confundidos con los musulmanes) y  los herejes, quedaban por lo ya apuntado, fuera de todo reconocimiento jurídico en el ámbito de la christianitas. Lo herejes constituían en aquella sociedad movimientos híbridos de tipo religioso que se desdoblaban en sistemas antisociales o en fenómenos anárquicos que asumían formas religiosas específicas según los lugares, como en el caso de los fenómenos de los pataros, valdenses, albigenses, y más tarde wiclefistas y husitas, por citar algunos grupos heterodoxos. Se debe añadir que, ni los reinos ibéricos (Portugal y España), ni los demás en la cristiandad europea de comienzos de la Edad Moderna, conocieron el hecho de la idolatría en el sentido bíblico del término, y que la idolatría, según ya la tradición bíblica, era considerada la más aberrante actitud religiosa que el hombre podía asumir. Será ésta una realidad con la que los europeos encontrarán en las tierras del Nuevo Mundo bajo formas variadas,y que interpretarán estrictamente en el más puro y literal sentido bíblico antiguo testamentario como una forma aberrante e intolerable de religiosidad.  Dicha realidad se impondré a los recién llegados que deberán tratar el caso y asumir una actitud evangelizadora que asumirá formas radicales y contundentes en el combatirla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las formas que esa radicalidad asume son variadas; necesitan ser encuadradas en la mentalidad jurídica de la época para entenderlas. Ante todo se producen también como efecto político de la unidad de la fe, de la unidad buscada de la cristiandad (que muy pronto ella misma se encontrará dividida en su seno con interpretaciones opuestas del mismo cristianismo en tiempos de la Reforma protestante). Pero la parte católica en sus principios, y más tarde también la protestante, defenderán con ahínco, e incluso con violencia tales principios. Es el caso de la institución de la Inquisición en sus variadas formas: española y portuguesa, romana, episcopal, etc… . En el caso protestante va también estudiada en tal contexto la intolerancia religiosa como en la Inglaterra anglicana, en los principados protestantes del luteranismo germánico y en el calvinismo en sus dominios confesionales y políticos, ya a partir de Calvino en Ginebra. Esta intolerancia dará origen en Europa a las penosas y largas guerras de religión, como en Francia, Holanda e Inglaterra, y sobre todo la larga “guerra de los Treinta años” que en el siglo XVII asolaría media Europa central. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hay que recordar sus raíces y sus consecuencias desastrosas: en los Países Bajos (1560-1579); en Francia (Hugonotes-calvinistas y católicos) (1562-1594): Edicto de Nantes (1598); la guerra de los Treinta años (1618-1648): Paz de Westfalia (1648). Las consecuencias jurídicas: en DSR 50, 230, 235, 519,  627, 1146): a) La paz de Augusta (1555): libertad de culto para los luteranos, pero no para los calvinistas, b) Guerra de los Treinta años (1618-1648) con 4 fases con vicisitudes de victorias y de derrotas alternas y   donde se encontraron empeñados todos los poderes políticos europeos, concluyéndose  con la victoria práctica de las Potencias protestantes, la de Francia como potencia emergente, y la derrota diplomática del Imperio de los Habsburgo  que representaban teóricamente los intereses de los católicos en el centro de Europa; c) la paz de Westfalia (1648) sanciona la nueva situación europea, se traza un nuevo mapa político; se reconoce a los protestantes, incluidos los calvinistas, la igualdad de derechos en el campo religioso (no a otros protestantes o confesiones religiosas disidentes) en los diversos territorios; se establece un criterio en las relaciones políticas entre los Estados, la del “equilibrio”, que determinará el establecimiento de tratados y de paces (siempre efímeras en los siglos siguientes) entre los Estados europeos soberanos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Además esta fecha señala el final definitivo del sistema político medieval, fundado sobre la autoridad  imperial en el conjunto civil de la Christianitas y la del Papa en el campo espiritual en la misma. Después de Westfalia, el Papado se verá excluido durante muchos tiempo en los congresos de carácter civil-político internacionales . La violencia religiosa partió de los intereses políticos en juego, que con frecuencia instrumentalizaron a su provecho la cuestión religiosa. Típico de tal mentalidad fue el nacimiento y la praxis ya recordada del “cuius regio et illius et religio” que se impone políticamente tras la Paz de Augusta de 1555. El Príncipe político (= el Estado, cada vez más autárquico) es de hecho un “summus pontifex” secularizado, fuente indiscutible de moralidad al servicio del Estado. Se trata de una vuelta práctica a la antigua concepción autárquica del Estado, vigente durante el Imperio romano como punto último y referencial de toda actividad religiosa, donde el derecho a la libertad de conciencia debe ceder ante los intereses del Estado. Todo Estado tiene un códice de derechos en materia eclesiástica al que corresponden una serie de instituciones para salvaguardarlos y tutelarlos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquí entra la temática del “derecho divino de los reyes”. Jacobo I de Inglaterra, en Prefazione ammonitrice, escribía a comienzos del s. XVII: &amp;quot;los Reyes como los Papas reciben su poder inmediatamente de Dios&amp;quot;. Este principio será asumido por los variados poderes absolutos monárquicos de entonces; más adelante, totalmente secularizado, su ideología o concepción será asumida por las concepciones inmanentistas de todos los totalitarismos estatales. El absolutismo de Estado frente a la Iglesia ejercita sus pretendidos poderes, “ius circa sacra”, con los siguientes pretendidos derechos: ius inspectionis en la administración eclesiástica; ius cavendi de las acciones eclesiásticas; ius protectionis (dirección) de la Iglesia; ius reformandi de los abusos de la Iglesia. Usa de los siguientes medios o instrumentos jurídicos para actual tal política: el &amp;quot;regium placet&amp;quot;, el &amp;quot;exequatur&amp;quot;, la &amp;quot;appellatio ex abusu&amp;quot;, el &amp;quot;ius excludendi&amp;quot; (los prelados no gratos), y la &amp;quot;amortisatio&amp;quot; (sobre los bienes eclesiásticos: desamortización). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En base a estos principios, el absolutismo intenta legislar  sobre las Órdenes religiosas, suprimiendo las menos dóciles a sus intenciones, incautó los bienes eclesiásticos, intentó instilar sus teorías en las universidades, en la enseñanza y en los mismos seminarios eclesiásticos a la hora de enseñar el derecho civil y eclesiástico. Estas posiciones serán aplicadas continuamente en la edad moderna y, desde los tiempos de la Revolución Francesa, serán radicalmente aplicadas por los sistemas políticos que se imponen en el mundo occidental primero y luego en el resto del mundo (regímenes liberales y totalitarios contemporáneos) . ¿Cómo reaccionaron los Papas y una buena parte del pensamiento jurídico y teológico católico ante estas posiciones? Sobre todo, ya en el s. XVII, desde los tiempos de Westfalia, los Papas, como Inocencio X (1644-1655) ante la paz de Westfalia (1648) , Inocencio XI (1676-1689) frente a las posiciones de Luís XIV de Francia en su política eclesiástica (galicanismo político), defendieron la independencia de la Iglesia en su propia esfera. Más tarde, en el siglo XVIII, después de la guerra de sucesión española (1700-1714) que cambió de nuevo el mapa del equilibrio europeo, y sobre todo en tiempos de Benedicto XIV (1740-1758), la Santa Sede intenta la vía de los concordatos con los Estados, sistema que perdura hasta nuestros días. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una parte consistente de teólogos y juristas católicos, sobre todo vinculados a las posiciones de Tomás de Aquino y de los grandes juristas de la Escuela de Salamanca del siglo XVI, así como otros pertenecientes a la Compañía de Jesús, como Roberto Belarmino y Francisco Suárez, entre otros, negaron la teoría del “poder divino de los reyes” y con ello la trasmisión directa del poder político a una persona por Dios. Suárez propone una tesis en la que opone al absolutismo las justas exigencias democráticas: en la transmisión del poder político soberano es necesario la intervención de la sociedad: en el campo político el poder viene de Dios a través del pueblo. No hay que confundir el origen del poder político con su ejercicio. Según la idea de Tomás de Aquino y de sus seguidores de escuela, el bien común tiene que culminar en la sociedad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Suárez, como otros pensadores de la Escuela jurídica de Victoria, ya en el siglo XVI y otros en el mismo sentido en el XVII, sostiene incluso el derecho de una sociedad política a defenderse con la revuelta, si el príncipe (el poder político en ejercicio) viola el pacto establecido entre la sociedad y dicho poder en ejercicio (el príncipe) por el que  el poder le fue transmitido. El ejercicio del poder por ello se encuentra subordinado al consentimiento de los derechos fundamentales del pueblo. Como se puede observar estas posiciones preceden cronológica y ampliamente la elaboración de los derechos fundamentales proclamados a lo largo del s. XVIII por varios pensadores de la ilustración. Por ello también en el s. XVII los absolutismos políticos y los regalismos en sus diversas formas, combaten con determinación a los sostenedores de estas posiciones de derecho político, y a sus sostenedores, que con frecuencia pertenecían a la Compañía de Jesús, y  tampoco pueden excluirse de los motivos que empujaron a los gobiernos ilustrados de la época a su supresión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==NOTAS:==&lt;br /&gt;
  &lt;br /&gt;
&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==BIBLIOGRAFÍA:==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''FIDEL GONZÁLEZ FERNÁNDEZ'''&lt;/div&gt;</summary>
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		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.173: Página creada con 'DESCUBRIMIENTO DEL NUEVO MUNDO: Mentalidades culturales en el Mundo Europeo en la vigilia de 1492   ==La llamada Edad Media: un mundo en movimiento==  A lo largo de la Edad Medi…'&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;DESCUBRIMIENTO DEL NUEVO MUNDO: Mentalidades culturales en el Mundo Europeo en la vigilia de 1492&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==La llamada Edad Media: un mundo en movimiento==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A lo largo de la Edad Media europea las vías comerciales hacia el Oriente inspiraron leyendas y fantasías, que fueron también alimentadas por las relaciones de los grandes viajeros de la época. Ese periodo histórico, que ya por pura convención a partir de la época renacentista, muchos escritores comenzaron a llamar «Edad Media», existe sólo convencionalmente para designar una amplísima época histórica. En la periodización de la historia que ha entrado en uso desde hace siglos, aquellos mil años de historia europea, más o menos desde el siglo V al siglo XV después de Cristo, se han sucedido épocas muy variadas e incluso en zigzag, con antinomias y contrastes muy fuertes e incluso contrapuestos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por todo ello es sumamente complejo definir de manera absoluta acontecimientos, estructuras y tendencias culturales. El hombre medieval en cuanto tal, no existe unívocamente desde el punto cultural y ni siquiera antropológico. Las transmigraciones de pueblos, los choques y los encuentros, los mestizajes étnicos y culturales de todo tipo se sucedían casi de continuo a lo largo del mapa geográfico de la Europa de entonces. Este hombre “medieval” se encontraba profundamente radicado en su ambiente original. Por ello, el “otro”, el extraño, el extranjero, el diverso, empezaba inmediatamente fuera de las fronteras de su poblado, de su ciudad, de su ambiente; y sin embargo, este hombre medieval fue adquiriendo a lo largo del tiempo un sentido profundo de universalidad que la fe cristiana que lo ha ido formando, amalgamado con las raíces culturales heredadas de la cultura helenista-romana, producía en él. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este hombre se daban dos aspectos aparentemente contradictorios: la movilidad continua (era fruto también de emigraciones de pueblos, siempre en movimiento) y la estabilidad en los lugares que ocupaba y donde se establecía. Por ello unía en sí esta estabilidad que comportaba su dedicación primordial a la agricultura, y por otra los movimientos de guerras de ocupación, comercio, peregrinaciones a lo largo de la geografía europea que comportaban inestabilidad. La misma realidad de una tierra que pronto agotaba su fecundidad debido al clima y a factores como la falta de abonos y fertilizantes, lo obligaban a moverse y a romper aquella estabilidad, si no quería perecer de agotamiento y de hambre. Este campesino debía por ello moverse periódicamente. Por ello, en la Edad Media viajan todos, en una manera o en otra: desde los emperadores, reyes y príncipes, cuyas cortes son casi siempre ambulantes, los caballeros, siempre en movimiento en busca de aventuras y de un “ganarse honor y vida”, hasta los Papas que recorrían la cristiandad moviéndose continuamente de lugar en lugar, a los espíritus religiosos inquietos, peregrinos en movimiento, eremitas, monjes y predicadores que recorrían los caminos europeos a pesar de que la Iglesia intentase continuamente dar una estabilidad a abadías y monasterios (stabilitas loci). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin embargo, y a pesar del “voto” de estabilidad en un determinado monasterio, el impulso y el deseo de ponerse siempre en camino caracterizará a estos monjes, frailes y monjas (como los mendicantes) que los caracterizará sobre todo a partir del siglo XIII. Viajaban sobre todo cada vez más los mercaderes (Francisco de Asís, por ejemplo, es hijo de uno de ellos, comerciante en Francia); viajaban los estudiantes que recorrían las universidades y escuelas nacientes; muchos clérigos llamados por ello “vagantes” y que serán objeto de normas disciplinares por parte de la Iglesia; viajaban muchos obispos y abades; viajaba también mucha gente perteneciente a clases sociales más bajas (soldados, peregrinos, criados…). Con las personas viajaban también las cosas, los objetos, las costumbres, las reliquias de los santos (llama la atención la cantidad de reliquias que se encuentran distribuidas en centenares de iglesias en Europa, a veces procedentes del Oriente cristiano o de lugares lejanos geográficamente del lugar donde se veneraban en relicarios y numerosas iglesias). Este viaje de reliquias (que ya databa desde los tiempos de la reina longobarda Teodolinda en tiempos de san Gregorio Magno –  finales del s. VI-) constituía también uno de los aspectos más llamativos del comercio (comercio de reliquias); viajaban también las mercancías, los libros y las ideas, las historias y las leyendas, las fábulas y las fantasías dadas como historias ciertas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se viajaba con las creaciones poéticas hasta el Paraíso Terrestre y hasta el Más Allá. Siguiendo las fuentes célticas o germánicas, las antiguas todavía conservadas del viejo mundo greco-romano, las traídas por los musulmanes se fabricaron numerosas relaciones de itinerarios fantásticos en mundos desconocidos, o en el Mundo de la Eternidad. Ya cerca de la nueva Edad Moderna, la Divina Comedia de Dante es un ejemplo de ello. Existe también una rica literatura medieval onírica, hecha de sueños y de visiones. Se crean países fantásticos, como el del “Preste Juan” en una imaginada Etiopia cristiana. Se entiende así también el tipo corriente de mucha hagiografía donde abunda este mundo imaginado de visiones, también sobrenaturales, dadas como reales. No se puede por ello olvidar, que este deseo de conocer, recorrer y entrar en mundos desconocidos empuja al hombre medieval a lanzarse hacia mundos desconocidos y prácticamente prohibidos. Es ya los comienzos de una nueva edad, la moderna, y la de los grandes viajes oceánicos y terrestres más allá de las viejas fronteras del mundo europeo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Mentalidades e ideas culturales religiosas y políticas muy generalizadas en el Mundo Europeo Occidental en la vigilia del descubrimiento del “Nuevo Mundo”.==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para entender el impacto que la entrada del llamado Nuevo Mundo en la escena del mundo occidental representó para la vieja Europa del otoño, ya prácticamente concluido, de la Edad Media Europea y comienzos de la modernidad, necesitamos ofrecer algunos datos elementales de su panorámica general, al menos para situar el estado religioso y sociopolítico, especialmente de la Península Ibérica (España y Portugal). A la luz de su cosmovisión, pueden comprenderse muchos de sus comportamientos, así como las actitudes de los primeros evangelizadores del Nuevo Mundo.&lt;br /&gt;
1) Ante todo se debe tener en cuenta la supervivencia todavía de  una situación de cristiandad en la época de los descubrimientos. Persistían todavía las expresiones del proyecto político religioso de 1a Edad Media europea occidental como:&lt;br /&gt;
	1. Las del universalismo de la cristiandad con la refundición de competencias o mezcla entre la esfera sagrada y eclesial y la temporal secular, cuyas expresiones eran por una parte el papel fundamental del Papado (“Sacerdotium”) y por otra la del “Imperium Sacrum Romanum Germanum Christianum”, en antigua lucha de competencias jurídicas sobre el mismo campo de los pueblos latino-germánicos de la cristiandad occidental, todos ellos considerados plenamente cristianos.&lt;br /&gt;
	2. Las funciones del emperador y del papa estaban bien encuadradas en esta mentalidad: el Emperador (y luego cada rey o príncipe en su territorio, reino o principado), era el defensor de la fe. El Papa, por su parte, era el garante de la conservación de la fe y de su difusión. Esta mentalidad que atraviesa toda la edad media se ve bien en las actuaciones y polémicas entre el “Imperium” y el “Sacerdotium” en tiempos, por ejemplo, de Gregorio VII (1073-1085), Alejandro III (1159-1181), Inocencio III (1198-1216), Bonifacio VIII (1294-1303) y todavía en tiempos sucesivos, como el conflicto entre Juan XXII (1316-1334) y el emperador Ludovico el Bávaro (1314-1347),  que fue el último gran conflicto, que cerrará la fase medieval de las relaciones entre el Imperio y la Iglesia.&lt;br /&gt;
