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	<title>Dicionário de História Cultural de la Iglesía en América Latina - Contribuciones del usuario [es]</title>
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	<subtitle>Contribuciones del usuario</subtitle>
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		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=EVANGELIZACI%C3%93N_DE_AM%C3%89RICA;_los_primeros_evangelizadores_y_sus_m%C3%A9todos&amp;diff=6618</id>
		<title>EVANGELIZACIÓN DE AMÉRICA; los primeros evangelizadores y sus métodos</title>
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		<updated>2014-09-25T18:42:04Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.161: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;==I. Santa María, la primera misionera==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''“Ante la expedición guiada por Cristóbal Colón se abrieron tierras desconocidas y apareció un Nuevo Mundo. Y a la vez, el mismo Dios que a los descubridores, rodeados por el abismo del inmenso océano, permitió un día dar el grito de ¡tierra, tierra!, El mismo «ha hecho brillar la luz en nuestros corazones, para irradiar el conocimiento de la gloria de Dios que está en la faz de Cristo» (2 Cor 4,6). Este fue el principio salvífico del conocimiento de la gloria de Dios que está en la faz de Cristo: el comienzo de la evangelización de América, el comienzo de la fe y de la Iglesia en el Nuevo Mundo”.''&amp;lt;ref&amp;gt;Juan Pablo II, ''Homilía en San Domingo'' (11.X.1984), en ''Insegnamenti di Juan Pablo II'', VII/2, 877;  La ''Traccia'' 9, 1984, 1120.&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así se expresó el papa Juan Pablo II en Santo Domingo en 1984, con ocasión de la apertura de la novena de años de preparación al V Centenario del inicio de aquella evangelización. Y continuó: ''«América Latina se ha convertido en la tierra de la nueva visitación. Porque sus habitantes han acogido a Cristo, traído en cierto sentido en el seno de María, cuyo nombre llevaba ya una de las tres carabelas de Colón. Y se ha unido de modo particular a Cristo mediante María. Por ello este continente es hasta hoy testigo de una particular presencia de la Madre de Dios en el misterio de Cristo y de la Iglesia (Lumen Gentium, c. VIII, 52-65). Aun externamente, las tierras de la nueva evangelización denotan esa presencia singular de María, con sus cerca de 2.000 nombres de ciudades, villas y lugares referidos a los misterios y advocaciones de la Virgen Santísima…»&amp;lt;ref&amp;gt;Juan Pablo II, ''Ibidem'',  en ''Insegnamenti'' VII/2, 879-880; La ''Traccia'' 9 (1984) 1121.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Por eso «decir Iberoamérica quiere también decir &amp;quot;María&amp;quot;, es decir: &amp;quot;Guadalupe, Altagracia, Luján, La Aparecida, Chinquinquirá, El Carmen, Supaya y tantos otros títulos marianos&amp;quot;.''&amp;lt;ref&amp;gt;Juan Pablo II, ''La dimensión apostólica, misionera y mariana de la Iglesia Católica que está en tierra de España,'' Zaragoza (10.X.1984), en ''Insegnamenti,'' VII/2, 868.&amp;lt;/ref&amp;gt;En aquella ocasión, Juan Pablo II concluía su discurso de apertura de aquella &amp;quot;novena de años&amp;quot; con la oración que recitaban al alba los marinos de Colón: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
:::''&amp;quot;Bendita sea la luz''&lt;br /&gt;
:::''&amp;quot;y la Santa Veracruz''&lt;br /&gt;
:::''&amp;quot;y el Señor de la Verdad''&lt;br /&gt;
:::''&amp;quot;y la Santa Trinidad.''&lt;br /&gt;
:::''&amp;quot;Bendita sea el alba''&lt;br /&gt;
:::''&amp;quot;y el Señor que nos la manda,''&lt;br /&gt;
:::''&amp;quot;Bendito sea el día''&lt;br /&gt;
:::''&amp;quot;y el Señor que nos lo envía&amp;quot;. Amén ''&amp;lt;ref&amp;gt;Juan Pablo II, ''Homilía'' (Santo Domingo 12.X.1984), en ''Insegnamenti'' VII/2, 897.&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquella luz llegó de manos de María, y María estará presente en todo el proceso evangelizador de América con una presencia tangible. Ella es por lo tanto la primera misionera. Por eso, en el proceso de anuncio misionero y de encuentro entre culturas y pueblos tan diferentes -y frecuentemente contrapuestos- encontramos inmediatamente la figura de María como primera misionera, artífice de tal proceso, y ''“estrella de la evangelización”,''como es llamada en numerosos documentos pontificios y episcopales. En el caso de México, tendrá una importancia capital el Acontecimiento guadalupano (1531), anuncio misionero y catecismo pictográfico en los comienzos de la evangelización&amp;lt;ref&amp;gt;F. Gonzalez Fernández, Fidel, ''La &amp;quot;Traditio&amp;quot; Guadalupana cómo clave de lectura de la historia de la evangelización en latinoamérica,'' en W. Henkel, O.M.I, ''Ecclesiae Memoria. Miscelánea en honor del R. P. Josef Metzler, O.M.I, Prefecto del Archivo Segreto Vaticano.'' Herder. Roma-Freiburg-Wien 1991, 407-429.; IDEM, ''Guadalupe: pulso y corazón de un pueblo. El Acontecimiento gudadalupano cimiento de la fe y de la cultura americana.'' Ed. Encuentro, Madrid 2004; González Fernández, F., - Chávez Sánchez, E., - Guerrero Rosado, J.L., ''El encuentro de la Virgen de Guadalupe y Juan Diego,'' Ed. Porrúa, México 1999.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Hay que recordar que el primer catecismo para los indios en México, el de Fray Pedro de Gante fue, precisamente, pictográfico. Por su parte los obispos latinoamericanos reunidos en Puebla señalaban este hecho al afirmar:''“El Evangelio encarnado en nuestros pueblos los congrega en una originalidad histórica cultural que llamamos América Latina. Esa identidad se simboliza muy luminosamente en el rostro mestizo de María de Guadalupe que se yergue al inicio de la Evangelización”''&amp;lt;ref&amp;gt;CELAM, ''Documento de Puebla'', n. 446&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==''II.  Las órdenes religiosas: misioneras de América Latina''==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''''1. Quiénes fueron estos misioneros''''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El historiador Fernández de Oviedo, testigo de los hechos que narra, apunta en una de sus crónicas sobre la llegada de los primeros religiosos misioneros en las Américas una frase que sintetiza aquel impresionante movimiento misionero:''“Llovieron los frailes”''.&amp;lt;ref&amp;gt;Gonzalo Fernandez de Oviedo, ''Historia general y natural de las Indias.'' I-IV. Edición y estudio preliminar de Juan Pérez de Tudela Bueso. Madrid 1959, 5 vols., &amp;quot;Biblioteca de Autores Españoles &amp;quot;, vol. 117-121. Cf. Jerónimo de Mendieta, OFM, ''Historia eclesiástica indiana,'' 35 bis, obra escrita al final del s. XVI; fue publicada por la primera vez por Joaquín Garcia Icazbalceta, México 1870; C. Nouel, ''Historia eclesiástica del arquidiócesis de San Domingo, primada de América,'' T. I, Roma 1913, 17; L. Lopetegui, SJ - F. Zubillaga, SJ, ''Historia del Iglesia en la América Española,'' BAC, Madrid 1965, 213-217; 220-221.&amp;lt;/ref&amp;gt;La evangelización comienza en  1493 con el segundo viaje de Colón. Los Reyes Católicos mandan a Bernardo Boyl (c.1445-c.1506) como “vicario pontificio”, encargándole comenzar la instrucción catequética de los indios de las Nuevas Tierras y de algunos indios traídos a España por Colón y devueltos a su patria. Junto con él viajan algunos franciscanos que son los pioneros de aquellos comienzos. ¿Quién era Boyl? Probablemente aragonés de nacimiento, compañero del rey Fernando el Católico y después su secretario y consejero, Boyl era un hombre culto y polifacético. Ermitaño benedictino en Monserrat (1480), sacerdote (1481), vicario general de Monserrat, nombrado por el abad comendatario de aquella abadía benedictina, el cardenal de la Rovere (futuro Julio II), comenzó una reforma de la misma; durante una misión diplomática en Francia, conoció a san Francisco de Paula, fundador de la nueva Orden de los mínimos, y admirando su santidad de vida, entró en la misma; de vuelta a España, y sostenido por los Reyes Católicos, comenzó a difundirla en España.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tras el primer viaje de Colón y con claros propósitos misionales, el rey Fernando le pide que vaya a las Indias como vicario pontificio (7 de junio de 1493), petición confirmada por el papa Alejandro VI en la bula ''Piis fidelium''25 de junio de 1493); partió para las Indias en aquel segundo viaje de Colón el 25 de septiembre de 1493, como vicario pontificio, pero sin ser obispo u ostentar otro título. Su gobierno es discutido por los historiadores; y en la isla ''Isabela''tuvo fuertes contrastes con Colón. A la actitud violenta y cruel de Colón, respondía el vicario con el entredicho; además las dificultades enormes del clima y de las lenguas totalmente desconocidas, lo sumen en una fuerte frustración, por lo que pasado un año, vuelve “muy doliente” (en frase del rey) a España (3 de diciembre de 1494). El primer envío misionero había salido desde Cádiz el 15 de septiembre de 1493 en una expedición compuesta de 1500 personas, casi todos soldados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los misioneros eran: Boyl, el hermano laico jerónimo fray Roman Pané, el mercedario Juan Infante y tres franciscanos: el sacerdote Rodrigo Pérez y los hermanos laicos franceses Juan Deleudele y Juan Tisim o Cosin. Del primer franciscano no se hablará más, mientras se sabe más de los otros dos, que serán los primeros promotores de la actividad misionera franciscana en las Américas. Llegaron al Caribe el 3 de noviembre. Aquellos dos primeros franciscanos, franceses, en una carta al general de la orden, fray Oliviero Maillardi, el 12 de octubre de 1500, hablarán de cómo los indios deseanban el bautismo, y que habían bautizado ya tres mil de ellos, por lo que pedían nuevos misioneros.&amp;lt;ref&amp;gt;Cf. Lopetegui-Zubillaga, ''o. c.'', 22.&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se podrá discutir sobre el valor dado a los números en las relaciones de la época, pero no cabe duda de los bautismos masivos de nativos.  El 6 de enero de1494, el padre Boyl celebra la misa de fundación de la ciudad, que se llamará Isabela&amp;lt;ref&amp;gt;Cf. ''DHEE: Boyl,'' I, 281-282.&amp;lt;/ref&amp;gt;. ¡Comienza así la evangelización! Estos primeros momentos son marcados por desastres, disputas y miserias de todo tipo entre los españoles, desastres en la población indígena causados por el contacto y trato con los recien llegados (esclavitudes, enfermedades, que causan continuas muertes), canibalismo entre algunos grupos de indígenas, como los llamados “indios bravos” de algunas islas del Caribe, en contraposición a otros que son llamados “mansos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los primeros misioneros franciscanos se conformaron mejor con el entorno y entendieron más cumplidamente a los indios. Estos frágiles comienzos de la evangelización continuan ''&amp;quot;con la barcada de 17 franciscanos idos en 1501”.''Se trata del envío de Nicolás Ovando, que va a tomar el mando de La Española después del desastroso gobierno de Cristobal Colón y de su sucesor Bobadilla. Llega en el abril del 1502. Entre los 2.500 hombres que llegaron en 32 barcos mandados por Antonio Torres, se encontraban: 17 franciscanos, 12 padres y 4 hermanos laicos, bajo la dirección del padre guardián Alonso del Espinal. Se encontraba también en aquel envío Bartolomé de Las Casas&amp;lt;ref&amp;gt;Leonhard Lemmens, OFM, ''Geschichte der franziskanermissionari, Veroffentlichungen des Internationalen Instituts für Missionswissenschaftliche Forschungen, Missionswissenschaftliche Abhanddlungen und Texte,'' vol. 12, Münster i. W. 1929, 197; pero Nouel, o. c., dice que fueron 11; y Amando Melon y Ruiz de Gordejuela, ''Los primeros tiempos del colonización. Cuba y las Antillas. Magallanes y el primera vuelta al mundo,'' Barcelona-Madrid-Buenos Aires 1952 (= ''Historia de América y de los pueblos americanos,'' dirigida par Antonio Ballesteros y Beretta, t. 6; Lopetegui-Zubillaga, ''o. c.'', 239.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Los misioneros por antonomasia fueron en su mayoría religiosos. Pertenecieron a la crema y nata de la vida religiosa española. Llegaron a las Américas en este orden: los franciscanos (1501), los dominicos (1510), los agustinos (1532), los jesuitas, (en la América española en el 1566), los carmelitas descalzos (1585): los primeros diez carmelitas descalzos que van a las Américas son destinados a México. Parece que en el hecho haya tenido un notable influjo Santa Teresa misma. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Partieron de Sanlúcar en el mismo barco que llevó al virrey don Álvaro Manrique de Zúñiga, 1585-1589, el 6 de julio de 1585, y  llegaron a San Juan Ulúa el 26 de septiembre, y a Ciudad de México el 18 octubre del mismo año. Los mercedarios, (1519, 1537 y 1589) llegan desde los álbores de la evangelización; en los comienzos de manera individual. Un mercedario ya se encuentra entre los primeros misioneros llegados al Nuevo Mundo en el 1493; otros lo seguirán en los primeros años. Fray Bartolomé de Olmedo, mercedario, fue el prudente capellán de Cortés. Va a las Antillas en  1516. En 1518 ya aparece como capellán de Cortés. Se puede decir que es el primer misionero en México, sea como evangelizador, sea como consultor de Cortés y su moderador. Entendió la transcendencia de la llegada a México. Puede ser considerado como fundador de la Iglesia en la nación azteca. Los errores que Cortés cometió siempre fueron por no haber seguido las indicaciones de Olmedo, que quiso se entrara en una relación pacífica con Montezuma y los aztecas. Fue él quién solicitó la intervención pontificia y suscitar la bula ''Omnimoda''de Adriano VI; también colaboró en la redacción cortesiana de los Ordenanzas, y parece que haya participado en las conocidas ''Cartas de Relación'' que Cortés escribió a Carlos V. Se opuso siempre a la violencia y a la constricción para imponer la fe cristiana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Según Bernal, Alamán, Sigiienza, Góngora y del Valle Arizpe, Olmedo fue el alma de la fundación del hospital de Jesus Nazareno, el primero en México. Se habla también de otros tres mercedarios compañeros de Olmedo. Él acogió a los primeros doce apóstoles franciscanos de México en junio de 1524, y murió en el octubre del mismo año. Las fuentes contemporáneas nos hablan de las dotes humanas y cristianas de este misionero. Después de Olmedo, llegaron a México otros doce mercedarios en 1530, dos de ellos fueron a Guatemala en 1537 con el obispo Francisco Marroquin (1536-1563). Pero la fundación de un convento fue en 1589 en la Ciudad de México con la aprobación de Madrid (1595) y de Roma (1596), y no sin la oposición de las demás Órdenes allí ya presentes. En esta época ya se encontraban en la Nueva España más de 40 religiosos de la orden. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los benedictinos llegaron a México en 1602 para ocupar el priorato de Nuestra Señora de Monserrat, el que será establecido definitivamente sólo en 1614. Se trata de una pequeña comunidad de cinco o seis monjes que se dedicaron a actividades culturales y educativas, según la tradición benedictina. Las congregaciones de caridad (servicio a los enfermos, huérfanos, etc...) son varias. Entre ellas encontramos la Congregación de la Caridad o de S. Hipólito (hospitalarios) (1594), que era una asociación secular fundada por Bernardino Alvarez. Clemente VIII con un breve del 2 de abril de 1594, les concede los mismos privilegios ya dados a los Hermanos de San Juan de Dios, con la facultad de formar una congregación con la emisión de los votos simples de castidad y pobreza y designar capitularmente al superior general. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En 1700 Clemente XI les concediólos privilegios de los frailes mendicantes y de la Congregación de los clérigos ministros de los enfermos (los camilos);&amp;lt;ref&amp;gt;Lopetegui-Zubillaga, 736.&amp;lt;/ref&amp;gt;los hermanos de S. Juan de Dios (1603), que llegaron a México para cuidar del hospital del Espíritu Santo, en su camino hacia México se instalaron con el mismo fin en la Habana, y también en Nuevo Príncipe y en Nicaragua. Llegaron a México en  1603, encontrando que el hospital estaba ya en manos de la congregación de San Hipólito; se encargaron de otro, el de Nuestra Senora de los Desamparados, fundado por el médico Pedro López y que se sustentaba con las limosnas de los fieles de la capital. Estos religiosos cuidarán de más de quince hospitales de la Nueva España y de Nicaragua;&amp;lt;ref&amp;gt;Lopetegui-Zubillaga, 736-737.&amp;lt;/ref&amp;gt;los ermitaños de S. Antonio Abad (1628), que levantaron en la ciudad de México un hospital y una iglesia, con una comunidad que en media no superará nunca la docena; la orden será suprimida en el 1787&amp;lt;ref&amp;gt;Lopetegui-Zubillaga, 736.&amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La orden de los llamados betlemitas (1655) fue la primera orden religiosa hospitalaria nacida en las Américas, en  Guatemala; fundada por san Pedro de San José de Betancourt, nacido en Tenerife (Canarias) el 16 de mayo de 1619 y muerto en Guatemala el 25 de abril de 1667,  canonizado el 30 de julio de 2002 en la ciudad de Guatemala por Juan Pablo II; la orden quiso ser una respuesta a las necesidades de los enfermos abandonados y apestados; encontrará la ayuda de los jesuitas y del obispo de Guatemala, fray Payo de Ribera OSA (1658-1667); cuando este obispo fue trasladado a México, los llamó y les encargó del hospital del amor de Dios, fundado por el primer obispo de México, Juan de Zumarraga. La orden fue suprimida por los Cortes Españolas en  1820. Dirigió con gran caridad 22 hospitales en el Perú y 10 en la Nueva España y otros en Cuba y a Guatemala&amp;lt;ref&amp;gt;Lopetegui-Zubillaga, 738-739.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Los capuchinos llegaron en 1647 a las Américas (los Capuchinos de Castilla), con una fundación en el Darién (Panamá), que debieron abandonar pronto; dos años después fundaron en Cumanà (Venezuela), y de aquí salieron todas sus fundaciones de Venezuela, Trinidad y Guayana.; en el siglo XVIII trabajaron también en Louisiana (América del Norte)&amp;lt;ref&amp;gt;Cf. art. ''Capuchinos, en DHE'', p. 341).&amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En Brasil, bajo el Patronato portugués, la llegada de los misioneros sigue este orden: los primeros fueron los franciscanos&amp;lt;ref&amp;gt;Manuel Pereira, ''Actividade evangelizadora dos Franciscanos Portugueses no Brasil durante o séc. XVI'', en ''Itinerarium'' 34 (1988) 150-170; Maria do Carmo Tavares de Miranda, ''Os franciscanos primeiros Missionarios do Brasil,'' en ''Itinerarium'' 15 (1969) 33-59; Venantius Willeke, O.F.M, ''Missöes Franciscanas no Brasil (1500-1973),'' Petropolis 1974.&amp;lt;/ref&amp;gt;y el clero secular llegado después del 1500; la Compañía de Jesús: comienza su presencia en Brasil a partir de 1549 con los jesuitas Nóbrega, Anchieta, Navarro, el beato Ignazio de Azevedo, Vieira entre otros, hasta su expulsión por el marqués de Pombal en  1759. Pusieron los fundamentos de algunas de ciudades más prósperas de Brasil; abrieron escuelas; construyeron colegios e iglesias, puentes y caminos; inauguraon nuevos métodos misioneros, característicos de la historia misionera de la Compañía, y en muchos casos sellaron con su sangre el testimonio del Evangelio. Otras órdenes misioneras en Brasil fueron los benedictinos (1582), los carmelitas (1584) y los capuchinos (1612). A estos misioneros hay que añadir los numerosos miembros del clero secular y otros religiosos llegados como comunidad más tarde. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Según Schäfer, los misioneros que llegados a las Américas en el siglo XVI habrían sido: 2200 franciscanos; 1600 dominicos; 300 agustinos; 350 jesuitas&amp;lt;ref&amp;gt;Ernst Schafer, ''El consejo real y supremo de las Indias. Sobre historia, organización y labor administrativa hasta la terminación de la casa de Austria,'' T. I: ''Historia y organización del Consejo y de la Casa de Contratación de las Indias;'' T. 2: ''La labor del Consejo de Indias en el administración colonial,'' Sevilla 1935-1947.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Aspurz da una estadística algo diferente: alrededor de 2000 franciscanos; 900 dominicos; 1200 agustinos; 550 jesuitas; 250 mercedarios; 150 carmelitas y 600 clérigos seculares&amp;lt;ref&amp;gt;Lázaro de Aspurz, O.F.M.Cap, ''La aportación extranjera a las misiones espanolas del patronato regio, Tesis'' para el doctorado en el Facultad de Historia Eclesiastica de la Pontificia Universidad Gregoriana, Madrid 1946; IDEM, ''La idea misional fuera del peninsula Ibèrica en los siglos XVIS y XVII, en Missionalia Hispanica'' 1 (1944, 497-515; IDEM, ''Magnitud del esfuerzo misionero en España, en Missionalia Hispanica'' 3 (1946) 99-173.&amp;lt;/ref&amp;gt;. La diferencia de las cifras se debe al hecho que la distribución misionera no fue igual en todas las regiones. Seguramente los agustinos fueron más numerosos de lo que calcula Schäfer&amp;lt;ref&amp;gt;Así  piensa P. Borges Moran, ''Envío de Misioneros. América durante el época española,'' Salamanca 1977, 35-37.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Los misioneros destinados a la América española provenían, en su mayoría, de España, un 85 por ciento, pero también encontramos misioneros procedentes de otras partes de Europa, sobre todo de territorios bajo la Corona española&amp;lt;ref&amp;gt;Isaac Vazquez, O.F.M, ''Un plan inédito para el evangelización de América: el creación de una Comisaría general indiana en 1505,'' en ''Antonianum'' 54 (1979) 487-526; Elena Vázquez Vázquez, ''Distribución geogràfica y organización de las órdenes religiosas en la Nueva España, siglo XVI,'' México 1965&amp;lt;/ref&amp;gt;. Eran seleccionados para la misión por sus propias Órdenes junto a la Corona, que sufragaba los gastos. El otro 15 por ciento eran ''“criollos”,'' es decir nacidos en América. La cifra mínima de misioneros enviados a las Indias a lo largo del período virreinal (colonial) (siglos XVI-XVIII) se calcula aproximadamente en 16000.&amp;lt;ref&amp;gt;P. Borges Moran, ''El envío de misioneros,'' 67-76; 261-3x0; 536-539; ''Misión y civilización'', pp. 15-16. José Castro Seoane, O. de M., ''Aviamento y catalogo de misiones y misioneros que en el siglo XVI pasaron de España a Indias y Filipinas según los libros de Contratación, en Missionalia Hispanica'' 13 (1956) 83-140; 14 (1957) 105-173; 17 (i960) 5-80; 18 (1961) 67-153; 20 (1963) 257-317; 32 (1975) 5-54. Encontramos también algunos flamencos entre los primeros misioneros franciscanos. Así en el caso de México, los primeros tres franciscanos que llegan en el 1523 son flamencos.&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el caso del Brasil, la mayoría eran portugueses, aunque no faltaron españoles (especialmente jesuitas), franceses e italianos.  Estos frailes misioneros eran en gran parte sacerdotes y tenían una buena preparación intelectual según los cánones del tiempo. Pertenecían a las llamadas “congregaciones” o Provincias de observancia (reformadas) en el seno de las antiguas Órdenes religiosas, o eran miembros de nuevas Órdenes fundadas recientemente como la Compañía de Jesús.  Hay que señalar también el trabajo de los hermanos religiosos laicos que a veces supera al de los sacerdotes, sobre todo al principio  En este trabajo se distinguieron algunos hermanos laicos. Recordamos así los primeros franciscanos en las Antillas: Juan Deledeule y Juan Tisin, el hermano Jerónimo Román Pané, que escribió una primera relación sobre las costumbres de los amerindios y el laico Cristóbal Rodríguez, marinero de Palos de Moguer (el puerto de donde partió Colón)''“los cuales sólo después de cinco años viviendo como los indios, dominaron sus diferentes lenguas, predicaron con su vida austera, y su palabra fue creída sinceramente, consiguiendo la conversión de Juan Meo Guativaca con su familia, el que morirá proclamando delante de sus asesinos: &amp;quot;yo soy siervo de Dios”.''&amp;lt;ref&amp;gt;Cit. en L. Tormos, en ''DHEE;'' Mendieta, ''Historia,'' Libro I. que trata de la introducción del Evangelio y Fe cristiana en las isla Española y sus comarcas, que primeramente fueron descubiertas, cap. XXXV: . Ramón Pané era un monje de la Orden de San Jerónimo, de origen catalán, nacido en la segunda mitad del siglo XV. Acompañante de Cristóbal Colón en su segundo viaje a las indias, fue quizá el primer europeo en estudiar y aprender una lengua indígena, el taíno, hablado en la isla de La Española. Por encargo del almirante Cristóbal Colón, investigó y escribió el primer tratado escrito por los españoles en América: ''Relación acerca de las antigüedades de los indios.''&amp;lt;/ref&amp;gt;Entre estos primeros evangelizadores hay que citar al laico Roman Pané que aprende las lenguas indígenas y escribe una memoria sobre el lenguaje, religión, empleos y costumbres de los nativos; el mercedario Juan Infante convierte también toda una familia, de 17 miembros; su adhesión a la fe fue sincera ya que tres de ellos morirán asesinados por sus paisanos, mientras proclamaban que eran siervos de Dios&amp;lt;ref&amp;gt;En relación al papel de los laico en la evangelización, cf. Gabriel Guarda, ''Los laicos en el cristianización de América, siglos XV-XIX,'' Santiago 1973.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Mendita en su Historia escribe: “Volviendo, pues, á nuestro propósito de la conversión de los indios que á los principios en aquella isla se hizo….”&amp;lt;ref&amp;gt;Mendieta, Historia…, Libro I, cap. VI….&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tampoco no eran sacerdotes algunos de los primeros frailes franciscanos.Un capítulo todavía por estudiar a fondo, es el del papel de la mujer en la evangelización de las Américas. En el campo de la vida religiosa, según la práctica del tiempo, encontramos muy pronto conventos de monjas según el modelo de la Península Ibérica, diseminados en las ciudades que surgen a lo largo de la geografía latinoamericana. A partir de finales del siglo XVII constituirá una novedad la Compañía de María, fundación de origen francés y que representa un nuevo estilo de vida religiosa en el mundo femenino&amp;lt;ref&amp;gt;La Compañía de María pertenece a aquel movimiento de vida consagrada desarrollado a partir del siglo XVI con la reforma de los antiguos órdenes religiosas femeninas o con la fundación de nuevas formas de vida consagrada de modo original y creativo: Angela Merici (1474-1540), Teresa de Jesús (1515-1582), Juana de Lestònnac (1556-1640), Mary Ward, 1585-1645 y otras. La Compañía de María es fundada por Juana de Lestònnac en Francia con la aprobación del cardenal De Sourdis de Burdeos, el 25 de marzo de 1606, siguiendo las Constituciones de la Compañía de Jesús adaptadas a sus necesidades. El instituto fue aprobado por Paolo V con el breve ''Salvaloris et Domini'' del 7.IV.1607, con el nombre de Orden de la Compañía de Maria Nuestra Señora. Resulta encontrarse así entre los primeros institutos religiosos docentes femeninos aprobados por la Iglesia. Pilar Foz y Foz, ODN, ''Fuentes Primarias para el historia de la educación de la mujer en Europa y América. Archivos Históricos. Compañía de María Nuestra Señora,'' Roma 1989.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Estas religiosas pasarán a las Américas, iniciando su presencia a partir de Haití, colonia francesa desde 1697 como resultado del tratado de Ryswick. Ellas fundarán una casa en ''Cap Français'' en 1733, entre la población negra y criolla. La segunda fundación-colegio de la Compañía de María será la de México, en  1754. Éste es el punto de partida de una segunda etapa en la historia de la educación de la mujer en las Américas&amp;lt;ref&amp;gt;Foz y Foz, o. c, 23-26; P. Foz y Foz, ''La revolución pedagógica en Nueva España, 1754-1820,'' Tomo I, Madrid 1981, 347-374.&amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En efecto, contra la pasividad de las autoridades y el mundo intelectual ilustrado, serán algunas de estas monjas de la Compañía de María las que lucharán contra la discriminación cultural de la mujer. Han sido promotoras en México, Chile y en la Nueva Granada (Colombia) de colegios para chicas. Ellas hicieron posible ''“la primera innovación de los métodos de enseñanza verificados en el siglo XVIII, envuelta en vestidos religiosos&amp;lt;ref&amp;gt;Asunción Laurin, ''Women in Spanish American Colonial Society,'' en ''The Cambridge History of Latin América,'' II, ''Colonial Latin América,'' Cambridge 1985, 340-341.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Así “monjas especialmente preparadas como maestras, comenzaron a hacer progresos a partir de las iniciativas esporádicas que otras monjas hicieron en los siglos anteriores”.''&amp;lt;ref&amp;gt;Asunción Laurin, ''o. c.'', 340-341. Ellas fueron: María Ignacia de Azlor en México, Juana Torres y Salguero en Santiago de Chile y Clemencia de Caycedo y Vélez en Santafé de Bogotá. Las nuevas experiencias se llevan a cabo en México (1754), en Mendoza, Rio de la Piata, en el obispado de Santiago de Chile, (1780), y en Santafé de Bogotá (1783). Cf. Foz y Foz, o. c., 25.&amp;lt;/ref&amp;gt;Se debe notar que una experiencia educativa para las jóvenes y que puede considerarse fundante, había sido iniciada en México con las indígenas por el primer obispo de México Zumárraga, en el siglo XVI, y con experiencias piloto como las del jesuita Herdoñana en el siglo XVIII. En 1811 se transformó el Colegio beaterio de Guadalupe de Indias, en Convento de Indias de Guadalupe o Nueva Enseñanza, en la ciudad de México. Ya con una Real Cédula del 22 de mayo de 1774, Carlos III había transformado las antiguas instituciones educativas. Aquella Cédula prohibía el trabajo educativo en las escuelas a las órdenes religiosas que no tuvieran tal finalidad definida en sus Reglas y Constituciones. La Compañía de Maria fue el único caso conforme a tal ley, de aquí su gran influjo sucesivo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se puede por tanto afirmar que los grandes evangelizadores en América y los animadores misioneros en España, fueron entonces los miembros de las grandes órdenes religiosas. El historiador  V. Carro recuerda todo lo que el historiador norteamericano protestante, J. Brown Scott escribe respecto al Maestro Vitoria:''“Yo, protestante y anglosajón, declaro que Fray Francisco de Vitoria, latino, católico y fraile dominico, tiene que ser considerado como el fundador de la Escuela moderna de Derecho Internacional”.''Carro escribe que basta con cambiar los términos y aplicarles a los misioneros españoles de los siglos XVI – XVII el mismo juicio como ''“los fundadores de la escuela moderna de evangelización”.''&amp;lt;ref&amp;gt;V. Carro, ''La Teología y los teólogos-juristas españoles antela conquista de América2'', Salamanca, 676.&amp;lt;/ref&amp;gt;Este cuadro sumario sobre la procedencia de los misioneros nos indica ya el hecho de una selección y nos obliga a preguntarnos sobre el por qué de tal selección y de los criterios que la han inspirado para poder entender mejor la metodología misionera y el &amp;quot;temperamento&amp;quot; del Catolicismo Latinoamericano así como la teología y la experiencia cristiana de estos religiosos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''''2. Por qué religiosos'''''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La selección de los misioneros fue compleja y esmerada. Fue indispensable que los misioneros fueran hombres de vida ordenada y santa. Además, se permitía ir como misioneros a América solamente a los que lo pedían explícitamente. Eso explica por una parte, por qué se preferirán los religiosos reformados y por otra parte, la dedicación convencida de estos misioneros a su vocación. Robert Ricard, hablando de la evangelización de México (pero sus afirmaciones son válidas para todo el continente) escribe: ''¿Quiénes han sido los artífices de esta conquista? ¿Quién los fundadores y los organizadores de esta Iglesia? Conquista, fundación y organización han sido esencialmente obra de las Órdenes Mendicantes, y nos sea lícito insistir sobre el hecho, precisamente, de las Órdenes en cuanto Órdenes. Hecho muy particular, y digno de ser ponderado, es que las Iglesias de la América española fueron fundadas por religiosos mendicantes, independientemente del episcopado, cuya autoridad habría ido a toparse con los privilegios pontificios concedidos al Clero Regular. Por otra parte, la mediocridad tanto en el número como en la calidad del clero secular, no les dejó a los obispos posibilidad alguna para ejercer una actividad apostólica distinta de la de las órdenes religiosas. Puede incluso considerarse el rol de los sacerdotes seculares como digno de ser dejado a un lado, y los mismos obispos, al menos en referencia a los indios, quedaron en segundo término. Nadie puede dudar que haya habido nobles excepciones como aquella de Vasco de Quiroga, que le dejó en Michoacán memoria imperecedera... Pero el influjo que ejerció en la evangelización de los indios un prelado de la grandeza de Zumárraga, más que a su puesto y a su título, se debe a su personalidad y las excelentes relaciones que él siempre mantuvo con su Orden...''&amp;lt;ref&amp;gt;R. Ricard, ''La conquista espiritual de México,'' Trad. española, FCE, México 1986, reimpresión México 1991, 37.&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La opinión de Robert Ricard necesita una explicación. Los obispos en América, especialmente en el siglo XVI, fueron elegidos siguiendo las pautas marcadas por la reforma de la reina Isabel la Católica. Al parecer, Carlos V tuvo al principio una preferencia por los obispos procedentes del clero secular, mientras que su hijo Felipe II se inclinaba más por los religiosos. Es un hecho que la mayor parte de los obispos en el siglo de oro de la primera evangelización pertenecieron al clero regular. Fueron elegidos especialmente por su valor y preparación: “hombres letrados y reformados”; estos religiosos provenían frecuentemente del pueblo llano más que de la aristocracia, y estaban animados por un fuerte celo apostólico. Según algunos historiadores ''“se encuentran incluso por encima de la media europea”''&amp;lt;ref&amp;gt;C. Bayle, en Tudela, I, 133; E. Dussel, ''Les évèques hispanoaméricains, defenseurs et évangélisateurs del indien. 1504-1620,'' Mainz 1970. Paulino Castañeda en sus numerosas intervenciones sobre el tema, es también de ésta opinión.&amp;lt;/ref&amp;gt;Una fuente importante para conocer estas figuras y su celo apostólico es su correspondencia con la Corona.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El deseo de tener obispos animados por tal celo apostólico estuvo claro desde los principios. Ya en el 1521, Hernán Cortés, probablemente bajo el influjo de su capellán, el mercedario Fray Bartolomé de Olmedo, le escribió a Carlos V pidiendo misioneros. Los prefería religiosos observantes. No le gustaba allí la presencia de obispos o dignidades eclesiásticas, porque temía que dieran malos ejemplos. Hay que recordar que se vivía aún la época de la decadencia de la vida religiosa en muchas partes de Europa&amp;lt;ref&amp;gt;Cf art. ''Olmedo'', en ''DHE,'' III, 1806-07&amp;lt;/ref&amp;gt;. Quería  religiosos que vivieran radicalmente la pobreza y que estuvieran también provistos de amplias facultades misioneras; algo así se podría decir hoy, como vicarios apostólicos ''ante litteram,'' incluso con carácter episcopal, pero no obispos residenciales.&amp;lt;ref&amp;gt;Pedro de Leturia, ''Relaciones entre la Santa Sede e Hispanoamérica 1493-1800'', I: ''Época del Real Patronato,'' Romae-Caracas 1959, 123.&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El misionero disponía también de una gran libertad frente a los poderes civiles, como pocas veces tendrá más tarde en la historia de las misiones. Gozaba de inmunidad, privilegios legislativos y facultad que exentarán muchos territorios misioneros de la jurisdicción civil; también gozaron derecho de asilo, y también de la posibilidad de comenzar experiencias como la de las &amp;quot;Reducciones&amp;quot;. Sus intervenciones ante la Corona dieron origen a una legislación peculiar, el ''derecho de Indias,''y  apasionados debates sobre el tema de los derechos humanos y los derechos a los pueblos (derechos ad gentes). Una de las expresiones más conocidas de esta contribución en España, es el de la Escuela jurídica de Salamanca. Como recordaba Juan Pablo II:''“La labor evangelizadora, en su incidencia social, no se limitó a la denuncia del pecado de los hombres. Ella suscitó un vasto debate teológico-jurídico, que con Francisco de Vitoria y su escuela de Salamanca analizó a hondo los aspectos éticos de la conquista y colonización. Esto provocó el publicación de leyes de tutela de los indios e hizo nacer los grandes principios del derecho internacional de gentes”.''&amp;lt;ref&amp;gt;Juan Pablo II lo recuerda, ''Fidelidad.''.., (San Domingo, I2.X.I984, en ''Insegnamenti'', VII/2, 890.&amp;lt;/ref&amp;gt; &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''''3. Las sombras'''''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estos aspectos positivos no esconden las sombras debidas a las mediaciones culturales y políticas, a las ambigüedades y ambivalencias en el modo de ejercer el Patronato y a los límites que, a veces, una mal entendida conciencia de grupo imponía a la colaboración y a la apertura entre las distintas órdenes religiosas. Así a veces, sobre todo a partir de la segunda parte del siglo XVI, algunos religiosos son celosos de sus territorios y no ven de buen ojo la llegada de otros religiosos; así pasó con los mercedarios que encontraron duras oposiciones a su inserción en México, y en numerosos casos la aceptación mutua entre mendicantes y jesuitas dará lugar a penosas disputas jurídicas y teológicas, muy conocidas en la historia de las misiones.  Las diversas tradiciones y visiones teológicas podían enriquecer al misionero, pero a causa de un mal entendido espíritu de pertenencia a su Orden propia a veces también lo condicionaban y lo cerraban a otras experiencias misioneras. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las diversas órdenes religiosas también seguían normas y reglas propias en el campo misionero&amp;lt;ref&amp;gt;Algunos ejemplos de las mismas pueden verse en Ch. W. Polzer, ''Rules and Precepts of the Jesuit Misiones of Northwestern Nuevo Spain,'' Tucson 1976; P. Hernandez, ''Organización social de las doctrinas guarames del Compania de Jesus,'' Vol. I., Barcelona 1913, 579-598. En las &amp;quot;reducciones&amp;quot; guaraníes, cada cura jesuita contó con un ejemplar del ''Libro de preceptos o Normas''; cf. J.M. Peramas, ''La Republica de Platón y los guaranies''. 1791, Trad. esp. de G. Furlong, Buenos Aires 1946, p. 163; A. García – J. Gondar, ''Método que deberdn observar los misioneros apostólicos de este Colegio de Propaganda Fide de S. Idelfonso de Chillán en la conversión de los indios de este reino de Chile. 18 noviembre 1775'', en ''Missionalia Hispanica'' 26 (1969) 95-113; F. Palou, ''Evangelista del Mar Océano Pacífico. Fray Junipero Sierra, padre y fundador de la Alta California (1787)'', Madrid 1944, 41: normas elaboradas por Pedro Pérez de Mezquía para las misiones franciscanas de Sierra Gorda (México), después aplicadas a las de California.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Todo este conjunto de factores provocaron duras controversias sobre el método evangelizador y sobre la misma concepción del Patronato y sobre los derechos del indio, como se puede ver en la famosa polémica entre Sepúlveda y fray Bartolomé de Las Casas; o las diversas actitudes entre el mismo fray Bartolomé de Las Casas y fray Toribio de Benavente Motolinía, ante los métodos de evangelización y los problemas suscitados por la presencia española en México. El franciscano fray Toribio de Benavente Motolinìa da un juicio muy severo sobre el dominico fray Bartolomé de las Casas en una carta a Carlos V del 2 de enero de 1555.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A pesar de estos límites, hubo algunos factores que cooperaron en el proceso de selección. La insistencia sobre las cualidades de los misioneros y las severas disposiciones en su elección, tomarán a lo largo del siglo XVI una dirección muy precisa. Ella nacía, ya sea de la experiencia de una vuelta más radical a la vida evangélica en muchas órdenes religiosas, comenzada en España antes aún de Trento, ya sea también como respuesta a las sombras ocasionadas por ciertas improvisaciones en la actividad misionera.  En la primera etapa de la evangelización, especialmente en el período que podemos llamar &amp;quot;antillano&amp;quot; (1493-1523), encontramos que el envío de misioneros no es del todo sistemático. Satisface a las exigencias de las bulas papales precedentes y al nacimiento del Patronato. Desembarcan en las Antillas religiosos de diferente extracción. Algunos fundan conventos, otros son delegados o inspectores de la Corona, hay también clérigos seculares que atravesaban el océano como capellanes. De cuando en cuando los superiores eclesiásticos y la Corona, comprenden la necesidad de elegir al personal misionero y controlar la partida un poco anárquica de algunos clérigos y religiosos. En consecuencia intentan organizar esta presencia. Es sintomático a este respecto los primeros pasos en la historia misionera de la Española, Santo Domingo, Cuba y Puerto Rico. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con la conquista de México se entra en una nueva fase en la historia de la evangelización. La Bula de Adriano VI ''Omnimoda auctoritas pontificia superioribus missionariorum franciscanorum datur,'' conocida también bajo el nombre de sus primeras palabras ''Exponi Nobis fecisti,'' del 9 de julio de1522, firmada en Zaragoza, dónde se encontraba Adriano VI apenas elegido al Solio Pontificio, es dirigida directamente al emperador a Carlos V y es la respuesta a tal situación y el comienzo de una nueva fase evangelizadora. En aquella situación inédita, sobre todo en el período que va del 1530 al 1540, el envío de misioneros se encontró de hecho frente a muchos problemas:  &lt;br /&gt;
En primer lugar, de parte de los superiores religiosos. No fue cosa rara que algunos provinciales preferían deshacerse de religiosos incómodos para tener cerca los más válidos. La tentación estará siempre presente. Lo reconocerá aún en la segunda mitad del siglo, uno de los primeros misioneros jesuitas del Perú, el p. Ruiz de Portillo, escribiendo el 20 de enero de 1567 a su Superior General, Francisco de Borja. Considera peligroso que la selección y envío de misioneros esté solo en manos de los provinciales: ''“Porqué, Padre mío, a los provinciales, teniendo tal poder de elegir, les resulta difícil saber elegir, y cuando lo hacen, dan los peores elementos de la provincia”.''&amp;lt;ref&amp;gt;En P. Borges Moran, ''El envío de misioneros,'' 353, n. 353.&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En segundo lugar, también hubo casos de religiosos y clérigos que se embarcaron furtivamente, con fortísimos reproches de parte de sus hermanos de órden, que los acusan de ser mercenarios con el único deseo de enriquecerse, sin celo apostólico. Así hablan los jesuitas Juan de Zúñiga y su compañero el padre José de Acosta, a su paso por Cartagena de Indias en 1569, para fundar la misión del Perú, quienes atribuyen muchos de los fracasos misioneros, precisamente, a la falta de celo apostólico&amp;lt;ref&amp;gt;Ídem, 540.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Las mismas observaciones se encuentran en dos franciscanos: el peruano fray Luis Jerónimo Oré, hijo de uno de los conquistadores y cuarto obispo de Concepción en Chile, y fray Maturino Gilberti (1575).&amp;lt;ref&amp;gt;Fray Luis Jerónimo de Oré, o.f.m., nacido en Ayacucho (Perú) en el 1554, fue un misionero itinerante, lleno de celo apostólico, lingüista y escritor de preciosos manuales catequísticos como ''Symbolo Calholico indiano'' (1604), y de un ''Rituale seu manual Peruanum'' (impreso en Nápoles en el 1607). Había sido ordenado sacerdote por Santo Toribio de Mo grovejo en el 1582. Conocí las lenguas quechua y aymara; recorrió evangelizando el Perú, Bolivia, Cailloma, el Valle de Jauja, las selvas de Andamarca, Potosí y Cuzco. Visitador de los conventos franciscanos en Cuba y Florida, en el 1620 lo encontramos a Madrid dónde lo sorprende el nombramiento a cuarto obispo de Concepción, Chile. Muere en su diócesis a causa de las numerosas visitas pastorales, en el 1630. Obligado por las necesidades pastorales, ordenó a sacerdotes algunos catequistas, lo que le valió una admonición del Rey, que le llegó cuando ya había muerto.&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin embargo hace falta aquilatar estos juicios. Los jesuitas apenas llegados, fervorosos en su celo, criticaban facilmente los métodos de los otros. Algunos cargaban las tintas para poder conseguir misioneros de otras órdenes, como García Díaz de San Miguel, que  quería a los jesuitas a toda costa en Chile. Al contrario, algunos clérigos y laicos hablan mal de ellos, a causa de la tradicional hostilidad y celotipia de algunos contra los regulares. Los conflictos entre el clero regular misionero y los colonos fueron frecuentes. El motivo estuvo en el hecho de los poderes jurisdiccionales de que disponían los misioneros, y que usaban en defensa de los indios y en su voluntad de querer mejores condiciones de vida para los mismos. Ello produjo contrastes y polémicas frecuentes entre misioneros y colonos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El otro motivo fue la condena moral de los misioneros del modo de comportarse de muchos colonos. Tales conflictos también son testimoniados por los escritos directos a la Corona por ambas partes. En una carta de 1569 desde Chile, del &amp;quot;conquistador&amp;quot; Melchor Bravo de Saravia al rey, se queja que:''“Los frailes principalmente de la orden de San Francisco nos ayudan poco; no solamente dicen que no se puede hacer la guerra a estos indios por los malos tratamientos que hasta aquí se les han hecho y por lo que se les hace injusto, pero ni quieren absolver los soldados ni aun oirlos de confesión... &amp;quot;.''&amp;lt;ref&amp;gt;En C. Esteva Fabregat, ''El mestizaje fuiste Iberoamérica,'' Ed. Alhambra, Madrid-México 1988, 122.&amp;lt;/ref&amp;gt;Las mismas polémicas y controversias se encuentran en México entre los religiosos y los colonos, y entre los religiosos, colonos y la Audiencia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estas situaciones contribuyeron de modo positivo a la elaboración de una normativa muy precisa en la selección y en el envío de misioneros a las “Indias”. Animada ciertamente por los mejores misioneros, la Corona, que con el Patronato recibió de la Santa Sede la responsabilidad ''jurídica''de sustentar la obra misionera, llega así a la decisión de controlar uno a uno a todos los misioneros dirigidos a América. Para evitar subterfugios, llegará incluso a no considerar válida, por sí sola, ni siquiera la autorización papal. Este control obró una selección notable, por lo que mejoró la calidad de los misioneros que partían para las Américas. Se quería destinar a América a los mejores religiosos&amp;lt;ref&amp;gt;Antonio de Egaña, SJ, ''Historia del Iglesia en el América española'', BAC, Madrid 1966; ''La teoría del Regio Vicariato español de Indias,'' “Analecta Gregoriana” 95, Series Facultatis Historiae Ecclcsiasticae, sectio B, n. 17, Roma 1958&amp;lt;/ref&amp;gt;. En 1552 se ordenó la vuelta a España de todos los clérigos embarcados clandestinamente, con la privación de sus facultades y sueldos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''''4. Los criterios de selección y el nacimiento de una nueva etapa en la historia misionera moderna '''''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El esfuerzo de la evangelización fue tan ingente que la Iglesia y también la Corona quisieron desde el principio valerse de los mejores elementos entre los religiosos. Así, una orden de Felipe II en 1572 establecerá que:''“Los que habrán de ser enviados, tendrán que ser dignos de tal santo ministerio y no aquellos sujetos que en los conventos son inútiles y hasta díscolos, y que los prelados [los superiores] no quieren tener en sus casas, como a menudo sucede, que no sólo allá [en las Indias] no son útiles a la misión, sino dan mal ejemplo por la codicia, las pasiones y el modo de vivir”.''&amp;lt;ref&amp;gt;Schäfer, II, 228.&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Nuevo Mundo que encontraron los misioneros y las exigencias de la vocación misionera en aquellas circunstancias, solicitaron ciertamente apóstoles con una fuerte personalidad y un temple espiritual de acero. Lo subraya, entre otros, fray Bartolomé de Las Casas. El combativo dominico, en su obra ''“De unico conversionis modo”,''nos da una lista de las condiciones exigidas al obrero del evangelio:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
# los oyentes tienen que entender que los predicadores [misioneros] no tienen intención de dominar sobre ellos;&lt;br /&gt;
# los oyentes tienen que estar convencidos que ninguna ambición de riqueza mueve a los predicadores;  &lt;br /&gt;
# los predicadores tienen que ser tan dulces, humildes, afables, pacíficos, benévolos, amables tratando con sus oyentes, que hagan nacer en ellos el deseo de escucharlos con alegría y de tener su doctrina como punto de referencia;  &lt;br /&gt;
# los predicadores tienen que sentir el mismo amor y caridad por la humanidad que movió a San Pablo, empujándolo a un celo apostólico tan grande&amp;lt;ref&amp;gt;Fray Bartolomé de las Casas, OP, ''De único conversionis modo'', cap. 24-28. ''Obras escogidas. Opuscolos, cartai y memoriales.'' Ilustración preliminar y edición por Juan Pérez de Tudela Bueso, &amp;quot;Biblioteca de Autores Españoles &amp;quot;, vol. 110.&amp;lt;/ref&amp;gt; &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otro ilustre misionero, el franciscano fray Jerónimo Oré, señalaba las siguientes calidades en el misionero: santidad, capacidad, suficiencia en las letras y en las lenguas y prudencia. Pero quiere que ante todo el misionero viva en la sencillez y franqueza. Los indios son como mansos corderos, dice Oré, por ello el misionero “tiene que hacerse todo a todos”, como San Pablo.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El agustino fray Antonio Calancha, en su “Crónica moralizada…” recuerda: ''“Ya que somos enviados a predicarles a estas gentes que no tienen conocimiento de Dios, estamos obligados a una manera de vivir más perfecta, no solamente por el respeto debido a Dios N. S., sino también por respecto a los hombres&amp;quot;''.&amp;lt;ref&amp;gt;Fray Antonio Calancha, OSA, ''Crónica moralizada Orden de San Agustín en el Perú,'' Barcelona 1638. De como este espíritu decaerá después en el s. XVIII, cf. cuánto Jorge Juan y Antonio de Ulloa escriben en el  s. XVIII en ''Noticias secretas de América'' (1735-45).&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También las disposiciones de los obispos y de los Concilios y Sínodos americanos son severos respeto a la vida de los misioneros. Quieren que su celo, su vida, sobre todo el celibato, enseñe la belleza del cristianismo y sean el mejor catecismo para todos. He aquí porqué se fue perfilando desde el primer momento una serie de criterios de selección de los misioneros que correspondía a la experiencia de la Reforma de la vida católica  en España, a la situación en las Nuevas Tierras y a la exigencia misma del anuncio evangélico. En tales criterios se puede indicar ya el nacimiento de una espiritualidad que será característica para el Movimiento misionero moderno. Se pueden señalar, examinando los criterios de selección de los misioneros, algunas de estas trazas, que también constituyen los puntos sobresalientes de la primera evangelización en Américalatina.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
4.1. Radicalidad evangélica. Retorno a la primitiva ''instituti inspiratio''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El primer criterio fue el del retorno a la primitiva ''instituti inspiratio'' en unos tiempos en los que la vida eclesial necesitaba una reforma a fondo, comenzando, como entonces se decía, ya desde los tiempos del concilio de Costanza (1414-1418) ''“in capite et in membris”''. Los varios intentos de reforma, salvo raras excepciones, habían naufragado, si exceptuamos algunos casos notables, como los llevados a cabo en la España de Isabel la Católica o en otros pocos lugares. El vasto movimiento de renovación de la vida religiosa se abrirá paso con muchas dificultades después de Costanza a lo largo de los siglos XV y XVI, hasta el concilio de Trento; el mismo concilio Lateranense V (1512-1517) no conseguirá sus teóricos propósitos en este campo de la reforma.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En algunos casos la reforma se abrirá paso lentamente reformando antiguas órdenes religiosas con la creación de “congregaciones” de observancia en su seno, y también con la fundación de nuevas formas de vida religiosa (movimiento oratoriano, nuevos institutos religiosos, como el de la Compañía de Jesús, etc.). En España tuvo profundas repercusiones. La ''regula aurea'' que siglos más tarde el Vaticano II repropondrá de nuevo a los religiosos, será la ''vuelta continuum reditum a omnis vitae christianae fontes primigeniamque institutorum inspirationem et aptationem ipsorum ad mutatas temporum conditiones''. (Vaticano II, ''Perfectae Caritatis'', 2). La Bula ''&amp;quot;Omnimoda&amp;quot;'' (dirigida específicamente a los primeros franciscanos mandados a la Nueva España) prescribía el envío de misioneros ''“praesertim Ordinis Minorum observantiae”''&amp;lt;ref&amp;gt;Bula de Adriano VI ''Omnimoda'' en J. Metzler, I, 166-169; ''Alias felicis'' de León X, en J. Metzler, I, 160-163. Cf. R. Ricard, ''o.c.'', pp. 84-85, n. 37; ''México'', en ''DHE,'' III, 1456. Cf. supra, nota 46.&amp;lt;/ref&amp;gt;(principalmente de la Orden de los Menores, Franciscanos Reformados), que en España eran numerosos gracias a la reforma del Cardenal de Toledo y confesor de la Reina Isabel, Francisco Ximénez de Cisneros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta disposición explícita nos indica ya un criterio fundamental que se usará a lo largo del siglo XVI: se permitió el paso al Nuevo Mundo solamente a hombres de vida ''ordenada y santa'' que pertenecieran a una Orden Reformada. Prevaleció así el criterio de mandar misioneros a miembros de cuatro de esas Órdenes mendicantes, conocidas en España por su vitalidad y observancia: los franciscanos, los dominicos, los agustinos y los mercedarios, presentes en América a través de algunos de sus frailes. A ellos, más tarde se añadirá la Compañía de Jesús. El motivo por que la Corona prefería en América las órdenes religiosas al clero secular, y entre las órdenes religiosas solamente algunas, nos viene indicado por una carta de Felipe II, del 9 de septiembre de 1572, a su embajador en Roma. En ella se pide que todas las iglesias catedrales que se erijan de ahora en adelante sean de religiosos, y que aquellas ya erijidas y, que no se puedan sustentar cómodamente, se conviertan en regulares. Y el rey añade: “[...] ''es único remedio para que el Iglesia en las Indias se pueda fundar, porque en haberse fundado en forma de Iglesias seculares, con ser la Iglesia tan nueva y mucha el pobreza de ella y grande la codicia de eclesiásticos seculares, no se ha podido poner ni sustentar número de eclesiásticos en las iglesias catedrales, porque todos quieren vivir con grande fausto, procurando apropiar para sí en particular el oro de las iglesias'' [...]”.Y continúa diciendo que si las iglesias fueran de religiosos, con algo en más de lo que se da a los obispos, se podrían sustentar los obispos y los religiosos e irían aumentando los bienes y las rentas en común. También era necesario, continúa el rey, que fueran miembros de las cuatro órdenes - dominicos, franciscanos, agustinos y jesuitas – los que tomaran sobre sí la tarea de la evangelización, o al menos las primeras tres, porque ya se encontraban en muchos territorios y en las principales ''“doctrinas”: “Ítem,'' - escribe- ''que su Beatitud Beatitud tenga por bien de conceder su Bula o Breve apostòlico, para que en el estado de las Indias no pueda haver monasterios, si no fueren de las cuatro órdenes de Sancto Domingo, Sancto Francisco, Sancto Agustín y de la Compañía de Jesús&amp;quot;''. El rey sugiere convertir las iglesias catedrales de los territorios dónde se encontraban trabajando estos religiosos, en iglesias de la orden que más ''&amp;quot;doctrinas&amp;quot;'' tuviera en cada territorio. De esta manera los otros religiosos y clérigos aceptarían la decisión fácilmente.&amp;lt;ref&amp;gt;''Monumenta Antiquae Floridae,'' 13 s.; cit. en Lopetegui-Zubillaga, 538-539.&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vemos cómo además de las tres órdenes mendicantes, Felipe II hace una referencia a los jesuitas. Éstos fueron enviados desde los comienzos de su existencia a los territorios bajo el Patronato Portugués (san Francesco Javier y sus compañeros en el extremo Oriente). Por esto los encontramos casi enseguida después de su fundación también en Brasil (1549). En los territorios de América bajo la Corona Española, llegarán a partir del 1562. El motivo fue el criterio arriba señalado. Pero la fuerza de su experiencia misionera hará de ellos, también aquí, una noble excepción de aquel criterio. Ya en el 1554 se hizo a san Ignacio la solicitud de mandar jesuitas a México, pero no fue posible. Finalmente en 1562, Felipe II, que al principio veía de forma distante a los jesuitas, autoriza su ida a Florida, y en 1568 a Perú, dónde fueron solicitados por el virrey Toledo. Al virrey será solicitada una relación sobre su método misionero y su resultado. La insistencia de la ''Junta Magna'' del 1568 para que se fundaran colegios y seminarios en las Indias, ayudó a hacer también entender la importancia del envío de jesuitas con tal objetivo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En 1570 la ciudad de México le pide a Felipe II los jesuitas. Los motivos presentados son, sea de orden espiritual apostólico, como también el de la preparación de los jesuitas en el campo cultural,... ''“serán de mucha utilidad en ciudades apenas fundas, en particular en esta gran ciudad de México, cabeza de todo el reino, que tiene necesidad de maestros de leer y escribir, de latinidad y de las otras ciencias, cuales, muy bien V. M. sabe, como tales maestros de tales materias sean ellos muy importantes, sea para Europa, sea para la cultura de los nuaturales y para la reducción de las naciones gentiles&amp;quot;''&amp;lt;ref&amp;gt;''Monumenta Mexicana,'' I, 1ss.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Así Felipe II II pidió al provincial de Toledo el 26.III.1571 y el 4.V.1571 al general de la orden, san Francisco de Borja, el envío de los jesuitas ''“para la conversión y doctrina de los nativos”''&amp;lt;ref&amp;gt;''Monumenta Mexicana,'' I, 3-6.&amp;lt;/ref&amp;gt;.En un tercer momento se sumarán, aparte los mercedarios que encontramos esporádicamente desde los principios y que después de asumen un trabajo sistemático, también miembros de algunos otras órdenes reformadas como los carmelitas descalzos y los capuchinos, pero sólo en ciertos territorios y para actividades muy específicas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No parten para el Nuevo Mundo generalmente religiosos monjes o contemplativos como los cartujos o los benedictinos, excepto una presencia fugaz de estos en México u otros religiosos nombrados para encargos eclesiásticos o civiles específicos. El motivo por el que no se consideró oportuno el envío de religiosos de órdenes demasiado diferentes nació del miedo que metodologías, corrientes teológicas propias y específicas de algunas órdenes, y hasta hábitos demasiado diferentes pudieran inducir los indios a ver diversos “cristianismos”. También se quisieron evitar mucho las polémicas de caracter teológico tan frecuentes en Europa entre las diversas órdenes religiosas. El caso del Brasil portugués pertenece a otro contexto y a otra política misionera, la del Padroado portugués.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