	3. La mentalidad o teoría de “las dos espadas”: la secular que defiende la fe de los enemigos internos o externos, y la espiritual que defiende y sostiene espiritualmente dentro de la cristiandad. La bula &amp;quot;Unam Sanctam&amp;quot; (1303) de Bonifacio VIII defiende estas posiciones desde el punto de vista jurídico y teológico. Su posición tenía intenciones hierocracias  y teológicas, no políticas: conservar le unidad de la fe y de la Cristiandad. Los Papas no pensaban ser señores del mundo, sino custodios de la ortodoxia de la fe y de la unidad espiritual de la Cristianitas (Hoeffner). Ello explicará en el fondo la apelación de las naciones-potencias cristianas en los conflictos internos entre ellas al Papa como árbitro para resolverlos, y las intervenciones del Pontífice romano en las mismas, como sucederá en el conflicto entre los reinos de Portugal y de Castilla [España] con la cuestión de las esferas de influencia marítima y de las tierras a explorar e imponer en ellas el propio influjo y dominio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tal fue el sentido del Tratado de Tordesillas (1494) y la intervención del papa Alejandro VI a petición de ambas Potencias. Las bulas alejandrinas de 1493 habían sido emanadas en tal circunstancia para resolver a modo de arbitraje, entre otras cosas,  el conflicto entre las dos Potencias. Ya en 1479-1480 Castilla y Portugal habían fijado por el Tratado de Alcaçovas-Toledo su esfera de acción dentro del Atlántico, quedando para Castilla las Islas Canarias y Santa Cruz de Mar Pequeña. Lo mismo harán en 1494, con el acuerdo de Tordesillas, en que los dos países establecen zonas de acción. Una bula papal ratificó uno y otro acuerdo. Los tratados, fijando delimitaciones, se habían venido firmando por las coronas peninsulares desde 1179; en cuanto a las bulas fueron documentos habituales en las exploraciones lusitanas por África, otorgando privilegios y monopolios o delimitando zonas. Por eso las bulas concedidas en el Atlántico a los portugueses son los antecedentes de las que Castilla recibe ratificando su acción descubridora, obra de Alejandro VI. Respaldaba a las bulas la teoría sobre el Papa como “Dominus Orbis” en el campo espiritual, teoría que algunos quisieron extender también al campo temporal. &lt;br /&gt;
	&lt;br /&gt;
En este periodo histórico se escriben y perviven muchas posiciones teológicas y jurídicas de teólogos y canonistas que sostienen la tesis sobre la hierocracia pontificia. Entre ellos se pueden  recordar algunos como: &lt;br /&gt;
1) Egidio Romano (+1316), con su visión platónica y su agustinismo político, es decir, la tesis de que la plena legitimidad política se da sólo cuando es sobrenatural (De Ecclesiastica  potestate); &lt;br /&gt;
2) Jacobo de Viterbo (+1308) quien afirma que &amp;quot;sin fe no hay poder absolu¬tamente verdadero. No digo que no exista en absoluto y que sea nulo o totalmente ilegítimo, sino que no es auténtico ni perfecto&amp;quot;; &lt;br /&gt;
3) Álvaro Pelayo (+1350) (De planctu Ecclesiae) y Agustín de Ancona (+1328) que extreman las concepciones hierocráticas convirtiéndolas en cesarocráticas; teorías que atraviesan el siglo XIV, en los momentos más álgidos de las polémicas entre las concepciones del papel de la autoridad civil secular y la eclesiástica papal. Basta pensar a las polémicas entre Felipe el Hermoso de Francia y el Papa Bonifacio VIII, y las de Ludovico el Bávaro y el papa Juan XXII; las polémicas entre las corrientes jurídicas de los llamados “legistas” y la de los “canonistas”. Entre las posiciones sostenidas por los legistas destaca la de Marsilio de Padua con su “Defensor Pacis”;  y entre los “canonistas” los que seguían el pensamiento del canonista y luego Papa, Bonifacio VIII. Para los primeros el poder recaería totalmente en manos del Príncipe secular, también en las cuestiones eclesiásticas. Para los segundos recaería en el Papa, que sería un &amp;quot;Dominus Orbis&amp;quot;.&lt;br /&gt;
4) Otros autores notables de la época son Alonso de Cartagena (+1456), que interviene en la polémica cuando ya los portugueses y españoles, al final de la Reconquista  del poder musulmán, comienzan a poner pie en el norte de África o en sus costas Nord atlánticas. 5) Poco antes encontramos a otro teólogo y jurista, el notable Jehan Le Charlier, conocido como Gersón por el lugar de su nacimiento (1363-1429), canciller de la Sorbona (1395), sostenedor de un fuerte conciliarismo en los momentos más duros de la división de la cristiandad en el llamado cisma de Occidente (1378-1417), también como propuesta resolutoria de aquella división, no querida por la cristiandad y que no encontraba una vía de solución fácil. Gersón ni es un teórico de una utopía irrealizable de separación total entre las dos esferas espiritual y temporal, ni tampoco se inclina por una de las dos sostenidas por muchos contemporáneos, o por un predominio del poder espiritual (hierocracia). &lt;br /&gt;
5) Mucho antes que todos ellos, ya Santo Tomás de Aquino (+1274) había sostenido la teoría de la autonomía de las dos esferas en cada uno de sus campos propios, echando las bases filosófico-teológicas de las justas relaciones entre el mundo de lo civil y el de lo eclesiástico, entre el derecho natural y el positivo, con los fundamentos filosófico-jurídicos, que sobre todo sus discípulos de la Escuela de Salamanca, desarrollarán, a partir de los comienzos del siglo XVI, cuando se comenzará a debatirse fuertemente la problemática del derecho de gentes . Por todo ello no se puede confundir el estado sobrenatural de gracia y todo lo que a él corresponde, con la virtud cardinal de la justicia y el campo que pertenece a la pura ley natural.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquí hay que apuntar varios elementos extraños que se introducen come tentación frecuente también en la historia del cristianismo. Ante todo hay que tener en cuenta un fenómeno frecuente en la mentalidad de muchos pueblos, y entre ellos el europeo medieval: la sacralización de las estructuras temporales. El ejercicio de la actividad humana recibe legitimidad constructiva por una cristificación y eclesialización. No hay una diferencia o separación nítida entre las esferas naturales temporales, y las espirituales o sobrenaturales. Para el hombre cristiano medieval cuanto no es cristiano queda al margen de la ciudad humana. Por ello, en muchas mentalidades de la época, cuanto no era plenamente cristiano y ortodoxo quedaba al margen dela ciudad terrena. Ya el códice de Justiniano (s. VI) había hecho coincidir la plenitud de los derechos del ciudadano con el hecho de su pertenencia a la ortodoxia católica . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El llamado “edicto” o “acuerdo” de Milán de los emperadores Constantino y Licinio del 313 d.C., había reconocido el derecho a la libertad religiosa en igualdad de condiciones a todos los ciudadanos del Imperio – y por lo tanto a los cristianos, poniendo fin a las persecuciones anticristianas por motivos de pertenencia religiosa-; el reconocimiento de ese derecho fundamental para todas las personas constituye un hecho excepcional en la historia de la libertad religiosa. Años más tarde, el emperador Teodosio con el Edicto “Cunctos populos” del 380 había reconocido la religión católica ortodoxa como la religión oficial del Imperio (la fe cristiana católica profesada por el obispo de Roma, Dámaso, y el obispo Pedro de Alejandría, en comunión con él), que era un modo claro de excluir a los arrianos de tal reconocimiento. Justiniano convierte a la religión católica-ortodoxa, profesada por los primeros grandes Concilios, en “religio única” del Imperio, excluyendo así cuantos no la profesaban (herejes). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un gesto que revelaba aquella consecuencia jurídica fue la decisión de cerrar la Academia pagana de Atenas. Tal fue la mentalidad que predominó a lo largo de la edad Media occidental, hasta que en tiempos de la controversia luterana y las primeras guerras de religión, se llega a la paz de Augusta (1555) donde el emperador Carlos V se ve obligado a pactar con los príncipes luteranos, reconociendo a la par los derechos de católicos y luteranos, dando a cada Príncipe, católico o luterano, la libertad de elección de una u otra confesión en cada territorio según la conveniencia de cada Príncipe (“cuius regio et illius et religió”). Así el Poder Político decidía a cuál de las dos confesiones cristianas acoger y dar plena libertad de culto en el propio territorio. Casi un siglo más tarde, la Paz de Westfalia (1647) extenderá el mismo criterio dentro del Imperio también a los calvinistas. A lo largo de la historia más que milenaria de la Europa cristiana habían sido respetados los judíos, que gozaron jurídicamente de una propia libertad de culto y expresión cultural a lo largo de aquellos siglos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si una tal exclusión de ciudadanía se había extendido a los antiguos paganos y a los considerados herejes, el mismo criterio habría de ser aplicado a los “infieles”. En el mundo occidental europeo en la vigilia del “descubrimiento” de un Nuevo Mundo, en 1492, ¿quiénes eran considerados “infieles”, o “diversos”, o no cristianos? Los únicos generalmente conocidos eran los tártaros, los judíos (que, como dicho, vivían mezclados dentro de la sociedad cristiana) y los mahometanos, muchos de ellos en tierras fronterizas con los reinos cristianos y considerados, en muchos casos, como invasores de antiguas tierras cristianas, desde la Tierra Santa hasta los confines del mundo Occidental, la Hispania cristiana. Entre cristianos y musulmanes no había corrido generalmente una relación amistosa desde los tiempos de las Cruzadas. Al contrario, había predominado una relación claramente hostil y con frecuencia guerrera. En el caso hispano, en España se había vivido desde la invasión árabe-bereber del año 711 hasta precisamente el 6 de enero 1492, una historia de reconquista por parte de los reinos cristianos, que forjará un peculiar temperamento en el mundo hispano de entonces. A mediados de la Edad Media los reinos cristianos occidentales emprenden las campañas de las Cruzadas para recuperar la Tierra Santa ocupada por los musulmanes, Cruzadas que  concluirán desastrosamente, complicando aún más la historia cuando intereses bastardos se mezclaron a los ideales de sus comienzos; y muy pronto implicaron también al ya en franca decadencia, Imperio bizantino. Algunos poderes políticos y económicos de la última Cruzada intentaron también dilapidarlo en favor de los propios intereses. Los nuevos intentos de Cruzada fomentada por algunos papas, tras la invasión de los turcos otomanes y su conquista de Constantinopla (1453) de apoyar o impedir el fin de aquel vetusto Imperio “romano” de Oriente, fracasaron totalmente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Primeros intentos de circunnavegación del continente africano y nacimiento del sistema del “Padroado” portugués en los comienzos de la época moderna==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En esta panorámica ideológica y política hay que encuadrar la visión europea occidental que se comienza a difundir sobre el mundo geográfico y antropológico africano, hasta entonces totalmente al margen del mundo Mediterráneo. El Mediterráneo se había convertido desde hacía siglos en un mar hostil para el mundo cristiano de la Europa Occidental, desde que sus costas africanas se encontraban totalmente controladas por el poder islámico. El antiguo “Mare Nostrum” latino se había convertido en un “Mare Hostile”, plagado de insidias, de piratería siempre en auge. Tal piratería, a partir del siglo XVI, se organizará incluso con una especie de acuerdo consentido y aplicado con los llamados “corsarios”, sobre todo tras el dominio turco-otomano del Medio Oriente y de las costas del África mediterránea. Además el mundo cristiano occidental no conocía el África subsahariana; al máximo tenía muy vagas e imprecisas noticias de la existencia de este continente. Era considerado casi una península, prolongación del mundo asiático; y desde el punto de vista religioso como una prolongación del mundo mahometano, con poblaciones negras, a él sometidas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En algunos casos se tenían noticias vagas de la existencia de una especie de “isla”, enclave o “reino” cristiano, dentro de ese mundo, en la parte oriental, Etiopia o “el reino del preste Juan”, como muchos escritores occidentales vagamente lo llamaban. Todo era vago, impreciso e inexacto en ese conocimiento de África. Cuando los portugueses cerraron el ciclo de la reconquista en la parte de las tierras ibéricas meridionales, cerrando geográficamente las fronteras del reino de Portugal en la península ibérica, quisieron continuar aquella reconquista en las tierras del África mediterránea con la conquista de algunos enclaves en las costas mediterráneas frente a la Península ibérica como Ceuta y Melilla. Su propósito era poner una posible barrera a futuras invasiones de los bereberes musulmanes o de los aliados de los turcos. Casi de inmediato comenzaron  a ensanchar su empresa explorando las costas atlánticas africanas. Los motivos que los empujaron a ello hay que leerlos en su conjunto: se encontraban entretejidos los ya apuntados de continuación de los ideales de la “reconquista”, los políticos, y los religiosos de una voluntad explícita de difundir la fe cristiana. A estos motivos hay que añadir los comerciales. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En una Europa que se abría a una nueva época que la historiografía conoce como “la modernidad” y en la que venecianos, genoveses y otras repúblicas marineras, sobre todo italianas, buscaban mercados en el Oriente, sobre todo el de las llamadas “especies”, para responder a las exigencias de las nuevas sociedades y estados europeos en vías de formación moderna, los portugueses entraron con decidida voluntad en esta competición. Su periplo marino hacia el sur sigue de cerca las costas africanas. En tal estrategia fue determinante, también por motivos prácticos, las necesidades que les imponía la navegación misma. Ésta les obligaba a seguir las rutas cercanas a las costas, para poder apoyarse en ellas, encontrar lo necesario para su subsistencia y progreso en la navegación hacia los mares del sur. Los límites de los navíos o carabelas entonces existentes para una navegación de tan largas distancias, en mares desconocidos y peligrosos,  serán factores fundamentales para buscar nuevos instrumentos de navegación y la construcción de navíos más apropiados para cruzar los mares. Fueron así descubriendo la realidad de un continente, nuevo para el mundo europeo en sus dimensiones geográficas: África. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El rey de Portugal Juan II, mandó una expedición marítima (1486-87) al mando de Bartolomé Díaz (Bartholomeu Dias de Novaes) (c.1450-1500?), que con tres navíos llega hasta la punta meridional extrema del Continente (1487), al que llama Cabo de las Tormentas, doblándola y confirmando así la posibilidad de proseguir hacia la India a través de una ruta marítima . El rey portugués cambió significativamente el nombre del Cabo de las Tormentas  en Cabo de Buena Esperanza, pero todavía los portugueses emplearían algunos años en aprovechar aquel descubrimiento; sobre todo porque se esperaban los resultados de otra expedición, conducida por otro portugués, Pedro o Pêro da Covilhã (c. 1460 – entre 1526 y 1530) , junto con otro portugués, Alfonso de Paiva (que morirá en la expedición), enviados por el rey de Portugal, Juan II, a Etiopía. Seguirán la ruta mediterránea, Egipto y Adén (1487-1488) con la ayuda de algunos mercaderes judíos portugueses presentes en Egipto. En 1489-1490 llegarán a Goa y Calicut en la India. Desde 1490 a 1530 se establecerá en Etiopia, donde muere. Llega a Etiopia en el mismo año de la expedición marítima alrededor del Continente africano de Bartolomé Díaz (1497-1500) . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los contactos con este país se remontaban ya a los tiempos del Concilio de Florencia en 1441. Habían comenzado a través del abad del monasterio etíope en Jerusalén. El Negus (emperador) etíope Zara Yakob (1434-1468) mandará luego una embajada al Papa y al Rey de Nápoles, que ya era un aragonés, Fernando I de Aragón, el Magnánimo (rey: 1442-1458) en 1450 .  En 1482 una delegación de franciscanos habían visitado también Etiopia y  habían encontrado diez italianos al servicio del Negus (emperador etíope) desde hacía 25 años. Será la expedición marítima de Vasco da Gama la que circunnavegará prácticamente el continente africano, zarpa desde Lisboa el 8 de julio de 1497 con tres navíos: São Gabriel (120 t), São Rafael (100 t), bajo el mando de Nicolão Coelho, y Santa Fe, mandada por su hermano Pablo da Gama, llegando a la India en 1498 . Fue el primer explorador en la historia moderna que navegó dando la vuelta a África alejándose de las costas para aprovecharse de vientos más favorables. Acompañado por Bartolomé Díaz hasta el Cabo de Buena Esperanza pasó adelante circunnavegándolo. En noviembre pasó por las costas sudafricanas de Natal, como las llamará en memoria del Misterio de la Navidad cristiana . África no era una “pequeña península” o un apéndice del mundo asiático. Tenía una entidad geográfica, humana y religiosa. Tampoco era un mundo musulmán. Estaba poblada de gentes de color, el “mundo de los negros” como enseguida se le comenzó a llamar, o la “Nigricia”.&lt;br /&gt;
	&lt;br /&gt;
==Mentalidad jurídica restrictiva en el campo religioso.== &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya ha quedado señalado como en la expansión hacia África, los europeos de entonces (en el caso específico, los portugueses en primer término), creyeron que la negritud era una prolongación del islamismo. Las conquistas portugueses de aquellos territorios se hicieron bajo el signo de la cruzada, como pasaría más tarde con los españoles y los mismos portugueses en América. Así la  bula Dudum cum ad nos (1436) de Eugenio IV al rey de Portugal Eduardo (rey: 1433-1438), solicitada por éste, lo anima a continuar la obra de su padre Juan I (rey: 1383-1433) y habla de los motivos, entre otros, de conservar y defender la fe, que llevaron Juan I a la conquista de Ceuta del poder musulmán (“de manibus perfidorum Sarracenorum in partibus Africae manu armata abstulerat, necnon pro recuperatione aliorum terrarum, castrorum et locorum ab ipsis infidelibus in eisdem partibus constitutorum, nostrae certi tenoris litteras, quae cruciata vulgariter nuncuparetur, consessimus, et similiter certas ínsulas Canariae, quas ab infidelibus possideri, et in quibus nullum Principem Christianum jus habere aut praetendere asserebas, tibi per alias nostras litteras dedimus in conquestam, prout in ipsis litteris latius continetur…” . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El tema será de nuevo reafirmado en las bulas de Nicolás V (1447-1455) al rey Alfonso V de Portugal, llamado el Africano, (regente y luego rey:1438-1481), Dum diversas (18.6.1452) y Divino amore communiti (18.6.1452) , en las que le autoriza su empresa conquistadora en el norte de África contra los emiratos musulmanes. Las bulas siguen las teorías jurídicas sobre la autoridad del Papa, también en materia temporal, y sobre la conquista de tierras de “infieles”. Entra aquí, añadida, también a la teoría, siempre más difundida en algunos ambientes de la época sobre el tema de la servidumbre de los infieles en el sentido de que se les podía someter a perpetua servidumbre; ello da pie a querer justificar este tipo de conquistas y de sometimiento de las poblaciones “infieles” o musulmanas.  La Romanus Pontifex del 8 de enero de 1454 del mismo Nicolás V reafirma las mismas ideas de la Divino Amore communiti, justificando las empresas de conquista de las tierras de “los sarracenos y paganos y otros infieles y enemigos de Cristo, cualesquiera que sean y donde quiera que se encuentren” y concediendo al Infante Don Enrique, el Navegante e hijo del rey Alfonso V varios privilegios con el fin de propagar la fe cristiana en las tierras descubiertas o por descubrir (arranque del padroado) . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así, “infieles” (que entonces son prácticamente confundidos con los musulmanes) y  los herejes, quedaban por lo ya apuntado, fuera de todo reconocimiento jurídico en el ámbito de la christianitas. Lo herejes constituían en aquella sociedad movimientos híbridos de tipo religioso que se desdoblaban en sistemas antisociales o en fenómenos anárquicos que asumían formas religiosas específicas según los lugares, como en el caso de los fenómenos de los pataros, valdenses, albigenses, y más tarde wiclefistas y husitas, por citar algunos grupos heterodoxos. Se debe añadir que, ni los reinos ibéricos (Portugal y España), ni los demás en la cristiandad europea de comienzos de la Edad Moderna, conocieron el hecho de la idolatría en el sentido bíblico del término, y que la idolatría, según ya la tradición bíblica, era considerada la más aberrante actitud religiosa que el hombre podía asumir. Será ésta una realidad con la que los europeos encontrarán en las tierras del Nuevo Mundo bajo formas variadas,y que interpretarán estrictamente en el más puro y literal sentido bíblico antiguo testamentario como una forma aberrante e intolerable de religiosidad.  Dicha realidad se impondré a los recién llegados que deberán tratar el caso y asumir una actitud evangelizadora que asumirá formas radicales y contundentes en el combatirla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las formas que esa radicalidad asume son variadas; necesitan ser encuadradas en la mentalidad jurídica de la época para entenderlas. Ante todo se producen también como efecto político de la unidad de la fe, de la unidad buscada de la cristiandad (que muy pronto ella misma se encontrará dividida en su seno con interpretaciones opuestas del mismo cristianismo en tiempos de la Reforma protestante). Pero la parte católica en sus principios, y más tarde también la protestante, defenderán con ahínco, e incluso con violencia tales principios. Es el caso de la institución de la Inquisición en sus variadas formas: española y portuguesa, romana, episcopal, etc… . En el caso protestante va también estudiada en tal contexto la intolerancia religiosa como en la Inglaterra anglicana, en los principados protestantes del luteranismo germánico y en el calvinismo en sus dominios confesionales y políticos, ya a partir de Calvino en Ginebra. Esta intolerancia dará origen en Europa a las penosas y largas guerras de religión, como en Francia, Holanda e Inglaterra, y sobre todo la larga “guerra de los Treinta años” que en el siglo XVII asolaría media Europa central. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hay que recordar sus raíces y sus consecuencias desastrosas: en los Países Bajos (1560-1579); en Francia (Hugonotes-calvinistas y católicos) (1562-1594): Edicto de Nantes (1598); la guerra de los Treinta años (1618-1648): Paz de Westfalia (1648). Las consecuencias jurídicas: en DSR 50, 230, 235, 519,  627, 1146): a) La paz de Augusta (1555): libertad de culto para los luteranos, pero no para los calvinistas, b) Guerra de los Treinta años (1618-1648) con 4 fases con vicisitudes de victorias y de derrotas alternas y   donde se encontraron empeñados todos los poderes políticos europeos, concluyéndose  con la victoria práctica de las Potencias protestantes, la de Francia como potencia emergente, y la derrota diplomática del Imperio de los Habsburgo  que representaban teóricamente los intereses de los católicos en el centro de Europa; c) la paz de Westfalia (1648) sanciona la nueva situación europea, se traza un nuevo mapa político; se reconoce a los protestantes, incluidos los calvinistas, la igualdad de derechos en el campo religioso (no a otros protestantes o confesiones religiosas disidentes) en los diversos territorios; se establece un criterio en las relaciones políticas entre los Estados, la del “equilibrio”, que determinará el establecimiento de tratados y de paces (siempre efímeras en los siglos siguientes) entre los Estados europeos soberanos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Además esta fecha señala el final definitivo del sistema político medieval, fundado sobre la autoridad  imperial en el conjunto civil de la Christianitas y la del Papa en el campo espiritual en la misma. Después de Westfalia, el Papado se verá excluido durante muchos tiempo en los congresos de carácter civil-político internacionales . La violencia religiosa partió de los intereses políticos en juego, que con frecuencia instrumentalizaron a su provecho la cuestión religiosa. Típico de tal mentalidad fue el nacimiento y la praxis ya recordada del “cuius regio et illius et religio” que se impone políticamente tras la Paz de Augusta de 1555. El Príncipe político (= el Estado, cada vez más autárquico) es de hecho un “summus pontifex” secularizado, fuente indiscutible de moralidad al servicio del Estado. Se trata de una vuelta práctica a la antigua concepción autárquica del Estado, vigente durante el Imperio romano como punto último y referencial de toda actividad religiosa, donde el derecho a la libertad de conciencia debe ceder ante los intereses del Estado. Todo Estado tiene un códice de derechos en materia eclesiástica al que corresponden una serie de instituciones para salvaguardarlos y tutelarlos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquí entra la temática del “derecho divino de los reyes”. Jacobo I de Inglaterra, en Prefazione ammonitrice, escribía a comienzos del s. XVII: &amp;quot;los Reyes como los Papas reciben su poder inmediatamente de Dios&amp;quot;. Este principio será asumido por los variados poderes absolutos monárquicos de entonces; más adelante, totalmente secularizado, su ideología o concepción será asumida por las concepciones inmanentistas de todos los totalitarismos estatales. El absolutismo de Estado frente a la Iglesia ejercita sus pretendidos poderes, “ius circa sacra”, con los siguientes pretendidos derechos: ius inspectionis en la administración eclesiástica; ius cavendi de las acciones eclesiásticas; ius protectionis (dirección) de la Iglesia; ius reformandi de los abusos de la Iglesia. Usa de los siguientes medios o instrumentos jurídicos para actual tal política: el &amp;quot;regium placet&amp;quot;, el &amp;quot;exequatur&amp;quot;, la &amp;quot;appellatio ex abusu&amp;quot;, el &amp;quot;ius excludendi&amp;quot; (los prelados no gratos), y la &amp;quot;amortisatio&amp;quot; (sobre los bienes eclesiásticos: desamortización). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En base a estos principios, el absolutismo intenta legislar  sobre las Órdenes religiosas, suprimiendo las menos dóciles a sus intenciones, incautó los bienes eclesiásticos, intentó instilar sus teorías en las universidades, en la enseñanza y en los mismos seminarios eclesiásticos a la hora de enseñar el derecho civil y eclesiástico. Estas posiciones serán aplicadas continuamente en la edad moderna y, desde los tiempos de la Revolución Francesa, serán radicalmente aplicadas por los sistemas políticos que se imponen en el mundo occidental primero y luego en el resto del mundo (regímenes liberales y totalitarios contemporáneos) . ¿Cómo reaccionaron los Papas y una buena parte del pensamiento jurídico y teológico católico ante estas posiciones? Sobre todo, ya en el s. XVII, desde los tiempos de Westfalia, los Papas, como Inocencio X (1644-1655) ante la paz de Westfalia (1648) , Inocencio XI (1676-1689) frente a las posiciones de Luís XIV de Francia en su política eclesiástica (galicanismo político), defendieron la independencia de la Iglesia en su propia esfera. Más tarde, en el siglo XVIII, después de la guerra de sucesión española (1700-1714) que cambió de nuevo el mapa del equilibrio europeo, y sobre todo en tiempos de Benedicto XIV (1740-1758), la Santa Sede intenta la vía de los concordatos con los Estados, sistema que perdura hasta nuestros días. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una parte consistente de teólogos y juristas católicos, sobre todo vinculados a las posiciones de Tomás de Aquino y de los grandes juristas de la Escuela de Salamanca del siglo XVI, así como otros pertenecientes a la Compañía de Jesús, como Roberto Belarmino y Francisco Suárez, entre otros, negaron la teoría del “poder divino de los reyes” y con ello la trasmisión directa del poder político a una persona por Dios. Suárez propone una tesis en la que opone al absolutismo las justas exigencias democráticas: en la transmisión del poder político soberano es necesario la intervención de la sociedad: en el campo político el poder viene de Dios a través del pueblo. No hay que confundir el origen del poder político con su ejercicio. Según la idea de Tomás de Aquino y de sus seguidores de escuela, el bien común tiene que culminar en la sociedad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Suárez, como otros pensadores de la Escuela jurídica de Victoria, ya en el siglo XVI y otros en el mismo sentido en el XVII, sostiene incluso el derecho de una sociedad política a defenderse con la revuelta, si el príncipe (el poder político en ejercicio) viola el pacto establecido entre la sociedad y dicho poder en ejercicio (el príncipe) por el que  el poder le fue transmitido. El ejercicio del poder por ello se encuentra subordinado al consentimiento de los derechos fundamentales del pueblo. Como se puede observar estas posiciones preceden cronológica y ampliamente la elaboración de los derechos fundamentales proclamados a lo largo del s. XVIII por varios pensadores de la ilustración. Por ello también en el s. XVII los absolutismos políticos y los regalismos en sus diversas formas, combaten con determinación a los sostenedores de estas posiciones de derecho político, y a sus sostenedores, que con frecuencia pertenecían a la Compañía de Jesús, y  tampoco pueden excluirse de los motivos que empujaron a los gobiernos ilustrados de la época a su supresión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==NOTAS:==&lt;br /&gt;
  &lt;br /&gt;
&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==BIBLIOGRAFÍA:==&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''FIDEL GONZÁLEZ FERNÁNDEZ'''&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.56.173</name></author>
		
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&lt;hr /&gt;
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&lt;br /&gt;
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{{Índice}}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== A ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ABAD Y QUEIPO, Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ACADEMIA DE SAN CARLOS]]'''&lt;br /&gt;
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'''[[DESCUBRIMIENTO DEL NUEVO MUNDO: Mentalidades culturales en el Mundo Europeo en la vigilia de 1492]]'''&lt;br /&gt;
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'''[[DU ROUSIER, Ana]]'''&lt;br /&gt;
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=== E ===&lt;br /&gt;
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=== F ===&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
'''[[FERNÁNDEZ CONCHA, Rosa]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FILOSOFÍA Náhuatl]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FLORES, Ana]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FLORES GARCÍA, San Margarito]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
'''[[FUEROS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== G ===&lt;br /&gt;
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'''[[GUADALUPE; Atentado contra la Imagen]]'''&lt;br /&gt;
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'''[[GUADALUPE; Bibliografía general]]'''&lt;br /&gt;
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'''[[GUADALUPE; El Acontecimiento Guadalupano e Inculturación]]'''&lt;br /&gt;
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'''[[GUADALUPE; Fuentes españolas]]'''&lt;br /&gt;
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'''[[GUADALUPE; Fuentes indígenas]]'''&lt;br /&gt;
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'''[[GUADALUPE; Informaciones jurídicas de 1666]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; La hipótesis de imágenes en sus ojos]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; La Virgen María y Juan Diego.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Misterio de los ojos en la pintura]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; RAÍZ DEL MUNDO CATÓLICO IBEROAMERICANO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUZMÁN LECAROZ, Joseph Francisco Xavier Miguel ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUANAJUATO; Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== H ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HABSBURGO, Maximiliano de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HIDALGO  Y COSTILLA GALLAGA, Miguel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HIJAR Y MENDOZA, Martín Alonso ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HOSPITAL DEL AMOR DE DIOS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HOSPITALES Y HOSPICIOS DE LA NUEVA ESPAÑA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HUEJOTZINGO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HUITZILOPOCHTLI; Deidad Azteca]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== I ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[INDEPENDENCIAS HISPANOAMERICANAS. EL CASO DE MÉXICO.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[INDIOS pueblo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ITURBIDE, Agustín de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ITZCÓATL]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== J ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[JESUITAS (Compañia de Jesús)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[JUAN DIEGO CUAUHTLATOATZIN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[JUAN DIEGO CUAUHTLATOATZIN; Descendientes]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[JUÁREZ GARCÍA, Benito]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== K ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[KUBLER, George Alexander ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== L ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LABASTIDA Y DÁVALOS, Pelagio  Antonio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LACUNZA Y DÍAZ, Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LAICISMO en chile]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LA IGLESIA EN EL SIGLO LIBERAL LATINOAMERICANO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LAMAS, José Benito]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LARRAÍN ERRÁZURIZ, Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LARROBLA, Juan Francisco]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LAS CASAS, Fray Bartolomé de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LAS CASAS, Fray Bartolomé de; ¿anti-negro?]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LICEO de Estudios Universitarios (LEU)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LIZÁRRAGA, DE Reginaldo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LÓPEZ DE GÓMARA, Francisco]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LÓPEZ DE SANTA ANNA, Antonio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LOS ANDES, Santa Teresa de Jesús De]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== M ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MAGALLANES JARA, San Cristóbal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MALINCHE; Tenépatl (Doña Marina)]]'''&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
'''[[MALDONADO MELÉNDEZ,  San Pedro]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MANRÍQUEZ Y ZÁRATE, José de Jesús]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MEDELLÍN, Diego De]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉNDEZ MONTOYA, San Jesús]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MENDIETA, Fray Gerónimo de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MENDOZA  Y PACHECO, Antonio de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO. Cristiada]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[México. CONSTITUCIÓN de 1917; artículos antirreligiosos.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO; Educación desde la Revolución de 1910]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO. Evangelización]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO. Planes Políticos en los siglos XIX y XX]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO. Partido Católico Nacional.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO. REFORMA, GUERRA Y LEYES DE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO; Universidades y Colegios Mayores]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MINA, Francisco Javier]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MISIONES jesuíticas en Paraguay y Río de la Plata s. XVII y XVIII]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MODUS VIVENDI en México (1929-1992)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MOLINA, Juan Ignacio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MONCAYO GARCÍA, José Pablo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MORA Y DE LA MORA, San Miguel de la]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MORELIA  (Arte Virreinal)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MORELOS Y PAVÓN, José María]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MORIN, Bernarda]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MOSQUERA Y ARBOLEDA, Manuel José]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MUNGUÍA Y NÚÑEZ, Clemente de Jesús]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MUJER en Uruguay]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÚSICA en Chile]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÚSICA  PREHISPÁNICA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== N ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[NAVARRETE GUERRERO, Julia]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[NEZAHUALCÓYOTL]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[NOCHE TRISTE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[NUEVA ESPAÑA; Virreinato de la]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== O ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[OCOTLÁN; Nuestra señora de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ÓRGANOS DE LA CATEDRAL DE MÉXICO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ORONA MADRIGAL, San Justino]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[OVALLE, Alonso De]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== P ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PALAFOX Y MENDOZA, Juan de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PALOMAR Y VIZCARRA, Miguel]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PÁTZCUARO;  Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PEREYRA, Gómez Carlos ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PRO, Miguel Agustín]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PUEBLA; Tercera Conferencia del CELAM (1979)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PUEBLA DE LOS  ÁNGELES;  Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PUEBLA DE LOS  ÁNGELES; Ciudad ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Q ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[QUERÉTARO, Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[QUETZALCÓATL]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[QUINTO SOL (La cosmogonía azteca)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[QUIROGA, Vasco de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== R ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[RAMOS ARIZPE, José Miguel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[REYES SALAZAR, San Sabás]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[REGULES, Dardo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[REPISO MARTÍNEZ DE ORBE, Antonio ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ROBLES HURTADO,  José María]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ROMERO, Luis Francisco ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ROMERO DE TERREROS, Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ROMO GONZÁLEZ, Santo Toribio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ROSAS, Juventino]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ROSS EDWARDS, Juana]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[RUIZ DE ALARCÓN Y MENDOZA, Juan]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== S ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SAHAGÚN, Bernardino de Fray]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SÁNCHEZ DELGADILLO, San Jenaro]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SALAS, Antonia]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SOCIEDAD MEXICANA DE HISTORIA ECLESIÁSTICA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SAN CRISTÓBAL DE LAS CASAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SAN JUAN DE ULÚA.  