4.2. Disponibilidad al martirio&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El segundo criterio fue la disponibilidad a consumir la propia vida en favor de la misión, también con el martirio, en caso de que llegase a presentarse la necesidad.  Un estudio cuidadoso de estas figuras nos indica que estos primeros misioneros fueron hombres de un temple extraordinario&amp;lt;ref&amp;gt;Cf Juan Pablo II, ''“Fidelidad''... &amp;quot;, en ''Insegnamenti,'' VII/2, 886 ss.; ''A. los religiosos,'' nn. 6; 10; ''Documentos de Puebla,'' nn. 6, 7.&amp;lt;/ref&amp;gt;. El historiador franciscano Jerónimo de Mendieta (1596), escribía en México que la vida de los misioneros era ya un silencioso reproche a la vida moralmente disoluta de muchos indios&amp;lt;ref&amp;gt;Mendieta, ''Historia eclesiástica indiana.''&amp;lt;/ref&amp;gt;y son muchos que dicen lo mismo refiriéndose a los colonos. Un capítulo provincial de los dominicos, celebrado en Cobán (Guatemala), en 1572 consideraba pecado grave que un misionero, después de haber aprendido las lenguas indígenas, volviera definitivamente a España. Eso se veía como una traición a la misma vocación misionera. Además, los mismos indios eran censores implacables de los misioneros: se burlaban de cualquiera de sus debilidades.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los hechos atestiguan que la mayor parte de los misioneros estaban realmente animados por un fuerte celo apostólico. Lo demuestra el gran número de misioneros mártires. Quien iba a las Indias sabía que se iba para no regresar a su patria, y también que se encontraba expuesto a la muerte. Aquella elección libre podía ser animada solamente por un fuerte espíritu de mística misionera en consonancia con el espíritu de renovación eclesial en España&amp;lt;ref&amp;gt;J. Hoeffner, ''Colonição y evangelho. Ética de Colonização espanhola no Século de Ouro,'' trad. port., Recobro de Janeiro 1977, 278-369.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Hoy por hoy, la historia eclesiástica latinoamericana no se encuentra todavía en grado de calcular el número y la calidad de casi todas las muertes violentas que padecieron numerosos misioneros y fieles a mano de indígenas o de compatriotas infieles. Sólo han merecido la mención de su martirio por parte de la Iglesia, los jesuitas rioplatenses: Roque González de Santa Cruz, sacerdote diocesano criollo nativo de Asunción (Paraguay), que entró en la Compañía de Jesús y fundó con el también jesuita  padre Lorenzana, la primera Reducción del Paraná en el 1610; los otros son los padres Juan del Castillo, nativo de Belmonte, Cuenca - España, y Alonso Rodríguez, nativo de Zamora - España. El primero y el tercero padecieron el martirio en la misión de Todos los Santos del Caaró, el 15 noviembre del 1628 y el segundo en el Reducción de la Asunción de Yjuhi, dos días después; los tres fueron asesinados tras la instigación de un cacique, llamado Nezú, al que reprobaron su sórdida poligamia y su abandono de la vida cristiana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La mayor parte de las Reducciones se asentaron definitivamente después de que los misioneros hubieron dado su vida como testimonio de su fe cristiana. Las causas aparentes y externas del martirio fueron diferentes, sin excluir mutuas incomprensiones, pero la causa formal del martirio, como señala Juan Pablo II en su ''Carta a los Religiosos latinoamericanos'' ha sido ''“su amor heroico a Cristo que los llevó a consagrarse sin límites al servicio de sus hermanos indígenas”''&amp;lt;ref&amp;gt;Juan Pablo II, ''A los Religiosos,'' n. 6.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Mueren víctimas de su caridad curando enfermos de peste, o para abrir el camino al Evangelio desafiando hostilidades o desconfianzas de los pueblos encontrados,  las adversidades y el rigor de las estaciones y de una  naturaleza exhuberante e desconocida.  Limitándonos a los jesuitas del Paraguay, después de los tres mártires ya citados, la lista de los mártires continúa así: Cristóbal de Mendoza, en El Tape,  26 de abril de 1635; Gaspar Osorio y Antonio Ripario a mano de los ''chiriganos,'' el 1° abril del 1639; Diego de Alfaro a manos de los ''mamelucos'', mientras defiende a los ''guaraníes'', el 19 de enero de 1639; Alfonso Arias y Cristóbal Arenas, también a manos de los ''mamelucos''; Pedro Romero y Mateo Fernández, asesinados por los ''chiriguanos'' el 22 de marzo de 1645; el padre Espinosa, por mano de los ''guapalaches''; Lucas Caballero, por mano de los ''pinzocasas'', el 18 de octubre de 1711; Bartolomé Blende y José de Arce, muerto por los ''payaguás'' en 1715; Juan Antonio Salinas y Pedro Ortiz de Zárate, por mano de los ''mocobies'' y ''tobas''; Nicolás Mascardi, matado por los ''payas;'' Alberto Romero por mano de los ''zamucos,'' en 1718; Julián Lizardo por los ''chiriguanos;'' Agustín Castañares, a manos de los ''mataguayos,'' en 1744; Santiago Herrero, a manos de los ''abipones;'' Francisco Ugalde asesinado por los ''metaguayos;'' Antonio Guasp, por mano de los ''mbayá'' en 1764; Martin Javier Urtasum y Baltasar Sena, muertos de hambre entre los ''guaraníes;'' Juan Neumann, muerto extenuado por una travesía fatigosa; Enrique Adán, muerto a causa de una enfermedad contagiosa contraída viajando hacia Chiquitos; Lucas Rodríguez, muerto a causa de las continuas lluvias, mientras buscaba ''itatines;'' Félix de Villagarcía, mientras buscaba los ''itatines;'' Romano Harto, a causa de las heridas que los ''Mataguayos'' le infligieron; José Klein, muerto a causa de las heridas infligidas por un ''abipón'' al que había reprobado robos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero el martirologio de los misioneros mártires, con el martirio rojo o blanco, es muy abundante en nombres. La lista de las víctimas o de los mártires ya desde los albores de la evangelización, reconocidos por la Iglesia como tales, se abre con el ejemplo de los tres catequistas adolescentes de Tlaxcala, Cristoforo, Antonio y Juan (+ 1527-1529), beatificados en Guadalupe de México por Juan Pablo II el 6 de mayo de 1990, y recorre la historia de los tres primeros siglos de la evangelización; en ella hay que recordar a cinco jesuitas y varias decenas de fieles, entre ellos muchos indígenas tepehuanes, en la Nueva Vizcaya (hoy estado de Durango, México) del siglo XVII (en 1983 fue introducida la causa de martirio de 8 de ellos: los jesuitas Fernando de Santarén y siete compañeros también jesuitas, “mártires tepehuanes”, asesinados en 1616); o la de los dos mártires de los Cajonos (sierra de Oaxaca), Juan Bautista y Jacinto de los Angeles, beatificados por Juan Pablo II, también en Guadalupe, el 1 de agosto de 2002.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por su parte las órdenes religiosas, a pesar de los grandes peligros, e incluso frente al martirio o la muerte de algunos de sus miembros, no cesaban en su empeño de enviar nuevos misioneros. En el convento franciscano de Cuernavaca (México), hoy catedral de aquella ciudad, a lo largo de sus extensas paredes se contemplan murales gigantes que cuentan la historia de los misioneros franciscanos partidos de aquel convento hacia el Japón, dónde fueron martirizados. Tales pinturas, contemporáneas a los hechos que cuentan, fueron para los frailes misioneros que se formaban en aquel convento, una memoria constante de esta dimensión integrante de su vocación misionera. El primer mexicano, mártir junto con otros 23 franciscanos y 3 jesuitas, beatificados (1627) y canonizados (1862) fue un franciscano, fray Felipe de Jesús Las Casas Martínez (1572 -1597), (pariente de fray Bartolomé), martirizados en Nagasaki, Japón, el 5 de febrero de 1597.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Frente a los numerosos casos de martirio o muerte, los mismos misioneros continuaban solicitando refuerzos. Este espíritu martirial se ve en los misioneros, sea que fueran a las Indias Occidentales o al lejano Oriente. Durante la terrible persecución contra los cristianos en Japón, dónde los misioneros fueron martirizados uno tras otro, los misioneros, tanto mendicantes como jesuitas, siguieron enviando cartas a España pidiendo vocaciones que tomaran el lugar de los mártires. En la dura y larga persecución, destaca el llamado ''Gran Martirio de Nagasaki'' (septiembre de 1622), dónde fueron quemados vivos 23 cristianos, entre ellos algunos religiosos, y decapitados otros 29, inflamó el corazón de los misioneros de las Filipinas, México y España  con el deseo de verter su sangre por Cristo. Estos hechos de martirio empujaron entre otros a los agustinos recoletos a pedir la gracia de poder abrir una misión propia en aquellas tierras. Fray Rodrigo de San Miguel, vicario provincial de los agustinos recoletos y antiguo comisario para la animación misionera ante la Corte de Madrid, en cuanto supo de la llegada de 24 frailes a México en el 1621, decidió mandar algunos a Japón. Así escribe: ''“En este tiempo (1621-1622) la persecución del Japón andaba ferocísima  y determiné mandar a Japón algunos religiosos, cuando me llegó la noticia que en la imperial ciudad de México llegaron muchos que mandaba la  majestad católica de nuestro celoso rey y que venían a cargo del comisario fray Andrés del Espíritu Santo”''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La vida de los misioneros en aquellas tierras por más de 40 años se vio expuesta a los más grandes peligros viviendo en estado de martirio continuo. La conciencia de la posibilidad del martirio estuvo tan clara, que en el 1615 circulaba entre los cristianos en Japón un manual preparado por los misioneros titulados ''Exhortación al martirio''. En él se les enseñaba como afrontar los tormentos del martirio con fortaleza de ánimo y hasta con gozo, recordando a los ejemplos de mujeres y niños que en la historia de la Iglesia se había enfrentado a los tormentos del martirio con grande gozo y fortaleza de ánimo. Se explicaba también la raíz de las persecuciones contra los cristianos, porque el Señor permitía las persecuciones, cómo no hubía excusas para justificar la apostasía, como el martirio era una gran gloria y como en cualquier circunstancia no había excusa alguna para la resistencia violenta o armada contra los perseguidores. Los que murieran así (en lucha violenta) no tenían derecho al título de mártires. El manual daba luego directivas prácticas sobre cómo comportarse durante la persecución y durante los tormentos, insistiendo sobre los sentimientos de oración para implorar la perseverancia y el perdón de los pecados propios, el perdón de los perseguidores y la misericordia. El mártir exhortaba a los otros a aceptar la fe cristiana; se insistía además sobre el valor del martirio como confesión de la misma fe. Por su parte los perseguidores publicaron dos libros para convencer a los cristianos a la apostasía, uno del catequista renegado Fabián Fukansai, ''Hadaiusu'', también ''Ha Deus (El Dios Destruido,'' o ''Contra Dios)'' ( publicado en el 1620 y otro del ''bugyo'' (=magistrado) Inonue Chikugonokami&amp;lt;ref&amp;gt;''Fabian Unguio Fukansai, Funcan Fabian (nombre europizado de un ex-jesuita japonés llamado'' Unguio), (c. 1565 – después de 1620), nacido en Kyoto, novicio en un monasterio Zen, convertido al cristianismo hacia 1583, jesuita en 1586, aprende latín y traduce algunas obras japonesas en carácteres latinos; su libro ''Myötei mondö (Dialogos de Myötei)'' (1605) fue duramente criticado por Hayashi Razan (acérrimo anticristiano japonés). Parece que Fabian dejó la Compañía en 1608, reniega su fe cristiana (1618), escribe una diatriba contro el cristianismo (1620): ''Hadaiusu (El Dios Destruido, o Contra Dios''), que servirá de base en la lucha y persecuciones contra el cristianismo, convirtiéndose él mismo en uno de los perseguidores de los cristianos en Nagasaki.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin embargo, frente a los peligros, dificultades de todo orden y prohibiciones explícitas de embarcarse para el Japón por parte de las Autoridades civiles (españoles), los religiosos de las distintas Órdenes continuarán mandando refuerzos de misioneros; en 1627 los franciscanos, dominicos y agustinos recoletos construyeron con gran sacrificio un barco a propio costo y riesgo para poder mandar a Japón a los misioneros. Esta nave fue equipada con buenos marineros bajo el mando de un hermano laico franciscano, que más tarde también él será mártir&amp;lt;ref&amp;gt;Ianuarius Fernàndez, OAR, ''''Bullarium Ordinis Recollectorum S. Augustini,'''' vols. I-IV, Roma-Salamanca 1954-1973, en II, 691; cf. ''Positio.. Martini.... Melchioris,'' 77-78.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  En el 1628, después de una de las persecuciones más sangrientas en Japón, los agustinos recoletos acogieron con tal emoción la noticia, que en Filipinas, veinte se ofrecieron como voluntarios para ir a tomar el puesto de los mártires. Los superiores eligieron seis de ellos, de los que algunos sufrirán luego el martirio. Uno de los seis, que no había podido partir a causa de una enfermedad, escribía desconsolado: ''“Yo por mis pecados no he podido partir y he quedado aquí&amp;quot;...”''&amp;lt;ref&amp;gt;''Positio... Martini.... Melchioris,'' I, Romae 1986, cap. III, 77-78, n. 73.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Este espíritu empapaba aquellos voluntarios que iban al Nuevo Mundo y estaban también dispuestos a marchar desde la Nueva España  hacia  Filipinas en vistas de la misión japonesa. La Nueva España  (México) pronto se convertió en el trampolín para las misiones de los religiosos españoles en Japón y en China.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''4.3. Viaje sin retorno: una vocación de por vida''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Normalmente el viaje de los misioneros era sin retorno. Así lo establecía la legislación española.&amp;lt;ref&amp;gt;L. 18, T. 14, Lib. I.&amp;lt;/ref&amp;gt;Quien optaba por la misión lo hacía para siempre. Significativa es en tal sentido una ordenanza de Felipe II de 1570 en que da las disposiciones relativas al reclutamiento y al viaje de los misioneros. Además un retorno resultaba casi imposible, sea por el costo de los viajes, sea por el hecho que una vez en el lugar, los misioneros debían aprender lenguas y conocer costumbres que exigían tiempo y dedicación. Se añadía también la necesidad de numerosos misioneros, dada la amplitud del campo. Por lo que la vocación misionera pedía una donación total y de por vida. No es extraño, por lo tanto, que la vocación misionera fuera vista como una disponibilidad al martirio. El misionero pertenecía a los indios, y en aquellas nuevas tierras tenía que estar dispuesto a trabajar, padecer y morir. Esto venía subrayado ya el día de la partida. Se iba en procesión hacia el barco cantando las letanías. Cerca del barco se predicaba un sermón de adiós dónde se subrayaba la grandeza de la vocación y misión al que aquellos misioneros fueron llamados: ''Considerad el gran bien que Dios hace a los que nacen en las tierras de los católicos donde beben la verdadera fe con la leche; que no se puede dar las gracias a Dios por este gran beneficio de mejor manera que dejando por su amor la patria e ir en busca de los infieles para  enseñarles la verdadera fe y hacer conocer a Dios: éste es al presente lo que hacen los misioneros''.&amp;lt;ref&amp;gt;Ybot León, I, 483.&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La navegación estaba llena de peligros.  Se empleaban al menos dos meses para llegar al Nuevo Mundo y casi dos años para llegar a las Filipinas a través de México. En 1570, por ejemplo, una flota que navegó hacia el Brasil fue atacada por piratas calvinistas que descuartizaron a toda la expedición  misionera, compuesta por 40 jesuitas, no lejos de las costas de los Azores; un año después sucedió  lo mismo a otro grupo de otros doce jesuitas. Oficiales del gobierno en el Nuevo Mundo, colonos e indios cristianos entendían que aquellos religiosos estaban allí precisamente para una misión evangélica. Por eso las numerosas crónicas del tiempo nos describen los gozosos recibimientos a su llegada; cómo eran acogidos con veneración y cómo eran provistos materialmente de lo necesario para su misión.&amp;lt;ref&amp;gt;Ybot León, I, 485 ss.; M. Merino, OESA, ''El alistamiento misionero en el refrendo XVII o avisos para los comisarios reclutadores, en Missionalia Hispanica'' 2 (1945) 291-364; ''Difiicultades de antaño en el reclutamiento de misioneros, en Missionalia Hispanica'' 5 (1948) 185-192; ''Viáticos a los misioneros españoles en los pasados siglos, en Missionalia Hispanica'' 9 (1952) 387-393. Una deliciosa crónica-diario sobre uno de estos viajes del 1620 puede verse en: Gines de Quesaba, ''Exemplo de todas las virtudes y vida milagrosa de la Venerable Madre Gerónima de la Asumpción abadesa y fundadora del Convento de la Concepción de la Virgen Nuestra Señora de Monjas Descalzas de Nuestra Madre Santa Clara de la Ciudad de Manila,'' México 1713. La obra, escrita en Manila en el 1632 y aprobada en el 1634 en Manila rería publicada como póstuma en México por Fr. Agustín de Madrid. El autor nos presenta extensas párrafos de un diario perdido de la protagonista. Otra obra con el mismo contenido es la biografía escrita sobre la Madre Gerónima por una de sus compañeras de viaje y fundación: Ana de Cristo, ''Historia de Nuestra Santa Madre Jeronima del Asunción,'' MS de 450 pp. en el archivo del Convento de Santa Isabel de Toledo (España). Estos doc. han sido reeditados y publicados por la primera vez en: Congregatio de Causis Sanctorum, Prot. 1720, ''Manilen. Beatificationis et Canonizationis Ven. Servae Dei Sororis Hieronymae ab Assumptione, in saec. H. Yañez, fundatricis et primae abbatissae monasterii monialium excalceatarum S. Clarae Ordinis S. Francisci en civitate Manilana Philipinarum in Indiis Orientalibus (1555-1610). Positio super vita et virtutibus,'' Romae MCMXCI, 84-647; 648-779. Estos diarios cuentan en detalle los criterios de selección de los misioneros, los preparativos, el adiós, el viaje a paso a paso desde Toledo, via Sevilla y Cádiz, hasta México y de aquí hasta las Filipinas, con todos los detalles del viaje, los peligros y los miedos de los piratas calvinistas, etcétera. El coste del paso desde Cádiz a México: 12 personas (8 monjas, 2 frailes, 2 criados) fue de 198750 ''maravedies''; 240 ''ducados'' por el coste de las 12 personas (20 ''ducados'' por cada una, más 130 ''ducado''s por 5 toneladas de libros y ropa, 160 ''ducados'' por el sitio en el barco [cabina]). Otros documentos hablan de 179680 ''maravedies'' por el pasaje de 2 religiosos y 6 religiosas; otros de 43160 ''maravedies'' por otras 2 monjas; otros 43164 maravedies para ubrir otros gastos del viaje hacia las Filipinas, via México; otros 43174 maravedies por otros religiosos y 8 monjas del mismo pasaje; cfr. los documentos específicos acerca de esto de la Casa de contratación de Sevilla, ''ibidem'', 32-35.&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''4.4. Amor a los indios''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todo en aquel primer encuentro fue notablemente arduo: lo incomodo de los viajes, la difícil adaptación climática y geográfica, el impacto socio-cultural, la falta de medios de subsistencia y  de elementos para conocer la nueva realidad. Por lo que solamente un amor radical hacia Jesucristo y hacia aquellas personas podía sostener una tal vocación. Juan Pablo II lo recuerda escribiéndo a los religiosos latinoamericanos: ''“El mayor testimonio de los primeros misioneros fue su amor heroico a Cristo, que los llevó a entregarse sin límites al servicio de sus hermanos indígenas. ¿Qué otra cosa podían ir buscando al dejar sus familias y su patria y al emprender un viaje que de ordinario era sin retorno? La fe los impulsaba a lanzarse a la gran aventura; una fe semejante a la de Abraham, que respondió a la llamada del Señor, saliendo de su tierra y de sus gentes (cf. Gen 12, 1-4). En la entrega de estos religiosos a la predicación e implantación del Reino de Cristo se refleja, como en un libro viviente, el eco de la confesión del Apóstol: «Siendo libre de todos, me he hecho esclavo de todos para ganar a los más que pueda... Me he hecho débil con los débiles para ganar a los débiles. Me he hecho todo a todos para salvar a toda costa a algunos. Y todo esto lo hago por el Evangelio, para ser partícipe del mismo» (1 Cor 9, 19. 22-23)''&amp;lt;ref&amp;gt;Juan Pablo II,  Carta a los religiosos lalinoamericanos, n. 6.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ante todo, entre el mundo cultural de los indios y el de los misioneros había una brecha aparentemente insuperable. ''“Muchos tuvieron que actuar en circunstancias difíciles y, en la práctica, inventar nuevos métodos de evangelización, proyectados hacia pueblos y gentes de culturas diversas''&amp;lt;ref&amp;gt;Juan Pablo II, ''ibidem'', n. 4.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Faltaba el primer y más elemental instrumento de contacto: el de la lengua. En México, por ejemplo, había más de 150 entre lenguas y dialectos. Por esto, en la primera mitad del siglo XVI, abundan las ''Cédulas Reales'' donde se insiste cómo los misioneros tienen que buscar los medios más idóneos para presentar la fe a los indios&amp;lt;ref&amp;gt;Algunos ejemplos de tales Cédulas en F. J. Hernáez, 35 ss.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Además hace falta añadir las dificultades internas de cada orden religiosa, la escasez de personal, la urgencia del trabajo, las enfermedades y la muerte de muchos, la no siempre fácil relación con las autoridades y conquistadores y colonos, la falta de preparación inmediata para poder afrontar aquel Nuevo Mundo. Todo esto explica las improvisaciones del primer momento y las dudas e los debates sobre el sentido de la misma presencia.&amp;lt;ref&amp;gt;P. Borges Moran, ''Métodos Misionales,'' 36; 38; 55.&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sólo la experiencia cristiana real que tenían, ayudó a superar aquel muro insuperable. Aquella experiencia cristiana engendraba en ellos un modo diferente de mirar la humanidad de aquellas personas desconocidas. Aquella mirada se convirtió así en un amor fraterno hacia ellas vistas como criaturas a imagen de Dios, redimidas por la sangre de Cristo, y por lo tanto sujetos de derechos inalienables, como explicitamente reconoce el dominico Fray Francisco de Vitoria en sus ''“Relectiones de Indiis”'' (1539). Aquí está la raíz del amor profundo hacia los indios. Es el único motivo que podía sustentar y dar sentido a aquella ardua misión. Lo confiesa fray Toribio de Benavente Motolinía, uno de los “doce apóstoles” de México. Nada y nadie podía retener a los misioneros que recorrían las calles, valles y montes ''“para administrar los sacramentos y predicar a los indios la palabra y el Evangelio de Jesucristo”''; el motivo, añade, Motolinía es que “[...] ''para, administrar los sacramentos y predicar a los indios la palabra y el Evangelio de Jesucristo, porque viendo la fé y necesidad con que lo demandaban, ¿a qué trabajo no se pondrán por Dios y por las ánimas que El crió a su imagen y semejanza, y redimió con su preciosa sangre? Por los cuales él mismo dice''[Motolinía] ''haber pasado dias de dolor y de mucbo trabajo''”&amp;lt;ref&amp;gt;Motolinìa, ''Historia de los Indios del Nueva España,'' trat. III, cap. 10&amp;lt;/ref&amp;gt;.  Frente a los indios culturalmente tan diferentes, a sus prácticas consideradas superticiosas e idolátricas, sobre todo el de los sacrificios humanos que tanto horrorizó tanto a los misioneros como a los conquistadores, y frente a los escándalos provocados por el comportamiento de muchos conquistadores y colonos, los misioneros entendieron que el primer anuncio debía ser hecho, ante todo, con el testimonio, la inserción entre las poblaciones y la solidaridad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Este método misionero, elemental y fundamental al mismo tiempo, es recordado por Juan Pablo II en su carta a los religiosos latinoamericanos: ''“Algunos pioneros de la evangelización quisieron vivir desde el primer momento entre los indígenas, para aprender su lengua y adaptarse a sus costumbres. Otros promovieron la formación de catequistas y colaboradores que les hacían de intérpretes, mientras que por su parte trataban de entender su lenguaje, conocer su historia y su cultura, como atestiguan los primeros historiadores de la evangelización, entre ellos Bernardino de Sahagún. En esta convivencia con los indígenas muchos misioneros se hicieron labradores, carpinteros, constructores de casas y templos, maestros de escuela y aprendices de la cultura autóctona, así como promotores de una artesanía original que pronto se pondría al servicio de la fe y del culto cristiano. La Iglesia da gracias al Señor por haber suscitado numerosas vocaciones misioneras en las Órdenes e Institutos religiosos, que fueron portadores de la fe cristiana y de un amor grande a los nativos. Aunque los autóctonos no asimilaban ciertos aspectos de la cultura que les llegaba, sin embargo la presencia de los misioneros suscitó una sincera apertura al mensaje salvador. Esto se debe al hecho de que entre sus creencias y costumbres se encontraban lo que los Padres de la Iglesia llaman «semillas del Verbo», rayos de su luz, presentes en la mente y en el corazón de aquellos pueblos, en espera de ser fecundadas y enriquecidas con la predicación de la palabra y la efusión del Espíritu Santo'' [...]. ''Eso favoreció que un gran número de indígenas se convirtiera al cristianismo, movidos por la gracia de Dios y la fuerza persuasiva de la Buena Nueva''.&amp;lt;ref&amp;gt;Juan Pablo II, ''Carta a los religiosos latinoamericanos,'' nn. 7-8.&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''4.5. La pobreza evangélica'' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ha sido sin duda la pobreza evangélica de los misioneros uno de los aspectos que más favoreció el encuentro entre ellos y los indígenas, y que más cooperó también a mover el corazón de estos hacia el cristianismo, que podría aparecer como la religión de los vencedores y, por lo tanto, de los poderosos. En este contexto se comprende la insistencia sobre el testimonio de pobreza evangélica, el desapego de las cosas y el desnudarse de toda apariencia de poder o de lujo, en un mundo donde la codicia de las riquezas, la afanosa búsqueda del oro y de poder, se convirtió en uno de los pecados capitales más vistosos. La pobreza evangélica fue considerada como parte integrante de la evangelización. Estas actitudes se convirtieron en el primer catecismo de los frailes misioneros. Impresiona que tal insistencia sobre la pobreza evangélica como testimonio y método misionero, elemental y fundamental de evangelización, se encuentre unánimemente en las orientaciones de la Corona, de los Concilios americanos y de los Capítulos de los Religiosos, en las mismas autoridades civiles coloniales de las Indias, en los indios, y lógicamente en los misioneros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a) Insistencia por parte de la Corona y de los Concilios Americanos  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las disposiciones de la Corona, de los Concilios de Indias y los Capítulos de las Órdenes Religiosas dan un valor de testimonio a la pobreza evangélica practicada por los misioneros, y la señalan como uno de los motivos que podían atraer a los indios a la Fe Católica. Así el III Concilio Limense prohíbe bajo excomunión que los conventos adquieran propiedades, y restringe el número de ovejas y caballos que cada casa religiosa puede poseer. Los ''“Monumenta Antiquae Floridae”'' nos ofrecen el siguiente testimonio perteneciente a Felipe II: “''La razón por la que se pide que los monasterios no posean sino sólo en cierto modo, y que los religiosos no posean nada en absoluto, es porque tal testimonio tiene una fuerza mayor en los indios que ven en los ministros de la fe cristiana tal desinterés y ausencia de codicia. Así era al principio cuando no existía'' [afán de poseer]; ''había entonces un gran provecho en la predicación misionera, aún más debido al hecho que nos'' [el Rey] ''hemos dado la orden de proveer'' [a los misioneros] ''de lo que necesitaran”''.&amp;lt;ref&amp;gt;''Monumenta Antiquae Floridae,'' vol. 3, 13 *, Roma 1946.&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También las disposiciones del Sínodo de Santa Fe de Bogotá de 1556 y los Concilios de México y Lima de 1583 insisten sobre el mismo aspecto. Los dominicos y los agustinos castigaban con penas severas el tráfico de dinero. El prepósito general de la Compañía de Jesús, padre Everard Mercuriano, en una carta al padre Juan de la Plaza, en Perú, autoriza expulsar de la Orden a los religiosos que volviesen a España con dinero. La Corona española ratificó todas estas disposiciones. Felipe II solicitó a Pío IV un breve para prohibir a los religiosos que, con licencia de volver a España, llevaran consigo oro o plata&amp;lt;ref&amp;gt;Así la Ley 18, T. 14, L. 1.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Si un secular llevaba dinero o metales de parte de algún religioso como si fueran suyos, y era descubierto, era multado con una suma cuatro veces superiores al valor llevado. Más tarde, Carlos II (siglo XVII) prohíbe que los religiosos que volviesen a España con licencia, pudieran prestarse a ser los mediadores o los procuradores de los laicos domiciliados en América. Para subrayar esta pobreza apostólica y evitar todo peligro de acumulación de riquezas, se prohibió a los misioneros imponer penas pecuniarias a los fieles. También la administración de los sacramentos debía ser completamente gratuita (cosa que permaneció siempre observada durante los tres siglos de dominación española). Quién quebrantaba esta ley, era castigado con la pena del destierro, y el reincidente con la excomunión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
b) De parte también de los conquistadores y autoridades americanas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El valor de la pobreza evangélica como primera forma de testimonio misionero también era sentido profundamente por parte de muchos conquistadores, que insisten en que los misioneros provengan de las Órdenes de observancia. El caso más elocuente es el de Cortés. En su carta-relación a Carlos V del 15 de octubre, probablemente de 1524, pide ''“personas religiosas de buena vida y ejemplo”'', y suplica que sean enviadas pronto ''“con toda brevedad, porque así Dios Nuestro Señor será muy servido, y se cumplirá el deseo que Vuestra Alteza nutre como católico en este caso”''. Antes, continúa Cortés, había pedido ''“obispos y otros prelados para la administración de los oficios y el culto divino, y entonces nos pareció que así convenía”'', pero ahora, mirando bien el problema, para la conversión e instrucción de los indígenas, prefirió vinieran: ''“muchas personas religiosas... y llenas de celo por la conversión de estas gentes, y que funden conventos y monasterios en las diversas provincias, según cuánto nos parezca oportuno, y que las décimas les sean dadas a estos religiosos para construir sus conventos y para el sustento de su vida, y cuanto sobre sea destinado a las iglesias y para el cuidado de las poblaciones donde habitan los españoles, y para los clérigos que los sirven, y que estas décimas sean recogidas por los oficiales de vuestra majestad, y tengan las cuentas de ellas y también rindan informe, y provean los dichos monasterios e iglesias, estas décimas serán suficientes y todavía sobrará bastante... porque teniendo obispos y otros prelados, no dejarán de seguir la costumbre,  que por nuestros pecados ellos hoy tienen de  disponer de los  bienes de la Iglesia, que es gastarlos en pompas y otros vicios, y en dejar mayorazgos a sus hijos y a parientes”''.&amp;lt;ref&amp;gt;''Histortadores primitivos de Indias,'' I, 115; Cuevas, ''Historia del Iglesia'', I, 116; Lopez, ''Los primeros franciscanos en Méjico,'' 21-28; Ricard, ''La conquista espiritual de México,'' 30-31; Lopetegui-Zubillaga, 290-291.&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la petición de Cortés a Carlos V hay una evolución: de una petición genérica de ''“obispos religiosos de todas las Órdenes que sean de buena vida y doctrina”'', petición hecha después de la conquista de la capital azteca (13 de agosto de 1521), el 20 octubre del 1522,  pasa en un segundo momento a precisar que sean religiosos de la observancia, y se mostrará contrario a que vengan obispos del clero secular, por miedo a su lujo. Es en este contexto que Carlos V le pide al papa Adriano VI la bula ''Omnimoda'', enviada desde Zaragoza el 11 de mayo de 1522. Según Mendieta, Hernán Cortés había pedido ''“con mucha insistencia, declarando la capacidad y talento de los indios de ésta Nueva España y la necesidad que tenían de ministros que, más por obras que por palabras, les predicasen la observancia del Santo Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo &amp;quot;''. En 1552 Cortés mandó a España algunos enviados suyos con cartas para el emperador para pedirle que ''“enviase obispos religiosos de todas las órdenes, que fuesen de buena vida y doctrina, para que nos ayudasen a plantar más por entero en estas partes nuestra santa fe católica”''.&amp;lt;ref&amp;gt;Mendieta, ''Historia,'' L. III, c. 1, Ed. México 1971; Hernán Cortés, ''Cartas de Relación,'' Ed. Madrid 1932, 121-122; Mendieta, L, III, c. 3; c. 6; R, Ricard, ''La conquista espiritual de México,'' 31, nn. 4 y 5.&amp;lt;/ref&amp;gt;La preocupación de Cortés fue, por tanto, que la Iglesia en aquellas tierras fuera modelada por los religiosos observantes, sin aquellas sombras que entonces la turbaban tan profundamente en la Europa de la pre-reforma católica. Por esto teme que la llegada de ciertos tipos de clérigos, obispos incluidos, pudieran falsear o enfriar el anuncio evangélico. Por ello prefiere a los religiosos franciscanos de la estrecha observancia. Esta actitud de uno de los ''conquistadores'' más notables, indica también el espíritu cristiano que animó a aquellos hombres, aún siendo pecadores y llenos de muchos límites morales. Otro oficial real (contador real), Rodrigo de Albornoz, veía necesario el nombramiento de los obispos para hacer entender a los indios la naturaleza visible y jerárquica de la Iglesia, pero los quería austeros y pobres, exentos de codicia.&amp;lt;ref&amp;gt;P. Borges Morén, 363, n. 91; Colección de Docs. Inéd. XIII, 68-69.&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
c) De parte de los religiosos misioneros&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los testimonios por parte de los religiosos misioneros sobre la eficacia evangelizadora de la pobreza evangélica son numerosos. Es el caso de Toribio de Benavente Motolinía, en México. El padre Acosta  recalca igualmente lo mismo para Perú. Los franciscanos en México, los dominicos en Guatemala, los jesuitas a Sinaloa repitieron sin cansarse: ''“No queremos vuestro oro, plata, piedras preciosas, plumas, cacao... ni el sustento”''. En 1535, los dominicos de Centro América en uno de sus capítulos tomaron la decisión de renunciar a sus posesiones, rentas e ''“indios de peonaje''” (indios que debían asistirlos con su trabajo). El mismo Felipe II intervendrá posteriormente (hacia 1568) para que se mantuviera esta resolución. Esta pobreza evangélica era vivida por los misioneros religiosos incluso en los detalles: en el modo de vestir, en el comer, en sus conventos y en las cosas que usaban. Su vida tan evangélicamente austera fue tal, que un virrey de México le pedía al Papa que ordenara a estos religiosos misioneros comer carne y usar el caballo en los viajes largos como medio de transporte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
d) Esta pobreza causa estupor en los indios&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La pobreza evangélica y la veneración y respeto que estos hombres de Dios suscitaban en los conquistadores, llenaban también de estupor a los indios desde el primer momento que los vieron. Así nos cuenta Bernal Díaz del Castillo,  uno de los cronistas de la primera hora y compañero de Cortés, el encuentro de éste con los primeros franciscanos llegados a México: ''“Y cuando nos encontramos con los religiosos, el primero que se arrodilló frente a ellos fue Cortés”''. Cortés había ido a su encuentro con una suntuosa comitiva; bajó del caballo, se arrodilló e intentó besar sus pies; ante el rechazo de los frailes, se puso de rodillas y besó el borde de sus vestidos. El cronista testigo continúa: ''“…Y todos nosotros hicimos también lo mismo, capitanes y soldados; y cuando Guatemuz y todos los otros jefes vieron a Cortés ponerse de rodillas delante de los religiosos, los indios se llenaron de gran estupor... Y como vieron los frailes descalzos y delgados y los vestidos rasgados, y no a caballo, sino a pie y muy amarillos, y ver a Cortés, que lo consideraban como un semidiós o como cosa de otro mundo así de rodillas ante los frailes, desde entonces tomaron ejemplo todos los indios. Y aún más: digo que cuando Cortés hablaba con aquellos religiosos se quitaba el sombrero y los obedecía en todo. Estos religiosos trajeron muchos frutos a toda la Nueva España”''&amp;lt;ref&amp;gt;Bernal Díaz del Castillo, ''Verdadera historia de los Sucesos del Nueva España,'' cap. CLXXI, Ed. Madrid 1947&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y el franciscano Jerónimo de Mendieta, historiador  y también testigo de la primera hora añade: ''“Los indios caminaban detrás de ellos y se maravillaban de verlos con vestidos tan raídos y con un comportamiento tan diferente al valor y coraje que habían visto y observado en los soldados españoles. Ellos se preguntaban uno a otro qué hombres podían ser, puesto que eran tan pobres, y repetían continuamente una palabra suya: ‘motolinía, motolinía’. Y uno de los padres, llamado fray Toribio de Benavente, pidió a un español que cosa quería decir aquella palabra que continuaban repitiendo. El español contestó: ‘Padre, motolinía significa pobre, pobres'. Entonces fray Toribio dijo: 'Éste será mi nombre para toda la vida'. Y así, desde aquel momento en adelante, no se hizo llamar nunca ni se firmó de otra manera que fray Toribio Motolinía”''.&amp;lt;ref&amp;gt;Jerónimo de Mendieta, ''Historia'', L. III, c. 12; cf. también L. II. Ed. México 1971, 51-52; Bernardino de Sahagún, ''Verdadera Historia de los Sucesos de la Conquista del Nueva España'' ( Relación de la venìda de los Españoles), IV, Ed. Móaco 1938, 298-299. Nos transmite la versión de aquel encuentro a través de las fuentes aztecas por Fernando de Alva Ixtlilxóchitl.&amp;lt;/ref&amp;gt;Los indios se asombraban ante el desinterés y desapego a los bienes practicado por los frailes misioneros, comparándolos con el afán de riqueza de muchos colonos. Muchas relaciones de la época subrayan como la conversión de muchos indios sucedía precisamente por esto. Los indios se daban cuenta de la enorme diferencia entre muchos conquistadores y estos misioneros religiosos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El dominico Fray Antonio de Remesal nos cuenta en su ''“Historia de Chiapas y de Guatemala”'', la llegada de los dominicos en 1545, procedentes de un pueblo llamado Cicalango (Guatemala). Los frailes quedaron impresionados por la acogida de los indios. Su cacique ordenó incluso que les fueran lavados los pies y se les sirvieran su maíz, pescado y agua fresca. Asombrados por tal acogida el mismo cacique les explicó 1os motivos: ''“sabían que a diferencia de los españoles, los frailes no venían en busca de sus bienes ni con la intención de su causarles ningún mal; les empujaba solamente el interés de su provecho espiritual”''&amp;lt;ref&amp;gt;P. Borges Morán, ''El envio,'' 92.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Diego de Landa nota lo mismo en su ''“Relación de Yucatán”''.&amp;lt;ref&amp;gt;Diego de Landa, OFM, ''Relación de las cosas de Yucatán.'' Introducción y notas por Héctor Pérez Martínez, Septima Ed. ''Con un apéndice en el cual si publican por primera vez varios documentos importantes y cartas del autor,'' México D.F. 1938.&amp;lt;/ref&amp;gt;Según el historiador Borges la evangelización en el reino de Granada fracasó precisamente a causa de la codicia de algunos clérigos.&amp;lt;ref&amp;gt;P. Borges Morán, ''El envío,'' 29-30.&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''5. Dificultades en la aplicación de tales criterios''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''5.1. La ya antigua y difícil relación entre los obispos, clero diocesano y los regulares''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El criterio de elección no siempre fue pacífico. Los religiosos miraban con sospecha la llegada de clérigos seculares debido al tradicional antagonismo entre el clero regular y el secular y por el posible mal ejemplo de algunos de estos. Creían que la obra evangelizadora debía ser llevada adelante sólo por los religiosos reformados. Por su parte, los obispos deseaban justamente la presencia del clero secular, no sólo por la necesidad de sacerdotes, sino para contrarestar la fuerza pujante de los religiosos exentos. En efecto, las disputas entre regulares y seculares, obispos y regulares serán numerosas desde los comienzos. La razón estaba precisamente en las amplísimas facultades apostólicas y en la autonomía concedidas por los Papas de que gozaban los religiosos. Además, los religiosos eran muy celosos de aquellas facultades que favorecían un notable dinamismo en su ministerio. El problema se agudizó con las disposiciones del Concilio de Trento sobre el deber pastoral y sobre los derechos disciplinares de los obispos como responsables últimos del cuidado pastoral del pueblo de Dios. Inclusive alguien pensó que era necesario retirar a los religiosos de las Indias. &lt;br /&gt;
Comienza así una dura polémica entre religiosos y obispos, que alcanzará su cénit en los siglos XVII y XVIII. Basta recordar las duras polémicas entre el segundo obispo de México, Montufar, dominico, y los franciscanos; o las del obispo de Puebla, Palafox, y los jesuitas y otros religiosos, y las frecuentes diatribas en el periodo del regalismo, y luego su desenlace bajo los regimenes liberales tras las independencias. Frente a la problemática, ligada por una parte a la situación misionera y a la necesaria libertad de los religiosos, y por la otra, a las disposiciones tridentinas sobre los derechos y deberes de los obispos, Felipe II creyó poder solucionar el problema nombrando predominantemente a obispos religiosos en las Indias. Hasta consiguió una excepción a los decretos tridentinos, de modo que fueran los superiores religiosos los encargados de la cura pastoral en aquellas misiones.&amp;lt;ref&amp;gt;P. de Leturia, I, 124 ss.&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''5.2. El debilitamiento del ímpetu misionero''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otro hecho obligó a la Corona y las Autoridades religiosas a un empeño más severo en la elección de los misioneros religiosos y al mismo tiempo a la promoción vocacional misionera. Con el tiempo, las provincias religiosas de América vieron crecer las vocaciones, también entre los criollos americanos. Poco a poco, aquellas provincias se emanciparon de sus hermanas de España, fenómeno que produjo una disminución del interés misionero en la Metrópoli. Los provinciales en España empezaron a mandar a veces religiosos mediocres. Esta situación empujó al Papa a conceder de nuevo al rey, el poder intervenir para corregir los abusos y fomentar la promoción vocacional hacia América y su debida selección.  Así en la Junta de 1568, presidida por Felipe II, el rey ordenó la presencia en la Corte de procuradores estables de las órdenes religiosas misioneras ya citadas.&amp;lt;ref&amp;gt;P. de Leturia, ''El regio vicariato de Indias o el Apostolado seglar de los Reyes de España,'' RSSHA, I, 424.&amp;lt;/ref&amp;gt;Estos procuradores, sostenidos por la Corona, tenían que ser los animadores del movimiento misionero en favor de las Indias. Pero también encontramos en los Generales de las órdenes religiosas un interés directo en fomentar la vocación misionera entre sus miembros; también vemos como algunos Papas, como san Pio V, conceden indulgencias especiales a los que parten como misioneros sea hacia el Oriente, como al Occidente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
6. La creación de seminarios misioneros dentro de las Órdenes Religiosas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este período se dio un paso importante en la historia del movimiento misionero moderno. Pronto se vio la necesidad de crear centros de promoción vocacional y formación específica para las misiones. En la decisión de Felipe II de querer en la Corte Procuradores de las Órdenes para las Misiones de las Indias, ya aparece esta intención. Un paso específico en este sentido se encuentra en la ''Junta'' de 1568, que ordena la creación de seminarios misioneros en México y en Lima por cada Orden religiosa, para la preparación de los misioneros de la propia Orden y el aprendizaje de las lenguas, conocimiento de las costumbres de los indios y su adaptación a ellos. Se concede a estos colegios misioneros la posibilidad de tener rentas, campos y de heredar tierras, con el objetivo de poder sostener aquellos colegios-conventos. Pero se prohíbe que tengan oro y otras riquezas muy ambicionadas. Se determina también que los pequeños conventos diseminados en las inmensas latitudes de las Américas aumenten el número de sus religiosos.&amp;lt;ref&amp;gt;P. de Leturia, ''ibidem,'' los, 424-5.0&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se puede concluir que la Corona, empujada por los religiosos misioneros y por la Iglesia española local, demuestra en este tiempo un celo notable respecto a la formación y la vida de los religiosos misioneros. A veces la Corona aparece incluso más exigente que los mismos superiores religiosos y eclesiásticos en general. Así, mientras las autoridades eclesiásticas y religiosas generalmente eran más tolerantes y prudentes con los religiosos y clérigos menos dignos en América antes de reexpedirlos a la madre-patria, la Corona es mucho más severa e insiste en que sean expulsados los indignos. Ya Carlos V había conseguido del Papa un breve para poder intervenir en estos casos. Además, en América no le era permitido quedarse a un religioso que dejaba la orden para pasar al clero secular, porque se veía en ello una segunda intención&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''7. Impacto de los primeros misioneros y bases del catolicismo latinoamericano''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se puede decir que los evangelizadores de las primeras generaciones ejercitaron un notable y determinante impacto en la evangelización del Nuevo Mundo americano, poniendo las bases culturales de aquel catolicismo característico de este Continente latinoamericano. Además forjaron una Iglesia, que en sus comienzos mostró las huellas inconfundibles de las raíces carismáticas de la mayor parte de ellos, frailes mendicantes, y de una Iglesia con claras características conventuales en muchas de sus facetas. Los primeros misioneros se tuvieron que enfrentar con una problemática inédita que suscitaba aquel encuentro del mundo cristiano occidental con el Nuevo Mundo americano desde el punto de vista antropológico y cultural. A esta notable problemática se une desde los primeros momentos la dramática relación entre la conquista y la evangelización que generalmente se encontraban uncidas desde varios ángulos: contemporaneidad, unión íntima entre el cristianismo profesado y protegido por los conquistadores y el anunciado por los frailes misioneros, encendidos debates jurídicos en España y en las “Indias” sobre temas como los de la “guerra justa”, los métodos de la conquista, los derechos naturales del mundo indígena y la misma concepción antropológica que se tenía sobre el mismo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En estos debates, frailes misioneros, juristas eclesiásticos y laicos, se baten como defensores de la justicia y de lo que se llamará el “derecho de gentes”. Otro de los temas, muy unido al anterior, fue el del estudio de aquellos pueblos y su realidad; se forja en crecidas un encuentro con aquellas culturas desde el punto de vista antropológico, religioso y cultural (el llamado ''mestizaje'' producido por el catolicismo). En todo este drama historico se ve a las claras la capacidad de encuentro de cuantos se profesaban católicos, sin excluir a los mismos conquistadores, y sobre todo comenzando por los frailes misioneros. Se notan una serie de presupuestos, actitudes y medios para tal encuentro, con su resultado hoy claro, que es el mestizaje cultural y antropológico, así como la cercanía a las gentes encontradas, el interés por su mundo y el aprendizaje de sus lenguas y su transliteración al alfabeto latino y conservación de muchas de ellas, como su utilización en la catequesis evangelizadora.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así el historiador jesuita Mariano Cuevas indica que en Nueva España los misioneros fijaron once grupos de lenguas, diferenciadas sucesivamente en otras 150 lenguas y 70 dialectos&amp;lt;ref&amp;gt;Mariano Cuevas, S.J, ''Historia de México,'' I, 35 ss.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Cortés Castellanos, quien ha estudiado de modo especial el ''Catecismo pictográfico'' de fray Pedro de Gante, nos da también en relación a México, 6 catecismos todavía inéditos conservados en diversos archivos y bibliotecas y 7 catecismos publicados, 32 códigos sobre el argumento y otras 36 obras sobre el tema perteneciente al siglo XVI mexicano&amp;lt;ref&amp;gt;Cortés Castellanos, 23-32&amp;lt;/ref&amp;gt;. Se cuentan docenas de religiosos misioneros que prepararon trabajos de este tipo un poco en todas las lenguas de la América hispana. Ejemplos de ellas son las gramáticas, diccionarios y otras obras en las lenguas diversas lenguas de las grandes zonas culturales del Continente por obra de estos misioneros&amp;lt;ref&amp;gt;G. Furlong, ''Los Jesuitas y las lenguas indigenas,'' Mexico 1927.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Por ello se debe reconocer cómo la Iglesia ha ayudado así a salvaguardar la memoria histórica de los pueblos indígenas. Pero además la Iglesia con sus reducciones, misiones, pueblos hospitales, conventos misionales ha sido “un lugar humano” para el encuentro entre los diversos pueblos. Las misiones y los conventos fueron centros de irradiación de vida y cultura: colegios y las universidades, la fundación de poblaciones y de ciudades, de caminos a lo largo de su geografía, de capacidad de encuentro entre las poblaciones, abriendo barreras hasta entonces infranqueables, promoviendo la agricultura y las artesanías y las obras artísticas de varios géneros (iglesias, edificios civiles, pintura y escultura, literatura y obras plásticas) muestran cómo se injerta la fe católica en las realidades culturales encontradas dando lugar a una clara simbiosis cultural, de la que el barroco latinoamericano es un ejemplo claro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No sólo ante las muchas heridas causadas por enfermedades y traumas de la conquista, de desplazamiento de poblaciones, de contagios endémicos en tiempos de hambrunas, pestes y otros desastres, empuja a las autoridades virreinales a la Iglesia y a sus frailes misioneros a fundar hospitales y numerosas obras de asistencia y caridad cristiana como respuesta a estas llagas sociales. Por todo ello bien podría decirse que evangelización ha sido global, en cuanto ha intentado tocar todos los ámbitos de la antropología y de la cultura de estos pueblos. Se llevó a cabo, sin un plan preconcebido, la construcción de la identidad cultural latinoamericana, como bien recordaba Juan Pablo II en uno de sus discursos “latinoamericanos”: ''“La Iglesia fue pionera en el desarrollo de la cultura, puesto que a ella sei debe principalmente el temprana creación de la universidad, la oportuna apertura a la promoción de la mujer y la iniciativa artística y científica en diversos campos”''&amp;lt;ref&amp;gt;Juan Pablo II, ''Quince años de evangelización.'' Discurso Campo de Chambacú, Cartagena, Colombia, 6.7.1986&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==NOTAS==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==BIBLIOGRAFÍA==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Actas del I Congreso Internacional sobre los Dominicos y el Nuevo Mundo, Sevilla, 21-25 de abril de 1987, V Centenario del descubrimiento de América, Madrid 1988.&lt;br /&gt;
Actas del II Congreso Internacional sobre los Franciscanos en el Nuevo Mundo, siglo XVI, La Rabida, 21-26 de septiembre de 1987, V Centenario del descubrimiento de América, en Archivo Iberoamericano, 48 (Madrid)&lt;br /&gt;
Ana de Cristo, Historia de Nuestra Santa Madre Jeronima del Asunción, MS de 450 pp. en el archivo del Convento de Santa Isabel de Toledo (España). &lt;br /&gt;
Aparicio, Severo, OdeM, ''Los mercedarios de América y el redención de cautivos''. Siglos XVI-XIX, en Analecta Mercedaria 1 (1982) 1-56.&lt;br /&gt;
Aspurz, Lázaro de, OFM Cap, ''La aportación extranjera a las misiones espanolas del patronato regio'', Tesis para el doctorado en el Facultad de Historia Eclesiastica de la Pontificia Universidad Gregoriana, Madrid 1946&lt;br /&gt;
Batllori, Miguel, SJ, ''Del descubrimiento al Independencia.'' Estudios sobre Iberoamérica y Filipinas, Caracas 1979.&lt;br /&gt;
Bayle, C., SJ, El Clero secular y el evangelización en América, Biblioteca Missionalia Hispanica (publicada por el instituto San Toribo de Mongrovejo, vol. 6, Madrid 1950; Ídem, El campo propio del sacerdote secular en el evangelización américana, en Missionalia Hispanica 3 (1946) 469 - 510; Ídem, Los clérigos y el extirpación de la idolatría entre los neófitos americanos, en Missionalia Hispanica 3 (1946) 53-98; Ídem, Órdenes religiosas no misioneras en Indias, en Missionalia Hispanica 1 (1944) 517-558; Ídem, Planes antiguos de seminario de misiones y de reclutar clero secular para el evangelización de América, en Missionalia Hispanica 6 (1949) 379-388. &lt;br /&gt;
Bernal Díaz del Castillo, Verdadera historia de los Sucesos del Nueva España, Ed. Madrid 1947.  &lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
'''FIDEL GONZÁLEZ FERNÁNDEZ'''&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.56.161</name></author>
		
	</entry>
	<entry>
		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=EVANGELIZACI%C3%93N_DE_AM%C3%89RICA;_los_primeros_evangelizadores_y_sus_m%C3%A9todos&amp;diff=6558</id>
		<title>EVANGELIZACIÓN DE AMÉRICA; los primeros evangelizadores y sus métodos</title>
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		<updated>2014-09-23T21:49:36Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.161: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;==I. Santa María, la primera misionera==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''“Ante la expedición guiada por Cristóbal Colón se abrieron tierras desconocidas y apareció un Nuevo Mundo. Y a la vez, el mismo Dios que a los descubridores, rodeados por el abismo del inmenso océano, permitió un día dar el grito de ¡tierra, tierra!, El mismo «ha hecho brillar la luz en nuestros corazones, para irradiar el conocimiento de la gloria de Dios que está en la faz de Cristo» (2 Cor 4,6). Este fue el principio salvífico del conocimiento de la gloria de Dios que está en la faz de Cristo: el comienzo de la evangelización de América, el comienzo de la fe y de la Iglesia en el Nuevo Mundo”.''&amp;lt;ref&amp;gt;Juan Pablo II, ''Homilía en San Domingo'' (11.X.1984), en ''Insegnamenti di Juan Pablo II'', VII/2, 877;  La ''Traccia'' 9, 1984, 1120.&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así se expresó el papa Juan Pablo II en Santo Domingo en 1984, con ocasión de la apertura de la novena de años de preparación al V Centenario del inicio de aquella evangelización. Y continuó: ''«América Latina se ha convertido en la tierra de la nueva visitación. Porque sus habitantes han acogido a Cristo, traído en cierto sentido en el seno de María, cuyo nombre llevaba ya una de las tres carabelas de Colón. Y se ha unido de modo particular a Cristo mediante María. Por ello este continente es hasta hoy testigo de una particular presencia de la Madre de Dios en el misterio de Cristo y de la Iglesia (Lumen Gentium, c. VIII, 52-65). Aun externamente, las tierras de la nueva evangelización denotan esa presencia singular de María, con sus cerca de 2.000 nombres de ciudades, villas y lugares referidos a los misterios y advocaciones de la Virgen Santísima…»&amp;lt;ref&amp;gt;Juan Pablo II, ''Ibidem'',  en ''Insegnamenti'' VII/2, 879-880; La ''Traccia'' 9 (1984) 1121.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Por eso «decir Iberoamérica quiere también decir &amp;quot;María&amp;quot;, es decir: &amp;quot;Guadalupe, Altagracia, Luján, La Aparecida, Chinquinquirá, El Carmen, Supaya y tantos otros títulos marianos&amp;quot;.''&amp;lt;ref&amp;gt;Juan Pablo II, ''La dimensión apostólica, misionera y mariana de la Iglesia Católica que está en tierra de España,'' Zaragoza (10.X.1984), en ''Insegnamenti,'' VII/2, 868.&amp;lt;/ref&amp;gt;En aquella ocasión, Juan Pablo II concluía su discurso de apertura de aquella &amp;quot;novena de años&amp;quot; con la oración que recitaban al alba los marinos de Colón: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
:::''&amp;quot;Bendita sea la luz''&lt;br /&gt;
:::''&amp;quot;y la Santa Veracruz''&lt;br /&gt;
:::''&amp;quot;y el Señor de la Verdad''&lt;br /&gt;
:::''&amp;quot;y la Santa Trinidad.''&lt;br /&gt;
:::''&amp;quot;Bendita sea el alba''&lt;br /&gt;
:::''&amp;quot;y el Señor que nos la manda,''&lt;br /&gt;
:::''&amp;quot;Bendito sea el día''&lt;br /&gt;