Castillo-Fortaleza]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SAN LUIS POTOSÍ; Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SAN MIGUEL DE ALLENDE; Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SANTUARIO NACIONAL DE LA GRUTA DE LOURDES]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SANTUARIO NACIONAL DE LA VIRGEN DEL VERDÚN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SANTUARIO POPULAR DE SAN CONO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SIGÜENZA Y GÓNGORA, Carlos]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SIERRA MÉNDEZ, Justo ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SOTO, Fray Francisco de]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SUÁREZ, Sor Úrsula ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== T ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TILMA GUADALUPANA DE JUAN DIEGO CUAUHTLATOATZIN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TELPOCHCALLI]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TENOCHTITLAN; Capital del pueblo  Azteca]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TEOTIHUACÁN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TEPEYAC]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TEPEACA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TERESA DE MIER Y NORIEGA, Servando]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TEXAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TEXCOCO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TEZCATLIPOCA;  Deidad azteca]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TLAXCALTECAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TOLTECAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TONÁNTZIN (Cihuacóatl o Centeótl) ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TOTONACAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TRATATO DE ALCAZOVAS-TOLEDO ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TULPETLAC]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== U ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[UBIARCO Robles, San Tranquilino]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[UNIVERSIDAD DE MÉXICO REAL Y PONTIFICIA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[UPPSALA; Mapa de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URIBE VELASCO, San David]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Los “curas constituyentes”]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Música folklórica]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Música sacra]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Piedad popular]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Oratorios rurales]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Primeras corrientes evangelizadoras]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Protestantismo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Rebeliones indígenas]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Santoral]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== V ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VALDÉS OSSA, Elisa ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VALDIVIESO, Rafael Valentín]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VALERIANO, Antonio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VAÏSSE, Emilio (Omer Emeth)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VARELA Félix; Vida y Obra]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VARELA Félix; Proceso de beatificación]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VASCONCELOS  CALDERÓN, José]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VELASCO Y RUIZ DE ALARCÓN, Luis de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VELAZQUEZ RODRÍGUEZ, Primo Feliciano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VIAJES DE JUAN PABLO II A MÉXICO]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VICUÑA LARRAÍN, Manuel ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VILLALPANDO, Cristóbal de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VILLANUEVA, Tomás de, O.S.A]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VILLARROEL, Gaspar DE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VIRUELA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VIVES SOLAR, Fernando ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== W ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== X ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Y ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[Yucatán en el Tiempo. Enciclopedia Alfabética]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Z ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ZAPATA  SALAZAR, Emiliano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ZAVALA SÁENZ, Lorenzo de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ZORRILLA DE SAN MARTÍN, Juan]]'''&lt;/div&gt;</summary>
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		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.173: Página creada con '==FUEROS==   (del latín ''forum''; derechos, leyes) son un cuerpo de leyes, considerado entre las más importantes fuentes del derecho en España. Ya el rey visigodo Chindasvin…'&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;==FUEROS== &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(del latín ''forum''; derechos, leyes) son un cuerpo de leyes, considerado entre las más importantes fuentes del derecho en España. Ya el rey visigodo Chindasvinto, quien gobernó el reino visigodo español que comprendía, sea los territorios de la Península Ibérica, como las regiones pirenaicas de la actual Francia entre el 642 y el 653, formó ya un códice de leyes para los dos pueblos que formaban su Reino: los Visigodos y los Romanos. Su obra la acabó su hijo Recesvinto, en los primeros años de su reino, poco después del 18 de febrero del 654, con la promulgación del “''Liber Iudiciorum''”. Estos derechos serán mantenidos y codificados a lo largo de la Edad Media española.  Considerando y añadiendo los derechos locales, serán fuente prevalente del derecho en España; entre ellos se encuentran los “''Fueros''” o “''Cartas pueblas''” (de las poblaciones); los ''Fueros'' municipales “breves”; ''Fueros'' municipales “más amplios”, con los derechos, inmunidades locales adquiridas, o concedidas por los reyes a ciudades, villas, feudos y entes eclesiásticos, y los capítulos con los que, valiéndose de estas inmunidades, tales entes daban fuerza de ley, con el consentimiento del Rey, a sus tradiciones. Los ''Fueros'' entran así en la historia española como equivalentes a los derechos de los pobladores o vecinos del Reino y conservan tal significado hasta los tiempos modernos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''DHCIAL'''&lt;/div&gt;</summary>
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		<title>Glosario</title>
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		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.173: /* F */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;El objetivo de este glosario es facilitar el acceso a una definición de los principales términos que utilizamos en Wikipedia y en otros proyectos de la Fundación Wikimedia. Si no encuentras algún término de uso específico en Wikipedia o sus proyectos, bien puedes incluirlo en la lista para que alguien lo describa o preguntarlo en la página de discusión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
__NOTOC__&lt;br /&gt;
{{Índice}}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== A ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ABAD Y QUEIPO, Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ACADEMIA DE SAN CARLOS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ACADEMIA NACIONAL DE MEDICINA DE MEXICO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ACAMAPICHTLI]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ACTOPAN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ACTOPAN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ADAME Rosales, San Román]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[AGUASCALIENTES]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[AGUILAR ALEMÁN, San Rodrigo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ALAMÁN Y ESCALADA, Lucas]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ALDAY Y ASPEE, De Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ALTAMIRANO, Basilio Ignacio Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ALVA IXTLILXÓCHITL, Fernando de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ALVARADO, Tezozómoc Fernando]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ÁLVAREZ MENDOZA, San Julio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[AMÉRICA LATINA: El Término]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ANÁHUAC]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[APARICIO, Sebastián de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ÁRCIGA Y RUIZ DE CHÁVEZ, José Ignacio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARCHIVOS Y BIBLIOTECAS ECLESIASTICAS EN CHILE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARRANGOIZ Y BERZÁBAL, Francisco de Paula]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARTE PLUMARIO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
'''[[ARTE Y PENSAMIENTO EN IBEROAMÉRICA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARTIGAS, José Gervasio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ASOCIACIÓN URUGUAYA DE EDUCACIÓN CATÓLICA  (AUDEC)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
=== B ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BANEGAS GALVÁN, Francisco]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BARROCO INDIANO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BATIS SÁINZ, San Luis]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BECERRA TANCO, Luís]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
'''[[BUCARELI Y URSÚA, Antonio María de]]'''&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
=== C ===&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
'''[[CAÑAS COVARRUBIAS, José Domingo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CAÑAS Y CALVO, Blas]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CARRASCO y Saavedra, Bernardo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
=== E ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
'''[[ESQUEDA RAMÍREZ, San Pedro]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[EYZAGUIRRE PORTALES, José Ignacio Víctor]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== F ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
'''[[FERNÁNDEZ CONCHA, Josefa]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FERNÁNDEZ CONCHA, Rosa]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FILOSOFÍA Náhuatl]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FLORES, Ana]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FLORES GARCÍA, San Margarito]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FLOR Y CANTO DEL NACIMIENTO DEL NUEVO MÉXICO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FLORES VARELA, San José Isabel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FUEROS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== G ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GALVÁN BERMÚDEZ, San David]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GARCÍA ACOSTA, Andrés]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GARCÍA DE LA HUERTA, Tadea]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GARCÍA ICAZBALCETA Joaquín]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GILLOW Y ZAVALZA, Eulogio Gregorio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
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'''[[GUADALUPE; Acontecimiento Guadalupano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Atentado contra la Imagen]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Bibliografía general]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Descubrimientos arqueológicos en Estados Unidos]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; El Acontecimiento Guadalupano e Inculturación]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; El Santuario, su Culto y la Plaza Mariana]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Fuentes españolas]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Fuentes indígenas]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Informaciones jurídicas de 1666]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; La hipótesis de imágenes en sus ojos]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; La Virgen María y Juan Diego.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Misterio de los ojos en la pintura]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; RAÍZ DEL MUNDO CATÓLICO IBEROAMERICANO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUZMÁN LECAROZ, Joseph Francisco Xavier Miguel ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUANAJUATO; Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== H ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HABSBURGO, Maximiliano de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HIDALGO  Y COSTILLA GALLAGA, Miguel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HIJAR Y MENDOZA, Martín Alonso ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HOSPITAL DEL AMOR DE DIOS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HOSPITALES Y HOSPICIOS DE LA NUEVA ESPAÑA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HUEJOTZINGO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HUITZILOPOCHTLI; Deidad Azteca]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== I ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[INDEPENDENCIAS HISPANOAMERICANAS. EL CASO DE MÉXICO.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[INDIOS pueblo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ITURBIDE, Agustín de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ITZCÓATL]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== J ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[JESUITAS (Compañia de Jesús)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[JUAN DIEGO CUAUHTLATOATZIN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[JUAN DIEGO CUAUHTLATOATZIN; Descendientes]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[JUÁREZ GARCÍA, Benito]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== K ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[KUBLER, George Alexander ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== L ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LABASTIDA Y DÁVALOS, Pelagio  Antonio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LACUNZA Y DÍAZ, Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LAICISMO en chile]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LA IGLESIA EN EL SIGLO LIBERAL LATINOAMERICANO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LAMAS, José Benito]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LARRAÍN ERRÁZURIZ, Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LARROBLA, Juan Francisco]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LAS CASAS, Fray Bartolomé de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LAS CASAS, Fray Bartolomé de; ¿anti-negro?]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LICEO de Estudios Universitarios (LEU)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LIZÁRRAGA, DE Reginaldo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LÓPEZ DE GÓMARA, Francisco]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LÓPEZ DE SANTA ANNA, Antonio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LOS ANDES, Santa Teresa de Jesús De]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== M ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
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 &lt;br /&gt;
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'''[[México. CONSTITUCIÓN de 1917; artículos antirreligiosos.]]'''&lt;br /&gt;
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'''[[MÉXICO; Educación desde la Revolución de 1910]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO. Evangelización]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO. Planes Políticos en los siglos XIX y XX]]'''&lt;br /&gt;
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'''[[MÉXICO. Partido Católico Nacional.]]'''&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
'''[[MÚSICA en Chile]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÚSICA  PREHISPÁNICA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== N ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[NAVARRETE GUERRERO, Julia]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[NEZAHUALCÓYOTL]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[NOCHE TRISTE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[NUEVA ESPAÑA; Virreinato de la]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== O ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[OCOTLÁN; Nuestra señora de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ÓRGANOS DE LA CATEDRAL DE MÉXICO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ORONA MADRIGAL, San Justino]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[OVALLE, Alonso De]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== P ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PALAFOX Y MENDOZA, Juan de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PALOMAR Y VIZCARRA, Miguel]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PÁTZCUARO;  Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PEREYRA, Gómez Carlos ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PRO, Miguel Agustín]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PUEBLA; Tercera Conferencia del CELAM (1979)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PUEBLA DE LOS  ÁNGELES;  Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PUEBLA DE LOS  ÁNGELES; Ciudad ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Q ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[QUERÉTARO, Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[QUETZALCÓATL]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[QUINTO SOL (La cosmogonía azteca)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[QUIROGA, Vasco de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== R ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[RAMOS ARIZPE, José Miguel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[REYES SALAZAR, San Sabás]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[REGULES, Dardo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[REPISO MARTÍNEZ DE ORBE, Antonio ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ROBLES HURTADO,  José María]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ROMERO, Luis Francisco ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ROMERO DE TERREROS, Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ROMO GONZÁLEZ, Santo Toribio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ROSAS, Juventino]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ROSS EDWARDS, Juana]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[RUIZ DE ALARCÓN Y MENDOZA, Juan]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== S ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SAHAGÚN, Bernardino de Fray]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SÁNCHEZ DELGADILLO, San Jenaro]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SALAS, Antonia]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SOCIEDAD MEXICANA DE HISTORIA ECLESIÁSTICA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SAN CRISTÓBAL DE LAS CASAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SAN JUAN DE ULÚA.  Castillo-Fortaleza]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SAN LUIS POTOSÍ; Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SAN MIGUEL DE ALLENDE; Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SANTUARIO NACIONAL DE LA GRUTA DE LOURDES]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SANTUARIO NACIONAL DE LA VIRGEN DEL VERDÚN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SANTUARIO POPULAR DE SAN CONO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SIGÜENZA Y GÓNGORA, Carlos]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SIERRA MÉNDEZ, Justo ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SOTO, Fray Francisco de]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SUÁREZ, Sor Úrsula ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== T ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TILMA GUADALUPANA DE JUAN DIEGO CUAUHTLATOATZIN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TELPOCHCALLI]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TENOCHTITLAN; Capital del pueblo  Azteca]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TEOTIHUACÁN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TEPEYAC]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TEPEACA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TERESA DE MIER Y NORIEGA, Servando]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TEXAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TEXCOCO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TEZCATLIPOCA;  Deidad azteca]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TLAXCALTECAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TOLTECAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TONÁNTZIN (Cihuacóatl o Centeótl) ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TOTONACAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TRATATO DE ALCAZOVAS-TOLEDO ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TULPETLAC]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== U ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[UBIARCO Robles, San Tranquilino]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[UNIVERSIDAD DE MÉXICO REAL Y PONTIFICIA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[UPPSALA; Mapa de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URIBE VELASCO, San David]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Los “curas constituyentes”]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Música folklórica]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Música sacra]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Piedad popular]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Oratorios rurales]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Primeras corrientes evangelizadoras]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Protestantismo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Santoral]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== V ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VALDÉS OSSA, Elisa ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VALDIVIESO, Rafael Valentín]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VALERIANO, Antonio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VAÏSSE, Emilio (Omer Emeth)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VARELA Félix; Vida y Obra]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VARELA Félix; Proceso de beatificación]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VASCONCELOS  CALDERÓN, José]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VELASCO Y RUIZ DE ALARCÓN, Luis de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
'''[[VIAJES DE JUAN PABLO II A MÉXICO]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VICUÑA LARRAÍN, Manuel ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VILLALPANDO, Cristóbal de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VILLANUEVA, Tomás de, O.S.A]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VILLARROEL, Gaspar DE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
'''[[VIVES SOLAR, Fernando ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== W ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== X ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Y ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[Yucatán en el Tiempo. Enciclopedia Alfabética]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Z ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ZAPATA  SALAZAR, Emiliano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ZAVALA SÁENZ, Lorenzo de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
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		<title>Glosario</title>
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		<updated>2014-03-26T20:01:26Z</updated>

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&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;El objetivo de este glosario es facilitar el acceso a una definición de los principales términos que utilizamos en Wikipedia y en otros proyectos de la Fundación Wikimedia. Si no encuentras algún término de uso específico en Wikipedia o sus proyectos, bien puedes incluirlo en la lista para que alguien lo describa o preguntarlo en la página de discusión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
__NOTOC__&lt;br /&gt;
{{Índice}}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== A ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ABAD Y QUEIPO, Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ACADEMIA DE SAN CARLOS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ACADEMIA NACIONAL DE MEDICINA DE MEXICO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ACAMAPICHTLI]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ACTOPAN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ACTOPAN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ADAME Rosales, San Román]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[AGUASCALIENTES]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[AGUILAR ALEMÁN, San Rodrigo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ALAMÁN Y ESCALADA, Lucas]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ALDAY Y ASPEE, De Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ALTAMIRANO, Basilio Ignacio Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ALVA IXTLILXÓCHITL, Fernando de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ALVARADO, Tezozómoc Fernando]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ÁLVAREZ MENDOZA, San Julio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[AMÉRICA LATINA: El Término]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ANÁHUAC]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[APARICIO, Sebastián de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ÁRCIGA Y RUIZ DE CHÁVEZ, José Ignacio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARCHIVOS Y BIBLIOTECAS ECLESIASTICAS EN CHILE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARRANGOIZ Y BERZÁBAL, Francisco de Paula]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARTE PLUMARIO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARTE SACRO EN AMÉRICA Y CHILE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARTE Y PENSAMIENTO EN IBEROAMÉRICA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARTIGAS, José Gervasio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ASOCIACIÓN URUGUAYA DE EDUCACIÓN CATÓLICA  (AUDEC)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ÁVILA CAMACHO, Manuel]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[AZTECAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== B ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BANEGAS GALVÁN, Francisco]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BARROCO INDIANO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BATIS SÁINZ, San Luis]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BECERRA TANCO, Luís]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BENAVENTE (MOTOLINIA), Fray Toribio de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BETLEMITAS; Orden religiosa]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BUCARELI Y URSÚA, Antonio María de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BULAS ALEJANDRINAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== C ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CABRERA, Miguel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CACES DE BROWN, Isabel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CALENDARIO AZTECA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CALENDARIOS INDÍGENAS MEXICAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CALIFORNIA; Misiones]]'''&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
'''[[CALMECAC]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CALLES, Plutarco Elías]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CALOCA CORTÉS, San Agustín]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CAMPECHE. Capital del Estado mexicano del mismo nombre]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CAÑAS COVARRUBIAS, José Domingo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CAÑAS Y CALVO, Blas]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CARRASCO y Saavedra, Bernardo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CASAL, Julio J.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CASAL Muñoz, Marynés]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CATEDRAL DE MÉXICO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CATOLICISMO LIBERAL en Chile]]'''  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHALMA; Santuario del Señor de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHIAPA DE CORZO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHICHIMECA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHILE; Diócesis creadas en el siglo XX]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHILE; Financiamiento de la iglesia]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHILE; Órdenes y Congregaciones Religiosas]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHILE: SÍNODOS DIOCESANOS Y CONCILIOS PROVINCIALES]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHILE; Recepción de las encíclicas sociales]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHOLULA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHOLULA.  Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CIHUACÓATL; Deidad femenina de la mitología azteca]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CLAVIJERO, Francisco Javier]]''' &lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
'''[[COFRADÍAS EN CHILE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[COMPLEJO Tupí-Guaraní]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CONCEPCIÓN, DIÓCESIS DE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CONCILIO PLENARIO LATINOAMERICANO DE 1899]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CONQUISTA DE MÉXICO ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CORTÉS, Hernán]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CONCILIOS Y SINODOS LATINOAMERICANOS.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[COLÓN, Cristóbal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[COSÍO VILLEGAS, Daniel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CUEVAS, Mariano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CRUZ ALVARADO, San Atilano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CUAUHTÉMOC]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CUAUTITLÁN; Convento franciscano y Juan Diego Cuahutlatoatzin]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== D ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DEFENSA DEL INDÍGENA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DÍAZ DEL CASTILLO, Bernal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DOCUMENTOS DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL DE CHILE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DONOSO VIVANCO, Justo Pastor]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DU ROUSIER, Ana]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== E ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[EDUCACIÓN EN AMÉRICA LATINA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ERRÁZURIZ VALDIVIESO, Crescente]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ESCUDERO ESCUDERO, Alfonso María]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ESQUEDA RAMÍREZ, San Pedro]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[EYZAGUIRRE PORTALES, José Ignacio Víctor]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== F ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FERNÁNDEZ CONCHA, Domingo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FERNÁNDEZ CONCHA, Josefa]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FERNÁNDEZ CONCHA, Rosa]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FILOSOFÍA Náhuatl]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FLORES, Ana]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FLORES GARCÍA, San Margarito]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FLOR Y CANTO DEL NACIMIENTO DEL NUEVO MÉXICO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FLORES VARELA, San José Isabel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== G ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GALVÁN BERMÚDEZ, San David]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GARCÍA ACOSTA, Andrés]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GARCÍA DE LA HUERTA, Tadea]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GARCÍA ICAZBALCETA Joaquín]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GILLOW Y ZAVALZA, Eulogio Gregorio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GONZÁLEZ DE MARMOLEJO, Rodrigo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GONZÁLEZ, Juan]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ULTRAMONTANISMO EN CHILE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GÓMEZ DE PORTUGAL Y SOLÍS, Juan Cayetano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Acontecimiento Guadalupano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Atentado contra la Imagen]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Bibliografía general]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Descubrimientos arqueológicos en Estados Unidos]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; El Acontecimiento Guadalupano e Inculturación]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; El Santuario, su Culto y la Plaza Mariana]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Fuentes españolas]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Fuentes indígenas]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Informaciones jurídicas de 1666]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; La hipótesis de imágenes en sus ojos]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; La Virgen María y Juan Diego.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Misterio de los ojos en la pintura]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; RAÍZ DEL MUNDO CATÓLICO IBEROAMERICANO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUZMÁN LECAROZ, Joseph Francisco Xavier Miguel ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUANAJUATO; Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== H ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HABSBURGO, Maximiliano de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HIDALGO  Y COSTILLA GALLAGA, Miguel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HIJAR Y MENDOZA, Martín Alonso ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HOSPITAL DEL AMOR DE DIOS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HOSPITALES Y HOSPICIOS DE LA NUEVA ESPAÑA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HUEJOTZINGO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HUITZILOPOCHTLI; Deidad Azteca]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== I ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[INDEPENDENCIAS HISPANOAMERICANAS. EL CASO DE MÉXICO.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[INDIOS pueblo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ITURBIDE, Agustín de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ITZCÓATL]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== J ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[JESUITAS (Compañia de Jesús)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[JUAN DIEGO CUAUHTLATOATZIN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[JUAN DIEGO CUAUHTLATOATZIN; Descendientes]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[JUÁREZ GARCÍA, Benito]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== K ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[KUBLER, George Alexander ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== L ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LABASTIDA Y DÁVALOS, Pelagio  Antonio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LACUNZA Y DÍAZ, Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LAICISMO en chile]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LA IGLESIA EN EL SIGLO LIBERAL LATINOAMERICANO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LAMAS, José Benito]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LARRAÍN ERRÁZURIZ, Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LARROBLA, Juan Francisco]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LAS CASAS, Fray Bartolomé de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LAS CASAS, Fray Bartolomé de; ¿anti-negro?]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LICEO de Estudios Universitarios (LEU)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LIZÁRRAGA, DE Reginaldo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LÓPEZ DE GÓMARA, Francisco]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LÓPEZ DE SANTA ANNA, Antonio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LOS ANDES, Santa Teresa de Jesús De]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== M ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MAGALLANES JARA, San Cristóbal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MALINCHE; Tenépatl (Doña Marina)]]'''&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