:::''&amp;quot;y el Señor que nos lo envía&amp;quot;. Amén ''&amp;lt;ref&amp;gt;Juan Pablo II, ''Homilía'' (Santo Domingo 12.X.1984), en ''Insegnamenti'' VII/2, 897.&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquella luz llegó de manos de María, y María estará presente en todo el proceso evangelizador de América con una presencia tangible. Ella es por lo tanto la primera misionera. Por eso, en el proceso de anuncio misionero y de encuentro entre culturas y pueblos tan diferentes -y frecuentemente contrapuestos- encontramos inmediatamente la figura de María como primera misionera, artífice de tal proceso, y ''“estrella de la evangelización”,''como es llamada en numerosos documentos pontificios y episcopales. En el caso de México, tendrá una importancia capital el Acontecimiento guadalupano (1531), anuncio misionero y catecismo pictográfico en los comienzos de la evangelización&amp;lt;ref&amp;gt;F. Gonzalez Fernández, Fidel, ''La &amp;quot;Traditio&amp;quot; Guadalupana cómo clave de lectura de la historia de la evangelización en latinoamérica,'' en W. Henkel, O.M.I, ''Ecclesiae Memoria. Miscelánea en honor del R. P. Josef Metzler, O.M.I, Prefecto del Archivo Segreto Vaticano.'' Herder. Roma-Freiburg-Wien 1991, 407-429.; IDEM, ''Guadalupe: pulso y corazón de un pueblo. El Acontecimiento gudadalupano cimiento de la fe y de la cultura americana.'' Ed. Encuentro, Madrid 2004; González Fernández, F., - Chávez Sánchez, E., - Guerrero Rosado, J.L., ''El encuentro de la Virgen de Guadalupe y Juan Diego,'' Ed. Porrúa, México 1999.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Hay que recordar que el primer catecismo para los indios en México, el de Fray Pedro de Gante fue, precisamente, pictográfico. Por su parte los obispos latinoamericanos reunidos en Puebla señalaban este hecho al afirmar:''“El Evangelio encarnado en nuestros pueblos los congrega en una originalidad histórica cultural que llamamos América Latina. Esa identidad se simboliza muy luminosamente en el rostro mestizo de María de Guadalupe que se yergue al inicio de la Evangelización”''&amp;lt;ref&amp;gt;CELAM, ''Documento de Puebla'', n. 446&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==''II.  Las órdenes religiosas: misioneras de América Latina''==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''''1. Quiénes fueron estos misioneros''''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El historiador Fernández de Oviedo, testigo de los hechos que narra, apunta en una de sus crónicas sobre la llegada de los primeros religiosos misioneros en las Américas una frase que sintetiza aquel impresionante movimiento misionero:''“Llovieron los frailes”''.&amp;lt;ref&amp;gt;Gonzalo Fernandez de Oviedo, ''Historia general y natural de las Indias.'' I-IV. Edición y estudio preliminar de Juan Pérez de Tudela Bueso. Madrid 1959, 5 vols., &amp;quot;Biblioteca de Autores Españoles &amp;quot;, vol. 117-121. Cf. Jerónimo de Mendieta, OFM, ''Historia eclesiástica indiana,'' 35 bis, obra escrita al final del s. XVI; fue publicada por la primera vez por Joaquín Garcia Icazbalceta, México 1870; C. Nouel, ''Historia eclesiástica del arquidiócesis de San Domingo, primada de América,'' T. I, Roma 1913, 17; L. Lopetegui, SJ - F. Zubillaga, SJ, ''Historia del Iglesia en la América Española,'' BAC, Madrid 1965, 213-217; 220-221.&amp;lt;/ref&amp;gt;La evangelización comienza en  1493 con el segundo viaje de Colón. Los Reyes Católicos mandan a Bernardo Boyl (c.1445-c.1506) como “vicario pontificio”, encargándole comenzar la instrucción catequética de los indios de las Nuevas Tierras y de algunos indios traídos a España por Colón y devueltos a su patria. Junto con él viajan algunos franciscanos que son los pioneros de aquellos comienzos. ¿Quién era Boyl? Probablemente aragonés de nacimiento, compañero del rey Fernando el Católico y después su secretario y consejero, Boyl era un hombre culto y polifacético. Ermitaño benedictino en Monserrat (1480), sacerdote (1481), vicario general de Monserrat, nombrado por el abad comendatario de aquella abadía benedictina, el cardenal de la Rovere (futuro Julio II), comenzó una reforma de la misma; durante una misión diplomática en Francia, conoció a san Francisco de Paula, fundador de la nueva Orden de los mínimos, y admirando su santidad de vida, entró en la misma; de vuelta a España, y sostenido por los Reyes Católicos, comenzó a difundirla en España.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tras el primer viaje de Colón y con claros propósitos misionales, el rey Fernando le pide que vaya a las Indias como vicario pontificio (7 de junio de 1493), petición confirmada por el papa Alejandro VI en la bula ''Piis fidelium''25 de junio de 1493); partió para las Indias en aquel segundo viaje de Colón el 25 de septiembre de 1493, como vicario pontificio, pero sin ser obispo u ostentar otro título. Su gobierno es discutido por los historiadores; y en la isla ''Isabela''tuvo fuertes contrastes con Colón. A la actitud violenta y cruel de Colón, respondía el vicario con el entredicho; además las dificultades enormes del clima y de las lenguas totalmente desconocidas, lo sumen en una fuerte frustración, por lo que pasado un año, vuelve “muy doliente” (en frase del rey) a España (3 de diciembre de 1494). El primer envío misionero había salido desde Cádiz el 15 de septiembre de 1493 en una expedición compuesta de 1500 personas, casi todos soldados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los misioneros eran: Boyl, el hermano laico jerónimo fray Roman Pané, el mercedario Juan Infante y tres franciscanos: el sacerdote Rodrigo Pérez y los hermanos laicos franceses Juan Deleudele y Juan Tisim o Cosin. Del primer franciscano no se hablará más, mientras se sabe más de los otros dos, que serán los primeros promotores de la actividad misionera franciscana en las Américas. Llegaron al Caribe el 3 de noviembre. Aquellos dos primeros franciscanos, franceses, en una carta al general de la orden, fray Oliviero Maillardi, el 12 de octubre de 1500, hablarán de cómo los indios deseanban el bautismo, y que habían bautizado ya tres mil de ellos, por lo que pedían nuevos misioneros.&amp;lt;ref&amp;gt;Cf. Lopetegui-Zubillaga, ''o. c.'', 22.&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se podrá discutir sobre el valor dado a los números en las relaciones de la época, pero no cabe duda de los bautismos masivos de nativos.  El 6 de enero de1494, el padre Boyl celebra la misa de fundación de la ciudad, que se llamará Isabela&amp;lt;ref&amp;gt;Cf. ''DHEE: Boyl,'' I, 281-282.&amp;lt;/ref&amp;gt;. ¡Comienza así la evangelización! Estos primeros momentos son marcados por desastres, disputas y miserias de todo tipo entre los españoles, desastres en la población indígena causados por el contacto y trato con los recien llegados (esclavitudes, enfermedades, que causan continuas muertes), canibalismo entre algunos grupos de indígenas, como los llamados “indios bravos” de algunas islas del Caribe, en contraposición a otros que son llamados “mansos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los primeros misioneros franciscanos se conformaron mejor con el entorno y entendieron más cumplidamente a los indios. Estos frágiles comienzos de la evangelización continuan ''&amp;quot;con la barcada de 17 franciscanos idos en 1501”.''Se trata del envío de Nicolás Ovando, que va a tomar el mando de La Española después del desastroso gobierno de Cristobal Colón y de su sucesor Bobadilla. Llega en el abril del 1502. Entre los 2.500 hombres que llegaron en 32 barcos mandados por Antonio Torres, se encontraban: 17 franciscanos, 12 padres y 4 hermanos laicos, bajo la dirección del padre guardián Alonso del Espinal. Se encontraba también en aquel envío Bartolomé de Las Casas&amp;lt;ref&amp;gt;Leonhard Lemmens, OFM, ''Geschichte der franziskanermissionari, Veroffentlichungen des Internationalen Instituts für Missionswissenschaftliche Forschungen, Missionswissenschaftliche Abhanddlungen und Texte,'' vol. 12, Münster i. W. 1929, 197; pero Nouel, o. c., dice que fueron 11; y Amando Melon y Ruiz de Gordejuela, ''Los primeros tiempos del colonización. Cuba y las Antillas. Magallanes y el primera vuelta al mundo,'' Barcelona-Madrid-Buenos Aires 1952 (= ''Historia de América y de los pueblos americanos,'' dirigida par Antonio Ballesteros y Beretta, t. 6; Lopetegui-Zubillaga, ''o. c.'', 239.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Los misioneros por antonomasia fueron en su mayoría religiosos. Pertenecieron a la crema y nata de la vida religiosa española. Llegaron a las Américas en este orden: los franciscanos (1501), los dominicos (1510), los agustinos (1532), los jesuitas, (en la América española en el 1566), los carmelitas descalzos (1585): los primeros diez carmelitas descalzos que van a las Américas son destinados a México. Parece que en el hecho haya tenido un notable influjo Santa Teresa misma. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Partieron de Sanlúcar en el mismo barco que llevó al virrey don Álvaro Manrique de Zúñiga, 1585-1589, el 6 de julio de 1585, y  llegaron a San Juan Ulúa el 26 de septiembre, y a Ciudad de México el 18 octubre del mismo año. Los mercedarios, (1519, 1537 y 1589) llegan desde los álbores de la evangelización; en los comienzos de manera individual. Un mercedario ya se encuentra entre los primeros misioneros llegados al Nuevo Mundo en el 1493; otros lo seguirán en los primeros años. Fray Bartolomé de Olmedo, mercedario, fue el prudente capellán de Cortés. Va a las Antillas en  1516. En 1518 ya aparece como capellán de Cortés. Se puede decir que es el primer misionero en México, sea como evangelizador, sea como consultor de Cortés y su moderador. Entendió la transcendencia de la llegada a México. Puede ser considerado como fundador de la Iglesia en la nación azteca. Los errores que Cortés cometió siempre fueron por no haber seguido las indicaciones de Olmedo, que quiso se entrara en una relación pacífica con Montezuma y los aztecas. Fue él quién solicitó la intervención pontificia y suscitar la bula ''Omnimoda''de Adriano VI; también colaboró en la redacción cortesiana de los Ordenanzas, y parece que haya participado en las conocidas ''Cartas de Relación'' que Cortés escribió a Carlos V. Se opuso siempre a la violencia y a la constricción para imponer la fe cristiana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Según Bernal, Alamán, Sigiienza, Góngora y del Valle Arizpe, Olmedo fue el alma de la fundación del hospital de Jesus Nazareno, el primero en México. Se habla también de otros tres mercedarios compañeros de Olmedo. Él acogió a los primeros doce apóstoles franciscanos de México en junio de 1524, y murió en el octubre del mismo año. Las fuentes contemporáneas nos hablan de las dotes humanas y cristianas de este misionero. Después de Olmedo, llegaron a México otros doce mercedarios en 1530, dos de ellos fueron a Guatemala en 1537 con el obispo Francisco Marroquin (1536-1563). Pero la fundación de un convento fue en 1589 en la Ciudad de México con la aprobación de Madrid (1595) y de Roma (1596), y no sin la oposición de las demás Órdenes allí ya presentes. En esta época ya se encontraban en la Nueva España más de 40 religiosos de la orden. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los benedictinos llegaron a México en 1602 para ocupar el priorato de Nuestra Señora de Monserrat, el que será establecido definitivamente sólo en 1614. Se trata de una pequeña comunidad de cinco o seis monjes que se dedicaron a actividades culturales y educativas, según la tradición benedictina. Las congregaciones de caridad (servicio a los enfermos, huérfanos, etc...) son varias. Entre ellas encontramos la Congregación de la Caridad o de S. Hipólito (hospitalarios) (1594), que era una asociación secular fundada por Bernardino Alvarez. Clemente VIII con un breve del 2 de abril de 1594, les concede los mismos privilegios ya dados a los Hermanos de San Juan de Dios, con la facultad de formar una congregación con la emisión de los votos simples de castidad y pobreza y designar capitularmente al superior general. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En 1700 Clemente XI les concediólos privilegios de los frailes mendicantes y de la Congregación de los clérigos ministros de los enfermos (los camilos);&amp;lt;ref&amp;gt;Lopetegui-Zubillaga, 736.&amp;lt;/ref&amp;gt;los hermanos de S. Juan de Dios (1603), que llegaron a México para cuidar del hospital del Espíritu Santo, en su camino hacia México se instalaron con el mismo fin en la Habana, y también en Nuevo Príncipe y en Nicaragua. Llegaron a México en  1603, encontrando que el hospital estaba ya en manos de la congregación de San Hipólito; se encargaron de otro, el de Nuestra Senora de los Desamparados, fundado por el médico Pedro López y que se sustentaba con las limosnas de los fieles de la capital. Estos religiosos cuidarán de más de quince hospitales de la Nueva España y de Nicaragua;&amp;lt;ref&amp;gt;Lopetegui-Zubillaga, 736-737.&amp;lt;/ref&amp;gt;los ermitaños de S. Antonio Abad (1628), que levantaron en la ciudad de México un hospital y una iglesia, con una comunidad que en media no superará nunca la docena; la orden será suprimida en el 1787&amp;lt;ref&amp;gt;Lopetegui-Zubillaga, 736.&amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La orden de los llamados betlemitas (1655) fue la primera orden religiosa hospitalaria nacida en las Américas, en  Guatemala; fundada por san Pedro de San José de Betancourt, nacido en Tenerife (Canarias) el 16 de mayo de 1619 y muerto en Guatemala el 25 de abril de 1667,  canonizado el 30 de julio de 2002 en la ciudad de Guatemala por Juan Pablo II; la orden quiso ser una respuesta a las necesidades de los enfermos abandonados y apestados; encontrará la ayuda de los jesuitas y del obispo de Guatemala, fray Payo de Ribera OSA (1658-1667); cuando este obispo fue trasladado a México, los llamó y les encargó del hospital del amor de Dios, fundado por el primer obispo de México, Juan de Zumarraga. La orden fue suprimida por los Cortes Españolas en  1820. Dirigió con gran caridad 22 hospitales en el Perú y 10 en la Nueva España y otros en Cuba y a Guatemala&amp;lt;ref&amp;gt;Lopetegui-Zubillaga, 738-739.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Los capuchinos llegaron en 1647 a las Américas (los Capuchinos de Castilla), con una fundación en el Darién (Panamá), que debieron abandonar pronto; dos años después fundaron en Cumanà (Venezuela), y de aquí salieron todas sus fundaciones de Venezuela, Trinidad y Guayana.; en el siglo XVIII trabajaron también en Louisiana (América del Norte)&amp;lt;ref&amp;gt;Cf. art. ''Capuchinos, en DHE'', p. 341).&amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En Brasil, bajo el Patronato portugués, la llegada de los misioneros sigue este orden: los primeros fueron los franciscanos&amp;lt;ref&amp;gt;Manuel Pereira, ''Actividade evangelizadora dos Franciscanos Portugueses no Brasil durante o séc. XVI'', en ''Itinerarium'' 34 (1988) 150-170; Maria do Carmo Tavares de Miranda, ''Os franciscanos primeiros Missionarios do Brasil,'' en ''Itinerarium'' 15 (1969) 33-59; Venantius Willeke, O.F.M, ''Missöes Franciscanas no Brasil (1500-1973),'' Petropolis 1974.&amp;lt;/ref&amp;gt;y el clero secular llegado después del 1500; la Compañía de Jesús: comienza su presencia en Brasil a partir de 1549 con los jesuitas Nóbrega, Anchieta, Navarro, el beato Ignazio de Azevedo, Vieira entre otros, hasta su expulsión por el marqués de Pombal en  1759. Pusieron los fundamentos de algunas de ciudades más prósperas de Brasil; abrieron escuelas; construyeron colegios e iglesias, puentes y caminos; inauguraon nuevos métodos misioneros, característicos de la historia misionera de la Compañía, y en muchos casos sellaron con su sangre el testimonio del Evangelio. Otras órdenes misioneras en Brasil fueron los benedictinos (1582), los carmelitas (1584) y los capuchinos (1612). A estos misioneros hay que añadir los numerosos miembros del clero secular y otros religiosos llegados como comunidad más tarde. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Según Schäfer, los misioneros que llegados a las Américas en el siglo XVI habrían sido: 2200 franciscanos; 1600 dominicos; 300 agustinos; 350 jesuitas&amp;lt;ref&amp;gt;Ernst Schafer, ''El consejo real y supremo de las Indias. Sobre historia, organización y labor administrativa hasta la terminación de la casa de Austria,'' T. I: ''Historia y organización del Consejo y de la Casa de Contratación de las Indias;'' T. 2: ''La labor del Consejo de Indias en el administración colonial,'' Sevilla 1935-1947.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Aspurz da una estadística algo diferente: alrededor de 2000 franciscanos; 900 dominicos; 1200 agustinos; 550 jesuitas; 250 mercedarios; 150 carmelitas y 600 clérigos seculares&amp;lt;ref&amp;gt;Lázaro de Aspurz, O.F.M.Cap, ''La aportación extranjera a las misiones espanolas del patronato regio, Tesis'' para el doctorado en el Facultad de Historia Eclesiastica de la Pontificia Universidad Gregoriana, Madrid 1946; IDEM, ''La idea misional fuera del peninsula Ibèrica en los siglos XVIS y XVII, en Missionalia Hispanica'' 1 (1944, 497-515; IDEM, ''Magnitud del esfuerzo misionero en España, en Missionalia Hispanica'' 3 (1946) 99-173.&amp;lt;/ref&amp;gt;. La diferencia de las cifras se debe al hecho que la distribución misionera no fue igual en todas las regiones. Seguramente los agustinos fueron más numerosos de lo que calcula Schäfer&amp;lt;ref&amp;gt;Así  piensa P. Borges Moran, ''Envío de Misioneros. América durante el época española,'' Salamanca 1977, 35-37.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Los misioneros destinados a la América española provenían, en su mayoría, de España, un 85 por ciento, pero también encontramos misioneros procedentes de otras partes de Europa, sobre todo de territorios bajo la Corona española&amp;lt;ref&amp;gt;Isaac Vazquez, O.F.M, ''Un plan inédito para el evangelización de América: el creación de una Comisaría general indiana en 1505,'' en ''Antonianum'' 54 (1979) 487-526; Elena Vázquez Vázquez, ''Distribución geogràfica y organización de las órdenes religiosas en la Nueva España, siglo XVI,'' México 1965&amp;lt;/ref&amp;gt;. Eran seleccionados para la misión por sus propias Órdenes junto a la Corona, que sufragaba los gastos. El otro 15 por ciento eran ''“criollos”,'' es decir nacidos en América. La cifra mínima de misioneros enviados a las Indias a lo largo del período virreinal (colonial) (siglos XVI-XVIII) se calcula aproximadamente en 16000.&amp;lt;ref&amp;gt;P. Borges Moran, ''El envío de misioneros,'' 67-76; 261-3x0; 536-539; ''Misión y civilización'', pp. 15-16. José Castro Seoane, O. de M., ''Aviamento y catalogo de misiones y misioneros que en el siglo XVI pasaron de España a Indias y Filipinas según los libros de Contratación, en Missionalia Hispanica'' 13 (1956) 83-140; 14 (1957) 105-173; 17 (i960) 5-80; 18 (1961) 67-153; 20 (1963) 257-317; 32 (1975) 5-54. Encontramos también algunos flamencos entre los primeros misioneros franciscanos. Así en el caso de México, los primeros tres franciscanos que llegan en el 1523 son flamencos.&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el caso del Brasil, la mayoría eran portugueses, aunque no faltaron españoles (especialmente jesuitas), franceses e italianos.  Estos frailes misioneros eran en gran parte sacerdotes y tenían una buena preparación intelectual según los cánones del tiempo. Pertenecían a las llamadas “congregaciones” o Provincias de observancia (reformadas) en el seno de las antiguas Órdenes religiosas, o eran miembros de nuevas Órdenes fundadas recientemente como la Compañía de Jesús.  Hay que señalar también el trabajo de los hermanos religiosos laicos que a veces supera al de los sacerdotes, sobre todo al principio  En este trabajo se distinguieron algunos hermanos laicos. Recordamos así los primeros franciscanos en las Antillas: Juan Deledeule y Juan Tisin, el hermano Jerónimo Román Pané, que escribió una primera relación sobre las costumbres de los amerindios y el laico Cristóbal Rodríguez, marinero de Palos de Moguer (el puerto de donde partió Colón)''“los cuales sólo después de cinco años viviendo como los indios, dominaron sus diferentes lenguas, predicaron con su vida austera, y su palabra fue creída sinceramente, consiguiendo la conversión de Juan Meo Guativaca con su familia, el que morirá proclamando delante de sus asesinos: &amp;quot;yo soy siervo de Dios”.''&amp;lt;ref&amp;gt;Cit. en L. Tormos, en ''DHEE;'' Mendieta, ''Historia,'' Libro I. que trata de la introducción del Evangelio y Fe cristiana en las isla Española y sus comarcas, que primeramente fueron descubiertas, cap. XXXV: . Ramón Pané era un monje de la Orden de San Jerónimo, de origen catalán, nacido en la segunda mitad del siglo XV. Acompañante de Cristóbal Colón en su segundo viaje a las indias, fue quizá el primer europeo en estudiar y aprender una lengua indígena, el taíno, hablado en la isla de La Española. Por encargo del almirante Cristóbal Colón, investigó y escribió el primer tratado escrito por los españoles en América: ''Relación acerca de las antigüedades de los indios.''&amp;lt;/ref&amp;gt;Entre estos primeros evangelizadores hay que citar al laico Roman Pané que aprende las lenguas indígenas y escribe una memoria sobre el lenguaje, religión, empleos y costumbres de los nativos; el mercedario Juan Infante convierte también toda una familia, de 17 miembros; su adhesión a la fe fue sincera ya que tres de ellos morirán asesinados por sus paisanos, mientras proclamaban que eran siervos de Dios&amp;lt;ref&amp;gt;En relación al papel de los laico en la evangelización, cf. Gabriel Guarda, ''Los laicos en el cristianización de América, siglos XV-XIX,'' Santiago 1973.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Mendita en su Historia escribe: “Volviendo, pues, á nuestro propósito de la conversión de los indios que á los principios en aquella isla se hizo….”&amp;lt;ref&amp;gt;Mendieta, Historia…, Libro I, cap. VI….&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tampoco no eran sacerdotes algunos de los primeros frailes franciscanos.Un capítulo todavía por estudiar a fondo, es el del papel de la mujer en la evangelización de las Américas. En el campo de la vida religiosa, según la práctica del tiempo, encontramos muy pronto conventos de monjas según el modelo de la Península Ibérica, diseminados en las ciudades que surgen a lo largo de la geografía latinoamericana. A partir de finales del siglo XVII constituirá una novedad la Compañía de María, fundación de origen francés y que representa un nuevo estilo de vida religiosa en el mundo femenino&amp;lt;ref&amp;gt;La Compañía de María pertenece a aquel movimiento de vida consagrada desarrollado a partir del siglo XVI con la reforma de los antiguos órdenes religiosas femeninas o con la fundación de nuevas formas de vida consagrada de modo original y creativo: Angela Merici (1474-1540), Teresa de Jesús (1515-1582), Juana de Lestònnac (1556-1640), Mary Ward, 1585-1645 y otras. La Compañía de María es fundada por Juana de Lestònnac en Francia con la aprobación del cardenal De Sourdis de Burdeos, el 25 de marzo de 1606, siguiendo las Constituciones de la Compañía de Jesús adaptadas a sus necesidades. El instituto fue aprobado por Paolo V con el breve ''Salvaloris et Domini'' del 7.IV.1607, con el nombre de Orden de la Compañía de Maria Nuestra Señora. Resulta encontrarse así entre los primeros institutos religiosos docentes femeninos aprobados por la Iglesia. Pilar Foz y Foz, ODN, ''Fuentes Primarias para el historia de la educación de la mujer en Europa y América. Archivos Históricos. Compañía de María Nuestra Señora,'' Roma 1989.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Estas religiosas pasarán a las Américas, iniciando su presencia a partir de Haití, colonia francesa desde 1697 como resultado del tratado de Ryswick. Ellas fundarán una casa en ''Cap Français'' en 1733, entre la población negra y criolla. La segunda fundación-colegio de la Compañía de María será la de México, en  1754. Éste es el punto de partida de una segunda etapa en la historia de la educación de la mujer en las Américas&amp;lt;ref&amp;gt;Foz y Foz, o. c, 23-26; P. Foz y Foz, ''La revolución pedagógica en Nueva España, 1754-1820,'' Tomo I, Madrid 1981, 347-374.&amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En efecto, contra la pasividad de las autoridades y el mundo intelectual ilustrado, serán algunas de estas monjas de la Compañía de María las que lucharán contra la discriminación cultural de la mujer. Han sido promotoras en México, Chile y en la Nueva Granada (Colombia) de colegios para chicas. Ellas hicieron posible ''“la primera innovación de los métodos de enseñanza verificados en el siglo XVIII, envuelta en vestidos religiosos&amp;lt;ref&amp;gt;Asunción Laurin, ''Women in Spanish American Colonial Society,'' en ''The Cambridge History of Latin América,'' II, ''Colonial Latin América,'' Cambridge 1985, 340-341.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Así “monjas especialmente preparadas como maestras, comenzaron a hacer progresos a partir de las iniciativas esporádicas que otras monjas hicieron en los siglos anteriores”.''&amp;lt;ref&amp;gt;Asunción Laurin, ''o. c.'', 340-341. Ellas fueron: María Ignacia de Azlor en México, Juana Torres y Salguero en Santiago de Chile y Clemencia de Caycedo y Vélez en Santafé de Bogotá. Las nuevas experiencias se llevan a cabo en México (1754), en Mendoza, Rio de la Piata, en el obispado de Santiago de Chile, (1780), y en Santafé de Bogotá (1783). Cf. Foz y Foz, o. c., 25.&amp;lt;/ref&amp;gt;Se debe notar que una experiencia educativa para las jóvenes y que puede considerarse fundante, había sido iniciada en México con las indígenas por el primer obispo de México Zumárraga, en el siglo XVI, y con experiencias piloto como las del jesuita Herdoñana en el siglo XVIII. En 1811 se transformó el Colegio beaterio de Guadalupe de Indias, en Convento de Indias de Guadalupe o Nueva Enseñanza, en la ciudad de México. Ya con una Real Cédula del 22 de mayo de 1774, Carlos III había transformado las antiguas instituciones educativas. Aquella Cédula prohibía el trabajo educativo en las escuelas a las órdenes religiosas que no tuvieran tal finalidad definida en sus Reglas y Constituciones. La Compañía de Maria fue el único caso conforme a tal ley, de aquí su gran influjo sucesivo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se puede por tanto afirmar que los grandes evangelizadores en América y los animadores misioneros en España, fueron entonces los miembros de las grandes órdenes religiosas. El historiador  V. Carro recuerda todo lo que el historiador norteamericano protestante, J. Brown Scott escribe respecto al Maestro Vitoria:''“Yo, protestante y anglosajón, declaro que Fray Francisco de Vitoria, latino, católico y fraile dominico, tiene que ser considerado como el fundador de la Escuela moderna de Derecho Internacional”.''Carro escribe que basta con cambiar los términos y aplicarles a los misioneros españoles de los siglos XVI – XVII el mismo juicio como ''“los fundadores de la escuela moderna de evangelización”.''&amp;lt;ref&amp;gt;V. Carro, ''La Teología y los teólogos-juristas españoles antela conquista de América2'', Salamanca, 676.&amp;lt;/ref&amp;gt;Este cuadro sumario sobre la procedencia de los misioneros nos indica ya el hecho de una selección y nos obliga a preguntarnos sobre el por qué de tal selección y de los criterios que la han inspirado para poder entender mejor la metodología misionera y el &amp;quot;temperamento&amp;quot; del Catolicismo Latinoamericano así como la teología y la experiencia cristiana de estos religiosos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''''2. Por qué religiosos'''''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La selección de los misioneros fue compleja y esmerada. Fue indispensable que los misioneros fueran hombres de vida ordenada y santa. Además, se permitía ir como misioneros a América solamente a los que lo pedían explícitamente. Eso explica por una parte, por qué se preferirán los religiosos reformados y por otra parte, la dedicación convencida de estos misioneros a su vocación. Robert Ricard, hablando de la evangelización de México (pero sus afirmaciones son válidas para todo el continente) escribe: ''¿Quiénes han sido los artífices de esta conquista? ¿Quién los fundadores y los organizadores de esta Iglesia? Conquista, fundación y organización han sido esencialmente obra de las Órdenes Mendicantes, y nos sea lícito insistir sobre el hecho, precisamente, de las Órdenes en cuanto Órdenes. Hecho muy particular, y digno de ser ponderado, es que las Iglesias de la América española fueron fundadas por religiosos mendicantes, independientemente del episcopado, cuya autoridad habría ido a toparse con los privilegios pontificios concedidos al Clero Regular. Por otra parte, la mediocridad tanto en el número como en la calidad del clero secular, no les dejó a los obispos posibilidad alguna para ejercer una actividad apostólica distinta de la de las órdenes religiosas. Puede incluso considerarse el rol de los sacerdotes seculares como digno de ser dejado a un lado, y los mismos obispos, al menos en referencia a los indios, quedaron en segundo término. Nadie puede dudar que haya habido nobles excepciones como aquella de Vasco de Quiroga, que le dejó en Michoacán memoria imperecedera... Pero el influjo que ejerció en la evangelización de los indios un prelado de la grandeza de Zumárraga, más que a su puesto y a su título, se debe a su personalidad y las excelentes relaciones que él siempre mantuvo con su Orden...''&amp;lt;ref&amp;gt;R. Ricard, ''La conquista espiritual de México,'' Trad. española, FCE, México 1986, reimpresión México 1991, 37.&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La opinión de Robert Ricard necesita una explicación. Los obispos en América, especialmente en el siglo XVI, fueron elegidos siguiendo las pautas marcadas por la reforma de la reina Isabel la Católica. Al parecer, Carlos V tuvo al principio una preferencia por los obispos procedentes del clero secular, mientras que su hijo Felipe II se inclinaba más por los religiosos. Es un hecho que la mayor parte de los obispos en el siglo de oro de la primera evangelización pertenecieron al clero regular. Fueron elegidos especialmente por su valor y preparación: “hombres letrados y reformados”; estos religiosos provenían frecuentemente del pueblo llano más que de la aristocracia, y estaban animados por un fuerte celo apostólico. Según algunos historiadores ''“se encuentran incluso por encima de la media europea”''&amp;lt;ref&amp;gt;C. Bayle, en Tudela, I, 133; E. Dussel, ''Les évèques hispanoaméricains, defenseurs et évangélisateurs del indien. 1504-1620,'' Mainz 1970. Paulino Castañeda en sus numerosas intervenciones sobre el tema, es también de ésta opinión.&amp;lt;/ref&amp;gt;Una fuente importante para conocer estas figuras y su celo apostólico es su correspondencia con la Corona.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El deseo de tener obispos animados por tal celo apostólico estuvo claro desde los principios. Ya en el 1521, Hernán Cortés, probablemente bajo el influjo de su capellán, el mercedario Fray Bartolomé de Olmedo, le escribió a Carlos V pidiendo misioneros. Los prefería religiosos observantes. No le gustaba allí la presencia de obispos o dignidades eclesiásticas, porque temía que dieran malos ejemplos. Hay que recordar que se vivía aún la época de la decadencia de la vida religiosa en muchas partes de Europa&amp;lt;ref&amp;gt;Cf art. ''Olmedo'', en ''DHE,'' III, 1806-07&amp;lt;/ref&amp;gt;. Quería  religiosos que vivieran radicalmente la pobreza y que estuvieran también provistos de amplias facultades misioneras; algo así se podría decir hoy, como vicarios apostólicos ''ante litteram,'' incluso con carácter episcopal, pero no obispos residenciales.&amp;lt;ref&amp;gt;Pedro de Leturia, Relaciones entre la Santa Sede e Hispanoamérica 1493-1800, I: Época del Real Patronato, Romae-Caracas 1959, 123.&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El misionero disponía también de una gran libertad frente a los poderes civiles, como pocas veces tendrá más tarde en la historia de las misiones. Gozaba de inmunidad, privilegios legislativos y facultad que exentarán muchos territorios misioneros de la jurisdicción civil; también gozaron derecho de asilo, y también de la posibilidad de comenzar experiencias como la de las &amp;quot;Reducciones&amp;quot;. Sus intervenciones ante la Corona dieron origen a una legislación peculiar, el ''derecho de Indias,''y  apasionados debates sobre el tema de los derechos humanos y los derechos a los pueblos (derechos ad gentes). Una de las expresiones más conocidas de esta contribución en España, es el de la Escuela jurídica de Salamanca. Como recordaba Juan Pablo II:''“La labor evangelizadora, en su incidencia social, no se limitó a la denuncia del pecado de los hombres. Ella suscitó un vasto debate teológico-jurídico, que con Francisco de Vitoria y su escuela de Salamanca analizó a hondo los aspectos éticos de la conquista y colonización. Esto provocó el publicación de leyes de tutela de los indios e hizo nacer los grandes principios del derecho internacional de gentes”.''&amp;lt;ref&amp;gt;Juan Pablo II lo recuerda, Fidelidad..., (San Domingo, I2.X.I984, en Insegnamenti, VII/2, 890.&amp;lt;/ref&amp;gt; &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''''3. Las sombras'''''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estos aspectos positivos no esconden las sombras debidas a las mediaciones culturales y políticas, a las ambigüedades y ambivalencias en el modo de ejercer el Patronato y a los límites que, a veces, una mal entendida conciencia de grupo imponía a la colaboración y a la apertura entre las distintas órdenes religiosas. Así a veces, sobre todo a partir de la segunda parte del siglo XVI, algunos religiosos son celosos de sus territorios y no ven de buen ojo la llegada de otros religiosos; así pasó con los mercedarios que encontraron duras oposiciones a su inserción en México, y en numerosos casos la aceptación mutua entre mendicantes y jesuitas dará lugar a penosas disputas jurídicas y teológicas, muy conocidas en la historia de las misiones.  Las diversas tradiciones y visiones teológicas podían enriquecer al misionero, pero a causa de un mal entendido espíritu de pertenencia a su Orden propia a veces también lo condicionaban y lo cerraban a otras experiencias misioneras. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las diversas órdenes religiosas también seguían normas y reglas propias en el campo misionero&amp;lt;ref&amp;gt;Algunos ejemplos de las mismas pueden verse en Ch. W. Polzer, Rules and Precepts of the Jesuit Misiones of Northwestern Nuevo Spain, Tucson 1976; P. Hernandez, Organización social de las doctrinas guarames del Compania de Jesus, Vol. I., Barcelona 1913, 579-598. En las &amp;quot;reducciones&amp;quot; guaraníes, cada cura jesuita contó con un ejemplar del Libro de preceptos o Normas; cf. J.M. Peramas, La Republica de Platón y los guaranies. 1791, Trad. esp. de G. Furlong, Buenos Aires 1946, p. 163; A. García – J. Gondar, Método que deberdn observar los misioneros apostólicos de este Colegio de Propaganda Fide de S. Idelfonso de Chillán en la conversión de los indios de este reino de Chile. 18 noviembre 1775, en Missionalia Hispanica 26 (1969) 95-113; F. Palou, Evangelista del Mar Océano Pacífico. Fray Junipero Sierra, padre y fundador de la Alta California (1787), Madrid 1944, 41: normas elaboradas por Pedro Pérez de Mezquía para las misiones franciscanas de Sierra Gorda (México), después aplicadas a las de California.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Todo este conjunto de factores provocaron duras controversias sobre el método evangelizador y sobre la misma concepción del Patronato y sobre los derechos del indio, como se puede ver en la famosa polémica entre Sepúlveda y fray Bartolomé de Las Casas; o las diversas actitudes entre el mismo fray Bartolomé de Las Casas y fray Toribio de Benavente Motolinía, ante los métodos de evangelización y los problemas suscitados por la presencia española en México. El franciscano fray Toribio de Benavente Motolinìa da un juicio muy severo sobre el dominico fray Bartolomé de las Casas en una carta a Carlos V del 2 de enero de 1555.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A pesar de estos límites, hubo algunos factores que cooperaron en el proceso de selección. La insistencia sobre las cualidades de los misioneros y las severas disposiciones en su elección, tomarán a lo largo del siglo XVI una dirección muy precisa. Ella nacía, ya sea de la experiencia de una vuelta más radical a la vida evangélica en muchas órdenes religiosas, comenzada en España antes aún de Trento, ya sea también como respuesta a las sombras ocasionadas por ciertas improvisaciones en la actividad misionera.  En la primera etapa de la evangelización, especialmente en el período que podemos llamar &amp;quot;antillano&amp;quot; (1493-1523), encontramos que el envío de misioneros no es del todo sistemático. Satisface a las exigencias de las bulas papales precedentes y al nacimiento del Patronato. Desembarcan en las Antillas religiosos de diferente extracción. Algunos fundan conventos, otros son delegados o inspectores de la Corona, hay también clérigos seculares que atravesaban el océano como capellanes. De cuando en cuando los superiores eclesiásticos y la Corona, comprenden la necesidad de elegir al personal misionero y controlar la partida un poco anárquica de algunos clérigos y religiosos. En consecuencia intentan organizar esta presencia. Es sintomático a este respecto los primeros pasos en la historia misionera de la Española, Santo Domingo, Cuba y Puerto Rico. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con la conquista de México se entra en una nueva fase en la historia de la evangelización. La Bula de Adriano VI ''Omnimoda auctoritas pontificia superioribus missionariorum franciscanorum datur,'' conocida también bajo el nombre de sus primeras palabras ''Exponi Nobis fecisti,'' del 9 de julio de1522, firmada en Zaragoza, dónde se encontraba Adriano VI apenas elegido al Solio Pontificio, es dirigida directamente al emperador a Carlos V y es la respuesta a tal situación y el comienzo de una nueva fase evangelizadora. En aquella situación inédita, sobre todo en el período que va del 1530 al 1540, el envío de misioneros se encontró de hecho frente a muchos problemas:  &lt;br /&gt;
En primer lugar, de parte de los superiores religiosos. No fue cosa rara que algunos provinciales preferían deshacerse de religiosos incómodos para tener cerca los más válidos. La tentación estará siempre presente. Lo reconocerá aún en la segunda mitad del siglo, uno de los primeros misioneros jesuitas del Perú, el p. Ruiz de Portillo, escribiendo el 20 de enero de 1567 a su Superior General, Francisco de Borja. Considera peligroso que la selección y envío de misioneros esté solo en manos de los provinciales: ''“Porqué, Padre mío, a los provinciales, teniendo tal poder de elegir, les resulta difícil saber elegir, y cuando lo hacen, dan los peores elementos de la provincia”.''&amp;lt;ref&amp;gt;En P. Borges Moran, El envío de misioneros, 353, n. 353.&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En segundo lugar, también hubo casos de religiosos y clérigos que se embarcaron furtivamente, con fortísimos reproches de parte de sus hermanos de órden, que los acusan de ser mercenarios con el único deseo de enriquecerse, sin celo apostólico. Así hablan los jesuitas Juan de Zúñiga y su compañero el padre José de Acosta, a su paso por Cartagena de Indias en 1569, para fundar la misión del Perú, quienes atribuyen muchos de los fracasos misioneros, precisamente, a la falta de celo apostólico&amp;lt;ref&amp;gt;Ídem, 540.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Las mismas observaciones se encuentran en dos franciscanos: el peruano fray Luis Jerónimo Oré, hijo de uno de los conquistadores y cuarto obispo de Concepción en Chile, y fray Maturino Gilberti (1575).&amp;lt;ref&amp;gt;Fray Luis Jerónimo de Oré, o.f.m., nacido en Ayacucho (Perú) en el 1554, fue un misionero itinerante, lleno de celo apostólico, lingüista y escritor de preciosos manuales catequísticos como Symbolo Calholico indiano (1604), y de un Rituale seu manual Peruanum (impreso en Nápoles en el 1607). Había sido ordenado sacerdote por Santo Toribio de Mo grovejo en el 1582. Conocí las lenguas quechua y aymara; recorrió evangelizando el Perú, Bolivia, Cailloma, el Valle de Jauja, las selvas de Andamarca, Potosí y Cuzco. Visitador de los conventos franciscanos en Cuba y Florida, en el 1620 lo encontramos a Madrid dónde lo sorprende el nombramiento a cuarto obispo de Concepción, Chile. Muere en su diócesis a causa de las numerosas visitas pastorales, en el 1630. Obligado por las necesidades pastorales, ordenó a sacerdotes algunos catequistas, lo que le valió una admonición del Rey, que le llegó cuando ya había muerto.&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin embargo hace falta aquilatar estos juicios. Los jesuitas apenas llegados, fervorosos en su celo, criticaban facilmente los métodos de los otros. Algunos cargaban las tintas para poder conseguir misioneros de otras órdenes, como García Díaz de San Miguel, que  quería a los jesuitas a toda costa en Chile. Al contrario, algunos clérigos y laicos hablan mal de ellos, a causa de la tradicional hostilidad y celotipia de algunos contra los regulares. Los conflictos entre el clero regular misionero y los colonos fueron frecuentes. El motivo estuvo en el hecho de los poderes jurisdiccionales de que disponían los misioneros, y que usaban en defensa de los indios y en su voluntad de querer mejores condiciones de vida para los mismos. Ello produjo contrastes y polémicas frecuentes entre misioneros y colonos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El otro motivo fue la condena moral de los misioneros del modo de comportarse de muchos colonos. Tales conflictos también son testimoniados por los escritos directos a la Corona por ambas partes. En una carta de 1569 desde Chile, del &amp;quot;conquistador&amp;quot; Melchor Bravo de Saravia al rey, se queja que:''“Los frailes principalmente de la orden de San Francisco nos ayudan poco; no solamente dicen que no se puede hacer la guerra a estos indios por los malos tratamientos que hasta aquí se les han hecho y por lo que se les hace injusto, pero ni quieren absolver los soldados ni aun oirlos de confesión... &amp;quot;.''&amp;lt;ref&amp;gt;En C. Esteva Fabregat, El mestizaje fuiste Iberoamérica, Ed. Alhambra, Madrid-México 1988, 122.&amp;lt;/ref&amp;gt;Las mismas polémicas y controversias se encuentran en México entre los religiosos y los colonos, y entre los religiosos, colonos y la Audiencia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estas situaciones contribuyeron de modo positivo a la elaboración de una normativa muy precisa en la selección y en el envío de misioneros a las “Indias”. Animada ciertamente por los mejores misioneros, la Corona, que con el Patronato recibió de la Santa Sede la responsabilidad ''jurídica''de sustentar la obra misionera, llega así a la decisión de controlar uno a uno a todos los misioneros dirigidos a América. Para evitar subterfugios, llegará incluso a no considerar válida, por sí sola, ni siquiera la autorización papal. Este control obró una selección notable, por lo que mejoró la calidad de los misioneros que partían para las Américas. Se quería destinar a América a los mejores religiosos&amp;lt;ref&amp;gt;Antonio de Egaña, SJ, Historia del Iglesia en el América española, BAC, Madrid 1966; La teoría del Regio Vicariato español de Indias, “Analecta Gregoriana” 95, Series Facultatis Historiae Ecclcsiasticae, sectio B, n. 17, Roma 1958&amp;lt;/ref&amp;gt;. En 1552 se ordenó la vuelta a España de todos los clérigos embarcados clandestinamente, con la privación de sus facultades y sueldos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''''4. Los criterios de selección y el nacimiento de una nueva etapa en la historia misionera moderna '''''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El esfuerzo de la evangelización fue tan ingente que la Iglesia y también la Corona quisieron desde el principio valerse de los mejores elementos entre los religiosos. Así, una orden de Felipe II en 1572 establecerá que:''“Los que habrán de ser enviados, tendrán que ser dignos de tal santo ministerio y no aquellos sujetos que en los conventos son inútiles y hasta díscolos, y que los prelados [los superiores] no quieren tener en sus casas, como a menudo sucede, que no sólo allá [en las Indias] no son útiles a la misión, sino dan mal ejemplo por la codicia, las pasiones y el modo de vivir”.''&amp;lt;ref&amp;gt;Schäfer, II, 228.&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Nuevo Mundo que encontraron los misioneros y las exigencias de la vocación misionera en aquellas circunstancias, solicitaron ciertamente apóstoles con una fuerte personalidad y un temple espiritual de acero. Lo subraya, entre otros, fray Bartolomé de Las Casas. El combativo dominico, en su obra ''“De unico conversionis modo”,''nos da una lista de las condiciones exigidas al obrero del evangelio:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
# los oyentes tienen que entender que los predicadores [misioneros] no tienen intención de dominar sobre ellos;&lt;br /&gt;
# los oyentes tienen que estar convencidos que ninguna ambición de riqueza mueve a los predicadores;  &lt;br /&gt;
# los predicadores tienen que ser tan dulces, humildes, afables, pacíficos, benévolos, amables tratando con sus oyentes, que hagan nacer en ellos el deseo de escucharlos con alegría y de tener su doctrina como punto de referencia;  &lt;br /&gt;
# los predicadores tienen que sentir el mismo amor y caridad por la humanidad que movió a San Pablo, empujándolo a un celo apostólico tan grande&amp;lt;ref&amp;gt;Fray Bartolomé de las Casas, OP, De único conversionis modo, cap. 24-28. Obras escogidas. Opuscolos, cartai y memoriales. Ilustración preliminar y edición por Juan Pérez de Tudela Bueso, &amp;quot;Biblioteca de Autores Españoles &amp;quot;, vol. 110.&amp;lt;/ref&amp;gt; &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otro ilustre misionero, el franciscano fray Jerónimo Oré, señalaba las siguientes calidades en el misionero: santidad, capacidad, suficiencia en las letras y en las lenguas y prudencia. Pero quiere que ante todo el misionero viva en la sencillez y franqueza. Los indios son como mansos corderos, dice Oré, por ello el misionero “tiene que hacerse todo a todos”, como San Pablo.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El agustino fray Antonio Calancha, en su “Crónica moralizada…” recuerda: ''“Ya que somos enviados a predicarles a estas gentes que no tienen conocimiento de Dios, estamos obligados a una manera de vivir más perfecta, no solamente por el respeto debido a Dios N. S., sino también por respecto a los hombres&amp;quot;''.&amp;lt;ref&amp;gt;Fray Antonio Calancha, OSA, Crónica moralizada Orden de San Agustín en el Perú, Barcelona 1638. De como este espíritu decaerá después en el s. XVIII, cf. cuánto Jorge Juan y Antonio de Ulloa escriben en el  s. XVIII en Noticias secretas de América (1735-45).&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También las disposiciones de los obispos y de los Concilios y Sínodos americanos son severos respeto a la vida de los misioneros. Quieren que su celo, su vida, sobre todo el celibato, enseñe la belleza del cristianismo y sean el mejor catecismo para todos. He aquí porqué se fue perfilando desde el primer momento una serie de criterios de selección de los misioneros que correspondía a la experiencia de la Reforma de la vida católica  en España, a la situación en las Nuevas Tierras y a la exigencia misma del anuncio evangélico. En tales criterios se puede indicar ya el nacimiento de una espiritualidad que será característica para el Movimiento misionero moderno. Se pueden señalar, examinando los criterios de selección de los misioneros, algunas de estas trazas, que también constituyen los puntos sobresalientes de la primera evangelización en Américalatina.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
4.1. Radicalidad evangélica. Retorno a la primitiva ''instituti inspiratio''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El primer criterio fue el del retorno a la primitiva ''instituti inspiratio'' en unos tiempos en los que la vida eclesial necesitaba una reforma a fondo, comenzando, como entonces se decía, ya desde los tiempos del concilio de Costanza (1414-1418) ''“in capite et in membris”''. Los varios intentos de reforma, salvo raras excepciones, habían naufragado, si exceptuamos algunos casos notables, como los llevados a cabo en la España de Isabel la Católica o en otros pocos lugares. El vasto movimiento de renovación de la vida religiosa se abrirá paso con muchas dificultades después de Costanza a lo largo de los siglos XV y XVI, hasta el concilio de Trento; el mismo concilio Lateranense V (1512-1517) no conseguirá sus teóricos propósitos en este campo de la reforma.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En algunos casos la reforma se abrirá paso lentamente reformando antiguas órdenes religiosas con la creación de “congregaciones” de observancia en su seno, y también con la fundación de nuevas formas de vida religiosa (movimiento oratoriano, nuevos institutos religiosos, como el de la Compañía de Jesús, etc.). En España tuvo profundas repercusiones. La ''regula aurea'' que siglos más tarde el Vaticano II repropondrá de nuevo a los religiosos, será la ''vuelta continuum reditum a omnis vitae christianae fontes primigeniamque institutorum inspirationem et aptationem ipsorum ad mutatas temporum conditiones''. (Vaticano II, ''Perfectae Caritatis'', 2). La Bula ''&amp;quot;Omnimoda&amp;quot;'' (dirigida específicamente a los primeros franciscanos mandados a la Nueva España) prescribía el envío de misioneros ''“praesertim Ordinis Minorum observantiae”''&amp;lt;ref&amp;gt;Bula de Adriano VI Omnimoda en J. Metzler, I, 166-169; Alias felicis de León X, en J. Metzler, I, 160-163. Cf. R. Ricard, o.c., pp. 84-85, n. 37; México, en DHE, III, 1456. Cf. supra, nota 46.&amp;lt;/ref&amp;gt;(principalmente de la Orden de los Menores, Franciscanos Reformados), que en España eran numerosos gracias a la reforma del Cardenal de Toledo y confesor de la Reina Isabel, Francisco Ximénez de Cisneros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta disposición explícita nos indica ya un criterio fundamental que se usará a lo largo del siglo XVI: se permitió el paso al Nuevo Mundo solamente a hombres de vida ''ordenada y santa'' que pertenecieran a una Orden Reformada. Prevaleció así el criterio de mandar misioneros a miembros de cuatro de esas Órdenes mendicantes, conocidas en España por su vitalidad y observancia: los franciscanos, los dominicos, los agustinos y los mercedarios, presentes en América a través de algunos de sus frailes. A ellos, más tarde se añadirá la Compañía de Jesús. El motivo por que la Corona prefería en América las órdenes religiosas al clero secular, y entre las órdenes religiosas solamente algunas, nos viene indicado por una carta de Felipe II, del 9 de septiembre de 1572, a su embajador en Roma. En ella se pide que todas las iglesias catedrales que se erijan de ahora en adelante sean de religiosos, y que aquellas ya erijidas y, que no se puedan sustentar cómodamente, se conviertan en regulares. Y el rey añade: “[...] ''es único remedio para que el Iglesia en las Indias se pueda fundar, porque en haberse fundado en forma de Iglesias seculares, con ser la Iglesia tan nueva y mucha el pobreza de ella y grande la codicia de eclesiásticos seculares, no se ha podido poner ni sustentar número de eclesiásticos en las iglesias catedrales, porque todos quieren vivir con grande fausto, procurando apropiar para sí en particular el oro de las iglesias'' [...]”.Y continúa diciendo que si las iglesias fueran de religiosos, con algo en más de lo que se da a los obispos, se podrían sustentar los obispos y los religiosos e irían aumentando los bienes y las rentas en común. También era necesario, continúa el rey, que fueran miembros de las cuatro órdenes - dominicos, franciscanos, agustinos y jesuitas – los que tomaran sobre sí la tarea de la evangelización, o al menos las primeras tres, porque ya se encontraban en muchos territorios y en las principales ''“doctrinas”: “Ítem,'' - escribe- ''que su Beatitud Beatitud tenga por bien de conceder su Bula o Breve apostòlico, para que en el estado de las Indias no pueda haver monasterios, si no fueren de las cuatro órdenes de Sancto Domingo, Sancto Francisco, Sancto Agustín y de la Compañía de Jesús&amp;quot;''. El rey sugiere convertir las iglesias catedrales de los territorios dónde se encontraban trabajando estos religiosos, en iglesias de la orden que más ''&amp;quot;doctrinas&amp;quot;'' tuviera en cada territorio. De esta manera los otros religiosos y clérigos aceptarían la decisión fácilmente.&amp;lt;ref&amp;gt;Monumenta Antiquae Floridae, 13 s.; cit. en Lopetegui-Zubillaga, 538-539.&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vemos cómo además de las tres órdenes mendicantes, Felipe II hace una referencia a los jesuitas. Éstos fueron enviados desde los comienzos de su existencia a los territorios bajo el Patronato Portugués (san Francesco Javier y sus compañeros en el extremo Oriente). Por esto los encontramos casi enseguida después de su fundación también en Brasil (1549). En los territorios de América bajo la Corona Española, llegarán a partir del 1562. El motivo fue el criterio arriba señalado. Pero la fuerza de su experiencia misionera hará de ellos, también aquí, una noble excepción de aquel criterio. Ya en el 1554 se hizo a san Ignacio la solicitud de mandar jesuitas a México, pero no fue posible. Finalmente en 1562, Felipe II, que al principio veía de forma distante a los jesuitas, autoriza su ida a Florida, y en 1568 a Perú, dónde fueron solicitados por el virrey Toledo. Al virrey será solicitada una relación sobre su método misionero y su resultado. La insistencia de la ''Junta Magna'' del 1568 para que se fundaran colegios y seminarios en las Indias, ayudó a hacer también entender la importancia del envío de jesuitas con tal objetivo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En 1570 la ciudad de México le pide a Felipe II los jesuitas. Los motivos presentados son, sea de orden espiritual apostólico, como también el de la preparación de los jesuitas en el campo cultural,... ''“serán de mucha utilidad en ciudades apenas fundas, en particular en esta gran ciudad de México, cabeza de todo el reino, que tiene necesidad de maestros de leer y escribir, de latinidad y de las otras ciencias, cuales, muy bien V. M. sabe, como tales maestros de tales materias sean ellos muy importantes, sea para Europa, sea para la cultura de los nuaturales y para la reducción de las naciones gentiles&amp;quot;''&amp;lt;ref&amp;gt;Monumenta Mexicana, I, 1ss.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Así Felipe II II pidió al provincial de Toledo el 26.III.1571 y el 4.V.1571 al general de la orden, san Francisco de Borja, el envío de los jesuitas ''“para la conversión y doctrina de los nativos”''&amp;lt;ref&amp;gt;Monumenta Mexicana, I, 3-6.&amp;lt;/ref&amp;gt;.En un tercer momento se sumarán, aparte los mercedarios que encontramos esporádicamente desde los principios y que después de asumen un trabajo sistemático, también miembros de algunos otras órdenes reformadas como los carmelitas descalzos y los capuchinos, pero sólo en ciertos territorios y para actividades muy específicas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No parten para el Nuevo Mundo generalmente religiosos monjes o contemplativos como los cartujos o los benedictinos, excepto una presencia fugaz de estos en México u otros religiosos nombrados para encargos eclesiásticos o civiles específicos. El motivo por el que no se consideró oportuno el envío de religiosos de órdenes demasiado diferentes nació del miedo que metodologías, corrientes teológicas propias y específicas de algunas órdenes, y hasta hábitos demasiado diferentes pudieran inducir los indios a ver diversos “cristianismos”. También se quisieron evitar mucho las polémicas de caracter teológico tan frecuentes en Europa entre las diversas órdenes religiosas. El caso del Brasil portugués pertenece a otro contexto y a otra política misionera, la del Padroado portugués.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
4.2. Disponibilidad al martirio&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El segundo criterio fue la disponibilidad a consumir la propia vida en favor de la misión, también con el martirio, en caso de que llegase a presentarse la necesidad.  Un estudio cuidadoso de estas figuras nos indica que estos primeros misioneros fueron hombres de un temple extraordinario&amp;lt;ref&amp;gt;Cf Juan Pablo II, “Fidelidad... &amp;quot;, en Insegnamenti, VII/2, 886 ss.; A. los religiosos, nn. 6; 10; Documentos de Puebla, nn. 6, 7.&amp;lt;/ref&amp;gt;. El historiador franciscano Jerónimo de Mendieta (1596), escribía en México que la vida de los misioneros era ya un silencioso reproche a la vida moralmente disoluta de muchos indios&amp;lt;ref&amp;gt;Mendieta, Historia eclesiástica indiana.&amp;lt;/ref&amp;gt;y son muchos que dicen lo mismo refiriéndose a los colonos. Un capítulo provincial de los dominicos, celebrado en Cobán (Guatemala), en 1572 consideraba pecado grave que un misionero, después de haber aprendido las lenguas indígenas, volviera definitivamente a España. Eso se veía como una traición a la misma vocación misionera. Además, los mismos indios eran censores implacables de los misioneros: se burlaban de cualquiera de sus debilidades.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los hechos atestiguan que la mayor parte de los misioneros estaban realmente animados por un fuerte celo apostólico. Lo demuestra el gran número de misioneros mártires. Quien iba a las Indias sabía que se iba para no regresar a su patria, y también que se encontraba expuesto a la muerte. Aquella elección libre podía ser animada solamente por un fuerte espíritu de mística misionera en consonancia con el espíritu de renovación eclesial en España&amp;lt;ref&amp;gt;J. Hoeffner, Colonição y evangelho. Ética de Colonização espanhola no Século de Ouro, trad. port., Recobro de Janeiro 1977, 278-369.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Hoy por hoy, la historia eclesiástica latinoamericana no se encuentra todavía en grado de calcular el número y la calidad de casi todas las muertes violentas que padecieron numerosos misioneros y fieles a mano de indígenas o de compatriotas infieles. Sólo han merecido la mención de su martirio por parte de la Iglesia, los jesuitas rioplatenses: Roque González de Santa Cruz, sacerdote diocesano criollo nativo de Asunción (Paraguay), que entró en la Compañía de Jesús y fundó con el también jesuita  padre Lorenzana, la primera Reducción del Paraná en el 1610; los otros son los padres Juan del Castillo, nativo de Belmonte, Cuenca - España, y Alonso Rodríguez, nativo de Zamora - España. El primero y el tercero padecieron el martirio en la misión de Todos los Santos del Caaró, el 15 noviembre del 1628 y el segundo en el Reducción de la Asunción de Yjuhi, dos días después; los tres fueron asesinados tras la instigación de un cacique, llamado Nezú, al que reprobaron su sórdida poligamia y su abandono de la vida cristiana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La mayor parte de las Reducciones se asentaron definitivamente después de que los misioneros hubieron dado su vida como testimonio de su fe cristiana. Las causas aparentes y externas del martirio fueron diferentes, sin excluir mutuas incomprensiones, pero la causa formal del martirio, como señala Juan Pablo II en su ''Carta a los Religiosos latinoamericanos'' ha sido ''“su amor heroico a Cristo que los llevó a consagrarse sin límites al servicio de sus hermanos indígenas”''. Mueren víctimas de su caridad curando enfermos de peste, o para abrir el camino al Evangelio desafiando hostilidades o desconfianzas de los pueblos encontrados,  las adversidades y el rigor de las estaciones y de una  naturaleza exhuberante e desconocida.  Limitándonos a los jesuitas del Paraguay, después de los tres mártires ya citados, la lista de los mártires continúa así: Cristóbal de Mendoza, en El Tape,  26 de abril de 1635; Gaspar Osorio y Antonio Ripario a mano de los ''chiriganos,'' el 1° abril del 1639; Diego de Alfaro a manos de los ''mamelucos'', mientras defiende a los ''guaraníes'', el 19 de enero de 1639; Alfonso Arias y Cristóbal Arenas, también a manos de los ''mamelucos''; Pedro Romero y Mateo Fernández, asesinados por los ''chiriguanos'' el 22 de marzo de 1645; el padre Espinosa, por mano de los ''guapalaches''; Lucas Caballero, por mano de los ''pinzocasas'', el 18 de octubre de 1711; Bartolomé Blende y José de Arce, muerto por los ''payaguás'' en 1715; Juan Antonio Salinas y Pedro Ortiz de Zárate, por mano de los ''mocobies'' y ''tobas''; Nicolás Mascardi, matado por los ''payas;'' Alberto Romero por mano de los ''zamucos,'' en 1718; Julián Lizardo por los ''chiriguanos;'' Agustín Castañares, a manos de los ''mataguayos,'' en 1744; Santiago Herrero, a manos de los ''abipones;'' Francisco Ugalde asesinado por los ''metaguayos;'' Antonio Guasp, por mano de los ''mbayá'' en 1764; Martin Javier Urtasum y Baltasar Sena, muertos de hambre entre los ''guaraníes;'' Juan Neumann, muerto extenuado por una travesía fatigosa; Enrique Adán, muerto a causa de una enfermedad contagiosa contraída viajando hacia Chiquitos; Lucas Rodríguez, muerto a causa de las continuas lluvias, mientras buscaba ''itatines;'' Félix de Villagarcía, mientras buscaba los ''itatines;'' Romano Harto, a causa de las heridas que los ''Mataguayos'' le infligieron; José Klein, muerto a causa de las heridas infligidas por un ''abipón'' al que había reprobado robos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero el martirologio de los misioneros mártires, con el martirio rojo o blanco, es muy abundante en nombres. La lista de las víctimas o de los mártires ya desde los albores de la evangelización, reconocidos por la Iglesia como tales, se abre con el ejemplo de los tres catequistas adolescentes de Tlaxcala, Cristoforo, Antonio y Juan (+ 1527-1529), beatificados en Guadalupe de México por Juan Pablo II el 6 de mayo de 1990, y recorre la historia de los tres primeros siglos de la evangelización; en ella hay que recordar a cinco jesuitas y varias decenas de fieles, entre ellos muchos indígenas tepehuanes, en la Nueva Vizcaya (hoy estado de Durango, México) del siglo XVII (en 1983 fue introducida la causa de martirio de 8 de ellos: los jesuitas Fernando de Santarén y siete compañeros también jesuitas, “mártires tepehuanes”, asesinados en 1616); o la de los dos mártires de los Cajonos (sierra de Oaxaca), Juan Bautista y Jacinto de los Angeles, beatificados por Juan Pablo II, también en Guadalupe, el 1 de agosto de 2002.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por su parte las órdenes religiosas, a pesar de los grandes peligros, e incluso frente al martirio o la muerte de algunos de sus miembros, no cesaban en su empeño de enviar nuevos misioneros. En el convento franciscano de Cuernavaca (México), hoy catedral de aquella ciudad, a lo largo de sus extensas paredes se contemplan murales gigantes que cuentan la historia de los misioneros franciscanos partidos de aquel convento hacia el Japón, dónde fueron martirizados. Tales pinturas, contemporáneas a los hechos que cuentan, fueron para los frailes misioneros que se formaban en aquel convento, una memoria constante de esta dimensión integrante de su vocación misionera. El primer mexicano, mártir junto con otros 23 franciscanos y 3 jesuitas, beatificados (1627) y canonizados (1862) fue un franciscano, fray Felipe de Jesús Las Casas Martínez (1572 -1597), (pariente de fray Bartolomé), martirizados en Nagasaki, Japón, el 5 de febrero de 1597.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Frente a los numerosos casos de martirio o muerte, los mismos misioneros continuaban solicitando refuerzos. Este espíritu martirial se ve en los misioneros, sea que fueran a las Indias Occidentales o al lejano Oriente. Durante la terrible persecución contra los cristianos en Japón, dónde los misioneros fueron martirizados uno tras otro, los misioneros, tanto mendicantes como jesuitas, siguieron enviando cartas a España pidiendo vocaciones que tomaran el lugar de los mártires. En la dura y larga persecución, destaca el llamado ''Gran Martirio de Nagasaki'' (septiembre de 1622), dónde fueron quemados vivos 23 cristianos, entre ellos algunos religiosos, y decapitados otros 29, inflamó el corazón de los misioneros de las Filipinas, México y España  con el deseo de verter su sangre por Cristo. Estos hechos de martirio empujaron entre otros a los agustinos recoletos a pedir la gracia de poder abrir una misión propia en aquellas tierras. Fray Rodrigo de San Miguel, vicario provincial de los agustinos recoletos y antiguo comisario para la animación misionera ante la Corte de Madrid, en cuanto supo de la llegada de 24 frailes a México en el 1621, decidió mandar algunos a Japón. Así escribe: ''“En este tiempo (1621-1622) la persecución del Japón andaba ferocísima  y determiné mandar a Japón algunos religiosos, cuando me llegó la noticia que en la imperial ciudad de México llegaron muchos que mandaba la  majestad católica de nuestro celoso rey y que venían a cargo del comisario fray Andrés del Espíritu Santo”''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La vida de los misioneros en aquellas tierras por más de 40 años se vio expuesta a los más grandes peligros viviendo en estado de martirio continuo. La conciencia de la posibilidad del martirio estuvo tan clara, que en el 1615 circulaba entre los cristianos en Japón un manual preparado por los misioneros titulados ''Exhortación al martirio''. En él se les enseñaba como afrontar los tormentos del martirio con fortaleza de ánimo y hasta con gozo, recordando a los ejemplos de mujeres y niños que en la historia de la Iglesia se había enfrentado a los tormentos del martirio con grande gozo y fortaleza de ánimo. Se explicaba también la raíz de las persecuciones contra los cristianos, porque el Señor permitía las persecuciones, cómo no hubía excusas para justificar la apostasía, como el martirio era una gran gloria y como en cualquier circunstancia no había excusa alguna para la resistencia violenta o armada contra los perseguidores. Los que murieran así (en lucha violenta) no tenían derecho al título de mártires. El manual daba luego directivas prácticas sobre cómo comportarse durante la persecución y durante los tormentos, insistiendo sobre los sentimientos de oración para implorar la perseverancia y el perdón de los pecados propios, el perdón de los perseguidores y la misericordia. El mártir exhortaba a los otros a aceptar la fe cristiana; se insistía además sobre el valor del martirio como confesión de la misma fe. Por su parte los perseguidores publicaron dos libros para convencer a los cristianos a la apostasía, uno del catequista renegado Fabián Fukansai, ''Hadaiusu'', también ''Ha Deus (El Dios Destruido,'' o ''Contra Dios)'' ( publicado en el 1620 y otro del ''bugyo'' (=magistrado) Inonue Chikugonokami .&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin embargo, frente a los peligros, dificultades de todo orden y prohibiciones explícitas de embarcarse para el Japón por parte de las Autoridades civiles (españoles), los religiosos de las distintas Órdenes continuarán mandando refuerzos de misioneros; en 1627 los franciscanos, dominicos y agustinos recoletos construyeron con gran sacrificio un barco a propio costo y riesgo para poder mandar a Japón a los misioneros. Esta nave fue equipada con buenos marineros bajo el mando de un hermano laico franciscano, que más tarde también él será mártir .  En el 1628, después de una de las persecuciones más sangrientas en Japón, los agustinos recoletos acogieron con tal emoción la noticia, que en Filipinas, veinte se ofrecieron como voluntarios para ir a tomar el puesto de los mártires. Los superiores eligieron seis de ellos, de los que algunos sufrirán luego el martirio. Uno de los seis, que no había podido partir a causa de una enfermedad, escribía desconsolado: ''“Yo por mis pecados no he podido partir y he quedado aquí&amp;quot;...”'' . Este espíritu empapaba aquellos voluntarios que iban al Nuevo Mundo y estaban también dispuestos a marchar desde la Nueva España  hacia  Filipinas en vistas de la misión japonesa. La Nueva España  (México) pronto se convertió en el trampolín para las misiones de los religiosos españoles en Japón y en China.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''4.3. Viaje sin retorno: una vocación de por vida''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Normalmente el viaje de los misioneros era sin retorno. Así lo establecía la legislación española.  Quien optaba por la misión lo hacía para siempre. Significativa es en tal sentido una ordenanza de Felipe II de 1570 en que da las disposiciones relativas al reclutamiento y al viaje de los misioneros. Además un retorno resultaba casi imposible, sea por el costo de los viajes, sea por el hecho que una vez en el lugar, los misioneros debían aprender lenguas y conocer costumbres que exigían tiempo y dedicación. Se añadía también la necesidad de numerosos misioneros, dada la amplitud del campo. Por lo que la vocación misionera pedía una donación total y de por vida. No es extraño, por lo tanto, que la vocación misionera fuera vista como una disponibilidad al martirio. El misionero pertenecía a los indios, y en aquellas nuevas tierras tenía que estar dispuesto a trabajar, padecer y morir. Esto venía subrayado ya el día de la partida. Se iba en procesión hacia el barco cantando las letanías. Cerca del barco se predicaba un sermón de adiós dónde se subrayaba la grandeza de la vocación y misión al que aquellos misioneros fueron llamados: ''Considerad el gran bien que Dios hace a los que nacen en las tierras de los católicos donde beben la verdadera fe con la leche; que no se puede dar las gracias a Dios por este gran beneficio de mejor manera que dejando por su amor la patria e ir en busca de los infieles para  enseñarles la verdadera fe y hacer conocer a Dios: éste es al presente lo que hacen los misioneros''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La navegación estaba llena de peligros.  Se empleaban al menos dos meses para llegar al Nuevo Mundo y casi dos años para llegar a las Filipinas a través de México. En 1570, por ejemplo, una flota que navegó hacia el Brasil fue atacada por piratas calvinistas que descuartizaron a toda la expedición  misionera, compuesta por 40 jesuitas, no lejos de las costas de los Azores; un año después sucedió  lo mismo a otro grupo de otros doce jesuitas. Oficiales del gobierno en el Nuevo Mundo, colonos e indios cristianos entendían que aquellos religiosos estaban allí precisamente para una misión evangélica. Por eso las numerosas crónicas del tiempo nos describen los gozosos recibimientos a su llegada; cómo eran acogidos con veneración y cómo eran provistos materialmente de lo necesario para su misión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''4.4. Amor a los indios''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todo en aquel primer encuentro fue notablemente arduo: lo incomodo de los viajes, la difícil adaptación climática y geográfica, el impacto socio-cultural, la falta de medios de subsistencia y  de elementos para conocer la nueva realidad. Por lo que solamente un amor radical hacia Jesucristo y hacia aquellas personas podía sostener una tal vocación. Juan Pablo II lo recuerda escribiéndo a los religiosos latinoamericanos: ''“El mayor testimonio de los primeros misioneros fue su amor heroico a Cristo, que los llevó a entregarse sin límites al servicio de sus hermanos indígenas. ¿Qué otra cosa podían ir buscando al dejar sus familias y su patria y al emprender un viaje que de ordinario era sin retorno? La fe los impulsaba a lanzarse a la gran aventura; una fe semejante a la de Abraham, que respondió a la llamada del Señor, saliendo de su tierra y de sus gentes (cf. Gen 12, 1-4). En la entrega de estos religiosos a la predicación e implantación del Reino de Cristo se refleja, como en un libro viviente, el eco de la confesión del Apóstol: «Siendo libre de todos, me he hecho esclavo de todos para ganar a los más que pueda... Me he hecho débil con los débiles para ganar a los débiles. Me he hecho todo a todos para salvar a toda costa a algunos. Y todo esto lo hago por el Evangelio, para ser partícipe del mismo» (1 Cor 9, 19. 22-23)'' .&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ante todo, entre el mundo cultural de los indios y el de los misioneros había una brecha aparentemente insuperable. ''“Muchos tuvieron que actuar en circunstancias difíciles y, en la práctica, inventar nuevos métodos de evangelización, proyectados hacia pueblos y gentes de culturas diversas'' . Faltaba el primer y más elemental instrumento de contacto: el de la lengua. En México, por ejemplo, había más de 150 entre lenguas y dialectos. Por esto, en la primera mitad del siglo XVI, abundan las ''Cédulas Reales'' donde se insiste cómo los misioneros tienen que buscar los medios más idóneos para presentar la fe a los indios . Además hace falta añadir las dificultades internas de cada orden religiosa, la escasez de personal, la urgencia del trabajo, las enfermedades y la muerte de muchos, la no siempre fácil relación con las autoridades y conquistadores y colonos, la falta de preparación inmediata para poder afrontar aquel Nuevo Mundo. Todo esto explica las improvisaciones del primer momento y las dudas e los debates sobre el sentido de la misma presencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sólo la experiencia cristiana real que tenían, ayudó a superar aquel muro insuperable. Aquella experiencia cristiana engendraba en ellos un modo diferente de mirar la humanidad de aquellas personas desconocidas. Aquella mirada se convirtió así en un amor fraterno hacia ellas vistas como criaturas a imagen de Dios, redimidas por la sangre de Cristo, y por lo tanto sujetos de derechos inalienables, como explicitamente reconoce el dominico Fray Francisco de Vitoria en sus ''“Relectiones de Indiis”'' (1539). Aquí está la raíz del amor profundo hacia los indios. Es el único motivo que podía sustentar y dar sentido a aquella ardua misión. Lo confiesa fray Toribio de Benavente Motolinía, uno de los “doce apóstoles” de México. Nada y nadie podía retener a los misioneros que recorrían las calles, valles y montes ''“para administrar los sacramentos y predicar a los indios la palabra y el Evangelio de Jesucristo”''; el motivo, añade, Motolinía es que “[...] ''para, administrar los sacramentos y predicar a los indios la palabra y el Evangelio de Jesucristo, porque viendo la fé y necesidad con que lo demandaban, ¿a qué trabajo no se pondrán por Dios y por las ánimas que El crió a su imagen y semejanza, y redimió con su preciosa sangre? Por los cuales él mismo dice''[Motolinía] ''haber pasado dias de dolor y de mucbo trabajo''” .  Frente a los indios culturalmente tan diferentes, a sus prácticas consideradas superticiosas e idolátricas, sobre todo el de los sacrificios humanos que tanto horrorizó tanto a los misioneros como a los conquistadores, y frente a los escándalos provocados por el comportamiento de muchos conquistadores y colonos, los misioneros entendieron que el primer anuncio debía ser hecho, ante todo, con el testimonio, la inserción entre las poblaciones y la solidaridad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Este método misionero, elemental y fundamental al mismo tiempo, es recordado por Juan Pablo II en su carta a los religiosos latinoamericanos: ''“Algunos pioneros de la evangelización quisieron vivir desde el primer momento entre los indígenas, para aprender su lengua y adaptarse a sus costumbres. Otros promovieron la formación de catequistas y colaboradores que les hacían de intérpretes, mientras que por su parte trataban de entender su lenguaje, conocer su historia y su cultura, como atestiguan los primeros historiadores de la evangelización, entre ellos Bernardino de Sahagún. En esta convivencia con los indígenas muchos misioneros se hicieron labradores, carpinteros, constructores de casas y templos, maestros de escuela y aprendices de la cultura autóctona, así como promotores de una artesanía original que pronto se pondría al servicio de la fe y del culto cristiano. La Iglesia da gracias al Señor por haber suscitado numerosas vocaciones misioneras en las Órdenes e Institutos religiosos, que fueron portadores de la fe cristiana y de un amor grande a los nativos. Aunque los autóctonos no asimilaban ciertos aspectos de la cultura que les llegaba, sin embargo la presencia de los misioneros suscitó una sincera apertura al mensaje salvador. Esto se debe al hecho de que entre sus creencias y costumbres se encontraban lo que los Padres de la Iglesia llaman «semillas del Verbo», rayos de su luz, presentes en la mente y en el corazón de aquellos pueblos, en espera de ser fecundadas y enriquecidas con la predicación de la palabra y la efusión del Espíritu Santo'' [...]. ''Eso favoreció que un gran número de indígenas se convirtiera al cristianismo, movidos por la gracia de Dios y la fuerza persuasiva de la Buena Nueva''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''4.5. La pobreza evangélica'' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ha sido sin duda la pobreza evangélica de los misioneros uno de los aspectos que más favoreció el encuentro entre ellos y los indígenas, y que más cooperó también a mover el corazón de estos hacia el cristianismo, que podría aparecer como la religión de los vencedores y, por lo tanto, de los poderosos. En este contexto se comprende la insistencia sobre el testimonio de pobreza evangélica, el desapego de las cosas y el desnudarse de toda apariencia de poder o de lujo, en un mundo donde la codicia de las riquezas, la afanosa búsqueda del oro y de poder, se convirtió en uno de los pecados capitales más vistosos. La pobreza evangélica fue considerada como parte integrante de la evangelización. Estas actitudes se convirtieron en el primer catecismo de los frailes misioneros. Impresiona que tal insistencia sobre la pobreza evangélica como testimonio y método misionero, elemental y fundamental de evangelización, se encuentre unánimemente en las orientaciones de la Corona, de los Concilios americanos y de los Capítulos de los Religiosos, en las mismas autoridades civiles coloniales de las Indias, en los indios, y lógicamente en los misioneros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a) Insistencia por parte de la Corona y de los Concilios Americanos  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las disposiciones de la Corona, de los Concilios de Indias y los Capítulos de las Órdenes Religiosas dan un valor de testimonio a la pobreza evangélica practicada por los misioneros, y la señalan como uno de los motivos que podían atraer a los indios a la Fe Católica. Así el III Concilio Limense prohíbe bajo excomunión que los conventos adquieran propiedades, y restringe el número de ovejas y caballos que cada casa religiosa puede poseer. Los ''“Monumenta Antiquae Floridae”'' nos ofrecen el siguiente testimonio perteneciente a Felipe II: “''La razón por la que se pide que los monasterios no posean sino sólo en cierto modo, y que los religiosos no posean nada en absoluto, es porque tal testimonio tiene una fuerza mayor en los indios que ven en los ministros de la fe cristiana tal desinterés y ausencia de codicia. Así era al principio cuando no existía'' [afán de poseer]; ''había entonces un gran provecho en la predicación misionera, aún más debido al hecho que nos'' [el Rey] ''hemos dado la orden de proveer'' [a los misioneros] ''de lo que necesitaran”''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También las disposiciones del Sínodo de Santa Fe de Bogotá de 1556 y los Concilios de México y Lima de 1583 insisten sobre el mismo aspecto. Los dominicos y los agustinos castigaban con penas severas el tráfico de dinero. El prepósito general de la Compañía de Jesús, padre Everard Mercuriano, en una carta al padre Juan de la Plaza, en Perú, autoriza expulsar de la Orden a los religiosos que volviesen a España con dinero. La Corona española ratificó todas estas disposiciones. Felipe II solicitó a Pío IV un breve para prohibir a los religiosos que, con licencia de volver a España, llevaran consigo oro o plata . Si un secular llevaba dinero o metales de parte de algún religioso como si fueran suyos, y era descubierto, era multado con una suma cuatro veces superiores al valor llevado. Más tarde, Carlos II (siglo XVII) prohíbe que los religiosos que volviesen a España con licencia, pudieran prestarse a ser los mediadores o los procuradores de los laicos domiciliados en América. Para subrayar esta pobreza apostólica y evitar todo peligro de acumulación de riquezas, se prohibió a los misioneros imponer penas pecuniarias a los fieles. También la administración de los sacramentos debía ser completamente gratuita (cosa que permaneció siempre observada durante los tres siglos de dominación española). Quién quebrantaba esta ley, era castigado con la pena del destierro, y el reincidente con la excomunión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
b) De parte también de los conquistadores y autoridades americanas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El valor de la pobreza evangélica como primera forma de testimonio misionero también era sentido profundamente por parte de muchos conquistadores, que insisten en que los misioneros provengan de las Órdenes de observancia. El caso más elocuente es el de Cortés. En su carta-relación a Carlos V del 15 de octubre, probablemente de 1524, pide ''“personas religiosas de buena vida y ejemplo”'', y suplica que sean enviadas pronto ''“con toda brevedad, porque así Dios Nuestro Señor será muy servido, y se cumplirá el deseo que Vuestra Alteza nutre como católico en este caso”''. Antes, continúa Cortés, había pedido ''“obispos y otros prelados para la administración de los oficios y el culto divino, y entonces nos pareció que así convenía”'', pero ahora, mirando bien el problema, para la conversión e instrucción de los indígenas, prefirió vinieran: ''“muchas personas religiosas... y llenas de celo por la conversión de estas gentes, y que funden conventos y monasterios en las diversas provincias, según cuánto nos parezca oportuno, y que las décimas les sean dadas a estos religiosos para construir sus conventos y para el sustento de su vida, y cuanto sobre sea destinado a las iglesias y para el cuidado de las poblaciones donde habitan los españoles, y para los clérigos que los sirven, y que estas décimas sean recogidas por los oficiales de vuestra majestad, y tengan las cuentas de ellas y también rindan informe, y provean los dichos monasterios e iglesias, estas décimas serán suficientes y todavía sobrará bastante... porque teniendo obispos y otros prelados, no dejarán de seguir la costumbre,  que por nuestros pecados ellos hoy tienen de  disponer de los  bienes de la Iglesia, que es gastarlos en pompas y otros vicios, y en dejar mayorazgos a sus hijos y a parientes”''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la petición de Cortés a Carlos V hay una evolución: de una petición genérica de ''“obispos religiosos de todas las Órdenes que sean de buena vida y doctrina”'', petición hecha después de la conquista de la capital azteca (13 de agosto de 1521), el 20 octubre del 1522,  pasa en un segundo momento a precisar que sean religiosos de la observancia, y se mostrará contrario a que vengan obispos del clero secular, por miedo a su lujo. Es en este contexto que Carlos V le pide al papa Adriano VI la bula ''Omnimoda'', enviada desde Zaragoza el 11 de mayo de 1522. Según Mendieta, Hernán Cortés había pedido ''“con mucha insistencia, declarando la capacidad y talento de los indios de ésta Nueva España y la necesidad que tenían de ministros que, más por obras que por palabras, les predicasen la observancia del Santo Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo &amp;quot;''. En 1552 Cortés mandó a España algunos enviados suyos con cartas para el emperador para pedirle que ''“enviase obispos religiosos de todas las órdenes, que fuesen de buena vida y doctrina, para que nos ayudasen a plantar más por entero en estas partes nuestra santa fe católica”''. La preocupación de Cortés fue, por tanto, que la Iglesia en aquellas tierras fuera modelada por los religiosos observantes, sin aquellas sombras que entonces la turbaban tan profundamente en la Europa de la pre-reforma católica. Por esto teme que la llegada de ciertos tipos de clérigos, obispos incluidos, pudieran falsear o enfriar el anuncio evangélico. Por ello prefiere a los religiosos franciscanos de la estrecha observancia. Esta actitud de uno de los ''conquistadores'' más notables, indica también el espíritu cristiano que animó a aquellos hombres, aún siendo pecadores y llenos de muchos límites morales. Otro oficial real (contador real), Rodrigo de Albornoz, veía necesario el nombramiento de los obispos para hacer entender a los indios la naturaleza visible y jerárquica de la Iglesia, pero los quería austeros y pobres, exentos de codicia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
c) De parte de los religiosos misioneros&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los testimonios por parte de los religiosos misioneros sobre la eficacia evangelizadora de la pobreza evangélica son numerosos. Es el caso de Toribio de Benavente Motolinía, en México. El padre Acosta  recalca igualmente lo mismo para Perú. Los franciscanos en México, los dominicos en Guatemala, los jesuitas a Sinaloa repitieron sin cansarse: ''“No queremos vuestro oro, plata, piedras preciosas, plumas, cacao... ni el sustento”''. En 1535, los dominicos de Centro América en uno de sus capítulos tomaron la decisión de renunciar a sus posesiones, rentas e ''“indios de peonaje''” (indios que debían asistirlos con su trabajo). El mismo Felipe II intervendrá posteriormente (hacia 1568) para que se mantuviera esta resolución. Esta pobreza evangélica era vivida por los misioneros religiosos incluso en los detalles: en el modo de vestir, en el comer, en sus conventos y en las cosas que usaban. Su vida tan evangélicamente austera fue tal, que un virrey de México le pedía al Papa que ordenara a estos religiosos misioneros comer carne y usar el caballo en los viajes largos como medio de transporte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
d) Esta pobreza causa estupor en los indios&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La pobreza evangélica y la veneración y respeto que estos hombres de Dios suscitaban en los conquistadores, llenaban también de estupor a los indios desde el primer momento que los vieron. Así nos cuenta Bernal Díaz del Castillo,  uno de los cronistas de la primera hora y compañero de Cortés, el encuentro de éste con los primeros franciscanos llegados a México: ''“Y cuando nos encontramos con los religiosos, el primero que se arrodilló frente a ellos fue Cortés”''. Cortés había ido a su encuentro con una suntuosa comitiva; bajó del caballo, se arrodilló e intentó besar sus pies; ante el rechazo de los frailes, se puso de rodillas y besó el borde de sus vestidos. El cronista testigo continúa: ''“…Y todos nosotros hicimos también lo mismo, capitanes y soldados; y cuando Guatemuz y todos los otros jefes vieron a Cortés ponerse de rodillas delante de los religiosos, los indios se llenaron de gran estupor... Y como vieron los frailes descalzos y delgados y los vestidos rasgados, y no a caballo, sino a pie y muy amarillos, y ver a Cortés, que lo consideraban como un semidiós o como cosa de otro mundo así de rodillas ante los frailes, desde entonces tomaron ejemplo todos los indios. Y aún más: digo que cuando Cortés hablaba con aquellos religiosos se quitaba el sombrero y los obedecía en todo. Estos religiosos trajeron muchos frutos a toda la Nueva España”''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y el franciscano Jerónimo de Mendieta, historiador  y también testigo de la primera hora añade: ''“Los indios caminaban detrás de ellos y se maravillaban de verlos con vestidos tan raídos y con un comportamiento tan diferente al valor y coraje que habían visto y observado en los soldados españoles. Ellos se preguntaban uno a otro qué hombres podían ser, puesto que eran tan pobres, y repetían continuamente una palabra suya: ‘motolinía, motolinía’. Y uno de los padres, llamado fray Toribio de Benavente, pidió a un español que cosa quería decir aquella palabra que continuaban repitiendo. El español contestó: ‘Padre, motolinía significa pobre, pobres'. Entonces fray Toribio dijo: 'Éste será mi nombre para toda la vida'. Y así, desde aquel momento en adelante, no se hizo llamar nunca ni se firmó de otra manera que fray Toribio Motolinía”''.   Los indios se asombraban ante el desinterés y desapego a los bienes practicado por los frailes misioneros, comparándolos con el afán de riqueza de muchos colonos. Muchas relaciones de la época subrayan como la conversión de muchos indios sucedía precisamente por esto. Los indios se daban cuenta de la enorme diferencia entre muchos conquistadores y estos misioneros religiosos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El dominico Fray Antonio de Remesal nos cuenta en su ''“Historia de Chiapas y de Guatemala”'', la llegada de los dominicos en 1545, procedentes de un pueblo llamado Cicalango (Guatemala). Los frailes quedaron impresionados por la acogida de los indios. Su cacique ordenó incluso que les fueran lavados los pies y se les sirvieran su maíz, pescado y agua fresca. Asombrados por tal acogida el mismo cacique les explicó 1os motivos: ''“sabían que a diferencia de los españoles, los frailes no venían en busca de sus bienes ni con la intención de su causarles ningún mal; les empujaba solamente el interés de su provecho espiritual”'' . Diego de Landa nota lo mismo en su ''“Relación de Yucatán”''.  Según el historiador Borges la evangelización en el reino de Granada fracasó precisamente a causa de la codicia de algunos clérigos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''5. Dificultades en la aplicación de tales criterios''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''5.1. La ya antigua y difícil relación entre los obispos, clero diocesano y los regulares''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El criterio de elección no siempre fue pacífico. Los religiosos miraban con sospecha la llegada de clérigos seculares debido al tradicional antagonismo entre el clero regular y el secular y por el posible mal ejemplo de algunos de estos. Creían que la obra evangelizadora debía ser llevada adelante sólo por los religiosos reformados. Por su parte, los obispos deseaban justamente la presencia del clero secular, no sólo por la necesidad de sacerdotes, sino para contrarestar la fuerza pujante de los religiosos exentos. En efecto, las disputas entre regulares y seculares, obispos y regulares serán numerosas desde los comienzos. La razón estaba precisamente en las amplísimas facultades apostólicas y en la autonomía concedidas por los Papas de que gozaban los religiosos. Además, los religiosos eran muy celosos de aquellas facultades que favorecían un notable dinamismo en su ministerio. El problema se agudizó con las disposiciones del Concilio de Trento sobre el deber pastoral y sobre los derechos disciplinares de los obispos como responsables últimos del cuidado pastoral del pueblo de Dios. Inclusive alguien pensó que era necesario retirar a los religiosos de las Indias. &lt;br /&gt;
Comienza así una dura polémica entre religiosos y obispos, que alcanzará su cénit en los siglos XVII y XVIII. Basta recordar las duras polémicas entre el segundo obispo de México, Montufar, dominico, y los franciscanos; o las del obispo de Puebla, Palafox, y los jesuitas y otros religiosos, y las frecuentes diatribas en el periodo del regalismo, y luego su desenlace bajo los regimenes liberales tras las independencias. Frente a la problemática, ligada por una parte a la situación misionera y a la necesaria libertad de los religiosos, y por la otra, a las disposiciones tridentinas sobre los derechos y deberes de los obispos, Felipe II creyó poder solucionar el problema nombrando predominantemente a obispos religiosos en las Indias. Hasta consiguió una excepción a los decretos tridentinos, de modo que fueran los superiores religiosos los encargados de la cura pastoral en aquellas misiones&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''5.2. El debilitamiento del ímpetu misionero''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otro hecho obligó a la Corona y las Autoridades religiosas a un empeño más severo en la elección de los misioneros religiosos y al mismo tiempo a la promoción vocacional misionera. Con el tiempo, las provincias religiosas de América vieron crecer las vocaciones, también entre los criollos americanos. Poco a poco, aquellas provincias se emanciparon de sus hermanas de España, fenómeno que produjo una disminución del interés misionero en la Metrópoli. Los provinciales en España empezaron a mandar a veces religiosos mediocres. Esta situación empujó al Papa a conceder de nuevo al rey, el poder intervenir para corregir los abusos y fomentar la promoción vocacional hacia América y su debida selección.  Así en la Junta de 1568, presidida por Felipe II, el rey ordenó la presencia en la Corte de procuradores estables de las órdenes religiosas misioneras ya citadas.  Estos procuradores, sostenidos por la Corona, tenían que ser los animadores del movimiento misionero en favor de las Indias. Pero también encontramos en los Generales de las órdenes religiosas un interés directo en fomentar la vocación misionera entre sus miembros; también vemos como algunos Papas, como san Pio V, conceden indulgencias especiales a los que parten como misioneros sea hacia el Oriente, como al Occidente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
6. La creación de seminarios misioneros dentro de las Órdenes Religiosas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este período se dio un paso importante en la historia del movimiento misionero moderno. Pronto se vio la necesidad de crear centros de promoción vocacional y formación específica para las misiones. En la decisión de Felipe II de querer en la Corte Procuradores de las Órdenes para las Misiones de las Indias, ya aparece esta intención. Un paso específico en este sentido se encuentra en la ''Junta'' de 1568, que ordena la creación de seminarios misioneros en México y en Lima por cada Orden religiosa, para la preparación de los misioneros de la propia Orden y el aprendizaje de las lenguas, conocimiento de las costumbres de los indios y su adaptación a ellos. Se concede a estos colegios misioneros la posibilidad de tener rentas, campos y de heredar tierras, con el objetivo de poder sostener aquellos colegios-conventos. Pero se prohíbe que tengan oro y otras riquezas muy ambicionadas. Se determina también que los pequeños conventos diseminados en las inmensas latitudes de las Américas aumenten el número de sus religiosos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se puede concluir que la Corona, empujada por los religiosos misioneros y por la Iglesia española local, demuestra en este tiempo un celo notable respecto a la formación y la vida de los religiosos misioneros. A veces la Corona aparece incluso más exigente que los mismos superiores religiosos y eclesiásticos en general. Así, mientras las autoridades eclesiásticas y religiosas generalmente eran más tolerantes y prudentes con los religiosos y clérigos menos dignos en América antes de reexpedirlos a la madre-patria, la Corona es mucho más severa e insiste en que sean expulsados los indignos. Ya Carlos V había conseguido del Papa un breve para poder intervenir en estos casos. Además, en América no le era permitido quedarse a un religioso que dejaba la orden para pasar al clero secular, porque se veía en ello una segunda intención&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''7. Impacto de los primeros misioneros y bases del catolicismo latinoamericano''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se puede decir que los evangelizadores de las primeras generaciones ejercitaron un notable y determinante impacto en la evangelización del Nuevo Mundo americano, poniendo las bases culturales de aquel catolicismo característico de este Continente latinoamericano. Además forjaron una Iglesia, que en sus comienzos mostró las huellas inconfundibles de las raíces carismáticas de la mayor parte de ellos, frailes mendicantes, y de una Iglesia con claras características conventuales en muchas de sus facetas. Los primeros misioneros se tuvieron que enfrentar con una problemática inédita que suscitaba aquel encuentro del mundo cristiano occidental con el Nuevo Mundo americano desde el punto de vista antropológico y cultural. A esta notable problemática se une desde los primeros momentos la dramática relación entre la conquista y la evangelización que generalmente se encontraban uncidas desde varios ángulos: contemporaneidad, unión íntima entre el cristianismo profesado y protegido por los conquistadores y el anunciado por los frailes misioneros, encendidos debates jurídicos en España y en las “Indias” sobre temas como los de la “guerra justa”, los métodos de la conquista, los derechos naturales del mundo indígena y la misma concepción antropológica que se tenía sobre el mismo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En estos debates, frailes misioneros, juristas eclesiásticos y laicos, se baten como defensores de la justicia y de lo que se llamará el “derecho de gentes”. Otro de los temas, muy unido al anterior, fue el del estudio de aquellos pueblos y su realidad; se forja en crecidas un encuentro con aquellas culturas desde el punto de vista antropológico, religioso y cultural (el llamado ''mestizaje'' producido por el catolicismo). En todo este drama historico se ve a las claras la capacidad de encuentro de cuantos se profesaban católicos, sin excluir a los mismos conquistadores, y sobre todo comenzando por los frailes misioneros. Se notan una serie de presupuestos, actitudes y medios para tal encuentro, con su resultado hoy claro, que es el mestizaje cultural y antropológico, así como la cercanía a las gentes encontradas, el interés por su mundo y el aprendizaje de sus lenguas y su transliteración al alfabeto latino y conservación de muchas de ellas, como su utilización en la catequesis evangelizadora.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así el historiador jesuita Mariano Cuevas indica que en Nueva España los misioneros fijaron once grupos de lenguas, diferenciadas sucesivamente en otras 150 lenguas y 70 dialectos . Cortés Castellanos, quien ha estudiado de modo especial el ''Catecismo pictográfico'' de fray Pedro de Gante, nos da también en relación a México, 6 catecismos todavía inéditos conservados en diversos archivos y bibliotecas y 7 catecismos publicados, 32 códigos sobre el argumento y otras 36 obras sobre el tema perteneciente al siglo XVI mexicano . Se cuentan docenas de religiosos misioneros que prepararon trabajos de este tipo un poco en todas las lenguas de la América hispana. Ejemplos de ellas son las gramáticas, diccionarios y otras obras en las lenguas diversas lenguas de las grandes zonas culturales del Continente por obra de estos misioneros . Por ello se debe reconocer cómo la Iglesia ha ayudado así a salvaguardar la memoria histórica de los pueblos indígenas. Pero además la Iglesia con sus reducciones, misiones, pueblos hospitales, conventos misionales ha sido “un lugar humano” para el encuentro entre los diversos pueblos. Las misiones y los conventos fueron centros de irradiación de vida y cultura: colegios y las universidades, la fundación de poblaciones y de ciudades, de caminos a lo largo de su geografía, de capacidad de encuentro entre las poblaciones, abriendo barreras hasta entonces infranqueables, promoviendo la agricultura y las artesanías y las obras artísticas de varios géneros (iglesias, edificios civiles, pintura y escultura, literatura y obras plásticas) muestran cómo se injerta la fe católica en las realidades culturales encontradas dando lugar a una clara simbiosis cultural, de la que el barroco latinoamericano es un ejemplo claro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No sólo ante las muchas heridas causadas por enfermedades y traumas de la conquista, de desplazamiento de poblaciones, de contagios endémicos en tiempos de hambrunas, pestes y otros desastres, empuja a las autoridades virreinales a la Iglesia y a sus frailes misioneros a fundar hospitales y numerosas obras de asistencia y caridad cristiana como respuesta a estas llagas sociales. Por todo ello bien podría decirse que evangelización ha sido global, en cuanto ha intentado tocar todos los ámbitos de la antropología y de la cultura de estos pueblos. Se llevó a cabo, sin un plan preconcebido, la construcción de la identidad cultural latinoamericana, como bien recordaba Juan Pablo II en uno de sus discursos “latinoamericanos”: ''“La Iglesia fue pionera en el desarrollo de la cultura, puesto que a ella sei debe principalmente el temprana creación de la universidad, la oportuna apertura a la promoción de la mujer y la iniciativa artística y científica en diversos campos”'' .&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==NOTAS==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.56.161</name></author>
		
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&lt;br /&gt;
__NOTOC__&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
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'''[[CABILDO ECLESIÁSTICO DE MÉXICO; sus actas capitulares]]'''&lt;br /&gt;
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'''[[CALOCA CORTÉS, San Agustín]]'''&lt;br /&gt;
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'''[[CAMPECHE. Capital del Estado mexicano del mismo nombre]]''' &lt;br /&gt;
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'''[[CAÑAS COVARRUBIAS, José Domingo]]'''&lt;br /&gt;
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'''[[CAÑAS Y CALVO, Blas]]'''&lt;br /&gt;
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'''[[CARRASCO y Saavedra, Bernardo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CASAL, Julio J.]]'''&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
'''[[CUAUTITLÁN; Convento franciscano y Juan Diego Cuahutlatoatzin]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CUBA; ERECCIÓN DE TEMPLOS A LA VIRGEN DE LA CARIDAD]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CUBA; la Virgen de la Caridad y la formación de la Nación]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CUEVAS, Mariano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CULTURAS INDÍGENAS DE AMÉRICA LATINA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== D ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DARIÉN, Misiones Jesuitas]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[D'ANANIA, GIOVANNI LORENZO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DE BRY, Theodor]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DEFENSA DEL INDÍGENA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DE LA SANTA Y ORTEGA, Remigio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DE LEÓN, Antonio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DERECHO INDIANO; La búsqueda de la justicia]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DESCUBRIMIENTO DEL NUEVO MUNDO: Mentalidades culturales en el Mundo Europeo en la vigilia de 1492]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DEZA, Diego de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DÍAZ DEL CASTILLO, Bernal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DOCUMENTOS DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL DE CHILE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DOMINICOS en la Nueva España]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DONOSO VIVANCO, Justo Pastor]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DU ROUSIER, Ana]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== E ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[EDUCACIÓN EN AMÉRICA LATINA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[EGUIARA Y EGUREN, Juan José de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ELÍZAGA PRADO, José Mariano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ERMITA DEL TEPEYAC]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ERRÁZURIZ VALDIVIESO, Crescente]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ESCALANTE y Escalante, Alonso M]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ESCUDERO ESCUDERO, Alfonso María]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ESPAÑA; la sociedad española  en la época de los descubrimientos]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ESQUEDA RAMÍREZ, San Pedro]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[EVANGELIZACIÓN; su impacto en un nuevo mundo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[EVANGELIZACIÓN DE AMÉRICA LATINA; los primeros evangelizadores y sus métodos]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[EYZAGUIRRE PORTALES, José Ignacio Víctor]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== F ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FERNÁNDEZ CONCHA, Domingo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FERNÁNDEZ CONCHA, Josefa]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FERNÁNDEZ CONCHA, Rosa]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FERNÁNDEZ DE PIEDRAHITA, Lucas]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FERNÁNDEZ DE URIBE y Casarejos José]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FERRI Alfonso]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FILOSOFÍA Náhuatl]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FLOR Y CANTO DEL NACIMIENTO DEL NUEVO MÉXICO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FLORES, Ana]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FLORES GARCÍA, San Margarito]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FLORES y Troncoso, Francisco de Asís]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FLORES VARELA, San José Isabel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FRACASTORO, Girolamo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FRANCISCANOS  en el Nuevo Mundo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FUEROS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== G ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GACETA OFICIAL del Arzobispado de México 1897-2011]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GALVÁN BERMÚDEZ, San David]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GANTE, Pedro de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GARCÉS, FRAY JULIÁN]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GARCÍA ACOSTA, Andrés]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GARCÍA DE LA HUERTA, Tadea]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GARCÍA ICAZBALCETA Joaquín]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GARIBAY y Kintana, Ángel María]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GERSON, Juan]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GILLOW Y ZAVALZA, Eulogio Gregorio]]'''&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
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'''[[GUADALUPE; El Acontecimiento Guadalupano e Inculturación]]'''&lt;br /&gt;
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'''[[GUADALUPE; el  problema de los &amp;quot;silencios&amp;quot;]]'''&lt;br /&gt;
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'''[[GUADALUPE; El Santuario, su Culto y la Plaza Mariana]]'''&lt;br /&gt;
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'''[[GUZMÁN LECAROZ, Joseph Francisco Xavier Miguel ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUANAJUATO; Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUIZAR Y VALENCIA, San Rafael]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== H ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HABSBURGO, Maximiliano de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HIDALGO  Y COSTILLA GALLAGA, Miguel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HIJAR Y MENDOZA, Martín Alonso ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HONDURAS: AFRODESCENDIENTES]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
'''[[HOSPITALES Y HOSPICIOS DE LA NUEVA ESPAÑA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
'''[[HUEJOTZINGO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HUERTA GUTIÉRREZ, Ezequiel y Salvador]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HUITZILOPOCHTLI]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HUTTEN, Ulrich Von]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== I ===&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
'''[[IGLESIA ANTIGUA de los indios en el Tepeyac.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[IGLESIA Y LIBERARISMO EN LATINOAMERICA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[INDEPENDENCIAS DE LA AMÉRICA ESPAÑOLA Y LA SANTA SEDE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[INDEPENDENCIAS DE LA AMÉRICA ESPAÑOLA; SITUACIÓN JURÍDICA DE LA IGLESIA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[INDEPENDENCIAS HISPANOAMERICANAS. EL CASO DE MÉXICO.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[INDIOS pueblo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ITURBIDE, Agustín de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ITZCÓATL]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== J ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[JESUITAS (Compañia de Jesús)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[JUAN DIEGO CUAUHTLATOATZIN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[JUAN DIEGO CUAUHTLATOATZIN; Descendientes]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[JUAN DIEGO CUAUHTLATOATZIN; procesos de beatificación y de canonización]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[JUÁREZ GARCÍA, Benito]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[JUNGUITO, Francisco Javier]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== K ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[KINO, Eusebio Francisco]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[KUBLER, George Alexander ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[KUNA YALA; Misiones jesuitas]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== L ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LABASTIDA Y DÁVALOS, Pelagio  Antonio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LADRON DE GUEVARA Y CALDERÓN, Diego]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LA CRUZ, SOR JUANA INÉS DE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
'''[[LÓPEZ DE HERRERA, Fray Alonso  ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LÓPEZ DE SANTA ANNA, Antonio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LÓPEZ, Gregorio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LOS ANDES, Santa Teresa de Jesús De]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LUMNIUS IOANNES Fredericus]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== M ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MAGALLANES JARA, San Cristóbal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MAGAÑA SERVÍN, Luis ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MAÍZTEGUI Y BESOITAITURRIA, Juan José]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MALDONADO MELÉNDEZ,  San Pedro]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MALINCHE; Tenépatl (Doña Marina)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MANRÍQUEZ Y ZÁRATE, José de Jesús]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MARGIL DE JESÚS, Fray Antonio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MARTÍN Juana]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÁRTIR DE ANGLERÍA, Pedro]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÁRTIRES DE SAHUAYO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÁRTIRES DE SAN JOAQUÍN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÁRTIRES MEXICANOS EN JAPÓN (1597, 1627 Y 1632)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MARTIRIO Cristiano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MARTIROLOGIO MEXICANO ( 1914- 1940)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MATRIMONIO EN CHILE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MEDELLÍN, Diego De]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MEDINA, PEDRO DE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MEERMAN Arnould OFM]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉNDEZ MONTOYA, San Jesús]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MENDIETA, Fray Gerónimo de]]'''&lt;br /&gt;
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'''[[MENDOZA  Y PACHECO, Antonio de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MENTALIDADES CULTURALES EN EUROPA; en la vigilia de 1492]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MERCATOR, Gerard]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO; Constitución de 1917; artículos antirreligiosos.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO; Educación desde la Revolución de 1910]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO. Evangelización]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO. Planes Políticos en los siglos XIX y XX]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO. Partido Católico Nacional.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO. Reforma, Guerra y Leyes de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO; Universidades y Colegios Mayores]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MINA, Francisco Javier]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MISIONES jesuíticas en Paraguay y Río de la Plata s. XVII y XVIII]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MOCTEZUMA XOCOYOTZIN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MODUS VIVENDI en México (1929-1992)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MOLINA, Juan Ignacio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MONARDES, Nicolás]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MONCAYO GARCÍA, José Pablo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MONJAS, MUJERES y Conventos en el Nuevo Mundo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MONUMENTA CARTOGRÁFICA VATICANA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MORA Y DE LA MORA, San Miguel de la]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MORELIA  (Arte Virreinal)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MORELOS Y PAVÓN, José María]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MORISCOS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MORIN, Bernarda]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MOSQUERA Y ARBOLEDA, Manuel José]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MOYA DE CONTRERAS PEDRO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MOYA Y VALENZUELA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MOZÁRABE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MUDÉJARES]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MUJER en Uruguay]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MUNGUÍA Y NÚÑEZ, Clemente de Jesús]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MUÑOZ CAMARGO, Diego]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MUÑOZ, Juan Bautista]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÜNSTER, Sebastian]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÚSICA en Chile]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÚSICA  PREHISPÁNICA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== N ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[NAVARRETE GUERRERO, Julia]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[NERVO,  Amado]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[NEZAHUALCÓYOTL]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[NICARAGUA: AFRODESCENDIENTES ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[NIÑOS MÁRTIRES DE TLAXCALA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[NOCHE TRISTE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[NUEVA ESPAÑA; Virreinato de la]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[NÚÑEZ DE HARO Y PERALTA, Alonso]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== O ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[OCOTLÁN; Nuestra señora de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[O´GORMAN, Edmundo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
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'''[[ORONA MADRIGAL, San Justino]]'''&lt;br /&gt;
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'''[[OROZCO Y JIMÉNEZ, FRANCISCO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[OVALLE, Alonso De]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== P ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PADROADO PORTUGUÉS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PALAFOX Y MENDOZA, Juan de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PALOMAR Y VIZCARRA, Miguel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PANAMÁ; ADVOCACIONES Y DEVOCIÓN MARIANA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PANAMÁ; ALGUNAS MANIFESTACIONES MUSICALES DEL FOLKLORE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PANAMÁ; Breve panorama sobre su música]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PANAMÁ; CATECISMOS EMPLEADOS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PANAMÁ; COFRADÍAS EN LA COLONIA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PANAMÁ; DIÓCESIS DE DAVID]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PANAMÁ; DIÓCESIS DE SANTIAGO DE VERAGUAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PANAMÁ; EDUCACIÓN CATÓLICA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PANAMA; El Canal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PANAMÁ; EPISCOPOLOGIO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PANAMÁ; Historia de la Teología]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PANAMÁ; HISTORIOGRAFÍA ECLESIÁSTICA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PANAMÁ; MEDIOS DE COMUNICACIÓN SOCIAL ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PANAMÁ; PRENSA CATOLICA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PANAMÁ; Pintura, Escultura y Grabado]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PANAMÁ; VICARIATO DE DARIÉN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PANÉ,Ramón]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PÁTZCUARO;  Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PAÚL, José Telésforo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PAYNO, Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PEÑAFIEL Barranco, Antonio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PEREGRINACIONES AL TEPEYAC]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PEREYRA, Gómez Carlos ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PERSECUCIÓN Y MARTIRIO EN TABASCO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PERSECUCIONES Y MARTIRIOS EN EL SIGLO XX]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PERÚ; Protectoría eclesiástica de los índios]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[POLÍTICA y RELIGIÓN en los proyectos insurgentes y realistas de la independencia de Nueva España]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[POMAR, Juan Bautista]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PORFIRISMO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[POSSEVINO Antonio, SJ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PRIMERA FUNDACIÓN DIOCESANA Y CIVIL EN TIERRA FIRME]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PRO, Miguel Agustín]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PUEBLA DE LOS  ÁNGELES;  Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PUEBLA DE LOS  ÁNGELES; Ciudad ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PUEBLA; Tercera Conferencia del CELAM (1979)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Q ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[QUERÉTARO, Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[QUETZALCÓATL]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[QUINTO SOL (La cosmogonía azteca)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[QUIROGA, Vasco de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== R ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[RAMIREZ Álvarez José Fernando]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[RAMÍREZ, FRAY JUAN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[RAMOS ARIZPE, José Miguel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[RAMUSIO, Giambattista]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[RAUW, Johann]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[REYES  OCHOA, Alfonso]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[REYES SALAZAR, San Sabás]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[REGULES, Dardo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[REPISO MARTÍNEZ DE ORBE, Antonio ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[REVUELTAS Sánchez Silvestre]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[RIVA PALACIO Guerrero Vicente]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ROBLES HURTADO,  San José María]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[RODRIGUEZ DE VALDERAS, Fray Gaspar]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ROJAS Y ARRIETA, Guillermo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ROMERO, Luis Francisco ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ROMERO DE TERREROS, Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ROMO GONZÁLEZ, Santo Toribio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ROSAS, Juventino]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ROSS EDWARDS, Juana]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[RUIZ DE ALARCÓN Y MENDOZA, Juan]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[RULFO Juan ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[RUSCELLI GIROLAMO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== S ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SAHAGÚN, Bernardino de Fray]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SALAS, Antonia]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SÁNCHEZ DE TAGLE, Varela Francisco Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SÁNCHEZ DELGADILLO, San Jenaro]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SANCHEZ DEL RÍO, José]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SAN CRISTÓBAL DE LAS CASAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SAN JUAN DE ULÚA.  Castillo-Fortaleza]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SAN LUIS POTOSÍ; Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SAN MIGUEL DE ALLENDE; Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SANTUARIO NACIONAL DE LA GRUTA DE LOURDES]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SANTUARIO NACIONAL DE LA VIRGEN DEL VERDÚN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SANTUARIO POPULAR DE SAN CONO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SANTUARIOS EN PANAMÁ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SERMONES GUADALUPANOS en la formación de la identidad mexicana]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SERRA, Fray Junípero]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SIERRA MÉNDEZ, Justo ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SIGÜENZA Y GÓNGORA, Carlos]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SILVANO Bernardo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SOCIEDAD MEXICANA DE HISTORIA ECLESIÁSTICA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SOTO, Domingo de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SOTO, Fray Francisco de]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SPAGNOLI Battista]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SUÁREZ, Sor Úrsula ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== T ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TAPIA,  Andrés de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TELPOCHCALLI]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TENOCHTITLAN; Capital del pueblo  Azteca]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TEOTIHUACÁN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TEPEACA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TEPEYAC]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TERESA DE MIER Y NORIEGA, Servando]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TEXAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TEXCOCO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TEZCATLIPOCA;  Deidad azteca]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TILMA GUADALUPANA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TLAXCALTECAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TOLTECAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TONÁNTZIN (Cihuacóatl o Centeótl) ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TORQUEMADA, FRAY JUAN DE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TOTONACAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TOUSSAINT  Y  RITTER, Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TRANSMISIÓN DE LA FE EN EL NUEVO MUNDO I]]'''  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TRANSMISIÓN DE LA FE EN EL NUEVO MUNDO II]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TRATADO DE ALCAZOVAS-TOLEDO ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TULPETLAC]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== U ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[UBIARCO Robles, San Tranquilino]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ULTRAMONTANISMO EN CHILE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[UNIVERSIDAD DE MÉXICO REAL Y PONTIFICIA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[UPPSALA; Mapa de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URIBE VELASCO, San David]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Los “curas constituyentes”]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Música folklórica]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Música sacra]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Piedad popular]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Oratorios rurales]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Primeras corrientes evangelizadoras]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Protestantismo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Rebeliones indígenas]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Santoral]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== V ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VAÏSSE, Emilio (Omer Emeth)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VALADÉS,  Fray Diego de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VALDÉS OSSA, Elisa ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VALDIVIESO, Rafael Valentín]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VALENCIA, Fray Martín de]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VALERIANO, Antonio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VALVERDE Téllez Emeterio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VAN UFFELDRE DE SANTO TOMÁS, Fray Adrián]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VARELA Félix; Vida y Obra]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VARELA Félix; Proceso de beatificación; Parte 1]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VARELA Félix; Proceso de beatificación; Parte 2]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VARGAS GONZÁLEZ,  Jorge y Ramón]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VASCONCELOS  CALDERÓN, José]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VELASCO Y RUIZ DE ALARCÓN, Luis de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VERSTEGEN (Richard Rowlands)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VELAZQUEZ RODRÍGUEZ, Primo Feliciano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VERACRUZ, Fray Alonso de la]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VIAJES DE JUAN PABLO II A MÉXICO]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VICUÑA LARRAÍN, Manuel ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VILASECA AGUILERA, José María]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VILLAGRÁ Gaspar de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VILLALPANDO, Cristóbal de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VILLANUEVA, Tomás de, O.S.A]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VILLARROEL, Gaspar de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VIRUELA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VIVES SOLAR, Fernando ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== W ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== X ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[XOCHIMILCO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Y ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[YERMO Y PARRES, SAN JOSÉ MARÍA DE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[YUCATÁN EN EL TIEMPO. Enciclopedia]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Z ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ZAPATA  SALAZAR, Emiliano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ZARCO, Francisco.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ZAVALA SÁENZ, Lorenzo de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ZORITA Alonso de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ZORRILLA DE SAN MARTÍN, Juan]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ZUMÁRRAGA, Fray Juan de]]'''&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.56.161</name></author>
		