'''[[MALDONADO MELÉNDEZ,  San Pedro]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MANRÍQUEZ Y ZÁRATE, José de Jesús]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MEDELLÍN, Diego De]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉNDEZ MONTOYA, San Jesús]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MENDIETA, Fray Gerónimo de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MENDOZA  Y PACHECO, Antonio de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO. Cristiada]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[México. CONSTITUCIÓN de 1917; artículos antirreligiosos.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO; Educación desde la Revolución de 1910]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO. Evangelización]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO. Planes Políticos en los siglos XIX y XX]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO. Partido Católico Nacional.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO. REFORMA, GUERRA Y LEYES DE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO; Universidades y Colegios Mayores]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MINA, Francisco Javier]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MISIONES jesuíticas en Paraguay y Río de la Plata s. XVII y XVIII]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MODUS VIVENDI en México (1929-1992)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MOLINA, Juan Ignacio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MONCAYO GARCÍA, José Pablo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MORA Y DE LA MORA, San Miguel de la]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MORELIA  (Arte Virreinal)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MORELOS Y PAVÓN, José María]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MORIN, Bernarda]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MOSQUERA Y ARBOLEDA, Manuel José]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MUNGUÍA Y NÚÑEZ, Clemente de Jesús]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MUJER en Uruguay]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÚSICA en Chile]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÚSICA  PREHISPÁNICA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== N ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[NAVARRETE GUERRERO, Julia]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[NEZAHUALCÓYOTL]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[NOCHE TRISTE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[NUEVA ESPAÑA; Virreinato de la]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== O ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[OCOTLÁN; Nuestra señora de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ÓRGANOS DE LA CATEDRAL DE MÉXICO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ORONA MADRIGAL, San Justino]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[OVALLE, Alonso De]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== P ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PALAFOX Y MENDOZA, Juan de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PALOMAR Y VIZCARRA, Miguel]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PÁTZCUARO;  Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PEREYRA, Gómez Carlos ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PRO, Miguel Agustín]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PUEBLA; Tercera Conferencia del CELAM (1979)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PUEBLA DE LOS  ÁNGELES;  Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PUEBLA DE LOS  ÁNGELES; Ciudad ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Q ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[QUERÉTARO, Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[QUETZALCÓATL]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[QUINTO SOL (La cosmogonía azteca)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[QUIROGA, Vasco de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== R ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[RAMOS ARIZPE, José Miguel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[REYES SALAZAR, San Sabás]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[REGULES, Dardo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[REPISO MARTÍNEZ DE ORBE, Antonio ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ROBLES HURTADO,  José María]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ROMERO, Luis Francisco ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ROMERO DE TERREROS, Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ROMO GONZÁLEZ, Santo Toribio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ROSAS, Juventino]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ROSS EDWARDS, Juana]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[RUIZ DE ALARCÓN Y MENDOZA, Juan]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== S ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SAHAGÚN, Bernardino de Fray]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SÁNCHEZ DELGADILLO, San Jenaro]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SALAS, Antonia]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SOCIEDAD MEXICANA DE HISTORIA ECLESIÁSTICA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SAN CRISTÓBAL DE LAS CASAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SAN JUAN DE ULÚA.  Castillo-Fortaleza]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SAN LUIS POTOSÍ; Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SAN MIGUEL DE ALLENDE; Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SANTUARIO NACIONAL DE LA GRUTA DE LOURDES]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SANTUARIO NACIONAL DE LA VIRGEN DEL VERDÚN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SANTUARIO POPULAR DE SAN CONO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SIGÜENZA Y GÓNGORA, Carlos]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SIERRA MÉNDEZ, Justo ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SOTO, Fray Francisco de]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SUÁREZ, Sor Úrsula ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== T ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TILMA GUADALUPANA DE JUAN DIEGO CUAUHTLATOATZIN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TELPOCHCALLI]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TENOCHTITLAN; Capital del pueblo  Azteca]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TEOTIHUACÁN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TEPEYAC]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TEPEACA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TERESA DE MIER Y NORIEGA, Servando]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TEXAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TEXCOCO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TEZCATLIPOCA;  Deidad azteca]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TLAXCALTECAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TOLTECAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TONÁNTZIN (Cihuacóatl o Centeótl) ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TOTONACAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TRATATO DE ALCAZOVAS-TOLEDO ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TULPETLAC]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== U ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[UBIARCO Robles, San Tranquilino]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[UNIVERSIDAD DE MÉXICO REAL Y PONTIFICIA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[UPPSALA; Mapa de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URIBE VELASCO, San David]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Los “curas constituyentes”]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Música folklórica]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Música sacra]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Piedad popular]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Oratorios rurales]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Primeras corrientes evangelizadoras]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Protestantismo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Rebeliones indígenas]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Santoral]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== V ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VALDÉS OSSA, Elisa ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VALDIVIESO, Rafael Valentín]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VALERIANO, Antonio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VAÏSSE, Emilio (Omer Emeth)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VARELA Félix; Vida y Obra]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VARELA Félix; Proceso de beatificación]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VASCONCELOS  CALDERÓN, José]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VELASCO Y RUIZ DE ALARCÓN, Luis de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VELAZQUEZ RODRÍGUEZ, Primo Feliciano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VIAJES DE JUAN PABLO II A MÉXICO]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VICUÑA LARRAÍN, Manuel ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VILLALPANDO, Cristóbal de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VILLANUEVA, Tomás de, O.S.A]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VILLARROEL, Gaspar DE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VIRUELA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VIVES SOLAR, Fernando ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== W ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== X ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Y ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[Yucatán en el Tiempo. Enciclopedia Alfabética]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Z ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ZAPATA  SALAZAR, Emiliano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ZAVALA SÁENZ, Lorenzo de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ZORRILLA DE SAN MARTÍN, Juan]]'''&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.56.173</name></author>
		
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		<title>VILLANUEVA, Tomás de, O.S.A</title>
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		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.173: Página creada con '==VILLANUEVA, Tomás de, O.S.A. (Villanueva de los Infantes, Ciudad Real, 1486 ; Valencia, 9 de septiembre de 1555).==   Predicador, escritor ascético y religioso agustino espa…'&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;==VILLANUEVA, Tomás de, O.S.A. (Villanueva de los Infantes, Ciudad Real, 1486 ; Valencia, 9 de septiembre de 1555).== &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Predicador, escritor ascético y religioso agustino español, y arzobispo de Valencia. Es el primer santo canonizado salido de las aulas de la Universidad de Alcalá de Henares. Aunque hizo estudios de artes y teología en el Colegio Mayor de San Ildefonso de la Universidad de Alcalá de Henares, ingresó en la Orden de los Agustinos de Salamanca (1516) y en 1518 fue ordenado sacerdote; en esta orden ocupó los cargos de prior conventual, visitador general y prior provincial de Andalucía y Castilla. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También fue profesor de la universidad y consejero y confesor de Carlos I de España. En Valencia, ayudado por su obispo auxiliar Juan Segriá, puso orden en una diócesis que hacía un siglo que no tenía gobierno pastoral directo. Organizó un colegio especial para los moriscos conversos y organizó en especial un plan eficaz de asistencia y auxilio social y de caridad. Compuso bellos sermones, entre los que destaca ''Sermón del amor de Dios'', una de las grandes manifestaciones de la oratoria sagrada del XVI. Tuvo, en efecto, una gran fama de predicador, en un estilo sobrio y sencillo. Carlos I, al oírle predicar, exclamó: «''Este Monseñor conmueve hasta las piedras''», y provocaba sonoras conversiones. Algunos de sus sermones arremeten contra la crueldad de la fiesta de los toros. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tuvo asimismo una gran devoción por la Virgen María, cuyo corazón comparó a la zarza ardiente, que nunca se consumía. Es autor de varios ''Opúsculos'', dentro de los que se incluye el ''Soliloquio entre Dios y el alma'', en torno a la comunión. En 1547 ordenó sacerdote al futuro San Luis Beltrán. Fue canonizado el 1 de noviembre de 1658, siendo uno de los tres santos, todos españoles, canonizados durante el pontificado del papa Alejandro VII. Francisco de Quevedo escribió una biografía suya, ''Epítome a la historia de la vida ejemplar y gloriosa muerte del bienaventurado fray Tomás de Villanueva''. La Universidad de Alcalá de Henares le dedicó el primer patio del Colegio Mayor de San Ildefonso, al haber formado parte de la primera promoción de la Universidad, y ser el primer Santo salido de las aulas complutenses. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Es el Santo Patrón de la prestigiosa Universidad Villanova, en Pensilvania, Estados Unidos de América, establecida por los Agustinos en 1842, y de la Universidad de Santo Tomás de Villanueva en La Habana, Cuba. Ésta fue cerrada por el gobierno Cubano en 1961, tras la expulsión de los Agustinos, considerados enemigos de la Revolución por sus quejas frecuentes contra el gobierno. Los Agustinos exiliados establecieron St. Thomas University en Miami Gardens, Florida en 1961. Igualmente es el Santo patrón de numerosos colegios de la orden agustina como el de Granada. También es patrón principal de la diócesis de Ciudad Real (España). Su festividad litúrgica se celebra el 10 de octubre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==BIBLIOGRAFÍA==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
*''Campos y Fernández de Sevilla JF, Santo Tomás de Villanueva: Universitario, Agustino y Arzobispo en la España del siglo XVI''. ISBN 987-848-978895-2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
*Isaac González Marcos, (ed.), ''Santo Tomás de Villanueva. 450 aniversario de su muerte''. ISBN 84-95745-38-0.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
*Francisco de Quevedo, ''Vida de Santo Tomás de Villanueva''. Estudio del ''Epítome'', edición y notas de Rafael Lazcano.ISBN 84-95745-57-7.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''FIDEL GONZÁLEZ FERNÁNDEZ'''&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.56.173</name></author>
		
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		<title>Glosario</title>
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		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.173: /* V */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;El objetivo de este glosario es facilitar el acceso a una definición de los principales términos que utilizamos en Wikipedia y en otros proyectos de la Fundación Wikimedia. Si no encuentras algún término de uso específico en Wikipedia o sus proyectos, bien puedes incluirlo en la lista para que alguien lo describa o preguntarlo en la página de discusión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
__NOTOC__&lt;br /&gt;
{{Índice}}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== A ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ABAD Y QUEIPO, Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ACADEMIA DE SAN CARLOS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ACADEMIA NACIONAL DE MEDICINA DE MEXICO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ACAMAPICHTLI]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ACTOPAN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ACTOPAN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ADAME Rosales, San Román]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[AGUASCALIENTES]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[AGUILAR ALEMÁN, San Rodrigo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ALAMÁN Y ESCALADA, Lucas]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ALDAY Y ASPEE, De Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ALTAMIRANO, Basilio Ignacio Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ALVA IXTLILXÓCHITL, Fernando de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ALVARADO, Tezozómoc Fernando]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ÁLVAREZ MENDOZA, San Julio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[AMÉRICA LATINA: El Término]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ANÁHUAC]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[APARICIO, Sebastián de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ÁRCIGA Y RUIZ DE CHÁVEZ, José Ignacio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARCHIVOS Y BIBLIOTECAS ECLESIASTICAS EN CHILE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARRANGOIZ Y BERZÁBAL, Francisco de Paula]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARTE PLUMARIO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARTE SACRO EN AMÉRICA Y CHILE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARTE Y PENSAMIENTO EN IBEROAMÉRICA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARTIGAS, José Gervasio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ASOCIACIÓN URUGUAYA DE EDUCACIÓN CATÓLICA  (AUDEC)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ÁVILA CAMACHO, Manuel]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[AZTECAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== B ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BANEGAS GALVÁN, Francisco]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BARROCO INDIANO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BATIS SÁINZ, San Luis]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BECERRA TANCO, Luís]]'''&lt;br /&gt;
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=== C ===&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
'''[[CALLES, Plutarco Elías]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CALOCA CORTÉS, San Agustín]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
'''[[CAÑAS Y CALVO, Blas]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CARRASCO y Saavedra, Bernardo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CASAL, Julio J.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CASAL Muñoz, Marynés]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CATEDRAL DE MÉXICO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CATOLICISMO LIBERAL en Chile]]'''  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHALMA; Santuario del Señor de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHIAPA DE CORZO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHICHIMECA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHILE; Diócesis creadas en el siglo XX]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHILE; Financiamiento de la iglesia]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHILE; Órdenes y Congregaciones Religiosas]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHILE: SÍNODOS DIOCESANOS Y CONCILIOS PROVINCIALES]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHILE; Recepción de las encíclicas sociales]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHOLULA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHOLULA.  Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CIHUACÓATL; Deidad femenina de la mitología azteca]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
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 &lt;br /&gt;
'''[[COFRADÍAS EN CHILE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[COMPLEJO Tupí-Guaraní]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CONCEPCIÓN, DIÓCESIS DE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CONCILIO PLENARIO LATINOAMERICANO DE 1899]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CONQUISTA DE MÉXICO ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CORTÉS, Hernán]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CONCILIOS Y SINODOS LATINOAMERICANOS.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[COLÓN, Cristóbal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[COSÍO VILLEGAS, Daniel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CUEVAS, Mariano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CRUZ ALVARADO, San Atilano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CUAUHTÉMOC]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CUAUTITLÁN; Convento franciscano y Juan Diego Cuahutlatoatzin]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== D ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DEFENSA DEL INDÍGENA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DÍAZ DEL CASTILLO, Bernal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DOCUMENTOS DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL DE CHILE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DONOSO VIVANCO, Justo Pastor]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DU ROUSIER, Ana]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== E ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[EDUCACIÓN EN AMÉRICA LATINA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ERRÁZURIZ VALDIVIESO, Crescente]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
'''[[ESQUEDA RAMÍREZ, San Pedro]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[EYZAGUIRRE PORTALES, José Ignacio Víctor]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== F ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
'''[[FLORES, Ana]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FLORES GARCÍA, San Margarito]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FLOR Y CANTO DEL NACIMIENTO DEL NUEVO MÉXICO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FLORES VARELA, San José Isabel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== G ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
'''[[GARCÍA ICAZBALCETA Joaquín]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GILLOW Y ZAVALZA, Eulogio Gregorio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GONZÁLEZ DE MARMOLEJO, Rodrigo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GONZÁLEZ, Juan]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ULTRAMONTANISMO EN CHILE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GÓMEZ DE PORTUGAL Y SOLÍS, Juan Cayetano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Acontecimiento Guadalupano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Atentado contra la Imagen]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Bibliografía general]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Descubrimientos arqueológicos en Estados Unidos]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; El Acontecimiento Guadalupano e Inculturación]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Fuentes españolas]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Fuentes indígenas]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Informaciones jurídicas de 1666]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; La hipótesis de imágenes en sus ojos]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; La Virgen María y Juan Diego.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Misterio de los ojos en la pintura]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; RAÍZ DEL MUNDO CATÓLICO IBEROAMERICANO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUZMÁN LECAROZ, Joseph Francisco Xavier Miguel ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUANAJUATO; Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== H ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HABSBURGO, Maximiliano de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HIDALGO  Y COSTILLA GALLAGA, Miguel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HIJAR Y MENDOZA, Martín Alonso ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HOSPITAL DEL AMOR DE DIOS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HOSPITALES Y HOSPICIOS DE LA NUEVA ESPAÑA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HUEJOTZINGO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HUITZILOPOCHTLI; Deidad Azteca]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== I ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[INDEPENDENCIAS HISPANOAMERICANAS. EL CASO DE MÉXICO.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[INDIOS pueblo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ITURBIDE, Agustín de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ITZCÓATL]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== J ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[JESUITAS (Compañia de Jesús)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[JUAN DIEGO CUAUHTLATOATZIN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[JUAN DIEGO CUAUHTLATOATZIN; Descendientes]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[JUÁREZ GARCÍA, Benito]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== K ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[KUBLER, George Alexander ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== L ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LABASTIDA Y DÁVALOS, Pelagio  Antonio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LACUNZA Y DÍAZ, Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LAICISMO en chile]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LA IGLESIA EN EL SIGLO LIBERAL LATINOAMERICANO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LAMAS, José Benito]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LARRAÍN ERRÁZURIZ, Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LARROBLA, Juan Francisco]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LAS CASAS, Fray Bartolomé de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LAS CASAS, Fray Bartolomé de; ¿anti-negro?]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LICEO de Estudios Universitarios (LEU)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LIZÁRRAGA, DE Reginaldo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LÓPEZ DE GÓMARA, Francisco]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LÓPEZ DE SANTA ANNA, Antonio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LOS ANDES, Santa Teresa de Jesús De]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== M ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MAGALLANES JARA, San Cristóbal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MALINCHE; Tenépatl (Doña Marina)]]'''&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
'''[[MALDONADO MELÉNDEZ,  San Pedro]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MANRÍQUEZ Y ZÁRATE, José de Jesús]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MEDELLÍN, Diego De]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉNDEZ MONTOYA, San Jesús]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MENDIETA, Fray Gerónimo de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MENDOZA  Y PACHECO, Antonio de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO. Cristiada]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[México. CONSTITUCIÓN de 1917; artículos antirreligiosos.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO; Educación desde la Revolución de 1910]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO. Evangelización]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO. Planes Políticos en los siglos XIX y XX]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO. Partido Católico Nacional.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO. REFORMA, GUERRA Y LEYES DE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO; Universidades y Colegios Mayores]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MINA, Francisco Javier]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MISIONES jesuíticas en Paraguay y Río de la Plata s. XVII y XVIII]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MODUS VIVENDI en México (1929-1992)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MOLINA, Juan Ignacio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MONCAYO GARCÍA, José Pablo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MORA Y DE LA MORA, San Miguel de la]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MORELIA  (Arte Virreinal)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MORELOS Y PAVÓN, José María]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MORIN, Bernarda]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MOSQUERA Y ARBOLEDA, Manuel José]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MUNGUÍA Y NÚÑEZ, Clemente de Jesús]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MUJER en Uruguay]]'''&lt;br /&gt;
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'''[[MÚSICA en Chile]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÚSICA  PREHISPÁNICA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== N ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[NAVARRETE GUERRERO, Julia]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[NEZAHUALCÓYOTL]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[NOCHE TRISTE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[NUEVA ESPAÑA; Virreinato de la]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== O ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[OCOTLÁN; Nuestra señora de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ÓRGANOS DE LA CATEDRAL DE MÉXICO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ORONA MADRIGAL, San Justino]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[OVALLE, Alonso De]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== P ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PALAFOX Y MENDOZA, Juan de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PALOMAR Y VIZCARRA, Miguel]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PÁTZCUARO;  Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PEREYRA, Gómez Carlos ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PRO, Miguel Agustín]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PUEBLA; Tercera Conferencia del CELAM (1979)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PUEBLA DE LOS  ÁNGELES;  Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PUEBLA DE LOS  ÁNGELES; Ciudad ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Q ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[QUERÉTARO, Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[QUETZALCÓATL]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[QUINTO SOL (La cosmogonía azteca)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[QUIROGA, Vasco de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== R ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[RAMOS ARIZPE, José Miguel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[REYES SALAZAR, San Sabás]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[REGULES, Dardo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[REPISO MARTÍNEZ DE ORBE, Antonio ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ROBLES HURTADO,  José María]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ROMERO, Luis Francisco ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ROMERO DE TERREROS, Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ROMO GONZÁLEZ, Santo Toribio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ROSAS, Juventino]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ROSS EDWARDS, Juana]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[RUIZ DE ALARCÓN Y MENDOZA, Juan]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== S ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SAHAGÚN, Bernardino de Fray]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SÁNCHEZ DELGADILLO, San Jenaro]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SALAS, Antonia]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SOCIEDAD MEXICANA DE HISTORIA ECLESIÁSTICA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SAN CRISTÓBAL DE LAS CASAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SAN JUAN DE ULÚA.  Castillo-Fortaleza]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SAN LUIS POTOSÍ; Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SAN MIGUEL DE ALLENDE; Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SANTUARIO NACIONAL DE LA GRUTA DE LOURDES]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SANTUARIO NACIONAL DE LA VIRGEN DEL VERDÚN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SANTUARIO POPULAR DE SAN CONO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SIGÜENZA Y GÓNGORA, Carlos]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SIERRA MÉNDEZ, Justo ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SOTO, Fray Francisco de]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SUÁREZ, Sor Úrsula ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== T ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TILMA GUADALUPANA DE JUAN DIEGO CUAUHTLATOATZIN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TELPOCHCALLI]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TENOCHTITLAN; Capital del pueblo  Azteca]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TEOTIHUACÁN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TEPEYAC]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TEPEACA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TERESA DE MIER Y NORIEGA, Servando]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TEXAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TEXCOCO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TEZCATLIPOCA;  Deidad azteca]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TLAXCALTECAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TOLTECAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TONÁNTZIN (Cihuacóatl o Centeótl) ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TOTONACAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TULPETLAC]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== U ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[UBIARCO Robles, San Tranquilino]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[UNIVERSIDAD DE MÉXICO REAL Y PONTIFICIA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[UPPSALA; Mapa de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URIBE VELASCO, San David]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Los “curas constituyentes”]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Música folklórica]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Música sacra]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Piedad popular]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Oratorios rurales]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Primeras corrientes evangelizadoras]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Protestantismo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Rebeliones indígenas]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Santoral]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== V ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VALDÉS OSSA, Elisa ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VALDIVIESO, Rafael Valentín]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VALERIANO, Antonio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VAÏSSE, Emilio (Omer Emeth)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VARELA Félix; Vida y Obra]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VARELA Félix; Proceso de beatificación]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VASCONCELOS  CALDERÓN, José]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VELASCO Y RUIZ DE ALARCÓN, Luis de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VELAZQUEZ RODRÍGUEZ, Primo Feliciano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VIAJES DE JUAN PABLO II A MÉXICO]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VICUÑA LARRAÍN, Manuel ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VILLALPANDO, Cristóbal de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VILLANUEVA, Tomás de, O.S.A]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VILLARROEL, Gaspar DE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VIRUELA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VIVES SOLAR, Fernando ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== W ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== X ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Y ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[Yucatán en el Tiempo. Enciclopedia Alfabética]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Z ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ZAPATA  SALAZAR, Emiliano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ZAVALA SÁENZ, Lorenzo de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ZORRILLA DE SAN MARTÍN, Juan]]'''&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.56.173</name></author>
		
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		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.173: /* V */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;El objetivo de este glosario es facilitar el acceso a una definición de los principales términos que utilizamos en Wikipedia y en otros proyectos de la Fundación Wikimedia. Si no encuentras algún término de uso específico en Wikipedia o sus proyectos, bien puedes incluirlo en la lista para que alguien lo describa o preguntarlo en la página de discusión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