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		<title>CLUB CATÓLICO DE MONTEVIDEO</title>
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		<updated>2014-09-01T19:21:42Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.161: Página creada con 'Fundado en junio de 1875, el Club Católico de Montevideo fue la primera institución laica católica uruguaya en el campo de la cultura, promovida por monseñor Jacinto Vera, v…'&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;Fundado en junio de 1875, el Club Católico de Montevideo fue la primera institución laica católica uruguaya en el campo de la cultura, promovida por monseñor Jacinto Vera, vicario apostólico desde 1859, y por el presbítero Mariano Soler,  en ese entonces recién llegado de Roma. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En 1868 se había fundado, en Montevideo, el Club Universitario, primer agrupamiento de jóvenes universitarios dedicado a continuar, fuera de las aulas, disertaciones y debates de carácter filosófico, histórico, religioso y político. Contaron con el apoyo de algunos profesores y, en particular, del profesor de Filosofía, Plácido Ellauri, portavoz del espiritualismo ecléctico. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entre junio de 1872 y junio de 1873, el Club Universitario convivió con el Club Racionalista, en cuyo seno se redactó la Profesión de Fe Racionalista de 1872, que representó la ruptura de un sector de la juventud universitaria con la religión católica ''(Carta Pastoral contra la Profesión de Fe Racionalista).'' Nuevas sociedades culturales surgieron entre 1874 y 1876:  Club Joven América, Sociedad de Estudios Preparatorios, Club Fraternidad, Sociedad Filo-Histórica, Sociedad de Ciencias Naturales, Sociedad Universitaria, Club Literario Platense - y de la fusión de la Sociedad Filo-Histórica, la Sociedad de Ciencias Naturales, el Club Literario Platense y el Club Universitario nació, en setiembre de 1877, el Ateneo del Uruguay, que se erigió en el centro intelectual del librepensamiento en el país.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con el apoyo de monseñor Vera, el 25 de marzo de 1874, los jóvenes católicos fundaron una primera sociedad cultural, la Sociedad Filosófica-Religioso-Literaria, para «estudiar y tratar todas aquellas cuestiones que por su importancia propendan al desarrollo moral e intelectual del individuo», y desarrollaron actividades formativas: lecturas de artículos de revistas o de libros de temas históricos, filosóficos y religiosos y exposición de tesis presentadas por los propios jóvenes socios. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Bajo la orientación del presbítero Soler, doctorado en Derecho Canónico en la Universidad Gregoriana, el 6 de junio de 1875 se resolvió la reforma de la Sociedad y el 20 de junio tuvo lugar la fundación del Club Católico de Montevideo. En la sesión fundacional,  se aprobaron los estatutos del Club y se comunicó la designación, realizada por el vicario, de los directores, los presbíteros Mariano Soler y Ricardo Isasa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El 24 de junio de ese mismo año se realizó la inauguración del Club, con discursos de Soler e Isasa, y la lectura, por parte de Horacio Tabares, primer presidente, de una tesis titulada «El indiferentismo religioso». Ya se habían acercado a la asociación algunos de los que serían firmes pilares de la acción del joven laicado católico: Antonio J. Rius, Vicente Ponce de León, Hipólito Gallinal (h).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La fundación del Club Católico fue la respuesta de la Iglesia para mantener la identidad católica de los jóvenes uruguayos que, una vez que ingresaban a la Universidad Mayor, se volvían indiferentes o incrédulos. La nueva sociedad se proponía fomentar el estudio y la formación religiosa, y promover la fundación de un colegio católico de estudios superiores que salvaguardara la fe católica y evitara el divorcio entre ciencia y fe.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A partir de 1875, el Club Católico cumplió funciones de centro académico católico, de centro social y cultural, de centro de resistencia del laicado católico y de centro impulsor de proyectos. Juan Zorrilla de San Martín lo llamó «casa madre de todas las instituciones laicas católicas». En el siglo XIX, surgieron en su seno los proyectos del Liceo de Estudios Universitarios, de ''El Bien Público'' – primer diario católico - y las convocatorias a los Congresos Católicos Nacionales. En el siglo XX, en el Club Católico se fundó la Unión Nacional de Educación Católica ''(UNEC)'' y las autoridades del Club participaron activamente de las gestiones que condujeron a la fundación de la Universidad Católica del Uruguay “Dámaso Antonio Larrañaga”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==BIBLIOGRAFÍA==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Archivo del Club Católico de Montevideo, ''Sociedad Filosófica-Religioso-Literaria, Libro de Actas, 1874-1875 y Club Católico de Montevideo, Libros de Actas nº 1, 1875-1883, Libros de Actas nº 2, 1883-1887; Libros de Actas nº 3, 1887-1900&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
 Estatutos del Club Católico de Montevideo.'' Montevideo, 1876&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
MONREAL, Susana “El Club Católico de Montevideo (1875 - 1890). Presencia de Mariano Soler”, en GRIEGO, Mª del Rosario ''et al., Mariano Soler. Acción y obras.'' Montevideo, 1991 &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
MONREAL, Susana, ''Universidad Católica del Uruguay. El largo camino hacia la diversidad, Montevideo,'' 2005&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''SUSANA MONREAL'''.&lt;/div&gt;</summary>
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		<title>Glosario</title>
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		<updated>2014-09-01T19:17:34Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.161: /* C */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;El objetivo de este glosario es facilitar el acceso a una definición de los principales términos que utilizamos en Wikipedia y en otros proyectos de la Fundación Wikimedia. Si no encuentras algún término de uso específico en Wikipedia o sus proyectos, bien puedes incluirlo en la lista para que alguien lo describa o preguntarlo en la página de discusión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
__NOTOC__&lt;br /&gt;
{{Índice}}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== A ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ABAD Y QUEIPO, Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ACADEMIA DE SAN CARLOS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ACADEMIA NACIONAL DE MEDICINA DE MEXICO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ACAMAPICHTLI]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ACOLMAN; Convento de San Agustín]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ACOSTA Zurita Darío]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ACTOPAN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ACUÑA Y MANRIQUE, Juan]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ADAME Rosales, San Román]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ADORATRICES PERPETUAS; de Santa María de Guadalupe]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[AFROPANAMEÑOS EN LA CONFORMACIÓN DE LA IDENTIDAD PANAMEÑA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ÁGREDA María de Jesús]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[AGUASCALIENTES]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[AGUIAR Y SEIJAS, Francisco de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[AGUILAR ALEMÁN, San Rodrigo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[AGUIRRE Moctezuma, Rafael ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[AGUSTINOS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ALAMÁN Y ESCALADA, Lucas]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ALARCÓN Y SÁNCHEZ DE LA BARQUERA, Próspero María]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ÁLBUM DE LA CORONACIÓN de la Santísima Virgen de Guadalupe]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ALCALDE Y BARRIGA, Antonio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ALDAY Y ASPEE, De Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ALEGRE, Francisco Javier]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ALFARO, Luis Felipe Neri de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ALMA CRISTIANA DE AMÉRICA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ALTAMIRANO, Basilio Ignacio Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ALVA IXTLILXÓCHITL, Fernando de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ALVARADO, Pedro de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ALVARADO, Tezozómoc Fernando]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ÁLVAREZ HERRERA, Bernardino]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ÁLVAREZ MENDOZA, San Julio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[AMÉRICA;  nacimiento y personalidad]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[AMÉRICA LATINA: El Término]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ANÁHUAC]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ANALES ANTIGUOS de México y sus contornos]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ÁNGEL; a los pies de la Guadalupana]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ANTUÑANO, Esteban de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[APARICIO, Sebastián de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARABESCO; estilo artístico]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARANEDA BRAVO, Fidel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARCHIVO HISTÓRICO DEL ARZOBISPADO DE MÉXICO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARCHIVOS Y BIBLIOTECAS ECLESIASTICAS EN CHILE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ÁRCIGA Y RUIZ DE CHÁVEZ, José Ignacio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARENAS Pedro De]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARRANGOIZ Y BERZÁBAL, Francisco de Paula]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARTE PLUMARIO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARTE SACRO EN AMÉRICA Y CHILE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARTE Y PENSAMIENTO EN IBEROAMÉRICA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARTESANÍAS MEXICANAS, en la liturgia]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARTIGAS, José Gervasio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ASOCIACIÓN URUGUAYA DE EDUCACIÓN CATÓLICA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ÁVILA CAMACHO, Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[AYORA, Fray Juan de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[AZNAR Barbachano, Tomás]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[AZTECAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== B ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BALBUENA, Bernardo de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BANEGAS GALVÁN, Francisco]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BARROCO INDIANO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BARTOLACHE y Díaz Posada, José Ignacio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BASALENQUE, Fray Diego de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BASASIO Arnaldo fray ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BASÍLICA DE GUADALUPE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BATIS SÁINZ, San Luis]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BECERRA TANCO, Luís]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BECKMANN,  Francisco Federico]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BELAUNZARÁN Y UREÑA, José María de Jesús]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BENAVENTE (MOTOLINIA), Fray Toribio de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BENZONI, Girolamo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BETANZOS, Fray Domingo de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BETLEMITAS; orden religiosa]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BIENVENIDA, Fray Lorenzo de.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BITTI, Bernardo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BORDONE Benedetto]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BOTERO Giovanni]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BOTURINI BENADUCCI, Lorenzo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BRAVO Ugarte, José S.J.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BUCARELI Y URSÚA, Antonio María de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BULA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BULAS ALEJANDRINAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BURRUS, Ernest Joseph]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BUSTAMANTE, fray Francisco de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== C ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CABILDO ECLESIÁSTICO DE MÉXICO; sus actas capitulares]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CABRERA, Miguel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CACES DE BROWN, Isabel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CALDERÓN, Antonio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CALDERÓN DE LA BARCA, Erskine Frances, Marquesa de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CALENDARIO AZTECA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CALENDARIOS INDÍGENAS MEXICAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CALIFORNIA; Misiones]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CALLES, Plutarco Elías]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CALMECAC]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CALOCA CORTÉS, San Agustín]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CALPAN, Convento de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CAMPECHE. Capital del Estado mexicano del mismo nombre]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CAÑAS COVARRUBIAS, José Domingo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CAÑAS Y CALVO, Blas]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CARRASCO y Saavedra, Bernardo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CASAL, Julio J.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CASAL Muñoz, Marynés]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CASANOVA CASANOVA, Mariano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CASTELLANOS Y CASTELLANOS, Leonardo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CATALÁ Y GUASCH, FRAY MAGÍN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CATECISMOS en México]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CATEDRAL DE MÉXICO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CATOLICISMO y cultura en el nuevo mundo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CATOLICISMO LIBERAL en Chile]]'''  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CERVANTES de Salazar Francisco]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHALMA; Santuario del Señor de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHAVEZ Jerónimo de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHIAPA DE CORZO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHICHIMECA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHILE; Diócesis creadas en el siglo XX]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHILE; Financiamiento de la iglesia]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHILE; Órdenes y Congregaciones Religiosas]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHILE; Recepción de las encíclicas sociales]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHILE: SÍNODOS DIOCESANOS Y CONCILIOS PROVINCIALES]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHOLULA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHOLULA.  Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CIHUACÓATL; Deidad femenina de la mitología azteca]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CISNEROS, Diego]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CIUDAD RODRIGO, Fray Antonio de.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CLAVIJERO, Francisco Javier]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CLUB CATÓLICO DE MONTEVIDEO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CÓDICE FLORENTINO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CÓDICE OSUNA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CÓDICES precolombinos]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CÓDICE VATICANO B]]'''&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
'''[[COFRADÍAS EN CHILE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[COLEGIOS APOSTÓLICOS de Propaganda Fide]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[COLEGIO  VIZCAÍNAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[COLÓN, Cristóbal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[COMPLEJO Tupí-Guaraní]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CONCEPCIÓN, DIÓCESIS DE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CONCHA, Andrés de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CONCILIO PLENARIO LATINOAMERICANO DE 1899]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CONCILIOS Y SINODOS LATINOAMERICANOS.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CONQUISTA DE MÉXICO ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CORREA MAGALLANES, San Mateo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CORTÉS, Hernán]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CORUÑA AGUSTÍN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[COSÍO VILLEGAS, Daniel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CRIOLLISMO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CRIOLLOS; SU APORTE A LA EVANGELIZACIÓN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CRISTIADA ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CRUZ ALVARADO, San Atilano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CUAUHTÉMOC]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CUAUTITLÁN; Convento franciscano y Juan Diego Cuahutlatoatzin]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CUBA; ERECCIÓN DE TEMPLOS A LA VIRGEN DE LA CARIDAD]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CUBA; la Virgen de la Caridad y la formación de la Nación]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CUEVAS, Mariano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CULTURAS INDÍGENAS DE AMÉRICA LATINA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== D ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DARIÉN, Misiones Jesuitas]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[D'ANANIA, GIOVANNI LORENZO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DE BRY, Theodor]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DEFENSA DEL INDÍGENA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DE LA SANTA Y ORTEGA, Remigio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DE LEÓN, Antonio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DERECHO INDIANO; La búsqueda de la justicia]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DESCUBRIMIENTO DEL NUEVO MUNDO: Mentalidades culturales en el Mundo Europeo en la vigilia de 1492]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DEZA, Diego de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DÍAZ DEL CASTILLO, Bernal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DOCUMENTOS DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL DE CHILE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DOMINICOS en la Nueva España]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DONOSO VIVANCO, Justo Pastor]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DU ROUSIER, Ana]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== E ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[EDUCACIÓN EN AMÉRICA LATINA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[EGUIARA Y EGUREN, Juan José de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ELÍZAGA PRADO, José Mariano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ERMITA DEL TEPEYAC]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ERRÁZURIZ VALDIVIESO, Crescente]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ESCALANTE y Escalante, Alonso M]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ESCUDERO ESCUDERO, Alfonso María]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ESPAÑA; la sociedad española  en la época de los descubrimientos]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ESQUEDA RAMÍREZ, San Pedro]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[EVANGELIZACIÓN; su impacto en un nuevo mundo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[EVANGELIZACIÓN DE AMÉRICA LATINA; los primeros evangelizadores y sus métodos]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[EYZAGUIRRE PORTALES, José Ignacio Víctor]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== F ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FERNÁNDEZ CONCHA, Domingo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FERNÁNDEZ CONCHA, Josefa]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FERNÁNDEZ CONCHA, Rosa]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FERNÁNDEZ DE PIEDRAHITA, Lucas]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FERNÁNDEZ DE URIBE y Casarejos José]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FERRI Alfonso]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FILOSOFÍA Náhuatl]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FLOR Y CANTO DEL NACIMIENTO DEL NUEVO MÉXICO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FLORES, Ana]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FLORES GARCÍA, San Margarito]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FLORES y Troncoso, Francisco de Asís]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FLORES VARELA, San José Isabel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FRACASTORO, Girolamo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FRANCISCANOS  en el Nuevo Mundo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FUEROS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== G ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GACETA OFICIAL del Arzobispado de México 1897-2011]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GALVÁN BERMÚDEZ, San David]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GANTE, Pedro de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GARCÉS, FRAY JULIÁN]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GARCÍA ACOSTA, Andrés]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GARCÍA DE LA HUERTA, Tadea]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GARCÍA ICAZBALCETA Joaquín]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GARIBAY y Kintana, Ángel María]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GERSON, Juan]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GILLOW Y ZAVALZA, Eulogio Gregorio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GIUSTINIANI Agustín]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GLAREANUS, Henricus]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GÓMEZ DE PORTUGAL Y SOLÍS, Juan Cayetano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GÓMEZ Loza, Miguel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GONZAGA Francesco]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GONZÁLEZ, Juan]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GONZÁLEZ DE MARMOLEJO, Rodrigo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GONZÁLEZ FLORES,  Anacleto]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GONZÁLEZ OBREGÓN, Luis]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GONZÁLEZ VALENCIA, José María]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GREMIO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Acontecimiento Guadalupano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Antiaparicionismo]]'''  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Antigüedad del culto]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Añadidos y retoques a la imagen]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Aprobación implícita]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Atentado contra la Imagen]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Bibliografía general]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Descubrimientos arqueológicos en Estados Unidos]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; El Acontecimiento Guadalupano e Inculturación]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; el  problema de los &amp;quot;silencios&amp;quot;]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; El Santuario, su Culto y la Plaza Mariana]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE;en la independencia de México]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Fuentes españolas]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Fuentes indígenas]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; fuentes mestizas o indo-hispanas]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Informaciones jurídicas de 1666]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Informe sobre aspectos de conservación y restauración  de  la imagen original]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; La hipótesis de imágenes en sus ojos]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; La Virgen María y Juan Diego.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Misterio de los ojos en la pintura]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Raíz del mundo católico iberoamericano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUERRERO, Gonzalo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUZMÁN LECAROZ, Joseph Francisco Xavier Miguel ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUANAJUATO; Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUIZAR Y VALENCIA, San Rafael]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== H ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HABSBURGO, Maximiliano de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HIDALGO  Y COSTILLA GALLAGA, Miguel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HIJAR Y MENDOZA, Martín Alonso ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HONDURAS: AFRODESCENDIENTES]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HOSPITAL DEL AMOR DE DIOS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HOSPITALES Y HOSPICIOS DE LA NUEVA ESPAÑA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HUEI TLAMAHUIZOLTICA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HUEJOTZINGO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HUERTA GUTIÉRREZ, Ezequiel y Salvador]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HUITZILOPOCHTLI]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HUTTEN, Ulrich Von]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== I ===&lt;br /&gt;
'''[[IBARRA Y GONZÁLEZ, José Ramón]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[IGLESIA ANTIGUA de los indios en el Tepeyac.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[IGLESIA Y LIBERARISMO EN LATINOAMERICA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[INDEPENDENCIAS DE LA AMÉRICA ESPAÑOLA Y LA SANTA SEDE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[INDEPENDENCIAS DE LA AMÉRICA ESPAÑOLA; SITUACIÓN JURÍDICA DE LA IGLESIA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[INDEPENDENCIAS HISPANOAMERICANAS. EL CASO DE MÉXICO.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[INDIOS pueblo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ITURBIDE, Agustín de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ITZCÓATL]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== J ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[JESUITAS (Compañia de Jesús)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[JUAN DIEGO CUAUHTLATOATZIN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[JUAN DIEGO CUAUHTLATOATZIN; Descendientes]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[JUAN DIEGO CUAUHTLATOATZIN; procesos de beatificación y de canonización]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[JUÁREZ GARCÍA, Benito]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[JUNGUITO, Francisco Javier]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== K ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[KINO, Eusebio Francisco]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[KUBLER, George Alexander ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[KUNA YALA; Misiones jesuitas]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== L ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LABASTIDA Y DÁVALOS, Pelagio  Antonio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LADRON DE GUEVARA Y CALDERÓN, Diego]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LA CRUZ, SOR JUANA INÉS DE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LACUNZA Y DÍAZ, Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LAICISMO en chile]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LAMAS, José Benito]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LARRAÍN ERRÁZURIZ, Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LARROBLA, Juan Francisco]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LAS CASAS, Fray Bartolomé de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LAS CASAS, Fray Bartolomé de; ¿anti-negro?]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LEDESMA, Bartolomé de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LEÓN CALDERÓN, Nicolás]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LEVINUS APOLLONIUS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LEYES DE INDIAS; Resumen del compendio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LIBERALES Y CONSERVADORES; su posición frente a la Iglesia en México]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LICEO de Estudios Universitarios (LEU)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LIZÁRRAGA, DE Reginaldo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LÓPEZ DE GÓMARA, Francisco]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LÓPEZ DE HERRERA, Fray Alonso  ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LÓPEZ DE SANTA ANNA, Antonio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LÓPEZ, Gregorio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LOS ANDES, Santa Teresa de Jesús De]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LUMNIUS IOANNES Fredericus]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== M ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MAGALLANES JARA, San Cristóbal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MAGAÑA SERVÍN, Luis ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MAÍZTEGUI Y BESOITAITURRIA, Juan José]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MALDONADO MELÉNDEZ,  San Pedro]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MALINCHE; Tenépatl (Doña Marina)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MANRÍQUEZ Y ZÁRATE, José de Jesús]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MARGIL DE JESÚS, Fray Antonio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MARTÍN Juana]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÁRTIR DE ANGLERÍA, Pedro]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÁRTIRES DE SAHUAYO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÁRTIRES DE SAN JOAQUÍN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÁRTIRES MEXICANOS EN JAPÓN (1597, 1627 Y 1632)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MARTIRIO Cristiano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MARTIROLOGIO MEXICANO ( 1914- 1940)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MATRIMONIO EN CHILE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MEDELLÍN, Diego De]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MEDINA, PEDRO DE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MEERMAN Arnould OFM]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉNDEZ MONTOYA, San Jesús]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MENDIETA, Fray Gerónimo de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MENDOZA  Y PACHECO, Antonio de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MENTALIDADES CULTURALES EN EUROPA; en la vigilia de 1492]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MERCATOR, Gerard]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO; Constitución de 1917; artículos antirreligiosos.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO; Educación desde la Revolución de 1910]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO. Evangelización]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO. Planes Políticos en los siglos XIX y XX]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO. Partido Católico Nacional.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO. Reforma, Guerra y Leyes de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO; Universidades y Colegios Mayores]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MINA, Francisco Javier]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MISIONES jesuíticas en Paraguay y Río de la Plata s. XVII y XVIII]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MOCTEZUMA XOCOYOTZIN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MODUS VIVENDI en México (1929-1992)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MOLINA, Juan Ignacio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MONARDES, Nicolás]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MONCAYO GARCÍA, José Pablo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MONJAS, MUJERES y Conventos en el Nuevo Mundo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MONUMENTA CARTOGRÁFICA VATICANA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MORA Y DE LA MORA, San Miguel de la]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MORELIA  (Arte Virreinal)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MORELOS Y PAVÓN, José María]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MORISCOS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MORIN, Bernarda]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MOSQUERA Y ARBOLEDA, Manuel José]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MOYA DE CONTRERAS PEDRO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MOYA Y VALENZUELA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MOZÁRABE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MUDÉJARES]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MUJER en Uruguay]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MUNGUÍA Y NÚÑEZ, Clemente de Jesús]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MUÑOZ CAMARGO, Diego]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MUÑOZ, Juan Bautista]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÜNSTER, Sebastian]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÚSICA en Chile]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÚSICA  PREHISPÁNICA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== N ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[NAVARRETE GUERRERO, Julia]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[NERVO,  Amado]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[NEZAHUALCÓYOTL]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[NIÑOS MÁRTIRES DE TLAXCALA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[NOCHE TRISTE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[NUEVA ESPAÑA; Virreinato de la]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[NÚÑEZ DE HARO Y PERALTA, Alonso]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== O ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[OCOTLÁN; Nuestra señora de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[O´GORMAN, Edmundo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[OLMOS, Fray Andrés de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ÓRGANOS DE LA CATEDRAL DE MÉXICO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ORONA MADRIGAL, San Justino]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[OROZCO Y JIMÉNEZ, FRANCISCO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[OVALLE, Alonso De]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== P ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PADROADO PORTUGUÉS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PALAFOX Y MENDOZA, Juan de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PALOMAR Y VIZCARRA, Miguel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PANAMÁ; ADVOCACIONES Y DEVOCIÓN MARIANA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PANAMÁ; ALGUNAS MANIFESTACIONES MUSICALES DEL FOLKLORE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PANAMÁ; Breve panorama sobre su música]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PANAMÁ; CATECISMOS EMPLEADOS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PANAMÁ; COFRADÍAS EN LA COLONIA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PANAMÁ; DIÓCESIS DE DAVID]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PANAMÁ; DIÓCESIS DE SANTIAGO DE VERAGUAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PANAMÁ; EDUCACIÓN CATÓLICA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PANAMA; El Canal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PANAMÁ; EPISCOPOLOGIO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PANAMÁ; Historia de la Teología]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PANAMÁ; HISTORIOGRAFÍA ECLESIÁSTICA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PANAMÁ; MEDIOS DE COMUNICACIÓN SOCIAL ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PANAMÁ; PRENSA CATOLICA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PANAMÁ; Pintura, Escultura y Grabado]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PANAMÁ; VICARIATO DE DARIÉN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PANÉ,Ramón]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PÁTZCUARO;  Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PAÚL, José Telésforo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PAYNO, Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PEÑAFIEL Barranco, Antonio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PEREGRINACIONES AL TEPEYAC]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PEREYRA, Gómez Carlos ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PERSECUCIÓN Y MARTIRIO EN TABASCO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PERSECUCIONES Y MARTIRIOS EN EL SIGLO XX]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PERÚ; Protectoría eclesiástica de los índios]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[POLÍTICA y RELIGIÓN en los proyectos insurgentes y realistas de la independencia de Nueva España]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[POMAR, Juan Bautista]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PORFIRISMO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[POSSEVINO Antonio, SJ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PRIMERA FUNDACIÓN DIOCESANA Y CIVIL EN TIERRA FIRME]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PRO, Miguel Agustín]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PUEBLA DE LOS  ÁNGELES;  Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PUEBLA DE LOS  ÁNGELES; Ciudad ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PUEBLA; Tercera Conferencia del CELAM (1979)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Q ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[QUERÉTARO, Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[QUETZALCÓATL]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[QUINTO SOL (La cosmogonía azteca)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[QUIROGA, Vasco de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== R ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[RAMIREZ Álvarez José Fernando]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[RAMÍREZ, FRAY JUAN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[RAMOS ARIZPE, José Miguel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[RAMUSIO, Giambattista]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[RAUW, Johann]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[REYES  OCHOA, Alfonso]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[REYES SALAZAR, San Sabás]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[REGULES, Dardo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[REPISO MARTÍNEZ DE ORBE, Antonio ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[REVUELTAS Sánchez Silvestre]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[RIVA PALACIO Guerrero Vicente]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ROBLES HURTADO,  San José María]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[RODRIGUEZ DE VALDERAS, Fray Gaspar]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ROJAS Y ARRIETA, Guillermo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ROMERO, Luis Francisco ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ROMERO DE TERREROS, Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ROMO GONZÁLEZ, Santo Toribio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ROSAS, Juventino]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ROSS EDWARDS, Juana]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[RUIZ DE ALARCÓN Y MENDOZA, Juan]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[RULFO Juan ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[RUSCELLI GIROLAMO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== S ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SAHAGÚN, Bernardino de Fray]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SALAS, Antonia]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SÁNCHEZ DE TAGLE, Varela Francisco Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SÁNCHEZ DELGADILLO, San Jenaro]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SANCHEZ DEL RÍO, José]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SAN CRISTÓBAL DE LAS CASAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SAN JUAN DE ULÚA.  Castillo-Fortaleza]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SAN LUIS POTOSÍ; Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SAN MIGUEL DE ALLENDE; Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SANTUARIO NACIONAL DE LA GRUTA DE LOURDES]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SANTUARIO NACIONAL DE LA VIRGEN DEL VERDÚN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SANTUARIO POPULAR DE SAN CONO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SANTUARIOS EN PANAMÁ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SERMONES GUADALUPANOS en la formación de la identidad mexicana]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SERRA, Fray Junípero]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SIERRA MÉNDEZ, Justo ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SIGÜENZA Y GÓNGORA, Carlos]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SILVANO Bernardo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SOCIEDAD MEXICANA DE HISTORIA ECLESIÁSTICA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SOTO, Domingo de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SOTO, Fray Francisco de]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SPAGNOLI Battista]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SUÁREZ, Sor Úrsula ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== T ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TAPIA,  Andrés de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TELPOCHCALLI]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TENOCHTITLAN; Capital del pueblo  Azteca]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TEOTIHUACÁN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TEPEACA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TEPEYAC]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TERESA DE MIER Y NORIEGA, Servando]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TEXAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TEXCOCO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TEZCATLIPOCA;  Deidad azteca]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TILMA GUADALUPANA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TLAXCALTECAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TOLTECAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TONÁNTZIN (Cihuacóatl o Centeótl) ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TORQUEMADA, FRAY JUAN DE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TOTONACAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TOUSSAINT  Y  RITTER, Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TRANSMISIÓN DE LA FE EN EL NUEVO MUNDO I]]'''  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TRANSMISIÓN DE LA FE EN EL NUEVO MUNDO II]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TRATADO DE ALCAZOVAS-TOLEDO ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TULPETLAC]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== U ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[UBIARCO Robles, San Tranquilino]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ULTRAMONTANISMO EN CHILE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[UNIVERSIDAD DE MÉXICO REAL Y PONTIFICIA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[UPPSALA; Mapa de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URIBE VELASCO, San David]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Los “curas constituyentes”]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Música folklórica]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Música sacra]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Piedad popular]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Oratorios rurales]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Primeras corrientes evangelizadoras]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Protestantismo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Rebeliones indígenas]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Santoral]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== V ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VAÏSSE, Emilio (Omer Emeth)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VALADÉS,  Fray Diego de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VALDÉS OSSA, Elisa ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VALDIVIESO, Rafael Valentín]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VALENCIA, Fray Martín de]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VALERIANO, Antonio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VALVERDE Téllez Emeterio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VAN UFFELDRE DE SANTO TOMÁS, Fray Adrián]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VARELA Félix; Vida y Obra]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VARELA Félix; Proceso de beatificación; Parte 1]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VARELA Félix; Proceso de beatificación; Parte 2]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VARGAS GONZÁLEZ,  Jorge y Ramón]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VASCONCELOS  CALDERÓN, José]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VELASCO Y RUIZ DE ALARCÓN, Luis de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VERSTEGEN (Richard Rowlands)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VELAZQUEZ RODRÍGUEZ, Primo Feliciano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VERACRUZ, Fray Alonso de la]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VIAJES DE JUAN PABLO II A MÉXICO]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VICUÑA LARRAÍN, Manuel ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VILASECA AGUILERA, José María]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VILLAGRÁ Gaspar de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VILLALPANDO, Cristóbal de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VILLANUEVA, Tomás de, O.S.A]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VILLARROEL, Gaspar de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VIRUELA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VIVES SOLAR, Fernando ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== W ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== X ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[XOCHIMILCO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Y ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[YERMO Y PARRES, SAN JOSÉ MARÍA DE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[YUCATÁN EN EL TIEMPO. Enciclopedia]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Z ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ZAPATA  SALAZAR, Emiliano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ZARCO, Francisco.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ZAVALA SÁENZ, Lorenzo de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ZORITA Alonso de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ZORRILLA DE SAN MARTÍN, Juan]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ZUMÁRRAGA, Fray Juan de]]'''&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.56.161</name></author>
		
	</entry>
	<entry>
		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=LEYES_DE_INDIAS;_Resumen_del_compendio&amp;diff=6195</id>
		<title>LEYES DE INDIAS; Resumen del compendio</title>
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		<updated>2014-08-28T18:51:38Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.161: /* TOMO TERCERO */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;El compendio de Las Leyes de Indias fue editado por primera vez en el año de 1690, bajo las órdenes de Su Majestad Carlos II de España.  El conjunto se compone de 9 Libros, 218 títulos y 6377 leyes. Los Libros carecen de nombre y sólo están numerados.&amp;lt;ref&amp;gt;Bravo Ugarte, p.19&amp;lt;/ref&amp;gt;Cada Título señala la materia que tratan las leyes y ordenanzas que contiene el mismo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“El libro VI, sobre los indios, contiene lo principal de la legislación protectora, que promovió su incorporación a la cultura cristiana. Fue el resultado de la tenaz campaña en su favor de los misioneros, obispos y buenos gobernantes de la Nueva España y otras regiones. Ha sido objeto de general alabanza”.&amp;lt;ref&amp;gt;Ibíd., p. 20&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La recopilación fue impresa seis veces, siempre en Madrid: 1681, 1756, 1774, 1791, 1841 y 1889; ésta última vigente tan solo en los pocos territorios que quedaban bajo dominio de la declinante Corona española.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==TOMO PRIMERO==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Libro I'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 1.''  De la Santa Fé Católica&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 2.''  De las Iglesias Catedrales y Parroquiales&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 3.''  De los Monasterios de Religiosos, y Religiosas, Hos¬picios , y Recogimiento de huerfanas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 4.''  De los Hospitales y Cofradías.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 5.''  De la inmunidad de las Iglesias, y monasterios y que esta razón se guarde el derecho de los reynos de Castilla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 6.''  Del Patronazgo Real de las Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 7.''  De los Arzobispos, Obispos, y Visitadores Eclesias¬ticos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 8.''  De los concilios Provinciales y Sinodales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 9.''  De las Bulas y Breves apostólicos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 10.'' De los Jueces Eclesiasticos y Conservadores.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 11.'' De  los  Dignidades y Prebendados  de  las  Iglesias Metropólitanas, y Catedrales de las Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 12.'' De los Cléricos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 13.'' De los Curas y Doctrineros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 14.'' De los Religiosos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 15.'' De los Religiosos Doctrineros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 16.'' De los Diezmos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 17.'' De la mesada Eclesiástica.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 18.'' De las Sepulturas y derechos eclesiásticos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 19.'' De los Tribunales de el Santo Oficio de la Inquisi¬ción, y sus Ministros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 20.'' De las Santas Cruzadas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 21.'' De los Qüestores y Leyendas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 22.'' De las Universidades, y Estudios Generales, y marcas Particulares.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 23.'' De los colegios y Seminarios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 24.'' De los Libros que se imprimen y pasan a las Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Libro II'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 1.''  De  las  Leyes,  Provisiones,  Cédulas  y Ordenanzas Reales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 2.''  Del Consejo Real, y Juntas de Guerra de Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 3.''  Del Presidente, y de los del Consejo Real de Indias. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 4.''  Del  Gran Canciller y Registrador de las Indias y su Teniente en el Consejo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 5.''  Del Fiscal del Consejo Real de las Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 6.''  De los Secretarios del Consejo Real de las Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 7.''  Del Tesorero  General de el Consejo Real de las In¬dias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 8.''  Del Alguacil mayor de el Consejo Real de las Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 9.''  De los Relatores de el Consejo Real de las Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 10.'' Del Escribano de Cámara del Consejo Real de las Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 11.'' De los Contadores de el Consejo Real de las Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 12.'' De el Cronista mayor del Consejo Real de las Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 13.'' Del Cosmógrafo, y Catedrático de matemáticas de el Consejo Real de las Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 14.'' De los Alguaciles, Abogados, Procuradores, Porteros, Tasador, y los demás Oficiales de el Consejo Real de las Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 15.'' De las Audiencias y Chancillerías Reales de las In¬dias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 16.'' De los Presidentes, y Oidores de las Audiencias y Chancillerías Reales de las Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 17.'' De los Alcaldes del Crímen de las Audiencias de Lima y Mexico.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 18.'' De los Fiscales de las Audiencias y Chancillerías Reales de Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 19.'' De los Juzgados de provincia, de los Oidores, y al¬caldes del crímen de las Audiencias y Chancillerías Reales de Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 20.'' De los Alguaciles mayores y de las Audiencias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 21.'' De los Tenientes de Gran Chanciller de las Audien¬cias, y Chancillerías Reales de Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 22.'' De los Relatos de las Audiencias, y Chancillerías Reales de Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 23.'' De los Escribanos de Cámara de las Audiencias Reales de las Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 24.'' De  los  Abogados de las Audiencias, y Chancillerías Reales de Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 25.'' De los Receptores, y Penas de Cámara, Gastos de Es¬trados, y Justicia, y Obras Pías de las Audiencias Reales de las Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 26.'' De los Tasadores, y Repartidores de las Audiencias, y Chancillerías Reales de Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 27.'' De los Receptores Ordinarios, y su repartida de las Audiencias, y Chancillerías Reales de Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 28.'' De los Procuradores de las Audiencias, y Chancille¬rías Reales de Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 29.'' De los Interpretes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 30.'' De los Porteros, y otros Oficiales de las Audien¬cias, y Chancillerías Reales de Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 31.'' De los Oidores, Visitadores Ordinarios de los Dis¬tritos de las Audiencias y Chancillerías Reales de Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 32.'' De los Juzgados de bienes de Difuntos, y su Adminis¬tración, y cuenta en las Indias, Armadas y Baxeles.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 33.'' De las Informaciones, y pareceres de servicios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 34.'' De los Visitadores Generales y Particulares.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Libro III'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 1.''  Del Dominio, y Jurisdicion Real de las Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 2.''  De la Provision de oficios, gratificaciones y merce¬des.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 3.''  De los Virreyes, Presidentes y Gobernadores.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 4.''  De la Guerra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 5.''  De las armas, pólvora y municiones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 6.''  De las Fabricas y Fortificaciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 7.''  De los Castillos y Fortalezas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 8.''  De los Castellanos, y Alcaldes de los Castillos y Fortalezas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 9.''  De la Dotacion, y situacion de los presidios, y Fortalezas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 10.'' De los Capitanes, Soldados y Artilleros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 11.'' De las Causas de los Soldados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 12.'' De los Pagamentos, Sueldos, Ventajas y Ayudas de Costa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 13.'' De los Corsarios y Piratas, y aplicaciones de las presas y trato con extranjeros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 14.'' De los Informes, y Relaciones de Servicios, Partes, y Calidades que se debe dar cuenta al Rey.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 15.'' De las Presedencias, Ceremonias y Cortesías.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 16.'' De las Cartas, Correos e Indios Chasquis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==TOMO SEGUNDO==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Libro IV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 1.''  De los descubrimientos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 2.''  De los descubrimientos por mar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 3.''  De los descubrimientos por tierra&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 4.''  De las pacificaciones&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 5.''  De las poblaciones&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 6.''  De los descubrimientos, pacificadores, y pobladores&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 7.''  De la población de las ciudades, villas, y pueblos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 8.''  De las ciudades y villas, y sus preeminencias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 9.''  De los Cabildos y Concejos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 10.'' De los oficios concejiles.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 11.'' De los procuradores generales y particulares de las ciudades, y poblaciones&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 12.'' De la venta, composición, y repartimiento de tierras solares, y aguas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 13.'' De los Propios y Pósitos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 14.'' De las alhóndigas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 15.'' De las sisas, derraneas, y construcciones&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 16.'' De las obras públicas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 17.'' De los caminos públicos, posadas, ventas, mesones, términos, pastos, montes, aguas, arboledas y plantíos &lt;br /&gt;
de viñas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 18.'' Del comercio, mantenimiento y frutos de las Indias&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 19.'' Del descubrimiento y labor de las minas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 20.'' De los mineros y azogueros y sus privilegios&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 21.'' De los alcaldes mayores y azogueros de minas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 22.'' Del ensaye, fundición y marca del oro, y plata&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 23.'' De las casas de moneda, y sus oficiales&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 24.'' Del valor del oro, plata, y moneda, y su comercio&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 25.'' De la pesquería, y envío de perlas, y piedras de es¬timación&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 26.'' De los obrajes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Libro V'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 1.''  De los Términos, División, y Agregacion de las Go¬bernaciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 2.''  De los Gobernadores, Corregidores, Alcaldes Mayores y sus Tenientes y Alguaciles.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 3.''  De los Alcaldes Ordinarios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 4.''  De las Provincias y Alcaldes de la Hermandad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 5.''  De los Alcaldes y Hermanos de la Mesta&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 6.''  De los Protomédicos, Médicos, Cirujanos y Boticarios&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 7.''  De los Alguaciles mayores y Otros de las Ciudades.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 8.''  De los Escribanos de Gobernación, Cabildo, y Número, Públicos, y Reales, y Notarios Eclesiásticos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 9.''  De las Competencias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 10.'' De los Pleyitos, y Sentencias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 11.'' De las Recusaciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 12.'' De las Apelaciones y Suplicaciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 13.'' De la Segunda Suplicación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 14.'' De las Entregas y Execusiones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 15.'' De las Residencias, y Jueces que las han de tomar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Libro VI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 1.''  De los Indios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 2.''  De la Libertad de los Indios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 3.''  De las Reducciones y Pueblos de Indios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 4.''  De las Caxas de los Censos, y bienes de comunidad, y su administracion.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 5.''  De los Tributos, y Tasas de los Indios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 6.''  De la proteccion de los Indios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 7.''  De los Caciques.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 8.''  De los Repartimientos, Encomiendas, y Pensiones de Indios, y calidades de los Títulos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 9.''  De los Encomenderos de los Indios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 10.'' Del buen tratamiento de los Indios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 11.'' De la Sucesion de encomiendas, entretenimientos, y ayudas de costas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 12.'' Del servicio personal.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 13.'' Del Servicio en Chacras, viñas, olivares, obrajes, ingenios, perlas, tambos, requas, carreteras, casas, &lt;br /&gt;
ganados y bogas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 14.'' Del Servicio en Coca y Añir.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 15.'' Del Servicio en Minas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 16.'' De los Indios de Chile.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 17.'' De los Indios de Tucumán, Paraguay, y Río de la Plata.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 18.'' De los Sangleyes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 19.'' De las confirmaciones de encomiendas, pensiones, rentas, y situaciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Libro VII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 1.''  De los Pesquisidores y Jueces de Comision.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 2.''  De los Juegos y Jugadores.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 3.''  De los Casados, y Desposados en España, que estan ausentes de sus mugeres, y esposas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 4.''  De los Vagabundos y Gitanos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 5.''  De los Mulatos, Negros Berberíscos é Hijos de In¬dias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 6.''  De las Cárceles y Carceleros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 7.''  De las Visitas de Cárcel.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 8.''  De los delitos, y penas y su aplicación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Libro VIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 1.''  De las Contadurías de Cuentas, y sus Ministros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 2.''  De los Contadores de Cuentas, Resueltas, y Ordenan¬zas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 3.''  De los Tribunales de Hacienda Real.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 4.''  De los Oficiales Reales, y Contadores de Tributo, sus Tenientes y Guardas mayores. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 5.''  De los Escribanos  de Minas, y registros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 6.''  De las Caxas Reales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 7.''  De los libros Reales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 8.''  De la Administracion de la Real Hacienda.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 9.''  De los Tributos de Indias puestos en la Corona Real y otros procedidos de vacantes de Encomiendas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 10.'' De los Quintos Reales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 11.'' De la Administracion de Minas, y remision del Cobre a estos Reynos, y de las de Alcrevite.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 12.'' De los Tesoreros, Depósitos y Rescates.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 13.'' De las Alcabalas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 14.'' De las Aduanas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 15.'' De los Almojarifazgos, y Derechos Reales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 16.'' De las Avaluaciones, y Afueros generales, y particu¬lares.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 17.'' De los Descaminos, Extravíos, y Comisos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 18.'' De los Derechos de Esclavos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 19.'' De la media anata.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 20.'' De la Venta de oficios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 21.'' De la Renunciacion de oficios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 22.'' De las Confirmaciones de oficios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 23.'' De los Estancos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 24.'' De los Novenos, y vacantes de Obispados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 25.'' De las Almonedas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 26.'' De los Salarios, Ayudas de Costa, Entretenimientos, y Quitaciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 27.'' De las Situaciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 28.'' De las Libranzas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 29.'' De las Cuentas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 30.'' Del Envío de la Real Hacienda.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==TOMO TERCERO==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Libro IX'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 1.''  De la Real Audiencia y Casa de Contratacion que re¬side en Sevilla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 2.''  Del Presidente, y Jueces de la Casa de Contratación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 3.''  De los Jueces letrados, Fiscal, Solicitador, y Rela¬tor de la Casa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 4.''  Del Juez Oficial, que reside en la ciudad de Cadiz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 5.''  Del Juez Oficial, y Consul, que van al los puertos, al Despacho de flotas, y Armadas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 6.''  Del Prior, y Consules, y Universidades de Cargadores a las Indias, de la Ciudad de Sevilla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 7.''  Del Correo mayor de la Casa de Contratacion.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 8.''  De la Contaduría de Averías y Contadores Diputados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 9.''  De la Contribucion, Administracion, y Cobranza de los Derechos de Averías.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 10.'' De los Escribanos de Cámara, y otros Escribanos, y Repartidor de la Casa de Contratacion de Sevilla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 11.'' De los Alguaciles, Porteros, y Otros Oficiales de la Casa de Contratacion de Sevilla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 12.'' De la Cárcel, Alcayde, y carcelero de la Casa de Contratacion de Sevilla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 13.'' De los Compradores de Plata.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 14.'' De los Bienes de Difuntos en las Indias, y su admi¬nistracion, y cuentas en la Casa de Contratacion de Sevilla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 15.'' De los Generales, Almirantes, y Gobernadores de las Flotas y Armadas de la Carrera de Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 16.'' Del Veedor, y Contador de la Armada, y Flotas, y oficial de Veedor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 17.'' Del Proveedor, y provision de las Armadas y Flotas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 18.'' Del Pagador de las Armadas y Flotas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 19.'' Del Tenedor de Bastimentos de las Armadas y Flotas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 20.'' De el Escribano mayor de Armadas, y Escribanos de Naos y Raciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 21.'' De los Capitanes, Alféreces, Sargentos, y Soldados, y de las conductas, y alojamientos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 22.'' Del Capitan General de la Artillería, Artillero ma¬yor, y otros de la Armada, y Flotas, Artillería, Ar¬mas, y Municiones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 23.'' Del Piloto Mayor, y Cosmógrafo, y de los demas Pilo¬tos de la Carrera de Indias, y arráeces de barcos de carga, y su exâmen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 24.'' De los Maestres de Plata, y navíos, y de Raciones, y xarcia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 25.'' De la Universidad de Mareantes, y de los Marineros, y Pages de navíos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 26.'' De los Pasageros, y Licencias para ir a la India, y volver a otros a estos Reynos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 27.'' De los Extrangeros que pasan a las Indias, y su com¬posicion, y naturaleza, que en ella pueden adquirir para tratar, y contratar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 28.'' De los Fabricadores y Calafates, Fábricas y aderezos de los Navíos y su arqueamiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 29.'' De la Xarcia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 30.'' De las Armadas y Flotas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 31.'' Del Aforamiento y fletes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 32.'' Del Apresto de las Armadas y Flotas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 33.'' De los Registros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 34.'' De la Carga, y Descarga de los Navíos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 35.'' De la visita de los Navíos en estos Reynos, y en las Indias, y de los Guardas mayores, y otros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 36.'' De la Navegación, y viage de las Armadas y Flota.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 37.'' De los Navíos de aviso que se despachan a las In¬dias, y de ellas a España.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 38.'' De los Navíos Arribados, Perdidos, y Derrotados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 39.'' De los Aseguradores, Riesgos, y Seguros de la Ca¬rrera de Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 40.'' De los Jueces Oficiales de Registro de las Islas Ca¬narias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 41.'' Del Comercio, y Navegación de las Islas Canarias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 42.'' De la Navegación, y comercio de las Islas de Barlo¬vento, y Provincias Adyacentes, y de las Prisiones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 43.'' De los Puertos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 44.'' De las Armadas de el Mar del Sur.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 45.'' De la Navegación, y comercio de las Islas Filipinas, China, Nueva España y Perú.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 46.'' De los Consulados de Lima y México.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Notas==&lt;br /&gt;
&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.56.161</name></author>
		
	</entry>
	<entry>
		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=LEYES_DE_INDIAS;_Resumen_del_compendio&amp;diff=6194</id>
		<title>LEYES DE INDIAS; Resumen del compendio</title>
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		<updated>2014-08-28T18:47:53Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.161: /* TOMO SEGUNDO */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;El compendio de Las Leyes de Indias fue editado por primera vez en el año de 1690, bajo las órdenes de Su Majestad Carlos II de España.  El conjunto se compone de 9 Libros, 218 títulos y 6377 leyes. Los Libros carecen de nombre y sólo están numerados.&amp;lt;ref&amp;gt;Bravo Ugarte, p.19&amp;lt;/ref&amp;gt;Cada Título señala la materia que tratan las leyes y ordenanzas que contiene el mismo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“El libro VI, sobre los indios, contiene lo principal de la legislación protectora, que promovió su incorporación a la cultura cristiana. Fue el resultado de la tenaz campaña en su favor de los misioneros, obispos y buenos gobernantes de la Nueva España y otras regiones. Ha sido objeto de general alabanza”.&amp;lt;ref&amp;gt;Ibíd., p. 20&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La recopilación fue impresa seis veces, siempre en Madrid: 1681, 1756, 1774, 1791, 1841 y 1889; ésta última vigente tan solo en los pocos territorios que quedaban bajo dominio de la declinante Corona española.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==TOMO PRIMERO==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Libro I'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 1.''  De la Santa Fé Católica&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 2.''  De las Iglesias Catedrales y Parroquiales&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 3.''  De los Monasterios de Religiosos, y Religiosas, Hos¬picios , y Recogimiento de huerfanas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 4.''  De los Hospitales y Cofradías.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 5.''  De la inmunidad de las Iglesias, y monasterios y que esta razón se guarde el derecho de los reynos de Castilla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 6.''  Del Patronazgo Real de las Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 7.''  De los Arzobispos, Obispos, y Visitadores Eclesias¬ticos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 8.''  De los concilios Provinciales y Sinodales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 9.''  De las Bulas y Breves apostólicos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 10.'' De los Jueces Eclesiasticos y Conservadores.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 11.'' De  los  Dignidades y Prebendados  de  las  Iglesias Metropólitanas, y Catedrales de las Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 12.'' De los Cléricos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 13.'' De los Curas y Doctrineros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 14.'' De los Religiosos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 15.'' De los Religiosos Doctrineros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 16.'' De los Diezmos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 17.'' De la mesada Eclesiástica.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 18.'' De las Sepulturas y derechos eclesiásticos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 19.'' De los Tribunales de el Santo Oficio de la Inquisi¬ción, y sus Ministros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 20.'' De las Santas Cruzadas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 21.'' De los Qüestores y Leyendas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 22.'' De las Universidades, y Estudios Generales, y marcas Particulares.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 23.'' De los colegios y Seminarios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 24.'' De los Libros que se imprimen y pasan a las Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Libro II'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 1.''  De  las  Leyes,  Provisiones,  Cédulas  y Ordenanzas Reales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 2.''  Del Consejo Real, y Juntas de Guerra de Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 3.''  Del Presidente, y de los del Consejo Real de Indias. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 4.''  Del  Gran Canciller y Registrador de las Indias y su Teniente en el Consejo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 5.''  Del Fiscal del Consejo Real de las Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 6.''  De los Secretarios del Consejo Real de las Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 7.''  Del Tesorero  General de el Consejo Real de las In¬dias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 8.''  Del Alguacil mayor de el Consejo Real de las Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 9.''  De los Relatores de el Consejo Real de las Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 10.'' Del Escribano de Cámara del Consejo Real de las Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 11.'' De los Contadores de el Consejo Real de las Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 12.'' De el Cronista mayor del Consejo Real de las Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 13.'' Del Cosmógrafo, y Catedrático de matemáticas de el Consejo Real de las Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 14.'' De los Alguaciles, Abogados, Procuradores, Porteros, Tasador, y los demás Oficiales de el Consejo Real de las Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 15.'' De las Audiencias y Chancillerías Reales de las In¬dias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 16.'' De los Presidentes, y Oidores de las Audiencias y Chancillerías Reales de las Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 17.'' De los Alcaldes del Crímen de las Audiencias de Lima y Mexico.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 18.'' De los Fiscales de las Audiencias y Chancillerías Reales de Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 19.'' De los Juzgados de provincia, de los Oidores, y al¬caldes del crímen de las Audiencias y Chancillerías Reales de Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 20.'' De los Alguaciles mayores y de las Audiencias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 21.'' De los Tenientes de Gran Chanciller de las Audien¬cias, y Chancillerías Reales de Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 22.'' De los Relatos de las Audiencias, y Chancillerías Reales de Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 23.'' De los Escribanos de Cámara de las Audiencias Reales de las Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 24.'' De  los  Abogados de las Audiencias, y Chancillerías Reales de Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 25.'' De los Receptores, y Penas de Cámara, Gastos de Es¬trados, y Justicia, y Obras Pías de las Audiencias Reales de las Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 26.'' De los Tasadores, y Repartidores de las Audiencias, y Chancillerías Reales de Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 27.'' De los Receptores Ordinarios, y su repartida de las Audiencias, y Chancillerías Reales de Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 28.'' De los Procuradores de las Audiencias, y Chancille¬rías Reales de Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 29.'' De los Interpretes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 30.'' De los Porteros, y otros Oficiales de las Audien¬cias, y Chancillerías Reales de Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 31.'' De los Oidores, Visitadores Ordinarios de los Dis¬tritos de las Audiencias y Chancillerías Reales de Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 32.'' De los Juzgados de bienes de Difuntos, y su Adminis¬tración, y cuenta en las Indias, Armadas y Baxeles.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 33.'' De las Informaciones, y pareceres de servicios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 34.'' De los Visitadores Generales y Particulares.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Libro III'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 1.''  Del Dominio, y Jurisdicion Real de las Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 2.''  De la Provision de oficios, gratificaciones y merce¬des.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 3.''  De los Virreyes, Presidentes y Gobernadores.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 4.''  De la Guerra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 5.''  De las armas, pólvora y municiones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 6.''  De las Fabricas y Fortificaciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 7.''  De los Castillos y Fortalezas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 8.''  De los Castellanos, y Alcaldes de los Castillos y Fortalezas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 9.''  De la Dotacion, y situacion de los presidios, y Fortalezas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 10.'' De los Capitanes, Soldados y Artilleros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 11.'' De las Causas de los Soldados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 12.'' De los Pagamentos, Sueldos, Ventajas y Ayudas de Costa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 13.'' De los Corsarios y Piratas, y aplicaciones de las presas y trato con extranjeros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 14.'' De los Informes, y Relaciones de Servicios, Partes, y Calidades que se debe dar cuenta al Rey.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 15.'' De las Presedencias, Ceremonias y Cortesías.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 16.'' De las Cartas, Correos e Indios Chasquis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==TOMO SEGUNDO==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Libro IV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 1.''  De los descubrimientos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 2.''  De los descubrimientos por mar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 3.''  De los descubrimientos por tierra&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 4.''  De las pacificaciones&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 5.''  De las poblaciones&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 6.''  De los descubrimientos, pacificadores, y pobladores&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 7.''  De la población de las ciudades, villas, y pueblos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 8.''  De las ciudades y villas, y sus preeminencias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 9.''  De los Cabildos y Concejos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 10.'' De los oficios concejiles.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 11.'' De los procuradores generales y particulares de las ciudades, y poblaciones&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 12.'' De la venta, composición, y repartimiento de tierras solares, y aguas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 13.'' De los Propios y Pósitos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 14.'' De las alhóndigas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 15.'' De las sisas, derraneas, y construcciones&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 16.'' De las obras públicas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 17.'' De los caminos públicos, posadas, ventas, mesones, términos, pastos, montes, aguas, arboledas y plantíos &lt;br /&gt;
de viñas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 18.'' Del comercio, mantenimiento y frutos de las Indias&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 19.'' Del descubrimiento y labor de las minas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 20.'' De los mineros y azogueros y sus privilegios&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 21.'' De los alcaldes mayores y azogueros de minas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 22.'' Del ensaye, fundición y marca del oro, y plata&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 23.'' De las casas de moneda, y sus oficiales&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 24.'' Del valor del oro, plata, y moneda, y su comercio&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 25.'' De la pesquería, y envío de perlas, y piedras de es¬timación&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 26.'' De los obrajes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Libro V'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 1.''  De los Términos, División, y Agregacion de las Go¬bernaciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 2.''  De los Gobernadores, Corregidores, Alcaldes Mayores y sus Tenientes y Alguaciles.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 3.''  De los Alcaldes Ordinarios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 4.''  De las Provincias y Alcaldes de la Hermandad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 5.''  De los Alcaldes y Hermanos de la Mesta&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 6.''  De los Protomédicos, Médicos, Cirujanos y Boticarios&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 7.''  De los Alguaciles mayores y Otros de las Ciudades.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 8.''  De los Escribanos de Gobernación, Cabildo, y Número, Públicos, y Reales, y Notarios Eclesiásticos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 9.''  De las Competencias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 10.'' De los Pleyitos, y Sentencias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 11.'' De las Recusaciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 12.'' De las Apelaciones y Suplicaciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 13.'' De la Segunda Suplicación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 14.'' De las Entregas y Execusiones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 15.'' De las Residencias, y Jueces que las han de tomar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Libro VI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 1.''  De los Indios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 2.''  De la Libertad de los Indios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 3.''  De las Reducciones y Pueblos de Indios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 4.''  De las Caxas de los Censos, y bienes de comunidad, y su administracion.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 5.''  De los Tributos, y Tasas de los Indios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 6.''  De la proteccion de los Indios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 7.''  De los Caciques.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 8.''  De los Repartimientos, Encomiendas, y Pensiones de Indios, y calidades de los Títulos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 9.''  De los Encomenderos de los Indios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 10.'' Del buen tratamiento de los Indios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 11.'' De la Sucesion de encomiendas, entretenimientos, y ayudas de costas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 12.'' Del servicio personal.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 13.'' Del Servicio en Chacras, viñas, olivares, obrajes, ingenios, perlas, tambos, requas, carreteras, casas, &lt;br /&gt;
ganados y bogas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 14.'' Del Servicio en Coca y Añir.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 15.'' Del Servicio en Minas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 16.'' De los Indios de Chile.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 17.'' De los Indios de Tucumán, Paraguay, y Río de la Plata.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 18.'' De los Sangleyes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 19.'' De las confirmaciones de encomiendas, pensiones, rentas, y situaciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Libro VII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 1.''  De los Pesquisidores y Jueces de Comision.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 2.''  De los Juegos y Jugadores.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 3.''  De los Casados, y Desposados en España, que estan ausentes de sus mugeres, y esposas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 4.''  De los Vagabundos y Gitanos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 5.''  De los Mulatos, Negros Berberíscos é Hijos de In¬dias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 6.''  De las Cárceles y Carceleros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 7.''  De las Visitas de Cárcel.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 8.''  De los delitos, y penas y su aplicación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Libro VIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 1.''  De las Contadurías de Cuentas, y sus Ministros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 2.''  De los Contadores de Cuentas, Resueltas, y Ordenan¬zas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 3.''  De los Tribunales de Hacienda Real.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 4.''  De los Oficiales Reales, y Contadores de Tributo, sus Tenientes y Guardas mayores. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 5.''  De los Escribanos  de Minas, y registros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 6.''  De las Caxas Reales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 7.''  De los libros Reales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 8.''  De la Administracion de la Real Hacienda.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 9.''  De los Tributos de Indias puestos en la Corona Real y otros procedidos de vacantes de Encomiendas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 10.'' De los Quintos Reales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 11.'' De la Administracion de Minas, y remision del Cobre a estos Reynos, y de las de Alcrevite.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 12.'' De los Tesoreros, Depósitos y Rescates.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 13.'' De las Alcabalas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 14.'' De las Aduanas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 15.'' De los Almojarifazgos, y Derechos Reales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 16.'' De las Avaluaciones, y Afueros generales, y particu¬lares.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 17.'' De los Descaminos, Extravíos, y Comisos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 18.'' De los Derechos de Esclavos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 19.'' De la media anata.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 20.'' De la Venta de oficios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 21.'' De la Renunciacion de oficios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 22.'' De las Confirmaciones de oficios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 23.'' De los Estancos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 24.'' De los Novenos, y vacantes de Obispados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 25.'' De las Almonedas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 26.'' De los Salarios, Ayudas de Costa, Entretenimientos, y Quitaciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 27.'' De las Situaciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 28.'' De las Libranzas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 29.'' De las Cuentas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 30.'' Del Envío de la Real Hacienda.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==TOMO TERCERO==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Libro IX'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Título 1.  De la Real Audiencia y Casa de Contratacion que re¬side en Sevilla.&lt;br /&gt;
Título 2.  Del Presidente, y Jueces de la Casa de Contratación.&lt;br /&gt;
Título 3.  De los Jueces letrados, Fiscal, Solicitador, y Rela¬tor de la Casa.&lt;br /&gt;
Título 4.  Del Juez Oficial, que reside en la ciudad de Cadiz.&lt;br /&gt;
Título 5.  Del Juez Oficial, y Consul, que van al los puertos, al Despacho de flotas, y Armadas.&lt;br /&gt;
Título 6.  Del Prior, y Consules, y Universidades de Cargadores a las Indias, de la Ciudad de Sevilla.&lt;br /&gt;
Título 7.  Del Correo mayor de la Casa de Contratacion.&lt;br /&gt;
Título 8.  De la Contaduría de Averías y Contadores Diputados.&lt;br /&gt;
Título 9.  De la Contribucion, Administracion, y Cobranza de los Derechos de Averías.&lt;br /&gt;
Título 10. De los Escribanos de Cámara, y otros Escribanos, y Repartidor de la Casa de Contratacion de Sevilla.&lt;br /&gt;
Título 11. De los Alguaciles, Porteros, y Otros Oficiales de la Casa de Contratacion de Sevilla.&lt;br /&gt;
Título 12. De la Cárcel, Alcayde, y carcelero de la Casa de Contratacion de Sevilla.&lt;br /&gt;
Título 13. De los Compradores de Plata.&lt;br /&gt;
Título 14. De los Bienes de Difuntos en las Indias, y su admi¬nistracion, y cuentas en la Casa de Contratacion de Sevilla.&lt;br /&gt;
Título 15. De los Generales, Almirantes, y Gobernadores de las Flotas y Armadas de la Carrera de Indias.&lt;br /&gt;
Título 16. Del Veedor, y Contador de la Armada, y Flotas, y oficial de Veedor.&lt;br /&gt;
Título 17. Del Proveedor, y provision de las Armadas y Flotas.&lt;br /&gt;
Título 18. Del Pagador de las Armadas y Flotas.&lt;br /&gt;
Título 19. Del Tenedor de Bastimentos de las Armadas y Flotas.&lt;br /&gt;
Título 20. De el Escribano mayor de Armadas, y Escribanos de Naos y Raciones.&lt;br /&gt;
Título 21. De los Capitanes, Alféreces, Sargentos, y Soldados, y de las conductas, y alojamientos.&lt;br /&gt;
Título 22. Del Capitan General de la Artillería, Artillero ma¬yor, y otros de la Armada, y Flotas, Artillería, Ar¬mas, y Municiones.&lt;br /&gt;
Título 23. Del Piloto Mayor, y Cosmógrafo, y de los demas Pilo¬tos de la Carrera de Indias, y arráeces de barcos de carga, y su exâmen.&lt;br /&gt;
Título 24. De los Maestres de Plata, y navíos, y de Raciones, y xarcia.&lt;br /&gt;
Título 25. De la Universidad de Mareantes, y de los Marineros, y Pages de navíos.&lt;br /&gt;
Título 26. De los Pasageros, y Licencias para ir a la India, y volver a otros a estos Reynos.&lt;br /&gt;
Título 27. De los Extrangeros que pasan a las Indias, y su com¬posicion, y naturaleza, que en ella pueden adquirir para tratar, y contratar.&lt;br /&gt;
Título 28. De los Fabricadores y Calafates, Fábricas y aderezos de los Navíos y su arqueamiento.&lt;br /&gt;
Título 29. De la Xarcia.&lt;br /&gt;
Título 30. De las Armadas y Flotas.&lt;br /&gt;
Título 31. Del Aforamiento y fletes.&lt;br /&gt;
Título 32. Del Apresto de las Armadas y Flotas.&lt;br /&gt;
Título 33. De los Registros.&lt;br /&gt;
Título 34. De la Carga, y Descarga de los Navíos.&lt;br /&gt;
Título 35. De la visita de los Navíos en estos Reynos, y en las Indias, y de los Guardas mayores, y otros.&lt;br /&gt;
Título 36. De la Navegación, y viage de las Armadas y Flota.&lt;br /&gt;
Título 37. De los Navíos de aviso que se despachan a las In¬dias, y de ellas a España.&lt;br /&gt;
Título 38. De los Navíos Arribados, Perdidos, y Derrotados.&lt;br /&gt;
Título 39. De los Aseguradores, Riesgos, y Seguros de la Ca¬rrera de Indias.&lt;br /&gt;
Título 40. De los Jueces Oficiales de Registro de las Islas Ca¬narias.&lt;br /&gt;
Título 41. Del Comercio, y Navegación de las Islas Canarias.&lt;br /&gt;
Título 42. De la Navegación, y comercio de las Islas de Barlo¬vento, y Provincias Adyacentes, y de las Prisiones.&lt;br /&gt;
Título 43. De los Puertos.&lt;br /&gt;
Título 44. De las Armadas de el Mar del Sur.&lt;br /&gt;
Título 45. De la Navegación, y comercio de las Islas Filipinas, China, Nueva España y Perú.&lt;br /&gt;
Título 46. De los Consulados de Lima y México.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Notas==&lt;br /&gt;
&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.56.161</name></author>
		
	</entry>
	<entry>
		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=LEYES_DE_INDIAS;_Resumen_del_compendio&amp;diff=6193</id>
		<title>LEYES DE INDIAS; Resumen del compendio</title>
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		<updated>2014-08-28T18:39:44Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.161: /* TOMO SEGUNDO */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;El compendio de Las Leyes de Indias fue editado por primera vez en el año de 1690, bajo las órdenes de Su Majestad Carlos II de España.  El conjunto se compone de 9 Libros, 218 títulos y 6377 leyes. Los Libros carecen de nombre y sólo están numerados.&amp;lt;ref&amp;gt;Bravo Ugarte, p.19&amp;lt;/ref&amp;gt;Cada Título señala la materia que tratan las leyes y ordenanzas que contiene el mismo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“El libro VI, sobre los indios, contiene lo principal de la legislación protectora, que promovió su incorporación a la cultura cristiana. Fue el resultado de la tenaz campaña en su favor de los misioneros, obispos y buenos gobernantes de la Nueva España y otras regiones. Ha sido objeto de general alabanza”.&amp;lt;ref&amp;gt;Ibíd., p. 20&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La recopilación fue impresa seis veces, siempre en Madrid: 1681, 1756, 1774, 1791, 1841 y 1889; ésta última vigente tan solo en los pocos territorios que quedaban bajo dominio de la declinante Corona española.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==TOMO PRIMERO==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Libro I'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 1.''  De la Santa Fé Católica&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 2.''  De las Iglesias Catedrales y Parroquiales&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 3.''  De los Monasterios de Religiosos, y Religiosas, Hos¬picios , y Recogimiento de huerfanas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 4.''  De los Hospitales y Cofradías.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 5.''  De la inmunidad de las Iglesias, y monasterios y que esta razón se guarde el derecho de los reynos de Castilla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 6.''  Del Patronazgo Real de las Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 7.''  De los Arzobispos, Obispos, y Visitadores Eclesias¬ticos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 8.''  De los concilios Provinciales y Sinodales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 9.''  De las Bulas y Breves apostólicos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 10.'' De los Jueces Eclesiasticos y Conservadores.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 11.'' De  los  Dignidades y Prebendados  de  las  Iglesias Metropólitanas, y Catedrales de las Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 12.'' De los Cléricos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 13.'' De los Curas y Doctrineros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 14.'' De los Religiosos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 15.'' De los Religiosos Doctrineros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 16.'' De los Diezmos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 17.'' De la mesada Eclesiástica.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 18.'' De las Sepulturas y derechos eclesiásticos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 19.'' De los Tribunales de el Santo Oficio de la Inquisi¬ción, y sus Ministros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 20.'' De las Santas Cruzadas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 21.'' De los Qüestores y Leyendas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 22.'' De las Universidades, y Estudios Generales, y marcas Particulares.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 23.'' De los colegios y Seminarios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 24.'' De los Libros que se imprimen y pasan a las Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Libro II'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 1.''  De  las  Leyes,  Provisiones,  Cédulas  y Ordenanzas Reales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 2.''  Del Consejo Real, y Juntas de Guerra de Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 3.''  Del Presidente, y de los del Consejo Real de Indias. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 4.''  Del  Gran Canciller y Registrador de las Indias y su Teniente en el Consejo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 5.''  Del Fiscal del Consejo Real de las Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 6.''  De los Secretarios del Consejo Real de las Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 7.''  Del Tesorero  General de el Consejo Real de las In¬dias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 8.''  Del Alguacil mayor de el Consejo Real de las Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 9.''  De los Relatores de el Consejo Real de las Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 10.'' Del Escribano de Cámara del Consejo Real de las Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 11.'' De los Contadores de el Consejo Real de las Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 12.'' De el Cronista mayor del Consejo Real de las Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 13.'' Del Cosmógrafo, y Catedrático de matemáticas de el Consejo Real de las Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 14.'' De los Alguaciles, Abogados, Procuradores, Porteros, Tasador, y los demás Oficiales de el Consejo Real de las Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 15.'' De las Audiencias y Chancillerías Reales de las In¬dias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 16.'' De los Presidentes, y Oidores de las Audiencias y Chancillerías Reales de las Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 17.'' De los Alcaldes del Crímen de las Audiencias de Lima y Mexico.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 18.'' De los Fiscales de las Audiencias y Chancillerías Reales de Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 19.'' De los Juzgados de provincia, de los Oidores, y al¬caldes del crímen de las Audiencias y Chancillerías Reales de Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 20.'' De los Alguaciles mayores y de las Audiencias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 21.'' De los Tenientes de Gran Chanciller de las Audien¬cias, y Chancillerías Reales de Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 22.'' De los Relatos de las Audiencias, y Chancillerías Reales de Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 23.'' De los Escribanos de Cámara de las Audiencias Reales de las Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 24.'' De  los  Abogados de las Audiencias, y Chancillerías Reales de Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 25.'' De los Receptores, y Penas de Cámara, Gastos de Es¬trados, y Justicia, y Obras Pías de las Audiencias Reales de las Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 26.'' De los Tasadores, y Repartidores de las Audiencias, y Chancillerías Reales de Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 27.'' De los Receptores Ordinarios, y su repartida de las Audiencias, y Chancillerías Reales de Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 28.'' De los Procuradores de las Audiencias, y Chancille¬rías Reales de Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 29.'' De los Interpretes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 30.'' De los Porteros, y otros Oficiales de las Audien¬cias, y Chancillerías Reales de Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 31.'' De los Oidores, Visitadores Ordinarios de los Dis¬tritos de las Audiencias y Chancillerías Reales de Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 32.'' De los Juzgados de bienes de Difuntos, y su Adminis¬tración, y cuenta en las Indias, Armadas y Baxeles.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 33.'' De las Informaciones, y pareceres de servicios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 34.'' De los Visitadores Generales y Particulares.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Libro III'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 1.''  Del Dominio, y Jurisdicion Real de las Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 2.''  De la Provision de oficios, gratificaciones y merce¬des.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 3.''  De los Virreyes, Presidentes y Gobernadores.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 4.''  De la Guerra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 5.''  De las armas, pólvora y municiones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 6.''  De las Fabricas y Fortificaciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 7.''  De los Castillos y Fortalezas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 8.''  De los Castellanos, y Alcaldes de los Castillos y Fortalezas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 9.''  De la Dotacion, y situacion de los presidios, y Fortalezas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 10.'' De los Capitanes, Soldados y Artilleros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 11.'' De las Causas de los Soldados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 12.'' De los Pagamentos, Sueldos, Ventajas y Ayudas de Costa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 13.'' De los Corsarios y Piratas, y aplicaciones de las presas y trato con extranjeros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 14.'' De los Informes, y Relaciones de Servicios, Partes, y Calidades que se debe dar cuenta al Rey.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 15.'' De las Presedencias, Ceremonias y Cortesías.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 16.'' De las Cartas, Correos e Indios Chasquis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==TOMO SEGUNDO==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Libro IV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 1.''  De los descubrimientos&lt;br /&gt;
''Título 2.''  De los descubrimientos por mar&lt;br /&gt;
''Título 3.''  De los descubrimientos por tierra&lt;br /&gt;
Título 4.  De las pacificaciones&lt;br /&gt;
Título 5.  De las poblaciones&lt;br /&gt;
Título 6.  De los descubrimientos, pacificadores, y pobladores&lt;br /&gt;
Título 7.  De la población de las ciudades, villas, y pueblos&lt;br /&gt;
Título 8.  De las ciudades y villas, y sus preeminencias.&lt;br /&gt;
Título 9.  De los Cabildos y Concejos.&lt;br /&gt;
Título 10. De los oficios concejiles.&lt;br /&gt;
Título 11. De los procuradores generales y particulares de las ciudades, y poblaciones&lt;br /&gt;
Título 12. De la venta, composición, y repartimiento de tierras solares, y aguas.&lt;br /&gt;
Título 13. De los Propios y Pósitos.&lt;br /&gt;
Título 14. De las alhóndigas&lt;br /&gt;
Título 15. De las sisas, derraneas, y construcciones&lt;br /&gt;
Título 16. De las obras públicas&lt;br /&gt;
Título 17. De los caminos públicos, posadas, ventas, mesones, términos, pastos, montes, aguas, arboledas y plantíos de viñas.&lt;br /&gt;
Título 18. Del comercio, mantenimiento y frutos de las Indias&lt;br /&gt;
Título 19. Del descubrimiento y labor de las minas.&lt;br /&gt;
Título 20. De los mineros y azogueros y sus privilegios&lt;br /&gt;
Título 21. De los alcaldes mayores y azogueros de minas&lt;br /&gt;
Título 22. Del ensaye, fundición y marca del oro, y plata&lt;br /&gt;
Título 23. De las casas de moneda, y sus oficiales&lt;br /&gt;
Título 24. Del valor del oro, plata, y moneda, y su comercio&lt;br /&gt;
Título 25. De la pesquería, y envío de perlas, y piedras de es¬timación&lt;br /&gt;
Título 26. De los obrajes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Libro V'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Título 1.  De los Términos, División, y Agregacion de las Go¬bernaciones.&lt;br /&gt;
Título 2.  De los Gobernadores, Corregidores, Alcaldes Mayores y sus Tenientes y Alguaciles.&lt;br /&gt;
Título 3.  De los Alcaldes Ordinarios.&lt;br /&gt;
Título 4.  De las Provincias y Alcaldes de la Hermandad.&lt;br /&gt;
Título 5.  De los Alcaldes y Hermanos de la Mesta&lt;br /&gt;
Título 6.  De los Protomédicos, Médicos, Cirujanos y Boticarios&lt;br /&gt;
Título 7.  De los Alguaciles mayores y Otros de las Ciudades.&lt;br /&gt;
Título 8.  De los Escribanos de Gobernación, Cabildo, y Número, Públicos, y Reales, y Notarios Eclesiásticos.&lt;br /&gt;
Título 9.  De las Competencias.&lt;br /&gt;
Título 10. De los Pleyitos, y Sentencias.&lt;br /&gt;
Título 11. De las Recusaciones.&lt;br /&gt;
Título 12. De las Apelaciones y Suplicaciones.&lt;br /&gt;
Título 13. De la Segunda Suplicación.&lt;br /&gt;
Título 14. De las Entregas y Execusiones.&lt;br /&gt;
Título 15. De las Residencias, y Jueces que las han de tomar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Libro VI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Título 1.  De los Indios.&lt;br /&gt;
Título 2.  De la Libertad de los Indios.&lt;br /&gt;
Título 3.  De las Reducciones y Pueblos de Indios.&lt;br /&gt;
Título 4.  De las Caxas de los Censos, y bienes de comunidad, y su administracion.&lt;br /&gt;
Título 5.  De los Tributos, y Tasas de los Indios.&lt;br /&gt;
Título 6.  De la proteccion de los Indios.&lt;br /&gt;
Título 7.  De los Caciques.&lt;br /&gt;
Título 8.  De los Repartimientos, Encomiendas, y Pensiones de Indios, y calidades de los Títulos.&lt;br /&gt;
Título 9.  De los Encomenderos de los Indios.&lt;br /&gt;
Título 10. Del buen tratamiento de los Indios.&lt;br /&gt;
Título 11. De la Sucesion de encomiendas, entretenimientos, y ayudas de costas.&lt;br /&gt;
Título 12. Del servicio personal.&lt;br /&gt;
Título 13. Del Servicio en Chacras, viñas, olivares, obrajes, ingenios, perlas, tambos, requas, carreteras, casas, ganados y bogas.&lt;br /&gt;
Título 14. Del Servicio en Coca y Añir.&lt;br /&gt;
Título 15. Del Servicio en Minas.&lt;br /&gt;
Título 16. De los Indios de Chile.&lt;br /&gt;
Título 17. De los Indios de Tucumán, Paraguay, y Río de la Plata.&lt;br /&gt;
Título 18. De los Sangleyes.&lt;br /&gt;
Título 19. De las confirmaciones de encomiendas, pensiones, rentas, y situaciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Libro VII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Título 1.  De los Pesquisidores y Jueces de Comision.&lt;br /&gt;
Título 2.  De los Juegos y Jugadores.&lt;br /&gt;
Título 3.  De los Casados, y Desposados en España, que estan ausentes de sus mugeres, y esposas.&lt;br /&gt;
Título 4.  De los Vagabundos y Gitanos.&lt;br /&gt;
Título 5.  De los Mulatos, Negros Berberíscos é Hijos de In¬dias.&lt;br /&gt;
Título 6.  De las Cárceles y Carceleros.&lt;br /&gt;
Título 7.  De las Visitas de Cárcel.&lt;br /&gt;
Título 8.  De los delitos, y penas y su aplicación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Libro VIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Título 1.  De las Contadurías de Cuentas, y sus Ministros.&lt;br /&gt;
Título 2.  De los Contadores de Cuentas, Resueltas, y Ordenan¬zas.&lt;br /&gt;
Título 3.  De los Tribunales de Hacienda Real.  &lt;br /&gt;
Título 4.  De los Oficiales Reales, y Contadores de Tributo, sus Tenientes y Guardas mayores. &lt;br /&gt;
Título 5.  De los Escribanos  de Minas, y registros.&lt;br /&gt;
Título 6.  De las Caxas Reales.&lt;br /&gt;
Título 7.  De los libros Reales.&lt;br /&gt;
Título 8.  De la Administracion de la Real Hacienda.&lt;br /&gt;
Título 9.  De los Tributos de Indias puestos en la Corona Real y otros procedidos de vacantes de Encomiendas.&lt;br /&gt;
Título 10. De los Quintos Reales.&lt;br /&gt;
Título 11. De la Administracion de Minas, y remision del Cobre a estos Reynos, y de las de Alcrevite.&lt;br /&gt;
Título 12. De los Tesoreros, Depósitos y Rescates.&lt;br /&gt;
Título 13. De las Alcabalas.&lt;br /&gt;
Título 14. De las Aduanas.&lt;br /&gt;
Título 15. De los Almojarifazgos, y Derechos Reales.&lt;br /&gt;
Título 16. De las Avaluaciones, y Afueros generales, y particu¬lares.&lt;br /&gt;
Título 17. De los Descaminos, Extravíos, y Comisos.&lt;br /&gt;
Título 18. De los Derechos de Esclavos.&lt;br /&gt;
Título 19. De la media anata.&lt;br /&gt;
Título 20. De la Venta de oficios.&lt;br /&gt;
Título 21. De la Renunciacion de oficios.&lt;br /&gt;
Título 22. De las Confirmaciones de oficios.&lt;br /&gt;
Título 23. De los Estancos.&lt;br /&gt;
Título 24. De los Novenos, y vacantes de Obispados.&lt;br /&gt;
Título 25. De las Almonedas&lt;br /&gt;
Título 26. De los Salarios, Ayudas de Costa, Entretenimientos, y Quitaciones.&lt;br /&gt;
Título 27. De las Situaciones.&lt;br /&gt;
Título 28. De las Libranzas.&lt;br /&gt;
Título 29. De las Cuentas.&lt;br /&gt;
Título 30. Del Envío de la Real Hacienda.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==TOMO TERCERO==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Libro IX'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Título 1.  De la Real Audiencia y Casa de Contratacion que re¬side en Sevilla.&lt;br /&gt;
Título 2.  Del Presidente, y Jueces de la Casa de Contratación.&lt;br /&gt;
Título 3.  De los Jueces letrados, Fiscal, Solicitador, y Rela¬tor de la Casa.&lt;br /&gt;
Título 4.  Del Juez Oficial, que reside en la ciudad de Cadiz.&lt;br /&gt;
Título 5.  Del Juez Oficial, y Consul, que van al los puertos, al Despacho de flotas, y Armadas.&lt;br /&gt;
Título 6.  Del Prior, y Consules, y Universidades de Cargadores a las Indias, de la Ciudad de Sevilla.&lt;br /&gt;
Título 7.  Del Correo mayor de la Casa de Contratacion.&lt;br /&gt;
Título 8.  De la Contaduría de Averías y Contadores Diputados.&lt;br /&gt;
Título 9.  De la Contribucion, Administracion, y Cobranza de los Derechos de Averías.&lt;br /&gt;
Título 10. De los Escribanos de Cámara, y otros Escribanos, y Repartidor de la Casa de Contratacion de Sevilla.&lt;br /&gt;
Título 11. De los Alguaciles, Porteros, y Otros Oficiales de la Casa de Contratacion de Sevilla.&lt;br /&gt;
Título 12. De la Cárcel, Alcayde, y carcelero de la Casa de Contratacion de Sevilla.&lt;br /&gt;
Título 13. De los Compradores de Plata.&lt;br /&gt;
Título 14. De los Bienes de Difuntos en las Indias, y su admi¬nistracion, y cuentas en la Casa de Contratacion de Sevilla.&lt;br /&gt;
Título 15. De los Generales, Almirantes, y Gobernadores de las Flotas y Armadas de la Carrera de Indias.&lt;br /&gt;
Título 16. Del Veedor, y Contador de la Armada, y Flotas, y oficial de Veedor.&lt;br /&gt;
Título 17. Del Proveedor, y provision de las Armadas y Flotas.&lt;br /&gt;
Título 18. Del Pagador de las Armadas y Flotas.&lt;br /&gt;
Título 19. Del Tenedor de Bastimentos de las Armadas y Flotas.&lt;br /&gt;
Título 20. De el Escribano mayor de Armadas, y Escribanos de Naos y Raciones.&lt;br /&gt;
Título 21. De los Capitanes, Alféreces, Sargentos, y Soldados, y de las conductas, y alojamientos.&lt;br /&gt;
Título 22. Del Capitan General de la Artillería, Artillero ma¬yor, y otros de la Armada, y Flotas, Artillería, Ar¬mas, y Municiones.&lt;br /&gt;
Título 23. Del Piloto Mayor, y Cosmógrafo, y de los demas Pilo¬tos de la Carrera de Indias, y arráeces de barcos de carga, y su exâmen.&lt;br /&gt;
Título 24. De los Maestres de Plata, y navíos, y de Raciones, y xarcia.&lt;br /&gt;
Título 25. De la Universidad de Mareantes, y de los Marineros, y Pages de navíos.&lt;br /&gt;
Título 26. De los Pasageros, y Licencias para ir a la India, y volver a otros a estos Reynos.&lt;br /&gt;
Título 27. De los Extrangeros que pasan a las Indias, y su com¬posicion, y naturaleza, que en ella pueden adquirir para tratar, y contratar.&lt;br /&gt;
Título 28. De los Fabricadores y Calafates, Fábricas y aderezos de los Navíos y su arqueamiento.&lt;br /&gt;
Título 29. De la Xarcia.&lt;br /&gt;
Título 30. De las Armadas y Flotas.&lt;br /&gt;
Título 31. Del Aforamiento y fletes.&lt;br /&gt;
Título 32. Del Apresto de las Armadas y Flotas.&lt;br /&gt;
Título 33. De los Registros.&lt;br /&gt;
Título 34. De la Carga, y Descarga de los Navíos.&lt;br /&gt;
Título 35. De la visita de los Navíos en estos Reynos, y en las Indias, y de los Guardas mayores, y otros.&lt;br /&gt;
Título 36. De la Navegación, y viage de las Armadas y Flota.&lt;br /&gt;
Título 37. De los Navíos de aviso que se despachan a las In¬dias, y de ellas a España.&lt;br /&gt;
Título 38. De los Navíos Arribados, Perdidos, y Derrotados.&lt;br /&gt;
Título 39. De los Aseguradores, Riesgos, y Seguros de la Ca¬rrera de Indias.&lt;br /&gt;
Título 40. De los Jueces Oficiales de Registro de las Islas Ca¬narias.&lt;br /&gt;
Título 41. Del Comercio, y Navegación de las Islas Canarias.&lt;br /&gt;
Título 42. De la Navegación, y comercio de las Islas de Barlo¬vento, y Provincias Adyacentes, y de las Prisiones.&lt;br /&gt;
Título 43. De los Puertos.&lt;br /&gt;
Título 44. De las Armadas de el Mar del Sur.&lt;br /&gt;
Título 45. De la Navegación, y comercio de las Islas Filipinas, China, Nueva España y Perú.&lt;br /&gt;
Título 46. De los Consulados de Lima y México.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Notas==&lt;br /&gt;
&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.56.161</name></author>
		
	</entry>
	<entry>
		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=LEYES_DE_INDIAS;_Resumen_del_compendio&amp;diff=6192</id>
		<title>LEYES DE INDIAS; Resumen del compendio</title>