__NOTOC__&lt;br /&gt;
{{Índice}}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== A ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ABAD Y QUEIPO, Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ACADEMIA DE SAN CARLOS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ACADEMIA NACIONAL DE MEDICINA DE MEXICO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ACAMAPICHTLI]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ACTOPAN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ACTOPAN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ADAME Rosales, San Román]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[AGUASCALIENTES]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[AGUILAR ALEMÁN, San Rodrigo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ALAMÁN Y ESCALADA, Lucas]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ALDAY Y ASPEE, De Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ALTAMIRANO, Basilio Ignacio Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ALVA IXTLILXÓCHITL, Fernando de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ALVARADO, Tezozómoc Fernando]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ÁLVAREZ MENDOZA, San Julio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[AMÉRICA LATINA: El Término]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ANÁHUAC]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[APARICIO, Sebastián de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ÁRCIGA Y RUIZ DE CHÁVEZ, José Ignacio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARCHIVOS Y BIBLIOTECAS ECLESIASTICAS EN CHILE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARRANGOIZ Y BERZÁBAL, Francisco de Paula]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARTE PLUMARIO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
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=== B ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
'''[[BATIS SÁINZ, San Luis]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
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=== C ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
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'''[[CALOCA CORTÉS, San Agustín]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
'''[[CASAL, Julio J.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CASAL Muñoz, Marynés]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CATEDRAL DE MÉXICO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CATOLICISMO LIBERAL en Chile]]'''  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHALMA; Santuario del Señor de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHIAPA DE CORZO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHICHIMECA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHILE; Diócesis creadas en el siglo XX]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHILE; Financiamiento de la iglesia]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHILE; Órdenes y Congregaciones Religiosas]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHILE: SÍNODOS DIOCESANOS Y CONCILIOS PROVINCIALES]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHILE; Recepción de las encíclicas sociales]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHOLULA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHOLULA.  Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CIHUACÓATL; Deidad femenina de la mitología azteca]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CLAVIJERO, Francisco Javier]]''' &lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
'''[[COFRADÍAS EN CHILE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[COMPLEJO Tupí-Guaraní]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CONCEPCIÓN, DIÓCESIS DE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CONCILIO PLENARIO LATINOAMERICANO DE 1899]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CONQUISTA DE MÉXICO ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CORTÉS, Hernán]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CONCILIOS Y SINODOS LATINOAMERICANOS.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[COLÓN, Cristóbal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[COSÍO VILLEGAS, Daniel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CUEVAS, Mariano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CRUZ ALVARADO, San Atilano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CUAUHTÉMOC]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CUAUTITLÁN; Convento franciscano y Juan Diego Cuahutlatoatzin]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== D ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DEFENSA DEL INDÍGENA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DÍAZ DEL CASTILLO, Bernal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DOCUMENTOS DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL DE CHILE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DONOSO VIVANCO, Justo Pastor]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DU ROUSIER, Ana]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== E ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[EDUCACIÓN EN AMÉRICA LATINA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ERRÁZURIZ VALDIVIESO, Crescente]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ESCUDERO ESCUDERO, Alfonso María]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ESQUEDA RAMÍREZ, San Pedro]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[EYZAGUIRRE PORTALES, José Ignacio Víctor]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== F ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FERNÁNDEZ CONCHA, Domingo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FERNÁNDEZ CONCHA, Josefa]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FERNÁNDEZ CONCHA, Rosa]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FILOSOFÍA Náhuatl]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FLORES, Ana]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FLORES GARCÍA, San Margarito]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FLOR Y CANTO DEL NACIMIENTO DEL NUEVO MÉXICO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FLORES VARELA, San José Isabel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== G ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GALVÁN BERMÚDEZ, San David]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GARCÍA ACOSTA, Andrés]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GARCÍA DE LA HUERTA, Tadea]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GARCÍA ICAZBALCETA Joaquín]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GILLOW Y ZAVALZA, Eulogio Gregorio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GONZÁLEZ DE MARMOLEJO, Rodrigo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GONZÁLEZ, Juan]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ULTRAMONTANISMO EN CHILE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GÓMEZ DE PORTUGAL Y SOLÍS, Juan Cayetano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Acontecimiento Guadalupano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Atentado contra la Imagen]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Bibliografía general]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Descubrimientos arqueológicos en Estados Unidos]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; El Acontecimiento Guadalupano e Inculturación]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; El Santuario, su Culto y la Plaza Mariana]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Fuentes españolas]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Fuentes indígenas]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Informaciones jurídicas de 1666]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; La hipótesis de imágenes en sus ojos]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; La Virgen María y Juan Diego.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Misterio de los ojos en la pintura]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; RAÍZ DEL MUNDO CATÓLICO IBEROAMERICANO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUZMÁN LECAROZ, Joseph Francisco Xavier Miguel ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUANAJUATO; Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== H ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HABSBURGO, Maximiliano de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HIDALGO  Y COSTILLA GALLAGA, Miguel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HIJAR Y MENDOZA, Martín Alonso ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HOSPITAL DEL AMOR DE DIOS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HOSPITALES Y HOSPICIOS DE LA NUEVA ESPAÑA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HUEJOTZINGO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HUITZILOPOCHTLI; Deidad Azteca]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== I ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[INDEPENDENCIAS HISPANOAMERICANAS. EL CASO DE MÉXICO.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[INDIOS pueblo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ITURBIDE, Agustín de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ITZCÓATL]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== J ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[JESUITAS (Compañia de Jesús)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[JUAN DIEGO CUAUHTLATOATZIN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[JUAN DIEGO CUAUHTLATOATZIN; Descendientes]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[JUÁREZ GARCÍA, Benito]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== K ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[KUBLER, George Alexander ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== L ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LABASTIDA Y DÁVALOS, Pelagio  Antonio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LACUNZA Y DÍAZ, Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LAICISMO en chile]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LA IGLESIA EN EL SIGLO LIBERAL LATINOAMERICANO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LAMAS, José Benito]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LARRAÍN ERRÁZURIZ, Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LARROBLA, Juan Francisco]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LAS CASAS, Fray Bartolomé de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LAS CASAS, Fray Bartolomé de; ¿anti-negro?]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LICEO de Estudios Universitarios (LEU)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LIZÁRRAGA, DE Reginaldo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LÓPEZ DE GÓMARA, Francisco]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LÓPEZ DE SANTA ANNA, Antonio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LOS ANDES, Santa Teresa de Jesús De]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== M ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MAGALLANES JARA, San Cristóbal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MALINCHE; Tenépatl (Doña Marina)]]'''&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
'''[[MALDONADO MELÉNDEZ,  San Pedro]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MANRÍQUEZ Y ZÁRATE, José de Jesús]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MEDELLÍN, Diego De]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉNDEZ MONTOYA, San Jesús]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MENDIETA, Fray Gerónimo de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MENDOZA  Y PACHECO, Antonio de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO. Cristiada]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[México. CONSTITUCIÓN de 1917; artículos antirreligiosos.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO; Educación desde la Revolución de 1910]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO. Evangelización]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO. Planes Políticos en los siglos XIX y XX]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO. Partido Católico Nacional.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO. REFORMA, GUERRA Y LEYES DE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO; Universidades y Colegios Mayores]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MINA, Francisco Javier]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MISIONES jesuíticas en Paraguay y Río de la Plata s. XVII y XVIII]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MODUS VIVENDI en México (1929-1992)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MOLINA, Juan Ignacio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MONCAYO GARCÍA, José Pablo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MORA Y DE LA MORA, San Miguel de la]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MORELIA  (Arte Virreinal)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MORELOS Y PAVÓN, José María]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MORIN, Bernarda]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MOSQUERA Y ARBOLEDA, Manuel José]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MUNGUÍA Y NÚÑEZ, Clemente de Jesús]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MUJER en Uruguay]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÚSICA en Chile]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÚSICA  PREHISPÁNICA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== N ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[NAVARRETE GUERRERO, Julia]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[NEZAHUALCÓYOTL]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[NOCHE TRISTE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[NUEVA ESPAÑA; Virreinato de la]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== O ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[OCOTLÁN; Nuestra señora de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ÓRGANOS DE LA CATEDRAL DE MÉXICO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ORONA MADRIGAL, San Justino]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[OVALLE, Alonso De]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== P ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PALAFOX Y MENDOZA, Juan de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PALOMAR Y VIZCARRA, Miguel]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PÁTZCUARO;  Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PEREYRA, Gómez Carlos ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PRO, Miguel Agustín]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PUEBLA; Tercera Conferencia del CELAM (1979)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PUEBLA DE LOS  ÁNGELES;  Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PUEBLA DE LOS  ÁNGELES; Ciudad ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Q ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[QUERÉTARO, Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[QUETZALCÓATL]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[QUINTO SOL (La cosmogonía azteca)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[QUIROGA, Vasco de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== R ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[RAMOS ARIZPE, José Miguel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[REYES SALAZAR, San Sabás]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[REGULES, Dardo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[REPISO MARTÍNEZ DE ORBE, Antonio ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ROBLES HURTADO,  José María]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ROMERO, Luis Francisco ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ROMERO DE TERREROS, Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ROMO GONZÁLEZ, Santo Toribio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ROSAS, Juventino]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ROSS EDWARDS, Juana]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[RUIZ DE ALARCÓN Y MENDOZA, Juan]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== S ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SAHAGÚN, Bernardino de Fray]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SÁNCHEZ DELGADILLO, San Jenaro]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SALAS, Antonia]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SOCIEDAD MEXICANA DE HISTORIA ECLESIÁSTICA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SAN CRISTÓBAL DE LAS CASAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SAN JUAN DE ULÚA.  Castillo-Fortaleza]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SAN LUIS POTOSÍ; Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SAN MIGUEL DE ALLENDE; Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SANTUARIO NACIONAL DE LA GRUTA DE LOURDES]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SANTUARIO NACIONAL DE LA VIRGEN DEL VERDÚN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SANTUARIO POPULAR DE SAN CONO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SIGÜENZA Y GÓNGORA, Carlos]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SIERRA MÉNDEZ, Justo ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SOTO, Fray Francisco de]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SUÁREZ, Sor Úrsula ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== T ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TILMA GUADALUPANA DE JUAN DIEGO CUAUHTLATOATZIN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TELPOCHCALLI]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TENOCHTITLAN; Capital del pueblo  Azteca]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
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'''[[TEXAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TEXCOCO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TEZCATLIPOCA;  Deidad azteca]]'''&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
=== U ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[UBIARCO Robles, San Tranquilino]]'''&lt;br /&gt;
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'''[[UNIVERSIDAD DE MÉXICO REAL Y PONTIFICIA]]'''&lt;br /&gt;
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=== V ===&lt;br /&gt;
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=== W ===&lt;br /&gt;
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=== X ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Y ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[Yucatán en el Tiempo. Enciclopedia Alfabética]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Z ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ZAPATA  SALAZAR, Emiliano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ZAVALA SÁENZ, Lorenzo de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ZORRILLA DE SAN MARTÍN, Juan]]'''&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.56.173</name></author>
		
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