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		<updated>2014-08-28T18:39:01Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.161: /* TOMO PRIMERO */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;El compendio de Las Leyes de Indias fue editado por primera vez en el año de 1690, bajo las órdenes de Su Majestad Carlos II de España.  El conjunto se compone de 9 Libros, 218 títulos y 6377 leyes. Los Libros carecen de nombre y sólo están numerados.&amp;lt;ref&amp;gt;Bravo Ugarte, p.19&amp;lt;/ref&amp;gt;Cada Título señala la materia que tratan las leyes y ordenanzas que contiene el mismo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“El libro VI, sobre los indios, contiene lo principal de la legislación protectora, que promovió su incorporación a la cultura cristiana. Fue el resultado de la tenaz campaña en su favor de los misioneros, obispos y buenos gobernantes de la Nueva España y otras regiones. Ha sido objeto de general alabanza”.&amp;lt;ref&amp;gt;Ibíd., p. 20&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La recopilación fue impresa seis veces, siempre en Madrid: 1681, 1756, 1774, 1791, 1841 y 1889; ésta última vigente tan solo en los pocos territorios que quedaban bajo dominio de la declinante Corona española.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==TOMO PRIMERO==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Libro I'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 1.''  De la Santa Fé Católica&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 2.''  De las Iglesias Catedrales y Parroquiales&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 3.''  De los Monasterios de Religiosos, y Religiosas, Hos¬picios , y Recogimiento de huerfanas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 4.''  De los Hospitales y Cofradías.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 5.''  De la inmunidad de las Iglesias, y monasterios y que esta razón se guarde el derecho de los reynos de Castilla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 6.''  Del Patronazgo Real de las Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 7.''  De los Arzobispos, Obispos, y Visitadores Eclesias¬ticos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 8.''  De los concilios Provinciales y Sinodales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 9.''  De las Bulas y Breves apostólicos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 10.'' De los Jueces Eclesiasticos y Conservadores.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 11.'' De  los  Dignidades y Prebendados  de  las  Iglesias Metropólitanas, y Catedrales de las Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 12.'' De los Cléricos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 13.'' De los Curas y Doctrineros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 14.'' De los Religiosos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 15.'' De los Religiosos Doctrineros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 16.'' De los Diezmos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 17.'' De la mesada Eclesiástica.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 18.'' De las Sepulturas y derechos eclesiásticos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 19.'' De los Tribunales de el Santo Oficio de la Inquisi¬ción, y sus Ministros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 20.'' De las Santas Cruzadas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 21.'' De los Qüestores y Leyendas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 22.'' De las Universidades, y Estudios Generales, y marcas Particulares.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 23.'' De los colegios y Seminarios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 24.'' De los Libros que se imprimen y pasan a las Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Libro II'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 1.''  De  las  Leyes,  Provisiones,  Cédulas  y Ordenanzas Reales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 2.''  Del Consejo Real, y Juntas de Guerra de Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 3.''  Del Presidente, y de los del Consejo Real de Indias. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 4.''  Del  Gran Canciller y Registrador de las Indias y su Teniente en el Consejo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 5.''  Del Fiscal del Consejo Real de las Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 6.''  De los Secretarios del Consejo Real de las Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 7.''  Del Tesorero  General de el Consejo Real de las In¬dias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 8.''  Del Alguacil mayor de el Consejo Real de las Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 9.''  De los Relatores de el Consejo Real de las Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 10.'' Del Escribano de Cámara del Consejo Real de las Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 11.'' De los Contadores de el Consejo Real de las Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 12.'' De el Cronista mayor del Consejo Real de las Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 13.'' Del Cosmógrafo, y Catedrático de matemáticas de el Consejo Real de las Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 14.'' De los Alguaciles, Abogados, Procuradores, Porteros, Tasador, y los demás Oficiales de el Consejo Real de las Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 15.'' De las Audiencias y Chancillerías Reales de las In¬dias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 16.'' De los Presidentes, y Oidores de las Audiencias y Chancillerías Reales de las Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 17.'' De los Alcaldes del Crímen de las Audiencias de Lima y Mexico.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 18.'' De los Fiscales de las Audiencias y Chancillerías Reales de Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 19.'' De los Juzgados de provincia, de los Oidores, y al¬caldes del crímen de las Audiencias y Chancillerías Reales de Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 20.'' De los Alguaciles mayores y de las Audiencias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 21.'' De los Tenientes de Gran Chanciller de las Audien¬cias, y Chancillerías Reales de Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 22.'' De los Relatos de las Audiencias, y Chancillerías Reales de Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 23.'' De los Escribanos de Cámara de las Audiencias Reales de las Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 24.'' De  los  Abogados de las Audiencias, y Chancillerías Reales de Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 25.'' De los Receptores, y Penas de Cámara, Gastos de Es¬trados, y Justicia, y Obras Pías de las Audiencias Reales de las Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 26.'' De los Tasadores, y Repartidores de las Audiencias, y Chancillerías Reales de Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 27.'' De los Receptores Ordinarios, y su repartida de las Audiencias, y Chancillerías Reales de Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 28.'' De los Procuradores de las Audiencias, y Chancille¬rías Reales de Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 29.'' De los Interpretes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 30.'' De los Porteros, y otros Oficiales de las Audien¬cias, y Chancillerías Reales de Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 31.'' De los Oidores, Visitadores Ordinarios de los Dis¬tritos de las Audiencias y Chancillerías Reales de Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 32.'' De los Juzgados de bienes de Difuntos, y su Adminis¬tración, y cuenta en las Indias, Armadas y Baxeles.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 33.'' De las Informaciones, y pareceres de servicios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 34.'' De los Visitadores Generales y Particulares.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Libro III'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 1.''  Del Dominio, y Jurisdicion Real de las Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 2.''  De la Provision de oficios, gratificaciones y merce¬des.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 3.''  De los Virreyes, Presidentes y Gobernadores.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 4.''  De la Guerra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 5.''  De las armas, pólvora y municiones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 6.''  De las Fabricas y Fortificaciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 7.''  De los Castillos y Fortalezas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 8.''  De los Castellanos, y Alcaldes de los Castillos y Fortalezas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 9.''  De la Dotacion, y situacion de los presidios, y Fortalezas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 10.'' De los Capitanes, Soldados y Artilleros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 11.'' De las Causas de los Soldados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 12.'' De los Pagamentos, Sueldos, Ventajas y Ayudas de Costa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 13.'' De los Corsarios y Piratas, y aplicaciones de las presas y trato con extranjeros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 14.'' De los Informes, y Relaciones de Servicios, Partes, y Calidades que se debe dar cuenta al Rey.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 15.'' De las Presedencias, Ceremonias y Cortesías.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 16.'' De las Cartas, Correos e Indios Chasquis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==TOMO SEGUNDO==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Libro IV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 1.''  De los descubrimientos&lt;br /&gt;
''Título 2.''  De los descubrimientos por mar&lt;br /&gt;
Título 3.  De los descubrimientos por tierra&lt;br /&gt;
Título 4.  De las pacificaciones&lt;br /&gt;
Título 5.  De las poblaciones&lt;br /&gt;
Título 6.  De los descubrimientos, pacificadores, y pobladores&lt;br /&gt;
Título 7.  De la población de las ciudades, villas, y pueblos&lt;br /&gt;
Título 8.  De las ciudades y villas, y sus preeminencias.&lt;br /&gt;
Título 9.  De los Cabildos y Concejos.&lt;br /&gt;
Título 10. De los oficios concejiles.&lt;br /&gt;
Título 11. De los procuradores generales y particulares de las ciudades, y poblaciones&lt;br /&gt;
Título 12. De la venta, composición, y repartimiento de tierras solares, y aguas.&lt;br /&gt;
Título 13. De los Propios y Pósitos.&lt;br /&gt;
Título 14. De las alhóndigas&lt;br /&gt;
Título 15. De las sisas, derraneas, y construcciones&lt;br /&gt;
Título 16. De las obras públicas&lt;br /&gt;
Título 17. De los caminos públicos, posadas, ventas, mesones, términos, pastos, montes, aguas, arboledas y plantíos de viñas.&lt;br /&gt;
Título 18. Del comercio, mantenimiento y frutos de las Indias&lt;br /&gt;
Título 19. Del descubrimiento y labor de las minas.&lt;br /&gt;
Título 20. De los mineros y azogueros y sus privilegios&lt;br /&gt;
Título 21. De los alcaldes mayores y azogueros de minas&lt;br /&gt;
Título 22. Del ensaye, fundición y marca del oro, y plata&lt;br /&gt;
Título 23. De las casas de moneda, y sus oficiales&lt;br /&gt;
Título 24. Del valor del oro, plata, y moneda, y su comercio&lt;br /&gt;
Título 25. De la pesquería, y envío de perlas, y piedras de es¬timación&lt;br /&gt;
Título 26. De los obrajes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Libro V'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Título 1.  De los Términos, División, y Agregacion de las Go¬bernaciones.&lt;br /&gt;
Título 2.  De los Gobernadores, Corregidores, Alcaldes Mayores y sus Tenientes y Alguaciles.&lt;br /&gt;
Título 3.  De los Alcaldes Ordinarios.&lt;br /&gt;
Título 4.  De las Provincias y Alcaldes de la Hermandad.&lt;br /&gt;
Título 5.  De los Alcaldes y Hermanos de la Mesta&lt;br /&gt;
Título 6.  De los Protomédicos, Médicos, Cirujanos y Boticarios&lt;br /&gt;
Título 7.  De los Alguaciles mayores y Otros de las Ciudades.&lt;br /&gt;
Título 8.  De los Escribanos de Gobernación, Cabildo, y Número, Públicos, y Reales, y Notarios Eclesiásticos.&lt;br /&gt;
Título 9.  De las Competencias.&lt;br /&gt;
Título 10. De los Pleyitos, y Sentencias.&lt;br /&gt;
Título 11. De las Recusaciones.&lt;br /&gt;
Título 12. De las Apelaciones y Suplicaciones.&lt;br /&gt;
Título 13. De la Segunda Suplicación.&lt;br /&gt;
Título 14. De las Entregas y Execusiones.&lt;br /&gt;
Título 15. De las Residencias, y Jueces que las han de tomar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Libro VI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Título 1.  De los Indios.&lt;br /&gt;
Título 2.  De la Libertad de los Indios.&lt;br /&gt;
Título 3.  De las Reducciones y Pueblos de Indios.&lt;br /&gt;
Título 4.  De las Caxas de los Censos, y bienes de comunidad, y su administracion.&lt;br /&gt;
Título 5.  De los Tributos, y Tasas de los Indios.&lt;br /&gt;
Título 6.  De la proteccion de los Indios.&lt;br /&gt;
Título 7.  De los Caciques.&lt;br /&gt;
Título 8.  De los Repartimientos, Encomiendas, y Pensiones de Indios, y calidades de los Títulos.&lt;br /&gt;
Título 9.  De los Encomenderos de los Indios.&lt;br /&gt;
Título 10. Del buen tratamiento de los Indios.&lt;br /&gt;
Título 11. De la Sucesion de encomiendas, entretenimientos, y ayudas de costas.&lt;br /&gt;
Título 12. Del servicio personal.&lt;br /&gt;
Título 13. Del Servicio en Chacras, viñas, olivares, obrajes, ingenios, perlas, tambos, requas, carreteras, casas, ganados y bogas.&lt;br /&gt;
Título 14. Del Servicio en Coca y Añir.&lt;br /&gt;
Título 15. Del Servicio en Minas.&lt;br /&gt;
Título 16. De los Indios de Chile.&lt;br /&gt;
Título 17. De los Indios de Tucumán, Paraguay, y Río de la Plata.&lt;br /&gt;
Título 18. De los Sangleyes.&lt;br /&gt;
Título 19. De las confirmaciones de encomiendas, pensiones, rentas, y situaciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Libro VII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Título 1.  De los Pesquisidores y Jueces de Comision.&lt;br /&gt;
Título 2.  De los Juegos y Jugadores.&lt;br /&gt;
Título 3.  De los Casados, y Desposados en España, que estan ausentes de sus mugeres, y esposas.&lt;br /&gt;
Título 4.  De los Vagabundos y Gitanos.&lt;br /&gt;
Título 5.  De los Mulatos, Negros Berberíscos é Hijos de In¬dias.&lt;br /&gt;
Título 6.  De las Cárceles y Carceleros.&lt;br /&gt;
Título 7.  De las Visitas de Cárcel.&lt;br /&gt;
Título 8.  De los delitos, y penas y su aplicación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Libro VIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Título 1.  De las Contadurías de Cuentas, y sus Ministros.&lt;br /&gt;
Título 2.  De los Contadores de Cuentas, Resueltas, y Ordenan¬zas.&lt;br /&gt;
Título 3.  De los Tribunales de Hacienda Real.  &lt;br /&gt;
Título 4.  De los Oficiales Reales, y Contadores de Tributo, sus Tenientes y Guardas mayores. &lt;br /&gt;
Título 5.  De los Escribanos  de Minas, y registros.&lt;br /&gt;
Título 6.  De las Caxas Reales.&lt;br /&gt;
Título 7.  De los libros Reales.&lt;br /&gt;
Título 8.  De la Administracion de la Real Hacienda.&lt;br /&gt;
Título 9.  De los Tributos de Indias puestos en la Corona Real y otros procedidos de vacantes de Encomiendas.&lt;br /&gt;
Título 10. De los Quintos Reales.&lt;br /&gt;
Título 11. De la Administracion de Minas, y remision del Cobre a estos Reynos, y de las de Alcrevite.&lt;br /&gt;
Título 12. De los Tesoreros, Depósitos y Rescates.&lt;br /&gt;
Título 13. De las Alcabalas.&lt;br /&gt;
Título 14. De las Aduanas.&lt;br /&gt;
Título 15. De los Almojarifazgos, y Derechos Reales.&lt;br /&gt;
Título 16. De las Avaluaciones, y Afueros generales, y particu¬lares.&lt;br /&gt;
Título 17. De los Descaminos, Extravíos, y Comisos.&lt;br /&gt;
Título 18. De los Derechos de Esclavos.&lt;br /&gt;
Título 19. De la media anata.&lt;br /&gt;
Título 20. De la Venta de oficios.&lt;br /&gt;
Título 21. De la Renunciacion de oficios.&lt;br /&gt;
Título 22. De las Confirmaciones de oficios.&lt;br /&gt;
Título 23. De los Estancos.&lt;br /&gt;
Título 24. De los Novenos, y vacantes de Obispados.&lt;br /&gt;
Título 25. De las Almonedas&lt;br /&gt;
Título 26. De los Salarios, Ayudas de Costa, Entretenimientos, y Quitaciones.&lt;br /&gt;
Título 27. De las Situaciones.&lt;br /&gt;
Título 28. De las Libranzas.&lt;br /&gt;
Título 29. De las Cuentas.&lt;br /&gt;
Título 30. Del Envío de la Real Hacienda.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==TOMO TERCERO==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Libro IX'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Título 1.  De la Real Audiencia y Casa de Contratacion que re¬side en Sevilla.&lt;br /&gt;
Título 2.  Del Presidente, y Jueces de la Casa de Contratación.&lt;br /&gt;
Título 3.  De los Jueces letrados, Fiscal, Solicitador, y Rela¬tor de la Casa.&lt;br /&gt;
Título 4.  Del Juez Oficial, que reside en la ciudad de Cadiz.&lt;br /&gt;
Título 5.  Del Juez Oficial, y Consul, que van al los puertos, al Despacho de flotas, y Armadas.&lt;br /&gt;
Título 6.  Del Prior, y Consules, y Universidades de Cargadores a las Indias, de la Ciudad de Sevilla.&lt;br /&gt;
Título 7.  Del Correo mayor de la Casa de Contratacion.&lt;br /&gt;
Título 8.  De la Contaduría de Averías y Contadores Diputados.&lt;br /&gt;
Título 9.  De la Contribucion, Administracion, y Cobranza de los Derechos de Averías.&lt;br /&gt;
Título 10. De los Escribanos de Cámara, y otros Escribanos, y Repartidor de la Casa de Contratacion de Sevilla.&lt;br /&gt;
Título 11. De los Alguaciles, Porteros, y Otros Oficiales de la Casa de Contratacion de Sevilla.&lt;br /&gt;
Título 12. De la Cárcel, Alcayde, y carcelero de la Casa de Contratacion de Sevilla.&lt;br /&gt;
Título 13. De los Compradores de Plata.&lt;br /&gt;
Título 14. De los Bienes de Difuntos en las Indias, y su admi¬nistracion, y cuentas en la Casa de Contratacion de Sevilla.&lt;br /&gt;
Título 15. De los Generales, Almirantes, y Gobernadores de las Flotas y Armadas de la Carrera de Indias.&lt;br /&gt;
Título 16. Del Veedor, y Contador de la Armada, y Flotas, y oficial de Veedor.&lt;br /&gt;
Título 17. Del Proveedor, y provision de las Armadas y Flotas.&lt;br /&gt;
Título 18. Del Pagador de las Armadas y Flotas.&lt;br /&gt;
Título 19. Del Tenedor de Bastimentos de las Armadas y Flotas.&lt;br /&gt;
Título 20. De el Escribano mayor de Armadas, y Escribanos de Naos y Raciones.&lt;br /&gt;
Título 21. De los Capitanes, Alféreces, Sargentos, y Soldados, y de las conductas, y alojamientos.&lt;br /&gt;
Título 22. Del Capitan General de la Artillería, Artillero ma¬yor, y otros de la Armada, y Flotas, Artillería, Ar¬mas, y Municiones.&lt;br /&gt;
Título 23. Del Piloto Mayor, y Cosmógrafo, y de los demas Pilo¬tos de la Carrera de Indias, y arráeces de barcos de carga, y su exâmen.&lt;br /&gt;
Título 24. De los Maestres de Plata, y navíos, y de Raciones, y xarcia.&lt;br /&gt;
Título 25. De la Universidad de Mareantes, y de los Marineros, y Pages de navíos.&lt;br /&gt;
Título 26. De los Pasageros, y Licencias para ir a la India, y volver a otros a estos Reynos.&lt;br /&gt;
Título 27. De los Extrangeros que pasan a las Indias, y su com¬posicion, y naturaleza, que en ella pueden adquirir para tratar, y contratar.&lt;br /&gt;
Título 28. De los Fabricadores y Calafates, Fábricas y aderezos de los Navíos y su arqueamiento.&lt;br /&gt;
Título 29. De la Xarcia.&lt;br /&gt;
Título 30. De las Armadas y Flotas.&lt;br /&gt;
Título 31. Del Aforamiento y fletes.&lt;br /&gt;
Título 32. Del Apresto de las Armadas y Flotas.&lt;br /&gt;
Título 33. De los Registros.&lt;br /&gt;
Título 34. De la Carga, y Descarga de los Navíos.&lt;br /&gt;
Título 35. De la visita de los Navíos en estos Reynos, y en las Indias, y de los Guardas mayores, y otros.&lt;br /&gt;
Título 36. De la Navegación, y viage de las Armadas y Flota.&lt;br /&gt;
Título 37. De los Navíos de aviso que se despachan a las In¬dias, y de ellas a España.&lt;br /&gt;
Título 38. De los Navíos Arribados, Perdidos, y Derrotados.&lt;br /&gt;
Título 39. De los Aseguradores, Riesgos, y Seguros de la Ca¬rrera de Indias.&lt;br /&gt;
Título 40. De los Jueces Oficiales de Registro de las Islas Ca¬narias.&lt;br /&gt;
Título 41. Del Comercio, y Navegación de las Islas Canarias.&lt;br /&gt;
Título 42. De la Navegación, y comercio de las Islas de Barlo¬vento, y Provincias Adyacentes, y de las Prisiones.&lt;br /&gt;
Título 43. De los Puertos.&lt;br /&gt;
Título 44. De las Armadas de el Mar del Sur.&lt;br /&gt;
Título 45. De la Navegación, y comercio de las Islas Filipinas, China, Nueva España y Perú.&lt;br /&gt;
Título 46. De los Consulados de Lima y México.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Notas==&lt;br /&gt;
&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.56.161</name></author>
		
	</entry>
	<entry>
		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=LEYES_DE_INDIAS;_Resumen_del_compendio&amp;diff=6190</id>
		<title>LEYES DE INDIAS; Resumen del compendio</title>
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		<updated>2014-08-28T18:30:12Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.161: /* TOMO SEGUNDO */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;El compendio de Las Leyes de Indias fue editado por primera vez en el año de 1690, bajo las órdenes de Su Majestad Carlos II de España.  El conjunto se compone de 9 Libros, 218 títulos y 6377 leyes. Los Libros carecen de nombre y sólo están numerados.&amp;lt;ref&amp;gt;Bravo Ugarte, p.19&amp;lt;/ref&amp;gt;Cada Título señala la materia que tratan las leyes y ordenanzas que contiene el mismo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“El libro VI, sobre los indios, contiene lo principal de la legislación protectora, que promovió su incorporación a la cultura cristiana. Fue el resultado de la tenaz campaña en su favor de los misioneros, obispos y buenos gobernantes de la Nueva España y otras regiones. Ha sido objeto de general alabanza”.&amp;lt;ref&amp;gt;Ibíd., p. 20&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La recopilación fue impresa seis veces, siempre en Madrid: 1681, 1756, 1774, 1791, 1841 y 1889; ésta última vigente tan solo en los pocos territorios que quedaban bajo dominio de la declinante Corona española.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==TOMO PRIMERO==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Libro I'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 1.''  De la Santa Fé Católica&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Título 2.  De las Iglesias Catedrales y Parroquiales&lt;br /&gt;
Título 3.  De los Monasterios de Religiosos, y Religiosas, Hos¬picios , y Recogimiento de huerfanas.&lt;br /&gt;
Título 4.  De los Hospitales y Cofradías.&lt;br /&gt;
Título 5.  De la inmunidad de las Iglesias, y monasterios y que esta razón se guarde el derecho de los reynos de Castilla.&lt;br /&gt;
Título 6.  Del Patronazgo Real de las Indias.&lt;br /&gt;
Título 7.  De los Arzobispos, Obispos, y Visitadores Eclesias¬ticos.&lt;br /&gt;
Título 8.  De los concilios Provinciales y Sinodales.&lt;br /&gt;
Título 9.  De las Bulas y Breves apostólicos.&lt;br /&gt;
Título 10. De los Jueces Eclesiasticos y Conservadores.&lt;br /&gt;
Título 11. De  los  Dignidades y Prebendados  de  las  Iglesias Metropólitanas, y Catedrales de las Indias.&lt;br /&gt;
Título 12. De los Cléricos.&lt;br /&gt;
Título 13. De los Curas y Doctrineros.&lt;br /&gt;
Título 14. De los Religiosos.&lt;br /&gt;
Título 15. De los Religiosos Doctrineros.&lt;br /&gt;
Título 16. De los Diezmos.&lt;br /&gt;
Título 17. De la mesada Eclesiástica.&lt;br /&gt;
Título 18. De las Sepulturas y derechos eclesiásticos.&lt;br /&gt;
Título 19. De los Tribunales de el Santo Oficio de la Inquisi¬ción, y sus Ministros.&lt;br /&gt;
Título 20. De las Santas Cruzadas.&lt;br /&gt;
Título 21. De los Qüestores y Leyendas.&lt;br /&gt;
Título 22. De las Universidades, y Estudios Generales, y marcas Particulares.&lt;br /&gt;
Título 23. De los colegios y Seminarios.&lt;br /&gt;
Título 24. De los Libros que se imprimen y pasan a las Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Libro II'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Título 1.  De  las  Leyes,  Provisiones,  Cédulas  y Ordenanzas Reales.&lt;br /&gt;
Título 2.  Del Consejo Real, y Juntas de Guerra de Indias.&lt;br /&gt;
Título 3.  Del Presidente, y de los del Consejo Real de Indias. &lt;br /&gt;
Título 4.  Del  Gran Canciller y Registrador de las Indias y su Teniente en el Consejo.&lt;br /&gt;
Título 5.  Del Fiscal del Consejo Real de las Indias.&lt;br /&gt;
Título 6.  De los Secretarios del Consejo Real de las Indias.&lt;br /&gt;
Título 7.  Del Tesorero  General de el Consejo Real de las In¬dias.&lt;br /&gt;
Título 8.  Del Alguacil mayor de el Consejo Real de las Indias.&lt;br /&gt;
Título 9.  De los Relatores de el Consejo Real de las Indias.&lt;br /&gt;
Título 10. Del Escribano de Cámara del Consejo Real de las Indias.&lt;br /&gt;
Título 11. De los Contadores de el Consejo Real de las Indias.&lt;br /&gt;
Título 12. De el Cronista mayor del Consejo Real de las Indias.&lt;br /&gt;
Título 13. Del Cosmógrafo, y Catedrático de matemáticas de el Consejo Real de las Indias.&lt;br /&gt;
Título 14. De los Alguaciles, Abogados, Procuradores, Porteros, Tasador, y los demás Oficiales de el Consejo Real de las Indias.&lt;br /&gt;
Título 15. De las Audiencias y Chancillerías Reales de las In¬dias.&lt;br /&gt;
Título 16. De los Presidentes, y Oidores de las Audiencias y Chancillerías Reales de las Indias.&lt;br /&gt;
Título 17. De los Alcaldes del Crímen de las Audiencias de Lima y Mexico.&lt;br /&gt;
Título 18. De los Fiscales de las Audiencias y Chancillerías Reales de Indias.&lt;br /&gt;
Título 19. De los Juzgados de provincia, de los Oidores, y al¬caldes del crímen de las Audiencias y Chancillerías Reales de Indias.&lt;br /&gt;
Título 20. De los Alguaciles mayores y de las Audiencias.&lt;br /&gt;
Título 21. De los Tenientes de Gran Chanciller de las Audien¬cias, y Chancillerías Reales de Indias.&lt;br /&gt;
Título 22. De los Relatos de las Audiencias, y Chancillerías Reales de Indias.&lt;br /&gt;
Título 23. De los Escribanos de Cámara de las Audiencias Reales de las Indias.&lt;br /&gt;
Título 24. De  los  Abogados de las Audiencias, y Chancillerías Reales de Indias.&lt;br /&gt;
Título 25. De los Receptores, y Penas de Cámara, Gastos de Es¬trados, y Justicia, y Obras Pías de las Audiencias Reales de las Indias.&lt;br /&gt;
Título 26. De los Tasadores, y Repartidores de las Audiencias, y Chancillerías Reales de Indias.&lt;br /&gt;
Título 27. De los Receptores Ordinarios, y su repartida de las Audiencias, y Chancillerías Reales de Indias.&lt;br /&gt;
Título 28. De los Procuradores de las Audiencias, y Chancille¬rías Reales de Indias.&lt;br /&gt;
Título 29. De los Interpretes.&lt;br /&gt;
Título 30. De los Porteros, y otros Oficiales de las Audien¬cias, y Chancillerías Reales de Indias.&lt;br /&gt;
Título 31. De los Oidores, Visitadores Ordinarios de los Dis¬tritos de las Audiencias y Chancillerías Reales de Indias.&lt;br /&gt;
Título 32. De los Juzgados de bienes de Difuntos, y su Adminis¬tración, y cuenta en las Indias, Armadas y Baxeles.&lt;br /&gt;
Título 33. De las Informaciones, y pareceres de servicios.&lt;br /&gt;
Título 34. De los Visitadores Generales y Particulares.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Libro III'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Título 1.  Del Dominio, y Jurisdicion Real de las Indias.&lt;br /&gt;
Título 2.  De la Provision de oficios, gratificaciones y merce¬des.&lt;br /&gt;
Título 3.  De los Virreyes, Presidentes y Gobernadores.&lt;br /&gt;
Título 4.  De la Guerra.&lt;br /&gt;
Título 5.  De las armas, pólvora y municiones.&lt;br /&gt;
Título 6.  De las Fabricas y Fortificaciones.&lt;br /&gt;
Título 7.  De los Castillos y Fortalezas.&lt;br /&gt;
Título 8.  De los Castellanos, y Alcaldes de los Castillos y Fortalezas.&lt;br /&gt;
Título 9.  De la Dotacion, y situacion de los presidios, y For¬talezas.&lt;br /&gt;
Título 10. De los Capitanes, Soldados y Artilleros.&lt;br /&gt;
Título 11. De las Causas de los Soldados.&lt;br /&gt;
Título 12. De los Pagamentos, Sueldos, Ventajas y Ayudas de Costa.&lt;br /&gt;
Título 13. De los Corsarios y Piratas, y aplicaciones de las presas y trato con extrangeros.&lt;br /&gt;
Título 14. De los Informes, y Relaciones de Servicios, Partes, y Calidades que se debe dar cuenta al Rey.&lt;br /&gt;
Título 15. De las Presedencias, Ceremonias y Cortesías.&lt;br /&gt;
Título 16. De las Cartas, Correos e Indios Chasquis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==TOMO SEGUNDO==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Libro IV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Título 1.''  De los descubrimientos&lt;br /&gt;
''Título 2.''  De los descubrimientos por mar&lt;br /&gt;
Título 3.  De los descubrimientos por tierra&lt;br /&gt;
Título 4.  De las pacificaciones&lt;br /&gt;
Título 5.  De las poblaciones&lt;br /&gt;
Título 6.  De los descubrimientos, pacificadores, y pobladores&lt;br /&gt;
Título 7.  De la población de las ciudades, villas, y pueblos&lt;br /&gt;
Título 8.  De las ciudades y villas, y sus preeminencias.&lt;br /&gt;
Título 9.  De los Cabildos y Concejos.&lt;br /&gt;
Título 10. De los oficios concejiles.&lt;br /&gt;
Título 11. De los procuradores generales y particulares de las ciudades, y poblaciones&lt;br /&gt;
Título 12. De la venta, composición, y repartimiento de tierras solares, y aguas.&lt;br /&gt;
Título 13. De los Propios y Pósitos.&lt;br /&gt;
Título 14. De las alhóndigas&lt;br /&gt;
Título 15. De las sisas, derraneas, y construcciones&lt;br /&gt;
Título 16. De las obras públicas&lt;br /&gt;
Título 17. De los caminos públicos, posadas, ventas, mesones, términos, pastos, montes, aguas, arboledas y plantíos de viñas.&lt;br /&gt;
Título 18. Del comercio, mantenimiento y frutos de las Indias&lt;br /&gt;
Título 19. Del descubrimiento y labor de las minas.&lt;br /&gt;
Título 20. De los mineros y azogueros y sus privilegios&lt;br /&gt;
Título 21. De los alcaldes mayores y azogueros de minas&lt;br /&gt;
Título 22. Del ensaye, fundición y marca del oro, y plata&lt;br /&gt;
Título 23. De las casas de moneda, y sus oficiales&lt;br /&gt;
Título 24. Del valor del oro, plata, y moneda, y su comercio&lt;br /&gt;
Título 25. De la pesquería, y envío de perlas, y piedras de es¬timación&lt;br /&gt;
Título 26. De los obrajes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Libro V'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Título 1.  De los Términos, División, y Agregacion de las Go¬bernaciones.&lt;br /&gt;
Título 2.  De los Gobernadores, Corregidores, Alcaldes Mayores y sus Tenientes y Alguaciles.&lt;br /&gt;
Título 3.  De los Alcaldes Ordinarios.&lt;br /&gt;
Título 4.  De las Provincias y Alcaldes de la Hermandad.&lt;br /&gt;
Título 5.  De los Alcaldes y Hermanos de la Mesta&lt;br /&gt;
Título 6.  De los Protomédicos, Médicos, Cirujanos y Boticarios&lt;br /&gt;
Título 7.  De los Alguaciles mayores y Otros de las Ciudades.&lt;br /&gt;
Título 8.  De los Escribanos de Gobernación, Cabildo, y Número, Públicos, y Reales, y Notarios Eclesiásticos.&lt;br /&gt;
Título 9.  De las Competencias.&lt;br /&gt;
Título 10. De los Pleyitos, y Sentencias.&lt;br /&gt;
Título 11. De las Recusaciones.&lt;br /&gt;
Título 12. De las Apelaciones y Suplicaciones.&lt;br /&gt;
Título 13. De la Segunda Suplicación.&lt;br /&gt;
Título 14. De las Entregas y Execusiones.&lt;br /&gt;
Título 15. De las Residencias, y Jueces que las han de tomar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Libro VI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Título 1.  De los Indios.&lt;br /&gt;
Título 2.  De la Libertad de los Indios.&lt;br /&gt;
Título 3.  De las Reducciones y Pueblos de Indios.&lt;br /&gt;
Título 4.  De las Caxas de los Censos, y bienes de comunidad, y su administracion.&lt;br /&gt;
Título 5.  De los Tributos, y Tasas de los Indios.&lt;br /&gt;
Título 6.  De la proteccion de los Indios.&lt;br /&gt;
Título 7.  De los Caciques.&lt;br /&gt;
Título 8.  De los Repartimientos, Encomiendas, y Pensiones de Indios, y calidades de los Títulos.&lt;br /&gt;
Título 9.  De los Encomenderos de los Indios.&lt;br /&gt;
Título 10. Del buen tratamiento de los Indios.&lt;br /&gt;
Título 11. De la Sucesion de encomiendas, entretenimientos, y ayudas de costas.&lt;br /&gt;
Título 12. Del servicio personal.&lt;br /&gt;
Título 13. Del Servicio en Chacras, viñas, olivares, obrajes, ingenios, perlas, tambos, requas, carreteras, casas, ganados y bogas.&lt;br /&gt;
Título 14. Del Servicio en Coca y Añir.&lt;br /&gt;
Título 15. Del Servicio en Minas.&lt;br /&gt;
Título 16. De los Indios de Chile.&lt;br /&gt;
Título 17. De los Indios de Tucumán, Paraguay, y Río de la Plata.&lt;br /&gt;
Título 18. De los Sangleyes.&lt;br /&gt;
Título 19. De las confirmaciones de encomiendas, pensiones, rentas, y situaciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Libro VII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Título 1.  De los Pesquisidores y Jueces de Comision.&lt;br /&gt;
Título 2.  De los Juegos y Jugadores.&lt;br /&gt;
Título 3.  De los Casados, y Desposados en España, que estan ausentes de sus mugeres, y esposas.&lt;br /&gt;
Título 4.  De los Vagabundos y Gitanos.&lt;br /&gt;
Título 5.  De los Mulatos, Negros Berberíscos é Hijos de In¬dias.&lt;br /&gt;
Título 6.  De las Cárceles y Carceleros.&lt;br /&gt;
Título 7.  De las Visitas de Cárcel.&lt;br /&gt;
Título 8.  De los delitos, y penas y su aplicación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Libro VIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Título 1.  De las Contadurías de Cuentas, y sus Ministros.&lt;br /&gt;
Título 2.  De los Contadores de Cuentas, Resueltas, y Ordenan¬zas.&lt;br /&gt;
Título 3.  De los Tribunales de Hacienda Real.  &lt;br /&gt;
Título 4.  De los Oficiales Reales, y Contadores de Tributo, sus Tenientes y Guardas mayores. &lt;br /&gt;
Título 5.  De los Escribanos  de Minas, y registros.&lt;br /&gt;
Título 6.  De las Caxas Reales.&lt;br /&gt;
Título 7.  De los libros Reales.&lt;br /&gt;
Título 8.  De la Administracion de la Real Hacienda.&lt;br /&gt;
Título 9.  De los Tributos de Indias puestos en la Corona Real y otros procedidos de vacantes de Encomiendas.&lt;br /&gt;
Título 10. De los Quintos Reales.&lt;br /&gt;
Título 11. De la Administracion de Minas, y remision del Cobre a estos Reynos, y de las de Alcrevite.&lt;br /&gt;
Título 12. De los Tesoreros, Depósitos y Rescates.&lt;br /&gt;
Título 13. De las Alcabalas.&lt;br /&gt;
Título 14. De las Aduanas.&lt;br /&gt;
Título 15. De los Almojarifazgos, y Derechos Reales.&lt;br /&gt;
Título 16. De las Avaluaciones, y Afueros generales, y particu¬lares.&lt;br /&gt;
Título 17. De los Descaminos, Extravíos, y Comisos.&lt;br /&gt;
Título 18. De los Derechos de Esclavos.&lt;br /&gt;
Título 19. De la media anata.&lt;br /&gt;
Título 20. De la Venta de oficios.&lt;br /&gt;
Título 21. De la Renunciacion de oficios.&lt;br /&gt;
Título 22. De las Confirmaciones de oficios.&lt;br /&gt;
Título 23. De los Estancos.&lt;br /&gt;
Título 24. De los Novenos, y vacantes de Obispados.&lt;br /&gt;
Título 25. De las Almonedas&lt;br /&gt;
Título 26. De los Salarios, Ayudas de Costa, Entretenimientos, y Quitaciones.&lt;br /&gt;
Título 27. De las Situaciones.&lt;br /&gt;
Título 28. De las Libranzas.&lt;br /&gt;
Título 29. De las Cuentas.&lt;br /&gt;
Título 30. Del Envío de la Real Hacienda.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==TOMO TERCERO==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Libro IX'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Título 1.  De la Real Audiencia y Casa de Contratacion que re¬side en Sevilla.&lt;br /&gt;
Título 2.  Del Presidente, y Jueces de la Casa de Contratación.&lt;br /&gt;
Título 3.  De los Jueces letrados, Fiscal, Solicitador, y Rela¬tor de la Casa.&lt;br /&gt;
Título 4.  Del Juez Oficial, que reside en la ciudad de Cadiz.&lt;br /&gt;
Título 5.  Del Juez Oficial, y Consul, que van al los puertos, al Despacho de flotas, y Armadas.&lt;br /&gt;
Título 6.  Del Prior, y Consules, y Universidades de Cargadores a las Indias, de la Ciudad de Sevilla.&lt;br /&gt;
Título 7.  Del Correo mayor de la Casa de Contratacion.&lt;br /&gt;
Título 8.  De la Contaduría de Averías y Contadores Diputados.&lt;br /&gt;
Título 9.  De la Contribucion, Administracion, y Cobranza de los Derechos de Averías.&lt;br /&gt;
Título 10. De los Escribanos de Cámara, y otros Escribanos, y Repartidor de la Casa de Contratacion de Sevilla.&lt;br /&gt;
Título 11. De los Alguaciles, Porteros, y Otros Oficiales de la Casa de Contratacion de Sevilla.&lt;br /&gt;
Título 12. De la Cárcel, Alcayde, y carcelero de la Casa de Contratacion de Sevilla.&lt;br /&gt;
Título 13. De los Compradores de Plata.&lt;br /&gt;
Título 14. De los Bienes de Difuntos en las Indias, y su admi¬nistracion, y cuentas en la Casa de Contratacion de Sevilla.&lt;br /&gt;
Título 15. De los Generales, Almirantes, y Gobernadores de las Flotas y Armadas de la Carrera de Indias.&lt;br /&gt;
Título 16. Del Veedor, y Contador de la Armada, y Flotas, y oficial de Veedor.&lt;br /&gt;
Título 17. Del Proveedor, y provision de las Armadas y Flotas.&lt;br /&gt;
Título 18. Del Pagador de las Armadas y Flotas.&lt;br /&gt;
Título 19. Del Tenedor de Bastimentos de las Armadas y Flotas.&lt;br /&gt;
Título 20. De el Escribano mayor de Armadas, y Escribanos de Naos y Raciones.&lt;br /&gt;
Título 21. De los Capitanes, Alféreces, Sargentos, y Soldados, y de las conductas, y alojamientos.&lt;br /&gt;
Título 22. Del Capitan General de la Artillería, Artillero ma¬yor, y otros de la Armada, y Flotas, Artillería, Ar¬mas, y Municiones.&lt;br /&gt;
Título 23. Del Piloto Mayor, y Cosmógrafo, y de los demas Pilo¬tos de la Carrera de Indias, y arráeces de barcos de carga, y su exâmen.&lt;br /&gt;
Título 24. De los Maestres de Plata, y navíos, y de Raciones, y xarcia.&lt;br /&gt;
Título 25. De la Universidad de Mareantes, y de los Marineros, y Pages de navíos.&lt;br /&gt;
Título 26. De los Pasageros, y Licencias para ir a la India, y volver a otros a estos Reynos.&lt;br /&gt;
Título 27. De los Extrangeros que pasan a las Indias, y su com¬posicion, y naturaleza, que en ella pueden adquirir para tratar, y contratar.&lt;br /&gt;
Título 28. De los Fabricadores y Calafates, Fábricas y aderezos de los Navíos y su arqueamiento.&lt;br /&gt;
Título 29. De la Xarcia.&lt;br /&gt;
Título 30. De las Armadas y Flotas.&lt;br /&gt;
Título 31. Del Aforamiento y fletes.&lt;br /&gt;
Título 32. Del Apresto de las Armadas y Flotas.&lt;br /&gt;
Título 33. De los Registros.&lt;br /&gt;
Título 34. De la Carga, y Descarga de los Navíos.&lt;br /&gt;
Título 35. De la visita de los Navíos en estos Reynos, y en las Indias, y de los Guardas mayores, y otros.&lt;br /&gt;
Título 36. De la Navegación, y viage de las Armadas y Flota.&lt;br /&gt;
Título 37. De los Navíos de aviso que se despachan a las In¬dias, y de ellas a España.&lt;br /&gt;
Título 38. De los Navíos Arribados, Perdidos, y Derrotados.&lt;br /&gt;
Título 39. De los Aseguradores, Riesgos, y Seguros de la Ca¬rrera de Indias.&lt;br /&gt;
Título 40. De los Jueces Oficiales de Registro de las Islas Ca¬narias.&lt;br /&gt;
Título 41. Del Comercio, y Navegación de las Islas Canarias.&lt;br /&gt;
Título 42. De la Navegación, y comercio de las Islas de Barlo¬vento, y Provincias Adyacentes, y de las Prisiones.&lt;br /&gt;
Título 43. De los Puertos.&lt;br /&gt;
Título 44. De las Armadas de el Mar del Sur.&lt;br /&gt;
Título 45. De la Navegación, y comercio de las Islas Filipinas, China, Nueva España y Perú.&lt;br /&gt;
Título 46. De los Consulados de Lima y México.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Notas==&lt;br /&gt;
&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.56.161</name></author>
		
	</entry>
	<entry>
		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=CUBA;_la_Virgen_de_la_Caridad_y_la_formaci%C3%B3n_de_la_Naci%C3%B3n&amp;diff=6181</id>
		<title>CUBA; la Virgen de la Caridad y la formación de la Nación</title>
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		<updated>2014-08-27T20:23:59Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.161: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;==Conceptos de Patria, Nación y Estado en el caso de Cuba==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La finalidad del análisis que se presenta es poner de manifiesto la importancia decisiva de la Virgen de la Caridad del Cobre como factor aglutinador que facilitó la formación de la Patria y la Nación cubana. La Virgen de la Caridad, efectivamente, es el Primer Símbolo de la Patria y la Nación, emblema de nuestra religiosidad, convocatoria que une a nuestro pueblo en una devoción común y punto de referencia de todo el Pueblo.&lt;br /&gt;
En este trabajo no se examina la Nación Cubana bajo el prisma de entidad política, o sea, su estudio como sujeto político en el que reside la soberanía que es la base del Estado, ya que su objetivo es el análisis de la Nación Cubana como una comunidad humana que tiene características culturales comunes, lo que significa que sus miembros tienen conciencia de constituir un cuerpo ético-político diferenciado porque comparten unas determinadas características culturales como la lengua, religión, tradición o historia común, todo lo cual puede estar asumido como una cultura distintiva, formada históricamente. Está clara la diferencia entre Nación y Estado, puesto que este último es un concepto político queMuchos años atrás, cuando los moros ocupaban España, los habitantes del pueblo de Palos de Moguer decidieron se refiere a una forma de organización social soberana y coercitiva, formada por un conjunto de instituciones involuntarias, que tiene el poder de regular la vida nacional en un territorio determinado. Concretando, se puede decir que nuestra Nación es el conjunto de los habitantes del pueblo cubano, una comunidad con la misma historia, lengua, tradición, valores y cultura, cuya religiosidad es cristiana y muchas veces sincrética con base católica.&lt;br /&gt;
Patria es el lugar, ciudad o país donde se ha nacido, es la tierra natal o adoptiva ordenada como nación, a la que el hombre se siente unido por vínculos afectivos, jurídicos o históricos. Patria es el sitio donde nacieron nuestros antepasados, y viene del latín pater (padre), y de patris (tierra paterna). El sentimiento patriótico o patriotismo (de patriota &amp;gt; del francés ''patriote'' &amp;gt; del latín ''patriota'' &amp;gt; del griego ''patriotes, patris + otes'', perteneciente a la tierra del padre) es el pensamiento que vincula al ser humano con su patria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En cuanto al Estado cubano, que norma la vida nacional en función de los intereses y objetivos de una dictadura totalitaria y no de las necesidades del pueblo, se ha convertido en un poder terrorista al servicio del grupo del poder, y es la antítesis del Estado de Derecho por el que se incluyen dentro de la organización estatal aquellas resultantes del imperio de la ley y la división de poderes (ejecutivo, legislativo y judicial) y otras funciones más sutiles, pero propias del Estado, como la emisión de moneda propia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La Patria Cubana y la Nación Cubana no tienen nada que ver con el Estado que desgobierna nuestra isla desde hace medio siglo. La Cuba Eterna tiene su base en los conceptos de Patria y Nación, que forman nuestra identidad como pueblo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Antecedentes históricos. El culto mariano en la Cuba del siglo XVI==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el Convento Franciscano de la Rábida, donde Colón pasó los últimos días antes de iniciar el Gran Viaje, se veneraba una imagen de la Virgen de los Milagros, también llamada de la Rábida.&amp;lt;ref&amp;gt;Se trata de una imagen de estilo gótico, del siglo XIII aproximadamente, realizada en alabastro. Fue testigo de excepción de los históricos acontecimientos del descubrimiento y evangelización de América. Ante ella oraron Colón, los Pinzón y los hombres que participaron tanto en la primera expedición colombina como en aquellas posteriores que partieron hacia América desde esta zona (IZQUIERDO LABRADO, Julio. «Religiosidad popular en los Lugares Colombinos: su proyección evangelizadora hacía América». Consultado el 19 de mayo de 2008).. Asimismo, en sus visitas al monasterio franciscano, se postraron ante ella, entre otros, Hernán Cortés, Gonzalo de Sandoval (que falleció en el monasterio y fue enterrado en el mismo) o Francisco Pizarro (GARCÍA, Sebastián. &amp;quot;''La Rábida, pórtico del nuevo mundo.&amp;quot; Síntesis histórico-artística'', pp. Capítulo VI. Págs. 141-144)- Es una imagen de alabastro, de cincuenta y cuatro centímetros de altura. Escultura de cuerpo entero de una sola pieza, aunque con algún pequeño añadido posterior debido a algunos desperfectos sufridos a lo largo de su historia, se encuentra sobre un pedestal de cinco centímetros y es de líneas entrelargas. Su rostro es alargado y lleva el cabello peinado al agua, con las manos un tanto exageradas con respecto al cuerpo. El vestido tallado se trata de una túnica con un escote modesto y que va descendiendo en pliegues paralelos, regulares y bien trazados, hasta el pedestal, donde se deja entrever el pie derecho cubierto por un típico zapato en punta. La cabeza está cubierta por un manto que le cae sobre el cuerpo, un tanto rígido, y sobre su brazo izquierdo se encuentra sentado el Niño Jesús en posición un poco violenta, la mano derecha se encuentra en la típica posición de bendecir a la manera griega, y la izquierda porta lo que parece ser el globo terráqueo, y al igual que la Virgen, viste túnica ceñida.6 Tiene una singular forma de ladear la cadera para sostener al Niño en su brazo izquierdo, que es característico del tipo escultórico al que pertenece. La Virgen lleva en la mano derecha una granada, colocada en una restauración realizada en 1937, tras los destrozos sufridos durante la Guerra Civil, y que sustituyó a la primitiva azucena que portaba (GARCÍA, Sebastián. &amp;quot;''La Rábida, pórtico del nuevo mundo.&amp;quot; Síntesis histórico-artística'', pp. Capítulo VII. &amp;lt;&amp;lt;''La imagen de Santa María de la Rábida''&amp;gt;&amp;gt;. Págs. 147-171). Como adorno externo la imagen porta una ráfaga con una estructura oval, poco frecuente entre las imágenes de la Virgen. La decoración de la misma está compuesta por una cardina en la que están esmaltados los escudos de los países americanos, y arriba en el centro el escudo de España, rematado el conjunto por rayos biselados, lisos y ondulados alternados. Fue realizada por Manuel Seco de Velasco y diseñada por Evaristo Domínguez, pintor de Palos de la Frontera&amp;lt;/ref&amp;gt;Muchos años atrás, cuando los moros ocupaban España, los habitantes del pueblo de Palos de Moguer decidieron sepultarla en el mar antes que verla ultrajada por los infieles, y en el fondo de la rada permaneció muchos años. El 7 de diciembre de 1472, veinte años antes de la partida de Colón, unos pescadores sacaron la imagen del fondo del mar, cuando recogieron las redes, y la pequeña estatua de la Virgen de los Milagros fue llevada con solemnidad a los altares de la iglesia anexa al convento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cada vez que iba a la Rábida, Colón se arrodillaba ante la preciosa imagen, y el 2 de agosto de 1492, en víspera de la partida, se aprovechó la fiesta de Nuestra Señora de la Rábida para asistir a la Santa Misa con las tripulaciones y encomendar a la Madre de Dios el Gran Viaje que iba a comenzar el día siguiente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Gran Almirante zarpó el 3 de agosto de 1492. Las carabelas levaron anclas media hora antes de la salida del sol. Mientras rechinaban las cadenas en los tornos, los tripulantes, con la cabeza descubierta, entonaron un antiguo canto: la Salve de los marineros, encomendando el portentoso viaje a la Virgen de los Milagros, la Virgen de la Rábida, que los observaba desde el convento franciscano edificado a la orilla del mar:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
:::Salve, estrella de los mares,&lt;br /&gt;
:::de los mares iris de eterna ventura&lt;br /&gt;
:::salve, oh fénix de hermosura&lt;br /&gt;
:::madre del Divino Amor.&lt;br /&gt;
:::De tu pueblo, a los pesares&lt;br /&gt;
:::tu clemencia de consuelo&lt;br /&gt;
:::fervoroso, llegue al cielo,&lt;br /&gt;
:::y hasta Ti, hasta Ti nuestro clamor.&lt;br /&gt;
:::Salve, Salve, estrella de los mares&lt;br /&gt;
:::Salve, estrella de los mares&lt;br /&gt;
:::Sí, fervoroso llegue al cielo&lt;br /&gt;
:::y hasta Ti, y hasta Ti, nuestro clamor.&lt;br /&gt;
:::Salve, salve, Estrella de los mares&lt;br /&gt;
:::Estrella de los mares,&lt;br /&gt;
:::salve, salve, salve, salve.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El 12 de octubre de 1492 llegó a su destino el primer viaje de Cristóbal Colón, que comenzó bajo el amparo de la Virgen de los Milagros. La Virgen que estuvo oculta bajo las aguas facilitó aquella travesía singular, para que las mismas aguas dejaran de separar a los hombres y fueran, por el contrario, la vía que uniera dos extensiones gigantescas que se desconocían: después de miles de años se amplió la historia al incorporarse a las crónicas dos continentes nuevos: para el Viejo Mundo se incorporaba América, y para ésta, era el llamado Mundo Viejo el que se sumaba a sus conocimientos antiguos. El 27 de octubre tuvo lugar el descubrimiento de Cuba, que fue llamada por el Almirante la tierra más hermosa que hubieran visto los hombres.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pasaron varios años antes de que comenzara la conquista y colonización de Cuba. En 1508 el gobernador de La Española comisionó a Sebastián de Ocampo para que explorara las costas a fin de determinar si Cuba era una isla o tierra firme.&lt;br /&gt;
Durante el viaje de Sebastián de Ocampo, uno de los marinos, enfermo de cierta gravedad durante la travesía, fue confiado por éste al cuidado de los taínos que habitaban la comarca que llamaban Macaca, tal vez cercana a Cienfuegos. El marino aprendió la lengua indígena y, celoso cristiano, se dio a la tarea de evangelizar a sus prójimos. Dirigió la construcción de una ermita en la que colocó una imagen de la Virgen que llevaba consigo, y efectuó numerosos bautizos, entre ellos el del cacique al que puso por nombre Comendador, porque así sabía aquel indio que llamaban al Gobernador de La Española.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El devoto cristiano enseñó a los taínos la Salutación Angélica, y fue grande el asombro del bachiller Fernández de Enciso cuando visitó el lugar años más tarde y pudo escribir en sus crónicas que los indios, de rodillas ante el altar, repetían las palabras “''Ave María''”. De esta forma comenzó el Culto Mariano entre los indios de Cuba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra referencia al Culto Mariano entre los aborígenes cubanos la da el propio bachiller Fernández de Enciso, quien se gloriaba de que los habitantes de Cuba le habían recibido benignamente, y en particular cierto cacique llamado Comendador... y explica que el citado marino, aunque sin letras, era de buena intención y veneraba devotísimamente a la bienaventurada Virgen Madre de Dios, y perpetuamente llevaba consigo cosida en el pecho, una imagen de la Virgen lindamente pintada en papel, la cual devoción dijo a Comendador que le había dado siempre la victoria...&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A petición, pues, del cacique, le regaló la imagen de la Virgen, a la cual dedicó casa y altar... conforme a la enseñanza del marinero, al ponerse el sol el Cacique Comendador y todos sus súbditos de ambos sexos, van todos diariamente a la casa dedicada a la Virgen María. Una vez entrados, de rodillas, con la cabeza reverentemente inclinada y las manos juntas, saludan repetidas veces a la imagen con estas palabras: Ave María, pues pocos de entre ellos aprendieron más palabras de esta oración...&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando llegaron Enciso y sus compañeros les tomaron de la mano y les llevaron alegres a la casa dedicada, diciéndoles que les enseñarían cosas admirables. Les enseñaron con el dedo la imagen rodeada de joyas y vasijas de barro que había en pailas, llenas de comida y agua. Pues esto era lo que en vez de sacrificios daban a la imagen al tenor de la antigua religión de los zemes. Dijeron que le daban eso no fuera que, si tenía hambre, le faltara qué comer...&amp;lt;ref&amp;gt;Mártir de Anglería, Pedro. Décadas del Nuevo Mundo. Ediciones Bajel, Buenos Aires, 1944, pp. 164-165&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Parece existir cierta confusión entre los cronistas. El relato que acabamos de leer aparece en las Décadas del Nuevo Mundo, de Pedro Mártir de Anglería  y el Obispo de Cuba, Don Pedro Agustín Morell de Santa Cruz, da una versión parecida de los hechos, en la que la historia parece tener lugar en el cacicazgo de Cueybá y no en Macaca, aunque no se observan diferencias sustanciales entre las dos narraciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si suponemos que los de Macaca y Cueybá fueron dos episodios distintos, las ermitas que en ambos casos se levantaron para honrar a la Virgen –simples bohíos levantados por los indios donde se veneraba una pequeña imagen de María rodeada de flores y ofrendas—fueron las primeras edificaciones que tuvo la religión cristiana en Cuba, y su erección fue el primer paso de la evangelización. Como dato de interés recalco que esto sucedió en 1508, tres años antes de que terminara la conquista de Cuba, cuyos naturales conocieron a la Virgen Madre de Dios antes de que comenzara la colonización.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Poco después, a fines de 1510, un grupo de 300 hombres procedente de La Española y dirigido por Diego Velázquez de Cuéllar, comenzó la conquista de la isla. Los acompañaba un religioso franciscano, fray Juan de Tesín, a quien secundó poco después el clérigo Bartolomé de las Casas, que todavía no pertenecía a la orden dominica. Se dice que en menos de tres meses los españoles lograron quebrar la resistencia de los indios taínos en el territorio oriental del país, y Diego Velázquez mandó edificar en la costa norte un fuerte de madera a cuyo amparo fundó el 15 de agosto de 1511 la primera de las villas de Cuba: Nuestra Señora de la Asunción de Baracoa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De esta forma, el primer establecimiento fundado por los españoles en Cuba fue puesto bajo el título de la Virgen de la Asunción, advocación instituida para recordar que la Virgen María, Madre de Dios, ascendió al cielo en cuerpo y alma cuando terminaron sus días en la tierra, celebrándose esta festividad de la Iglesia el día 15 de agosto: de esta forma, la devoción y el culto a la Virgen María fueron las primeras manifestaciones del catolicismo que  conocieron los indios de Cuba en 1508, de la misma forma que la primera ciudad fundada fue encomendada a su protección y amparo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A continuación, demostrando el acendrado catolicismo de los colonizadores, las restantes villas fundadas por Velázquez fueron encomendadas a Santos de la Iglesia: San Salvador de Bayamo en 1513 en memoria de Jesús, Hijo de Dios, Redentor y Salvador; la Santísima Trinidad en 1514, recordando el Misterio de Dios Uno y Trino; también en 1514 la villa de Sancti Spíritus en memoria de la Tercera Persona de la Santa Trinidad, Santiago de Cuba en 1515 para honrar al apóstol Santiago; Santa María de Puerto Príncipe ese mismo año de 1515, para que dos de las siete primeras villas quedaran tituladas con el nombre de María, especificándose que la Patrona de la ciudad era la Virgen de la Candelaria, cuya fiesta se celebra el 2 de febrero y es llamada la fiesta de la Luz o de las Candelas; todos estos nombres expresan su significado: Cristo es la Luz del mundo presentada por su Madre en el Templo, viene a iluminar a todos como la vela o las candelas, de donde se deriva el nombre de &amp;quot;Candelaria&amp;quot;. La última villa fue la de San Cristóbal de La Habana, cuya primera versión se fundó igualmente en 1515 hasta que pasó a su ubicación actual en 1519.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==El sentimiento de Patria y de Nación el siglo XVI==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El primer hijo de españoles que nació en Cuba ya era, propiamente, un cubano. No conoció a España, no pudo ver sus paisajes, no respiró su aire. Vino al mundo en otro clima y otra geografía, en una tierra de primavera permanente con palmas y sinsontes,  jutías y tocororos y caimanes,  yuca y guayabas. Supo que allá lejos, después de varias semanas de navegación, estaba la tierra donde nacieron sus padres, pero no podía imaginarla y sólo tuvo vagas nociones a través de los relatos de sus mayores... al primero siguieron otros que incorporaron a su vocabulario palabras no usadas en España, y que conocieron el sabor del casabe y de frutas, viandas y carnes ignoradas en Europa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dicen que Patria es el lugar donde uno nace; significa también familia, y es un término que se vincula a la tierra natal a la que el individuo se siente unido por lazos afectivos, culturales o históricos. España era la Madre Patria, la tierra de los  padres. Pero para aquellos niños que no conocieron ni podían representarse a España como suya, la Patria era Cuba, la tierra donde habían nacido, donde jugaron y crecieron y aprendieron, donde amaron y trajeron al mundo sus hijos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así fue que los hijos de españoles tuvieron otra Patria: Cuba, que sentían y reconocían como propia, y la Madre Patria, España, a la que respetaban a través de sus mayores, de donde venían las leyes y la religión, el idioma y muchos hábitos y costumbres, las órdenes y los decretos y las restricciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No pasó mucho tiempo sin que la realidad que vivían los nacidos en Cuba entrara en contradicción con las disposiciones que tomaban los reyes a miles de kilómetros de distancia. ¿Qué sabían los reyes de Cuba? ¿Cómo se puede gobernar lo que no se conoce? Por otra parte, el escaso comercio con España hizo que los primeros descendientes de españoles iniciaran  el contrabando con los extranjeros, que rápidamente comenzaron a frecuentar las Antillas, y de esta forma se fue restando importancia al poder español. España no podía proporcionar muchos productos necesarios para la vida, pero los criollos los obtenían de los extranjeros. España no era imprescindible, y este fue otro factor importante para que surgiera poco a poco en la conciencia del pueblo una nueva concepción de Patria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin embargo, la noción de que la Isla fuera la Patria, aunque comenzaba a insinuarse,  no se hizo presente en el siglo XVI. La población era muy escasa, apenas 15 o 17,000 habitantes al comenzar el siglo XVII, y estaba distribuida en las siete villas y en las haciendas, hatos, estancias y corrales. Más de un tercio del total vivía en La Habana, y una proporción significativa eran descendientes de esclavos negros, de libertos, o de indios libertados desde 1542. La población de españoles propiamente dichos  había tenido  fluctuaciones, porque al comenzar a agotarse el oro, muchos colonizadores dejaron la isla para unirse a las expediciones de Hernán Cortés o de Francisco Pizarro, lo mismo que a los  contingentes que desde 1513 hasta 1565 zarparon de Cuba para la conquista de la Florida  con los Adelantados Ponce de León, Pánfilo de Narváez, Hernando de Soto,  Pedro Menéndez de Avilés...&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La factoría que era Cuba, ya que aún no podía hablarse de una colonia, no era un sitio donde se hacía fortuna con rapidez, y el espejismo del oro se llevó detrás los sueños de muchos colonos. Otros se quedaron en aquella tierra  empobrecida y despoblada, echaron raíces y criaron sus hijos. Las mezclas con indios y negros hicieron surgir un pueblo con mucho de mestizo, de forma que la hispanidad original comenzó a borrarse y fue sustituida por la «cubanidad» criolla. Las villas y las haciendas  eran la Patria chica de los descendientes,  desvinculados de  España y ligados a sus terruños, la nueva geografía, los alimentos, los olores, los sabores y las costumbres nuevas que surgían ante la nueva realidad vital... en la medida en que la población  creció y los contactos entre las haciendas y las villas, y las villas entre sí, se hicieron más sólidos, comenzó a forjarse el concepto global de una Patria que trascendía las fronteras locales y comenzó a extenderse por todo el territorio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Un pueblo que comenzó a vivir aislado y en pie de guerra==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las riquezas de Cuba no eran importantes para España. En Cuba no había fuerza de trabajo para emprender grandes empresas, y cuando se trató de fomentar la extracción de cobre en las minas de Santiago del Prado, próximas a Santiago de Cuba, se utilizaron esclavos. Prácticamente, la producción de Cuba apenas alcanzaba para la subsistencia, para realizar un comercio mínimo con España y  los dominios españoles de las Antillas, la Florida, América Central y del sur, y guardar un excedente que iba a ser utilizado en peligrosos intercambios con piratas, corsarios y filibusteros, a fin de obtener productos y artículos que no podían adquirir por el comercio normal. Estos intercambios conducían muchas veces a encuentros armados donde triunfaba el que fuera más fuerte, según las circunstancias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por otra parte, todas las villas de Cuba, así como La Habana y las haciendas del interior, comenzaron a vivir en pie de guerra. Hubo años en que se libraron cientos de escaramuzas, y las villas, incluyendo La Habana, fueron saqueadas y quemadas más de una vez. El peligro unió a los habitantes de Cuba, sobre todo a los que residían en el interior del país, en las haciendas y en las villas lejanas, y la débil defensa que España podía proporcionar hizo crecer la unión entre los criollos para sobrevivir, contribuyendo a debilitar con el paso del tiempo los vínculos con la península. Sólo La Habana, por la importancia estratégica de su puerto y las arribazones de las flotas que proporcionaban clientela al comercio local, pudo alcanzar un poco de desarrollo que no la libró, sin embargo, de los ataques constantes y las ambiciones desmedidas de los aventureros del mar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Aparece la Virgen de la Caridad en Cuba. Los indios viajan en busca de sal==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En aquella época, la explotación de las minas de cobre cercanas al pueblo de Santiago del Prado, a pocos kilómetros de Santiago de Cuba, tenía gran importancia económica. Gran parte de los alimentos que consumían los esclavos que trabajaban en las minas venía del cercano Hato de Barajagua.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En los últimos días de agosto o comenzando septiembre de 1612, el administrador del hato de Barajagua,  Miguel Galán, se dio cuenta de que la sal escaseaba. En aquellos tiempos la carne sólo podía conservarse si se curaba con sal para ahumarla o hacer tasajo y tocino, y también era necesaria para tratar  las pieles, curtirlas y sazonar las comidas. La carne salada se enviaba a la villa del Cobre, porque era parte importante de la dieta de los esclavos de las minas, los funcionarios reales y los habitantes del pueblo, y Miguel Galán envió una partida a las salinas de la bahía de Nipe para renovar las existencias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La comisión de recoger unos tercios&amp;lt;ref&amp;gt;Un tercio pesaba aproximadamente un quintal, o sea, 100 libras&amp;lt;/ref&amp;gt;de sal en la costa de los cayos ubicados en la bahía, fue encargada a dos monteros indios, que eran al mismo tiempo rancheadores, los hermanos Diego y Rodrigo de Hoyos, quienes buscaron a un negrito llamado Juan Moreno a quien estaban entrenando en los trabajos de la hacienda, y partieron  desde la casa de vivienda del hato, situada en Barajagua la Vieja, en dirección norte, llevando un arria de mulas para transportar los pesados bultos de sal. La casa de vivienda se encontraba a unas 21 millas del litoral de la bahía, y después de varias horas llegaron a un cayo de monte que llamaban Cayo Francés o Vigía, muy cerca de la costa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Allí se detuvieron para refugiarse porque se desató una furiosa tormenta. Soplaron fuertes ráfagas de viento que llevaban ramas, hojas y hasta troncos,  un aguacero interminable calaba hasta los huesos, y las aguas de la gran bahía impactaban tumultuosas en la costa, donde las olas se rompían formando cataratas de espuma. El mal tiempo duró dos o tres días, hasta que el 8 de septiembre de 1612 se anunció con un luminoso amanecer. Los monteros vieron que la atmósfera estaba quieta. El mar se mantenía tranquilo, sereno como un plato, y ni el viento más leve rizaba la superficie. Había llegado el momento de navegar hacia la salina.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==La aparición==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Antes de que saliera el sol, para no agotarse manejando los remos, los indios y el negrito salieron a la costa, a una caleta donde se guardaba una canoa o bote para estas incursiones, lo echaron al agua y  avanzaron  hacia el interior de la bahía. Cuando la luz bastó para distinguir a lo lejos algún objeto, observaron una cosa blanca sobre la espuma del agua. No distinguían los contornos, y pensaron que podría ser un ave posada sobre ramas secas. Pero en la medida que se acercaban comenzaron a ver mejor, y dijeron que parecía una niña. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hay que imaginar su inmensa sorpresa cuando estuvieron ante la imagen. Enseguida se percataron de que se trataba de la Virgen, por ser una figura principal del culto católico, nada menos que la Madre de Jesús. En la ermita de la villa del Cobre se veneraba una imagen de la Virgen María Madre de Dios de Illescas, y seguramente conocían otras advocaciones. Además, en la tabla había un letrero formado por las cabezas de unos clavos de plata, que se puede ver actualmente y que no deja lugar a dudas: «''Yo soy la Virgen de la Charidad''».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Probablemente los indios sabían leer. Un siglo antes, en 1515, varios padres dominicos establecieron en Baracoa la primera escuela que funcionó en Cuba. Desde mediados del siglo XVI, en los Conventos Franciscanos de Santiago  y Bayamo, también se enseñaba a los indios a leer y a escribir. No es extraño que en 1612 los indios leyeran el letrero.  Después del hallazgo, se pusieron de pie en el bote y observaron el mar. No se divisaba ninguna vela en la bahía, por tanto, la imagen no fue colocada en el agua por los tripulantes de un navío, pues si hubiera caído de un barco estaría mojada. No podía ser una representación de María salvada de un naufragio, las ropas estaban secas y hasta hacía pocas horas, caía la lluvia torrencial que acompañaba al huracán.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Qué pensar ? ¿Por qué estaba allí la Virgencita? ¿Cómo era posible que las olas que tocaban la tablita de menos de una pulgada de grosor, unas veinte de largo y seis de ancho y a veces saltaban sobre la madera, no la hubieran humedecido?   Por otra parte, ¿quién dispuso los sucesos de esta forma? ¿Por qué  fueron a buscar la sal en el momento en que iba a aparecer la imagen? ¿Cómo fue que la hallaron en la inmensa superficie de Nipe, una de las bahías de bolsa más grandes del mundo, con 25,9 kilómetros de largo y 16,8 kilómetros de ancho y 200 kilómetros cuadrados de superficie? ¿Por qué los indios y el negrito llegaron al sitio donde estaba la imagen? Unos minutos antes o después, la tabla hubiera seguido viaje, arrastrada por las corrientes interiores, y el bote, al mantener su trayectoria, estaría muy lejos para divisar una imagen de sólo 35 centímetros de alto, que levantaba poco más de un pie sobre la superficie del mar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Demasiadas preguntas sin respuesta. Sólo se podía pensar que el suceso era fruto de la Voluntad Divina. Los indios no dudaron del  milagro. ¿Qué podrían pensar los protagonistas del hallazgo en el lejano siglo XVII, si actualmente no existen explicaciones? En la transparente atmósfera del amanecer, en medio de la impresionante calma del mar, navegando en una majestuosa soledad, en un silencio casi absoluto (solamente el grito de un ave a lo lejos, solamente el murmullo del agua que se escurre ante la proa), en el imponente desierto azul levemente coloreado de espumas, apareció la Virgencita morena que cargaba a su Hijo… nadie sabrá qué pensaron Rodrigo, Diego y Juan en aquel trance, único de la historia de Cuba que la dividió para siempre en un antes y un después.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Los indios recogen la sal==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Había sido un viaje profético en busca de sal? ¿Qué es la sal? ¿Sólo un sazonador que además sirve para preservar los alimentos? Desde los tiempos antiguos, la sal era signo del pacto del hombre con Dios, de la alianza perpetua entre el hombre y lo trascedente (2 Cor 13, 5). Para los judíos la sal era símbolo de alianza indestructible, y cuando hacían un pacto se regalaban sal para dar a entender que era inviolable. No había ofrenda al Señor en que faltara la sal, “''no permitirás que falte nunca la sal de la alianza con tu Dios''” (Lv 2, 13). Tal como la sal era requerida en todos los sacrificios de ofrenda, los cristianos necesitan ser “salados,” para ser la ''sal de la tierra''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y los indios que fueron enviados  regresaron con la sal y con la Virgen María de la Caridad, Madre de Jesús. El símbolo estaba claro: a través de la intercesión de la Virgen se iba a realizar un Pacto Nuevo del pueblo de Cuba con Dios Nuestro Señor. Por ese pacto, la Virgen de la Caridad sería la Madre del Pueblo Cubano, la Patrona de la República, el Primer Símbolo de la Patria, el Estandarte de nuestro Catolicismo y la Figura Principal que preside y honra nuestros hogares. La alianza indestructible, y la existencia de nosotros los cubanos, sal  de nuestra Isla, la ofrenda que día a día haríamos al Señor por la mediación de su Santísima Madre, María de la Caridad, llegada a nosotros cuando la isla, rodeada de enemigos padecía por dentro la lacra de la esclavitud y de las herejías que trataban de deteriorar la fe, en medio del desamparo y la pobreza de un pueblo constantemente amenazado, atacado y saqueado por los enemigos de afuera y por los enemigos de adentro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No voy a seguir el relato. La imagen fue llevada al hato de Barajagua, y allí se le dedicó una  ermita donde permaneció unos días hasta du traslación en procesión solemne a la villa del Cobre, donde fue colocada en un altar de la parroquial mayor. Allí permaneció  tres años, y en 1616 pasó a una ermita bajo la advocación de Nuestra Señora de Guía Madre de Dios de Illescas que estaba en lo alto del cerro. Un inventario real de 1620  informa que en la ermita se veneraba una imagen de bulto de Nuestra Señora, sin precisar su advocación. No podía indicar que se trataba de la Virgen de la Caridad, porque aún no tenía el reconocimiento oficial de la Iglesia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La ermita del cerro fue dañada por un ciclón en 1635 y restaurada en 1637. Desde ese año debía estar allí la imagen de la Virgen de la Caridad, y su advocación aparece descrita en el inventario real tomado en 1648, lo que no deja lugar a dudas. Hacia 1670, la piedad de los fieles y de los humildes esclavos cobreros estimuló la construcción del primer Santuario consagrado a la Virgen de la Caridad, y también se levantó una parroquia que sustituyó a la primitiva.&amp;lt;ref&amp;gt;Archivo General de Indias (AGI). Santo Domingo, legajo 1631&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Finalmente, los Autos de 1687-1688 que contienen las declaraciones de Juan Moreno sobre la aparición de la Virgen en Nipe, oficializan el culto a la imagen y facilitan que se erija una capellanía en el primer Santuario del Cobre, y el nombramiento del primer capellán, que fue el Padre Onofre de Fonseca.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Significado e importancia de la Virgen de la Caridad==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El hecho de haber sido encontrada en Cuba la hizo ser amada  desde el mismo momento de la aparición, y su color moreno la hizo cercana y familiar a los indios y mestizos del territorio oriental primero y de toda la isla después. Los habitantes de la villa del Cobre, y en particular los esclavos, la vieron como cosa propia. En una lucha de siglos por mantener sus derechos, en la que finalmente triunfaron, los cobreros depositaron toda su esperanza a los pies de la Virgen, que no los defraudó.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los esclavos del cobre tenían ciertos privilegios desde finales del siglo XVI. Además del trabajo en las minas, podían tener conucos, sembrar, cosechar y fomentar crías de animales, y participaban en la producción de azúcar. Podían comerciar con los excedentes agrícolas y con las escorias refinadas de la fundición del cobre.&amp;lt;ref&amp;gt;Portuondo Zúñiga, Olga. La Virgen de la Caridad del Cobre, Símbolo de Cubanía. Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 1995, p. 125, todo este asunto.&amp;lt;/ref&amp;gt;Hacia 1648, el 43 por ciento de los cobreros decían ser criollos, y a finales de siglo, el 83 por ciento. Los cobreros nacidos en la villa proclamaban ser de la raza de los criollos y no se igualaban a los africanos. Muchos ejercían labores calificadas como los fundidores, y ya otros tenían conocimientos de música. Los que nacían de padres libres eran libres por derecho, y los que habían nacido en la villa del Cobre, hijos de padres esclavos, eran considerados libres y así eran asentados en los registros parroquiales.&amp;lt;ref&amp;gt;Archivo General de Indias (AGI). Santo Domingo, leg. 1627, todo este asunto&amp;lt;/ref&amp;gt;Los cobreros llegaron a tener su propio ayuntamiento local, los alcaldes daban solución a los problemas de su jurisdicción, y participaban en la defensa del territorio y la vigilancia del puesto de Gueycabón. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los humildes cobreros consideraban que sus derechos, fueros y ciertas facilidades para vivir que los diferenciaba del resto de los criollos de igual procedencia y condición social, eran el resultado de las gracias que la Virgen de la Caridad derramaba sobre ellos. Hacia 1670, la bonanza económica de los cobreros, derivada en parte de la merced de comerciar con el cobre que pudieran obtener de las escorias de la fundición, les permitió financiar la construcción de un Santuario para su querida Virgen de la Caridad, dotado con dos campanas de bronce de 9 y 7 arrobas respectivamente:&amp;lt;ref&amp;gt;Archivo General de Indias (AGI). Santo Domingo, leg. 1631&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“''El primer efecto de su próspera situación fue fabricar a su Patrona Nuestra Señora de la Caridad milagrosamente aparecida (un Santuario) adornándole con Alhajas de tanto valor que todo el Altar de Nuestra Señora es de plata, y la lámpara del Santísimo Sacramento pesa 150 libras del mismo metal construyendo así mismo una calzada de cantería que tiene como un quarto de legua, desde la falda hasta la cumbre de la Sierra donde está situado el templo la qual le costó muchos millones de pesos y celebraban en el barias festividades annuales con una manificencia en el culto divino que quizá excedía a la de otras Poblaciones más ricas''”.&amp;lt;ref&amp;gt;Ibídem (6).&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==La Virgen de la Caridad, los derechos humanos y la libertad==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cada vez que las autoridades quisieron obligarlos a realizar determinadas actividades, los cobreros se alzaban en los montes y generalmente tenían éxito con este proceder, lo que sin dudas se debía al favor de la Virgen. En 1666 el gobernador Pedro Bayona Villanueva exigió que los cobreros colaboraran en la reconstrucción del castillo de San Pedro de la Roca, y éstos dieron su aporte personal,&amp;lt;ref&amp;gt;Archivo General de Indias (AGI). Santo Domingo, leg. 136, todo este asunto&amp;lt;/ref&amp;gt;pero en 1677, cuando se quiso enviar 50 cobreros para impulsar la construcción de las fortalezas de La Habana, los habitantes de la villa se fueron con sus mujeres al monte. En esta ocasión se dijo de ellos: “''Estos esclavos no son como otros, que son del Rey, ellos hacen grande aprecio de la palabra y quieren mantener sus fueros''...&amp;lt;ref&amp;gt;Archivo General de Indias (AGI). Santo Domingo, leg. 1631&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En esa misma época un funcionario, Antonio Mata Haro, expresa que los esclavos del Cobre: “''ya (son) de mala calidad; el averlos dexados, como llevo referido, a sido acauarlos de rematar con la esperiencia de que un gobernador de Cuba, con el poder que tiene, no los a sujettado, incombeniente bien grande para lo venidero''..”.&amp;lt;ref&amp;gt;Archivo General de Indias (AGI). Santo Domingo, leg. 104&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto significa que los habitantes de la villa del Cobre eran prácticamente libres y capaces de hacer su voluntad. La diferencia entre ellos y el resto de los habitantes de Cuba era su cercanía y familiaridad con la Virgen de la Caridad, con quien se sentían unidos y favorecidos por vínculos y favores muy especiales. Este hecho, y la realidad de la existencia de los cobreros en comparación con los habitantes más humildes de otros lugares habitados, facilitó que en la villa de Santiago del Prado o del Cobre, surgieran las nociones de autonomía, independencia y libertad antes que en otras partes de Cuba, y que en los pueblos cercanos Nuestra Señora de la Caridad del Cobre comenzara a ser vista como la Virgen que facilitaba la vida y la libertad, y se convirtiera en la esperanza de los pobres que formaban el pueblo humilde,  quienes le ofrecieron su devoción y su amor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Simultáneamente se corría la voz de los numerosos milagros y mercedes otorgados por  la Virgen en favor de los cobreros y de los habitantes de las cercanías. El hecho de que fueran respetados los derechos humanos de aquellas personas tan humildes, y de que hubieran podido alcanzar cierta posición y reconocimiento social, era algo inverosímil en esa época, y se pensó que era el resultado del amparo de la Virgen que intercedía en su favor. Fue así como estas ideas, el tratamiento especial que se daba a los cobreros, sus derechos y fueros, y el poder elegir sus ayuntamientos y alcaldes, se interpretaron como gracias singulares que les otorgaba la Virgen de la Caridad, difundieron el culto y pronto su fama desbordó el territorio oriental y se esparció por la isla. Había llegado  una Virgen cubana, que era el socorro, remedio y amparo de los criollos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los Autos o testimonios de 1687-1688, que tuvieron por objetivo informar detalladamente a la Corona sobre la aparición y trayectoria de la Virgen de la Caridad sobre la base de las declaraciones de testigos de época, comenzando por Juan Moreno, el negrito que estuvo presente en el momento de la aparición, tenían como fin erigir la capellanía del Santuario del Cobre, que había sido edificado por los cobreros en la década de 1670 a costa de grandes sacrificios para honrar a su amada virgencita. La erección de la capellanía y el nombramiento del Padre Onofre de Fonseca como primer capellán del Santuario, dieron el “placet” eclesiástico y civil tanto a la nueva fundación como a la devoción y el culto de Nuestra Señora de la Caridad, ya consagrados por la práctica y la fe del Pueblo de Dios, ya que la decisión real fue tomada sobre la base de los dictámenes realizados por los Obispos Diego Evelino y Hurtado (Compostela), y fray Juan Lazo de la Vega y Cansino, y el Cabildo Catedral de Santiago de Cuba, además de los oficiales reales y el gobernador.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hacia 1691, el auditor general Francisco Manuel de Rosa, comisionado por el rey para investigar las acciones de Juan de Villalobos, gobernador de Santiago de Cuba, hizo causa común con los habitantes de la villa del Cobre, al percatarse de las presiones que se realizaban para privarlos de sus derechos. Para poder cumplir su cometido, el auditor Roa “''organizó a los negros y mulatos esclavos cobreros y a los indios de San Luis del Caney para canalizar el disgusto de éstos, ante las exigencias de las autoridades... les ofreció la libertad, se hizo fuerte en la hospedería del Santuario y luego se encaminó a la ciudad (Santiago de Cuba) con esa tropa armada de lanzas, machetes, puñales y hasta piezas de artillería. Ocupó la plaza y tomó preso a Villalobos''”.&amp;lt;ref&amp;gt;Archivo Nacional de Cuba (ANC). Academia de la Historia de Cuba (AHC), legajo 90, nro. 650, 15.XII.1688; legajo 90, nro. 652, 18.IV.1689; Cf. Marrero, Levi. Cuba, Economía y Sociedad, Editorial Playor, Madrid, 1973, t. V, p. 50, este asunto&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto significa que a finales del siglo XVII ya los habitantes de la villa del Cobre, Santiago del Prado o Real de Minas, ya eran capaces de armarse y marchar de forma amenazadora contra el gobernador en la sede de Santiago de Cuba en defensa de sus derechos ancestrales, sus fueros y su libertad. Se habían hecho fuertes en la hospedería del Santuario, habían puesto su causa a los pies de la Virgen y según ellos sabían muy bien, Ella los había guiado y protegido como principal defensora de su causa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==El siglo XVIII. El culto a la Virgen de la Caridad en toda la Isla de Cuba.==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Las luchas de los cobreros'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Qué luchas protagonizaron los cobreros en el siglo XVIII? Corría el año 1731 cuando el gobernador Pedro Ignacio Jiménez quiso imponer regulaciones que eran inaceptables para los habitantes de la villa del Cobre, implantando un impuesto del quinto  sobre la extracción de escorias del mineral, prohibición de las monterías, prohibirles la compra de ganado a los hacendados de Bayamo, e imponerles la prestación obligatoria de sus servicios en la construcción de las fortalezas. Los cobreros se negaron a esta última exigencia, que en otras ocasiones habían aceptado, cuando se les pagaba un real por el servicio y disponían de tierras para cultivos y fomento de crías de ganado.&amp;lt;ref&amp;gt;Archivo General de Indias (AGI). Santo Domingo, legajo 451&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El 25 de julio de 1731, cuando se esperaba que la milicia de libres y esclavos de la villa del Cobre desfilara durante los carnavales de Santiago, llegó la noticia de que los cobreros se habían sublevado alzándose en las montañas cercanas con caja y bandera (tambor y bandera).&amp;lt;ref&amp;gt;Ibíd. Archivo General de Indias (AGI). Santo Domingo, legajo 451&amp;lt;/ref&amp;gt;Al mismo tiempo, los insurrectos enviaron un pliego de demandas: consentían en trabajar en la construcción de los castillos, si les garantizaban mantener a costa del estado a sus hijos y mujeres, o en su defecto se les entregaba el hato de Barajagua y las tierras del Ramón para siembras y crianza, más cuatro leguas en torno al poblado, que en ese momento estaban arrendadas, para levantar sitierías,&amp;lt;ref&amp;gt;En Cuba, lugares para la explotación agrícola.&amp;lt;/ref&amp;gt;y como territorio de caza.&amp;lt;ref&amp;gt;Ibídem (13),&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ante los hechos consumados, el gobernador reaccionó acusándolos de despojar e incendiar el Santuario responsabilizando por este vandalismo al capellán Juan Jacinto de Silva,&amp;lt;ref&amp;gt;Marrero, Levi, o.c., t. VI, pp. 40-42&amp;lt;/ref&amp;gt;y al deán de la Catedral, Pedro Agustín Morell de Santa Cruz, por mal aconsejarlos y ser “demasiado condescendiente” con ellos. Pero la Virgen de la Caridad vino en auxilio de sus hijos mediante el deán Morell de Santa Cruz, quien se personó en el campamento de los alzados con dos miembros del cabildo de Santiago de Cuba, habló con ellos y los convenció para que regresaran a su pueblo y sus trabajos habituales, con lo que reconoció sus derechos ancestrales y su autonomía. Para hacer todo esto no actuaba de motu proprio,&amp;lt;ref&amp;gt;Por iniciativa propia&amp;lt;/ref&amp;gt;ya que contaba con el respaldo del gran obispo franciscano Juan Lazo de la Vega y Cansino, quien aprobó la designación de alcaldes y regidores entre los cobreros, y admitió que pudieran sentarse en la parroquial mayor de la villa del Cobre, equiparando de esta forma a los esclavos con los hombres libres “per se”.&amp;lt;ref&amp;gt;Por sí mismos, o por su propia naturaleza.&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El gobernador Pedro Ignacio Jiménez no estuvo de acuerdo en que se equiparara a aquellos esclavos con los hombres libres y protestó la decisión en un informe al rey: “...''como por ser esclauos y que como tales no pueden administrar jurisdicción ordinaria porque fuera una cosa muy Yrregular, lo que se les ha permitido es que nombren Alcaldes, esto es unos Mayorales que sujeten a los Demás por que como son muchos es nesesario que aya quien los mande y mui espezial para que estos tengan el Cuidado de nombrar las esquadras de los que vienen a las fábricas de S.M. y otras cosas que se ofrezen y que aya quien egecute las ordenes''..”.&amp;lt;ref&amp;gt;Archivo General de Indias (AGI). Santo Domingo, legajo 451, 24.XII.1732&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La respuesta del rey demostró que la Virgen continuaba amparando de forma especial a sus hijos, ya que Su Majestad, por Real Cédula de 3 de septiembre de 1733, ordenó “''tratarlos con mayor templanza y benignidad, sin oprimirlos como se había hecho hasta allí''”.&amp;lt;ref&amp;gt;Ibídem,&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al recibir la respuesta del monarca, los humildes cobreros se dirigieron en masa al Santuario para dar gracias a la Virgen de la Caridad, porque hizo justicia para ellos y facilitó que sus súplicas fueran oídas por el rey. Aseguraron que colaborarían en el trabajo de las fortificaciones siempre que el gobierno garantizara el sustento de sus mujeres e hijos. Pero el gobernador siguió insistiendo y buscando la manera de controlar a los cobreros y redactó nuevas misivas pidiendo que se les castigara por reclamar sus antiguos fueros: “...''no queden dichos esclauos admitidos de lo que deben ejecutar sino corregidos y castigados Porque de otra suerte esta República y Gobierno padecerá muchos contratiempos y puede ser que sea necesario estar con las armas en la mano''..”.&amp;lt;ref&amp;gt;Ibídem,&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al mismo tiempo acumuló acusaciones contra los habitantes de la villa: “''El Pueblo de dichos esclavos esta hecho receptáculo de maldades y aunque siempre lo han sido, después que fatalmente se han negado a la obediencia se mantienen como reino aparte y si qualquiera comete algún delito o si es soldado que comete fuga procuran abrigarse y refugiarse en dicho Pueblo''…”.&amp;lt;ref&amp;gt;Ibídem, misiva de 2.VI.1735&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al ver que continuaban los ataques del gobernador y otros funcionarios a pesar de las gestiones de la Iglesia a través del deán Morell de Santa Cruz, un grupo de 50 cobreros encabezados por Mathias Moreno viajó a San Cristóbal de La Habana para presentar el caso al Capitán General Juan Francisco de Güemes y Horcasitas, ante quien explicaron que los habitantes del Cobre cumplían con todas sus obligaciones civiles y eclesiásticas, incluso la construcción de templos como la Parroquial y el Santuario de la Virgen de la Caridad, construidos con las donaciones y el trabajo de los pobladores:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“...''no escusándose de declarar si es verdad que nos costeamos a medico si tenemos dos yglesias hechas a nuestra costa y mensión sin haber su Mgd. gastado en hellas la más mínima cosa si mantenemos la luz de la lámpara de el Santísimo Sacramento y el Señor Cura jurar si el tiempo ha que su merced se mantiene en dicho pueblo a enterrado un esclavo del Rey por cuenta de su Mgd. si se an fijado escomuniones por los que an devido entierros, si somos cuidadosos en pagar diezmos y primissias y puede S.M. en collunda de los vesinos y moradores de dicha ciudad, si es verdad que desde la ora y quando se nos quitó el hato de barajagua y las demas tierras nos mantenemos con todas calamidades''…”.&amp;lt;ref&amp;gt;Ibídem (Representacion al Gobernador y Capitan General, Nos El pueblo de Santiago del Prado y vecinos del Cobre. Certifica el deán Pedro A. Morell de Santa Cruz, el 26 de octubre de 1735.&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Haciendo uso de la fuerza y excediendo sus atribuciones, el gobernador Jiménez, aprovechando una acusación de brujería contra un vecino, desató una persecución y algunos de los trabajadores de las minas fueron deportados. Pero la Virgen de la Caridad vino de nuevo en ayuda de sus hijos, cuando algunos patricios santiagueros de familias principales elevaron al rey sus protestas por la conducta desaforada del gobernador, por lo que Su Majestad depuso a Jiménez y se trató de apaciguar la irritación de los habitantes del Cobre, de lo que se encargó el nuevo gobernador, Francisco Cagigal de la Vega, quien llegó con instrucciones precisas al respecto, eliminó las gabelas, gravámenes y exacciones que pesaban sobre los queridos hijos de la Virgen, y gozó del apoyo decidido del deán Morell de Santa Cruz, de quien dio los mejores informes, en su calidad de vicepatrono,&amp;lt;ref&amp;gt;El rey de España disfrutaba el privilegio del Patronato Real sobre la Iglesia de las Indias, lo que le permitía presentar a la Santa Sede proposiciones para relevar o cambiar a los miembros de la jerarquía eclesiástica. En el Nuevo Mundo, los virreyes, capitanes generales y gobernadores departamentales, estaban comisionados por el rey para ejercer funciones de Vicepatronos.&amp;lt;/ref&amp;gt;por la delicadeza con que supo proteger a los mineros, de lo que dejó constancia escrita:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''“...solo desde que (Morell de Santa Cruz) tomó la Posesión del deanato, se dice en Cuba que se save que ay Cathedral en ella, tanto por las fábricas que le ha hecho, como por la solemnidad, seriedad, y desencia con que se celebran los Ofisios Divinos: yo no he oido quexarse de su persona, y proseder a ningun vezino, los que lo tratan y visitan, son muy pocos, pero todos Generalmente lo Alaban: en Limosnas, es mucho lo que Reparte: y en fin Señor, si tiene alguna prenda mala, es tan oculta, que ni yo se la he conocido, ni me la han notisiado''...”.&amp;lt;ref&amp;gt;Archivo General de Indias (AGI). Santo Domingo, legajo 363. Francisco Cagigal de la Vega al rey en 13:XI.1738&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El 8 de septiembre de 1735, día de la Virgen de la Caridad, el deán Pedro Agustín Morell de Santa Cruz se reunión con el alcalde, capitanes y regidores de la villa del Cobre para celebrar, el día del onomástico de la Virgen, el regreso de la paz y la cordialidad, así como el manifiesto incremento del culto y la devoción. Aquél día, para celebrar el triunfo de los cobreros y dar gracias y homenaje a la Virgen, la fiesta que revistió especial solemnidad contó con la participación masiva del pueblo.&amp;lt;ref&amp;gt;Archivo General de Indias (AGI). Santo Domingo, legajo 2226. Testimonio contenido en un  documento escrito por los vecinos de la villa del Cobre al Provisor y Vicario General de Cuba y Diligencias en su virtud practicadas. Santiago de Cuba, en 7.XII.1735 y 9.IX.1737. En la villa, Juan Bautista Vidaburu. Todo este asunto.&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Poco después se desencadenó la “''guerra de la oreja de Jenkins''”, pues se dio este nombre a la contienda entre España e Inglaterra. El buen entendimiento entre el gobernador y el deán de la Catedral fue la garantía del buen trato que comenzaron a disfrutar los cobreros. Los trabajos de fundición en las minas de cobre cobraron importancia, en sus hornos se fundieron piezas y equipos tales como un alambique, y las partidas de mineral eran famosas y solicitadas en Cartagena de Indias y la Nueva España. Gracias a la influencia de la Virgen María de la Caridad se borraron las fricciones pasadas, e incluso se gestionó y obtuvo el perdón para algunos de los mineros desterrados, y la villa se convirtió en un pueblo que prosperaba y crecía.&amp;lt;ref&amp;gt;Archivo Histórico Provincial de Santiago de Cuba (AHPSC). Ayuntamiento, Actas Capitulares, libro no. 2, 30 de abril de 1734, 30 de mayo de 1734.&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La buena voluntad de los cobreros se demostró en 1741 cuando las tropas británicas al mando del Almirante Vernon desembarcaron por Guantánamo, fundaron el campamento de Cumberland y trataron de marchar sobre Santiago de Cuba, que fue auxiliada por las milicias de Bayamo y Puerto Príncipe. Los humildes habitantes del Cobre demostraron su valor en los combates de la avanzada del hato de Canabacoa, para luego marchar a Santiago en 1748 para tomar parte en la defensa del castillo de San Pedro de la Roca del Morro, cuando el Almirante Knowles amenazó con un nuevo desembarco.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Años después, en 1762, las milicias de los cobreros marcharon para participar en la defensa de La Habana, y muchos de sus hombres nunca regresaron. Pero se había demostrado hasta la saciedad que ellos se encontraban siempre en primera línea cuando se trataba de defender la Patria, aquella tierra natal, que era donde habían nacido y el solar de sus mayores, la misma que había sido seleccionada por la Madre del Cielo, María de la Caridad, la misma que los había elegido para que en tierras de Cuba ellos fueran sus primeros hijos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sobre el comportamiento de los cobreros del siglo XVIII y su fuerte vínculo con Nuestra Señora, la Virgen María de la Caridad, se han dicho hermosas palabras:&lt;br /&gt;
“''Esta generación de esclavos del rey poseía claridad meridiana sobre sus derechos, no era fácil de amedrentar y menos aún de engañar con subterfugios. Su fuerza se hallaba en la unidad, y el Santuario era el símbolo de congregación sagrada de aquella comunidad”''.&amp;lt;ref&amp;gt;Portuondo Zúñiga, Olga. La Virgen de la Caridad del Cobre, Símbolo de Cubanía. Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 1993, p. 158&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''El culto a la Virgen de la Caridad'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Desde comienzos del siglo XVIII, las iglesias de la Virgen se multiplicaban hacia Occidente, mientras que los viajes y el número de los peregrinos y romeros se multiplicaba hacia Oriente, en una doble corriente de amor; amor de Madre a sus hijos más queridos, amor de hijos que buscan el amparo, la protección y el consuelo de su preciosa Madre del Cielo. Esto quiere decir que después de la primera ermita de Barajagua en 1612, de la ermita que se consagró después en el cerro de las minas a fines del primer tercio del siglo XVII, y del Santuario erigido por los cobreros en la década de 1670, los templos bajo la advocación de la Virgen de la Caridad saltaron la frontera del territorio oriental y en 1717 el Pbro. Silvestre Alonso comenzó a construir una ermita en Sancti Spíritus, que se concluyó unos años después. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sucede que la Virgen irradiaba un resplandor de Caridad que iluminaba la isla entera, desde las montañas de oriente al extremo occidental de Pinar del Río, y la luminosidad de su amor arrastraba todos los años miles de peregrinos que venían desde todos los luga''''res habitados de la isla para ser iluminados por su luz, y el Santuario del Cobre se convirtió en el  punto de reunión de todos los cubanos. En un lugar que estaba por encima de todos los regionalismos, opiniones y tendencias, el sitio donde se expresaba en su mayor dimensión la unión espiritual de todo el pueblo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hasta tal punto llegaban el prestigio y la fama de la Virgen de la Caridad y del Santuario del Cobre, que muy pronto comenzó a hablarse de la historia y los hechos de Nuestra Señora, y de la forma en que convocaba y reunía a las multitudes. En la corte de Madrid, por ejemplo, el santiaguero Nicolás Joseph de Ribera en su “''Descripción de la Isla de Cuba''” que dio a la imprenta a mediados del siglo XVIII, habló del Santuario y de la Virgen en estos términos:&lt;br /&gt;
“''Santiago del Prado (comúnmente El Cobre) es pueblo pequeño de negros y mulatos, parte libres y parte esclavos del Rey. Está quatro leguas al occidente de Cuba, en la falda de un monte en que hai abiertas muchas minas de Cobre, en cuya cima hai una Iglesia en la que se venera una imagen de María Santísima con el título de la Charidad, a donde de todas partes van en romería, y se han experimentado algunos milagros''”.&amp;lt;ref&amp;gt;Archivo General de Indias (AGI). Santo Domingo, legajo 451, 24.XII.1732&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Llegado el año 1756, el ya entonces Obispo de Cuba Pedro Agustín Morell de Santa Cruz, visitó la villa del Cobre y ponderó sobre todo el Santuario de la Virgen de la Caridad: “''Este es el templo tan celebrado no solo en la Ysla sino en todas partes, por venerarse en él una efigie de Nra. Sra. con título de Caridad...”.&amp;lt;''ref&amp;gt;Ibídem&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de dar fe de que la Virgen de la Caridad ya era famosa “en todas partes”, entendiéndose por esto que ya era conocida en la Nueva España, en Nueva Granada y en las colonias españolas del Caribe y América Central, el buen prelado pasó a explicar que la fábrica del Santuario era un cuerpo de mampostería y teja con veintisiete varas de longitud,  dieciséis varas de ancho y seis de alto y que tenía tres altares, púlpito y reloj, dos tribunas con sus órganos, un pórtico con tres campanas (una grande y dos pequeñas), las últimas en la puerta principal. La sacristía se encontraba de espaldas al altar mayor con el que se comunicaba por dos pequeñas puertas, y estaba protegida por una tapia adornada con garitas. Al este del edificio estaban las casas del capellán y los ermitaños que atendían la imagen de la Virgen, y al oeste, los locales de la hospedería. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Morell habla de las donaciones y regalos, consistentes en sumas considerables de diversas procedencias y otras que hacían los fieles en forma de dinero con el que se pagaba la subsistencia del capellán, de los ermitaños de la Virgen y de la servidumbre, para ampliaciones y reparaciones, alhajas y ornamentos de mucho valor, y especificaba que las únicas rentas fijas con que contaba el Santuario eran censos de particulares con los que se enfrentaban los gastos de las fiestas, la luz de la lámpara del Santísimo y el salario del organista, y terminaba diciendo: ''“En conclusión el Santuario del Cobre es el más rico, frecuentado, y devoto de la Ysla, y la Señora de la Charidad, la más milagrosa efigie de quantas en ella se veneran''”.&amp;lt;ref&amp;gt;Ibídem. Cf. Pedro Agustín Morell de Santa Cruz. La Visita Eclesiástica. Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1985, pp. 111 ss.&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los humildes cobreros se sentían orgullosos del Santuario que habían edificado con su trabajo. Era tan grande su apasionado amor por la Virgen de la Caridad que dedicaron todo el capítulo IV de su titulada “''Representación al Rey de 1783''” para hablar de aquella fundación y de los esfuerzos realizados para edificarla. Al respecto manifestaron que el primer templo había costado 30,000 pesos, suma colosal para ellos sobre todo en esa época, y que cuando fue necesario reconstruirlo cuando una crecida del río lo deterioró, le agregaron nuevos espacios a un costo de 40,000 pesos que incluía el valor de las tres campanas, del altar de plata maciza y de una lámpara para el Santísimo, también de plata, que pesaba 150 libras. Como el Santuario estaba en lo alto de un cerro fue necesario construir “''una escalaraza de ocho pasos de ancho, y medio cuarto de legua de largo con dos muros, o pasamanos de cantería que la guarnese hasta la misma Yglesia pintados de varios colores.”'' El costo de la obra, sin contar el trabajo realizado por los cobreros de forma absolutamente gratuita, ascendió a 200,000 pesos fuertes que fueron reunidos por los habitantes libres y esclavos de la villa del Cobre.&amp;lt;ref&amp;gt;Archivo General de Indias (AGI). Santo Domingo, legajo 1627. Representación para el Rey Nro. Sor. [Dios le guarde] sobre el estado miserable en que se hallan los naturales del Pueblo de Santiago del Prado en la Ysla de Cuba.&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Desde 1776 las poderosas familias de los Garzón y Mancebo, de Santiago de Cuba, presentaron recursos a Su Majestad tratando de justificar su pretensión de apoderarse del hato de Barajagua  y de los descendientes de los esclavos que desde 1671 se consideraban libres. En 1781 y 1782, aquellos poderosos intereses se lanzaron sobre los cobreros y comenzaron a esclavizar a hombres que desde hacía 110 años se encontraban en libertad e incluso, usando una injustificada prepotencia, comenzaron a venderlos en Bayamo, Holguín y Santiago de Cuba. Muchos habitantes del Cobre se apalencaron en los montes y allí constituyeron núcleos de sublevados a los que comenzaron a unirse esclavos escapados de las haciendas de los alrededores. En ese momento el gobernador del Departamento Oriental, Vicente de Céspedes, mandó detener los actos hostiles contra los cobreros, previendo que la represión contra ellos desembocara en una sublevación masiva de esclavos y sus consecuencias ante la amenaza de una nueva guerra con Inglaterra,&amp;lt;ref&amp;gt;Archivo Histórico Provincial de Santiago de Cuba (AHPSC). Ayuntamiento, Actas Capitulares, no. 13 de 2.V.1785, fol. 152; Cf. Archivo General de Indias (AGI). Santo Domingo, legajo 1627, todo este asunto.&amp;lt;/ref&amp;gt;pero su sucesor Nicolás Arredondo, autorizó de nuevo los abusos a partir de 1782.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entonces los cobreros, apelando a la autoridad suprema del rey, redactaron la ''“Representación para que el Rey Nro. Sor. (Dios le gue.) sobre el estado miserable en que se hallan los Naturales del Pueblo de Santiago del Prado en la Ysla de Cuba''”; donde se reflejan tanto el malestar, como la voluntad de los cobreros, dirigidos por los libres más cultos y solventes. Fue con este relato, que incluía la historia de la Virgen de la Caridad,  que los cobreros se postraron ante Su Majestad para invocar su favor, ya “''que Nuestra Sra. de la Caridad y tutelar patrona ha querido que oiga V. md. yegado a presencia de V. M''.”&amp;lt;ref&amp;gt;Archivo General de Indias (AGI). Santo Domingo, legajo 1627, Rafael Cosme, El Cobre, 19.VIII.1784&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Examinando su pasado a la luz de los sucesos de aquel momento, los cobreros trataron de alcanzar por sí mismos sus propósitos sin utilizar Intermediarios, respaldando sus reclamos y fueros por ''nuestro Pueblo adquiridos a fuerza de nuestras labores, del derecho y las costumbres''. &amp;lt;ref&amp;gt;Archivo General de Indias (AGI). Cuba. Expediente de los Indios del Pueblo del Cobre.&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el documento se hacía hincapié en la presencia del negro Juan Moreno en 1612 cuando tuvo lugar el hallazgo de la imagen de la Virgen, y la importancia de este personaje en la historia posterior. Esto se hacía para legitimar a los esclavos negros del Cobre y sus descendientes, e incluirlos en los derechos y privilegios seculares de los habitantes de la villa, de la misma forma que la Representación enfatiza que la Santa Imagen permaneció en el Real de Minas del Cobre por voluntad divina, aún en contra de las intenciones de los vecinos principales de Santiago de Cuba, y aludían al milagro de la aparición de cuatro luces en lo alto del cerro de las minas que señalaban el lugar donde por voluntad de la Virgen debía erigirse su Santuario. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por otra parte, la Representación justificaba los antiguos derechos de la comunidad cobrera, buscando sus raíces en los años iniciales de la conquista y colonización de la isla. Como no bastaba el derecho otorgado por la costumbre para que los habitantes no fueran esclavizados, insistía en que se les considerara únicamente como vasallos del rey, mestizos con españoles, que habían alcanzado empleos de militares y sacerdotes, y enfatizaban en que todos los que habitaban la villa eran de procedencia mestiza,&amp;lt;ref&amp;gt;Archivo General de Indias (AGI). Santo Domingo, legajo 1627&amp;lt;/ref&amp;gt;y basaban su defensa en el postulado de que ellos formaban un pueblo que descendía de españoles, indios y negros, lo que diferenciaba aquella comunidad cobrera de vasallos del rey de los esclavos negros nacidos en África. Por lo tanto, según las leyes, no podían pasar a ser esclavos de particulares. Se ha dicho al respecto que:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''“La alianza entre la comunidad cobrera y la Virgen de la Caridad quedó patentizada con la erección del Santuario: libertos y realengos cooperaron en su construcción. Su condición de comunidad, su personalidad como entidad y sus derechos, le habían sido otorgados por su carácter de pueblo escogido por la advocación mariana para que fuera siempre venerada por ellos, bajo el auspicio de la Iglesia Católica. No se escapa a este análisis el acatamiento de los cobreros a las mismas reglas del juego de la colonización, su cultura propia criolla era una consecuencia; también en el terreno político no había más opción que reclamar la intervención del monarca para que mediara en su favor en cualquier asunto''”.&amp;lt;ref&amp;gt;Portuondo Zúñiga, Olga. La Virgen de la Caridad del Cobre, Símbolo de Cubanía. Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 1995, p. 191&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Expectantes, los habitantes de la villa del Cobre esperaban el dictamen del rey, del que dependía su libertad y el mantenimiento de sus derechos ancestrales. Todos los esclavos de los pueblos de los alrededores esperaban el fallo real. Si era favorable a los cobreros, ello significaría que la libertad no era un sueño, sino una realidad alcanzable. Muy pronto los hechos demostraron que la libertad por la cual peleaban los cobreros desde hacía tantos años no era un entelequia imposible. Mientras se pronunciaba el fallo de la historia, la relación entre los cobreros y la pequeña imagen de la Virgen de la Caridad eran un ejemplo y una esperanza para los pobres, para todos los desamparados de la isla de Cuba que confiaban ciegamente en su infinito amor maternal.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A finales del siglo XVII el culto a la Virgen de la Caridad estaba presente en toda la isla. Según noticias documentales, al menos desde 1738,&amp;lt;ref&amp;gt;Hargrett Rare Books and Manuscript Library, The University of Georgia. Collection Keith Read, box: 19, folder: 11, document 01 Spanish: Official Letters from Don Manuel de Montiano, Governor of East Florida, to Don Juan Francisco de Güemes y Horcasitas, Captain-General of the Island of Cuba, September 30th 1737 to January 2nd 1741. Translated from a copy of the Original Archives of the City of St. Augustine, 1846, pp. (24)&amp;lt;/ref&amp;gt;se conoce que la Virgen de la Caridad ya era conocida por los indios de la Florida, ya que la devoción y el culto saltó de la isla a la península junto con los misioneros franciscanos, los sacerdotes que transitaban entre La Habana y San Agustín, las Visitas Pastorales realizadas por los obispos y sus delegados diocesanos, y por la devoción popular que viajaba con soldados, marinos y comerciantes en el tráfico constante entre ambas colonias, y como resultado de los frecuentes contactos de los indios de la Florida con los vecinos de las villas cubanas. En realidad, la Virgen de la Caridad debió ser conocida en la Florida desde los mismos comienzos del siglo XVII y su culto, en alas de la fama y de la fe de los cubanos, sus hijos, ya llegaba a muchos lugares de América y del Mundo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero ahora, a finales de la centuria del XVIII, los habitantes del Cobre esperaban el fallo del rey. Mientras, los poderosos intereses de Santiago de Cuba continuaron acosando a los cobreros, pero éstos respondieron con violencia y numerosos esclavos particulares de los alrededores del Cobre comenzaron a sumarse a su causa. Una Real Cédula de 1789 que autorizaba la introducción de esclavos bozales, logró que las demandas de las familias Garzón y Mancebo, respaldadas por el gobernador Juan Bautista Vaillant perdieran fuerza, y en cierto momento, el mismo gobernador terminó por unirse al grupo de los hacendados criollos que eran partidarios de la trata de esclavos, ya que la enemistad con los cobreros se había convertido en un serio problema desde que los esclavos de haciendas próximas comenzaron a incorporarse a su causa... poco a poco comenzaron a escucharse en Santiago de Cuba los comentarios de miembros de familias patricias santiagueras favorables a los habitantes de la villa del Cobre: ...”''si ellos siempre han sido libres, ¿cómo ahora se han de acomodar a ser esclavos?”, “¿de dónde les viene a esta gente ser amos de los cobreros?” y, “poeque los dueños del Cobre sean ricos, los demás vecinos nos hemos empobrecido''”.&amp;lt;ref&amp;gt;Archivo General de Indias (AGI). Santo Domingo, legajo 1627, 16.X.1792&amp;lt;/ref&amp;gt;Finalmente, en septiembre de 1796, por parte del gobierno se decidió anular las decisiones tomadas a favor de las familias Garzón y Mancebo y dejar en paz a los cobreros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''El siglo XIX. La Virgen de la Caridad del Cobre, Símbolo y Emblema de la Nación y la Patria Cubana'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para los habitantes de la villa del Cobre, el comienzo del siglo XIX tuvo una connotación muy especial. Los poderosos intereses de Santiago de Cuba continuaron acosando a los cobreros, pero éstos respondieron con violencia y numerosos esclavos particulares de los alrededores del Cobre comenzaron a sumarse a su causa. Una Real Cédula de fecha 7 de abril de 1800 declaró libres a todos los vecinos, y cada uno debía recibir una “suerte”   para la manutención de su familia; parcela que no podían vender, dividir ni enajenar. Dicha real Cédula fue leída solemnemente por el capellán, Padre Alejandro Paz Ascanio, ante la multitud de los habitantes de la villa reunida frente al Santuario del Cobre en el mes de marzo de 1801.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La batalla más importante se había ganado, puesto que la amenaza de la esclavitud dejó de estar pendiente sobre los cobreros como una ominosa espada de Damocles, y el estado español había ganado, porque en una época en que grandes rebeliones de esclavos comenzaban a sucederse en las Antillas y estaba demasiado próximo el recuerdo de la gran sublevación de Haití, se evitaba que los cobreros tuvieran fundamento para alzarse contra el poder establecido. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin embargo los problemas no habían terminado, porque el gobierno y los patricios santiagueros ganaban tiempo y demoraban las soluciones, tales como la entrega de las tierras que se debían dar en propiedad a cada uno de los vecinos. Por otra parte, al perder su condición de realengos o esclavos del rey, los cobreros perdían sus derechos ancestrales a usufructuar las escorias de las minas de cobre, adquiridos en las postrimerías del siglo XVI.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por su parte, el capellán P. Alejandro Paz Ascanio, querido y respetado por los cobreros, continuó la tradición según la cual los capellanes del Santuario eran  guías espirituales de la población e intervenían en los asuntos del pueblo. Con su actitud y sus hechos fue ganando cada vez más prestigio entre los habitantes, y promovió relaciones de buena comunicación con el gobierno.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En 1805 nos encontramos con que los cobreros reclamaban la condición de villa para el pueblo a través de su portavoz, Justo Cuzata, así como la designación de autoridades consistoriales cada año y la promoción de las minas. Por esos años, la arribazón de franceses que llegaron huyendo de Haití y fomentaron cafetales y haciendas en los alrededores del pueblo del Cobre, contribuyó a formar otras fuentes de producción y trabajo con el fomento de la caña de azúcar y el café. Al tanto del prestigio de la Virgen de la Caridad y de la firme devoción de los cobreros y los esclavos negros de los alrededores, los propietarios franceses de plantaciones cafetaleras, católicos en su inmensa mayoría, aportaban cuantiosas limosnas al culto de la Virgen y al Santuario: aunque sabían que con ello se ganaban la buena voluntad de los esclavos, hay que reconocer que la influencia maternal de la Virgen los fue ganando rápidamente y muy pronto se vio que los franceses comenzaban a unirse a las peregrinaciones al Santuario y andaban como penitentes descalzos en las romerías. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Había sido muy largo el camino seguido por los cobreros, y el precio a pagar había sido muy alto. En 1677 tuvo lugar la primera sublevación, cuando se quiso obligar a 50 habitantes de la villa para que trabajaran en la construcción de las fortalezas de La Habana, y en 1691, al sufrir nuevas presiones, se hicieron fuertes en la hospedería del Santuario. En 1731 se alzaron nuevamente al ser oprimidos por impuestos y exacciones inaceptables, y ganaron el apoyo del deán de la Catedral, Pedro Agustín Morell de Santa Cruz, y se alzaron en los montes de la Sierra del Cobre con sus banderas e insignias para dar a entender que eran buenos súbditos del rey y que sus actos sólo tenían que ver con injusticias perpetradas por el gobierno local, y en 1741 y 1762 combatieron por la defensa de la isla ante las agresiones inglesas del Almirante Vernon y en el sitio de La Habana respectivamente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En 1776, 1781 y 1782, tuvieron que defenderse ante nuevos ataques desencadenados por poderosos intereses esclavistas de Santiago de Cuba, hasta que finalmente lograron la libertad por decisión de Su Majestad plasmada en la Real Cédula de 1800. Esto significa que después de 123 años de contiendas y sublevaciones, en las que murieron muchos cobreros y otros fueron deportados o vendidos como esclavos, la fe en la Virgen de la Caridad, expresión suprema del Amor de Dios, terminó triunfando sobre todos los intereses mezquinos. Al amparo de Nuestra Señora, los cobreros preservaron su libertad durante más de un siglo en un país en el que imperaba la esclavitud y finalmente lograron el supremo don de ser declarados libres 86 años antes de que la odiosa lacra de la esclavitud fuera abolida oficialmente en Cuba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La devoción a la Virgen de la Caridad había triunfado sobre todas las acechanzas: Ella había dado la libertad a los cobreros, y su devoción era sinónimo de esperanza para todos los esclavos. Ella, la Virgen que anuncia la llegada del supremo amor de Dios para redimir a la humanidad del pecado y de la muerte, era la máxima expresión de la liberación personal y colectiva. Ella fue también, junto con el primer emblema de la libertad, el primer símbolo de la Nación y de la Patria, porque la Nación y la Patria no tienen sentido si los hombres que la habitan no son libres.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Los esclavos negros y el culto a la Virgen de la Caridad'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los esclavos negros que vivían en las haciendas próximas a la villa del Cobre se incorporaron apasionadamente y con mucha rapidez al culto a la Virgen de la Caridad, como lo demuestra el hecho de que en los siglos XVII y XVIII no hay referencias a prácticas heréticas en los territorios cercanos al Santuario y las minas, exceptuando dos negros condenados por hechicerías en el siglo XVII,  y una acusación de brujería en el siglo XVIII que no tuvo ningún resultado. Las manifestaciones religiosas congas debieron incorporarse a las creencias en torno a la advocación mariana con relativa rapidez a partir de la influencia de los esclavos negros y mestizos del Cobre, y a la influencia del color moreno de la pequeña imagen. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De esta forma, a comienzos del siglo XVIII, alrededor de 1701, el primer capellán del Santuario, el Padre Onofre de Fonseca,  hace referencia a  cómo, en honor de la Virgen de la Caridad, se podía ver a “''los negros danzando con sus atabalillos y demás invenciones''”  durante el traslado de la imagen a la ermita edificada en el cerro de las minas. Por otra parte, las intensas y largas luchas de los cobreros por mantener su libertad, que terminaron exitosamente, deben haber impresionado de forma muy favorable a los esclavos de los alrededores, quienes participaban de la idea de que el culto y la devoción a la Virgen de la Caridad era lo que daba fuerza a la defensa de los cobreros y lo que les dio finalmente la victoria. Por este motivo, los negros de los alrededores se incorporaron en masa a la devoción mariana de la Caridad, en la que participaron poco después todo los esclavos del territorio oriental y por la misma causa, todos los de la isla de Cuba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con los años, los cobreros se fueron mezclando con cimarrones bozales, antiguos descendientes de realengos apalencados en la Sierra Maestra, o engrosaron otros palenques que surgieron en el siglo XIX. Como es natural, llevaban con ellos la devoción a la Virgen de la Caridad y la trasmitieron a nuevas generaciones de gentes de color. La incorporación de los negros esclavos y libertos al culto de la Virgen de la Caridad encontró una expresión de gran significado en las cofradías religiosas. Se conoce que en el segundo cuarto del siglo XIX, en la Iglesia de Santo Tomás, donde se venera hasta hoy una antigua réplica de la imagen de la Virgen de la Caridad, un cabildo de morenos nombrado «Tiberé» realizaba cada año, el día 8 de septiembre, una procesión presidida por la imagen de la Virgen de la Caridad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La Virgen salía el día 7 de una casa situada en el campo de la Maloja, era llevada a la Iglesia, y desde allí regresaba a la casa el 9 de septiembre. Después de la procesión, los participantes, para celebrar el cumpleaños de la Virgen, comenzaban una fiesta y bailes que duraban hasta altas horas de la noche...  En los alrededores de la iglesia de Santo Tomás había una numerosa e importante población de negros y mulatos libres que eran artesanos o miembros de los diversos gremios de zapateros, fundidores y otros que habían tomado a la Virgen de la Caridad como centro de su expresión religiosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por su parte, la Iglesia Católica apoyaba el culto a la Virgen de la Caridad en todas sus manifestaciones. El Arzobispo Joaquín Osés de Alzúa y Cooparaccio veía con muy buenos ojos el culto a la Virgen, que incorporó a sus ideas de progreso para el Departamento Oriental y a la promoción del catolicismo. De esta forma, Osés respaldó de muchas formas el culto a la Virgen de la Caridad e imprimió a su costa la historia redactada por el capellán de Fonseca.  Por orden suya se imprimió una estampa que representaba la imagen de la Virgen con sus atributos: la cruz, el nimbo, la media luna invertida y el niño cargado en el brazo izquierdo, adornada con seis viñetas alrededor que representan la historia desde la aparición en la bahía de Nipe hasta el cerro donde Ella señaló el sitio donde se edificaría su Santuario.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Las peregrinaciones al Santuario: la hospedería del Padre Valencia'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las peregrinaciones al Santuario de la Virgen de la Caridad del Cobre comenzaron en el siglo XVII cuando la imagen se hallaba en la ermita del cerro, o sea, a partir de 1616 aproximadamente, y 54 años antes de que se iniciara la construcción del Santuario propiamente dicho en la década de 1670. A mediados del siglo XVIII, el obispo Pedro Agustín Morell de Santa Cruz dejó constancia escrita de las peregrinaciones y romerías y de la gran festividad masiva del 8 de septiembre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las peregrinaciones y romerías masivas cobraron gran fama en el siglo XIX. Todos los textos del segundo cuarto del siglo hablan del culto a la Virgen de la Caridad y demuestran la forma en que ha crecido la devoción popular. Los vegueros seguían con su antiquísima costumbre de echar semilleros el 8 de septiembre, y los cafetaleros escogían ese mismo día para iniciar la cosecha del aromático grano.  En Santa María de Puerto Príncipe, las Ferias de la Caridad que comenzaban como una gran fiesta preparatoria del 8 de septiembre, se señalaban por el ornato y las galas con que se embellecía la ciudad, demostrando la prosperidad de los vecinos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un factor que contribuyó a incrementar la presencia de peregrinos y romeros fue la inauguración del ferrocarril que llegaba a la villa del Cobre, con lo que se garantizaba una extraordinaria concurrencia de fieles desde varias semanas antes de la fecha del 8 de septiembre. Cada año las celebraciones eran más lúcidas, y en 1845 se estableció definitivamente la tradición de sacar a la Virgen de la Caridad, en una procesión que transitaba por las calles del pueblo como momento culminante que daba término a las fiestas por el onomástico de la Virgen.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==NOTAS==&lt;br /&gt;
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&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;br /&gt;
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==BIBLIOGRAFÍA==&lt;br /&gt;
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'''SALVADOR  LARRÚA  GUEDES'''&lt;/div&gt;</summary>
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